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lunes, 8 de julio de 2019

El Vaticano ‘ocultó el arte que mostraba a las sacerdotes’.



Portada del libro de la investigadora Ally Kateusz donde defiende que el liderazgo de la mujer en la iglesias ha sido sistemáticamente ocultado por el Vaticano.


Sarah Mac Donald

Un mosaico en el baptisterio de Letrán en Roma mostró a María como obispo hasta que se pintó sobre blanco.
Existe una “evidencia abrumadora” de que las mujeres sirvieron como clérigos en los primeros años del cristianismo, y algunas de las pruebas fueron ocultadas deliberadamente por el Vaticano, según una investigación innovadora.
Expertos en teología y la historia temprana de la Iglesia Católica escucharon a la Dra. Ally Kateusz, investigadora asociada del Instituto Wijngaards para la Investigación Católica, resumir los hallazgos en una conferencia organizada por la Sociedad Internacional de Literatura Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma ayer.

La Dra. Kateusz, autora de ‘María y mujeres cristianas primitivas: liderazgo oculto’, basa sus hallazgos de investigación en la representación de mujeres como clérigos en artefactos antiguos y en un mosaico en una iglesia romana en la que María, la madre de Jesús, es representada como un obispo

Reveló que este mosaico contenía una cruz roja en una vestimenta que solo llevaban los obispos.
Pero se cubrió con pintura blanca en las órdenes del Vaticano “para disfrazar el hecho de que María fue representada como un obispo”.
Los hallazgos están preparados para desafiar el dogma de larga data en el catolicismo de que las mujeres no pueden ser sacerdotes, estrictamente aplicadas desde el Papa Juan Pablo II, quien también dictaminó que el tema de las mujeres sacerdotes ni siquiera podía discutirse con pena de excomunión.

Una mujer sacerdote en una antigua caja de relicarios.
Algunos de los seis sacerdotes irlandeses que han sido censurados por el Vaticano en los últimos años fueron atacados por su apoyo a las mujeres en el sacerdocio.
Según el Dr. Kateusz, los tres artefactos más antiguos del mundo que representan a los cristianos en el altar en las iglesias, todos representan a una mujer en el altar.
“Representan mujeres en el altar en tres de las iglesias más importantes de la cristiandad: San Pedro en Roma, Santa Sofía en Constantinopla y la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén”, dijo.
Miriam Duignan, portavoz del Instituto Wijngaards, dijo: “Esto es una evidencia de que las mujeres sirven como clérigos en algunas de las iglesias más importantes de la cristiandad”.

La Dra. Ally Kateusz ha escrito un libro sobre las mujeres en el cristianismo.
Parte de la investigación se relaciona con una caja de relicario de marfil que data de alrededor del 430 DC y muestra a una sacerdote en el altar en la Basílica de San Pedro en Roma.
Hablando sobre el Baptisterio de Letrán en Roma y el mosaico escondido allí, el Dr. Kateusz dijo: “El Papa Theodore encargó este mosaico, incluido el palio del obispo [sobre María]. Levanta los brazos como si estuviera realizando la Eucaristía. Es una forma simbólica de decir María. era un líder de la iglesia “.
Irlandés independiente

lunes, 17 de junio de 2019

Curas casados y mujeres sacerdotes, tareas evangelizadoras.


"A multitud de pilas bautismales, templos e iglesias se les echa el cierre 'por falta de mano de obra'"


"Las mujeres, dentro y fuera de la Iglesia, poseen idéntica dignidad de ser imagen de Dios como el hombre-varón"


No sé hasta qué punto les conmoverán a los obispos, y a los celadores y responsables de la “perpetuidad” de la Iglesia, tantas informaciones documentadas como hoy se difunden acerca de que “los curas se acaban”. Es tristemente desolador, y está al alcance de cualquiera, comprobar cómo las vocaciones sacerdotales decrecen, que la edad avanza implacablemente en todos los sectores y, por tanto, también en el estamento eclesiástico, cuyos miembros han de atender pastoral y ministerialmente, por lo que a multitud de pilas bautismales, templos e iglesias se les echa el cierre, “por falta de mano de obra”.

Pueblos-pueblos, entidades religiosas, colegios, monasterios y conventos se quedan sin la eucaristía, entre razones tan elementales como la de que los sacerdotes no pueden dar más de sí, pese a sus buenas disposiciones y convencimientos dogmáticos, dado que sin eucaristía, no hay Iglesia, tal y como estudiaran y estudian.




De vez en vez surgen voces, también jerárquicas, que proclaman con realismo y estadísticas, la crudeza del problema, pero este sigue su curso y desarrollo implacable, fiados algunos de sus responsables en que “Dios proveerá” y en que también se registraron en la historia eclesiástica etapas y episodios similares…

Pero muy recientemente el contradictorio Cardenal Walter Kasper, presidente emérito del “Pontificio Consejo de la Promoción de la Unidad entre los Cristianos”, acaba de expresar con humildad, sensatez y evangelio, su criterio, con estas denunciadoras palabras: “Si los obispos pidieran al papa Francisco curas casados, este aceptaría tal petición”. El Cardenal se cuidó también de tranquilizar al personal adoctrinándolo de que “el celibato no es un dogma de fe, ni una práctica inalterable”, sino decisión simplemente disciplinar. (Algunos expertos en teología se afianzan en la idea de que, así las cosas, aunque se considerara “dogma”, sería pastoralmente legítimo su revisión y reforma).


Celibato clerical

Y el pueblo fiel, que padece anomalías religiosas tan graves y tan preocupantes, se formula, entre otras, estas preguntas:

¿Es que todavía no se le ocurrió a ningún obispo formularle al papa tal petición?¿No lo hizo por temor, por no comprometerse y comprometerlo, o por no sentirse responsable de tal situación y haber vivido, y querer seguir viviendo “en el mejor de los mundos”? ¿No lo hicieron porque “les da lo mismo, o casi lo mismo”, porque no les dio tiempo a pensarlo, porque sus estudios universitarios o simplemente catequísticos, no les descubrieron otros panoramas, sin convencimiento de que la Eucaristía es el principio y fundamento -fuente y eje- de Nuestra Santa Madre la Iglesia? ¿En qué mundo eclesiástico vivimos?

El ángulo de las preguntas lo alzan algunos a la misma sede pontificia y, con devoción y respeto, se expresan de esta manera: ¿Pero es que el papa, y si además se llama Francisco, puede no estar al corriente de este problema? ¿Acaso cuenta con alguna razón desconocida por el resto de la cristiandad - y no de carácter bíblico ni dogmático-, para preferir que las cosas sigan como están? ¿Acaso sea el “santo temor a la Curia Romana” lo que le impida dar los pasos decisivos que él quisiera? ¿Es posible que temores como este podrían ser considerados “santos”?

Es obvio que, casados los sacerdotes, y consagradas las mujeres también como tales, a los obispos se les multiplicarían infinitamente los problemas administrativos, laborales y, por supuesto, económicos, de manera inenarrable, dejando a un lado los rituales o los ceremoniales…

De momento dejo sin subrayar otras preguntas relacionadas con las delatoras del citado Cardenal Kasper y me limito a animar al papa Francisco a que, creyendo como cree, en las misas, y en que las mujeres, dentro y fuera de la Iglesia, poseen idéntica dignidad de ser imagen de Dios como el hombre-varón, prescinda del Código de Derecho Canónico y de sus intérpretes, dedicándose estos de una santa vez a tareas evangelizadoras y se corrijan anomalías tan graves como las enunciadas en estas leves reflexiones…

viernes, 31 de mayo de 2019

Mujeres sacerdotes, mujeres imanes, mujeres rabinas.



por Juan José Tamayo. Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid


Las religiones siempre se han llevado mal con las mujeres. Es proverbial su misoginia, que las conduce, por lo general, a excluir a las mujeres del espacio de lo sagrado y de toda responsabilidad en las esferas del poder y del saber. ¿Será que prohibe Dios a las mujeres el acceso a lo sagrado por su impureza, así como al sacerdocio, al imamato y al rabinato porque no pueden representar a la divinidad?

El libro de la escritora Yolanda Alba Sacerdotas. La mujer en las diferentes liurgias y religiones (Almuzara, Córdoba, 2018) responde negativamente a esta pregunta. Y lo hace no a la ligera, sino a través de un detallado y riguroso recorrido por la historia de las religiones desde las antiguas civilizaciones, del Nilo al Eúfrates, los cultos romanos, las druidesas celtas, pasando por el judaísmo, el cristianismo, el islam, el budismo, el hinduismo, las religiones africanas, las culturas y religiones de Indoamérica, Amerindia y Afroamérica. Y así hasta el siglo XXI donde la autora busca -y encuentra- a mujeres rabinas, imames, sacerdotes, pastoras, obispas, ayatolás y sacerdotisas.


Ahí radica uno de los principales méritos de este libro: en que, frente a la pereza de muchos historiadores de las religiones a la hora de investigar sobre el papel fundamental de las mujeres en el terreno religioso, Yolanda Alba no se queda en la superficie y en los estereotipos patriarcales, sino que indaga, investiga, inquiere, busca –uso intencionadamente los cuatro verbos- hasta encontrar el lugar protagónico que corresponde a las mujeres en el mundo de lo sagrado.


La autora ofrece un análisis dialéctico. Por una parte subraya el empoderamiento de las mujeres que se rebelan contra la marginación a la que se ven sometidas por el poder religioso en manos de los hombres. Por otra, constata su papel subalterno y dependiente a partir de la de la inferioridad femenina, que se naturaliza y legitima apelando incluso al acto creador de Dios.
¿Mujeres sacerdotes, imames, rabinas? Por supuesto que sí, responde Alba. Y no como un capricho o privilegio feminista –el feminismo no defiende caprichos ni privilegios, sino derechos iguales-, sino como una legítima reivindicación en plena sintonía con la existencia de mujeres sacerdotes en todas las religiones a lo largo de la historia, con las reivindicaciones de igualdad del feminismo y con los movimientos feministas dentro de las religiones.


Hay una pregunta que recorre toda la obra: “¿Y si Dios fuera mujer?”. Quizá lo sea y la mayoría de las religiones lo han ocultado, al contar la vida y la historia de Dios y de los dioses desde la perspectiva del varón, al pasar del matrismo al patiarcado. “La historia y la teología patriarcal –afirma Yolanda Alba- omiten cualquier clase de información relacionada con la conquista de la diosa y la destrucción de la cultura que floreció en el pasado: la historia de esa época se enterró y solo ha surgido en la última mitad del siglo XX” (p. 83).


Incluso en los textos de los monoteísmos masculinos encontramos el rostro femenino de Dios, que fue ocultado por las tradiciones patriarcales y por las interpretaciones androcéntricas. La Biblia hebrea es un buen ejemplo de las imágenes femeninas con las que se presenta a Dios. Un ejemplo entre muchos: la Sabiduría como creadora con Dios. La lectura feminista de los textos considerados sagrados de las religiones ayuda a recuperar dicho rostro.


Tras la lectura de esta excelente obra, me pregunto: ¿Es posible la existencia de una religión sin misoginia, sin discriminación de las mujeres? ¿Es posible una religión organizada desde la igualdad y la justicia de género? Es posible y necesario, pero no podemos negar que resulta difícil por la resistencia del patriarcado religioso, que presenta a Dios con atributos varoniles y convierte al varón en masculinidad sagrada, conforme a la afirmación de la pensadora feminista Mary Daly : “Si Dios es varón, el varón es Dios”.


Es esta afirmación la que ha inspirado mi teoría sobre “Dioses varones-masculinidades sagradas-inferiorización de las mujeres, que desarrollaré en mi libro de próxima publicación.
Pero no por difícil resulta imposible. Tenemos ejemplos en los movimientos de mujeres que resisten al patriarcado en el interior de las religiones y se organizan autónomamente, y en las numerosas experiencias igualitarias que se dan en las comunidades religiosas.


El feminismo como teoría crítica de la sociedad patriarcal, como movimiento social y como revolución reivindicativa de la subjetividad de las mujeres, constituye una excelente aliado para el objetivo de la creación de religiones y movimientos de espiritualidad, pensados organizados y vividos sin discriminación por razones de género, etnia, cultura, creencia religiosa, clase social, identidad sexual y discapacidad. A su vez, las religiones igualitarias son las mejores aliadas de las luchas feministas.


Me parece un signo esperanzador en el cambio de paradigma que se está produciendo en las religiones el que un colectivo de mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones religiosas católicas apoyaran este año la huelga del 8 de marzo y se incorporaran a las multitudinarias manifestaciones del tan revolucionaria efemérides.


Estoy seguro de que el libro de Yolanda Alba contribuirá al cambio de paradigma que se está produciendo en la sociedad y que debe producirse en las religiones: de la discriminación a la igualdad y a la justicia de género. Mi felicitación a la autora y mi invitación a que lean el libro los teólogos y dirigentes religiosos varones de las diferentes tradiciones religiosas y movimientos espirituales. Seguro que les (nos) ayudará a quebrar cráneos ideológicamente endurecidos, a liberarse (nos) de las estructuras mentales patriarcales excluyentes en que con frecuencia suelen (solemos) estar cómodamente instalados y a abrir nuevos horizontes inclusivos fraterno-sororales.


¿Significa dicha liberación perder derechos? En absoluto. El único derecho que está aquí en juego es el de la igualdad entre hombres y mujeres. Y en la medida en que lo recuperen las mujeres, se habrá conseguido plenamente. Lo más contrario a los derechos humanos es la actual desigualdad abismal de género en las religiones, a decir verdad, en una más que en otras.
Con afirma Mary Wollstonecraft en su libro Vindicación de los derechos de la mujer, de 1792, pionero del feminismo filosófico, “las desigualdades entre los hombres y las mujeres son tan arbitrarias como las referidas al rango, la clase o los privilegios”.
¿Significa esa liberación la pérdida de privilegios de los hombres? Sin duda. Y ellos deberían ser los primeros en desprenderse de dichos privilegios -que no pueden confundirse con derechos, por mucho que sea el tiempo en que vienen disfrutándolos injustamente. Mejor desprenderse de ellos, antes de que se los quiten.


Termino con una apelación al feminismo, en este caso aplicado a las religiones, que es una de las mejores – por no decir la mejor- mediaciones teóricas y prácticas para conseguir la igualdad (no clónica) y para eliminar los privilegios.
————–
Juan José Tamayo:
Sus últimos libros son: ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías? (Biblioteca Nueva, 2018); Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2019, 2ª ed., 2ª reimpresión); De la iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanch, Valencia, 2019)

viernes, 31 de agosto de 2018

Urgente puesta de la mujer en el lugar que le corresponde en la Iglesia, según la estadística, la sociología, y la psicología.



Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

No se puede eliminar de las acciones ministeriales, para las que todo bautizado está habilitado, “Porque todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, ya que todos vosotros, que fuisteis bautizados en Cristo, habéis sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos vosotros no sois más que uno en Cristo Jesús”. (Gal 3,26-28).

Ante enseñanza tan clara y valiente, -progresista, podíamos decir, pues en los años 40 la Iglesia, tan homófoba actualmente, se adelantaba 2000 años a la ley de Igualdad-, no puede haber excusas ni vetos canónicos para retrasar el reconocimiento, no la concesión, de un Derecho inalienable, que nunca debería haber sido puesto en tela de juicio. Entendemos el atraso, no solo en la Iglesia, sino en todos los ámbitos de la sociedad. Pues, salvo raras excepciones, la mujer era considerada, en el mejor de los casos, como un ser humano de segunda categoría, incluso por una mente tan preclara como la de Aristóteles. Pero sobre este tema, y sobre la evolución histórica de la sensibilidad social y ética, hay que anotar varias cosas.

Jesús fue un adelantado en su trato con la mujer. Los evangelios resaltan siempre que en el grupo de Jesús, que era claramente itinerante, siempre había un grupo de mujeres, con sus nombres, que lo siguieron hasta el final, incluso más que los apóstoles varones. De hecho, éstos, en el momento culminante de la Cruz se evaporaron, escondidos por el miedo a las consecuencias de ser discípulos y constituyentes del grupo de un renegado, condenado, no sin cierta irregularidad, es verdad, por la legítima autoridad del Sanedrín, y presentado a la autoridad romana para ser ejecutado.

Es destacable cómo, en los últimos días de Jesús, en las horas de la Pasión, las mujeres adoptan un protagonismo sorprendente, pues no tenemos ninguna constatación de que alguna mujer interviniera en la redacción de los Evangelios. En la cena de despedida conocida en la tradición cristiana como la “Última Cena” ellas están presentes, así como al pie de la cruz, y en los días posteriores, así como en los fundamentales momentos que rodearon el misterio central y definitivo de la Pascua.
El caso de María Magdalena es especial desde todos los puntos de vista.

No cabe duda de que fue protagonista de una verdadera y auténtica relación especial con el Maestro, dejándose seducir por Él, por su Palabra, por su dulzura, y, también, y sin duda, por el estilo y la delicadeza peculiar que el Señor, desde luego, mostró con ella, pero también, con el mundo femenino. Y llama la atención que los Evangelios no esconden un hecho insólito: Jesús resucitado no se presenta en primer lugar a Pedro, o a su Madre, sino a María Magdalena, “de la que había expulsado siete demonios”, pero también de la que afirmó en un banquete memorable de que “amaba mucho porque mucho se le había perdonado”. Este primer encuentro del resucitado, publicado a bombo y platillos en el Nuevo Testamento, es la suprema demostración de que para Jesús, y su grupo, el papel de esa mujer era destacado.

Y está el mandato misionero: “Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.» Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní»- que quiere decir: «Maestro» -. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras. (Ju 20, 15-18).

Este texto niega una afirmación que se ha oído muchas veces cuando se trata de la posible ordenación de mujeres: que los jerarcas de la Iglesia no pueden, ni siquiera el Papa, hacer algo que el señor no hizo. Afirmación ridículamente fuera de lugar, y disparatada, entre otros motivos por que la Iglesia ha hecho cientos de veces cosas, y ha tomado decisiones que al Señor nunca se le ocurrieron. Y en temas n importantes y decisivos, que no solo no las decidió el Maestro, sino que la impresión que parece imponerse es la contraria: de que se trata de algo que ni lo dijo, ni lo quiso, sino todo lo contrario.

Un ejemplo flagrante de que la Iglesia ha hecho cosas, y tomado decisiones, que Jesús no hizo ni tomó, sino todo lo contrario, es el asunto que traté en el artículo de ayer de este blog: la conversión del Reino de Dios, anunciado por Jesús, como de un movimiento y un estilo de vida en la Humanidad en el que Dios mandaría en el corazón de los hombres, en una Religión organizada, jerarquizada. Otro ejemplo sencillo, los mandamientos de la Iglesia, como oír Misa los domingos, confesar antes de comulgar, etc., y cientos de cosas más.

No tiene, pues, ningún sentido la solemne declaración que un día lanzó Juan Pablo II, desde la ventana de su despacho a la multitud congregada en la plaza de San Pedro que ni él, el sucesor de Pedro, tenía potestad de cambiar la disciplina de la Iglesia con la ordenación ministerial de mujeres, porque el Señor Jesús no lo había querido ni lo había dispuesto. El Espíritu de Dios se manifiesta en la evolución que promueve, entre todos los hombres y todos los pueblos, a través de la Historia.

(No puedo acabar este artículo. El ordenador tarda un siglo en exponer en pantalla las palabra y frases que escribo. En esta frase, hasta el final, que no ha salido todavía, podrá tardar más de dos minutos. (De hecho ha tardado cuatro y medio).

lunes, 6 de agosto de 2018

La Iglesia y las mujeres.


José M. Castillo, teólogo

En una entrevista, que me hizo nuestro amigo Jesús Bastante, en RD, yo me preguntaba “por qué la Iglesia no permite que las mujeres puedan ser ordenadas como sacerdotes”. Ante esta pregunta mía, algunos comentaristas me han cuestionado con un reproche que, a primera vista, parece enteramente razonable: “Si el Evangelio no es una religión, ¿por qué tanta insistencia en ordenar a las mujeres como sacerdotes?”

Agradezco sinceramente a quienes me han planteado esta pregunta. Porque me ofrecen una ocasión excelente para poder expresar algo que me parece importante. Me explico.

Una vez más, es conveniente repetir que no es lo mismo hablar de “igualdad” que hablar de “diferencia”. En pocas palabras, la “diferencia” es un hecho, mientras que la “igualdad” es un derecho. El hombre y la mujer son “diferentes” e “iguales”. Son distintos, pero tienen (o deberían tener) los mismos derechos.

Estos trasvases o desplazamientos (de un orden de cosas a otro) son frecuentes en la vida. Como he dio, es frecuente pasar, sin darse cuenta, del ámbito de lo “hechos” al de los “derechos”. Que son dos cosas completamente distintas. Pero, cuando se confunden, desembocamos en el lenguaje de las tonterías, las ignorancias o simplemente hacemos el ridículo.

Pues bien, por este procedimiento de los trasvases indebidos, ocurre también que, con bastante frecuencia, hacemos, de un “hecho sociológico”, una cosa que nunca se debería hacer, que consiste en montar o elaborar un “argumento teológico”. Es de sobra sabido que, en tiempo de Jesús, las mujeres, no sólo no tenían los mismos derechos que los hombres (Robert C. Knapp, “Los olvidados de Roma”, 67-145), sino que sobre todo no podían ser testigos oficiales de nada en ninguna causa (J. Jeremias, “Jerusalén en tiempos de Jesús”, 371-387). Este es el “hecho sociológico”.

Por eso Jesús, aunque siempre defendió la dignidad y la igualdad de las mujeres (Lc 8, 1-3; 7, 36-50; Mt 19, 1-12; Mc 10, 1-12; Jn 8, 1-11; 12, 1-8…), lo que no podía hacer es constituir a las mujeres como “testigos oficiales” suyos, en una sociedad que no admitía ni aceptaba tales testigos. Pero insisto en que esto es un “hecho sociológico” de aquellos tiempos y culturas. Lo doloroso (y sin sentido) es que, después de veinte siglos, seguimos pensando y diciendo que aquel “hecho social” de la Antigüedad es un “argumento teológico” para la Iglesia de la Modernidad.

Esto es un disparate tan monumental como sería el disparate de empeñarse en que deben seguir existiendo los esclavos, por la sencilla razón de que san Pablo justificó que entre los cristianos de la Antigüedad los esclavos fueran obedientes a sus amos (Flm 16; 1 Cor 7, 21 s; Ef 6, 5; Col 3, 22; 1 Tim 6, 1 s; Tt 2, 9).

La Iglesia va casi siempre rezagada. Y por eso llega tarde cuando se trata de dar solución a los grandes problemas que se le presentan a la humanidad. Ahora nos encontramos con el problema de la falta creciente y galopante de sacerdotes. Son miles las parroquias que no pueden celebrar la eucaristía.

Y estando las cosas como están, por lo visto, se piensa que es más importante mantener una “norma social” de la Antigüedad que dar la debida respuesta a un “derecho de los fieles cristianos”. No me estoy inventando este “derecho”. Lo dijo, con claridad, el Concilio Vaticano II, en la “Constitución Dogmática sobre la Iglesia”: “todos los fieles cristianos tienen derecho (“ius habent”) de recibir con abundancia de los sagrados pastores… los auxilios de la palabra de Dios y de los sacramentos…” (LG 37, 1).

Esta es la enseñanza solemne de la Iglesia. Pero parece que es más solemne el poder de los obispos y de los sacerdotes a enfrentarse incluso al Papa, al Concilio Ecuménico y a millones de fieles abandonados, con tal de mantener firme su poder, su dignidad, sus criterios y no sé si, en algunos casos, intereses inconfesables. ¿Y nos lamentamos de que los fieles abandonan la Iglesia? ¿No habría que decir, más bien, que es la Iglesia la que abandona a los fieles? Y si es que hablamos de los infieles…, entonces mejor es que nos callemos. O que gritemos todos al Cielo pidiendo misericordia. Que la necesitamos.

domingo, 24 de junio de 2018

Reseña de libro: “Sacerdotas” de Yolanda Alba.


¿”Sacerdotas”? Definitivamente sí. O mujeres curas, o presbíteras….Y por ende, reverendas y obispas, arzobispas, mujeres cardenales y mujeres papas, y también mujeres popes, mujeres mulás, mujeres dalai-lama…..
Al igual que otras religiones monoteístas (existen rabinas, imanas y alguna ayatolá), algunas ramas del cristianismo permiten la ordenación de mujeres y éstas alcanzan incluso altas jerarquías religiosas (obispas luteranas). En los primeros siglos de la religión cristiana hubo diaconisas, apóstolas y mujeres oficiantes, hasta que la oficialización y sacralización de lo que la autora denomina ‘kyriarcado’ hizo que fueran excluidas del derecho a ser ministras de la iglesia y de impartir sacramentos, subvirtiendo el mensaje de Yeyoshúa el rabino-Jesus el Cristo-, el genial profeta galileo que predicaba un cambio histórico mediante un revolucionario ideal ético igualitario señalando la hipocresía de las jerarquías religiosas.

Pero esta larga historia de discriminación de las mujeres en la iglesia católica está siendo cuestionada con énfasis en los últimos tiempos: en algunos países existen mujeres ordenadas sacerdotes, o sacerdotas, como muchas quieren denominarse más allá de la idoneidad del término no sexista que levanta interesantes discusiones.

Aquí están sus voces. Más allá de la etimología la ordenación de las mujeres es un tema muy polémico, debatido en el seno de la institución donde se levantan voces a favor de la ordenación de mujeres, desde la teología hasta las instancias vaticanas.
El rol de las mujeres forma parte de los grandes desafíos a los que están confrontadas las religiones hoy, incluido el tener acceso al sacerdocio, es decir: poder dirigir los cultos. Por ello la autora se aleja hacia el pasado más remoto para recordar la existencia y el importante rol de las mujeres oficiantes en las religiones antiguas (las sacerdotisas) y también el de las ministras del culto en las otras religiones actuales (wiccas, santeras, machis, chamanas, nueva ola etc…) a la vez que cuestiona la misoginia existente en religiones que parecieran no padecerla (p.e. el budismo).

domingo, 18 de febrero de 2018

Las Escrituras patriarcales hablan de lo femenino.


Leonardo Boff

En sus líneas básicas hay que reconocer que la tradición espiritual judeocristiana se expresa predominantemente en código patriarcal. El Dios del Primer Testamento (AT) es vivido como el Dios de los Padres, Abraham, Isaac y Jacob, y no como el Dios de Sara, de Rebeca y de Miriam. En el Segundo Testamento (NT), Dios es Padre de un Hijo único que se encarnó en la virgen María, sobre la cual el Espíritu Santo estableció una morada definitiva, cosa a la que la teología nunca dio especial atención, porque significa la asunción de María por el Espíritu Santo y de esta forma la coloca en el lado de lo Divino. Por eso se profesa que es Madre de Dios.

La Iglesia que se derivó de la herencia de Jesús está dirigida exclusivamente por hombres que detentan todos los medios de producción simbólica. La mujer durante siglos ha sido considerada como persona no-jurídica y hasta el día de hoy es excluida sistemáticamente de todas las decisiones del poder religioso. Una mujer puede ser madre de un sacerdote, de un obispo y hasta de un Papa, pero nunca podrá acceder a funciones sacerdotales. El hombre, en la figura de Jesús de Nazaret, fue divinizado, mientras la mujer se mantiene, según la teología común, como simple creatura, aunque en el caso de María haya sido Madre de Dios.

A pesar de toda esta concentración masculina y patriarcal, hay un texto del Génesis verdaderamente revolucionario, pues afirma la igualdad de los sexos y su origen divino. Se trata del relato sacerdotal (Priestercodex, escrito hacia el siglo VI-V a.C.). Ahí el autor afirma de forma contundente: “Dios creó la humanidad (Adam, en hebreo, que significa los hijos e hijas de la Tierra, derivado de adamah: tierra fértil) a su imagen y semejanza; hombre y mujer los creó”(Gn 1,27).

Como se deduce, aquí se afirma la igualdad fundamental de los sexos. Ambos anclan su origen en Dios mismo. Este solo puede ser conocido por la vía de la mujer y por la vía del hombre. Cualquier reducción de este equilibrio, distorsiona nuestro acceso a Dios y desnaturaliza nuestro conocimiento del ser humano, hombre y mujer.

En el Segundo Testamento (NT) encontramos en San Pablo la formulación de la igual dignidad de los sexos: “no hay hombre ni mujer, pues todos son uno en Cristo Jesús”(Gl 3,28). En otro lugar dice claramente: “en Cristo no hay mujer sin hombre ni hombre sin mujer; como es verdad que la mujer procede del hombre, también es verdad que el hombre procede de la mujer y todo viene de Dios”(1Cor 11,12).

Además de esto, la mujer no dejó de aparecer activamente en los textos fundadacionales. No podía ser diferente, pues siendo lo femenino estructural, siempre emerge de una u otra forma. Así en la historia de Israel surgieron mujeres políticamente activas como Miriam, Ester, Judit, Débora o antiheroínas como Dalila y Jezabel. Ana, Sara y Ruth serán siempre recordadas y honradas por el pueblo. Es inigualable el idilio, en un lenguaje altamente erótico, que rodea el amor entre el hombre y la mujer en el libro del Cantar de los Cantares.

A partir del siglo tercero a.C. la teología judaica elaboró una reflexión sobre la graciosidad de la creación y la elección del pueblo en la figura femenina de la divina Sofía (Sabiduría; cf. todo el libro de la Sabiduría y los diez primeros capítulos del libro de los Proverbios). Lo expresó bien la conocida teóloga feminista E. S. Fiorenza, “la divina Sofía es el Dios de Israel con figura de diosa”(Los orígenes cristianos a partir de la mujer, São Paulo 1992, p. 167).

Pero lo que penetró en el imaginario colectivo de la humanidad de forma devastadora fue el relato antifeminista de la creación de Eva (Gn 2, 21-25) y de la caída original (Gn 3,1-19). Literariamente el texto es tardío (en torno al año 1000 o 900 a.C). Según este relato la mujer es formada de la costilla de Adán que, al verla, exclama: “He aquí los huesos de mis huesos, la carne de mi carne; se llamará varona (ishá) porque fue sacada del varón (ish); por eso el varón dejará a su padre y a su madre para unirse a su varona, y los dos serán una sola carne” (Gn 2,23-25). El sentido originario buscaba mostrar la unidad hombre/mujer (ish-ishá) y fundamentar la monogamia. Sin embargo, esta comprensión, que en sí debería evitar la discriminación de la mujer, acabó por reforzarla. La anterioridad de Adán y la formación a partir de su costilla fue interpretada como superioridad masculina.

El relato de la caída aún es más contundentemente antifeminista: “Vio, pues, la mujer que el fruto de aquel árbol era bueno para comer… tomó del fruto y lo comió; se lo dio también a su marido y comió; inmediatamente se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos”(Gn 3,6-7). El relato quiere mostrar etiológicamente que el mal está del lado de la humanidad y no de Dios, pero articula esa idea de tal forma que revela el antifeminismo de la cultura vigente en aquel tiempo. En el fondo interpreta a la mujer como sexo débil, por eso ella cayó y sedujo al hombre. De aquí la razón de su sumisión histórica, ahora teológicamente (ideológicamente) justificada: “estarás bajo el poder de tu marido y él te dominará” (Gn 3,16). Para la cultura patriarcal Eva será la gran seductora y la fuente del mal. En el próximo artículo veremos cómo esta narrativa machista deformó una anterior, feminista, para reforzar la supremacía del hombre.

Jesús inaugura otro tipo de relación con la mujer, lo veremos también próximamente.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito El rostro materno de Dios, Vozes 2005.

Traducción de Mª José Gavito Milano

martes, 17 de octubre de 2017

Deborah Chapman: "Un matrimonio de sacerdotes es un ejemplo de cómo ser cristianos juntos".


Cameron Doody

Barcelona, Andorra, Sabadell, Gibraltar, Portugal... y hasta Marruecos y Perú. Son muchos los lugares donde Deborah Chapman ejerce de sacerdote anglicana. Chapman participó hace unas semanas en el Congreso de la Asociación Juan XXIII sobre mujeres y religión, y habló para RD de sus experiencias como mujer ordenada, así como de los dones que un matrimonio de sacerdotes -su marido, John, también es cura- puede aportar a la Iglesia.


Deborah, ¿eres párroco o párroca? ¡No sé cuál es el término correcto!


Es muy interesante, porque yo, ahora, soy más bien 'free-lance': desde 2013, cuando mi marido y yo dejamos Londres para que él se hiciera cargo de la iglesia de St. Martin's en Sharjah en el Golfo, en los Emiratos Árabes, no he tenido cargo. Pero tenía algo que hacer siempre. Como persona ordenada, he ayudado a mi marido y hago muchas otras cosas.



Cuéntanos.


Además de ayudar a mi marido en la capellanía de Barcelona voy a hacer cultos más o menos una vez al mes a Andorra, que no tiene capellán anglicano. También voy a Sabadell, a l'Esglesia de Crist, que es de la Iglesia Episcopal Reformada de España (IERE), que forma parte de la comunión anglicana. Es la Iglesia anglicana de España y les ayudo en cultos en español y en catalán, también una vez al mes, más o menos.

Hay que explicar que la diócesis en Europa es la diócesis de la Iglesia de Inglaterra, y por eso no tiene parroquias. Más bien tiene capellanías, porque es diócesis de habla inglesa. Dentro de este ámbito, más amplio, soy la capellana de la organización "Mother's Union". Escribo una vez al mes una reflexión en su sitio web. Es interesantísimo, tiene cuatro millones de miembros alrededor del mundo. La comunión anglicana tiene en cada país su movimiento autóctono, y hacen muy buen trabajo siempre en comunión con los otros grupos, y a nivel mundial. Hay una presidenta mundial.

Además, soy la persona encargada del vínculo del arcedianato de Gibraltar con el Perú, donde voy una vez al año. Este arcedianato comprende Gibraltar, Marruecos, España, Portugal y Andorra. Tiene un sínodo, que se reúne una vez al año en el sur de España en Torrevieja.

Estas son las cosas que hago ahora. También hay una sociedad, que apoya a nuestra iglesia, la de St. Georges en Barcelona, que se llama "Intercontinental Church Society", y formo parte del grupo que organiza las conferencias anuales.

O sea, que hay mucha energía dentro de la Iglesia.

Sí, la hay.

¿Sientes que las cosas que haces dentro de la Iglesia, tienen mucha repercusión fuera de ella, en la sociedad?

No lo sé, la verdad es que confío en el Señor. Siento que tengo una responsabilidad que debo aceptar, y le pido al Señor que me dé fuerzas y sabiduría para hacerlo con todo el corazón. Y que sea una bendición para todas las personas.

Me imagino que en la capellanía no solo tenéis personas procedentes de Inglaterra. Hay españoles, supongo. ¿O es solamente para expatriados?

Mayormente sí, porque los cultos son en inglés. También tenemos bastantes ortodoxos, algunos africanos y algunos latinoamericanos, por ejemplo. Todos hablan inglés. Es lo que nos une, además de Jesús, por supuesto.

¿Las misas están en inglés también en la Reformada, en la Iglesia anglicana española?

No. Es una Iglesia anglicana autóctona de España.

Entonces, se habla español.

Sí. O catalán. Pero en nuestra capellanía tenemos más de treinta nacionalidades, mayormente europeas: entre ellas de Ucrania, de Lituania, de Bielorrusia... Y también de Francia y unos pocos catalanes españoles.

El grupo que más años lleva, es un grupo de mujeres que se había casado con españoles. Ellas han mantenido un vínculo fuerte con la capellanía, muy importante para la Iglesia, durante muchos años. Yo, de adolescente acudía a esta capellanía de St. Georges en Barcelona con mis padres. Mi padre era diplomático e íbamos toda la familia. Éramos cinco hijos, y alguna de las mujeres que iba entonces, todavía va. Desde entonces nos conocemos... Estas cosas me encantan.

¿Cómo están las cosas en Barcelona después del atentado?

Es difícil saberlo realmente. No he tenido mucha oportunidad, porque cuando ocurrió estaba fuera. Y creo que la mayoría de la gente que vive en Barcelona estaba fuera, porque durante el mes de agosto suelen irse de vacaciones, y son los turistas los que vienen a la ciudad. En aquel momento yo estaba fuera, y todavía no han vuelto todos los miembros de la Iglesia que habían salido. Francamente, no puedo decirlo.

A mí me parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero también me imagino que va a ser un choque para las personas expatriadas que han elegido vivir allí, porque en realidad es una ciudad muy sana y muy segura, por lo general.

¿Crees que estas personas se van a ir de Barcelona?

No puedo saberlo bien ahora. Me imagino que harán preguntas sobre cómo es realmente la situación.


Te han invitado a hacer una ponencia. ¿Por qué aceptaste formar parte de este congreso? ¿Es un tema que llevas dentro?

Es un tema que he tratado antes, y sobre el que he reflexionado mucho. Cuando Jenny, conjuntamente con el obispo Carlos, me preguntó si estaba dispuesta a dar una conferencia, yo oré y pedí al Señor su opinión, y me pareció que estaba bien. No había por qué decir no. Y tengo paz.

¿Pero sientes que tienes algo que decir porque eres anglicana, o porque eres experta en el tema de mujeres y violencia de género?

No soy experta. Es, simplemente, porque soy mujer anglicana.

Y sacerdote.

Sí. Y aunque hay otras, no sé cuántas en España, que tienen un doctorado, yo he tenido otras oportunidades para compartir en conferencias. Posiblemente por eso, me han invitado. Hay que preguntarle al obispo Carlos. Bueno, también vivo en España; tiene cierta lógica.

¿Tú crees que la Iglesia anglicana es menos machista que la católica?

Depende. Varía mucho.

Me refiero a que, por ejemplo, no hay mujeres sacerdotes en la Iglesia católica. ¿Es un factor importante, para eliminar el machismo, que las mujeres accedan a estos puestos?

En términos estructurales, sí. Pero en términos personales, no. Yo no podría decir qué porcentaje de hombres y de mujeres son anti-ordenación de mujeres en las Iglesias anglicanas o católicas.

Yo era la primera capellana no católica dentro de un colegio en Inglaterra que se llama sixth form college, para jóvenes de 16 a 18 años. Trabajaba a tiempo parcial, pero estaba habilitada por el director para hacer de capellán y lo dejé en el momento de mi ordenación. Hubo más católicos en mi ordenación que anglicanos, eran mis amigos católicos. Puedo decir que ellos estaban totalmente a favor de mi ordenación y que me apoyaban, hasta el punto de que uno de mis dos sponsors -tenemos que tenerlos para ordenarnos- era católico, y se puso de pie para decir que sí, que estaba de acuerdo.

Que estabas preparada.

Sí. Yo he tenido tan buenas experiencias, que pienso que es algo muy personal. Y mi experiencia no ha sido, quizás, tan negativa como la de otras personas, gracias a Dios.

¿Qué dones puede aportar un matrimonio de sacerdotes?

Esto, también tiene que ver con la unidad porque, por ejemplo, cuando preparamos a parejas para el matrimonio, lo hacemos juntos siempre. Aún cuando tenemos mayores responsabilidades tanto mi marido como yo, es algo que siempre hacemos juntos.

Y también, los matrimonios mismos, nos piden hacerlo así. Es un ejemplo modelo de cómo ser cristianos juntos, de cómo orar juntos y de cómo servir a Dios juntos. También, para nosotros es un aporte. Como tenemos preparación teológica, leemos nuestras Biblias y oramos con un ritmo regular, hablamos de lo que leemos y de lo que escuchamos de Dios en nuestras oraciones. Esta posibilidad de conversación que tenemos es muy útil. "Hierro con hierro se aguza...".

Ser matrimonio y sacerdotes es muy, muy positivo. Y más en nuestro mundo en el que el matrimonio se está menospreciando. Creo que hay mucho que aportar, más libertad.

Unidad en el matrimonio y luego, unidad en la Iglesia y entre Iglesias.

Sí. Así es.

Gracias.

miércoles, 12 de julio de 2017

Cardenal Marx: “El sacerdocio masculino no ayuda a presentar a la Iglesia como pionera de la igualdad”.


Obispos Enrique Albornoz, Janine Stock, J.C.Urquhart de Barros (Vista, California)

C. Doody

“Sería verdaderamente absurdo si no utilizáramos más los talentos de las mujeres”
“Necesitamos una nueva imagen de la Iglesia, liderada por hombres y mujeres trabajando juntos”
El impulso para que las mujeres tengan el espacio en el liderazgo de la Iglesia que les corresponde por dignidad humana ya cobra dimensiones cada vez mayores. El último en clamar por que se las involucre más en los altos escalafones de la jerarquía ha sido el cardenal Reinhard Marx, quien ha declarado que “necesitamos una nueva imagen de lo que la Iglesia debe ser: una Iglesia mundial liderada por hombres y mujeres de todas las culturas trabajando juntos”.

De acuerdo con lo publicado por La Croix, el purpurado alemán afirmó en un reciente encuentro de mujeres líderes de la Iglesia de Múnich que “estaríamos locos si no utilizáramos los talentos de las mujeres. De hecho, sería verdaderamente absurdo”. Un fuerte reclamo para más protagonismo femenino en círculos eclesiales de uno de los hombres más cercanos al Papa Francisco, quien sustentó su argumento en esta ocasión en el hecho de que ya hay mujeres con altos cargos eclesiales en once de las veintisiete diócesis de Alemania y en cinco de las diez austriacas, “y hay satisfacción por todos los lados”.

El arzobispo de Múnich lamentó que por el momento el sacerdocio solo esté abierto a los fieles varones, una limitación que “ciertamente no está ayudando a la Iglesia a presentarse como una pionera de la igualdad de derechos”. Tal como matizó el cardenal, no obstante, esto del sacerdocio exclusivamente masculino “no quiere decir que solo los hombres manden en la Iglesia”.
“Esto es precisamente lo que no debería ser el mensaje” de la Iglesia al mundo, insistió. “Y esta es la razón por la que quiero enfatizar que los puestos de responsabilidad y los cargos ejecutivos en la Iglesia que están abiertos a los laicos tienen que ser repartidos entre hombres y mujeres”.

Desde su sillón en el consejo asesor del Papa Francisco -el conocido como C-9- el purpurado alemán, tal y como señaló, continuará con su cruzada para que se incluyan más mujeres en puestos decisivos en la Iglesia, si bien reconoce que debido a que “hay algunos en la Iglesia que se aferran a la tradición” hay que tener “paciencia”. “Pero una cosa está clara”, prometió: “las cosas aquí [en Múnich] no serán como antes”. Cambios que, vaticinó el purpurado, podrían incluso llegar hasta el corazón del Vaticano, dadas las “buenas señales” en cuanto a la igualdad de sexos que está mandado el Papa Francisco.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Las mujeres ¿sacerdotes en la Iglesia?.



José M. Castillo, teólogo

Comprendo que haya bastantes mujeres decepcionadas con la reciente exhortación del papa Francisco. Lo mismo que, sin duda, habrá otras que ahora se sientan más seguras ante lo que ha dicho este papa innovador. Mi punto de vista representa poco en éste y en tantos otros asuntos. Pero, sea mucho sea poco, quiero dejar claro, de entrada, que estoy de acuerdo con lo que dice Francisco sobre la mujer en la exhortación “Evangelii Gaudium”.

Con tal que se tenga en cuenta que el mismo papa, en esta exhortación (que no es una encíclica y menos aún una definición dogmática) , les dice a los obispos y a los teólogos que, en el asunto concreto de la ordenación sacerdotal de mujeres, “hay un gran desafío”. Y por eso les dice a los entendidos en estos temas que “podrían ayudar a reconocer mejor lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia” (nº 104). El asunto, por tanto y en lo que se refiere a la ordenación sacerdotal de mujeres, no está cerrado, sino que está en un proceso de búsqueda, cosa que intentaré explicar en lo que yo puedo alcanzar sobre el tema.

El papa Francisco insiste en la necesidad de que la Iglesia retorne a la vivencia integral del Evangelio. Pues bien, si es que eso se toma en serio, vamos en serio a poner en práctica lo que dice el papa. Y, en tal caso, lo que en el Evangelio encontramos es que Jesús no ordenó de sacerdote a nadie. No a mujeres, por supuesto. Pero tampoco a hombres, ni siquiera a los apóstoles como se suele decir con más ignorancia que conocimiento de causa. De “sacerdotes”, no se habla en la Iglesia hasta el s. III. Y de “orden” y “ordenación”, deberíamos saber que el “ordo” ni pertenece al lenguaje bíblico, sino que es un término y una institución que se tomó de la organización de la sociedad romana. Y eso se hizo también cuando ya estaba bien entrado el s. III.

No me detengo en otras explicaciones de historia. Para una información de urgencia, como es el caso, mi punto de vista es que, si Jesús no pensó en sacerdotes, sino que, por el contrario, tuvo conflictos mortales con los sacerdotes, ¿es lo mejor para la Iglesia aumentar el peso del clero y engordar un estamento que se ha apropiado el poder y los privilegios, en detrimento de todos los demás creyentes en Jesús? ¿vamos a potenciar con mujeres ese estamento que se está extinguiendo porque cada día hay menos hombres que quieran formar parte de ese colectivo? Si Jesús no pensó en clérigos o en sacerdotes, ¿los vamos a mantener nosotros, incluso los vamos a potenciar con sacerdotisas?

Entonces, ¿una Iglesia sin clero? Pues sí. ¿Y qué? Jesús escogió doce apóstoles. Pero, a juicio del cristianismo naciente, aquello tuvo la finalidad de que aquellos hombres fueran testigos de la resurrección de Jesús. Por eso, a Judas se le buscó un sustituto (Matías). Pero después, a medida que fueron muriendo los demás apóstoles, a ninguno se le buscó otro sustituto. El Evangelio habla de discípulos ejemplares, seguidores que tenían que anteponer el vivir como vivió Jesús a cualquier otra cosa, incluso el entierro del propio padre. Pero, ¿gente con poderes y privilegios? De ninguna manera.

Jesús los quería “los últimos”, los “sirvientes” y “esclavos” de todos. Eso es lo que dice el Evangelio. Lo demás, lo hemos ido inventando y engrosando los mortales. Para vivir de eso. ¿Que queremos vivir como vivió Jesús? ¿Y quién se lo impide a las mujeres? Jesús no quería gente con poderes, sino seguidores fieles de su forma de entender la vida.

¿Y qué hacemos con los sacramentos? Que cada comunidad decida, en cada caso, quién coordina, organiza o gestiona, como se hace en todas las instituciones y grupos humanos. ¿Y lo que dijo el concilio de Trento en su ses. VII? Antes de 1980 demostré, citando al detalle las Actas del Concilio (“Símbolos de libertad”, 1981, cap. 8), que lo que se afirma en esa sesión no es doctrina de fe. Se puede pensar de otra menara y hacer las cosas de forma distinta. Lo que importa no es quién tiene este poder o el otro. Lo que de verdad nos importa es vivir como vivió Jesús. Del tema del aborto, hablaré otro día.

lunes, 20 de mayo de 2013

Energía y la pobreza. No permitan que la primavera vuelva a ser invierno.



Cuando Jorge Bergoglio tomó el nombre de Francisco como Papa, él hizo algo que ningún pontífice ha hecho antes: se colocó en la tradición del Poverello. Es, dice este destacado teólogo, un reto para el sistema romano, en cuanto a la reforma, tanto espiritual e institucional
¿Quién podría haber imaginado lo que ha sucedido en las últimas semanas? Cuando decidí, hace unos meses, a renunciar a todas mis funciones oficiales con ocasión de mis ochenta y cinco años, supuse que en mi vida nunca volvería a ver cumplido el sueño mis décadas de que – después de todos los contratiempos posteriores a la Segunda Concilio Vaticano II – la Iglesia Católica una vez más la experiencia de la clase de rejuvenecimiento que se hizo bajo el Papa Juan XXIII.

Y ahora mi compañero teológica de muchas décadas, Joseph Ratzinger – ambos ahora son 85 – repentinamente anunció su dimisión de su cargo papal efectiva a partir de finales de febrero. Y, el 19 de marzo (su nombre día y mi cumpleaños), un nuevo Papa con el nombre sorprendente y programática Francis asumió este cargo. Ha considerado Jorge Mario Bergoglio por qué el Papa no se ha atrevido a elegir el nombre de Francisco hasta ahora? En cualquier caso, el argentino era consciente de que con el nombre de Francisco estaba conectando a sí mismo con Francisco de Asís – el downshifter del siglo XIII que había sido el amante de la diversión, el hijo terrenal de un rico comerciante textil en Asís hasta la edad de 24, cuando dejó a su familia, la riqueza y la carrera, incluso dando sus ropas espléndidas a su padre Es sorprendente cómo, desde el primer minuto de su toma de posesión, el Papa Francisco escogió un nuevo estilo: a diferencia de su predecesor, que no lleva mitra con oro y joyas, sin capa de armiño recortadas, no hecho a la medida de los zapatos rojos o tocados, utiliza ningún trono magnífico.

Es sorprendente, también, que el nuevo Papa se abstiene deliberadamente de gestos solemnes y la retórica altisonante y habla en el idioma de la gente, como predicadores laicos pueden. Y es asombroso cómo el nuevo Papa enfatiza su humanidad: él pidió las oraciones de la gente antes de que él les dio su bendición, se estableció su propia factura del hotel como todo el mundo, mostró su simpatía a los cardenales en el coche que viaja a su compartida residencia y en la despedida oficial, y el Jueves Santo se lavaron los pies de los presos jóvenes, incluidos los de un joven musulmana.

Este es un Papa que demuestra que es un hombre con los pies en la tierra. Todo esto le hubiera gustado a Francisco de Asís y es lo contrario de lo que el Papa Inocencio III (1198-1216) representó en su tiempo. En 1209, Francis y 11 frailes menores viajó a Roma para exponer ante el Papa Inocencio su corta Regla compuesto enteramente de citas de la Biblia, y para pedir la aprobación papal para su forma de vida, predicación como predicadores laicos “, de acuerdo a la forma . del Santo Evangelio “, y que vive en la pobreza Inocencio III, el duque de Segni, quien sólo tenía 37 años cuando fue elegido Papa, fue un gobernante nato – fue un teólogo educado en París, un abogado astuto, un orador inteligente, un administrador capaz y un diplomático sofisticado. Ningún Papa antes de él o después tenía tanto poder.

La revolución desde arriba iniciado por Gregorio VII en el siglo XI, conocido como la Reforma gregoriana, se terminó por Inocencio. En lugar del título de “Sucesor de San Pedro”, que prefería el título de “Vicario de Cristo”, como el usado por cada obispo o el sacerdote hasta el siglo XII. El Papa, al contrario que en el primer milenio y nunca reconocido en las Iglesias apostólicas de Oriente, desde entonces ha actuado como gobernante absoluto, legislador y juez de la cristiandad – hasta hoy. Pero el triunfo pontificado de Inocencio III demostrado ser no sólo el punto más alto del papado, sino también el punto de inflexión. Ya en su momento, había signos de decadencia que, en parte, hasta en nuestro propio tiempo, se han mantenido las características del sistema Curia romana: el nepotismo y el favoritismo otorgado a los familiares, la codicia, la corrupción y las transacciones financieras dudosas. A finales del siglo XII, sin embargo, poderosos penitentes y mendicante movimientos no conformistas, como los cátaros y valdenses, fueron surgiendo.

Pero los papas y obispos actuando contra estas corrientes peligrosas al prohibir la predicación laica, condenando “herejes” por la Inquisición e incluso por las cruzadas albigenses. Sin embargo, fue el propio Inocencio III que intentó integrarse en la Iglesia Evangélica, las órdenes mendicantes apostólicas durante toda la erradicación campañas contra los “herejes” obstinados como los cátaros. Incluso Innocent sabían que se necesitaba una reforma urgente de la Iglesia, y fue de esta reforma que él llama el Cuarto Concilio de Letrán. Así que después de una larga exhortación, dio Francisco de Asís permiso para predicar. En cuanto al ideal de pobreza absoluta como es requerido por la Regla, el Papa primero trató de conocer la voluntad de Dios en la oración. Sobre la base de un sueño en el que un miembro pequeño, insignificante, de un orden salvó a la Basílica de Letrán papal se colapse – por lo que se le dijo – el papa finalmente permitió la Regla de San Francisco de Asís.

Dejó que esto sea conocido en el consistorio de cardenales, pero nunca se había comprometido con el papel. De hecho, Francisco de Asís representó la alternativa al sistema romano. ¿Qué hubiera pasado si Inocencio y sus secuaces habían vuelto a tomar en serio el Evangelio? Incluso si la hubieran conocido espiritualmente en vez de literalmente, demandas evangélicas de Francisco significaba – y todavía significa – un inmenso desafío para el sistema de poder que se hizo cargo de la causa de Cristo en Roma desde el siglo XI centralizado, legalizado, politizado y clericalised. Inocencio III era probablemente el único Papa que, debido a sus inusuales características, podrían haber dirigido la Iglesia a lo largo de un camino completamente diferente, y esto habría salvado a los pontificados de los siglos XIV y XV cisma y el exilio, y la Iglesia en el siglo XVI la Reforma Protestante.

Obviamente, esto habría significado un cambio de paradigma para la Iglesia católica en el siglo XIII, un cambio que, en lugar de dividir la Iglesia se ha renovado, y al mismo tiempo se reconcilian las Iglesias de Oriente y Occidente. Así, la primera cristiana de base preocupaciones de Francisco de Asís se mantienen aún hoy las preguntas de la Iglesia Católica y ahora por un Papa que, con indicación de sus intenciones, se ha llamado a sí mismo Francis. Se trata sobre todo de las tres preocupaciones básicas del ideal franciscano, que tiene que ser tomado en serio hoy en día: se trata de paupertas o la pobreza, sobre umilitas o la humildad, y sobre simplicitas o simplicidad. Esto probablemente explica por qué ningún Papa anterior se ha atrevido a dar el nombre de Francisco: Las expectativas parecen ser demasiado alto Esto plantea una segunda pregunta: ¿Qué significa para un Papa hoy si va a poder toma el nombre de Francis? Por supuesto, el personaje de Francisco de Asís no debe ser idealizada – que podría ser una sola mente y excéntrico, y él tenía sus debilidades, también. No es la norma absoluta.

Pero sus preocupaciones cristianas deben ser tomadas en serio, aunque no tienen por qué aplicarse literalmente, sino traducirse en tiempos modernos por el Papa y la Iglesia, paupertas, o la pobreza: La Iglesia en el espíritu de Inocencio III significó una Iglesia de la riqueza, pompa y circunstancia, la codicia y el escándalo financiero. Por el contrario, una Iglesia en el espíritu de Francisco significa una Iglesia de políticas financieras transparentes y modesta frugalidad. Una Iglesia que se ocupa sobre todo de los pobres, los débiles, los marginados. Una Iglesia que no se acumule riqueza y el capital, sino que combate activamente la pobreza y que ofrece a sus empleados condiciones de trabajo ejemplares. Humilitas o humildad: La Iglesia en el espíritu del Papa Inocencio significa una Iglesia de poder y dominación, la burocracia y la discriminación, la represión y la Inquisición.

Por el contrario, una Iglesia en el espíritu de Francisco significa una Iglesia de la humanidad, el diálogo, la hermandad, y la hospitalidad de los no conformistas demasiado, sino que significa el servicio sin pretensiones de sus dirigentes y la solidaridad social, una comunidad que no excluye nuevos religiosos las fuerzas y las ideas de la Iglesia, sino que les permite florecer. Simplicitas o simplicidad: La Iglesia en el espíritu del Papa Inocencio significa una Iglesia de inmovilidad dogmática, la censura moralista y cobertura legal, una Iglesia de la ley canónica que regula todo, una Iglesia de omnisciente escolar y de miedo. Por el contrario, una Iglesia en el espíritu de Francisco de Asís significa una Iglesia de la Buena Noticia y de la alegría, una teología basada puramente en el Evangelio, una Iglesia que escucha a la gente en lugar de adoctrinar desde lo alto, una Iglesia que no sólo enseñan pero siempre se entera de nuevo. A la luz de las preocupaciones y planteamientos de Francisco de Asís, las opciones y las políticas básicas se pueden formular hoy para una Iglesia Católica cuya fachada todavía brilla en las grandes ocasiones romanos, pero cuya estructura interna demuestra ser podrido y frágil la vida cotidiana de las parroquias en muchos países, por lo que muchas personas han dejado, en espíritu y con frecuencia también en los hechos.

Aunque ninguna persona razonable esperar que todas las reformas se pueden efectuar por un hombre durante la noche, un cambio sería posible en cinco año: esto fue demostrado por el Lorraine Papa León IX (1049-1054), quien preparó las reformas de Gregorio VII, y en el siglo XX por el italiano Juan XXIII (1958-1963), quien llamó el Concilio Vaticano II. Pero hoy, la dirección debería quedar claro una vez más: no es una restauración a los tiempos pre-consejo, ya que había bajo el pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, sino que considera, planeado y bien comunicada medidas para reformar en la línea del Concilio Vaticano II . Pero no la reforma de la Iglesia encontrarse con una oposición seria? Sin duda, el Papa Francis despertará poderosa hostilidad, sobre todo en el centro neurálgico de la Curia Romana, la oposición, que es difícil de soportar. Los que están en el poder en el Vaticano no son propensos a abandonar el poder que ha acumulado desde la Edad Media. Francisco de Asís también experimentaron la fuerza de tales presiones curia. Él, que quería liberarse de todo lo que por vivir en la pobreza, se aferraba cada vez más a “la Santa Madre Iglesia”. En lugar de estar en confrontación con la jerarquía, que quería ser obediente al Papa ya la Curia, que viven en la imitación de Jesús en una vida de pobreza, en la predicación laica.

Él y sus seguidores, incluso había tonsurado mismos con el fin de entrar en el estado clerical. De hecho, esto hizo que la predicación más fácil, pero por el otro, alentó a la clericalización de la joven comunidad que incluía cada vez más sacerdotes. Así que no es sorprendente que la comunidad franciscana se hizo cada vez más integrada en el sistema romano. Francis últimos años se vieron ensombrecidos por las tensiones entre los ideales originales de los seguidores de Jesús y la adaptación de su comunidad con el tipo existente de la vida monástica. El 3 de octubre 1226, sólo 44 años de edad, Francisco murió tan pobre como había vivido. A tan solo 10 años antes, el Papa Inocencio III murió completamente inesperadamente a la edad de 56 años, un año después del Cuarto Concilio de Letrán. El 16 de junio 1216, se encontró el cuerpo de Inocencio en la catedral de Perugia: este Papa que había conocido a la forma de aumentar el poder, la propiedad y la riqueza de la Santa Sede como ningún otro antes de él fue encontrado abandonado por todos, completamente desnudo, despojado de su servidores propios.

Era como trompeta señalización de llamada la transición de la dominación del mundo papal a la impotencia papal: en el comienzo del siglo XIII hubo Inocencio III reinando en gloria, al final del siglo, no fue el megalómano Bonifacio VIII (1294-1303) detenidos por los franceses; y luego el de 70 años de largo exilio en Aviñón y el Cisma de Occidente, con dos y finalmente tres papas apenas dos décadas después de la muerte de Francisco, el movimiento franciscano se extiende rápidamente en Italia parecían estar casi completamente domesticado por los romanos Iglesia de modo que se convirtió rápidamente en un orden normal al servicio de la política papal, e incluso se convirtió en una herramienta de la Inquisición. Si, entonces, era posible que Francisco de Asís y sus seguidores fueron finalmente domesticados por el sistema romano, entonces, evidentemente, no se puede excluir que un Papa Francisco también podría quedar atrapado en el sistema romano, que se supone que debe ser reformado. Papa Francisco: ¿una paradoja? ¿Es posible que un Papa y Francisco, obviamente contrarios, nunca puedan reconciliarse? Sólo por un evangélicamente mente reformar Papa.

Para concluir, tengo una última pregunta: ¿qué se debe hacer si se desvanecieron las expectativas de la reforma? El tiempo ha pasado, cuando el Papa y los obispos podían confiar en la obediencia de los fieles. Un cierto misticismo de la obediencia también fue introducido por la reforma gregoriana del siglo XI: obedecer a Dios significa obedecer a la Iglesia y que significa obedecer al Papa, y viceversa. Desde entonces, se ha inculcado a los católicos que la obediencia de todos los cristianos a que el Papa es una virtud cardinal, mandar y hacer cumplir la obediencia – por cualquier medio – se ha convertido en el estilo romano. Pero la ecuación medieval de la “obediencia a Dios = a = la Iglesia al Papa” contradice claramente la palabra de Pedro y los otros apóstoles ante el Consejo Superior de Jerusalén: “el hombre debe obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Debemos entonces de ninguna manera caer en la aceptación resignada. En cambio, ante la falta de impulso a la reforma de la jerarquía, hay que pasar a la ofensiva, al presionar por la reforma de abajo hacia arriba. Si el Papa con fuerza a Francisco reformas, se encontrará con que tiene la amplia aprobación de la gente más allá de la Iglesia Católica. Sin embargo, si se permite que las cosas sigan como están, sin borrar el atolladero de las reformas actualmente en curso, como el de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas, la llamada de “¡La hora de ultraje! ¡Indignez-vous! “, Sonará cada vez más en la Iglesia Católica, lo que provocó reformas desde abajo hacia arriba. Estos se aplicarían sin la aprobación de la jerarquía y con frecuencia, incluso a pesar de los intentos de la jerarquía de elusión.

En el peor de los casos – como he escrito antes de la elección papal reciente -. la Iglesia Católica va a experimentar una nueva edad de hielo en lugar de un resorte y se correría el riesgo de disminución en una secta grande apenas relevante.

viernes, 22 de febrero de 2013

El Foro de Curas de Bizkaia cuestiona la exclusion de la mujer del sacerdocio.




Porque el silencio es complicidad, nos parece loable y todo un signo de esperanza que el el Foro del Curas de Bizkaia se pronuncie públicamente y cuestione la exclusión de la mujer del sacerdocio. Confiamos en dejar progresivamente de escuchar el desolador silencio de nuestros curas en lo concerniente a este tema.

“Permítasenos dudar, al menos metodológicamente, sobre que “la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”.

(Foro de Curas de Bizkaia) Carta abierta del Foro de Curas de Bizkaia al Arzobispo Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregaciónpara la Doctrina de la Fe, sobre el sacerdocio de la mujer
Ante las recientes medidas adoptadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe contra los partidarios de la ordenación sacerdotal de las mujeres, la Asamblea del Foro de Curas de Bizkaia queremos manifestarle lo siguiente:

1.- Lamentamos que a lo largo de estos últimos decenios se haya olvidado la línea propositiva abierta por Juan XXIII cuando sostuvo en la apertura del Concilio Vaticano II que la Iglesia “querría salir al paso de las necesidades del mundo actual no tanto pronunciando condenaciones, sino dando prueba del vigor de su enseñanza” (22.X.1962)

2.- Siguiendo el criterio propuesto por el Papa Roncalli, queremos expresarle nuestra disconformidad (por inconsistentes) con los argumentos aducidos en la Carta Apostólica“Ordenatio sacerdotalis” (1994) por la que se reserva el ministerio sacerdotal exclusivamente a los varones:

2.1.- Si bien es cierto que “Cristo escogió sus apóstoles sólo entre varones”, también lo es que con su comportamiento y predicación puso las bases para el reconocimiento de la igualdad de la mujer, incluida la posibilidad de acceder al ministerio ordenado. La misma Comisión Bíblica Internacional ya sostuvo en su día que “por el testimonio del Nuevo Testamento solo” no “puede deducirse que una eventual ordenación sacerdotal de la mujer lesiona el plan de Jesucristo sobre el ministerio apostólico” (1976)

2.2.- La historia de la Iglesia muestra –como se sostiene en la Carta Apostólica“Ordinatio sacerdotalis”- que la “ordenación sacerdotal” ha estado reservada “exclusivamente a los varones”. Pero también que no ha sido una decisión pacíficamente asumida: así lo atestiguan las reiteradas condenas por ordenar mujeres y los repetidos posicionamientos de la jerarquía católica al respecto. En cualquier caso, es difícilmente cuestionable la existencia en los primeros tiempos de comunidades domésticas con matrimonios anfitriones encargados de dirigirlas. No consta que las mujeres no presidieran, si fuera preciso, la mesa compartida.

2.3.- Permítasenos dudar, al menos metodológicamente, sobre que “la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”. Semejante duda no nos lleva a negar la incuestionable importancia del Magisterio en la vida de la comunidad cristiana, sino a reclamar su armonización (cada día más urgente) con el “sensus fidelium” y con la investigación teológica como ha sucedido, por ejemplo, con el sacramento de la reconciliación. Sólo así contaremos con un Magisterio que, además de ser legítimamente autoritativo, sea acogido y respetado por su calidad teológica, por su sintonía eclesial y por tener claro que el único absoluto que se le impone es el de atender debidamente a su misión.

3.- Deseamos y esperamos que la Jerarquía católica recupere –como se propuso en el Vaticano II- no sólo una mayor colegialidad episcopal y corresponsabilidad bautismal para este y otros asuntos, sino también un concepto y una praxis de Tradición Viva y que preste, por ello, más atención a la necesidad de actualizar en el presente lo que Jesús dijo e hizo de modo que sea una anticipación de la fraternidad plena que nos aguarda. Ello pasa por articular creativamente DV 10 (“el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio”) con DV 9 (“la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza acerca de todo lo revelado”), por escuchar a los diferentes consejos eclesiales ya existentes en éste y en otros asuntos y por no sofocar autoritariamente el parecer de los bautizados y de las comunidades cristianas.

4.- Finalmente, proponemos que la posibilidad de que las mujeres puedan acceder al ministerio sacerdotal sea algo decidido en un concilio ecuménico y que, mientras tanto, se dejen abiertos el discernimiento eclesial y la investigación teológica de tal manera que nadie vuelva a ser condenado por ello, y que los sancionados sean repuestos en sus responsabilidades y estado.
 
Bilbao, 11 de febrero de 2013