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martes, 18 de diciembre de 2018

Principios para el discernimiento ético-político en el humanismo y la fe.

Principios filosóficos y teológicos que, con su enseñanza, nos muestra el Papa Francisco de la mano, entre otros, de Santo Tomás, el Doctor de la Iglesia más significativo y citado por el Papa.
Agustín Ortega

De ahí la trascendencia de reafirmar la vida con sentido y honrada, con un discernimiento crítico y militancia ética-política frente a todo este mal e injusticia; con un adecuado enfoque interdisciplinar en una buena base filosófica, antropológica, ética y espiritual en relación con la importancia de las ciencias sociales y humanas como es, por ejemplo, la psicología.

Todo ello es vital para una buena fundamentación, comprensión y praxis de los derechos humanos, en esta fecha del 10 de Diciembre.

Ahí tenemos toda la fecundidad de los principios filosóficos y teológicos que, con su enseñanza, nos muestra el Papa Francisco de la mano, entre otros, de Santo Tomás, el Doctor de la Iglesia más significativo y citado por el Papa.

Y que expresa todo ese humanismo espiritual, ético e integral, tal como nos transmite la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Francisco enseña estos principios o valores, que recoge lo más valioso de la filosofía y la teología, con una perspectiva claramente humanista y que, como vamos a ver, son muy importantes para la vida ética, social y política con su discernimiento. Y que sintonizan con corrientes muy significativas de pensamiento, como el personalismo o el latinoamericano.
Principios filosóficos y teológicos

Estos principios filosóficos y teológicos, que a continuación vamos a exponer, nos liberan de errores y patologías contenidas en los idealismos, modernismos, postmodernismos, populismos y totalitarismos.

El primer principio, la realidad está por encima de la idea, nos presenta el realismo filosófico y teológico, la pasión por la realidad. El ver y ser honrado con lo real, el hacernos cargo de la realidad. Una metafísica del ser y de la existencia, de la realidad con una antropología integral, que no inventa ni tergiversa lo real. Lo cual sucede, cuando el pensar y sentir no reconoce esta verdad de lo que es y existe, de la realidad, la verdad de lo real.

Es pues una filosofía y teología encarnada en la realidad. Religada al ser real que, en la mirada teológica cómo celebramos en la Navidad, tiene su luz en la Encarnación de Dios en Jesús de Nazaret. Dios en Jesús se ha encarnado en la realidadhumana, personal, social, histórica y trascendente, ha asumido todo lo real y humano para que se encarne la salvación liberadora de todo mal e injusticia.

Por tanto, la razón y el pensamiento se han de religar a la realidad, con un compromiso con lo real: con todo este ser de las cosas y del mundo, con la realidad material, física y corpórea, espiritual y trascendente; con el ser personal, humano, sociable, histórico y transido de alma, espíritu y trascendencia.

Tal como nos muestra la ley natural con su antropología integral, el ser humano tiene una naturaleza personal y social, corporal, política y espiritual. Una vida y dignidad sagrada e inviolable que siempre hay que respetar. En la diversidad y complementariedad social e interpersonal del hombre con la mujer que en el amor fiel fecunda la vida. Es la alegría de la familia con los hijos y las virtudes éticas en la caridad fraterna, responsabilidad y compromiso por el bien común, por la solidaridad, la paz y la justicia con los pobres.

Desde la fe, la vida y dignidad de todo ser humano adquiere tal sacralidad, valor y trascendencia ya que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, es hijo de Diospor la Gracia del Amor que lo libera de toda esclavitud u opresión.

El segundo principio, el todo es mayor que la parte, nos muestra ese ver y cosmovisión de lo real que es universal, inter-relacionada e integral. En donde la parte y el todo se unen confluyendo, lo local y lo global se entrelazan, el fragmento y la totalidad no se oponen sino que se fecundan en comunión. En la inter-relación y retro-alimentación de todo con todo, ya que todo está unido con todo. Es la perspectiva católica de lo universal, de la diversidad en la unidad que se trasciende en algo más (es “magis” tan ignaciano), en la búsqueda de más verdad, belleza y el bien mayor.

Hay que querer el bien más común y universal que, de forma solidaria, promueve el valor del destino universal de los bienes que está por encima de la propiedad, ya que la propiedad tiene un inherente carácter social y personal al mismo tiempo. Es el magis, a la mayor gloria de Dios que, desde la fe trinitaria, es comunión y amor solidario en las diversas Personas Divinas que se unen, que se entregan mutuamente. En contra de todo individualismo, corporativismo y nacionalismo insolidario.

Desde la ética y la fe católica, el amor universal, la fraternidad mundial, la solidaridad internacional, la paz y la justicia global con los pobres de la tierra, por ejemplo con los hermanos migrantes y refugiados, trasciende toda barrera, frontera, patria, nación…

El tercer principio, la unidad está antes que el conflicto, nos lleva a cargar con la realidad y sus sufrimientos, males e injusticias, con las luchas dramáticas entre el bien y el mal. En sentido teológico, es la conciencia de la pugna entre el Don de la Gracia y el egoísmo del pecado con su maldad e injusticia.

Asimismo, se expresa aquí el principio y virtud de la misericordia, el mismo Ser de Dios que es Amor y Misericordia. Por el que asumo todo este dolor e injusticia que padecen los otros, la pasión de los pueblos crucificados por el mal, injusticia y pecado del mundo. La unidad fraterna se rompe con la opresión e injusticia que se causa a los otros, la dominación y tiranía sobre los pueblos, las comunidades y los seres humanos.

Todas estas autoridades y leyes que niegan el bien común. Las estructuras sociales de pecado y los sistemas económicos perversos: que impiden la justicia y el valor del destino universal de los bienes, imponiendo el ídolo de la propiedad; que rechaza el principio del trabajo, con la dignidad del trabajador y sus derechos como es un salario justo, mediante la esclavitud de la idolatría del capital; que perpetran el pecado de la usura, con sus créditos abusivos e injustos, sacrificando la vida de las personas.

Por lo tanto, hay que realizar ese juzgar (juicio ético). Lo que, unido a la ley natural, lleva a valorar como injusto e inmoral todo aquello que va en contra de la vida y dignidad de la persona, que no promueve el amor y la justicia liberadora con los otros, con los pobres y pueblos. La fe y teología nos muestra al Dios de la vida que nos regala el ser, que nos dona la existencia. Y que se opone a todos estos falsos dioses idolátricos que dan muerte como el dinero, la codicia, el poder y poseer que sacrifican la existencia (ser) de los pueblos y los pobres.

El cuarto y último principio, el tiempo es superior al espacio, señala el dinamismo y trascendencia de lo real. Con los procesos emancipadores y liberadores de las personas, pueblos y pobres en la lucha por más vida, fraternidad solidaria y justicia. Frente a los espacios de poder y dominación.

Expresa ese principio humanista de la subsidiariedad que, en la clave de la opción por los pobres, significa que las personas, los pueblos y los pobres adquieren una verdadera libertad, siendo sujetos protagonistas de la misión y de su promoción liberadora e integral. Es el amor trascendente y liberador, que realiza la existencia de la santidad con la pobreza solidaria en la comunión de vida, bienes y luchas por la justicia con los pobres de la tierra. Frente a los ídolos de la riqueza-ser rico, poder, violencia y tener que esclavizan al ser persona, fraterna y solidaria.

Se nos manifiesta así la sociabilidad del ser humano con la virtud ética de la política, en el amor social y cívico. Expresando el inherente carácter público e histórico de la fe, es la virtud teologal de la caridad política que busca el bien común, los derechos humanos, la civilización del amor y la justicia con los pobres de la tierra. La caridad política que, unidad inseparablemente a la justicia social, va las causas de los males y problemas.

Restituyendo la opresión e injusticia que sufren los pueblos y los pobres, a los que se les roba y expolia sus bienes, recursos y capacidades para un desarrollo humano e integral. Es ese servicio y compromiso del amor solidario, que en lucha por la justicia con los pobres nos regala el sentido, la felicidad y la vida plena-eterna en la comunión con Dios.

Tal como nos trasmite la fe e iglesia con Francisco, es la vida y sabiduría de los santos entrañada en el Dios que se nos revela en Jesús Pobre-Crucificado. Y que en su Espíritu, nos regala el amor liberador, la verdad, la belleza, el bien y la justicia. En contra de los ídolos de la riqueza-ser rico, del tener y poder. El camino de la fe y de la Navidad no es otro que ese Jesús Encarnado en lo humano, el Cristo Pobre y Crucificado-Resucitado que, con su Espíritu de amor y justicia, nos dona su salvación liberadora de todo mal, esclavitud, pecado muerte e injusticia.

Fuente: loyolaandnews

viernes, 5 de octubre de 2018

La versión humanista del cristianismo.


J. A. Estrada

A la luz de la deconstrucción de la fe tradicional y de sus fundamentos teológicos, ¿es posible seguir siendo cristiano hoy? ¿Cómo superar el nihilismo ambiental y salir de un pensamiento deconstructivo? ¿Cómo se puede creer después de la muerte de Dios? ¿Es posible ser un cristiano no teísta? ¿Se puede reducir el cristianismo a una espiritualidad y un humanismo ético, sin que se pierda la continuidad con la fe tradicional? ¿Es posible afirmar al cristianismo como una oferta de sentido, sin plantearse la verdad del significado que se ofrece?


¿Se puede mantener la pretensión de universalidad y de salvación del cristianismo a pesar de que hoy tenemos un mayor conocimiento de las otras religiones? ¿Es posible una pretensión de absoluto en formulaciones y hechos que son siempre históricos y contingentes? Estas son algunas de las preguntas en el nuevo marco cultural, social y religioso que ha surgido a finales del siglo XX. Para responder a ellas hay que analizar el contexto social y cultural actual. La postmodernidad y la globalización caracterizan al tercer milenio.

El simbolismo de la muerte de Dios está vinculado al creciente déficit de sentido, al nihilismo ontológico, cognitivo y moral de nuestras sociedades. La pluralidad y la carencia de fundamentos son constitutivos de la mentalidad postmoderna. La globalización genera la relativización de lo particular y arruina los sistemas con pretensiones de universalidad. Hago aquí una adaptación para FronterasCTR de algunos párrafos del capítulo V de mi obra, publicada recientemente en la Editorial Trotta, Las muertes de Dios. Ateismo y espiritualidad (Trotta, Madrid 2018). A esta obra me refiero para ampliación, clarificaciones, matices y referencia a las notas a pie de página.

La crítica de la modernidad llevó a la laicización del Estado y a la secularización de la sociedad, que generó la crisis de las religiones y la pérdida de irradiación de lo religioso en la cultura. Con la postmodernidad podemos hablar de una segunda secularización, que ha agravado la falta de correspondencia entre la sociedad y la cultura, por un lado, y las religiones por otra. El cristianismo tiene dificultades para echar raíces en la nueva sociedad democrática y pluralista de los últimos cincuenta años. La mentalidad científica ha desplazado a la religión, y con ella se ha impuesto una forma de conocimiento en que solo se puede hablar de aquello que es observable y comprobable empíricamente. Las propuestas que no pueden falsarse con hechos comprobables carecen de validez.

A esto se añaden las consecuencias culturales de la “muerte de Dios” en la época de la postmodernidad. Se ha impuesto una inmanencia cerrada, que limita radicalmente las trascendencias intra mundanas de las utopías, las éticas y los proyectos de emancipación. En este marco, también lo sobrenatural y cualquier teología del más allá queda descalificada como especulación o proyección sin posibilidad de refrendo. Epistemológicamente podemos hablar de una cosmovisión cerrada, del cierre categorial para lo que trasciende lo comprobable. Hay una doble crisis de sentido y de fe, que es la otra cara del nihilismo. Cada vez es más difícil creer en algo o alguien y abrirse a que otra sociedad y forma de vida son posibles.

La epistemología actual es más agnóstica que atea, aunque la primera sea frecuentemente un estadio para llegar a la segunda. Choca frontalmente con el sobrenaturalismo tradicional y con un modelo de religión y de iglesia de cristiandad. Además, las estructuras y doctrinas vigentes en las iglesias son obsoletas y no se adecuan a la situación actual. Persisten instituciones, creencias y rituales que corresponden a las antiguas sociedades de cristiandad. Al cambiar la antropología, la cultura y los proyectos de vida, ya no hay correspondencia entre las preguntas de los ciudadanos y las respuestas de las religiones. Los mismos valores humanos vinculados en sus orígenes al cristianismo, se han autonomizado y forman parte de la cultura.

Ya no son específicos de las religiones y estas pierden capacidad de atracción y de ofrecer alternativas a lo establecido. Lo importante es ser buena persona y basta con el humanismo laico, ¿para qué hacen falta las religiones? Crece el número de los que “pasan” de religión, porque no ven qué puede ofrecer al progreso, incluso la ven como un obstáculo para una sociedad emancipada. No es solo el anticlericalismo del pasado ante una Iglesia aliada con los grupos dominantes, sino de ciudadanos que no ven qué pueden apor­tar las religiones. Hay un trasfondo de ateísmo práctico y desinteresado por lo religioso. La paradoja es que los ateos son estadísticamente minoritarios en la sociedad y sin embargo se impone el silencio sobre Dios.

El silencio sobre lo religioso se impone socialmente
En este marco es difícil justificar una teología postmoderna y lograr una teología pública, que pueda hablar cristianamente en términos seculares. Las preguntas propias del agnosticismo y del ateísmo, han pasado también a los que se consideran cristianos. La sensibilidad postmoderna ha sustituido las verdades objetivas por la subjetividad de las creencias. Hemos pasado del teocentrismo del pasado al antropocentrismo actual. La autonomía cognitiva personal se ha desplazado en favor del contexto sociocultural, que impregnan la subjetividad y constituyen el trasfondo de las creencias y deseos. Ya no hay experiencias fundadoras para avalar las doctrinas. Cualquier pretensión de absoluto, tanto secular como religiosa, es hoy impugnada. Hoy impera la deconstrucción y la crítica. Resulta más fácil cuestionar las propuestas, su fundamento y su verdad, que ofrecer alternativas válidas. El escepticismo y la increencia son mayoritarias, amparadas por la banalidad de ofertas de la sociedad de consumo y los medios de comunicación.

Se impone el relativismo de las creencias y el pluralismo competitivo, por la imposibilidad de encontrar alguna que genere consenso. El eclecticismo postmoderno, que comenzó en el arte (en la arquitectura, literatura y pintura), se extiende también a la filosofía y a la religión. No hay hechos objetivos, sino interpretaciones que se imponen. Se rechaza todo lo que sea normativo en nombre de la tolerancia y la permisividad. Son virtudes cívicas necesarias en las sociedades plurales, pero necesitan el complemento de la crítica, porque las ideologías no son respetables, aunque lo sean las personas. Podemos hablar de una crisis de civilización en una época histórica de cambio, en la que subsiste pero decae la cultura heredada del pasado y todavía no se ha constituido la emergente. Sabemos más lo que no queremos que hacia dónde dirigir nuestras expectativas. Pero hay muchos que rechazan el horizonte del consumismo y la sociedad de mercado, y buscan un sentido humanista para sus vidas.

Fuente: redescristianas, net
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lunes, 7 de mayo de 2018

El silencio cómplice.


José M. Castillo, teólogo

Uno de los factores más determinantes del malestar, que se palpa (en España y fuera de España) en tantos ambientes, es el silencio de miles de cosas, que habría que saber y no se saben. Porque nadie se atreve a tirar de la manta. Y que, de una vez, nos enteremos de lo que realmente está pasando en este país.
Hay un hecho que es incuestionable: la corrupción está cimentada en el silencio; y el silencio es lo que la ha hecho posible. Cada año que pasa, España es más rica. Y cada año que pasa, el 90 % de la población se ve más apurado para salir adelante o simplemente para llegar a fin de mes. ¿Dónde se meten la cantidad de millones de euros que entran continuamente en este país? Esta pregunta no tiene respuesta porque hay demasiada gente, que sabe cosas que habría que decir, pero se las calla.


Yo no soy político, ni economista, ni jurista, ni sociólogo. Yo he dedicado toda mi vida a la teología. O sea, a las cosas de la religión. Por eso me pregunto muchas veces: ¿no es responsable también en esto la religión? Claro que lo es. Y mucho. La Iglesia tiene que mantener y proteger los privilegios que el Estado le concede. Pero eso tiene un precio. Que se paga con dinero o con silencio. ¿Por qué las mujeres se han tirado a la calle cuando se ha sabido el escándalo de “La Manada”? ¿Han hecho algo parecido los obispos y los curas? Unas monjas carmelitas de clausura han dicho lo que tenían que decir. Y los que nos hemos quedado tan tranquilos en nuestras casas, ¿por qué nos quedamos calladitos? ¿para no complicarnos la vida? ¿Por qué nos tranquilizamos la conciencia pensando que “esto a mí, ni me va ni me viene

Los cristianos tendríamos que saber – y tenerlo siempre muy presente – que en el Evangelio hay una palabra fuerte y clara, que fue dicha por Jesús cuando lo llevaban al tribunal para condenarlo a muerte. “Yo lo he dicho todo con libertad” (“ego parresía leláleka tó kósmo”) (Jn 18, 20). Aquí el término clave es “parresía”, que designa propiamente la libertad para decirlo todo (H. Balz).

En misas y sermones, los hombres de la religión predican contra los peligros del sexo, la falta de fe y de piedad, las amenazas del pecado, la muerte y el infierno. Y no cabe duda que todo eso, si se hace como Dios manda, es importante. ¿Pero han escuchado Vds muchas predicaciones que nos expliquen con claridad los peligros que entraña el silencio de tantas cosas que habría que decir y no las decimos?

El Papa Francisco ha sacado a la luz tantos y tantos escándalos de la Iglesia y sus clérigos por abusos que nos dan vergüenza ¿No es esto el mejor servicio que se nos puede hacer a todos para sanearnos desde lo más hondo de nosotros mismos?

martes, 24 de abril de 2018

¿Fe, confort o alivio?


Por: José Neivaldo de Souza

Leí una frase, atribuida a C. S. Lewis, que me hizo pensar: "si buscas una religión cómoda, no te aconsejo el cristianismo". ¿Cómo así? ¿La religión no debe traer consuelo a los fieles? Jesucristo, la roca sobre la que nació el Cristianismo, no dijo en el evangelio de Mateo (11,28): "Vengan a mí, todos los que están cansados y oprimidos, y yo los aliviaré"? En el caso de la fe cristiana, ¿Qué diferencia hay? Son cuestiones que me apuntan a una teología práctica. 

Hay motivaciones esenciales en la vida que nos ayudan a seguir adelante y la fe es una de ellas. Natural al ser humano, sin ella la vida no tiene sentido. Nuestro modo de ser y estar en el mundo depende de esta motivación. Me gusta la definición del filósofo Sören Kierkegaard: "Fe es la pasión más elevada de la humanidad" ¡De hecho! Por ser una pasión, ella carga la “carga” de la ambigüedad. Lo que en la Ley de Newton llamamos inercia y movimiento me atrevo a llamar de consuelo y alivio. 

Como en el principio de la física, la inercia se refiere a la resistencia a cualquier cambio, es decir, la tendencia del cuerpo inerte es mantenerse en la misma dirección y velocidad. Confortable, su motivación para el movimiento depende de una fuerza externa, como vemos, por ejemplo, en algunos accidentes en las carreteras: Si una carreta cargada de bobinas de repente se detiene y si la carga no está bien atada, puede soltarse y continuar en la velocidad anterior y en la misma dirección. Un día, en la natación, mi instructor vio que yo estaba sin ánimo y fuerzas para nadar. Me dijo con autoridad: "sal de la zona de confort". Entendí su bronca y, bajo su observación y motivación, no renuncié, tomé coraje y seguí adelante

Al hablar de comodidad, desde una perspectiva teológica liberadora, hago una analogía con la física newtoniana. Confort es inercia, desánimo y estancamiento. Alivia, por el contrario, es una parada para descanso, consciente de que la dinámica de la vida, con sus conflictos y soluciones, continúa. Este cambio trae realización personal dependiendo del contexto social, cultural y religioso presentado.

Un amigo, predicador de la Biblia, me confesó que se sentía un cristiano devoto y se enorgullecía por ello. Hablar del Reino de los Cielos, no sólo era tranquilo para él, sino compensador, pues le daba status y, no era difícil, por un buen salario, acumular ropa, zapatos, tener la nevera llena, carros que lo llevaban a donde quisiera, sin preocuparse por el precio del combustible. La interpretación que hacía de la Palabra de Dios, así como la fe, tenía también su ambigüedad. Escogió la comodidad, la inercia. No comprendía la reprobación de Jesús: "Jamás puedes servir a Dios y al dinero" (LC 13, 16b). Confortaba a los pobres y sufrientes apuntando hacia el post-muerte donde no habría hambre, ni enfermedad y las personas se encontrarían con lo Divino. En Dios, según él, no hay lo imposible. Conformar a la situación de este mundo, sin perder la esperanza en la vida eterna, parecía ser su método de predicación. Mientras tanto, tomaba vino y banqueteaba con políticos y empresarios corruptos, aun sabiendo que reproducía los intereses de una clase que sólo se preocupaba en acumular sobornos y beneficios. Algo no estaba bien. Su fe era sostenida por una falsa teología, una falsa alegría y un falso evangelio. ¿No sería también una falsa fe o una fe inerte?

Un día mi amigo se despertó y se sintió "incómodo" en esta situación. Tomó su desayuno y luego abrió la Biblia encontrando un texto que lo provocó. Era el evangelio de Mateo (7,15-21). Reflexionando sobre las enseñanzas de Jesús, leyó: "cuidado con los falsos profetas. Ellos vienen a ustedes vestidos de pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces". Se preguntó a sí mismo sobre sus actitudes y la eficacia de sus testimonios. ¿Su predicación no sería un engaño? ¿No vendía una ilusión? El decir "Señor, Señor" no pasaría de hipocresía? En comparación con un árbol, observó sus frutos y vio que "un árbol bueno no puede producir frutos malos.

Confort no es sinónimo de alivio. C. S Lewis tenía razón. Aplicó la palabra "cómoda" en el sentido de comodidad o una situación que no trae molestias o problemas. Alivia, aplicado por Jesús, quiere decir disminución de la carga, descanso de las molestias y de los problemas. Así, puedo entender lo que dijo C. S. Lewis. Jesús no nos prometió una paz de cementerio, sino lucha, enfrentamiento, persecución y cruz. Es en esta situación que nos sentimos aliviados.




domingo, 9 de abril de 2017

El Imperio contra Jesús de Nazaret.


Juan José Tamayo
(Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” y autor de Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret, Trotta, Madrid, 2003, 2ª ed.)

El 9 de abril de 2004 publiqué en el diario EL PAÍS el artículo “El Imperio contra Jesús de Nazaret”. Trece años después, creo que conserva toda su vigencia tanto en el análisis exegético de los textos de la pasión, apoyado en prestigiosos especialistas, como en la interpretación políticamente liberadora y religiosamente subversiva de dicho acontecimiento, en el horizonte de la teología de la liberación. Por eso he querido recuperarlo y ofrecerlo como reflexión para estos días de Semana Santa JJT.

Las dramáticas imágenes de la pasión de Cristo han estado grabadas en el imaginario social de varias generaciones de cristianas y cristianos que éramos arrastrados a las “misiones populares”, a las procesiones de Semana Santa, a los vía crucis, y nos vimos sometidos a una educación en el sacrificio que exigía reproducir en la propia carne los padecimientos de Jesús. Y todo ello teñido de un antisemitismo muy presente en la conciencia colectiva, que la misma religión oficial ayudaba a fomentar. Tal era el caso de los “oficios” del Viernes Santo, en los que se pedía “por los pérfidos judíos”, a quienes se hacía responsables de la muerte de Cristo, definida como un deicidio. Todo esto configuraba un cristianismo sacrificial sadomasoquista.

Cuando esas imágenes empezaban a diluirse y entrábamos en un proceso de serena aproximación histórico-crítica a los relatos evangélicos de la pasión, apareció la película de Mel Gibson para revivirlas en toda su crudeza y retornar a épocas pasadas. El realizador cinematográfico australiano confesaba que su decisión de rodar la película “fue como una especie de mandato divino” y respondía a la necesidad de “unir el sacrificio de la cruz con el del altar”. Ambas observaciones revelan el nivel providencialista e iluminado en que se sitúa Mel Gibson y los consiguientes prejuicios con que aborda cuestiones tan complejas y espinosas como el proceso de Jesús y la responsabilidad de los judíos en su muerte.

La película fue elogiada por las autoridades del Vaticano y pronto entró a formar parte de la videoteca personal de Juan Pablo II, quien, según algunos testimonios, tras ver la película declaró: “Así fueron las cosas”. La Iglesia Católica, la Iglesia Protestante y la Comunidad Judía de Alemania, empero, denunciaron la violencia que rezuma el film y la nueva ola de antisemitismo que podía despertar en Europa. Todo ello pretendía fundamentarlo Gibson en las visiones de la monja alemana Anne C. Emmerich y en los textos evangélicos, que ciertamente lee con mirada antijudía, de manera descontextualizada y sin recurrir a la mediación hermenéutica. ¿Todo sucedió en realidad como muestra la película? ¿”Así fueron las cosas”?

Mis reflexiones quieren ser una aproximación a los sucesos de los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret a través de una lectura crítica de los textos evangélicos. Empecemos por decir que en la reconstrucción histórica de la muerte de Jesús nos topamos con una dificultad no pequeña: la peculiaridad de los relatos de la pasión, donde no es fácil separar la historia de la interpretación, la biografía de la teología. Creo que a los estudios y filmes sobre la pasión de Cristo, y muy especialmente al de Gibson, se les puede aplicar lo que el profesor de Estudios Bíblicos estadounidense John Dominic Crossan dice de las investigaciones en torno al Jesús histórico: que son un campo abonado para hacer teología y llamarlo historia, o para hacer autobiografía y llamarla biografía (Jesús: vida de un campesino judío, Crítica, Madrid, 1994).

Lo que sí parece fuera de toda duda es que en la detención, el proceso y la ulterior ejecución de Jesús de Nazaret jugó un papel fundamental la espectacular protesta, o mejor, la provocación de Jesús en el Templo de Jerusalén, al arrojar al suelo las mesas de los comerciantes y dispersarlos a latigazos. Se trata de un hecho cuya historicidad no suele cuestionarse. Como asevera el investigador judío Geza Vermes, Jesús hizo lo que no debía, causar una conmoción, en el lugar donde no debía hacerlo, el Templo, y en el momento más inadecuado, inmediatamente antes de la Pascua (Jesús, el judío. Los Evangelios leídos por un historiador, Muchnik Editores, Barcelona, 1973).

El Templo era el lugar sagrado por excelencia y un motivo de orgullo para los judíos. Constituía la principal fuente de ingresos de Jerusalén y la principal atracción turística. La actividad mercantil desarrollada en él era necesaria para que los peregrinos pudieran cambiar la moneda y pagar así el impuesto al Templo. Asimismo, gracias al mercado, los peregrinos podían comprar allí los animales para los sacrificios, sin tener que soportar las molestias que suponía el tener que traerlos de sus propias casas.

¿Qué sentido tenía la acción de Jesús en el Templo? No parece que su intención fuera la de purificarlo. Se trataba de una acción simbólica con la que quería mostrar el final de la religión centrada en los sacrificios (“misericordia quiero, no sacrificios”), así como la protesta contra su significado económico extorsionador. Jesús declara derogado el culto sacrificial e innecesarias las actividades comerciales y fiscales que se desarrollaban en el Templo. Al perder éste sus funciones litúrgico-sacrificiales, comerciales y fiscales, ya no tenía razón de ser. La acción provocativa de Jesús se dirige primero y prioritariamente contra los jerarcas del Templo, verdaderos responsables del establecimiento del mercado allí. No pocos especialistas coinciden en que la provocación de Jesús en el Templo es el eslabón perdido entre el conflicto provocado en Galilea, de donde era oriundo Jesús, y los acontecimientos finales.

Con esta acción estaba tocando el nervio mismo de la aristocracia sacerdotal saducea, que consideraba el culto del Templo su núcleo fundamental tanto en el aspecto religioso como en el económico. Esa acción fue la gota que colmó el vaso de la ira de los sumos sacerdotes, quienes, junto con los escribas y los ancianos, que pertenecían al partido de los saduceos o estaban aliados con él, ocupan el primer plano en los relatos de la pasión. El conflicto mortal lo tuvo Jesús no con el judaísmo, sino con las autoridades judías, no con los fariseos, sino con los saduceos, que se consideraban custodios del orden nacional, basado en el Templo y en la Ley. Un orden cuestionado por el profeta de Nazaret, que confirmaba así su actitud de permanente desafío tanto a la jerarquía religiosa como al Imperio, y se convertía en el principal enemigo de ambos. Por eso, había que deshacerse de él lo antes posible.

El pueblo judío nada tuvo que ver en su condena y posterior ejecución. La decisión de ejecutar a Jesús es de la autoridad política, concretamente del gobernador Poncio Pilato, suprema autoridad judicial de la provincia de Judea, quien gozaba de una autoridad ilimitada y poseía amplios poderes judiciales, también el de aplicar la pena de muerte, como reconoce Flavio Josefo. La potestas gladii era de exclusiva responsabilidad del gobernador romano. Hay, con todo, una tendencia bastante generalizada en los relatos evangélicos de la pasión a cargar sobre los judíos todo el peso de la responsabilidad en la muerte de Jesús y a eximir de toda culpa a Poncio Pilato, que se habría limitado a entregar a Jesús para ser crucificado, pero en contra de su voluntad, y no habría dictado una sentencia formal de muerte.

Algunos de esos relatos presentan al gobernador romano en Judea como una persona insegura, vacilante, que parece no atreverse a tomar decisiones. Pero ese perfil no responde al comportamiento real de Pilato en el ejercicio de su autoridad al servicio del poder ocupante, sino que es fruto de la tendencia antijudía ya presente en algunos relatos de la pasión y radicalizada en la historia del cristianismo. En realidad, Pilato fue un gobernante duro e inmisericorde, inflexible y obstinado, violento y cruel, represivo y depravado, arbitrario e insolente. Así lo atestiguan con todo lujo de detalles Filón de Alejandría y Flavio Josefo.

La responsabilidad de Pilato en la condena a muerte de Jesús es confirmada por el historiador romano Tácito quien, cuando narra la persecución de los cristianos bajo Nerón, dice que el nombre de “cristianos” “procede de Cristo, que, bajo el principado de Tiberio, había sido entregado al suplicio por el procurador Poncio Pilato”. Éste condena a Jesús por motivos políticos, en concreto, por poner en peligro el orden público, por sedicioso. Es muy posible que el gobernador romano en Judea aprovechara gustoso la posibilidad de calmar con un acto intimidatorio la tensión que reinaba en Jerusalén durante la Pascua. Parece dudoso que las autoridades judías emitiesen contra Jesús una sentencia de condena, pues “el relato que la menciona (Mc 14,14; par Mt 26,66) es una excrecencia de origen cristiano elaborada a partir de una sentencia informal en la residencia de Anás, que no tenía personalmente ningún poder judicial”, afirma Simon Légasse (El proceso de Jesús, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1996). No son pocos los investigadores que niegan cualquier intervención del Sanedrín en el proceso de Jesús o, al menos, consideran improbable una condena oficial a muerte. No parece que dicho tribunal estuviera facultado para dictar sentencias de muerte. Y si lo hubiera estado y la hubiera dictado, el castigo hubiera sido la lapidación.

Otro dato incontestable sobre la responsabilidad de la autoridad romana en la muerte de Jesús es que fue crucificado, y la crucifixión era un suplicio romano, no judío. Parece demostrado que todas las crucifixiones llevadas a cabo en Palestina desde la época de los procuradores hasta la Guerra Judía se produjeron por razones políticas.
¿Y la participación del pueblo pidiendo la amnistía para Barrabás y la ejecución para Jesús? Resulta discutible que fuera costumbre amnistiar a un preso durante la Pascua. Nada dice de dicha práctica Flavio Josefo. En definitiva, la lucha de Jesús de Nazaret no se dirigió contra el judaísmo, sino contra el Imperio, y éste reaccionó condenándolo a muerte por considerarlo enemigo público, como antes había hecho con el profeta Juan Bautista. La condena de Jesús no fue un error judicial como creía Bultmann. ¡Se lo había ganado a pulso por su comportamiento transgresor y su permanente actitud conflictiva frente a las autoridades religiosas y políticas.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Los episcopales difieren en el activismo de la Iglesia y en mezclar la fe y la política


El Obispo de Maryland Eugene Taylor Sutton dirige una marcha a favor de los refugiados el 4 de febrero en Baltimore. Foto de la Diócesis de Maryland, vía Facebook.


[Episcopal News Service] Política y religión. Son los temas de los que no se supone que uno hable si quiere evitar una explosión apasionada.

Pero en el clima político intensamente polarizado de la actualidad, donde los debates políticos con frecuencia giran en torno a valores y a cómo cada lado ve el papel del gobierno en las vidas de los estadounidenses, esos debates están siendo influidos por personas que se pronuncian como cristianos, desde evangélicos a episcopales, e incluso el papa Francisco.


La participación episcopal en causas y demostraciones políticas ha aumentado en los últimos ocho meses. Episcopales se unieron a millones de personas a través del país el 21 de enero para participar en la Marcha de las Mujeres y otras manifestaciones afines. Varios centenares participaron en una Marcha por los Refugiados el sábado 4 de marzo en Baltimore, una de las varias ciudades donde tuvieron lugar manifestaciones semejantes. Y el 10 de marzo, algunos líderes episcopales se unieron a otros activistas en Washington, D.C., para una marcha en apoyo de la tribu sioux de Roca Enhiesta en su lucha contra un oleoducto en Dakota del Norte que la tribu dice que amenaza su agua potable y sus tratados territoriales.


Episcopales de Minnesota hicieron acto de presencia frente el capitolio estatal en San Pablo en una de las aproximadamente 600 “marchas hermanas” del 21 de enero. Foto de LeeAnne Watkins


En congregaciones episcopales más progresistas, la conversación acerca de un “movimiento de Jesús” dirigido por la Iglesia puede coincidir con un continuo activismo político. Pero no todo el mundo cree que las protestas y otras formas de activismo se derivan de manera fácil y natural de Jesús, la historia de la Iglesia y la teología.


“Una protesta es un instrumento contundente” le dijo Garwood Anderson, profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Nashotah House en Wisconsin, Episcopal News Service. “Una protesta no estimula realmente un discurso matizado. Estimula un pensamiento simplista”.


Anderson dijo que él aun cree que puede haber una manera que merezca la pena de hacer causa común con otros, de llamar la atención de problemas y de satisfacer nuestro “deseo de no consentir pasivamente con cosas que creemos injustas” y él personalmente siente simpatía por algunos de los debates que las recientes protestas políticas han suscitado nacionalmente.


Pero se muestra cauteloso de mezclar las enseñanzas cristianas con mensajes políticos. Se corre el riesgo de distorsionar el significado de esas enseñanzas, apuntó Anderson. Si como cristianos nos sumamos indiscriminadamente a las protestas políticas, podemos perder de vista “lo que es distintiva y exclusivamente cristiano” respecto a nuestro activismo político, tal como las enseñanzas de Jesús en el Sermón del Monte y las Bienaventuranzas.


¿Puede ser la protesta una expresión correcta de la fe de uno? En la trayectoria cristiana, ¿existe el riesgo de comprometerse demasiado profundamente con el dominio secular? ¿Cómo sabemos cuando es apropiado hablar en el nombre de Jesús? Diversas congregaciones en Estados Unidos están lidiando con estas interrogantes.


Esa diversidad en la Iglesia es parte de lo que atrae a la Rda. Noelle York-Simmons, rectora de la iglesia de Cristo [Christ Church] en Alexandria.


“Uno puede encontrar un lugar que responda a sus necesidades espirituales o políticas, teológicas o sociales, o a todas ellas”, afirmó.


York-Simmons vio la “idiosincrasia” de su parroquia en acción con la decisión de la junta parroquial a principios de febrero de publicar una declaración en la que se oponía a la supremacía blanca, respuesta a un clamor que se produjo en Alexandria luego que un prominente nacionalista blanco, Richard Spencer, se mudara en el barrio y abriera una tienda.


De izquierda a derecha, David Hoover, William Roberts y la Rda. Heather VanDeventer representan a la iglesia de Cristo en Alexandria en una protesta el 29 de enero frente a la casa donde el nacionalista blanco Richard Spencer abrió recientemente una tienda.


Algunos miembros de la congregación también han participado en manifestaciones pacíficas frente al nuevo cuartel general de Spencer, y la congregación ocasionalmente ha ayudado a movilizar a miembros para protestar. Su mensaje: “Nuestra ciudad y nuestro barrio no son lugares que van a permitir tranquilamente que ese tipo de odio se encone y viva en nuestra área”, dijo York-Simmons.


Ella ve este tipo de activismo como parte de ser cristiano, no lo contrario.


“Si vamos a seguir nuestros votos bautismales, luego vamos a tener que salirle al paso, ocasionalmente, a las injusticias que vemos”, afirmó.


Scott Bader-Saye, profesor de ética cristiana en el Seminario del Sudoeste en Austin, Texas, le dijo a Episcopal News Service que él intenta conseguir que los estudiantes piensen en lo que significa desarrollarse como un ser humano creado a imagen de Dios, y cree que “ser espiritual a la manera de Jesús es comprometerse con lo que creemos de las cuestiones políticas actuales”.


Nuestras respuestas a esas cuestiones deben típicamente configurarse por quienes somos como cristianos, afirmó, y espiritualmente también debe configurar los medios que usamos para procurar esos fines. Bader-Saye señaló la adhesión de Martin Luther King Jr. a la protesta no violenta como un ejemplo de una táctica determinada por su fe cristiana.


Desde la elección del presidente Donald Trump, Bader-Saye ve aún más razones para que los episcopales se expresen sobre los problemas de actualidad, al tiempo que ellos y la Iglesia Episcopal ponen a prueba la urgencia de este momento por un compromiso espiritual y político.


“Ahora mismo, siento que si una reunión de la Iglesia no se percibe como un acto de resistencia, estamos haciendo algo mal”, dijo él.


Sobran ejemplos de problemas políticos asumidos recientemente por la Iglesia Episcopal: reasentamiento de refugiados, inmigración, [protesta de la tribu sioux] de Roca Enhiesta, reforma de la atención sanitaria —incluso si EE.UU. debería mudar su embajada en Israel a Jerusalén, a lo cual la Red Episcopal de Política Pública se opuso en una alerta política el 14 de febrero.


Lo que Bader-Saye llama “protesta colectiva”, como opuesta a la actividad política de individuos episcopales, es orientada por las resoluciones aprobadas por la Convención General. Le corresponde al Obispo Primado, a la presidente de la Cámara de Diputados y al Consejo Ejecutivo determinar cómo tal orientación debe conformar la posición de la Iglesia sobre los temas de actualidad.


En un ejemplo reciente, el obispo primado Michael Curry y la presidente de la Cámara de Diputados, Rda. Gay Clark Jennings fueron los primeros signatarios de un informe amistoso presentado el 2 de marzo por 1.800 clérigos y líderes religiosos en un caso ante el Tribunal Supremo de EE.UU. que implicaba las normas sobre el uso de baños públicos para transexuales. El 6 de marzo, el tribunal dio a conocer que no juzgaría el caso, un revés para el adolescente transexual cuyo reclamo apoyaban Curry y Jennings.


El Rdo. Michael Battle, profesor de Iglesia y sociedad en el Seminario Teológico General, ve los recientes ejemplos de activismo episcopal como parte de un cambio profundo en la Iglesia desde que llegó por primera vez a América en la era colonial.


“La Iglesia Episcopal ha pasado de ser la Iglesia de la clase dirigente a una Iglesia de activismo social”, afirmó él, identificando el año 2003 y la ordenación de Gene Robinson, el primer obispo [abiertamente] homosexual, como un punto de inflexión clave.


Según cambia la perspectiva de la Iglesia, de una [institución] de poder a una que aboga por los que no tienen poder, Battle ve paralelos con la Iglesia negra como institución al servicio de los oprimidos.


“Si formas parte de los grupos que están siendo victimizados y no están en el poder, luego hay otra manera completamente distinta de entender la Iglesia”, subrayó.


Battle se vio influido por el tiempo que prestó servicios en Sudáfrica con el arzobispo Desmond Tutu a principios de los años 90. Tutu era políticamente franco en su oposición al apartheid, pero Battle dijo que él también desplegaba un cristianismo profundo que conformaba todo lo que hacía en la esfera pública.


“Siempre rezaba sus oraciones diariamente. Siempre conservó hábitos que lo mantenían afincado en Jesús”, dijo. Battle cree que hay mucho activismo que carece de ese tipo de profundidad espiritual, la cual puede trascender esta o aquella protesta.


El valerse de esa profundidad espiritual como una fuente para las acciones de la Iglesia en el mundo está a la vanguardia de lo que Curry ve como el Movimiento de Jesús, y él no ha rehuido los problemas políticos y sociales. En septiembre, visitó el sitio de las protestas en [la reserva indígena de] Roca Enhiesta [Standing Rock] en Dakota del Norte para mostrar la solidaridad de la Iglesia Episcopal con la tribu, a partir del llamado cristiano a defender la dignidad humana y la justicia medioambiental. Ha habido episcopales en las primeras filas de las manifestaciones allí desde agosto.


El obispo primado Michael Curry de pie junto a la Autopista 1806 de Dakota del Norte el pasado 24 de septiembre para presenciar como los agentes de la fuerza pública llegan a un pequeño campamento de opositores al Oleoducto para el Acceso a las Dakotas para arrestar a personas acusadas de quitar los carteles de “prohibido el paso” de los terrenos de una estancia cercana que había comprado recientemente la compañía constructora del oleoducto. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.


“Siempre se nos presentan problemas e intereses en la esfera pública. Esa es la vida. Y nosotros los que seguimos en los caminos de Jesús debemos participar de lo público”, dijo él en comentarios al Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal el 8 de febrero. “Somos un pueblo encarnacional, lo cual significa que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. La manera en que uno participa de ese ambiente, y los problemas e intereses que surgen, eso se convierte en la cuestión decisiva”.


“Llamándonos” a la oración y al testimonio público”


Los valores cristianos también han aportado profundidad a Obispos Unidos contra la Violencia Armada, un grupo de 80 obispos episcopales que se ha arraigado y sigue persistiendo en su misión años después de que se creará luego de la masacre de la escuela de Newtown, Connecticut, en diciembre de 2012 y de otros tiroteos de gran relieve.


El Rvdmo. Jim Curry era obispo sufragáneo de la Diócesis de Connecticut en el momento de la masacre de Newtown. Él y otros dos obispos de la diócesis quisieron hacer algo que convocara a los cristianos a un ministerio de oración, al tiempo que también diera un testimonio público sobre el problema de la violencia armada.

La obispa Mariann Edgan Budde, de la Diócesis Episcopal de Washington, reza las oraciones de la primera estación del Via Crucis el 21 de marzo de 2013, en la Plaza Lafayette, en Washington, D.C. Junto a ella, de izquierda a derecha, James Curry, obispo sufragáneo de la Diócesis de Connecticut, y Ian Douglas, obispo de Connecticut. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.


Ellos organizaron un a Vía Crucis por el corazón de Washington, D.C., en marzo de 2013, durante la Semana Santa, añadiéndole un significado contemporáneo a la representación tradicional del camino de Jesús al Calvario y a la tumba. En la procesión participaron unos 400 episcopales, entre ellos 30 obispos.


No fue una “protesta confrontacional, dijo Curry, pero llevo la tradición cristiana del Vía Crucis a la escena pública, para provocar una “solemne reflexión sobre el don de Jesús”, así como del “quebranto de nuestras vidas”.


“Ese es el lugar de la Iglesia, llamándonos a la oración y al testimonio público”, dijo Curry, actualmente jubilado, a Episcopal News Service. “E hicimos eso desde lo profundo de nuestra propia tradición, pero con la esperanza de que la comunidad en general pueda ver en ese testimonio tanto esperanza como posibilidad”.


Al igual que Battle, Jim Curry cree que la Iglesia Episcopal tuvo razón en incorporar más activismo social en su misión, una evolución que él remonta a los derechos civiles y a los movimientos antibélicos de los años 60 y 70. Vale la pena, afirmó, que la Iglesia se alce como un líder moral en cuestiones políticas, aunque ese activismo debe fundamentarse en la fe. Pero, advirtió él, “es responsabilidad de los líderes de la Iglesia no ir demasiado lejos al frente de la comunidad no sea que pierdan de vista su responsabilidad de ser pastores de todo el rebaño”.


El activismo cristiano también ha suscitado diferentes opiniones respecto a cuán político fue Jesús. Eruditos bíblicos y teológicos tienden a convenir en que él fue una figura política, aunque la “política” en tiempos de Jesús significaba algo totalmente diferente de lo que significa hoy.


“Es una suerte de anacronismo hablar de protesta en los tiempos bíblicos”, cuando los sistemas políticos no eran democráticos y no le daban cabida a la protesta tal como la conocemos hoy, dijo Bader-Saye, el profesor del Seminario del Sudoeste. Las protestas y el activismo político de hoy día tienen por objeto influir en la opinión pública, pero el objetivo último es influir en la manera en que los funcionarios electos votan sobre ciertos proyectos de leyes. Ese tipo de estructura de poder “simplemente no existía en tiempos de Jesús”.


No obstante, las palabras y acciones de Jesús pueden verse como políticas, afirmó él, en la manera en que lo pusieron en conflicto con los poderes de su tiempo, como se ve en su viaje a Jerusalén al final de su vida. Bader-Saye ve ese viaje como análogo a algunas de las grandes marchas de protesta de nuestro tiempo, desde la marcha por los derechos civiles de Selma a Montgomery en 1965 a la Marcha de las Mujeres este año.


“Jesús deliberadamente fue llevando su testimonio y su proclamación al lugar en que iba a ser oído por la gente que estaba en el poder”, explicó él.


Pero Anderson, el profesor de Nashotah House, advierte a los cristianos políticamente activos que no esperen que Jesús ofrezca una precisa justificación espiritual a las causas políticas del presente.


“Jesús tal como le conocemos en las Escrituras se convierten en una especie de talismán para causas con las que ya estamos comprometidos”, dijo Anderson, pero al leer implicaciones sociopolíticas en sus enseñanzas podemos estar oscureciendo su significado con un bagaje partidario.


“A veces la participación en asuntos políticos desvirtúa en verdad el carácter distintivamente cristiano en pro de los fines políticos que procuramos”, dijo.


‘Participación basada en valores’


El Obispo Primado pareció abordar esas preocupaciones en sus comentarios al Consejo Ejecutivo el 8 de febrero, al decir que la Iglesia Episcopal debe hacer más que “convertirse en otro grupo de interés”.


“Participar en el nivel de los valores y los compromisos que tanto apreciamos, los cuales provienen de Jesús de Nazaret y de nuestra tradición como cristianos episcopales anglicanos… esa participación basada en valores no es simplemente un grupo de interés”, dijo Curry.


Abordando el activismo de la Iglesia en los problemas del reasentamiento de refugiados y la inmigración, Curry invocó la parábola de Jesús del Buen Samaritano al expandir el significado de “ama a tu prójimo” y animando a Estados Unidos a acoger a extranjeros provenientes de otros países que necesitan nuestra ayuda.


“Vean ustedes, eso no es un problema, eso es un valor. Luego uno se compromete con los refugiados y la política de inmigración, no a partir del problema, sino de los valores de Jesús,” afirmó.


York-Simmons dijo que ella personalmente favorece una mayor participación política de parte de las congregaciones episcopales, pero no esperaría eso de todas las congregaciones. Servir a los menos afortunados puede asumir una variedad de formas, y las congregaciones más tradicionales pueden llevar a cabo su pacto bautismal por sus propios medios.


“Todo no va a parecer un movimiento político”, dijo ella. “Y eso está bien”.


— David Paulsen es redactor y reportero de Episcopal News Service. Pueden dirigirse a él a dpaulsen@episcopalchurch.org. Mary Frances Schjonberg colaboró en este reportaje. Traducción de Vicente Echerri.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Otra fe y otra política son posibles para América Latina.



Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP)

DECLARACIÓN

América Latina se encuentra en una coyuntura caracterizada por las tensiones que emergen entre la necesidad de transformaciones políticas radicales, la atención a demandas urgentes en todos los ámbitos sociales y las luchas ideológicas que entran en juego para responder a estos procesos. Es en este contexto donde las iglesias cristianas –tanto católicas como evangélicas- han cobrado una significativa visibilidad como agentes centrales en la toma de posicionamientos y los procesos de diálogo en el espacio público.

En este sentido, se ha instalado la idea de que dichas expresiones religiosas responden de manera homogénea a un conjuntos de cosmovisiones, definidas como fundamentalistas, de derecha, conservadoras o tradicionalistas. Lamentablemente, estas etiquetas tienen mucha razón de ser. Mientras históricamente han guardado silencio frente a temas de tal relevancia social como son la pobreza, la violencia, la violación de derechos humanos, entre otras problemáticas que afectan al desarrollo de la región, sí lo han hecho para cuestionar leyes vinculadas a la igualdad de género, al aborto y la educación sexual, a través de discursos pseudo-teológicos y con un nivel preocupante de argumentación. Esta diferenciación pone en evidencia las prioridades y los elementos centrales en la agenda social de un sector mayoritario de iglesias cristianas.

Quienes suscribimos a esta declaración representamos un conjunto de organizaciones religiosas que no se identifica con esta visión, y afirmamos contundentemente que otra fe y otra política son posibles para América Latina, a partir de una propuesta radicalmente distinta de la fe. Sostenemos que como cristianos y cristianas podemos ser coherentes con nuestra creencia pero desde un compromiso socio-político distinto, a favor de la justicia, la inclusión, la equidad y la igualdad.

De aquí, declaramos que:

1. El cristianismo, así como toda expresión religiosa, no puede ser definida como un cuerpo homogéneo de creencias sino debe ser comprendido como un marco donde entran en tensión diversas interpretaciones que dan cuenta de la pluralidad de experiencias y posicionamientos ideológicos de quienes suscriben a ella. En esta dirección, nadie puede reclamar de modo absoluto y clausurado una interpretación del texto bíblico, una definición de lo propiamente cristiano o un modo de vivir la espiritualidad, con el objetivo de legitimar un posicionamiento político particular.

2. Cualquier voz –sea religiosa o de otro tipo de expresión- no puede adentrarse al diálogo público planteando que su especificidad identitaria cuenta con un estatus de superioridad frente a otras, menos aún en términos religiosos. Este tipo de discurso imprime un inconcebible y reprochable punto de partida teológico que vulnera el acercamiento al Otro como principio fundamental para la facilitación de un espacio de diálogo democrático.

3. Es posible, y hasta un deber, apoyar los diversos procesos de ampliación de derechos, de lucha por la inclusión y de reclamo por el respeto de los derechos humanos -entre otros elementos que forman parte de una agenda política crítica y democrática- a partir de un cristianismo que prioriza la pluralidad frente a la clausura dogmática, la inclusión frente a la pertenencia institucional y el amor radical frente la violencia que genera la absolutización de una particularidad.

4. Las experiencias de espiritualidad, las comunidades religiosas y los discursos teológicos constituyen espacios y procesos de suma importancia para la cimentación de nuevos imaginarios y prácticas socio-políticas, desde una perspectiva democrática, inclusiva y justa. Por ello, instamos a diversos agentes sociales, cuerpos políticos y a la opinión pública en general a indagar en torno a otras experiencias, otras prácticas y otros discursos religiosos dentro del cristianismo, que se presentan heterodoxos y desde los “márgenes” de las prácticas oficiales o tradicionales, en pos de conocer y reflexionar en torno a un innumerable conjunto de vivencias alternativas que pueden ser incluidas como un aporte central a la construcción de procesos democráticos.

Suscriben:
Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP)

viernes, 13 de mayo de 2016

El ateísmo es una fe sin esperanza, su frontera es Dios.


“La polarización entre Dios y la ciencia es falsa. La verdadera polarización es entre cosmovisiones: cristianismo frente a ateísmo”, argumentó el profesor Lennox, de Oxford, durante el Fórum Apologética (6-8 mayo).

¿Por qué existimos? ¿Qué nos da esperanza y felicidad? ¿Hay un propósito en nuestra historia personal y detrás de la Historia del universo? Las preguntas tratadas durante el Fórum Apologética 2016 (6-8 mayo) reciben hoy en día respuestas muy diferentes de las que se oían en la sociedad hace pocos años. Es necesario analizar los mensajes ateos y relativistas para ver si tienen algo que ofrecer a las preguntas básicas de todo ser humano o si son, simplemente, discursos “vacíos”. “Vivimos en una sociedad en la que el concepto de verdad está entredicho”, comento Joaquín Hernández al dar la bienvenida a las más de 230 personas que llenaron la sala de un hotel en Coma-Ruga (Tarragona). 

La fe cristiana confía en que esa verdad sí existe, y que puede ser conocida por cualquier ser humano. “Con el Fórum de Apologética no queremos llegar a personas especiales, sino ayudar a la iglesia, equiparla, para estar dispuestos a dar respuestas a todo aquel que lo demande. La apologética no es algo especializado para unos pocos, sino que abarca todas las áreas y todas las facetas”. 


SEMINARIOS SOBRE ACTUALIDAD Esta aplicación del evangelio a todas las áreas de la vida se pudo comprobar durante los 4 seminarios que abordaron temas de actualidad. Carlos Madrigal, pastor protestante en Turquía, habló sobre la islamización progresiva del país, que contrasta con el interés enorme de muchos por la fe cristiana. Andy Wickham, evangelista, contrarrestó los argumentos que dicen que la racionalidad aleja a las personas de Dios. José de Segovia, durante su seminario. / J.P. Serrano En su seminario, el teólogo José de Segovia dio argumentos para poder explicar “por qué no soy ateo”, aunque hizo un enfoque crítico de las formas en las que los evangélicos defienden a menudo su fe. Finalmente, el pastor Jaume Llenas habló de la identidad líquida y el narcisismo en la sociedad actual, ilustrándolo con ejemplos prácticos del día a día y contrastándolo con la visión que da de la persona el evangelio. 

 UNA LUCHA POR ELIMINAR EL PROPÓSITO DE LA VIDA 

En las sesiones plenarias, John Lennox, profesor de Matemáticas de Oxford, autor y conferenciante internacional, recogió la idea inicial: “Debemos deshacernos de la idea de que la apologética es para algunos cristianos listos”. En su primera intervención el matemático empezó diciendo que hoy muchos parecen usar sólo “el hemisferio izquierdo de su cerebro”, hasta el punto de que “ya han dejado de preguntarse incluso el ‘por qué’, en un sentido último”. El ejemplo más claro de esto sería el ateo Richard Dawkins, que considera que es “absurdo” buscar un sentido en la vida. Muchos otros líderes también han llegado a este punto. “En algunas charlas, les pregunto a empresarios de éxito: ‘¿para qué existís?’ Y la respuesta suele ser un silencio desconcertante”. Sin embargo, “todos los seres humanos tenemos una cosmovisión”, que “responde a las preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Se termina la vida con la muerte? ¿Hay un sentido en el universo más allá de nosotros?”

HAWKING Y EL “ARGUMENTO” DE LA GRAVEDAD 

“Es sólo en los últimos años que algunos han llegado a la conclusión de que el universo no tiene propósito”. Stephen Hawking es el intelectual ateo más escuchado, y aboga por un universo que se crea a sí mismo por la gravedad. Lennox dedicó un tiempo a desmontar varios aspectos de su libro “The Grand Design”, opinando que si no hubiera sido escrito por el conocido astrofísico habría sido desechado por muchos por falta de coherencia. “Isaac Newton -que tenía la Cátedra de Cambridge que recibiría muchos años después Hawking – creía en Dios por la gravedad, Hawking no cree en Dios… también por la gravedad”, explicó Lennox. 

¿QUÉ EXPLICA NUESTRA EXPERIENCIA? 

¿Elimina la explicación científica el propósito de las cosas? Lennox usó una ilustración cotidiana: “El hecho de que me apetezca una taza de té es la explicación de por qué está calentándose el agua. La otra explicación es científica, se refiere a cómo funciona el agua, el vapor, etc. Son dos explicaciones diferentes. Pero no compiten, no entran en conflicto. Es más, necesitas ambas para entender lo que está pasando. Lo mismo pasa con el universo”. “Lo que Hawking y otros dicen”, siguió, “es que solo necesitas una explicación, la científica, y que se debe descartar la personal”. Pero la realidad es que “si rechazas el propósito personal de Dios, acabas en locura, seas lo inteligente que seas (…) Las librerías están llenas de libros que hablan de ‘la nada’, divagando de forma absurda tratando de evitar a Dios”. “Génesis 1 y Juan 1, en cambio, hablan de que cuando no había nada, ahí estaba Dios”. 

EL ATEÍSMO, UNA IDEOLOGÍA 

Los cristianos deben darse cuenta de que las cosmovisiones atea y cristiana son “diametralmente opuestas”. Se trata de una “batalla” por la mente en la que “los ateos han sido inteligentes en conseguir convertirla en un tipo de enfrentamiento entre los inteligentes (‘bright’) y los tontos, entre los que saben de ciencia y los que no saben. Es un mensaje muy potente que han conseguido transmitir”. Pero “la polarización entre Dios y ciencia es falsa. La verdadera polarización es entre cosmovisiones, entre cristianismo y ateísmo”. Cualquier ateo lo es desde una argumentación ideológica y personal. “Muchos ateos que conozco se han convertido en ateos por el sufrimiento vivido”, remarcó Lennox. En este sentido, habló de su propia experiencia de estudiante. Al darse cuenta que era cristiano, tres profesores de Cambridge (entre ellos, un premio Nobel) le llamaron a un despacho. “¿Quieres una carrera en ciencia?”, le preguntaron. “Entonces abandona esa idea de Dios, porque los otros científicos te mirarán como a un inferior, y destruirás tu carrera científica”. El estudiante Lennox les preguntó: “¿Que me ofrecéis mejor que lo que ya tengo?” Al mencionarle una teoría científica en auge en aquel momento, les contestó: “Si esto es todo lo que tenéis, asumo el riesgo de seguir creyendo en Dios”. 

 “LA FE CRISITANA IMPULSÓ LA CIENCIA MODERNA” 

Muchos años después, el profesor de Oxford denuncia que “algunos hacen un mal uso de la ciencia, dando la impresión de que la ciencia está contra Dios y a favor del ateísmo”. Pero el argumento no se mantiene en pie, entre otras cosas porque “la ciencia moderna debe su existencia a la Cristiandad. El hombre se convirtió en científico porque esperaba encontrar leyes en la naturaleza. No tendríamos ciencia moderna si Europa no hubiera sido cristiana y tuviera fe en un creador inteligente. Esta fe no impedía la ciencia, sino que fue al revés, la fe en Dios fue el motor que impulsó la ciencia”. Si, como los romanos o los griegos, se define a Dios como un “tapagujeros”, entonces sí es razonable “escoger entre ciencia y Dios, porque le has definido como una explicación de lo que aún no has entendido”. Pero “Dios lo crea todo, no solo lo que no entendemos. Él es el Dios del ‘show completo’”, argumentó el conferenciante. 

 “LA BIBLIA ES SU PROPIA APOLOGÉTICA” 

El profesor de Oxford, que también forma a predicadores en Europa, se encargó también de las exposiciones bíblicas durante el encuentro. “La Biblia es su propia apologética”, dijo. En una exposición muy aplicada al presente de la experiencia de Daniel en Babilonia, Lennox destacó que frente a una sociedad sin Dios, Daniel evitó la cultura de “ghetto” para recibir formación y convertirse en un líder social. Tal como en la Europa actual, “Nabucodonosor relativiza el absoluto, coge las copas de templo de Yahveh y las pone en su museo, entre otros dioses. Muchos hoy en día hacen lo mismo: ven algo de la trascendencia de Dios, pero le relativizan. Incluso como cristianos podemos caer en ello”. 

 CRISTIANOS QUE RETROCEDEN A LOS RINCONES 

Los cristianos hace años que muchos han sido presionados a dejar su fe en una esquina. “Nos dicen: ‘mantened a Dios en esas pequeñas cajas que llamáis iglesias. Y lo hemos aceptado”. La presión sobre los jóvenes es más fuerte que en el pasado, opinó Lennox. Pero “los dos principales problemas para nosotros los evangélicos siguen siendo dos: el miedo y la vergüenza”. Ante la presión, “Daniel puede mantenerse estable que le rodeaba por saber que Dios está detrás tanto de la Historia global como de su historia personal”. Algunos de los asistentes, escuchando la traducción simultánea. / J.P. Serrano 

 “APOCALIPSIS ES SOBRE JESÚS” 

En su segunda exposición, sobre Apocalipsis, Lennox enfatizó que “las dos principales preguntas de entonces siguen ahí hoy en día. La primera, ¿existe algo mayor que nosotros mismos? La segunda, ¿es Cristo único?” Aludiendo al nombre del último libro de la Biblia, dijo que la revelación es necesaria: “No puedes captar la doctrina de la redención por estudiar las estrellas. Dios debe revelarse”, tal como también lo defendió en su momento Francis Bacon. “La revelación significa destapar, mostrar más de lo que sabíamos con anterioridad”. Entre todas las teorías y debates sobre el significado de Apocalipsis, Lennox argumentó “es un libro sobre Jesús”, no sobre intentos de adivinar el futuro, y aseguró que “si no sabes más sobre Él al final, es que has malinterpretado el libro”. La insistencia en que “venga Jesús” destaca en el libro. Eso demuestra que en la fe cristiana “no es el pasado el que determina tu identidad, sino el futuro, la esperanza por delante”. “A menudo nos contentamos con pequeñas expectativas: terminar la carrera, tener un trabajo, tener una familia, que mis hijos tenga esa vida también… y todo va en círculo. Pero, ¿hay un objetivo que tenga valor en sí mismo? ¿Que tenga propósito en sí mismo? Mucha gente no se lo ha preguntado nunca”. Lennox animó a que los cristianos aprovechen el tiempo para ser “fuentes de luz”, que no dependen de sí mismas, sino que están sostenidas por la mano de Jesucristo mismo. En cuanto a la iglesia, “Cristo está interesado en lo que creen (su doctrina), en cómo viven (su vida) y en su actitud hacia él (el amor). Las tres cosas son esenciales en una iglesia”. Como muestra está que “los que cazadores de herejías, aunque fuertes en la doctrina, han perdido su primer amor y han olvidado que han sido perdonados”. Pero la “la solución no es decir que hay que ser menos radical. Al contrario, debemos ser radicales en los tres sentidos”. 

 EL PROBLEMA DEL SUFRIMIENTO, PRINCIPAL CAUSA DEL ATEÍSMO 

Ya por en la segunda noche, el profesor de Oxford aseguró que la mayoría de personas rechazan a Dios por el problema del sufrimiento. “Es el tema más difícil que afronta nadie. Tengas la religión que tengas, o incluso si no tienes una. Es el problema número uno”. “Muchos se convierten en ateos, no por dificultades con la ciencia, sino por cómo está el mundo o por una tragedia personal”. Tanto “el mal moral como el mal natural” se afrontan en el libro bíblico de Job, y Jesús también aborda ambos problema en el evangelio de Lucas, mostrando que no se pueden separar. El sufrimiento siempre tendrá dos perspectivas, “la del observador y la de quien lo sufre”, y por tanto hay que ir con cuidado con verlo sólo como un simple problema intelectual, porque es también pastoral. La violencia es el mal moral que más se achaca a la religión, admitió Lennox. El ateísmo aprovecha el “hartazgo de la gente”, al ver que “muchas guerras que tienen un elemento religioso muy grande” para proponer la eliminación de las religiones. 

LA BATALLA POR LA MORALIDAD 

Los cristianos debemos estar “avergonzados de que el nombre de Cristo haya sido asociado a bombas, porque esta gente están desobedeciendo a Dios”, dijo el conferenciante refiriéndose a los conflictos en su propio lugar de origen, Irlanda del Norte. Al no oponer resistencia en la cruz, Jesús demostró que quienes usan la violencia para hacer avanzar una supuesta fe cristiana “no son sus discípulos, no es posible imponer una verdad con la violencia”. El ateísmo, sin embargo, guarda silencio sobre su propia violencia. Lennox no solo mencionó a Stalin y otros líderes sanguinarios, sino que habló de los “valores de la Ilustración”, que han desembocado en la eliminación del adversario. “Quitar a Dios hace desaparecer la posibilidad de un bien y de un mal. No puedes hablar del problema del mal si no hay moralidad”. “No hay valores si no hay un Dios”, defendió el profesor, y mencionó los argumentos del ateo Habermas y del escritor ruso Dostoeivski como respuesta a la “condescendencia” con la que el Nuevo Ateísmo habla de la ética judeocristiana. Si abandona las raíces cristianas, decían esos autores, Europa se arriesga a perder lo que da sentido a sus valores más preciados. 

 EL ATEÍSMO NO TIENE NADA QUE OFRECER 

“El ateísmo no tiene nada que ofrecerle a la mujer joven que está muriendo de cáncer. El ateísmo es una fe sin esperanza, su frontera es Dios”. El cristianismo, en cambio, “puede ofrecer algo. Hay un Dios al que podemos ir con nuestro sufrimiento. Y un Cristo que ha resucitado de la muerte”. Pero cuando se habla de sufrimiento, también podemos ser culpables. “Lo fácil es vernos como víctimas. Pero también hemos provocado sufrimiento. Y si Dios ha resucitado, tendré que enfrentarme un día a Él y su justicia”. El ateísmo tampoco es capaz de ofrecer justicia. “Si el ateísmo es verdad, Hitler se ha salido con la suya. Y Pol Pot. Y los que decapitan a otros hoy en día”. El apóstol Pablo, sin embargo, “se centra en que hay alguien, levantado por Dios, que juzgará: Jesús”. “La cruz no solo es un ejemplo de Dios participando en el sufrimiento”, dijo, sino también es la “expiación por nosotros”, por el dolor que hemos provocado. “La cruz es el único mensaje que puede traer paz al alma, aunque no siempre quitará el dolor”, concluyó el profesor. “El evangelio inyecta sentido en el incomprensible problema del sufrimiento”. John Lennox, durante el Fórum Apologética 2016. / J.P. Serrano 

LA APOLOGÉTICA EN EL DÍA A DÍA 

En un giro final muy valorado por los asistentes, el profesor de Oxford dedicó una última sesión a hablar distendidamente sobre cómo compartir el evangelio con las personas en el entorno más directo. “Estamos en una era en la que muchas ideas antiguas vuelven. El postmodernismo ya existía con los relativistas griegos”, dijo Lennox. Pero en el fondo, “la gente cree en la verdad. Un amigo dice: La gente solo es relativista y posmoderna en áreas que no son esenciales e importantes en su vida. La gente quiere seguridad en su incerteza”. En este sentido, el evangelista Juan dejó claro que escribía su buena noticia sobre Jesús para que las personas “sepan” que tienen vida eterna. A la pregunta de por qué existimos, nuestra respuesta debe ser: “Porque Dios quiso que existieras. Ser querido es fundamental para cualquier humano, no sólo para los niños, muchos adultos tampoco se sienten queridos. Dios quiso que existieras, esto te da dignidad como criatura”. Como creyente, además, “Cristo te compró para Dios. Eso quita toda incertidumbre en nosotros. No merecíamos nada de esto, la salvación es enteramente de Dios, un regalo que recibimos cuando confiamos en Jesús. No es arrogante decir esto, no tiene mérito recibir un regalo, porque no lo has merecido, depende de quién lo da”. 

 ¿CUÁL ES LA CLAVE DE LA EVANGELIZACIÓN? 

EL mensaje del evangelio, por tanto, debe compartirse. “El cristianismo es una fe dinámica. Si no estamos comunicando el evangelio, tendemos a atrofiarnos. Si aprendemos muchos pero no hacemos nada con ello, nuestra fe morirá”. En un tiempo de preguntas por parte de los asistentes, Lennox habló de sus debates públicos con Richard Dawkins, Christopher Hitchens y otros ateos de renombre. Le han llegado muchos mensajes de personas que han aceptado la fe cristiana tras ver esos debates en Youtube, explicó. Ahora, sin embargo, prefiere las conversaciones más relajadas, explicó. “Los debates sacan lo peor de nosotros”, dijo. 

 LA IMPORTANCIA DE CONVERSAR 

De hecho, en la apologética “no se trata de predicarle a la otra persona, sino de un diálogo en el que uno debe preguntar mucho más que dar respuestas. Es mucho más fácil hacer preguntas que contestarlas. Sigue preguntando hasta que te preguntan a ti. Lo más importante es escuchar”. “No puedes construir puentes con personas a las que no conoces”, explicó. “Descubre las preguntas que tienen tus amigos no creyentes. Y empieza a contestar estas. Esconderte en una isla y leerte 100 libros y después ir a la sociedad, no sirve de mucho”. 

CRISTIANOS ‘MONO-MANÍACOS’ 

“No nos convirtamos en ‘mono-maníacos’, hablando sólo de una cosa. Incluso en conversaciones sobre Dios, soy yo a veces el que cambia de tema a otra cosa. Si quieren seguir hablando, te dirán. Da siempre espacio, la gente tiene miedo de ser aplastada por nuestros argumentos cristianos”. Lennox también comentó que los cristianos se autolimitan a veces al no ser más directos al ofrecer leer la Biblia. En este sentido, dio varios ejemplos personales sobre cómo la Biblia es importante en la evangelización personal. ¿Y si no sabemos la respuesta a alguna preguntas sobre Dios? “No pasa nada. Podemos decir ‘no sé la respuesta, pero me gustaría investigarlo y tomar un café contigo la semana que viene’. Sí pasa algo cuando dices que sabes algo, pero en realidad no lo sabes. Hay que ser honesto. Debemos dejar la idea de que los cristianos creen que saben todo. Se valiente, di: ‘no lo sé’”. ¿Y qué de las personas apáticas, que no tienen interés en nada? “Sobre todo si han tenido una educación universitaria, les digo: ‘Cómo puedes ser una persona formada y no tener interés en la pregunta más grande todas, nuestra existencia? ¿Qué es lo que realmente crees sobre ti mismo?’ Muchos dirán que son agnósticos, entonces la pregunta puede ser: ¿Qué es lo que no sabes?” 

 LO QUE REALMENTE IMPORTA 

Tras todo un fin de semana de reflexión sobre los argumentos que sostienen la fe cristiana, Lennox terminó volviendo a una idea básica. “Las personas que hicieron un impacto fueron las que realmente han visto la gloria de Dios”. “¿Lo más importante en la evangelización? Busca a Dios en la Palabra, hasta que te encuentres con su cara. Si quieres tener algo que decir, solo hay una forma de hacerlo, tienes que acercarte a Dios. No nos hemos tomado la Biblia lo suficientemente en serio. Tienes que pasar tiempo con la Biblia”. Y concluyó: “Cuando llegues a casa, calcula cuánto tiempo te pasas mirando una pantalla. Y después piensa cuanto tiempo podrías dedicar a leer la Biblia”. Andy Wickham, durante su seminario. / J.P. Serrano 

LENNOX EN ESPAÑA: “DISPARANDO CONTRA DIOS” 

Tras el Fórum de Apologética, John Lennox siguió presentando su libro recién publicado en castellano: “Disparando contra Dios” (2016). En una serie de conferencias organizadas por la Fundación RZ para el diálogo entre fe y cultura, habló en un hotel de Barcelona y se dirigió a líderes cristianos en una iglesia evangélica. El lunes 9 dio una conferencia con GBU Barcelona ante una sala abarrotada de estudiantes, profesores y otras personas en la capilla histórica de la Universidad de Barcelona. El martes dio una rueda de prensa y conferencia con la Universidad de Salamanca, y terminó su visita a España con una conferencia final en el Ateneo de Madrid. 

 ¿QUÉ ES EL FÓRUM APOLOGÉTICA? 

El Fórum Apologética está organizado por la Alianza Evangélica Española, los Grupos Bíblicos Unidos y la Fundación RZ para el diálogo entre fe y cultura y el patrocinio del European Leadership Forum. El encuentro se celebra cada 2 años desde 2008, y junto a la aportación de conferenciantes españoles, ha contado con los autores internacionales Stuart MacAllister (2008), Lindsay Brown (2010), Os Guiness (2012) y Alister McGrath (2014). Es posible conseguir las grabaciones en audio de las sesiones de John Lennox Fórum Apologética 2016 escribiendo a administracion@aeesp.net. El contenido se grabó también en vídeo, y se hará disponible online en enero de 2017. 

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