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viernes, 10 de enero de 2020

Irán vs Estados Unidos: cómo funciona la compleja estructura de poder de la República Islámica.


Qasem Soleimani, el máximo líder militar de Irán que murió la semana pasada en un bombardeo de EE.UU. en Irak, era uno de los hombres más poderosos en un país con un estructura institucional única.

Establecido después de la Revolución Iraní, que acabó en 1979 con la monarquía para reemplazarla con una república islámica, el sistema político iraní combina elementos democráticos y teocráticos.

Si bien su organigrama institucional resulta enmarañado, al final, el grueso del poder recae en una sola figura: la del líder supremo. Pero existen otros entes y personajes que participan de la toma de decisiones.

1. El líder supremo

El papel que tiene el líder supremo en la constitución iraní se basa en las ideas del ayatolá Jomeini, el primero que ocupó este cargo y que había fungido de líder espiritual de la revolución.

Fin de las recomendaciones.

Bajo su criterio, se ubicó al líder supremo en la parte superior de la estructura de poder político.


Hasta ahora, solo dos personas han ocupado el puesto, que recaedesde 1989 en el ayatolá Alí Jamenei. Fue él quien tras el ataque que mató a Soleimani prometió una "venganza severa" que se materializó este miércoles con los bombardeos iraníes a dos bases estadounidenses en Irak, algo que para él fue "una bofetada en la cara" a Estados Unidos.

El líder supremo es el jefe de Estado y la máxima autoridad política y religiosa del país. El cargo es vitalicio.
Derechos de autor de la imagenOFICINA DE PRENSA DEL LÍDER SUPREMO DE IRÁNImage captionEl ayatolá Alí Jamenei es el líder supremo de Irán desde 1989.

Tiene como competencias nombrar puestos muy importantes que van desde eljefe del Poder Judicial, pasando por los directores de la radio y la televisión estatales, hasta los imanes que dirigen las oraciones de los viernes, tradicionales del islam.

En sus manos están los asuntos relacionados con seguridad, defensa y política exterior. Por eso, Jamenei es responsable también de designar a los comandantes de todas las fuerzas armadas, como Soleimani, además de confirmar la elección del presidente de gobierno.

Entre sus facultades de más peso también está la de elegir directamente a seis de los miembros del poderoso Consejo de Guardianes.

Pero ¿quién nombra al líder supremo? Esta tarea recae en la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por 88 clérigos expertos en la ley islámica que deben, en teoría, supervisar a Jamenei y que tienen la competencia de destituirlo.

Sin embargo, la Asamblea de Expertos nunca ha hecho público ningún informe sobre el desempeño del ayatolá. A esta crítica se suma la de que sus miembros se eligen cada ocho años mediante sufragio universal, pero la lista de candidatos debe ser previamente aprobada por el Consejo de Guardianes.
2. Consejo de Guardianes

El Consejo de Guardianes es el organismo más influyente que hay en Irán.

Lo conforman 12 personas: seis clérigos expertos en jurisprudencia islámica y seis juristas. Los primeros son elegidos de manera directa por el ayatolá Jamenei y los segundos son nombrados por el jefe del poder judicial, que a su vez es designado por el líder supremo.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionAbbas Ali Kadkhodaei es el portavoz del Consejo de Guardianes.

Cada tres años se renueva la mitad del Consejo.

Parte de sus competencias consiste en aprobar todos los proyectos de ley que salen del parlamento, pudiendo incluso vetarlos si los considera inconsistentes con la Constitución y la ley islámica.

También puede prohibir candidatos en las elecciones al parlamento, a la presidencia y a la Asamblea de Expertos.
3. El presidente

La Constitución lo describe como el segundo funcionario de mayor rango en el país. Su mandato dura cuatro años y solo puede ser renovado de manera consecutiva una vez.

Es jefe del Ejecutivo y, por tanto, responsable de garantizar el cumplimiento de las leyes.

En la práctica, sin embargo, sus facultades se ven limitadas por los clérigos y los conservadores incrustados en la estructura de poder de Irán y por la autoridad del líder supremo.

Esto comienza incluso antes de su elección: todos los candidatos presidenciales son investigados por el Consejo de Guardianes, que a lo largo de su historia ha vetado a centenares de aspirantes.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionHasán Rohaní es el presidente de Irán desde 2013 y su mandato, el segundo, acaba en 2021.

Hasta ahora, Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) ha sido el único presidente iraní que no era clérigo.

El mandatario actual, Hasán Rohaní, ocupa el puesto desde 2013. Tras haber estado en un principio en lo que luego se convertiría en el bando conservador, fue gracias al apoyo de los reformistas que consiguió llegar y mantenerse como jefe de gobierno. Aunque él se considera a sí mismo un moderado.

Rohaní ha sido el presidente más atrevido a la hora de criticar el sistema iraní. Por ejemplo, recientemente le reprochó al sector más tradicionalista sus casos de corrupción y al Poder Judicial, no investigar estas tramas como es debido. Algo muy inusual para Irán, incluso para un cargo tan alto como el de presidente.

"¿Por qué no se aborda la corrupción de grandes cifras? Llevar a algunas personas [de menor rango] a los tribunales y hacer propaganda no engaña a la gente", dijo Rohaní en noviembre del año pasado, según publicó el Financial Times.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionMahmud Ahmadineyad ha sido el único presidente iraní que no era clérigo.

A menudo, cuando ha habido inestabilidad política en el país se ha debido a tensiones entre el líder supremo y el presidente, como ocurrió durante el mandato del ex presidente reformista Mohamed Jatami (1997-2005), cuando se reflejaron de las tensiones más profundas entre el gobierno religioso y las aspiraciones democráticas de muchos iraníes.
4. La Guardia Revolucionaria

Las Fuerzas Armadas iraníes se dividen en dos: las regulares y la Guardia Revolucionaria.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) nació poco después de la revolución de 1979 para defender el sistema de gobierno islámico que el país acababa de adoptar. Ese es su papel según la Constitución, que reserva las funciones como la defensa de fronteras y mantenimiento del orden interno para los otros militares.

El CGRI tiene sus propias divisiones de mar, tierra y aire, y supervisa armas estratégicas como los misiles balísticos. Se ha convertido en una importante fuerza militar, política y económica en Irán.

Se estima que está conformado por más de 150.000 miembros activos.

Derechos de autor de la imagenREUTERSImage captionEsmail Ghaani estuvo por más de 20 años a la sombra de Soleimani.

El CGRI está bajo el control del líder supremo y pese a tener unos 230.000 efectivos menos que la otra rama de las Fuerzas Armadas, es considerado la rama militar dominante en Irán y está detrás de muchas de las operaciones clave del país.


La Guardia Revolucionaria influye en otras partes de Medio Orienteproporcionando dinero, armas, tecnología, capacitación y asesoramiento a gobiernos aliados y a grupos armados a través de su brazo de operaciones en el extranjero, la Fuerza Quds.

Es precisamente a la Fuerza Quds, de la cual era comandante Soleimani, a la que Estados Unidos acusa de apoyo a grupos armados y de ser responsable de ataques en Irak y en otras partes de Medio Oriente que provocaron la muerte de cientos de militares estadounidenses y aliados suyos.

El abril del año pasado, el gobierno de Donald Trump incluyó a toda la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas extranjeras. Una decisión sin precedentes, ya que era la primera vez que EE.UU. metía en esa lista a un órgano gubernamental de otro Estado.

Soleimani fue reemplazado por Esmail Ghaani, su segundo al mando durante más de dos décadas. Ghaani ha prometido "continuar la causa del mártir Soleimani tan firmemente como antes con la ayuda de Dios" y, "a cambio de su martirio", "sacar a EE.UU. de la región".

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Fuente:bbc.com

lunes, 20 de mayo de 2019

Washington al borde de la guerra contra Irán.

Imagen: la marina de los EE.UU tomada por El Especialista en Comunicación de Masas Dan Snow: “El porta aviones estadounidense USS Abraham Lincoln en el Canal de Suez”.


Por Bill Van Auken

Pressenza, 18 de mayo, 2019.- El abrupto viaje del Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo a Bruselas para promover las medidas de Washington contra Irán, junto con el despliegue de más activos militares estadounidenses en el Golfo Pérsico, apuntan a una crisis de guerra calculada en la región por parte de Washington.

A última hora del lunes, el New York Times publicó un artículo bajo el título «La Casa Blanca revisa los planes militares contra Irán, en Ecos de la guerra de Irak». El artículo citaba como fuentes de «más de media docena de oficiales de seguridad nacional», además, informaba que en una reunión de los principales asesores de seguridad nacional del presidente Trump, la semana pasada, se había discutido sobre un plan para enviar hasta 120.000 tropas a Oriente Medio.

La chispa de un conflicto total puede venir de cualquiera de las provocaciones escenificadas, incluyendo el supuesto sabotaje de dos petroleros saudíes y otros dos barcos frente a las costas de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), según se informó el domingo.

El ministro Saudí de energía, Khalid al-Falih, subrayó que uno de los petroleros saudíes, que supuestamente sufrió daños, se dirigía a recoger petróleo Saudí para llevarlo a Estados Unidos, un detalle que aparentemente se destacó para demostrar que en el incidente estaban en juego «intereses estadounidenses».

Pompeo, el asesor de seguridad nacional John Bolton y otros funcionarios estadounidenses han prometido repetidamente tomar medidas militares «rápidas y decisivas» en defensa de los intereses estadounidenses en la región rica en petróleo. Han amenazado con desatar una fuerza «implacable» contra Irán en represalia por cualquier acción supuestamente llevada a cabo por una amplia gama de fuerzas calificadas por Washington como» apoderadas» iraníes, que van desde Hizbolá en el Líbano hasta Hamás en la Franja de Gaza palestina, pasando por los rebeldes Houthi en Yemen y varias milicias chiítas en Irak y Siria.

El supuesto sabotaje de los cuatro buques tuvo lugar en el Golfo de Omán, al este de Fujairah, un importante puerto petrolero que se encuentra aproximadamente a 85 millas al sur del punto estratégico del Estrecho de Hormuz, el cual es utilizado para transportar un tercio del petróleo por mar hacia el resto del mundo.

Funcionarios saudíes y de los Emiratos Árabes Unidos indicaron que no hubo víctimas ni derrames de hidrocarburos como resultado del supuesto sabotaje. Un vídeo publicado en Internet mostraba un agujero roto en el casco de un barco de propiedad noruega en su línea de flotación.

El momento del incidente encajaba perfectamente con la escalada de tensiones en la región por parte de Estados Unidos. Días después de la advertencia, del 9 de mayo, emitida por la Administración Marítima de los Estados Unidos (MARAD) de que los barcos comerciales, incluidos los petroleros, podrían ser el blanco de la creciente escalada hacia la guerra.

«Irán o sus representantes podrían responder atacando a los buques comerciales, incluidos los petroleros, o a los buques militares estadounidenses en el Mar Rojo, el estrecho de Bab-el-Mandeb o el Golfo Pérsico», dice la declaración del MARAD.

Los funcionarios iraníes expresaron su preocupación por el incidente. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Abbas Moussavi, calificó el incidente de «lamentable» y «preocupante» y pidió una investigación a fondo. Moussavi también advirtió a los países del Golfo Pérsico que se mantuvieran vigilantes frente al potencial «aventurerismo de jugadores extranjeros» o a cualquier «conspiración orquestada por mal intencionados» para socavar la seguridad marítima.

No ha habido una explicación clara de lo que ocurrió exactamente en el Golfo de Omán, ni por parte de los Emiratos Árabes Unidos ni de la monarquía saudí. La implicación de operaciones encubiertas destinadas a crear el pretexto para la guerra, ya sea por parte de Washington o de sus dos principales aliados regionales, Israel y la propia Arabia Saudita, que desde hace mucho tiempo han intentado llevar a los Estados Unidos a una guerra con Irán, está es una posibilidad muy real.

Una cosa es cierta. No se puede creer nada de lo que diga el gobierno de los Estados Unidos o sus servidores de propaganda en los medios de comunicación corporativos sobre la crisis en el Golfo Pérsico. Los pretextos para la guerra esta vez resultarán tan fabricados como las «armas de destrucción masiva» de Irak o las mentiras sobre un buque de guerra estadounidense atacado en el Golfo de Tonkin que se utilizaron para justificar la guerra de Vietnam.

La administración Trump ha intensificado a su vez sus operaciones militares en la región, enviando una batería de misiles Patriot al Golfo Pérsico junto con un buque de asalto anfibio de la Marina. La semana pasada llegó al Mar Rojo con un grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln, así como el desembarco de un ala de ataque de un bombardero formado por cuatro B-52 en la base aérea Al Udeid de Estados Unidos en Qatar.

El Pentágono anunció el lunes que los B-52 habían llevado a cabo su «primera misión… para defender las fuerzas e intereses estadounidenses en la región», consistente en operaciones cerca del espacio aéreo iraní.

Tal es la amenaza de guerra que incluso un reportero de la Casa Blanca cuestionó a Trump durante su comparecencia del lunes con el primer ministro de la extrema derecha de Hungría, Viktor Orbán: «¿Estás en guerra con Irán? ¿Está usted buscando un cambio de régimen allí?»

Trump no negó la amenaza de guerra que se avecinaba, declarando: «Si hacen algo, sufrirán mucho. Ya veremos qué pasa con Irán».

Subrayando la descarada imprudencia de la campaña bélica de Estados Unidos, el secretario Pompeo cambió abruptamente sus planes de viaje por segunda vez en una semana, cancelando un viaje a Moscú para volar a Bruselas y colapsando efectivamente una reunión programada de ministros de Asuntos Exteriores europeos convocados a fin de discutir su respuesta a la crisis del Golfo Pérsico.

El aumento del poderío militar estadounidense, así como el endurecimiento de las sanciones estadounidenses calificadas por la administración Trump de «presión máxima» contra Irán, están diseñados para sofocar la economía del país y reducir a cero sus exportaciones de petróleo, esto ha agudizado las tensiones entre Washington y sus antiguos aliados europeos.

Desde principios de este mes, Washington ha retirado las exenciones que habían permitido a China, Corea del Sur, Japón, India y Turquía seguir comprando petróleo a Irán, y ha impuesto una nueva ronda de sanciones destinadas a detener todas las exportaciones iraníes de hierro, acero, aluminio y cobre.

Los EE.UU. y las principales potencias europeas han estado divididas desde que Trump derogó unilateralmente el llamado acuerdo nuclear del Plan de Acción Global Conjunto (Joint Comprehensive Plan of Action, JCPOA) alcanzado entre Irán y los EE.UU., Rusia, China, Alemania, el Reino Unido y Francia. Washington reimpuso sanciones que equivalen a un estado de guerra. Los gobiernos europeos, así como el organismo de inspección nuclear de las Naciones Unidas, y el Organismo Internacional de Energía Atómica, han insistido en que Irán se ha mantenido en el cumplimiento del acuerdo, que supuestamente debía combinar límites estrictos al programa nuclear iraní con el levantamiento de las sanciones económicas.

La preocupación en la administración Trump, nunca ha sido el acuerdo nuclear, sino más bien el impulso para el cambio de régimen, es decir, la restauración de una dictadura títere respaldada por Estados Unidos en el país rico en petróleo como la del Shah.

Como dijo Bolton, uno de los arquitectos de la actual acumulación militar, un año antes de convertirse en asesor de seguridad nacional: «La política declarada de Estados Unidos debería ser el derrocamiento del régimen de los mullahs en Teherán…. El comportamiento y los objetivos del régimen no van a cambiar y, por lo tanto, la única solución es cambiar el propio régimen».

Las reuniones de Pompeo en Bruselas con la jefa de política exterior de la UE, Federica Mogherini, y los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia y el Reino Unido no hicieron sino subrayar las tensiones transatlánticas sobre Irán. Mogherini dijo que los representantes europeos han recalcado que la crisis del Golfo Pérsico ha producido un «momento crucial y delicado» en el que es necesario «la máxima moderación y evasión de cualquier intensificación por parte de los militares».

Dijo que los ministros europeos «siguen apoyando plenamente el acuerdo nuclear con Irán», lo que significa la normalización del comercio y la inversión. Añadió que esto incluía la «puesta en marcha» del llamado Instrumento de Apoyo al Intercambio Comercial (INSTEX), que se supone que creará un canal de pago directo no monetario con Irán para eludir las sanciones de Estados Unidos. Las transacciones a través de este intercambio, comenzarían en las próximas semanas, lo afirmó.

La semana pasada, Teherán notificó a los signatarios europeos del acuerdo que reanudaría el enriquecimiento de uranio a un grado superior en un plazo de 60 días a menos y que tomarán medidas para permitir a Irán exportar su petróleo y acceder a los mercados financieros. Las empresas y bancos europeos, que antes habían visto una oportunidad para explotar la riqueza petrolera del país, se han retirado ante las amenazas de quedar fuera del mercado estadounidense.

La oposición de las potencias europeas al impulso de Estados Unidos hacia la guerra contra Irán no se basa en la preocupación por el destino de 80 millones de iraníes, sino en la búsqueda de sus propios intereses imperialistas en la región. El conflicto expone fallas que apuntan al peligro de que un nuevo conflicto militar en el Golfo Pérsico se convierta en la antesala de una tercera guerra mundial nuclear.

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Este artículo también está disponible en: Inglés

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Traducción del inglés por Nicolás Soto
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sábado, 1 de junio de 2013

Presentarán otra vez el caso de Saeed Abedini ante la ONU.


El próximo lunes llevarán una reclamación ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, esperando ejercer más presión por la liberación del pastor.

31 DE MAYO DE 2013, EEUU
Cristianos de todo el mundo se han interesado por el caso del pastor Saeed Abedini, encarcelado en Irán junto a otros cristianos, que fue sentenciado a ocho años de cárcel el pasado mes de enero.

El próximo 3 de junio se producirá otra cita importante para tratar la liberación del pastor, cuyo caso ha sido denunciado por el Secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry . El Centro Americano para la Ley y la Justicia (ACLJ) presentará nuevamente una solicitud formal ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Jordan Sekulow, del ACLJ, cree que en esta ocasión hay expectativa de que se produzca una resolución favorable, tras las reuniones celebradas con diversos países por Naghmeh Abedini, la esposa del pastor, que con el respaldo de organizaciones de diversos países ha conseguido entrevistarse con varios consejeros.

Naghmeh ha sido capaz de defender la causa de su esposo con una simple solicitud “¿Va a ser la voz de Pastor Saeed?”, cuenta Jordan Sekulow, que dice que hay razones para la esperanza.

En opinión del ACLJ la actitud de intolerancia religiosa que ha mostrado Irán en este caso “perjudica en todo el Islam, una razón más para que otras naciones musulmanas alienten a Irán a la liberación de Abedini, un ciudadano estadounidense de 33 años de edad”.

“Seguimos instando a todas las naciones a convencer al Líder Supremo, el ayatolá Jamenei, para que pida de inmediato y sin condiciones la liberación de Saeed”, dice Sekulow, que desde el ACLJ ha desplegado una campaña mundial de apoyo al pastor bajo las siglas #SaveSaeed.



Fuentes: Religion today