miércoles, 5 de mayo de 2010

Inserción de las FFAA. en la sociedad uruguaya


En relación al planteo de José Mujica, Presidente de Uruguay, sobre la inserción de las FFAA en la sociedad uruguaya dos organizaciones le remitieron sendas cartas que PE reproduce en este despacho.

De FEDEFAM Uruguay.

Miembro de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos

“De nuestra mayor consideración:

Usted ha puesto en el tapete la discusión sobre la relación e inserción de las FFAA en la sociedad. Tema cuya importancia nadie puede obviar y que hace a nosotros en la doble condición de ciudadanos y de familiares de detenidos-desaparecidos. Tema que, por su complejidad, seguramente merecerá instancias apropiadas de reflexión en las que participen sectores más amplios que los partidarios.

Usted sabe que nosotros no elegimos la condición de familiares de desaparecidos. Un día la tragedia se instaló en nuestras vidas, en la vida de nuestras familias y tuvimos dos opciones: luchar o resignarnos.

Usted sabe que nunca hemos perseguido ni alimentado la venganza y que nos hemos movido en el marco del derecho nacional e internacional con una orientación propositiva inspirada en el futuro.

En el centro de nuestra lucha está encontrar a nuestros seres queridos. Al comienzo teníamos la esperanza de encontrarlos con vida. Ahora no, salvo a los niños. Por eso un eje de nuestro trabajo es la investigación (junto con la prevención y la memoria como promotores del “nunca más”).

Ahora bien, nosotros no investigamos como los científicos, para conocer lo desconocido. Nosotros investigamos para encontrar algo que es conocido y que perversamente se oculta: la suerte de nuestros familiares. Y estos hechos se ocultan al punto de mentirnos, de mentirle a la sociedad entera y al Presidente de la República.

1 En el campo regional e internacional integramos la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (Fedefam), organismo de consulta con status II del Ecosoc. Desde allí hemos impulsado las Declaraciones y Convenciones regionales e internacionales contra la Desaparición Forzada de Personas, así como colaborado en los respectivos instrumentos contra la tortura.

En lo nacional, hemos presentado al Parlamento el proyecto de ley de declaración de ausencia por desaparición forzada de personas (aprobado) y hecho aportes a la Ley de reparación integral”. -

De Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos-Desaparecidos

“Señor Presidente, en nuestro país no hubo una guerra ni dos demonios. Debe recordarse además que en las guerras no todo está permitido y que los crímenes de guerra están establecidos en el derecho internacional.

Lo que es indiscutible –por harto probado-es que acá (como en los otros países de la Región) hubo un plan represivo, ejecutado de forma coordinada, inspirado en la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN). En ese plan se embarcaron las FFAA. Esta represión no fue ejecutada por un “grupito de locos desacatados”.

Acá hubo –hechos, testimonios, documentos y otras pruebas abundan-una política represiva basada en las FFAA. Las víctimas directas de esta represión fueron estudiantes y obreros organizados, militantes políticos, parlamentarios, periodistas, mujeres embarazadas y –los más peligrosos de todos-“niños”; sin olvidar la represión ejercida sobre toda la sociedad a la que se le conculcaron derechos, libertades y garantías.

Nuestro pueblo conoció sobre sus castigadas espaldas, la sevicia a través de sus propias FFAA, las que mantenemos, armamos y pagamos todos. Unas FFAA que no son las de la Independencia ni tampoco las basadas en el servicio militar voluntario como en algunos países del llamado primer mundo.

Son un enorme aparato burocrático-militar de discutible necesidad y, con esta estructura, de más dudosa utilidad para las tareas de defensa…. pero esa es otra discusión pendiente que habrá que procesar en distintos ámbitos.

Lo que queremos transmitirle es que, estas FFAA son la continuidad de aquellas que dieron el golpe, que coparon el aparato del Estado, que no admiten su responsabilidad y que se abroquelan en su silencio sobre la suerte de nuestros familiares, continuando su desaparición.

Mientras las FFAA no reconozcan su responsabilidad institucional en el proceso dictatorial, no rectifiquen su destino renegando de la DSN y sigan configurando y avalando las posiciones que expresan a través del Círculo y Club Militar, no digan las verdades que ocultan, no se saneen, no degraden a los asesinos, torturadores y desaparecedores que cobijan, la ciudadanía las tolerará (¡qué más remedio!) pero no las respetará ni integrará.

Esto es algo que no se puede decretar. Es una lástima que no se aprovechen para eso

estos tiempos democráticos.

Hemos participado (asistiendo y estudiando) en encuentros en torno a la defensa nacional y a la solidaridad continental por el caso de Haití, en los que hemos tenido diálogos con integrantes de una oficialidad nueva, que en su pasado como individuos nada tienen que ver con los hechos luctuosos. Nada tenemos personalmente contra éstos. Por ellos también debería la institución repensarse, aceptar su pasado reciente y rectificarse. Si no, no tendrán autoridad moral para custodiar los territorios de la República ni para contribuir a la paz de otras naciones.

Comprendemos perfectamente las responsabilidades que tiene frente a las fuerzas que hoy usted comanda. Comprendemos la razón de unidad nacional que lo mueven y que le impone su investidura, por eso le reiteramos que: o las FFAA reniegan de sus antecedentes de dictadura, crimen y sevicia, dando claras pruebas de rectificación o seguirán, le pese a ellas y nos pese a todos, estigmatizadas por cada uno de los ciudadanos que cotidianamente forjamos la patria y que, como usted, queremos hacerla entre todos, respetuosos de las diferencias y comprometidos en la defensa de los derechos de las personas y los pueblos. Atentamente. + (PE)

PreNot 8842.
100
505.

Fuente: ECUPRES

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martes, 4 de mayo de 2010

Mentira y engaño de los plurales


Teólogo José María Castillo

En el lenguaje religioso, es muy frecuente el uso del plural para referirse a cosas muy serias, a veces muy graves. Por ejemplo, cuando rezamos el Padre Nuestro, le decimos a Dios: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Como es lógico, el plural expresa un deseo y un propósito comunitario.

Lo cual es bueno, más aún es excelente y ejemplar. Pero eso, que es tan positivo, entraña el peligro de no decir nada. Porque las fórmulas en plural se utilizan cuando el que las pronuncia es un colectivo de personas, que se refieren a algo que les concierne a todos y en la que todos se ven implicados. Pero, con el rezo del Padre Nuestro, nos en contramos con el hecho extraño de que una fórmula plural, pensada para un colectivo o una comunidad, con enorme frecuencia es rezada por un individuo, para pedir ayuda o para referirse a hechos y situaciones que le conciernen al sujeto singular y único que pronuncia esa oración.

Y entonces ocurre que el orante singular le dice a Dios “perdónanos como nosotros perdonamos”… ¿Se atrevería ese mismo orante a decirle en serio a Dios: “¡Señor!, perdóname como yo perdono”? O sea, ¿estamos dispuestos a decirle a Dios: “¡Señor!, trátame a mí de la misma manera que yo trato a mi mujer, a mi marido, a mi vecino, a mi empleado, a mi enemigo, a mi adversario político, a mi empleada de hogar….”. Y así sucesivamente y sin límite alguno. ¿Estamos de verdad dispuestos a rezar siempre, siempre, siempre, el Padre Nuestro de esta manera, cuando lo rezamoa en privado?

En la piedad religiosa, los plurales nos engañan. Y con los plurales decimos vaciedades que carecen de contenido. Sin ir más lejos, cuando nos pillan en una contradicción de la que no sabemos salir, despachamos el asunto diciendo tranquilamente. “todos somos humanos”, “todos somos pecadores”, “todos somos contradictorios”… Prescindiendo de que eso, en muchos casos es mentira (porque no todo el mundo es contradictorio), en realidad eso es la escapatoria de los cínicos y los tontos. Seamos honestos y coherentes.

Cuando nos enfrentamos a una situación que le concierne a uno, y solamente a uno mismo, por favor, no nos escapemos con la vulgar generalidad de que eso mismo se le puede aplicar a todo el mundo. Y si no, ¿por qué no recurrimos al plural cuando tenemos que echarle en cara a un individuo algo que queremos que le duela? Si ese individuo te ha engañad0, no le dirás “todos somos embusteros”. No. Le dirás en su cara: “¡Eeres un mentiroso y un embustero! Me has engañado”. En singular, directo y muy concreto.

Pues bien, vamos a tomar la costumbre de rezar el Padre Nuestro diciéndole a Dios: “¡Señor!, trátame desde hoy exactamente lo mismo que yo trato a…. (quien sea, la persona que te resulte más odiosa). A ver si todos tenemos el valor de rezar así desde hoy mismo. Y si no tenemos ese valor, entonces mejor será que no recemos. Los rezos no se han inventado para engañarnos y para engañar. Los rezos no pueden tener otra finalidad y otro destino que el de enfrentarnos a la realidad, a nuestra propia realidad, para que en lla nos veamos como el que se ve en un espejo.

Fuente:REDES CRISTIANAS

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lunes, 3 de mayo de 2010

Vaticano: La Corporación capitalista luego de defender en nombre de Dios a un Anti Cristo, reconoce que su funcionario fue delincuente y depredador



Introducción:

Hay que seguir tirando la piola y purificar la Corporación Romana de todos estos demonios y sus secuelas. No es suficiente intervenir a una sola Congregación, la Iglesia Romana debe retomar el verdadero camino marcado por Cristo. Roma debe convertirse al cristianismo cuanto antes para Gloria del Reino de Dios.

Artículo:

El Papa Benedicto XVI alista el nombramiento de un delegado y la creación de una comisión para reformar a los Legionarios de Cristo, cuyo fundador abusó sexualmente de niños y tuvo tres hijos
La investigación sobre los Legionarios de Cristo revela que “los gravísimos y objetivamente comportamientos inmorales” del padre Marcial Maciel Degollado, fundador de la congregación, fueron “confirmados por testimonios incontrovertibles”, informó este sábado el Vaticano.

En un comunicado, la Santa Sede denunció a Maciel por crear un ‘’sistema de poder” basado en el silencio y la obediencia que le permitió llevar una doble vida ”desprovista de escrúpulos y sentimiento religioso auténtico” y abusar de niños durante décadas sin el menor freno.

El Vaticano aseguró a los miembros actuales de los Legionarios que les ayudará a ”purificar” aquello que queda de bueno en la orden.

El Papa nombrará un delegado y creará una comisión para reformar la congregación, cuyo fundador abusó sexualmente de niños y tuvo tres hijos.

La Santa Sede emitió el comunicado después de la reunión de Benedicto XVI con la comisión de cinco obispos que investigaron a los Legionarios para determinar su futuro.

La comisión visitó más de 120 comunidades legionarias para entrevistarse con sacerdotes y religiosos, y el viernes presentó su informe en una reunión a la que asistió inesperadamente el pontífice.

Durante la visita apostólica, de julio de 2009 a marzo de 2010, los prelados inspeccionaron escuelas, casas religiosas, noviciados y centros pastorales de los Legionarios de Cristo.

La auditoría fue ordenada por Benedicto debido a los escándalos en los que se ha visto involucrado Maciel.

La comisión estuvo integrada por los obispos Ricardo Watty Urquidi, de Tepic, México; Charles Joseph Chaput, de Denver, Estados Unidos; Giuseppe Versaldi, de Alessandria, Italia; Ricardo Ezzati Andrello, de Concepción, Chile; y Ricardo Blázquez Pérez, de Bilbao, España.

La presencia del Papa en la reunión del viernes fue una muestra más de que asume personalmente la responsabilidad de la investigación. En esta semana se reunió con obispos alemanes para analizar la renuncia de un prelado abusivo, y el lunes próximo obispos belgas discutirán la renuncia de su colega más antiguo, quien confesó que había abusado de un niño.

El fundador de los Legionarios de Cristo murió en 2008 apartado del ejercicio de la vida religiosa. El 19 de mayo de 2006, Benedicto XVI le había ordenado que se abstuviera de ejercer el sacerdocio públicamente y llevara una vida de oración y penitencia.

Fuente: APIA VIRTUAL

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domingo, 2 de mayo de 2010

La Iglesia Romana vive una situación de cisma soterrado


Juan Masiá Clavel, sacerdote jesuita y profesor de bioética y antropología en Tokyo

El sacerdote jesuita Juan Masiá ha vivido en primera persona el azote de las actitudes inquisitoriales que respira la jerarquía eclesiástica. El año pasado fue invitado por sus superiores a que dejara de impartir clases de Bioética en la Universidad de Comillas (Madrid). Sus aportaciones a la moral no encajan nada bien en el trasnochado y agarrotado esquema de la ética en la que descansan los poderes eclesiásticos.

Su vocación de estar en la frontera del pensamiento le ha llevado a sufrir estos conflictos que sólo puede sentir quien de verdad se expone a la intemperie y trata de dialogar, cara a cara, sin dogmatismos, con los retos que plantea la sociedad. Ahora, en Japón, sigue enseñando bioética en la Universidad de Sophia, en Tokyo, desde donde ha mantenido esta entrevista, vía correo electrónico, con DIARIO DE AVISOS.

-La Iglesia habla de persecución ante los casos de pederastia. ¿Cree que esta es la situación?

“Aunque hubiera, sigue en pie el hecho de que hay fundamento para ello. Por parte de los medios de comunicación hay que evitar generalizar y convertir las denuncias en una acusación contra toda la Iglesia. Pero, por parte, de la Iglesia hay que saber bajar la cabeza, reconocer lo mal hecho y reformarse”.

-¿Está reaccionando bien la Iglesia ante esta crisis?

“Está reaccionando insuficientemente en los dos puntos mencionados: reconocimiento y reforma. Hay que reconocer el mal causado a las víctimas y el mal del ocultamiento. Hay que reconocer el mal del ocultamiento. Y hay que reformar ese sistema de secretismo y manipulación de las conciencias. Esto último afecta no solamente a los casos de pederastia, sino al sistema de secretismo usado tradicionalmente por la Curia romana, especialmente por la Congregación de la Doctrina de la Fe, por ejemplo, en el modo de perseguir inquisitorialmente la presunta heterodoxia”.

-¿El papado de Ratzinger está tocado por todos estos escándalos?

“Lo estuvo ya desde el momento en que se eligió para ese puesto a la persona que había presidido durante el largo pontificado de Juan Pablo II la Congregación para la Doctrina de la Fe; la persona colaboradora durante años con ese mismo Papa en la política involucionista de marcha atrás de la iglesia por relación al Concilio Vaticano II”.

-¿Por qué la moral tradicional católica pone tanto el acento en aspectos como la sexualidad y se olvida vertientes como la social?

“Porque no ha soltado ese lastre y tiene miedo a soltarlo”.

-Aún sigue rechazando el uso del preservativo…

“Hay que decir con toda claridad que no es competencia de la Iglesia ni el prohibir el preservativo ni recomendarlo. Ciertas posiciones de algunos eclesiásticos chocan con las medidas relativamente eficaces para combatir la pandemia, usadas por personal sanitario católico implicado en la prevención del sida. Lo irresponsable sería no usarlo, a sabiendas de que hay peligro de contagio o de que no se tiene el proyecto de responsabilizarse de un embarazo. Pero, como he repetido otras veces, no tendría ni siquiera que hacerse problema de ello. Es cuestión de responsabilidad, sentido común y, por supuesto, un poquito de buen humor, que a veces se echa de menos en algunos mitrados”.

-En España parece imposible un debate serio sobre el aborto sin caer en el maniqueísmo…

“Mayor que el número de abortos es el de personas que, sin haber abortado ni colaborado al aborto, dan por obvia una postura permisiva ante el aborto. Es un problema serio de cambio cultural. Además, es muy deficiente la puesta en práctica de una educación integral de la sexualidad, que ayudaría a la disminución de los abortos.

El parlamentariado que, por sus convicciones éticas o religiosas, mantenía personalmente una postura más estricta ante el aborto (una ética de máximos), podía hacer compatible esa toma de posición personal con votar la despenalización (desde una ética de mínimos) en los términos presentados por una ley que buscaba garantizar mínimos de seguridad jurídica para una ciudadanía cultural y religiosamente plural.

Como ciudadanos, los obispos tenían derecho a expresar su opinión, y como creyentes tienen derecho a proponer sus valores. Pero no debían interferir en el proceso legislativo de la manera que lo hicieron también contra la ley de reproducción asistida o la de investigación biomédica, ni debían imponer al parlamentario católico una disciplina de voto. La afirmación episcopal de que el Gobierno, al aprobar la ley del aborto, estaba matando a personas es retórica demagógica unida a exageración hispánica”.

-El aborto lleva a reflexionar sobre el origen de la vida humana, ¿se puede determinar?

“Hay que matizar la cuestión del comienzo de la vida. A veces, tanto quienes insisten en el mismísimo inicio de la fecundación como quienes ponen la línea más allá del tercer mes, manipulan a su favor los datos biológicos. Si me preguntan, por ejemplo, por el comienzo de una vida humana individual, diré que no antes de la implantación del preembrión en el útero materno y no después, como muy tarde, de la novena semana.

Pero no hay que mezclar este tema con el de la legislación. La pregunta no es si ha comenzado o no una vida humana, sino en qué casos y con qué condiciones de seguridad jurídica se puede interrumpir el proceso de una vida naciente (en camino hacia el nacimiento), sin hacer violencia al respeto debido tanto al feto como a la gestante”.

-¿Y el final de esa vida? Me refiero a la eutanasia…

“El problema no es la eutanasia, sino el extremo opuesto: la prolongación tecnológica irresponsable del proceso de morir. Hay que recuperar la enseñanza tradicional de la moral teológica sobre la limitación y regulación del esfuerzo terapéutico y la no obligación de usar recursos desproporcionados para prolongar la vida”.

-¿Por qué la Iglesia española tiene tanta alergia al pluralismo?

“Por miedo y por no resignarse a carecer de un peso social y poder que, gracias a Dios, cada vez tiene menos”.

-¿Hasta cuándo durará el proceso involucionista de la jerarquía?

“No lo sé, pero me temo que va para largo. Casi un cuarto de siglo con Juan Pablo II dando marcha atrás y nombrando obispos en esa línea pesa demasiado, sobre todo en algunos países como el nuestro. Vivimos unas situación de cisma soterrado, fomentado ya desde los días del mismo Concilio Vaticano II por la fuerte reacción contra la renovación por parte de la teología conservadora, la burocracia de curia y la espiritualidad individualista, intimista, desencarnada y de evasión.

Ni las teologías dogmatizadoras, ni las administraciones burocráticas, ni las espiritualidades manipuladoras de las conciencias se resignan a perder poder, ni a reconocer que lo han perdido. Por eso, tantas declaraciones y actuaciones de algunos mitrados, sobre todo en algunas áreas del Estado español, alejan de la Iglesia a quienes están fuera de ella e impelen a salir a quienes están dentro.

Cuando esas declaraciones y actuaciones se hacen en nombre de un presunto monopolio sobre el Espíritu Santo, hay obligación moral de oponerse y disentir ‘en’ la iglesia, precisamente queremos seguir ‘siendo iglesia’. Cuanto más se silencia esto, más se fomenta el cisma soterrado.Hay que evitar nuevos casos Galileo. Es muy cómodo rehabilitar a los Galileos del pasado mientras se condena a los de hoy. La Inquisición ha de extinguirse. La Congregación para la Doctrina de la Fe, que presidió el teólogo Ratzinger durante tantos años, debería haber desaparecido”.

Fuente: REDES CRISTIANAS

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sábado, 1 de mayo de 2010

Pentecostés de las religiones hermanas


La narración simbólica de Pentecostés, con Pedro proclamando el Evangelio a culturas y lenguas diferentes, evoca más la traducción simultánea que el esperanto. Con razón se lee en los Hechos de los Apóstoles que “cada uno entendía en su propia lengua”.

Si el esperanto empobrece, reduciendo a un mínimo común universal, la traducción enriquece, aprovechando el colorido local; el intérprete explota los recursos de la propia lengua. La diversidad y el pluralismo son deseables, tanto en genética y gastronomía, como en teología.

Los encuentros interreligiosos deberían converger en una depuración pascual de cada religión: atravesar un camino de éxodo, de salir de sí y caminar hacia un pentecostés de las religiones hermanas.
Lo meditaba así mientras participaba en la jornada interreligiosa que se celebró el pasado mes de abril en la ciudad japonesa de Kyoto. Resumía el comentarista dos rasgos comunes de las religiones: todas heredan tradiciones de paz, pero todas las traicionan con la violencia. En estos dos puntos se logra enseguida un consenso entre religiones. Con esa autocrítica empieza la pascua o éxodo de cada religión: salir de sí, renunciando a creerse única, exclusiva o superior a las demás.

Me preguntaba un budista si no habría una misma aura mística de espiritualidad en toda religión, “lo mismo -decía- que en épocas y culturas muy diversas, a la hora de regar, en todo el mundo necesitamos agua, ya sea de lluvia, de pozo o de ríos”. Aprecié la actitud conciliadora de su intervención, pero temía caer fácilmente en la uniformidad. Vivimos en un mundo en que, tanto desde la Casa Blanca como desde algún dicasterio romano, se nos invita a beber la misma Coca-Cola y entonar los mismos latines. Lo bueno de la metáfora de¡ agua es su afinidad simbólica con la vida y la espiritualidad.

Pero una cosa es alimentarse del agua, absorbiéndola por raíces semejantes, o abrir hojas y pétalos a la misma bendición de la lluvia; y otra cosa es empeñarse en que sean todos los árboles, flores y frutos iguales a la fuerza. La diversidad hace posible el crecimiento y enriquecimiento mutuos.

La pluralidad local es riqueza

Estas comparaciones con el agua de riego, propias de culturas agrícolas, sugieren alusiones de viticultura; por ejemplo, a propósito de la calidad de los “vinos de marca”. En japonés, ji-zake significa “vino de¡ país”. los japoneses vinieron a Jerez y aprendieron, fotografiando, grabando y apuntando meticulosamente, los secretos de fabricación. Regresaron cargados con un fichero exhaustivo. Pero no pudieron llevarse a lapón en el equipaje el sol, agua y aire de esa tierra.

Dígase lo mismo del vino de arroz japonés que probé en Osaka. El agua, químicamente hablando, es siempre H2O. Pero el sabor local de los respectivos vinos, según el agua, sol y aire de la tierra, es intransferible. También en las religiones la pluralidad local es riqueza; no se riega la espiritualidad con agua destilada. Pero con el tiempo olvidamos el sabor de lo propio y necesitamos redescubrirlo en contacto con lo ajeno.

Ante el contraste, pasadas las primeras perplejidades, viene el tránsito por el éxodo de la autocrítica, que conduce al pentecostés de los redescubrimientos. Pero no hay que precipitarse. Para resucitar, hay que morir primero. Sin el despojo y renuncia del éxodo, no habrá primavera pascual, ni pentecostés que nos transforme.

¿Budismo en nuestro país?
Para el cristianismo de nuestro país, será fructífero en las próximas décadas el encuentro con el budismo, como lo es para Oriente el encuentro con el cristianismo. Ejemplificaré unos cuantos aspectos en que podría contribuir el budismo a la autocrítica y autodescubrimiento de rasgos cristianos olvidados.

En primer lugar, el budismo nos puede aportar paz: calma interior y armonía social, para pacificarnos y pacificar; y para salir así de este ambiente anómalo de crispación en que vivimos en nuestra sociedad y también en nuestra Iglesia.

En segundo lugar, nos puede ayudar a redescubrir el silencio, frente al exceso de palabras y explicaciones. En sánscrito, upaya significa “recursos salvíficos”, diversos lenguajes con que predica el Buda, según la capacidad de cada oyente. No hay, dice, tres o cuatro vehículos distintos; son maneras variadas de conducir a cada persona al descubrimiento de¡ secreto único de la vida. Para salvarlos a todos, anuncia con diversos lenguajes una única verdad. Nos enseña a relativizar todo lenguaje y valorar el silencio.

En tercer lugar, el budismo nos aportaría capacidad de tolerancia, tan necesaria para librarnos de los excesos de dogmatismo, fanatismo y fundamentalismo que acarrean las tradiciones celtibéricas.

Finalmente, el budismo nos puede ayudar a redescubrir algo tan evangélico como la práctica de la compasión, la ternura, o agape, que nos libre de resentimientos, exclusivismos y discriminaciones.
Pasando de este modo por un éxodo pascua¡ de autocrítica, que nos depure, nos encaminaríamos hacia un pentecostés comunicativo, en el que nos dejásemos fecundar más y más mutuamente por las religiones hermanas.

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