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miércoles, 7 de diciembre de 2016

¡El que contamina, que pague!


Próximamente, tendrá lugar un voto decisivo en el Parlamento Europeo para decidir si se hace pagar a las industrias contaminantes por el daño que causan. El voto será muy ajustado, pero todavía podemos convencer a nuestros eurodiputados de que voten por una ley fuerte.

Con el suficiente poder y dinero, siempre puedes salirte con la tuya.¿Verdad? Esto es lo que piensan las industrias contaminantes, al no ser ellas quienes sufren las consecuencias de la contaminación que provocan. Pero finalmente, esto podría cambiar.

La Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo está a punto de votar una propuesta para una ley europea que pondría un precio a la emisión de carbono. Es nuestra oportunidad para conseguir que las centrales eléctricas paguen por la contaminación que generan y por destruir el equilibrio climático. Pero si no actuamos ahora, es posible que se apruebe un ley insuficiente que impida que hagamos nada al respecto durante los próximos 15 años.

Será una votación muy ajustada. La Comisión está formada por 72 miembros. Sabemos que 18 eurodiputados apoyarán una ley fuerte, pero también nos consta que 18 miembros se opondrán. No sabemos qué votarán el resto de eurodiputados, pero tenemos razones para estar preocupados: después de la elección de Donald Trump, los integrantes de la Comisión andan muy bajos de moral y las esperanzas de adopción de una política climática ambiciosa parecen desvanecerse. ¡Y es aquí donde entramos en escena!

Vamos a inundar las cuentas en redes sociales de los eurodiputados indecisos con palabras de aliento… ¡y demandas de acción! Les haremos llegar nuestra petición a sus despachos para que sepan que les hacemos responsables de su voto. Para ello, necesitamos estar más unidos que nunca: con cada firma, cada tuit y cada correo electrónico, la victoria está más cerca.



Para que las industrias contaminantes dejasen de ensuciar, la Unión Europea ideó una forma de negociar con ellas en el único lenguaje que entienden - el del dinero, y creó leyes para forzarlas a pagar por las emisiones que generan. Pero el precio es demasiado bajo y este ineficiente sistema necesita una reforma urgente.

Ahora la decisión les corresponde a nuestros eurodiputados, sometidos a una gran presión. Las multinacionales están utilizando todo tipo de artimañas para que la nueva ley no sea muy ambiciosa. Y con la elección de Donald Trump como presidente de los EEUU, los medios de comunicación ya están anunciando el fin de la lucha contra el cambio climático antes incluso de que haya empezado. Debemos aprovechar la fuerza de nuestra comunidad para convencer a los eurodiputados de que voten una ley que obligue a las industrias contaminantes a pagar lo que les corresponde por el daño que causan.

Si conseguimos que al menos 100.000 se unan a esta causa, los miembros de la Comisión no podrán pasar por alto que la lucha contra el cambio climático importa muchísimo a sus votantes. No dejes pasar esta oportunidad para cambiar las cosas.


Movemos Europa unifica las demandas de los europeos para luchar contra los grandes desafíos de nuestra época, el cambio climático entre ellos. Exigimos que nuestros políticos actúen y promuevan una Unión Europea justa y progresista, que anteponga el medio ambiente y el bienestar de generaciones futuras a los intereses de las multinacionales. Juntos estamos construyendo un gran movimiento. ¿Quieres ayudarnos a crecer? ¡Pide a tus contactos que firmen la petición!

Movemos Europa.

PD: La semana que viene, estaremos en el Parlamento Europeo colgando carteles con nuestras demandas en las puertas de los despachos de los 72 eurodiputados. ¡No podrán ignorar nuestra petición! ¡Hagámosla memorable! ¡Firma ahora!

domingo, 24 de julio de 2016

Distintas formas de “vender a la madre”.



Cristianos para el Tercer Milenio

Día tras día la corrupción es sostenida en la agenda pública por una catarata mediática que, aunque muchas veces se nutre de supuestos o de interpretaciones jurídicas amañadas, viene poniendo a la luz graves hechos de corrupción.
Como cristianos no podemos eludir la más llana y absoluta condena a esta relación degenerada entre la política, el poder y el dinero. Esta relación, que reniega de la dignidad del hombre para instalar en su lugar el culto del dinero, se ha manifestado como nunca antes en el sistema capitalista, que acumula y concentra las riquezas robándoselas a los preferidos de Dios y se transforma finalmente, como lo dijera Francisco, en un “proceso de muerte”.

Como cristianos tenemos entonces la obligación de confrontarla sin ambages en todas sus manifestaciones.

La corrupción como cultura

La primera es la obligación de denunciar que la corrupción tiene una similar naturaleza, cualquiera sea el monto de dinero involucrado. La corrupción diaria – la coima, las ventas “en negro”, los empleados no registrados, las escrituras “por menor valor”, la evasión impositiva, y un largo y cotidiano etcétera – sólo se diferencia de la que hoy se condena en los medios por el monto y por que, por la responsabilidad de sus protagonistas, afecta el cumplimiento de un servicio público y la ejemplaridad a la que se encuentran obligados los funcionarios.

La financiación de la política

También debemos denunciar la corrupción destinada a alimentar “la caja” de los partidos políticos. Esta forma de financiación de la política, de la que no parece haberse privado ningún gobierno en el último medio siglo, no sólo es condenable en sí misma sino también porque hace imposible evitar que se generen o toleren negocios particulares. En este sentido será imprescindible seguir avanzando hacia mecanismos legales de financiación de la política que equiparen las posibilidades de todos y que sean, además de transparentes, férreamente controlados, por las instituciones y la opinión pública.

Toda la corrupción

Pero fundamentalmente estamos obligados a condenar toda la corrupción y no sólo la del adversario político, como ocurre hoy con mucha frecuencia.

Como dice Francisco a la “Madre Patria no se la vende”, pero a la Patria se la vende no sólo con coimas, sobreprecios y “retornos”, sino también con “decisiones de política económica” diseñadas para permitir enormes transferencias de ingresos a favor de los poderosos, para facilitar la fuga de dinero “negro” a los paraísos fiscales, promover la inversión en títulos nacionales con intereses usurarios, desgravar a la especulación financiera y otorgar “amnistías” a quiénes evaden impuestos. A la patria se la vende también habilitando el saqueo de los recursos naturales no renovables o explotaciones con fuerte impacto ambiental.

Es por eso que los cristianos también estamos obligados a romper con el “monopolio del sentido” impuesto por los principales medios y conseguir que esas formas espurias de transferencias de ingresos en detrimento de la Madre Patria y de los pobres, salgan del limbo técnico en que se encuentran y comiencen a ser llamadas como lo que son: actos de corrupción y verdaderos “procesos de muerte” contra los más débiles.

Sumamos nuestras oraciones y nuestro compromiso con la construcción de una patria sostenida en la solidaridad con las víctimas del sistema, la lucha contra la injusticia social y el ejercicio responsable del poder.

Rodolfo Luis Brardinelli, Rodolfo Briozzo, Angel Bruno, Ana Cafiero, Eduardo Casado Sastre, Cristina Domeniconi, Miguel Ángel Ferrara, Alicia Ladrón de Guevara, Luis Miraldi, Hernán Patiño Mayer, Rogelio Ponsard, Portillo Fernando