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sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Estos no son seres humanos, hermanos y hermanas nuestros?



Leonardo Boff

El grado de civilización y de espíritu humanitario de una sociedad se mide por la forma como ella acoge y convive con los diferentes. Bajo este este aspecto Europa nos ofrece un ejemplo lastimoso que bordea la barbarie. Ella se muestra tan centrada en sí misma y en sus laureles que le cuesta enormemente acoger y convivir con los diferentes.
Generalmente la estrategia era y sigue siendo esta: o marginaliza al otro, o lo destruye. Así ocurrió en el proceso de expansión colonial en África, en Asia y principalmente en América Latina. Llegó a destruir etnias enteras como en Haití y en México.

El mayor límite de la cultura europea occidental es su arrogancia, que se revela en la pretensión de ser la más elevada del mundo, tener la mejor forma de gobierno (la democracia), la mejor conciencia de los derechos, la creadora de la filosofía y de la tecnociencia y, como si eso no bastase, la portadora de la única religión verdadera: el cristianismo. Resquicios de esta soberbia pueden verse todavía en el Preámbulo de la Constitución de la Unión Europea. En él se afirma sencillamente:

«El continente europeo es portador de civilización, sus habitantes lo habitaron desde el inicio de la humanidad en etapas sucesivas y a lo largo de los siglos desarrollaron valores, base para el humanismo: igualdad de los seres humanos, libertad y el valor de la razón… »

Esta visión es verdadera solo en parte. Olvida las frecuentes violaciones de esos derechos, las catástrofes que creó con ideologías totalitarias, guerras devastadoras, colonialismo sin piedad e imperialismo feroz que subyugaron e inviabilizaron culturas enteras en África y en América Latina en contraste frontal con los valores que proclama. La situación dramática del mundo actual y las levas de refugiados venidos de los países mediterráneos se debe, en gran parte, al tipo de globalización que ella apoya, pues, en términos concretos configura una especie de occidentalización tardía del mundo, mucho más que una verdadera planetización.

Este es el telón de fondo que nos permite entender las ambiguëdades y las resistencias de la mayoría de los países europeos para acoger a los refugiados y emigrantes que vienen de los países del norte de África y del Medio Oriente, huyendo del terror de la guerra, provocada en gran parte por las intervenciones de los occidentales (NATO) y especialmente por la política imperial norteamericana.

Según datos el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) solamente este año 60 millones de personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares. Solamente el conflicto sirio ha provocado 4 millones de desplazados. Los países que más acogen a estas víctimas son el Líbano con más de un millón de personas (1,1 millón) y Turquía (1,8 millones).

Ahora esos miles de personas buscan un poco de paz en Europa. Solo en este año cruzaron el Mediterráneo cerca de 300.000 personas entre emigrantes y refugiados. Y el número crece día a día. La recepción está cargada de mala voluntad, despertando en la población de ideologías fascistoides y xenófobas manifestaciones que revelan gran insensibilidad y hasta inhumanidad. Solamente después de la tragedia de la isla de Lampedusa, al sur de Italia, en la que se ahogaron 700 personas en abril de 2014, se puso en marcha una operación Mare Nostrum con la misión de rastrear posibles naufragios.

La acogida está llena de incidentes, especialmente por parte de España y de Inglaterra. La más abierta y hospitalaria, a pesar de los ataques que se hacen a los campamentos de refugiados, ha sido Alemania. El gobierno filo-fascista de Viktor Orbán de Hungría ha declarado la guerra a los refugiados. Tomó una medida de gran barbarie: mandó construir una cerca de alambre de púas de cuatro metros de altura a lo largo de toda la frontera con Serbia, para impedir la llegada de los que vienen del Medio Oriente. Los gobiernos de Eslovaquia y de Polonia declararon que solamente aceptarían a refugiados cristianos.

Estas son medidas criminales. ¿Todos estos sufrientes no son humanos, no son hermanos y hermanas nuestros? Kant fue uno de los primeros en proponer una República Mundial (Welterepublik) en su último libro La paz perpetua. Decía que la primera virtud de esta república debería ser la hospitalidad como derecho de todos y deber para todos, pues todos somos hijos de la Tierra.

Ahora bien, esto está siendo negado vergonzosamente por los miembros de la Comunidad Europea. La tradición judeocristiana siempre afirmó: quien acoge al extranjero está hospedando anónimamente a Dios. Valgan las palabras de la física cuántica que mejor escribió sobre la inteligencia espiritual, Danah Zohar: «La verdad es que nosotros y los otros somos uno solo, que no hay separatividad, que nosotros y el ‘extraño’ somos aspectos de la única y misma vida» (QS: conciencia espiritual, Record 2002, p. 219). Como sería diferente el trágico destino de los refugiados si estas palabras fuesen vividas con pasión y compasión.

Leonardo Boff escribió Hospitalidad: derecho y deber de todos, Sal Terrae 2005.

Traducción de Mª José Gavito Milano

miércoles, 2 de abril de 2014

Malvinas: relato de dolor, desesperación y hambre.


Diario de un excombatiente de Malvinas: relato de dolor, desesperación y hambre

Marcelo Olindi, de 51 años, fue uno de los miles de chicos que tuvo que ir a la guerra. Recuerdos de una historia traumática y una lucha que no terminó.


 Lucas Bertellotti

"Frío y mucho viento, ni tiempo de tomar aliento cargamos los bultos y partimos hacia nuestro destino. 30 KM. Ya llevamos dos días sin comer. Durante la noche pasamos mucho frío y no sabemos dónde estamos parados". 15/04/1982

El soldado Olindi no puede dejar de caminar. Tiene la mirada perdida y el paso cansado e inestable. Hace unos minutos le dijeron que la guerra había terminado. También le comunicaron la muerte de Rolando Pacholczuk, su amigo. No está contento ni triste. Está perdido, como el primer día que llegó a las Islas. Camina. Se aleja del campamento y llega a un descampado cercano al monte Longdon, el más lejos del pueblo, el más cercano a los ingleses. Recién ahí levanta la vista. Casi nada le llama la atención. Sólo hay una cosa que lo conmueve: el silencio. No se escuchan tiros ni bombas. Los gritos desesperados se alejaron, cree, para siempre. Se toma unos minutos. Toma aire. Siente el frío por última vez. Respira hondo. Da media vuelta y regresa con sus compañeros. Es uno de sus últimos momentos en las Islas Malvinas.

"Todas las noches estoy rezando pese a que no soy uno de los católicos más fieles. Rezo para que no pase nada y poder ver rápido a mi familia. Hoy se corrió la bolilla de que quizás nos vayamos el 19 de mayo. En este momento estamos buscando una lata de dulce para cocinar salchichas y albóndigas que robamos de un depósito de comida. En este momento me dicen que fue imposible encontrar una lata". 30/04/1982.

Son las 6 del 2 de abril de 1982 y, como todas las mañanas, Marcelo Olindi viaja con su papá en un Ford Falcon rojo hacia el regimiento 7 de La Plata, donde hace la colimba hace un par de meses. Por la radio escuchan la noticia: "¡El pueblo argentino ha tomado las Malvinas!". Marcelo Olindi no entiende mucho. Está descolocado. "¿Dónde quedan las Malvinas?", le pregunta a su papá. "¿Cómo dónde quedan las Malvinas? Al sur", le contesta. "Sí, ya sé. ¿Pero dónde?", replica. Su viejo no sabe qué decirle.

"A las 6.30 recibimos el primer intenso bombardeo. Aguardamos tranquilos porque no podíamos hacer nada. Sólo nos limitamos a leer las cartas que habíamos recibido con Walter. No sé cómo explicarlo, pero los dos estábamos sumamente tranquilos. Reíamos y cantábamos y no por miedo ni nervios. Eso lo puedo asegurar". 01/05/1982

Poco antes de salir a las Malvinas, en el regimiento se hizo un sorteo que le daría el alta del servicio a cinco colimbas. Marcelo fue uno de ellos. A punto de irse a su casa, vio llorar a López, un compañero tucumano. Estaba sobre una pared, desconsolado. En unos días debía partir a la guerra. Sintió pánico. No tuvo vergüenza en mostrarse abatido, roto. Marcelo no dudó en tomar su lugar. "Fuimos a informarle al principal que cambiara la situación y no tuvo problemas. La verdad, no lo pensé mucho. 'Si van todos los pibes, yo también voy', dije. Estaba seguro que no me iba a morir", dice Marcelo. Con López todavía se ven seguido. Son amigos íntimos.

"No sé si pasamos de esta noche pues nos anunciaron que nos van a bombardear por aire y por mar. No tengo miedo de morir pero lo siento por mis padres, hermano y abuela. A todos ellos, gracias. Nos piden que nos rindamos. La respuesta es: '¡Traigan al principito y vengan a buscarnos!'". 01/05/1982

El 13 de abril se subió a un micro hasta El Palomar. De ahí, un avión a Río Gallegos. Partió para Malvinas un día después, pero su vuelo tuvo que regresar porque el avión que iba adelante había tenido un desperfecto mecánico que produjo problemas en el aterrizaje. Fue como un aviso de lo que iba a venir. El 15 de abril llegó a las Islas Malvinas. "Nos dieron un mapa en inglés y nos ordenaron que camináramos unos 15 kilómetros. Un superior me pidió que llevara un bidón de agua de 40 litros. A los cinco kilómetros me caí al piso y no me pude levantar más. Me temblaban las piernas. Me dijeron que esperara ahí por una camioneta. Llegó a las cuatro horas", dice Marcelo.

"Doy gracias a Dios por haber visto la luz del día...() nos despertamos y le dije al Negro (Walter): '¡Qué hacés, negro puto! ¡Todavía estamos vivos!'. Cada vez nos damos cuenta que el viejo (el principal) está cada vez más cagado. Nos hizo hacer un pozo más hondo y está muy inquieto. No le gusta estar solo y no sale del pozo ni para respirar. Mi compañero y yo no la damos de valientes pero estamos en el pozo sólo para dormir". 02/05/1982

Marcelo Olindi tiene 51 años y es uno de los miles de soldados que participó de la guerra de Malvinas, de la que hoy se cumplen 32 años. Habla con tranquilidad. No le gusta ponerse serio. Cada vez que su relato se vuelve tenso, cambia la dirección y comenta alguna anécdota de la guerra que le suena divertida por lo ridícula y vergonzosa. Está en la sede de La Plata del CECIM (Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas), donde es secretario de actividades recreativas. Parece sentirse como en su casa. Está rodeado por sus "hermanos de la vida", como le gusta llamar a otros excombatientes con los que todavía comparte el día a día. Mientras cuenta su historia, Luis Aparicio y Ernesto Alonso, otros exsoldados, caminan por la oficina, chequean los mails y realizan algunos llamados. Se preparan para otro 2 de abril.

Forma parte de un grupo de soldados que fueron a Malvinas por haber hecho el servicio militar obligatorio en el momento del conflicto. La intención del grupo, fundado en 1982, es la de alejarse de la reivindicación de la guerra. Hace un tiempo que impulsa la causa judicial contra los militares que cometieron crímenes contra los soldados y reclama la identificación de los 123 cuerpos enterrados como NN en el cementerio de Darwin.

MARCELO. Posa adelante de un cuadro de la sede de La Plata del CECIM.

Su papá se enteró de que debía hacer el servicio militar obligatorio y no lo dudó. Asistió a la oficina de Avelino Segundo Latorre, el principal del regimiento 7 de La Plata. Como hicieron muchos otros padres que tenían una posición más o menos acomodada, le ofreció lo que pudo para que su hijo tuviera algún tipo de privilegio en la vida como colimba. Como tenía una empresa constructora, puso al servicio todo tipo de materiales para lo que sea. Marcelo fue a parar a la utilería. Como casi nadie, tenía ropa limpia y cuidada. Cuando llegó a las Malvinas, siguió bajo las órdenes de Latorre. Esta vez, lo mandaron al almacén. Estaba encargado de distribuir la comida al resto de sus compañeros. Un trabajo que no tenía un peligro directo y lo tenía más o menos cerca de los pocos productos que llegaban.

"Todavía acá la noticia del hundimiento Belgrano pesa mucho. Hoy me doy cuenta que acá la calentura de un viejo y el orgullo de un país valen más que la vida de 300 pibes. Por eso rezo para que esto cueste la menor cantidad de víctimas posibles y el menor sufrimiento". 03/05/1982

Desde que salió de La Plata sabía que su arma no funcionaba. Era una ametralladora PAN que estaba falseada, inservible. Los primeros días se obligó a cargarla consigo. Después, desistió. No tenía sentido. Tenía 19 años y carecía de entrenamiento y conocimiento. No sabía cómo protegerse. Tampoco conocía cómo lanzar una bomba o disparar un arma. 

Cuando llegó la primera ración de comida, abrió las cajas con entusiasmo. Debían llegar albóndigas, bombones y otras cosas. Tenía hambre. "Cuando las vamos a preparar, vemos que en realidad eran jabones. 'Se habrán equivocado', pensamos. Casi sobre el final de la guerra llegó otro camión. Abrimos las cajas y era papel higiénico. Nosotros le teníamos que llevar la comida a los que estaban en primera línea. ¿Qué podíamos darle si sólo teníamos papel higiénico y japones?", comenta Marcelo en una extensa charla con TN.com.ar.

"Hoy nos bañamos después de 34 días sin ver agua". 06/05/82

A la sede del CECIM llega Malvina. "Mi nena", la presenta Marcelo mientras sonríe y le da un beso. Tiene 14 años y, pese a que el principio juega un rol protestón en el que sólo parece preocupada por mirar su celular, luego se compenetra en la historia que cuenta su papá. Lo mira en silencio, con admiración.

En Malvinas, la comida no llegó nunca (las primeras 4 víctimas de las 36 que sufrió el regimiento de infantería 7, los soldados Hornos, Granados, Zelarayán y Vargas, murieron por una explosión de una mina mientras intentaban robar animales de un depósito). La única forma de no morir de hambre era a través del mercado negro. Marcelo se convirtió en uno de los referentes para el intercambio de productos. Cambiaba cigarrillos por whisky, galletitas o fideos. Lo que sea.

"No sé qué pasará esta noche pero pido que este diario llegue a manos de mi familia. Si me pasa algo, que mi hermano se quede con el reloj y mi abuela con la pulsera. Jamás sabré agradecer todo lo que hiciste por mí. Lástima que uno se acuerde de eso en estos momentos". 10/05/1982

Como buena parte de los chicos que estuvieron en las Malvinas, repudia la conducta de los militares de carrera. Los que se suponía que eran los más preparados y debían dar el ejemplo, sólo regalaron señales de cobardía y corrupción, salvo contadas ocasiones. Recuerda que su principal en La Plata, Avelino Latorre, en los primeros días en las Islas se vistió de enfermero para no combatir. 

"Esperamos el ataque final. Vieja, mis pensamientos van para vos. Te quiero mucho" 30/05

Marcelo nunca tuvo que disparar un arma pero sí sufrió los bombardeos. También salió lastimado. Cerca del final de la guerra, robó una camioneta junto a otros soldados. El castigo de los ingleses ya no se aguantaba. La desesperación crecía y el miedo a morir se tornaba cada vez más fuerte. Decidieron escapar hacia Puerto Argentino. En camino al lugar donde se suponía que conseguirían algo de paz, chocaron con otro vehículo de soldados. Se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

Vio compañeros muertos y demasiado sufrimiento. Durmió en pozos, empapado, sin poder cambiarse la ropa y con un frío demasiado cruel. "A mí no me gusta contar las cosas feas. Prefiero ver todo desde otro ángulo", comenta mientras recuerda cuando un general arengó a los soldados a correr y tirar unas granadas que, pese a lo que creían todos, no eran de fuego sino de humo.

"¡Socorro! ¡Nos están cagando a tiros!" 12/06

Volvió de las Malvinas sin ningún tipo de lesión, como estaba seguro que iba a ser. Recién dos años más tarde, en 1984, decidió contarles a sus papás que en realidad había ganado el sorteo para no viajar a la guerra pero él quiso tomar el lugar del tucumano López. Su mamá no paraba de llorar. Su padre repetía una y otra vez: "No me sorprende". Estudió arquitectura, ingeniería y medicina. No pudo terminar ninguna carrera. Trabajó en una empresa de seguros durante varios años. El dueño del lugar lo empleó especialmente por ser un excombatiente. "Una rareza para la época. En general, después de la guerra las puertas se cerraron para casi todos", comenta.

"Hoy hemos capitulado luego de replegarnos hacia Puerto Argentino y vivir dos días en un depósito de lana" 13/06

El día que se cumplían 20 años de su salida hacia Malvinas, el 13 de abril del 2002, a las 6, el horario en el que se despertaba tanto en el servicio militar obligatorio como en la mayoría de los días en la guerra, sufrió un ACV (accidente cerebrovascular), unos minutos después de que su mujer se fuera de su casa. "Está claro que algo debe haber pasado por mi cabeza para que me pase eso. Lo primero que pensé fue: 'Estoy discapacitado'", dice. A causa del accidente le quedó la parte derecha del cuerpo paralizada. Se mueve con dificultad. Arrastra la pierna y camina con lentitud. Tiene el brazo retraído, inmóvil.

"Todo es un lujo y nos tratan de mil maravillas. Esto es increíble". 14/06

Tiene tres hijos y reparte su vida en sus dos trabajos como portero para escuelas de La Plata y la permanente colaboración con CECIM. Todos los martes a la noche, los excombatientes se juntan a comer. Aunque les duele, todavía hablan de la guerra. Es una forma de no encerrarse, de sacarse de encima parte de la angustia, de compartirla con otros que vivieron lo mismo mientras todavía luchan por algunos derechos que creen fundamentales. Marcelo es el que suele contar los chistes, el divertido del grupo. Es como si pretendiera olvidar con una sonrisa. Por lo menos hasta que regresen, otra vez, los recuerdos feos. Esos que, pese a todo, no se pueden borrrar.

"Hace dos días que estamos en el Canberra. Nos han tratado a las mil maravillas. No parecen piratas sino caballeros. Nos avisaron que en 24 o 36 horas estaremos en un puerto argentino. La cama fue de primera calidad. Doy gracias a Dios por lo que me protegió". 16/06

Fuente: Tn.com.ar

miércoles, 23 de enero de 2013

“Salve Jorge”: ¿de Palestina o de Capadocia?



En Brasil y en otras partes del mundo hay millones de personas que ven novelas en la televisión. Una, actualmente, “Salve Jorge”, se desarrolla en Capadocia, Turquía, donde habría vivido san Jorge.
Entre los estudiosos existe un debate ya antiguo sobre el lugar de su nacimiento. Ha sido ampliamente discutido por Malga di Paulo, investigadora de la vida del santo, que fue quien proporcionó los datos para la actual novela. Próximamente va a ser publicado un libro suyo. Para Malga, que conoce a fondo la Capadocia, todos los indicios llevan a aquel lugar como la patria natal de este famoso mártir. Otros lo sitúan en Lod, Palestina, hoy Israel, donde se construyó un santuario en su honor.
Es muy poco lo que podemos decir de forma segura sobre el tema. La escuela de historiadores críticos de la vida de los santos y de los mártires, surgida a partir del siglo XVII, los Bolandistas, y su obra el Acta Sanctorum deja abierta la cuestión. Otro grupo, creado en torno a A. Buttler, basándose en los Bolandistas, y accesible en portugués a través de los 12 volúmenes deLa Vida de los Santos (Vozes 1984) asevera: «Hay toda una serie de motivos para creer que san Jorge fue un mártir real y verdadero que sufrió la muerte en Lida (Palestina) probablemente en la época anterior a Constantino (306-337). Fuera de esto, parece que nada más se puede afirmar con seguridad» (vol. IV, p. 188).
Me inclino por afirmar que Palestina y no Capadocia es su lugar de nacimiento. La razón se apoya en el hecho de que habría habido una confusión de nombres. En efecto, había en Capadocia un obispo llamado Jorge de Capadocia, hecho históricamente bien confirmado. Entró en la historia de la teología por las polémicas acerca de la naturaleza de Cristo: ¿sería sólo semejante a la de Dios (arrianos) o sería la misma (anti-arrianos)? Tal discusión dividió a la Iglesia. El emperador Constancio II (uno de sus títulos era el de Papa) quería asegurar la unidad del imperio mediante una confesión única, en este caso, la arriana. Ocupó militarmente Alejandría, foco de la resistencia anti-arriana, e impuso a Jorge de Capadocia como obispo arriano (357-361), asesinado más tarde.
Mi hipótesis es que los primeros compiladores de la vida de san Jorge, ya en el siglo V y después en el siglo XII, confundieron a san Jorge con ese conocido Jorge de Capadocia y así lo hicieron nacer allí. Una hipótesis.
Dejando a un lado la discusión, es importante recordar su figura más conocida: un guerrero montado sobre un caballo blanco, vestido con coraza, con una cruz roja sobre fondo blanco, enfrentándose con su lanza puntiaguda a un terrible dragón.
Como su padre era militar siguió esa carrera. Fue tan brillante que el emperador Diocleciano lo incorporó a su guardia personal con el alto cargo de Tribuno. Cuando este imperador obligó, bajo pena de muerte, a todos los cristianos a renunciar a la fe cristiana y adorar a los dioses romanos, Jorge se negó y salió en defensa de sus hermanos en la fe. Preso y torturado, dice la leyenda que salió milagrosamente ileso de la caldera de plomo y de varios envenenamientos. Pero acabó siendo decapitado.
Al principio, en Occidente era venerado como un simple mártir, con su típica palma. Con el tiempo, y especialmente debido a las cruzadas, pasó a ser representado como guerrero, con sus instrumentos propios, y asociado especialmente al enfrentamiento con el dragón, símbolo del mal y del demonio.
La leyenda más conocida en Occidente es la siguiente:
En cierta ocasión, Jorge, como militar, pasó por Libia en el norte de África. En la pequeña ciudad de Silca el pueblo vivía aterrorizado. En un lago vecino reinaba un terrible dragón. Su soplo era tan mortífero que nadie podía aproximarse a él para matarlo. Cobraba dos carneros al día. Terminados estos, exigía víctimas humanas, escogidas por sorteo. Un día la suerte cayó sobre la hija del rey. Vestida de novia fue al encuentro de la muerte. Y he aquí que entonces aparece san Jorge con su caballo blanco y con su larga lanza. Hiere al dragón y lo domina. Le amarra la boca con el cinto de la princesa y ésta lo conduce manso como un cordero hasta el centro de la ciudad. Y todos, agradecidos, se convirtieron a la fe cristiana.
Es patrono de Inglaterra desde 1222 pero oficialmente sólo desde 1347 con Eduardo III, y se celebra con fiesta solemne (the St .George’s Day), y también lo es de Rusia, de Portugal, de Bulgaria, de Grecia, de Cataluña y de muchísimas ciudades.
Cuando el Vaticano en 1969 hizo una revisión de la lista de los santos y retiró de ella al popular San Jorge, por motivos no totalmente claros, se organizó una gran polémica. Hubo un clamor general, especialmente por parte de Inglaterra, de Cataluña y también del equipo de futbol Corinthians. El cardenal don Paulo Evaristo Arns, corinthiano fervoroso, intercedió ante el Papa Pablo VI en 1969 para que mantuviese la veneración a san Jorge, al menos como celebración optativa. A lo que el Papa respondió: “No podemos perjudicar a Inglaterra ni a la nación corinthiana; sigan con la devoción”. En el año 2000 Juan Pablo II, con sentido pastoral, restableció la fiesta. San Jorge está presente en las tradiciones afro: Ogum para la Umbanda y Oxossi para el candomblé-nagô. En Río de Janeiro el 23 de abril, que es su fiesta, es día feriado municipal, pues es el patrono oficioso de la ciudad.
En el próximo artículo intentaremos descifrar el arquetipo de base que subyace al guerrero san Jorge y al dragón. Hasta entonces, hacemos nuestra la oración popular:
«Andaré vestido y armado con las armas de san Jorge para que mis enemigos, teniendo pies no me alcancen, teniendo manos no me peguen y teniendo ojos no me vean… que mis enemigos queden humildes y sumisos a Vos. Amén».

Fuente: Koinonia

miércoles, 19 de octubre de 2011

Iglesia de Inglaterra, cerca de ordenar mujeres como obispos.


Veintiocho de las 30 diócesis que hasta ahora han votado, lo han hecho a favor del borrador. La Comunión Anglicana cuenta con 77 millones de miembros en el mundo
La votación de las diócesis superó el 50 por ciento necesario para que la legislación vuelva al parlamento de la Iglesia
LONDRES, INGLATERRA (17/OCT/2011).- La Iglesia de Inglaterra despejó otro obstáculo legislativo para ordenar mujeres como obispos, pero los opositores tradicionalistas advirtieron el lunes que la medida no era una conclusión definitiva.
Algunas países anglicanos ya tienen mujeres obispo, como Australia, Estados Unidos y Canadá, pero la ordenación de mujeres y homosexuales como obispos, así como los matrimonios del mismo sexo, siguen siendo los temas más controvertidos que enfrenta la Comunión Anglicana, que cuenta con 77 millones de miembros en todo el mundo.
La Iglesia de Inglaterra votó en principio que las mujeres sean consagradas un borrador de la medida se está analizando en sus 44 diócesis, o grupos de parroquias, como parte del largo proceso legislativo.
Durante el fin de semana, la votación de las diócesis superó el 50 por ciento necesario para que la legislación vuelva al parlamento de la Iglesia, o sínodo general, para una votación final el año próximo.
La Iglesia de Inglaterra ha luchado por encontrar una forma de mantener a los tradicionalistas y evangélicos conservadores dentro de la misma iglesia que los liberales, que están a favor de que mujeres sean ordenadas como obispos, lo que ha resultado en la aparición de enérgicos grupos de presión en cada lado del debate.
Algunos obispos tradicionalistas disidentes y sacerdotes de la Iglesia de Inglaterra han decidido abandonar la Iglesia y aceptar la oferta del Papa Benedicto XVI para cambiar a Roma.
Los conservadores dicen que los apóstoles de Jesucristo eran todos hombres y no hay nada en la Biblia o en la historia de la iglesia para apoyar a mujeres obispos.
En tanto, los liberales afirman que es un insulto el no admitir a las mujeres en posiciones de poder, especialmente dado que casi un tercio de los sacerdotes que trabajan el Consejo de Europa son del género femenino.
Veintiocho de las 30 diócesis que hasta ahora han votado, lo han hecho a favor del borrador.
Eso es suficiente para que el asunto regrese a la Comisión en el próximo sínodo de febrero antes de ir a votación final en el siguiente que se realizará en julio.
Si es aprobada, es poco probable que se ordene a una mujer como obispo antes del 2014.