miércoles, 22 de noviembre de 2017

Prostíbulos del capitalismo.


Emir Sader
Resumen Latinoamericano/Pagina 12, 17 de noviembre 2017.

Los mal llamados paraísos fiscales funcionan como prostíbulos del capitalismo. Se hacen allí los negocios turbios, que no pueden ser confesados públicamente, pero que son indispensables para el funcionamiento del sistema. Como los prostíbulos en la sociedad tradicional.

Conforme se acumulan las denuncias y las listas de los personajes y empresas que tienen cuentas en esos lugares, nos damos cuenta del papel central y no apenas marginal que ellos tienen en la economía mundial. “No se trata de “islas” en el sentido económico, sino de una red sistémica de territorios que escapan a las jurisdicciones nacionales, permitiendo que el conjunto de los grandes flujos financieros mundiales rehuya de sus obligaciones fiscales, escondiendo los orígenes de los recursos o enmascarando su destino.” (La era del capital improductivo, Ladislau Dowbor, Ed. Autonomia Literaria, Sao Paulo, 2017, pag. 83)

Todos los grandes grupos financieros mundiales y los más grandes grupos económicos en general están tienen hoy filiales o incluso casas matrices en paraísos fiscales. Esa extraterritorialidad (offshore) constituye una dimensión de prácticamente todas las actividades económicas de los gigantes corporativos, constituyendo una amplia cámara mundial de compensaciones, donde los distintos flujos financieros ingresan a la zona del secreto , del impuesto cero o algo equivalente y de libertad con respecto a cualquier control efectivo.

En los paraísos fiscales los recursos son reconvertidos en usos diversos, traspasados a empresas con nombres y nacionalidades distintas, lavados y formalmente limpios. No es que todo se vuelva secreto, sino que con la fragmentación del flujo financiero, el conjunto del sistema lo vuelve opaco.

Hay iniciativas para controlar en parte a ese flujo monstruoso de recursos, pero el sistema financiero es global, mientras las leyes son nacionales y no hay un sistema de gobierno mundial. Asimismo, si se puede ganar más invirtiendo en productos financieros, y encima sin pagar impuestos, es un negocio redondo.

“El sistema offshore creció con metástasis en todo el globo, y surgió un poderoso ejército de abogados, contadores y banqueros para hacer que el sistema funcione… En realidad, el sistema raramente agrega algún valor. Al contrario, está redistribuyendo la riqueza hacia arriba y los riesgos hacia abajo y generando una nueva estufa global para el crimen.” (Treasured Islands: Uncovering the Damage of Offshore Banking and Tax Havens, Shaxon, Nicholas. St. Martin’s Press, Nueva York, 2011).

El tema de los impuestos es central. Las ganancias son offshore, donde escapan de los impuestos, pero los costos, el pago de los intereses, son onshore, donde son deducidos los impuestos .La mayor parte de las actividades es legal. No es ilegal tener una cuenta en las Islas Caimán. “La gran corrupción genera sus propia legalidad, que pasa por la apropiación de la política, proceso que Shaxson llama de `captura del Estado’”(Dowbor, pag. 86).

Se trata de una corrupción sistémica. A corrupción involucra a especialistas que abusan del bien común, en secreto y con impunidad, minando a las reglas y los sistemas que promueven el interés publico, en secreto y con impunidad, y minando nuestra confianza en las reglas y sistemas existentes, intensificando la pobreza y la desigualdad.

La base de la ley de las corporaciones e, de las sociedades anónimas, es que el anonimato de la propiedad y el derecho a ser tratadas como personas jurídicas , pudiendo declarar su sede legal donde quieran e independiente del local efectivo de sus actividades, tendría como contrapeso la trasparencia de las cuentas.” (Dowbor, pag. 86) Las coimas contaminan y corrompen a los gobiernos, y los paraísos fiscales corrompen al sistema financiero global. Se ha creado un sistema que vuelve inviable cualquier control jurídico y penal de la criminalidad bancaria. Las corporaciones constituyen un Poder Judicial paralelo que les permite incluso procesar a los Estados, a partir de su propio aparato jurídico.

The Economist calcula que en los paraísos fiscales se encuentran 20 trillones de dólares, ubicando a las principales plazas financieras que dirigen estos recursos en el estado norteamericano de Delaware y en Londres. Las islas sirven así como localización legal y de protección en términos de jurisdicción y domicilio fiscal, pero la gestión es realizada por los grandes bancos. Se trata de un gigantesco drenaje que permite que los ciclos financieros queden resguardados de las informaciones.

martes, 21 de noviembre de 2017

Lanzan portal sobre los pueblos originarios de Chile.



La iniciativa se lanzó con el objetivo de brindar información calificada sobre las prácticas culturales de los pueblos ancestrales que habitan en Chile.

Servindi, 20 de noviembre, 2017.- El proyecto “Leyendo en la Web a los Pueblos Originarios” tiene el objetivo de promover estrategias de desarrollo lector sobre el reconocimiento de las culturas originarias de Chile, destacando información y difusión de sus prácticas culturales.

El portal es trabajado por un equipo multidisciplinario de profesionales, quienes intentan fortalecer los lazos de la cultura tradicional indígena a través de material audiovisual, animaciones y contenidos escritos.

En este año, se ha fijado como meta dar continuidad a la actualización y profundización de material enfocados en los pueblos originarios de las regiones de la Araucanía, Atacama, Los Ríos, Magallanes y Antártica Chilena y Metropolitana de Santiago.

Esta iniciativa pretende poner al alcance a los lectores, desde estudiantes a público en general, información calificada sobre las tradiciones y mundo espiritual de los pueblos ancestrales que habitan en el país.

Vale mencionar que el proyecto es apoyado por la Comunidad Ser Indígena. Usted puede apreciar el portal a través del siguiente enlace: http://serindigena.org/index.php/es/biblioteca/videos.

Fuente: Servindi

lunes, 20 de noviembre de 2017

Humanizar la humanidad practicando la proximidad.



Pedro Casaldáliga (2006)

Comunicación de Pedro Casaldáliga en la recepción del Premio Internacional de Catalunya 2006
Bienvenido Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, mi presidente. Bienvenida Sra. Diana Garrigosa Bienvenida comitiva de la Presidencia y del Jurado del Premio Internacional de mi Cataluña.
Querido hermano Leonardo, queridas hermanas y hermanos:
Es mucha deferencia del Gobierno de Cataluña y del jurado venir hasta São Félix do Araguaia para entregarme su Premio Internacional. Me siento violento y avergonzado, por eso y porque este Premio está asociado a personas extraordinarias de la filosofía, de la ciencia, de las artes, de la promoción social. Y yo continúo siendo un «fill de Cal Lleter», un «hijo de la casa del lechero», de Balsareny, a la orilla del Llogregat, un pequeño arroyo puesto al lado de este Araguaia majestuoso

Esta deferencia de la Generalitat es motivo, a la vez, para mi gratitud, recibiendo el Premio, y para renovar en la vejez la identidad catalana con sus carismas. «Quan més anem, més tornem»: avanzando en la vida, las personas regresa a los orígenes; el arco de las vivencias se cierra en paz.

Nuevo motivo también para reasumir las causas por las cuales, dice el jurado, me otorgan, nos otorgan, este galardón singular. Las causas de los derechos de las personas y de los pueblos, sobre todo de las personas y pueblos marginados y hasta prohibidos. Causas mías, pero causas de todos nosotros, causas de esta pequeña iglesia de São Félix do Araguaia, que por ellas ya dio sudor y hasta sangre. Causas específicamente de Nuestra América: la tierra, el agua, la ecología; las naciones indígenas; el pueblo negro; la solidaridad; la verdadera integración continental; la erradicación de toda marginación, de todo imperialismo, de todo colonialismo; el diálogo interreligioso, e intercultural; la superación de ese estado de esquizofrenia humana que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo (y un cuarto mundo también) cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hija del Dios de la vida.

Siendo la primera vez que se otorga el Premio a un morador en América Latina, yo, abusando de osadía sentimental, hago cuestión de recibirlo también como «representante adoptivo» de Nuestra América. Mi paisano de Verdú, San Pedro Claver, apóstol de los negros en Colombia, y mi paisano de Sallent, San Antonio María Claret, fundador de mi congregación y arzobispo de Santiago de Cuba, aprobarán sin duda esta osadía. Nosotros, como Iglesia, lógicamente, abrazamos esas causas a la luz de la fe cristiana, en el seguimiento de Jesús y de su Evangelio: el Evangelio de los pobres, el Evangelio de la liberación. El Premi Internacional de Catalunya 2006 es nuestro, pueblo mío de la Prelatura de São Félix do Araguaia, nuestra es la gratitud a la Generalitat, nuestro debe ser el renovado compromiso. La danza mayor de Cataluña es la sardana, danza en comunión de un pueblo entero dándose las manos. En la Prelatura, la corresponsabilidad es nuestra danza de celebración y de compromiso. Juntos hemos luchado, juntos recibimos el Premio, juntos seguiremos respondiendo.

El objetivo y la mediación de todas esas causas nuestras se pueden formular en este postulado: Humanizar la Humanidad, practicando la proximidad. ¿Es una utopía? ¡El Evangelio es una utopía mayor! Adaptando la palabra del poeta, titulé así mi última circular: «Utopía necesaria como el pan de cada día». No la utopía quimérica que arribaría a un «no-lugar», sino un proceso esperanzado que navega hacia un «lugar-otro», ¡un «buen-lugar», eu-topia! Porque no aceptamos la fatalidad de ese sistema de capitalismo neoliberal que nos imponen, hecha mercado la vida, cuadradas las cabezas en un pensamiento único, bajo un macro-imperialismo político, económico, militar, cultural. «Es preciso reinventar una economía de convivencia», pedía Edgar Morin, recibiendo este mismo Premio en 1994. El pueblo guaraní habla de la «economía de la reciprocidad».

Y el pequeño pueblo myky, en este Mato Grosso, proclama como uno de sus dogmas básicos que «vivir es convivir». Sin prepotencias, sin exclusiones. Todas y todos siendo reconocidos como personas en la radical dignidad de la «raza humana». Los pueblos indígenas, normalmente, en su autodeterminación se clasifican «gente», «humanidad»; después viene el nombre, la designación particular de cada pueblo, de cada cultura, de cada historia. Identidades colectivas que configuran la Humanidad una y plural. La globalización actual, con todos sus pecados, graves, tiene como contrapartida la virtud de hacer que hoy, como nunca, la Humanidad se sienta «una». Estamos descubriendo, por necesidad, que navegamos en un mismo barco. «El choque de civilizaciones» o «la alianza de civilizaciones» son la alternativa inevitable.

Como ahora nos encontramos todos con todos, debemos optar o por chocar unos contra otros, en la intolerancia y en la agresión, o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad. «Las naciones son contenido, no fronteras» afirma Baltasar Porcel, en la presentación de los discursos de los 3 galardonados con el Premi Internacional de Catalunya. Muros, «vallas», cercas, leyes de intolerancia, no son la solución humana. Los «bárbaros del sur» acabarán rompiendo las fronteras de la separación. «El hambre no tiene fronteras», gritaba el superviviente de una «patera» africana. Esos nuevos bárbaros acabarán invadiendo la tierra, la casa, la mesa, el alma de los privilegiados de un mundo primero: ¿primero en malgastar; primero en insensibilidad? La más esencial tarea de la Humanidad es la tarea de humanizarse.

Humanizar la Humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso, solamente son dignos de nuestro pensamiento y de nuestras manos se nos humanizan más. Frente a ciertos jactanciosos progresos, las estadísticas anuales de ese profeta laico que es el PNUD deberían provocarnos una indignada vergüenza. «Otro mundo es posible», proclaman los foros de la alternatividad. Otro mundo es necesario. «Hacer real lo posible» es el título del último libro del economista y educador Marcos Arruda: «Una reflexión creativa y de propositiva sobre economía…, la praxis de otra economía, ya en marcha, fundada en la cooperación y en la solidaridad y la prospectiva de otra globalización, que valoriza cada persona, cada cultura y cada pueblo. Buscando un proyecto común de Humanidad a partir de la valorización y de la complementariedad de las diferencias».

El Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, Pastor Samuel Kobia, resumía así el tema y el propósito de la IX Asamblea del Consejo, realizada en Porto Alegre, en este mes de febrero: «Transformar el mundo juntos». El pequeño mundo del propio corazón, del propio hogar, de la vecindad, y el gran mundo de la política y de la economía y de las instituciones internacionales. Otra ONU es posible y necesaria. Ya es un consenso universal que sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones. Y que sólo habrá paz entre religiones si hay diálogo entre las religiones. Un diálogo interreligioso, pero que sea generador de Humanidad. Porque no se trata de sentar a las religiones en una tertulia narcisista y aséptica, fuera del mundo de la pobreza, del hambre, de la guerra, del racismo, de la marginación, del miedo. El contenido central de ese diálogo interreligioso ha de ser también humanizar la Humanidad, en nombre de Dios.

Nuestro Joan Maragall, el gran poeta humano-humanista de Cataluña, formulaba lúcidamente un principio para toda fe religiosa: «Home sóc i és humana ma mesura / per tot quant pugui creure i esperar» («Hombre soy y es humana mi medida / para todo cuanto yo pueda creer y esperar»). Para nuestra fe cristiana el propio Dios tomó la dimensión humana del hombre Jesús de Nazaret. Infelizmente, durante siglos, y todavía hoy, las religiones vienen siendo, con demasiada frecuencia, fundamentalismo, división y hasta guerra. Es hora de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor y de practicar la religión con justicia, servicio y compañía.

Un Dios que separa la Humanidad es un ídolo mortífero. Esa tarea primordial y común de humanizar la Humanidad se hace practicando la proximidad. El Evangelio de Lucas (10, 25-37) nos ofrece la parábola paradigmática para esa praxis humanizadora. El maestro de la ley 4 responde correctamente a la pregunta de Jesús sobre los mandamientos.

Sabía el catecismo, por lo menos en su letra. Pero «para justificarse» el doctor en religión pregunta a su vez: «¿Y quién es mi prójimo?» La respuesta de Jesús es desconcertante y provocadora; para el doctor de la ley, para todo el pueblo que escucha «en aquel tiempo» e también para nosotros que la escuchamos hoy, aquí. Prójimo es aquel o aquella a quien yo me aproximo, y el primero los caídos en el camino, las personas al margen, las mujeres violentadas y sometidas, los emigrantes sospechosos, los extraños de quien no quiero ni saber, ocupado como estoy en mis negocios o tal vez con mi culto… Yo me debo hacer prójimo descubriendo al próximo, buscándolo, acogiéndolo, dando y donándome en su servicio. Sin hacer acepción de personas. Sin miedo de contaminarme con un samaritano heterodoxo. Solamente amo al prójimo en la medida en que salgo, libre, abierto, solidario, al encuentro del próximo, aproximándome a él, aproximándole a mí. No se humaniza la Humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo.

Humanizar la Humanidad practicando la proximidad. La Teología de la Liberación nos ha recordado que la verdadera ortodoxia se verifica en la ortopraxis. El propio ser de Dios «consiste en estar amando», nos dice en el Nuevo Testamento la primera carta de Juan (4, 8-16). Haber salido de Cataluña, de España, de Europa, pasar por África y venir a vivir definitivamente en este brasileño Mato Graso de esta Nuestra América me ha universalizado el alma. Y el contacto apasionado con la causa indígena y la causa negra me han ayudado a redescubrir la identidad de las personas y de los pueblos como alteridad y como complementariedad. Aproximarme «al poder de los sin poder» (Václav Havel), en la opción por los pobres, en el movimiento popular, en las comunidades de base y en las pastorales sociales, me despertó definitivamente a la indignación y al compromiso; y también a la esperanza

Agradeciendo de corazón este Premi Internacional, quiero pedir a mi Cataluña que continúe siempre abierta al mar; que, desde el alero de la casa solariega (des de l’eixida pairal), se abra siempre más al infinito mundo. Dentro y fuera de casa; con «els altres catalans» y con los emigrantes que van llegando y con toda la Humanidad. Siendo ella, libre, justa, humanizada y haciéndose proximidad de todos los pueblos de la tierra. «La clau i la lletra» de la escultura del maestro Tàpies es también una parábola de apertura y de comunicación; llave para abrir, letra para hablar. Humanicémonos siempre más, humanicemos siempre, practicando la proximidad. Muchas gracias.

São Félix do Araguaia, 9 de marzo de 2006



domingo, 19 de noviembre de 2017

7 millones de personas al borde de la hambruna: la crisis que Arabia Saudí está provocando en Yemen.


Yemen, una de las crisis humanitarias más grave del siglo XXI.

Sepultada bajo toneladas de actualidad informativa, la guerra civil de Yemen ha macerado en un segundo plano hasta convertirse en una de las crisis humanitarias más dramáticas del siglo XXI. Con más de un millón de personas víctimas de una brutal epidemia de cólera (600.000 de ellas niños) y casi 7 millones de personas al borde de la hambruna, Yemen se acerca a un abismo espantoso.

¿Pero qué ha sucedido exactamente y quiénes son los responsables? Para entenderlo, hay que retroceder varios años en el tiempo y dirigir la mirada hacia el norte del país. En concreto, hacia Arabia Saudí. La misión militar desplegada por la monarquía salafista ha incluido bombardeos a instalaciones civiles, asesinato de víctimas inocentes, bloqueos económicos de las regiones insurgentes y un desinterés total en aliviar la penosa situación de la población.

Yemen afronta de este modo su tercer año de guerra civil, un conflicto cuyo marco global es más amplio, y en el que las luchas de poder regionales entre Arabia Saudí e Irán juegan un papel fundamental. Una crisis, en definitiva, de gravísimas consecuencias, de compleja resolución y a la que, para colmo de males, como en casi todos los conflictos abiertos en Oriente Medio, no son ajenas las potencias occidentales. ¿Y cómo hemos llegado hasta aquí?
Yemen: historia de una desestabilización

2011: todos los países del orbe árabe, desde Marruecos a Bahréin, se ven sacudidos por una oleada revolucionaria que se lleva por delante al gobierno tunecino, depara miles de muertos en las calles de El Cairo, inicia una guerra civil sangrienta en Siria y finiquita al estado libio. En Yemen, como en la mayor parte de países de la zona, las protestas son multitudinarias y la inestabilidad, preocupante.

El ambiente proto-revolucionario se prolonga hasta 2012, cuando la posición del presidente yemení, Ali Abdullah Saleh, se hace insostenible: tras dos décadas largas al frente del país, las multitudinarias manifestaciones callejeras, la espiral de violencia y el improbable apoyo del ejército provocan su caída. Tras unas elecciones de cartón, el régimen se perpetúa eligiendo a Abd Rabbuh Mansur Hadi como nuevo presidente del país. La situación se estabiliza.

Sin embargo, la nula expectativa de reforma democrática agrieta las tradicionales brechas regionales de Yemen. En 1994, Yemen se había partido en dos: propulsada por el tribalismo social, un movimiento de carácter socialista en el sur y una minoría chií en el norte, la guerra se saldó con una declaración de independencia infructuosa y la victoria de las fuerzas unionistas, que habían logrado mantener al país unido hasta bien entrada la segunda década del siglo XXI. Unido, que no pacificado.

El foco de insurgencia más importante durante los años tranquilos surgía de las regiones norteñas, en concreto de Ansar Allah, conocidos informalmente como los Houthis. El movimiento tenía un profundo carácter religioso, pero a diferencia de la mayor parte de radicalismos políticos presentes en la península arábiga, era chií. En un país de mayoría suní, las reivindicaciones políticas de los Houthis eran relativamente consistentes con el clima de Oriente Medio durante los últimos veinte años. Pese a todo, Saleh se las arregló para firmar eventuales treguas y mantener a raya a la insurgencia.

A la altura de 2014, la situación había cambiado. El descontento opositor con la llegada de Hadi originó un nuevo conflicto en el norte. La movilización del grupo paramilitar, muy numeroso, le permitió tomar la capital, Sana’a, ante la inacción de la mayor parte del ejército gubernamental. A consecuencia, Hadi se vio obligado a negociar una reforma que incluyera la redacción de una nueva constitución y que consagrara mayor acceso al poder a los grupos opositores. En septiembre de 2014, la ONU sancionó el acuerdo para la formación de un gobierno de “unidad”.

Sin embargo, las circunstancias se precipitaron en enero 2015. Con objeto de obtener una mayor palanca negociadora, las fuerzas Houthi rodearon el palacio presidencial y se reclamaron la autoridad única e inequívoca de todo el país. El gobierno de Hadi dimitió en pleno, obligado por las circunstancias, y los Houthis disolvieron el parlamento y formaron un comité revolucionario. Derrotado por el golpe, Hadi huyó de la capital y se refugió en Aden, al sur del país.

Desde allí se declaró el presidente legítimo del país. Apoyado por una parte del ejército, Hadi inició la contraofensiva. De forma muy similar a Siria, aunque varios años después, Yemen se sumergía en una turbulenta, sangrienta guerra civil.
La crisis humanitaria y el papel saudí

El resultado, hoy, espanta. Por un lado, el país atraviesa un estadio de destrucción incomparable: las infraestructuras más básicas han sido voladas por los aires por las fuerzas internacionales aliadas de Hadi, numerosos colegios, edificios públicos y hospitales han quedado completamente paralizados (se calcula que sólo el 45% de las instalaciones sanitarias continúan funcionando), más de 15.000 personas han perdido la vida y alrededor de 3 millones se han visto desplazadas.

A los números habituales de una guerra cualquiera hay que sumar las inesperadas consecuencias del brote de cólera que asola al país desde hace un año. Los números son gravísimos, no comparables a prácticamente ninguna crisis humanitaria de las últimas tres décadas exceptuando Haití. Se calcula que hay alrededor de 800.000 casos, la abrumadora mayoría de ellos infantiles. A finales de años se superará el millón (se reportan 4.000 nuevos infectados diarios).

La epidemia es incomparable por su velocidad. Mientras en Haití se alcanzaron los 800.000 casos en más de un lustro, Yemen ha superado la cifra en menos de un año.

¿El motivo? Como se explica en este reportaje de The Guardian, la ruptura total del sistema sanitario. Parte del problema reside en la brutal implicación de Arabia Saudí en el conflicto: interesada en sostener a Hadi y en combatir la influencia iraní a través de los Houthis, bombardeó los principales centros económicos durante los primeros compases de la guerra, llegando a cortar todo suministro eléctrico a Sana’a o destruyendo las potabilizadoras que abastecían a la capital. La destrucción material buscaba paralizar la logística Houthi, pero en el camino se cebaba con la población civil, sin luz, sin agua potable, sin refugio.

De forma paralela, las fuerzas de Hadi y las saudíes impusieron un estricto bloqueo, recrudecido tras el lanzamiento de un misil de los Houthis a Riyad hace una semana. A consecuencia, el territorio controlado por las fuerzas insurgentes ha quedado aislado tanto por mar (ocupa la mayor parte del Mar Rojo yemení) como por carretera, dado que las autovías y las carreteras se han visto o bien destruidas o bien bloqueadas. Así, ni víveres ni medicamentos ni asistencia de algún tipo llega a las zonas afectadas por el cólera.

La crudeza del bloqueo y los rigores de la guerra han escalado de forma rápida y precipitada hacia una crisis alimentaria. Según la FAO, hoy hay 7 millones de personas al borde de la hambruna en Yemen. Este otro artículonarra sobre el terreno escenas de verdadero terror, centradas en niños desnutridos que a duras penas pueden ser atentidos en los atestados hospitales yemeníes. Alrededor de 17 millones, dos tercios del país, afrontan dificultades de abastecimiento.

En Yemen se ha producido una tormenta perfecta: al intenso bloqueo provocado por las fuerzas aliadas hay que sumar el virtual colapso del sector agropecuario en el país. Se calcula que la producción de alimentos locales ha caído en un salvaje 40%. Sumado al difícil acceso de provisiones externas, a la dificultad de acceso a agua potable y a la proliferación de enfermedades de toda clase (fruto del hundimiento del sistema sanitario y de vacunación), el panorama es desolador. Y tiene difícil solución.

Los motivos de Arabia Saudí en Yemen

No es algo que la comunidad internacional desconociera hace un año, cuando se cimentaron las causas que están llevando a Yemen a la tragedia. En su día, Obama ya aprobó la venta de nuevo material militar al ejército saudí a sabiendas de que sería utilizado en la lucha contra los Houthis en Yemen. Y Estados Unidos y Reino Unido apoyan activamente, junto a Emiratos Árabes Unidos, la intervención saudí. Es importante desde un punto de vista estratégico.

La cuestión es Irán. Desde hace más de una década, Arabia Saudí e Irán se están disputando una gigantesca esfera de influencia en Oriente Medio. No lo hacen directamente, sino a través de conflictos que ejercen de proxy. Siria es uno de ellos: mientras Irán protege a Al-Asad, chií y tradicionalmente lineado con postulados antagónicos a los americano-saudíes, la monarquía arábiga apoya a los insurgentes y a los rebeldes. La dinámica se repite en otros escenarios, no siempre con un conflicto mediante.

En Yemen, sin embargo, sí hay guerra. El carácter revolucionario chií de los Houthis hace que Arabia Saudí haya interpretado la insurrección como una cuestión crucial. A nivel estratégico el país es clave: patio trasero de la realeza saudí, su posición a orillas del Mar Rojo y en pleno estrecho de Bab el-Mandeb ha representado históricamente una puerta de acceso al África subsahariana. Pese a que Irán niega relación directa con los Houthis, la presencia de un movimiento hostil a los saudíes en tan delicado espacio es inasumible para Riyad.

Si a esto sumamos el carácter brutal del estado saudí y su total indiferencia por la opinión de la comunidad internacional (es un país económicamente autosuficiente cuya alianza con Estados Unidos le aísla de cualquier embargo y que no tiene que rendir cuentas ante su propia población), el resultado es una crisis humanitaria de volúmenes insospechados e incomparables en el siglo XXI. Sólo el tiempo dirá si la presión mediática y las reivindicaciones de las organizaciones humanitarias fuerzan una relajación del cerco o la resolución de la guerra.


El antecedente de Siria no invita al optimismo.



sábado, 18 de noviembre de 2017

Lanzan micrositio sobre mujeres indígenas y sus derechos humanos.


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) lanza hoy un nuevo sitio interactivo sobre las mujeres indígenas y sus derechos humanos en América, basado en el informe temático recientemente publicado.

El micrositio difunde los conceptos clave del informe publicado con el apoyo del Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA) de manera ágil e interactiva.

Aborda los principios rectores que deben guiar la acción de los Estados en sus prácticas y políticas en materia de mujeres indígenas, la violencia que esta población enfrenta en distintos contextos, las barreras que encuentra para acceder a la justicia y a sus derechos económicos, sociales y culturales, entre otros aspectos.

Además, resume las recomendaciones de la CIDH dirigidas a los Estados para ayudarlos a garantizar los derechos humanos de las mujeres indígenas. Este micrositio está disponible en idioma español. Visítelo aquí.

Visite el micrositio multimedia con un clic en el siguiente enlace:




Para dirigirse a la CIDH la dirección de correo postal es: 

CIDH
Sede / Headquarters
1889 F Street NW
Washington, D.C. 20006