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miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Extractivismo o ecología?


Boaventura de Sousa Santos*

Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo, y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En estas líneas voy a centrarme en el segundo desafío (sobre el primero, ver “¿Democracia o capitalismo?”, en Página/12 del 6 de enero pasado).

Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía tener gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis tanto estos movimientos como esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas que más directamente se oponen a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como la única solución y sólo excepcionalmente hacen una mención algo simbólica a la responsabilidad ambiental y la sustentabilidad. Y, de hecho, las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras en ser sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Ahora bien, el modelo de crecimiento que estaba en vigor antes de la crisis era el blanco principal de las críticas de los movimientos ambientalistas y ecologistas, precisamente, por ser insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecologista muestra que el capitalismo tiene prioridad no sólo sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.

Pero hoy es evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca la capacidad límite del planeta Tierra. En los últimos meses, varios records de riesgo climático fueron batidos en Estados Unidos, la India, el Artico, y los fenómenos climáticos extremos se repiten con cada vez mayor frecuencia y gravedad. Ahí están las sequías, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulación con productos agrícolas, la creciente escasez de agua potable, el desvío de terrenos destinados a la agricultura para desarrollar agrocombustibles, la deforestación de bosques. Paulatinamente, se va constatando que los factores de la crisis están cada vez más articulados y son, al final, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo está vinculado: la crisis alimentaria, la crisis ambiental, la crisis energética, la especulación financiera sobre los commodities y los recursos naturales, la apropiación y la concentración de tierras, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales, la escasez de agua potable y la privatización del agua, la violencia en el campo, la expulsión de poblaciones de sus tierras ancestrales para abrir camino a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por un medioambiente degradado, dramáticamente evidentes en la mayor incidencia del cáncer en ciertas zonas rurales, los organismos genéticamente modificados, los consumos de agrotóxicos, etcétera. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible realizada en junio de 2012, Río+20, fue un rotundo fracaso por la complicidad mal disfrazada entre las élites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad al lucro de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.

En varios países de América latina, la valorización internacional de los recursos financieros permitió una negociación de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados), que encadenaba a los países de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente, permitió que las fuerzas progresistas, antes vistas como “enemigas del desarrollo”, se liberasen de ese fardo histórico, transformando el boom en una ocasión única para realizar políticas sociales y de redistribución de la renta. Las oligarquías y, en algunos países, sectores avanzados de la burguesía industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder político gubernamental, pero a cambio vieron incrementado su poder económico. Los países cambiaron sociológica y políticamente, hasta el punto de que algunos analistas vieron la emergencia de un nuevo régimen de acumulación, más nacionalista y estatista, el neodesarrollismo, sobre la base del neoextractivismo.

Sea como fuere, este neoextractivismo se basa en la explotación intensiva de los recursos naturales y, por lo tanto, plantea el problema de los límites ecológicos (para no hablar de los límites sociales y políticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto es tanto más preocupante en cuanto este modelo de “desarrollo” es flexible en la distribución social, pero rígido en su estructura de acumulación. Las locomotoras de la minería, del petróleo, del gas natural, de la frontera agrícola son cada vez más potentes y todo lo que se interponga en su camino y obstruya su trayecto tiende a ser arrasado como obstáculo al desarrollo. Su poder político crece más que su poder económico, la redistribución social de la renta les confiere una legitimidad política que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o sólo tuvo en condiciones de dictadura.

Por su atractivo, estas locomotoras son eximias para transformar las señales cada vez más perturbadoras de la inmensa deuda ambiental y social que generan en un costo inevitable del “progreso”. Por otro lado, privilegian una temporalidad que es afín a la de los gobiernos: el boom de los recursos naturales no va a durar para siempre y, por eso, hay que aprovecharlo al máximo en el más corto plazo. El brillo del corto plazo oculta las sombras del largo plazo. En tanto el boom configura un juego de suma positiva, quien se interpone en su camino es visto como un ecologista infantil, un campesino improductivo o un indígena atrasado, y muchas veces es sospechado de integrar “poblaciones fácilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales al servicio de quién sabe quién”.

En estas condiciones se vuelve difícil poner en acción principios de precaución o lógicas de largo plazo. ¿Qué pasará cuando el boom de los recursos naturales termine? ¿Y cuando sea evidente que la inversión de los recursos naturales no fue debidamente compensada por la inversión en recursos humanos? ¿Cuando no haya dinero para generosas políticas compensatorias y el empobrecimiento súbito cree un resentimiento difícil de manejar en democracia? ¿Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas públicos de salud hasta volverlos insostenibles? ¿Cuando la contaminación de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucción de los bosques sean irreversibles? ¿Cuando las poblaciones indígenas, ribereñas y de los quilombos (afrobrasileños) que fueron expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les será negado? Estas preguntas son consideradas por la ideología económica y política dominante como escenarios distópicos, exagerados o irrelevantes, fruto de un pensamiento crítico entrenado para dar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y de ningún atractivo para los grandes medios de comunicación.

En este contexto, sólo es posible perturbar el automatismo político y económico de este modelo mediante la acción de movimientos y organizaciones sociales con el suficiente coraje para dar a conocer el lado destructivo sistemáticamente ocultado del modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda política. La articulación entre los diferentes factores de la crisis deberá llevar urgentemente a la articulación entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Se trata de un proceso lento en el que el peso de la historia de cada movimiento cuenta más de lo que debería, pero ya son visibles articulaciones entre las luchas por los derechos humanos, la soberanía alimentaria, contra los agrotóxicos, contra los transgénicos, contra la impunidad de la violencia en el campo, contra la especulación financiera con productos alimentarios, por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos indígenas y de los quilombos, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, la economía solidaria, la agroecología, el gravamen de las transacciones financieras internacionales, la educación popular, la salud colectiva, la regulación de los mercados financieros, etc.

Tal como ocurre con la democracia, sólo una conciencia y una acción ecológica vigorosas, anticapitalistas, pueden enfrentar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Al “ecologismo de los ricos” es preciso contraponerle el “ecologismo de los pobres”, basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.

* Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal.

Traducción: Javier Lorca.

Fuente: Atrio

jueves, 4 de julio de 2013

A propósito del avión presidencial ¡Basta! al desprecio de nuestros pueblos.

Por Oscar Olivera
4 de julio, 2013.- El día 2 de julio del 2013 todos y todas nos enteramos de la negativa de que el avión del Presidente Morales pase por los cielos de varios países de Europa, en concreto: Francia, Italia, España y Portugal.
Pese a las distintas visiones y actitudes que tengamos entre bolivianos, con relación al gobierno en Bolivia, ésta es una afrenta, un insulto y un atropello a nuestra dignidad por parte de aquellos y aquellas que se creen dueños del mundo, es decir los mandatarios de los países imperialistas, el gran capital y sus operadores, en contra de nuestros Pueblos.
Todas las personas que tuvimos y tenemos el privilegio, y la desgracia al mismo tiempo, de haber viajado al exterior del país, hemos sufrido en nuestros cuerpos y nuestras almas la alegría y la indignación al mismo tiempo.
Alegría porque nos hemos encontrado con la generosidad y aprecio de los pueblos de otras partes del mundo y hemos comprendido, en estos encuentros, que somos un solo pueblo, porque la opresión, la resistencia y la lucha, contra el desprecio hacia los de abajo, nos hermana, nos une.
Indignación porque hemos y somos objeto de la discriminación, racismo, desprecio y de persecución de funcionarios y gobiernos, de estas élites y sus aparatos institucionales que nos observan y sienten como si fuéramos inferiores, delincuentes o terroristas.
Cuántos de nosotros y nosotras hemos apretado los dientes de rabia e indignación y cuantos de nosotros y nosotras hemos elevado nuestra voz de protesta también en esos espacios migratorios o en tránsito en nuestros recorridos por el Mundo, al ser interrogados, revisados y hasta desvestidos.
Lo ocurrido con el Presidente Morales es lo que pasa con los de abajo, con la gente común, sencilla y trabajadora de nuestros Pueblos.
Para los delincuentes políticos, para los genocidas, los ladrones de Bancos, los asesinos de nuestros Pueblos, los cielos y las aduanas están abiertos y libres a su paso, en mas de los casos protegidos por el Poder del dinero y los gobiernos de los denominados países del primer mundo.
No podemos olvidar de lo que cotidianamente pasan no solo a nuestros compatriotas, como Evo Morales, sino también los hermanos y hermanas mexicanos y mexicanas, en la frontera y en el propio territorio de EE.UU, o los bravos y bravas combatientes de la Palestina querida, y los millones de cuerpos de hombres, mujeres, jóvenes, niños, niñas, ancianos y ancianas, que deambulan por todo el mundo en busca de mejores condiciones de vida.
Hoy debemos unir nuestras voces para visibilizar estas condiciones a las que nos someten y nos quieren someter los nuevos colonizadores del mundo, nuestra respuesta deberá ser mantenernos de pie, con la mirada firme y serena en la seguridad de un presente y un futuro dignos, nuestra voz fuerte en un: ¡Ya Basta!

*Oscar Olivera fue dirigente obrero de 1980 a 2000 y portavoz de la Coordinadora del Agua en el año 2000, en Cochabamba, Bolivia.
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Fuente: Tejido de Comunicación de la Asociación de Cabildos del Norte del Cauca (ACIN):http://www.nasaacin.org/index.php/informativo-nasaacin/3-newsflash/5896-a-proposito-del-avion-presidencial

Otras noticias:


Fuente: Servindi

miércoles, 23 de enero de 2013

“Salve Jorge”: ¿de Palestina o de Capadocia?



En Brasil y en otras partes del mundo hay millones de personas que ven novelas en la televisión. Una, actualmente, “Salve Jorge”, se desarrolla en Capadocia, Turquía, donde habría vivido san Jorge.
Entre los estudiosos existe un debate ya antiguo sobre el lugar de su nacimiento. Ha sido ampliamente discutido por Malga di Paulo, investigadora de la vida del santo, que fue quien proporcionó los datos para la actual novela. Próximamente va a ser publicado un libro suyo. Para Malga, que conoce a fondo la Capadocia, todos los indicios llevan a aquel lugar como la patria natal de este famoso mártir. Otros lo sitúan en Lod, Palestina, hoy Israel, donde se construyó un santuario en su honor.
Es muy poco lo que podemos decir de forma segura sobre el tema. La escuela de historiadores críticos de la vida de los santos y de los mártires, surgida a partir del siglo XVII, los Bolandistas, y su obra el Acta Sanctorum deja abierta la cuestión. Otro grupo, creado en torno a A. Buttler, basándose en los Bolandistas, y accesible en portugués a través de los 12 volúmenes deLa Vida de los Santos (Vozes 1984) asevera: «Hay toda una serie de motivos para creer que san Jorge fue un mártir real y verdadero que sufrió la muerte en Lida (Palestina) probablemente en la época anterior a Constantino (306-337). Fuera de esto, parece que nada más se puede afirmar con seguridad» (vol. IV, p. 188).
Me inclino por afirmar que Palestina y no Capadocia es su lugar de nacimiento. La razón se apoya en el hecho de que habría habido una confusión de nombres. En efecto, había en Capadocia un obispo llamado Jorge de Capadocia, hecho históricamente bien confirmado. Entró en la historia de la teología por las polémicas acerca de la naturaleza de Cristo: ¿sería sólo semejante a la de Dios (arrianos) o sería la misma (anti-arrianos)? Tal discusión dividió a la Iglesia. El emperador Constancio II (uno de sus títulos era el de Papa) quería asegurar la unidad del imperio mediante una confesión única, en este caso, la arriana. Ocupó militarmente Alejandría, foco de la resistencia anti-arriana, e impuso a Jorge de Capadocia como obispo arriano (357-361), asesinado más tarde.
Mi hipótesis es que los primeros compiladores de la vida de san Jorge, ya en el siglo V y después en el siglo XII, confundieron a san Jorge con ese conocido Jorge de Capadocia y así lo hicieron nacer allí. Una hipótesis.
Dejando a un lado la discusión, es importante recordar su figura más conocida: un guerrero montado sobre un caballo blanco, vestido con coraza, con una cruz roja sobre fondo blanco, enfrentándose con su lanza puntiaguda a un terrible dragón.
Como su padre era militar siguió esa carrera. Fue tan brillante que el emperador Diocleciano lo incorporó a su guardia personal con el alto cargo de Tribuno. Cuando este imperador obligó, bajo pena de muerte, a todos los cristianos a renunciar a la fe cristiana y adorar a los dioses romanos, Jorge se negó y salió en defensa de sus hermanos en la fe. Preso y torturado, dice la leyenda que salió milagrosamente ileso de la caldera de plomo y de varios envenenamientos. Pero acabó siendo decapitado.
Al principio, en Occidente era venerado como un simple mártir, con su típica palma. Con el tiempo, y especialmente debido a las cruzadas, pasó a ser representado como guerrero, con sus instrumentos propios, y asociado especialmente al enfrentamiento con el dragón, símbolo del mal y del demonio.
La leyenda más conocida en Occidente es la siguiente:
En cierta ocasión, Jorge, como militar, pasó por Libia en el norte de África. En la pequeña ciudad de Silca el pueblo vivía aterrorizado. En un lago vecino reinaba un terrible dragón. Su soplo era tan mortífero que nadie podía aproximarse a él para matarlo. Cobraba dos carneros al día. Terminados estos, exigía víctimas humanas, escogidas por sorteo. Un día la suerte cayó sobre la hija del rey. Vestida de novia fue al encuentro de la muerte. Y he aquí que entonces aparece san Jorge con su caballo blanco y con su larga lanza. Hiere al dragón y lo domina. Le amarra la boca con el cinto de la princesa y ésta lo conduce manso como un cordero hasta el centro de la ciudad. Y todos, agradecidos, se convirtieron a la fe cristiana.
Es patrono de Inglaterra desde 1222 pero oficialmente sólo desde 1347 con Eduardo III, y se celebra con fiesta solemne (the St .George’s Day), y también lo es de Rusia, de Portugal, de Bulgaria, de Grecia, de Cataluña y de muchísimas ciudades.
Cuando el Vaticano en 1969 hizo una revisión de la lista de los santos y retiró de ella al popular San Jorge, por motivos no totalmente claros, se organizó una gran polémica. Hubo un clamor general, especialmente por parte de Inglaterra, de Cataluña y también del equipo de futbol Corinthians. El cardenal don Paulo Evaristo Arns, corinthiano fervoroso, intercedió ante el Papa Pablo VI en 1969 para que mantuviese la veneración a san Jorge, al menos como celebración optativa. A lo que el Papa respondió: “No podemos perjudicar a Inglaterra ni a la nación corinthiana; sigan con la devoción”. En el año 2000 Juan Pablo II, con sentido pastoral, restableció la fiesta. San Jorge está presente en las tradiciones afro: Ogum para la Umbanda y Oxossi para el candomblé-nagô. En Río de Janeiro el 23 de abril, que es su fiesta, es día feriado municipal, pues es el patrono oficioso de la ciudad.
En el próximo artículo intentaremos descifrar el arquetipo de base que subyace al guerrero san Jorge y al dragón. Hasta entonces, hacemos nuestra la oración popular:
«Andaré vestido y armado con las armas de san Jorge para que mis enemigos, teniendo pies no me alcancen, teniendo manos no me peguen y teniendo ojos no me vean… que mis enemigos queden humildes y sumisos a Vos. Amén».

Fuente: Koinonia