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sábado, 1 de junio de 2019

Nuestra Iglesia no es transparente…. como lo era la Iglesia primitiva.



Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Me ha venido este pensamiento a raíz de la 1ª lectura de ayer, 6º Domingo de Pascua. Está sacada del libro “Los Hechos de los Apóstoles”, que es un libro histórico, de los viajes y aventuras de los evangelizadores itinerantes de la primitiva Iglesia, en el que tiene un indudable protagonismo San Pablo. En concreto, ayer leíamos párrafos como éstos. “Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros. Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos”. ” … y les enviaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. 24 Habiendo sabido que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han perturbado con sus palabras, trastornando vuestros ánimos, ..Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables: 29 abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós.».

En el libro de “Los Hechos” nos sorprende, visto y constatado el secretismo eclesiástico de nuestros días, la transparencia, la sinceridad, la valentía, y la franqueza a toda prueba. En el texto que ahora contemplamos me llaman la atención dos cosas: en primer lugar, que Pablo y Bernabé no se conforman con lo que ellos consideraban, ¡y lo era!, un atropello para sus fieles procedentes del paganismo, a los que se les quería obligar a hacerse judíos antes de bautizarse, y no se avergüenzan de embarcarse en una nada tranquila ni dulce agitación, que derivó en una “violenta discusión”. Y, en segundo lugar, que no ocultaran ese episodio de incómoda tensión entre los hermanos, sino que lo contaran, y lo dejaran inmortalizado, aunque ellos entonces no lo sabían, ni se lo imaginaban, por los siglos de los siglos.

En las reuniones episcopales actuales, de la Conferencia Episcopal, y otras, sospechamos muchas veces, por la diligencia y premura con la que ocultan sus encuentros, que nuestros señores obispos tienen también encontronazos, que nunca cuentan, y que tenemos que imaginar, sin poder salir nunca del mundo de la sospecha, de los rumores, y de las conclusiones más o menos lógicas, pero exponiéndonos a faltar a la verdad en nuestras suposiciones, con lo fácil que sería que nuestros pastores nos contaran la verdad, con sencillez, humildad, y, si fuera el caso, con pudor y vergüenza. Es hasta ridículo las precauciones con las que pretenden guardar y preservar algunos “secretos vaticanos”, hasta con penas de “excomunión” papal. ¡Que lejos nos encontramos de la actitud que llevó al Maestro a declarar que lo que guardamos tan celosamente en las alcobas, y debajo de la cama, el día del juicio será proclamado en las terrazas y azoteas.

Es una pena que la Iglesia, que en el transcurso de los siglos, se dejó contaminar por la suciedad y basura moral, la injusticia, y la violencia del mundo, no aprovechara, al revés, grandes logros de la humanidad, que el mundo tiene también riquezas que la Iglesia podía haber aprovechado. ¿Por qué la Iglesia institución se dejó contaminar por el afán de poder, por métodos intolerantes y violentos de coacción, llegando hasta la tortura, la delación sin posibilidad de defensa, y la fácil condena a la hoguera y a la picota, y no aprovechó las lecciones que eventos incluso trágicos como la Revolución Francesa trasmitieron a los hombres en dirección a la justicia, a la igualdad, a fraternidad, a la libertad? Sonroja comprobar cómo la Iglesia oficial, institucional, jerárquica, avanzó lentamente, contra corriente de la corriente de la Historia, en casos como la libertad de los trabajadores, el libre pensamiento, la ética de los sindicatos, los derechos humanos de libertad, de dignidad, de libertad de expresión, de pensamiento, y cómo desaprovechó de manera lastimosa la riqueza y la belleza de movimientos culturales como la Enciclopedia y Ilustración, atacándolas con documentos nefastos y horrorosos como el “Syllabus”.

(¿Alguien puede entender que a día de hoy el Estado del Vaticano no haya firmado la Declaración de los Derechos Humanos, proclamados por la ONU el lejano día del 10 de Diciembre del año 1948? ¿Y que haya firmado solo 10 de las Convenciones sobre los Derechos Humanos, de las 110 que hay proclamadas, y en funcionamiento? el mero hecho de que la comunidad eclesial de los seguidores de Jesús sea comandada y dirigida por un estado civil, porque no puede ser teocrático, ya es un escándalo. Y más si se trata de uno de los pocos Estados, -de momento me parece que siguen siendo tres-, que no hayan admitido, ni en teoría, la importancia del reconocimiento de esos Derechos Humanos. Y a mí, personalmente, me sigue escandalizando que no hayamos llenado la plaza de San Pedro cientos de miles de católicos, protestando por esta situación, escandalosa, e inadmisible).

Nuestros primeros padres en la fe no se merecen unos sucesores tan poco claros, ni sinceros, ni transparentes, ni valientes, como los que ahora queremos, y nos gustaría acertar, ser vistos como los testigos fidedignos y creíbles del Reino de Dios.

viernes, 31 de mayo de 2019

Mujeres sacerdotes, mujeres imanes, mujeres rabinas.



por Juan José Tamayo. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid


Las religiones siempre se han llevado mal con las mujeres. Es proverbial su misoginia, que las conduce, por lo general, a excluir a las mujeres del espacio de lo sagrado y de toda responsabilidad en las esferas del poder y del saber. ¿Será que prohibe Dios a las mujeres el acceso a lo sagrado por su impureza, así como al sacerdocio, al imamato y al rabinato porque no pueden representar a la divinidad?

El libro de la escritora Yolanda Alba Sacerdotas. La mujer en las diferentes liurgias y religiones (Almuzara, Córdoba, 2018) responde negativamente a esta pregunta. Y lo hace no a la ligera, sino a través de un detallado y riguroso recorrido por la historia de las religiones desde las antiguas civilizaciones, del Nilo al Eúfrates, los cultos romanos, las druidesas celtas, pasando por el judaísmo, el cristianismo, el islam, el budismo, el hinduismo, las religiones africanas, las culturas y religiones de Indoamérica, Amerindia y Afroamérica. Y así hasta el siglo XXI donde la autora busca -y encuentra- a mujeres rabinas, imames, sacerdotes, pastoras, obispas, ayatolás y sacerdotisas.


Ahí radica uno de los principales méritos de este libro: en que, frente a la pereza de muchos historiadores de las religiones a la hora de investigar sobre el papel fundamental de las mujeres en el terreno religioso, Yolanda Alba no se queda en la superficie y en los estereotipos patriarcales, sino que indaga, investiga, inquiere, busca –uso intencionadamente los cuatro verbos- hasta encontrar el lugar protagónico que corresponde a las mujeres en el mundo de lo sagrado.


La autora ofrece un análisis dialéctico. Por una parte subraya el empoderamiento de las mujeres que se rebelan contra la marginación a la que se ven sometidas por el poder religioso en manos de los hombres. Por otra, constata su papel subalterno y dependiente a partir de la de la inferioridad femenina, que se naturaliza y legitima apelando incluso al acto creador de Dios.
¿Mujeres sacerdotes, imames, rabinas? Por supuesto que sí, responde Alba. Y no como un capricho o privilegio feminista –el feminismo no defiende caprichos ni privilegios, sino derechos iguales-, sino como una legítima reivindicación en plena sintonía con la existencia de mujeres sacerdotes en todas las religiones a lo largo de la historia, con las reivindicaciones de igualdad del feminismo y con los movimientos feministas dentro de las religiones.


Hay una pregunta que recorre toda la obra: “¿Y si Dios fuera mujer?”. Quizá lo sea y la mayoría de las religiones lo han ocultado, al contar la vida y la historia de Dios y de los dioses desde la perspectiva del varón, al pasar del matrismo al patiarcado. “La historia y la teología patriarcal –afirma Yolanda Alba- omiten cualquier clase de información relacionada con la conquista de la diosa y la destrucción de la cultura que floreció en el pasado: la historia de esa época se enterró y solo ha surgido en la última mitad del siglo XX” (p. 83).


Incluso en los textos de los monoteísmos masculinos encontramos el rostro femenino de Dios, que fue ocultado por las tradiciones patriarcales y por las interpretaciones androcéntricas. La Biblia hebrea es un buen ejemplo de las imágenes femeninas con las que se presenta a Dios. Un ejemplo entre muchos: la Sabiduría como creadora con Dios. La lectura feminista de los textos considerados sagrados de las religiones ayuda a recuperar dicho rostro.


Tras la lectura de esta excelente obra, me pregunto: ¿Es posible la existencia de una religión sin misoginia, sin discriminación de las mujeres? ¿Es posible una religión organizada desde la igualdad y la justicia de género? Es posible y necesario, pero no podemos negar que resulta difícil por la resistencia del patriarcado religioso, que presenta a Dios con atributos varoniles y convierte al varón en masculinidad sagrada, conforme a la afirmación de la pensadora feminista Mary Daly : “Si Dios es varón, el varón es Dios”.


Es esta afirmación la que ha inspirado mi teoría sobre “Dioses varones-masculinidades sagradas-inferiorización de las mujeres, que desarrollaré en mi libro de próxima publicación.
Pero no por difícil resulta imposible. Tenemos ejemplos en los movimientos de mujeres que resisten al patriarcado en el interior de las religiones y se organizan autónomamente, y en las numerosas experiencias igualitarias que se dan en las comunidades religiosas.


El feminismo como teoría crítica de la sociedad patriarcal, como movimiento social y como revolución reivindicativa de la subjetividad de las mujeres, constituye una excelente aliado para el objetivo de la creación de religiones y movimientos de espiritualidad, pensados organizados y vividos sin discriminación por razones de género, etnia, cultura, creencia religiosa, clase social, identidad sexual y discapacidad. A su vez, las religiones igualitarias son las mejores aliadas de las luchas feministas.


Me parece un signo esperanzador en el cambio de paradigma que se está produciendo en las religiones el que un colectivo de mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones religiosas católicas apoyaran este año la huelga del 8 de marzo y se incorporaran a las multitudinarias manifestaciones del tan revolucionaria efemérides.


Estoy seguro de que el libro de Yolanda Alba contribuirá al cambio de paradigma que se está produciendo en la sociedad y que debe producirse en las religiones: de la discriminación a la igualdad y a la justicia de género. Mi felicitación a la autora y mi invitación a que lean el libro los teólogos y dirigentes religiosos varones de las diferentes tradiciones religiosas y movimientos espirituales. Seguro que les (nos) ayudará a quebrar cráneos ideológicamente endurecidos, a liberarse (nos) de las estructuras mentales patriarcales excluyentes en que con frecuencia suelen (solemos) estar cómodamente instalados y a abrir nuevos horizontes inclusivos fraterno-sororales.


¿Significa dicha liberación perder derechos? En absoluto. El único derecho que está aquí en juego es el de la igualdad entre hombres y mujeres. Y en la medida en que lo recuperen las mujeres, se habrá conseguido plenamente. Lo más contrario a los derechos humanos es la actual desigualdad abismal de género en las religiones, a decir verdad, en una más que en otras.
Con afirma Mary Wollstonecraft en su libro Vindicación de los derechos de la mujer, de 1792, pionero del feminismo filosófico, “las desigualdades entre los hombres y las mujeres son tan arbitrarias como las referidas al rango, la clase o los privilegios”.
¿Significa esa liberación la pérdida de privilegios de los hombres? Sin duda. Y ellos deberían ser los primeros en desprenderse de dichos privilegios -que no pueden confundirse con derechos, por mucho que sea el tiempo en que vienen disfrutándolos injustamente. Mejor desprenderse de ellos, antes de que se los quiten.


Termino con una apelación al feminismo, en este caso aplicado a las religiones, que es una de las mejores – por no decir la mejor- mediaciones teóricas y prácticas para conseguir la igualdad (no clónica) y para eliminar los privilegios.
————–
Juan José Tamayo:
Sus últimos libros son: ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías? (Biblioteca Nueva, 2018); Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2019, 2ª ed., 2ª reimpresión); De la iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanch, Valencia, 2019)

miércoles, 1 de mayo de 2019

Teólogos desde la vida y discípulos del pueblo santo de Dios.

"Los teólogos tienen que imitar a Francisco y fajarse en la arena de los medios de comunicación de masas. No escapar de ellos, sino buscarlos"


"Sin revanchas, pretenden darle la vuelta a la tortilla teológica tanto tiempo dominada, sin admitir pluralismo alguno, por parte de Ratzinger y de su nutrida escuela"


"El pueblo huele autenticidad en Francisco, pero el funcionariado clerical, la casta farisaica, le impide degustar a Papadios y aspirar el perfume de la nueva primavera evangélica"





Tuve la fortuna de compartir cuatro intensos días en Puebla (México) con 45 teólogas y teólogos de América Latina, USA, Quebec y España, reunidos en el Tercer Encuentro Iberoamericano de Teología. Una experiencia de profunda comunión, de gran profundidad intelectual y humana, en un ambiente de cordialidad y amistad, de intercambio y de unidad en la diversidad.

Un encuentro que fue posible, gracias a la generosidad de dos universidades jesuitas: El Boston College, que corrió con los gastos del viaje y la Universidad Iberoamericana de Puebla, que costeó la estancia de los participantes y puso a su disposición sus instalaciones. En un espléndido ejercicio de comunión de bienes.



Un Encuentro que hicieron posible un equipo motor, integrado por el teólogo laico venezolano, Rafael Luciani; el teólogo argentino Carlos Maria Galli, y el argentino-chileno, Carlos Schickendantz. ¡Excelente trabajo de los tres!

Este grupo iberoamericano de Teología está integrado por mujeres y hombres con mochilas cargadas de vida entregada en los surcos del pueblo. No son académicos al uso, aunque también tengan estudios, doctorados y muchos y sesudos libros publicados.

No son teólogos de gabinete ni de escritorio, sino de los que van a la reflexión desde la vida compartida con todo tipo de comunidades y, especialmente, con los más pobres. Por poner solo dos ejemplos. El jesuita Pedro Trigo lleva más de 40 años viviendo en una chacra, con su comunidad, en uno de los barrios más humildes de Caracas. O Rafael Luciani, que da clases en la Andrés Bello de Caracas y en el Boston College, pero sigue compartiendo su vida en una sencilla comunidad de base.


Agenor



Desde ahí, desde las alegrías compartidas y desde las lágrimas amasadas al ritmo de los días, teorizan, pero enraizados en su medio. Laicos, como Alejandro Ortiz, de la Ibero de Puebla; consagradas como la teresiana Consuelo Vélez; curas como el quebequense Gilles Routhier o el brasileño Agenor Brighenti.

Vienen de Latinoamérica, como los chilenos Gidi o Schickendantz, el argentino Galli o el mexicano Carlos Mendoza, o de la USA hispana, como Ospina o Valiente, entre otros. El grupo cuenta, desde sus inicios, con la presencia de dos obispos, el cardenal de Caracas, Baltazar Porras, y el vicepresidente del episcopado venezolano y obispo de La Guaira, Rafael Biord.

Las sesiones, apretadas, con ponencias bien trabadas y diálogos posteriores siempre respetuosos, pero críticos e incisivos. Sin dárselas de nada, sueltan auténticas perlas teológicas y pastorales, con serenidad, apertura y hasta sentido del humor.

Casi todos han sufrido ataques, persecuciones y, sobre todo, ninguneos por parte del establishment teológico y de muchos jerarcas de la Iglesia. Han estado más o menos asfixiados durante los pontificados de Wojtyla-Ratzinger y, ahora, respiran aliviados y a pleno pulmón los vientos de aggiornamento y renovación por lo que han luchado durante toda su vida. Sin cambiar de chaqueta, sin acomodarse ni ceder al chantaje de la buena vida o del reconocimiento académico y eclesiástico.


Gilles Routhier



Espoleados por los nuevos vientos de la primavera de Francisco, quieren echarle su cuarto a espadas y contribuir a su florecimiento. Sin revanchas, pretenden darle la vuelta a la tortilla teológica tanto tiempo dominada, sin admitir pluralismo alguno, por parte de Ratzinger y de su nutrida escuela.

Pertenecen a la misma galaxia comprometida o progresista, pero militan en diferentes modelos teológicos. Desde la Teología de la Liberación a la Teología del Pueblo, pasando por la Teología hispana estadounidense, la Teología feminista o la Teología de la Liberación de tercera generación.

Francisco quiere cambiar la Iglesia, única manera de hacerla creíble, y para eso necesita desmontar la doctrina farisaica que agarrota a la institución. Cambiar el catecismo y el derecho canónico por el Evangelio.


Más aún, necesita que ese cristianismo revivificado cale en las élites teológicas y clericales y empape a las bases creyentes.

El pueblo huele autenticidad en Francisco, pero el funcionariado clerical, la casta farisaica, le impide degustar a Papadios y aspirar el perfume de la nueva primavera evangélica. Por eso, los teólogos de Francisco tienen, a mi juicio, dos tareas urgentes y casi sobrehumanas. La primera es en su propia casa, para ganarle la partida a la élite teológica que ha reinado desde el final de Pablo VI hasta la llegada de Francisco. Lo coparon todo, lo controlaron todo y hasta consiguieron congelar el Concilio.


Porras



La doctrina sin corazón reina en el Catecismo y en el Código y, desde esas tablas de la ley permea toda el andamiaje clerical, que formatea la mente de los curas y de los seminaristas (y del pueblo) en la religión de la culpa, del pecado y del poder sobre las conciencias.

Y una institución tan clericalizada como la Iglesia no puede cambiar, si no cambia su clero o si el pueblo no da la espalda a los clérigos de la ley para volver a los ministerios del servicio a la comunidad.

La partida se juega, pues, en las élites y en las bases.


¿Serán capaces los teólogos del pueblo, alentados por Francisco, de imponer a sus colegas conservadores, que tienen su referente en el Papa emérito, la nueva visión teológica?

Para que tenga éxito esta campaña evangélica, la lucha hacia adentro debe extenderse a otro frente: el pueblo. La nieve tiene que bajar de la montaña y derretirse en el valle. Los creyentes deben saber qué es lo que está pasando y que partida de ajedrez se está jugando en las élites eclesiales. Para eso, los teólogos y los clérigos comprometidos con el nuevo modelo eclesial tienen que llegar con sus nuevos mensajes a la gente. El Papa, por muy Papa que sea, no puede hacerlo todo solo. El rey necesita peones, torres, caballos y alfiles.


Papa de la primavera



Los cuadros comprometidos tienen que salir del jardín de la sacristía. Tienen que dejar de pescar en pecera y de convencer a los convencidos. Harta de la doctrina de bronce, la gente se ha ido de la Iglesia, sin dar portazos, hacia la indiferencia: el cisma silencioso. Solo está esperando que alguien les comunique la buena nueva de Jesús, que puede seguir dando sentido a sus vidas, como la dio a tantos miles de millones a lo largo de la Historia.

Para conectar de nuevo con la gente, teólogos y clérigos tienen que imitar a Francisco y fajarse en la arena de los medios de comunicación de masas. No escapar de los medios, sino buscarlos. De buena fe, sin hacer trampas, respetando sus leyes y su dinámica interna, ocupando espacios mediáticos. Como lo han hecho todas las demás élites: políticas, judiciales, económicas, culturales, filosóficas...

Los teólogos están preparados, saben comunicar, son expertos en retórica, tienen un caudal de argumentos acumulados durante siglos y, lo más importante, no van de farol, no buscan sus intereses, no venden mercancía averiada, sino el mensaje de Jesús, que los siglos han probado que es uno de los caminos de sentido.

Solo así, urgiendo a los medios de Iglesia que les hagan hueco y se dediquen a defender la primavera de Francisco (y no a la derecha neoliberal), y fajándose en los ajenos, podrán llegar a la gente y volver a seducirla. Marcar agenda. ¿Marketing? No. Misión. Id por todo el mundo...

martes, 12 de marzo de 2019

Renovación de la Teología de la Liberación en diálogo con la economía y otras ciencias sociales y políticas.


Por: Pablo Richard

Algunos piensan que la Teología de la Liberación ya no existe. Yo creo que sí existe y es importante y necesaria, pero hay buscarla ahí donde está. Debemos encontrarla en la opción por los pobres y en una praxis liberadora. La Teología de la liberación (TL) no es solo un tema o una teoría, sino el acto segundo de un acto primero que es la praxis de liberación. 

La TL dialoga más que nunca con las ciencias sociales. En la actualidad el diálogo más fecundo ha sido con la economía política. Pero también con la ciencia ecológica, la antropología, la psicología, la filosofía y otras. Este diálogo no es de una teoría con otra teoría, sino que tendrá siempre como fundamento la opción por los pobres y la praxis de liberación. Ha sido también fecunda la relación de la TL con los movimientos sociales.

La TL siempre ha tenido alguna resonancia política. La opción por los pobres y la praxis de la TL ha sido raíz de opciones políticas liberadoras. El problema actual es la crisis teórica y política de algunos movimientos calificados de “izquierdas”. Cuando estos conquistan el poder lo transforman en poder dictatorial, atrapados por la violencia, la corrupción, y a veces por el narcotráfico. Muchos partidos calificados de “populistas” o de “izquierda” también han perdido en elecciones “democráticas”. Es el caso de El Salvador, Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay y otras. 

Los hechos positivos de diálogo de la TL con las ciencias sociales y también el aporte positivo de la TL en la crisis teórica de la praxis política, nos exigen más que nunca valorizar y renovar la TL.

Fuente: Amerindia

martes, 19 de febrero de 2019

Amazonía, pecado estructural y gracia ecológica en la misión liberadora.


Agustín Ortega, teólogo

Hemos participado en el encuentro nacional "Amazonía, reto a la evangelización" (12 y 13 de febrero, Lima), organizado por el Instituto Bartolomé de Las Casas. Allí estuvimos con el P. Fr. Gustavo Gutiérrez OP, sacerdote dominico, uno de los pensadores y teólogos más significativos de nuestra época.

Gustavo Gutiérrez es psicólogo, filósofo, doctor y profesor universitario en teología, escrito y autor de numerosos libros, publicaciones, artículos...Íntimo amigo del Cardenal G. L. Müller, que fuera Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, con quien ha escrito dos muy buenos libros, uno de ellos con prólogo del Papa Francisco, que recomendamos vivamente. En ellos, Müller reconoce toda su labor teológica, eclesial y su testimonio de fe.


Recientemente, Gustavo recibió una carta de reconocimiento del Papa Francisco, en la que lo felicita de esta forma:


"Te agradezco por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad; por todos los esfuerzos y por tu forma de interpelar la conciencia de cada uno - continúa Francisco - para que nadie quede indiferente ante el drama de la pobreza y la exclusión".


Es fundador del Instituto Bartolomé de Las Casas. Y ha sido reconocido con diversos doctorado honoris causa en distintas universidades, con el premio príncipe de Asturias en humanidades (España) y las palmas magisteriales-amauta (Perú).


Desde la obra de Gustavo con la guía de la Palabra de Dios y el magisterio de la iglesia, con la enseñanza de los papas como Francisco, vamos a hacer una lectura teológica de lo transmitido en este encuentro. Allí miembros de la iglesia como laicos indígenas, religiosas misioneras y sacerdotes presbíteros nos mostraron el auténtico pecado estructural que se está cometiendo con ese pulmón del planeta, como es la Amazonía; a la vez que visibilizaron todos esos signos de la Gracia, que se manifiestan en la vida y misión de la iglesia. Existen unas estructuras sociales (económicas, políticas e ideológicas) de pecado que están expoliando los bienes y recursos de las comunidades indígenas de la Amazonía, contaminado y destruyendo todo el hábitat natural: aguas, ríos, bosques, cultivos, el mismo aire...


Todo este pecado socio-estructural está ejercido por estos poderes económicos, políticos e ideológicos nacionales y trasnacionales, por empresas multinacionales y de los países, con la complicidad de los estados o gobiernos. Empresas madereras, mineras, petroleras, etc. que están arrasando con la Amazonía, acabando con la vida de sus comunidades, de los pueblos y con el hábitat ecológico. Tal como nos enseña la iglesia con Francisco, es una economía que mata, un verdadero terrorismo económico. Una real estructura de pecado, con la cultura de la muerte, que acaba con la vida en todas sus fases y formas o dimensiones, ejercida por los poderosos y enriquecidos que oprimen, empobrecen y matan a los pueblos, a los pobres y al planeta tierra (creación).

El pecado personal con el egoísmo y sus ídolos de la riqueza-ser rico y del poder ha cristalizado (se ha institucionalizado) en estas corporaciones económicas, políticas e ideológicas que están imponiendo toda esta cultura de la muerte, desigualdad e injusticia socio-ambiental global. Y va destruyendo la vida de las poblaciones como las indígenas, de los pobres y de la tierra. Frente a todo lo anterior, la Gracia del Dios de la misericordia ante el sufrimiento del reverso de la historia, en el seguimiento de Jesús, convoca a la iglesia samaritana. Es la iglesia misionera, con la conversión pastoral y ecológica, en salida hacia las periferias. Iglesia con entrañas misericordiosas que ejerce la compasión y la justicia en medio del dolor e injusticia de las víctimas, de los oprimidos arrojados a la cuneta de la realidad histórica, del grito de los pobres y el clamor de la tierra.


La Gracia del Dios Amor se revela en la iglesia, en los pueblos y los pobres que van ejerciendo su vida teologal, con el servicio (diakonía) de la caridad interpersonal y política. El Don de la Gracia de Dios constitutivamente se expresa en el amor civil y público, la caridad política, que busca la civilización del amor, el bien común más universal y la justicia social, mundial y ambiental con los pobres. La Gracia de Dios acogida y llevada al servicio del amor, en la misión de la Iglesia con los pueblos y los pobres, va realizando la salvación por la caridad y la justicia con la liberación integral de todo pecado, mal e injusticia. El Reino de Dios y su justicia nos traen esta salvación liberadora, que se va anticipando ya en la historia y culmina en la vida trascendente, plena y eterna.


La salvación se va efectuando en las liberaciones humanas e históricas globales y, finalmente, se consuma en la liberación escatológica, con los cielos nuevos y la tierra nueva. Es una liberación sociopolítica de todas estas estructuras sociales opresoras e injustas, de los sistemas económicos y políticos perversos e inhumanos, que niegan la vida y dignidad de las personas, de los pueblos y de los pobres. Liberación ética de la alienación humana, que no permite a la persona ser sujeto protagonista, gestor y transformador de la realidad social e histórica. Y liberación espiritual del pecado del mundo que se opone al Reino de Dios y su justicia, de todo lo que aparta del Amor de Dios y del prójimo que son inseparables y que, de forma indisoluble, se unen a la promoción de la justicia. Todas estas liberaciones se reclaman y exigen mutuamente en un proceso soteriológico dinámico, salvador y liberador de todo este pecado e idolatrías que esclavizan al ser humano.




La Gracia de Dios y su Amor se hace realidad en la opción por los pobres, aquellos a los que se les niega la vida y mueren antes de tiempo, como autores de su promoción liberadora e integral. La opción por los pobres lleva a cabo realmente el amor universal y real (concreto e histórico), ya que los pobres son los seres humanos a los que se les impide acceder a este amor para toda la humanidad, sufriendo y padeciendo todo mal e injusticia negadora de la vida. La humanidad vive en esta unidad de la historia, en la única historia de la salvación, donde la Gracia del amor y la justicia liberadora pugnan contra el pecado, el mal e injusticia. La Gracia de Dios y su amor es lo que mueve al mundo, lo que nos salva y libera, más entra en conflicto con el pecado del mundo, con la opresión e injusticia que personas y grupos sociales causan a otros seres humanos, comunidades y pueblos empobrecidos, oprimidos y marginados.


Tal como nos ha enseñado la iglesia con su doctrina social, por ejemplo, todo este conflicto (cuestión) social entre el capital y el trabajo, los falsos dioses del beneficio y la productividad para la ganancia que impiden la vida digna de la persona trabajadora, que rechaza sus derechos como es un salario justo. Por tanto, el auténtico desarrollo humano e integral requiere toda esta liberación global, con una economía y globalización más ética al servicio de las necesidades y capacidades humanas.


La mundialización de la solidaridad y de la justicia socio-ambiental, con una ecología integral, que promueva la vida de las personas, de los pueblos y del planeta tierra; con una interculturalidad que respete todo lo bueno, bello y verdadero de las tradiciones, culturas y religiosidad de los pueblos que nos comunican tantos valores, espiritualidad y trascendencia. En Jesucristo se nos revela el Dios de la vida. El Dios salvador y liberador que hace justicia a los pobres, que defiende la vida y dignidad de las personas, que nos regala la belleza de la naturaleza, de la creación y del cosmos en donde se manifiesta la Gloria de Dios, que estamos destruyendo.

jueves, 7 de febrero de 2019

Miedo al “Trascendente”.



José M. Castillo, teólogo
Teología sin censura.

Lo que quiero explicar, en esta reflexión, es que quienes pensamos en Dios y hablamos de Dios, lo hacemos de tal manera que, sin darnos cuenta ni sospecharlo, pensamos y hablamos de forma que deformamos a Dios, lo desfiguramos y hasta lo manipulamos hasta el absurdo de que Dios tiene que ser como a cada cual le interesa o le conviene.
Este absurdo ha llegado a tal punto, que es apremiante preguntarse ya en qué se diferencian la “providencia” de Hitler y su “Todopoderoso”, por una parte, y “Dios”, por otra (T. Ruster). El “Dios” de los políticos, que hablan de “Dios” cuando les conviene y para lo que les interesa, no puede ser el mismo Dios de los desgraciados que se ven en la miseria por causa del reparto de la riqueza que se organiza y se gestiona “como Dios manda” y como a no pocos clérigos les encanta.

Es evidente que, en todo esto, hay algo muy grave que no funciona. Un “Dios” que divide y enfrenta a los pueblos, a las culturas, a las naciones, a toda clase de gentes, hasta llegar a fomentar los odios, las venganzas, las torturas, la abundancia de unos y el desamparo de otros, ¿qué pantomima de “Dios” es eso? Y sobre todo, ¿por qué sucede (y no para de suceder) este disparate tan monumental?
En esta cuestión, yo tengo una idea fija. Le tenemos miedo a Dios. Precisando que se trata de un miedo concreto: es el miedo al Dios “Trascendente”. ¿Qué significa esto? ¿Por qué lo digo y qué consecuencias tiene?

Cuando hablamos de Dios, no atinamos si nos limitamos a decir que es el Omnipotente. Porque, si lo puede todo, ¿por qué no arregla este mundo tan desarreglado por tantos motivos? ¿cómo se explica que los “hombres de Dios” tengan la maldad que hace falta para destrozar a mucha gente que no coincide con el “Dios de los consagrados”? ¿quién me explica a mí por qué, cuando en la Iglesia ponen a un papa, como es el caso del papa Francisco, que es un hombre espontáneo, humano, que se acerca sin complejos a los más desamparados, precisamente a este papa, en el mismo Vaticano, porque es “voluntad de Dios”, le hacen la vida imposible y hasta quieren que se vaya?
No. Lo del “Omnipotente” no resuelve nuestras dudas y oscuridades. Y casi lo mismo se podría decir del “Infinito” y otros títulos semejantes.

Entonces, ¿en qué quedamos?
Antes que nada, sobre todo, Dios es el Trascendente. Ahora bien, hablar del Trascendente no es hablar del Infinito, ni del Eterno o del Todopoderoso. Estos títulos nos llevan a “lo nuestro” ilimitado. Pero es lo nuestro, lo “inmanente”, por más que no le pongamos límites, sigue siendo “lo que es propio y accesible a nosotros” los humanos. Lo “trascendente” es lo que trasciende el horizonte último de nuestra capacidad de conocer y de todo posible saber humano. Hablar de la “trascendencia” es referirnos “a un modo de ser que ya no es realizable (ni conocible), que está sobre todo cuanto podemos decir o entender” (“supereminentius quam dicatur aut intelligatur”) (Tomás de Aquino, “De potentia”, q. VII. a. V).

En última instancia, esto es así porque la mente humana sólo pude actuar “objetivando” lo que conoce o maneja. Nuestros conocimientos son “objetos mentales”. Pero el Trascendente no es (ni puede ser) un “objeto” que brota nuestra mente y está al servicio de nuestras ideas. El Trascendente “trasciende” todo posible objeto, por más infinito que nos lo “representemos” los que no podemos tener acceso a la Trascendencia.

La consecuencia, que se sigue de lo que acabo de indicar, es lo que nos da miedo. ¿Miedo? ¿Por qué? Porque el “Dios”, que brota de nuestra mente (de nuestra inmanencia), es un Dios “hecho a medida”. Es decir, el Dios que a cada cual la conviene o le interesa, para que tenga “autoridad divina” lo que a cada cual le viene bien. El que se “fabrica su Dios” no se da cuenta de lo que hace. Pero lo hace. Hay políticos que echan mano de “su Dios”. Y hay obispos que mandan, prohíben o amenazan en nombre de “su Dios”, el que ellos se inventan sin pensar que están mandando con la autoridad de su propio invento.

¿Tiene esto alguna solución? La tiene en Jesús de Nazaret, que la imagen de Dios, la revelación de Dios. Sólo el que vive como vivió Jesús, ése es el que pude decirle a la gente lo que Dios quiere o lo que no quiere. El que habla en nombre del “Dios”, que se ha inventado, es un farsante.

martes, 8 de enero de 2019

Una teología impertinente.


Pedro Pablo Achondo Moya

Hacer teología en el siglo XXI debe ser una tarea impertinente. Cuando nos planteamos el desafío de hacer un libro colectivo lo hicimos con una convicción pretensiosa: aportar al debate y al diálogo socio-político en Chile. Lo hicimos como se hacen las cosas del Evangelio, de manera sencilla y comunitaria. Movidos por una escuela que en América Latina es un verdadero tesoro, aun en nuestros días despreciado, marginado, vilipendiado: pensar desde los pequeños. Es decir ponernos en los pies de los pobres y sufrientes y desde allí, como dice una teóloga, “osar la palabra” creyente.
Esta escuela en la ladera sur del planeta comenzó en el siglo pasado entre catacumbas y Concilios, entre luchas armadas y revoluciones, entre Conferencias Episcopales y una fuerte toma de conciencia del pueblo pisoteado. Lo que el Espíritu de Jesús hizo acá fue impensable. Ni el mismo Espíritu sabía lo que hacía. En esta Escuela se formó un Romero, un Camilo Torres, un Ernesto Cardenal, una Rigoberta Menchu, un Helder Cámara, una Dorothy Stang, y miles de comunidades. Lo que pasó es que el pueblo creyente empezó a hablar. Hablar con los labios, con el canto, con los puños y con la danza. El pueblo empezó a leer, leer la Biblia, leer los Evangelios, leer los signos de los tiempos, leer las injusticias y miserias en las que se les tenía.
Llega a ser, sin duda, increíble que esta corriente de pensamiento (que es más amplia que la teología), primero siga viva y segundo siga siendo de minorías. Digo que siga viva porque se hizo lo imposible por silenciarla. Se movieron piezas, se expulsaron y censuraron profesores, se marginalizaron líderes, se desmembraron comunidades de base. Se borró de libros oficiales y se mantuvieron en las catacumbas a mártires y santas de a pie. Una limpieza, haciendo creer que esto no era palabra de Dios, que esto era manipulación ideológica. Qué pena ellos que no habían leído a Gamaliel.
Y que sea de minorías… cuando se ha tratado y se sigue tratando de una Buena Nueva. Esta teología, es decir este pensar y hacer, esta palabra y praxis quiere liberar a todos los hombres y al hombre todo. Pero claro, esto apenas se esboza en homilías, catequesis, primeras comuniones o matrimonios. Como un mundo paralelo. Sabiendo que persiste en su cercanía a los pobres, presente en agrupaciones de base, compartiendo con comuneros y jóvenes olvidados. En el siglo XXI todavía se puede escuchar el “hermana usted está haciendo política”, “padre dedíquese a celebrar la misa”. Esta Teología impertinente busca dejar de celebrar misas. Dejar de adorar dioses insensatos llenos de seguidores en su facebuk. En su diosbuk. En su Instadeus o Instamisa.
En esa corriente hemos querido entrar. Hace rato desde el sentir y el actuar, ahora desde el pensar. Desde el hacer teología. Uno de las frases que más me llaman la atención de los Seminarios de Formación Teológica de Argentina, es el “somos pobres y hacemos teología”. El sujeto teológico es el pobre, el laico/laica, el campesino, la mujer, el indígena, el trans, el niño. Rostros actualizados del Cristo de Mateo 25.
Hacer teología desde allí es romper con el lenguaje tradicional, consiste en atreverse a cuestionar lo que se ha mantenido incólume, no por un mero afán rebelde, sino porque el estatus quo y sus discursos políticos y religiosos, sociales y económicos nos tienen así: ahogados al borde del colapso. Nos tienen ad portas de consumirnos junto con el planeta, nos tienen migrando kilómetros y kilómetros con nuestros hijos en brazos, nos tienen en el engaño y la falsedad, en países destrozados y colonias imperialistas. Nos tienen, y esto es grave, lejos del amor. Lejos de la belleza y la compasión. Si la teología en cuanto discurso y praxis inspirada en el Nazareno no modifica en nada esto, ni siquiera cuestiona las estructuras de patriarcado eclesial, militar, familiar y cultural entonces es mejor que siga encerrada en sí misma como un saber cómodo y demasiado conforme con sus peipers. Una teología que hoy no es impertinente tiene otro nombre: charla de bautismo, curso de oración, consagración a la virgen; pero no teología.
Ronaldo pertenece a esta escuela y, junto con muchas y muchos nos inspira, nos desafía, nos empuja, nos incomoda. Los problemas sociales deben –porque el Evangelio nos moviliza- ser pensados desde la fe. La teología latinoamericana y esta, hecha en Chile, nos impelen a pensar esta tierra plurinacional tan llena de heridas. Los cristianos no pueden estar tranquilos en sus capillas y sacristías diciendo amén. Mucho menos apoyando movimientos racistas, clasistas, espiritualistas, moralistas, xenófobos y violentistas. Eso no tiene nada que ver con Jesús. Nada. La teología impertinente de Jesús invita a abrir los brazos, abrir la mente, abrir la palabra y los gestos para compartir vida, para enredarse y equivocarse. Para transformar estructuras y modificar prácticas y hábitos sin sentido ni significado.
Quizás le estamos pidiendo mucho a la teología. Quizás le estamos pidiendo lo que ella nos regaló con teólogos como Agustín, Tomás, Atanasio, Gregorio, con las teólogas místicas alemanas, Hildegarda, Matilda, Gertrudis, la mexicana Juana Inés, Libanio, Víctor, Leonardo, Juan Luis, Ivonne, Madeleine, Etty, Clotario…. Y tantos y tantas impertinentes que no podían callar aquello que el Espíritu les había comunicado.
En estos tiempos secularizados y de crisis institucional, la teología también se resiente. Pero quizás se resiente aquella que ha monopolizado facultades y púlpitos, enciclopedias y mensajes navideños de whatsapp. Pero no la teología resistente que ha resistido en las calles y procesiones, la que se sigue vinculando en círculos populares y catacumbas postmodernas; esa que lleva 50 años alimentando el retiro de Pirque y celebrando Medellín; la que no necesita títulos ni cátedras y que bueno que así sea porque se alimenta del Señor de los pobres, el sin-títulos, el sin-cátedras.
De ese modo, la hermosa y desafiante tarea del quehacer liberador de la teología sigue siendo la bandera de esperanza de muchos y muchas, al menos de nosotros.

domingo, 6 de enero de 2019

Interrogantes en torno a Jesús de Nazaret, Dios y la vida eterna y proyecto de ética mundial.



Hans Küng II: Interrogantes en torno a Jesús de Nazaret, Dios y la vida eterna y proyecto de ética mundial.



En la década de los setenta del siglo pasado y principios de los ochenta Hans Küng publicó tres obras en las que reformula tres de los grandes temas del cristianismo en los nuevos climas culturales y en respuesta a los grandes interrogantes de nuestro tiempo: Ser cristiano; ¿Existe Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo; ¿Vida eterna? Respuesta al gran interrogante de la vida humana? (las tres publicados en castellano originariamente en la editorial Cristiandad y actualmente en Trotta). Contaron con una excelente acogida en amplios sectores de la sociedad, religiosos o no, se tradujeron a diferentes idiomas, ejercieron una gran influencia en el campo teológico y constituyen hoy referentes significativos en cada uno de los temas tratados.

El libro de Küng Ser cristiano no se dirige a un público confesionalmente católico, sino “a cristianos y ateos, gnósticos y agnósticos, pietistas y positivistas, católicos tibios y católicos fervientes, protestantes y ortodoxos”, a personas que no son cristianas pero se interesan intelectual y vitalmente por el cristianismo y a quienes se encuentran indecisas entre la fe y la increencia. Siguiendo la metodología interrogativa, Küng empieza preguntándose si ser cristiano es más que ser persona, si es una superestructura o una infraestructura, qué es en realidad ser cristiano y cristiana y que significa serlo hoy.

En esta obra desarrolla una de las cristologías que –junto con las de Rahner, Schillebeexcks y las de la teología de la liberación- más ha contribuido a recuperar al Jesús histórico y a la reformulación de los dogmas cristológicos en perspectiva histórica. A partir del reto de los humanismos modernos y de las grandes religiones, se pregunta por lo peculiar del cristianismo, y lo descubre en Cristo, se interroga asimismo por cuál de las imágenes de Cristo es la verdadera y a cuál de ellas hay que atenerse en la práctica. La respuesta es el Cristo real, que no es un mito, sino un personaje histórico, cuyo contexto social, predicación, conflictos, muerte y nueva vida analiza con rigor exegético.

En ¿Existe Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo plantea el problema de Dios siguiendo los pasos del pensamiento moderno europeo a través de algunos de sus principales filósofos y sistemas de pensamiento: Descartes, Pascal, Kant, Hegel, Feuerbach, Marx, Nietzsche, Freud, Bloch, Wittgenstein, etc., en forma de preguntas: ¿pienso, luego existo? (Descartes); ¿creo, luego existo? (Pascal); ¿no se desvanece Dios en el proceso de la evolución? (Darwin), ¿no es Dios una proyección del ser humano? (Feuerbach); ¿no es un consuelo interesado? (Marx); ¿no es “nuestra más larga mentira” y el resentimiento de las personas frustradas? (Nietzsche), ¿es Dios una ilusión infantil? (Freud).

No es este un libro de sermones y panegíricos, sino, en diálogo con los críticos de Dios y atento a sus interpelaciones, un intento de respuesta con tres síes a la pregunta del título: sí a la realidad como alternativa al nihilismo; sí a Dios como alternativa al ateísmo; sí al Dios cristiano, que es el Dios de Jesús de Nazaret. Pero antes de la respuesta afirmativa al Dios cristiano y consciente de que, desde las ciencias de las religiones, el cristianismo no es la única religión, analiza las concepciones de Dios en las religiones no cristianas, incluyendo la idea de Dios de las religiones chinas y la religiosidad no-teísta del budismo.

En ¿Vida eterna? Respuesta al gran interrogante de la vida humana? (Trotta) se plantea las preguntas existenciales sobre el futuro de la vida, el sentido y sin-sentido de la muerte: ¿qué es la muerte?, ¿hay una sola vida o varias vidas?, ¿a dónde vamos al morir: a la nada o a la realidad última?, ¿es el más allá la proyección de un deseo?, ¿es el morir entrar en la luz?, ¿todos los caminos acaban en la tumba?, ¿por qué esperar en un cielo?, ¿infierno eterno?. Y nuevas preguntas más radicales: “¿Es la vida eterna solo la proyección de un deseo? (Feuerbach)?, ¿vana esperanza para oprimidos? (Marx), ¿negación del eterno retorno de lo mismo?, ¿regresión irreal propia de una inmadurez psíquica? (Freud)”.

Küng expone las respuestas dadas por las distintas filosofías y religiones: reencarnación, inmortalidad del alma, el “gran quizás” de Rabelais, que retoma Bloch, etc. y se centra especialmente en las respuestas del judaísmo y del cristianismo: la resurrección de los muertos y la vida eterna. Para él, la esperanza en la vida eterna implica activar dimensiones fundamentales de la existencia humana como las siguientes: saber que este mundo no es lo definitivo y que todo lo que existe tiene carácter transitorio; poder trabajar por un mundo mejor; poder dar sentido a la propia. Define la vida eterna como “liberación sin nueva esclavitud”.


Diálogo interreligioso y proyecto de una ética mundial


Tras la retirada de la autorización para la enseñanza teológica por parte del Vaticano a propósito de sus teorías sobre la infalibilidad en 1979, inició una nueva etapa: la apertura al “gran ecumenismo” a través de la propuesta del diálogo entre las religiones y de una ética mundial. Expuso su idea de la paz entre las religiones como base para la paz entre las naciones en distintos foros internacionales y la desarrolló de manera programática en la obra Proyecto de una ética mundial (1990).

La tesis de Hans Küng es que las religiones pueden contribuir a evitar el choque de civilizaciones que algunos politólogos anunciaban para el siglo XXI. Para ello es necesario que pongan en práctica una serie de iniciativas que el teólogo suizo formula así:

“1. No habrá paz entre naciones sin paz entre las religiones. 2. No habrá paz entre las religiones sin diálogo de las religiones. 3. No habrá diálogo de las religiones sin estándares éticos globales. 4. No habrá en nuestro Globo supervivencia en paz y justicia sin un nuevo paradigma de relaciones internacionales basadas en estándares éticos globales”.

Estas propuestas fueron la base del II Parlamento de las Religiones del Mundo celebrado en Chicago del 28 de agosto al 4 de septiembre de 1993, donde más de 200 representantes de las religiones del mundo expresaron por primera vez en la historia su consenso en torno a una serie de valores, actitudes y modelos éticos comunes. El consenso se plasmó en una Declaración, cuyo principal redactor fue Küng. En ella las religiones asumían el compromiso de trabajar a favor de una cultura de la no violencia y del respeto a toda vida, de una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo, de una cultura de la tolerancia y de una vida veraz, y de una cultura de la igualdad y la colaboración entre hombres y mujeres.

martes, 18 de diciembre de 2018

Principios para el discernimiento ético-político en el humanismo y la fe.

Principios filosóficos y teológicos que, con su enseñanza, nos muestra el Papa Francisco de la mano, entre otros, de Santo Tomás, el Doctor de la Iglesia más significativo y citado por el Papa.
Agustín Ortega

De ahí la trascendencia de reafirmar la vida con sentido y honrada, con un discernimiento crítico y militancia ética-política frente a todo este mal e injusticia; con un adecuado enfoque interdisciplinar en una buena base filosófica, antropológica, ética y espiritual en relación con la importancia de las ciencias sociales y humanas como es, por ejemplo, la psicología.

Todo ello es vital para una buena fundamentación, comprensión y praxis de los derechos humanos, en esta fecha del 10 de Diciembre.

Ahí tenemos toda la fecundidad de los principios filosóficos y teológicos que, con su enseñanza, nos muestra el Papa Francisco de la mano, entre otros, de Santo Tomás, el Doctor de la Iglesia más significativo y citado por el Papa.

Y que expresa todo ese humanismo espiritual, ético e integral, tal como nos transmite la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Francisco enseña estos principios o valores, que recoge lo más valioso de la filosofía y la teología, con una perspectiva claramente humanista y que, como vamos a ver, son muy importantes para la vida ética, social y política con su discernimiento. Y que sintonizan con corrientes muy significativas de pensamiento, como el personalismo o el latinoamericano.
Principios filosóficos y teológicos

Estos principios filosóficos y teológicos, que a continuación vamos a exponer, nos liberan de errores y patologías contenidas en los idealismos, modernismos, postmodernismos, populismos y totalitarismos.

El primer principio, la realidad está por encima de la idea, nos presenta el realismo filosófico y teológico, la pasión por la realidad. El ver y ser honrado con lo real, el hacernos cargo de la realidad. Una metafísica del ser y de la existencia, de la realidad con una antropología integral, que no inventa ni tergiversa lo real. Lo cual sucede, cuando el pensar y sentir no reconoce esta verdad de lo que es y existe, de la realidad, la verdad de lo real.

Es pues una filosofía y teología encarnada en la realidad. Religada al ser real que, en la mirada teológica cómo celebramos en la Navidad, tiene su luz en la Encarnación de Dios en Jesús de Nazaret. Dios en Jesús se ha encarnado en la realidadhumana, personal, social, histórica y trascendente, ha asumido todo lo real y humano para que se encarne la salvación liberadora de todo mal e injusticia.

Por tanto, la razón y el pensamiento se han de religar a la realidad, con un compromiso con lo real: con todo este ser de las cosas y del mundo, con la realidad material, física y corpórea, espiritual y trascendente; con el ser personal, humano, sociable, histórico y transido de alma, espíritu y trascendencia.

Tal como nos muestra la ley natural con su antropología integral, el ser humano tiene una naturaleza personal y social, corporal, política y espiritual. Una vida y dignidad sagrada e inviolable que siempre hay que respetar. En la diversidad y complementariedad social e interpersonal del hombre con la mujer que en el amor fiel fecunda la vida. Es la alegría de la familia con los hijos y las virtudes éticas en la caridad fraterna, responsabilidad y compromiso por el bien común, por la solidaridad, la paz y la justicia con los pobres.

Desde la fe, la vida y dignidad de todo ser humano adquiere tal sacralidad, valor y trascendencia ya que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, es hijo de Diospor la Gracia del Amor que lo libera de toda esclavitud u opresión.

El segundo principio, el todo es mayor que la parte, nos muestra ese ver y cosmovisión de lo real que es universal, inter-relacionada e integral. En donde la parte y el todo se unen confluyendo, lo local y lo global se entrelazan, el fragmento y la totalidad no se oponen sino que se fecundan en comunión. En la inter-relación y retro-alimentación de todo con todo, ya que todo está unido con todo. Es la perspectiva católica de lo universal, de la diversidad en la unidad que se trasciende en algo más (es “magis” tan ignaciano), en la búsqueda de más verdad, belleza y el bien mayor.

Hay que querer el bien más común y universal que, de forma solidaria, promueve el valor del destino universal de los bienes que está por encima de la propiedad, ya que la propiedad tiene un inherente carácter social y personal al mismo tiempo. Es el magis, a la mayor gloria de Dios que, desde la fe trinitaria, es comunión y amor solidario en las diversas Personas Divinas que se unen, que se entregan mutuamente. En contra de todo individualismo, corporativismo y nacionalismo insolidario.

Desde la ética y la fe católica, el amor universal, la fraternidad mundial, la solidaridad internacional, la paz y la justicia global con los pobres de la tierra, por ejemplo con los hermanos migrantes y refugiados, trasciende toda barrera, frontera, patria, nación…

El tercer principio, la unidad está antes que el conflicto, nos lleva a cargar con la realidad y sus sufrimientos, males e injusticias, con las luchas dramáticas entre el bien y el mal. En sentido teológico, es la conciencia de la pugna entre el Don de la Gracia y el egoísmo del pecado con su maldad e injusticia.

Asimismo, se expresa aquí el principio y virtud de la misericordia, el mismo Ser de Dios que es Amor y Misericordia. Por el que asumo todo este dolor e injusticia que padecen los otros, la pasión de los pueblos crucificados por el mal, injusticia y pecado del mundo. La unidad fraterna se rompe con la opresión e injusticia que se causa a los otros, la dominación y tiranía sobre los pueblos, las comunidades y los seres humanos.

Todas estas autoridades y leyes que niegan el bien común. Las estructuras sociales de pecado y los sistemas económicos perversos: que impiden la justicia y el valor del destino universal de los bienes, imponiendo el ídolo de la propiedad; que rechaza el principio del trabajo, con la dignidad del trabajador y sus derechos como es un salario justo, mediante la esclavitud de la idolatría del capital; que perpetran el pecado de la usura, con sus créditos abusivos e injustos, sacrificando la vida de las personas.

Por lo tanto, hay que realizar ese juzgar (juicio ético). Lo que, unido a la ley natural, lleva a valorar como injusto e inmoral todo aquello que va en contra de la vida y dignidad de la persona, que no promueve el amor y la justicia liberadora con los otros, con los pobres y pueblos. La fe y teología nos muestra al Dios de la vida que nos regala el ser, que nos dona la existencia. Y que se opone a todos estos falsos dioses idolátricos que dan muerte como el dinero, la codicia, el poder y poseer que sacrifican la existencia (ser) de los pueblos y los pobres.

El cuarto y último principio, el tiempo es superior al espacio, señala el dinamismo y trascendencia de lo real. Con los procesos emancipadores y liberadores de las personas, pueblos y pobres en la lucha por más vida, fraternidad solidaria y justicia. Frente a los espacios de poder y dominación.

Expresa ese principio humanista de la subsidiariedad que, en la clave de la opción por los pobres, significa que las personas, los pueblos y los pobres adquieren una verdadera libertad, siendo sujetos protagonistas de la misión y de su promoción liberadora e integral. Es el amor trascendente y liberador, que realiza la existencia de la santidad con la pobreza solidaria en la comunión de vida, bienes y luchas por la justicia con los pobres de la tierra. Frente a los ídolos de la riqueza-ser rico, poder, violencia y tener que esclavizan al ser persona, fraterna y solidaria.

Se nos manifiesta así la sociabilidad del ser humano con la virtud ética de la política, en el amor social y cívico. Expresando el inherente carácter público e histórico de la fe, es la virtud teologal de la caridad política que busca el bien común, los derechos humanos, la civilización del amor y la justicia con los pobres de la tierra. La caridad política que, unidad inseparablemente a la justicia social, va las causas de los males y problemas.

Restituyendo la opresión e injusticia que sufren los pueblos y los pobres, a los que se les roba y expolia sus bienes, recursos y capacidades para un desarrollo humano e integral. Es ese servicio y compromiso del amor solidario, que en lucha por la justicia con los pobres nos regala el sentido, la felicidad y la vida plena-eterna en la comunión con Dios.

Tal como nos trasmite la fe e iglesia con Francisco, es la vida y sabiduría de los santos entrañada en el Dios que se nos revela en Jesús Pobre-Crucificado. Y que en su Espíritu, nos regala el amor liberador, la verdad, la belleza, el bien y la justicia. En contra de los ídolos de la riqueza-ser rico, del tener y poder. El camino de la fe y de la Navidad no es otro que ese Jesús Encarnado en lo humano, el Cristo Pobre y Crucificado-Resucitado que, con su Espíritu de amor y justicia, nos dona su salvación liberadora de todo mal, esclavitud, pecado muerte e injusticia.

Fuente: loyolaandnews

lunes, 15 de octubre de 2018

El discurso teológico no puede ignorar la epistemología de la ciencia.

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Por Leandro Sequeiros

La filosofía y la teología cristiana postulan no solo la necesidad, sino también la oportunidad y la posibilidad de tender puentes de diálogo entre dos grandes ámbitos de conocimiento, entre dos grandes concepciones del mundo que para mucha gente en nuestro mundo parecen irreconciliables: entre la ciencia y la religión, entre la visión científica del mundo y la visión teológica del mundo, entre la razón y la fe, entre la experiencia religiosa y la construcción social científica y tecnológica. ¿Es posible tender puentes entre ambas fronteras? Ciencia y Teología, ¿son visiones del mundo alternativas? En un artículo reciente de FronterasCTR hacíamos una recapitulación de la moderna epistemología de la ciencia. Creemos que, para la teología, el problema de fondo es de tipo epistemológico. ¿Cómo se sitúa la teología en el marco de las exigencias epistemológicas de la ciencia? la respuesta depende de la concepción que se tenga de la naturaleza, las fronteras y las posibilidades del conocimiento humano. Entre las muchas tradiciones epistemológicas actuales, que mencionábamos en nuestro anterior artículo, se postula aquí que la tradición de los programas de investigación de Imre Lakatos puede ser un territorio común de diálogo y de encuentro entre científicos y teólogos.


REPENSAR LA TEOLOGÍA DESDE OTROS SUPUESTOS EPISTEMOLÓGICOS

El problema que se plantea hoy es este: ¿es posible reconstruir el edificio de la teología desde unos supuestos de la modernidad? ¿Es posible una espiritualidad que hunda sus raíces en una cultura impregnada por la mentalidad científico-técnica?

Desde diversas instancias, se niega esa posibilidad. Pero para algunos grupos religiosos se abre la posibilidad. Para los seguidores de las epistemologías de la no-dualidad, la moderna filosofía de la ciencia lleva a un callejón sin salida y postulan otro modo de construir ciencia y de elaborar nuestras experiencias espirituales.

Sin negar que tienen una parte de razón, si es claro que su postura hoy es marginal en la reflexión filosófica y que, incluso, caen en lo que hemos denominado la “falacia” de postularse como la única alternativa. Hoy caben muchas otras epistemologías que pueden resultar fructíferas para elaborar una teología y una espiritualidad que integre los logros de las ciencias asumidas por las comunidades científicas.

El paradigma teológico actual se supone lo suficientemente abierto para que pueda ser interlocutor válido para los científicos a la hora de poder establecer puentes entre ambos, dialogar, discutir y lograr lenguajes válidos comprensibles para ambos.
El modelo epistemológico de Imre Lakatos puede ayudar a tener puentes entre Ciencias y Teología

Desde estas páginas – y sin poder descender a detalles – sugerimos la posibilidad de que la incorporación en la formación de los futuros teólogos de las propuestas epistemológicas de Imre Lakatos se nos antojan las más fecundas para poder formular, reelaborar, reconstruir, reflexionar y dotar de base filosófica a los puentes cognoscitivos entre Ciencia y Teología.

No es este el lugar para justificar esta propuesta, por lo que aquí nos limitamos a resumir algunas de las intuiciones epistemológicas de Lakatos.

Imre Lakatos (1922-1974) falleció tempranamente y húngaro de nacimiento. De joven se distinguió por su oposición al nazismo en Hungría, siendo miembro activo del partido comunista. Sin embargo, fue detenido en 1950 por sus ideas tachadas de “revisionistas”. Fue juzgado y estuvo encarcelado durante tres años. Tras la revuelta húngara en 1956, se exilió en Viena y luego marchó al Reino Unido donde trabajó en Cambridge en su tesis doctoral. Después desarrolló una fecunda labor como profesor en laLondon School of Economics and Political Science (donde Karl Popper ejercía su magisterio y del que fue alumno y amigo) hasta su temprana muerte en 1974.

Partiendo de las teorías sobre la falsaciónpopperiana, Lakatos inicia un acercamiento a las posturas de Kuhn, sin llegar a aceptar sus postulados. La mayor parte de sus libros [una buena bibliografía puede encontrarse en: I. LAKATOS (1993) La metodología de los programas de investigación. Alianza Universidad, Madrid, páginas 300-302] contienen recopilaciones de sus propios trabajos que fueron editadas por sus alumnos después de su fallecimiento cuando contaba solamente 52 años.

De entre estos libros (sobre todo los traducidos al español) destacamos los siguientes: Pruebas y refutaciones(1963-64) (Traducción de 1978, Alianza Universidad); Historia de la Ciencia y sus reconstrucciones racionales(1971) (en español, Tecnos, Madrid, 1974); La metodología de los programas de investigación(recopilación de trabajos, desde 1970 a 21976; en español, 1983, Grijalbo, Barcelona); “Metodologías rivales de la ciencia: las construcciones racionales como guía de la historia”. 1971. Traducción en Teorema, (en español, 1974); Matemáticas, Ciencia y Epistemología. (1978) (Traducción de 1981, Alianza Universidad).

Fue editor, junto a Alan Musgrave, de las actas del famoso seminario de Bedford College, de 1965. El tomo IV de estas actas lleva como título: LAKATOS, I. Y MUSGRAVE, A. edit. (1970) Criticism and the growth of knowlewdge. Cambridge university Press. (En español, 1975: La Crítica y el desarrollo del Conocimiento. Grijalbo, Barcelona). En este volumen se incluye uno de sus trabajos más citados: “La falsación y la metodología de los programas de investigación científica”.

Cuando Lakatos escribió este trabajo, Kuhn ya había publicado La Estructura de las Revoluciones Científicas. A Lakatos le preocupa encontrar el “modelo de cambio científico”, cómo se modifican, se sustituyen y desaparecen las teorías. Está convencido (como Kuhn) que el único modo de contrastarlo es acudiendo a la historia de las ciencias. De este modo, la introducción de la dimensión histórica de la construcción social de los grandes relatos de la Teología puede ser un buen camino para tender puentes entre Ciencia y Teología.
Imre Lakatos como mediador epistemológico entre Ciencias y Teología

La reflexión sobre las diversas propuestas epistemológicas emergentes desde el siglo XVI, nos hacen converger hacia el racionalismo crítico. Las comunidades científicas parecen inclinarse desde mediados del siglo XX hacia estas propuestas. Sobre ellas hemos discutido en nuestro ensayo “Teorías de la Ciencia”. Pero ¿cuál de las escuelas epistemológicas dentro del marco del racionalismo crítico puede ser más fecunda para tender puentes entre Ciencias y Teología?

Desde este ensayo apostamos por Imre Lakatos como filósofo de la ciencia cuyas propuestas pueden acercar las orillas de la Ciencia y la Teología. Los que asumen sus propuestas, tanto científicos como teólogos, pueden tener un lenguaje común que facilita el necesario diálogo. No negamos el valor de otros filósofos, como Popper y Kuhn, pero creeemos que Lakatos puede ser un mejor facilitador.

Nuestra propuesta es que el modelo de los programas de investigación de Lakatos puede ser el más fecundo en esta tarea. El que falsacionismo ingenuo de Popper tuviera muchos puntos débiles, no pasó desapercibido a muchos de sus contemporáneos. Lakatos, diplomáticamente critica a Popper sus “experimentos cruciales”, su noción ingenua de refutación y la mentada su falta de contextualización que ofrecía el universo idílico de Karl Popper, tan lejos de las realidades humanas y mundanas.

Del mismo modo, Lakatos introduce una fuerte componente historiográfica al reprochar tácitamente (con razón) a Karl Popper, que cuando se diseña un experimento crucial con vistas a determinar entre dos teorías que rivalizan por el dominio de un área determinada del conocimiento científico cual es mejor, los científicos parecían estar equipados de una “racionalidad instantánea” que les permitía precisar las posibles implicaciones que se derivan de tal experimento.

Lakatos considera que tal modo de proceder es pura y llanamente imposible (excepto en la mente de Popper). Más aún defiende que tales experimentos pueden ser valorados como cruciales en un momento dado, pero podrán no ser contemplados de la misma manera tiempo después. Se requiere pues de un tiempo para destilar o separar el grano de la paja.

Imre Lakatos intentó mediar entre Popper y Kuhn, reinterpretando los conceptos de racionalidad de ambos, acuñando el término de “programa de investigación” (research programme). Lo que caracteriza a este esfuerzo científico lakatosiano, para salvar la historia de la ciencia y la racionalidad popperiana, es la propuesta siguiente: la reflexión humana lleva a elaborar unos “programas de investigación” (similares a los paradigmas kuhnianos) dotados de un núcleo duro (hard core), que son los supuestos básicos e innegociables de toda investigación. Con el fin de preservarlo, está un cinturón protector constituido por hipótesis auxiliares (auxiliary hypothesis) que resguardan el núcleo duro con datos experimentales. Lakatos ha logrado dibujar un cuadro más persuasivo que el de Popper, pero la pregunta de cómo se logra dar con el programa de investigación sigue abierto.

Dicho de otro modo, es la historia la que dicta sentencia. Los investigadores no son unos iluminados, ya que se requiere tomar una cierta perspectiva, como suele ocurrir en la vida cotidiana, a la hora de reflexionar sobre muchos temas. El choque entre conjeturas y refutaciones, diría Lakatos, ni se da en el vacío, ni lo abordan de motu propio los científicos que defienden una teoría. Del mismo modo, alega que las conjeturas no aparecen “espontáneamente” en escena sino que son parte de una tradición de ideas, de concepciones acerca del mundo, es decir de la cosmología imperante en un momento dado de la historia de la sociedad, de la cual la ciencia forma parte. 
Lakatos y la metodología de la investigación: la Teología como programa de investigación

De acuerdo con nuestra propuesta, una lectura lakatosiana del quehacer la teología y de la ciencia como “programas de investigación” que pueden converger, nos parece muy fecunda y consideramos la propuesta de Imre Lakatos con más poder explicativo y más urdimbre interdisciplinar que la referencia clásica a Raymond Popper o a Thomas S. Kuhn.

Después de haberlo reflexionado mucho, me inclino por la perspectiva lakatosiana, especialmente por su concepto de “programas de investigación”, no solo por su mayor coherencia y equidistancia entre Popper y Kuhn, sino por su mayor poder explicativo en la problemática del conflicto Ciencia-Teología.

Pero hay que reconocer que, en algunos aspectos, el concepto dinámico de la ciencia como un gran programa de investigaciónque se desarrolla y crece gradualmente a lo largo de la historia del pensamiento científico es, cuanto menos seductor.

Ahora se pregunta: ¿Cuál es la metodología de investigación? ¿Cómo se desarrolla, crece, se transmite y cambian los contenidos y el método de las ciencias y de la teología? En definitiva, ¿qué lugar epistemológico ocupan los programas de investigación? La expresión clásica de Lakatos es que la producción del conocimiento humano no es otra cosa que un inmenso programa de investigación.

Esteprogramatiene unas reglas metodológicas. Unas reglas nos indican qué caminos hay que evitar (heurística negativa), y otros que caminos a recorrer (heurística positiva). En este sentido, Lakatos habla de la heurística negativade un programa de investigación: es decir, el andamiaje intocable de la ciencia, las cosas que no se pueden tocar, los fundamentos epistemológicos, los logros incuestionables, aquella base que no se puede rechazar ni modificar. Ese es el llamado núcleo central(o también el centro firme) del programa de investigación. Los elementos intocables, ya asentados para siempre. Se defiende así del relativismo con el que se acusa a Kuhn.

Pero este núcleo centralnecesita protección. Para ello está lo que Lakatos denomina el cinturón protector. Este está constituido por lo que se denominan las hipótesis auxiliaresque son reglas metodológicas: los procedimientos del trabajo científico que llevan a las formulaciones científicas. Así, la teoría de Newton tiene la ley de la Gravitación como núcleo y las hipótesis auxiliares son mudables con el tiempo.

Por otra parte, en todo programa de investigaciónexiste lo que denomina la heurística positiva: es decir, el conjunto de las líneas maestras que desarrollan el programa de investigación. Laheurística positivapersigue la construcción de un “cinturón protector” de hipótesis que rodean el núcleo, y la relativa autonomía de la ciencia teórica. La heurística positiva es la política o plan de investigación a largo plazo. Es el camino a recorrer.

La heurística especifica el “núcleo” del plan (que es irrefutable por decisión metodológica de sus protagonistas). La heurística positiva consiste en un conjunto parcialmente articulado de sugerencias sobre cómo cambiar y desarrollar las “variables refutables” del programa de investigación, y sobre cómo modificar y completar el cinturón protector. Así, la metafísica cartesiana era como un inmenso reloj y funcionó como principio heurístico. Descartaba la acción a distancia (heurística negativa) y estimula las otras hipótesis auxiliares, como las de las elipses de Kepler (heurística positiva).

Lakatos se pregunta si existe progreso en la ciencia y cómo se produce el progreso. En este sentido, es optimista en sus planteamientos. Para Lakatos, el crecimiento científico se puede medir en términos de transferencias progresivas y degenerativas de problemas en series de teorías científicas. La ciencia progresa expansionando o modificando el cinturón protector, añadiendo nuevas hipótesis. “Solo de una serie de teorías – o un programa de investigación – y no de una teoría aislada, puede decirse que sea científica o acientífica”.

Por otra parte, un programa de investigación puede ser progresivo(expansionarse o ampliarse más) o puede serregresivo(puede ir perdiendo fuerza explicativa hasta desaparecer o degenerar). Un programa que degenera dará lugar a otro rival más progresionista, del mismo modo a que la astronomía ptolemaica dió lugar a la copernicana. En los debates de los años sesenta, el filósofo anarquista Paul Feyerabend acusó a Inre Lakatos de ornamento verbal, de presentarse con mera palabrería, pero sin contenido conceptual.

Aun así, Lakatos fue siempre un profesor polémico. En su intervención en el famoso Simposio de 1965 (del que hablaremos más adelante), ataca a Kuhn acusándolo de irracionalidad y de dar demasiada importancia a elementos extracientíficos. Lakatos está convencido de que existen criterios objetivos que permiten hacer una opción racional entre teorías alternativas. Rechaza el falsacionismo ingenuo y también lo que el mismo Lakatos describe como “el marxismo vulgar” de Kuhn. De igual modo, apoya el llamamiento de Popper a la honestidad intelectual, ya que la ciencia es una empresa racional. Cree que la ética debe ser un atributo esencial en el trabajo del científico. Estas ideas las volveremos a recoger más adelante. Pero será necesario ahora presentar a otros filósofos de las ciencias, uno más de los que hemos denominado provocativamente “los hijos rebeldes” de Popper.


EXPANDIR UN NUEVO TERRITORIO DE DIÁLOGO ENTRE CIENCIA Y TEOLOGÍA

Por eso, “Decir que la creencia religiosa pudo funcionar como premisade la ciencia no implica necesariamente afirmar con contundencia que la ciencia no habría podido despegar nunca sin una teología previa. Pero sí quiere decir que las concepciones particulares de la ciencia sostenidas por sus pioneros estaban a menudo imbuidas de creencias metafísicas y teológicas. Al hablar de las leyes de la naturaleza, esos filósofos no eligieron esa metáfora de forma simplista. Las leyes eran el resultado de la legislación de una divinidad inteligente. René Descartes (1596-1650) sostenía que él estaba descubriendo las “leyes puestas por Dios en la naturaleza”. Posteriormente, Newton declararía que la regulación del sistema solar presuponía el “consejo y el dominio de un ser inteligente y poderoso” [JOHN HEDLEY BROOKE.Ciencia y Religión. Perspectivas históricas. Sal Terrae, Santander, Universidad Comillas, Madrid, 2016, pág. 26].

Como ha escrito John Polkinghorne [Ciencia y Teología. Una introducción. Colección Presencia Teológica número 104, Editorial Sal Terrae, Maliaño, Cantabria 2000, pág. 181], uno de los expertos en éste tema, la ciencia forma parte de la cultura humana, a la vez que influye en ella: pero su factor de control es su encuentro con la realidad del mundo físico. También la teología forma parte de la cultura humana: también ella se ve influida por la cultura general y también ejerce una sensible influencia sobre ella. Pero su factor de control es su encuentro con la realidad de Dios.

Lo que ambas disciplinas tienen en común es el esfuerzo por alcanzar el conocimiento a partir de una creencia fundada. Pero entre ellas también hay diferencias. Una de estas diferencias radica en la naturaleza de sus respectivos factores de control. Los seres humanos somos capaces de trascender el mundo físico y podemos someterlo a prueba experimental. Dios trasciende al ser humano, y ninguna criatura puede someterlo a prueba experimental.

Antes de presentar una crónica, necesariamente incompleta, del quehacer en España de la reflexión entre ciencia y teología, creemos necesarias estas reflexiones.


CONCLUSIÓN: UNA MIRADA HACIA EL FUTURO: LA FORMACIÓN EPISTEMOLÓGICA DE LOS TEÓLOGOS

Afirmamos al inicio de estas páginas que defendemos en este ensayo que el camino para poder establecer puentes entre la Ciencia y la Teología es posible y necesario por el bien de la cultura. Pero los cimientos sobre los que deben establecerse los pilares de estos puentes deben estar asentados sobre un consenso filosófico entre ambas partes. Un consenso que, según nuestra opinión, tiene mucho que ver con el método científico y el método de la filosofía, la reflexión sobre la naturaleza del saber humano. En definitiva, es necesario un consenso epistemológico que fundamente el necesario diálogo y encuentro entre las dos racionalidades: la racionalidad científica y la racionalidad teológica.

Desde un punto de vista muy personal, el problema de fondo de las posibles relaciones entre ciencia y teología no es teológico, sino filosófico. Y más exactamente, epistemológico: ¿cuál es el fundamento racional del conocimiento humano? ¿Qué vías racionales de acceso al saber tienen vigencia en el siglo XXI? Y en nuestro caso: ¿qué presupuestos filosóficos condicionan y facilitan la posibilidad de tender puentes entre Ciencia y Teología?

Se ha intentado mostrar que las propuestas de Imre Lakatos, si son asumidas por ambas partes en diálogo, científicos y teólogos, pueden fundamentar un lenguaje común de comunicación.

Como ha escrito José Manuel Caamaño (a final de noviembre de 2017),director de la Cátedra Francisco J. Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Comillas: “El Papa Francisco nos invita a no limitarnos a una teología de escritorio, sino a estar en estado permanente de misión, a salir a las fronteras de la vida, a reformar lo que haya que reformar en la comunión eclesial para hacer más visible la buena noticia de Jesús. Y hoy, en un mundo muy plural en donde quizá lo que prima sea lo accesorio, lo relativo, la utilidad, etc., la teología no deja de tener ese carácter revulsivo o contracultural que rompe con la lógica imperante pero que, en el fondo, nos orienta hacia las cuestiones más importantes de la vida, hacia una visión más integral de las personas y del mundo y, en definitiva, también es una forma de trascender aquello que no puede agotar el sentido último de lo que somos y la esperanza que sustenta todo cuanto hacemos. Por todo ello la teología nos ayudará tanto a dar razón de nuestra esperanza como a evitar el naufragio vital que siempre acecha a nuestra existencia”.



Leandro Sequeiros. Doctor en Ciencias Geológicas. Asesor de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión.


Fuente: FronterasCTR