martes, 19 de febrero de 2019

Amazonía, pecado estructural y gracia ecológica en la misión liberadora.


Agustín Ortega, teólogo

Hemos participado en el encuentro nacional "Amazonía, reto a la evangelización" (12 y 13 de febrero, Lima), organizado por el Instituto Bartolomé de Las Casas. Allí estuvimos con el P. Fr. Gustavo Gutiérrez OP, sacerdote dominico, uno de los pensadores y teólogos más significativos de nuestra época.

Gustavo Gutiérrez es psicólogo, filósofo, doctor y profesor universitario en teología, escrito y autor de numerosos libros, publicaciones, artículos...Íntimo amigo del Cardenal G. L. Müller, que fuera Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, con quien ha escrito dos muy buenos libros, uno de ellos con prólogo del Papa Francisco, que recomendamos vivamente. En ellos, Müller reconoce toda su labor teológica, eclesial y su testimonio de fe.


Recientemente, Gustavo recibió una carta de reconocimiento del Papa Francisco, en la que lo felicita de esta forma:


"Te agradezco por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad; por todos los esfuerzos y por tu forma de interpelar la conciencia de cada uno - continúa Francisco - para que nadie quede indiferente ante el drama de la pobreza y la exclusión".


Es fundador del Instituto Bartolomé de Las Casas. Y ha sido reconocido con diversos doctorado honoris causa en distintas universidades, con el premio príncipe de Asturias en humanidades (España) y las palmas magisteriales-amauta (Perú).


Desde la obra de Gustavo con la guía de la Palabra de Dios y el magisterio de la iglesia, con la enseñanza de los papas como Francisco, vamos a hacer una lectura teológica de lo transmitido en este encuentro. Allí miembros de la iglesia como laicos indígenas, religiosas misioneras y sacerdotes presbíteros nos mostraron el auténtico pecado estructural que se está cometiendo con ese pulmón del planeta, como es la Amazonía; a la vez que visibilizaron todos esos signos de la Gracia, que se manifiestan en la vida y misión de la iglesia. Existen unas estructuras sociales (económicas, políticas e ideológicas) de pecado que están expoliando los bienes y recursos de las comunidades indígenas de la Amazonía, contaminado y destruyendo todo el hábitat natural: aguas, ríos, bosques, cultivos, el mismo aire...


Todo este pecado socio-estructural está ejercido por estos poderes económicos, políticos e ideológicos nacionales y trasnacionales, por empresas multinacionales y de los países, con la complicidad de los estados o gobiernos. Empresas madereras, mineras, petroleras, etc. que están arrasando con la Amazonía, acabando con la vida de sus comunidades, de los pueblos y con el hábitat ecológico. Tal como nos enseña la iglesia con Francisco, es una economía que mata, un verdadero terrorismo económico. Una real estructura de pecado, con la cultura de la muerte, que acaba con la vida en todas sus fases y formas o dimensiones, ejercida por los poderosos y enriquecidos que oprimen, empobrecen y matan a los pueblos, a los pobres y al planeta tierra (creación).

El pecado personal con el egoísmo y sus ídolos de la riqueza-ser rico y del poder ha cristalizado (se ha institucionalizado) en estas corporaciones económicas, políticas e ideológicas que están imponiendo toda esta cultura de la muerte, desigualdad e injusticia socio-ambiental global. Y va destruyendo la vida de las poblaciones como las indígenas, de los pobres y de la tierra. Frente a todo lo anterior, la Gracia del Dios de la misericordia ante el sufrimiento del reverso de la historia, en el seguimiento de Jesús, convoca a la iglesia samaritana. Es la iglesia misionera, con la conversión pastoral y ecológica, en salida hacia las periferias. Iglesia con entrañas misericordiosas que ejerce la compasión y la justicia en medio del dolor e injusticia de las víctimas, de los oprimidos arrojados a la cuneta de la realidad histórica, del grito de los pobres y el clamor de la tierra.


La Gracia del Dios Amor se revela en la iglesia, en los pueblos y los pobres que van ejerciendo su vida teologal, con el servicio (diakonía) de la caridad interpersonal y política. El Don de la Gracia de Dios constitutivamente se expresa en el amor civil y público, la caridad política, que busca la civilización del amor, el bien común más universal y la justicia social, mundial y ambiental con los pobres. La Gracia de Dios acogida y llevada al servicio del amor, en la misión de la Iglesia con los pueblos y los pobres, va realizando la salvación por la caridad y la justicia con la liberación integral de todo pecado, mal e injusticia. El Reino de Dios y su justicia nos traen esta salvación liberadora, que se va anticipando ya en la historia y culmina en la vida trascendente, plena y eterna.


La salvación se va efectuando en las liberaciones humanas e históricas globales y, finalmente, se consuma en la liberación escatológica, con los cielos nuevos y la tierra nueva. Es una liberación sociopolítica de todas estas estructuras sociales opresoras e injustas, de los sistemas económicos y políticos perversos e inhumanos, que niegan la vida y dignidad de las personas, de los pueblos y de los pobres. Liberación ética de la alienación humana, que no permite a la persona ser sujeto protagonista, gestor y transformador de la realidad social e histórica. Y liberación espiritual del pecado del mundo que se opone al Reino de Dios y su justicia, de todo lo que aparta del Amor de Dios y del prójimo que son inseparables y que, de forma indisoluble, se unen a la promoción de la justicia. Todas estas liberaciones se reclaman y exigen mutuamente en un proceso soteriológico dinámico, salvador y liberador de todo este pecado e idolatrías que esclavizan al ser humano.




La Gracia de Dios y su Amor se hace realidad en la opción por los pobres, aquellos a los que se les niega la vida y mueren antes de tiempo, como autores de su promoción liberadora e integral. La opción por los pobres lleva a cabo realmente el amor universal y real (concreto e histórico), ya que los pobres son los seres humanos a los que se les impide acceder a este amor para toda la humanidad, sufriendo y padeciendo todo mal e injusticia negadora de la vida. La humanidad vive en esta unidad de la historia, en la única historia de la salvación, donde la Gracia del amor y la justicia liberadora pugnan contra el pecado, el mal e injusticia. La Gracia de Dios y su amor es lo que mueve al mundo, lo que nos salva y libera, más entra en conflicto con el pecado del mundo, con la opresión e injusticia que personas y grupos sociales causan a otros seres humanos, comunidades y pueblos empobrecidos, oprimidos y marginados.


Tal como nos ha enseñado la iglesia con su doctrina social, por ejemplo, todo este conflicto (cuestión) social entre el capital y el trabajo, los falsos dioses del beneficio y la productividad para la ganancia que impiden la vida digna de la persona trabajadora, que rechaza sus derechos como es un salario justo. Por tanto, el auténtico desarrollo humano e integral requiere toda esta liberación global, con una economía y globalización más ética al servicio de las necesidades y capacidades humanas.


La mundialización de la solidaridad y de la justicia socio-ambiental, con una ecología integral, que promueva la vida de las personas, de los pueblos y del planeta tierra; con una interculturalidad que respete todo lo bueno, bello y verdadero de las tradiciones, culturas y religiosidad de los pueblos que nos comunican tantos valores, espiritualidad y trascendencia. En Jesucristo se nos revela el Dios de la vida. El Dios salvador y liberador que hace justicia a los pobres, que defiende la vida y dignidad de las personas, que nos regala la belleza de la naturaleza, de la creación y del cosmos en donde se manifiesta la Gloria de Dios, que estamos destruyendo.

lunes, 18 de febrero de 2019

Los bancos éticos, tres veces más rentables que la banca tradicional.


Yago Alvarez
(El Salto)

Un informe presentado en el Parlamento Europeo muestra las cifras de crecimiento de las finanzas éticas en Europa en los últimos diez años.
Las épocas de las burbujas y los pingües beneficios financieros se ven ya muy lejanas. Las bolsas nunca recuperaron los niveles anteriores a la caída de Lehman Brothers. La confianza en los mercados se sostiene a base del dinero barato repartido por Mario Draghi. Pero el sector de las finanzas éticas, aquellos bancos que basan su funcionamiento en criterios sociales y ecológicos, parece no inmutarse.

Ese podría ser la principal idea a la que se llega al observar los datos del segundo Informe sobre las finanzas éticas y sostenibles de Europa, elaborado gracias a la cooperación de la fundación española Finanzas Éticas y la fundación italiana Finanza Etica, ambas pertenecientes a la red de Banca Popolare Etica. En dicho informe, presentado ayer en el Parlamento Europeo, se comparan las cifras de crecimiento o rentabilidad de los 23 bancos éticos que existen en Europa, con los 15 bancos de mayor relevancia global que tienen sede en Europa, para los últimos diez años.

Este listado de bancos éticos y sostenibles, entre los que se encuentran la Caixa de Pollença, la italiana Fiare o la holandesa Triodos, han obtenidos unos rendimientos tres veces mayores que los bancos tradicionales en los diez últimos años. Según apunta el informe, la rentabilidad media anual desde el estallido de la crisis financiera es del 3,98%, frente al 1,23% que han obtenido en ese mismo periodo el resto de bancos.

La rentabilidad media anual desde el estallido de la crisis financiera es del 3,98%, frente al 1,23% que han obtenido el resto de bancos

La explicación a esta mayor resiliencia y mejores resultados es debida, según indican, a que los bancos de las finanzas éticas conceden créditos para “el desarrollo de la economía real e invierten en base a criterios sociales y ambientales precisos”, que han demostrado ser especialmente resistentes a la crisis.

Los activos, depósitos, préstamos y el patrimonio neto de los bancos éticos y sostenibles también arrojan unas cifras de crecimiento cercanas al 10% anual. Porcentajes que se diferencian, en mucho, a las del sector financiero general. Por ejemplo, de 2007 a 2017, los activos, y por lo tanto el total de las inversiones, los créditos y la liquidez, de los bancos éticos han crecido una media del 9,66% al año, frente al -1% anual de los bancos tradicionales.

En cuanto a los depósitos, que muestran la confianza de los clientes y el traspaso a este tipo de entidades, entre 2007 y 2017, los bancos éticos han tenido un crecimiento medio anual del 11%. Los bancos tradicionales solo han obtenido crecimientos del 2%.

BANCOS QUE SIGUEN SIENDO BANCOS

Tras el estallido de la crisis financiera, se pudo observar cómo la gran parte del negocio de la industria financiera se basaba en la especulación con productos financieros complejos u otras herramientas de inversión. Tras el desplome de dicho negocio y del inmobiliario e hipotecario, los bancos se han lanzado a aumentar de manera desproporcionada las comisiones para sacar gran parte de su beneficio de dicha manera.

La función primaria del sistema bancaria, la canalización del ahorro de un sector de la población en forma de préstamos hacia otra, se ha perdido en gran parte. Pero el informe apunta a que las finanzas éticas siguen apoyando a la economía real mediante préstamos a empresas productivas y no especulativas. En 2017, la concesión de créditos representaba una media de casi el 77% de la actividad total de los bancos éticos y sostenibles. En los bancos tradicionales, esta actividad solo representa el 40,52%. En estos diez años estudiados en el informe, los bancos éticos han tenido un crecimiento medio anual de préstamos del 11% y los bancos tradicionales no han llegado a un 1%.

FONDOS RESPONSABLES

La segunda parte del informe analiza los números de los fondos socialmente responsables: aquellos que invierten en acciones y obligaciones de empresas que cotizan en bolsa, o en títulos de deuda soberana, seleccionados en base a una serie de criterios ambientales y sociales. En Europa, el patrimonio invertido en los fondos éticos best in class, los mejores en cada industria y que adoptan los criterios más rigurosos, entre 2015 y 2017 ha subido una media del 9% al año, rozando los 600.000 millones de euros.

domingo, 17 de febrero de 2019

El peligro de una guerra total en Suramérica.

Foto: globedia.com

Constantemente la administración de Trump afirma que se prepara para una posibilidad de invadir Venezuela, y ahora Juan Guaidó, quien ha sido reconocido por EEUU como el presidente interino de dicho país, ya sostiene abiertamente que él podría aceptar o pedir el ingreso a Venezuela de tropas de dicha megapotencia o de otras repúblicas, como Brasil o Colombia.

En caso de darse ello, Sudamérica podría por primera vez en su historia conocer una guerra con las siguientes 3 características: 1) uso de misiles y bombarderos supersónicos en ambos bandos; 2) intervención directa norteamericana (y tal vez de potencias rivales como Rusia, China o Irán); 3) participación de la mayor parte de las repúblicas de dicho continente en el conflicto.

Un continente que no ha conocido ninguna guerra mundial

Esta nota no busca tomar posición en favor o en contra de Maduro, sino conjeturar sobre el riesgo que puede pasar con Latinoamérica, la única región de la humanidad donde nunca se han almacenado armas nucleares ni se libró ninguna batalla en sus tierras durante la II guerra mundial.

Suramérica ha vivido algunas guerras internas, pero no ha tenido mayores conflictos bélicos entre naciones en los últimos 130 años. Ciertamente que se han dado choques armados en puntos lejanos a grandes urbes por problemas fronterizos entre Perú-Ecuador, Colombia-Venezuela y Venezuela-Guyana, pero la última guerra que duró años y produjo decenas de miles de muertos fue la del Chaco 1932-35 (entre Bolivia y Paraguay), en la cual ninguna batalla se libró en cualquier ciudad muy poblada de ambas naciones, las únicas sin mar del hemisferio.

Mientras que la mayor parte de las capitales de la Europa continental llegaron a conocer una ocupación militar extranjera en la II guerra mundial de 1939-45, la última capital sudamericana en haber sido ocupada fue Lima hace 13 décadas, dentro de la guerra en la que Chile derrotó a Perú y Bolivia en 1879-84. Entonces Chile llegó hasta el norte peruano pero no entró a las principales ciudades de Bolivia, país al que se limitó a quitarle su litoral. 


El espectro de la guerra de la Triple Alianza


La última guerra total internacional que conoció Sudamérica y que acabó aniquilando a la mayor parte de la población masculina de un determinado país, fue cuando en 1860-70 se unieron la Triple Alianza de Brasil, Argentina y Uruguay para aplastar al Paraguay, nación que entonces tenía una política independiente y cuyo presidente Solano López chocaba directamente con los británicos, quienes por entonces eran el principal imperio en Sudamérica y quienes luego decidieron también la victoria de Chile en la guerra del Pacífico.

Brasil, entonces, tenía el único imperio y monarquía oriundos de Latinoamérica y concentraba a la mayoría de los esclavos negros del mundo. El antiguo Brasil fue en esos tiempos una potencia que se anexionó territorios de casi todos sus 10 vecinos, un récord que no lo tiene ningún otro país en las Américas.

Paraguay perdió alrededor de la mitad de su territorio y de su población, aunque algunos hablan de que el 85% de sus habitantes y el 90% de sus varones murieron, incluyendo casi todos sus adultos masculinos. Dicha nación otrora muy rica e influyente en el cono sur sufrió un terrible genocidio y desmembración. Hasta hoy no recupera el sitial que hace un siglo y medio llegó a tener en la región, temor que debe estar llevando a muchos militares venezolanos a no querer que eso se repita con su república.


Lo que puede pasar si hay una guerra contra Venezuela


Una posible guerra, como la que Guaidó pudiese estar contemplando, implicaría algo mucho peor que la de la Triple Alianza contra Paraguay. Los mayores vecinos de Venezuela, que son Brasil y Colombia, quienes recientemente han electo gobiernos de derecha dura centrados en la propaganda de derrotar el peligro que Venezuela representa y que encarnaban sus rivales electorales, son las naciones más pobladas del continente. Una guerra en la que solamente participen Venezuela, Brasil y Colombia implicaría una en la cual estén involucrados unos 280 de los 400 millones de sudamericanos.

Pero, además, allí entraría a tallar EEUU, potencia que anteriormente ha invadido México (cuya mitad norte se anexionó) y varias partes de Centroamérica o el Caribe, pero nunca antes el continente sudamericano. Por si esto fuera poco, habría presión para que todos los países del “Grupo de Lima”, quienes son los que alentaron a los opositores venezolanos a desconocer el segundo mandato de Maduro y proclamar un presidente paralelo, serian tentados a mandar soldados, como hoy lo son de enviar víveres.

Una eventual guerra en Venezuela no podría hacerse en nombre de las Naciones Unidas, la cual sigue reconociendo a Maduro como el único presidente de Venezuela, y, en todo caso, Rusia y China, evitarían que el consejo de seguridad apuntala esta incursión.

Si miembros del grupo de Lima, como pueden ser Chile, Perú, Ecuador, Paraguay, Costa Rica, Panamá, Honduras, Guatemala o Canadá, enviasen tropas a Venezuela, entonces Cuba, Bolivia o Nicaragua pudiesen entrar para socorrer a su aliado.

China, pese a sus grandes inversiones en la región (donde en muchas partes viene sobrepasando a EEUU como principal comprador), no tiene como costumbre enviar tropas de combate, por lo que su presión se daría en el plano diplomático o económico. No obstante, Rusia es diferente.

Ahora que la guerra siria viene concluyendo, los mismos actores que han combatido allí ahora toman posición en Venezuela. EEUU e Israel están con la oposición venezolana, mientras que Rusia, Irán y Turquía secundan a Maduro.


Guerras “democratizadoras” de EEUU no han llevado a la democracia


Todas las guerras que se han dado en nombre de la democracia en la post-guerra fría ha conducido a la masiva destrucción y fragmentación de lo que fue Yugoslavia, Afganistán, Irak, Somalia, Libia o Siria. En esos conflictos decenas de millones han sido desplazados y cientos de miles han sido torturados, violadas o muertos.

La crisis venezolana se viene dando a la par que EEUU viene firmando un pacto con los talibanes donde acepta que estos se vayan quedando con la mayor parte de Afganistán. Tras 18 años de súper-bombardear a uno de los países más pobres que hay, Washington acaba de realizar que, lejos de poder haber triunfado, ahora debe pactar con quienes pidió erradicar.

Por el momento el único campo que constantemente llama al diálogo es el del gobierno de Maduro, mientras que Trump y Guaidó se mantienen intransigentes en demandar su salida o nada. El anterior presidente uruguayo Pepe Mujica le pide a Maduro que en aras de la paz renuncie a su puesto y que llame a comicios donde ni él ni Guaidó participen, algo que no pudiese aceptar un gobierno que asegura haber ganado las presidenciales venezolanas de mayo pasado con el 68% de los votos y 31% del padrón electoral, lo que aducen es uno de los porcentajes más altos del mundo. México, por su parte, sostiene que se debe respetar el principio de no injerencia en los asuntos internos de ninguna otra nación, pues esa es la clave de la paz.

La opinión pública mundial debe movilizarse si es que se quiere evitar que Sudamérica conozca por primera vez en su historia los horrores que han sido las guerras que se han visto al este del Mediterráneo.


Isaac Bigio

Historiador y analista internacional


sábado, 16 de febrero de 2019

La ancianidad.


Jaime Richart, Antropólogo y jurista

Según parece, después de Japón España es el país con la tasa más alta de esperanza de vida. Dato que paradójicamente está empezando a dar problemas a los depredadores del marco neoliberal y especialmente a los de la sociedad española. El incremento de ancianos longevos en este país alarma a los necios del sistema. Me refiero a los economistas y políticos adictos al régimen económico existente que, por eso mismo, por ser adictos, son incapaces de considerar las cosas desde otros puntos de vista; estrábicos o miopes que quieren ignorar enfoques que, aun dentro del sistema mismo, pueden aportar soluciones a ese problema artificialmente generado. Por ejemplo, la reforma fiscal profunda para un más justo reparto de lo que se produce, sin necesidad de recurrir al socialismo real.

Socialismo en el que muchos despiertos y aun acomodados pensamos cuando se hace patente la obstinación de los dirigentes políticos, bancarios y financieros en favorecer a las clases ya opulentas y acomodadas, en detrimento grave de los derechos de las clases populares.

Pero es que su deformación y su falta de imaginación llegan tan lejos que, en lugar de buscar la solución en políticas sociales radicales prefieren inducir al suicidio a la población anciana. Y no se crea que no ha de hacer estragos esa actitud política antihumanista, en mentes ya débiles como débil está ya su cuerpo… Es más, habría que indagar cuántos suicidios de ancianos no obedecen a esa causa. Pues bien, pese a ser una bajeza moral cercana a los métodos que se atribuye al nazismo, se extiende desde Europa hasta Japón. El ministro de economía nipón no hace mucho hizo un llamamiento en ese sentido a la población de su país: que los ancianos deben morir cuanto antes ¡para salvar la economía!. Y hay que tener presente que el suicidio en aquel país es más frecuente de lo que es en occidente por unos u otros motivos. Pero Europa tampoco se ha librado de la abominación. Más o menos el mismo llamado hizo la directora del Fondo Monetario Internacional, que es francesa, y la sede del organismo está en Europa.

El caso es que, pese a quien pese, España alberga una enorme nómina de longevos que debiera enorgullecernos cuando en numerosos países del orbe no se alcanza la cincuentena. Pero está visto que alcanzar los 80 años ha dejado de ser un honor. O sigue siéndolo, pero ultrajado por esos y esas que maldicen la ancianidad por lo que sea, sin pensar que también ellos y ellas desean llegar a viejos aunque no lo merecen y sí en cambio por malnacidos merecen el infierno de los injustos…

Yo soy anciano. Tengo 80 años. Y puedo atestiguar que la ancianidad es un privilegio doble que vale la pena vivirse y que, naturalmente, no se puede disfrutar sin llegar a ellos. Porque pese a la alta esperanza de vida entre nosotros, el hecho de llegar a la vejez por sí solo lo es. Y porque a condición de no tener muy quebrantada la salud, lo primero que descubre el anciano es que poco a poco ha ido desapareciendo en él la idea angustiosa de la muerte que le ha asaltado a lo largo de su vida por cualquier motivo, en la medida que ha ido perdiendo la capacidad de asombro. Es más, el anciano termina encariñado con la idea de la muerte. Pues en ella ve una liberación de las tribulaciones de la vida: aun la más grata. Y por otro lado, ha cedido ya el deseo, tanto de lo material como de lo inmaterial. Al menos el deseo de lo que razonablemente no es deseable bien porque es imposible conseguirlo, bien porque es absolutamente enfermizo. (La ambición desmedida de poder y la codicia que en otro caso atacan a algunos ancianos generalmente varones, en lugar de hacerles más placentera la vida se la hace más insoportable que al anciano común).

Así es que, desaparecidos el miedo a la muerte y el deseo causante de sinsabores y desgracias, ya está el anciano en condiciones de encontrarse con dos valores inestimables: la esperanza y la confianza. La esperanza en una vida ultraterrena cuya forma y naturaleza no vale la pena esforzarse inútilmente en descifrar pero en todo caso feliz, y, en otro caso, la confianza en la nada en cuyo caso nada tiene uno que perder. Esas dos alternativas disipan en el anciano la angustia de la muerte y la incertidumbre del después, potenciadas por algunas religiones, unas veces, por el nihilismo que lleva al espanto ante el vacío, otras, por la ignorancia del saber a medias, otras, o por la “ignorancia” extraña, en fin, que encierra el mucho saber: cuatro generadores de pavor y de angustia, mil veces más perturbadores para el espíritu que la ignorancia absoluta del ser vivo que no ha sido todavía amaestrado…

viernes, 15 de febrero de 2019

Las protestas contra el gobierno bloquean Haití durante una semana.

Las escuelas y los bancos siguen cerrados, así como negocios y estaciones de combustibles, muchos de los cuales han sido saqueados.
Haití continúa paralizado después del sexto día consecutivo de violentas protestas convocadas por sectores de la oposición y grupos sociales en contra de la gestión del presidente haitiano, Jovenel Moise, quien mantiene silencio.
Este martes, la capital continuaba bloqueada por barricadas y neumáticos encendidos en las principales vías, imposibilitando la comunicación terrestre entre Puerto Príncipe y el resto de la nación caribeña, escenario de protestas desde el 7 de febrero, el mismo día en que Moise cumplió dos años en el cargo, y cuya dimisión reclaman los convocantes de las manifestaciones.
En las últimas horas varios senadores y diputados opositores se han sumado a la solicitud de dimisión de Moise, quien no se ha pronunciado respecto a la situación tras el llamado al diálogo que hizo el pasado sábado y que fue rechazado por sectores de oposición. La comunidad internacional y el sector económico nacional han llamado al diálogo para buscar soluciones a la crisis política y económica, lo que no ha logrado contener las protestas, las cuales continuarán, de acuerdo con los promotores.
Las escuelas y los bancos siguen cerrados, así como negocios y estaciones de combustibles, muchos de los cuales han sido saqueados estos días por enardecidos manifestantes que denuncian la precariedad económica del país, el más pobre de América, y donde al menos 7 personas han fallecido desde que iniciaron las protestas.
En las calles solo se observan algunas motos que ofrecen servicio de transporte, aunque mucho menos que ayer, según comprobó Efe.
En medio de la acuciante crisis, el Gobierno declaró el pasado 5 de febrero una urgencia económica, que implica reducir el costo de los bienes de primera necesidad o incrementar el acceso al crédito de las pequeñas empresas para intentar paliar la crisis.
La situación de Haití se agravó este año por una fuerte depreciación del gourde, la moneda oficial, que se cotiza a 83 por un dólar, así como por la crisis de electricidad derivada de la escasez de gasolina, sumada a una inflación de dos dígitos.
El país tampoco ha logrado aprobar su presupuesto para este año, de 1.650 millones de dólares, el cual fue rechazado el pasado mes por la Cámara de Diputados tras argumentar que ese no satisface a la cámara.
En las protestas, los manifestantes también exigen justicia en las supuestas irregularidades en el programa Petrocaribe, a través del cual Venezuela suministra petróleo a este país a precios blandos.
Una auditoría presentada la semana pasada por el Tribunal de Cuentas reveló irregularidades entre 2008 y 2016 en este programa, y señaló a 15 exministros y actuales funcionarios que están involucrados en este caso, así como una empresa que dirigía Moise antes de llegar a la Presidencia.
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