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jueves, 30 de noviembre de 2017

Todavía existe legislación que discrimina a las mujeres.


Foto: En algunos países, la legislación establece que las mujeres no pueden acceder a la herencia y tenencia de las tierras. Esto se considera una legislación discriminatoria. Foto: ONU Mujeres


Aunque los tiempos en que las mujeres por ley no podían votar o estudiar han sido superados, en América Latina y el Caribe todavía existen leyes que discriminan a las mujeres en distintos ámbitos. El Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), junto con ONU Mujeres, está realizando un mapeo de leyes discriminatorias en la región con miras a facilitar su derogación.

ONU Mujeres, 28 de noviembre, 2017.- En América Latina y el Caribe hay mujeres que, por ley, en pleno 2017, no pueden heredar tierras, no pueden acceder a ciertos trabajos, como la minería, o no pueden darle su nacionalidad a los hijos e hijas que tengan.

“Todavía existe legislación que discrimina a las mujeres, impidiéndoles el ejercicio de ciertos derechos. Esa era la norma hasta bien entrado el siglo XX, en particular para los derechos civiles y políticos. El derecho a votar, a ser elegidas para cargos públicos, a la educación, al empleo y otros derechos ciudadanos eran negados a las mujeres. La legislación representaba el orden social en el cual los hombres dominaban el mundo público, y las mujeres permanecían relegadas al mundo privado, y aún dentro del mundo privado, no tenían igualdad de condiciones con los varones”, explica Natalia Gherardi, Directora Ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género.

“La mayor parte de las barreras formales de acceso a derechos, es decir, la legislación que excluye a las mujeres de ciertos derechos, se ha superado; sin embargo, algunas todavía persisten tanto en la legislación política como en la normativa que regula la vida familiar, la vida social y la vida laboral”.



Natalia Gherardi, Directora Ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA). Foto: ELA



Gherardi, desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, en colaboración con ONU Mujeres, realiza un estudio para identificar a nivel regional cuáles son esas leyes que discriminan a las mujeres. “Lo primero que tenemos que hacer en la ruta hacia legislaciones libres de discriminación es identificar cuáles son esas leyes que explícitamente, e indirectamente también, están discriminando a las mujeres, para reformarlas y mejorarlas desde la agenda de los Congresos”, explicó Luiza Carvalho, Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe.

“Las leyes, como base normativa de nuestras sociedades, también construyen la manera en la que vemos al mundo, y si algunas de estas leyes son discriminatorias, tenemos que atacar el problema de raíz, hasta lograr que el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres y sociedades igualitarias desde su normativa”.

El Equipo Latinoamericano de Justicia de Género, además de colaborar con ONU Mujeres para identificar y erradicar la legislación discriminatoria, trabaja para alcanzar la igualdad de género de manera sustantiva en la región, y puede conocer más de su trabajo aquí.
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Fuente: Servindi

jueves, 15 de septiembre de 2016

Banco mundial: Contaminación atmosférica, cuarto factor de decesos prematuros.


La contaminación atmosférica se convirtió en el cuarto factor de deceso prematuro en el mundo, provocando pérdidas por 225 mil millones de dólares en 2013 en la economía global, a consecuencia del impacto en los ingresos laborales, reportó este jueves el Banco Mundial (BM).
El aire contaminado mató a 2.9 millones de personas en 2013, según los últimos datos disponibles publicados en un informe de la institución. Si se suma la contaminación en los hogares, principalmente la resultante del uso de combustibles sólidos para calefaccionar o cocinar, el total de muertos se eleva a 5.5 millones.

El Banco Mundial caracterizó la contaminación atmosférica como la forma de contaminación más letal, y el cuarto factor principal de riesgo de fallecimientos prematuros en el planeta.
Las enfermedades causadas por la contaminación ambiental (cardiovasculares, cáncer de pulmón, y otras patologías pulmonares crónicas y respiratorias) son en consecuencia responsables de una muerte de cada 10 en el mundo, seis veces más que las producidas por el paludismo.

Cerca de 87 por ciento de la población del planeta está más o menos expuesta a este problema.
Estas pérdidas en vidas humanas son también sinónimo de mermas en términos de potenciales ingresos y de obstáculos al desarrollo económico, según cálculos del Banco Mundial.
En un estudio elaborado junto al Instituto de Mediciones y Evaluaciones de Salud (IHME, por sus siglas en inglés), el Banco Mundial estimó que si bien los fallecimientos relacionados con la contaminación del aire afectan principalmente a los niños pequeños y los adultos mayores, las muertes prematuras también provocan pérdidas de ingresos laborales en la población económicamente activa.

El estudio evalúa que las pérdidas de ingresos laborales imputables a esos decesos alcanzaron 225 mil millones de dólares en 2013. Además, esta contaminación provoca pérdidas en términos de bienestar, que totalizan 5.1 billones de dólares, dice el BM.
La contaminación atmosférica cuesta a América Latina y el Caribe ingresos laborales equivalentes a 0.13 por ciento de su producto interno bruto, mientras en Asia Meridional, la región más afectada, asciende a 0.83 por ciento.
El Banco Mundial calcula que alrededor de 90 por ciento de la población en los países de ingresos bajos y medianos están expuestos a niveles peligrosos de contaminación del aire ambiental.

Aseveró que las pérdidas mostraron un marcado incremento respecto de los 162 mil millones de dólares registrados en 1990, por lo que exhortó a los gobiernos a adoptar medidas urgentes para mejorar la calidad del aire.
La contaminación atmosférica es un desafío que amenaza el bienestar humano esencial, provoca daños al capital natural y físico, y restringe el crecimiento económico, indicó Laura Tuck, vicepresidenta de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial.
Al promover ciudades más saludables e inversiones en fuentes de energía más limpias podemos reducir las emisiones peligrosas, ralentizar el cambio climático y, lo que es más importante, salvar vidas, sostuvo.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales