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domingo, 22 de noviembre de 2015

Transformar en sufrimiento personal lo que sucede en el mundo.


Leonardo Boff

Actualmente hay una fructífera discusión filosófica, también entre nosotros con Muniz Sodré (Las estrategias sensibles, 2006) y FJ Duarte (El sentido de los sentidos, 2004), para rescatar la razón sensible como un enriquecimiento imprescindible de la razón intelectual. Esto es necesario, ya que es a través de ella como nos comprometemos afectiva y efectivamente a salvaguardar la vida en el planeta y a la humanización de las relaciones sociales. De modo coincidente el Papa Francisco en este punto de su encíclica sobre el cuidado de la Casa Común (2015) nos aporta una valiosa contribución.

Él analiza con espíritu científico y crítico de lo que está pasando con nuestra Casa (nn.17-61). Luego advierte que, en una perspectiva de la ecología integral que es el tema fundamental de su texto, estas categorías son insuficientes (n.11). Tenemos que abrirnos «a la admiración y al encanto… y hablar el idioma de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo» (n.11). Por lo tanto, no podemos restringir la ecología ambiental, ya que esta atiende solo a la relación del hombre con la naturaleza, olvidando que es parte ella. Esta relación unilateral es el vicio de antropocentrismo, criticado en su texto (nn.115-121).

Sucede que el ser humano tiene dimensiones sociales, políticas, culturales y espirituales sobre las que hay poca preocupación y reflexión débil, lo que hace que sea difícil encontrar una solución consistente a la grave crisis que azota a la Casa Común.

Considerando la amplitud de estas dimensiones, debemos ir más allá de un análisis puramente técnico y científico. Debemos, más bien, utilizar la investigación científica indispensable, pero «dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual derivados» (n.15). Además «debemos atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo» (n.19).

El Papa Francisco es consciente de que detrás de las estadísticas hay un mar de sufrimiento humano y muchas heridas en el cuerpo de la Madre Tierra. Como somos parte de la naturaleza y todo está interrelacionado (tema siempre recurrente en la encíclica, nn 70, 91,117, 120, 138, 139, etc.) y nunca estamos fuera de esa «red de relaciones» (n.240) que nos envuelve a todos, participamos de los dolores de la crisis ecológica. Llega a advertir que «las previsiones de catástrofes ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía… el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones» (n.161).

Pero el Papa no se siente intimidado por este escenario. Da un voto de confianza al ser humano, en su creatividad y su capacidad de regenerarse y de regenerar la Tierra (n. 205) y mucho más confía en el Dios que, en palabras de la tradición judeocristiana “es el soberano amante de la vida” (Sb 11, 24 y 26: nn 77, 89). Él no permitirá que nos hundamos totalmente (n.163). Aún vamos a hacer una «conversión ecológica» (n. 217) e introduciremos la «cultura del cuidado que impregnará toda la sociedad» (n.231).

De esto nacerá un nuevo estilo de vida (alternativa repetida 35 veces en la encíclica), basado en la cooperación, la solidaridad, la sencillez voluntaria y la sobriedad compartida que implicará una nueva forma de producir y consumir, y en última instancia, nos dará la «conciencia amorosa de no estar separados de las demás criaturas, de formar con otros seres del universo una estupenda comunión universal» (n.220).

Como se puede ver, aquí ya no se habla solamente de inteligencia intelectual, de inteligencia técnica y científica, sino de inteligencia emocional y cordial, como lo he detallado en mis dos libros Saber Cuidar y El cuidado necesario. El Papa en sus palabras de afecto y cariño hacia todos, especialmente hacia los pobres y los más vulnerables, da un claro ejemplo de este tipo de inteligencia tan urgente y necesaria para superar la profunda crisis que abarca todos los ámbitos de la vida.

En razón de esta inteligencia emocional nos pide «escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (49). Las agresiones sistemáticas, realizadas en los dos últimos siglos, «provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo» (n.53). Por eso es importante «cuidar de la creación… y tratar con cuidado a los demás seres vivos» (n. 211) porque cada uno tiene un valor intrínseco, independiente del uso humano (n.69) y, a su manera, alaban al Creador (n.33). Llega a decir que debemos «alimentar una pasión por el cuidado» de todo lo que existe y vive.

Hace hincapié en el hecho de que «nosotros estamos unidos a todos los seres del universo por lazos invisibles y formamos una especie de familia universal, una comunión sublime que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (n. 89).

Sólo quien ha desarrollado en alto grado la inteligencia sensible o cordial podría escribir: «Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n. 92).

Tales sentimientos y actitudes son una petición general hoy en día, para evitar las tragedias ecológicas y sociales que ya se anuncian en el horizonte de nuestro tiempo.

*Leonardo Boff, columnista del JB online.

Traducción: María José Gavito

Fuente: Atrio

sábado, 2 de mayo de 2015

Cómo reproducimos la cultura del capital.


Leo Boff

En el artículo anterior –La cultura capitalista es anti-vida y anti-felicidad– intentamos, teóricamente, mostrar que la fuerza de su perpetuación y reproducción reside en la exacerbación de un aspecto de nuestra naturaleza, que consiste en el afán de autoafirmarse, de fortificar el propio yo para no desaparecer o ser engullido por los otros. Pero difumina e incluso niega el otro aspecto, igualmente natural, el de la integración del yo y del individuo en un todo, en la especie, de la cual es un representante.

Sin embargo no es suficiente detenernos en este tipo de reflexión es insuficiente. Junto a ese dato originario existe otra fuerza que garantiza la perpetuación de la cultura capitalista. Es el hecho de que nosotros, la mayoría de la sociedad, internalizamos los “valores” y el propósito básico del capitalismo, que es la expansión constante del lucro, que permite un consumo ilimitado de bienes materiales. Quien no tiene, quiere tener, quien tiene quiere tener más, y quien tiene más dice: nunca es suficiente. Y para la gran mayoría, la competición y no la solidaridad y la supremacía del más fuerte prevalecen sobre cualquier otro valor en las relaciones sociales, especialmente en los negocios.

La llave para sustentar la cultura del capital es la cultura del consumo, de la permanente adquisición de productos nuevos: un teléfono móvil nuevo con más aplicaciones, un modelo más sofisticado de ordenador, un estilo de zapatos o de vestido diferentes, facilidades de crédito bancario para posibilitar la compra-consumo, aceptación acrítica de las propagandas de productos etc.

Se ha creado una mentalidad donde todas estas cosas se dan por naturales. En las fiestas entre amigos o familiares y en los restaurantes se consume hasta hartarse, mientras al mismo tiempo las noticias hablan de millones de personas que pasan hambre. No son muchos los que se dan cuenta de esta contradicción, pues la cultura del capital educa para verse primero a sí mismo y no preocuparse de los demás y del bien común. Este, ya lo hemos dicho varias veces, vive en el limbo desde hace mucho tiempo.

Pero no basta atacar la cultura del consumo. Si el problema es sistémico, tenemos que oponerle otro sistema, anticapitalista, antiproductivista, anticrecimiento lineal e ilimitado. Al TINA capitalista (there is no alternative): «no hay otra alternativa» tenemos que contraponer otra TINA humanista (there is a new alternative): «hay una nueva alternativa».

Por todas partes surgen brotes alternativos de los cuales cito solo tres como ejemplo: el “bien vivir” de los pueblos andinos, que consiste en la armonía y el equilibrio de todos los factores en la familia, en la sociedad (democracia comunitaria), con la naturaleza (las aguas, los suelos, los paisajes) y con la Pachamama, la Madre Tierra. La economía no se guía por la acumulación sino por la producción de lo suficiente y decente para todos.

Segundo ejemplo: se está fortaleciendo cada vez más el ecosocialismo, que no tiene nada que ver con el socialismo una vez existente (que era en verdad un capitalismo de Estado), sino con los ideales del socialismo clásico de igualdad, solidaridad, subordinación del valor de cambio al valor de uso, con los ideales de la moderna ecología, como ha sido excelentemente presentado entre nosotros por Michael Löwy en Qué es el ecosocialismo (Cortez 2015) y por otros en varios países, como las contribuciones significativas de James O’Connor y de Jovel Kovel. Ahí se postula la economía en función de las necesidades sociales y de las exigencias de la protección del sistema-vida y del planeta como un todo. Un socialismo democrático, según O’Connor, tendría como objetivo una sociedad racional fundada en el control democrático, en la igualdad social y en el predominio del valor de uso. Löwy añade aún «que tal sociedad supone la propiedad colectiva de los medios de producción, un planeamiento democrático que permita a la sociedad definir los objetivos de la producción y las inversiones, y una nueva estructura tecnológica de las fuerzas productivas» (op.cit. p.45-46). El socialismo y la ecología comparten los valores cualitativos, irreductibles al mercado, como la cooperación, la reducción del tiempo de trabajo para vivir el reino de la libertad de convivir, de crear, de dedicarse a la cultura y a la espiritualidad y a recuperar la naturaleza devastada. Este ideal está en el ámbito de las posibilidades históricas y orienta prácticas que lo anticipan.

Un tercer modelo de cultura yo la llamaría la “vía franciscana”. Francisco de Asís, actualizado por Francisco de Roma es más que un nombre o un ideal religioso; es un proyecto de vida, un espíritu y un modo de ser. Entiende la pobreza no como un no tener sino como capacidad de desprenderse siempre de sí mismo para dar y dar, la sencillez de vida, el consumo como sobriedad compartida, el cuidado de los desvalidos, la confraternización universal con todos los seres de la naturaleza, respetados como hermanos y hermanas, la alegría de vivir, de danzar y de cantar hasta cantilenae amatoriae provenzales, cantares de amor. En términos políticos sería un socialismo de la suficiencia y de la decencia y no de la abundancia, por lo tanto, un proyecto radicalmente anti-capitalista y anti-acumulador.

¿Utopías? Sí, pero necesarias para no hundirnos en la crasa materialidad, utopías que pueden volverse una referencia inspiradora después de la gran crisis sistémica ecológico-social que vendrá inevitablemente como reacción de la propia Tierra que ya no aguanta tanta devastación. Tales valores culturales sustentarán un nuevo ensayo civilizatorio, finalmente más justo, espiritual y humano.

Fuente: Koinonia

viernes, 4 de octubre de 2013

Francisco de rodillas ante San Francisco.


Su santo, su lema, su guia: "Repara mi Iglesia"

José Manuel Vidal, 04 de octubre de 2013

Tras saludar a los franciscanos y franciscanas, acompañado de monseñor Sorrentino y del Hermano Mayor de los Franciscanos en la Basílica superior de Asís, el Papa se dirigió a la cripta, para venerar las reliquias de San Francisco. Francisco de rodillas ante San Francisco, su santo, su lema, su guia: "Repara mi Iglesia".

Acompañado de los cardenales del G8, que están con el Papa en Asís, el Papa visita el altar de la basílica superior, que le muestra el guardían del sacro convento. Y se dirige a la cripta, con su séquito.

El Papa coge un ramito de rosas blancas y amarillas y las deposita ante el altar de las reliquias y se arrodilla para rezar. En profunda concentración y con los ojos cerrados. Oración silenciosa e íntima.

Se levanta y sonríe, mientras saluda a los frailes presentes. Y les regala una cruz. Y apoya su mano sobre la tumba del santo

Y regresa de nuevo a la basílica superior, para prepararse a la eucaristía que se celebrará en la Plaza de San Francisco.



lunes, 20 de mayo de 2013

Energía y la pobreza. No permitan que la primavera vuelva a ser invierno.



Cuando Jorge Bergoglio tomó el nombre de Francisco como Papa, él hizo algo que ningún pontífice ha hecho antes: se colocó en la tradición del Poverello. Es, dice este destacado teólogo, un reto para el sistema romano, en cuanto a la reforma, tanto espiritual e institucional
¿Quién podría haber imaginado lo que ha sucedido en las últimas semanas? Cuando decidí, hace unos meses, a renunciar a todas mis funciones oficiales con ocasión de mis ochenta y cinco años, supuse que en mi vida nunca volvería a ver cumplido el sueño mis décadas de que – después de todos los contratiempos posteriores a la Segunda Concilio Vaticano II – la Iglesia Católica una vez más la experiencia de la clase de rejuvenecimiento que se hizo bajo el Papa Juan XXIII.

Y ahora mi compañero teológica de muchas décadas, Joseph Ratzinger – ambos ahora son 85 – repentinamente anunció su dimisión de su cargo papal efectiva a partir de finales de febrero. Y, el 19 de marzo (su nombre día y mi cumpleaños), un nuevo Papa con el nombre sorprendente y programática Francis asumió este cargo. Ha considerado Jorge Mario Bergoglio por qué el Papa no se ha atrevido a elegir el nombre de Francisco hasta ahora? En cualquier caso, el argentino era consciente de que con el nombre de Francisco estaba conectando a sí mismo con Francisco de Asís – el downshifter del siglo XIII que había sido el amante de la diversión, el hijo terrenal de un rico comerciante textil en Asís hasta la edad de 24, cuando dejó a su familia, la riqueza y la carrera, incluso dando sus ropas espléndidas a su padre Es sorprendente cómo, desde el primer minuto de su toma de posesión, el Papa Francisco escogió un nuevo estilo: a diferencia de su predecesor, que no lleva mitra con oro y joyas, sin capa de armiño recortadas, no hecho a la medida de los zapatos rojos o tocados, utiliza ningún trono magnífico.

Es sorprendente, también, que el nuevo Papa se abstiene deliberadamente de gestos solemnes y la retórica altisonante y habla en el idioma de la gente, como predicadores laicos pueden. Y es asombroso cómo el nuevo Papa enfatiza su humanidad: él pidió las oraciones de la gente antes de que él les dio su bendición, se estableció su propia factura del hotel como todo el mundo, mostró su simpatía a los cardenales en el coche que viaja a su compartida residencia y en la despedida oficial, y el Jueves Santo se lavaron los pies de los presos jóvenes, incluidos los de un joven musulmana.

Este es un Papa que demuestra que es un hombre con los pies en la tierra. Todo esto le hubiera gustado a Francisco de Asís y es lo contrario de lo que el Papa Inocencio III (1198-1216) representó en su tiempo. En 1209, Francis y 11 frailes menores viajó a Roma para exponer ante el Papa Inocencio su corta Regla compuesto enteramente de citas de la Biblia, y para pedir la aprobación papal para su forma de vida, predicación como predicadores laicos “, de acuerdo a la forma . del Santo Evangelio “, y que vive en la pobreza Inocencio III, el duque de Segni, quien sólo tenía 37 años cuando fue elegido Papa, fue un gobernante nato – fue un teólogo educado en París, un abogado astuto, un orador inteligente, un administrador capaz y un diplomático sofisticado. Ningún Papa antes de él o después tenía tanto poder.

La revolución desde arriba iniciado por Gregorio VII en el siglo XI, conocido como la Reforma gregoriana, se terminó por Inocencio. En lugar del título de “Sucesor de San Pedro”, que prefería el título de “Vicario de Cristo”, como el usado por cada obispo o el sacerdote hasta el siglo XII. El Papa, al contrario que en el primer milenio y nunca reconocido en las Iglesias apostólicas de Oriente, desde entonces ha actuado como gobernante absoluto, legislador y juez de la cristiandad – hasta hoy. Pero el triunfo pontificado de Inocencio III demostrado ser no sólo el punto más alto del papado, sino también el punto de inflexión. Ya en su momento, había signos de decadencia que, en parte, hasta en nuestro propio tiempo, se han mantenido las características del sistema Curia romana: el nepotismo y el favoritismo otorgado a los familiares, la codicia, la corrupción y las transacciones financieras dudosas. A finales del siglo XII, sin embargo, poderosos penitentes y mendicante movimientos no conformistas, como los cátaros y valdenses, fueron surgiendo.

Pero los papas y obispos actuando contra estas corrientes peligrosas al prohibir la predicación laica, condenando “herejes” por la Inquisición e incluso por las cruzadas albigenses. Sin embargo, fue el propio Inocencio III que intentó integrarse en la Iglesia Evangélica, las órdenes mendicantes apostólicas durante toda la erradicación campañas contra los “herejes” obstinados como los cátaros. Incluso Innocent sabían que se necesitaba una reforma urgente de la Iglesia, y fue de esta reforma que él llama el Cuarto Concilio de Letrán. Así que después de una larga exhortación, dio Francisco de Asís permiso para predicar. En cuanto al ideal de pobreza absoluta como es requerido por la Regla, el Papa primero trató de conocer la voluntad de Dios en la oración. Sobre la base de un sueño en el que un miembro pequeño, insignificante, de un orden salvó a la Basílica de Letrán papal se colapse – por lo que se le dijo – el papa finalmente permitió la Regla de San Francisco de Asís.

Dejó que esto sea conocido en el consistorio de cardenales, pero nunca se había comprometido con el papel. De hecho, Francisco de Asís representó la alternativa al sistema romano. ¿Qué hubiera pasado si Inocencio y sus secuaces habían vuelto a tomar en serio el Evangelio? Incluso si la hubieran conocido espiritualmente en vez de literalmente, demandas evangélicas de Francisco significaba – y todavía significa – un inmenso desafío para el sistema de poder que se hizo cargo de la causa de Cristo en Roma desde el siglo XI centralizado, legalizado, politizado y clericalised. Inocencio III era probablemente el único Papa que, debido a sus inusuales características, podrían haber dirigido la Iglesia a lo largo de un camino completamente diferente, y esto habría salvado a los pontificados de los siglos XIV y XV cisma y el exilio, y la Iglesia en el siglo XVI la Reforma Protestante.

Obviamente, esto habría significado un cambio de paradigma para la Iglesia católica en el siglo XIII, un cambio que, en lugar de dividir la Iglesia se ha renovado, y al mismo tiempo se reconcilian las Iglesias de Oriente y Occidente. Así, la primera cristiana de base preocupaciones de Francisco de Asís se mantienen aún hoy las preguntas de la Iglesia Católica y ahora por un Papa que, con indicación de sus intenciones, se ha llamado a sí mismo Francis. Se trata sobre todo de las tres preocupaciones básicas del ideal franciscano, que tiene que ser tomado en serio hoy en día: se trata de paupertas o la pobreza, sobre umilitas o la humildad, y sobre simplicitas o simplicidad. Esto probablemente explica por qué ningún Papa anterior se ha atrevido a dar el nombre de Francisco: Las expectativas parecen ser demasiado alto Esto plantea una segunda pregunta: ¿Qué significa para un Papa hoy si va a poder toma el nombre de Francis? Por supuesto, el personaje de Francisco de Asís no debe ser idealizada – que podría ser una sola mente y excéntrico, y él tenía sus debilidades, también. No es la norma absoluta.

Pero sus preocupaciones cristianas deben ser tomadas en serio, aunque no tienen por qué aplicarse literalmente, sino traducirse en tiempos modernos por el Papa y la Iglesia, paupertas, o la pobreza: La Iglesia en el espíritu de Inocencio III significó una Iglesia de la riqueza, pompa y circunstancia, la codicia y el escándalo financiero. Por el contrario, una Iglesia en el espíritu de Francisco significa una Iglesia de políticas financieras transparentes y modesta frugalidad. Una Iglesia que se ocupa sobre todo de los pobres, los débiles, los marginados. Una Iglesia que no se acumule riqueza y el capital, sino que combate activamente la pobreza y que ofrece a sus empleados condiciones de trabajo ejemplares. Humilitas o humildad: La Iglesia en el espíritu del Papa Inocencio significa una Iglesia de poder y dominación, la burocracia y la discriminación, la represión y la Inquisición.

Por el contrario, una Iglesia en el espíritu de Francisco significa una Iglesia de la humanidad, el diálogo, la hermandad, y la hospitalidad de los no conformistas demasiado, sino que significa el servicio sin pretensiones de sus dirigentes y la solidaridad social, una comunidad que no excluye nuevos religiosos las fuerzas y las ideas de la Iglesia, sino que les permite florecer. Simplicitas o simplicidad: La Iglesia en el espíritu del Papa Inocencio significa una Iglesia de inmovilidad dogmática, la censura moralista y cobertura legal, una Iglesia de la ley canónica que regula todo, una Iglesia de omnisciente escolar y de miedo. Por el contrario, una Iglesia en el espíritu de Francisco de Asís significa una Iglesia de la Buena Noticia y de la alegría, una teología basada puramente en el Evangelio, una Iglesia que escucha a la gente en lugar de adoctrinar desde lo alto, una Iglesia que no sólo enseñan pero siempre se entera de nuevo. A la luz de las preocupaciones y planteamientos de Francisco de Asís, las opciones y las políticas básicas se pueden formular hoy para una Iglesia Católica cuya fachada todavía brilla en las grandes ocasiones romanos, pero cuya estructura interna demuestra ser podrido y frágil la vida cotidiana de las parroquias en muchos países, por lo que muchas personas han dejado, en espíritu y con frecuencia también en los hechos.

Aunque ninguna persona razonable esperar que todas las reformas se pueden efectuar por un hombre durante la noche, un cambio sería posible en cinco año: esto fue demostrado por el Lorraine Papa León IX (1049-1054), quien preparó las reformas de Gregorio VII, y en el siglo XX por el italiano Juan XXIII (1958-1963), quien llamó el Concilio Vaticano II. Pero hoy, la dirección debería quedar claro una vez más: no es una restauración a los tiempos pre-consejo, ya que había bajo el pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, sino que considera, planeado y bien comunicada medidas para reformar en la línea del Concilio Vaticano II . Pero no la reforma de la Iglesia encontrarse con una oposición seria? Sin duda, el Papa Francis despertará poderosa hostilidad, sobre todo en el centro neurálgico de la Curia Romana, la oposición, que es difícil de soportar. Los que están en el poder en el Vaticano no son propensos a abandonar el poder que ha acumulado desde la Edad Media. Francisco de Asís también experimentaron la fuerza de tales presiones curia. Él, que quería liberarse de todo lo que por vivir en la pobreza, se aferraba cada vez más a “la Santa Madre Iglesia”. En lugar de estar en confrontación con la jerarquía, que quería ser obediente al Papa ya la Curia, que viven en la imitación de Jesús en una vida de pobreza, en la predicación laica.

Él y sus seguidores, incluso había tonsurado mismos con el fin de entrar en el estado clerical. De hecho, esto hizo que la predicación más fácil, pero por el otro, alentó a la clericalización de la joven comunidad que incluía cada vez más sacerdotes. Así que no es sorprendente que la comunidad franciscana se hizo cada vez más integrada en el sistema romano. Francis últimos años se vieron ensombrecidos por las tensiones entre los ideales originales de los seguidores de Jesús y la adaptación de su comunidad con el tipo existente de la vida monástica. El 3 de octubre 1226, sólo 44 años de edad, Francisco murió tan pobre como había vivido. A tan solo 10 años antes, el Papa Inocencio III murió completamente inesperadamente a la edad de 56 años, un año después del Cuarto Concilio de Letrán. El 16 de junio 1216, se encontró el cuerpo de Inocencio en la catedral de Perugia: este Papa que había conocido a la forma de aumentar el poder, la propiedad y la riqueza de la Santa Sede como ningún otro antes de él fue encontrado abandonado por todos, completamente desnudo, despojado de su servidores propios.

Era como trompeta señalización de llamada la transición de la dominación del mundo papal a la impotencia papal: en el comienzo del siglo XIII hubo Inocencio III reinando en gloria, al final del siglo, no fue el megalómano Bonifacio VIII (1294-1303) detenidos por los franceses; y luego el de 70 años de largo exilio en Aviñón y el Cisma de Occidente, con dos y finalmente tres papas apenas dos décadas después de la muerte de Francisco, el movimiento franciscano se extiende rápidamente en Italia parecían estar casi completamente domesticado por los romanos Iglesia de modo que se convirtió rápidamente en un orden normal al servicio de la política papal, e incluso se convirtió en una herramienta de la Inquisición. Si, entonces, era posible que Francisco de Asís y sus seguidores fueron finalmente domesticados por el sistema romano, entonces, evidentemente, no se puede excluir que un Papa Francisco también podría quedar atrapado en el sistema romano, que se supone que debe ser reformado. Papa Francisco: ¿una paradoja? ¿Es posible que un Papa y Francisco, obviamente contrarios, nunca puedan reconciliarse? Sólo por un evangélicamente mente reformar Papa.

Para concluir, tengo una última pregunta: ¿qué se debe hacer si se desvanecieron las expectativas de la reforma? El tiempo ha pasado, cuando el Papa y los obispos podían confiar en la obediencia de los fieles. Un cierto misticismo de la obediencia también fue introducido por la reforma gregoriana del siglo XI: obedecer a Dios significa obedecer a la Iglesia y que significa obedecer al Papa, y viceversa. Desde entonces, se ha inculcado a los católicos que la obediencia de todos los cristianos a que el Papa es una virtud cardinal, mandar y hacer cumplir la obediencia – por cualquier medio – se ha convertido en el estilo romano. Pero la ecuación medieval de la “obediencia a Dios = a = la Iglesia al Papa” contradice claramente la palabra de Pedro y los otros apóstoles ante el Consejo Superior de Jerusalén: “el hombre debe obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Debemos entonces de ninguna manera caer en la aceptación resignada. En cambio, ante la falta de impulso a la reforma de la jerarquía, hay que pasar a la ofensiva, al presionar por la reforma de abajo hacia arriba. Si el Papa con fuerza a Francisco reformas, se encontrará con que tiene la amplia aprobación de la gente más allá de la Iglesia Católica. Sin embargo, si se permite que las cosas sigan como están, sin borrar el atolladero de las reformas actualmente en curso, como el de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas, la llamada de “¡La hora de ultraje! ¡Indignez-vous! “, Sonará cada vez más en la Iglesia Católica, lo que provocó reformas desde abajo hacia arriba. Estos se aplicarían sin la aprobación de la jerarquía y con frecuencia, incluso a pesar de los intentos de la jerarquía de elusión.

En el peor de los casos – como he escrito antes de la elección papal reciente -. la Iglesia Católica va a experimentar una nueva edad de hielo en lugar de un resorte y se correría el riesgo de disminución en una secta grande apenas relevante.