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sábado, 6 de febrero de 2016

Necesitamos construir puentes en la vida y en la política.


por Leonardo Boff*

En Brasil constatamos hoy una seria división entre las personas por razones político-partidistas. Hubo gente que dejó de participar en la confraternización de Navidad debido a divergencias políticas: unos por críticas al partido que está en el poder por haber mentido en la campaña; otras a causa de la excesiva corrupción atribuida a grupos importantes del PT. Unos son férreos defensores del impeachment a la Presidenta Dilma Rousseff. Otros no consideran las famosas “pedaladas” [operaciones irregulares por las que algunos bancos adelantan pagos de pensiones o subvenciones estatales, resultando así préstamos irregulares de bancos privados al Estado, cosa que se ha hecho siempre pero que en 2014 aumentó mucho. Nota de ATRIO] razón suficiente para sacarla del cargo más alto de la República, conquistado con el voto de la mayoría de la población. Admitamos que las pedaladas sean un pecado, pero son solo pecado venial, cometido sin mala intención. 

Por un pecado venial, en sana teología, nadie es condenado al infierno. A lo máximo pasa un tiempo en la clínica purificadora de Dios que es el purgatorio. Este no es la antesala del infierno sino la antesala del cielo.

Ignoremos estas contradicciones. El hecho es que indudablemente existe en la sociedad gran irritación, intolerancia racial, discusiones ácidas y muchas palabras fuertes que los niños no deberían ni siquiera oír. Especialmente internet ha abierto la puerta por donde pasa todo tipo de ofensa. Algunos han quedado anclados en el pasado y se imaginan todavía en la guerra fría. Llamar al otro comunista es una ofensa. Olvidan que el imperio soviético se derrumbó y el muro de muro de Berlín cayó en 1989.

Los puentes de los espacios sociales, diferentes, pero aceptados y respetados han sido averiados o destruidos. Una sociedad no puede sobrevivir sanamente viendo que su tejido social se está desgarrando. Ahí existe el peligro de los radicalismos de derecha (dictaduras como la de los militares) o de izquierda (como el socialismo soviético totalitario).

Más que hacer muchas argumentaciones teóricas, estimo que las historias pueden darnos buenas lecciones y convencernos de la verdad de las cosas. Voy a contar una historia que oí hace mucho tiempo y que tiene una fuerza de convicción efectiva. Aquí está:

Dos hermanos vivían en buena armonía en dos granjas vecinas. Tenían una buena producción de granos, algunas cabezas de ganado y cerdos bien cuidados. Cierto día tuvieron una pequeña discusión. Las razones no tenían mayor importancia: una vaquilla del hermano menor se había escapado y había comido un buen trozo del maizal del hermano mayor. Discutieron con cierta irritación. La cosa parecía haberse quedado ahí.
Pero no fue así. De repente, ya no se hablaban. Evitaban encontrarse en la bodega o por el camino. Se hacían los desconocidos.Un buen día, apareció en la granja del hermano mayor un carpintero pidiendo trabajo. El granjero lo miró de arriba abajo y, con un poco de pena, le dijo: “¿Ve aquel riachuelo que corre por allá abajo? Es la división entre mi granja y la de mi hermano. Con toda esa leña que hay en la leñera construya una cerca bien alta, para que no me vea obligado a ver a mi hermano ni su granja. Así estaré en paz”.
El carpintero aceptó el servicio, tomo las herramientas, y se puso a trabajar. Mientras tanto, el hermano mayor se fue a la ciudad a resolver algunos asuntos.
Cuando al caer la tarde volvió a la granja, al caer la tarde, quedo horrorizado con lo que vio. El carpintero no había hecho una cerca, sino un puente que pasaba por encima del río y unía las dos granjas.
Y hete aquí que pasando por el puente venía su hermano, menor diciendo: “Hermano, después de todo que pasó entre nosotros, me cuesta creer que usted haya hecho ese puente solo para encontrarse conmigo. Tiene usted razón, es hora de acabar con nuestra desavenencia. ¡Un abrazo, hermano!”.
Y se abrazaron efusivamente y se reconciliaron. El hermano encontró al otro hermano.
De pronto vieron que el carpintero se estaba marchando. Y le gritaron: “Eh, carpintero, no se vaya usted, quédese unos días con nosotros… nos ha traído tanta alegría…”
Pero el carpintero respondió: “No puedo, hay otros puentes que construir por el mundo. Hay muchos todavía que necesitan reconciliarse”. Y se fue caminando tranquilamente hasta desaparecer en la curva del camino.


El mundo y nuestro país necesitan puentes y personas-carpintero que generosamente relativizan los desacuerdos y construyen puentes para que podamos vivir por encima de los conflictos y diferencias inherentes a la incompletitud humana. Tenemos que aprender y reaprender siempre a tratarnos fraternalmente.

Tal vez sea este uno de los imperativos éticos y humanitarios más urgentes en el actual momento histórico.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y articulista del JB online.

Fuente: Atrio
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viernes, 29 de enero de 2016

¿Pueden las religiones ayudar a superar la crisis ecológica?


Leonardo Boff

Por primera vez después de años, los 192 países se pusieron de acuerdo en la COP 21 de París, a finales de 2015, en que el calentamiento global es un hecho y que todos, de forma diferenciada pero efectiva, deben aportar su colaboración. Cada saber, cada institución y especialmente aquellas organizaciones que más mueven a la humanidad, las religiones, deben ofrecer lo que está en su mano. De no ser así, corremos el peligro de llegar con retraso y de enfrentarnos a catástrofes como en los tiempos de Noé.

Obviando el hecho cada religión o iglesia tiene sus patologías, sus momentos de fundamentalismo y de radicalización hasta el punto de haber crueles guerras religiosas, como hubo tantas entre musulmanes y cristianos, lo que se pide ahora es ver de qué forma, a partir de su capital religioso positivo, estas religiones pueden llegar a convergencias más allá de las diferencias y ayudar a enfrentarse a la nueva era del antropoceno (el ser humano como un meteoro rasante amenazador) y la sexta extinción masiva que ya está en curso desde hace mucho tiempo y se acelera cada vez más.


Tomemos como referencia las tres religiones abrahámicas.

Primero, veamos la contribución del judaísmo. La Biblia hebrea es clara al entender la Tierra como un don de Dios y que nosotros hemos sido colocados aquí para cuidarla y guardarla. “La Tierra es mía y vosotros sois huéspedes y forasteros” (Lev 25,23). No podemos como ningún huésped normal haría, ensuciarla, romper sus muebles, estropear su jardín y matar a sus animales domésticos. Pero nosotros lo hemos hecho. Por eso existe la tradición de Tikkum Olam, de la “regeneración de la Tierra”, como tarea humana por los daños que le hemos causado. Hay también sentido de responsabilidad frente a los no humanos. Así antes de comer, cada uno debe alimentar a sus animales. No se puede tirar el nido de un pájaro que está cuidando a sus pichones. “Dominar la Tierra” (Gn 1,28) debe ser entendido a la luz de “cuidar y guardar” (Gn 2,15), como quien administra una herencia recibida de Dios.

El cristianismo heredó los valores del judaísmo. Pero le añadió datos propios: el Espíritu Santo fijó su morada en María y el Hijo en Jesús. Con eso asumió de alguna forma todos los elementos de la Tierra y del universo. La Tierra es entregada a la responsabilidad de los seres humanos, pero estos no tienen un derecho absoluto sobre ella. Son huéspedes y peregrinos y deben cuidar de ella. San Francisco de Asís introdujo una actitud de fraternidad universal y de respeto a cada uno de los seres, hasta a las hierbas silvestres. Por ser el Dios cristiano un ser relacional, pues es Trinidad de Personas siempre relacionadas entre sí, el propio universo y todo lo que existe es también relacional, como tan bien lo expresó el Papa Francisco en su encíclica.

El islam sigue las huellas del judaísmo y del cristianismo. También para él la Tierra y la naturaleza son creación de Dios, y han sido entregadas a la responsabilidad del ser humano. En el Corán se dice que tenemos nuestra morada aquí y por un corto tiempo podemos disfrutar de sus bienes (Sura 2,36). El Altísimo y Misericordioso nos da señales a través de la riqueza y la diversidad de la naturaleza que nos recuerdan constantemente su misericordia, con la cual dirige el mundo (Sura 45,3). La entrega confiada a Alá (islam) y la propia jihad (lucha por la santidad interior) implican cuidar de su creación. Hoy muchos musulmanes han despertado a lo ecológico y de Singapur a Manchester pintaron sus mezquitas todas de verde.

Hay unos puntos convergentes en estas tres religiones: entender la Tierra como don y herencia y no como objeto para ser usado simplemente a su voluntad, como lo entendió la modernidad. El ser humano es responsable de lo que recibió, debiendo cuidarla y guardarla (haciéndola fructificar y dándole sostenibilidad); él no es dueño sino cuidador. La Tierra con su riqueza remite continuamente a su Creador.

Estos valores son fundamentales hoy, pues la tradición científico-técnica trata a la Tierra como mero objeto de explotación, situándose fuera y por encima de ella. Somos Tierra (Gn 1,28). Por eso hay un parentesco con ella, nuestra sustentadora.

Además, todas las religiones desarrollan actitudes que actualmente son imprescindibles: el respeto por la Tierra y por todo lo que ella contiene, pues las cosas son muy anteriores a nosotros y tienen valor por sí mismas; la veneración ante el Misterio del universo. Respeto y veneración no solo al Corán o a la hostia consagrada, sino a todos los seres, pues son sacramentos de Dios. Esta actitud impone límites al poder dominador que está hoy poniendo en peligro el equilibrio de la Tierra y amenazando nuestra supervivencia. La irracionalidad científico-técnica debe conocer límites éticos, impuestos por la propia vida que quiere seguir viviendo y mantener su identidad. Si no, ¿a dónde iremos? Seguramente no a la montaña de las bienaventuranzas sino al valle de lágrimas.

Leonardo Boff es articulista del JB online y ha escrito La Tierra en la palma de la mano: una nueva visión del planeta y de la humanidad, Vozes 2016.

Traducción de MJ Gavito Milano

Fuente: Atrio

viernes, 22 de enero de 2016

¿Cómo tratas a Hestia: tu hogar y la Tierra como Casa común?


Leonardo Boff

Existe actualmente toda una forma nueva de interpretar los antiguos mitos griegos y de otros pueblos. En vez de considerar a los dioses y diosas como entidades existentes, ahora crece la hermenéutica, especialmente tras los estudios del psicoanalista C.G. Jung y sus discípulos J. Hillman, E. Neumann, G. Paris y otros, de que se trata de arquetipos, es decir, de fuerzas psíquicas ancestrales que habitan en nosotros y mueven nuestras vidas. Irrumpen de forma tan vigorosa que los conceptos abstractos no consiguen expresarlas más que mediante relatos mitológicos. En este sentido el politeísmo no significa la pluralidad de divinidades, sino de energías que vibran en nuestra psique.

Uno de esos mitos que tienen un significado profundo y actual es el de la diosa Hestia. Según el mito, es hija de Cronos (el dios del tiempo y de la edad de oro) y de Rea, la gran madre, generadora de todos los seres. Hestia representa nuestro centro personal, el centro del hogar y el centro de la Tierra, nuestra Casa común. Es virgen, no por despreciar la compañía del hombre, sino para poder cuidar con más libertad a todos los que se encuentran en el hogar. Así y todo suele ir acompañada de Hermes, el dios de la comunicación (de donde viene hermenéutica) y de los viajes. No son marido y mujer; son autónomos, aunque vinculados siempre recíprocamente.

Ellos representan dos facetas de cada persona humana, que es portadora simultáneamente del ánimus (principio masculino, Hermes) y del ánima (principio femenino, Hestia).

Hestia significa en griego el hogar con el fuego encendido: el lugar alrededor del cual todos se agrupan para calentarse y convivir. Por lo tanto, es el corazón de la casa, el lugar de la intimidad familiar, lejos del barullo de la calle. Hestia protege, da seguridad y refugio. Además, a ella le corresponde también el orden de la casa y tiene la llave de la despensa para que esté siempre bien abastecida para familiares y huéspedes.

En las ciudades griegas y romanas había siempre un fuego encendido, para expresar la presencia protectora de Hestia (la Vesta de los romanos). Si se apagaba el fuego, era presagio de alguna desgracia. Tampoco se empezaba la comida sin hacer un brindis a Hestia: “para Hestia” o “para Vesta”.

Hestia concretamente significaba también ese rincón donde uno se recoge para estar solo, leer su periódico o un libro y hacer su meditación. Cada persona tiene su “rinconcito” o su butaca preferida. Para saber donde se encuentra nuestra Hestia debemos preguntarnos cuando estamos fuera de casa: ¿cuál es la imagen que nos recuerda mejor nuestro rincón, donde Hestia se oculta? Ahí está el centro existencial de la casa. Sin Hestia la casa se transforma en un dormitorio o en una especie de pensión gratuita, sin vida. Con Hestia hay afecto, bienestar y el sentimiento de estar “finalmente en casa”. Ella era considerada como una araña, por tejer telas que unen a todos, trasmitiendo las informaciones.

Hestia era venerada por todos y la primera en ser reverenciada en el Olimpo. Júpiter defendió siempre su virginidad contra el asedio sexual de algunos dioses más atrevidos.

Nuestra cultura patriarcal y la masculinización de las relaciones sociales debilitaron mucho a Hestia. Las mujeres han hecho bien saliendo de casa y desarrollando su dimensión de animus (capacidad de organizar y dirigir), pero han tenido que sacrificar, en parte, su dimensión de Hestia. En ellas se muestra la dimensión de Hermes, que se comunica y se articula. Han llevado al mundo del trabajo las principales virtudes de lo femenino: el espíritu de cooperación y el cuidado, que hacen las relaciones menos rígidas, pero llega el momento de volver a casa y recuperar a Hestia.

¡Ay de la casa descuidada y desordenada! Ahí surge el deseo de que Hestia se haga presente para garantizar una atmósfera buena, íntima y familiar. Esta no es solo tarea de la mujer sino también del hombre. Por eso en todo hombre y en toda mujer deben equilibrarse el momento de Hermes, estar fuera de casa para trabajar, con el momento de Hestia, de volver al centro donde tiene su refugio y su bienestar.

Hoy, por más feministas que sean las mujeres, están recuperando cada vez más este fino entramado vital.

Hestia no significaba solamente el hogar de la casa o de la ciudad. También designaba el centro de la Tierra donde está el fuego primordial. Hoy ya no es una creencia sino un dato científico. En el centro hay hierro incandescente. Lógicamente, cuando se estableció el heliocentrismo y se invalidó el geocentrismo, hubo un derrumbe emocional de la figura de Hestia, la Casa Común. Pero lentamente se ha ido reconquistando. Si bien la Tierra ya no es el centro físico del universo, sigue siendo el centro psicológico y emocional. Aquí vivimos, nos alegramos, sufrimos y morimos. Incluso viajando a los espacios exteriores, los astronautas siempre mostraban tener nostalgia de la Madre Tierra, donde está todo lo que es significativo y sagrado.

Hoy tenemos que rescatar a Hestia, protectora de la Casa Común, mantener su fuego vivo y darle sostenibilidad. No le estamos dando el trato de honor que merece, por eso ella nos envía quejas con el calentamiento global y las calamidades naturales. No debemos rebajar a Hestia a mero repositorio de recursos sino tratarla como la Casa Común que debe ser bien cuidada para que siga siendo nuestro hogar acogedor y bienhechor.

Leonardo Boff es articulista del JB online y escritor.

Traducción de MJ Gavito Milano

Fuente: Atrio
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lunes, 11 de enero de 2016

Los cristianos y la injusticia.


Carlos F. Barberá

En uno de sus libros sobre cristología, Duquoc hace una afirmación que no he visto en otros tratadistas y que es sin embargo bien evidente. Jesús anunció la llegada del Reino de Dios, un reino de paz y justicia, pero en realidad la violencia imperante en el mundo no cesó por ello. Salvo en los milagros y curaciones de Jesús, el mundo continuó siendo igual que era antes. Eso explica la pregunta impaciente de los discípulos: ¿es ahora cuando vas a instaurar el reino de Israel? (Act 1,8)

Puede que el retraso de la parusía obligase a una interpretación espiritualista: el Reino de Dios está en medio de vosotros, sentencia traducida como dentro de vosotros. La llegada del Reino equivale a la efusión del Espíritu, a su presencia en cada uno de los que la acogen.

Esta lectura sin embargo no daba respuesta a la preocupación largamente meditada por los judíos sobre el destino de los opresores. Si los injustos seguían saliendo vencedores ¿de qué valían las promesas ligadas al anuncio de la irrupción de Dios en la historia? Esas promesas tendrían que cumplirse, los justos y las víctimas serían reivindicados pero eso ocurriría solamente en un juicio último, en la venida de Cristo al final de los tiempos.

Esta interpretación ha recorrido abundantemente la predicación eclesiástica a lo largo de los siglos. En la actualidad produce en cambio cierto embarazo. La resignación hasta el final, tan profusamente predicada, equivalía a la legalización de las situaciones injustas. Una Iglesia que no defiende a los oprimidos y anuncia únicamente una justicia al final de los tiempos, aparece en realidad como cómplice de los opresores.

Ciertamente el relato de las actitudes de Jesús parece adjudicarle la renuncia a toda violencia: el que mate a espada a espada morirá. Cualquier violencia lleva en sí el germen de su propia destrucción y Jesús, consecuentemente, no quiso hacer uso de ella. Por el contrario, pareció confiar en que convertirse en víctima de la violencia de los poderosos echaría las raíces para una justicia futura.

No es fácil mantener este convencimiento, tantas veces desmentido por la realidad: quien se somete al opresor parece en realidad hacerlo más fuerte. Es comprensible, pues, que los cristianos, cuando tuvieron ocasión, decidieran ejercer ellos mismos el gobierno: había llegado el momento de hacer real la venida del reino de Dios. No cayeron en la cuenta de que ejercer el poder es también gestionar la exclusión de los disidentes y por ende administrar la violencia. La Inquisición no fue tanto un proceso de corrupción de las buenas intenciones originales como la consecuencia lógica del ejercicio del poder.

Es lo que reprochaba Tolstoi a la Iglesia cuando explicaba por qué consideraba “como herejía aquella religión oficial llamada cristianismo. Esta difiere, en mi opinión, de aquella de Cristo en muchos puntos, entre los cuales constato, ante todo, la supresión del mandamiento que nos prohíbe que nos opongamos al mal con la fuerza”.

El novelista ruso seguía la doctrina del norteamericano William Lloyd Garrison, quien en 1838 proclamaba lo siguiente: “No reconocemos como cristianas y legales no sólo las guerras –ofensivas o defensivas- sino también las organizaciones militares, cualesquiera que sean: arsenales, fortalezas, navíos de guerra, ejercicios permanentes, monumentos conmemorativos de victorias, trofeos, solemnidades de guerra, conquistas a través de la fuerza. Finalmente, reprobamos igualmente como anticristiana cualquier ley que nos obligue al servicio militar”.

Sin embargo tres siglos antes y en el polo apuesto, Thomas Müntzer lanzaba la siguiente proclama:“Mira, los señores y los potentados están en el origen de cada usura, de cada apropiación indebida y cada robo; ellos toman de todos lados: de los peces del agua, de las aves del aire, de los árboles de la tierra (Isaías 5,8 – Ayes sobre los malvados). Y luego hacen divulgar entre los pobres el mandamiento de Dios: ´No robar`. Pero esto no vale para ellos. Reducen a miseria a todos los hombres, despellejan y despluman a campesinos y artesanos, y a cada ser vivo (Miqueas 3,2-4 – Acusación contra los dirigentes de Israel). Y para ellos, la más pequeña falta justifica el ahorcamiento”. Consecuentemente, movido por su fe, Müntzer participó en el levantamiento de los campesinos alemanes, fue apresado, torturado y ejecutado.

Las corrientes adscritas a la teología de la liberación hacen sin duda diagnósticos parecidos. Sin defender –salvo excepciones– la violencia armada, sostienen sin embargo que no puede darse una reflexión sobre el Evangelio que no vaya precedida y acompañada de la lucha por la liberación de los oprimidos.

El panorama reflejado en estos ejemplos puede producir cierta perplejidad. Parece que el Evangelio da para muchas y contrapuestas interpretaciones y así es en realidad. Porque no se trata de un código civil ni moral sino de la invitación a seguir a una persona y a encarnar sus promesas. No es de extrañar, pues, que los senderos de quienes emprenden el camino puedan divergir y de hecho así ha sido a lo largo de estos más de dos mil años. Estamos sin embargo en los albores del siglo XXI, en lo que se interpreta como un cambio de época y a nosotros corresponde hacer nuestra propia reflexión. Quiero, por tanto aportar un pequeño esbozo de la mía.

Ningún creyente tiene ya derecho a reconocerse como tal si no puede aportar signos de su lucha contra la injusticia y la violencia. Ninguno puede ir a depositar su ofrenda si recuerda que su hermano puede reprocharle su abstención. Pero vivimos en un tiempo en que es ya imposible tomar la Bastilla o asaltar el Palacio de Invierno. La figura y la situación de los violentos, de los opresores son hoy muy distintas. Tienen por una parte millones de rostros: los de quienes están en el primer mundo, los que se hallan en el lado favorable de la desigualdad, los que contaminan en sus viajes en coche o en avión o con su gasto de energía superflua, los que no reciclan suficientemente, los que desperdician alimentos… Y por otra parte carecen de rostro: los mercados, los fondos de inversión, los grupos dominantes, las grandes corporaciones financieras…

En consecuencia, los signos del Reino tendrán sin duda vertientes muy diversas. Como en el anuncio de Jesús habrá que empezar por la conversión, que será una lucha permanente contra uno mismo. Después a cada uno el Espíritu le llevará donde quiera. Ninguna batalla tendrá todos los avales, ninguna carecerá de contradicciones pero eso no será óbice para la inacción: Indignación, denuncia, solidaridad, imaginación, ayuda, misericordia son algunos de los nombres de esa lucha.

Y en todo ello ¿no nos olvidaremos de Jesús? En absoluto. El Evangelio nos cuenta que, mirando a Jerusalén, lloró sobre ella y que en otra ocasión dijo: “He venido a traer fuego a la tierra y ¡cómo me gustaría que ya estuviera ardiendo!” y también que nos aseguró que los pobres estarían siempre entre nosotros y que no podíamos servir a Dios y al dinero. Nos advirtió que los pacíficos eran bienaventurados y nos dijo que Él había venido para que diésemos fruto pero nos advirtió a la vez que la condición es perder la vida. Nos hizo por fin la promesa de que nuestros esfuerzos producirían torrentes de agua viva que saltarían hasta la vida eterna.

Fuente: Atrio

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Por una política feminizada.


OLGA RODRÍGUEZeldiario.es, 22/12/2015

El lado luminoso de la fuerza en la política y la vida
Fuera, en la calle, la guerra proseguía. Pero ahí dentro, en ese instante, aquella mujer era capaz de mantener una sonrisa.
Las mujeres que conciben la empatía y la cooperación como máximas prioridades han sido clave en los movimientos sociales de los últimos años, en la PAH y ahora en la política institucional, como Ada Colau.

Hay una imagen que convive conmigo desde hace años. Es el recuerdo de una mujer en un hospital de Bagdad, en 2003. La guerra pegaba fuerte y las bombas estadounidenses habían dejado terribles secuelas físicas y psicológicas en la población.

Los doctores practicaban operaciones quirúrgicas en el propio hall del hospital, en el suelo, ante la falta de espacio por la avalancha de heridos. El jardín se había convertido en un cementerio improvisado donde los propios médicos cavaban zanjas para los muertos y en ellas colocaban cartones con los datos de los fallecidos:


“Niña anónima de unos seis años encontrada en el barrio de Adamiya, llevaba vestido azul”.

O: “ Familia con tres niños encontrados en Karrara, tras un bombardeo. Sin datos”.

En los pasillos del hospital la gente iba y venía como autómatas. Desde cualquier lugar se oían los gritos de los heridos y de los familiares de las víctimas. Yo llevaba casi tres meses en el país y la guerra se me había metido muy dentro.

Fue entonces cuando la vi. En la sala de maternidad. Ella sostenía en sus brazos a su bebé nacido prematuramente y me pareció que a su alrededor brillaba una luz diferente. ¿Qué había en esa mujer que tanto me llamaba la atención? Enseguida me di cuenta: estaba sonriendo en una ciudad en la que casi nadie sonreía desde hacía muchas semanas.

Fuera, en la calle, la guerra proseguía. Pero ahí dentro, en ese instante, esa hermosa mujer era capaz de mantener una sonrisa mientras miraba a su bebé, como si no existiera nada más en el mundo, o quizá como si tanto amor pudiera vencer a la guerra que continuaba al otro lado de las ventanas.

Aquella imagen me recuerda hasta hoy la potencia del amor frente a la guerra, la fuerza de los afectos frente a la violencia, la contundencia de la sonrisa ante la agresividad. No creo que sea casual que fuera una mujer quien la protagonizara.

Desde el 15M hasta ahora se habla cada vez más de la necesidad de feminizar la política y la vida. Las guerras han sido tradicionalmente cosa de hombres, no solo las de los fusiles y misiles, también las otras, las que se libran por dinero y poder en los lugares de trabajo, en los hogares, en la política. La servidumbre del patriarcado se impone en diversos escenarios y obliga tanto a hombres como a mujeres a comportarse con agresividad, como si el sentido último de la vida fuera quedar siempre por encima.

Frente a eso se están introduciendo en nuestra sociedad otras formas, otros mensajes, otros valores que priorizan los derechos humanos y la felicidad concreta de la gente frente a la abstracción de la victoria. Ada Colau, Manuela Carmena o Mónica Oltra son algunas de las figuras que representan y reivindican esos modos más serenos, más pacíficos, más sensatos. “Hay otra manera de hacer política, una política distinta, relacionada con la concertación, con la paz, la eficacia…”, dice Carmena a menudo.

Ada Colau lo expresaba así recientemente en un mitin electoral: “Hay una potencia transformadora imparable, que tiene que ver con la feminización de la política, poniendo la cooperación por delante de la competitividad, la empatía como máximo valor, los cuidados, la vida y la dignidad de la gente como máxima prioridad, para felicidad de todos y todas”.

Las mujeres que conciben la empatía y la cooperación como máximas prioridades han sido clave en los movimientos sociales de los últimos años, en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y ahora en la política institucional, hasta el punto de que Pablo Iglesias dice haber aprendido de Ada Colau o de Carmena a “reivindicar el cambio con una sonrisa, con más pedagogía, con un estilo menos agresivo”.

Algo está cambiando. Es la irrupción del poder concebido de otro modo, imprescindible para que nos entendamos más y nos enfademos menos. Ninguna transformación será suficiente si no mejora nuestras relaciones humanas, si no nos suaviza, si no nos hace más felices.

Como dirían los guionistas de la nueva entrega de la saga de las galaxias -quien la haya visto entenderá por qué la menciono-, hay un despertar del lado luminoso de la fuerza. Y ese despertar es capaz de dar lecciones vitales en medio de la agresividad que vivimos cotidianamente. Solo así se puede ganar de verdad: sin que la competitividad nos devore, sin que el camino nos pierda, sin que la lucha nos corrompa. No hay nada más revolucionario que una sonrisa de amor en mitad de una guerra. Y de eso las mujeres saben mucho.

Fuente: Atrio

lunes, 21 de diciembre de 2015

Remedios peores que la enfermedad.


Olga Larrazábal

« sabemos –pero no creemos lo que sabemos, y no actuamos
necesitamos algo así como un plan global de supervivencia…
y estamos lejos de poder ponerlo en práctica »
Del Blog de Jorge Riechmann

Después de la Enciclica Papal, en que el Papa Francisco puso en el tapete con gran difusión mediática los excesos de la cultura humana en referencia al medio ambiente, ni las personas comunes y corrientes, ni los estados ni las organizaciones mundiales, se pueden hacer los desentendidos respecto al tema.

Los resultados de la Conferencia sobre el Cambio Climático COP 21 convocada por la UN en París, han sido un avance respecto de lo anteriormente acordado, que era muy poco, y parecen más palabras de buena crianza, que compromisos formales con presupuestos financiados y soluciones ecológicas.

George Monbiot, del diario inglés The Guardian, comprometido denunciante de los desastres agro industriales, se muestra pesimista en cuanto a la seriedad de las resoluciones utópicas de mantener el aumento de la temperatura global en 1.5° C. con un margen hasta 2°C, que de todos modos es un desastre, y nos recuerda que mientras se sigan quemando combustibles fósiles, es difícil creer que esto sucederá.

Los Ecologistas en Acción, también han publicado su decepción sobre los vagos acuerdos de la COP21, que pueden leer a continuación:

Pero lo que a mí me ha llamado profundamente la atención son dos artículos relacionados con las soluciones alternativas propuestas, considerando que nadie realmente pretende dejar de consumir petróleo. Estas soluciones por supuesto constituyen “buenos negocios” para ciertas empresas, pero son extremadamente peligrosas para el planeta y la especie humana.

Un artículo de Silvia Ribeiro de ETC que es un grupo que monitorea “el impacto de las tecnologías emergentes y de las estrategias de las corporaciones sobre la biodiversidad y los derechos humanos”, y que pueden leer en español enhttp://piensachile.com/2015/12/25610/ trata de una solución de la Geo Ingeniería,que más que solución es un buen negocio.

El otro artículo, extraído de Piensachile que exponemos a continuación, es la solución propuesta por la Bio Ingeniería, en que los nuevos Aprendices de Brujos están dispuestos a meter mano hasta en los procesos de fotosíntesis de las plantas y bacterias.

Estamos con los transgénicos y con los plaguicidas cancerígenos hasta el copete. La OMS hace sus llamados de atención sobre los plaguicidas cancerígenos y los transgénicos cancerígenos y ni los gobiernos y menos el retail le hacen caso, con el silencio cómplice de los medios de comunicación.

Supongo que no es esto lo que quería el Papa Francisco.



Pasándose de listos con la naturaleza


Publicado el 13 diciembre, 2015 , en Agua y Alimentos, Medioambiente

Agricultura climáticamente inteligente y biología sintética

9 de diciembre de 2015.
Algunas de las corporaciones agroindustriales más grandes del mundo ondearán la bandera de la “agricultura climáticamente inteligente” en la Cumbre sobre Cambio Climático. Aseguran que sus cultivos de alta tecnología para la agricultura industrial son necesarios para rescatar a los agricultores (y a quienes padecen hambre) de un mundo caliente. Un argumento ampliamente desacreditado entre los movimientos campesinos y grupos de la sociedad civil. Un informe nuevo del Grupo ETC –Grupo de Acción sobreErosión, Tecnología y Concentración– y la Fundación Heinrich Böll descubre los planes para usar herramientas de biotecnología extrema, es decir, del campo de la biología sintética, para empujar su agenda “climáticamente inteligente”. Las extremas intervenciones propuestas por la biología sintética van desde la alteración de la fotosíntesis hasta la liberación de herramientas de edición genética “conductores genéticos” para modificar poblaciones enteras de hierbas.

La biología sintética describe un conjunto de nuevas técnicas de ingeniería genética y a una industria joven muy promocionada que se dedica a diseñar formas de vida desde cero para propósitos industriales. Hasta ahora la mayoría de los productos comerciales de la biología sintética han sido combustibles, saborizantes y compuestos químicos producidos mediante microbios modificados, pero el campo se expande rápidamente hacia cultivos bio-diseñados y otras aplicaciones agrícolas que se planea liberar en el ambiente. Este informe detalla algunas de las formas en las cuales los biólogos en este ramo se sumergen en áreas de investigación cada vez más riesgosas, y lo que se deja ver es que se trata de productos que reforzarán la dependencia de los agricultores a la producción intensiva mediante plaguicidas, solo que como son de alta tecnología se les presenta con la retórica de la “agricultura climáticamente inteligente” como justificación.

Los movimientos de agricultores y sus aliados ya dejaron muy en claro que la llamada agricultura climáticamente inteligente es un remedio técnico equivocado para el cambio climático. Aplicar la biología sintética a los retos que enfrenta la agricultura es doblemente equívoco, explica Silvia Ribeiro, Directora para América Latina del Grupo ETC, actualmente en las negociaciones sobre el clima en París. “Lo que se necesita para enfriar el clima es que se reconozcan y se apoyen las agriculturas en pequeña escala, agroecológicas y los sistemas campesinos de producción, en vez de caer las falsas soluciones que provienen de las grandes corporaciones de agro-negocios que ocasionaron el cambio climático en primer lugar.”

“En París la sociedad civil insiste en que necesitamos un cambio de sistema para arreglar el clima.”

“Lo que con toda certeza no necesitamos son los remedios técnicos riesgosos” afirmó Lili Fuhr de la Fundación Heinrich Böll. Las corporaciones de los agro-negocios nos harán creer que es mejor cambiar procesos naturales fundamentales, como la fotosíntesis, que alejarnos de la agricultura industrial y sus impactos dañinos, lo cual no solamente es una locura, sino que es fundamentalmente insostenible e injusto.”

El informe, de 20 páginas, incluye:
-Un vistazo de las empresas que se presentan como “climáticamente inteligentes” y que son parte de la Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente (GACSA, por sus siglas en inglés).
-Detalles y análisis de proyectos de investigación púbicos o privados para alterar la fotosíntesis en plantas y microbios, teóricamente para aumentar la captura de carbono en las plantas.
-Detalles y análisis de proyectos de biología sintética que buscan aumentar la fijación del nitrógeno en las plantas y crear “plantas auto-fertilizantes”, teóricamente para reducir las aplicaciones de fertilizantes.
-Información sobre las nuevas aplicaciones de biología sintética desarrolladas por la corporación de agroquímicos Syngenta, que pretende controlar la activación de los rasgos con “tolerancia al estrés climático” con la aplicación de plaguicidas patentados, lo cual profundizará la dependencia de los agricultores al uso de agroquímicos.
-Propuestas para la liberación de los controvertidos “conductores genéticos”, para que las poblaciones de hierbas consideradas malezas se vuelvan más susceptibles al herbicida Round Up Ready de Monsanto, alterando los ecosistemas para extender la viabilidad comercial de ese agroquímico.

Descargue el texto o consúltelo en línea:

También en colaboración con la Fundación Böll, el Grupo ETC realizó una animación de 10 minutos explicando la biología sintética, ¿Qué es la biología sintética? Diseñando la vida y los sustentos en laboratorio. Dibujado por la premiada cineasta canadiense Marie-Josée Saint-Pierre y producido por la documentalista Jocelyne Clarke, se encuentra ya disponible en español, francés, portugués, alemán y creole de Haití. Las nuevas versiones en estos idiomas pueden verse en:

Más información:
Lili Fuhr – Heinrich Böll Stiftung, Berlin (Alemania). Correo: fuhr@boell.de
Silvia Ribeiro – ETC Group, Mexico. Correo: silvia@etcgroup.org
Pat Mooney – ETC Group. Correo: mooney@etcgroup.org Tel: +1 613 240-0045
Jim Thomas – ETC Group, Montreal (Canada).

Correo: jim@etcgroup.org Tel: +1 819 322-5627

Fuente: Atrio

lunes, 7 de diciembre de 2015

Una vida para la paz.


Juan José Tamayo

Publicado en El País, el 5-12-2015

Con la muerte de Fátima Mernissi dejaremos de oír la voz de una de las intelectuales más autorizadas de nuestro tiempo, que tendió puentes entre el mundo árabe y Occidente, trabajó por el diálogo intercultural, interreligioso e interdisciplinar, ayudó a las mujeres musulmanas a despertar de su multisecular estado de postración y transitó por caminos de paz.

En 2003 compartió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras con la escritora e intelectual altermundialista Susan Sontag. Se me quedó grabado en la memoria su discurso, de fuerte carga simbólica, sobre dos figuras emblemáticas, que, en su opinión, representan dos modelos de civilización: Simbad, personaje de Las mil y una noches, y el cowboy, personaje de las películas del Oeste norteamericano. El primero simboliza una civilización de viajeros-comerciantes, que ve en el extranjero a una persona con la que comunicarse y mantener relaciones de camaradería y por quien sentir cariño. Cowboy, por el contrario, adopta una actitud violenta y pendenciera frente al extranjero, a quien, apuntándolo con el revólver, amenaza con matarlo si no se aleja de su territorio. Cowboy y Simbad representan los dos sentimientos hacia los extranjeros: de acogida o de rechazo, que no proceden de nuestras respectivas culturas, sino de las elites gobernantes. ¿Cuál de los dos modelos triunfará? Mernissi imagina que el de “una globalización en la que los Estados faciliten a los ciudadanos el conocimiento de las técnicas de la comunicación y el arte de la navegación y del viaje”.

Su compromiso por la liberación de las mujeres le lleva a preguntarse: “¿Por qué los Estados árabes son tan hostiles a las mujeres? ¿Por qué no nos pueden ver como fuerza motriz de progreso? ¿Por qué ponen tanto empeño en humillarnos? ¿Por qué siempre nos vuelven a rechazar y a excluir, a pesar del esfuerzo que realizamos para educarnos, ser productivas y útiles?”.

La intelectual marroquí recurre a la historia para mostrar que, desde el principio del islam, hubo mujeres que se negaron a someterse a los varones y constituyeron un peligro para el poder. No reconocían la autoridad del marido sobre la esposa, ni aceptaban el derecho al repudio, ni la poligamia. Y pone como ejemplo de dicha actitud rebelde a Sakina Bint al-Hussein (671-735), nieta del Profeta Mahoma, que en el contrato matrimonial impuso una serie de condiciones que ratificaban su independencia e insumisión. Se opuso a que el marido se casara con otra mujer, más aún, que se acercara a otra mujer, aunque fuera su jariya “legal”; le exigía aceptar que ella fuera a vivir con su amiga Umm Manshuz siempre que ese fuera su deseo. Se divorció de su esposo precisamente por haberle sorprendido in fraganti con una de sus “legítimas”jariya.

La conclusión de Mernissi no deja lugar a dudas: “Las mujeres tienen que luchar con todas sus fuerzas contra la feminidad como símbolo de entrega, si quieren cambiar el significado de feminidad a energía, iniciativa y crítica constructiva”. Ese es el desafío que tienen delante las mujeres musulmanas. Su rebelión constituye una amenaza en toda regla contra el poder patriarcal de los dirigentes políticos árabes, que siguen utilizando a las mujeres en función de sus intereses y no de la emancipación de la ciudadanía.

Mernissi recuerda a su abuela, analfabeta y gran contadora de fábulas, para mostrar los diferentes mensajes sobre las mujeres que transmiten las leyes musulmanas y las fábulas. “Si las leyes musulmanas otorgan a los hombres el derecho a dominar a las mujeres —afirma—, en las fábulas orales parece que sucede justo lo contrario”. La legislación islámica impone sumisión a las mujeres; las fábulas subrayan su carácter subversivo. La propia Mernissi cultivó el género literario fabulador y recuperó tradiciones orales que devuelven a las mujeres su espíritu rebelde y su liberación de todo poder.

En adelante no escucharemos su voz, pero seguiremos disfrutando con la lectura de sus investigaciones, historias y fábulas, tejidas de imaginación y realidad, con la mirada puesta en la utopía de la paz en un mundo fraterno-sororal.

Fuente: Atrio

lunes, 30 de noviembre de 2015

Ética de la paz, ¿un bien devaluado?


Antonio Gil de Zúñiga

“Si quieres la paz, prepara la guerra” es el dicho romano que en latín suena de este modo, “si vis pacem, para bellum”. Esta máxima ha sido y es el eje cartesiano de la historia, tanto individual como colectiva; civil y religiosa; como si el “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre) fuese irremediablemente inevitable. Pero habría que cambiarlo radicalmente por “si quieres la paz, prepara la paz”.

Es lo que Jesús de Nazaret pretendió al romper esta dinámica belicista y de violencia con aquello de “dichosos los mansos…; dichosos los que buscan la paz (Mt. 5,4.9); “amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian” (Lc. 6,27-28). A partir de la II guerra mundial hay una necesidad imperiosa de buscar la paz entre los pueblos (en España, en la dictadura franquista, resuenan aquellos 25 años de paz totalmente ficticios, porque si no hay libertad no puede haber paz) y nace la ONU, octubre de 1945, como órgano mundial de mediación y arbitraje entre los posibles conflictos. Con la guerra de Vietnam (1959-1975) el movimiento ciudadano por la paz se hace más intenso y la paz es un valor mundial en alza. Y se plasma con aquel eslogan “Haz el amor y no la guerra”. Otro tanto ocurre con la llamada “guerra del Golfo” (1990-1991) o la de Irak en el 2003 con la foto de las Azores (Bush, Aznar y Blair) y las supuestas armas de destrucción masiva de Saddam Hussein como trasfondo; de nuevo la paz recobra su valor como sentimiento colectivo y global, necesario y urgente. Pero los conflictos bélicos se suceden día tras día y las acciones terroristas, como las de los últimos días en el corazón de París, nos advierten de que el deterioro de la paz es progresivo y es una meta lejana.

Ahora bien, este abandono de la ética de la paz tiene unas raíces y no sucede por casualidad. El ser humano vive su existencia en una dialéctica atroz entre el anhelo de paz y el conflicto, la destrucción. De ahí que el camino de la paz es pedregoso y nada fácil. No son suficientes los símbolos de una paloma o una rama de olivo, ni siquiera la ausencia notable de conflictos; tiene otras exigencias tanto individuales como sociales.

No hay paz si no hay armonía en el interior de cada hombre y mujer; o como decían los escolásticos medievales, la recta ratio (recta razón), es decir, un faro interior que nos permita iluminar todos nuestros recovecos, tanto intelectuales como volitivos, en orden a tomar decisiones a favor del bien propio y ajeno, teniendo en cuenta el principio ético de que si es bien para mí (al menos así lo considero) y no lo es también para el otro, entonces pierde su carácter de bondad. Es necesario, pues, tener nuestra casa en armonía, como poetiza san Juan de la Cruz, si queremos irradiar paz a nuestro alrededor. No me imagino al expresidente de Uruguay, José Mújica, declarando la guerra a sus vecinos.

No hay paz si no hay justicia; la justicia viene a ser el humus donde se cultiva la paz, donde se alimenta y crece. La justicia social, sobre todo, nos señala una meta: la igualdad entre los seres humanos y el reparto de los bienes y riquezas; o dicho de otro modo, como hace F. Savater, “considerar los intereses del otro como si fuesen los tuyos y los tuyos como si fuesen del otro”. Este es el núcleo más relevante de las guerras y de los acciones terroristas, sin olvidar las religiones. Al capitalismo feroz de todos los tiempos y, sobre todo, al armamentista, le interesa sólo el beneficio; las muertes y sufrimientos de las acciones bélicas son “daños colaterales”. El capitalismo armamentista maneja a los Estados en beneficio propio, bajo el paraguas de una falsa defensa de la paz y de la democracia. Es evidente que mientras la justicia no sea el territorio de las relaciones humanas y de los pueblos, la paz se alejará cada vez más. El poeta bíblico lo tenía bien claro: “La justicia y la paz se besan”. (Salm 84,11). “Que los montes traigan la paz para el pueblo y los collados la justicia” (Salm 71, 3).

No hay paz sin tolerancia, es decir, la capacidad, y añadiría, la habilidad de eliminar obstáculos y muros inútiles entre los humanos, ya sean políticos, económicos, religiosos. Con más frecuencia de lo deseable tanto los individuos como los gobiernos y jerarcas religiosos (habría que añadir los económicos, aunque la verdad de éstos es bien clara: el beneficio económico) elevan “su” verdad a la categoría de absoluta. Y de ahí a la intransigencia y a la violencia hay un paso. Por eso con acierto escribe E. Schillebeeckx que “ninguna verdad por muy vinculante que sea puede estar en la base de la tiranía y la contienda humanas”. Con permiso de J. Ratzinger (expapa Benedicto XVI) de vez en cuando se tendría que pasar por la ducha del relativismo. Antonio Machado nos dirá: ¿Tu verdad? No, la Verdad,/ y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela”.

No hay paz sin diálogo. La palabra es la que ha de vehicular las relaciones entre hombres y mujeres, entre los diversos pueblos de la tierra. El hombre es el ser “dialógico” por antonomasia. No es necesario acudir a Aristóteles, cuando enseñaba que el ser humano es un animal “político”, sociable; o a M. Heidegger para quien el hombre no es sólo un ser-ahí (Dasein), un ser-arrojado-en-el-mundo, sino que también ónticamente es un ser-con (Mitsein) y, por ello, “la palabra (el lenguaje) es la casa del ser”.

Viene en nuestra ayuda H. Küng en su Proyecto de ética mundial. “No hay paz religiosa sin diálogo entre las religiones”. Esto mismo se puede aplicar a otros campos como el político o el económico, ya que para él es “imposible la paz mundial sin paz religiosa”. Para erradicar los fundamentalismos religiosos, políticos… es necesario e imprescindible “la estrategia del abrazo”, es decir, la paz, en esta caso “religiosa” para H. Küng, se logra “mediante la integración de los otros”. Cuando M. Buber, desde su filosofía “personalista”, explica la relación yo-tú, propone que esta relación implica un estar-dos-en-recíproca-presencia y es donde se realiza el encuentro del “uno” con el “otro”. Tal vez la sublime experiencia de D. Bonhoeffer, ejecutado por los nazis en Flossenburg, le da autoridad para recomendarnos que el diálogo entre religiones e ideologías es un imperativo categórico irrenunciable. No sólo con la acción, sino también con la oración: “La Iglesia sólo puede cantar gregoriano si al mismo tiempo clama a favor de judíos y comunistas”. Se impone, pues, la máxima ética de que el conflicto debe resolverse por y mediante el diálogo. La violencia, aunque sea la partera de la historia para K. Marx, no soluciona el problema, lo enquista, y es un camino sin salida a ninguna parte.

Cuando mi nieta tenía seis años me enseñó una canción que entonaban con voces infantiles en su colegio público Gandhi: “Ser amigo es mejor/ que andar peleando/ sin razón./ Si hay motivo para pelear,/ manos al bolsillo,/ hay que hablar”.

Fuente: Atrio

lunes, 23 de noviembre de 2015

Occidente ha escogido el peor camino: la guerra.


Leonardo Boff

Ciertamente son abominables y totalmente rechazables los atentados terroristas perpetrados el último 13 de noviembre en París por grupos terroristas de extracción islámica. Tales hechos nefastos no caen del cielo. Poseen una prehistoria de rabia, humillación y deseo de venganza.

Estudios académicos realizados en Estados Unidos han evidenciado que las continuadas intervenciones militares de Occidente con su geopolítica para la región y a fin de garantizar el abastecimiento de sangre del sistema mundial que es el petróleo, rico en el Medio Oriente, acrecentadas por el hecho del apoyo irrestricto dado por Estados Unidos al Estado de Israel con su notoria violencia brutal contra los palestinos, constituyen la principal motivación del terrorismo islámico contra Occidente y contra Estados Unidos (véase la vasta literatura firmada por Robert Barrowes: Terrorism: Ultimate Weapon of the Global Elite en su sitio: www.WarisaCrime.org ).

La respuesta que Occidente ha dado, comenzando con George W. Bush, retomada ahora vigorosamente por François Hollande y sus aliados europeos más Rusia y Estados Unidos es el camino de la guerra implacable contra el terrorismo, ya sea interno en Europa o externo contra el Estado Islámico en Siria y en Iraq. Pero este es el peor de los caminos, como criticó Edgar Morin, pues las guerras no se combaten con otras guerras ni con el fundamentalismo (el de la cultura occidental que se presume ser la mejor del mundo, con el derecho a ser impuesta a todos). La respuesta de la guerra, que probablemente será interminable por la dificultad de derrotar el fundamentalismo o a los grupos que deciden hacer de sus propios cuerpos bombas de alta destrucción, se inscribe todavía en el viejo paradigma de pre-globalización, paradigma enclaustrado en los estados-naciones, sin darse cuenta de que la historia ha cambiado y ha vuelto colectivo el destino de la especie humana y de la vida sobre el planeta Tierra. El camino de la guerra no ha traído nunca la paz, a lo máximo alguna pacificación, dejando un lastre macabro de rabia y de voluntad de venganza por parte de los derrotados que nunca, a decir verdad, serán totalmente vencidos.

El paradigma viejo respondía a la guerra con guerra. El nuevo, de la fase planetaria de la Tierra y de la humanidad, responde con el paradigma de la comprensión, de la hospitalidad de todos con todos, del diálogo sin barreras, de los intercambios sin fronteras, del gana-gana y de las alianzas entre todos. En caso contrario, al generalizar las guerras cada vez más destructivas, podremos poner fin a nuestra especie o volver inhabitable la Casa Común.

¿Quien nos garantiza que los terroristas actuales no se apropien de tecnologías sofisticadas y empiecen a usar armas químicas y biológicas que, por ejemplo, colocadas en los depósitos de agua de una gran ciudad, acaben produciendo una destrucción sin precedentes de vidas humanas? Sabemos que se están preparando para montar ataques cibernéticos y telemáticos que pueden afectar a todo el servicio de energía de una gran ciudad, los hospitales, las escuelas, los aeropuertos y los servicios públicos. La opción por la guerra puede llevar a estos extremos, todos posibles.

Debemos tomar en serio las advertencias de sabios como como Eric Hobswbam al concluir su conocido libro La era de los extremos: el breve siglo XX (1995:562): «El mundo corre el riesgo de explosión e implosión; tiene que cambiar… la alternativa al cambio es la oscuridad». O la del eminente historiador Arnold Toynbee, que después de escribir diez tomos sobre las grandes civilizaciones históricas, en su ensayo autobiográficoExperiencias (1969:422) nos dice: «Viví para ver el fin de la historia humana tornarse una posibilidad intrahistórica, capaz de ser traducida en hechos, no por un acto de Dios sino del propio hombre».

Occidente ha optado por la guerra sin tregua. Pero nunca más tendrá paz y vivirá lleno de miedo y rehén de posibles atentados que son la venganza de los islámicos. Ojalá no se haga realidad el escenario descrito por Jacques Attali en Una breve historia del futuro (2008): guerras regionales cada vez más destructivas hasta el punto de amenazar a la especie humana. Entonces la humanidad, para sobrevivir, pensará en una gobernanza global con una hiperdemocracia planetaria.

Lo que se impone, así nos parece, es reconocer la existencia de hecho de un Estado Islámico y luego formar una coalición pluralista de naciones y de medios diplomáticos y de paz para crear las condiciones de un diálogo para pensar el destino común de la Tierra y de la humanidad.

Temo que la arrogancia típica de Occidente, con su visión imperial al juzgarse mejor en todo, no acoja este camino pacificador y prefiera la guerra. En ese caso, vuelve a tener significado la sentencia profética de M. Heidegger, conocida después de su muerte: «Nur noch ein Gott kann uns retten: entonces solo un Dios puede salvarnos».

No debemos esperar ingenuamente la intervención divina, pues nuestro destino está bajo nuestra responsabilidad. Seremos lo que decidamos: una especie que prefirió autoexterminarse antes que renunciar a su voluntad absurda de poder sobre todos y sobre todo o bien forjamos las bases para una paz perpetua (Kant) que nos conceda vivir diferentes y unidos en la misma Casa Común.

Fuente: Atrio

domingo, 22 de noviembre de 2015

Transformar en sufrimiento personal lo que sucede en el mundo.


Leonardo Boff

Actualmente hay una fructífera discusión filosófica, también entre nosotros con Muniz Sodré (Las estrategias sensibles, 2006) y FJ Duarte (El sentido de los sentidos, 2004), para rescatar la razón sensible como un enriquecimiento imprescindible de la razón intelectual. Esto es necesario, ya que es a través de ella como nos comprometemos afectiva y efectivamente a salvaguardar la vida en el planeta y a la humanización de las relaciones sociales. De modo coincidente el Papa Francisco en este punto de su encíclica sobre el cuidado de la Casa Común (2015) nos aporta una valiosa contribución.

Él analiza con espíritu científico y crítico de lo que está pasando con nuestra Casa (nn.17-61). Luego advierte que, en una perspectiva de la ecología integral que es el tema fundamental de su texto, estas categorías son insuficientes (n.11). Tenemos que abrirnos «a la admiración y al encanto… y hablar el idioma de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo» (n.11). Por lo tanto, no podemos restringir la ecología ambiental, ya que esta atiende solo a la relación del hombre con la naturaleza, olvidando que es parte ella. Esta relación unilateral es el vicio de antropocentrismo, criticado en su texto (nn.115-121).

Sucede que el ser humano tiene dimensiones sociales, políticas, culturales y espirituales sobre las que hay poca preocupación y reflexión débil, lo que hace que sea difícil encontrar una solución consistente a la grave crisis que azota a la Casa Común.

Considerando la amplitud de estas dimensiones, debemos ir más allá de un análisis puramente técnico y científico. Debemos, más bien, utilizar la investigación científica indispensable, pero «dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual derivados» (n.15). Además «debemos atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo» (n.19).

El Papa Francisco es consciente de que detrás de las estadísticas hay un mar de sufrimiento humano y muchas heridas en el cuerpo de la Madre Tierra. Como somos parte de la naturaleza y todo está interrelacionado (tema siempre recurrente en la encíclica, nn 70, 91,117, 120, 138, 139, etc.) y nunca estamos fuera de esa «red de relaciones» (n.240) que nos envuelve a todos, participamos de los dolores de la crisis ecológica. Llega a advertir que «las previsiones de catástrofes ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía… el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones» (n.161).

Pero el Papa no se siente intimidado por este escenario. Da un voto de confianza al ser humano, en su creatividad y su capacidad de regenerarse y de regenerar la Tierra (n. 205) y mucho más confía en el Dios que, en palabras de la tradición judeocristiana “es el soberano amante de la vida” (Sb 11, 24 y 26: nn 77, 89). Él no permitirá que nos hundamos totalmente (n.163). Aún vamos a hacer una «conversión ecológica» (n. 217) e introduciremos la «cultura del cuidado que impregnará toda la sociedad» (n.231).

De esto nacerá un nuevo estilo de vida (alternativa repetida 35 veces en la encíclica), basado en la cooperación, la solidaridad, la sencillez voluntaria y la sobriedad compartida que implicará una nueva forma de producir y consumir, y en última instancia, nos dará la «conciencia amorosa de no estar separados de las demás criaturas, de formar con otros seres del universo una estupenda comunión universal» (n.220).

Como se puede ver, aquí ya no se habla solamente de inteligencia intelectual, de inteligencia técnica y científica, sino de inteligencia emocional y cordial, como lo he detallado en mis dos libros Saber Cuidar y El cuidado necesario. El Papa en sus palabras de afecto y cariño hacia todos, especialmente hacia los pobres y los más vulnerables, da un claro ejemplo de este tipo de inteligencia tan urgente y necesaria para superar la profunda crisis que abarca todos los ámbitos de la vida.

En razón de esta inteligencia emocional nos pide «escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (49). Las agresiones sistemáticas, realizadas en los dos últimos siglos, «provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo» (n.53). Por eso es importante «cuidar de la creación… y tratar con cuidado a los demás seres vivos» (n. 211) porque cada uno tiene un valor intrínseco, independiente del uso humano (n.69) y, a su manera, alaban al Creador (n.33). Llega a decir que debemos «alimentar una pasión por el cuidado» de todo lo que existe y vive.

Hace hincapié en el hecho de que «nosotros estamos unidos a todos los seres del universo por lazos invisibles y formamos una especie de familia universal, una comunión sublime que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (n. 89).

Sólo quien ha desarrollado en alto grado la inteligencia sensible o cordial podría escribir: «Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n. 92).

Tales sentimientos y actitudes son una petición general hoy en día, para evitar las tragedias ecológicas y sociales que ya se anuncian en el horizonte de nuestro tiempo.

*Leonardo Boff, columnista del JB online.

Traducción: María José Gavito

Fuente: Atrio

domingo, 8 de noviembre de 2015

¡He encontrado oro!


Luis Troyano

Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban.”

Haya dicho estas palabras quien las haya dicho. Están muy puestas en razón. Si señor.

¡Como perseguimos el oro!. Y este oro según el Buda es una “serpiente venenosa”. El oro brilla, y su brillo nos deslumbra más que si miráramos al Sol. A eso voy. Pero despacio.

Somos luz. Eso hoy se sabe científicamente. Y como somos luz, seres iluminados que nos desconocemos, la luz nos atrae porque nos recarga. Pero el brillo del oro es una luz reflejada de la fuente, del Sol. En definitiva es el brillo que percibe aquel que no levanta los ojos de la Tierra. El que persigue el brillo del oro, persigue sin saberlo la plenitud que da el brillo del Sol. Pero este brillo del Sol, lo ignora, porque como digo, no levanta la vista de la Tierra.

Por más oro que acumule, si no mira hacia arriba, solo tendrá poder terrenal, pero su corazón estará vacio de plenitud. Su interior será como un bosque silvestre donde se enseñorea la maleza. Y con un interior descuidado, creo que nadie puede llegar a la felicidad de la gloria, -en este mundo-. Que a los humanos se nos ha dado poder llegar. Para ello, nuestro interior lo debemos cuidar, para que pase de bosque a jardín Zen.

El Sol. El padre Sol, sabemos también que fecunda la vida en la madre Tierra. El Kosmos es un prodigio de armonía, porque se rige por la ley del amor. Del “gana, gana”. Todo está interrelacionado, y la función de un ser viviente o de algo como un planeta, sirve para la vida y el funcionamiento de lo otro. La ley del amor es kosmica. Pues bien. Del Kosmos nos llega información para nuestra personal vida, como microkosmos que somos. “Como es arriba, es abajo”. Y nos llega a través del Sol. Los códigos que nos transmite el Sol, sirven para nuestro cuerpo-espíritu (Daniel Lumera) y son amorosos porque son kosmicos. Si nos situamos en la negatividad del desamor, entonces nos situamos en la tenebrosa sombra, y nuestra vida la convertimos en un infierno.

Repito que el oro es dorado y brilla. Quien no contempla más que la dimensión horizontal en la Tierra, busca el brillo del oro, como un remedo del brillo del Sol. Y se encuentran que cuando tienen oro, se dan cuenta de que “no es eso, no es eso”, lo que buscaba. Porque lo único que nos llena y nos hace felices, es el brillo del Sol. Que nos armoniza con el amoroso Kosmos, que nos llena a rebosar el corazón, de suprema dicha y supremo conocimiento…

Así, quien descubre el brillo del Sol. Descubre una sublime “mina de oro”, que hace al metal oro, algo mezquino que no merece luchar por conseguirlo. Porque teniendo el brillo del Sol en nuestro corazón. Sintiendo nuestro pecho, como un horno. Además de conocer la más satisfactoria e intima dicha, conoceremos la abundancia, sin buscarla.

“Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”

Algo así, dice un controvertido libro antiguo….

Buscad primero el oro del Sol, e indirectamente se os dará el oro de la Tierra también. Conoceremos la abundancia, con el oro solar. Pero abundancia ¿para qué?

Cuando alguien está lleno a rebosar, que tiene más de lo que necesita de algo. Si es una persona de corazón sano. Reparte. Si lo que tiene es sabiduría, reparte. Si lo que tiene es oro de la Tierra. Reparte. Reparte siempre de aquello le sobra. Y hay quien llega a repartir de aquello que no le sobra.

No en vano dice el controvertido libro mencionado:

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de los cielos”

Aquel que primero ha buscado el reino de los cielos, y lo ha encontrado, muy posiblemente goce de la abundancia material. Y si ha encontrado el reino de los cielos, ha encontrado la sabiduría, sobre todo. Y no hay sabiduría sin compasión hacia el mundo que se retuerce de sufrimiento y dolor. Luego repartirá de lo que tiene, hasta hacerse un igual entre los iguales. No le faltará para su vida, porque “Dios provee”. Dara y al mismo tiempo le llegará de la mano de Dios. Y su dicha será eso, el dar.

¿Hemos de ser pobres? No. Pienso que hemos de ser sabios. Pero tal como digo, el que conoce la faz de Dios, da espontáneamente, porque le sale de sus adentros. Que dará de lo que tiene, y recibirá oro de la Tierra, porque conoce el oro solar.

¿De qué nos sirve, nadar en la abundancia material. Y seguir sintiendo el mismo vacio de la ausencia del oro solar, de Dios. En nuestro corazón? Sin la compasión que nos hace dar, estaríamos extraviados, y expuestos a la infelicidad, porque viviríamos desconociendo las coordenadas del Kosmos. Sería como conducir un automóvil, sin saber las normas de circulación.

Digo muy seriamente, que el Sol, nos puede sanar integralmente el cuerpo-espíritu. Que existen técnicas de sanación, actuales, a partir de técnicas milenarias. (Una técnica es simplemente exponerse al Sol con moderación en las horas seguras y adecuadas, y sin cremas…). Y digo que “buscar el brillo del oro solar”, es una metáfora. Pero, de verdad que el Sol, nos armoniza con el Kosmos. Esto muchos lo saben, y cualquiera lo puede intuir.

He encontrado oro. He encontrado el oro solar…

El Sol, nos da la vida. Sin él no podríamos vivir. Cuando nos falta enfermamos.



Luís Troyano Cobo

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Fuente: Atrio
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domingo, 25 de octubre de 2015

Cuidar y respetar el valor intrínseco de cada ser.


Leonardo Boff

La espléndida encíclica del Papa Francisco “sobre el cuidado de la Casa Común” insiste continuamente que cada ser, por menor que sea, posee valor intrínseco y tiene algo que decirnos, además de estar siempre interconectado con todos los demás seres. Por eso merece respeto y cuidado de nuestra parte.

Estos pensamientos nos remiten al pensador que mejo r pensó en Occidente un ilimitado respeto por todo lo que existe y vive: el médico suizo Albert Schweitzer(1875-1965). Era oriundo de Alsacia. Desde pequeño presentó traços de genialidad. Se hizo un famoso exegeta bíblico con un vasta obra especialmente sobre cuestiones ligadas a la posibilidad o no de hacer una biografía científica de Jesús. Era también un eximio organista y concertista de las obras de Bach y compositor. Fue grande mi emoción cuando visité su casa y el órgano que tocaba en Kaysersberg.

Y como consecuencia de sus estudios sobre el mensaje de Jesús, especialmente del Sermón de la Montaña, centrado en el pobre y oprimido, resolvió abandonar todo y estudiar medicina. En 1913 se fue a África como médico en Lambarene, en el actual Gabón, exactamente a aquellas regiones que fueron dominadas y explotadas furiosamente por los colonizadores europeos. Dice explícitamente en una de sus cartas, que «lo que necesitamos no es enviar allí misioneros para convertir a los africanos, sino personas dispuestas a hacer para los pobres aquello que hay que hacer, si es que el Sermón de la Montaña y las palabras de Jesús tienen aún valor. Si el Cristianismo no hace eso, perdió su sentido».

Y continúa: «después de haber pensado mucho, me quedó claro esto: mi vida no es ni la ciencia ni el arte, sino hacerme un simple ser humano que, en el espíritu de Jesús, hace alguna cosa, por pequeña» (A. Schweitzer, Wie wir überleben können, 1994 p. 25-26).

En su hospital en el interior de la selva tropical, entre la atención a los pacientes tenía tiempo para reflexionar sobre los destinos de la cultura y de la humanidad. Consideraba la falta de una ética humanitaria como la mayr crisis de la cultura moderna. Dedicó años al estudio de las cuestiones éticas que adquirieron cuerpo en varios libros, el principal de ellos El respeto ante la vida (Ehrfurcht vor dem LebenI edición de 1996).

Todo en su ética gira alrededor del respeto, de la veneración, de la compasión, de la responsabilidad y del cuidado con todos los seres, especialmente, con aquellos que más sufren.

Punto de partida para Schweitzer es el dado primario de nuestra existencia, la voluntad de vivir que se expresa: «Yo soy vida que quiere vivir en medio de vidas que quieren vivir» (Wie wir überleben können: 73). A la vountad de poder (Wille zur Macht) de Nietzsche, Schweitzer contrapone la voluntad de vivir (Wille zum Leben). Y continúa: «La idea-clave del bien consiste en conservar la vida, desarrollarla y elevarla a su máximo valor; el mal consiste en destruir la vida, perjudicarla e impedirla desarrollarse. Este es el principio necesario, universal y absoluto de la ética» (op. cit. p. 52 y 73).

Para Schweitzer, las éticas vigentes son incompletas porque tratan solamente de los comportamientos de los seres humanos ante otros seres humanos y se olvidan de incluir todas las formas de vida que se nos presentan. El Papa en su encíclica hace una rigurosa crítica a este antropocentrismo (nn. 115-121). El respeto que debemos a la vida “engloba todo lo que significa amor, donación, compasión, solidaridad y compartir» (op. cit. 53).

En una palabra: «la ética es la responsabilidad ilimitada por todo lo que existe y vive» (Wie wir überleben, p. 52 e Was sollen wir tun p. 29).

Como nuestra vida es vida con otras vidas, la ética del respeto a la vida deberá ser siempre un con-vivir y un con-sufrir (miterleben und miterleiden) con los otros. En un formulación sucinta afirma: «Tú debes vivir conviviendo y conservando la vida, este es el mayor de los mandamientos en su forma más elemental» (Was sollen wir tun?.op. cit. p. 26).

De ahí derivan comportamientos de gran compasión y cuidado. Interpelando a cada oyente en una homilía decía: «Mantén los ojos abiertos para no perder la ocasión de ser un salvador. No pases de largo, inconsciente del pequeño insecto que se debate en el agua y corre peligro de ahogarse. Busca un palito y sácalo del agua, sécale las alitas y experimenta la maravilla de haber salvado una vida y la felicidad de haber obrado a cargo y en nombre del Todopoderoso. La lombriz perdida en la calle dura y seca y que no puede hacer su agujero, quítala de allí y ponla en medio de la hierba. ‘Lo que hayáis hecho a uno de estos más pequeños, a mi me lo hicisteis’. Estas palabras de Jesús no valen solamente para nosotros los humanos sino también para las más pequeñas criaturas». Was sollen wir tun, op.cit. p. 55).

La ética del respeto y del cuidado de Albert Schweitzer une inteligencia emocional, cordial e inteligencia racional, en un esfuerzo de hacer la ética un camino de salvaguarda de todas las cosas y de rescate del valor que ellas poseen en sí mismas. El mayor enemigo de esta ética es el embotamiento de la sensibilidad, la inconsciencia y la ignorancia que pierden de vista el don de la existencia de vista y la excelencia de la vida en todas sus formas.

El ser humano está llamado a ser el guardián de cada ser vivo. Al realizar esta misión alcanza el mayor grado de su humanidad. Y se sentirá perteneciendo a un Todo mayor, superando la falta de enraizamiento y la soledad de los hijos de la modernidad.

Leonardo Boff es columnista del JB online.

Traducción de MJ Gavito Milano

Fuente: Atrio
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lunes, 19 de octubre de 2015

Francisco de Asís: el prototipo occidental de la razón cordial.



Equipo Atrio

Entrevista a Leonardo Boff

Esta entrevista salió en la entrevista online del IHU-Instituto Humanista Unisinos de los jesuitas brasileños el 4/10/2015. Fue hecha por João Vitor Santos y Patricia Fachin. Atrio, para quien Boff y San Francisco son referencias importantes para situarse personalmente en el complejo mundo de hoy, no duda en publicarla para quien le interese, aunque últimamente parezca que insistimos mucho en el mismo tema (Arregi nos hablaba hace una semana de las Florecillas). El que quiere lo toma y el que no lo deja, como las lentejas.

“Francisco ponía su corazón en todas las cosas, por eso las amaba y se sentía unido a ellas como miembros de una gran familia terrenal y cósmica”, afirma el teólogo.


IHU Online – ¿Quién fue Francisco de Asís? ¿Cómo entenderlo en su complejidad que va de la ternura al vigor?

Leonardo Boff – Aunque haya vivido hace más de 800 años, él es nuevo; nosotros somos viejos, pues él consiguió lo que nosotros difícilmente alcanzamos: relacionarnos con todas las cosas, incluso con las más adversas como la muerte, llamándolas con el dulce nombre de hermanos y hermanas. Así consiguió una reconciliación, como si fuese un habitante del paraíso terrenal. Con razón el gran historiador Arnold Toynbee dijo en su última entrevista: «Francisco, el mayor de los hombres que han vivido en Occidente, debe ser imitado por todos nosotros, pues su actitud es la única que puede salvar la Tierra y no la de su padre, el mercader Bernardone».

El filósofo Max Scheler en su conocido libro Esencia y Formas de la Simpatía afirmaba: «San Francisco es el prototipo occidental de la razón cordial y emocional, cosa que posteriormente fue relegada al margen». Ella nos hace sensibles a la pasión de los que sufren y a los gritos de la Tierra devastada por la voracidad industrialista actual.

IHU Online – Usted dice que el contacto con Francisco de Asís provoca una crisis profunda. ¿Qué tipo de crisis es esa?

Leonardo Boff – San Francisco nos hace descubrir nuestro distanciamiento de la naturaleza, como si no fuésemos parte de ella, sino sus dueños y señores. Esa actitud está en la raíz de la crisis ecológica actual, pues se funda en la falta de pertenencia, en la ausencia de cuidado y de amor para con todas las cosas, pues ellas tienen un valor intrínseco en sí mismas. Comparar lo que somos y hacemos con lo que hacía y era San Francisco nos crea mala conciencia y nos introduce en una crisis purificadora, pues nos invita a cambiar nuestro estilo de vida.

IHU Online – ¿Cómo entender la mística de Francisco de Asís y su relación con el medio ambiente?

Leonardo Boff – San Francisco dio centralidad al corazón. En sus escritos la palabra “corazón” aparece 42 veces frente a una de “inteligencia”; “amor”, 23 veces frente a 12 de “verdad”. Hoy sabemos que en la razón cordial y sensible se encuentra la sensibilidad profunda para con los otros, los valores éticos y la espiritualidad. El corazón le hace sentir al Sol, a la Luna, al agua, al lobo y hasta a la muerte como hermanos y hermanas. Es la actitud que nos exige hoy la crisis ecológica. La razón por sí sola no explica nuestros problemas fundamentales, porque ella solo ve, analiza y calcula. El corazón nos moverá al cuidado, al respeto y al amor a la Madre Tierra.

IHU Online – ¿Cuál era la concepción de Iglesia de Francisco de Asís? ¿Cuales eran los puntos cruciales de divergencia con el clero alto? ¿Con que modelo de Iglesia dialogaba e, incluso, se oponía?

Leonardo Boff – El teólogo Joseph Ratzinger, en uno de sus escritos sobre el sentido de la profecía en la Iglesia, escribió que el “no” de San Francisco al tipo de Iglesia de su tiempo no podía ser más radical. Pero su “no” nunca es verbalizado, nunca hace una crítica abierta al sistema curial, especialmente bajo Inocencio III, el Papa más poderoso de la historia de la Iglesia. Él no habló ni criticó como hicieron los Reformadores del siglo XVI. Él simplemente se dejó orientar por el evangelio, leído sin glosas, es decir, sin comentarios que le quitan la fuerza trasformadora, en su sentido original: vivir siguiendo a Cristo pobre, descubierto en los más pobres de los pobres que son los leprosos, tener extrema ternura y compasión con todos los que sufren dolores y acogiendo jovialmente las más duras adversidades que la pobreza radical le comportaba.

El inauguró una Iglesia en la base, junto con los pobres, predicando por las calles o en las plazas, rezando las horas canónicas debajo de los árboles y teatralizando pasajes bíblicos como hizo con la celebración de Navidad, inventando el pesebre. Quería que sus seguidores fuesen “menores”, categoría social de los sin poder y que no aceptasen ningún cargo eclesiástico. Debían “in plano subsistere”, es decir, mantenerse a ras del suelo,donde todos los anónimos e invisibles, el pueblo en general, se encuentran.

IHU Online – ¿Cuáles son los conceptos-clave, las ideas y concepciones principales de Francisco de Asís? ¿Cómo comprender esos conceptos en nuestros días?

Leonardo Boff – San Francisco no era teólogo. Ni era un clérigo. Olvidamos que era un laico. Solo al final de su vida se dejó ordenar diácono para poder seguir predicando (ya que había un decreto papal que prohibía a los laicos predicar, como hacían antes). Pero con la condición de que a este oficio no le correspondería ningún beneficio. Las virtudes principales que vivía con gran jovialidad era la extrema sencillez, acogiendo a todos tal como eran; después, una gran humildad considerándose a sí mismo como menor y servidor, hermano o fratello de todos; y principalmente vivía una radical pobreza comopoverello.

Pero para él, la pobreza no consistía en no tener sino en la capacidad de dar, y volver a dar, hasta despojarse de todo. Tenía conciencia de que entre las personas se interponen los bienes y los intereses. Desprenderse de tales cosas permitía el encuentro directo e inmediato, ojo a ojo, cuerpo a cuerpo para situarse junto al otro como hermano. Ser radicalmente pobre para poder ser plenamente hermano: este es el sentido de la pobreza franciscana. Y por último, la permanente alegría, como quien se siente continuamente en la palma de la mano de Dios. Se le atribuye este dicho: “tengo poco y lo poco que tengo, lo necesito poco”. Este proyecto de vida, si se viviera hoy, crearía un mundo tierno y fraterno, amigo de la vida, con una sobriedad compartida, con un aura de fraternidad universal entre las personas y con todos los seres de la naturaleza, abrazados como hermanos y hermanas.
«Está dentro de las posibilidades humanas desentrañar un San Francisco escondido dentro de cada uno» 


IHU Online – ¿Cómo pueden ser actualizados esos conceptos para nuestros días en busca de inspiración ante la crisis?

Leonardo Boff – Entre muchas otras cosas, considero fundamental, para que salgamos de la crisis actual, que recuperemos los derechos del corazón. Es decir, que no seamos solo portadores de inteligencia racional, que junto con ella y de forma más profunda, seamos también portadores de inteligencia cordial o sensible. Sentir, como dice el Papa en su encíclica sobre “el cuidado de la Casa Común”, como propios las dolores de la Tierra y los padecimientos de los demás hermanos y hermanas.

Actuar a partir del corazón que ama, que se identifica con el otro, que cultiva la compasión y el cuidado con todas las cosas, como cuidaba San Francisco.

Él sacaba a las babosas de los caminos para que no las pisasen y pedía que hasta las hierbas silvestres tuviesen un rincón reservado en las huertas, porque ellas también merecen vivir y alaban a Dios a su manera. Si en la humanidad tuviésemos estos sentimientos, no necesitaríamos hablar de ecología ni de derechos de las personas y de la naturaleza, pues todo eso sería vivido con total espontaneidad.

IHU Online – ¿Cómo comprenden Bergoglio y Ratzinger la figura de San Francisco de Asís?

Leonardo Boff –Joseph Ratzinger, en su tesis sobre el concepto de historia en San Buenaventura, escribió como introducción al tema una de las más bellas páginas que se han escrito modernamente sobre la figura singular de San Francisco. Creo que los franciscanos todavía no han sabido valorar tales reflexiones.

Bergoglio tomó el nombre de Francisco por la fascinación que ejerció siempre sobre él la figura de este santo especial y por su amor a los pobres y a la naturaleza. En su encíclica, le dedica tres grandes parágrafos (nn.10, 11 12) y explica: «Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado por lo que es frágil y por una ecología integral… su corazón era universal» (n.10). Todo el texto de la encíclica está lleno de corazón, pues lee los datos de la situación de la Tierra afectivamente y no solo intelectualmente. Ese es el modo como San Francisco lee el mundo a partir de un sentimiento profundo de unión.

IHU Online – ¿Cómo comprender la relación entre Francisco y Clara de Asís? ¿Cuál es el papel de Clara en la historia y en la “doctrina” de Francisco?

Leonardo Boff –La relación entre Clara e Francisco es una de las más bellas y puras de la historia del cristianismo. El tenía tres amores: amor a Cristo crucificado, amor a los pobres y amor a la hermana Clara. Era un verdadero amor entre un hombre y una mujer, pero transfigurado por un proyecto común: servir al Crucificado y a los crucificados de la historia. El eros florecía en el ágape sin perder su fascinación y belleza. Entre ellos había afecto y cariño que no escondió durante toda su vida. Clara seguramente lo ayudó a ser tan tierno y amoroso con todas las criaturas.

IHU Online – ¿En qué medida la visión de Francisco de Asís en relación al mundo, a los seres humanos y a la Iglesia dialoga con el pontificado de Bergoglio?

Leonardo Boff – El Papa Francisco ha puesto el evangelio en el centro de su predicación y de sus gestos ejemplares. Fue exactamente eso lo que hizo San Francisco: para él el evangelio era todo, no como mero texto, sino como fuente de inspiración, de humanización, de espiritualización y de identificación con el Jesús histórico, hasta el punto de que los textos originarios afirman que llegó a recibir las llagas de Cristo en su propio Cristo. No sin razón ha sido llamado “el primero después del Único (Jesucristo)” o incluso “el último cristiano”. La sencillez, la bondad, la ternura y la proximidad que elPapa Francisco revela en su vida, traducen bien el espíritu de San Francisco.

IHU Online – ¿Cómo comprender Laudato Si’ desde la perspectiva de Francisco de Asís? ¿De qué forma la idea de Ecología Integral, concepto central de la Encíclica, aparece en el legado de Francisco de Asís?

Leonardo Boff – El propio Papa lo aclara en su encíclica sobre “el cuidado de la Casa Común”, al decir: «la reacción de Francisco era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era

una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe» (n.11). Como decíamos, Francisco ponía corazón en todas las cosas, por eso las amaba y se sentía unido a ellas como miembros de una gran familia terrenal y cósmica.

IHU Online – En su libro San Francisco de Asís, ternura y vigor, la historia del santo tiene cinco aspectos como telón de fondo. ¿Cuáles son y cómo se relacionan? ¿Cómo se actualizan hoy esos aspectos?

Leonardo Boff – Algunos dicen que de todos mis libros (ya casi cien) este es el mejor. Que lo digan los demás, no yo. Pero intenté, al celebrarse los 800 años de su nacimiento, destacar cinco puntos que mostrasen su actualidad para el mundo de hoy.

El primero es «la irrupción de la ternura y de la convivialidad, como mensaje a la cultura actual». Es la tentativa de oponer al paradigma moderno, fundado en el poder como dominación, que tantos males ha traído a las grandes mayorías, el paradigma del cuidado, de la ternura, de la convivialidad con todas las criaturas, no dominándolas, sino estando al pie de ellas, como hermano menor.
«Fue exactamente eso lo que hizo San Francisco: para él el evangelio era todo, no como mero texto, sino como fuente de inspiración, de humanización, de espiritualización y de identificación con el Jesús histórico».


El segundo punto es «la opción por los pobres como mensaje de San Francisco a la sociedad actual». Intenté asumir el propósito de la Iglesia latinoamericana, expresado enMedellín y en Don Helder, que entendió la pobreza no como algo natural y dado, sino como resultado de relaciones injustas entre las personas y sus instituciones. Se hizo la opción preferencial por los pobres, contra la pobreza y a favor de la justicia social. De esta opción nació la teología de la liberación. Don Helder siempre repetía que fue San Francisco el verdadero fundador de esta teología, porque él no tuvo una actitud asistencialista, viviendo para los pobres. Él mismo se hizo pobre, fue a vivir en medio de ellos como pobre, y a partir de ellos leía toda la realidad, también la eclesial. Estimo que esta perspectiva es enormemente actual.

El tercer punto trata «de la liberación por la bondad: una contribución de San Francisco para una liberación integral de los oprimidos». Traté de mostrar su estrategia que era de renuncia total a cualquier tipo de violencia. Procura conversar con todos, hasta con el feroz lobo, y conquistar a las personas por la bondad, convencido de que dentro de cada uno arde la llama divina de la bienquerencia entre todas las personas.

El cuarto punto aborda «cómo San Francisco creó en las bases de la Iglesia de aquel tiempo una iglesia popular y pobre», en la cual prevaleció la fraternidad sobre el poder, la palabra del evangelio sobre las reflexiones teológicas, la celebración de la vida sobre la celebración de simples ritos y la profunda piedad por los actos y los hechos del Jesús histórico, su nacimiento, su cruz, su presencia eucarística.

Como último punto abordo el tema «del proceso de individuación realizado biográficamente por San Francisco». Es decir, cómo de todo lo que le sucedía, la dimensión de sombra y la dimensión de luz, sus decepciones y alegrías, su sufrimiento y muerte, él hacía caminos de crecimiento y de total integración. De ese proceso que combina ternura y vigor, cielo y tierra, vida y muerte irrumpe su irradiación como alguien que realizó su humanidad de un modo ejemplar. Creó un humanismo tierno y fraterno que va más allá del mundo humano y que abarca a toda la naturaleza y al propio universo. Penetró en su Profundidad radical donde se anida Dios con su gracia y su amor.

Haber podido llegar hasta ese punto es más que esfuerzo personal, es principalmente don de Dios. Francisco lo sabía bien, por eso, aunque para nosotros sea un santo ejemplar, se consideraba el mayor pecador del mundo, «pequeñín, pútrido y fétido, mezquino, miserable», como dice en una de sus cartas. Él podía decir eso, pues no había negado sino integrado tales realidades sombrías, propias de nuestra condición humana, en una síntesis superior, repleta de luz, de ternura y de amorización.

IHU Online – ¿Qué humanismo inaugura Francisco y cómo se alínea con los principios cristianos?

Leonardo Boff – Francisco se transformó en un arquetipo, o sea, en una referencia de valor y de ideal humano. Como tal no pertenece ya a los franciscanos ni siquiera a los cristianos. Pertenece a la humanidad. Es una de las figuras de las cuales podemos enorgullecernos y decir: está dentro de las posibilidades humanas descubrir un San Francisco escondido dentro de cada uno. Esa energía amorosa y tierna, escondida en nosotros, nos hace más humanos, más compasivos, más solidarios y más capaces de un amor incondicional. ¿No era eso lo que quería Jesús de Nazaret? Su propósito no era crear una nueva religión, sino suscitar el hombre y la mujer, hechos de amor, de compasión, de entrega a los otros hasta el último sacrificio, siempre con total desapego, con alegre jovialidad y con jovial alegría.

Traducción de MJ Gavito Milano

Fuente: Atrio