Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de noviembre de 2015

Transformar en sufrimiento personal lo que sucede en el mundo.


Leonardo Boff

Actualmente hay una fructífera discusión filosófica, también entre nosotros con Muniz Sodré (Las estrategias sensibles, 2006) y FJ Duarte (El sentido de los sentidos, 2004), para rescatar la razón sensible como un enriquecimiento imprescindible de la razón intelectual. Esto es necesario, ya que es a través de ella como nos comprometemos afectiva y efectivamente a salvaguardar la vida en el planeta y a la humanización de las relaciones sociales. De modo coincidente el Papa Francisco en este punto de su encíclica sobre el cuidado de la Casa Común (2015) nos aporta una valiosa contribución.

Él analiza con espíritu científico y crítico de lo que está pasando con nuestra Casa (nn.17-61). Luego advierte que, en una perspectiva de la ecología integral que es el tema fundamental de su texto, estas categorías son insuficientes (n.11). Tenemos que abrirnos «a la admiración y al encanto… y hablar el idioma de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo» (n.11). Por lo tanto, no podemos restringir la ecología ambiental, ya que esta atiende solo a la relación del hombre con la naturaleza, olvidando que es parte ella. Esta relación unilateral es el vicio de antropocentrismo, criticado en su texto (nn.115-121).

Sucede que el ser humano tiene dimensiones sociales, políticas, culturales y espirituales sobre las que hay poca preocupación y reflexión débil, lo que hace que sea difícil encontrar una solución consistente a la grave crisis que azota a la Casa Común.

Considerando la amplitud de estas dimensiones, debemos ir más allá de un análisis puramente técnico y científico. Debemos, más bien, utilizar la investigación científica indispensable, pero «dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual derivados» (n.15). Además «debemos atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo» (n.19).

El Papa Francisco es consciente de que detrás de las estadísticas hay un mar de sufrimiento humano y muchas heridas en el cuerpo de la Madre Tierra. Como somos parte de la naturaleza y todo está interrelacionado (tema siempre recurrente en la encíclica, nn 70, 91,117, 120, 138, 139, etc.) y nunca estamos fuera de esa «red de relaciones» (n.240) que nos envuelve a todos, participamos de los dolores de la crisis ecológica. Llega a advertir que «las previsiones de catástrofes ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía… el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones» (n.161).

Pero el Papa no se siente intimidado por este escenario. Da un voto de confianza al ser humano, en su creatividad y su capacidad de regenerarse y de regenerar la Tierra (n. 205) y mucho más confía en el Dios que, en palabras de la tradición judeocristiana “es el soberano amante de la vida” (Sb 11, 24 y 26: nn 77, 89). Él no permitirá que nos hundamos totalmente (n.163). Aún vamos a hacer una «conversión ecológica» (n. 217) e introduciremos la «cultura del cuidado que impregnará toda la sociedad» (n.231).

De esto nacerá un nuevo estilo de vida (alternativa repetida 35 veces en la encíclica), basado en la cooperación, la solidaridad, la sencillez voluntaria y la sobriedad compartida que implicará una nueva forma de producir y consumir, y en última instancia, nos dará la «conciencia amorosa de no estar separados de las demás criaturas, de formar con otros seres del universo una estupenda comunión universal» (n.220).

Como se puede ver, aquí ya no se habla solamente de inteligencia intelectual, de inteligencia técnica y científica, sino de inteligencia emocional y cordial, como lo he detallado en mis dos libros Saber Cuidar y El cuidado necesario. El Papa en sus palabras de afecto y cariño hacia todos, especialmente hacia los pobres y los más vulnerables, da un claro ejemplo de este tipo de inteligencia tan urgente y necesaria para superar la profunda crisis que abarca todos los ámbitos de la vida.

En razón de esta inteligencia emocional nos pide «escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (49). Las agresiones sistemáticas, realizadas en los dos últimos siglos, «provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo» (n.53). Por eso es importante «cuidar de la creación… y tratar con cuidado a los demás seres vivos» (n. 211) porque cada uno tiene un valor intrínseco, independiente del uso humano (n.69) y, a su manera, alaban al Creador (n.33). Llega a decir que debemos «alimentar una pasión por el cuidado» de todo lo que existe y vive.

Hace hincapié en el hecho de que «nosotros estamos unidos a todos los seres del universo por lazos invisibles y formamos una especie de familia universal, una comunión sublime que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (n. 89).

Sólo quien ha desarrollado en alto grado la inteligencia sensible o cordial podría escribir: «Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n. 92).

Tales sentimientos y actitudes son una petición general hoy en día, para evitar las tragedias ecológicas y sociales que ya se anuncian en el horizonte de nuestro tiempo.

*Leonardo Boff, columnista del JB online.

Traducción: María José Gavito

Fuente: Atrio

sábado, 21 de noviembre de 2015

No hay gozo sin llanto.


¿Cómo vivimos los cristianos este dolor espiritual por el mundo? ¿Será quizás que no influimos más en la sociedad porque nuestra vida no es como debiera ser?

Si hay algo que se intente evitar hoy por todos los medios es sin duda el dolor. Todo nuestro mundo gira en torno a la idea de que hay que eliminar el sufrimiento y aumentar el placer en esta llamada sociedad del bienestar. Los medios de comunicación social gastan enormes fortunas en hacer reír a la gente, entretenerla y evadirla de cualquier idea que le sugiera sufrimiento, dolor o llanto. Sin embargo, el evangelio dice: Bienaventurados los que lloran. ¿Por qué? Pues porque en realidad son los únicos felices que se dan cuenta de la realidad en que vive el ser humano. 

El evangelista Lucas expresa esta misma bienaventuranza de una manera más llamativa: Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis (Lc 6:21). Se trata de una promesa clara de felicidad para quienes lloran. Sin embargo, el llanto al que se refiere el Señor Jesús es más bien de carácter espiritual. El Maestro no está diciendo que quienes lloran la muerte natural de un ser querido, por ejemplo, estén siendo felices. No, no lo son. 

A nadie se le ocurriría decir esto. Lo que dice Jesús es que, a diferencia del dolor y el sufrimiento "natural" propio de este mundo sometido al mal en el que vivimos, existe otra clase de dolor "espiritual" que no tiene ninguna relación con nuestra existencia natural en esta vida. Así pues, los verdaderamente felices son los que lloran en el espíritu; los que se afligen porque en nuestras sociedades, Dios y Jesucristo casi nunca sean tenidos en cuenta; quienes se apenan de que nuestro mundo se muestre tan cerrado a los valores del reino de Dios. 

La mayoría de los dirigentes de la tierra, tanto hoy como ayer, no tienen en cuenta en sus agendas personales los valores cristianos que se desprenden del sermón del monte. Muchos se burlan de ellos, mientras otros afirman que son irreales e imposibles de llevar a la práctica. Y ante esta situación, ¿qué opina la Iglesia de Jesucristo en el tiempo actual? ¿Cómo vivimos los cristianos este dolor espiritual por el mundo? ¿Será quizás que no influimos más en la sociedad porque nuestra vida no es como debiera ser? 

Es verdad que nuestra obligación como cristianos es evangelizar pero, ¿no tendríamos primero que empezar por evangelizar nuestras propias increencias y nuestra acomodación a la risa de la sociedad? La descripción del discípulo de Jesucristo como alguien que llora por la injusticia del ser humano es algo que casi resulta hoy anacrónico. 

No está de moda el llanto cristiano, sino que recuerda comportamientos de épocas pasadas. Hubo un tiempo en el que los creyentes debían aparentar seriedad, austeridad e incluso tristeza si querían ser considerados como auténticos seguidores de Cristo. Una época en la que predominaba un estilo gris oscuro de religiosidad puritana aparente. 

En muchos casos no era más que una máscara hipócrita que pretendía simular aquello que no se era. Sin embargo, hoy hemos pasado al extremo opuesto. Con el fin de atraer a los incrédulos hemos adoptado su estilo. Una especie de superficialidad festiva y de felicidad artificial que hacen difícil la manifestación del dolor por los problemas del mundo y mucho menos del llanto al que se refería el Señor Jesús. 

Es menester reconocer que muchos creyentes contemporáneos no poseen verdadero convencimiento de pecado, como el que experimentaban los cristianos de épocas pasadas. Lo pecaminoso ha desdibujado sus fronteras. Se desea tener gozo pero sin pasar por el reconocimiento doloroso del pecado personal. 

En el fondo, lo que ocurre actualmente es que no gusta la doctrina del pecado, ni siquiera que se predique acerca de ella. Se desea la rosa pero sin las espinas. Sin embargo, tal anhelo es imposible desde el punto de vista bíblico. Quien se convierte a Jesucristo y desea alcanzar la dicha eterna en él, tiene que pasar primero por las lágrimas del arrepentimiento sincero y la confesión de pecados. No hay gozo sin llanto.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Dolor: los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala fueron asesinados.


El procurador general anuncia que los normalistas fueron transportado hasta un basurero de Cocula y ahí ejecutados.


México se dio este viernes un largo abrazo con la muerte. La confirmación, tan temida como esperada, de que los 43 estudiantes de Magisterio desaparecidos el 26 de septiembre habían sido asesinados hizo saltar en mil pedazos las últimas y frágiles ilusiones y empujó al país a un abismo de dolor de magnitudes históricas. El heraldo de la terrible nueva fue el procurador general, Jesús Murillo Karam. En una multitudinaria conferencia de prensa, anunció los resultados de la investigación que, en las últimas semanas, ha mantenido en vilo al país. En tono grave, evitando las espinas que pudiesen aumentar el dolor de las familias, Murillo Karam explicó que aquella noche los normalistas detenidos por la Policía Municipal fueron entregados a sicarios de Guerreros Unidos, el cartel que controlaba Iguala, y que fueron conducidos, hacinados en un camión y una camioneta, hacia un basurero de Cocula, una localidad vecina.


Los sicarios levantaron una inmensa pira con los cuerpos, que ardió durante horas

Amontonados, malheridos, golpeados, muchos de los estudiantes, quizá hasta una quincena, murieron asfixiados en el trayecto. Una vez en el paraje, los sicarios, siempre según la confesión de los criminales detenidos, fueron bajando, con los brazos en alto, a los normalistas vivos e interrogándolos. Querían saber por qué habían acudido a Iguala, por qué se habían enfrentado al alcalde y su esposa. Luego, con frialdad abismal, los tumbaban en el suelo y los mataban. Con sus cuerpos levantaron una inmensa pira que alimentaron con maderas, desperdicios y neumáticos. La hoguera, el fuego de la barbarie que a buen seguro seguirá crepitando durante años en la memoria de muchos mexicanos, ardió desde la madrugada hasta las tres de la tarde sin que nadie viese o dijese nada. Luego, por orden de sus superiores, los sicarios recogieron los restos calcinados, los fracturaron y los arrojaron en bolsas de basura al río Cocula. La corriente se los llevó hasta un destino desconocido.

Dos de estas bolsas han sido recuperadas por la policía federal. Sus restos están siendo investigados. Debido a su estado, según la procuraduría, no se ha podido efectuar la prueba de ADN y, por lo tanto, el último eslabón de la investigación sigue sin cerrar. Para conseguirlo, el Gobierno mexicano anunció que pedirá ayuda a los mejores centros internacionales. En cualquier caso, el relato ofrecido por el procurador general tiene una base firme. Su reconstrucción viene acompañada de imágenes y grabaciones de los tres sicarios, plenamente identificados, que participaron en la matanza. Con voces juveniles, como si hablaran de un transporte de ganado, los asesinos confesos describían ante las cámaras cómo eliminaron a esos jóvenes. Su indiferencia producía escalofrío. El crimen masivo, metódico, abismal de los 43 normalistas era para ellos poco menos que una rutina. Difícilmente, México podrá olvidar sus palabras. Y aún menos los padres.


MÁS INFORMACIÓN

Desde el primer día, se han negado a aceptar, al menos en voz alta, la muerte. Aferrados a la esperanza de que estuviesen secuestrados e incluso, como se dijo en un primer momento, ocultos en la sierra para evitar la represión, las familias no han querido dar su brazo a torcer ante las evidencias que se acumulaban a diario. Y este viernes, al conocer el alud de dolor que se les venía encima, rechazaron las confesiones de los sicarios y redujeron el relato oficial al hallazgo de “seis bolsas con cenizas y huesos”.“Nuestros hijos siguen vivos. Ya los dieron por muertos una vez y no era cierto”, aseguró un portavoz. Altamente movilizados, apoyados por numerosos grupos políticos y organizaciones sociales, los padres no están dispuestos a reconocer la pérdida de los estudiantes (que mientras no se identifiquen los restos seguirán como desaparecidos) hasta que no medien pruebas periciales internacionales. Pero estas tardarán y, tratándose de restos calcinados, quizá nunca lleguen.

Lo que sí que permanecerá son esas confesiones que abren un escenario sísmico en el que bailan de la mano la impunidad y la violencia, el narcotráfico y la corrupción. Pocos en México hallan explicación a la barbarie que acabó con decenas de muchachos de extracción humilde, maestros rurales en ciernes, que armados solo con sus ideales osaron enfrentarse a la tenebrosa figura del alcalde de Iguala y su esposa, dos terminales del sanguinario cartel de Guerreros Unidos. El atrevimiento les costó la vida. Ese día el crimen organizado lanzó una demostración de poder que ha sobrepasado mucho de los límites vistos hasta ahora en México. La sangría ha dejado en estado de conmoción una tierra que hace pocas semanas, enfrascada en grandes proyectos, miraba al futuro con optimismo.


Los restos calcinados fueron fracturados y arrojados en bolsas de basura al río Cocula

Golpeada por esta pérdida de confianza, la presidencia de Enrique Peña Nieto se va a tener que enfrentar al reto más difícil de su mandato y posiblemente más complejo en décadas: demostrar al mundo que, pese a esta vorágine de violencia, México, el vecino de la mayor potencia planetaria, es un país moderno y pujante, capaz de encabezar la América hispana. Ese será un trabajo en el que los líderes de esta República de 120 millones de habitantes tendrán que volcarse en los próximos años y que, a la postre, condicionará el lugar en la historia de Peña Nieto. “Los hallazgos indignan y agravian a la sociedad mexicana. Llegaremos hasta el final para dar con los culpables de estos crímenes abominables. Comparto el dolor y la angustia de las familias”, declaró Peña Nieto.

Como primer paso para esta ingente tarea, el presidente ha convocado a los partidos y fuerzas sociales a un gran pacto nacional. La iniciativa, cuyo objetivo declarado es evitar que se repita una matanza como la de Iguala, llega en un momento de fuertes turbulencias. No se trata sólo de una crisis de seguridad. El PRD, elpartido que gobierna Guerrero y que permitió la entrada en el ayuntamiento del alcalde Abarca, ha quedado malparado. Y perdido este amortiguador, la confesión de la muerte de los normalistas y, con ella, la bestial exhibición de fuerza del narco en el Estado más violento de México, hace temer que la incipiente revuelta de los compañeros de las víctimas se transforme en una marejada de imprevisibles consecuencias.

miércoles, 2 de abril de 2014

Malvinas: relato de dolor, desesperación y hambre.


Diario de un excombatiente de Malvinas: relato de dolor, desesperación y hambre

Marcelo Olindi, de 51 años, fue uno de los miles de chicos que tuvo que ir a la guerra. Recuerdos de una historia traumática y una lucha que no terminó.


 Lucas Bertellotti

"Frío y mucho viento, ni tiempo de tomar aliento cargamos los bultos y partimos hacia nuestro destino. 30 KM. Ya llevamos dos días sin comer. Durante la noche pasamos mucho frío y no sabemos dónde estamos parados". 15/04/1982

El soldado Olindi no puede dejar de caminar. Tiene la mirada perdida y el paso cansado e inestable. Hace unos minutos le dijeron que la guerra había terminado. También le comunicaron la muerte de Rolando Pacholczuk, su amigo. No está contento ni triste. Está perdido, como el primer día que llegó a las Islas. Camina. Se aleja del campamento y llega a un descampado cercano al monte Longdon, el más lejos del pueblo, el más cercano a los ingleses. Recién ahí levanta la vista. Casi nada le llama la atención. Sólo hay una cosa que lo conmueve: el silencio. No se escuchan tiros ni bombas. Los gritos desesperados se alejaron, cree, para siempre. Se toma unos minutos. Toma aire. Siente el frío por última vez. Respira hondo. Da media vuelta y regresa con sus compañeros. Es uno de sus últimos momentos en las Islas Malvinas.

"Todas las noches estoy rezando pese a que no soy uno de los católicos más fieles. Rezo para que no pase nada y poder ver rápido a mi familia. Hoy se corrió la bolilla de que quizás nos vayamos el 19 de mayo. En este momento estamos buscando una lata de dulce para cocinar salchichas y albóndigas que robamos de un depósito de comida. En este momento me dicen que fue imposible encontrar una lata". 30/04/1982.

Son las 6 del 2 de abril de 1982 y, como todas las mañanas, Marcelo Olindi viaja con su papá en un Ford Falcon rojo hacia el regimiento 7 de La Plata, donde hace la colimba hace un par de meses. Por la radio escuchan la noticia: "¡El pueblo argentino ha tomado las Malvinas!". Marcelo Olindi no entiende mucho. Está descolocado. "¿Dónde quedan las Malvinas?", le pregunta a su papá. "¿Cómo dónde quedan las Malvinas? Al sur", le contesta. "Sí, ya sé. ¿Pero dónde?", replica. Su viejo no sabe qué decirle.

"A las 6.30 recibimos el primer intenso bombardeo. Aguardamos tranquilos porque no podíamos hacer nada. Sólo nos limitamos a leer las cartas que habíamos recibido con Walter. No sé cómo explicarlo, pero los dos estábamos sumamente tranquilos. Reíamos y cantábamos y no por miedo ni nervios. Eso lo puedo asegurar". 01/05/1982

Poco antes de salir a las Malvinas, en el regimiento se hizo un sorteo que le daría el alta del servicio a cinco colimbas. Marcelo fue uno de ellos. A punto de irse a su casa, vio llorar a López, un compañero tucumano. Estaba sobre una pared, desconsolado. En unos días debía partir a la guerra. Sintió pánico. No tuvo vergüenza en mostrarse abatido, roto. Marcelo no dudó en tomar su lugar. "Fuimos a informarle al principal que cambiara la situación y no tuvo problemas. La verdad, no lo pensé mucho. 'Si van todos los pibes, yo también voy', dije. Estaba seguro que no me iba a morir", dice Marcelo. Con López todavía se ven seguido. Son amigos íntimos.

"No sé si pasamos de esta noche pues nos anunciaron que nos van a bombardear por aire y por mar. No tengo miedo de morir pero lo siento por mis padres, hermano y abuela. A todos ellos, gracias. Nos piden que nos rindamos. La respuesta es: '¡Traigan al principito y vengan a buscarnos!'". 01/05/1982

El 13 de abril se subió a un micro hasta El Palomar. De ahí, un avión a Río Gallegos. Partió para Malvinas un día después, pero su vuelo tuvo que regresar porque el avión que iba adelante había tenido un desperfecto mecánico que produjo problemas en el aterrizaje. Fue como un aviso de lo que iba a venir. El 15 de abril llegó a las Islas Malvinas. "Nos dieron un mapa en inglés y nos ordenaron que camináramos unos 15 kilómetros. Un superior me pidió que llevara un bidón de agua de 40 litros. A los cinco kilómetros me caí al piso y no me pude levantar más. Me temblaban las piernas. Me dijeron que esperara ahí por una camioneta. Llegó a las cuatro horas", dice Marcelo.

"Doy gracias a Dios por haber visto la luz del día...() nos despertamos y le dije al Negro (Walter): '¡Qué hacés, negro puto! ¡Todavía estamos vivos!'. Cada vez nos damos cuenta que el viejo (el principal) está cada vez más cagado. Nos hizo hacer un pozo más hondo y está muy inquieto. No le gusta estar solo y no sale del pozo ni para respirar. Mi compañero y yo no la damos de valientes pero estamos en el pozo sólo para dormir". 02/05/1982

Marcelo Olindi tiene 51 años y es uno de los miles de soldados que participó de la guerra de Malvinas, de la que hoy se cumplen 32 años. Habla con tranquilidad. No le gusta ponerse serio. Cada vez que su relato se vuelve tenso, cambia la dirección y comenta alguna anécdota de la guerra que le suena divertida por lo ridícula y vergonzosa. Está en la sede de La Plata del CECIM (Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas), donde es secretario de actividades recreativas. Parece sentirse como en su casa. Está rodeado por sus "hermanos de la vida", como le gusta llamar a otros excombatientes con los que todavía comparte el día a día. Mientras cuenta su historia, Luis Aparicio y Ernesto Alonso, otros exsoldados, caminan por la oficina, chequean los mails y realizan algunos llamados. Se preparan para otro 2 de abril.

Forma parte de un grupo de soldados que fueron a Malvinas por haber hecho el servicio militar obligatorio en el momento del conflicto. La intención del grupo, fundado en 1982, es la de alejarse de la reivindicación de la guerra. Hace un tiempo que impulsa la causa judicial contra los militares que cometieron crímenes contra los soldados y reclama la identificación de los 123 cuerpos enterrados como NN en el cementerio de Darwin.

MARCELO. Posa adelante de un cuadro de la sede de La Plata del CECIM.

Su papá se enteró de que debía hacer el servicio militar obligatorio y no lo dudó. Asistió a la oficina de Avelino Segundo Latorre, el principal del regimiento 7 de La Plata. Como hicieron muchos otros padres que tenían una posición más o menos acomodada, le ofreció lo que pudo para que su hijo tuviera algún tipo de privilegio en la vida como colimba. Como tenía una empresa constructora, puso al servicio todo tipo de materiales para lo que sea. Marcelo fue a parar a la utilería. Como casi nadie, tenía ropa limpia y cuidada. Cuando llegó a las Malvinas, siguió bajo las órdenes de Latorre. Esta vez, lo mandaron al almacén. Estaba encargado de distribuir la comida al resto de sus compañeros. Un trabajo que no tenía un peligro directo y lo tenía más o menos cerca de los pocos productos que llegaban.

"Todavía acá la noticia del hundimiento Belgrano pesa mucho. Hoy me doy cuenta que acá la calentura de un viejo y el orgullo de un país valen más que la vida de 300 pibes. Por eso rezo para que esto cueste la menor cantidad de víctimas posibles y el menor sufrimiento". 03/05/1982

Desde que salió de La Plata sabía que su arma no funcionaba. Era una ametralladora PAN que estaba falseada, inservible. Los primeros días se obligó a cargarla consigo. Después, desistió. No tenía sentido. Tenía 19 años y carecía de entrenamiento y conocimiento. No sabía cómo protegerse. Tampoco conocía cómo lanzar una bomba o disparar un arma. 

Cuando llegó la primera ración de comida, abrió las cajas con entusiasmo. Debían llegar albóndigas, bombones y otras cosas. Tenía hambre. "Cuando las vamos a preparar, vemos que en realidad eran jabones. 'Se habrán equivocado', pensamos. Casi sobre el final de la guerra llegó otro camión. Abrimos las cajas y era papel higiénico. Nosotros le teníamos que llevar la comida a los que estaban en primera línea. ¿Qué podíamos darle si sólo teníamos papel higiénico y japones?", comenta Marcelo en una extensa charla con TN.com.ar.

"Hoy nos bañamos después de 34 días sin ver agua". 06/05/82

A la sede del CECIM llega Malvina. "Mi nena", la presenta Marcelo mientras sonríe y le da un beso. Tiene 14 años y, pese a que el principio juega un rol protestón en el que sólo parece preocupada por mirar su celular, luego se compenetra en la historia que cuenta su papá. Lo mira en silencio, con admiración.

En Malvinas, la comida no llegó nunca (las primeras 4 víctimas de las 36 que sufrió el regimiento de infantería 7, los soldados Hornos, Granados, Zelarayán y Vargas, murieron por una explosión de una mina mientras intentaban robar animales de un depósito). La única forma de no morir de hambre era a través del mercado negro. Marcelo se convirtió en uno de los referentes para el intercambio de productos. Cambiaba cigarrillos por whisky, galletitas o fideos. Lo que sea.

"No sé qué pasará esta noche pero pido que este diario llegue a manos de mi familia. Si me pasa algo, que mi hermano se quede con el reloj y mi abuela con la pulsera. Jamás sabré agradecer todo lo que hiciste por mí. Lástima que uno se acuerde de eso en estos momentos". 10/05/1982

Como buena parte de los chicos que estuvieron en las Malvinas, repudia la conducta de los militares de carrera. Los que se suponía que eran los más preparados y debían dar el ejemplo, sólo regalaron señales de cobardía y corrupción, salvo contadas ocasiones. Recuerda que su principal en La Plata, Avelino Latorre, en los primeros días en las Islas se vistió de enfermero para no combatir. 

"Esperamos el ataque final. Vieja, mis pensamientos van para vos. Te quiero mucho" 30/05

Marcelo nunca tuvo que disparar un arma pero sí sufrió los bombardeos. También salió lastimado. Cerca del final de la guerra, robó una camioneta junto a otros soldados. El castigo de los ingleses ya no se aguantaba. La desesperación crecía y el miedo a morir se tornaba cada vez más fuerte. Decidieron escapar hacia Puerto Argentino. En camino al lugar donde se suponía que conseguirían algo de paz, chocaron con otro vehículo de soldados. Se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

Vio compañeros muertos y demasiado sufrimiento. Durmió en pozos, empapado, sin poder cambiarse la ropa y con un frío demasiado cruel. "A mí no me gusta contar las cosas feas. Prefiero ver todo desde otro ángulo", comenta mientras recuerda cuando un general arengó a los soldados a correr y tirar unas granadas que, pese a lo que creían todos, no eran de fuego sino de humo.

"¡Socorro! ¡Nos están cagando a tiros!" 12/06

Volvió de las Malvinas sin ningún tipo de lesión, como estaba seguro que iba a ser. Recién dos años más tarde, en 1984, decidió contarles a sus papás que en realidad había ganado el sorteo para no viajar a la guerra pero él quiso tomar el lugar del tucumano López. Su mamá no paraba de llorar. Su padre repetía una y otra vez: "No me sorprende". Estudió arquitectura, ingeniería y medicina. No pudo terminar ninguna carrera. Trabajó en una empresa de seguros durante varios años. El dueño del lugar lo empleó especialmente por ser un excombatiente. "Una rareza para la época. En general, después de la guerra las puertas se cerraron para casi todos", comenta.

"Hoy hemos capitulado luego de replegarnos hacia Puerto Argentino y vivir dos días en un depósito de lana" 13/06

El día que se cumplían 20 años de su salida hacia Malvinas, el 13 de abril del 2002, a las 6, el horario en el que se despertaba tanto en el servicio militar obligatorio como en la mayoría de los días en la guerra, sufrió un ACV (accidente cerebrovascular), unos minutos después de que su mujer se fuera de su casa. "Está claro que algo debe haber pasado por mi cabeza para que me pase eso. Lo primero que pensé fue: 'Estoy discapacitado'", dice. A causa del accidente le quedó la parte derecha del cuerpo paralizada. Se mueve con dificultad. Arrastra la pierna y camina con lentitud. Tiene el brazo retraído, inmóvil.

"Todo es un lujo y nos tratan de mil maravillas. Esto es increíble". 14/06

Tiene tres hijos y reparte su vida en sus dos trabajos como portero para escuelas de La Plata y la permanente colaboración con CECIM. Todos los martes a la noche, los excombatientes se juntan a comer. Aunque les duele, todavía hablan de la guerra. Es una forma de no encerrarse, de sacarse de encima parte de la angustia, de compartirla con otros que vivieron lo mismo mientras todavía luchan por algunos derechos que creen fundamentales. Marcelo es el que suele contar los chistes, el divertido del grupo. Es como si pretendiera olvidar con una sonrisa. Por lo menos hasta que regresen, otra vez, los recuerdos feos. Esos que, pese a todo, no se pueden borrrar.

"Hace dos días que estamos en el Canberra. Nos han tratado a las mil maravillas. No parecen piratas sino caballeros. Nos avisaron que en 24 o 36 horas estaremos en un puerto argentino. La cama fue de primera calidad. Doy gracias a Dios por lo que me protegió". 16/06

Fuente: Tn.com.ar

domingo, 24 de febrero de 2013

Insultos que “duelen”, palabras que emborrachan.


* Este artículo ha sido publicado el 24/02/2013 en el suplemento XL Semanal bajo el título erróneo “Los insultos duelen. Literalmente”. Reproduzco aquí el original, sin editar.

"Esto le va a doler". Una combinación adecuada de palabras puede potenciar una sensación, cambiar nuestra forma de percibir, de pensar e incluso nuestra forma de caminar. Y un estado emocional puede hacer que un dolor se convierta en crónico. Cuando el médico nos pone una inyección, por ejemplo, una simple advertencia sobre lo que vamos a sentir puede provocar que sea más dolorosa. Nuestro cerebro anticipa el dolor y activa la sensación antes incluso de que la aguja haya entrado en la piel. ¡Ouch! En la última década los científicos han demostrado que nuestra sensación de dolor es mayor si nos avisan con antelación del estímulo y que se puede inducir malestar solo con indicar que algo lo provoca. Un grupo de investigadores de la universidad holandesa de Radboud-Nijmegen escogió en 2011 a más de cien voluntarios y los sometió a una serie de pruebas. Expuestos a la misma sustancia, aquellos a quienes se advirtió de que sufrirían un fuerte picor no pararon de rascarse, y algo parecido sucedió con los que fueron advertidos sobre el dolor. 

"Las palabras pueden predisponernos, porque crean expectativas", asegura el neurólogo Arturo Goicoechea. "Éstas modifican las emociones y eso influye en el dolor, el picor y otras circunstancias". En la universidad alemana de Jena, el investigador Thomas Weiss ha demostrado recientemente que hablar del dolor alimenta el propio dolor. Mediante resonancia magnética funcional, Weiss comprobó que cuando a los sujetos se les expone a palabras como "atroz", "insoportable" o "punzante", se activa la denominada "matriz del dolor", la misma región del cerebro que se pone a trabajar ante los estímulos nocivos. "En estudios anteriores", recuerda, "también vimos que cuando aplicábamos un estímulo doloroso después de someter a los pacientes a palabras "nocivas", estos calificaban el dolor como más intenso". (Seguir leyendo -->)


Trabajos paralelos a los de Weiss demuestran que en el denominado “dolor social” también participan las regiones cerebrales relacionadas con el dolor. Varios estudios recientes apuntan que cuando un individuo se siente abandonado por el grupo, o se produce una ruptura amorosa, se activa la misma matriz cerebral. 


Las sensaciones físicas y emocionales se entremezclan hasta tal punto que el malestar provocado por un insulto – según un estudio de la Universidad de Kentucky- se amortigua en aquellos sujetos que toman una dosis regular de paracetamol. La prueba de que dolor social y dolor físico se retroalimentan está en las palabras que usamos cada día. El lenguaje está sembrado de expresiones como "me partió el corazón" o "me apuñaló por la espalda", que señalan al dolor físico real, y de términos relacionados con juicios morales, como cuando decimos que algo nos produce "asco" o "repugnancia" y sentimos ganas de vomitar. 

Este factor social y emocional está ayudando a resolver uno de las grandes cuestiones que intrigaban a los médicos en los casos de dolor crónico. ¿Por qué, ante una misma lesión, unos pacientes quedaban doloridos de por vida y otros no? En algunos casos la ausencia de daño físico resulta desconcertante. Analizando con escáner la respuesta de dolor de individuos que han sufrido una lesión de espalda, se ha observado que el factor emocional es determinante. Aquellas personas que tienen una mayor relación entre la corteza frontal y núcleo accumbens, encargados de las emociones y la motivación, están más predispuestos al dolor crónico. Tanto, que los científicos pudieron predecir con un 85% de precisión quién lo iba a desarrollar una vez que la lesión había sanado.
....
"Las palabras no solo cambian lo que percibimos sino también lo que hacemos". Susana Martínez Conde dirige el Laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Neurológico Barrows, en Phoenix, y estudia desde hace años cómo los magos engañan nuestros sentidos. Una de las técnicas más utilizadas se conoce en psicología como primado (en inglés, priming) y consiste en exponer al sujeto a unos estímulos que van a condicionar su respuesta. "Un buen ejemplo", recuerda Martínez Conde, "es un experimento en el que se enseña un accidente de circulación a un grupo de individuos y se les pide que valoren qué coche va más rápido: los que escuchan que el coche rojo "choca" hacen una estimación más baja que aquellos a quienes se dice que el coche rojo "se estrella". 

Los magos utilizan estos resortes psicológicos para condicionar nuestra respuesta en algunos trucos, como aquellos en los que nos piden que pensemos un número que previamente han deslizado en nuestra mente de manera sutil. Los efectos del primado actúan a nivel inconsciente e influyen en nuestra forma de actuar y hasta en nuestros juicios de valor. En una de las primeras pruebas sobre este fenómeno se expuso a algunos voluntarios a palabras relacionadas con la vejez y al salir se comprobó que caminaban más lentamente que los que habían sido expuestos a palabras neutras. En otras pruebas se ha visto cómo los sujetos pueden tener respuestas racistas, violentas o amables en función del primado al que les ha sometido el entrevistador.

El profesor Jaume Rosselló, de la Universidad de les Illes Balears, ha realizado algunos experimentos con priming y juicio moral. "Hemos comprobado", relata, "que la presentación de imágenes impactantes - 'gore', para entendernos- provoca que seamos más permisivos ante un dilema moral". En la prueba plantean, por ejemplo, el problema de una madre que debe sacrificar a uno de sus dos hijos para que no mueran los dos, y aquellos que han visto imágenes más violentas tienden a comprender mejor su decisión que los que han visto imágenes neutras. "Esto tiene algunas implicaciones interesantes", reflexiona Rosselló, "porque en muchos telediarios vemos imágenes de atentados o guerras antes de otras informaciones, y quizá nos pueda influir. O imaginemos lo que sucede con la sucesión de casos que estudia un juez". 

Pero no hacen falta sofisticadas pruebas para convencer al cerebro de cualquier cosa. En el año 2001, y para su tesis doctoral, Rosselló diseñó un experimento para comprobar cómo la ingestión de determinadas cantidades de alcohol podía alterar la atención. Como esperaba, el resultado mostró que el alcohol alteraba la capacidad de atención de los sujetos, pero se encontró con una sorpresa: resultó que las expectativas de beber el alcohol también podían alterar la forma de conducir. "En el grupo de los que bebieron un brebaje placebo", recuerda Rosselló, "vi gente mareada, colocada y con ataques de risa. Algunos hasta me pedían quedarse una horita por allí antes de coger el coche. Los pobres no sabían que no habían tomado ni una gota de alcohol".
... 
¿Puede una palabra mal elegida por el médico hacer empeorar al paciente? La respuesta es sí, aunque los mecanismos del conocido como “efecto nocebo” son tan desconocidos aún como los del placebo. El profesor Thomas Weiss está convencido incluso de que los efectos secundarios de los que se informa en los prospectos de los medicamentos producen más efectos adversos entre quienes los leen. "Desgraciadamente", confiesa a XL, "no se me ocurre una manera de solucionar este problema". Arturo Goicoechea cree que algunas intervenciones perjudican al paciente por culpa de una "cultura del dolor" errónea que asocia dolor con daño, cuando no necesariamente van unidos. “El dolor es una estimación estadística del cerebro", explica Goicoechea, "que activa una respuesta porque considera que existe una amenaza. Pero a veces se equivoca". Goicoechea pone como ejemplo algunos estudios que señalan que ante los casos de "latigazo cervical" - producidos por accidente de coche -, los pacientes a los que se pone collarín y se les incita a ser muy cuidadosos terminan desarrollando un dolor crónico con mayor frecuencia que aquellos a los que el médico no condiciona ni inmoviliza.

"Las últimas investigaciones apuntan a que el dolor es más una emoción que una sensación", recalca Susana Martínez Conde. "Dependiendo de nuestro estado emocional podemos interpretar el mismo estímulo de manera distinta”. Por eso, en algunos casos, la solución empieza a pasar por enseñar a los pacientes a reaprender el dolor. Sobre todo cuando no existe estímulo físico que lo provoque. Esta “ficción” mental es la misma que se produce con el dolor empático, el que sienten algunos individuos cuando ven un daño provocado a otra persona, o con los experimentos de la mano de goma, en los que el cerebro del sujeto interioriza que una mano falsa es suya y puede llegar a sentir frío, calor y hasta dolor cuando le producen un daño aparente. "El dolor es una construcción mental como muchas otras", añade Luis Martínez Otero, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante. Cuando las circunstancias lo requieren, y el cerebro considera que el dolor no va a ayudar a la supervivencia, está dispuesto a prescindir de él. "Esto recuerda la famosa anécdota del explorador David Livingstone", apunta Martínez Otero, "quien, tras el ataque de un león, aseguró no haber sentido dolor. Su cerebro había sufrido un baño de endorfinas, aunque él lo atribuyó a una señal divina". 

Algunas afecciones neurológicas han ayudado a comprender la componente emocional del dolor. Existe una extraña enfermedad, denominada "Indiferencia congénita al dolor", en la que las personas son capaces de sentirlo pero, como no le dan un valor emocional, les resulta indiferente. "En un congreso reciente", recuerda Martínez Conde, "conocimos a un “forzudo” muy popular en EEUU llamado Dennis Rogers, que parte guías de teléfonos con las manos y es capaz de detener un avión con unas cadenas. Él está seguro de que es capaz de hacer estas cosas no por su condición física, sino porque el 99% de la gente se detiene cuando alcanza un límite de dolor que él puede superar". Esta condición relativa del dolor es algo que podemos experimentar en nuestra vida cotidiana. Las agujetas y el dolor muscular que sentimos tras hacer deporte nos resultan llevaderas porque tenemos claro su origen y sabemos qué significan. Si nos asaltara una molestia de la misma intensidad sin motivo aparente, lo más probable es que acabáramos aterrados y en la consulta de urgencias.

--> Para saber más: Los engaños de la mente - Susana Martínez-Conde, Stephen L. Macknik y Sandra Blakeslee (Destino 2012)



Algunos datos curiosos sobre el dolor

• Duele menos si estás distraído con alguna tarea.
• Duele menos si piensas en alguien a quien quieres. 
• Duele menos si miras la zona dolorida con unos prismáticos al revés. En un estudio de 2008 los sujetos sentían más o menos dolor en función de si miraban con un aumento la zona dolorida o la alejaban visualmente. 
• Deja de doler en situaciones extremas de emergencia (analgesia del estrés).
• Duele menos si piensas que ha sido por accidente que si crees que el daño es intencionado.
• Duele menos si crees que sirve para algo. Un estudio con pacientes terminales de cáncer demostró que los que esperaban curar valoraban como menos dolorosos los tratamientos. 

Un ejemplo de priming

El primado o priming consiste en exponer al sujeto a unos estímulos – en este caso verbales - que condicionan su respuesta. Haga esta prueba sencilla y responda en voz alta a las preguntas con rapidez, sin pensar:

¿De qué color es la nieve? ¿De qué color son las nubes? ¿De qué color es la nata montada? ¿De qué color son los osos polares? ¿Qué beben las vacas? 

Si usted ha respondido que las vacas beben leche ha sido víctima de una forma de priming. En este ejemplo clásico la introducción de conceptos como blanco o nata predisponen a hacer la asociación mental inmediata.

El Stroop emocional

Las palabras condicionan nuestras emociones pero éstas también interfieren con nuestra expresión verbal. Para medirlo, los psicólogos utilizan una prueba denominada "Stroop emocional". El efecto Stroop, bautizado así por John Ridley Stroop, el investigador que lo descubrió, es una interferencia cognitiva que se produce cuando vemos aparecer palabras que designan colores - "azul", "verde" o "rojo" - en un color distinto del que indica la palabra. Continuando con esta línea, otros psicólogos descubrieron que la interferencia- el tiempo de más que tardamos en responder - también se produce con palabras que tienen una fuerte carga emotiva frente a las que nos resultan neutras. "La mayoría de nosotros somos más lentos cuando vemos palabras como "cáncer", "muerte" o "sexo" debido que a todas nos afectan", explica Rosselló. Pero se pueden planificar experimentos más específicos. En su departamento diseñaron un experimento de Stroop emocional con personas discapacitadas y las dividieron en dos grupos, aparte de un control. El primer grupo reunía a discapacitados que ya llevaban muchos años en silla de ruedas y en el segundo el origen era más reciente. "Pasamos unos cuestionarios", recuerda, "y vimos que los discapacitados físicos más recientes ralentizaban su respuesta ante palabras como "vegetal" o "autonomía", mientras que para el resto habían pasado a ser neutras".

-> Test de Stroop emocional: Practícalo aquí

Fuente:Fogonazos

sábado, 31 de marzo de 2012

Una multitud despidió en Chile al jóven gay asesinado por neonazis.



El cortejo recorrió Santiago en medio de reclamos populares y muestras de cariño.SANTIAGO. DPA, EFE, AFP Y AP - 31/03/12
Miles de chilenos salieron ayer en forma espontánea a las calles de Santiago para despedir a Daniel Zamudio, el joven gay atormentado durante horas y asesinado a golpes por un grupo neonazi, en un cortejo fúnebre cargado de dolor y emotividad que demostró la conmoción que causó el caso en la sociedad. En forma paralela a la ceremonia fúnebre se desató una batalla política en el Congreso donde la oposición intenta aprobar una ley antidiscriminación, resistida por los sectores más conservadores del gobierno y de la Iglesia.
El episodio tuvo tal repercusión que Naciones Unidas emitió ayer un comunicado donde considera que el ataque fue producto del “odio y la violencia homofóbica” en el país, e instó al Congreso chileno a “aprobar una ley contra la discriminación , incluso por razones de orientación sexual e identidad de género”.
La caravana fúnebre de Zamudio cruzó literalmente toda la ciudad desde la sureña comuna de San Bernardo –donde vivía con su familia– hasta el norteño Cementerio General, en un trayecto de casi tres horas. Constantemente tenía que detenerse para responder a los homenajes y muestras de cariño que le hacía la gente . Al paso del féretro los chilenos aplaudían, hacían flamear pañuelos blancos y banderas chilenas y del movimiento homosexual, mientras lanzaban papel picado sobre el auto.
Uno de los momentos más emotivos fue la llegada de la carroza a la Pérgola de las Flores, cerca del cementerio, donde los floristas realizaron el tradicional homenaje reservado para grandes personajes, lanzando pétalos de flores de diferentes colores sobre el ataúd. Durante todo el trayecto el cortejo tuvo también una intensa carga política, ya que se repetían las consignas en reclamo de una legislación que ponga fin a la discriminación que aún perdura con fuerza en algunos sectores chilenos.
Al llegar al cementerio se realizó un último acto de despedida, antes de que su familia lo sepultara privadamente. “Quiero agradecer en representación de toda mi familia.
Ya habrá tiempo para la justicia , sólo les pido respeto y les agradezco de corazón por cada gesto y lágrima que derramaron por mi hermano”, dijo Diego Zamudio ante la multitud. La madre, Jacqueline Vera, muy emocionada por el respaldo franco de la población, sostuvo que “ detrás de mi hijo hay muchos Daniel, y por ellos voy a seguir luchando ”.
Daniel Zamudio, de 24 años, fue atacado en un parque por una patota neonazi a la salida de un boliche bailable. Durante seis horas lo torturaron brutalmente: lo golpearon, quemaron con cigarrillos, le marcaron cruces esvásticas con una botella rota, le arrojaron piedras sobre el cuerpo y le cortaron parte de una oreja. El joven agonizó 25 días en un hospital y finalmente murió el martes pasado.
El caso despertó una fuerte polémica por la demora de más de siete años en aprobar una ley que castigue con fuerza los actos discriminatorios. Pese a ello, hay sectores religiosos y conservadores en Chile, país donde incluso el aborto terapéutico es ilegal, que aún resisten la presión para sancionar una legislación de este tipo. “No queremos una ley que abra la puerta a otras reformas”, dijo Felipe Ward, jefe de la bancada de diputados de la Unión Demócrata Independiente (UDI), aliada del gobierno.
El presidente Sebastián Piñera, en cambio, anunció desde Japón que se dará urgencia al debate legislativo. La oposición de centro izquierda también adelantó que apoyará la inicitiva. “Queremos igualdad ante la ley, Daniel es un ejemplo de la necesidad y la posibilidad de cambiar las cosas ”, dijo durante la ceremonia fúnebre Rolando Jiménez, presidente del Movimiento de Liberación Homosexual (Movilh).
Fuente: Clarin.com


domingo, 23 de octubre de 2011

Turquía: un centenar de muertos en el terremoto.



  • Al menos 138 personas murieron y otras 350 resultaron heridas a causa del temblor en la ciudad de Ercis.
  • Se calcula que entre 700 y 1000 personas  pueden haber perdido la vida.
  • Exteriores no tiene constancia de que haya españoles afectados por el terremoto.
  • Turquía rerchaza la ayuda de Israel.

Más de un centenar de personas han muerto y hasta 400 continúan desaparecidas tras elterremoto de 7,2 grados de magnitud que ha sacudido este domingo la provincia de Van, en el este de Turquía, según los cálculos que manejan autoridades y expertos del Centro Sismológico Kandilli de la Universidad del Bósforo de Estambul. Hay además entre 500 y 600 heridos y se espera que la cifra de víctimas continúe aumentando.

Uno de ellos, Hasan Gördü, afirmó que tras el tremor inicial se han registrado decenas de réplicas de entre 3,5 y 5,5 grados, y advirtió de que se podrían producir más seísmos de hasta 5,7 grados. También calculó que entre 1.000 y 4.000 edificiospodrían haber sufrido daños irreversibles. De hecho, el viceprimer ministro Besir Atalay, explicó que 10 edificios se han desplomado en la capital provincial de Van y entre 25 y 30 en la localidad de Ercis, entre ellos una residencia de estudiantes.

En 1999 un fuerte terremoto dejó alrededor de 20.000 muertos en Turquía.

Tareas de rescate

En un mensaje desde la ciudad de Van, el primer ministro del país, Recep Tayyip Erdogan indicó que se han contabilizado 93 muertos y 350 heridos en esta localidad y otros 45 en Ercis, aunque aseguró que aún hay muchas personas bajo los escombros y que hay mucha preocupación por varios pueblos de la región que han quedado totalmente destruidos.
Erdogan pidió a los ciudadanos que "no entren en los edificios que han sufrido daños", debido al peligro de que sigan produciéndose réplicas, como la de 5,7 grados que se registró a las 20.45 GMT, diez horas después del temblor principal. El primer ministro aseguró que las tareas de rescatecontinuarán toda la noche.
Sólo en Ercis, al menos 55 edificios han quedado totalmente destruidos, muchos de ellos bloques de apartamentos.
También, Erdogan  indicó que se van a instalar casas portátiles y tiendas de campaña para acoger a quienes han perdido su hogar para protegerlos de las bajas temperaturas.
También agradeció el apoyo y la ayuda enviada desde distintos países, como Azerbaiyán, Bulgaria e Irán, y la de otros Estados que también se han comprometido a ayudar en las tareas de salvamento.

Sin víctimas españolas

El Ministerio de Asuntos Exteriores de España no tiene constancia de que haya españoles entre las víctimas que ha causado el terremoto.
Así lo han manifestado fuentes de este Departamento, que se han mostrado optimistas ante la posibilidad de que finalmente ningún español haya resultado afectado por la catástrofe.

Gran magnitud

El terremoto tuvo su hipocentro a poca profundidad, unos cinco kilómetros, lo que hizo que susefectos en la superficie equivalieran al de uno de 8 ó 9 grados de magnitud, como indicaron los expertos del Centro Sismográfico Kandilli de la Universidad del Bósforo (Estambul).
El profesor Mustafa Erdik, director del centro Kandilli, estimó que unos 4.000 edificios pueden haber resultado dañados, 600 de ellos de forma irreversible, y que unas 50 construcciones se han desplomado completamente.
Además, calculó que entre 700 y 1.000 personas pueden haber perdido la vida. Entre las víctimas podría haber un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Rechazo de la ayuda de Israel

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, ha informado de que el Gobierno Turco ha rechazado la oferta israelí de enviar ayuda tras el terremoto de 7,2 grados en la escala de Richter registrado en la provincia de Van, cerca de la frontera con Irán, en el sureste del país.
"Tengo la impresión de que los turcos no quieren nuestra ayuda", ha señalado Barak en declaraciones al Canal 2 de la televisión israelí. "En este momento (su respuesta) es negativa, pero si ven que necesitan más ayuda y no la tienen, o si lo vuelven a pensar, hemos hecho la oferta y seguimos preparados" para ayudar, ha afirmado el ministro.
Por el momento Turquía no ha pedido ayuda internacional, aunque, según fuentes cercanas al gobierno, ha recibido ofertas de decenas de países.

Los pocos medios y la orografía, obstáculos

La falta de material y de equipos de salvamento y la dificultad de acceder a la zona estándificultando el rescate de quienes han quedado atrapados entre los edificios derruidos por el seísmo, que afectó especialmente a la localidad de Ercis.
La cadena de televisión NTV muestra imágenes de esta ciudad, de 75.000 habitantes y en la que al menos 25 edificios se han derrumbado, según datos del viceprimer ministro turco, Besir Atalay.
"¿Dónde está el Estado, dónde está el Gobierno? Hay cientos (de personas) bajo los edificios derruidos. Están muriendo, queremos que los rescaten, sólo eso", denunció un vecino de la ciudad ante las cámaras de la NTV.
Otro testigo mostró a esta cadena los restos de un edificio de siete plantas y aseguró que mucha gente está aún atrapada en su interior y que se necesita maquinaria pesada para poder trabajar.

Fuente: 20minutos.es