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jueves, 23 de abril de 2020

Brasil registra un récord de fallecimientos con 407 en las últimas 24 horas.


Estados Unidos sigue siendo el foco rojo de la covid-19 y desde este jueves ya supera los 842.600 contagios, según los datos de la Universidad Johns Hopkins, con 46.785 muertes, la cifra de fallecimientos más alta del mundo hasta ahora. 

El presidente Donald Trump ha suspendido la tramitación de algunas ‘green cards’ durante dos meses porque considera a los inmigrantes como un “riesgo para el mercado laboral de EE UU”. El epicentro latinoamericano está en Brasil, que suma 407 muertos en las últimas 24 horas y alcanza los 3.313 decesos. 

El nuevo ministro de Salud de este país ha elegido a un general como su número dos. México, donde el número de contagios ha escalado a 10.544 y la cifra de muertos a 970, entró en la fase más crítica de la epidemia. El Gobierno ha anunciado que reducirá el gasto público y los salarios más altos para hacer frente a la crisis. 

Ecuador suma ya 22.160 diagnósticos positivos tras procesar las pruebas pendientes y se ubica como el segundo país con más contagios de la región después de Brasil. 

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha alertado sobre una “crisis de derechos humanos” a raíz del coronavirus y ha urgido a los Estados a garantizar protecciones básicas para todos los ciudadanos y a no abusar de las medidas de emergencia.

En el mundo, hay más de 2,6 millones de contagiados y 184.643 muertos por el virus, según el conteo de la Universidad Johns Hopkins.

Perú acumula 20.914 contagios y 572 muertes.

Colombia supera los 4.350 casos positivos y más de 200 decesos.

En Chile, han fallecido 168 personas y hay 11.812 casos confirmados.

Fuente: elpais.com

viernes, 17 de abril de 2020

El segundo mayor donante de la OMS anuncia más dinero para el coronavirus tras el portazo de Trump.


Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. Estados Unidos, el mayor financiador de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anunció este martes que retiraba sus aportaciones presupuestarias a la entidad que está al frente de la lucha contra el coronavirus. Un día después, el segundo mayor donante mundial de la organización, la Fundación Bill y Melinda Gates, informó de que va a aumentar su contribución a la batalla contra la pandemia, hasta los 250 millones de dólares. Esta contribución se dividirá entre diferentes iniciativas y entidades, entre ellas la propia OMS.

En una convocatoria telefónica con varios periodistas desde Seattle, donde la fundación tiene su sede, Mark Suzman, director ejecutivo de la organización filantrópica, aseguró: "Es lícito que se cuiden los intereses y necesidades nacionales y que los Gobiernos no descuiden a sus propios ciudadanos; pero ahora todos necesitamos poner en común los esfuerzos globales y unirnos para afrontar esta crisis". En unas declaraciones posteriores a Reuters, Melinda Gates fue más allá: "Dejar de financiar a la OMS no tiene absolutamente ningún sentido durante una pandemia. Necesitamos una respuesta coordinada global. Cuando estás en una crisis como esta, todo está en juego. Es un gesto muy peligroso".

Tal y como explica la OMS en su página, su financiación proviene de los aportes presupuestarios de Gobiernos, entidades privadas y fundaciones donantes. Estas cantidades se dividen en cuotas fijas y en aportaciones voluntarias. Estados Unidos contribuyó con cerca de 900 millones de dólares en el presupuesto de 2018-2019, lo que supone aproximadamente una quinta parte del total de 4.400 millones de dólares para esos años. Es el principal contribuyente con un 14,6% de sus fondos. La Fundación Gates aporta el 9,8% (530 millones). España aporta 26 millones.

La fundación, el proyecto filantrópico sobre salud global, pobreza e igualdad al que los Gates se dedican desde hace años —él renunció recientemente a su puesto en la junta directiva de Microsoft— anunció, en concreto, que suma 150 millones de dólares a los 100 que ya aportó hace algo más de un mes y que quieren destinar al desarrollo de diagnósticos, terapias y vacunas. Para este mismo fin, lanzaron junto a la otra gran organización filantrópica mundial, Wellcome Trust, el Acelerador Terapéutico Covid-19. Se trata de un mecanismo de coordinación entre diferentes grupos de trabajo de todo el mundo que están buscando un tratamiento efectivo contra el nuevo virus. Varios donantes se han sumado a esta iniciativa. El primero fue Mastercard que aportó 25 millones de dólares. El creador de Facebook, Marck Zuckerberg, se incorporó poco después con otros 25 millones y una de las más recientes ha sido Madonna, con un millón de dólares.

Dejar de financiar a la OMS no tiene absolutamente ningún sentido durante una pandemia. Necesitamos una respuesta coordinada global

Uno de los objetivos de estos esfuerzos conjuntos es que en esta crisis, las soluciones lleguen también a los pobres. Suzman insistió en que los retos a los que se enfrenta el planeta con esta emergencia sanitaria son inéditos. Por ejemplo, en lo que se refiere a las vacunas: "No piensen en una escala normal, porque normalmente la industria está preparada para una fabricación solo para bebés. Aquí estamos hablando de cientos de millones de dosis. Hay 7.000 millones de personas y hará falta inmunizar prácticamente a todo el mundo. Ahora no hay capacidad de fabricación para llegar a tanto".

Son muchas las voces que recuerdan que un virus no va a respetar las fronterasentre el norte y el sur y que, si Europa o Estados Unidos logran controlarlo, de nada servirá si la pandemia sigue desatada en África o el Sudeste asiático. "Hay desafíos enormes, por ejemplo, las ciudades que están rodeadas de barrios marginales densamente poblados, en los que es muy difícil establecer un distanciamiento social estricto, con poco saneamiento y escaso acceso a agua corriente".

Una coalición de personalidades científicas reclamó la semana pasada que los ensayos clínicos se desarrollen también en los países más vulnerables. "Dónde se realicen los ensayos no debería depender de Gobiernos individuales o empresas privadas o quien sea que esté haciendo el trabajo. Aquí es exactamente donde necesitamos establecer las pautas globales acordadas". El director de la Gates apuesta por la creación de un "grupo de asesoría técnica" que ayude a establecer algunas de estas normas.

martes, 28 de enero de 2020

Trump presenta su plan de paz para Oriente Próximo.

Donald Trump y Benjamin Netanyahu, este martes en la Casa Blanca. En vídeo, señal en directo. KOBI GIDEON/GOVERNMENT PRESS OFFICE/DPA

El llamado 'Acuerdo del siglo' nace marcado por el rechazo de los dirigientes palestinos

El presidente de EE UU, Donald Trump, ha presentado este martes en la Casa Blanca el llamado Acuerdo del siglo para Oriente Próximo, un nombre grandilocuente para un plan de paz que nace herido de muerte, pese a los tres años que lleva en elaboración. En los últimos días, diferentes medios estadounidenses han avanzado que la propuesta incluye el redibujo del mapa de Cisjordania y Jerusalén y una lluvia de 50.000 millones de dólares (45.420 millones de euros) en inversiones para fomentar la prosperidad, pero eso no acaba de convencer a las autoridades palestinas.


"Hace muchos, muchos años, decenios y siglos, que buscamos la paz en Oriente Próximo. Y esta es una oportunidad", enfatizó Trump este lunes, tras recibir al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, así como a su opositor, el centrista Benny Gantz. “Es lo más cerca que hemos estado nunca de un acuerdo”, añadió el republicano.

Para Trump, la presentación de un plan tan ambicioso como este constituye una suerte de colofón a sus últimos movimientos en política exterior. En el transcurso de semanas, ha logrado que el Congreso apruebe la reformulación del acuerdo comercial con México y Canadá, ha firmado un principio de acuerdo con China para dejar atrás la guerra comercial y ha matado a un poderoso general iraní acusado por Washington de colaboración con el terrorismo, Qasem Soleimani, sin que la operación haya desembocado, al menos hoy por hoy, en una escalada bélica. Todo, en un momento más que complicado en la política nacional, en pleno impeachment por el escándalo de las presiones a Ucrania.

También a Netanyahu le ayuda, pues está acusado en tres casos de corrupción, además de la elección a la que se enfrenta el próximo mes. Este martes, el fiscal general de Israel ha solicitado el procesamiento del primer ministro por corrupción. En el Washington de Trump, ha encontrado un firme aliado, empezando por el hecho de que la persona a la que el republicano ha confiado este espinoso caso no es otro de Jared Kushner, yerno del presidente y amigo personal de Netanyahu.

Fuente: elpais.com

viernes, 10 de enero de 2020

Irán vs Estados Unidos: cómo funciona la compleja estructura de poder de la República Islámica.


Qasem Soleimani, el máximo líder militar de Irán que murió la semana pasada en un bombardeo de EE.UU. en Irak, era uno de los hombres más poderosos en un país con un estructura institucional única.

Establecido después de la Revolución Iraní, que acabó en 1979 con la monarquía para reemplazarla con una república islámica, el sistema político iraní combina elementos democráticos y teocráticos.

Si bien su organigrama institucional resulta enmarañado, al final, el grueso del poder recae en una sola figura: la del líder supremo. Pero existen otros entes y personajes que participan de la toma de decisiones.

1. El líder supremo

El papel que tiene el líder supremo en la constitución iraní se basa en las ideas del ayatolá Jomeini, el primero que ocupó este cargo y que había fungido de líder espiritual de la revolución.

Fin de las recomendaciones.

Bajo su criterio, se ubicó al líder supremo en la parte superior de la estructura de poder político.


Hasta ahora, solo dos personas han ocupado el puesto, que recaedesde 1989 en el ayatolá Alí Jamenei. Fue él quien tras el ataque que mató a Soleimani prometió una "venganza severa" que se materializó este miércoles con los bombardeos iraníes a dos bases estadounidenses en Irak, algo que para él fue "una bofetada en la cara" a Estados Unidos.

El líder supremo es el jefe de Estado y la máxima autoridad política y religiosa del país. El cargo es vitalicio.
Derechos de autor de la imagenOFICINA DE PRENSA DEL LÍDER SUPREMO DE IRÁNImage captionEl ayatolá Alí Jamenei es el líder supremo de Irán desde 1989.

Tiene como competencias nombrar puestos muy importantes que van desde eljefe del Poder Judicial, pasando por los directores de la radio y la televisión estatales, hasta los imanes que dirigen las oraciones de los viernes, tradicionales del islam.

En sus manos están los asuntos relacionados con seguridad, defensa y política exterior. Por eso, Jamenei es responsable también de designar a los comandantes de todas las fuerzas armadas, como Soleimani, además de confirmar la elección del presidente de gobierno.

Entre sus facultades de más peso también está la de elegir directamente a seis de los miembros del poderoso Consejo de Guardianes.

Pero ¿quién nombra al líder supremo? Esta tarea recae en la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por 88 clérigos expertos en la ley islámica que deben, en teoría, supervisar a Jamenei y que tienen la competencia de destituirlo.

Sin embargo, la Asamblea de Expertos nunca ha hecho público ningún informe sobre el desempeño del ayatolá. A esta crítica se suma la de que sus miembros se eligen cada ocho años mediante sufragio universal, pero la lista de candidatos debe ser previamente aprobada por el Consejo de Guardianes.
2. Consejo de Guardianes

El Consejo de Guardianes es el organismo más influyente que hay en Irán.

Lo conforman 12 personas: seis clérigos expertos en jurisprudencia islámica y seis juristas. Los primeros son elegidos de manera directa por el ayatolá Jamenei y los segundos son nombrados por el jefe del poder judicial, que a su vez es designado por el líder supremo.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionAbbas Ali Kadkhodaei es el portavoz del Consejo de Guardianes.

Cada tres años se renueva la mitad del Consejo.

Parte de sus competencias consiste en aprobar todos los proyectos de ley que salen del parlamento, pudiendo incluso vetarlos si los considera inconsistentes con la Constitución y la ley islámica.

También puede prohibir candidatos en las elecciones al parlamento, a la presidencia y a la Asamblea de Expertos.
3. El presidente

La Constitución lo describe como el segundo funcionario de mayor rango en el país. Su mandato dura cuatro años y solo puede ser renovado de manera consecutiva una vez.

Es jefe del Ejecutivo y, por tanto, responsable de garantizar el cumplimiento de las leyes.

En la práctica, sin embargo, sus facultades se ven limitadas por los clérigos y los conservadores incrustados en la estructura de poder de Irán y por la autoridad del líder supremo.

Esto comienza incluso antes de su elección: todos los candidatos presidenciales son investigados por el Consejo de Guardianes, que a lo largo de su historia ha vetado a centenares de aspirantes.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionHasán Rohaní es el presidente de Irán desde 2013 y su mandato, el segundo, acaba en 2021.

Hasta ahora, Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) ha sido el único presidente iraní que no era clérigo.

El mandatario actual, Hasán Rohaní, ocupa el puesto desde 2013. Tras haber estado en un principio en lo que luego se convertiría en el bando conservador, fue gracias al apoyo de los reformistas que consiguió llegar y mantenerse como jefe de gobierno. Aunque él se considera a sí mismo un moderado.

Rohaní ha sido el presidente más atrevido a la hora de criticar el sistema iraní. Por ejemplo, recientemente le reprochó al sector más tradicionalista sus casos de corrupción y al Poder Judicial, no investigar estas tramas como es debido. Algo muy inusual para Irán, incluso para un cargo tan alto como el de presidente.

"¿Por qué no se aborda la corrupción de grandes cifras? Llevar a algunas personas [de menor rango] a los tribunales y hacer propaganda no engaña a la gente", dijo Rohaní en noviembre del año pasado, según publicó el Financial Times.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionMahmud Ahmadineyad ha sido el único presidente iraní que no era clérigo.

A menudo, cuando ha habido inestabilidad política en el país se ha debido a tensiones entre el líder supremo y el presidente, como ocurrió durante el mandato del ex presidente reformista Mohamed Jatami (1997-2005), cuando se reflejaron de las tensiones más profundas entre el gobierno religioso y las aspiraciones democráticas de muchos iraníes.
4. La Guardia Revolucionaria

Las Fuerzas Armadas iraníes se dividen en dos: las regulares y la Guardia Revolucionaria.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) nació poco después de la revolución de 1979 para defender el sistema de gobierno islámico que el país acababa de adoptar. Ese es su papel según la Constitución, que reserva las funciones como la defensa de fronteras y mantenimiento del orden interno para los otros militares.

El CGRI tiene sus propias divisiones de mar, tierra y aire, y supervisa armas estratégicas como los misiles balísticos. Se ha convertido en una importante fuerza militar, política y económica en Irán.

Se estima que está conformado por más de 150.000 miembros activos.

Derechos de autor de la imagenREUTERSImage captionEsmail Ghaani estuvo por más de 20 años a la sombra de Soleimani.

El CGRI está bajo el control del líder supremo y pese a tener unos 230.000 efectivos menos que la otra rama de las Fuerzas Armadas, es considerado la rama militar dominante en Irán y está detrás de muchas de las operaciones clave del país.


La Guardia Revolucionaria influye en otras partes de Medio Orienteproporcionando dinero, armas, tecnología, capacitación y asesoramiento a gobiernos aliados y a grupos armados a través de su brazo de operaciones en el extranjero, la Fuerza Quds.

Es precisamente a la Fuerza Quds, de la cual era comandante Soleimani, a la que Estados Unidos acusa de apoyo a grupos armados y de ser responsable de ataques en Irak y en otras partes de Medio Oriente que provocaron la muerte de cientos de militares estadounidenses y aliados suyos.

El abril del año pasado, el gobierno de Donald Trump incluyó a toda la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas extranjeras. Una decisión sin precedentes, ya que era la primera vez que EE.UU. metía en esa lista a un órgano gubernamental de otro Estado.

Soleimani fue reemplazado por Esmail Ghaani, su segundo al mando durante más de dos décadas. Ghaani ha prometido "continuar la causa del mártir Soleimani tan firmemente como antes con la ayuda de Dios" y, "a cambio de su martirio", "sacar a EE.UU. de la región".

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Fuente:bbc.com

jueves, 28 de febrero de 2019

EEUU: el vasto, estúpido e inútil muro con México.


Greg Grandin

En un cuento publicado en 1950, “El Muro y los Libros”, Jorge Luis Borges habla del emperador Shih Huang Ti, quien ordenó la construcción de la Gran Muralla China y la quema de todos los libros de su reino. Es Borges, así que cada razón que da para estos dos deseos aparentemente contradictorios – crear y destruir – va seguida de otra explicación que anula la primera.

Borges finalmente se conforma con la idea de que tanto el edificio como el incendio fueron impulsados por el deseo del emperador de “detener la muerte”. Shih Huang Ti, al menos según Borges, vivía aterrorizado por la mortalidad, prohibiendo que la palabra “muerte” se pronunciara en su presencia y buscando desesperadamente un elixir de juventud.

Tal vez, supuso Borges, Shih Huang Ti ordenó que se construyera el muro para preservar su reino para la eternidad, y ordenó que se quemara el libro para suprimir la idea de que nada dura para la eternidad. Porque si la historia contenida en los libros enseña algo, es que nuestro tiempo en la tierra es efímero. Aparentemente, al menos según Borges, el emperador sentenciaba a cualquiera que intentara salvar un libro a toda una vida de trabajos forzados en su pared.

” Quizás el muro era una metáfora”, escribe Borges, ya que su construcción “condenaba a quienes adoraban el pasado a una tarea tan vasta, tan estúpida e inútil como el propio pasado”.

En cuanto a Estados Unidos, aunque desde principios del siglo XX se habían levantado barreras físicas de uno u otro tipo a lo largo de su frontera con México – en su mayoría alambres de púas y cercas -, la idea de un “muro”, como una llamada chauvinista a las armas no ganó terreno hasta después de que el país perdiera su guerra en Vietnam. En esa guerra, el Secretario de Defensa Robert McNamara, con la esperanza de evitar que las fuerzas de Vietnam del Norte se infiltraran en Vietnam del Sur, gastó millones en doscientos mil carretes de alambre de púas y cinco millones de postes de cercas, con la intención de construir una “barrera” – la “Línea McNamara”, como se la conocía – que corría desde el Mar de China del Sur hasta Laos. Esa línea falló, ya que sus postes y torres de vigilancia se quemaron tan rápido como se pudieron construir.

En esa época, los activistas de derecha empezaron a pedir que se construyera un “muro” a lo largo de la frontera. El biólogo Garrett Hardin, profesor titular de la Universidad de California, Santa Bárbara, fue uno de los primeros en pedir tal barrera. “Podríamos construir un muro, literalmente”, escribió Hardin en un ensayo de 1977 titulado “Población e inmigración: Compasión o Responsabilidad” publicado en El Ecologista. Hardin fue uno de los primeros exponentes de lo que hoy en día se llama “realismo racial”, la idea de que un mundo de recursos limitados y tasas de natalidad de blancos en declive requiere fronteras endurecidas.

El editorial de 1971 de Hardin en Science, titulado “The Survival of Nations and Civilizations” (La supervivencia de las naciones y las civilizaciones), defiende este punto de vista:


¿Puede un gobierno de hombres persuadir a las mujeres de que es su deber patriótico emular a los conejos? ¿O forzarlas? Si renunciamos a la conquista y al sobrecrecimiento, nuestra supervivencia en un mundo competitivo depende de qué tipo de mundo sea: Un Mundo, o un mundo de territorios nacionales. Si el mundo es un gran bien común, en el que todos los alimentos se comparten por igual, entonces estamos perdidos. Aquellos que se reproducen más rápido reemplazarán al resto. […] En un mundo que no es perfecto, la asignación de derechos basada en el territorio debe ser defendida si se quiere evitar una raza reproductora en ruinas. Es poco probable que la civilización y la dignidad puedan sobrevivir en todas partes; pero mejor en unos pocos lugares que en ninguno.

Hardin describiría su posición como “ética de los botes salvavidas”, la idea de que los remos deben ser usados no solo como remos sino también como armas, para ahuyentar a otros que intentan subir al bote. Más tarde abogaría por la “ciencia de la raza” de The Bell Curve.

En las décadas siguientes, el chauvinismo anti inmigrante se apoderó del movimiento conservador y del Partido Republicano, y los intelectuales de derecha construyeron una biblioteca de manifiestos de continuación de la sombría visión del mundo de Hardin – desde La bomba de Tiempo de la Inmigración de Palmer Stacy y Wayne Lutton, publicada en 1985, hasta, cinco años más tarde, El Camino al Suicidio Nacional de Lawrence Auster – que se construyeron con base en los argumentos de Hardin.

Algunas de las primeras publicaciones surgieron de la literatura posterior a Vietnam sobre los “límites del crecimiento” – la idea de que la sociedad de consumo masivo se estaba agotando – y revelan una superposición entre las preocupaciones de los ambientalistas, los controladores de la población (con una obsesión especial por las altas tasas de fecundidad mexicanas), los defensores del idioma inglés y los chauvinistas anti inmigrantes. Hardin es un ejemplo de esta superposición, al igual que John Tanton, quien en la década de 1970 escribió un ensayo argumentando a favor de la eugenesia y ayudó a fundar la chauvinista Federación para la Reforma Migratoria Americana.

Como lo es el novelista y ecologista Edward Abbey, autor de The Monkey Wrench Gang (La banda de la tenaza), quien ya expresó su preocupación por el crecimiento de la población, las crecientes tasas de natalidad de las personas de color y la “latinización” de los Estados Unidos cuando en 1981 pidió la creación de una “barrera física” y la expansión de la patrulla fronteriza para incluir hasta veinte mil agentes (un número que se consideraba una propuesta radical en ese momento, pero que hoy en día es solo cerca de la mitad de los agentes que trabajan para la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Inmigración y Aduanas combinados).

“Estas son proposiciones duras, incluso crueles”, dijo Abbey, en una carta a la New York Review of Books. Pero, haciéndose eco de la ética de los botes salvavidas de Hardin, escribió que “el barco americano está lleno, si no sobrecargado; no podemos permitirnos más inmigración masiva. El público estadounidense es consciente de esta verdad aunque nuestros “líderes” prefieran intentar ignorarla. Sabemos lo que no reconocerán”.

Los ambientalistas, tanto convencionales como radicales, se alejaron de vincular su crítica social a los problemas de inmigración. Sin embargo, mientras lo hacían, el chauvinismo se convirtió en un asunto bipartidista.

Por un lado, comenzó a penetrar profundamente en el Partido Republicano. Patrick Buchanan fue el que más popularizó la idea de una barrera en la frontera sur en su oposición a la nominación de George H. W. Bush en 1992. Buchanan llevó a cabo una campaña inesperadamente fuerte, pidiendo que se construyera un muro o una zanja – una “trinchera de Buchanan”, como él dijo – a lo largo de la frontera México-Estados Unidos y que se enmendara la Constitución para que los hijos de los inmigrantes nacidos en el país no pudieran reivindicar la ciudadanía.

Bush ganó la nominación, pero Buchanan logró insertar en la plataforma republicana un compromiso para construir una “estructura” en la frontera. Dos años después, los republicanos de California defendieron la exitosa Proposición 187, que negaba servicios sociales a los residentes indocumentados.

Pero, por otro lado, los años 90 fueron los años del alto Clintonismo. Así que mientras los republicanos discutían formas de quitarles la ciudadanía a los “bebés ancla”, aprobar leyes de uso exclusivo del inglés en operaciones oficiales del gobierno, sacar a los niños indocumentados de las escuelas públicas y negarles el acceso a los hospitales públicos, Bill Clinton usó este extremismo para sonar moderado al mismo tiempo que presionaba su propia línea dura. “Todos los estadounidenses”, dijo en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1995, deberían estar “justamente perturbados por el gran número de extranjeros ilegales que entran en nuestro país”.

Prometiendo “acelerar la deportación de los extranjeros ilegales que son arrestados por delitos”, Clinton firmó una serie de proyectos de ley sobre delitos, terrorismo e inmigración extremadamente punitivos, que crearon el régimen de deportación que existe hoy en día. Estas leyes cerraron varias vías para que los migrantes obtuvieran estatus legal, eliminaron la revisión judicial y requirieron detención sin fianza. Esencialmente, toda la burocracia de inmigración – sus agentes, tribunales y centros de detención – estaba ahora orientada a acelerar las deportaciones, cuyo número se disparó tremendamente. Los migrantes, incluidos los que tienen residencia legal, pueden ser deportados por cualquier infracción, incluidos los delitos menores, incluso si la transgresión se cometió décadas antes o si el asunto ya se ha resuelto en los tribunales.

La Casa Blanca consideró que esta campaña contra los inmigrantes se basaba en los diversos proyectos de ley de Clinton sobre la delincuencia, que habían recortado la ventaja republicana en cuestiones de “orden público”. Su asesor Rahm Emanuel, en un memorándum de política de 1996, le instó a centrarse en los migrantes en el “lugar de trabajo”, con el fin de establecer el objetivo de que ciertas industrias “estén libres de inmigrantes ilegales” y lograr “deportaciones récord de extranjeros criminales”. “Esto es genial”, escribió Clinton en el margen del memorándum.

Incluso la legislación que Clinton firmó puso fin a la asistencia social dirigida a los inmigrantes indocumentados, prohibiéndoles recibir muchos servicios sociales y prohibiendo que las jurisdicciones locales ofrezcan “santuario” a los residentes indocumentados.

Pero la jugada de Clinton para el voto chauvinista solo podía llegar hasta cierto punto. No solo los ambientalistas, sino también el movimiento laboral se estaba alejando de un enfoque anterior sobre la migración, mientras que los votantes latinos crecían en importancia.

Los republicanos, por otro lado, se comprometieron con una estrategia de supresión de votantes. Para ello se basó en un cálculo mundano: California, cuna de los conservadores modernos, no había votado por un presidente republicano desde que lo hizo por George H. W. Bush en 1988. Si el registro, la participación y las tendencias de preferencia de votantes continuaran como hasta entonces, los republicanos, temían algunos, empezarían a perder Texas, Arizona y Florida, junto con su condición de organización política a nivel nacional.

Del mismo modo, después de la reelección de Barack Obama en 2012, muchos conservadores llegaron a la conclusión de que ni los temas de la cuña cultural ni el seguir con algún tipo de reforma migratoria (basada en la Ley de Inmigración y Control de Ronald Reagan de 1986, que proporcionó un camino hacia la ciudadanía para unos tres millones de residentes indocumentados) necesariamente ayudarían al Partido Republicano en lo que se refiere a los votantes latinos.

Los votantes latinos no son leales a los demócratas por la promesa de una reforma migratoria, escribió Heather MacDonald, de la revista National Review, sino porque valoran “una red de seguridad más generosa, una fuerte intervención del gobierno en la economía y una tributación progresiva”.

En el American Enterprise Institute, Charles Murray estuvo de acuerdo en que los latinos no eran intrínsecamente conservadores. No son más religiosos que otros grupos, señaló Murray, ni más homofóbicos, y se oponen al aborto solo marginalmente más que la población en general (aunque Murray sí dijo que los trabajadores latinos que tienden a su lado parecen ser “trabajadores duros y competentes”, lo que él consideraba como sinónimo de conservador).

Sólo el hecho de que muchos walmarts latinoamericanos estén sindicalizados debería poner fin a uno de los clichés favoritos de Ronald Reagan, que los estrategas republicanos, hasta hace poco, gustaban repetir como un mantra reconfortante: que los latinos eran republicanos que aún no lo sabían. Una creciente comprensión de que muchos inmigrantes latinos eran de hecho socialdemócratas ayudó a inclinar la balanza del poder dentro del Partido Republicano hacia las fuerzas de lo que ahora se llama Trumpismo.

Tras la catastrófica presidencia de George W. Bush, los conservadores del movimiento, atados por su propio exceso ideológico y sintiendo que estaban perdiendo una guerra cultural más amplia, se aferraron a la demonización de los migrantes como una forma de explicar los reveses sin tener que recurrir a la moderación. Activistas, pensadores y políticos de derecha responsabilizaron a la Ley de Inmigración y Control de Reagan no solo por la toma demócrata de California, sino también por la elección de Barack Obama en 2008 y la reelección en 2012.

De acuerdo con esta línea de pensamiento, la amnistía de Reagan agregó (como resultado que los ciudadanos naturalizados pueden patrocinar a otros miembros de la familia para obtener la ciudadanía) quince millones de nuevos ciudadanos a las listas de votantes. Steve King, el principal ideólogo chauvinista de los republicanos en la Cámara, dijo que este supuesto aumento “provocó la elección de Barack Obama”.

Antes de las elecciones de 2016, la mayoría de los republicanos creían que millones de “inmigrantes ilegales” habían votado en 2008 y 2012 y planeaban hacerlo de nuevo en 2016. No hay evidencia que apoye ninguna de estas afirmaciones, sin embargo, tales argumentos justifican los esfuerzos continuos para suprimir el voto de inmigrantes, refugiados y sus descendientes. Más recientemente, Tucker Carlson, de Fox, utilizó ese argumento para minimizar la importancia de la interferencia rusa en la política interna de Estados Unidos, acusando a México de “interferir rutinariamente en nuestras elecciones al empacar a nuestro electorado”.

A un paso de enfrentarse a una Cámara liderada por el Partido Demócrata, asediado por la multiplicación de las investigaciones criminales a nivel federal y estatal, y derribado por el descenso de los números de las encuestas, Donald Trump ahora está apostando su presidencia en el muro, cerrando el gobierno hasta que consiga algo que él puede llamar a un triunfo. Esto, también, parece un cálculo mundano, que mientras sus oponentes permanezcan divididos, él puede permanecer a flote movilizando al alrededor del 30 por ciento del país que piensa que tenemos que tapiar la frontera sur.

“Su presidencia ha terminado si no construye el muro”, dijo recientemente, al periodista de Nueva York Mattathias Schwartz, Steve Bannon, ex asesor de Trump y quizás el realista de la raza más famoso del país. “Él lo sabe.”

Bannon continuó diciendo que Trump necesita crear hechos sobre el terreno:


O tienes una crisis o no la tienes… Si es una crisis, actúa como tal. Que se declare una emergencia de seguridad nacional en la frontera sur. Despliega tropas no para ayudar a la Patrulla Fronteriza sino para reemplazarlas, entonces traes al Cuerpo de Ingenieros del Ejército para construir la muralla. Saca las retroexcavadoras y empieza a cavar. Los demócratas, los republicanos del establishment, los medios de comunicación, tal vez los tribunales, todos se vuelven locos. Todo el mundo lo combate. Pero tú eres Trump, y finalmente estás construyendo un maldito muro.

Aun así, hay un exceso en el odio que Trump aprovecha y que no puede ser explicado por la machtpolitik de su estilo, ni por los recientes informes que dicen que la “pared” era simplemente un dispositivo mnemónico para mantener la corta atención de Trump centrada en un tema de conversación. Las promesas de construir el muro canalizan corrientes psíquicas que se encuentran en lo más profundo de la cultura estadounidense, y ahora parecen ser lo único que unifica a los partidarios de Trump, y dirige su odio hacia un pueblo que representa en gran medida los ideales que ellos afirman valorar.

En todo Estados Unidos, los latinos han revitalizado los barrios y poblado los centros urbanos, han abierto tiendas y han inyectado dinero en pequeñas empresas establecidas. La América de los centros comerciales sería aún más árida si no fuera por los mexicanos y centroamericanos que han convertido tiendas vacías en taquerías, carnicerías, pupuserías y otras empresas. Incluso Charles Murray dice que tienen una buena ética de trabajo. Es como si, al forzar a los latinos a la sombra, la derecha quisiera acelerar el camino hacia la muerte, y terminar el vaciamiento iniciado hace años con el ascenso de la globalización corporativa.

Al mismo tiempo, sin embargo, y volviendo a Borges, el odio parece sintomático del terror a la mortalidad, del tipo que el escritor argentino atribuyó a Shih Huang Ti. En pocas palabras, la dependencia de Estados Unidos del trabajo de los inmigrantes confirma la base social de la existencia y, por lo tanto, la legitimidad de los derechos sociales y la socialdemocracia. Y en una cultura política que considera sacrosantos los derechos individuales, los derechos sociales son algo más vil que la herejía. Implican límites, y los límites significan la muerte, la extinción de la única premisa americana de que todo – que se trata del actual arreglo racialmente segregado de distribución de la riqueza, extraído y producido en un mundo que está al borde del colapso – va a continuar para siempre.

colaborador de TomDispatch, autor de Fordlandia: The Rise and Fall of Henry Ford´s Lost Jungle City y próximamente de Empire of Necessity: Slavery, Freedom and Deception in the New World.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

La tontería del antiglobalismo.



Leonardo Boff

Se está produciendo en todo el mundo una ola anti-globalista. Tal vez pocas cosas sean más regresivas y disparatadas en el mundo actual que ésta. Había un cierto anti-globalismo, fruto del proteccionismo de varios países, pero que no amenazaba el proceso general e irreversible de la globalización. Esa ola fue asumida como plataforma política por Donald Trump que, según el premio Nobel en economía Paul Krugman, sería uno de los presidentes más tontos de la historia norteamericana. Lo mismo sirve para nuestro recién electo presidente, el ex capitán Bolsonaro y sus Ministros de Educación y de Relaciones Exteriores, negacionistas de este fenómeno que sólo personas desinformadas y con prejuicios no perciben.

¿Por qué se trata de un disparate de los más insensatos? Porque va directamente contra la lógica del proceso histórico irrefrenable. Hemos alcanzado un nuevo estadio en la historia de la Tierra y de la Humanidad. Si no, veamos: hace miles de años, los seres humanos, surgidos en África (todos somos africanos), empezaron a dispersarse por el vasto mundo, comenzando por Eurasia y terminando en Oceanía. Al final del paleolítico superior, hace cuarenta mil años, ya ocupaban todo el planeta con cerca de un millón de personas.

Desde el siglo XVI comenzó la vuelta de la diáspora. En 1521 Fernando de Magallanes realizó el periplo del planeta, comprobando que es redondo. Cada lugar puede ser alcanzado desde cualquier lugar. El proyecto colonialista europeo occidentalizó el mundo. Grandes redes, especialmente comerciales, conectaron a todos con todos. Este proceso se prolongó desde siglo XVII al XIX cuando el imperialismo europeo, a hierro y fuego, sometió el mundo entero a sus intereses. Nosotros, los del Extremo-Occidente nacimos ya globalizados. Este movimiento se reforzó en el siglo XX, después de la segunda guerra mundial. En los días actuales, lo hizo cuando las redes sociales avecindaron a todos a la velocidad de la luz, y la economía tomó en cuenta el proceso, especialmente a través de la “gran transformación” (K. Polanyi) que significó el paso de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Todo y todo hasta lo más sagrado de la verdad y de la religión se convirtió en mercancía. Karl Marx en la Miseria de la Filosofía (1847) llamó a esto “la corrupción general” y la “venalidad universal”.

La globalización que los franceses prefieren llamar, con mayor razón, planetización, es un hecho histórico innegable. Todos nos estamos encontrando en un mismo lugar: en el planeta Tierra. Estamos en la fase tiranosáurica de la globalización, que viene siendo hecha bajo el signo de la economía mundialmente integrada, voraz como el mayor de los dinos, el tiranosaurio, por ser profundamente inhumana por la pobreza que causa y por la acumulación absurda que permite.

Ya hemos entrado en la fase humano-social de la globalización por algunos factores que se han vuelto universales, como la ONU, la OMC, la FAO y otros, los derechos humanos, el espíritu democrático, la percepción de un destino común Tierra-Humanidad y el ser el homo sapiens sapiens y demens una única especie.

Notamos ya los albores de la fase ecozoico-espiritual de la globalización. La ecología integral y la vida en su diversidad, y no la economía, tendrán la centralidad, la reverencia ante todo lo creado y el nuevo acuerdo con la Tierra, vista como Madre y como un super Organismo vivo que debemos cuidar y amar, valores profundamente espirituales. Crece la noción de que somos aquella porción de la Tierra viva que con un alto grado de complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Tierra y Humanidad formamos una única entidad, como bien testificaron los astronautas desde sus naves espaciales.

Ha llegado el momento, como profetizaba el paleontólogo y científico Pierre Teilhard de Chardin ya en 1933, en que “la edad de las naciones ha pasado. Si no queremos morir es la hora de sacudir viejos prejuicios y construir la Tierra”. Ella es nuestra única Casa Común, la única que tenemos, como enfatizó el Papa Francisco en su encíclica Sobre el cuidado de la Casa Común. (2015). No tenemos otra.

Estamos oyendo prejuicios extraños a los futuros gobernantes y ministros en el sentido de que la globalización es una trama de los comunistas para dominar el mundo. Son los que, según Chardin, no se ocupan de construir la Casa Común, sino que se vuelven rehenes de su pequeño y mezquino mundo, del tamaño de sus cabezas parcas de luz.

Si no consiguen ver la nueva estrella que ha irrumpido, el problema no es de la estrella sino de sus ojos ciegos.


*Leonardo Boff ha escrito “Destino y Desatino de la Globalización” en Del iceberg al Arca de Noé, Mar de Idéias, Río 2010 pp. 41-63.

Traducción de Mª José Gavito Milano



lunes, 10 de diciembre de 2018

Momento decisivo para los migrantes de la Caravana .


Los treinta migrantes se escondieron bajo un árbol en una noche fría mientras un helicóptero del gobierno estadounidense sobrevolaba, la luz de búsqueda pasaba por las ramas del árbol y la tierra alrededor de él. Desde el lugar donde se pusieron en cuclillas, los hombres, mujeres y niños podían ver el territorio estadounidense a solo unos metros, del otro lado de la alta valla fronteriza que separa a México de Estados Unidos.

Viajaron para brincar la valla. Sin embargo, muchas cosas los dejaron perplejos.

¿Y si los atrapaban? Si los atrapaban, ¿podrían solicitar asilo? ¿Los hijos serían separados de sus padres? ¿Sería posible correr hacia San Diego? ¿Quién estaba en el vehículo de la Patrulla Fronteriza en el otro lado de la valla? ¿Los guardias fronterizos tienen permiso para dispararles?

Un largo y arduo recorrido desde sus hogares en Centroamérica, desde donde viajaron como parte de una gran caravana, seguido por más de dos semanas languideciendo en un refugio para migrantes en Tijuana abarrotado y cada vez con un olor más fétido había llegado a este punto: un trayecto nocturno a la valla fronteriza y tal vez un intento desesperado de cruzar.

“Vamos por un mejor futuro para nuestro hijo, en un lugar que es seguro”, dijo Samuel García, de 30 años, un hondureño que estaba en cuclillas junto a su esposa y a su hijo de 5 años. “Aquí”, dijo en referencia a México, “nunca tuve la intención de construir mi casa”.

García señaló con la cabeza hacia la valla y las cada vez más intensas fortificaciones de una nación cuyo presidente no quiere que él ingrese.

“Tiene que haber un punto débil”, dijo.

Muchos de los migrantes que llegaron a la frontera norte de México en caravanas en las últimas semanas habían partido de su país de origen con una idea diferente de cuál sería el resultado.

El presidente estadounidense, Donald Trump, los calificó de ser una horda invasora de oportunistas que busca manipular el sistema migratorio estadounidense. Sin embargo, muchos se aferraron a la creencia de que cuando llegaran a la frontera, el corazón del mandatario se conmovería y las puertas mágicamente se abrirían.

En los últimos días, han visto cómo sus sueños casi se hacen añicos contra el frío, la impasible realidad de la frontera y la política estadounidense.

El viaje para más de seis mil migrantes llegó a su fin aquí en Tijuana a mediados de noviembre. Durante semanas, la mayoría vio pasar horas y días en un complejo deportivo municipal que fue convertido en refugio. Los alimentos eran escasos; la privacidad no existía; las enfermedades respiratorias se propagaron.

Si algunos migrantes todavía pensaban que Trump podría conmoverse con su difícil situación, se desilusionaron hace una semana, cuando cientos se separaron de una marcha pacífica y corrieron hacia la frontera estadounidense, de la que fueron repelidos por guardias fronterizos de Estados Unidos que lanzaron gas lacrimógeno: muchos migrantes fueron arrestados por las autoridades mexicanas.

Varios días después, una gran tormenta llegó a la ciudad que convirtió al complejo deportivo en un pantano y aumentó así las tragedias que enfrentan los migrantes.

A raíz de los eventos de la semana pasada y de la retórica dura de Trump, los migrantes, cada vez más frustrados y desesperados, han comenzado a reevaluar sus opciones.

Cientos se han dado por vencidos y aceptaron ser repatriados voluntariamente a sus países de origen.

Muchos otros han decidido que la mejor decisión es aceptar la oferta del gobierno mexicano de brindarles visas humanitarias de un año que les permitirán quedarse y trabajar en México, incluso cuando, para algunos, es solo el tiempo de espera en el que pueden intentar ingresar a Estados Unidos.

Más de dos mil han buscado citas han con funcionarios migratorios estadounidenses para solicitar asilo, aunque Trump ha dificultado más el proceso, y los tiempos de espera para una entrevista ahora son de más de dos meses.

No obstante, otros migrantes han llegado a una conclusión diferente: su mejor opción ahora, ellos creen, es intentar cruzar la frontera de manera ilegal. Algunos han buscado ingresar por rutas clandestinas, al contratar a polleros que les muestren los puntos ciegos a lo largo de la frontera y que los guíen a través de ellos, aunque pocos tienen los recursos para pagar por ello.

En noches recientes, otros migrantes de las caravanas han emprendido viajes sin guías a la porción más occidental de la frontera, en donde la alta valla fronteriza metálica pasa a través de colinas soleadas y a lo largo de comunidades residenciales en el oeste de Tijuana para emerger en la playa y sumergirse en el océano Pacífico.

Algunos se han lanzado a las aguas frías y peligrosas del océano y han intentado nadar alrededor de la valla a Estados Unidos, solo para ser sacados por las autoridades.

Esta parte de la frontera es una de las más resguardadas y analizadas. Sin embargo, para algunos, eso es parte del cálculo: al impacientarse mientras aguardan por sus citas para solicitar asilo, tienen la esperanza de acelerar las cosas al ser atrapados y solicitar asilo en el momento, una provisión de la ley a la que Trump está intentando ponerle fin.

Estas son las personas bien informadas.

Otros migrantes no tienen idea de qué están haciendo. Están a la deriva en un mar de rumores y desinformación sobre las leyes migratorias estadounidense y mexicana, así como sus derechos y opciones. Al estar cerca de la frontera, todo lo que pueden ver es territorio estadounidense a través de los agujeros de la valla metálica y las oportunidades que parece prometerles.

Así que el 1 de diciembre por la mañana, los treinta migrantes escondidos bajo las ramas del árbol miraron la frontera e hicieron sus cálculos.

El grupo había caminado o tomado taxis desde el inundado complejo deportivo y dejaron atrás la mayoría de sus posesiones. Ahora, los guardias fronterizos de Estados Unidos del otro lado de la valla estaban tan cerca de los migrantes que podían escuchar sus risas.

“Parece un momento difícil para llegar al otro lado”, murmuró García.

Dijo que había intentado obtener una cita para solicitar asilo en Estados Unidos, pero que policías mexicanos le dijeron que ya no podía hacerlo, lo que lo confundió. Se quedó con la creencia de que Trump había puesto fin al sistema de asilo estadounidense.

Si él y su familia lograban cruzar la valla, dijo, no tenía la intención de entregarse. La deportación parecía una certeza. “Los estadounidenses no son de fiar”, dijo.

En cambio, la familia estaba pensando en correr. García había empacado 2 litros de agua en su mochila, en caso que lograran avanzar hasta San Diego, a unos 32 kilómetros.

De repente, otro hombre que apenas se había unido al grupo se paró, corrió hacia la valla y comenzó a trepar. Un guardia fronterizo estadounidense sentado en un vehículo en la parte alta de una ladera del otro lado gritó: “¡Bájate!”.

Sin desalentarse, el migrante se impulsó por encima de la barrera, se dejó caer del otro lado y levantó los brazos como un acto para rendirse, aparentemente con la intención de buscar asilo. Fue rodeado de agentes de la Patrulla Fronteriza, subido a una camioneta y se lo llevaron.

Los otros migrantes observaron en silencio, finalmente decidieron irse por esa noche y caminaron hacia la playa, donde se asomaron a través de la valla bañada por los reflectores.

Esa misma noche, unas horas antes, dos jóvenes salvadoreños habían llegado para explorar esa misma área de la valla fronteriza.

“Mi destino es cruzar al otro lado”, dijo uno de los hombres, César Jovel, de 18 años. “Hemos estado sufriendo y ahora solo queremos cruzar”.

Jovel y su amigo, Daniel Cruz, también de 18 años, dijeron que huyeron de El Salvador debido a las amenazas de las pandillas.

Los hombres decidieron que su mejor opción era excavar.

Se ubicaron en un punto a lo largo de un área oscura de la frontera y, usando sus manos, excavaron una zanja poco profunda por debajo de la valla. Jovel pasó primero, apretando su delgado cuerpo por debajo de la barrera y después agachándose detrás de vegetación abundante. Cruz rápidamente lo siguió.

No obstante, un vehículo de la Patrulla Fronteriza apareció repentinamente. Un agente les gritó y ambos saltaron a la zanja y se deslizaron de regreso a México.

Desalentados, comenzaron a caminar los 8 kilómetros de regreso al refugio para migrantes. Usaron las luces de sus celulares para iluminar las tuberías del desagüe; habían escuchado rumores de túneles y puntos de cruce secretos.

Cruz dijo que estaba analizando varias opciones para la siguiente parte de su viaje.

Un familiar había prometido contratar a un pollero para que lo cruzara, pero ese trato se había perdido. Una visa humanitaria en México era su opción de respaldo si no podía ingresar a Estados Unidos.

A pesar de su fallido primer intento para cruzar ilegalmente, los dos amigos no se desalentaron.

“Voy a tratar de cruzar”, prometió Jovel. “Llegué aquí con un sueño”.

Maya Averbuch / Kirk Semple – Tijuana / México

The New York Times

Fuente: Servindi

miércoles, 24 de octubre de 2018

La Caravana y la política migratoria que México necesita.

La Caravana de migrantes centroamericanos es uno de los muchos ejemplos de que las políticas migratorias actuales no funcionan.

23 octubre 2018

Un grupo de miles de personas salió de San Pedro Sula, Honduras el 12 de octubre, huyendo de la pobreza, la violencia y la marginación, dispuestos a caminar 4,000 kms hasta llegar a Estados Unidos. En palabras de algunas mujeres que forman parte del grupo se dirigen “a cualquier lugar en el que podamos trabajar y darle una vida digna a nuestros hijos”. La Caravana ha estado en el centro de la atención de los medios nacionales e internacionales, no solo por su tamaño (se estima que son ya cerca de cinco mil personas, incluyendo personas de nacionalidad guatemalteca y salvadoreña que se han sumado en el trayecto) sino por las amenazas del gobierno de Donald Trump. El presidente de Estados Unidos dijo que no se le permitirá la entrada a la Caravana, y que si los gobiernos centroamericanos no la detienen, cancelará los fondos de apoyo para esos países. En el caso de México, el presidente estadounidense advirtió que si el gobierno de Peña Nieto no detiene la Caravana, Estados Unidos cerrará su frontera sur, enviará al Ejército a contener al grupo de desplazados y revisará el acuerdo comercial firmado recientemente.

La instrucción de Peña Nieto de enviar a la Policía Federal a la frontera con Guatemala e impedir la entrada a quienes no tuvieran una visa o hicieran una solicitud formal de asilo en los puntos de entrada—lo cual generó actos de violencia y represión que incluyó el uso de gases lacrimógenos por parte de la Policía– recibió una felicitación por parte del gobierno de Trump. Sin embargo, para la comunidad internacional y la sociedad civil mexicana que trabaja a favor de los derechos de las personas en contextos de movilidad, la respuesta del gobierno mexicano volvió a poner en evidencia la falta de visión, coherencia, congruencia y sentido de humanidad de su política migratoria. Una política integral y enfocada en derechos humanos tendría que recibir con permisos temporales a las personas que forman parte de la Caravana en albergues y otros espacios seguros que incluyan comedores, servicios de salud y, con apoyo de la ACNUR y voluntarios expertos, facilitar los trámites para el reconocimiento de la condición de refugiados.

Honduras, Guatemala y El Salvador, entre otros países de Centroamérica, se encuentran desde hace décadas en una compleja situación económica, política y social. Las personas que emprenden el riesgoso y doloroso viaje hacia el norte lo hacen porque huyen de la violencia y la precariedad. Algunos de ellos son personas deportadas que, en muchos casos, están separados de sus familias en Estados Unidos y que no han encontrado condiciones para tener una vida digna y segura en sus países de origen y. Son, en buena medida, hombres, mujeres, niñas y niños que requieren protección internacional conforme a los tratados y compromisos internacionales que México tiene, que ha defendido arduamente en el ámbito multilateral y que se reflejan en nuestro marco legal: la Constitución, la Ley de Migración y la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político.

México lleva ya muchos años sin responder de manera integral y con apego a este marco legal ante la llegada de miles de migrantes en tránsito y solicitantes del reconocimiento de la condición de refugiadas. Sin embargo, la visibilidad de la Caravana, como otras similares en años anteriores, pone en el centro la pregunta: ¿México tiene la responsabilidad de acoger a migrantes centroamericanos y de otras regiones? ¿El país tiene la capacidad para hacerlo? ¿Cómo, si en México también existen condiciones de pobreza extrema y violencia de las que también huyen miles de mexicanos?

La respuesta a estas preguntas es compleja, pero a la vez simple. Sí, México tiene la responsabilidad de brindar protección internacional y de cumplir con los principios enunciados en la Ley de Migración (Art. 2) para su política migratoria. Entre ellos se enumeran: el “respeto irrestricto de los derechos humanos de las personas migrantes, nacionales y extranjeras”; “la congruencia” entre los derechos que el Estado garantiza a las personas extranjeras en México y los que reclama para sus connacionales en el exterior; y “el enfoque integral”, bajo la cual México debe reconocerse como país de destino y no sólo de tránsito, origen y retorno, considerando las causas estructurales de la migración y sus consecuencias inmediatas y futuras. Destaca también en este caso el principio de hospitalidad y solidaridad internacional con las personas que requieren de un nuevo lugar de residencia debido a las condiciones en su país de origen.

No obstante la existencia de este marco legal, las declaraciones del gobierno mexicano se enmarcan dentro del discurso de una migración regular, segura y ordenada que, al igual que Estados Unidos, se limita a garantizar que recibirá a las personas que sigan el proceso por las vías legales. Pero la urgencia de alimentar a un hijo, de sobrevivir, de huir de la persecución y de la violencia, de las amenazas de pandillas y otros grupos de crimen organizado, no se apega a los tiempos ni a los procesos burocráticos y por ello se requieren medidas que reconozcan esta realidad.

México tiene amplios lazos de cooperación con Centroamérica en diversos ámbitos y nuestra política de apoyo y hospitalidad hacia las personas refugiadas de esa región es un referente histórico. Sin embargo, la capacidad de respuesta ante el incremento de solicitudes de reconocimiento ha sido limitada y, en gran medida, ha dependido del apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Actualmente la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) tiene pendiente de resolver 7,719 mil de las 14,596 mil solicitudes recibidas durante 2017. Es evidente que México carece de un sistema que permita dar respuesta rápida e integral a este tipo de emergencias, más allá del énfasis en la seguridad y la represión que esto conlleva y con un enfoque de corto y largo plazo. La COMAR está prácticamente colapsada. Con un presupuesto anual que no ha pasado de los 25 millones de pesos en la última década, tiene poca capacidad operativa. Durante todo el sexenio, además, careció de liderazgo para impulsar nuevas prácticas institucionales. Si no fuera por el trabajo del ACNUR, que ha financiado puestos y brindado apoyo, la situación sería todavía más grave para los solicitantes de reconocimiento de la condición de refugiado.

Mientras vemos los efectos de una política migratoria enfocada en el control y la seguridad que el gobierno saliente ha mantenido, a costa de los derechos humanos de las personas, la próxima Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ha declarado que a partir del 1º de diciembre volveremos a ser un país de refugio y acogida. El presidente electo se ha comprometido a dar trabajo a las personas migrantes que lleguen a México y a promover el crecimiento económico para que nadie se vea obligado a emigrar como única opción. En sus recientes declaraciones, Marcelo Ebrard, presunto Secretario de Relaciones Exteriores, ha enfatizado la necesidad de un enfoque en políticas de desarrollo regionales que creen oportunidades de empleo en México y en Centroamérica. Esta visión refleja un cambio importante con respecto a la estrategia que ha seguido el gobierno mexicano en las últimas décadas, retomando parte de nuestra tradición como país de asilo y refugio, así como un enfoque de largo plazo para atender las causas estructurales de la emigración.

Para lograr que esta visión se traduzca en cambios reales, de corto y largo plazo, es clara la necesidad de un cambio fundamental en nuestras instituciones. Tenemos un marco legal sólido, y un Programa Especial de Migración (2014-2018) (PEM) en los que se han planteado ya los principios de lo que debe ser una política migratoria integral, transversal y congruente con lo que pedimos para los mexicanos en el exterior. El PEM marcó un hito porque por primera vez se llevó a cabo un proceso de consulta pública con amplios sectores de la sociedad civil y el gobierno para establecer las prioridades de la política migratoria, con programas y acciones específicas que incluyen a las 35 dependencias de la administración pública federal encargadas de temas relacionados con la movilidad de personas, desde temas de justicia hasta empleo.

Sin embargo, parte de lo que ha impedido una implementación de las leyes y políticas existentes es la falta de capacidad institucional y de voluntad política del más alto nivel desde el Ejecutivo para trabajar de manera coordinada desde instancias federales, estatales y municipales, y entre las distintas secretarías de Estado a nivel federal. Un esquema nuevo que incluya, por ejemplo, un Consejo de Gobierno en materia de migración, asilo, refugio y retorno serviría para diseñar, coordinar, implementar, monitorear y evaluar la política en todos estos ámbitos. Asimismo, tendría la capacidad para desplegar grupos de respuesta rápida interinstitucionales, con participación de sociedad civil y con el apoyo de agencias de Naciones Unidas para atender emergencias, a la par de las estrategias y acciones de mediano y largo plazo que incluyan de manera activa a diferentes actores de la sociedad civil (incluyendo a organizaciones de migrantes en México y en el exterior). Existen otras experiencias en el mundo, como el Consejo de Atención al Migrante de Guatemala (CONAMIGUA) o la Junta Nacional de Migración de Uruguay, que sirven de referencia para crear esta figura y dar la vuelta por fin a una serie de políticas fallidas que ven a las personas como amenazas y reflejan una visión de corto plazo enfocada en el control de las fronteras.

En este caso, una respuesta integral e interinstitucional a la situación de la frontera sur significaría no llevar a las personas que solicitan protección internacional a una estación migratoria, cuando existe la posibilidad legal de documentarlos con una condición de estancia por razones humanitarias que les otorga permiso para trabajar. Implica que tanto COMAR como el Instituto Nacional de Migración (INM) compartan una visión que anteponga los derechos y la seguridad de las personas, así como una adecuada coordinación entre ambas instituciones para evitar la detención innecesaria, sobre todo tratándose de niñas, niños y adolescentes, ya sea que viajen solos o en familia. A su vez, las Secretarías de Educación, Salud y Trabajo, entre otras, participarían en procesos para apoyar con servicios y apoyos para las personas migrantes que permanezcan temporal o permanentemente en el país, vinculando esta agenda con los proyectos de desarrollo económico más amplios en México y en la región.

La Caravana es uno de los muchos ejemplos de que las políticas actuales no funcionan: no han detenido los flujos de personas desde el sur ni hacia el norte, no han respondido a sus causas estructurales, y en cambio han generado condiciones de mayor riesgo para quienes no tienen otra opción más que dejar su hogar para buscar otra vida posible. La nueva visión que plantea el gobierno entrante necesariamente tiene que ir acompañada de una estructura institucional y un presupuesto que demuestre la prioridad que tiene el tema y que desarrolle los mecanismos necesarios que atiendan las condiciones inmediatas desde una perspectiva de derechos humanos, a la par de una estrategia de política económica y social de largo plazo nacional y regional para que migrar sea realmente una decisión no forzada.

domingo, 2 de septiembre de 2018

California apuesta por tener el 100% de sus energías limpias.


El Senado de California aprobó un proyecto que busca migrar a fuentes renovables el 100% de la energía que consume este estado. Solo hace falta que el gobernador californiano Jerry Brown firme el documento que ya se encuentra en su oficina. De esta manera se convertiría en el segundo estado de los Estados Unidos en aplicar esta decisión.

Por José Díaz

Pese a las políticas anti-ambientales asumidas por la administración de Donald Trump desde Washington, no todo es oscuro en el panorama ecológico de los Estados Unidos. Esta semana el Senado de California aprobó el proyecto de ley que obligaría a dicho estado a cambiar el 100% de su matriz de energía por fuentes renovables.

Por el momento la aprobación final de la ley se encuentra en manos del gobernador californiano Jerry Brown, quien aún no ha expresado su posición personal frente a este tema. El proyecto busca una transición moderada de las fuentes de energía en California convirtiéndolas en 60% renovables al 2030 y 100% renovables al 2045.

“Es un momento realmente monumental en la historia de California, y tal vez esto marcará un punto de inflexión para el país”, comentó el director de la organización Environment California, Dan Jacobson.

Si se aprueba el proyecto, California se convertiría en el segundo estado de los Estados Unidos en aprobar una ley para migrar todas sus fuentes de energía hacia una matriz renovable. El primer estado que tomar una decisión como esta fue Hawái.




Decisión política

El autor del proyecto, el senador demócrata Kevin de León se mostró confiado en que el gobernador californiano, también demócrata, aprobará la ley. De esta manera California se convertiría en el estado norteamericano con la economía más grande en iniciar un proceso de migración hacia fuentes de energía renovable y en establecer una lucha directa contra las emisiones. 

En la actualidad California es ya uno de los estados que viene introduciendo con más agresividad fuentes renovables en su producción. Para el 2017 el 29% de sus fuentes eran renovables, siendo sus principales fuentes la hidroenergía, la energía nuclear y el gas que es el insumo principal para la generación de electricidad en este estado.

California, uno de los bastiones política del Partido Demócrata y uno de los estados más concientizados en la lucha contra el cambio climático, consolida así una política ambiental auténtica pese a la posición de la Casa Blanca desde que inició su administración Donald Trump. Pese a la oposición del pequeño sector conservador en California todo hace indicar que el proyecto será aprobado y que, tarde o temprano, este estado renovará el 100% de sus fuentes de energía.

Fuente: Servindi

domingo, 5 de agosto de 2018

Teorías conspirativas: un abono que alimenta el avance de los populismos.