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lunes, 23 de noviembre de 2015

Occidente ha escogido el peor camino: la guerra.


Leonardo Boff

Ciertamente son abominables y totalmente rechazables los atentados terroristas perpetrados el último 13 de noviembre en París por grupos terroristas de extracción islámica. Tales hechos nefastos no caen del cielo. Poseen una prehistoria de rabia, humillación y deseo de venganza.

Estudios académicos realizados en Estados Unidos han evidenciado que las continuadas intervenciones militares de Occidente con su geopolítica para la región y a fin de garantizar el abastecimiento de sangre del sistema mundial que es el petróleo, rico en el Medio Oriente, acrecentadas por el hecho del apoyo irrestricto dado por Estados Unidos al Estado de Israel con su notoria violencia brutal contra los palestinos, constituyen la principal motivación del terrorismo islámico contra Occidente y contra Estados Unidos (véase la vasta literatura firmada por Robert Barrowes: Terrorism: Ultimate Weapon of the Global Elite en su sitio: www.WarisaCrime.org ).

La respuesta que Occidente ha dado, comenzando con George W. Bush, retomada ahora vigorosamente por François Hollande y sus aliados europeos más Rusia y Estados Unidos es el camino de la guerra implacable contra el terrorismo, ya sea interno en Europa o externo contra el Estado Islámico en Siria y en Iraq. Pero este es el peor de los caminos, como criticó Edgar Morin, pues las guerras no se combaten con otras guerras ni con el fundamentalismo (el de la cultura occidental que se presume ser la mejor del mundo, con el derecho a ser impuesta a todos). La respuesta de la guerra, que probablemente será interminable por la dificultad de derrotar el fundamentalismo o a los grupos que deciden hacer de sus propios cuerpos bombas de alta destrucción, se inscribe todavía en el viejo paradigma de pre-globalización, paradigma enclaustrado en los estados-naciones, sin darse cuenta de que la historia ha cambiado y ha vuelto colectivo el destino de la especie humana y de la vida sobre el planeta Tierra. El camino de la guerra no ha traído nunca la paz, a lo máximo alguna pacificación, dejando un lastre macabro de rabia y de voluntad de venganza por parte de los derrotados que nunca, a decir verdad, serán totalmente vencidos.

El paradigma viejo respondía a la guerra con guerra. El nuevo, de la fase planetaria de la Tierra y de la humanidad, responde con el paradigma de la comprensión, de la hospitalidad de todos con todos, del diálogo sin barreras, de los intercambios sin fronteras, del gana-gana y de las alianzas entre todos. En caso contrario, al generalizar las guerras cada vez más destructivas, podremos poner fin a nuestra especie o volver inhabitable la Casa Común.

¿Quien nos garantiza que los terroristas actuales no se apropien de tecnologías sofisticadas y empiecen a usar armas químicas y biológicas que, por ejemplo, colocadas en los depósitos de agua de una gran ciudad, acaben produciendo una destrucción sin precedentes de vidas humanas? Sabemos que se están preparando para montar ataques cibernéticos y telemáticos que pueden afectar a todo el servicio de energía de una gran ciudad, los hospitales, las escuelas, los aeropuertos y los servicios públicos. La opción por la guerra puede llevar a estos extremos, todos posibles.

Debemos tomar en serio las advertencias de sabios como como Eric Hobswbam al concluir su conocido libro La era de los extremos: el breve siglo XX (1995:562): «El mundo corre el riesgo de explosión e implosión; tiene que cambiar… la alternativa al cambio es la oscuridad». O la del eminente historiador Arnold Toynbee, que después de escribir diez tomos sobre las grandes civilizaciones históricas, en su ensayo autobiográficoExperiencias (1969:422) nos dice: «Viví para ver el fin de la historia humana tornarse una posibilidad intrahistórica, capaz de ser traducida en hechos, no por un acto de Dios sino del propio hombre».

Occidente ha optado por la guerra sin tregua. Pero nunca más tendrá paz y vivirá lleno de miedo y rehén de posibles atentados que son la venganza de los islámicos. Ojalá no se haga realidad el escenario descrito por Jacques Attali en Una breve historia del futuro (2008): guerras regionales cada vez más destructivas hasta el punto de amenazar a la especie humana. Entonces la humanidad, para sobrevivir, pensará en una gobernanza global con una hiperdemocracia planetaria.

Lo que se impone, así nos parece, es reconocer la existencia de hecho de un Estado Islámico y luego formar una coalición pluralista de naciones y de medios diplomáticos y de paz para crear las condiciones de un diálogo para pensar el destino común de la Tierra y de la humanidad.

Temo que la arrogancia típica de Occidente, con su visión imperial al juzgarse mejor en todo, no acoja este camino pacificador y prefiera la guerra. En ese caso, vuelve a tener significado la sentencia profética de M. Heidegger, conocida después de su muerte: «Nur noch ein Gott kann uns retten: entonces solo un Dios puede salvarnos».

No debemos esperar ingenuamente la intervención divina, pues nuestro destino está bajo nuestra responsabilidad. Seremos lo que decidamos: una especie que prefirió autoexterminarse antes que renunciar a su voluntad absurda de poder sobre todos y sobre todo o bien forjamos las bases para una paz perpetua (Kant) que nos conceda vivir diferentes y unidos en la misma Casa Común.

Fuente: Atrio

miércoles, 10 de agosto de 2011

Bello y esperanzador abrazo de la ciencia con antiguas sabidurías.


Por Julio Monsalvo. Formosa. Argentina.

Cuando nos disponemos a percibir lo que nos transmiten culturas ancestrales, recuperamos el sentido de pertenencia a la Naturaleza, sentido de pertenencia a la Vida misma. Una percepción espiritual.

Asimismo, la ciencia con sus nuevos descubrimientos, al hacernos ver al Universo como una totalidad, también contribuye mediante esta intelección, a que recuperemos el sentido de pertenencia.

El encuentro que se está dando entre la Ciencia y las Antiguas Sabidurías, es un momento muy esperanzador en la Historia de la Humanidad.

Un bello abrazo que dinamiza la recuperación del sentimiento de pertenencia y lo fortalece.

Lo esperanzador está dado por el contexto histórico que nos ha tocado vivir.

Cuando decimos contexto histórico nos estamos refiriendo a las circunstancias sociales, ambientales, políticas y económicas en las cuales transcurre nuestra cotidianeidad.

La cultura occidental, comenzó, no sólo a expandirse por el mundo, sino a imponerse a otras culturas, desde la llamada Era Moderna. Una fecha emblemática que da inicio a esa dominación es 1492.

Imponer sus valores ha sido y es, un acto nefasto para la Humanidad. Valores que son antivalores, tales como individualismo, deseo de tener y acumular, competitividad, y muchos otros, que nos alejan cada vez más del apoyo mutuo, es decir que nos alejan de ser humanos.

Mi convencimiento es que esta desnaturalización de la especie humana se origina cuando emerge una cultura en la que se cree que el ser humano no forma parte de la Naturaleza y que tiene el derecho de ser su dueño, de controlarla, explotarla y, en el mejor de los casos, de “administrarla racionalmente” para su beneficio.

Cada cultura adquiere y produce conocimientos a su manera, es decir que cada cultura tiene su propia ciencia.

La dominación occidental se ha apropiado del término “ciencia”, y a los únicos conocimientos que reconoce como científicos son los que han sido producidos o validados por sus métodos.

No sólo son los únicos que reconoce, sino que los sacraliza. “Si lo dice la ciencia no se discute…”

Esta ciencia ha demostrado ser funcional a la perversidad del sistema capitalista que ha instalado las inequidades, explotando y destruyendo todas las manifestaciones de la vida, a las que considera “recursos” a su disposición, incluyendo como “recursos a explotar” a los propios seres humanos.

Sin embargo, está surgiendo una nueva ciencia, que al asumir que somos Naturaleza, procura comprender los fenómenos naturales, aprender de ellos y así, con otra ética, contribuir a una Civilización de la Vida.

Es esperanzador que desde las propias entrañas de esta ciencia, vayan surgiendo otras concepciones para que los humanos vivamos en armonía con lo que somos, en armonía con la Naturaleza, lo que es vivir en armonía con nosotros mismos.

Hasta la Victoria de la Vida Siempre!! + (PE)

PreNot 9670 110810
Fuente: ECUPRES