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martes, 17 de octubre de 2017

Deborah Chapman: "Un matrimonio de sacerdotes es un ejemplo de cómo ser cristianos juntos".


Cameron Doody

Barcelona, Andorra, Sabadell, Gibraltar, Portugal... y hasta Marruecos y Perú. Son muchos los lugares donde Deborah Chapman ejerce de sacerdote anglicana. Chapman participó hace unas semanas en el Congreso de la Asociación Juan XXIII sobre mujeres y religión, y habló para RD de sus experiencias como mujer ordenada, así como de los dones que un matrimonio de sacerdotes -su marido, John, también es cura- puede aportar a la Iglesia.


Deborah, ¿eres párroco o párroca? ¡No sé cuál es el término correcto!


Es muy interesante, porque yo, ahora, soy más bien 'free-lance': desde 2013, cuando mi marido y yo dejamos Londres para que él se hiciera cargo de la iglesia de St. Martin's en Sharjah en el Golfo, en los Emiratos Árabes, no he tenido cargo. Pero tenía algo que hacer siempre. Como persona ordenada, he ayudado a mi marido y hago muchas otras cosas.



Cuéntanos.


Además de ayudar a mi marido en la capellanía de Barcelona voy a hacer cultos más o menos una vez al mes a Andorra, que no tiene capellán anglicano. También voy a Sabadell, a l'Esglesia de Crist, que es de la Iglesia Episcopal Reformada de España (IERE), que forma parte de la comunión anglicana. Es la Iglesia anglicana de España y les ayudo en cultos en español y en catalán, también una vez al mes, más o menos.

Hay que explicar que la diócesis en Europa es la diócesis de la Iglesia de Inglaterra, y por eso no tiene parroquias. Más bien tiene capellanías, porque es diócesis de habla inglesa. Dentro de este ámbito, más amplio, soy la capellana de la organización "Mother's Union". Escribo una vez al mes una reflexión en su sitio web. Es interesantísimo, tiene cuatro millones de miembros alrededor del mundo. La comunión anglicana tiene en cada país su movimiento autóctono, y hacen muy buen trabajo siempre en comunión con los otros grupos, y a nivel mundial. Hay una presidenta mundial.

Además, soy la persona encargada del vínculo del arcedianato de Gibraltar con el Perú, donde voy una vez al año. Este arcedianato comprende Gibraltar, Marruecos, España, Portugal y Andorra. Tiene un sínodo, que se reúne una vez al año en el sur de España en Torrevieja.

Estas son las cosas que hago ahora. También hay una sociedad, que apoya a nuestra iglesia, la de St. Georges en Barcelona, que se llama "Intercontinental Church Society", y formo parte del grupo que organiza las conferencias anuales.

O sea, que hay mucha energía dentro de la Iglesia.

Sí, la hay.

¿Sientes que las cosas que haces dentro de la Iglesia, tienen mucha repercusión fuera de ella, en la sociedad?

No lo sé, la verdad es que confío en el Señor. Siento que tengo una responsabilidad que debo aceptar, y le pido al Señor que me dé fuerzas y sabiduría para hacerlo con todo el corazón. Y que sea una bendición para todas las personas.

Me imagino que en la capellanía no solo tenéis personas procedentes de Inglaterra. Hay españoles, supongo. ¿O es solamente para expatriados?

Mayormente sí, porque los cultos son en inglés. También tenemos bastantes ortodoxos, algunos africanos y algunos latinoamericanos, por ejemplo. Todos hablan inglés. Es lo que nos une, además de Jesús, por supuesto.

¿Las misas están en inglés también en la Reformada, en la Iglesia anglicana española?

No. Es una Iglesia anglicana autóctona de España.

Entonces, se habla español.

Sí. O catalán. Pero en nuestra capellanía tenemos más de treinta nacionalidades, mayormente europeas: entre ellas de Ucrania, de Lituania, de Bielorrusia... Y también de Francia y unos pocos catalanes españoles.

El grupo que más años lleva, es un grupo de mujeres que se había casado con españoles. Ellas han mantenido un vínculo fuerte con la capellanía, muy importante para la Iglesia, durante muchos años. Yo, de adolescente acudía a esta capellanía de St. Georges en Barcelona con mis padres. Mi padre era diplomático e íbamos toda la familia. Éramos cinco hijos, y alguna de las mujeres que iba entonces, todavía va. Desde entonces nos conocemos... Estas cosas me encantan.

¿Cómo están las cosas en Barcelona después del atentado?

Es difícil saberlo realmente. No he tenido mucha oportunidad, porque cuando ocurrió estaba fuera. Y creo que la mayoría de la gente que vive en Barcelona estaba fuera, porque durante el mes de agosto suelen irse de vacaciones, y son los turistas los que vienen a la ciudad. En aquel momento yo estaba fuera, y todavía no han vuelto todos los miembros de la Iglesia que habían salido. Francamente, no puedo decirlo.

A mí me parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero también me imagino que va a ser un choque para las personas expatriadas que han elegido vivir allí, porque en realidad es una ciudad muy sana y muy segura, por lo general.

¿Crees que estas personas se van a ir de Barcelona?

No puedo saberlo bien ahora. Me imagino que harán preguntas sobre cómo es realmente la situación.


Te han invitado a hacer una ponencia. ¿Por qué aceptaste formar parte de este congreso? ¿Es un tema que llevas dentro?

Es un tema que he tratado antes, y sobre el que he reflexionado mucho. Cuando Jenny, conjuntamente con el obispo Carlos, me preguntó si estaba dispuesta a dar una conferencia, yo oré y pedí al Señor su opinión, y me pareció que estaba bien. No había por qué decir no. Y tengo paz.

¿Pero sientes que tienes algo que decir porque eres anglicana, o porque eres experta en el tema de mujeres y violencia de género?

No soy experta. Es, simplemente, porque soy mujer anglicana.

Y sacerdote.

Sí. Y aunque hay otras, no sé cuántas en España, que tienen un doctorado, yo he tenido otras oportunidades para compartir en conferencias. Posiblemente por eso, me han invitado. Hay que preguntarle al obispo Carlos. Bueno, también vivo en España; tiene cierta lógica.

¿Tú crees que la Iglesia anglicana es menos machista que la católica?

Depende. Varía mucho.

Me refiero a que, por ejemplo, no hay mujeres sacerdotes en la Iglesia católica. ¿Es un factor importante, para eliminar el machismo, que las mujeres accedan a estos puestos?

En términos estructurales, sí. Pero en términos personales, no. Yo no podría decir qué porcentaje de hombres y de mujeres son anti-ordenación de mujeres en las Iglesias anglicanas o católicas.

Yo era la primera capellana no católica dentro de un colegio en Inglaterra que se llama sixth form college, para jóvenes de 16 a 18 años. Trabajaba a tiempo parcial, pero estaba habilitada por el director para hacer de capellán y lo dejé en el momento de mi ordenación. Hubo más católicos en mi ordenación que anglicanos, eran mis amigos católicos. Puedo decir que ellos estaban totalmente a favor de mi ordenación y que me apoyaban, hasta el punto de que uno de mis dos sponsors -tenemos que tenerlos para ordenarnos- era católico, y se puso de pie para decir que sí, que estaba de acuerdo.

Que estabas preparada.

Sí. Yo he tenido tan buenas experiencias, que pienso que es algo muy personal. Y mi experiencia no ha sido, quizás, tan negativa como la de otras personas, gracias a Dios.

¿Qué dones puede aportar un matrimonio de sacerdotes?

Esto, también tiene que ver con la unidad porque, por ejemplo, cuando preparamos a parejas para el matrimonio, lo hacemos juntos siempre. Aún cuando tenemos mayores responsabilidades tanto mi marido como yo, es algo que siempre hacemos juntos.

Y también, los matrimonios mismos, nos piden hacerlo así. Es un ejemplo modelo de cómo ser cristianos juntos, de cómo orar juntos y de cómo servir a Dios juntos. También, para nosotros es un aporte. Como tenemos preparación teológica, leemos nuestras Biblias y oramos con un ritmo regular, hablamos de lo que leemos y de lo que escuchamos de Dios en nuestras oraciones. Esta posibilidad de conversación que tenemos es muy útil. "Hierro con hierro se aguza...".

Ser matrimonio y sacerdotes es muy, muy positivo. Y más en nuestro mundo en el que el matrimonio se está menospreciando. Creo que hay mucho que aportar, más libertad.

Unidad en el matrimonio y luego, unidad en la Iglesia y entre Iglesias.

Sí. Así es.

Gracias.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Los episcopales difieren en el activismo de la Iglesia y en mezclar la fe y la política


El Obispo de Maryland Eugene Taylor Sutton dirige una marcha a favor de los refugiados el 4 de febrero en Baltimore. Foto de la Diócesis de Maryland, vía Facebook.


[Episcopal News Service] Política y religión. Son los temas de los que no se supone que uno hable si quiere evitar una explosión apasionada.

Pero en el clima político intensamente polarizado de la actualidad, donde los debates políticos con frecuencia giran en torno a valores y a cómo cada lado ve el papel del gobierno en las vidas de los estadounidenses, esos debates están siendo influidos por personas que se pronuncian como cristianos, desde evangélicos a episcopales, e incluso el papa Francisco.


La participación episcopal en causas y demostraciones políticas ha aumentado en los últimos ocho meses. Episcopales se unieron a millones de personas a través del país el 21 de enero para participar en la Marcha de las Mujeres y otras manifestaciones afines. Varios centenares participaron en una Marcha por los Refugiados el sábado 4 de marzo en Baltimore, una de las varias ciudades donde tuvieron lugar manifestaciones semejantes. Y el 10 de marzo, algunos líderes episcopales se unieron a otros activistas en Washington, D.C., para una marcha en apoyo de la tribu sioux de Roca Enhiesta en su lucha contra un oleoducto en Dakota del Norte que la tribu dice que amenaza su agua potable y sus tratados territoriales.


Episcopales de Minnesota hicieron acto de presencia frente el capitolio estatal en San Pablo en una de las aproximadamente 600 “marchas hermanas” del 21 de enero. Foto de LeeAnne Watkins


En congregaciones episcopales más progresistas, la conversación acerca de un “movimiento de Jesús” dirigido por la Iglesia puede coincidir con un continuo activismo político. Pero no todo el mundo cree que las protestas y otras formas de activismo se derivan de manera fácil y natural de Jesús, la historia de la Iglesia y la teología.


“Una protesta es un instrumento contundente” le dijo Garwood Anderson, profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Nashotah House en Wisconsin, Episcopal News Service. “Una protesta no estimula realmente un discurso matizado. Estimula un pensamiento simplista”.


Anderson dijo que él aun cree que puede haber una manera que merezca la pena de hacer causa común con otros, de llamar la atención de problemas y de satisfacer nuestro “deseo de no consentir pasivamente con cosas que creemos injustas” y él personalmente siente simpatía por algunos de los debates que las recientes protestas políticas han suscitado nacionalmente.


Pero se muestra cauteloso de mezclar las enseñanzas cristianas con mensajes políticos. Se corre el riesgo de distorsionar el significado de esas enseñanzas, apuntó Anderson. Si como cristianos nos sumamos indiscriminadamente a las protestas políticas, podemos perder de vista “lo que es distintiva y exclusivamente cristiano” respecto a nuestro activismo político, tal como las enseñanzas de Jesús en el Sermón del Monte y las Bienaventuranzas.


¿Puede ser la protesta una expresión correcta de la fe de uno? En la trayectoria cristiana, ¿existe el riesgo de comprometerse demasiado profundamente con el dominio secular? ¿Cómo sabemos cuando es apropiado hablar en el nombre de Jesús? Diversas congregaciones en Estados Unidos están lidiando con estas interrogantes.


Esa diversidad en la Iglesia es parte de lo que atrae a la Rda. Noelle York-Simmons, rectora de la iglesia de Cristo [Christ Church] en Alexandria.


“Uno puede encontrar un lugar que responda a sus necesidades espirituales o políticas, teológicas o sociales, o a todas ellas”, afirmó.


York-Simmons vio la “idiosincrasia” de su parroquia en acción con la decisión de la junta parroquial a principios de febrero de publicar una declaración en la que se oponía a la supremacía blanca, respuesta a un clamor que se produjo en Alexandria luego que un prominente nacionalista blanco, Richard Spencer, se mudara en el barrio y abriera una tienda.


De izquierda a derecha, David Hoover, William Roberts y la Rda. Heather VanDeventer representan a la iglesia de Cristo en Alexandria en una protesta el 29 de enero frente a la casa donde el nacionalista blanco Richard Spencer abrió recientemente una tienda.


Algunos miembros de la congregación también han participado en manifestaciones pacíficas frente al nuevo cuartel general de Spencer, y la congregación ocasionalmente ha ayudado a movilizar a miembros para protestar. Su mensaje: “Nuestra ciudad y nuestro barrio no son lugares que van a permitir tranquilamente que ese tipo de odio se encone y viva en nuestra área”, dijo York-Simmons.


Ella ve este tipo de activismo como parte de ser cristiano, no lo contrario.


“Si vamos a seguir nuestros votos bautismales, luego vamos a tener que salirle al paso, ocasionalmente, a las injusticias que vemos”, afirmó.


Scott Bader-Saye, profesor de ética cristiana en el Seminario del Sudoeste en Austin, Texas, le dijo a Episcopal News Service que él intenta conseguir que los estudiantes piensen en lo que significa desarrollarse como un ser humano creado a imagen de Dios, y cree que “ser espiritual a la manera de Jesús es comprometerse con lo que creemos de las cuestiones políticas actuales”.


Nuestras respuestas a esas cuestiones deben típicamente configurarse por quienes somos como cristianos, afirmó, y espiritualmente también debe configurar los medios que usamos para procurar esos fines. Bader-Saye señaló la adhesión de Martin Luther King Jr. a la protesta no violenta como un ejemplo de una táctica determinada por su fe cristiana.


Desde la elección del presidente Donald Trump, Bader-Saye ve aún más razones para que los episcopales se expresen sobre los problemas de actualidad, al tiempo que ellos y la Iglesia Episcopal ponen a prueba la urgencia de este momento por un compromiso espiritual y político.


“Ahora mismo, siento que si una reunión de la Iglesia no se percibe como un acto de resistencia, estamos haciendo algo mal”, dijo él.


Sobran ejemplos de problemas políticos asumidos recientemente por la Iglesia Episcopal: reasentamiento de refugiados, inmigración, [protesta de la tribu sioux] de Roca Enhiesta, reforma de la atención sanitaria —incluso si EE.UU. debería mudar su embajada en Israel a Jerusalén, a lo cual la Red Episcopal de Política Pública se opuso en una alerta política el 14 de febrero.


Lo que Bader-Saye llama “protesta colectiva”, como opuesta a la actividad política de individuos episcopales, es orientada por las resoluciones aprobadas por la Convención General. Le corresponde al Obispo Primado, a la presidente de la Cámara de Diputados y al Consejo Ejecutivo determinar cómo tal orientación debe conformar la posición de la Iglesia sobre los temas de actualidad.


En un ejemplo reciente, el obispo primado Michael Curry y la presidente de la Cámara de Diputados, Rda. Gay Clark Jennings fueron los primeros signatarios de un informe amistoso presentado el 2 de marzo por 1.800 clérigos y líderes religiosos en un caso ante el Tribunal Supremo de EE.UU. que implicaba las normas sobre el uso de baños públicos para transexuales. El 6 de marzo, el tribunal dio a conocer que no juzgaría el caso, un revés para el adolescente transexual cuyo reclamo apoyaban Curry y Jennings.


El Rdo. Michael Battle, profesor de Iglesia y sociedad en el Seminario Teológico General, ve los recientes ejemplos de activismo episcopal como parte de un cambio profundo en la Iglesia desde que llegó por primera vez a América en la era colonial.


“La Iglesia Episcopal ha pasado de ser la Iglesia de la clase dirigente a una Iglesia de activismo social”, afirmó él, identificando el año 2003 y la ordenación de Gene Robinson, el primer obispo [abiertamente] homosexual, como un punto de inflexión clave.


Según cambia la perspectiva de la Iglesia, de una [institución] de poder a una que aboga por los que no tienen poder, Battle ve paralelos con la Iglesia negra como institución al servicio de los oprimidos.


“Si formas parte de los grupos que están siendo victimizados y no están en el poder, luego hay otra manera completamente distinta de entender la Iglesia”, subrayó.


Battle se vio influido por el tiempo que prestó servicios en Sudáfrica con el arzobispo Desmond Tutu a principios de los años 90. Tutu era políticamente franco en su oposición al apartheid, pero Battle dijo que él también desplegaba un cristianismo profundo que conformaba todo lo que hacía en la esfera pública.


“Siempre rezaba sus oraciones diariamente. Siempre conservó hábitos que lo mantenían afincado en Jesús”, dijo. Battle cree que hay mucho activismo que carece de ese tipo de profundidad espiritual, la cual puede trascender esta o aquella protesta.


El valerse de esa profundidad espiritual como una fuente para las acciones de la Iglesia en el mundo está a la vanguardia de lo que Curry ve como el Movimiento de Jesús, y él no ha rehuido los problemas políticos y sociales. En septiembre, visitó el sitio de las protestas en [la reserva indígena de] Roca Enhiesta [Standing Rock] en Dakota del Norte para mostrar la solidaridad de la Iglesia Episcopal con la tribu, a partir del llamado cristiano a defender la dignidad humana y la justicia medioambiental. Ha habido episcopales en las primeras filas de las manifestaciones allí desde agosto.


El obispo primado Michael Curry de pie junto a la Autopista 1806 de Dakota del Norte el pasado 24 de septiembre para presenciar como los agentes de la fuerza pública llegan a un pequeño campamento de opositores al Oleoducto para el Acceso a las Dakotas para arrestar a personas acusadas de quitar los carteles de “prohibido el paso” de los terrenos de una estancia cercana que había comprado recientemente la compañía constructora del oleoducto. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.


“Siempre se nos presentan problemas e intereses en la esfera pública. Esa es la vida. Y nosotros los que seguimos en los caminos de Jesús debemos participar de lo público”, dijo él en comentarios al Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal el 8 de febrero. “Somos un pueblo encarnacional, lo cual significa que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. La manera en que uno participa de ese ambiente, y los problemas e intereses que surgen, eso se convierte en la cuestión decisiva”.


“Llamándonos” a la oración y al testimonio público”


Los valores cristianos también han aportado profundidad a Obispos Unidos contra la Violencia Armada, un grupo de 80 obispos episcopales que se ha arraigado y sigue persistiendo en su misión años después de que se creará luego de la masacre de la escuela de Newtown, Connecticut, en diciembre de 2012 y de otros tiroteos de gran relieve.


El Rvdmo. Jim Curry era obispo sufragáneo de la Diócesis de Connecticut en el momento de la masacre de Newtown. Él y otros dos obispos de la diócesis quisieron hacer algo que convocara a los cristianos a un ministerio de oración, al tiempo que también diera un testimonio público sobre el problema de la violencia armada.

La obispa Mariann Edgan Budde, de la Diócesis Episcopal de Washington, reza las oraciones de la primera estación del Via Crucis el 21 de marzo de 2013, en la Plaza Lafayette, en Washington, D.C. Junto a ella, de izquierda a derecha, James Curry, obispo sufragáneo de la Diócesis de Connecticut, y Ian Douglas, obispo de Connecticut. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS.


Ellos organizaron un a Vía Crucis por el corazón de Washington, D.C., en marzo de 2013, durante la Semana Santa, añadiéndole un significado contemporáneo a la representación tradicional del camino de Jesús al Calvario y a la tumba. En la procesión participaron unos 400 episcopales, entre ellos 30 obispos.


No fue una “protesta confrontacional, dijo Curry, pero llevo la tradición cristiana del Vía Crucis a la escena pública, para provocar una “solemne reflexión sobre el don de Jesús”, así como del “quebranto de nuestras vidas”.


“Ese es el lugar de la Iglesia, llamándonos a la oración y al testimonio público”, dijo Curry, actualmente jubilado, a Episcopal News Service. “E hicimos eso desde lo profundo de nuestra propia tradición, pero con la esperanza de que la comunidad en general pueda ver en ese testimonio tanto esperanza como posibilidad”.


Al igual que Battle, Jim Curry cree que la Iglesia Episcopal tuvo razón en incorporar más activismo social en su misión, una evolución que él remonta a los derechos civiles y a los movimientos antibélicos de los años 60 y 70. Vale la pena, afirmó, que la Iglesia se alce como un líder moral en cuestiones políticas, aunque ese activismo debe fundamentarse en la fe. Pero, advirtió él, “es responsabilidad de los líderes de la Iglesia no ir demasiado lejos al frente de la comunidad no sea que pierdan de vista su responsabilidad de ser pastores de todo el rebaño”.


El activismo cristiano también ha suscitado diferentes opiniones respecto a cuán político fue Jesús. Eruditos bíblicos y teológicos tienden a convenir en que él fue una figura política, aunque la “política” en tiempos de Jesús significaba algo totalmente diferente de lo que significa hoy.


“Es una suerte de anacronismo hablar de protesta en los tiempos bíblicos”, cuando los sistemas políticos no eran democráticos y no le daban cabida a la protesta tal como la conocemos hoy, dijo Bader-Saye, el profesor del Seminario del Sudoeste. Las protestas y el activismo político de hoy día tienen por objeto influir en la opinión pública, pero el objetivo último es influir en la manera en que los funcionarios electos votan sobre ciertos proyectos de leyes. Ese tipo de estructura de poder “simplemente no existía en tiempos de Jesús”.


No obstante, las palabras y acciones de Jesús pueden verse como políticas, afirmó él, en la manera en que lo pusieron en conflicto con los poderes de su tiempo, como se ve en su viaje a Jerusalén al final de su vida. Bader-Saye ve ese viaje como análogo a algunas de las grandes marchas de protesta de nuestro tiempo, desde la marcha por los derechos civiles de Selma a Montgomery en 1965 a la Marcha de las Mujeres este año.


“Jesús deliberadamente fue llevando su testimonio y su proclamación al lugar en que iba a ser oído por la gente que estaba en el poder”, explicó él.


Pero Anderson, el profesor de Nashotah House, advierte a los cristianos políticamente activos que no esperen que Jesús ofrezca una precisa justificación espiritual a las causas políticas del presente.


“Jesús tal como le conocemos en las Escrituras se convierten en una especie de talismán para causas con las que ya estamos comprometidos”, dijo Anderson, pero al leer implicaciones sociopolíticas en sus enseñanzas podemos estar oscureciendo su significado con un bagaje partidario.


“A veces la participación en asuntos políticos desvirtúa en verdad el carácter distintivamente cristiano en pro de los fines políticos que procuramos”, dijo.


‘Participación basada en valores’


El Obispo Primado pareció abordar esas preocupaciones en sus comentarios al Consejo Ejecutivo el 8 de febrero, al decir que la Iglesia Episcopal debe hacer más que “convertirse en otro grupo de interés”.


“Participar en el nivel de los valores y los compromisos que tanto apreciamos, los cuales provienen de Jesús de Nazaret y de nuestra tradición como cristianos episcopales anglicanos… esa participación basada en valores no es simplemente un grupo de interés”, dijo Curry.


Abordando el activismo de la Iglesia en los problemas del reasentamiento de refugiados y la inmigración, Curry invocó la parábola de Jesús del Buen Samaritano al expandir el significado de “ama a tu prójimo” y animando a Estados Unidos a acoger a extranjeros provenientes de otros países que necesitan nuestra ayuda.


“Vean ustedes, eso no es un problema, eso es un valor. Luego uno se compromete con los refugiados y la política de inmigración, no a partir del problema, sino de los valores de Jesús,” afirmó.


York-Simmons dijo que ella personalmente favorece una mayor participación política de parte de las congregaciones episcopales, pero no esperaría eso de todas las congregaciones. Servir a los menos afortunados puede asumir una variedad de formas, y las congregaciones más tradicionales pueden llevar a cabo su pacto bautismal por sus propios medios.


“Todo no va a parecer un movimiento político”, dijo ella. “Y eso está bien”.


— David Paulsen es redactor y reportero de Episcopal News Service. Pueden dirigirse a él a dpaulsen@episcopalchurch.org. Mary Frances Schjonberg colaboró en este reportaje. Traducción de Vicente Echerri.

jueves, 14 de enero de 2016

Primados anglicanos sancionan a la Iglesia Episcopal de EE.UU..-


Queda como mera observadora. Consideran que el matrimonio homosexual aprobado por la Iglesia Episcopal fue alejarse de la fe y la enseñanza de la Comunión anglicana y de la Biblia. 

Anglican.ink, VOL LONDRES 14 DE ENERO DE 2016

Según informan VOL y Anglican.Ink los primados de la Comunión Anglicana han decretado suspender a la Iglesia Episcopal de la plena participación en la vida y decisiones de la Comunión Anglicana. 

Este jueves 14 de enero 2016 se aprobó, informan, por una mayoría de dos tercios de los Primados anglicanos reunidos (arzobispos y moderadores) que la Iglesia Episcopal fuese suspendida por un período de tres años.

En el encuentro celebrado en la catedral de Canterbury se tomó esta resolución que supone que la Iglesia Episcopal pierde su "voto" en las reuniones de las instituciones oficiales anglicanas, aunque conserva su "voz". Significa de facto degradarla a la condición de mera observadora.

La decisión implica también que los representantes de la Iglesia Episcopal no estarán autorizados para representar a la Comunión en organismos interreligiosos y ecuménicos o en comisiones de diálogo, ni formar parte del Comité Permanente del Consejo Consultivo Anglicano.

Por lo tanto la Iglesia Episcopal queda fuera del proceso de toma de decisiones "en cuestiones de doctrina o sistema de gobierno" de la Comunión anglicana.

Según una fuente oficial no identificada (expone George Conger en anglican.ink) este periodo de tres años se debe a querer "respetar la política de la Iglesia Episcopal” ya que sólo la Convención General anglicana, que se reunirá en 2018, puede decidir una sanción mayor a la Iglesia Episcopal de EE.UU.

Según VOL los Primados reconocieron de forma mayoritaria que el matrimonio homosexual aprobado por la Iglesia Episcopal de EE.UU. fue un alejamiento de la fe y la enseñanza como entiende la inmensa mayoría de la Comunión anglicana, y ha supuesto una desviación de la responsabilidad mutua y la interdependencia implícita. 

REACCIONES POSTERIORES

La moción insta además al arzobispo de Canterbury a "designar un grupo de trabajo para mantener conversaciones entre nosotros con la intención de restauración de la relación, la reconstrucción de la confianza mutua, la sanidad del legado de dolor, reconociendo el grado de concordancia, y la exploración de nuestras profundas diferencias, asegurando que se llevan a cabo en el amor y la gracia de Cristo ".

La oficina de prensa del Palacio de Lambeth no respondió a solicitudes de comentarios, aunque dada la difusión de lo ocurrido ha hecho público un Comunicado de prensa que confirma lo esencial de esta información.

El Rev. Arun Arora, director de comunicaciones de la Iglesia de Inglaterra publicó un mensaje en Twitter en respuesta a las noticias de las sanciones, respondiendo a la nota de AnglicanInk : “Actuando dentro del amor y la gracia de Jesús No son sanciones sino consecuencias en el contexto del compromiso unánime para caminar juntos".

La reunión continuará hasta mediados de mañana viernes, momento en el que está prevista una conferencia de prensa formal. 

Por su parte el Arzobispo anglicano egipcio Mouneer Anis escribió en su blog: "A todos los seres queridos que han orado por las reuniones de los Primados anglicanos. El Señor escuchó sus oraciones y respondió. Por unanimidad se afirmó que la fe de la Iglesia permite que el matrimonio es sólo entre un hombre y una mujer, unidos entre sí por la vida. También se decidió que la postura de permitir el matrimonio homosexual de la iglesia Episcopal es una desviación de la doctrina de la enseñanza explícita de la Iglesia basada en la Biblia (…) Esto preservará la unidad de la Iglesia ".

lunes, 28 de octubre de 2013

Veterocatólicos y episcopales se comprometen en una comunión más profunda.



Por Matthew Davies

Los veterocatólicos y episcopales en Europa han convenido en entrar en una comunión más profunda, buscando nuevos modos de colaborar, preparando una estructura común y allanando el camino hacia el objetivo final de convertirse en una sola Iglesia en Europa.

La Convocación de Iglesias Episcopales en Europa aprobó dos resoluciones durante su convención celebrada en Roma del 17 al 20 de octubre, luego de la exhortación que le hiciera el arzobispo de los veterocatólicos, Joris Vercammen, en la cual alentaba a las iglesias a “trascender nuestras fronteras” y convertirse en “agentes de la transformación”.

Una resolución compromete a las congregaciones de la Convocación a procurar la colaboración con sus congregaciones veterocatólicas vecinas mediante la creación de ministerios mutuos en cultos, programa y actividades de alcance comunitario, y por un aumento del conocimiento y la conciencia de las mutuas tradiciones.

Otra resolución respalda al obispo encargado de la Convocación y al arzobispo de Utrecht “en su empeños mancomunados de fomentar nuestra vida común en Cristo”.

Las Iglesias Veterocatólicas de la Unión de Utrecht es la denominación con la que la Iglesia Episcopal mantiene la más antigua relación de plena comunión, que se remonta al Acuerdo de Bonn de 1931.

“La obra de la plena comunión se propone la comunión más plena que podamos concebir”, dijo Vercammen a los delegados el 18 de octubre en la convención de la Convocación. “Espero poder seducirles a la libertad mediante la cual el Espíritu Santo quiere abrir nuestras mentes”.

El Rvdmo. Pierre Whalon, obispo a cargo de la Convocación, dijo que Vercammen había plantado una semilla “para que nosotros oráramos acerca de quiénes somos juntos… y determináramos que ya no nos consideramos iglesias separadas… Debemos pensar fuera de nosotros mismos”.

Whalon dijo a ENS que existe un profundo deseo de formar “una comunión de iglesias que pueda tener un testimonio común en la Europa continental” y que tal comunión traería a la Iglesia Veterocatólica y a la Iglesia Episcopal “tan cerca como fuera posible de la plena unidad visible sin hacer dejación de la autonomía local de las jurisdicciones individuales”. La profundización de las relaciones entre los veterocatólicos y los episcopales, afirmó él, podría alentar a otras iglesias anglicanas y asociados en plena comunión en Europa a trabajar de manera más deliberada hacia la unidad.

La Diócesis en Europa de la Iglesia de Inglaterra incluye parroquias a través de todo el continente. La Iglesia Reformada Episcopal de España y la Iglesia Lusitana de Portugal son las dos otras jurisdicciones anglicanas en Europa.

“En el muy largo plazo podría ser el objetivo tener sólo una estructura eclesiástica que sería tanto veterocatólica como episcopal”, dijo Vercammen. “Por ahora tenemos que organizar las medidas que hemos de tomar a fin de lograr este objetivo a largo plazo”.

“Supongo que los veterocatólicos podrían ayudarnos a convertirnos en nuevos episcopales”, dijo la Rda. Gay Clark Jennings, presidente de la Cámara de Diputados, en sus palabras a la convención, que sesionó en San Pablo Intramuros [St. Paul’s Within-the-Walls], una iglesia episcopal en el centro de Roma. Ella describió la propuesta de Vercammen como “una forma radical de comunidad, un nuevo modo de ser la Iglesia, la Iglesia que somos llamados a ser”.

La obispa primada Katharine Jefferts Schori, luego de oír las noticias acerca del llamado de Vercammen y la respuesta de la Convocación, dijo a ENS que estaba “profundamente agradecida por la creciente conciencia de las posibilidades de la plena comunión en Europa, y el creciente compromiso que la hace una mayor realidad”.

Y añadió: “¡Imagínense el testimonio misional y la posibilidad de una inconsútil comunidad cristiana anglicana-episcopal-veterocatólica-luterana! La robusta y profunda relación entre veterocatólicos y episcopales en Europa es la precursora, que sencillamente podría conducir a otras partes del Cuerpo de Cristo a una mayor asociación”.

Jefferts Schori fue invitada por la Iglesia Veterocatólica en 2011 cuando visitó Utrecht ypronunció la Conferencia de Quasimodo, un evento anual que explora asuntos religiosos en la sociedad contemporánea.

Vercammen, en sus palabras a la convención de la Convocación, hizo citas de esa conferencia, durante la cual Jefferts Schori dijo que el ecumenismo “es básicamente trabajo doméstico: limpiar la casa, ponerla en orden, para que pueda ser un hogar… La labor ecuménica comienza en la visión bautismal de un cuerpo de Cristo restaurado, pero no puede tenerse en ninguna versión limitada de lo que el cuerpo de Dios incluye. Estamos aquí para ayudar al todo, y ése es el futuro al que quiero apuntar en ser católico más allá de las fronteras”.

Luego de ese discurso, Vercammen dijo a ENS que se necesitaba más creatividad para tratar con la superposición de jurisdicciones.

“Necesitamos más iniciativas concretas”, tales como búsquedas comunes de un liderazgo eclesiástico que sirva más allá de las jurisdicciones, dijo “y luego podemos realmente construir un núcleo de Iglesia donde los cristianos de todos los orígenes puedan reunirse. Tenemos una oportunidad única y sería una lástima si no la aprovecháramos”.

La Iglesia Episcopal entró en plena comunión con las Iglesias Veterocatólicas de la Unión de Utrecht en 1934 sobre las bases del Acuerdo de Bonn suscrito tres años antes. La Iglesia Veterocatólica cuenta con unos 200.000 miembros repartidos entre varias iglesias nacionales de Europa, localizadas en los Países Bajos, Alemania, Suiza, Austria, la República Checa, Polonia, Francia e Italia Se separaron de la Iglesia Católica Romana porque no pudieron aceptar la definición de la infalibilidad papal presentada por el primer Concilio Vaticano en 1870.

La Convocación de Iglesias Episcopales en Europa sirve a una demografía de cristianos culturalmente diversa en 20 parroquias y misiones a través de Austria, Bélgica, Francia, Alemania, Italia y Suiza.

Además de los veterocatólicos, la Iglesia Episcopal está en plena comunión con la Iglesia Evangélica Luterana en América, la Iglesia Católica Siro-Malabar de la India, la Iglesia Morava de América del Norte y la Iglesia Filipina Independiente.

Las iglesias en plena comunión reconocen formalmente que comparten doctrinas esenciales, incluidos el bautismo y la eucaristía; convienen en la mutua aceptación de los servicios de sus respectivos cleros y se comprometen a trabajar juntas en la evangelización y la misión. Las iglesias se convierten en interdependientes al tiempo que siguen siendo autónomas.

– Matthew Davies redactor y reportero de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.