jueves, 4 de febrero de 2010

¿Dios en Haití?


Asociación de teólogos y teólogas Juan XXIII.
España.
La tragedia de Haití suscita no pocas preguntas religiosas. La ciencia da respuestas acerca de por qué y cómo suceden los fenómenos pero, como decía Wittgenstein, una vez alcanzadas las soluciones científicas, permanecen las preguntas de sentido y significado, que escapan al ámbito científico.

En la tragedia de Haití concurren dos fenómenos convergentes y diferentes. Por una parte, la situación de la isla caribeña en una zona sísmica, con frecuentes terremotos y maremotos, expuesta también a huracanes y ciclones, en una de las partes más vulnerables del planeta.

Por otra, la agresiva mano del ser humano, que ha desforestado Haití, sobreexplotado sus reservas naturales y construido poblaciones y ciudades carentes de los mínimos de seguridad. Las condiciones extremadamente precarias en que los colonizadores dejaron el país, la tradición racista y esclavista, la corrupción generalizada, la dictadura de gobiernos explotadores, como los Duvalier, y la injusta distribución de los recursos han aumentado los males de la isla.

Se ha hundido todo, incluido el casco histórico y los organismos estatales, pero se ha preservado el moderno barrio rico de "Pétion Ville", en Puerto Príncipe, como también la vecina y menos desafortunada República Dominicana.

A la luz de estos datos, la pregunta religiosa "dónde está Dios" no es ni puede ser la primera. Haití ejemplariza lo que ya pasó con el tsunami de Indonesia y las hambrunas subsaharianas.

Hay pueblos, naciones y Estados que viven en la miseria, sin capacidad para defenderse de las catástrofes naturales. El orden internacional está montado sobre la concentración de riqueza en el 20% de la humanidad y el desamparo de buena parte de ésta. Por sí solos no pueden salir de su miseria, agravada por multinacionales que esquilman los recursos para obtener grandes beneficios en poco tiempo, gobiernos propios corruptos y vendidos, y países ricos que protegen sus intereses y los de sus compañías en el Tercer Mundo.

Sin este orden de cosas se hubiera podido evitar la repercusión de la catástrofe o habría sido muchísimo menor. Pero los habitantes de Haití son tan pobres que ni siquiera tienen capacidad para recibir y repartir la ayuda que les llega. ¿Quién tiene la culpa? El actual orden internacional que sólo puede sostenerse en base al poder económico, político y militar de los países ricos, y la persistente corrupción de las élites dirigentes del país.

¿Y Dios? Seguimos buscando al dios relojero de Newton, que ajusta la maquinaria del universo para arreglar sus disfuncionalidades. Pedimos milagros naturales, que Dios envíe las lluvias o las pare, detenga los tifones, haga prodigios. Eso era también lo que pedía el pueblo a Jesús, el deseo con el que el espíritu del mal le tentaba (poder, prestigio y dinero), y el sueño de los discípulos (un mesías milagrero).

Dos mil años después seguimos buscando un Dios-providencia a nuestro servicio, un super-padre protector y un ser omnipotente que nos proteja de la naturaleza. Pero Dios no intervino para evitar el Gólgota, ni tampoco en Auschwitz, ni ha evitado pestes, hambrunas y otros desastres.

Creemos, con todo, que el mal es también un misterio que encaja difícilmente con la imagen de un Dios omnipotente y misericordioso, sobre todo, cuando se traduce en sufrimiento de los pobres y de los inocentes.

La ciencia formula las leyes de la naturaleza y explica las causas de los desastres, facilitando el progreso y el avance en el control de ella. Dios no tiene celos del ser humano, imagen suya, sino que capacita a la persona para ser creadora y generar vida.

Le ha dado a la humanidad una responsabilidad en el mundo con la condición de que todos los seres humanos y la propia naturaleza participen equitativamente de las riquezas del universo. Defiende al pobre y al oprimido, y bendice a los que trabajan por la paz y la justicia, valores del Reino de Dios

Dios no es neutral, está en Haití en las víctimas y en cuantas personas trabajan allí solidariamente, se identifica con las víctimas y hace de ellas el criterio del juicio divino (Mt 25,31-46). Nadie tiene derecho a hablar en su nombre, sólo ellas y quienes comparten sus sufrimientos. Pero todos podemos y debemos hacernos presentes en Haití, atender a las necesidades urgentes de los haitianos y colaborar en su reconstrucción. Más eso no basta.

Dentro de pocos meses Haití será un mero recuerdo, excepto para los que siguen allí. La gran tragedia del siglo XXI es la de una humanidad que tiene recursos suficientes para acabar con el hambre y mitigar las catástrofes naturales, pero prefiere emplearlos en armamento, para defenderse de los pobres; en policías, para evitar que lleguen los inmigrantes a nuestras islas de riqueza; y en los despilfarros consumistas de una minoría de países.

Del mal de Haití somos todos responsables, especialmente los países más ricos, y la solidaridad no puede quedarse en un momento puntual, aunque sea necesaria, sino que exige otra forma de vida. Haití personifica hoy a los pueblos crucificados, y la única respuesta válida es comprometernos para que no haya màs Haitís asolados ni Palestinas masacradas, como tampoco ningún Auschwitz ni Hiroshima.

Todos tenemos que cambiar, y la referencia al Dios de Jesús ha de ser el gran acicate de justicia y solidaridad para los que nos llamamos cristianos.

Firman este documento los siguientes miembros de la Asociación Juan XXIII: Josè Luis Andavert, Xavier Alegre, Juan Barreto, Fernando Bermúdez, José Manuel Bernal, Rafael Calonge, José María Castillo (vocal), Josè Centeno, Juan Antonio Estrada, Benjamín Forcano, Máximo García Ruiz (vocal), Josè Ignacio Gonzàlez Faus, Julio Lois, Francisco Margallo, Eduardo Malvado, Albert Moliner, Federico Pastor (presidente), Jesús Pelàez, Victorino Pérez Prieto, Margarita Pintos, Josè Luis Quiròs, Ignacio Simal, Alfredo Tamayo Ayestaràn (vicepresidente), Juan Josè Tamayo-Acosta (secretario general), Rufino Velasco, José Vico, Evaristo Villar, Juan Yzuel.+ (PE/ Lupa Protestante)

PreNot 8708
100204

Fuente:



http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=4288


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martes, 2 de febrero de 2010

Vender el alma por una necesidad



La deserción del pueblo

El mayor mal a erradicar si queremos vivir con esperanza.

Por Josep Castelló.
Barcelona, España. UE.

Es más fácil someter a un pueblo que engañarlo. El alma humana intuye la verdad aunque no la conozca, y tan fuerte o más que el deseo de libertad lo es el de verdad.

Otra cosa es cuando el engaño es consentido, cuando por el motivo que sea el engañado se convierte en cómplice del engañante, pero en tal caso ya no debemos hablar de engaño sino de sumisión.

El engaño consentido es una forma como otra cualquiera de venderse el alma, de ceder la propia libertad a cambio de algo que se necesita, se aprecia o se desea. Y las personas, y por extensión los pueblos, tenemos muchas y muy diversas necesidades y deseos, condición que aprovechan los tiranos para someternos.

Clérigos y políticos han recurrido durante siglos al engaño consentido para estabilizar sus dominios. Sabedores de que no hay cadena mejor que la forjada en la mente del preso, han centrado sus empeños en hacer creer al pueblo que eso que les ofrecían era el mejor bien que podían lograr. Y así han conseguido que aceptasen su oferta y diesen libertad a cambio de subsistencia y aun de vida, pues a fuego y a espada se impusieron las ideologías y las creencias.

Tal es el caso de la imposición religiosa que los imperios hicieron a los pueblos sometidos. Junto a la esclavitud la religión, y así, seguir con vida a cambio de someterse iba acompañado de la promesa de felicidad en el más allá si aceptaban de corazón la esclavitud impuesta. Un regalo como de oferta, un dos por uno al modo de las rebajas que ofrecen los grandes almacenes.

Y también es éste el caso de los políticos, cuando entre rumores de sable ofrecieron libertades democráticas y redactaron constituciones “consensuadas” a pueblos oprimidos, las cuales esgrimen ahora como principios inamovibles y absolutos.

Pero tarde o temprano el engaño se derrumba, se silencian los sables y se clausuran los infiernos, y el pueblo engañado se va desengañando día a día y acaba volviéndose de espaldas al mentiroso, tanto si éste es político como clérigo. Y así se van quedando cada vez más vacías las iglesias y las urnas.

El problema, lo grave, es que el pueblo reacciona en negativo: ante las mentiras eclesiásticas, se torna materialista y frívolo, y ante las de los políticos se torna indiferente y deja que los locos de turno lleven el mundo por donde les dé la gana. No es sabio ese corte de mangas, esa indiferencia, ese lavarse las manos en cosas que conciernen a todo el mundo, sino una irresponsabilidad grave que vamos a pagar muy cara. Más todavía de lo que la estamos ya pagando.

Pero no podemos culpar al pueblo de esta deserción, de esta renuncia a sus obligaciones y derechos, porque ella es consecuencia del trato recibido y del que se le está dando, tanto en el orden civil como en el religioso. Políticos y clérigos coinciden en verlo como objeto en vez de tomar en cuenta su condición de sujeto. Para poder utilizarlo sin problemas lo instruyen a su modo y conveniencia, despersonalizándolo, deshumanizándolo, objetivizándolo durante todo el proceso educativo, llámesele a éste educación civil o catequesis. De modo que es ahí, en lo más alto, donde se halla la responsabilidad de tanto desatino.

El pueblo es la base de todo cuanto se hace en este mundo. Para bien y para mal, el pueblo es quien actúa, ora en dócil rebaño, ora en estampida incontrolable. Políticos y jerarcas no son nada sin él, ni pueden nada, ni van a lograr nada sino hundirnos. Tan sólo la conciencia del pueblo puede salvar al mundo del desastre hacia el cual nos abocan los locos que gobiernan.

Hay que respetar al pueblo para que recupere su conciencia. Hay que construir personas responsables ya desde la escuela, desde el parvulario hasta el final del secundario. La dimensión humana es la esencia de nuestra naturaleza, pero no crece si no se la cultiva.+ (PE)

Nota. Este artículo es integrante de una serie de notas de Josep Castelló englobadas en título genérico “Otro Mundo es Posible, Otra Educación es Necesaria” Ver PreNot 8661 del 100118 Sentir, pensar, creer….

PreNot 8702
100202

Fuente:
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=4282
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lunes, 1 de febrero de 2010

Chile: triunfó el original sobre la mala copia


Por Fernando Del Corro. (*)
Buenos Aires.

Los periodistas que cubrieron en Mar del Plata, la perla del Atlántico argentino, la cumbre americana de 2005 cuando el ex presidente estadounidense George Walker Bush llegó con la propuesta del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) no pueden llamarse a engaño.

En Chile no ganó la derecha poniendo fin a un prolongado período de gobiernos de izquierdas que presuntamente generaron cambios profundos a favor del pueblo de ese país. Como dijera el ex vicerrector de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Atilio A. Borón, parafraseando al ex presidente brasilero Fernando Henrique Cardoso, al final el votante termina prefiriendo el original a la copia, y en este caso a la mala copia.

El presidente “socialista” chileno Ricardo Lagos fue en esa ocasión uno de los más entusiastas a la hora de respaldar a Bush para la puesta en marcha. Junto con su colega mexicano Vicente Fox, que no ocultaba su condición de representante de las derechas, resultó

Lagos el principal socio de Bush, mientras los cuatro países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), junto con Venezuela se encargaron de desarticular el proyecto del ALCA. Algo que ya la Argentina había iniciado cuando entre fines de 1889 y comienzos de 1890 se desarrolló en Washington, la capital estadounidense, la Conferencia Panamericana donde se presentó el primer intento fallido en la materia. Esa vez los representantes argentinos apoyados por los chilenos mientras los brasileros jugaron a favor de la ya por entonces gran potencia del norte.

En estos días miles de columnas se han escrito para hablar de la victoria de la derecha chilena y de sus complicaciones para la integración regional. El ejemplo antes citado es más que suficiente para mostrar que al gobierno de la Concertación no le interesaba para nada avanzar por ese camino por lo menos durante sus tres primeras gestiones de los democristianos Patricio Aylwin y Eduardo Frei y del citado Lagos.

Durante el último, de la socialista Michelle Bachelet, las cosas cambiaron algo en esa dirección, pero no lo suficiente, habida cuenta de la composición de la coalición gobernante en la que tenían un rol predominante algunos personajes manifiestamente admiradores del pasado pinochetista como el canciller Alejandro Foxley.

Bachelet no alcanzó a cambiar esa imagen de la Concertación aunque avanzó tibiamente en algunas cosas que sus tres precursores no tuvieron en cuenta como en derechos humanos, el sistema previsional y el acercamiento a sus vecinos, incluyendo una negociación con vistas a dar una salida al mar a Bolivia. Pero los derechos humanos se siguieron violentando, en particular en el caso de los aborígenes, se insistió ante la Argentina pidiendo la extradición de asilados que habían huido de la dictadura de Augusto Pinochet y el régimen jubilatorio, aunque más matizado, siguió en manos de corporaciones financieras. Además no se hizo esfuerzo alguno para modificar la constitución pinochetista plenamente aplicada por la Concertación.

La enorme abstención que se produjo entre los sectores populares, sobre todo entre los de más bajos ingresos y los jóvenes muestra a las claras el rechazo a una gestión de dos décadas de “progresismo” donde la mascarada gestual no cambió el fondo de las cosas con una política económica que en lo esencial nada cambió respecto de la aplicada durante los tiempos del terrorismo de estado. Incluso el propio Pinochet fue defendido por la Concertación cuando resultó sometido a juicio y encarcelado en Europa por sus crímenes de lesa humanidad. Y cabe preguntarse porqué el recién derrotado Frei nada hizo durante sus años de primer magistrado siquiera por el asesinato de su padre, también ex presidente. Lo de antes suena más a compromiso con el régimen militar y lo de ahora como un manotazo de ahogado electoral.

Durante el gobierno de la Concertación Chile pasó a ser el segundo poder militar de América del Sur, detrás del Brasil y delante del Perú y la Argentina, según los estudios realizados por organismos brasileros como el portal “Military Power Review”.

El dinero presupuestario destinado a ello supera claramente al que se aplica para cualquier cuestión social. No es casual que en los barrios pobres muy poca gente se haya registrado para votar y que de ellos haya surgido la mayor parte del 21 por ciento de los votos que captó el candidato independiente de izquierda Marco Enríquez Ominami, con perspectivas de poder convertirse en una figura aglutinante para el futuro de manejarse con inteligencia en los próximos años.

En cambio no parece el mismo el futuro del Partido Demócrata Cristiano (PDC), extinto ya en casi todo el mundo, casi con la excepción de Alemania donde funciona como una expresión de la derecha y no del socialcristianismo. Habrá que ver cual puede ser el futuro del Partido Socialista (PS) si Bachelet logra darle nuevos bríos y el del Partido por la Democracia (PPD), la derecha socialdemócrata de Lagos. Y qué perspectiva de crecimiento tiene la coalición Partido Comunista (PC)-Partido Humanista (PH) que ha mejorado sus performances electorales obteniendo su primer legislador nacional en estas dos décadas.

Respecto de la gestión de Piñera, habida cuenta de lo sucedido en ese período de la Concertación, no parece que se introducirán grandes cambios. Chile ha optado por el camino de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y no del Mercosur, aunque si participa de la difusa Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que llegó a presidir Bachelet y condenar el golpe en Honduras., cosa que también hicieron otros gobiernos de derecha de la región.

Seguramente Piñera continuará con los TLC aunque por sus negocios particulares no le convienen futuros conflictos con la Argentina, donde es propietario, entre otras cosas, de la aerotransportadota LAN; con Perú, también sede de sus intereses, y con el que Chile debate problemas limítrofes en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), de La Haya (Países Bajos); y otros.

En ese marco hasta puede ser prudente en una esperada futura alianza de las derechas del Pacífico con Alan García en el Perú y Alvaro Uribe en Colombia. Y hasta, tal vez, cuando Petrobras se convierta en exportadora de Petróleo, se abastezca Chile en el Brasil en lugar de hacerlo, como actualmente, en Nigeria, porque, en definitiva, la Concertación nunca le compró a la Venezuela liderada por Hugo Rafael Chávez.+ (PE)

(*) Periodista, historiador graduado en la Facultad de Filosofía y Letras (FyL) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), docente en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la UBA en "Historia Económica Argentina" y subdirector de la carrera de "Periodismo económico" y colaborador de la cátedra de grado y de la maestría en "Deuda Externa", de la Facultad de Derecho de la UBA. Asesor de la Comisión Bicameral del Congreso Nacional para la Conmemoración del Bicentenario 1810-2010. De la redacción de MERCOSUR Noticias. El presente artículo fue editado por El Atlántico de Mar del Plata.

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100201

Fuente:
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=4281

domingo, 31 de enero de 2010

Leonardo Boff: Lamento a Dios por Haití


Hay un viacrucis de sufrimiento con estaciones que nunca terminan en el pequeño y pobre país de Haití. Sufrimiento en el cuerpo, en el alma, en el corazón, en la mente asaltada por fantasmas de pánico y de muerte. También hay mucho sufrimiento en todos los seres humanos que no han perdido el sentido mínimo de humanidad y de solidaridad. De esta compasión universal nace una misteriosa comunidad que anula las diferencias, las religiones, las ideologías que antes nos separaban y nos dividían. Ahora sólo cuenta la común humanitas absurdamente maltratada, que debe ser socorrida.

Con cada haitiano que sufre bajo los escombros o que muere de sed y de hambre, también nosotros morimos un poco con él. A fin de cuentas somos hermanos y hermanas de la única y misma familia. ¿Cómo no sufrir?

Pero hay también un sufrimiento profundo y desgarrador en las personas de fe que proclaman que Dios es Padre y Madre de bondad y de amor. ¿Cómo seguir creyendo? Quejosos nos preguntamos: «Dios, ¿dónde estabas cuando se formó aquel temblor que diezmó a tus hijos e hijas más pobres y sufridos de todo Occidente? ¿Por qué no interviniste? ¿No eres el Creador de la Tierra con sus continentes y sus placas tectónicas? ¿No eres Padre y Madre de ternura, especialmente, de aquéllos que son como tu Hijo Jesús los injustamente crucificados de la historia? ¿Por qué?

Este silencio de Dios es aterrador, porque simplemente no tiene respuesta. Por más que genios como Job, Buda, San Agustín, Tomás de Aquino, Leibniz hayan diseñado argumentos para eximir a Dios y explicar el dolor, no por eso el dolor desaparece ni la tragedia deja de existir. La comprensión del dolor no elimina el dolor, del mismo modo que oír recetas de cocina no quita el hambre.

El mismo Jesús no estuvo exento de la angustia y el sufrimiento. Desde lo alto de la cruz lanzó un grito desgarrador al cielo, quejándose: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Damos la razón a Job, irritado con sus «amigos» que le querían explicar el sentido de su dolor: «Vosotros no sois más que charlatanes y falsos médicos: si al menos os callaseis, los hombres os tomarían por sabios». Pero no podemos callar. Hay demasiado dolor y la noche es tenebrosa. Necesitamos alguna luz.

Aun incluso sin luz, seguimos creyendo con el corazón partido, porque estamos convencidos de que el caos y la tragedia no pueden tener la última palabra. Dios es tan poderoso que puede sacar bien del mal, sólo que no sabemos cómo. Esperanzados, apostamos por esta posibilidad que no deja que nuestras lágrimas sean en vano. Creemos además que Dios puede ser aquello que no comprendemos. Por encima de la razón que quiere explicaciones, está el misterio que pide silencio y reverencia. Él esconde el sentido secreto de todos los eventos, también de los trágicos.

Me identifico con el poema de un gran argentino, Juan Gelman, que perdió un hijo durante la represión militar:

«Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
¿un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?»

Que el Padre baje sobre el pueblo haitiano con su amor.

ALBA pidió a ONU asumir coordinación de ayuda internacional a Haití


» Señaló que la fuerte presencia militar de Estados Unidos no es un mecanismo efectivo para enfrentar la crisis tras el terremoto
» Plan estratégico de ALBA para reconstrucción de Haití, incluyendo hospitales, plantas potabilizadoras de agua, agricultura, producción de alimentos y pesca
» ALBA no fue a Haití, ya estaba en Haití y compartió lo que se vivió allí con el terremoto, dijo canciller cubano, Bruno Rodríguez

24 de enero de 2010 | 20:36:11

Los cancilleres de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) acordaron este domingo instar a la Organización de Naciones Unidas (ONU) a encargarse de la coordinación de la ayuda internacional que es enviada hacia Haití.

Los ministros del Exterior de la instancia integracionista plantearon que la fuerte presencia militar de Estados Unidos en territorio haitiano no es un mecanismo efectivo para enfrentar la crisis tras el terremoto del pasado 12 de enero.

En reunión extraordinaria celebrada en Caracas, los titulares también evaluaron la creación de un plan estratégico de ALBA para la reconstrucción de Haití, el cual se desarrollaría a mediano y largo plazo.

Dicho programa incluiría hospitales, plantas potabilizadoras de agua, reactivación de la agricultura, producción de alimentos y pesca, entre otros aspectos, respetando siempre la soberanía e independencia de la nación caribeña.

Para ello, se creará un fondo destinado específicamente a la reconstrucción de ese país devastado por el sismo de magnitud 7,3 que costó la vida a más de 150 mil personas. El fondo será financiado por el Banco de ALBA y otras entidades dispuestas a colaborar con la superación de la emergencia.

Uno de los puntos principales acordados es el envío de un fuerte contingente médico que se unirá a los que ya permanecen en la nación caribeña, para que atiendan a la mayor cantidad de personas en sus propias casas y en los hospitales.

Tenemos la capacidad de hacer llegar la ayuda médica directamente a la población, dijo el canciller cubano, Bruno Rodríguez, quien recordó que la ALBA no fue a Haitì después del terremoto, “la ALBA estaba en Haití ya y compartió lo que se vivió allí”.

Otro de los planteamientos se basó en la ayuda energética a través de Petrocaribe para el envío de combustible a Haití y también la manera de surtir a la nación de electricidad.

"Tenemos que aplicar con la mayor fuerza toda la experiencia del ALBA en las áreas de educación, alimentos e infraestructura, y estoy seguro que este plan ayudará a la reconstrucción de un Haití independiente y soberano, que se levante por encima de la tragedia que está viviendo”, afirmó el canciller venezolano, Nicolás Maduro.

Por su parte, el presidente venezolano, Hugo Chávez, denunció que los barcos enviados con ayuda desde Suramérica no pueden entrar a los puertos haitianos habilitados porque están tomados por los militares estadounidenses.

La iniciativa regional está integrada por Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Honduras, Dominica, Antigua y Barbudas, Cuba, Venezuela y San Vicente y las Granadinas.

Fuente:

http://www.lavozdelsandinismo.com/alba/2010-01-24/alba-pidio-a-onu-asumir-coordinacion-de-ayuda-internacional-a-haiti-/

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