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lunes, 6 de enero de 2020

Contra el cambio climático, otra manera de convivir.

Construcción del proyecto Entrepatios en Usera, Madrid. sAtt Arquitectura

El proyecto de 'cohousing' ecológico Entrepatios rompe moldes gracias a sus innovadores espacios en comunidad y su tecnología de eficiencia energética

En Entrepatios, el cambio de mentalidad empieza por el tejado. "Normalmente el ático se reserva para el vecino más rico y privilegiado", explica el arquitecto Iñaki Alonso. "Aquí hemos decidido convertirlo en un espacio para la comunidad, con una cocina de uso compartido, con espacios de 'coworking' y con una amplísima terraza abierta para todos. Y con espacio suficiente para las placas solares de 30 kilovatios que abastecerán la mitad de las necesidades energéticas del edificio".

Desde la incomparable terraza de Entrepatios se otea a lo lejos el Pirulí y se siente muy cerca el Parque Lineal del Manzanares. Estamos en Usera, orientados hacia el sur, en este edificio de diseño bioclimático, construido principalmente con madera, usando aislamientos de reciclado textil y siguiendo los principios de 'passivhaus' para la máxima eficiencia energética.

Quince años ha tardado en cuajar este sueño de 17 viviendas, en cooperativa y bajo la modalidad de "derecho de uso", que aspira a crear otra manera de "convivir" en la periferia de Madrid. "Ha sido un larga lucha hasta lograr hacer las cosas de un modo diferente y concebir un tipo de vivienda más respetuosa con el medio ambiente, y también más coherente con los valores sociales de quienes nos disponemos a habitarla", asegura Iñaki Alonso, al frente del estudio sAtt Arquitectura Abierta, que se ha sumado como un vecino más al proyecto.

Antes de acabar incluso la construcción (las casas se entregan en febrero), Entrepatios ha recibido el Premio Europea de Vivienda Cooperativa 2019. Una delegación de la COP25 visitó en diciembre las obras como el ejemplo más palpitante construcción en tiempos de crisis climática y el proyecto más innovador en toda España (junto al precedente de La Borda en Barcelona).

Entrepatios ha sido, de hecho, el embrión de Distrito Natural, el ecosistema de coviviendas ecológicas de 'cero emisiones' que aspira a construir 10 proyectos en la periferia de Madrid, con Villaverde recogiendo el testigo en el 2020. "La experiencia acumulada nos va permitir culminar los proyectos en poco más de dos años, entre permisos y construcción", advierte Iñaki Alonso. "Hemos demostrado que otra manera de construir y convivir es posible".

"Lo que queremos es crear un modelo de vivienda ajustada a los tiempos en que vivimos y apoyado en tres pilares: el ambiental, el social y el económico", sostiene Iñaki Alonso, mientras recorre los pasillos exteriores al estilo corrala que facilitarán la relación entre los vecinos y el crecimiento de una cubierta vegetal con jardineras y celosías.
REAPROVECHAMIENTO TOTAL

La economía de triple balance y el modelo circular, de total reaprovechamiento de los recursos, son otros da los principios que inspiran Entrepatios, donde se ha utilizado una herramienta innovadora, el Ecómetro, para calcular el impacto del edificio en su ciclo de vida.

"Hemos logrado reducir el impacto del edificio sobre el cambio climático un 39% sobre un bloque de ladrillo y hormigón de las mismas características", asegura el arquitecto. "El consumo de energía es notablemente inferior: la factura de la luz va ser de 20 a 25 euros por vecino".

Pero el secreto mejor guardado de Entrepatios Las Carolinas está precisamente el proceso de construcción: el edificio cuenta con una estructura de hormigón armado en el sótano y un forjado en la planta baja para completar el resto de alturas. Al margen de eso, se trata, básicamente, de una casa de madera (contralaminada), lo cual ha reducido notablemente el peso y la huella ecológica.

"Y eso por no hablar de cómo se ha simplificado el proceso productivo, armando básicamente el edificio como un mecano y sin necesidad de tener a los encofradores trabajando de principio a fin", agrega Iñaki Alonso, que pone también el énfasis en la innovadora parte económica.
FRENTE A LA ESPECULACIÓN

"Queremos demostrar que, frente a la especulación, hay otra manera de acceder a la vivienda en la ciudad", asegura el arquitecto. "Para ello conectamos a una comunidad de inversores de impacto con una comunidad de vecinos concienciados".

Más allá de las opciones antitéticas de comprar o alquiler, Entrepatios funcionará en régimen de "cesión de uso". La noción de cooperativa ecosocial introduce elementos del "procomún" y supone una implicación más directa y participativa de los vecinos.

"El pánico a las reuniones de la comunidad de vecinos desaparece en cuanto descubrimos que es posible vivir de otra manera, compartiendo espacios y usos", recalca Iñaki Alonso desde la terraza colectiva de Entrepatios. "Entre la burbuja individualista en la que vivimos hoy en día y la vieja noción de la comuna, hay otros modelos de convivencia, más acordes con estos tiempos de crisis climática. El 'coworking' fue una revolución cuando empezó a implantarse hace poco más de ocho años. En la próxima década se va a hablar mucho del "coliving". Aunque, para llegar hasta allí, va a hacer falta un cambio de mentalidad".

Fuente: elmundo.es

lunes, 10 de junio de 2019

Semana del medio-ambiente: garantizar el futuro de la vida y de la Tierra.


Leonardo Boff

En el mundo entero y también entre nosotros se celebra con eventos y discusiones ecológicas la Semana del Medio-Ambiente. Lógicamente, el medio-ambiente no nos satisface, pues queremos el ambiente entero.

El Papa en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común” (2015) superó este reduccionismo y propuso una ecología integral que abarca lo ambiental, lo social, lo político, lo mental, lo cotidiano y lo espiritual. Como han dicho grandes exponentes del discurso ecológico: con este documento, dirigido a la humanidad y no solo a los cristianos, el Papa Francisco se coloca a la cabeza de la discusión ecológica mundial. En su detallada exposición sigue el guión metodológico de la Iglesia de la Liberación y de su teología: ver, juzgar, actuar y celebrar.

Fundamenta sus afirmaciones (el ver) con los datos más seguros de las ciencias de la Tierra y de la vida; somete a un riguroso análisis crítico (juzgar) lo que él llama “paradigma tecnocrático” (n.101), productivista, mecanicista, racionalista, consumista e individualista cuyo “estilo de vida sólo puede desembocar en catástrofes” (n.161). El juzgar implica una lectura teológica donde el ser humano emerge como cuidador y guardador de la Casa Común (todo el capítulo II). Coloca como hilo conductor la tesis básica de la cosmología, de la física cuántica y de la ecología: el hecho de que “todo está relacionado y, todos nosotros, seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa… que nos une también con tierno afecto al hermano Sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra” (n.92). Propone prácticas alternativas (actuar) pidiendo con urgencia una “radical conversión ecológica” (n.5) en nuestro modo de producir y de consumir, “alegrándonos con poco” (n.222) “con sobriedad consciente” (n.223), “en la convicción de que cuanto menos, tanto más” (n.222). Destaca la importancia de “una pasión por el cuidado del mundo”, “una verdadera mística que nos anima” (el celebrar) para asumir nuestras responsabilidades ante el futuro de la vida.

Actualmente se libra una batalla feroz entre dos visiones con respecto a la Tierra y a la naturaleza que afectan nuestra comprensión y nuestras prácticas. Esas visiones están presentes en casi todos los debates.

La visión predominante, que constituye el núcleo del paradigma de la modernidad, ve la naturaleza como algo que ha sido destinado para nosotros, cuyos bienes y servicios (el sistema prefiere llamarlos “recursos”, los andinos “bondades de la naturaleza”) están disponibles para nuestro uso y bienestar. El ser humano está en la posición adánica de quien se considera “maestro y señor” (Descartes) de la naturaleza, fuera y por encima de ella. Considera a la Tierra una realidad sin propósito (res extensa), una especie de baúl lleno de bienes y servicios infinitos que sostienen un proyecto de desarrollo/crecimiento también infinito. De esta actitud de “dominus” (dueño) surgió el mundo científico-técnico que tantos beneficios nos ha traído, pero que al mismo tiempo ha creado una máquina de muerte que, con armas químicas, biológicas y nucleares, nos puede destruir a todos y poner en peligro la biosfera.

La otra visión, contemporánea, que tiene más de un siglo de vigencia pero que nunca logró hacerse hegemónica, entiende que somos parte de la naturaleza y que la Tierra está viva y se comporta como un superorganismo vivo, auto-regulado, combinando los factores físico-químicos y ecológicos de forma tan sutil y articulada que siempre mantiene y reproduce la vida. El ser humano es parte de la naturaleza y aquella porción de la Tierra que en un proceso de altísima complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Nuestra misión es cuidar de este gran “Ethos” (en griego significa casa) que es la Casa Común. Somos el “frater” (hermano) de todos. Debemos producir para atender las demandas humanas pero en consonancia con los ritmos de cada ecosistema, cuidando siempre de que los bienes y servicios puedan ser usados con una sobriedad compartida, con vistas a las futuras generaciones.

En una mesa redonda con representantes de varios saberes, se discutían formas de protección de la naturaleza. Había un cacique pataxó del sur de Bahía que habló por último y dijo: “no entiendo el discurso de ustedes, todos quieren proteger a la naturaleza; yo soy la naturaleza y me protejo”. Aquí está la diferencia: todos hablaban sobre la naturaleza como quien está fuera de ella, nadie sintiéndose parte de ella. El indígena se sentía naturaleza. Protegerla es protegerse a sí mismo que es naturaleza.

Este debate todavía está en curso. El futuro apunta a la segunda visión, la de mirar a la Tierra como Gaia, Pachamama, Gran Madre y Casa Común. Lentamente vamos tomando conciencia de que somos naturaleza y defenderla significa defendernos a nosotros mismos y a nuestra propia vida. De lo contrario, la primera visión, la de la Tierra y la naturaleza como un baúl de “recursos infinitos”, nos puede llevar a un camino sin retorno.


*Leonardo Boff ha escrito: ”Cómo cuidar de la Casa Común”, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

domingo, 9 de junio de 2019

Ya hemos destruido el 90 por ciento de los pastizales de la Tierra.


Por Sergio Parra

Xataka Ciencia, 7 de junio, 2019.- Los pastizales y matorrales templados, es decir, las praderas y estepas, conforman un bioma cuyos ecosistemas predominantes lo constituyen gramíneas, juncales, pastos o césped. La mayoría de las praderas han sido alteradas extensamente y ahora son las principales regiones mundiales de producción de cereales como trigo, maíz y otros granos.

Los seres humanos ya han destruido más del 90 por ciento de ellos, la mayor parte para producir nuestra comida: el pastoreo solo ocupa una cuarta parte de toda la tierra. Lo que queda es muy frágil porque la estacionalidad de los pastizales los hace vulnerables a los cambios en la precipitación y la temperatura.

Solo el 5 por ciento de los prados restantes de la Tierra se conservan, lo que los convierte en el bioma menos protegido. Estos son los lugares que todavía se protegen:
El Serengueti (Tanzania)

El Parque nacional Serengueti es un parque nacional de grandes proporciones (13.000 km²) en Tanzania, África. Es famoso por las migraciones anuales de miles de ñúes. El pueblo Masái ya criaba a sus animales en las "planicies sin fin" de la región 200 años antes de la llegada de los primeros exploradores europeos.

Esta sabana es uno de los ecosistemas más antiguos de la Tierra. Los ecólogos creen que el clima, la flora y la fauna de la zona apenas han cambiado en los últimos millones de años.

Aunque la llanura está bien protegida por el Parque Nacional del Serengeti y el Área de Conservación de Ngorongoro, la mano humana se está colando en los márgenes. El ganado se adentra en las áreas protegidas, y los cazadores furtivos intrusos matan ilegalmente a grandes mamíferos cuyos excrementos ayudan a abonar la tierra.



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Banni Grasslands Reserve (India)

La reserva de los pastizales de Banni o los pastizales de Banni forman un cinturón de ecosistemas de pastizales áridos en el extremo sur del desierto de las marismas de Rann of Kutch en el distrito de Kutch, estado de Gujarat, India.

Son conocidos por su rica vida silvestre y biodiversidad y se extienden por un área de 3,847 kilómetros cuadrados. Actualmente están legalmente protegidos bajo el estado de bosque protegido o de reserva en la India.

En la década de 1960 hubo dos cambios importantes comenzaron a destruir el ecosistema. Primero, el gobierno plantó Prosopis juliflora para amortiguar las salinas pantanosas en el norte, pero el arbusto invasor terminó asfixiando las plantas nativas.

En la misma década, los humanos represaron ríos para redirigir la hidratación hacia los cultivos. Sin esos flujos para diluir el agua de mar, aproximadamente la mitad del suelo en Banni es ahora salado e infértil.



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Estepa de Mongolia

Se extienden desde el noreste de China hasta Siberia. La sequía y la minería ya están reduciendo la estepa, y un impulso hacia la privatización ha acelerado el desastre.

Los agricultores han reemplazado el ganado tradicional nómada, que no afecta a la flora, con rebaños más grandes en parcelas más pequeñas. La creciente demanda de cachemira también ha impulsado un aumento en las cabras domesticadas, que comen raíces, lo que dificulta la regeneración de las plantas.


Grandes Llanuras (Norteamérica)

Las Grandes Llanuras es una alta y amplia meseta que se extiende al este de las Montañas Rocosas, en el continente americano, y cubre el estado mexicano de Coahuila, los estadounidenses de Nuevo México, Texas, Oklahoma, Colorado, Kansas, Nebraska, Wyoming, Montana, Dakota del Sur y Dakota del Norte. En Canadá, se extienden por las provincias canadienses de Alberta, Saskatchewan y Manitoba.

Solo la mitad de los 720 millones de acres originales de la llanura del medio oeste es todavía salvaje. La desaparición de la pradera comenzó cuando los colonos del siglo XIX mataron de 30 a 50 millones de bisontes estadounidenses, un mamífero que pasta y fertiliza la flora nativa.

Al mismo tiempo, los agricultores convirtieron rápidamente el mar de pastos en campos de trigo y maíz. A diferencia de las hojas resistentes, estos cultivos no pueden soportar la sequía.

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La Pampa (Argentina)

Como su nombre lo indica, gran parte del territorio de la provincia forma parte de la extensa llanura pampeana, sin embargo, existen importantes variaciones de relieve.

Gracias al suelo fértil en el este de Argentina, el cultivo de trigo, maíz y soja se intensificó a finales de los años 80 y principios de los 90. Hoy, impulsada por la creciente demanda mundial, la soja se ha convertido en el cultivo dominante, en detrimento de la tierra.

Los campos absorben nitrógeno, fósforo y potasio del suelo más rápido de lo que los agricultores pueden reemplazarlos. Las personas también están ocupando espacio: más de la mitad de los argentinos residen en grandes ciudades como Buenos Aires, que solía ser una pradera salvaje.

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miércoles, 5 de junio de 2019

La subversión de la Vida.

Por: Marcelo Barros

Cada año, la ONU consagra el 05 de junio como día internacional del ambiente. Por eso, en todo el mundo, si hacen conferencias y encuentros sobre el cuidado con la Tierra, el Agua y la naturaleza. Todos saben: la vida en la Tierra se encuentra amenazada. 

En todo el mundo, una multitud de personas y la misma vida en el planeta se encuentran en riesgo. En América Latina y Caribe, el sistema económico dominante produce destrucción de florestas, contaminación de ríos y calentamiento del clima. En Brasil, en esa semana anterior à la fiesta de Pentecostés, cristianos y ministros de seis Iglesias se reúnen en la oración por la unidad. En ese año, el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas propuso que las oraciones sean en solidaridad à las víctimas de las minerías y por los ríos de la región contaminados con residuos tóxicos. 

Sin embargo, en medio de toda esa realidad trágica, la madre Tierra y la naturaleza muestran que la Vida es siempre subversiva. Sea como sea, encuentra fuerza para resistir y reafirmarse presente, mismo en escenarios de muerte. Diversas organizaciones sociales buscan cambios de camino para el mundo. Comunidades indígenas latinoamericanas proponen el Bien-vivir, como paradigma de civilización para la humanidad. 

Para octubre próximo, el papa Francisco convoca un Sínodo extraordinario de obispos. En Roma, durante tres semanas, representantes de episcopados de todo el mundo si ocuparán de la Amazonia. Verán cómo apoyar à los pueblos indígenas y habitantes de las margines del grande río. Tratarán del cuidado con la selva y el bioma amazónico. En esa semana, el papa envió al Brasil, el Monseñor Bruno Marie Duffé, como su representante para visitar la comunidad de Brumadinho, MG, donde una represa si explotó y mató más de 200 personas sepultadas bajo el lodo tóxico. El papa mandó su cruz pectoral como signo de su preocupación y su amor à la comunidad. Es un pequeño signo, pero que nos invita a una actitud de acción de gracias por la subversión de la Vida que irrumpe obstinada, donde ni siquiera se podría más esperar. Al mismo tiempo, somos llamados/as a tomar posición en defesa de la Tierra y de la naturaleza amenazadas. Los cristianos que, en el próximo domingo, celebrarán la fiesta de Pentecostés, contemplarán la presencia del Espíritu Divino en el universo y en nosotros. El es esa Vida que vence las fuerzas de la muerte. En el inicio de las celebraciones, cantarán un verso inspirado en el libro de la Sabiduría que dice: El Espírito del Señor abraza todo el universo y asume todo en su amor, aleluia! (Cf. Sb 1, 7).

Imagen: https://www.milenio.com/cultura/dia-mundial-del-medio-ambiente-que-es-y-por-que-se-celebra-el-5-de-junio E

domingo, 31 de marzo de 2019

La campaña contra Greta es un índice de la pérdida de valores.

Greta Thunberg delante del parlamento sueco en Estocolmo, agosto de 2018. (Imagen de Anders Hellberg - CC BY-SA 4.0)

Greta Thunberg, figura central de la huelga estudiantil 'Fridays For Future', viene siendo criticada por algunos medios de comunicación, científicos y políticos.

De acuerdo con el periodista y economista, Roberto Savio, la ola de cuestionamientos hacia la activista adolescente se divide en cuatro grupos.

El primer grupo (el estúpido, según Savio) juzga a la joven ecologista por tener un doble discurso, "demostrado" cuando consume un plátano en vez de una manzana producida localmente en Suecia.

El segundo grupo (el celoso) está liderado por los científicos del clima, quienes alegan que se debería enfocar la atención mediática en ellos y no en una inexperta en el tema.

El tercer grupo (los puristas) reprocha que los padres de la activista sean ecologistas activos, contexto que la instrumentaliza a los intereses de una corriente ambientalista. 

El cuarto grupo (los paternalistas) sostiene que los jóvenes, como Greta Thunberg y los seguidores del 'Fridays For Future', no pueden liderar un movimiento importante porque no son conscientes a su edad, " a menos que escuchen a sus mayores".

El autor considera que este escenario de demonización contra la estudiante de 16 años se debe a que la sociedad actual vive tiempos de miedo, codicia y, sobre todo, una era del "pensamiento maligno".

A continuación, el artículo:

Por Roberto Savio*

Desde la poderosa marcha de cientos de miles de estudiantes en 1.000 ciudades contra el cambio climático, una inesperada campaña de deslegitimación, “desmitificación” y demonización ha comenzado contra Greta Thunberg, la adolescente sueca que inició el movimiento. Después de buscar en los medios de comunicación, los medios sociales y los sitios web, esta campaña se puede dividir en cuatro grupos diferentes.

El primero podría llamarse el estúpido. Una escritora reporta fotos de Greta comiendo un plátano, afirmando que esto prueba que tiene un doble estándar. Quiere reducir las emisiones de gases, y luego come plátanos que vienen de lejos. ¿Por qué no come una manzana, que se produce localmente en Suecia?

Otro escritor observa que Greta tiene dos hermosos perros grandes, pero esos perros deben estar comiendo carne, y las vacas son la mayor fuente de emisión de metano (mucho más dañina que el C02) y una vaca usa hasta 15.000 litros de agua antes de alcanzar la edad de sacrificio.

Luego, un tercero observa que Greta puede no tomar aviones, pero que con el uso de trenes está utilizando claramente la energía eléctrica, que sigue siendo generada básicamente por el carbón.

También hay una lectora que protesta fuertemente porque ha comprado un sándwich en el tren, que viene con una envoltura de plástico, y así está contribuyendo al daño causado por el plástico a los mares.

Estamos claramente en el reino de la estupidez, porque es imposible que alguien haga algo en este mundo sin contribuir a su degradación. Esto sólo cambiará cuando el sistema político corrija nuestro estilo de vida (¡tomemos nota que, por lo que parece, esto es improbable!).

Si Greta les pidiera a sus padres que regalaran los dos perros, no se mudaran de Estocolmo en absoluto, y comieran sólo manzanas locales, ¿haría esto una contribución tan importante a un clima mejor? ¿O es más constructivo hacer campaña y movilizar a cientos de miles de personas?

Al segundo grupo se le puede llamar celoso. Estos son los científicos del clima que han escrito en todas partes que comenzaron a luchar contra el cambio climático incluso antes de que naciera Greta (que ahora tiene 16 años).

¿Cómo es posible que hayan sido ignorados y que ahora una niña sin preparación sea capaz de movilizar a la gente de todo el mundo? No hay autocrítica del hecho de que no han sido capaces de inspirar y comunicarse con los estudiantes.

Además, Greta no hizo campaña como experta. Su mensaje en Davos, en Bruselas, en todas partes, fue: por favor, escuchen a los científicos. Un viejo proverbio chino dice: nunca pelees con tus aliados.


Greta no hizo campaña como experta. Su mensaje en Davos, en Bruselas, en todas partes, fue: por favor, escuchen a los científicos. Un viejo proverbio chino dice: nunca pelees con tus aliados. 

El tercer grupo son los puristas. Han estado redistribuyendo informes de periodistas suecos por todas partes que profundizan en los antecedentes de Greta, descubriendo que sus padres son ecologistas activos, que su padre siempre la ha apoyado, y que ha sido influenciada por una famosa activista que ha estado detrás de ella a cada paso.

Afirman que para creer a Greta habría sido necesario que sus padres se hubieran mostrado indiferentes a los temas climáticos, y que ella debería haber sido totalmente ajena a los círculos ecológicos.

Y esta campaña continúa, aunque todos los periodistas suecos declararan unánimemente que Greta no ha sido un instrumento de nadie, y que sólo está cumpliendo sus compromisos.

También porque, por gracia de los dioses, tiene una condición mental llamada Síndrome de Asperger, lo que la convierte en una persona de una sola mente, indiferente a los reconocimientos, cumplidos y compromisos. 

Así, en una carta a Le Figaro, uno de los puristas pregunta si es lógico poner a cientos de miles de estudiantes de todo el mundo “bajo la guía de un zombi”.

Esta categoría también incluye a muchos que se quejan de que Greta no está denunciando el hecho de que Suecia está ganando dinero con la venta de armas. Greta no ha denunciado a nadie, así que los responsables están contentos.

Greta no ha iniciado ninguna campaña contra las finanzas porque no entiende que sólo sometiendo las finanzas se puede cambiar el clima. Y así sucesivamente, de acuerdo con las lentes a través de las cuales sus críticos la miran.

Y por supuesto, está el grupo más legítimo, los paternalistas. Se trata de un grupo fisiológico que incluye a aquellos que piensan que los jóvenes no tienen ni idea de la vida real, y que nada serio saldrá del movimiento de los estudiantes, a menos que escuchen a sus mayores.

Su lugar es en la escuela, no en la calle, no tienen la madurez para entender temas que requieren una preparación científica.

Un ejemplo es una carta publicada en el Corriere della Sera, en la que alguien observa que los jóvenes ya casi no leen libros, usan smartphones todo el día e ignoran la música clásica o el teatro: carecen de la seriedad necesaria para un cambio real.

Un ejemplo extremo de cómo el paternalismo es el gemelo del patriarcalismo fue un comentario hecho por un adulto bien vestido en un grupo que observaba a los estudiantes marchando por el cambio climático:

“Me pregunto cuántas de esas chicas son todavía vírgenes.” Cuando se le preguntó sobre la relación entre la virginidad y el cambio climático, la respuesta fue: “Bueno, hasta que una chica sea virgen, puede tener ilusiones, pero no después.”

Esas diversas reacciones contra una joven que simplemente pide crecer en un mundo sostenible son claramente representativas de cuánto ha cambiado la sociedad en la última década.

Hemos recorrido un largo camino. El período posterior a la Segunda Guerra Mundial se caracterizó por la necesidad de reconstruir, de hacer sacrificios, de hacer de Europa una isla de paz, de creer que la política era una herramienta participativa para cambiar la sociedad para mejor.

La certeza de los jóvenes de que serían mejores que sus padres, era la creencia de todos. Los mítines políticos vieron a millones de personas en las calles, con esperanzas y compromisos.

Todos sabemos cómo se derrumbó ese mundo de idealismo. Con la destrucción del Muro de Berlín, las ideologías fueron las primeras en desaparecer. La palabra clave era pragmatismo. Pero era un pragmatismo prisionero de la filosofía neoliberal que era intocable.

Como dijo Margaret Thatcher, no hay alternativa (TINA). Los costos sociales eran improductivos, y las finanzas cobraron vida por sí solas, sin estar ya vinculadas a la palabra producción.

El estado fue reducido al mínimo. Deberíamos recordar que Reagan propuso la abolición del Ministerio de Educación y la privatización total de la sanidad. Las Naciones Unidas se consideraban obsoletas: el comercio, no la ayuda.

Durante tres décadas, desde Reagan (1981) hasta la gran crisis financiera de 2008, el lema fue: competir, hacerse rico, a nivel nacional e individual. La política se convierte en una mera actividad administrativa, desprovista de visión a largo plazo.

La llegada de Internet cambió la sociedad de un hilo interactivo y conectado de relaciones basadas en plataformas para compartir, a una red de mundos virtuales paralelos en los que buscar refugio y evitar la acción pública.

Los medios de comunicación, seguidos de una degradación de la complejidad de la información, concentrándose en los eventos e ignorando los procesos. La televisión pasó básicamente al campo del entretenimiento con programas que daban forma a la cultura popular, como el Gran Hermano, o L’Isola dei Famosi (La isla de los famosos).

La codicia se consideraba buena para la sociedad y Hollywood la elogiaba.

Todos vivíamos en una burbuja financiera que estalló en 2008. Estaba claro entonces que la política ya no controlaba las finanzas, sino viceversa.

Según Bloomberg, para salvar el sistema bancario, Estados Unidos tuvo que gastar 12,8 billones de dólares, Europa 5 billones de dólares, 1,6 billones sólo para estabilizar el euro. China gastó 156.000 millones y Japón más de 110.000 millones.

Nadie sabe con seguridad cuánto le costó al mundo salvar su sistema bancario, que era (y es), sin ningún control ni organismo regulador.

Si la cantidad pagada para rescatar a los bancos se hubiera distribuido a los 7.500 millones de personas del mundo, cada uno de ellos habría recibido 2.571 dólares. Suficiente para iniciar un frenesí de adquisiciones, especialmente en el sur del mundo, con un enorme salto en la producción.

Habría resuelto prácticamente todos los problemas sociales del mundo señalados como Objetivos del Milenio por las Naciones Unidas en un acuerdo suscrito por todos los países.

Pero, para entonces, los bancos eran más importantes que las personas… y por sus actividades ilícitas, los bancos ingratos han pagado multas por un total de más de 800.000 millones de dólares desde su rescate.

Recordemos que la codicia ya estaba siendo elogiada en Hollywood en 1987 por Gordon Gekko en la famosa película ‘Wall Street’. Gekko dice: “La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena”.

No es una coincidencia que, en el momento de la crisis financiera de 2008, el primer ministro australiano Kevin Rudd, dijo: “Tal vez sea hora de admitir que no aprendimos toda la lección de la ideología de la codicia es buena.”

Y al año siguiente, en un discurso ante el Senado italiano, el cardenal Tarcisio Bertone dijo: "Hemos pasado del libre mercado a la codicia libre”.

Y muchas manifestaciones de la sociedad civil mundial, como el Foro Social Mundial, han estado denunciando la sumisión de la política a la financiación, y cómo se han recibido los resultados.

Pero después de los treinta años de “codicia-es-buena” vino la gran crisis financiera de 2008, debido a la irresponsabilidad del sistema financiero.

Esa crisis trajo un impacto social negativo adicional que era el miedo: miedo al desempleo, miedo al futuro, miedo al terrorismo.

Quedó claro que el ascensor social que había funcionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial se había detenido, con millones de jóvenes de todo el mundo atrapados en él. El propio sueño americano estaba en crisis.

Y llegó una nueva década, una de miedo. Como es habitual en los casos de miedo, surge una nueva narrativa. Después de treinta años de codicia, tenemos ahora una década de miedo.

El neoliberalismo, TINA, ha perdido credibilidad. Todos los partidos políticos han traicionado las esperanzas de sus votantes. La gente ha sido dejada fuera por las élites, por los del sistema.

Así, desde 2008, los partidos populistas nacionalistas que pretendían defender al pueblo florecieron en toda Europa, donde antes de la crisis eran prácticamente inexistentes (excepto Le Pen en Francia). Siguen floreciendo.

En las últimas elecciones holandesas, un nuevo partido populista, el Foro para la Democracia, obtuvo 16 escaños en el Senado. Su líder, Thierry Baudet, ha descartado la invención embrujada del cambio climático, la idolatría del adoctrinamiento sostenible de la izquierda.

Esta es una posición común a todos los partidos populistas. Su éxito ha sido dirigir el miedo contra los diferentes: diferentes religiones, diferentes costumbres, diferentes culturas… en otras palabras, inmigrantes. La xenofobia se ha unido al nacionalismo y al populismo.


Esa crisis trajo un impacto social negativo adicional que era el miedo: miedo al desempleo, miedo al futuro, miedo al terrorismo. Quedó claro que el ascensor social que había funcionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial se había detenido, con millones de jóvenes de todo el mundo atrapados en él. 

Cada año ha habido una disminución de los ingresos reales, de los puestos de trabajo dignos.

Los partidos políticos tradicionales han perdido credibilidad y los electores se han decantado por nuevos políticos, que no forman parte de la élite, que hablan en nombre del pueblo y consideran el glorioso pasado como la base del futuro, haciendo caso omiso de cualquier desarrollo tecnológico.

La división social, tomada como base por la nueva cultura política, entró en plena velocidad destructiva: en sólo diez años, 28 personas concentraron en sus manos la misma riqueza que 2.300 millones de personas.

Esto es dinero que se le quita a la economía general; significa que por cada millonario hay miles de personas empobrecidas.

Sólo en el último año, los 42,2 millones de personas en el mundo con más de un millón de dólares en activos financieros, crecieron en 2,3 millones, es por eso que el Papa Francisco dice que detrás de cada gran propiedad hay una hipoteca social.

Ha sido necesario un largo camino para abandonar el mundo que salió de la Segunda Guerra Mundial y llegar al actual: un mundo en el que los fenómenos anormales, como la guerra y la pobreza, son ahora considerados normales por la mayoría de los jóvenes.

La corrupción, que por supuesto siempre ha existido, se ha convertido en otro hecho natural. La democracia, que se consideraba el fundamento central de la sociedad, se considera ahora una posibilidad discutible, con Orban, Salvini y la empresa que promueve la democracia antiliberal.


...un mundo en el que los fenómenos anormales, como la guerra y la pobreza, son ahora considerados normales por la mayoría de los jóvenes. La corrupción, que por supuesto siempre ha existido, se ha convertido en otro hecho natural. 

El miedo y la codicia han cambiado nuestra sociedad. Estamos en medio de una transición, y nadie sabe hacia dónde. Lo que está claro es que el sistema actual ya no funciona y requiere correcciones muy serias.

La marea del nacionalismo, el populismo y la xenofobia nos está llevando hacia atrás a miserias que habíamos olvidado, en lugar de hacia delante.

Las campañas electorales no se basan en programas, sino en desacreditar a los opositores. Cuando el primer ministro canadiense Justin Trudeau no estuvo de acuerdo con Trump, el secretario de comercio de este último dijo que debe haber un lugar especial en el infierno para el primer ministro canadiense.

Los debates televisivos se han convertido en una escuela de incivilidad. La pregunta es: ¿estamos entrando en una nueva era basada en la incivilidad? Por primera vez en la historia del parlamento británico, los distintos opositores son incapaces de encontrar una salida a un referéndum basado en hechos de los que todo es mentira.

Debemos reconocer que vivimos en un mundo en el que las cosas positivas son pocas y están separadas. Un clima político, cultural y social donde nada es aceptado como legítimo, ocultando la verdad y manipulado por el enemigo. Una era de transición, que debería llamarse “la era del mal pensamiento”.

La reacción en contra de Greta Thunberg y su movilización es un buen ejemplo de “mal pensamiento”. En lugar de despertar simpatía y apoyo, esta joven está siendo sometida a esta nueva cultura del “mal pensamiento”.

Y, sin embargo, está haciendo campaña por la supervivencia del planeta, el único que tenemos, y donde todos debemos vivir juntos, independientemente de nuestros mitos, religiones, partidos y nacionalidades.

Dice: no le pidas a mi generación que resuelva el problema del cambio climático, porque cuando hayamos crecido, ya será demasiado tarde. Cuando cumpla los 50 años, habrá 10.000 millones de personas, todas ellas viviendo en ciudades.

Pero en sólo diez años, cuando cumpla 26 años, la humanidad necesitará 50 por ciento más de energía y alimentos, y 30 por ciento más de agua, un elemento que ya es escaso en gran parte del mundo y que es una fuente de ingresos para las empresas privadas. ¡No es de extrañar que ella esté tratando de motivar hacia la acción!


En lugar de despertar simpatía y apoyo, esta joven está siendo sometida a esta nueva cultura del “mal pensamiento”. ​ 

Salvar al mundo AHORA es un mensaje que ha sido capaz de movilizar a estudiantes de todo el mundo.

En la era del “pensamiento maligno”, en lugar de apoyarla, hay quienes miran lo que come, lo que comen sus perros, y lo que hay detrás de ella y la manipulan.

En otras palabras, estamos en una era en la que no somos capaces de pensar positivamente: una era marcada por la codicia y el miedo, y con lo que la cultura actual nos ha dado: el mal pensamiento.

Es más que seguro que, si Greta hubiera vendido ropa deportiva, habría sido aceptada como un fenómeno normal, y nadie se fijaría si estaba comiendo plátanos o manzanas. Este es un buen índice de cómo hemos perdido la capacidad de soñar y seguir adelante.


En la era del “pensamiento maligno”, en lugar de apoyarla, hay quienes miran lo que come, lo que comen sus perros, y lo que hay detrás de ella y la manipulan. 


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*Roberto Savio es editor de OtherNews, el italo-argentino Roberto Savio es economista, periodista, experto en comunicación, comentarista político, activista por la justicia social y climática y defensor de una gobernanza global antineoliberal. Director de relaciones internacionales del Centro Europeo para la Paz y el Desarrollo… Es cofundador de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS) y su Presidente Emérito.
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martes, 5 de marzo de 2019

El clima planetario.




Greenpeace me remite una y otra vez uno de sus muchos anun­cios sobre el peligro que corre el planeta…

Yo a veces les digo que a mí no tienen que dirigirse porque yo no puedo hacer nada, salvo girarles unos pocos euros… para que sigan dándome la tabarra. Pero que en todo caso se equivocan de destinatario: yo y millones y millones en el mundo ya estamos so­bradamente concienciados. Los destinatarios son los dueños materiales del planeta, los dueños de las finanzas y de toda clase de industrias, los dueños de la política en todos los países, y quie­nes están, en fin, al frente de los organismos internaciona­les. Ellos son los verdaderos responsables, no “nosotros”, la ciu­dadanía común que no puede pasar de reciclar su basura, evitar en lo posible contaminar la tierra y el agua en todas partes y en último término maldecirles a todos ellos…

Pues, yo, por mi parte, veo el asunto de la siguiente manera…

Este artículo es largo. Pero se trata de un asunto que si por la de­riva que está tomando el clima planetario no se presta a hacer literatura, tampoco me parece ya apropiado el punto de vista científico que en tantas ocasiones equivoca a la sociedad humana. Esto es un avatar humano, y en todo avatar, en toda vici­situd, suele ser más atinado el parecer y el instinto del explora­dor, del pastor de ovejas o del anciano que el diagnóstico del físico o del astrofísico, o el dictamen del estudioso de la me­teorología. Más bien al contrario. Sabemos de casos clamoro­sos de errores en la Historia cometidos por los saberes oficiales de toda clase. Así es que se pongan todos ellos como se pongan, e destino nos alcanza…


Yo opino que no estamos viviendo un cambio climáti­co. Esta­mos empezando a vivir las segundas señales del desastre. Las primeras, hace un par de décadas, fueron aquellas detectadas por muchos en el mundo a las que respondieron cínicamente los nega­cionistas.


Digo que no hay un cambio climático, porque la pala­bra cam­bio en este sentido sugiere régimen, secuencia, compás, ritmo, or­den distinto pero orden al fin y al cabo, y sobre todo regulari­dad. Y lo que venimos observando no es precisamente orden, ni regularidad, ni en las precipi­taciones ni en las temperaturas; ni graduación en sus va­riaciones.


Lo que está sucediendo a ojos vista es otra cosa: es una muta­ción, una alteración de las células de un tumor. Ya no hay clima, ni climas ni microclimas. Hay desbarajuste. Lluvias torrenciales, o meses y meses sin lluvia en los que hasta hace una década la hubo regularmente, y cambios bruscos del termómetro en cues­tión de días o de horas. Como dice Le Monde: “el planeta ha en­trado en un territorio desconocido”. Y a una noticia como ésta no se le puede atribuir sensacionalismo. Este es un hecho de al­cance telúrico que hará “época”, como la de cada glaciación; en este nuestro caso un cambio climático antropogénico, no por azar o por causas naturales direc­tas, sino por la intervención irres­ponsable del ser hu­mano. Lo exasperante es que hace mu­cho que se sabe…


Pues no es preciso ser científico, ni siquiera experto en nada para saber que si se arroja durante más de un siglo trillones de to­neladas de partículas a un espacio ce­rrado limitado y aun relati­vamente ventilado como es la biosfera, ha de llegar la satura­ción y el enrarecimiento de la “estancia”, con los correspon­dientes efectos. Que un número prácticamente infinito de partí­culas en un espacio finito es una aberra­ción física que, como toda aberración, solo puede ser cau­sada por el ser humano. En el clima y en las corrientes de aire, desajustándolas hasta bloquearlas, alterando severamente las con­diciones genera­les existentes.


Un informe del Minis­terio de Medio Ambiente español ad­vierte de que, a este ritmo, tres millones de hectáreas de las zo­nas húmedas pasarán a áridas al llegar a 2100. Y decía que hará época, porque esto parece tener mucho que ver con el fin de los tiem­pos; tiempos entendidos como una forma de vida que previsi­blemente no volverán, en el espacio que dura una vida humana por longeva que sea. Además, generalmente esa clase de infor­mes evitan la alarma social y tienden a ser optimistas en lo que cabe. De manera que, si según éste, los tres millones de hectáreas serán áridas en 2100, ya podemos ir pensando que la aridez que nos atañe a quienes vivimos ahora es­tá a la vuelta de la esquina, y los graves problemas de abastecimiento de agua y de alimentos han de hacer acto de presencia antes de lo que se su­pone….


Este documento admite que “la desertificación es ya un pro­blema real” en más de dos tercios del territorio, agra­vado por la falta de lluvias y por las más altas temperaturas.


El informe se refiere naturalmente a la península ibéri­ca. Pero sabemos que eso mismo está sucediendo, más o menos, en las de­más latitudes, y que tanto el Ártico como el Antártico como los glaciares se derriten con celeridad. La causa de la causa en to­das partes es la misma: el calentamiento global y la desertiza­ción acele­rada.


Los problemas de guerras y movimientos migratorios conse­cuencia de ellas y de la desertificación que hace mucho empezó en el norte de Africa y en otras zonas del mundo, y la mutación climática, empiezan a em­pequeñecer al resto de problemas de la sociedad humana y a situar a la humanidad a la altura de vulnera­bilidad de cualquier otra especie viviente no humana: el infusorio, por ejemplo.


Vale que al principio la industrialización y las expecta­tivas que generó ofuscaran a aquellos que la manejaban a finales del si­glo XIX. Pero pronto, muy pronto, asomaron las señales de la catástrofe “previsible”. Y entonces y a partir de entonces, la acti­tud de quienes estaban y están llamados a reaccionar ha sido mi­rar a otra par­te para no enfrentarse a un problema que choca brutal­mente con la economía y con el poder de las finanzas a corto plazo, a fin de cuentas con la ambición y la codicia que trastorna la cor­dura y la humildad más elementales conectadas al instinto de conservación. Magnates, bancos y políticos son los res­ponsables. Los primeros al propulsar un “progreso” con ribe­tes o factura de infantil en infinidad de cosas y además sin orden ni concierto. Los segundos consintiéndolo cuando no ati­zándolo sin miramiento por estar próximos a sus personales intereses o los intereses de su clase social…


Es palmario que el asunto del clima se “nos” ha ido de las ma­nos. Y empleo el plural mayestático, la primera persona del plu­ral, por­que formo parte de la especie humana, pero no porque tenga yo la más mínima responsabilidad en la hecatombe que se avecina, como no la tiene el 99 por ciento de la po­blación del mundo que no pinta nada, manejada por el 1 por ciento restante a su an­tojo, que es el que siempre “hizo” y “hace” la Historia…


Pero hemos llegado a un punto en que es indiferente poner cara a los responsables y a los negacionistas de esta fatalidad. El hecho es que la inteligencia y la capacidad de respuesta del ser humano a semejante situación van a ser irrelevantes a partir de ahora. La población del mundo se diezmará por vías antinatura­les. Y tanto el valor del coeficiente mental como la “valía” (coefi­ciente y “valía” medidos por esas universidades que tratan de saberlo todo) de tantos a que en parte debido a ellos se han si­tuado o se les ha venido situando al frente de las responsabilida­des de la vi­da colectiva, no van a servir de nada. Esa inteligencia su­puestamente superior está ya, definitivamente, en eviden­cia como una inteligencia cuanto menos estragada y a menudo dege­nerada. La ínfima inteligencia y capacidades de quienes, ele­gidos en muchos casos por millones de débiles mentales, han permitido desde su posición política a la otra “inteli­gencia” -la de los que no han sabido o no han querido evi­tar el cataclismo si­lencioso cuya cercanía sentimos ya- demuestra que esos seres humanos que se nos presentan como excelentes son los más creti­nos de todos los seres vivos en los momentos decisivos; sea en las guerras contra sus congéneres que ni quieren ni pueden evi­tar, sea en los excesos cometidos en todo los órdenes y espa­cios de la conducta humana descontrolada, como los que han pro­vocado la mutación climática cuyas consecuen­cias debidas precisamente a su locura no han sabido prever, ni calcular, ni co­rregir.


Pues sólo eso, cretinos, ciegos del cuerpo, de la mente y de la espíritu podían y pueden ser incapaces de imaginar lo que ahora vemos se nos viene encima: una atmósfera, una troposfera y una biosfera descompuestas. Ahora esos irresponsables ignorantes, co­diciosos y necios dirán que van a hacer lo que debían haber hecho desde el principio. Pero a todas luces ya es tarde. No es po­sible imaginar que unas condiciones de vida existentes en un tiempo incal­culable sobre la tierra alteradas a lo largo de un si­glo, puedan revertirse si no es con el paso de otro tiempo incal­cu­lable…


Quizá los que vivimos en esta generación salgamos adelante aunque sea a trancas y a barrancas. Pero a nues­tros descendien­tes, a estas y a las siguientes generaciones, les “hemos” legado, ya, un planeta moribundo. Y todo por culpa de los necios que vie­nen tejiendo la Historia de estos últimos cien años, mientras unos pocos la escriben y el resto la padecemos. Como siempre fue. Se nece­sita ser imbéciles…


1 Marzo 2017

miércoles, 16 de enero de 2019

El futuro del Planeta en manos del capital.


Otra Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24), esta vez en la ciudad carbonera de Katowice de Polonia, que sigue estando en manos del capital y supeditada al beneficio. El clan del petróleo, Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí y Kuwait, sellaban una alianza para tumbar el apoyo al informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y reducir la ambición global en la lucha contra el calentamiento del planeta, proponiendo que simplemente fuese “tenido en cuenta”. Un informe de Oxfam Internacional ya indicaba en 2015 que el 10% de la población con más recursos es la responsable de la mitad de las emisiones globales, mientras que la mitad más pobre del mundo en términos de población —3.500 millones de personas— solo produce el 10% de las emisiones.


El Cambio climático, es un asunto de élites que perjudica a los sectores empobrecidos de la sociedad. Los países ricos emiten el 71,5% de los gases de efecto invernadero, aunque solo vive en ellos el 17,3% de la población mundial.

Javier Andaluz Prieto, responsable de Clima de Ecologistas en Acción, ha afirmado que “el informe del IPCC es claro cuando indica que apenas quedan doce años para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y señala a la región mediterránea, incluida España, como uno de los países más vulnerables”.
Solo hace falta revisar qué actividades son las causantes de emitir más gases de efecto invernadero para entender que combatir el cambio climático es una cuestión central y global si queremos justicia social para evitar la combustión de carbón, petróleo y gas, de la industria y los transportes, la tala de selvas tropicales -una actividad muy lucrativa de grandes multinacionales-, el desarrollo de la ganadería extensiva, -solo al alcance de grandes empresas-…

Emitimos 32.500 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera cada año, fundamentalmente porque quemamos 11.500 millones de toneladas de petróleo equivalente de combustibles fósiles al año, en un mundo en el que se acaba de batir el récord con más de 200.000 vuelos comerciales en un solo día y 19.000 de ellos simultáneamente en el aire. Esta es la causa principal.

Todavía en el año 2016, el 85% de la energía usada en España provenía de combustibles fósiles o energía nuclear. De hecho España, junto con otros cinco países de la Unión Europea, acumulan alrededor del 70% de todos los gases de efecto invernadero del continente.
El sector energético, debido a su uso de energías sucias —petróleo, carbón y gas—, es uno de los mayores contribuidores al calentamiento global. Unas 90 empresas son responsables de casi las dos terceras partes de las emisiones mundiales. En España, las grandes eléctricas —Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa— siguen apostando por una energía contaminante en la que no tienen cabida las renovables.

El colectivo Contra el Diluvio, mantiene que “con la desigualdad actual, si conseguimos que el 10% más rico del mundo emita al nivel del europeo medio reduciríamos rápidamente las emisiones de CO2 en un tercio”.
El informe “Equidad y aumento de ambición” de organizaciones internacionales de la sociedad civil señalaba, hace diez meses, que ante el compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares para el Fondo Verde para el Clima sólo se habían ingresado 10.200 millones, y destacaba que la adaptación de los ecosistemas, naturales y humanos “supondrá un coste de entre 140.000 y 300.000 millones de dólares anuales en 2030, y que se multiplicará por cinco en 2050

La revolución energética en manos de la ciudadanía es el camino: con las energías renovables se conseguirán paliar los efectos del cambio climático y lograr una eficiencia energética que generará puestos de trabajo y reducirá los costes de electricidad.

El Cambio climático crea más pobreza y hunde más a los que ya viven en ella. Según la ONU, “en la actualidad, aproximadamente el 70% de los desastres naturales están relacionados con el clima, el doble que hace 20 años”, las catástrofes relacionadas con el cambio climático se han incrementado en un 350%.
En las dos últimas décadas más de dos millones de personas han muerto a causa de catástrofes naturales, inundaciones, hambrunas, sequías, huracanes, terremo-tos. Cada año de la última década, una media de 258 millones de personas han sido víctimas de algún tipo de desastre. Según el Banco Mundial, las pérdidas por los desastres naturales alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980.
Cualquier lucha que no incorpore una dimensión climática es una lucha en vano.
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EN POCAS PALABRAS

UNA TIERRA QUE AGONIZA

15M RONDA Enero 2019 Nº 20

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Las 4 ecologías: “ambiental, política y social, mental e integral”.


Por: Pablo Richard
Reflexiones sobre el libro de Leonardo Boff que tiene este mismo título (2012), Tenemos presente la encíclica del Papa Francisco: “EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN” (Laudatus Si” año :2015).

1: Ecología ambiental. En los inicios del siglo XXI se escribe la “La carta de la tierra”, representando la mejor consciencia ecológica, humanista, ética y espiritual de la humanidad. Estamos dentro del medio ambiente, que formamos, con los demás seres de la comunidad terrenal, el ambiente entero. Una visión desde la luna no pudo distinguir entre Tierra y Humanidad. Nosotros somos tierra que siente, que piensa, que ama, que cuida y venera. Por eso nuestra tierra es “pachamama”, nuestra madre tierra. No basta crear una tecnología limpia, sino crear una nueva civilización que trabaje junto con la tierra.

2: Ecología política y social. No podemos quedar en una ecología solo ambiental, sin considerar una ecología social y política. Debemos cuidar la relación de la tierra con la sociedad, que la naturaleza no sea sólo una fuente de negocios y dinero. La tierra hay que cuidarla para que no convierta en un “supermercado”.

3: Ecología mental. Tomar conciencia que no somos el centro de la tierra, sino los encargados de cuidarla. Nosotros entramos en la evolución de la tierra cuando el 99,98% estaba ya todo arreglado. No debemos ser “antropocéntricos”, sino “biocéntricos”.La ciencia tiene que ser hecha con conciencia y con inteligencia emocional, ética y espiritual. El neoliberalismo y el consumismo provoca una ruptura de nuestra mente con la vida de la tierra. La destrucción de la tierra destruye nuestra mente.

4: Ecología integral. Formamos una inmensa comunidad cósmica. La ecología integral nos muestra la integración de la tierra y el ser humano como un todo.

Leonado Boff termina citando una “orientación para educadores” (del autor Romualdo Dias): “cómo hacer que los pensamientos se articulen con las actitudes. Cómo las ideas pueden tocar nuestro cuerpo. El desafío es conseguir conectar aquello que pensamos con aquello que sentimos, tenemos así mas posibilidades de alcanzar cambios en nuestra actitudes. No queremos oir muchas conferencias para ser eruditos y para estar llenos de muchas informaciones. Queremos descubrir como algunos pensamientos ganan eficacia cuando tocan la realidad y comienzan a tocar nuestro cuerpo” (p.38). 

Después de este libro de Leonardo Boff del año 2012, entramos en “EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN” del año 2015 (Laudato Sí) del Papa Francisco. Documento que debemos poner junto a la Biblia en nuestra biblioteca.



domingo, 2 de septiembre de 2018

California apuesta por tener el 100% de sus energías limpias.


El Senado de California aprobó un proyecto que busca migrar a fuentes renovables el 100% de la energía que consume este estado. Solo hace falta que el gobernador californiano Jerry Brown firme el documento que ya se encuentra en su oficina. De esta manera se convertiría en el segundo estado de los Estados Unidos en aplicar esta decisión.

Por José Díaz

Pese a las políticas anti-ambientales asumidas por la administración de Donald Trump desde Washington, no todo es oscuro en el panorama ecológico de los Estados Unidos. Esta semana el Senado de California aprobó el proyecto de ley que obligaría a dicho estado a cambiar el 100% de su matriz de energía por fuentes renovables.

Por el momento la aprobación final de la ley se encuentra en manos del gobernador californiano Jerry Brown, quien aún no ha expresado su posición personal frente a este tema. El proyecto busca una transición moderada de las fuentes de energía en California convirtiéndolas en 60% renovables al 2030 y 100% renovables al 2045.

“Es un momento realmente monumental en la historia de California, y tal vez esto marcará un punto de inflexión para el país”, comentó el director de la organización Environment California, Dan Jacobson.

Si se aprueba el proyecto, California se convertiría en el segundo estado de los Estados Unidos en aprobar una ley para migrar todas sus fuentes de energía hacia una matriz renovable. El primer estado que tomar una decisión como esta fue Hawái.




Decisión política

El autor del proyecto, el senador demócrata Kevin de León se mostró confiado en que el gobernador californiano, también demócrata, aprobará la ley. De esta manera California se convertiría en el estado norteamericano con la economía más grande en iniciar un proceso de migración hacia fuentes de energía renovable y en establecer una lucha directa contra las emisiones. 

En la actualidad California es ya uno de los estados que viene introduciendo con más agresividad fuentes renovables en su producción. Para el 2017 el 29% de sus fuentes eran renovables, siendo sus principales fuentes la hidroenergía, la energía nuclear y el gas que es el insumo principal para la generación de electricidad en este estado.

California, uno de los bastiones política del Partido Demócrata y uno de los estados más concientizados en la lucha contra el cambio climático, consolida así una política ambiental auténtica pese a la posición de la Casa Blanca desde que inició su administración Donald Trump. Pese a la oposición del pequeño sector conservador en California todo hace indicar que el proyecto será aprobado y que, tarde o temprano, este estado renovará el 100% de sus fuentes de energía.

Fuente: Servindi

lunes, 20 de agosto de 2018

Crisis política y desesperanza general.



Leonardo Boff

Uno de los efectos perversos de nuestra crisis nacional es, sin duda, la desesperanza que está contaminando a la mayoría de las personas. Ella nace de la angustia de no ver ningún horizonte desde el cual podamos atisbar una solución salvadora. Emerge la sociedad del cansancio y de la pérdida de la alegría de vivir.
Son las consecuencias de la falta de sentido, de que todo continuará con la misma lógica, hecha de corrupción, de falsificación de noticias (fake news) y de la realidad, difamación generalizada, la dominación de los poderosos sobre las masas abandonadas a su destino.

Esta desolación proviene también de la percepción del futuro de nuestro mundo y de la humanidad, importa poco lo que pueda suceder. Bien lo observó el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común”: «las predicciones catastróficas no pueden subestimarse con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiadas ruinas, desiertos, basura. Dado que el estilo de vida actual es insostenible, solo puede terminar en una catástrofe» (n.161). Pero, ¿quién piensa en todo esto a no ser los que se mantienen al día acerca del discurso ecológico mundial?

Por lo tanto, además de las múltiples crisis que nos oprimen y nos hacen sufrir, tenemos esta sombría amenaza de naturaleza ecológica.

En este contexto, vuelven los pensamientos de molde nihilista, como los del Nobel de biología Jacques Monod : «Es superfluo buscar una sensación objetiva de la existencia, porque simplemente no existe. Los dioses están muertos, el hombre está solo en este mundo» (El Azar y la Necesidad, Vozes 1979, p.108). O lo que el famoso C. Levy Strauss que tanto amaba a Brasil dejó escrito en sus admirables Tristes Trópicos (1955): «el mundo comenzó sin hombre y terminará sin él. Las instituciones y costumbres que he pasado toda mi vida en inventariar y comprender son una floración pasajera de una creación en relación a la cual no tienen sentido, a no ser, tal vez, el que permite a la humanidad desempeñar su papel» (n. 477).

¿Pero es que el ser humano no es lo inverso de un reloj? Este funciona por sí mismo y continúa según sus mecanismos internos, pero el ser humano no es un reloj. Funciona correctamente cuando está en armonía permanente con el Todo lo que lo envuelve por todos lados y lo sobrepasa. Por lo tanto, debemos dejar de lado todo antropocentrismo y asumir una lectura más holística del sentido de la vida.

El pensamiento del físico británico Freeman Dyson (*1923) es diferente: «Cuanto más examino el universo y los detalles de su arquitectura, más evidencia encuentro de que el universo sabía que un día, en el futuro, los seres humanos naceríamos» (Disturbing the Universe, 1979, p.250). Casi con las mismas palabras lo dice el gran cosmólogo contemporáneo, Brian Swimme (The Universe Story, 1996, p.84).

Las tradiciones espirituales y religiosas son un himno al sentido de la vida y del mundo. Por esto, el gran estudioso de las utopías, Ernst Bloch, en sus dos grandes volúmenes de El principio de la esperanza observaba: «donde hay religión, siempre hay esperanza».

La cuestión del sentido es inaplazable. Cito aquí al más crítico de los filósofos, Immanuel Kant: «Que el espíritu humano abandone definitivamente las cuestiones metafísicas (del sentido del ser y de la existencia) es tan poco probable como esperar que nosotros, para no respirar aire contaminado, dejemos de respirar de una vez por todas» (Prolegomena zu einer jede kunftigen Metaphysik, A 192, Vol. 3, pp. 243).

Que el Cristo del Corcovado se haya escondido detrás de las nubes no significa que ha dejado de existir. Él está allí encima de la montaña, extendiendo sus brazos y bendiciendo a nuestra población sufrida.

En el Brasil de hoy debemos recuperar la esperanza de que el legado final de la presente crisis será la configuración de otro tipo de Estado, de política y de partidos, de justicia e incluso del destino mismo del país.

Termino con el profeta Jeremías, que vivió en el tiempo de la esclavitud de Babilonia bajo el rey Ciro. Los habitantes de Babilonia se burlaban de los judíos porque ya no cantaban sus canciones y, desanimados, colgaban sus instrumentos sobre las ramas de los sicómoros. Le preguntaron a Jeremías: «¿Tú tienes esperanza?» A lo que él respondió: «Tengo la esperanza de que el rey Ciro, con todo su poder, no podrá impedir que nazca el sol». Y yo añadiría: no podrá impedir el amor y los niños que de ahí nacerán y renovarán la especie humana.

Alimentamos una esperanza similar de que aquellos que han provocado esta crisis, que han roto la Constitución y no han seguido los dictados de la justicia, no prevalecerán. Saldremos más purificados, más fuertes y con un mayor sentido del destino al que está llamado nuestro país para beneficio de todos, empezando por los más pobres, y para toda la humanidad.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito: Concluir la Refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

jueves, 2 de agosto de 2018

La humanidad habrá consumido este 1 de agosto los recursos naturales de todo el año.

La Tierra vista desde el Espacio.- EFE

Los más de 7.600 millones de habitantes de la Tierra han consumido ya las reservas de todo el año, según datos de la organización internacional Global Footprint Network, encargada de medir el gasto de los recursos naturales en el mundo.

EFE

Mañana 1 de agosto la humanidad habrá consumido los recursos naturales previstos para todo el año, un día antes en relación al año anterior, lo que significa que se consume el equivalente a 1,7 planetas de media, en lo que se conoce como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra o Earth Overshoot Day.

Esto quiere decir que los más de 7.600 millones de habitantes de la Tierra han consumido ya las reservas de todo el año, según datos de la organización internacional Global Footprint Network, encargada de medir el gasto de los recursos naturales en el mundo.

La organización señala que actualmente la huella ecológica de la humanidad, que contabiliza el consumo per cápita de alimentos, bosques, fibras, captura de carbono y la ejecución de infraestructuras, es del 60%.

El también llamado Día de Sobregiro de la Tierra se ha adelantado desde finales de septiembre de 1997 hasta el 1 de agosto en 2018, la fecha más temprana desde que se empezó a realizar este tipo de mediciones en los años 70, según la organización.

Esto significa que la humanidad consume los recursos naturales de 1,7 planetas de media, es decir mucho antes de la capacidad de la tierra para recuperar los sistemas.

Sin embargo, países como España superan esa cifra y llegan a los 2,3 planetas, señala el Secretario General de WWF España, Juan Carlos del Olmo, en entrevista con EFE.

Desde que se iniciaron estas valoraciones "estamos consumiendo los recursos cada vez más rápido", sometiendo a los mismos a "un estrés enorme", explica. Debido a este excesivo consumo "los ecosistemas y las especies están desapareciendo a una velocidad de vértigo", así desde 1997, "la humanidad ha reducido entre un 60 y un 70 % las poblaciones de animales vertebrados del planeta", según Del Olmo.

Se está sometiendo a la pesca o a recursos como el agua a una "degradación enorme", añade. Además, "también se nota la huella en la acumulación de CO2 en la atmósfera, por la cantidad de combustibles fósiles que quemamos por habitante, y la huella es enorme", explica.

"La degradación, el déficit y la deuda ecológica son avanzadísimos y rápidos desde hace muchos años", según el secretario general de WWF España, quien señala que a pesar de que se están adoptando algunas medidas para paliar estos efectos, las mismas "son tímidas y lentas".

Algunas de esas medidas como las relacionadas con el cambio climático son "claramente identificables y reducirían la huella ecológica si acelerásemos el paso a las energías limpias", pero es un proceso que "está siendo muy lento y complejo", sostiene Del Olmo.

La directora de Desarrollo Sostenible de la multinacional Suez, Dulcinea Mejide, señala a Efe que "estamos gastando recursos que no nos pertenecen" porque son los de las futuras generaciones.

Asegura que los efectos de este consumo son "visibles actualmente, con sequías en las conocidas como zonas verdes del norte de España o de Europa" donde este año las lluvias han sido escasas y las temperaturas han alcanzado valores más altos de lo normal.

Además, sostiene que es necesario la adaptación de legislación para el fomento de la economía circular, es decir, "la reutilización de todos los recursos, como el agua, porque son finitos".

Los dos expertos coinciden en la necesidad de fomentar la concienciación en los consumidores y un cambio de hábitos en la alimentación, el transporte y tender hacia las energías más limpias para reducir la utilización de los recursos fósiles.

Es necesario fomentar "la cultura de la austeridad para poder encontrar un equilibrio" en la naturaleza, concluye Del Olmo.

Fuente: publico.es