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domingo, 22 de noviembre de 2015

Transformar en sufrimiento personal lo que sucede en el mundo.


Leonardo Boff

Actualmente hay una fructífera discusión filosófica, también entre nosotros con Muniz Sodré (Las estrategias sensibles, 2006) y FJ Duarte (El sentido de los sentidos, 2004), para rescatar la razón sensible como un enriquecimiento imprescindible de la razón intelectual. Esto es necesario, ya que es a través de ella como nos comprometemos afectiva y efectivamente a salvaguardar la vida en el planeta y a la humanización de las relaciones sociales. De modo coincidente el Papa Francisco en este punto de su encíclica sobre el cuidado de la Casa Común (2015) nos aporta una valiosa contribución.

Él analiza con espíritu científico y crítico de lo que está pasando con nuestra Casa (nn.17-61). Luego advierte que, en una perspectiva de la ecología integral que es el tema fundamental de su texto, estas categorías son insuficientes (n.11). Tenemos que abrirnos «a la admiración y al encanto… y hablar el idioma de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo» (n.11). Por lo tanto, no podemos restringir la ecología ambiental, ya que esta atiende solo a la relación del hombre con la naturaleza, olvidando que es parte ella. Esta relación unilateral es el vicio de antropocentrismo, criticado en su texto (nn.115-121).

Sucede que el ser humano tiene dimensiones sociales, políticas, culturales y espirituales sobre las que hay poca preocupación y reflexión débil, lo que hace que sea difícil encontrar una solución consistente a la grave crisis que azota a la Casa Común.

Considerando la amplitud de estas dimensiones, debemos ir más allá de un análisis puramente técnico y científico. Debemos, más bien, utilizar la investigación científica indispensable, pero «dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual derivados» (n.15). Además «debemos atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo» (n.19).

El Papa Francisco es consciente de que detrás de las estadísticas hay un mar de sufrimiento humano y muchas heridas en el cuerpo de la Madre Tierra. Como somos parte de la naturaleza y todo está interrelacionado (tema siempre recurrente en la encíclica, nn 70, 91,117, 120, 138, 139, etc.) y nunca estamos fuera de esa «red de relaciones» (n.240) que nos envuelve a todos, participamos de los dolores de la crisis ecológica. Llega a advertir que «las previsiones de catástrofes ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía… el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones» (n.161).

Pero el Papa no se siente intimidado por este escenario. Da un voto de confianza al ser humano, en su creatividad y su capacidad de regenerarse y de regenerar la Tierra (n. 205) y mucho más confía en el Dios que, en palabras de la tradición judeocristiana “es el soberano amante de la vida” (Sb 11, 24 y 26: nn 77, 89). Él no permitirá que nos hundamos totalmente (n.163). Aún vamos a hacer una «conversión ecológica» (n. 217) e introduciremos la «cultura del cuidado que impregnará toda la sociedad» (n.231).

De esto nacerá un nuevo estilo de vida (alternativa repetida 35 veces en la encíclica), basado en la cooperación, la solidaridad, la sencillez voluntaria y la sobriedad compartida que implicará una nueva forma de producir y consumir, y en última instancia, nos dará la «conciencia amorosa de no estar separados de las demás criaturas, de formar con otros seres del universo una estupenda comunión universal» (n.220).

Como se puede ver, aquí ya no se habla solamente de inteligencia intelectual, de inteligencia técnica y científica, sino de inteligencia emocional y cordial, como lo he detallado en mis dos libros Saber Cuidar y El cuidado necesario. El Papa en sus palabras de afecto y cariño hacia todos, especialmente hacia los pobres y los más vulnerables, da un claro ejemplo de este tipo de inteligencia tan urgente y necesaria para superar la profunda crisis que abarca todos los ámbitos de la vida.

En razón de esta inteligencia emocional nos pide «escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (49). Las agresiones sistemáticas, realizadas en los dos últimos siglos, «provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo» (n.53). Por eso es importante «cuidar de la creación… y tratar con cuidado a los demás seres vivos» (n. 211) porque cada uno tiene un valor intrínseco, independiente del uso humano (n.69) y, a su manera, alaban al Creador (n.33). Llega a decir que debemos «alimentar una pasión por el cuidado» de todo lo que existe y vive.

Hace hincapié en el hecho de que «nosotros estamos unidos a todos los seres del universo por lazos invisibles y formamos una especie de familia universal, una comunión sublime que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (n. 89).

Sólo quien ha desarrollado en alto grado la inteligencia sensible o cordial podría escribir: «Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n. 92).

Tales sentimientos y actitudes son una petición general hoy en día, para evitar las tragedias ecológicas y sociales que ya se anuncian en el horizonte de nuestro tiempo.

*Leonardo Boff, columnista del JB online.

Traducción: María José Gavito

Fuente: Atrio

sábado, 21 de noviembre de 2015

No hay gozo sin llanto.


¿Cómo vivimos los cristianos este dolor espiritual por el mundo? ¿Será quizás que no influimos más en la sociedad porque nuestra vida no es como debiera ser?

Si hay algo que se intente evitar hoy por todos los medios es sin duda el dolor. Todo nuestro mundo gira en torno a la idea de que hay que eliminar el sufrimiento y aumentar el placer en esta llamada sociedad del bienestar. Los medios de comunicación social gastan enormes fortunas en hacer reír a la gente, entretenerla y evadirla de cualquier idea que le sugiera sufrimiento, dolor o llanto. Sin embargo, el evangelio dice: Bienaventurados los que lloran. ¿Por qué? Pues porque en realidad son los únicos felices que se dan cuenta de la realidad en que vive el ser humano. 

El evangelista Lucas expresa esta misma bienaventuranza de una manera más llamativa: Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis (Lc 6:21). Se trata de una promesa clara de felicidad para quienes lloran. Sin embargo, el llanto al que se refiere el Señor Jesús es más bien de carácter espiritual. El Maestro no está diciendo que quienes lloran la muerte natural de un ser querido, por ejemplo, estén siendo felices. No, no lo son. 

A nadie se le ocurriría decir esto. Lo que dice Jesús es que, a diferencia del dolor y el sufrimiento "natural" propio de este mundo sometido al mal en el que vivimos, existe otra clase de dolor "espiritual" que no tiene ninguna relación con nuestra existencia natural en esta vida. Así pues, los verdaderamente felices son los que lloran en el espíritu; los que se afligen porque en nuestras sociedades, Dios y Jesucristo casi nunca sean tenidos en cuenta; quienes se apenan de que nuestro mundo se muestre tan cerrado a los valores del reino de Dios. 

La mayoría de los dirigentes de la tierra, tanto hoy como ayer, no tienen en cuenta en sus agendas personales los valores cristianos que se desprenden del sermón del monte. Muchos se burlan de ellos, mientras otros afirman que son irreales e imposibles de llevar a la práctica. Y ante esta situación, ¿qué opina la Iglesia de Jesucristo en el tiempo actual? ¿Cómo vivimos los cristianos este dolor espiritual por el mundo? ¿Será quizás que no influimos más en la sociedad porque nuestra vida no es como debiera ser? 

Es verdad que nuestra obligación como cristianos es evangelizar pero, ¿no tendríamos primero que empezar por evangelizar nuestras propias increencias y nuestra acomodación a la risa de la sociedad? La descripción del discípulo de Jesucristo como alguien que llora por la injusticia del ser humano es algo que casi resulta hoy anacrónico. 

No está de moda el llanto cristiano, sino que recuerda comportamientos de épocas pasadas. Hubo un tiempo en el que los creyentes debían aparentar seriedad, austeridad e incluso tristeza si querían ser considerados como auténticos seguidores de Cristo. Una época en la que predominaba un estilo gris oscuro de religiosidad puritana aparente. 

En muchos casos no era más que una máscara hipócrita que pretendía simular aquello que no se era. Sin embargo, hoy hemos pasado al extremo opuesto. Con el fin de atraer a los incrédulos hemos adoptado su estilo. Una especie de superficialidad festiva y de felicidad artificial que hacen difícil la manifestación del dolor por los problemas del mundo y mucho menos del llanto al que se refería el Señor Jesús. 

Es menester reconocer que muchos creyentes contemporáneos no poseen verdadero convencimiento de pecado, como el que experimentaban los cristianos de épocas pasadas. Lo pecaminoso ha desdibujado sus fronteras. Se desea tener gozo pero sin pasar por el reconocimiento doloroso del pecado personal. 

En el fondo, lo que ocurre actualmente es que no gusta la doctrina del pecado, ni siquiera que se predique acerca de ella. Se desea la rosa pero sin las espinas. Sin embargo, tal anhelo es imposible desde el punto de vista bíblico. Quien se convierte a Jesucristo y desea alcanzar la dicha eterna en él, tiene que pasar primero por las lágrimas del arrepentimiento sincero y la confesión de pecados. No hay gozo sin llanto.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Decálogo para la solidaridad con las personas refugiadas.


CEAR

1.- El derecho de asilo es un derecho humano regulado en la normativa internacional. España y los países de la Unión Europea han firmado las convenciones y tratados que les obligan a acoger y brindar protección a las personas necesitadas de protección internacional. La atención y la acogida de las mismas es una obligación de los Estados en cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de asilo, no un acto de voluntad altruista. Las iniciativas solidarias y la voluntad de actuar desde el impulso de la ciudadanía ante esta situación no debe ser una excusa de los Estados para incumplir sus compromisos y obligaciones ni de detraer los recursos que deben aportar.

2.- Que la lógica humanitaria del sufrimiento y la emoción no sustituya a la lógica de la justicia y los derechos. Las personas refugiadas huyen de la violencia y la persecución y tienen derecho a recibir una adecuada protección y una acogida digna. La protección de las personas refugiadas es un derecho y una obligación contemplada en los tratados internacionales y europeos de derechos humanos, no una dádiva voluntaria o altruista, sino una forma de que todas y todos tengamos derechos. El derecho de asilo es un derecho humano universal que todos tenemos y que es inseparable de otros derechos como el derecho a una vivienda digna, a un trabajo, a una educación, a la salud, a la integridad física y psíquica.

3- Es momento de que cuestionemos el enfoque de las políticas de migración y asilo, así como la fortificación de una Europa que parece haber olvidado la base de la solidaridad y del respeto a los derechos humanos sobre el que fue construida. Es momento de que actuemos exigiendo a los responsables políticos que cumplan con sus obligaciones de acogida y protección de las personas refugiadas así como la creación de espacios de diálogo entre las administraciones públicas competentes y las organizaciones sociales especializadas para buscar soluciones conjuntas a esta situación.

4.- Partamos de lo existente y no construyamos desde cero. Ante una situación de emergencia como la actual, es imprescindible que el trabajo con las personas refugiadas se sustente sobre el principio de acción sin daño, desde un trabajo coordinado, basado en la experiencia, lecciones aprendidas y conocimiento técnico de la red de acogida que funciona en España desde hace más de 30 años y sin que la urgencia del momento se caracterice por intervenciones que contrariamente a lo que se espera, ahonden en la situación de vulnerabilidad de las personas. Es importante reforzar la red de acogida existente y posibilitar que la sociedad civil se implique uniendo esfuerzos y evitando que se generen acciones paralelas.

5.-Debemos huir del asistencialismo y articular respuestas conjuntas desde las administraciones, las organizaciones sociales y la ciudadanía comprometida. La respuesta estará orientada a favorecer una atención integral y fomentar la autonomía de las personas refugiadas y se buscarán modelos de acción social inclusivos que permitan coordinar la respuesta.

El objetivo de la acogida no es solo dotar de solución habitacional a las personas, sino atender de forma integral y especializada: existen necesidades de atención psicológica derivadas de la persecución, la violencia y dificultades vividas en el lugar de origen y/o en el trayecto de huida. Concurren necesidades de asistencia jurídica para el acceso al procedimiento de solicitud de asilo y el seguimiento del proceso hasta el reconocimiento del derecho. La elaboración de itinerarios integrales de inserción para poner a disposición las herramientas necesarias para el aprendizaje del idioma, formación, acompañamiento en el acceso a formas de consecución de medios de vida, etc. Es necesario que las personas acogidas dispongan de una red de atención social especializada y con conocimiento en esta materia que generen un proceso de trabajo conjunto orientado a la consecución de soluciones duraderas a la situación de desplazamiento forzado.

6.- Este proceso debe ir acompañado por un trabajo de monitoreo y seguimiento del cumplimiento de las obligaciones que tiene España y la Unión Europea con las personas refugiadas, de modo que permita avanzar en la defensa del Derecho de Asilo denunciando los incumplimientos de la normativa internacional, europea y nacional.

7- No podemos olvidar la necesidad de entender y tomar conciencia sobre qué es el desplazamiento forzado en el mundo, su origen y causas, dimensión y herramientas para abordar la atención a personas que se encuentran en búsqueda de protección internacional, sin ahondar en la victimización ni el dolor generado por la huida y la persecución. Un sistema de acogida integral debe incorporar un eje de trabajo en materia de sensibilización sobre la cuestión dirigido, no solo a la ciudadanía en general, sino al resto de agentes clave que trabajan con las personas refugiadas: funcionarios y trabajadores públicos de servicios sociales, sanitarios, educativos, judiciales, laborales, etc.

8.- Es necesario articular vías para la participación de la ciudadanía de modo organizado y coordinado asegurando una metodología de trabajo que asegure la dignidad, el bienestar y la autonomía de las personas refugiadas. Han de incorporarse mecanismos de participación, retroalimentación y acompañamiento que eviten, al mismo tiempo, que se genere desánimo o decepción de los ciudadanos y ciudadanas por no poder encauzar su deseo de dar una respuesta solidaria a la situación de estas personas.

9.- Las muestras de solidaridad deben orientarse hacia el acompañamiento a las personas refugiadas y la cooperación en sus procesos de incorporación a la vida
social cotidiana, una solidaridad de proximidad: acompañar a los recursos para que se conozcan y se sepa cómo actuar en ellos, redes de encuentro interpersonal, espacios de ocio y convivencia, acogida entre pares en la escuela, etc. siempre partiendo de la premisa de que la solidaridad no es un acto de caridad, sino de transformación social. La cobertura puntual de necesidades materiales básicas (vivienda, comida…) ha de ir acompañada por procesos que impulsen la autonomía de las personas refugiadas haciéndolas participes y protagonistas de su propio proceso.

10.- Existen asociaciones y redes de personas refugiadas y migrantes que han servido para fortalecer y empoderar a las personas en búsqueda de protección internacional. La cooperación con estas asociaciones, las redes de apoyo mutuo, el fomento del asociacionismo y el empoderamiento de las personas acogidas debe ser una de las líneas de trabajo para superar también los modelos de carácter más asistencialista y trabajar desde un enfoque de restitución de derechos.

martes, 18 de noviembre de 2014

¿Se esconde Dios?



El sufrimiento no es propiedad privada de ningún individuo ni de ningún pueblo en particular. El discurso sobre el sufrimiento no atisba fronteras, mucho menos, como propiedad intelectual de ninguna religión específica. El sufrimiento es una experiencia universal que se derrama sobre todo y todos.

Sin embargo hay experiencias específicas, paradigmáticas, que podrían reflejar una realidad más universal y cuya reflexión nos podrían ayudar a transitar las complejas e indisolubles cuestiones atingentes al dolor. En cuanto a la reflexión teológica esto sucede con acentuación en el caso de lashoah, como es mejor denominado el mal llamado “Holocausto” judío. La palabra hebrea describe una gran catástrofe, en contraposición con “holocausto” que por definición describe un acto de sacrificio en ofrenda a un dios en particular. Está de más concluir aquí que lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial no obedece, en ningún sentido, a una ofrenda sacrificial a ningún dios, sino a una gran catástrofe que nos obliga a asomarnos al hondo abismo del sufrimiento humano y su relación con Dios.

Lo que pido es casi demasiado:

Simon Wiesenthal, un judío sobreviviente de la Shoah, escribió un libro llamado “The Sunflower” o el Girasol. En ese libro relata su historia y hace una pregunta difícil.

El trabajaba limpiando el hospital provisional lleno de soldados heridos y moribundos. Mientras trabajaba en el hospital fue obligado a trasladarse a un cuarto donde estaba un solitario y moribundo soldado de las SS.

Era un soldado de 21 años llamado Karl Seidl. Karl había pedido a la enfermera que le llevara a un judío. Estaba herido de muerte y quería hacer su confesión antes de morir. Quería hacerla a un judío. Simon lo encontró envuelto con vendas que cubrían todo su rostro, excepto su boca, nariz y orejas. Durante las siguiente horas Simón se sentó a escuchar a Karl, debió darle la mano porque el soldado había solicitado que el judío le diera la mano mientras contaba.

Karl era hijo único. Criado en un cristianismo puro. La parte más terrible de su relato llegó al narrar que formó parte de un grupo de soldados que fueron enviados a acorralar a judíos en la ciudad de Dnepropetrovsk. 300 judios, niños, mujeres, ancianos incluidos, fueron reunidos a latigazos y conducidos a una casa, en la que los encerraron y les prendieron fuego.

“escuchamos gritos, teníamos nuestros rifles listos para disparar a cualquiera que intentase escapar por las ventanas”. Karl no olvidó al niño de unos 7 años al que disparó ese día porque su padre lo lanzó por una ventana para “salvarlo” de morir quemado.

Simón cuenta que nunca dudó de la sinceridad de Karl, creyó que estaba verdaderamente arrepentido. Karl le había dicho: “no sé quién eres, solo sé que eres judío. He anhelado hablar sobre todo esto con un judío y suplicar perdón. Sé que lo que pido es casi demasiado para ti, pero no puedo morir en paz sin tu respuesta.

Simon, no respondió, solo salió del salón. Esa noche Karl murió.

Karl dejó todas sus posesiones a Simón, pero el las rechazó. Después de la Guerra Simón buscó a la madre de Karl para comprobar la historia. Esta le aseguró que era un hombre bueno, cristiano y que nunca pudo haber hecho nada malo. Simón, al igual que en el hospital, guardó silencio.

Simón concluye el relato con la tajante pregunta ¿Debí haberle perdonado? ¿Fue mi silencio al lado de su lecho de muerte correcto o incorrecto?

La segunda parte del libro se compone de 53 pensadores judíos, cristianos, musulmanes, hindúes etc, que intentan responder a la pregunta de Simón: ¿Debí haberle perdonado?

28 de ellos dijeron NO.

16 dijeron SI.

9 dijeron que no sabían.

Curiosamente los 16 que dijeron Si, eran todos cristianos y budistas.

El discurso sobre Dios en un mundo irredento:

En un intenso diálogo, llevado a cabo en el castillo de la ciudad de Ahaus, en Alemania, el circulo de amigos del teólogo Johann Baptist Metz, de la Facultad de Teología Fundamental de la Universidad de Münster, abordaron necesariamente la cuestión.

En esta jornada teológica se encontraba también la filósofa judía de la religión Eveline Goodman-Thau, quien, en determinado momento del diálogo, obliga a la reflexión con las siguientes palabras:

“El judaísmo se hace la siguiente pregunta: ¿por qué al justo le va mal en el mundo, y al malo, bien? […] la respuesta judía dice así: Tú sufres en este mundo no porque seas culpable, no porque te preocupes por los grandes temas teológicos y filosóficos, sino porque existe un mal del que tú personalmente no eres responsable”.

Goodman-Thau continúa diciendo que para ella el sufrimiento de cada persona por sus propios pecados es ya, de por sí, su mayor castigo. Y se pregunta insistentemente ¿Cómo podemos vivir en este mundo lleno de culpables, como supervivientes? El problema no es si nosotros somos culpables o no, la cuestión es qué hacer cuando otros han sido culpables. Para la filósofa todos nos hacemos culpables si no sufrimos por el sufrimiento ajeno. Asumir el sufrimiento ajeno es un elemento mesiánico, un martyrium. Y concluye recordando una discusión talmúdica en la que se dirime la cuestión de si cuándo llegue el Mesías importarán las obras o la salvación. Al final de la discusión el Talmud responde con una afirmación lapidaria: El mesías llega para los afligidos.

Y esta es una cuestión fundamental para la teología cristiana. ¿Es importante para nosotros? ¿Es importante para la Iglesia? ¿Podría dejar la Iglesia su discurso amartocéntrico e incurrir en una narrativa martyrocéntrica? ¡El mundo sufre y nosotros sufrimos en y con él!

El paradigma Auschwitz:

Como consignamos desde el primer párrafo de este artículo, el sufrimiento no tiene dueños, es sin más, una de las experiencias más socializadas. No existe estatus socioeconómico que inmunice, ni geografía en que no se haya irrigado con lágrimas, ni lengua que no contenga un vocablo que procure describir el puño de la vida.

Y, una vez más, tomamos un hecho que se ha tornado paradigmático para hablar de una experiencia que nos envuelve a todos. Tocar el tema resulta, por demás, embarazoso debido a la dificultad que representa llegar a atisbar alguna somera respuesta satisfactoria. Por eso camino con mis preguntas junto a otros que ya han escrito, con autoridad intelectual y desde su experiencia personal, sobre este tema.

Hans Jonas, un filósofo judío de la religión que fue desterrado de Alemania por los Nazis y que perdió a su madre como consecuencia de la Shoah responde a la pregunta ¿Es posible pensar en un Dios todopoderoso, bueno y compasivo, después de Auschwitz? Con un no rotundo. Para Jonas después de Auschwitz ya no se puede pensar en Dios igual que antes. Algo cambió para siempre. Si Dios es tan compasivo resulta imposible comprender por qué no impidió algo como Auschwitz. Según el filósofo judío, después de Auschwitz ya no es posible sostener al mismo tiempo los tres siguiente atributos: omnipotencia, bondad infinita e inteligibilidad de Dios.

La gran grieta por donde se escapa Dios:

El filósofo judío de la religión Hans Jonas, no toma con superficialidad el tema, no se ubica irresponsablemente en la pura negación crítica de Dios o de la religión. El sufrimiento humano nos obliga a lanzar nuestros prejuicios lo más lejos posible, nos constriñe hasta la asfixia y, por lo tanto, nos obliga a bracear confusamente con tal de conseguir respirar. De tal modo que la reacción humana ante el dolor no debe ser vista con el lente dicotómico de lo bueno y lo malo. Sino con el remo tembloroso que empuja hacia una orilla aún invisible.

Mucho antes que Jonas, la mística judía ya había andado el camino especulativo. De la mano de Isaac Luria (Siglo XVI), Gershom Ssholem se adentra en la sinuosa idea cosmogónica sobre el origen de la creación. Luria atina a dar una posible respuesta: Si Dios lo es todo, la creación solo sería posible mediante un repliegue de Dios, un retraimiento o una autolimitación.

Se trata de la idea del Zimzum, que tanto le apasiona a Scholem. La palabra misma significa “contracción” y construye la idea de que la presencia de Dios puede contraerse, autolimitarse para otorgar al mundo una existencia autónoma. Para Scholem, la existencia del universo habría sido hecha posible “por un proceso de replegamiento de Dios” (G. Scholem, Las grandes tendencias de la mística judía. Madrid: Ediciones Siruela). Dios voluntariamente se retira, la creación no debería ser vista, según narra Scholem, como un acto de expansión divina, sino de autolimitación.

Así la procura, a ciegas, de comprender el dolor y el sufrimiento en el mundo. La infinita profundidad de la tragedia individual o colectiva plantea el interrogante ¿Dónde se encuentra Dios?. Un niño que muere de hambre, las catástrofes naturales, la guerra, el odio, la enfermedad, la injusticia que toca a buenos y malos, ante tales cosas el ser humano pregunta recurrentemente ¿Dónde está Dios? Ya sea para constatar su inexistencia, ya sea para constatar su presencia y extraordinario amor.

¿Autolimitación? 

Hans Küng califica la idea de “grosera” y “excesivamente antropomórfica”. ¿No caen – se pregunta Küng – en un excesivo antropomorfismo, tanto los cabalistas judíos como algunos teólogos católicos , cuando, mediante esta idea de una contracción de Dios, pretenden saber no solo que Dios crea, sino cómo lo hace? ¿No existe el peligro de convertir a Dios en un Deus minor, en un Dios “atrofiado”? (Hans Küng, El judaísmo. Madrid, Aditorial Trotta). También el sistemático judío Louis Jacobs critica la idea del Zimzum, “hay que considerar la Cábala como un gigantesco proyecto especulativo” (Louis Jacobs, A Jewish Theology, London). A ellos se les une el teólogo estadounidense Joseph Soloveitshik cuando afirma: “La creación del mundo no supone ninguna mácula (blemish) para la idea de divinidad, no limita la infinitud de Dios; por el contrario, es voluntad de Dios que su Shekiná, su divina presencia, se repliegue y limite en el ámbito de la realidad empírica” (J. Soloveitshik, Halakhic Man, New York). De tal manera que, si existiera tal concentración de la presencia de Dios, ocurriría, no por una limitante sino por pura voluntad divina. Lo cual nos empuja a la siguiente posibilidad:

¿Deus Semper maior?

Nos remontamos ahora hasta San Agustín (Enarratio in Psalmum LXII, 16:CCL 39,804) donde leemos: parvuli sumus: Ergo protegat nos Deus sub umbráculo alarum suarum […] Semper enim ille maior est, creverimus quantumcumque. Es decir: pequeños somos, por tanto Dios nos protege bajo la sombra de sus alas […] Porque él es siempre el mayor, por mucho que hayamos crecido.

Dios es siempre más (en lo máximo y en lo mínimo), por incomprensible que parezca. Nicolás de Cusa (De docta ignorantia) afirma que “Desde el punto de vista de la teología negativa, en Dios no existe otra cosa que infinitud”. A Dios nada lo limita, ni el Universo, ni la humanidad, ni el dolor, ni la tragedia. Todo lo que existe no existe por debajo o al lado, sino en Dios. Desde ese punto de vista Hans Küng emite una exclamación esperanzadora: “Dios no necesita concentrarse y de algún modo contener el aliento para exhalar la creación. Dios no se repliega con la creación, sino que más bien se da a sí mismo”.

Afirmar con muchos teólogos que Dios es siempre mayor, por incógnito que nos parezca su actuar o lo que nos parece muchas veces como un no-actuar. Puede aliviar un poco el estrés de creer en un Dios autolimitado, pero aun así no responde a la pregunta de siempre ante el dolor humano ¿Dónde está Dios? . Frente a tal zozobra podemos quejarnos, plantear todas las preguntas, enfadarnos con Dios y hasta patalear. Tenemos ese permiso (véase mi otro artículo intitulado: El que se enoja (con Dios) ¿Pierde?, publicado en esta misma revista). Y haciendo uso de tal libertad y permiso, osamos y cometemos algunos intentos de respuesta.

Un Dios compasivo:

Quien busque una respuesta cansará sus ojos en la lectura de miles de páginas y atisbará acercamientos, linderos, caminos, pero jamás una verdadera respuesta. Aún más, quien ose responder categóricamente errará ridículamente. Así que, desde la más sincera actitud del creyente, solo cabe la fe crítica (ni ciega ni encandilada). Ante este problema de la teodicea Küng propone:

– Si Dios existe, también estaba en Auschwitz. Creyentes de distintas religiones y confesiones, incluso ante esta fábrica de muerte, se han mantenido firmes en esto:A pesar de todo, Dios vive.

-Pero, al mismo tiempo, el creyente ha de admitir: queda una cuestión insoluble: ¿Cómo ha podido estar Dios en Auschwitz y no impedir Auschwitz?

La fe nos pondrá sobre aviso, no existe un sinsentido del dolor, la amargura de la tragedia puede llenarse de significado. Un dolor significante ¿Una posible vía que evita la seca glorificación del dolor, ni la vacía y llana aceptación?

Una confesión:

Concluimos aferrados a la fe y caminando junto a muchos otros seres, creyentes y no creyentes. Afirmando con Hans Küng:

A partir de Jesús, siervo sufriente de Dios, es posible reconocer, y también confesar, esperando contra toda esperanza, en la protesta y la oración;

-que Dios, aun en medio de un dolor aparentemente sin sentido, sigue misericordiosamente presente;

-que Dios, si bien no nos preserva de todo dolor, sí nos guarda en el dolor;

-que por nuestra parte hemos de intentar , siempre que sea posible, mostrar nuestra solidaridad en el dolor y hacerla efectiva;

-que no hemos de limitarnos a aguantar el dolor, sino que, a ser posible, hemos de combatirlo, sobre todo en las situaciones y estructuras que lo producen. (El Judaísmo, Editorial Trotta, p. 569)





José Pablo Chacón

José Pablo Chacón, nacido en San José, Costa Rica, ha realizado estudios de Periodismo, Biblia y Teología. Es autor de "El Decálogo, un canto de adoración" y fundador de la Comunidad Interludio.

domingo, 23 de octubre de 2011

Turquía: un centenar de muertos en el terremoto.



  • Al menos 138 personas murieron y otras 350 resultaron heridas a causa del temblor en la ciudad de Ercis.
  • Se calcula que entre 700 y 1000 personas  pueden haber perdido la vida.
  • Exteriores no tiene constancia de que haya españoles afectados por el terremoto.
  • Turquía rerchaza la ayuda de Israel.

Más de un centenar de personas han muerto y hasta 400 continúan desaparecidas tras elterremoto de 7,2 grados de magnitud que ha sacudido este domingo la provincia de Van, en el este de Turquía, según los cálculos que manejan autoridades y expertos del Centro Sismológico Kandilli de la Universidad del Bósforo de Estambul. Hay además entre 500 y 600 heridos y se espera que la cifra de víctimas continúe aumentando.

Uno de ellos, Hasan Gördü, afirmó que tras el tremor inicial se han registrado decenas de réplicas de entre 3,5 y 5,5 grados, y advirtió de que se podrían producir más seísmos de hasta 5,7 grados. También calculó que entre 1.000 y 4.000 edificiospodrían haber sufrido daños irreversibles. De hecho, el viceprimer ministro Besir Atalay, explicó que 10 edificios se han desplomado en la capital provincial de Van y entre 25 y 30 en la localidad de Ercis, entre ellos una residencia de estudiantes.

En 1999 un fuerte terremoto dejó alrededor de 20.000 muertos en Turquía.

Tareas de rescate

En un mensaje desde la ciudad de Van, el primer ministro del país, Recep Tayyip Erdogan indicó que se han contabilizado 93 muertos y 350 heridos en esta localidad y otros 45 en Ercis, aunque aseguró que aún hay muchas personas bajo los escombros y que hay mucha preocupación por varios pueblos de la región que han quedado totalmente destruidos.
Erdogan pidió a los ciudadanos que "no entren en los edificios que han sufrido daños", debido al peligro de que sigan produciéndose réplicas, como la de 5,7 grados que se registró a las 20.45 GMT, diez horas después del temblor principal. El primer ministro aseguró que las tareas de rescatecontinuarán toda la noche.
Sólo en Ercis, al menos 55 edificios han quedado totalmente destruidos, muchos de ellos bloques de apartamentos.
También, Erdogan  indicó que se van a instalar casas portátiles y tiendas de campaña para acoger a quienes han perdido su hogar para protegerlos de las bajas temperaturas.
También agradeció el apoyo y la ayuda enviada desde distintos países, como Azerbaiyán, Bulgaria e Irán, y la de otros Estados que también se han comprometido a ayudar en las tareas de salvamento.

Sin víctimas españolas

El Ministerio de Asuntos Exteriores de España no tiene constancia de que haya españoles entre las víctimas que ha causado el terremoto.
Así lo han manifestado fuentes de este Departamento, que se han mostrado optimistas ante la posibilidad de que finalmente ningún español haya resultado afectado por la catástrofe.

Gran magnitud

El terremoto tuvo su hipocentro a poca profundidad, unos cinco kilómetros, lo que hizo que susefectos en la superficie equivalieran al de uno de 8 ó 9 grados de magnitud, como indicaron los expertos del Centro Sismográfico Kandilli de la Universidad del Bósforo (Estambul).
El profesor Mustafa Erdik, director del centro Kandilli, estimó que unos 4.000 edificios pueden haber resultado dañados, 600 de ellos de forma irreversible, y que unas 50 construcciones se han desplomado completamente.
Además, calculó que entre 700 y 1.000 personas pueden haber perdido la vida. Entre las víctimas podría haber un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Rechazo de la ayuda de Israel

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, ha informado de que el Gobierno Turco ha rechazado la oferta israelí de enviar ayuda tras el terremoto de 7,2 grados en la escala de Richter registrado en la provincia de Van, cerca de la frontera con Irán, en el sureste del país.
"Tengo la impresión de que los turcos no quieren nuestra ayuda", ha señalado Barak en declaraciones al Canal 2 de la televisión israelí. "En este momento (su respuesta) es negativa, pero si ven que necesitan más ayuda y no la tienen, o si lo vuelven a pensar, hemos hecho la oferta y seguimos preparados" para ayudar, ha afirmado el ministro.
Por el momento Turquía no ha pedido ayuda internacional, aunque, según fuentes cercanas al gobierno, ha recibido ofertas de decenas de países.

Los pocos medios y la orografía, obstáculos

La falta de material y de equipos de salvamento y la dificultad de acceder a la zona estándificultando el rescate de quienes han quedado atrapados entre los edificios derruidos por el seísmo, que afectó especialmente a la localidad de Ercis.
La cadena de televisión NTV muestra imágenes de esta ciudad, de 75.000 habitantes y en la que al menos 25 edificios se han derrumbado, según datos del viceprimer ministro turco, Besir Atalay.
"¿Dónde está el Estado, dónde está el Gobierno? Hay cientos (de personas) bajo los edificios derruidos. Están muriendo, queremos que los rescaten, sólo eso", denunció un vecino de la ciudad ante las cámaras de la NTV.
Otro testigo mostró a esta cadena los restos de un edificio de siete plantas y aseguró que mucha gente está aún atrapada en su interior y que se necesita maquinaria pesada para poder trabajar.

Fuente: 20minutos.es