domingo, 21 de enero de 2018

Chile: Aprueban proyecto para crear Ministerio de Pueblos Indígenas.

Fuente: Interpatagonia.com

El 22 de enero es la fecha límite para cumplir con las indicaciones del proyecto para crear el Consejo Nacional y los Consejos de Pueblos Indígenas de Chile.

Con la finalidad de reformar la institucionalidad indígena, diseñar y ejecutar políticas públicas en beneficio a los pueblos originarios, se aprobó el proyecto de ley para la creación del Ministerio de Pueblos Indígenas en Chile.

La Sala del Senado chileno aprobó el proyecto con 103 votos a favor. Marcos Barraza, ministro de Desarrollo Social, enfatizó sobre la importancia de los pueblos indígenas y su reconocimiento constitucional.

“Este proyecto de ley se concreta gracias a los estándares que nuestro país ha ratificado gradualmente, y a propósito del Convenio 169 de la OIT, el cual nos permite realizar una formulación legislativa de este tipo (…) La Consulta Indígena y los acuerdos que desde allí emanan son centrales para legitimar este proyecto de ley”, señaló el ministro.

El senado fijó el 8 de marzo como fecha límite para la realización de indicaciones específicas para el proyecto de ley y el 22 de enero será el plazo para cumplir con las indicaciones del proyecto que crea el Consejo Nacional y los Consejos de Pueblos Indígenas.
Sobre los pueblos indígenas

El 9 por ciento de la población chilena pertenece a uno de los nueve pueblos indígenas existentes en este país, según la encuesta realizada por Casen 2015.

Fuente: Servindi

sábado, 20 de enero de 2018

El futuro de la Tierra no cae del cielo.

Foto: https://www.ecestaticos.com/

En el siguiente artículo Leonardo Boff escribe relacionado a la situación del planeta, a un eventual colapso, principalmente por la irracionalidad de las fábricas de la muerte y por la llamada modernidad

Por Leonardo Boff

ALAI, 19 de enero, 2018.- Lo que voy a escribir aquí será de difícil aceptación por la mayoría de los lectores y lectoras. Aunque lo que diga esté fundamentado en las mejores cabezas científicas, que hace casi un siglo, vienen pensando el universo, la situación del planeta Tierra y su eventual colapso, o un salto cuántico a otro nivel de realización, no ha penetrado, sin embargo, en la conciencia colectiva ni en los grandes centros académicos. Continúa en vigor el viejo paradigma, surgido en el siglo XVI con Newton, Francis Bacon y Kepler, un paradigma atomístico, mecanicista y determinista, como si no hubiera existido un Einstein, un Hubble, un Planck, un Heisenberg, un Reeves, un Hawking, un Prigogine, un Wilson, un Swimme, un Lovelock, un Capra y tantos otros que nos elaboraron la nueva visión del Universo y de la Tierra.

Para empezar, cito las palabras del premio Nobel de biología (1974) Christian de Duve que escribió uno de los mejores libros sobre la historia de la vida: Polvo vital: la vida como imperativo cósmico (editorial Norma, 1999). «La evolución biológica marcha a ritmo acelerado hacia una grave inestabilidad. Nuestro tiempo recuerda una de aquellas importantes rupturas en la evolución, señaladas por grandes extinciones masivas» (p. 355). Esta vez no procede de algún meteoro rasante, como en eras pasadas, que casi eliminó toda la vida, sino del propio ser humano, que puede ser no sólo suicida y homicida, sino también ecocida, biocida e incluso geocida. Puede poner fin a la vida en nuestro planeta, quedando sólo los microorganismos del suelo, bacterias, hongos y virus, que se cuentan por cuatrilones de cuatrilones.

En razón de esta amenaza montada por la máquina de muerte fabricada por la irracionalidad de la modernidad, se introdujo el concepto «antropoceno», para denominar como una nueva era geológica la actual, en la que la gran amenaza de devastación se proviene del ser humano mismo (anthropos). Ha intervenido y continúa interviniendo de forma tan profunda en los ritmos de la naturaleza y de la Tierra, que está afectando las bases mismas ecológicas que lo sostienen.

Según los biólogos Wilson y Ehrlich desaparecen entre 70 a 100 mil especies de seres vivos por año debido a la relación hostil que el ser humano mantiene con la naturaleza. La consecuencia es clara: la Tierra perdió su equilibrio y los acontecimientos extremos lo muestran irrefutablemente. Sólo ignorantes como Donald Trump niegan las evidencias empíricas.

En cambio, el conocido cosmólogo Brian Swimme, que en California coordina una decena de científicos que estudian la historia del Universo, se esfuerzan por presentar una salida salvadora. Digamos de paso que B. Swimme, cosmólogo, y el antropólogo de las culturas Thomas Berry, publicaron, con los datos más seguros de la ciencia, una historia del universo, desde el big-bang hasta la actualidad (The Universe Story, San Francisco, Harper 1992), conocido como el más brillante trabajo hasta hoy realizado. (La traducción al portugués se hizo, pero fue más fuerte la tontería de los editores brasileños, y hasta hoy no fue editado. Al español se desestimó su traducción, porque el libro dedica demasiadas páginas a la situación concreta de Estados Unidos). Los autores crearon el concepto «la era ecozoica», o «el ecoceno», una cuarta era biológica que sucedería al paleozoico, al mesozoico y a nuestro neozoico.

La era ecozoica parte de una visión del universo, como cosmogénesis. Su característica no es la permanencia, sino la evolución, la expansión y la auto-creación de «emergencias» cada vez más complejas, que permiten el surgimiento de nuevas galaxias, estrellas y formas de vida en la Tierra, hasta nuestra vida consciente y espiritual.

No temen la palabra «espiritual» porque entienden que el espíritu es parte del Universo mismo, siempre presente, pero que en una etapa avanzada de la evolución se ha vuelto en nosotros autoconsciente, percibiéndonos como parte del Todo.

Esta era ecozoica representa una restauración del planeta mediante una relación de cuidado, respeto y reverencia frente a ese don maravilloso de la Tierra viva. La economía no debe buscar la acumulación, sino lo suficiente para todos, de modo que la Tierra pueda rehacer sus nutrientes. El futuro de la Tierra no cae del cielo, sino de las decisiones que tomemos para estar en consonancia con los ritmos de la naturaleza y del Universo. Cito a Swimme:

El futuro se va a decidir entre quienes están comprometidos con el tecnozoico –un futuro de exploración creciente de la Tierra como recurso, todo para el beneficio de los humanos–, y quienes se comprometen con el ecozoico, un nuevo modo de relación para con la Tierra en que el bienestar de la Tierra y toda la comunidad de vida terrestre es el principal interés (p. 502).

Si no vence el ecozoico, probablemente conoceremos una catástrofe, esta vez producida por la propia Tierra, para librarse de una de sus criaturas, que ocupó todos los espacios de forma violenta y amenazadora de las demás especies, especies que, por tener el mismo origen y el mismo código genético, son sus hermanos y hermanas, no reconocidos sino maltratados y hasta asesinados.

Tenemos que merecer subsistir en ese planeta. Pero eso depende de una relación amistosa hacia la naturaleza y la vida, y una profunda transformación en las formas de vivir. Swimme añade: «No podremos vivir sin esa intuición (insight) especial que las mujeres tienen en todas las fases de la existencia humana» (p. 501). 

Ésta es la encrucijada de nuestro tiempo: o cambiar o desaparecer. Pero, ¿quién se lo cree? Nosotros seguiremos gritando.

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viernes, 19 de enero de 2018

¿Se desploma el catolicismo en América Latina?



Sacudido por numerosos escándalos de pederastia, la Iglesia católica latinoamericana sufre una fuerte caída, que ni siquiera es capaz de detener Francisco, el primer Papa de la Patria Grande. Los fieles que huyen en estampida del catolicismo se van a las iglesias protestantes o se echan en brazos del agnosticismo y del ateísmo.

Hasta la imagen del papa Francisco se ha deteriorado en América Latina, donde el catolicismo perdió fieles frente al auge de la religión evangélica y un acelerado proceso de secularización, de acuerdo con un sondeo de Latinobarómetro presentado ayer en Santiago de Chile.

El estudio muestra la evolución de la religión en 18 países latinoamericanos entre 1995 y 2017, y llega pocos días antes de la visita que el pontífice realizará a Chile y Perú del 15 al 21 de enero.

“Lo más importante es la fuerte caída del catolicismo y el fuerte aumento de los que declaran no tener ninguna religión, que son agnósticos o ateos”, afirmó la directora de Latinobarómetro, Marta Lagos.

Según el trabajo, los latinoamericanos evalúan al papa Francisco con un 6.8, una nota inferior al 7.2 que recibió en 2013, cuando asumió el cargo.

El 6.8 promedio de la región contiene diferencias por países. Los que le dan una mejor evaluación al Pontífice son Paraguay (8.3), Brasil (8) y Ecuador y Colombia (7.5), mientras que en el otro extremo están Uruguay (5.9) y Chile (5.3).

Al filtrar las respuestas según la religión que profesan los encuestados, los católicos le dan una nota de 7.7 al Papa, los evangélicos 5.1 y los ateos o agnósticos 5.3.

Los países donde hay más personas que se declaran católicas son Paraguay (89%), México (80%), Ecuador (77%), Perú (74%), Colombia (73%) y Bolivia (73%).

El 65% de los encuestados en los 18 países de América Latina dice confiar en la Iglesia. Las naciones donde tiene más crédito son Honduras (78 %), Paraguay (77 %) y Guatemala (76 %), mientras que en Chile solamente el 36 % de los ciudadanos tiene confianza en la institución.

Según Marta Lagos, el punto de quiebre en el caso chileno es la condena por abusos sexuales contra el influyente sacerdote Fernando Karadima que el Vaticano dictó en 2011.

Antes que se destapara ese escándalo, la confianza de los chilenos en la Iglesia católica bordeaba el 60 %, pero en 2011 descendió abruptamente al 38 %.

La cantidad de latinoamericanos que se declaran católicos ha caído de manera paulatina durante las dos últimas décadas. Si en 1995 los católicos representaban el 80%, este porcentaje bajó al 59% en 2017, según el sondeo.

En el otro extremo, hay siete naciones donde la religión católica ya representa a menos de la mitad de la población: República Dominicana (48%), Chile (45%), Guatemala (43%), Nicaragua (40%), El Salvador (39%), Uruguay (38%) y Honduras (37%).

En países como Honduras y Guatemala, el brusco descenso de católicos está directamente relacionado con el auge de la religión evangélica, que se ha convertido en el credo mayoritario.

En Chile y Uruguay, en cambio, se explica por el alza de la población que no profesa ninguna religión, que es atea o agnóstica. En Uruguay este grupo representa el 41% de sus ciudadanos y en Chile el 38%, según la encuesta.

“A esta velocidad, de aquí a diez años la cantidad de países de América Latina que tendrán la religión católica dominante va a ser una minoría”, señaló Marta Lagos.

La directora de Latinobarómetro cree que el desencanto general con la religión católica en América Latina se debe al descenso de la pobreza y la aparición de una clase media más individualista que se aleja de las instituciones.

Marta Lagos subrayó que la elección de Francisco en 2013 tuvo un “efecto positivo” en el catolicismo y posee el carisma necesario para recuperar una parte de la fe perdida.

En su opinión, las visitas que ha realizado a la región y el próximo viaje a Chile y Perú reflejan la preocupación del pontífice por restituir la influencia que la Iglesia ha perdido durante los últimos años.

La encuesta del Latinobarómetro incluyó entrevistas personales a 1,200 personas de países sudamericanos y México, y 1,000 en Centroamérica, con un margen de error de entre 2.8 y 3 %.

Fuente: laicismo.org

jueves, 18 de enero de 2018

Comunidades indígenas: víctimas de la minería en Venezuela.


por Bram Ebus - Infoamazonía

Mientras los estados de Amazonas y el oeste del estado Bolívar están en manos de disidencias de la guerrilla colombiana, las comunidades indígenas se ven desplazados o volcados a la minería de coltán.

La ONG Organización De Mujeres Indígenas Amazónicas Wanaaleru ha denunciado que niñas indígenas han sido sometidas a ejercer la prostitución alrededor de las minas. Aunque la mitad de la amazonía venezolana cuenta con protección ambiental, muchas zonas ya están invadidas por la minería ilegal y por hombres armados.


*Lea las 6 entregas del reportaje en Infoamazonía

Durante tres meses, el periodista Bram Ebus recorrió esta zona, ubicada en su mayoría en el estado de Bolívar, Venezuela. Un escenario donde confluyen varios males del vecino país: los grupos armados ilegales, comunidades indígenas reprimidas y mineros infectados de malaria:

Los que llevan la peor parte de la bonanza minera en Venezuela son las comunidades nativas de los estados Amazonas y Bolívar a quienes se les ha usurpado la posibilidad de hacer minería, tanto legal como ilegalmente. Grupos guerrilleros colombianos – referidos por los locales como patagomas – están expandiendo sus operaciones mineras en el occidente de Venezuela y empresas explotadoras recientemente creadas anunciaron sus primeros proyectos en territorios indígenas.

En Puerto Ayacucho, Liborio Guarulla, gobernador del estado de Amazonas de 2001 a 2017 y un indígena Baniva, se sienta a su escritorio. A sus espaldas cuelga un cuadro al óleo del libertador Simón Bolívar. “La forma indígena de vivir se ha visto afectada por la presencia de mineros y grupos ilegales y armados. Y se han insertado en las economías mineras”, explica.

La gravedad de la situación es persistente en el estado de Amazonas, en donde hay casos de indígenas esclavos, con números tatuados en sus espaldas u hombros. “Cuando recibimos la denuncia de que habían matado a unos [indígenas] Yanomami, fui a la zona del Alto Orinoco, que es un municipio muy extenso”, dice el mayor general retirado del Ejército Bolivariano, Cliver Alcalá Cordones. En 2012, el Ejército comenzó una operación de tres semanas después de recibir la queja de que indígenas Yanomami fueron asesinados alrededor de proyectos de minería ilegal. “Yo vi a algunos yanomamis marcados”, recuerda.

Alcalá explica que varios indígenas fueron marcados por mineros invasores brasileños, llamados garimpeiros, que esclavizaron a los nativos en las minas. “Así, ellos pueden decir ‘este indígena es mío’”. No solo han sido esclavizados los indígenas, las jóvenes también han sido forzadas a ejercer la prostitución dentro y alrededor de las minas. “Las chicas ‘bonitas’ no pueden marcharse, las dejan allí”, explica Henelda Rodríguez, de la ONG Organización De Mujeres Indígenas Amazónicas Wanaaleru. “Las chicas que quieren escapar simplemente desaparecen”.

Amazonas no es oficialmente parte del Arco Minero, pero Guarulla teme que será cuestión de tiempo antes de que los proyectos infractores se expandan a lo largo de la frontera estatal. Más de la mitad de las tierras del Amazonas cuentan con protección ambiental, sin embargo, muchas ya están invadidas por la minería ilegal y por hombres armados.

Alrededor de 25 por ciento de las tierras venezolanas pertenecen a pueblos indígenas. Según el gobierno venezolano, 198 comunidades indígenas habitan dentro del Arco Minero, pero la mayoría de los territorios ancestrales no cuentan con límites legales ni protección. A pesar de que el derecho constitucional de reconocer legalmente las tierras indígenas existe desde 1999 (unos años después de seguir el ejemplo colombiano plasmado en la Constitución de 1991), apenas 12,4 por ciento de sus territorios han sido demarcados.

Comunidades indígenas que se encuentran en la vía de proyectos de prospección minera (un sector etiquetado como uno de los motores de economía nacional) se han convertido en un obstáculo para la industria minera, o peor, en mano de obra barata.

Guarulla argumenta que su estado ha sido invadido: “Prácticamente, es la guerrilla quien ejerce el control aquí. La guerrilla con la ayuda de las Fuerzas Armadas venezolanas. Ellos reciben parte de las acciones”. Según el ex gobernador, la guerrilla soborna al ejército para fungir como autoridad que controla las operaciones mineras. “Así pueden funcionar en la zona”.

El estado Amazonas comparte una frontera extensa con Colombia al oeste y conecta con Bolívar al este. De acuerdo con Guarulla, hay entre 4000 y 4.500 guerrilleros colombianos en Amazonas. La mayoría de ellos son del Ejército de Liberación Nacional (ELN) o de las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Organizaciones indígenas piensan que el número puede ser mucho más alto.

Mientras que los ex combatientes de las FARC entregan sus fusiles a las Naciones Unidas, y hacían su transición a la vida civil bajo el nombre Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), un número indeterminado de disidentes se desplazaban por Colombia. El ELN, que a principios de los ochenta fue el grupo guerrillero más grande de Colombia (y que acaba de romper el cese al fuego, acordado en las negociaciones de paz con el gobierno colombiano, en Quito) intensificó su presencia en Venezuela.

Aquí, las guerrillas colombianas han sido bienvenidas desde hace más de una década. Desde 2002, las FARC entraron oficialmente en Venezuela, que fungió como territorio seguro y nueva área estratégica – para movilizar a combatientes, armas y víctimas de secuestro – en los tiempos en que el ejército de Colombia aumentó sus esfuerzos para combatir la guerrilla en el territorio nacional, bajo el Plan Colombia.

Según Alcalá, el mayor general retirado del Ejército venezolano, grupos disidentes de las FARC que no querían participar en procesos de paz vinieron a Venezuela. Ellos están involucrados en economías ilícitas y lavado de dinero de la droga a través de actividades de minería ilegal en la que está implicada la población local. “La guerrilla fuerza a los indígenas a trabajar en sus minas”, explica Alcalá.

Tanto las FARC – cuando todavía eran un movimiento guerrillero – como el ELN financian operaciones con la comercialización de los minerales ilegalmente explotados, entre las ganancias de diferentes economías ilícitas. La guerrilla no podría haber escogido un mejor lugar como el subsuelo para esconder una variedad de los recursos más buscados del mundo como el oro, los diamantes y el coltán. Incluso, depósitos de uranio se han reportado y han llamado la atención del gobierno iraní, aunque un documento filtrado le quitó importancia a la viabilidad de su explotación.

Coltán al alcance de los dedos

Los depósitos de coltán están al alcance cuando se cruza la frontera venezolana desde Colombia. El mineral de coltán consta de dos minerales, colombita y tantalita, y se usa cada vez más en electrónica moderna.

Unos pocos países tienen depósito de coltán, pero de acuerdo con Roland Chavasse, director del Centro de Estudio Internacional del Tantalio-Niobio: “Se sabe que el Escudo Guayanés es muy, muy rico, posiblemente, el yacimiento más rico y más grande de coltán en el mundo”.

En la década de los setenta, el Instituto Nacional de Geología y Minería de Venezuela identificó una vasta reserva de tantalio en Venezuela. Años después, entre 1989 y 1990, un área habitada por los indígenas Piaroa fue investigada y recibió particular atención por sus depósitos minerales. Estos se ubican en casi todo el occidente del estado Bolívar, en los linderos de Parguaza y del río Orinoco. Sin embargo, no hay números oficiales de las reservas de coltán en Venezuela.

La escasez y la demanda de coltán caracteriza la importancia del mineral: usted lo usa ahora mismo. Está en su computadora y en su celular. Además, el tantalio (el elemento más importante de la tantalita) tiene aplicaciones militares como en la construcción de sistemas antitanques, bombas inteligentes, drones y robots. Tanto así que el Departamento de Defensa norteamericano recomendó almacenar coltán en 2015. Esto lo convierte en un mineral estratégico.



*Este reportaje se produjo gracias a una alianza entre Infoamazonía y el Correo del Caroní con financiación del Pulitzer Center. En Colombia cuenta con el apoyo de DeJusticia y Amazon Conservation Team.

miércoles, 17 de enero de 2018

El año en tecnología: tranquilos, todo va a seguir igual.


Santiago La rotta


Este será un año clave para definir el rol y las responsabilidades globales de las empresas de tecnología en temas como la difusión de la información y sus efectos sociales.

Las listas de fin de año son un tema difícil, áspero, pues están cargadas de una suerte de revisionismo que lleva, inevitablemente, a desacuerdos profundos. Cuando mucho, se trata de llegar a un consenso pegado con babas y que está bien lejos de ser un asunto unánime.

¿Cuál fue la noticia del año en tecnología? Más allá de los avances en inteligencia artificial, el vuelo que está tomando blockchain (el soporte fundamental de bitcoin) o los lanzamientos de dispositivos móviles (con el reconocimiento facial de Apple como gran novedad), quizás el desarrollo más importante fueron los varios líos de las empresas de tecnología: acoso, maltrato laboral y, claro, su influencia en todos los aspectos de la vida que sucede lejos del teclado.

Para ponerlo en pocas palabras: 2017 quizá pase a la historia como el año en el que las multinacionales de tecnología comenzaron a asumir parte de su responsabilidad en la diseminación de información falsa, discursos de odio y, en general, en la forma como digitalmente se organizan los ciudadanos en cientos de países.

El punto es que, al menos hasta la elección de Donald Trump en Estados Unidos, las plataformas se habían definido como eso: lugares de transacciones sociales o económicas y ya, apenas intermediarios para audiencias globales.

Después de ésta la cosa cambió, pues de por medio hay una investigación acerca de la intervención rusa en el proceso, un tema que pasa por la publicación de contenido falso y pago en varias redes sociales con el fin de afectar la opinión de los votantes.

No sólo es un tema de violación de términos y condiciones de servicio, sino casi de violación del funcionamiento regular de la sociedad. Seguir jugando la carta del intermediario inocente ya no es posible.

Desde cierta perspectiva, este es un cambio positivo, un movimiento que podría traer mayor transparencia a lo largo y ancho de internet. Pero también introduce una serie de variables que, cuando menos, están pobladas de incertidumbre: preguntas sin respuestas fáciles que, por lo demás, ya habían sido formuladas.

¿Quién controla el contenido en Facebook, por ejemplo? ¿Debe ser controlado? ¿Es una labor de la empresa? Si lo es, ¿esto no le otorga más poder? ¿Cómo interactúan estas tensiones con el ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión y la privacidad?

Estos y otros cuestionamientos permanecen abiertos en buena medida porque asignar responsabilidades en el vasto mundo de la red no es asunto fácil. Y aquí este tema conecta con 2018: las cosas no van a cambiar y, probablemente, tampoco a mejorar este año.

Resulta normal que una tecnología introduzca incertidumbre e inestabilidad en un sistema social o político. El cambio, en últimas, es la fractura (parcial o total) de un modelo anterior, de una forma de hacer o ver las cosas. La red sigue el mismo principio, tan sólo que amplificado y acelerado como nunca antes se había visto.

El aparente estado de caos en la producción y diseminación de información pareciera haberse tornado en la nueva normalidad: lo regular es que agonicen los discursos racionales, los hechos y, dependiendo desde dónde se mire, el sentido común. Hace tan sólo unos días el youtuber Paul Logan debió salir a ofrecer disculpas por haberse grabado al lado del cuerpo de un suicida en un bosque japonés reconocido por ser una locación en donde la gente va a suicidarse. El video fue desmontado por el propio Logan sin la intervención de Youtube.

Los reguladores en varios países han ido cerrándoles el paso a gigantes como Google, Uber, Facebook y Apple en temas que van desde presunta evasión de impuestos, competencia desleal y la imposición de responsabilidades más allá del reino de plataforma tecnológica.

Pero estas medidas se pegan de asuntos más formales, y acaso tangibles, como la tributación, los derechos laborales y la libre competencia. Sobre el tema de cómo se disemina la información, aún no hay acuerdos o parámetros más claros. Al menos no para todos.

Por ejemplo, empresas como Snap (casa matriz de Snapchat) han dedicado crecientemente más personal a curar y revisar el contenido informativo que circula a través de su plataforma, imitando en cierta forma el paradigma que cobija a los medios de comunicación tradicionales.

Pero lo de Snap parece ser una excepción en un panorama en el que la regla es seguir insistiendo en que pensar que Facebook puede torcer una elección es una locura.

Pero la locura es real.