domingo, 24 de enero de 2021

El primer país del mundo totalmente libre de coronavirus.

 


Ningún habitante tiene coronavirus. De acuerdo a la OMS, un archipiélago del Pacífico no registra casos desde el inicio de la pandemia.


Situado en Oceanía, Palaos tiene la oportunidad de convertirse en el primer país totalmente libre de coronavirus del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, desde el comienzo de la pandemia, el archipiélago del Pacífico no registró ningún caso de Covid-19. Además, la población de 18.000 personas ya comenzó a ser vacunada contra el virus el domingo 3 de enero. 


En tiempos de pandemia, la receta del éxito fue el aislamiento. Todavía en enero de 2020, cuando el virus comenzó a propagarse por toda Asia, Palaos empezó a restringir su llegada al país. En marzo, las fronteras se cerraron completamente. A partir de entonces, se adoptaron testeos masivos a la población para rastrear posibles casos. Según un informe publicado el lunes, desde abril de 2020 se realizaron 3.325 pruebas, todas negativas.

Palaos tuvo acceso al programa de vacunación masiva de los EE.UU. y recibió el sábado 2 de enero, 2800 dosis de vacunas de Moderna. Hasta la fecha se han administrado las primeras 59 dosis.


Impactante imagen de Palaos, un lugar libre de coronavirus.

"Tenemos la suerte de estar en una posición en la que tenemos acceso a las vacunas y nuestro pequeño tamaño nos facilita la implementación del programa. No es obligatorio recibir la vacuna, así que nuestro objetivo es vacunar a cerca del 80% de la población. Esperamos lograr la inmunidad total de rebaño a través del programa de vacunación", dijo el Ministro de Salud de Palaos, Ritter Udui a CNN.

Sylvia Osarch, una médica geriátrica de 60 años, fue la primera persona en el país en recibir la vacuna y dijo que se sentía "animada a dar el ejemplo a la comunidad". 


La ubicación de Palaos en el Pacífico.

"Quiero decirle a la comunidad que tomé la vacuna para protegerlos. Así que cuando sea su turno, por favor, vacúnense para protegernos a nosotros, los trabajadores de la salud", dijo.

El archipiélago de Palaos está formado por más de 340 islas, entre las que se encuentra la políglota isla de Koror, las bellas Chelbacheb, más conocidas como islas Rocosas; Babeldaob, que es la segunda más grande de la Micronesia, y la isla de Peleliu, además de otras remotas y varios atolones coralinos.

Entre los destinos elegidos por los turistas que llegaban hasta aquí antes del coronavirus, el preferido es el de las islas Rocosas, con unos 200 islotes calizos socavados por la erosión y cubiertos por una densa jungla verde.

Buceo en Palaos, un paraíso natural.

Es el destino principal de los amantes del esnorquel y el buceo, especialmente por sus numerosos lagos marinos, con especies de mar pero en aguas mucho más apacibles.

Entre ellos destaca por su particularidad el lago de las Medusas, habitado por millones de medusas transparentes –totalmente inofensivas- que nadan en grupo con rítmicos movimientos, siguiendo la trayectoria del sol. Su ubicación aislada y la ausencia de depredadores les permitió a estas especies únicas reproducirse en cantidad.

Países sin Covid-19

Según la agencia EFE, sólo quedan 13 países del mundo libre de coronavirus. Prácticamente el grueso de todos ellos se encuentran en Oceanía y la zona del Pacífico, con alguna excepción, como Corea del Norte y Turkmenistán, o la Isla de Santa Elena, donde murió Napoleón Bonaparte.

Palaos, lugar paradisíaco del Pacífico.Foto: AP

De los 195 países reconocidos por la ONU, sólo el 7% están libres de esta gran pandemia que golpeó al planeta, como no se recordaba desde hace más un siglo con la mal llamada gripe española (1918).

De acuerdo con la lista de la OMS, actualizada el 29 de diciembre, estos son los territorios que se libraron o afirman que no registraron casos: Turkmenistán, Tonga, Tokelau, Samoa, Santa Elena, Pitcairn, Palaos, Niue, Nauru, Kiribati, Islas Cook, Samoa Americana y Corea del Norte.

Fuente: clarin.com

sábado, 23 de enero de 2021

La naturaleza como base para recuperarse de la crisis del coronavirus.


El paseo Sant Joan, en Barcelona, es un ejemplo de este tipo de soluciones. Roser Vilallonga / Archivo


LORENA FARRÀS

Los tejados verdes, el compost, los pasos de fauna, los métodos de depuración naturales o las prácticas de la agricultura ecológica son algunos ejemplos de lo que se conoce como soluciones basadas en la naturaleza (SbN).

Es algo tan viejo como el propio mundo, puesto que se inspiran y se apoyan en el comportamiento del medio natural. Sin embargo, la economía mundial ha crecido muchas veces de espaldas a esta realidad a pesar de que estas iniciativas no solo son ventajosas para el planeta, sino también rentables y resilientes, según los expertos consultados.
Alternativas
No solo son ventajosas para el medio ambiente, sino también rentables y resilientes


Cada vez son más las voces que se alzan para aprovechar la recuperación económica para volver a tejer alianzas con la naturaleza. Especialmente teniendo en cuenta de que nos encontramos inmersos en una crisis (la de pandemia de la covid) que tiene como origen la intromisión del ser humano en el medio natural. Las Naciones Unidas advierten, además, de la importancia de estas soluciones para hacer frente a la crisis climática y detener la rápida pérdida de biodiversidad.

En la cuarta edición de la Cumbre Un Planeta (One Planet Summit), el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, indicó que las oportunidades comerciales emergentes en la naturaleza podrían crear 191 millones de puestos de trabajo para el año 2030, según el Foro Económico Mundial. En Málaga están tan convencidos de ello que ha nacido un Clúster de Soluciones Basadas en la Naturaleza. Es el primero en España y está integrado por 36 entidades, según su presidente, Enrique Salvo.


Paso de fauna en una autopista Otras Fuentes

En la actualidad “este tipo de soluciones son aplicadas principalmente por administraciones públicas”, señala Francesc Baró, investigador posdoctoral del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA-UAB). 

Algunos de los ejemplos catalanes recogidos en el Observatorio de las SbN –impulsado por la Fundación Conama y el Centro de Cooperación para el Mediterráneo de la UICN– son el proyecto Alcorques Vivos de Barcelona, la remodelación del barcelonés paseo de Sant Joan y la recuperación de las dunas de las playas del delta del Llobregat. Alcorques Vivos consiste en la siembra específica de una mezcla de herbáceas nativas de flor que sirvan para atraer a entomofauna específica para el control biológico de plagas del arbolado viario.

En la segunda iniciativa, además de aumentar la presencia de vegetación en la céntrica calle de la capital catalana y dar prioridad al peatón, se ha diseñado el suelo de tal manera que ayude a gestionar el agua para disminuir el riesgo de inundaciones. Finalmente, al restaurar y asegurar la estabilidad de las dunas y de la biodiversidad que de estas depende, se ha aumentado la resiliencia costera frente a temporales.

“Ciudades como Barcelona han hecho una importante apuesta en los últimos años y cada vez hay más proyectos en municipios de todos los tamaños”, afirma Víctor Irigoyen, de la Fundación Conama.
Sectores
La empresa privada también se apunta a la tendencia

También las empresas privadas empiezan a aplicar soluciones basadas en la naturaleza. Albert Sorolla, de la empresa de proyectos de bioingeniería Naturalea, explica que firmas como Torres han aplicado estas soluciones en su día a día y asegura que muchas veces son “incluso más baratas que las tradicionales” y que “requieren de menos mantenimiento” o bien este “es más económico” o supone un menor consumo de recursos. Suez o Heineken son algunas de las multinacionales que ya las están aplicando, según Paz Ferrer, de Ecoacsa.


jueves, 21 de enero de 2021

La Universidad de La Rioja (Argentina) presentó una máscara anti coronavirus.



La máscara tiene un sistema que proporciona por medio de tubos una presión constante y estable de oxígeno.

El dispositivo busca evitar el contagio de la enfermedad en la población, y en particular en el personal de salud. Funciona a través de un sistema que proporciona por medio de tubos una presión constante y estable de oxígeno.

En un alto de la segunda reunión del gabinete federal que llevó adelante Alberto Fernández con gobernadores y vicegobernadores de las provincias norteñas en Chilecito, La Rioja, el Presidente participó de la presentación de una máscara anti Covid-19, basada en la tecnología de presión continua y desarrollada por investigadores de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR).

El dispositivo busca evitar el contagio de coronavirus en la población, y en particular en el personal de salud, a través de un sistema que proporciona por medio de tubos una presión constante y estable de oxígeno.

El uso y funcionamiento de la máscara fue constatado también por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, y otros funcionarios del área científica, tanto de la Nación como riojanos, así como dos de los desarrolladores: Marcelo Simonetti y Daniel Zalaya.
El funcionamiento de la máscara fue constatado por el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, y otros funcionarios.

Poco después, vía Twitter, Salvarezza calificó de «innovador» el desarrollo de la UNLaR y señaló que el sistema en el que se basa «está orientado a proteger y resguardar al personal de salud expuesto al contacto directo con pacientes Covid-19 positivos tanto en las instalaciones hospitalarias como en los domicilios de los pacientes».

La máscara de presión continua fue un desarrollo financiado en el marco del Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal de las Capacidades en Ciencia y Tecnología Covid-19, que forma parte de las iniciativas del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología.



miércoles, 20 de enero de 2021

Detener la construcción del muro fronterizo, entre las prioridades de Joe Biden.


 Impulsar la igualdad, la justicia racial, la defensa de las minorías, así como poner freno de manera inmediata a la construcción del muro fronterizo con México, son los objetivos principales del presidente entrante de EU, según un comunicado difundido por el equipo de transición.


Washington.- El presidente de EU, Joe Biden, que hoy asumirá el cargo en sustitución de Donald Trump, incluirá entre sus primeras órdenes ejecutivas el regreso a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Acuerdo de París contra el cambio climático. 

Impulsar la igualdad, la justicia racial y la defensa de las minorías, así como poner freno de manera inmediata a la construcción del muro fronterizo con México son los objetivos de otras medidas que, en forma de órdenes ejecutivas, directrices, memorandos o cartas, adoptará Biden una vez asuma la presidencia, dentro de tan solo unas horas. 

Así se recoge en un comunicado difundido por el equipo de transición, donde se precisa que la nueva Administración suspenderá además el veto de entrada a residentes de ciertos países musulmanes. 


Ayuda económica a las familias más necesitadas; refuerzo de la lucha contra la pandemia del coronavirus y de la crisis económica derivada de aquélla, figuran también en la larga lista de las que serán las primeras medidas de Biden, dirigidas "no solo a revertir los graves daños de la Administración Trump, sino también a empezar a que el país avance". 

Sobre la OMS, el nuevo presidente quiere volver a cooperar con este organismo, que considera "fundamental" para coordinar la respuesta internacional al Covid-19, y "hacer que los estadounidenses y el mundo estén más seguros". 

Biden reestructurará el Gobierno para coordinar una respuesta nacional unificada a la pandemia y firmará una orden ejecutiva por la que se creará el puesto de Coordinador de Respuesta al coronavirus, un alto funcionario que despachará directamente con el presidente. 


En el ámbito de la política ambiental, el nuevo titular de la Casa Blanca firmará hoy mismo un documento para la reincorporación de EU al Acuerdo de París, así como una orden ejecutiva dirigida a abordar el cambio climático que promueva la justicia ambiental. 

La nota de su equipo de transición dice que se trata de iniciativas dirigidas a cumplir las promesa que Biden hizo a los estadounidenses en su campaña electoral.

agv

martes, 19 de enero de 2021

Vacuna contra el coronavirus: la OMS advierte que el mundo está al borde de un "fracaso moral catastrófico"

Varios países han comenzado ya con la vacunación masiva de su población.


Las vacunas anticovid, la gran esperanza para acabar con la pandemia, no están llegando a todos.


El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió este lunes de la enorme desigualdad en la distribución de la vacuna contra el SARS-CoV-2 y alertó de graves consecuencias.


"Debo ser franco: el mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico, y el precio de este fracaso se pagará con las vidas y el sustento de los países más pobres", alertó Tedros en el discurso de apertura del Comité Ejecutivo de la OMS, que se reúne a lo largo de los próximos nueve días.


El máximo responsable de la OMS consideró que no es justo que gente sana y joven en naciones ricas acceda a la vacuna antes que grupos vulnerables en países más pobres.


Como ejemplo, explicó que se habían distribuido alrededor de 39 millones de dosis de la vacuna anticovid en 49 de los países más ricos, en comparación con tan solo 25 dosis en una nación pobre.










Hasta este enero, China, India, Rusia, Reino y Estados Unidos han desarrollado vacunas contra el coronavirus, y otras han sido desarrolladas por equipos multinacionales, como la de Pfizer, una colaboración germano-estadounidense.


Casi todas estas naciones han priorizado la distribución a su propia población.


FUENTE DE LA IMAGEN,REUTERS
Pie de foto,

Una trabajadora sanitaria muestra la vacuna rusa que se suministra en Argentina.


El máximo responsable de la OMS consideró que la estrategia del "yo, primero" será contraproducente ya que hará que suban los precios y llevará a la acumulación de vacunas.


"Al final, estas acciones tan solo prolongarán la pandemia, las restricciones necesarias para contenerla y el sufrimiento humano y económico", añadió.


El jefe de la OMS pidió un compromiso pleno con la plataforma COVAX, coordinada por la OMS para garantizar un acceso equitativo de las vacunas en los países en desarrollo con ayuda financiera de los países desarrollados, que está previsto que empiece a funcionar el mes que viene.



"Reto a todos los estados miembros a que garanticen que, para el Día Mundial de la Salud el 7 de abril, las vacunas contra la covid-19 estén siendo administradas en todos los países, como símbolo de esperanza para superar tanto la pandemia como las desigualdades que están en la raíz de tantos desafíos globales de salud".


Hasta este enero, más de 180 países se habían unido a la iniciativa COVAX. Su objetivo es unir a los países en un bloque para que tengan mayor poder a la hora de negociar con las farmacéuticas.


Un total de 92 países -todos ellos de ingresos medios o bajos- adquirirán las vacunas a través de un fondo patrocinado por donantes.


"Hemos conseguido 2.000 millones de dosis de cinco productores, con opción a 1.000 más, y esperamos empezar con la distribución en febrero", dijo Tedros.



Pese a las desigualdades, el director general consideró que aún no es tarde para revertir la situación.


"Hago un llamado a todos los países para que trabajen conjuntamente para garantizar que en los primeros 100 días de este año, la vacunación de los trabajadores sanitarios y las personas mayores esté en marcha en todos los países".



El mes pasado, la Alianza Vacuna del Pueblo, una red de organizaciones que incluye a Amnistía Internacional, Oxfam o Justicia Global Ahora, denunciaron que los países ricos estaban acumulando dosis de vacunas anticovid y alertaron que las personas de países pobres se quedarían atrás.


La coalición señaló que cerca de 70 países de bajos ingresos tan solo podrían vacunar a una de cada 10 personas.


FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES
Pie de foto,

Conseguir una vacuna con efectividad probada no es suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.


Canadá, en concreto, fue muy criticada; la coalición denunció que el país había pedido suficientes dosis de vacunas como para proteger a cada canadiense unas cinco veces.


En diciembre, la ministra de Desarrollo Internacional de Canadá, Karina Gould, rechazó las acusaciones de que el país estuviera acumulando vacunas y señaló que cualquier debate sobre un excedente era algo "hipotético" ya que las dosis no se habían entregado.


Gould aseguró que Canadá estaba destinando US$380 millones para ayudar a países en desarrollo en su lucha contra la covid-19.



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Fuente:bbc.com

lunes, 18 de enero de 2021

Uruguay: 2021 de pandemia: detener el mundo y liberar la creatividad

 


por Adriana Goñi en Posturas


Cuando todos pensaban que el verano traería serenidad y la vacuna restablecería las condiciones previas velozmente, las últimas semanas han demostrado que no se puede vivir aislados de lo que sucede. Los números de contagios crecen y un halo de incerteza comienza a cubrir 2021. Si bien Uruguay ha caminado en 2020 a contramano del resto del mundo, mostrando las tasas más bajas de contagios de la región, y muchas personas han trabajado arduamente para eso y otras están sufriendo graves consecuencias por sus efectos, las discusiones de fondo sobre las transformaciones que tenemos que iniciar como sociedad a partir de la devastadora evidencia de la pandemia aún están pendientes.

En este año que recién inicia, necesitamos estar concentrados y mostrarnos más lúcidos que nunca si queremos escuchar el malestar profundo que ya teníamos como sociedad y que se ha agravado con la pandemia. Comprender las rápidas reconfiguraciones de poder, discursos y alianzas internacionales, que aún se ven claramente, pero que luego serán aceptadas y metabolizadas en la organización de la vida cotidiana. Será un año que necesitará unir las batallas de los oprimidos y construir entre todos un sentimiento común que nos permita visualizar, nombrar y empezar a actuar coordinados hacia un horizonte distinto del que se está proclamando como la única opción.

Por un lado, se propone the great reset, el gran ajuste, es decir, el “giro ético del capitalismo”. Así lo llama el primer número de The Time del año junto al Foro Económico Mundial, convocando a pensadores que llenan páginas sobre un nuevo capitalismo: verde, que incorpora el valor social, que apunta a la revolución del comercio en línea, que propone construir ciudades adaptadas al cambio climático, una industria tecnológica de punta, entre otras propuestas.

Sin embargo, la novedad que ha evidenciado la pandemia es la gran inyección de recursos que se le solicita a los estados, es decir que la reconversión del capitalismo la pagaremos entre todos. Esto ya sucedía antes de la covid-19. Un ejemplo claro es lo que en Europa se llama el Green New Deal, que parte de la idea de confeccionar un paquete de programas y políticas con fondos públicos que cumplan con el compromiso europeo para alcanzar los objetivos de la COP21 de reducir el impacto del sistema industrial en el ambiente. Esto responde a la profunda crisis ecológica y social del modelo, y debería redireccionar la economía a ser sostenible y generar trabajo, con una inversión de dinero público hacia las empresas europeas, colocándolas a la vanguardia en áreas que otros países y continentes no hubieran aún explorado. La reconversión a energías no fósiles es fundamental, pero claramente por sí sola no cambia las formas de acumulación del capital, ni el extractivismo de materias primas, o el trabajo precario y la concentración de la propiedad de los medios de producción, entre otros factores.

Todo parece apuntar a que el capitalismo no se rinde frente a una de sus crisis más importantes. Según los datos del “Global Wealth Report 2020”, de Credit Suisse, sólo 15 empresas transnacionales controlan 50% de la producción mundial, y si esto no bastara para entender que tanto el viejo como el nuevo capitalismo responden a la acumulación por desposesión, el mismo informe nos confirma que al día de hoy 1% de la población posee 43,4% de la riqueza global. Entonces, se puede decir que no hay nada de nuevo en estas propuestas “transformadoras”, aunque utilicen en el discurso los términos “revolución”, “innovación” o “reinventar el capitalismo poscovid-19”.

Una gran parte de la batalla se da en el imaginario, y la crisis del consumo ha sido profunda. Un claro ejemplo son las subvenciones directas al consumo por primera vez en países como Italia: es decir, dar dinero a las familias para comprarse alimentos y aparatos electrónicos, para utilizar medios de transporte, para irse de vacaciones, para contratar niñeras/os que les permitan seguir trabajando. Los miedos eran al menos dos: que uno de los componentes más importantes de la cadena de la producción de masas, los consumidores, se quebrara; y arriesgarse a que la ilusión de una vida construida sobre el consumo superficial tuviera una crisis profunda, y tendiera a interrogarse en lo más íntimo si era realmente necesario ese estilo al precio de destruir el planeta y causar la muerte de los seres queridos.

La novedad que ha evidenciado la pandemia es la gran inyección de recursos que se le solicita a los estados, es decir que la reconversión del capitalismo la pagaremos entre todos.

Entonces, el debate pendiente en Uruguay, pasadas las elecciones, y tomando nosotros también la pandemia como excusa refundacional de un diálogo entre toda la sociedad, debería ser retomar las preguntas que nos hicimos el 13 de marzo de 2020, cuando nos sorprendíamos por el encierro y por el aparente colapso de todo lo conocido.

En ese momento nos encontramos entre varios colectivos y personas preocupadas por afrontar de manera colaborativa los desafíos que se presentaban, se multiplicaron plataformas virtuales de apoyo a iniciativas ciudadanas creativas que daban respuestas autoorganizadas a los desafíos sociales y económicos del aislamiento voluntario. Nos preguntamos qué hacer con la alimentación y surgieron las ollas populares, se reforzó el Mercado Popular de Subsistencia, nacieron plataformas de distribución del movimiento de agroecología y de la agricultura familiar y consumo crítico, entre otras.

Luego, la pandemia pareció alejarse, los casos se controlaron. Las ollas populares y los movimientos de base siguieron firmemente con la autoorganización y las redes de apoyo indispensables, dada la situación de vulnerabilidad. Otros adoptaron, con un enorme esfuerzo, los protocolos en el trabajo y el “encierro” en las relaciones permitidas, las burbujas, que se han vuelto la única certeza en que nos movemos. Pero la mayor parte de la población siguió con una vida en la “nueva normalidad”, en que el virus parecía un telón de fondo de una película que observamos pasivamente, sin poder liberar nuestras energías para mejorar nuestras condiciones en lo cotidiano.

Esta tensión omnipresente y desorientadora de la crisis de la covid-19 genera sobre todo, como señala la filósofa italiana Federica Giardini, una condición de incerteza, una tensión afectiva, pasional, del humano en fase de crisis que observa la distensión temporal de la propia existencia, es decir, el no saber cuándo será la salida de esa incerteza que condiciona el sentido del futuro. No nos alejamos mucho de lo que Hobbes identificó como el anhelo de seguridad, aunque este fuera concedido a cambio de una obediencia silenciosa. Es un cambio de perspectiva relevante. Más que el miedo, que parece evocar una reacción a una causa, la incerteza –entendida como un afecto aún más elemental– nos habla de desorientación, de pérdida de control, de incógnitas.

Un miedo sin agresiones. La incerteza es la señal afectiva de la experiencia de elementos, causas, sujetos, circunstancias que no podemos controlar con nuestra voluntad. En un mundo que acentúa el individualismo, el éxito o el fracaso personal, el sentimiento de desorientación es doble, y el capitalismo nos ofrece “certezas” para volver a tener ese control individual sobre nosotros y nuestro futuro. Seguir creyendo en él, al costo del sacrificio actual de nuestra libertad para soñar y construir mundos distintos, al costo de buscar “culpables” entre nosotros, en una “guerra de todos contra todos” que no nos permite ver la necesidad de colaborar, sería, además de peligroso, una ocasión desperdiciada.

Las alternativas existen. En 2020 hubiera tenido lugar el Primer Foro Mundial de Economías Transformadoras en España, en que las redes de emprendimientos cooperativos de todo el mundo buscaban afianzar la narración de un nuevo modelo emergente. En 2019, el informe del World Cooperative Monitor reportaba un crecimiento en los sectores de la agricultura y el comercio del mundo cooperativo. A nivel mundial, las cooperativas cuentan con más de 1.000 millones de socios, en una población mundial de 7.700 millones, según el último informe al respecto de las Naciones Unidas. Las cooperativas generan 100 millones de empleos, pero además en estos datos no se considera el mundo asociativo sin fines de lucro, el activismo, la agricultura familiar, así como las redes de cuidados no formales y otras formas de cooperación que cuidan el planeta, mantienen la diversidad cultural y desarrollan actividades productivas y de consumo responsable.

¿Qué sacudón debería darnos el inicio de un año nuevo? Los meses que tenemos por delante necesitan un radical cambio de actitud respecto de las formas en que se ha afrontado hasta ahora la emergencia sanitaria y económica. Esto significa que al inicio del año deberíamos profundizar las discusiones iniciadas el 13 de marzo de 2020, pensando en cómo convivir con la covid-19, con esta enfermedad limitante, pero hoy conscientes y decididos a no renunciar a construirnos una calidad de vida para lo que debería ser un hito en una transición larga hacia otros modelos.

Necesitamos un nuevo slogan. En 2020 fue “quedate en casa”, que, como forma radical de demostrar la importancia y gravedad del contagio y el posible colapso de los sistemas de asistencia médica, era el mensaje más apropiado. Pero para 2021, tal vez “cuidémonos y actuemos juntos hacia la transición” es la actitud que necesitamos para aliviar el sufrimiento que crea el sentimiento de incerteza e impotencia actual y para liberar energías, asociarnos con otros, recobrar la calidad en cada ámbito de nuestras vidas y caminar hacia horizontes compartidos de reconversión ecológica y social.

Adriana Goñi es doctora en Urbanismo, profesora adjunta del Instituto de Teoría y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República.