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martes, 5 de mayo de 2020

Enfrentaremos peores pandemias si no protegemos la naturaleza.

Imagen: Shutterstock.com

por Josef Settele, Sandra Díaz, Eduardo Brondizio y Dr. Peter Daszak. 

Los humanos son la única especie responsable de la pandemia de COVID-19, aseguran prestigiosos científicos.

NHM, 3 de mayo, 2020.- Un artículo describe cómo el abuso del mundo natural por parte de la humanidad ha causado una "tormenta perfecta", permitiendo que patógenos mortales se propaguen por todo el mundo.

El documento publicado por la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), advierte que podría haber algo aún peor en camino: enfrentarnos a pandemias más frecuentes a menos que abordemos las causas profundas de ésta, que ya ha afectado a millones de personas en todo el mundo.

Nuestra mala relación con la naturaleza

La IPBES es un grupo global que estudia la biodiversidad o la variedad de vida en la Tierra. Respaldada por las Naciones Unidas, examina cómo interactúan los humanos y la naturaleza y hace recomendaciones a los gobiernos sobre cómo ambos pueden prosperar.

Varios científicos del Museo trabajan junto a expertos de la IPBES, que incluso en un informe histórico en 2019 advirtió que los humanos enfrentaremos graves consecuencias si continuamos ejerciendo presión sobre los recursos naturales.

Se descubrió que la salud de los ecosistemas de los que todos dependemos se está deteriorando más rápidamente que nunca debido a cómo los humanos explotan y contaminan la naturaleza.


Uno de los mayores problemas que enfrentamos es la cantidad de superficie de la Tierra destinada a la producción de alimentos. Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi el 75% de los recursos de agua dulce ahora se dedican a la producción agrícola o ganadera, lo que reduce los lugares silvestres de la Tierra y presiona a las especies nativas. 

Ahora, los colegas han dado seguimiento aquella advertencia anterior y han echado la culpa de la crisis del COVID-19 a la puerta de los sistemas capitalistas globales que priorizan el dinero sobre el bienestar humano.

Según el informe de 2020 de cuatro investigadores líderes en biodiversidad, "enfermedades como COVID-19 son causadas por microorganismos que infectan nuestros cuerpos, con más del 70% de todas las enfermedades emergentes que afectan a las personas originadas en la vida silvestre y los animales domésticos".

Sin embargo, las pandemias son causadas por actividades que ponen en contacto directo a un número creciente de personas y, a menudo, entran en conflicto con los animales que portan estos patógenos.

"La deforestación desenfrenada, la expansión incontrolada de la agricultura, la agricultura intensiva, la minería y el desarrollo de infraestructura, así como la explotación de especies silvestres han creado una 'tormenta perfecta' para la propagación de enfermedades desde la vida silvestre a las personas".

Uno de los mayores problemas que enfrentamos es la cantidad de superficie de la Tierra destinada a la producción de alimentos. Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi el 75% de los recursos de agua dulce ahora se dedican a la producción agrícola o ganadera, lo que reduce los lugares silvestres de la Tierra y presiona a las especies nativas. 

También obliga a los animales salvajes a acercarse aún más a los humanos, por lo que es cada vez más probable que las enfermedades hagan el salto entre los dos.


Sin embargo, los científicos advierten que, incluso a medida que se reactiven las economías, las regulaciones ambientales deben ser prioritarias en todas las listas de prioridades de los gobiernos. 

El pensamiento actual es que es probable que el comercio no regulado de animales salvajes haya sido el catalizador de la pandemia de COVID-19, que comenzó en un mercado de animales vivos. 

Los científicos aún no están seguros de qué especie transmitió el virus a los humanos, pero es cierto que la forma en que tratamos a los animales juega un papel importante en cómo comienzan y se propagan las enfermedades contagiosas.
La amenaza permanece

El COVID-19 puede ser solo el comienzo, ya que el informe advierte que "es probable que las futuras pandemias ocurran con mayor frecuencia, se propaguen más rápidamente, tengan un mayor impacto económico y maten a más personas si no tenemos mucho cuidado con los posibles impactos de las elecciones que tenemos que hacer hoy".

Los gobiernos de todo el mundo ya están considerando cómo reparar parte del daño que el COVID-19 ha causado.

Sin embargo, los científicos advierten que, incluso a medida que se reactiven las economías, las regulaciones ambientales deben ser prioritarias en todas las listas de prioridades de los gobiernos. 

Sostienen que en lugar de apresurarse a entregar paquetes de rescate a industrias perjudiciales, los gobiernos deberían encontrar una manera de equilibrar el crecimiento económico y mantener a sus ciudadanos a salvo de daños.

Se sugiere un enfoque de "una sola salud", en el que los gobiernos reconocen que la salud de la humanidad depende de un medio ambiente saludable.

Y concluye: "Podemos reconstruir mejor y salir de la crisis actual más fuertes y resistentes que nunca, pero hacerlo significa elegir políticas y acciones que protejan la naturaleza, para que la naturaleza pueda ayudar a protegernos.

Lea el artículo completo en el sitio web de IPBES. Fue escrito por Josef Settele, Sandra Díaz, Eduardo Brondizio (copresidentes del Informe de Evaluación Global IPBES 2019 sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas) y el Presidente de EcoHealth Alliance, Dr. Peter Daszak. Los científicos del Museo de Historia Natural no estuvieron involucrados.
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domingo, 26 de abril de 2020

Propuestas realistas para que la época del coronavirus sea la del cambio.



Fortalecimiento de la democracia, desmantelamiento de la carrera armamentista, reforzamiento de la cooperación global, transformación de la arquitectura financiera mundial, configuración de la economía con criterios sociales y ecológicos, valoración del bien común como primer mandamiento, las deuda de los sistemas de salud y la seguridad social; son las propuestas del economista Hans-Jürgen Burchardt para que la época del coronavirus sea la del cambio.

Por Hans-Jürgen Burchardt*

Nueva Sociedad, 24 de abril, 2020.- El coronavirus ha desnudado las desigualdades del capitalismo y ha mostrado más claramente el sufrimiento de los países de América Latina. Esta crisis puede abrir el camino hacia una redefinición del orden mundial que establezca criterios de justicia, igualdad y transformación social y ecológica. Para eso, habrá que dar una dura batalla.

Las imágenes de los muertos en las calles de la ciudad de Guayaquil, en Ecuador, o en los abarrotados estadios-hospitales en Brasil, serán recordadas por mucho tiempo. Pronto se leerá: «El virus fue mortal. Era rápido como un rayo, invisible e imparable. Particularmente insidioso, pérfido: se alimentaba de los viejos y los débiles».

Así, o similares, serán las narraciones que un día describan la crisis en la época del coronavirus. Se hablará de «época», porque una cosa está clara: para cuando hayamos enterrado a nuestros muertos y hayamos hecho nuestros duelos, ya todo habrá cambiado. Es por eso que vale la pena ir pensando, desde ahora, en lo que estamos viviendo.

La política también mata. Desde el decenio de 1980, la política ha avanzado decidida y convincentemente, sin límites ni sensibilidad. Desde entonces, tanto en América Latina como a escala internacional, se ha volcado hacia la optimización de las condiciones de los mercados financieros, de las grandes fortunas y de las empresas. Abrió la puerta a la globalización económica y obstaculizó su regulación social y ecológica. En todo el mundo se descuidaron las políticas de protección social y se destruyó el medio ambiente.

Con el desarrollo del neoliberalismo, muchos fueron lanzados a la pobreza. Hoy en día, miles de millones de personas en todo el mundo viven en la miseria. Este ha sido un escenario particularmente obsceno porque se ha producido, además, bajo la bandera de la prosperidad, la libertad y la democracia.


No solo mata el altamente infeccioso coronavirus. También son letales las profundas trincheras de la desigualdad social, la miseria material de gran parte de la población y la completa ausencia o fragmentación de los servicios sociales. 

No solo mata el altamente infeccioso coronavirus. También son letales las profundas trincheras de la desigualdad social, la miseria material de gran parte de la población y la completa ausencia o fragmentación de los servicios sociales. Todas estas son cuestiones que la política ha ignorado, tolerado o, incluso, promovido.

Al igual que en Estados Unidos o en Europa, en América Latina las vidas se pierden no solo por la agresividad de un virus, sino por la fractura social, la sobrecarga laboral y la ausencia de financiación de los servicios de cuidado y de salud.


En América Latina –como en la mayoría de las demás regiones del Sur global–, el distanciamiento social es una terapia de lujo que solo una minoría puede permitirse. 

En América Latina –como en la mayoría de las demás regiones del Sur global–, el distanciamiento social es una terapia de lujo que solo una minoría puede permitirse. Más de la mitad de la población económicamente activa de la región trabaja en la economía informal. La subsistencia de familias enteras depende de su desempeño en calles y mercados.

Por lo tanto, la cuarentena y la interrupción del trabajo significan hambre, inanición o incluso la muerte. Esto alimenta la escalada social, la violencia y los conflictos políticos. Además, el virus no distingue fronteras ni estratos sociales. Las clases medias y altas también sufren recortes y sienten, por primera vez, lo dependientes que son sus privilegios de sus mal pagados empleados. Por eso la cuarentena no puede ser la única respuesta para el contexto latinoamericano.

La crisis del coronavirus, que pone en cuarentena a un tercio de la población mundial, está llevando a muchas familias a los límites de su resiliencia. La cuarentena, sin embargo, también abre espacios para pensar en nuestro mundo después del coronavirus.

Seguimos sin estar preparados. Nos encontramos inseguros y asustados. Pero quizás podamos, al menos, ganar algo nuevo durante la desaceleración forzada, sobre todo desde los lugares donde no hay una lucha diaria por la supervivencia: una reflexión sobre el futuro.


La «coronacrisis» legitima la concentración del poder en el Ejecutivo y vuelve seductoras las medidas autoritarias y represivas. 
Fortalecer la democracia

En la actualidad, muchos países se encuentran en circunstancias excepcionales y requieren medidas de ese mismo tipo. Los Estados del mundo parecen estar respondiendo al llamado del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y están declarando la «guerra al coronavirus». Sin embargo, muchas medidas, como las operaciones militares, los toques de queda y las prohibiciones de reunión, traen consigo recuerdos desagradables de tiempos que creíamos que habían pasado. Los Estados de América Latina saben muy bien cómo se manejan las guerras, especialmente las domésticas. La «coronacrisis» legitima la concentración del poder en el Ejecutivo y vuelve seductoras las medidas autoritarias y represivas. ¿Cuánto se socava la democracia en esta lucha contra el coronavirus? Una acción decisiva es tan indispensable como mantener la máxima transparencia en la información sobre las medidas y su aplicación. Los derechos democráticos no deben ser restringidos en tiempos de crisis. Se debe prestar especial atención a la participación social y política y a las minorías.


Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) deberían ser los abanderados y frenar la actual carrera armamentista. 
Desmantelando la carrera armamentista 

La lucha contra el virus como «enemigo invisible» ha estado, con demasiada frecuencia, plagada de metáforas bélicas por parte de los gobernantes de Estados Unidos, Europa, China e incluso por los líderes de América Latina. Pero el coronavirus no conoce fronteras nacionales y no puede ser derribado con disparos. Quien quiera derrotarlo debe ajustar sus estrategias: un primer paso sería la suspensión inmediata de todas las acciones bélicas, seguida del cese de todas las acciones militares amenazantes, como las de Estados Unidos hacia Venezuela. Otra medida debería reorientar de forma inmediata los fondos de los gastos militares hacia la financiación de la salud pública mundial. Actualmente, los gastos para armamentos ascienden a 1,8 billones de dólares. Con fondos de esta magnitud no solo se logrará combatir el coronavirus, sino también establecer una atención médica básica en muchos países del Sur global. Esta propuesta tiene implicancias concretas para América Latina, en tanto el gasto militar de la región en 2018 aumentó en 3% en comparación con el año anterior. Con un gasto de alrededor de 1,5% del PIB, Brasil es actualmente el país que más está invirtiendo en armamento. Quien decide sobre los armamentos es exclusivamente el Estado. Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) deberían ser los abanderados y frenar la actual carrera armamentista.


La pandemia es, por lo tanto, una advertencia para fortalecer y ampliar nuevamente el multilateralismo. 
Reforzar la cooperación global

La pandemia transfronteriza exige una respuesta mundial coordinada. El aterrorizante número de muertos en Estados Unidos da un nuevo y brutal significado al postulado de «América primero». Nos recuerda que los esfuerzos nacionales aislados no han podido prevenir ni evitar la propagación del virus. Por el contrario, estas posturas están exacerbando sus consecuencias. Una respuesta internacional concertada habría frenado y contenido la difusión del virus. Pero la cooperación multilateral ha perdido influencia en estos últimos años. La pandemia es, por lo tanto, una advertencia para fortalecer y ampliar nuevamente el multilateralismo.

En la lucha contra la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado –a pesar de todas las criticas recientes– la eficacia de la cooperación multilateral. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en cambio, hace alarde de su desprecio por la humanidad cuando se niega a ayudar a un país como Venezuela, que ha sido asolado por una catástrofe social. Las lecciones son simples: más recursos y más democratización para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y para las organizaciones regionales e internacionales, suspensión inmediata de todas las sanciones contra países como Irán, Cuba o Venezuela por motivos humanitarios. Se necesita rápidamente condonar la deuda de los países vulnerables, a través del FMI y el Club de París. También con este fin resulta necesario el establecimiento de un amplio fondo de ayuda internacional para el Sur global. La propuesta de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo de un Plan Marshall global de 2,5 billones de dólares es un paso en la dirección correcta. Todo sistema sanitario débil crea residuos locales para el virus, a través de los cuales nuevas olas pandémicas se propagarán globalmente a mediano plazo.
Transformar la arquitectura financiera mundial

En la última crisis financiera, los responsables (los grandes bancos y otros actores globales) solo fueron rescatados gracias a una drástica intervención estatal. Esta experiencia no ha frenado a estos sectores en su insaciable búsqueda de ganancias: el número de multimillonarios en todo el mundo casi se ha duplicado desde 2008. Incluso ahora se ha intentado sacar provecho de la crisis del coronavirus, como lo ha demostrado la especulación contra el euro. Los instrumentos económicos solo pueden, en escasa medida, alinear los mercados financieros con la financiación de los servicios públicos o con las inversiones ecológicas. Por lo tanto, debemos erradicar las ideas neoliberales de austeridad e implementar préstamos públicos masivos, que deben ser garantizados internacionalmente por el FMI y los bancos regionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).


Es hora de asumir la responsabilidad de estos superricos y aumentar sus tasas tributarias. Desde el punto de vista técnico, su implementación no es tan difícil. 

Al mismo tiempo, necesitamos una regulación democrática de los mercados financieros mediante controles más estrictos de los créditos y las transferencias de capital. Las ganancias de los activos y del capital deben ser gravadas más fuertemente. Según Oxfam, alrededor de 2.150 multimillonarios tienen ahora más riquezas que 60% de la población mundial. Es hora de asumir la responsabilidad de estos superricos y aumentar sus tasas tributarias. Desde el punto de vista técnico, su implementación no es tan difícil. De hecho, cada país de América Latina puede hacerlo por sí mismo. Lo relevante de la cooperación internacional es que puede drenar a los paraísos fiscales y evitar la fuga de capitales. El debilitamiento de la Bolsa de Valores de Londres está abriendo excelentes oportunidades en esta dirección.
Configurar la economía con criterios sociales y ecológicos

Hoy en día, es en Estados Unidos y Europa donde se están elaborando los mayores paquetes de apoyo económico después de la Segunda Guerra Mundial. También en algunos países latinoamericanos como México se pretende contener los efectos económicos de la crisis mediante programas de ayuda gubernamentales. Este apoyo es esencial para amortiguar los efectos de la crisis. El tiempo del coronavirus debe convertirse en el tiempo de un nuevo New Deal mundial, que no solo incluya a todos, sino que comprometa a todos (incluidas las empresas y los ricos) y en el que el Estado democrático no solo despeje el camino, sino que marque el ritmo y establezca los objetivos.

Es sorprendente lo poco imaginativos que han sido hasta ahora los programas de muchos gobiernos. Sus enfoques principales han sido la estabilización y el mantenimiento sistémico. Pero especialmente ahora hay oportunidades extraordinarias para comprometer más fuertemente toda la economía con formas de producción ecológicamente compatibles, para reducir el transporte privado en favor de la movilidad pública, para ampliar las fuentes de energía sostenible, etc. También hay que velar por que se preste un apoyo especial a la economía local, a las pequeñas y medianas empresas y a las economías regionales y por que se acorten las cadenas de suministro y producción, en particular en lo que respecta a los criterios de sostenibilidad.

Este es el momento en que América Latina puede realinear su matriz productiva, reflexionar sobre el potencial del mercado interno y reducir la dependencia de las exportaciones de materias primas, las remesas y el turismo. Sin renunciar drásticamente al comercio mundial, que a través de una ponderada e inteligente regulación puede generar efectos de bienestar para todos, los gobiernos deberían considerar hasta qué punto una re-regionalización de ciertas relaciones económicas no solo sería buena para el clima. La noticia de que ciertos países alcanzarán inesperadamente sus objetivos climáticos debido a la «coronacrisis» solo parece cínica a primera vista. Lo que hay que proyectar ahora es un cambio social que sea tanto ecológico como socialmente decente, como sugieren los enfoques de la llamada «transición justa».
El bien común como primer mandamiento

Si no es solo el coronavirus lo que mata, sino también el descuido de nuestros bienes comunes, debemos finalmente dedicar suficientes recursos a nuestros servicios públicos. Aquí, las actividades reproductivas del cuidado deben ser revalorizadas. 18 millones de personas en América Latina (7% de la fuerza de trabajo) se desempeñan en el servicio doméstico. Más de 90% de ellas son mujeres y casi 80% están empleadas sin contrato de trabajo, sin seguridad social y con salarios bajos. Los indígenas y los negros están sobrerrepresentados en este grupo.

Solo la crisis del coronavirus les ha atribuido a estas actividades la importancia que siempre han tenido para todos nosotros: son «sistémicamente relevantes». La OMS estima que habría que cubrir alrededor de seis millones de puestos de trabajo a escala mundial en el sector del cuidado para poder cumplir la meta para 2030 de garantizar el objetivo 3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) vinculado a la salud y el bienestar. Grandes zonas de América Latina, también experimentan el grave impacto de esta escasez.
La deuda de los sistemas de salud

Lo más imperioso en esta coyuntura es poner aceleradamente los fracturados y disfuncionales sistemas de salud en condiciones de poder hacer frente a la avalancha de enfermos de Covid-19. Sin embargo, para el escenario latinoamericano, esto sería una tarea titánica, pues apenas hay servicios públicos eficientes. Esto claramente demuestra otras de las limitaciones de los gobiernos progresistas de América Latina de los dos últimos decenios. Aun cuando han sacado a muchas personas de la pobreza, no han utilizado los enormes ingresos del boom de las materias primas para construir sistemas de salud pública robustos y consolidar las garantías de derechos sociales. La situación actual de Venezuela es particularmente trágica a este respecto, pero los países con sistemas de atención de salud de amplia cobertura, como Cuba y Uruguay, también están siendo sometidos a una enorme prueba de estrés debido al alto nivel de envejecimiento de sus sociedades.
Seguridad social

En los países con una atención sanitaria deficiente y una elevada proporción de economía informal, solo quedaría la alternativa de una ayuda inmediata y directa para la seguridad básica de la población pobre. La experiencia de los gobiernos progresistas que implementaron políticas de transferencias de ingresos (como el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff) ha demostrado que esas medidas pueden ser muy eficaces y tienen bajos costos (en promedio, menos de 1% del PIB nacional). La creatividad para trazar estrategias de garantías de seguridad básica ha quedado demostrada por el presidente de El Salvador, quien no solo ordenó una cuarentena de un mes en un plan de emergencia, sino que al mismo tiempo decretó una amplia equiparación de cargas (como la suspensión de pagos de alquileres, préstamos, electricidad, etc.), lo que garantiza una red de protección básica para los más pobres. También el gobierno argentino sostiene una amplia política social de emergencia, Esta política contrasta con la adoptada por Chile, que implementó un paquete económico que supuso un notable 4,7% del PIB, pero que ofrece pocas medidas para los vulnerables. En aquellos países donde no se han implementado estrategias de seguridad básica adecuadas –o donde no ha existido la voluntad política–, los resultados pueden no ser los más deseados. El costo de la sangre será imperdonablemente alto, como muestran las dramáticas imágenes de Guayaquil.

Después de la crisis del coronavirus, el objetivo debe ser construir una estructura pública lo más universal posible, mediante una inversión masiva en infraestructura de salud, cuidado, educación, protección social, servicios básicos, transporte y fortalecimiento de las zonas rurales. Esto solo puede lograrse a través del espíritu colectivo. Aquí es donde las elites económicas de América Latina tienen un primer deber. En algunos países, su concentración de riqueza corresponde a 60% del PIB nacional. Apenas se pagan impuestos por estas enormes fortunas. En la región, los ingresos estatales en concepto de impuesto al patrimonio corresponden a menos de 2% del PIB. En comparación, en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se sitúan en torno de 8%. Los gobiernos progresistas de los dos últimos decenios no han logrado establecer un sistema fiscal justo en ninguno de los países de la región.

El tiempo del coronavirus es un momento para tomar decisiones aquí y ahora. La pandemia ha privado a las elites de su exit option más importante: pueden todavía enviar su dinero a Estados Unidos, pero no pueden acompañarlo. Este es un buen momento para ganarse al 10% más rico de la región, para lograr un equilibrio en la carga pública, algo de lo que ellos también pueden beneficiarse. Los virus como el del Covid-19 no pueden ser detenidos por los seguros privados o los muros de las comunidades cerradas. Lo que necesitamos en el futuro es un buen cuidado para todos y con todos.

Pero no nos engañemos: ¡después de la crisis, será el antes de la crisis! Las ondas de choque con las que el coronavirus hace explotar esta América Latina fracturada no garantizan ningún cambio. Las crisis son procesos en los que las constelaciones sociales, económicas, culturales y políticas se sacuden, se rompen y se crean nuevas constelaciones. Pero las existentes pueden fortalecerse de la misma manera.

Todos estamos pagando las facturas de la crisis. ¿Todos? Si después de la crisis volvemos a caer en los viejos patrones, los mercados financieros y los bancos pronto volverán a dominar y las políticas de austeridad se harán presentes y conducirán a recortes sociales que se cobrarán la vida de más personas de las que ya se ha llevado el Covid-19. Nuestros servicios sociales se agotarán aún más y ofrecerán cada vez menos protección. Si la próxima pandemia –o el cambio climático, que tampoco conoce fronteras– llega y ataca a estos últimos restos de la humanidad, es poco probable que nuestros hijos se salven una vez más.

Todos decidimos hoy qué historia hay que contar. La época del coronavirus debe ser la del cambio.

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*Hans-Jürgen Burchardt* es economista y científico social alemán. Actualmente es Profesor Titular de Relaciones Internacionales e Intersociales en la Universidad de Kassel. 
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Fuente: Publicado en abril de 2020 en la Revista Nueva Sociedad: https://nuso.org/articulo/coronavirus-futuro-propuestas-cambio/

sábado, 11 de abril de 2020

La tumba vacía: sobre ausencias y presencias.


por Mireia Vidal i Quintero

Situada entre la crucifixión de Jesús y las apariciones a sus discípulos, la tumba vacía anuda el Jesús pre-pascual con el post-pascual. Ella provee el escenario en el que la fe de Jesús se transforma en la fe de la comunidad. En la narrativa evangélica, esta transformación se hace manifiesta a través del juego de ausencias y presencias en torno a la tumba vacía, en una paradoja que espolea a desligarse de una hermenéutica dependiente de la desnudez fáctica. Así, es la ausencia del cuerpo de Jesús la que niega la pérdida asociada a la muerte: «Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo pusieron». En esta ausencia que hace presencia ha habitado la fe cristiana por siglos y siglos. Sin embargo, junto a ésta, existe otra paradoja. Del grupo de discípulos, las mujeres son las únicas presentes en la escena, pero su lamento por la muerte de Jesús, así como sus palabras de anuncio de la resurrección, se hallan ausentes en el texto, convirtiendo la tumba vacía en un espacio mudo, silente. También en esta ausencia que hace presencia se ha fundado por siglos y siglos la fe cristiana. Propongo en este texto acercarse al código cultural que se halla en el fondo de la paradoja.

Entierro y crucifixión

En el mundo antiguo, la muerte representa la vida. En la muerte, y en los ritos que la acompañan, la sociedad — sus estructuras, sus dinámicas, su orden simbólico — se hace presente. Así, en la Roma del cambio de era, las procesiones funerarias son momentos de exhibición y muestra del honor (dignitas) asociado al fallecido y su familia. No sorprende por tanto que tuvieran mucho en común con aquellas otras procesiones triunfales dedicadas al retorno del general victorioso que Hollywood inmortalizó — licencia artística incluida — a mediados de la centuria pasada. El honor del conquistador exitoso se evidenciaba en el botín de guerra que le acompañaba y en las multitudes que aguardaban su paso triunfal. El del fallecido lo hacía a través de la procesión de actores con máscaras mortuorias, cada una en representación de los más ilustres ancestros de la familia, que precedía al féretro, así como en la cantidad de dolientes que formaban parte del cortejo que lo seguía. Morir era por tanto un acontecimiento social, cuyo patrón se establecía según la vida del difunto. No es de extrañar por tanto que la cualidad de la muerte tomara gran importancia, y que existieran muertes nobles — como la de Sócrates — y muertes ignominiosas. En este contexto, ninguna muerte es más ignominiosa que la dispensada por crucifixión. Condena usual por traición o rebelión en el mundo romano, la crucifixión implica tanto una muerte física como una muerte social, pensada para evitar la cauterización de la herida abierta en el tejido social. Infligía el máximo sufrimiento físico posible, y a la vez despojaba progresivamente al reo de su dignidad y honor a través de la grotesca exposición de un cuerpo físicamente abusado en toda su brutalidad y vulnerabilidad. El deshonor no cesaba sin embargo con la muerte: la familia no recibía el cuerpo para su entierro, y la lamentación ritual — esto es, la exhibición pública del dolor — quedaba prohibida.

En el caso de Jesús, la ausencia de una tumba familiar así como de lamentación ritual son indicativas de una muerte deshonrosa. Pero mientras en el mundo romano la negación de sepultura era habitual, sobre todo en tiempos de guerra, no ocurría lo mismo en la práctica judía. Semaִִִhot 2.6, el tratado rabínico sobre la muerte y el duelo, prohíbe la lamentación pública del condenado por suspensión (de la que crucifixión es una forma), pero Mishná Sanedrín 6.6 añade que el cuerpo reciba sepultura en un lugar dispuesto para tal fin por el Sanedrín. La sepultura del fallecido es en el judaísmo helenístico y rabínico una cuestión prioritaria: Dt. 21:22-23 establece que un crucificado debe ser enterrado antes de la puesta del sol, y proveer entierro es uno de los deberes más sagrados del judío piadoso. En la narrativa evangélica, es José de Arimatea, miembro del Sanedrín, quien cumple estas funciones.

Este cuadro probablemente explica el extraño vacío documental que existe en torno a la tumba de Jesús, que no aparece claramente identificada hasta el siglo IV, cuando la emperatriz Helena visita Jerusalén. No es hasta entonces que el Santo Sepulcro y el Gólgota se convierten en lugares de culto de la fe cristiana. A la vista de la importancia que los cementerios tuvieron en el naciente cristianismo como lugares de reunión, la enigmática ausencia de la tumba de Jesús como lugar de culto contrasta con el enrome peso teológico e histórico que generaciones posteriores asignaron a la tradición de la tumba vacía (una cuestión que, de nuevo, contrasta con Pablo, quien no usa la tradición de la tumba vacía para argumentar en favor de la resurrección, por ejemplo). Sin embargo, el desconocimiento exacto de la localización de la tumba de Jesús encaja bien con la narración de los evangelios: las mujeres observan desde la vaguedad de la distancia, y en ningún momento se acercan a José de Arimatea, un dato como mínimo asonante si hay que pensar en éste como partícipe del movimiento de Jesús.

La ausencia de lamentación en la muerte de Jesús

Jesús no fue por tanto enterrado en una tumba familiar, sino que su enterramiento fue más bien expeditivo y carente de honor — una cuestión que el embellecimiento posterior de la tradición no soluciona: la tumba sin estrenar de la que habla Lucas es igualmente deshonrosa, dado que Jesús no descansa con sus ancestros. Algo parecido sucede con la presencia de las mujeres en la tumba. En el contexto romano, helénico y judío, las mujeres desempeñan un papel destacado en la celebración de los rituales funerarios, en particular en cuanto a la preparación del cuerpo para su sepultura y la lamentación de la muerte, todo un género en su propio derecho del que sin embargo nos han llegado escasos testimonios. El estudio de tales lamentos desde perspectivas literarias y etnográficas sugiere que el lamento favorecía las formas antifonales, con una voz femenina principal que llama a la audiencia a unirse a la lamentación. Combina ciertas temáticas fijas, como la identificación del muerto y las causas de su muerte, con la espontaneidad de la locución y la composición premeditada. En el contexto judío en particular, muy probablemente usaba formas y temas de los salmos de lamentación — cuyo tono musical, por cierto, coincide con el de música popular judía —, de forma parecida a como el Salmo 22 se halla presente en el relato de la Pasión de Marcos. Por otra parte, no sólo se cantaba y representaba en el momento del entierro, sino en las habituales visitas a la tumba durante el periodo de duelo — las visitas a los tres, nueve y trece días son especialmente importantes — y en ciertas fechas señaladas, como las dedicadas a los ancestros o en los aniversarios de la muerte del fallecido.

La descripción evangélica de las mujeres visitando la tumba de Jesús es una muestra de tales rituales. Sin embargo, viene mediada a través del filtro redacional de los evangelistas, por lo cual se invocan diferentes razones para la presencia de las mujeres. Para Marcos y Lucas, su cometido inicial es ungir el cuerpo con aceites aromáticos (esto es, la preparación ritual para la sepultura), pero cabe preguntarse en este caso qué necesidad hay de preparar un cuerpo que ya ha sido sepultado. Para Mateo y Juan, las mujeres visitan la tumba para “verla”, o están ya allí (María Magdalena). De forma igualmente llamativa, el lamento está ausente, aunque no el duelo (por ejemplo, las lágrimas de María Magdalena). En este sentido, la presencia de ungüentos y la ausencia de lamentos crean un espacio poroso en el interior de la tradición, que habla de una inicial elaboración de la memoria de Jesús vinculada a las mujeres en contexto funerario posteriormente recibida y elaborada múltiplemente por los evangelistas. Estos conservan la tradicional vinculación histórica entre rituales funerarios y mujeres, pero no la particular elaboración y forma, no las palabras, de las mujeres que siguieron que Jesús. Se trata esta última de una memoria que se elaboró en el marco de las visitas a la tumba de Jesús (más probablemente, el lugar de lamentación que está por ella), una ligazón que se manifiesta de forma muy probable en la mención de la resurrección de Jesús “al tercer día”, tal como recoge 1Corintios 15:4, el credo más antiguo del que disponemos pero en el que la aparición de Jesús a las mujeres ha desaparecido.

El extraño silencio de las mujeres en la tumba, de quienes se espera lamentación (Semahot prohíbe la lamentación ritual, esto es, la procesión pública acompañada del lamento — como la de Lázaro en el Evangelio de Juan —, pero difícilmente suprime el duelo que indica el reducido grupo de mujeres en la tumba), revela por lo tanto un punto de tensión en la tradición de la tumba vacía, confirmado por la ausencia de las mujeres como testigos de la resurrección en 1Corintios 15. Pero a la luz de lo expuesto aquí, es precisamente la ausencia de lamento, y la ausencia de las mujeres entre los testigos autorizados del credo de 1Corintios, la que habla más bien de su presencia, una presencia sin embargo más bien problemática — necesitada de un nuevo marco de sentido, quizá para deslindar la resurrección de Jesús de otro tipo de resurrecciones, habituales en la época, atribuidas a la necromancia de mujeres que visitan tumbas. Y, sin embargo, la memoria de la muerte de Jesús y su primera gestión se halla sin lugar a dudas conectada a prácticas femeninas. Es la disonancia del silencio la que descubre en realidad su lamento.

Como ocurre en los propios evangelios, que ofrecen cuatro versiones de la vida de Jesús, también la tradición de la tumba vacía alberga una pluralidad de memorias, que desde un punto de vista exterior toma la apariencia de un sólido bloque narrativo, uno de los puntales de la tradición cristiana. Sin embargo, su solidez no proviene del relato rectilíneo, sino precisamente de su capacidad de generar paradojas y encuentros, de estar habitada por multitud de memorias y cuerpos, todos ellos albergados en los repliegues y rugosidades de sus comisuras. Así es como podemos decir: «No está aquí, ha resucitado: mirad el espacio donde lo pusieron».

viernes, 17 de enero de 2020

Repensando la conservación de la naturaleza.

Koala, de Australia. Foto: Holgi / Pixabay.

Si coincidimos que conservar la naturaleza implica abrir el espectro de la conservación esto implica conservar tanto lo silvestre, como lo domesticado y al propio ser humano. Esto conlleva incorporar principios de genuina sostenibilidad, democracia, justicia, equidad y paz lo que implica repensar la forma cómo hemos venido promoviendo el desarrollo y la forma cómo hemos venido haciendo la conservación de manera convencional. 

Repensando la conservación de la naturaleza

Por Rodrigo Arce Rojas*

14 de enero, 2020.- Se lee, se escucha, se conversa cada vez con mayor frecuencia e intensidad sobre los efectos del cambio climático, los incendios forestales antrópicos, la deforestación, la tala ilegal, el tráfico y comercio ilegal de fauna silvestre, la minería ilegal y una larga lista de problemas ambientales-ecológicos que están causando la pérdida y el exterminio de la diversidad biológica. Un mayor acceso a la información está provocando que cada vez haya más personas con conciencia ambiental, aunque no necesariamente los políticos.

Frente a la alteración y degradación de los ecosistemas por causas antrópicas la conservación de la naturaleza surgió como la propuesta política, científica y técnica correcta para el cuidado del planeta. Con éxitos, fracasos y dudas eso era lo que estaba marcando la historia moderna de la humanidad. La conservación de la naturaleza no estuvo exenta de ataques por parte de sectores desarrollistas que acusaban a los ambientalistas y ecologistas de ser obstáculos para el progreso. Incluso estas tensiones se trasladaron a funcionarios públicos y privados quienes en nombre de sus funciones y competencias reclamaban (y aún reclaman) que no debería mezclarse la producción con la conservación “por tratarse de cosas totalmente distintas”. Una solución de compromiso es aquella que habla de “conservación productiva” que todavía está ganada por una perspectiva utilitaria que plantea que “aquello que no tiene valor por el mercado no se conserva”. La conservación de la naturaleza no tiene por qué necesariamente verse desde ángulos estrictamente económicos o utilitarios. La vida tiene un valor intrínseco más allá de cualquier interés humano.


La conservación de la naturaleza no estuvo exenta de ataques por parte de sectores desarrollistas que acusaban a los ambientalistas y ecologistas de ser obstáculos para el progreso 

En torno a la conservación de la naturaleza ha habido una gran movilización tanto en términos de la sociedad civil como de los Estados y de las Agencias de Cooperación Internacional. Existen grandes organizaciones internacionales de conservación, que desde diferentes perspectivas, han contribuido a una mayor sensibilidad sobre la conservación de la naturaleza. También es importante señalar el aporte de los medios de comunicación que tanto desde los medios escritos como audiovisuales han aportado su cuota para que se conozca más sobre la vida silvestre en el planeta tanto en los ecosistemas terrestres como los ecosistemas marinos. Paradójicamente, estos programas refuerzan la idea de separación del hombre de la naturaleza o que solo las áreas silvestres “prístinas” son dignas de conservación. Otra forma de decirlo, es que “no se puede conservar todo”.

Hay que tener en cuenta que la naturaleza no es romántica ni idílica. La cadena trófica hace posible manifestaciones de sufrimiento y dolor. Este aspecto es muy sensible pero forma parte de la dinámica natural lo que no quiere decir que sea un fenómeno trasladable a la vida humana (lo que exige al menos movilizar nuestra compasión), que siendo naturaleza también tiene una supranaturaleza conformada por el mundo de las ideas, la moral y la intencionalidad. La bioética trata de regular la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza. 

La conservación de la naturaleza cuenta con una sólida base científica desde la biología de la conservación, el desarrollo de la ecología y otras disciplinas conexas como las ciencias informáticas y el desarrollo de tecnologías de información geográfica. No obstante, todo el desarrollo de la conservación de la naturaleza no está impidiendo los grandes procesos de exterminio de especies, entonces cabe preguntarse cuáles son las razones que estarían llevando a la limitada efectividad de las políticas de conservación de la naturaleza.

La conservación de la naturaleza se forjó bajo las siguientes premisas:
El ser humano y la naturaleza son dos entidades totalmente distintas.
Existe una naturaleza prístina que es necesario proteger para las generaciones futuras.
Hay que proteger a la naturaleza de la intervención humana.
La conservación de la naturaleza es un proceso científico que no debe mezclarse con la política.

Estas premisas iniciales pronto fueron cambiando, aunque no de manera uniforme (Corcuera y Ponce, 2004). Algunas organizaciones se mantuvieron en un papel purista de la conservación con interés por los aspectos biofísicos y otras se abrieron a la complejidad de la realidad y empezaron a reconocer que no era posible trabajar la conservación de la naturaleza solo desde la orientación biofísica. Es necesario señalar que también desde la ecología se podía apreciar una explosión de perspectivas que cada vez se salían de la jaula con mayor determinación. Así se pudo apreciar que partiendo de la ecología se generaron las propuestas de la ecología social hasta llegar a la ecología política.

Es hora de pasar revista a las premisas fundacionales de la conservación de la naturaleza:
El ser humano y la naturaleza son dos entidades totalmente distintas: El movimiento de conservación de la naturaleza se gestó bajo la ontología de separación entre el ser humano y la naturaleza y era algo incuestionable. Actualmente ya no lo es tanto porque hemos reconocido que los humanos también somos naturaleza y aunque tenemos algunos atributos supranaturales eso no significa que rompamos con nuestra esencia natural. Muchos de los atributos señalados como exclusivamente humanos como la cultura, inteligencia, la conciencia, la política sabemos que no lo son tanto porque también hay expresiones de estas cualidades en los animales superiores, aunque con diferencias de grados.

Tenemos que reconocer que nosotros mismos somos naturaleza. Somos simbiontes y las bacterias y los virus hacen posible la vida humana. Es decir, somos ecosistemas caminantes y vociferantes. No todas estas bacterias y virus son patógenos y forman parte integral de la vida humana. El secreto es saber conservar el equilibrio dinámico para que se exprese a plenitud el componente humano del simbionte.
Existe una naturaleza prístina que es necesario proteger para las generaciones futuras: Esta posición remite al mito moderno de la naturaleza intocada (Diegues, 2000). Ahora sabemos que no toda la naturaleza es prístina y que muchos ecosistemas han sido modelados por la intervención humana. Los paisajes son expresiones de coevolución en los que el ser humano ha transformado la naturaleza y la naturaleza ha transformado al ser humano. Como lo reseña Apffel-Marglin (2013, 22) el descubrimiento de grandes superficies de tierra negra en la Amazonia de origen antrópico demuestran:

… un extraordinario pasado precolombino, con civilizaciones de alto nivel cultural, de culturas complejas y obras estupendas […] Estos suelos creados por la humanidad amazónica precolombina se destacan como evidencia de la agricultura más fértil y sostenible en el mundo entero…
Hay que proteger a la naturaleza de la intervención humana: Como se ha señalado en la premisa anterior el hombre ha cumplido un rol transformador de la naturaleza tanto en su versión negativa alterando y degradando los ecosistemas pero también en un rol modelador. La idea de áreas naturales sin presencia humana no es muy cierto para América Latina en la que existen poblaciones indígenas.
La conservación de la naturaleza es un proceso científico que no debe mezclarse con la política: La conservación de la naturaleza es un proceso complejo que requiere el concurso de todos los sectores, actores y disciplinas.

La conservación de la naturaleza no escapa del marco de la economía neoliberal y por lo tanto muchas de sus propuestas apelan a mecanismos de mercado. En primer lugar se sigue hablando de recursos naturales que da cuenta de la vigencia de una visión cosificadora y utilitarista de la naturaleza. Según esta visión lo que es recurso (actual o potencial) merece conservarse, lo que no es recurso podría desaparecer. En segundo lugar la solución para la conservación de la naturaleza, siempre desde esta perspectiva, es hacer que estos recursos ingresen a la economía, es decir que tengan precios, sean transables y que exista un mercado. Lo paradójico es que los problemas de conservación de la naturaleza se tratan de solucionar con la misma receta que es justamente la que los provoca.


Lo paradójico es que los problemas de conservación de la naturaleza se tratan de solucionar con la misma receta que es justamente la que los provoca. 

Cuando en los 80 del siglo pasado se generó la estrategia mundial de conservación se buscó proteger las especies, los ecosistemas y los recursos genéticos. Aunque se pudo haber hecho alusión a la vida como tal, en todas sus manifestaciones, no se hizo explícitamente. Por ello, las políticas de conservación, en mayor o menor grado, están subordinadas a los intereses económicos de los poderes públicos y privados.

La alteración y degradación de ecosistemas naturales, sean protegidos o no, tiene sus raíces en un sistema económico urgido de crecimiento. En este proceso se conjuga tanto la necesidad como la codicia de mayores e infinitas ganancias económicas. El problema es que esta ideología del crecimiento ilimitado coincide con sectores de los Estados que juegan el doble papel de protectores de la naturaleza y de promotores de extracción de los recursos “para promover el desarrollo”. Manifestaciones de esta realidad se aprecian cuando se debilitan las regulaciones ambientales o no existe una voluntad decidida para atacar los problemas de ilegalidad que afectan la naturaleza porque “quieren que la economía se mueva”. Pragmatismo puro que se pone de manifiesto en la conversión de bosques a otros usos y se provoca el exterminio de la biodiversidad

Un enfoque de conservación orientada a la celebración de la vida en todas sus manifestaciones genera nuevos retos. Cierto es que la población sigue creciendo en el mismo sentido de las necesidades de todo tipo. Cierto es que las poblaciones necesitan alimentos e insumos para el desarrollo de sus diversas actividades productivas. Una mirada actual de la conservación de la naturaleza requiere reconocer explícitamente su complejidad y por tanto desarrollar enfoques desde la perspectiva de los sistemas adaptativos complejos. Los temas controversiales no se niegan ni se subestiman, hay que trabajar con ellos. En algún momento de la historia de la conservación este reconocimiento llevó a trabajar los Proyectos Integrales de Conservación y Desarrollo pero parece que el balance no fue muy plausible por lo que se regresó a una visión convencional. Pero está claro que la alteración y degradación de los ecosistemas no puede resolverse solo atacando las causas directas sino que también se requiere trabajar los temas estructurales.


La conservación de la naturaleza no se circunscribe a las Áreas Naturales Protegidas sino que incluye todas las áreas donde está presente la vida. 

La celebración de la vida en todas sus manifestaciones no niega la importancia de las áreas naturales protegidas pero si las resignifica. La conservación de la naturaleza no se circunscribe a las Áreas Naturales Protegidas sino que incluye todas las áreas donde está presente la vida. Implica considerar que las áreas naturales protegidas son como núcleos de sistemas anidados por lo que siempre habrá interacciones con las diferentes escalas del entorno. Implica considerar que desde la chacra, desde el huerto, desde el jardín o el parque también es posible contribuir a la conservación de la naturaleza. Por eso se llama la atención sobre el uso de agroquímicos en la agricultura intensiva que está afectando ostensiblemente la fauna silvestre (aves e insectos por ejemplo), ello sin contar los impactos sobre microorganismos tanto a nivel de ecosistemas terrestres como de ecosistemas acuáticos.

Nosotros hemos creado artificialmente dos categorías de animales: los animales silvestres y los animales domésticos. Cuando se habla de conservación se alude tradicionalmente a los animales silvestres (además de las plantas por supuesto) pero los animales domésticos también merecen ser conservados. La amenaza a la conservación no solo se restringe a la flora y fauna silvestre sino también a la doméstica. Merece también especial atención la conservación de los parientes silvestres de los cultivos que hacen posible contar con las reservas necesarias para el mejoramiento genético. Pero más allá de cualquier utilidad humana se trata del respeto profundo a la vida en todas sus manifestaciones.

Poner la vida en el centro no implica una posición contra el ser humano ni tampoco un fundamentalismo biocéntrico una de cuyas tergiversaciones lo constituye el ecoterrorismo el cual no compartimos en absoluto. Es claro que apostar por la vida en todas sus manifestaciones nos pone en dilemas porque algunas expresiones de vida entran en competencia con la vida humana. Es parte del juego de la vida y nos lleva en ocasiones a la situación en la que tenemos que privilegiar la vida humana. Una de esas situaciones problema refiere a la incorporación de animales en nuestra dieta. Aunque no todo el mundo está obligado a ser vegano o vegetariano sí es posible asumir una actitud más respetuosa y compasiva con la vida de los animales con los cuales nos alimentamos. Dramático también es el caso de la autorización de caza de animales introducidos por exceso de población. En todo caso, es una necesidad imprescindible de manejo que no corresponde a la lógica de la caza con fines deportivos, por más que se diga que es una actividad que ayuda a la conservación o que es fuente generadora de ingresos económicos.

Si coincidimos que conservar la naturaleza implica abrir el espectro de la conservación eso implica conservar tanto lo silvestre, lo domesticado y al propio ser humano. Significa entonces incorporar principios de genuina sostenibilidad, democracia, justicia, equidad y paz lo que implica repensar la forma cómo hemos venido promoviendo el desarrollo y la forma cómo hemos venido haciendo la conservación de manera convencional. La conservación por tanto necesita de nuevos abordajes desde el Biodesarrollo, la Bioética, la Biopolítica y la Bioeconomía, en general desde las ciencias de la vida. Solo así es posible entender la necesidad de una moral ampliada y de una ciudadanía ampliada. Conservación reconociendo los derechos de la naturaleza.

Referencias bibliográficas:

- Apffel-Marglin, Fréderique. (2013). Desde los aires, una urpay… En: Varese, Stefano; Apffel-Marglin, Apffel; Rumrrill, Róger. (Coord.). Selva vida. De la destrucción de la Amazonia al paradigma de la regeneración. Lima, Perú, Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas, Programa Universitario México Nación Multicultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, Fondo Editorial Casa de las Américas. 278 p.

- Corcuera, Pablo, & Ponce de León G., Leticia (2004). Tendencias de los movimientos conservacionistas y el surgimiento de la Eco-Ética. Sociológica, 19(56) ,199-211. [Fecha de Consulta 14 de Enero de 2020]. ISSN: 0187-0173. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=3050/305026636008

- Diegues, Antonio Carlos. (2000). El mito moderno de la naturaleza intocada. 1a. Edición en Ediciones Abya-Yala. Hombre y Ambiente Nº 57-58. 179 p.

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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: rarcerojas@yahoo.es

Fuente: Servindi

lunes, 8 de julio de 2019

El Vaticano ‘ocultó el arte que mostraba a las sacerdotes’.



Portada del libro de la investigadora Ally Kateusz donde defiende que el liderazgo de la mujer en la iglesias ha sido sistemáticamente ocultado por el Vaticano.


Sarah Mac Donald

Un mosaico en el baptisterio de Letrán en Roma mostró a María como obispo hasta que se pintó sobre blanco.
Existe una “evidencia abrumadora” de que las mujeres sirvieron como clérigos en los primeros años del cristianismo, y algunas de las pruebas fueron ocultadas deliberadamente por el Vaticano, según una investigación innovadora.
Expertos en teología y la historia temprana de la Iglesia Católica escucharon a la Dra. Ally Kateusz, investigadora asociada del Instituto Wijngaards para la Investigación Católica, resumir los hallazgos en una conferencia organizada por la Sociedad Internacional de Literatura Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma ayer.

La Dra. Kateusz, autora de ‘María y mujeres cristianas primitivas: liderazgo oculto’, basa sus hallazgos de investigación en la representación de mujeres como clérigos en artefactos antiguos y en un mosaico en una iglesia romana en la que María, la madre de Jesús, es representada como un obispo

Reveló que este mosaico contenía una cruz roja en una vestimenta que solo llevaban los obispos.
Pero se cubrió con pintura blanca en las órdenes del Vaticano “para disfrazar el hecho de que María fue representada como un obispo”.
Los hallazgos están preparados para desafiar el dogma de larga data en el catolicismo de que las mujeres no pueden ser sacerdotes, estrictamente aplicadas desde el Papa Juan Pablo II, quien también dictaminó que el tema de las mujeres sacerdotes ni siquiera podía discutirse con pena de excomunión.

Una mujer sacerdote en una antigua caja de relicarios.
Algunos de los seis sacerdotes irlandeses que han sido censurados por el Vaticano en los últimos años fueron atacados por su apoyo a las mujeres en el sacerdocio.
Según el Dr. Kateusz, los tres artefactos más antiguos del mundo que representan a los cristianos en el altar en las iglesias, todos representan a una mujer en el altar.
“Representan mujeres en el altar en tres de las iglesias más importantes de la cristiandad: San Pedro en Roma, Santa Sofía en Constantinopla y la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén”, dijo.
Miriam Duignan, portavoz del Instituto Wijngaards, dijo: “Esto es una evidencia de que las mujeres sirven como clérigos en algunas de las iglesias más importantes de la cristiandad”.

La Dra. Ally Kateusz ha escrito un libro sobre las mujeres en el cristianismo.
Parte de la investigación se relaciona con una caja de relicario de marfil que data de alrededor del 430 DC y muestra a una sacerdote en el altar en la Basílica de San Pedro en Roma.
Hablando sobre el Baptisterio de Letrán en Roma y el mosaico escondido allí, el Dr. Kateusz dijo: “El Papa Theodore encargó este mosaico, incluido el palio del obispo [sobre María]. Levanta los brazos como si estuviera realizando la Eucaristía. Es una forma simbólica de decir María. era un líder de la iglesia “.
Irlandés independiente

sábado, 15 de junio de 2019

Jóvenes ambientalistas arman Red Ambientalista.

Jóvenes Amigos de la Tierra Nigeria. / Foto: RMR

Amigos de la Tierra trabaja con unos 2 mil jóvenes para formación política y defensa de derechos humanos.

RMR, 13 de junio, 2019.- La vida de los defensores de los derechos humanos en África está seriamente amenazada. Por ejemplo, en Camerún, el 26 de mayo, el defensor de los derechos humanos Elvis Brown Luma Mukuna recibió una amenaza de muerte a través de una llamada de un número desconocido.

Diez días antes, dos hombres entraron a la fuerza a la casa de Elvis, secuestraron a su hermano menor y lo torturaron durante más de dos horas.

Ante estas amenazas es necesario que las nuevas generaciones se formen políticamente y aprendan a defender colectivamente los derechos humanos y ambientales.

Es por eso que desde Amigos de la Tierra África llevan a cabo la Escuela de Sustentabilidad, para la formación política de sus miembros y para comprender "lo que necesitamos transformar para un cambio de sistema", como dijo Kwami Kpondzo, de Amigos de la Tierra Togo, a Radio Mundo Real.

Kwami dijo que uno de los principales problemas políticos de África es que los gobiernos no son democráticos. Para cambiar eso y para defender a los defensores de los derechos humanos, "necesitamos movilizarnos a nivel local, nacional e internacional".

Foto: RMR

Fuerza Joven

En Nigeria, Environmental Rights Action (ERA / Amigos de la Tierra Nigeria) ha creado una red de adolescentes y jóvenes, de entre 13 y 19 años, para que puedan aprender cómo defender sus derechos y territorios.

Más del 50 por ciento de la población de Nigeria son jóvenes y la mayoría de ellos viven en la región del delta del Níger que enfrenta enormes dificultades ambientales como resultado de la extracción de petróleo.

Adesuwa James Jang es parte de la coordinación de Jóvenes Amigos de la Tierra en Nigeria que cuenta con 2 mil participantes entre jóvenes, maestras, maestros y comunidades locales.

Los tres objetivos principales del programa se centran en la educación ambiental en las escuelas (a través de clubes de energía); emprendimientos de venta local e introducción de nuevos integrantes a Jóvenes Amigos de la Tierra Nigeria para la protección del medio ambiente, a través del monitoreo ambiental y la promoción.

"La movilización juvenil en el Delta del Níger es un poco difícil debido al alto nivel de descontento en la región", dice Adesuwa. Sin embargo, ERA se vale de la confianza que ha construido durante el año con la mayoría de las comunidades locales para movilizar a estos jóvenes".

Una de las formas de hacerlo es asegurar que los jóvenes se involucren en la planificación, la toma de decisiones y el proceso de implementación del proyecto.
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miércoles, 1 de mayo de 2019

Teólogos desde la vida y discípulos del pueblo santo de Dios.

"Los teólogos tienen que imitar a Francisco y fajarse en la arena de los medios de comunicación de masas. No escapar de ellos, sino buscarlos"


"Sin revanchas, pretenden darle la vuelta a la tortilla teológica tanto tiempo dominada, sin admitir pluralismo alguno, por parte de Ratzinger y de su nutrida escuela"


"El pueblo huele autenticidad en Francisco, pero el funcionariado clerical, la casta farisaica, le impide degustar a Papadios y aspirar el perfume de la nueva primavera evangélica"





Tuve la fortuna de compartir cuatro intensos días en Puebla (México) con 45 teólogas y teólogos de América Latina, USA, Quebec y España, reunidos en el Tercer Encuentro Iberoamericano de Teología. Una experiencia de profunda comunión, de gran profundidad intelectual y humana, en un ambiente de cordialidad y amistad, de intercambio y de unidad en la diversidad.

Un encuentro que fue posible, gracias a la generosidad de dos universidades jesuitas: El Boston College, que corrió con los gastos del viaje y la Universidad Iberoamericana de Puebla, que costeó la estancia de los participantes y puso a su disposición sus instalaciones. En un espléndido ejercicio de comunión de bienes.



Un Encuentro que hicieron posible un equipo motor, integrado por el teólogo laico venezolano, Rafael Luciani; el teólogo argentino Carlos Maria Galli, y el argentino-chileno, Carlos Schickendantz. ¡Excelente trabajo de los tres!

Este grupo iberoamericano de Teología está integrado por mujeres y hombres con mochilas cargadas de vida entregada en los surcos del pueblo. No son académicos al uso, aunque también tengan estudios, doctorados y muchos y sesudos libros publicados.

No son teólogos de gabinete ni de escritorio, sino de los que van a la reflexión desde la vida compartida con todo tipo de comunidades y, especialmente, con los más pobres. Por poner solo dos ejemplos. El jesuita Pedro Trigo lleva más de 40 años viviendo en una chacra, con su comunidad, en uno de los barrios más humildes de Caracas. O Rafael Luciani, que da clases en la Andrés Bello de Caracas y en el Boston College, pero sigue compartiendo su vida en una sencilla comunidad de base.


Agenor



Desde ahí, desde las alegrías compartidas y desde las lágrimas amasadas al ritmo de los días, teorizan, pero enraizados en su medio. Laicos, como Alejandro Ortiz, de la Ibero de Puebla; consagradas como la teresiana Consuelo Vélez; curas como el quebequense Gilles Routhier o el brasileño Agenor Brighenti.

Vienen de Latinoamérica, como los chilenos Gidi o Schickendantz, el argentino Galli o el mexicano Carlos Mendoza, o de la USA hispana, como Ospina o Valiente, entre otros. El grupo cuenta, desde sus inicios, con la presencia de dos obispos, el cardenal de Caracas, Baltazar Porras, y el vicepresidente del episcopado venezolano y obispo de La Guaira, Rafael Biord.

Las sesiones, apretadas, con ponencias bien trabadas y diálogos posteriores siempre respetuosos, pero críticos e incisivos. Sin dárselas de nada, sueltan auténticas perlas teológicas y pastorales, con serenidad, apertura y hasta sentido del humor.

Casi todos han sufrido ataques, persecuciones y, sobre todo, ninguneos por parte del establishment teológico y de muchos jerarcas de la Iglesia. Han estado más o menos asfixiados durante los pontificados de Wojtyla-Ratzinger y, ahora, respiran aliviados y a pleno pulmón los vientos de aggiornamento y renovación por lo que han luchado durante toda su vida. Sin cambiar de chaqueta, sin acomodarse ni ceder al chantaje de la buena vida o del reconocimiento académico y eclesiástico.


Gilles Routhier



Espoleados por los nuevos vientos de la primavera de Francisco, quieren echarle su cuarto a espadas y contribuir a su florecimiento. Sin revanchas, pretenden darle la vuelta a la tortilla teológica tanto tiempo dominada, sin admitir pluralismo alguno, por parte de Ratzinger y de su nutrida escuela.

Pertenecen a la misma galaxia comprometida o progresista, pero militan en diferentes modelos teológicos. Desde la Teología de la Liberación a la Teología del Pueblo, pasando por la Teología hispana estadounidense, la Teología feminista o la Teología de la Liberación de tercera generación.

Francisco quiere cambiar la Iglesia, única manera de hacerla creíble, y para eso necesita desmontar la doctrina farisaica que agarrota a la institución. Cambiar el catecismo y el derecho canónico por el Evangelio.


Más aún, necesita que ese cristianismo revivificado cale en las élites teológicas y clericales y empape a las bases creyentes.

El pueblo huele autenticidad en Francisco, pero el funcionariado clerical, la casta farisaica, le impide degustar a Papadios y aspirar el perfume de la nueva primavera evangélica. Por eso, los teólogos de Francisco tienen, a mi juicio, dos tareas urgentes y casi sobrehumanas. La primera es en su propia casa, para ganarle la partida a la élite teológica que ha reinado desde el final de Pablo VI hasta la llegada de Francisco. Lo coparon todo, lo controlaron todo y hasta consiguieron congelar el Concilio.


Porras



La doctrina sin corazón reina en el Catecismo y en el Código y, desde esas tablas de la ley permea toda el andamiaje clerical, que formatea la mente de los curas y de los seminaristas (y del pueblo) en la religión de la culpa, del pecado y del poder sobre las conciencias.

Y una institución tan clericalizada como la Iglesia no puede cambiar, si no cambia su clero o si el pueblo no da la espalda a los clérigos de la ley para volver a los ministerios del servicio a la comunidad.

La partida se juega, pues, en las élites y en las bases.


¿Serán capaces los teólogos del pueblo, alentados por Francisco, de imponer a sus colegas conservadores, que tienen su referente en el Papa emérito, la nueva visión teológica?

Para que tenga éxito esta campaña evangélica, la lucha hacia adentro debe extenderse a otro frente: el pueblo. La nieve tiene que bajar de la montaña y derretirse en el valle. Los creyentes deben saber qué es lo que está pasando y que partida de ajedrez se está jugando en las élites eclesiales. Para eso, los teólogos y los clérigos comprometidos con el nuevo modelo eclesial tienen que llegar con sus nuevos mensajes a la gente. El Papa, por muy Papa que sea, no puede hacerlo todo solo. El rey necesita peones, torres, caballos y alfiles.


Papa de la primavera



Los cuadros comprometidos tienen que salir del jardín de la sacristía. Tienen que dejar de pescar en pecera y de convencer a los convencidos. Harta de la doctrina de bronce, la gente se ha ido de la Iglesia, sin dar portazos, hacia la indiferencia: el cisma silencioso. Solo está esperando que alguien les comunique la buena nueva de Jesús, que puede seguir dando sentido a sus vidas, como la dio a tantos miles de millones a lo largo de la Historia.

Para conectar de nuevo con la gente, teólogos y clérigos tienen que imitar a Francisco y fajarse en la arena de los medios de comunicación de masas. No escapar de los medios, sino buscarlos. De buena fe, sin hacer trampas, respetando sus leyes y su dinámica interna, ocupando espacios mediáticos. Como lo han hecho todas las demás élites: políticas, judiciales, económicas, culturales, filosóficas...

Los teólogos están preparados, saben comunicar, son expertos en retórica, tienen un caudal de argumentos acumulados durante siglos y, lo más importante, no van de farol, no buscan sus intereses, no venden mercancía averiada, sino el mensaje de Jesús, que los siglos han probado que es uno de los caminos de sentido.

Solo así, urgiendo a los medios de Iglesia que les hagan hueco y se dediquen a defender la primavera de Francisco (y no a la derecha neoliberal), y fajándose en los ajenos, podrán llegar a la gente y volver a seducirla. Marcar agenda. ¿Marketing? No. Misión. Id por todo el mundo...

domingo, 14 de abril de 2019

Autonomías indígenas en repúblicas criollas.



Ollantay Itzamná

Para las sociedades latinoamericanas, incluso en países multiculturales como Perú, Ecuador, Brasil, Chile, Guatemala, México, etc., el concepto de autonomía indígena es aún un tabú político, que de ser manipulado podría hacer estallar a dichas repúblicas bicentenarias en retazos territoriales.

Por ello, toda propuesta o exigencia del reconocimiento de autonomías indígenas es ignorada o censurada por los generadores oficiales de la opinión pública, y castigado por los estados como acciones de desestabilización o de subversión.

¿En qué consiste el derecho de autonomía indígena?

Consiste en la facultad que tienen los pueblos indígenas de organizar su propio gobierno en su territorio, hacer sus propias leyes, aplicar sus propios sistemas judiciales, y gestionar sus propios sistemas administrativos.

Este derecho está reconocido en el Convenio nº 169 de la OIT, en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, y en otros cuerpos jurídicos internacionales.

La autonomía indígena no es sinónimo de soberanía (máximo poder). Es únicamente la máxima democratización del poder político administrativo dentro de la naturaleza de un Estado Plurinacional.

En lenguaje figurado, la autonomía vendría a ser el ejercicio de la libertad y derechos que hacen los hijos mayores de edad, sin desconocer la autoridad del padre.

¿Las autonomías indígenas debilitan a los estados?

Un Estado Plurinacional, con autonomías territoriales, cuenta con una única Constitución Política de Estado donde se establecen con claridad y precisión las competencias para las autonomías, y facultades exclusivas del Estado Plurinacional (finanzas, seguridad y relaciones internacionales, etc.) Autonomía no es federalismo. Mucho menos es independencia política.

Las autonomías indígenas no fragmentan, ni dividen a los estados. Mucho menos las debilitan. Más por el contrario las fortalecen. Ejemplo claro es el caso boliviano.

Maliciosamente se relaciona la posibilidad de las autonomías indígenas con la “hecatombe” política de la “ex Yugoslavia”, donde las élites de los pueblos proclamaron supuestamente su independencia, anularon al Estado, e incursionaron en guerras entre pueblos.

El caso de ex Yugoeslavia fue un proceso de fragmentación política interna, promovido por el gobierno de los EEUU. con la finalidad de afianzar su hegemonía político militar en esa parte del mundo, y apropiarse de riquezas ajenas. Al igual como lo hizo con la separación de Panamá de Colombia (inicios del pasado siglo) para quedarse con el control del Canal de Panamá. O lo que actualmente hace con los pueblos de Venezuela.

¿Cuál es la mayor justificación de las autonomías indígenas?

Las Naciones Unidas, como los estados nacionales que ratificaron el derecho de las autonomías indígenas, reconocen dicho derecho porque, después de cinco siglos de colonialismo continuado, estos pueblos se encuentran en condiciones materiales inhumanas.

En todos los países multiculturales, los pueblos indígenas cargan los peores niveles del índice de desarrollo humano, producto del saqueo y explotación continuado de sus bienes y fuerzas de trabajo.

La justificación mayor de este derecho está en la facultad inherente que asiste a todo pueblo de decidir su destino promisorio en liberad para garantizar bienes y condiciones dignas para sus miembros. Esto no es ideológico. Es lo básico que exige la lógica jurídica, y el sentido común.

Las repúblicas criollas, después de dos siglos de colonialismo y despojo continuado contra los pueblos indígenas, no pueden seguir argumentado la falsa promesa de “protección”, “resguardo indígena”. Mucho menos la letal promesa de la asimilación o integración bajo la lógica multiculturalista.

¿Qué países reconocen autonomías indígenas?

Hasta el momento, el único Estado que reconoce el derecho de autonomía a los pueblos indígenas es el Estado Plurinacional de Bolivia. Aunque en los hechos son apenas tres pueblos que ejercen dicho derecho. Nicaragua y Panamá, en los casos de los pueblos Misquito y Cuna, reconocen dicho derecho (sin mayor autonomía judicial, ni administrativa) fruto de las presiones interesadas del gobierno inglés y norteamericano, respectivamente.

En el resto de las repúblicas criollas latinoamericanas, los pueblos indígenas aún subsisten como siervos tutelados, sin derechos, ni oportunidades. México, Perú, Ecuador, Brasil, Guatemala, países con decenas de pueblos indígenas, aún le tienen miedo a la idea de plurinacionalidad o al derecho de la autonomía de los pueblos, como si fuese una peste letal en contra de la ilusa unidad nacional que jamás tuvieron.