viernes, 18 de agosto de 2017

100 años de Romero.



Miles de feligreses católicos caminaron el pasado fin de semana hasta Ciudad Barrios, al norte del departamento de San Miguel, para conmemorar el centésimo aniversario del natalicio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. La peregrinación inició el viernes en la cripta de Catedral Metropolitana donde descansan los restos mortales del Arzobispo Mártir, y terminó el día domingo en la “Cuna del Profeta”.

Durante la larga caminata que recorrió más de 150 kilómetros los peregrinos clamaron por la paz, el cese de la violencia en todos sus ámbitos y la convivencia armónica en el país. Este mensaje fue secundado por el recién nombrado Cardenal Gregorio Rosa Chávez, presente en la memorable actividad.

Y hoy Comunidades Eclesiales de Base celebraron el cumpleaños 100 del Beato, nacido el 15 de agosto de 1917. De origen humilde y visión conservadora, Monseñor Romero finalmente pasó a la opción preferencial por los pobres durante su breve arzobispado (1977-80) en los convulsos inicios de la guerra civil salvadoreña; clamó fervientemente por la paz, la igualdad y la justicia, razón por la que fue asesinado por la extrema derecha.

La celebración de los 100 años de Romero -realizada en vísperas de su eventual canonización por el Papa Francisco- es oportuna para clamar por la paz, la no violencia y la armonía social, tal como lo hicieron los peregrinos. Es tarea de todos (Estado, sociedad civil, empresarios, iglesias, academia, etc.) detener esta masacre que desangra al país.

El “cumple” de Romero también debería provocar la conversión de los sectores oligárquicos que lo asesinaron, a quienes Monseñor instó a “quitarse los anillos”, renunciar a sus privilegios y compartir la riqueza. El egoísmo y mezquindad de estas élites hoy se expresa en su oposición a la reforma fiscal progresiva, en la intención de privatizar el agua y el boicot contra el gobierno desde el partido ARENA y la Sala Constitucional.

La conmemoración del nacimiento de “San Romero de América” -como lo llaman los pueblos del mundo- debe servir, además, para que las fuerzas progresistas rectifiquen o retomen la perspectiva contra-hegemónica y la apuesta por cambios estructurales inspirados en los ideales romerianos de justicia, igualdad y dignidad.

Finalmente, es necesario que los seguidores del legado romerista estén alertas para evitar la “fechitizacion” y “profanación” que pretenden consumar sectores de derecha que -ante la imposibilidad de evitar la presencia de la figura y mensaje del Arzobispo Mártir- proyectan a un Romero “light” vaciado de su esencia ética y política. Romero es del pueblo, de los pobres y de los que se convierten a su evangelio de justicia e igualdad.

jueves, 17 de agosto de 2017

Jesús el rechazado que optó por los rechazados .


LA PIEDRA QUE LOS CONSTRUCTORES RECHAZARON SE CONVIRTIÓ EN LA PIEDRA ANGULAR 

El título de este artículo proviene del Salmo 118,22. Fue citado cinco veces en el Nuevo Testamento (Mt.21,42; Mc.12,10; Lc.20,17; At.4,11; 1 Pd.2,7) y posiblemente aludido dos veces (1 Cor.3,11; Ef.2,20). Eso quiere decir que sirvió abundantemente en la cristología de la primera comunidades. A los ojos de ellas, se aplicaba maravillosamente a Jesús. Era una profecía del camino de Jesús. Jesús fue rechazado por los hombres y por eso escogido por Dios. Dios escogió justamente a aquel que había sido rechazado.

Con certeza esta profecía ayudó a los primeros discípulos a superar la crisis de incredulidad que siguió a la muerte de Jesús. ¿Cómo podía él ser proclamado Mesías si había sido rechazado por todas las autoridades del pueblo y por el propio pueblo, que pareció seguir casi enteramente a sus jefes?

Una vez iluminado por los profetas, los discípulos pudieron entender el porqué de la muerte de Jesús en la cruz y su resurrección. Había en esa sucesión una lógica que las profecías permitían entender.

Así iluminados los autores cristianos no se sintieron con la tentación de esconder el hecho de que Jesús había sido rechazado. Por el contrario, destacan el hecho que ya saben interpretarlo.

Jesús, el rechazado.

Las narraciones de la infancia muestran que, desde el inicio de la vida, Jesús quedo marcado por la señal del rechazo. Según Lucas, no había lugar para que fuese acogido en el nacimiento (Lc.2,7). Según Mateo, Herodes quiso matarlo y Jesús tuvo que huir para Egipto hasta la muerte del rey.

Desde el inicio del ministerio, Jesús encontró la oposición de la autoridades de su pueblo, que quisieron matarlo (Mc.3,6). En Nazareth fue rechazado por el pueblo en medio del cual había crecido (Lc.4,29), y, según Marcos, su propia familia lo tenía por loco, queriendo aprehenderlo (Mc.3,20-30). Durante todo su ministerio encontró la oposición de los doctores de la ley, de los sacerdotes, del rey Herodes, esto es, de todas las autoridades. Ellas conspiraron para matarlo (Mc.1-2 y paralelos).

En las narraciones de la pasión y de la muerte de Jesús, todos los evangelistas concuerdan: Jesús fue condenado a la muerte por las autoridades de Israel y por las autoridades romanas, con la aprobación del pueblo reunido. Se puede decir que las narraciones fueron redactadas exactamente para destacar ese rechazo total de Jesús. Nadie fue a apoyarlo u oponerse a la condenación: sus propios discípulos lo traicionaron como Judas, o lo renegaron como Pedro, o huyeron como los otros. La propia cruz, castigo reservado a los esclavos por los romanos, era una señal más de bajeza e ignominia.

Jesús fue rechazado de modo absoluto: nadie lo apoyó, ni siquiera el Padre interfirió para dar alguna señal de apoyo. Sin embargo, fue exactamente esa persona rechazada la que Dios exaltó, haciendo de ella el fundamento de su Reino.

Jesús fue rechazado, a pesar de ser inocente de los crímenes de que fue acusado. Como dice Pedro al pueblo: “Vosotros acusasteis al Santo y al Justo, y exigisteis que fuese agraciado para vosotros una asesino, mientras hacíais morir al Jefe de la Vida” (At.3,14).

Jesús y los rechazados.

El propio Jesús busco la compañía de los rechazados de la sociedad. No se puede saber cuál fue la causa y cuál fue el efecto: si fue rechazado porque frecuentaba los rechazados, o si frecuentó los rechazados porque era él mismo rechazado. No importa.

En la sociedad del judaísmo palestino que Jesús frecuentó, exclusivamente o casi exclusivamente, había discriminaciones y exclusiones. La exclusión se hacía en nombre de la ley. Ahora bien, Jesús manifiesta una cierta predilección o una comprensión especial para con las categorías de excluidos.

Entre los excluidos había, en primer lugar, los leprosos: ellos estaban sujetos a las peores leyes de separación (Lv.13). Sin embargo, no solamente Jesús permite que ellos se aproximen a él, mas él mismo se aproxima y llega al punto de tocarlos (Mt.8,1-4; Mc.1,40-45; Lc.5,12-16;17,11-18). Estaban las prostitutas. Jesús acoge a la mujer pecadora (Lc.7,36-50).

Los publicanos o cobradores de impuestos eran otra categoría de personas excomulgadas o excluidas de la convivencia con el pueblo. Ahora bien, Jesús entra en la casa de ellos y come con ellos (Mt.9,9-13; 11,19; Mc.2,15-17; Lc.5,27-32; 7,34; 19,1-10).

La ley prohibía también el contacto con los paganos, sean ellos soldados, administradores romanos, o descendientes de los antiguos cananeos. Jesús acoge tanto al oficial romano (Mt.8,5-13; Lc.7,1-10; Jo.4,46-53), como a la mujer cananea (Mt.15,21-28; Mc.7,24-30).

Los propios samaritanos, que no eran paganos, eran excomulgados y ningún israelita podía conversar con ellos. Jesús conversa con la mujer samaritana (Jo.4,1-42), destaca ejemplos de samaritanos (Lc.10,30-37; 17,11-19) y excluye cualquier comportamiento violento para con ellos (Lc.9,51-56).

En la parábola del banquete, Jesús parece enunciar un principio general: en el Reino quien estará finalmente presente serán todos los marginalizados. Los invitados – israelitas observantes de la ley (Lc.14, 15-20) – no aparecieron. Entonces entran en el Reino “los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos.” Sobra lugar y Jesús llama a los que están lejos “por los caminos y trillas”. Son los que no observan la ley rigurosamente y que los judíos no reconocen como buenos israelitas.

También en la cruz Jesús se encuentra en medio de dos ladrones. Esa compañía no está desprovista de significado. Hasta en la muerte Jesús está entre marginalizados.

Claro está que Jesús no busca los excluidos de la sociedad porque serían mejores moralmente o religiosamente. No les reconoce ninguna superioridad. Jesús los busca justamente porque fueron excluidos. Las tres parábolas de Lucas- oveja perdida, dracma perdida e hijo perdido- explican muy bien las motivaciones de Jesús: Jesús busca lo que está perdido no porque vale más, sino simplemente por el hecho de estar perdido. De la misma manera en Mateo, Jesús explica que “no son los que tienen salud los que necesitan de médico, pero sí los enfermos” (Mt.9,12). La enfermedad no es mejor que la salud. Sin embargo, Jesús es como un médico. Viene a salvar lo que estaba en peligro de perderse. 

(Artículo publicado por Revista Vida Pastoral, Paulus, Sao Pablo, Brasil, enero-febrero 1995- año XXXVI, N° 180, titulado “A PEDRA QUE OS CONSTRUTORES REJEITARAM TORNOU-SE A PEDRA ANGULAR”, página 5-9, traducido por Juan Subercaseaux Amenábar y Leyla Reyes Zamorano).

martes, 15 de agosto de 2017

El pensamiento wayuu y el combate las enfermedades del cuerpo y el espíritu.


Foto: Eduvilia Uliiana
Una mirada desde el pensamiento wayuu a las causas de la desnutrición.

Por Eduvilia Uliiana*

10 de agosto, 2017.- Entre las familias wayuu, los amuyu (cementerios) se proliferan sin distingo de clanes, la vida de niños y niñas menores de 5 años se apagan por la desnutrición, frente al desarrollo que prometen los gobernantes. Las páginas de los periódicos resaltan que la corrupción se come los recursos de estos niños, que las madres wayuu no quieren entregar a sus hijos para ser internados en un centro de nutrición, o que le sirven la comida primero al marido que a los infantes.

Ana, es la abuela de los Epieyu, es artesana y conocedora de plantas medicinales e interpreta sueños, vive en Uchitu muy cerca al Cabo de La Vela, al norte del Departamento de La Guajira, ella tuvo 10 hijos y actualmente vive con una nieta. Desde su saber wayuu, nos cuenta acerca de las causas de la desnutrición que atenta contra la vida de los niños wayuu.


Foto: Eduvilia Uliiana

“Los niños se enferman de diarrea, de poloona ese vómito fuerte que debilita al niño con fiebre, Pulaushi (enfermedades espirituales) ocasionadas por el fuerte Joutay (el viento). Debido a estos espíritus se mueren, sus cuerpos adelgazan rápidamente, la piel se les seca. La sequía es muy fuerte, aquí no llueve, y nos hace falta la lluvia. Aquí es muy difícil cultivar, nos peleamos por el agua, los programas para los niños no son suficientes”, estas son las primeras causas de la desnutrición que identifica Ana.

Para los wayuu, el grupo indígena más numeroso de Colombia y Venezuela, su vida la rigen alrededor de 40 seres espirituales, con diferentes personalidades y espacios en que intervenir. Joutai (el viento) es uno de ellos y es un ser masculino, es mensajero de las malas y de las buenas noticias, su presencia personifica al wanülü (espíritu maligno) llamado Jamu (hambre), al Epichikua (remolino) que es el mal presagio, con su fuerza tumba las hojas de los árboles y arremete contra los niños por donde pasa. Aun con todas estas personificaciones negativas Joutai es quien abre la esperanza de los wayuu al traer a Juya (lluvia).

Yolujaa (espíritu maligno), es otro Wanülü que erradica la vida de los niños , llega representado en cualquier tipo de animal a la comunidad, “llora como ganado o como chivos, conversan como personas, cuando nos asomamos no hay nada, su hora exacta es a las 12:00 de la noche, es cierto, la tierra kalechesü (tiene su mal) y tenemos que tener mucho cuidado” Así relata Ana, en su rol de médica, ha tratado el mal del cuerpo y del espíritu de cientos de niños de su comunidad, ayudada por su don para interpretar los sueños.

Con las prácticas de sus saberes ancestrales, Ana es una mujer que enfrenta y combate la muerte en su familia y comunidad “en nuestra tierra se siente un ambiente diferente, keemionsesu (tiene sombras) y kaawainsu (es pesada), las noches son muy frías, cuando las nubes están negras es necesario cuidar los niños por la tarde, no sacarlos de casa, porque los niños mueren por enfermedades del cuerpo y del espíritu” es la recomendación que Ana le hace a las madres.

El pensamiento de Ana, refleja la necesidad de mirar el asunto de las muertes de los niños wayuu más allá de una cifra, porque las razones las percibe en las dos dimensiones, tal como vive y muere el wayuu. La espiritual es la dimensión que exige el bienestar de los seres del cosmo, ellos necesitan armonía para orientar y guiar los pasos de los wayuu que están sobre la tierra, de manera que la segunda dimensión se refiere a la convivencia entre los mismo wayuu y los alijunas (no wayuu).

Ana, sigue pangando las hojas con unas piedras, está preparando un tratamiento para algún niño enfermo, ella tiene la esperanza que se atiendan las enfermedades del cuerpo y del espíritu como una forma de ganarle a la muerte. Desde su casa alcanza ver como la brisa empolva el rostro de los apalanchi (pescadores) durante su luchan para sobrevivir ante tantas calamidades, muy cerca ve a las mujeres wayuu tejiendo con agilidad para ofrecer su mochila a los turistas que llegan al Cabo de la Vela.

Mientras los alijunas se montan en una carrera en la que despliegan información de todo tipo acerca de la muerte de nuestra niñez, se enceguecen a reconocer que esta también es una realidad.

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*Eduvilia Uliiana es wayuu pertenece al clan Uliiana de la Escuela de Comunicaciones del Pueblo Wayuu

Fuente: Servindi

lunes, 14 de agosto de 2017

Los líderes mundiales decepcionan de nuevo en Hamburgo.

Acto simbólico de Oxfam ante la Cumbre del G20 en Hamburgo en julio de 2017. Imagen de Mike Auerbach. OXFAM

La cumbre del G20 en Hamburgo acaba de terminar. Amenazaba con ser el G20 más tenso de la historia y se ha convertido seguramente en el más irrelevante. La hostilidad de Trump sobre temas como el cambio climático y el proteccionismo comercial han arrancado la rabia de los manifestantes en las calles de Hamburgo, como hacía tiempo que no se veía ante este tipo de cumbres, y han cooptado el resto de la agenda. ¿Hacia donde mira entonces el G20? En un mundo en el que tan sólo 8 personas (8 hombres) concentran tanta riqueza como los 3.600 millones más pobres, los líderes mundiales siguen sin mirar de frente la lucha contra la desigualdad extrema.

La gran crisis financiera de 2008 fue la razón del resurgir del G20 de sus cenizas, para “refundar el capitalismo” incluso y “acabar con la era de los paraísos fiscales”. Pero la ambición de entonces no vino de la mano de un mandato verdadero que traspasara los puros intereses nacionales. Las decisiones en el G20 se toman por consenso y basta con el bloqueo unipersonal y unilateral de un país, para generar parálisis total. El G20 sigue siendo un espacio global, pero cada vez menos multilateral. Y en esta parálisis de liderazgo político, la lucha contra los paraísos fiscales ha recibido un duro golpe en la nuca.

Los jefes de Estado de estas 20 principales economías del mundo acaban de ratificar una lista negra de paraísos fiscales en la que tan sólo figura un país: Trinidad y Tobago. Una isla del Caribe Sur, con algo más de 1 millón de habitantes que es famosa por haber inventado el Calipso y poco más. ¿Será cierto que hemos acabado con los paraísos fiscales ya? ¿Nos podemos colgar esta medalla? Parece difícil de creer, apenas un año después de que estallaran los Papeles de Panamá, de que grandes marcas como Google o Apple (entre otras) nos sigan sorprendiendo con sus sofisticados engranajes fiscales, o de que los titulares de toda la prensa internacional sigan levantando escándalo tras escándalo. Es absurdo pensar que el problema de los paraísos fiscales se reduce a un solo territorio.

Llamarlo “lista” es todo un eufemismo, casi una broma de mal gusto. De hecho, a los Jefes de Estado les ha debido de entrar hasta el pudor, porque lo han escondido en medio de un comunicado tibio y apocado, que evita incluso llamarlo “lista”. Pero lo cierto es que es toda una declaración de intenciones con la que dan carpetazo a la necesidad de impulsar avances más en profundidad en la lucha contra la evasión y elusión fiscal. Es absurdo pensar que el problema de los paraísos fiscales se reduce a un solo territorio. Más absurdo es no verlo como lo que son realmente, un complejo y oscuro entramado, con el que juegan en red grandes fortunas y grandes empresas para usar a su antojo las inconsistencias de cada uno de ellos. Los mismos Papeles de Panamá nos dieron la prueba.

Por ridículo que parezca, el problema fundamental sigue siendo qué entendemos por paraíso fiscal. La definición de la OCDE, a quien el G20 da el mandato de elaborar esta lista, se limita sólo a considerar el tema de la transparencia, dejando fuera criterios fundamentales como toda la batería de políticas basadas en la competencia fiscal agresiva o incluso la baja o nula tributación. Un tipo nominal en el Impuesto de Sociedades del 0% ni siquiera es un indicador para la OCDE cuando ya está incorporado al menos entre los criterios de la lista que aborda la Comisión Europea.

Hace unos meses, Oxfam publicó “Guerras Fiscales”, un informe con una metodología que establece un ranking de los 15 países más agresivos para la tributación empresarial. Por orden de importancia son: Islas Bermudas, Islas Caimán, Países Bajos, Suiza, Singapur, Irlanda, Luxemburgo, Curazao, Hong Kong, Chipre, Las Bahamas, Jersey, Barbados, Mauricio, y las Islas Vírgenes Británicas. Y lo son porque tienen una batería sin fin de prácticas nocivas, no cuentan con una legislación anti-evasión fiscal consistente, no aplican retenciones para gravar la sangría de préstamos intragrupo, dividendos o royalties…o simplemente, tienen un tipo en el impuesto de sociedades del 0% o extremadamente bajo.

Tan solo 4 de estos territorios están en la lista española. Y sin embargo, 2 de cada 3 euros de inversión que llegó a nuestro país el año pasado lo hizo a través de alguno de estos 15 países (el 67% del total de la inversión extranjera que llega a España), lo que supone unas pérdidas estimadas de al menos 1.550 millones de euros. Y la inversión de salida desde nuestro país hacia estos territorios agresivos y opacos se ha multiplicado por 3 prácticamente en el último año, y atraen más del doble de inversión que América Latina o 43 veces más que China.

Así es que mientras en Hamburgo nos quedábamos atentos a Trump y sus pequeños juegos de hostilidades, fuera se abre una verdadera batalla campal en lo fiscal por un modelo que antepone la agresividad fiscal como bandera de la competitividad comercial y empresarial. En esta guerra hemos perdido una batalla y el precio lo seguirán pagando los ciudadanos del mundo entero. Los países del G20 han pasado de tener tipos nominales en el Impuesto de Sociedades entorno al 40% hace 25 años a situarse por debajo del 30% hoy en día. La reforma fiscal norteamericana no hará sino acelerar esta carrera a la baja en la tributación empresarial, con un efecto dominó que afectará a todos los países. En España, hemos pasado en los últimos 10 años del 35% al 25%. En Europa, el promedio no llega ni al 23% mientras Reino Unido, Hungría, Suiza, Luxemburgo o Bélgica ya han anunciado recortes considerables y en Francia, está en el programa del Presidente Macron.

El economista Jacques Attali (asesor del expresidente francés François Mitterand durante más de 10 años, reconvertido ya en mentor de Macron) decía que si el G20 no existiera, habría que inventarlo. Quizás sea el momento.

Fuente: elpais.com

domingo, 13 de agosto de 2017

Laicidad: Libertad, Igualdad, Fraternidad.


La revolución francesa simboliza el punto de partida del proceso de laicización de la sociedad, tanto como de las instituciones del Estado francés. Es un punto de inflexión en la historia de Occidente, que abrió paso a la más auténtica noción de Modernidad. La laicidad liberó al Estado de su anterior responsabilidad sobre las distintas opciones religiosas, circunscribiendo la religión a la libertad personal de cada individuo para que así pueda adoptar una determinada creencia, cambiar la que profesa, o simplemente no abrazar ninguna.

Por esta razón, la laicidad no consiste en una actitud combativamente antirreligiosa, atea o anticlerical, como interesadamente quieren hacerla ver precisamente quienes perdieron ancestrales privilegios con el proceso revolucionario que estallara en 1789.

El triunfo de las ideas republicanas puso fin al Antiguo Régimen, sustentado en el absolutismo monárquico y en una inicua opresión feudal, cuyas minorías privilegiadas, la nobleza y el clero, usufructuaban de los beneficios económicos producidos por la burguesía y del trabajo de subsistencia de los campesinos, en condición de siervos. Además de las rentas que debían pagar para laborar las tierras, propiedad de aristócratas y del alto clero, se les imponían tributos a favor del rey y la entrega del 10 % de las cosechas a la Iglesia, para “agradecer las bendiciones de Dios”.

Es a partir de la Revolución Francesa que, por primera vez en la historia, transcurrida la etapa del terror, surge en el seno de una nación de tradición y cultura católicas, la voluntad de plasmar en leyes de la República el derechosuperior de los intereses nacionales, independientes de las prerrogativas reclamadas por el Vaticano: la abolición de los diezmos de la Iglesia, la promulgación de la Constitución Civil del Clero, que obligaba a los eclesiásticos a reconocer y jurar la nueva Constitución, el fin de los privilegios en la tenencia de la tierra.

Lo más trascendental, sin embargo, surge en el ámbito de los derechos personales. Con la pretensión de validez universal de sus redactores, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano proclamaba que todos los individuos nacen libres e iguales, constituyendo un importante antecedente para el reconocimiento de derechos posteriores basados en el valor de la libertad, en que el derecho a la libertad de conciencia llegó a erigirse principal.

En esa temprana mirada, la soberanía del pueblo se aparta de “la voluntad de Dios”, proyectándose en un sentido republicano, abriéndoles a los ciudadanos el derecho a cambiar de gobierno cuando el soberano actúa contra sus intereses; desde el punto de vista del derecho, sólo se considera legítimo aquel derecho democrático que reafirma la libertad individual.

La noción de igualdad es otro principio básico de la laicidad. Al afirmar que existe una serie de derechos inherentes a la persona, se colige un postulado de igualdad que va más allá de las obvias diferencias (físicas, intelectuales, culturales, sociales, de género) que caracteriza a la especie humana, reconociendo la identidad común que constituye el ser sujetos de los mismos derechos básicos.

La igualdad concebida en el contexto intelectual de la Revolución significaba igualdad real y concreta para todos los ciudadanos, en el convencimiento de que no puede haber libertad si la ley no es igual para todos. El gran paso lo constituía el hecho que este principio era independiente de la opción espiritual y de la ideología que pudiera sustentar cada uno.

Política, sociológica y filosóficamente, la fraternidad es el principio tal vez menos desarrollado de la trilogía. Tampoco ha sido recogida con precisión en los sucesivos pactos internacionales posteriores a la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), en los que aparece minimizada o relativizada. Si en los doscientos y más años transcurridos desde la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, las continuas discrepancias surgidas entre libertad e igualdad (haciéndonos creer que deberíamos optar primordialmente por una u otra), han estado motivadas por ásperas diferencias doctrinarias, al parecer no existiría interés de añadir un nuevo conflicto en el derecho internacional, intentando consensuar ética y filosóficamente el concepto de fraternidad.

Pero la fraternidad bien podría constituir un puente entre libertad e igualdad. La introducción primigenia del concepto al parecer se debería a Robespierre, quien lo entendía como la virtud de unir a los hombres, de establecer nexos sociales, de vincularlos afectivamente, ajena por completo a la imagen de caridad del poderoso frente a la sumisión del humilde.

Obviamente la fraternidad no puede considerarse un derecho ni una obligación, ni la democracia puede legislar sobre ella. Y esta limitación podría explicar la infinidad de exclusiones e iniquidades que todavía hoy, pleno siglo XXI, avergüenza las conciencias de hombres y mujeres de bien. Por lo tanto, cabe a una educación laica y democrática la responsabilidad de cultivar la dimensión pública de los futuros ciudadanos con la noción de fraternidad, como parte sustantiva de una nueva ética de convivencia.

Hoy podemos concluir que el laicismo se identifica estrechamente con el proceso histórico que, a partir de la Ilustración y la Revolución francesa, ha abierto nuevos espacios de libertad a los seres humanos, frente a los continuos intentos de sometimiento de la sociedad por parte de religiones, ideologías o creencias, cualquiera que sea su origen o inspiración. Las concepciones tradicionales de libertad, igualdad y fraternidad se entroncan fundamentalmente con las ideas progresistas que, en los últimos cien años, han luchado por la positivación de derechos sociales básicos para la dignidad humana.

De esta manera, la laicidad constituye el ideal moderno de un ordenamiento jurídico identificado preferencialmente con un sistema republicano, que manteniendo su autonomía del ámbito religioso, pueda establecer garantías constitucionales o normativas respecto a la libertad de conciencia y a la protección de los derechos humanos, en un diálogo permanente con todas las concepciones filosóficas o ideológicas que, respetuosas de la democracia y el pluralismo, se encuentren presentes en la sociedad.

Fuente: laicismo. org

viernes, 11 de agosto de 2017

¿Hacia dónde vamos los pueblos indígenas en Abya Yala?

Imagen: CDN-pro.elsalvador.com
Por Ollantay Itzamná

9 de agosto, 2017.- A una década de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos, y a casi tres décadas de la aprobación del Convenio 169º de la OIT sobre el tema, el 9 de agosto (Día Internacional de los Pueblos Indígenas), es ocasión para reflexionar hacia dónde vamos los pueblos indígenas en América Latina.

Los diferentes derechos colectivos e individuales de los pueblos indígenas (derecho a la autodeterminación, a tierra y territorio, a la consulta previa y libre, a la identidad cultural, etc.) ya tienen mayoría de edad como normas jurídicas vigentes a nivel internacional y nacional.

Pero, las condiciones de vida y oportunidades no han mejorado para la gran mayoría de los pueblos indígenas. Los informes oficiales sobre condiciones de vida, tanto de entidades nacionales, como internacionales, en la región, muestran signos positivos a nivel global. Pero, en los diferentes países de la región, las poblaciones indígenas continúan con un promedio de 70 u 80% de empobrecimiento.

Es más, en países con mayoría demográfica indígena como Guatemala, Perú o Bolivia, las familias indígenas, en la actualidad, subsisten en peores condiciones que en épocas de la Colonia (cuando por lo menos tenían acceso a tierra-agua y disponibilidad de fuentes de vida). Ni hablar de las condiciones laborales de neoesclavitudes en las que jornalean en los monocultivos agrícolas de la región
¿Qué pasó con los derechos declarados entonces?

Los derechos declarados, mientras no haya sujetos que la ejerza y defiendan, y autoridades que garantice su cumplimiento, no cambia casi en nada la realidad cotidiana de los pueblos.

Si bien, en los últimos años, la autodefinición de personas como indígenas cobró fuerza en segmentos demográficos crecientes de países multiculturales, en especial. Sin embargo, esa conciencia identitaria no necesariamente significó una clara conciencia política de “ser indígena” en países racializados. Y, en consecuencia, la emotiva autodefinición de las personas como indígenas no necesariamente implicó el ejercicio individual y/o colectivo de los derechos sociopolíticos indígenas. Somos sujetos “culturales” sí, pero aún siervos “apolíticos”.

A nivel general, en países multiculturales como Guatemala o Perú, la “lucha” de la gran mayoría de actores indígenas no ha superado el culturalismo folclórico “apolítico”. Permitido y aceptado por el hegemónico sistema neoliberal.

Peor aún, en países como Perú, los aborígenes no se autodefinen como indígenas, sino como campesinos (una categoría social ideológicamente construida para implantar el mestizaje rural).

En países como Bolivia, Ecuador, México, algunos movimientos indígenas y/o núcleos organizados con conciencia política están o han dado saltos significativos del ejercicio de los derechos culturales al ejercicio de los derechos sociopolíticos. Pero, incluso en dichos países los resultados evidentes para cambiar las condiciones de colonialidad y de dominación de los pueblos indígenas son aún insipientes.

En países como Nicaragua o Bolivia, los actuales gobiernos progresistas han logrado titular grandes extensiones de tierras para indígenas, bajo propiedad colectiva. Es más, en el caso de Nicaragua, el 33% del total del territorio nacional está legalmente reconocida como territorio autónomo indígena (con tierras tituladas), con sistemas de autogobierno propio. Pero, justamente son estas zonas autonómicas las más empobrecidas y marginadas del país. Entonces, al parecer, las autonomías indígenas tampoco son panaceas per se, para avanzar hacia el Buen Vivir.

Los derechos individuales y colectivos para las y los indígenas están reconocidos y declarados. Pero, hace falta que las y los indígenas organizados o no, demos el salto de la cómoda autodefinición indígena (que incluso nos da algunos privilegios en un mundo amante de lo exótico) hacia el ejercicio de los derechos sociopolíticos indígenas, de manera coherente.

Los bicentenarios estados criollos o mestizos no van a implementar más leyes a favor de pueblos indígenas. Es más, como en el caso de Guatemala o Perú, el derecho a la consulta previa, ya fue manipulado para que las comunidades digan sí a las empresas (pero son pocos los indígenas que protestan).


Transitar del culturalismo al ejercicio de derechos políticos implica constituirnos en sujetos políticos para repensar los estados racistas y construir nuevos estados para todos/as. Estados plurinacionales lo llaman. 

Transitar del culturalismo al ejercicio de derechos políticos implica constituirnos en sujetos políticos para repensar los estados racistas y construir nuevos estados para todos/as. Estados plurinacionales lo llaman.

Esto implica que los movimientos y pueblos indígenas construyamos nuestros propios instrumentos políticos (organización política) incluyentes para disputar el poder electoralmente a los poderes oficiales, e impulsar procesos de asambleas constituyentes plurinacionales. Pero, con métodos y contenidos que superen el individualismo metodológico y el capitalismo suicida.

Los derechos de los pueblos indígenas tiene que ser el fundamento, argumento y horizonte que haga realidad las postergadas transformaciones estructurales en beneficio de los pueblos. No puede ser únicamente el vehículo discursivo o laboral para el ascenso socioeconómico de unos pocos indígenas. Y, en esto, la responsabilidad mayor lo tenemos las y los indígenas que fuimos formados o malformados en la academia occidental, y todos cuantos ocupan responsabilidades en las academias y en las ventanillas de los estados y de la cooperación internacional.

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*Ollantay Itzamná es indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace más de 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir se conozcan.

Fuente: Servindi

Centroamérica arde en llamas.



Ulises Noyola Rodríguez
Alainet

La crisis humanitaria en los países centroamericanos del Triángulo del Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) podría recrudecerse durante la presidencia de Donald Trump, quien desea incrementar la deportación de inmigrantes ilegales y detener el flujo migratorio proveniente de Centroamérica por medio de la construcción de un muro fronterizo, la firma de acuerdos de seguridad y la reducción de la ayuda económica.
La administración de Donald Trump deportó, en sus primeros cien días de gobierno, a 56,315 inmigrantes ilegales, cantidad que se encuentra por debajo de las deportaciones realizadas por el ex presidente Barack Obama durante el mismo período en 2016[1]. A diferencia del gobierno anterior, el arresto de inmigrantes ilegales para proceder después con su deportación creció sustancialmente, lo cual allanó el camino para la expulsión masiva de centroamericanos.

La deportación masiva de inmigrantes centroamericanos, sin embargo, tiene el potencial de debilitar el poderío de la industria estadounidense de alimentos, ya que no contaría con una mano de obra sobreexplotada que continuamente necesita renovarse con cuadros jóvenes por las condiciones inhumanas en sus lugares de trabajo. El conflicto se ha resuelto hasta el momento por medio del otorgamiento de visas de trabajo para el sector de la agricultura, pero evidentemente no alcanzarán a cubrir a todos los trabajadores centroamericanos[2].

Si el número de deportaciones adquiere una escala masiva en Estados Unidos en los próximos meses, los gobiernos centroamericanos se verán obligados a recibir crecientemente a migrantes ilegales en medio de una crisis humanitaria. Lo anterior se confirma con la terrible situación económica de los países miembros del Triángulo del Norte, que tienen los índices de pobreza extrema más elevados en América Latina[3].
La dura realidad de los países del Triángulo del Norte es que dependen de las remesas enviadas por los inmigrantes residentes en Estados Unidos, puesto que representan 10, 17 y 18% del PIB de Guatemala, El Salvador y Honduras respectivamente[4]. La reducción de las remesas recibidas por las familias centroamericanas exacerbaría entonces el caos social caracterizado por la indigencia, la pobreza y la violencia.

El margen de maniobra de los países del Triángulo del Norte es extremadamente estrecho debido a la reducida recaudación fiscal promedio (16% del PIB), que imposibilita incrementar el gasto público para crear oportunidades de empleo para los migrantes ilegales. La corrupción de las autoridades públicas que recaudan principalmente sobre los impuestos indirectos, demuestra la imposibilidad de recaudar más fondos por medio del mayor cobro sobre las ganancias del capital trasnacional. 
La corrupción política es apoyada por Washington a través de los programas financiados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, que promovió recientemente los golpes de Estado de Manuel Zelaya en Honduras y Otto Pérez Molina en Guatemala. En consecuencia, los gobiernos centroamericanos no pueden implementar reformas económicas en beneficio de las mayorías sociales, mientras sus instituciones políticas se encuentren bajo la tutela de Estados Unidos.

Además de la insignificante recaudación fiscal, los gobiernos centroamericanos no pueden reducir sustantivamente el enorme gasto militar a causa de las exigencias de Washington que demanda la destinación de sus fondos al combate contra las redes criminales. Por ejemplo, el gasto militar de Honduras y El Salvador está por encima del 6% del PIB, cifra que supera el gasto militar como proporción del PIB de todos los países latinoamericanos[5].
La doble cara de Washington en sus fuertes demandas al gasto militar se refleja en su casi nula aportación de 630 millones de dólares a la Alianza para la Prosperidad, mientras que los países del Triángulo del Norte aportaron 2,900 millones de dólares para la conformación del 80% del fondo en 2107[6]. Los países centroamericanos se encuentran así aislados y desprotegidos para cambiar su penosa situación económica ante el desinterés de Washington.

Adicionalmente, los gobiernos centroamericanos ya son presionados por el presidente Donald Trump, quien solicitó una disminución del 30% en la ayuda económica de la Alianza para la Prosperidad correspondiente a 2018. La asistencia económica se reducirá a 460 millones de dólares y podría disminuir aún más próximamente, ya que la continuidad del apoyo económico está condicionada a la cooperación de los países centroamericanos en la deportación de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

Cabe destacar que más de la mitad de la contribución estadounidense a la Alianza para la Prosperidad se destina al fortalecimiento del aparato bélico de los países centroamericanos a través de la Iniciativa de Seguridad Regional de Centroamérica[7]. Esta estrategia solamente ha contribuido a militarizar todo el territorio centroamericano a costa de aumentar la violencia, la represión y la persecución de la población.

Asediados por las masacres sociales y la terrible situación económica, los centroamericanos siguen siendo obligados a abandonar su país de origen debido a las continuas extorsiones, las amenazas de muerte y los altos índices de violencia. Dichos factores mantienen a la región del Triángulo del Norte como el territorio más violento de América Latina a pesar de la inexistencia de una guerra comparable a los conflictos en Medio Oriente.
En contraste con el fortalecimiento del aparato militar, el gobierno de Donald Trump no tomará acciones decisivas para desarticular el tráfico de drogas que tiene como destino a los consumidores estadounidenses. La región del Triángulo del Norte seguirá teniendo una importancia geoestratégica para el narcotráfico, ya que representa un importante corredor del tráfico de drogas entre América del Sur y Estados Unidos.

La deportación de migrantes ilegales, por consiguiente, beneficiará a las organizaciones criminales trasnacionales como las maras, organización que se dedica al tráfico de drogas, la venta ilícita de armas y la extorsión de personas y empresas principalmente en Centroamérica. La razón por la cual sucederá esto es porque los centroamericanos deportados engrosan las filas de las organizaciones criminales trasnacionales con una mano de obra barata, con lo cual se acrecentará la violencia en los países centroamericanos.
Lo más atroz vendrá para los migrantes si se llegara a concretar la construcción del muro fronterizo entre Estados Unidos y México, ya que la experiencia ha demostrado que la construcción de muros únicamente promueve la creación de rutas más mortíferas y riesgosas hacia los puntos de destino, con lo cual se engrandece el poder y la influencia de los traficantes de personas[8].
A pesar del silencio de los grandes medios de comunicación sobre los acontecimientos de los pequeños países de Centroamérica, indudablemente son ellos los que sufren con mayor violencia la dominación de Estados Unidos. Y el futuro que depara a los centroamericanos dependerá fundamentalmente de la resistencia de los movimientos sociales contra la política migratoria de Donald Trump.

Ulises Noyola Rodríguez es Colaborador del Centro de Investigación sobre la Globalización.

martes, 8 de agosto de 2017

Brecha digital se mantiene en un contexto de fuerte concentración.



Brecha digital en América Latina se mantiene en un contexto de fuerte concentración en telecomunicaciones y estados débiles para garantizar acceso

OBSERVACOM, 8 de agosto, 2017.- Representantes de gobiernos, empresas, sociedad civil, comunidad técnica y académica señalaron que entre los principales problemas para el acceso a Internet se encuentra la brecha digital, la concentración de los operadores, la necesidad de incentivar usos productivos de Internet y la promoción del contenido local como factor generador de riqueza en los países de la región.

Esas fueron las conclusiones del panel “Las preocupaciones de acceso: Más allá de la conectividad, qué nos falta para conectar a más usuarios – los Retos para fomentar la Competencia en el Entorno Digital”.

El poanel tuvo lugar ayer en el marco de la Reunión Preparatoria para el Foro de Gobernanza de Internet de Latinoamérica 2017 (LACIGF 2017, por sus siglas en inglés), que finalizó esta semana en Panamá.

Por parte de la sociedad civil, João Brant de OBSERVACOM planteó que las brechas de conectividad y de usuarios de Internet en América Latina se producen en un contexto de fuerte concentración de los operadores de telecomunicaciones tanto en conexiones fijas como móviles.

“En móviles, salvo en Brasil, dos o tres operadores dominan el mercado. Lo mismo sucede para banda ancha móvil, excepto en Colombia. Si bien en Brasil y Colombia respectivamente hay cuatro operadores, cuando se estudia en cada municipio se advierte que hay dos, uno, o algunas veces ningún operador brindando el servicio”, aseguró Brant en base a un estudio de concentración realizado por OBSERVACOM.
Cuadro preocupante

El representante de OBSERVACOM señaló que existe en la región un “cuadro preocupante” que se evidencia a través de la ausencia de cobertura territorial satisfactoria, ausencia de competitividad local y de tarifas altas para los usuarios.

Además explicó que entre los obstáculos para el acceso universal a una Internet abierta se encuentran brechas en términos de disponibilidad, calidad, asequibilidad y multilingüismo de contenidos.

También se refirió al tratamiento no neutro de los paquetes de información por parte de operadores así como a las prácticas de “zero rating” que privilegian el uso de aplicaciones sin consumo de datos.

Por su parte, Denis González de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (SUBTEL) de Chile, Pablo Ruidíaz de la Autoridad para la Innovación Gubernamental (AIG) de Panamá y Andrés Sastre de la Asociación Interamericana de Empresas de Telecomunicaciones (ASIET) destacaron la necesidad de fomentar el uso de Internet en los procesos productivos a partir de la digitalización de la economía.

Sastre también apuntó la necesidad de adecuar la regulación. “En Latinoamérica tenemos una regulación pensada para la liberalización del sector de las telecomunicaciones. No está adaptada a los cambios, no refleja nuevos actores ni la economía colaborativa, y esto genera asimetrías que hay que mejorar”, afirmó el Director Regional de ASIET.

Por su parte, Ruidíaz de AIG de Panamá planteó la pregunta sobre cómo hacer que el desarrollo de las compañías globales permee en las sociedades.

“No se puede dejar de ver la problemática local. Los ingresos por los servicios se van al exterior por eso hay que ver cómo hacer para que quede la riqueza en el país. Hay que encontrar alternativas que den beneficio al ciudadano y no menoscaben a los negocios locales”, indicó Ruidíaz.

Oscar Robles de LACNIC se refirió a dos brechas importantes a tener en cuenta. Por un lado, cómo comunicar a los no conectados —prestando atención a situaciones de aislamiento geográfico y económico— y, por el otro, cómo hacer para que los que sí están conectados se mantengan y no caigan en cualquiera de las brechas anteriores.

Por último, Renata Aquino de e.i.research, aludió en particular a la brecha de género y señaló que “4 mil millones de personas no saben qué es internet y gran parte de esa población son mujeres”.

Enlaces relacionados:
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Fuente: Servindi

lunes, 7 de agosto de 2017

Los obispos brasileños denuncian a un gobierno que sólo favorece los intereses del capital.


Exigen que atienda a "las necesidades y los derechos de los más frágiles"
Los obispos brasileños denuncian a un gobierno que sólo favorece los intereses del capital
Claman que "no seremos un país diferente sin superar la ingenuidad, la pasividad y la indiferencia"

Luis Miguel Modino, 03 de agosto de 2017 a las 19:41

Piden a la Iglesia "valentía profética... en favor de nuevos rumbos para la sociedad brasileña, fundamentados en la dignidad humana de todos los ciudadanos y ciudadanas y del bien común"

Los obispos brasileños han emitido una nueva nota, esta vez a través de la Comisión Episcopal Pastoral para la Acción Social Transformadora, en la que se posicionan contra la situación político social por la que Brasil está pasando y las actitudes de un gobierno al que no dudan en definir como aliado de los "intereses del gran capital".

La nota ha surgido de la última reunión de los obispos de la Comisión y cobra especial relevancia en estos días en que el Congreso está juzgando la continuidad del Presidente Temer, en un acto que muchos no dudan en calificar de pantomima.

En este encuentro los obispos brasileños han pretendido retomar las ideas de la Gaudium et Spes y de la Conferencia de Medellín, que, como recoge la nota, continúan siendo una respuesta válida "en el contexto de la actual transformación social", lo que debe provocar en la Iglesia una actuación frente a "las situaciones que generan sufrimientos humanos, con la misma compasión de Jesucristo".

Los obispos denuncian, con una actitud verdaderamente profética, "las muchas situaciones angustiantes de Brasil, entre ellas el desempleo colosal, la quiebra del orden democrático y la pérdida de la legislación laboral y social". No resulta tolerable, en opinión de la Comisión Episcopal para la Acción Social Transformadora, que el Estado se desentienda de su papel, que le obliga a "atender las necesidades y los derechos de los más frágiles", situación que se agrava en la medida en que, en lugar de realizar su verdadera misión, se dedica a favorecer "los intereses del gran capital", con la consiguiente "penalizando a los más pobres".

Al mismo tiempo que critica y condena la actitud del gobierno, la nota reclama una mayor implicación de la sociedad brasileña, que muchas veces asiste impasible a una repetición de situaciones macabras, pues como los obispos señalan "no seremos un país diferente sin superar la ingenuidad, la pasividad y la indiferencia".

Junto con esta llamada hacia la sociedad, no dudan en dirigirse hacia el interior de la propia Iglesia, de la que piden "valentía profética", y de la que esperan actitudes "en favor de nuevos rumbos para la sociedad brasileña, fundamentados en la dignidad humana de todos los ciudadanos y ciudadanas y del bien común". Asumiendo esas actitudes, será posible transformar "en esperanza las apatías y frustaciones de la sociedad brasileña".

En la nota de los obispos encontramos un nuevo instrumento que revela "el rostro misericordioso de Dios, defensor de la justicia en favor de los empobrecidos". Sin duda, la Iglesia tiene que ser una voz firme en una sociedad que promueve y favorece cada día más "nuevas formas de esclavitud".

Lo más sangrante de esta situación es que el mayor enemigo del pueblo brasileño hoy en día es su propio gobierno, actitud que los obispos, una vez más, han dicho no estar dispuestos a tolerar, pues eso les haría contrarios a la propuesta de Jesús de Nazaret.


Mensaje de los obispos de las Pastorales Sociales


"Yo vi... y oí el clamor de mi pueblo" (Ex. 3,7)


Nosotros, Obispos de la Comisión Episcopal Pastoral para la Acción Social Transformadora y referenciales de las Pastorales Sociales, de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), reunidos en Brasilia, en la Sede de las Obras Misionales Pontificias, los días 31 de julio y 1 de agosto de 2017, buscamos luces para la actuación de la Iglesia en Brasil frente a los nuevos desafíos de nuestra realidad, hoy.

Contando con la magnífica asesoría del Padre José Oscar Beozzo, nos inspiramos en el Concilio Vaticano II, particularmente en la Cosnstitución Pastoral Gaudium et Spes (Alegría y Esperanza), rescatando su apliaación en América Latina y el Caribe, a partir de la 2ª Conferencia Episcopal de este Continente, en Medellín, cuyo aniversario de 50 años celebraremos en 2018, reavivando y actualizando sus intuciones y compromisos fundamentales en el contexto de la actual transformación social.

Reconociendo que no hay ninguna realidad, verdaderamente humana, que no encuentre eco en el corazón de Cristo (cf. Gaudium et Spes, nº 1) entendemos que la Iglesia tiene como misión pastoral actuar frente a la globalidad de la realidad, particularmente las situaciones que generan sufrimientos humanos, con la misma compasión de Jesucristo.

"Para llevar a cabo esta misión, es deber de la Iglesia estar atenta en todo momento a los signos de los tiempos, e interpretarlos a la luz de Evangelio; para que así pueda responder, de modo adaptado en cada generación, a las eternas preguntas de los hombres acerca del sentido de la vida presente y futura, y de la relación entre ambas. Y, por eso, es necesario conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas y aspiraciones, y su carácter tantas veces dramático" (GS nº 4).

Claman al cielo, hoy, las muchas situaciones angustiantes de Brasil, entre ellas el desempleo colosal, la quiebra del orden democrático y la pérdida de la legislación laboral y social. El gobierno, en lugar de fortalecer el papel del estado, para atender a las necesidades y los derechos del los más fragilizados, favorece los intereses del gran capital, sobre todo financiero especulativo, penalizando a los más pobres, por ejemplo con la reforma de la previdencia, falsamente justificada.

No seremos un país diferente sin superar la ingenuidad, la pasividad y la indiferencia. Nos urge, por tanto, como Iglesia, realizar nuestra misión pastoral en profunda comunión, con valentía profética, promoviendo y fortaleciendo acciones comunes con todos los seres democráticos de este país, en favor de nuevos rumbos para la sociedad brasileña, fundamentados en la dignidad humana de todos los ciudadanos y ciudadanas y del bien común.

Interpelados por el Espíritu del Señor invitamos a nuestras comunidades eclesiales, los organismos del Pueblo de Dios, las personas de buena voluntad a instaurar acciones que transformen en esperanza las apatías y frustaciones de la sociedad brasileña, al final, como dice el Papa Francisco, el corazón de Dios es y continuará incandescente por amor a su pueblo (cf. Audiencia General del 26 de abril de 2017). ¡Así también, estén, hoy y siempre, nuestos corazones!

Que Nuestra Virgen Aparecida, a quien expresamos nuestra alabanza, en especial en este Año Mariano, nos inspire a revelar el rostro misericordioso de Dios, defensor de la justicia en favor de los empobrecidos, siendo signos e instrumentos de la acción liberadora y humanizadora de Cristo, frente a las nuevas formas de esclavitud de los tiempos actuales.


- Monseñor Guilherme Antonio Werlang, Msf


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viernes, 4 de agosto de 2017

Pueblos andinos celebran el Día de la Pachamama.

El Día de la Pachamama se celebra cada 1 de agosto en los pueblos andinos de Latinoamérica / FOTO: Infobae
Servindi, 2 de agosto, 2017.- Los pueblos andinos de Latinoamérica realizaron diversas actividades en el marco del Día de la Pachamama que se celebra cada primero de agosto, y que coincide con la mitad del año agrícola, propicio para brindarle ofrendas en agradecimiento a las buenas cosechas.
Durante la celebración, se realiza una serie de ceremonias ancestrales que pueden variar de acuerdo a cada región; sin embargo, todos coinciden en su compromiso de cuidar de la Madre Tierra a cambio de buenas cosechas y protección para todos los pobladores.
Cabe señalar que para los pueblos originarios, la Pachamama representa a la madre de los cerros y de los hombres, responsable de que los frutos maduren y los ganados se multipliquen.
En Juliaca, para dar inicio a la celebración, se acostumbra ir a recoger piedras planas de los ríos Unocolla, Maravillas y Cacachi, que representan la prosperidad económica, desde la madrugada.

Por su parte, en la provincia argentina de Salta, la ceremonia consiste en encender sahumerios para ahuyentar los posibles males que hayan quedado en casa, además de recordar que todo lo creado proviene de la tierra.
Asimismo, en la provincia de Jujuy, luego de una comida comunitaria, se cava un hoy para dar de comer y ver a la Pachamama. En este ritual se depositan hojas de coca, chicha, alcohol y cigarrillos, y una vez cubierto el hoyo, los asistentes, tomados de la mano, danza alrededor al son de la caja, flauta y copla.


Fuente: Servindi

jueves, 3 de agosto de 2017

América Latina, en clave geoeconómica.


Alfredo Serrano Mancilla *

Siempre igual. Después de un periodo de tormenta, se reordenan las piezas en el tablero global. Así ha sucedido en repetidas ocasiones a lo largo de la historia. En 1870, ante una crisis de sobreproducción del capitalismo central, la región latinoamericana quedó reinsertada de otra forma en la economía mundial; además de seguir proveyendo materias primas, debía servir a partir de entonces como zona consumidora. Después, a lo largo del siglo XX, nuevamente se sucedieron algunos clivajes económicos que reacomodaron las relaciones de la región con el mundo. La última fase histórica fue indudablemente la llegada del neoliberalismo, que supuso un patrón de subordinación en lo financiero, en lo tecnológico, en propiedad intelectual.

Iniciado el siglo XXI, la ola de procesos de cambio en la región puso freno a ese encaje. Las políticas económicas llevadas a cabo por los gobiernos posneoliberales fueron claves para resituar geoeconómicamente al bloque latinoamericano. Si bien es cierto que muchos países continuaron exportando materias primas, esto se hizo de otra forma, bajo nuevas condiciones de soberanía y con relaciones más diversificadas (China, India, Rusia). Nacieron nuevos espacios de integración. Disminuyeron los acuerdos de libre comercio. Se redujeron en gran medida los tratados bilaterales de inversión y los acuerdos sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio. En lo financiero se puso algún límite a los mecanismos especulativos, aunque con un impacto mucho menor a lo que se logró en otros ámbitos. En suma, el cambio se notó también en lo exterior. El Sur latinoamericano recuperó en cierta medida un espacio geoeconómico en el mundo. El Norte seguía mandando, pero mucho menos de lo que estaba acostumbrado.

Y entonces llegó la explosión financiera del 2007-2008, y supuso un punto de quiebre en el orden geoeconómico dominante. La gran debacle económica, que lleva ya casi una década, ha provocado que todo se mueva. Estamos en un ciclo de estancamiento, en el que la economía real sale como gran perdedora. La contracción es duradera. El consumo sigue sin recuperarse. Los precios de los commodities se han reducido significativamente. La productividad sigue a la baja. La expansión cuantitativa monetaria no da sus frutos porque el dinero creado no va a parar a la actividad económica. Los nuevos dólares y euros se dirigieron únicamente a sanear finanzas que están absolutamente desligadas de la inversión productiva. Así, la economía mundial no repunta, la tasa de ganancia tampoco y lo único que sigue siendo altamente rentable es el mundo financiero. La financiarización se propaga sin barreras. La deuda mundial continúa siendo el asidero perfecto para ganar dinero sin trabajar. La cifra asusta: el mundo adeuda 3.3 veces su PIB. La concentración del capital continúa a pasos agigantados. Los países centrales buscan nuevas fórmulas para expandirse. Las cadenas globales de valor son cada vez más difusas.

Y América Latina no está ajena a este proceso.

1. Al interior de la región se ha producido un acelerado proceso de fusión y absorción empresarial. Las grandes han fagocitado a las más pequeñas. El mercado transaccional de América Latina ha crecido 89.42 por ciento en lo que llevamos del año. Las multilatinas son ya un hecho económico consolidado que condiciona la matriz de intercambio regional. Son agentes económicos centrales en las economías en los países donde están presentes. Y además tienen tanto interés adentro como afuera. La transnacionalización ha llegado también al interior de la región.


2. Otro asunto no menor es el desembarco de las medianas empresas de los países centrales. La crisis de demanda interna se compensa saliendo afuera. Las medianas empresas europeas o estadunidenses buscan mercados afuera y procuran instalarse en países latinoamericanos para garantizar un plan de negocios sostenible a escala global. Esto, indudablemente, condiciona a las economías locales, porque desplaza la producción nacional.

3. La balcanización amenaza seriamente la integración económica regional. Se impone un sálvese quien pueda en la medida en que las cosas se ponen muy complicadas. Cada uno acuerda con quién y cómo puede. Cada vez hay menor homogeneidad en la forma en que los miembros de un bloque se relacionan con países del exterior, lo que debilita el proyecto común a lo interior.

4. La salida asiática es cada vez más deseada. Son muchos los países que han priorizado las relaciones económicas con ese espacio geoeconómico. Y da igual el corte ideológico del gobierno de turno. Por ejemplo, Venezuela, Brasil, Perú, Chile, Bolivia y Argentina han estado presentes en la última reunión del Banco Asiático en Inversiones e Infraestructura. Por otra parte, los datos de China abruman: en menos de 10 años la inversión extranjera directa en América Latina desde China se ha multiplicado por más de 10. El Consenso de Beijing está más omnipresente que nunca.

5. Si el Mercosur se alinea con la Unión Europea esto significará un importante movimiento en el orden geoeconómico global, porque se trata de dos espacios de grandes dimensiones. No es fácil que lleguen a un acuerdo rápidamente, a pesar de la presión de los grandes grupos económicos. Todavía hay mucha tela que cortar para sintonizar tantos intereses contrapuestos. Todo dependerá de cuánto dure la restauración conservadora en Argentina y Brasil.

6. Mientras continúe la tasa de interés tan baja en los países centrales, los flujos financieros buscarán resguardo en la región gracias a su alta rentabilidad de la deuda externa. La inversión extranjera en América Latina ha caído al mismo tiempo que crecen las emisiones de bonos. La fábrica de la deuda externa está más activa que cualquier otra actividad económica.

7. En la medida en que crece la fragmentación geográfica de la producción mundial, se reducen las posibilidades de que proliferen las cadenas regionales de valor. Se importa mucho valor agregado. La visión cepalina de industrializarse por la sustitución de importaciones ha de adaptarse a los nuevos tiempos. Hoy día es más importante generar un insumo intermedio demandado globalmente que procurar producir un buen final si no se cuenta con todos los insumos.

La región no camina sola. Lo hace siempre de la mano de lo que sucede a escala global. Creer que todo ocurre sin que el entorno exterior cambie es más propio de la economía hegemónica neoclásica, que es incapaz de explicar casi nada de lo que nos acontece. La nueva economía latinoamericana (Nel) debe estar muy atenta al cambio de época geoeconómico al que estamos asistiendo.

* Director de Celag, doctor en economía.


miércoles, 2 de agosto de 2017

Decadencia.



Jaime Richart, Antropólogo y jurista

Enseñanza, política, periodismo. Tres superestructuras fundamentales que en la sociedad española resultan la­mentables…
En la mayor parte de los países occidentales la enseñanza está acabada y resuelta desde hace mucho tiempo, o si acaso en fase de perfeccionamiento. En España no. En Es­paña, la resistencia presentada a la laicidad constitucional por el todavía muy vivo espíritu de la religión mayoritaria con la intolerancia propia de lo dogmático a cuestas, hace débiles por confusos los fundamentos necesarios para im­partir una educación cívica homogénea como la que luce la mayoría de los países de la vieja Europa.

Pues una cosa es la enseñanza privada al gusto (en la que la educación está decantada) elegida por posibilidades económicas fami­liares o personales, y otra tener que participar por falta de recursos de una educación pública civil imprecisa o inexistente asociada a la enseñanza propiamente dicha; enseñanza en la que la educación es la que imparte cada hogar, si es que la imparte, pues el papel del profesor por sí mismo no es educar; una educación que, en todo caso es vacilante y desvencijada por la desorientación de las autori­dades académicas que, curso tras curso, pugnan con las religiosas o con los valedores del espíritu religioso para decidirlo. Incluso la transversalidad interpretada como subjetivismo educativo aplicado del educador destila, por la propia naturaleza subjetiva, heterogeneidad. Con lo que la educación española acaba siendo sumamente desigual, a diferencia de países como Francia, por ejemplo, que sub­sume los valores cívicos y humanos en la simple y a la vez grande noción de “la República” no sólo como concepto político sino también como modelo de convivencia…

Lo que explica que tras cinco planes de enseñanza a lo largo de cuarenta años, nadie conozca bien en España y menos fuera de España, cuáles sean los rasgos principales de la educación básica del español medio. Y esto lo nota mucho el extranjero. Cualquiera que visite España por primera vez y sea observador se sentirá incapaz de distinguir el tipo de educación predominante o propio de este país: si la que todavía es resultado de retazos de autoritarismo ca­duco tallada a base de los absolutos, si es el fruto de la permisividad extrema cuyo límite está sólo en el código pe­nal, o si es ninguna de las dos, esto es, la ineducación… Y en cuanto a la metodología de la enseñanza propia­mente dicha, parece claro que ha perdido el norte. Dudan sus mentores año tras año cuál deba ser el objeto de su in­terés. No saben si ha de ser el trivium y el quatrivium me­dievales actualizados, u orientarla hacia el pragmatismo puro anglosajón aunque sea a costa del espíritu que sólo puede inspirarse, adquirirse y cultivarse a través de las Humanidades. Y es evidente que por el momento ha ga­nado éste, y probablemente por mucho tiempo. Pero éste es otro cantar…

Pero es que a la política, tan protagonista hoy día y no pre­cisamente por verse como oficio de prestigio, por un lado, y al periodismo, tan activo hasta no dar abasto, por otro, hay que tratarlos muy aparte. Dos limbos que inva­den todo el espacio mental y psicológico de la población, frente a los que hemos de protegernos para no aturdirnos ni estragarnos… Lo que, con otra serie de concausas relacio­nadas con las nuevas tecnologías, supone el aban­dono paulatino del proverbial escaso interés desde siem­pre en España por las artes liberales, la elocuencia y la filo­sofía. Porque si la política, aparte de haber sido prosti­tuida por un ejército de más o menos ventajistas a lo largo de cuarenta años ocupa la atención prioritaria en parte por razón de un ayuno forzoso de la misma durante un pe­riodo anterior similar, el periodismo se ha erigido en azote suyo como otrora el clero lo fué para la conciencia de la gente. Y además con tics de corruptela, pues los dueños de los medios están más atentos en conjunto a lograr la sub­vención o a evitar perderla que al rigor informativo, a la neutralidad y a la deontología periodística. Y eso que el pe­riodismo español aprovecha hasta el detritus la política como alimento suculento de su tarea. Tanto intenta aprove­charla, que a menudo se inventa la noticia o la de­forma. Pues en la abundancia de la conducta escandalosa se hacen más tentadores la mentira, la tergiversación y el sensacionalismo…

Parece haber estado Kapucinsky pen­sando especialmente en el periodismo españoltanto como en el estadounidense al decir que: “cuando se descubrió que la información era un negocio, dejó de tener importan­cia la verdad”. Desde luego la precariedad y la in­estabilidad en España, además de ocasionar el desem­pleo de promociones de periodistas acarrean con frecuen­cia comportamientos indeseables revestidos de legitimi­dad también en la carrera periodística.

El caso es que, entre una enseñanza y una educación defi­cientes; una política infecta de desvalijamientos, de im­posturas, de conspiración y de nepotismo; y un perio­dismo manifiestamente amarillista; envuelto todo ello por una ominosa injusticia social, la sociedad española parece caminar con paso firme hacia una Era sombría y turbia de grave involución cultural en la que prima la disonancia so­bre la armonía, la mentira sobre la verdad, la zafiedad so­bre la delicadeza, la noche sobre la aurora, lo orgiástico sobre lo apolíneo…

Total, que sin haber precedido nunca el esplendor, ni en la enseñanza ni en la muy corta experiencia política ni en el periodismo, si ajustamos el lienzo de estos tres fracasos al marco sociológico de una justicia parcial según quien sea el reo, una desigualdad social oprobiosa y un mundo del trabajo cercano al que tenían los siervos de la gleba, el cuadro resultante es el de una España de una vida pública caótica en una fase histórica de franca decadencia…


martes, 1 de agosto de 2017

El paradigma del bien común de la humanidad.


Juan José Tamayo

Con el bagaje intelectual, la competencia científica, la militancia política y el compromiso social que le caracterizaron, François Houtart asumió durante los dos últimos lustros, la apasionante tarea de construir un nuevo paradigma fundado en el “Bien Común de la Humanidad”. Lo hizo en dos obras mayores, que constituyen su principal aportación más creativa e innovadora en la búsqueda de Otro Mundo Posible, en plena sintonía con el Foro Social Mundial, del que fue uno de sus principales inspiradores.

Una es El camino a la utopía y el bien común de la humanidad (Estado Ruth Casa Editorial-Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia-Oxfam, Panamá-La Paz, 2012, 266 p.), cuyo origen se encuentra en las investigaciones de Ricardo Petrella tendentes a reformular la noción tradicional de Bien Común. Lo que hace Houtart es dotar a dicha noción de un sentido nuevo en el actual contexto político y económico dominado por la ideología y la práctica neoliberales en todos los terrenos de la existencia humana. Otra obra es Un paradigma poscapitalista: el bien común de la humanidad (Rut Casa Editorial, 2012)., de la que es director y coautor y recoge las reflexiones sobre el Bien Común de la Humanidad desde diferentes perspectivas: el movimiento obrero, el movimiento campesino, las mujeres afrodescendientes, los pueblos indígenas de América, el movimiento de Ciencia Popular de India, el pensamiento crítico marxista, el movimiento ecologista, etc.

En enero de 2009 se propuso por primera vez en la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Crisis Financiera y Monetaria Internacional la creación de una Declaración Universal del Bien Común de la Humanidad, paralela a la Declaración Universal de los Derechos Humanos con el objetivo de defender un nuevo paradigma para salvar a la Humanidad y al Planeta. La idea fue retomada por el sacerdote y político nicaragüense Miguel D’ Escoto durante su presidencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas 2008-2009 con la elaboración de la Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad.

Tres son los ejes temáticos en los que se sustenta el nuevo paradigma de Houtart, los cuatro mediados por la praxis emancipatoria: la ética, la utopía y el bien común de la humanidad.
Propone, en primer lugar, la ética de la incertidumbre en las ciencias sociales, bajo la guía de la epistemología compleja de Edgard Morin, la teoría económica de Franz Himkelammert y la ética de la liberación de Dussel. Frente a la racionalidad rígida de la epistemología clásica, la teoría de la complejidad reconoce la importancia de la temporalidad, la multidimensionalidad y la transdisciplinariedad, que conducen al descubrimiento de la ambivalencia y aleatoriedad de lo real, a la fluidez de los conceptos, a la incertidumbre y a la pluralidad de instancias epistemológicas.

En otras palabras, el pensamiento complejo cuestiona la concepción evolucionista y lineal de la historia, defiende la pluralidad de teorías del conocimiento y considera que la lógica aristotélica debe completarse con la lógica que Morin llama “diálogo de las contradicciones”. Según esto, la teoría de la complejidad se articula en torno al tetragrama “orden, desorden, interacción, organización” en un feed-back dialéctico, que da lugar al paradigma de la “auto-eco-re-organización”.
Sin negar los logros de la modernidad, Houtart critica muy certeramente su principal vínculo material e ideológico: el capitalismo. A partir de aquí propone una ética en la perspectiva de la incertidumbre, que implica:
a) deslegitimar el capitalismo como sistema, no solo en sus efectos perversos, sino también en su lógica; hay que deslegitimarlo porque destruye las dos fuentes de su propia riqueza: el ser humano y la naturaleza;
b) globalizar y hacer converger las resistencias al neoliberalismo y las luchas alter-globalizadoras.
c) reconstruir la esperanza

Papel fundamental juega aquí la ética de la liberación de Dussel, que reconoce la necesidad de la mediación de las ciencias sociales en la reflexión ética, si no quiere caer en el idealismo. Una ética cuyo principio material es la defensa de la vida y cuyo principio universal es la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana con el reconocimiento de las diferentes culturas. Es la ética necesaria, al decir de Himkelammert, cuyo criterio de verdad y última instancia es la vida, sin la cual no hay supervivencia de la humanidad ni de la naturaleza.
El segundo elemento es la Utopía entendida no como sueño irrealizable, sino como algo que no existe hoy, pero que puede y debe existir mañana. Es la utopía necesaria de la que habla Paul Ricoeur, que requiere definir los objetivos y debe empezar a dar pasos en dirección a las alternativas en todos los terrenos de la existencia para hacerlas realidad.

El cuarto es el Bien Común de la Humanidad. Aristóteles afirma en su Política que ninguna sociedad puede existir sin compartir o tener algo en común, si bien cree que lo común debe reducirse al mínimo. Houtart desmiente a Aristóteles. En su enfoque sociológico, el concepto de Bien Común implica los fundamentos de la vida colectiva de la Humanidad en la Tierra: relación con la naturaleza, producción de la vida, organización política y expresión de lo real (cultura).
Como respuesta a la crisis sistémica que tiene múltiples caras –financiera, económica, alimentaria, energética, climática-, Houtart propone un nuevo paradigma cuyas principales características son las siguientes:
– Redefinir las relaciones con la naturaleza: de la agresión al respeto de la naturaleza como fuente de vida.

– Reinventar la producción de la base de la vida privilegiando el valor de uso sobre el de cambio; reorganizar la vida colectiva a través de la radicalización de la democracia en las instituciones y en las relaciones sociales.
– Activar la interculturalidad en la construcción del “Bien Común” universal. El nuevo paradigma demanda una nueva filosofía de la naturaleza y de la humanidad
Desde la sintonía de Houtart con las concepciones morales del mundo indígena, subraya la correspondencia y el parentesco del paradigma del Bien Común de la Humanidad con el paradigma ético del Sumak Kawsay (Bien Vivir) de los Pueblos Indígenas, recogido en las Constituciones de Ecuador y Bolivia y en el Plan Nacional para el Buen Vivir de Ecuador 2009-2013. Ambos paradigmas coinciden en la necesidad de revertir la lógica perversa del capitalismo, cuyo motor es la acumulación, y someterla a la lógica de la producción y reproducción de la vida.

El Bien Común de la Humanidad es el contrapunto del “Bien individual”, defendido por el liberalismo económico “y considerablemente debilitado” por el neoliberalismo. Tiene que ver con el “ser”, con el “vivir”, mientras que la lógica del capitalismo lleva derechamente a la muerte de los seres humanos y de la naturaleza. La realización del Bien Común exige la producción material de la vida, la necesidad de regeneración de la Tierra y la organización social y política colectiva en busca del sentido y bajo una guía ética emancipatoria. En definitiva, el “Bien Común de la Humanidad” es, para Houtart, la meta, la utopía cuyo destino es orientar la acción.

Esta propuesta está próxima a las experiencias de otros pueblos, culturas y cosmovisiones: el Reino de Dios y sus valores en la Teología cristiana de la Liberación; la memoria subversiva de las víctimas, la protección de los derechos de los huérfanos, las viudas y los extranjeros, y el descanso de la Tierra, en el judaísmo; la interdependencia, la compasión y la paz, en el budismo; la hospitalidad en el islam, etc.; la satisfacción del sistema de “necesidades/capacidades” de Marx.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Cencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” autor de Para comprender la teología de la liberación (EVD, 2008. 6ª ed.; La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (Tirant lo Blanch, 2011, 21 ed.). Los primeros días de septiembre aparecerá su nuevo libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Editorial Trotta).