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viernes, 10 de enero de 2020

Irán vs Estados Unidos: cómo funciona la compleja estructura de poder de la República Islámica.


Qasem Soleimani, el máximo líder militar de Irán que murió la semana pasada en un bombardeo de EE.UU. en Irak, era uno de los hombres más poderosos en un país con un estructura institucional única.

Establecido después de la Revolución Iraní, que acabó en 1979 con la monarquía para reemplazarla con una república islámica, el sistema político iraní combina elementos democráticos y teocráticos.

Si bien su organigrama institucional resulta enmarañado, al final, el grueso del poder recae en una sola figura: la del líder supremo. Pero existen otros entes y personajes que participan de la toma de decisiones.

1. El líder supremo

El papel que tiene el líder supremo en la constitución iraní se basa en las ideas del ayatolá Jomeini, el primero que ocupó este cargo y que había fungido de líder espiritual de la revolución.

Fin de las recomendaciones.

Bajo su criterio, se ubicó al líder supremo en la parte superior de la estructura de poder político.


Hasta ahora, solo dos personas han ocupado el puesto, que recaedesde 1989 en el ayatolá Alí Jamenei. Fue él quien tras el ataque que mató a Soleimani prometió una "venganza severa" que se materializó este miércoles con los bombardeos iraníes a dos bases estadounidenses en Irak, algo que para él fue "una bofetada en la cara" a Estados Unidos.

El líder supremo es el jefe de Estado y la máxima autoridad política y religiosa del país. El cargo es vitalicio.
Derechos de autor de la imagenOFICINA DE PRENSA DEL LÍDER SUPREMO DE IRÁNImage captionEl ayatolá Alí Jamenei es el líder supremo de Irán desde 1989.

Tiene como competencias nombrar puestos muy importantes que van desde eljefe del Poder Judicial, pasando por los directores de la radio y la televisión estatales, hasta los imanes que dirigen las oraciones de los viernes, tradicionales del islam.

En sus manos están los asuntos relacionados con seguridad, defensa y política exterior. Por eso, Jamenei es responsable también de designar a los comandantes de todas las fuerzas armadas, como Soleimani, además de confirmar la elección del presidente de gobierno.

Entre sus facultades de más peso también está la de elegir directamente a seis de los miembros del poderoso Consejo de Guardianes.

Pero ¿quién nombra al líder supremo? Esta tarea recae en la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por 88 clérigos expertos en la ley islámica que deben, en teoría, supervisar a Jamenei y que tienen la competencia de destituirlo.

Sin embargo, la Asamblea de Expertos nunca ha hecho público ningún informe sobre el desempeño del ayatolá. A esta crítica se suma la de que sus miembros se eligen cada ocho años mediante sufragio universal, pero la lista de candidatos debe ser previamente aprobada por el Consejo de Guardianes.
2. Consejo de Guardianes

El Consejo de Guardianes es el organismo más influyente que hay en Irán.

Lo conforman 12 personas: seis clérigos expertos en jurisprudencia islámica y seis juristas. Los primeros son elegidos de manera directa por el ayatolá Jamenei y los segundos son nombrados por el jefe del poder judicial, que a su vez es designado por el líder supremo.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionAbbas Ali Kadkhodaei es el portavoz del Consejo de Guardianes.

Cada tres años se renueva la mitad del Consejo.

Parte de sus competencias consiste en aprobar todos los proyectos de ley que salen del parlamento, pudiendo incluso vetarlos si los considera inconsistentes con la Constitución y la ley islámica.

También puede prohibir candidatos en las elecciones al parlamento, a la presidencia y a la Asamblea de Expertos.
3. El presidente

La Constitución lo describe como el segundo funcionario de mayor rango en el país. Su mandato dura cuatro años y solo puede ser renovado de manera consecutiva una vez.

Es jefe del Ejecutivo y, por tanto, responsable de garantizar el cumplimiento de las leyes.

En la práctica, sin embargo, sus facultades se ven limitadas por los clérigos y los conservadores incrustados en la estructura de poder de Irán y por la autoridad del líder supremo.

Esto comienza incluso antes de su elección: todos los candidatos presidenciales son investigados por el Consejo de Guardianes, que a lo largo de su historia ha vetado a centenares de aspirantes.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionHasán Rohaní es el presidente de Irán desde 2013 y su mandato, el segundo, acaba en 2021.

Hasta ahora, Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) ha sido el único presidente iraní que no era clérigo.

El mandatario actual, Hasán Rohaní, ocupa el puesto desde 2013. Tras haber estado en un principio en lo que luego se convertiría en el bando conservador, fue gracias al apoyo de los reformistas que consiguió llegar y mantenerse como jefe de gobierno. Aunque él se considera a sí mismo un moderado.

Rohaní ha sido el presidente más atrevido a la hora de criticar el sistema iraní. Por ejemplo, recientemente le reprochó al sector más tradicionalista sus casos de corrupción y al Poder Judicial, no investigar estas tramas como es debido. Algo muy inusual para Irán, incluso para un cargo tan alto como el de presidente.

"¿Por qué no se aborda la corrupción de grandes cifras? Llevar a algunas personas [de menor rango] a los tribunales y hacer propaganda no engaña a la gente", dijo Rohaní en noviembre del año pasado, según publicó el Financial Times.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionMahmud Ahmadineyad ha sido el único presidente iraní que no era clérigo.

A menudo, cuando ha habido inestabilidad política en el país se ha debido a tensiones entre el líder supremo y el presidente, como ocurrió durante el mandato del ex presidente reformista Mohamed Jatami (1997-2005), cuando se reflejaron de las tensiones más profundas entre el gobierno religioso y las aspiraciones democráticas de muchos iraníes.
4. La Guardia Revolucionaria

Las Fuerzas Armadas iraníes se dividen en dos: las regulares y la Guardia Revolucionaria.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) nació poco después de la revolución de 1979 para defender el sistema de gobierno islámico que el país acababa de adoptar. Ese es su papel según la Constitución, que reserva las funciones como la defensa de fronteras y mantenimiento del orden interno para los otros militares.

El CGRI tiene sus propias divisiones de mar, tierra y aire, y supervisa armas estratégicas como los misiles balísticos. Se ha convertido en una importante fuerza militar, política y económica en Irán.

Se estima que está conformado por más de 150.000 miembros activos.

Derechos de autor de la imagenREUTERSImage captionEsmail Ghaani estuvo por más de 20 años a la sombra de Soleimani.

El CGRI está bajo el control del líder supremo y pese a tener unos 230.000 efectivos menos que la otra rama de las Fuerzas Armadas, es considerado la rama militar dominante en Irán y está detrás de muchas de las operaciones clave del país.


La Guardia Revolucionaria influye en otras partes de Medio Orienteproporcionando dinero, armas, tecnología, capacitación y asesoramiento a gobiernos aliados y a grupos armados a través de su brazo de operaciones en el extranjero, la Fuerza Quds.

Es precisamente a la Fuerza Quds, de la cual era comandante Soleimani, a la que Estados Unidos acusa de apoyo a grupos armados y de ser responsable de ataques en Irak y en otras partes de Medio Oriente que provocaron la muerte de cientos de militares estadounidenses y aliados suyos.

El abril del año pasado, el gobierno de Donald Trump incluyó a toda la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas extranjeras. Una decisión sin precedentes, ya que era la primera vez que EE.UU. metía en esa lista a un órgano gubernamental de otro Estado.

Soleimani fue reemplazado por Esmail Ghaani, su segundo al mando durante más de dos décadas. Ghaani ha prometido "continuar la causa del mártir Soleimani tan firmemente como antes con la ayuda de Dios" y, "a cambio de su martirio", "sacar a EE.UU. de la región".

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Fuente:bbc.com

lunes, 23 de mayo de 2016

La crisis de los refugiados.


Noam Chomsky

En algunos países existe una verdadera crisis de refugiados. En Líbano, por ejemplo, donde al menos un cuarto de la población consiste en refugiados de Siria,​ han recibido ​​esta ola de gente desesperada después de otra que les había llegado desde Palestina y desde ​Irak. Otros países de la región, pobres y golpeados por los conflictos, también han debido dar refugio a inmensas cantidades de personas. Entre ellos Jordania y la misma Siria, antes de que se hundiese en un suicidio colectivo.

Sin embargo, los países que han sobrevivido a la crisis de los refugiados no son aquellos que han tenido alguna responsabilidad en la creación de la crisis. El actual fenómeno de los refugiados es, en gran medida, consecuencia de las acciones de los países ricos y poderosos, esos mismos que ahora llorisquean por el terrible peso que les producen unas pocas víctimas de la miseria, a los que fácilmente podrían echar una mano abriéndole las puertas.

La conocida invasión de Irak por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña produjo el desplazamiento de cuatro millones de seres humanos, de los cuales la mitad huyó a los países vecinos. Los iraquíes continúan huyendo de su propio país, un país que ahora es uno de los más miserables sobre la Tierra después de una década de sanciones criminales seguidas de la masacre de los ricos y poderosos que devastaron y arruinaron el país y, por si fuese poco, iniciaron un conflicto sectario que ahora está destrozando el país y la región en mil pedazos.

No hay necesidad de volver a revisar el conocido rol que jugó Europa en África, que es de donde provienen las otras olas de refugiados, los que ahora deben pasar por el embudo creado por los bombardeos de Francia, Gran Bretaña y Estaos Unidos sobre Libia, acciones que no solo destruyeron el país sino que además lo dejó en las manos de milicias que ahora se combaten unas a otras.

Tampoco es necesario volver a recordar el historial de Estados Unidos en América Central, el que produjo terroríficas cámaras de exterminación de las cuales la gente ha intentado escapar desesperada, uniéndose ahora también a las victimas mexicanas del Tratado de Libre Comercio que virtualmente destruyó la agricultura en ese país, haciéndola inviable en una abierta competencia con la producción de los conglomerados agrícolas estadounidenses, fuertemente subsidiados por el gobierno federal.

La reacción de uno de los ricos y poderosos, Estados Unidos, es presionar a México para mantener alejadas de su frontera a sus propias víctimas, enviándolas de regreso sin misericordia, en aquellos casos en que la víctimas logran evadir los controles. La reacción del otro rico y poderoso, la Unión Europea, consiste en chantajear y presionar a Turquía para que mantenga a los sobrevivientes lejos de su fronteras y arree como ganado aquellos que logren escapar del horror hacia campamentos donde son tratados con brutalidad.

Entre los ciudadanos hay honrosas excepciones. Sin embargo, la reacción de los gobiernos es una desgracia inmoral, aun dejando de lado sus responsabilidades en la creación de las circunstancias que han llevado a toda esa gente a huir de sus tierras para salvar sus vidas.

Toda esta vergüenza no es algo nuevo. Basta con considerar solo el caso de Estados Unidos, el país más poderoso y privilegiado de la tierra, rodeado de ventajas incomparables. A lo largo de su historia les dio la bienvenida a los refugiados europeos para que se asentaran en sus tierras, aquellas tierras que antes habían sido tomadas con brutalidad, eliminando a las naciones nativas que antes las ocupaban. Todo eso cambió con la ley de inmigración de 1924, diseñada para excluir a judíos e italianos. No es necesario entrar en detalles. Aún después de la guerra, se les negó la entrada a aquellos sobrevivientes que todavía permanecían en campos de concentración. Ahora los gitanos están siendo expulsados de Francia hacia condiciones desesperantes en la Europa del Este, es decir, están expulsando a los descendientes de las víctimas del holocausto, si es que a alguien le importa.

La vergüenza persiste y no tiene límites. Sin duda, el tiempo para ponerle un punto final a todo eso ha llegado, sin el cual no podremos nunca alcanzar un mínimo de decencia y de civilización.

- Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge.

Traducción de Jorge Majfud

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Fuente: alainet.org

martes, 30 de julio de 2013

Iglesia ortodoxa alerta de posible extinción de los cristianos en Siria.

Vladinir Putin con los representanes de las Iglesias Ortodoxas.

“Sería una catástrofe de la civilización”, dicen las quince Iglesias ortodoxas de todo el mundo en un comunicado.

Las Iglesias ortodoxas de todo el mundo emitieron una declaración en la que alertan sobre la amenaza de desaparición de los cristianos en Siria, escenario de un crudo conflicto armado desde principios de 2011.

“Actualmente, debido a la tragedia que tiene lugar en Siria, existe el peligro de que desaparezca la presencia cristiana en ese país”, afirmó Kiril, el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), citado por las agencias locales.

Kiril anunció que los representantes de las quince Iglesias ortodoxas de todo el mundo reunidos para celebrar el 1.025 aniversario de la cristianización de la histórica Rus de Kiev han decidido llamar la atención del mundo con una declaración conjunta.

“No debemos permitir la desolación de Oriente Medio desde el punto de vista de la presencia de la cristiandad. Eso sería una catástrofe de la civilización. Nuestros orígenes están allí, de allí proviene nuestra fe”, dijo.

El patriarca ruso recordó que en el pasado ya hubo otros casos en los que los cristianos ortodoxos fueron expulsados de esa región de mayoría musulmana. Y advirtió que lo que ocurra con la comunidad cristiana en ese país árabe influirá en la suerte de los cristianos en todo Oriente Medio.

La IOR mantiene que los conflictos de los últimos años en Siria, Irak, Libia y Egipto amenazan la misma existencia de la cristiandad en esos países y la concordia religiosa forjada durante siglos en Oriente Medio y el Norte de África.

Los ortodoxos conmemorarán el domingo en Kiev el 1.025 aniversario de la cristianización de esta zona del mundo, adonde, según reza la tradición, hace dos mil años llegó en misión evangelizadora el primer apóstol, Andrés.

Fuentes: Efe

Editado por: Protestante Digital 2013

jueves, 14 de marzo de 2013

La guerra de Irak costó 1,3 billones a EEUU y mató a 134.000 civiles.


INVESTIGACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE BROWN

El estudio 'Los costes de la guerra' deja claro que los miles de millones de euros destinados a reconstrucción no han logrado su objetivo

   NUEVA YORK, 14 Mar. (Reuters/EP) -  
   Estados Unidos ha gastado 1,3 billones de euros en la guerra de Irak, un conflicto que ha causado la muerte de 134.000 civiles, según las estimaciones del estudio 'Los costes de las guerras', elaborado por el Instituto de Estudios Internacional Watson de la Universidad de Brown y publicado este jueves.
   Además de los 1,7 billones de dólares, Estados Unidos afrontará un gasto adicional de 490.000 millones de dólares (377.000 millones de euros), correspondientes a los pagos a los veteranos de guerra, lo que situaría el total de gasto en 6 billones de dólares (4,6 billones de euros) en las próximas cuatro décadas.
   La guerra en Irak ha acabado con la vida de al menos 134.000 civiles y podría haber contribuido a causar la muerte de un número de personas hasta cuatro veces mayor que esa cifra. Si se incluyen los agentes de las fuerzas de seguridad, los insurgentes, los periodistas y los cooperantes, el número de víctimas de la guerra en Irak se eleva a entre 176.000 y 189.000 personas, según el informe.
   El documento, basado en los análisis de 30 académicos y expertos, ha sido publicado con motivo del décimo aniversario de la invasión estadounidense de Irak, que tuvo lugar el 19 de marzo de 2003. El informe es una actualización del publicado en 2011 coincidiendo con el décimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que analizó el coste en vidas y en dólares de las guerras en Afganistán, Pakistán e Irak.
   El estudio de 2011 mantiene que el coste global de las guerras de Estados Unidos en Afganistán, Irak y Pakistán asciende a 3,7 billones de dólares (2,84 millones de euros) y comprende los gastos consignados por el Departamento del Tesoro y los futuros compromisos de pago, en los que se incluyen pensiones por invalidez y pagas de veteranos de guerra. La actualización del último estudio publicado este jueves eleva el coste total de esas tres guerra a 4 billones de dólares (3,07 millones de euros).
   El balance de víctimas actualizado de estos tres conflictos asciende a entre 272.000 y 329.000 muertos, frente a las cifras de entre 224.000 y 258.000 fallecidos estimadas en el estudio publicado en 2011. El informe excluye las muertes causadas indirectamente por fenómenos provocados por la guerra como el éxodo masivo de médicos y la destrucción de infraestructuras.
   El documento también analiza la carga que representan para la Administración estadounidense los veteranos de guerra y sus familias. El estudio hecho público en 2011 determinó que este colectivo había generado un gasto en una década de guerra de 33.000 millones de dólares (25.300 millones de euros). Dos años después, esa cifra se eleva a 134.700 millones de dólares (103.055 millones de euros).
   El estudio 'Los costes de la guerra' concluye que Estados Unidos ha ganado muy poco con la guerra de Irak y ha quedado marcado por este conflicto, que ha radicalizado a los milicianos islamistas de Oriente Próximo, no ha hecho avanzar los derechos de las mujeres y ha debilitado el precario sistema de salud iraquí.
   Además, los 212.000 millones de dólares (162.000 millones de euros) destinados a la reconstrucción del país no han logrado sus objetivos, principalmente porque la mayor parte de esta inversión se ha dedicado a gastos de seguridad o se ha perdido por la corrupción y el fraude.
   El expresidente estadounidense George W. Bush justificó la invasión de Irak con el argumento de que el entonces líder iraquí, Sadam Husein, tenía armas de destrucción masiva. Posteriormente, las fuerzas militares estadounidenses descubrieron que no existían tales armas.

lunes, 13 de agosto de 2012

Para Siria se repite el silencio que hubo con Libia.



Rómulo Pardo Silva

¿Cuántos manifiestan su apoyo al pueblo sirio mientras es atacado? Muchos menos de los que deberían.

Lo que predomina es lo que producen los medios de Estados Unidos y sus aliados occidentales: Assad es culpable y es bueno que se vaya o muera. Eso se dice con palabras y mayoritariamente con silencios.

Hay fascistas que no se ocultan, pero un alto porcentaje de intelectuales, políticos e interesados en la política ‘progresistas’ piensan o simulan pensar a la manera que dicta Washington.

Enarbolan los principios de democracia, derechos humanos, libertad, consumo, como los definen los norteamericanos y occidentales ricos. Se oponen junto al Pentágono a las dictaduras.

Se esmeran por aparecer sin doble estándar. Si lucharon y sufrieron las dictaduras latinoamericanas, española, griega, italiana… no pueden apoyar a ninguna otra. Ni Assad o Gaddafi, tampoco Cuba, Venezuela, Ecuador…

Entre Hitler y Stalin en 1940 se hubieran mantenido lejos de los comunistas para constancia de su transparencia política.

En la realidad esa conducta se debe a que les es útil en las condiciones actuales. Hay un poder económico militar que ejerce la supremacía mundial y la generalidad de la población cree lo que difunden los grandes medios resultando inconveniente contradecirla.

Además un elevado número de estos defensores de la integridad ética antes apoyaron violencias revolucionarias derrotadas y necesitan ahora probar que su conversión fue sincera y son confiables para los poderosos.

Ellos no ignoran que su postura es un apoyo a la estrategia de dictadura global. A lo contrario de su discurso.

Aceptan y respaldan la dominación planetaria de Estados Unidos y sus socios en expansión armada, Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Somalia, Siria, por el momento.

Saben que el poder de Occidente es por definición antidemocrático, son los pueblos norteamericano, español, griego, quienes distinguen entre el 1% y el 99%; que no respeta los derechos humanos de negros, latinos, orientales; que masacraron por odio o para demostrar su fuerza a la población civil de Hiroshima, Nagasaki, Dresden; que por interés geopolítico utilizaron armas químicas en Vietnam; que hicieron matar, desaparecer, torturar, expatriar a miles de socialistas en América Latina.

No han olvidado sus lecturas de hace unos años.

El régimen independiente sirio es hoy el objetivo del plan nazi con disfraz democrático de apoderamiento de los recursos naturales del planeta. El futuro de la humanidad depende de su derrota. De la victoria de Siria, Irán, Venezuela, Cuba, China, Rusia. Hay que decirlo.

El silencio sirio de muchos progresistas es una afirmación hipócrita.

Fuente: ApiaVirtual

lunes, 27 de febrero de 2012

Víctimas de su religión.




En los países musulmanes crece la represión contra las minorías cristianas.

Ayaan Hirsi Ali (*)

Se escucha mucho acerca de los musulmanes como víctimas de los abusos de Occidente y la lucha contra las tiranías de la primavera árabe. Pero, de hecho, hay una guerra totalmente diferente, una batalla no reconocida que cuesta miles de vidas. Cristianos están siendo asesinados en el mundo islámico a causa de su religión. Eso es un genocidio cada vez más grande que debería provocar una alarma global.

El retrato de los musulmanes como víctimas o héroes es, en el mejor de los casos, sólo parcialmente apropiado. En años recientes, la violenta opresión a las minorías cristianas se volvió una norma en las naciones con mayoría musulmana desde el África Occidental a Medio Oriente, desde el sur asiático a Oceanía. En algunos países, son los gobiernos y sus agentes los que han incendiado iglesias y puesto en prisión a feligreses. En otros, los grupos rebeldes y las patrullas ciudadanas, toman el asunto con sus propias manos, asesinando cristianos y sacándolos de regiones donde sus raíces se rastrean desde hace siglos.

La reticencia de los medios hacia el tema tiene varios orígenes. Uno podría ser el miedo a provocar más violencia. Otro es la posible influencia de grupos de presión como la Organización Islámica de Cooperación -una especie Naciones Unidas del Islam que opera desde Arabia Saudita- y el Consejo de Relación islámicas-estadounidenses. Durante la última década, estos y otros grupos similares han sido exitosos en persuadir a los líderes y a los periodistas en Occidente que cada ejemplo de percibida discriminación antimusulmana como un expresión de una enajenación siniestra y sistemática llamada "islamofobia", un término que consigue la misma desaprobación moral que xenofobia u homofobia.


Pero una apreciación más justa de eventos y tendencias recientes lleva a la conclusión de que la escala y severidad de la islamofobia, palidece en comparación con la sangrienta cristianofobia que se da en los países con mayoría musulmana. Nada menos que el destino del cristianismo -y de última todas las minorías religiosas- está bajo amenaza.

Con leyes sobre la blasfemia y asesinatos brutales, con mutilaciones e incendios en sitios sagrados, en muchos lugares los cristianos viven aterrorizados. En Nigeria, muchos sufren algunas de esas formas de persecución. Ese país tiene más cantidad de cristianos (40%) en relación con su población (160 millones) que cualquier otro país con mayoría mulmana. Por años, musulmanes y cristianos han vivido al borde de la guerra civil. Los radicales islámicos provocaron mucha, si no toda la tensión. La más nueva de esas organizaciones es la que se llama así misma, Boko Haram, que significa "la educación occidental es sacrílega", cuyo objetivo es imponer la sharia (la estricta ley islámica) en todo el páis. Ha anunciado que para eso matará a todos los cristianos.

Sólo en enero de 2012, Boko Haram fue responsable de 54 muertes. En 2011, sus miembros mataron al menos a 510 personas e incendiaron o destruyeron más de 350 iglesias en el norte del país. Usan armas, bombas de gasolina e incluso machetes y gritan "Allhau akbar" ("Dios es grande"). Atacaron iglesias, una reunión por Navidad (matando a 42 católicos), bares, una alcaldía, salones de belleza y bancos. Hasta ahora se han concentrado en asesinar sacerdotes, políticos, estudiantes, policías y soldados cristianos, pero también clérigos musulmanes que condenan las matanzas.

La cristianofobia que ha ganado Sudán por años toma una forma muy diferente. El gobierno autoritario de los sunitas en el norte del país, ha atormentado durante décadas a las minorías cristianas y animistas en el sur. Lo que a menudo es descrito con una guerra civil es, en la práctica, la sostenida persecución del gobierno sudanés de las minorías religiosas. Esas persecuciones terminaron en el genocidio en Darfur que comenzó en 2003. A pesar de que el presidente musulmán de Sudán, Omar al-Bashir, ha sido acusado de tres cargos por genocidio por la Corte Internacional de La Haya, y más allá de la euforia que saludó la semi-independencia que se le garantizó al sur, la violencia no terminó. En Kordofan Sur, los cristianos aún son blanco de bombardeos aéreos, asesinatos, secuestro de niños y otras atrocidades. Informes de la ONU indican que entre 53 mil y 75 mil civiles han sido desplazados de sus casas y los edificios han sido saqueados y destrozados.

Persecuciones de las dos clases -llevadas a cabo por grupos extragubernamentales y las de los agentes del Estado- se unieron en Egipto tras la primavera árabe. El 9 de octubre del año pasado, en Maspero, un área de El Cairo, cristianos cópticos (que son el 11% en la población egipcia de 81 millones) marcharon en protesta contra una ola de ataques islámicos -incluyendo el incendio de iglesias, violaciones, mutilaciones y asesinatos- que siguieron al derrocamiento de Hosni Mubarak. Durante la manifestación las fuerzas de seguridad egipcias dirigieron sus vehículos contra la multitud y le disparon a los manifestantes, aplastando y asesinando a 24 personas e hiriendo a más de 300. Para fin de año, ya más de 300 mil cópticos habían abandonado sus hogares anticipándose a más ataques. Todo indica que los islámicos van a conseguir más poder, así que los miedos parecerían justificados.

Egipto no es el único país árabe que está dispuesto a librarse de sus minorías cristianas. Desde 2003, más de 900 cristianos iraquíes (la mayoría asirios) han sido asesinados por violencia terrorista sólo en Bagdad, y han sido incendiadas 70 iglesias, de acuerdo a la Agencia Internacional Asiria de Noticias (Aina). Miles de cristianos iraquíes han huido como resultado de la violencia dirigida a ellos, reduciendo la cantidad de cristianos a medio millón; en 2003 eran más de un millón. Aina, comprensiblemente describe la situación como "un incipiente genocidio o una limpieza étnica de asirios en Irak".

Los 2,8 millones de cristianos que viven en Pakistán, son sólo el 1,6% de una población de 170 millones. Como miembros de una minoría tan pequeña, viven en miedo perpetuo, no sólo de los terroristas islámicos sino también de las draconianas leyes sobre la blasfemia. Este es el caso de una mujer cristiana que fue sentenciada a muerte por presuntamente haber insultado al profeta Mahoma. Cuando la presión internacional persuadió al gobernador Salman Taseer de explorar alguna manera de liberarla, fue asesinado por uno de sus guardaespaldas, que fue saludado como un héroe por prominentes clerigos musulmanes, y a pesar de que fue sentenciado a muerte el año pasado, el juez que lo condenó vive oculto, temiendo por su vida.

Esos casos no son inusuales en Pakistán. Las leyes sobre la blasfemia son utilizadas como rutina por criminales y musulmanes paquistaníes para atosigar a las minorías religiosas. Sólo por declarar la creencia en la Santísima Trinidad, y así contradecir las principales doctrinas musulmanas. Cuando un grupo cristiano de ayuda es sospechado de transgredir las leyes de blasfemias, las consecuencias pueden ser brutales. Hay que preguntarle, por ejemplo, a los miembros del grupo humanitario cristiano World Vision. Sus oficinas fueron atacadas en 2010 por 10 hombres armados con granadas, que mataron a seis e hirieron a cuatro. Un grupo militante musulmán se adjudicó la responsabilidad por el ataque aduciendo que World Vision trabajaba para subvertir el Islam; en realidad estaba ayudando a los sobrevivientes de un terremoto.

Ni siquiera Indonesia -a menudo señalada como una de las democracias más tolerantes y una nación moderna con mayoría musulmana- ha sido inmune a los fervores de la cristianofobia. De acuerdo a datos compilados por el Christian Post, el número de incidentes violentos cometidos contra minorías religiosas (y con 7% de la población, la cristiana es la minoría más grande) aumentó cerca de 40%, de 198 a 276, entre 2010 y 2011.

La letanía de sufrimiento podría extenderse. En Irán, decenas de cristianos han sido arrestados y encarcelados por atreverse a adorar por fuera del sistema de iglesias oficialmente sancionadas. Arabia Saudita, en tanto, merece una categoría para sí sola. Más allá del hecho que más de un millón de cristianos viven en Arabia Saudita como trabajadores extranjeros, las iglesias y incluso los actos privados de plegarias cristianas están prohibidos; para reforzar estas restricciones totalitarias, la policía religiosa regularmente allana las casas de los cristianos y los acusa de blasfemia ante tribunales en los que sus testimonios tienen menos valor que el de los musulmanes. Aun en Etiopía, donde los cristianos son mayoría, abundan los incendios de iglesias causados por miembros de la minoría musulmana.

La violencia contra los cristianos no está planeada o coordinada por una agencia islámica internacional. En ese sentido no es una guerra en el sentido tradicional, aunque sí es global. Es más una espontánea reacción de un ánimo anti-cristiano de parte de los musulmanes que trasciende culturas, regiones y razas.

Como dice Nina Shea, directora del Instituto Hudson del Centro para la Libertad Religiosa, las minorías cristianas perdieron "la protección de sus sociedades". Allí, escuadrones de la muerte sienten que pueden actuar gracias a la impunidad que le da la tolerancia de sus gobiernos.

(*) Newsweek
54

asesinatos de cristianos se adjudicó en enero, Boko Haram, un grupo extremista nigeriano.
276

incidentes violentos contra organizaciones cristianas ocurrieron en Indonesia, el año pasado.

24

muertos dejó la represión policial contra manifestantes cristianos en Egipto. Hubo 300 heridos.

Fuente: El pais uy

lunes, 16 de enero de 2012

Los “desaparecidos” del imperio.



Atilio Boron

Un artículo reciente firmado por John Tirman, director del Centro de Estudios Internacionales del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y publicado en el Washington Post, plantea con crudeza una reflexión sobre un aspecto poco estudiado de las políticas de agresión del imperialismo: la indiferencia de la Casa Blanca y de la opinión pública en relación a las víctimas de las guerras que Estados Unidos libra en el exterior. (1)

Como académico “bienpensante” se abstiene de utilizar la categoría “imperialismo” como clave interpretativa de la política exterior de su país; su análisis, en cambio, revela a los gritos la necesidad de apelar a ese concepto y a la teoría que le otorga sentido. Tirman expresa en su nota la preocupación que le suscita, en cuanto ciudadano que cree en la democracia y los derechos humanos, la incoherencia en que incurrió Barack Obama –no olvidemos, un Premio Nóbel de la Paz- cuando en su discurso pronunciado en Fort Bragg (14 de Diciembre de 2011) para rendir homenaje a los integrantes de las fuerzas armadas que perdieron la vida en la guerra de Irak (unos 4.500, aproximadamente) no dijo ni una sola palabra de las víctimas civiles y militares iraquíes que murieron a causa de la agresión norteamericana.

Agresión, conviene recordarlo, que no tuvo nada que ver con la existencia de “armas de destrucción masiva” en Irak o con la inverosímil complicidad del antiguo aliado de Washington, Saddam Hussein, con las fechorías que supuestamente cometía otro de sus aliados, Osama Bin Laden.

El objetivo excluyente de esa guerra, como la que amenaza iniciar en contra de Irán, fue apoderarse del petróleo iraquí y establecer un control territorial directo sobre esa estratégica zona para el momento en que el aprovisionamiento del crudo deba hacerse confiando en la eficacia disuasiva de las armas en lugar de las normas de aquello que algunos espíritus ingenuos en la Europa del siglo XVIII dieron en llamar “el dulce comercio.”

En su nota Tirman acierta al recordar que las principales guerras que Estados Unidos libró desde el fin de la Segunda Guerra Mundial –Corea, Vietnam, Camboya, Laos, Irak y Afganistán- produjeron, según sus propias palabras, una “colosal carnicería”. Una estimación que este autor califica como muy conservadora arroja un saldo luctuoso de por lo menos seis millones de muertes ocasionadas por la cruzada lanzada por Washington para llevar la libertad y la democracia a esos infortunados países. Si se contaran operaciones militares de menor escala -como las invasiones a Grenada y Panamá, o la intervención apenas disimulada de la Casa Blanca en las guerras civiles de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, para no hablar de similares tropelías en otras latitudes del planeta- la cifra se elevaría considerablemente.(2)

No obstante, y pese a las dimensiones de esta tragedia, a las cuales habría que agregar los millones de desplazados por los combates y la devastación sufrida por los países agredidos, ni el gobierno ni la sociedad norteamericana han evidenciado la menor curiosidad, preocupación, ¡ni digamos compasión!, para enterarse de lo ocurrido y hacer algo al respecto. Esos millones de víctimas fueron simplemente borrados del registro oficial del gobierno y, peor aún, de la memoria del pueblo norteamericano mantenido impúdicamente en la ignorancia o sometido a la interesada tergiversación de la noticia. Cómo lúgubremente reiteraba el criminal dictador argentino Jorge R. Videla ante la angustiada pregunta de los familiares de la represión, también para Barack Obama esas víctimas de las guerras estadounidenses “no existen”, “desaparecieron”, “no están”.

Si el holocausto perpetrado por Adolf Hitler al exterminar a seis millones de judíos hizo que su régimen fuese caracterizado como una aberrante monstruosidad o como una estremecedora encarnación del mal, entonces ¿qué categoría teórica habría que usar para caracterizar a los sucesivos gobiernos de Estados Unidos que sembraron muertes en una escala por lo menos igual, si no mayor?

Lamentablemente nuestro autor no se formula esa pregunta porque cualquier respuesta habría puesto en cuestión el crucial artículo de fe del credo norteamericano que asegura que Estados Unidos es una democracia. Más aún: que es la encarnación más perfecta de “la democracia” en este mundo. Observa con consternación, en cambio, el desinterés público por el costo humano de las guerras estadounidenses; indiferencia reforzada por el premeditado ocultamiento que se hace de aquellos muertos en la voluminosa producción de películas, novelas y documentales que tienen por tema central la guerra; por el silencio de la prensa acerca de estas masacres –recordar que, luego de Vietnam, la censura en los frentes de batalla es total y que no se pueden mostrar víctimas civiles y tampoco soldados norteamericanos heridos o muertos; y porque las innumerables encuestas que a diario se realizan en Estados Unidos jamás indagan cuál es el grado de conocimiento o la opinión de los entrevistados acerca de las víctimas que ocasionan en el exterior las aventuras militares del imperio.

Este pesado manto de silencio se explica, según Tirman, por la persistencia de lo que el historiador Richard Slotkin denominara el “mito de la frontera”, una de las constelaciones de sentido más arraigada de la cultura norteamericana según la cual una violencia noble y desinteresada -o interesada solo en producir el bien- puede ser ejercida sin culpa o cargos de conciencia sobre quienes se interpongan al “destino manifiesto” que Dios ha reservado para los norteamericanos y que, con piadosa gratitud, los billetes de dólar recuerdan en cada una de sus denominaciones. Solo “razas inferiores” o “pueblos bárbaros”, que viven al margen de la ley, podrían resistirse a aceptar los avances de la “civilización”.

El violento despojo sufrido por los pueblos originarios de las Américas, tanto en el Norte como en el Sur, fue justificado por ese racista mito de la frontera y edulcorado con infames mentiras. En el extremo sur del continente, en la Argentina, la mentira fue denominar como “conquista del desierto” la ocupación territorial a sangre y fuego del habitat, que no era precisamente un desierto, de los pueblos originarios.

En Chile la mentira fue bautizar como “la pacificación de la Araucanía” al nada pacífico y sangriento sometimiento del pueblo mapuche. En el norte, el objeto del pillaje y la conquista no fueron las poblaciones indígenas sino una fantasmagórica categoría, apenas un punto cardinal: el Oeste. En todos los casos, como lo anotara el historiador Osvaldo Bayer, la “barbarie” de los derrotados, que exigía la perentoria misión civilizatoria, era demostrada por su … ¡desconocimiento de la propiedad privada!

En suma: esta constelación de creencias -racista y clasista hasta la médula- presidió el fenomenal despojo de que fueron objeto los pueblos originarios y liberó a los píos cristianos que perpetraron la masacre de cualquier sentimiento de culpa. En realidad, las víctimas eran humanas sólo en apariencia. Esa ideología reaparece en nuestros días, claro que de forma transfigurada, para justificar el aniquilamiento de los salvajes contemporáneos. Sigue “oprimiendo el cerebro de los vivos”, para utilizar una formulación clásica, y fomentando la indiferencia popular ante los crímenes cometidos por el imperialismo en tierras lejanas. Con la invalorable contribución de la industria cultural del capitalismo hoy la condición humana le es negada a palestinos, iraquíes, afganos, árabes, afrodescendientes y, en general, a los pueblos que constituyen el ochenta por ciento de la población mundial. Tirman recuerda, como ya lo había hecho antes Noam Chomsky, el sugestivo nombre asignado a la operación destinada a asesinar a Osama Bin Laden: “Gerónimo”, el jefe de los apaches que se opuso al pillaje practicado por los blancos. El lingüista norteamericano también decía que algunos de los instrumentos de muerte más letales de las fuerzas armadas de su país también tienen nombres que aluden a los pueblos originarios: el helicóptero Apache, el misil Tomahawk, y así sucesivamente.

Tirman concluye su análisis diciendo que esta indiferencia ante los “daños colaterales” y los millones de víctimas de las aventuras militares del imperio socava la credibilidad de Washington cuando pretende erigirse en el campeón de los derechos humanos. Agregaríamos: socava “irreparablemente” esa credibilidad, como quedó elocuentemente demostrado en 2006 cuando la Asamblea General de la ONU creó el Consejo de Derechos Humanos, en reemplazo de la Comisión de Derechos Humanos, con el voto casi unánime de los estados miembros y el solitario rechazo de Estados Unidos, Israel, Palau y las Islas Marshall.(3) Lo mismo ocurre cuando año tras año la Asamblea General condena por una mayoría aplastante el criminal bloqueo a Cuba impuesto por Estados Unidos.

Pero no es sólo la credibilidad de Washington lo que está en juego. Más grave aún es el hecho de que la apatía y el sopor moral que invisibilizan la cuestión de las víctimas garantiza la impunidad de quienes perpetran crímenes de lesa humanidad en contra de poblaciones civiles indefensas (como en los casos de My Lai en Vietnam o Haditha en Irak, para no mencionar sino los más conocidos). Pero esto viene de lejos: recuérdese la patética indiferencia de la población norteamericana ante las noticias del bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki, y los cables que enviaba el corresponsal del New York Times destacado en Japón diciendo que ¡no había indicios de radioactividad en la zona bombardeada! Impunidad que alentará futuras atrocidades, motorizadas por la inagotable voracidad de ganancias que exige el complejo militar-industrial, para el cual la guerra es una condición necesaria, imprescindible, de sus beneficios. Sin guerras, sin escalada armamentista el negocio arrojaría pérdidas, y eso es inadmisible. Y son las ganancias de esos tenebrosos negocios, no olvidemos, las que financian las carreras de los políticos norteamericanos (y Obama no es excepción a esta regla) y las que sostienen a los oligopolios mediáticos con los cuales se desinforma y adormece a la población.

No por casualidad Estados Unidos ha guerreado incesantemente en los últimos sesenta años. Los preparativos para nuevas guerras están a la vista y son inocultables: comienzan con la satanización de líderes desafectos, presentados ante la opinión pública como figuras despóticas, casi monstruosas ; sigue con intensas campañas publicitarias de estigmatización de gobiernos desafectos y pueblos díscolos; luego vienen las condenas por presuntas violaciones a los derechos humanos o por la complicidad de aquellos líderes y gobiernos con el terrorismo internacional o el narcotráfico, hasta que finalmente la CIA o algún escuadrón especial de las fuerzas armadas se encarga de fabricar un incidente que permita justificar ante la opinión pública mundial la intervención de los Estados Unidos y sus compinches para poner fin a tanto mal.

En tiempos recientes eso se hizo en Irak y luego en Libia. En la actualidad hay dos países que atraen la maliciosa atención del imperio: Irán y Venezuela, por pura casualidad dueños de inmensas reservas de petróleo. Esto no significa que la funesta historia de Irak y Libia vaya necesariamente a repetirse, entre otras cosas porque, como lo observara Noam Chomsky, Estados Unidos sólo ataca a países débiles, casi indefensos, y aislados internacionalmente. Washington ha hecho lo imposible para establecer un “cordón sanitario” que aísle a Teherán y Caracas, pero hasta ahora sin éxito. Y no son países destruidos por largos años de bloqueo, como Irak, o que se desarmaron voluntariamente, como Libia, seducida por las hipócritas demostraciones de afecto de una nueva camada de imperialistas. Afortunadamente, ni Irán ni Venezuela se encuentran en esa situación. De todos modos habrá que estar alertas.

Notas:
(1) “Why do we ignore the civilians killed in American wars?” (The Washington Post, 5 Diciembre 2011)
(2) Expertos internacionales aseguran que el número de víctimas ocasionadas por Estados Unidos en Vietnam ronda las cuatro millones de personas. La estimación total de seis millones subestima grandemente la masacre desencadenada por el imperialismo norteamericano en sus diferentes guerras.
(3) Añadamos un dato bien significativo: cuando la Asamblea General tuvo que decidir la composición del Consejo, el 9 de Mayo del 2006, Estados Unidos no logró los votos necesarios para ser uno de los 47 países que debía integrarlo. ¡Toda una definición sobre la nula credibilidad internacional de Estados Unidos como defensor de los derechos humanos!

Fuente: ApiaVirtual

domingo, 13 de noviembre de 2011

En EEUU, sus "héroes" también van a fosas comunes...



Militares americanos incineraba y lanzaba cuerpos de caídos en rellenos sanitarios

El secretario estadounidense de Defensa, León Panetta, ordenó investigar la gestión en la morgue militar de Dover (capital del estado de Delaware, noroeste), donde llegan los cuerpos de los soldados muertos en Irak y Afganistán. De acuerdo al Washington Post, la morgue quemó y lanzó los cadáveres en un vertedero de Virginia (oeste), práctica que los funcionarios han abandonado en favor del entierro en el mar.
El mencionado depósito de cadáveres es actualmente objetivo de investigación federal por el mal manejo de los cuerpos de los soldados caídos. Se conoció que la forma de eliminación no se dio a conocer a los familiares de las víctimas.

Entre 2003 y 2008 se despojaron de cuerpos enteros y partes de ellos, informaron funcionarios de la Fuerza Aérea.

"Ninguno de nosotros estará satisfecho hasta que no hayamos demostrado a las familias de nuestros héroes caídos que hemos tomado todas las medidas posibles para proteger el honor y la dignidad que sus seres queridos merecen", declaró Panetta este jueves en rueda de prensa.

El Secretario reiteró que ha instruido a una revisión independiente de las operaciones actuales en Dover, con el fin de “evaluar los procedimientos y los cambios que deben aplicarse”, que dirigirá el vicealmirante Richard Carmona, ex director general de Salud Pública en el Gobierno de George W. Bush, junto con un panel de expertos.El pasado martes, se divulgó un informe el cual reveló que la Fuerza Aérea realizó una investigación interna durante un año y medio, tras conocer que la morgue militar extravió partes de cadáveres en dos ocasiones en 2009, así como manipuló indebidamente otros sin consultar a las familias.

Como "consternado" manifestó sentirse Panetta por los informes sobre la gestión del tanatorio de Dover, de los que fue informado al poco de llegar a su cargo.

En tanto, oficiales de la Fuerza Aérea señalaron que la práctica de despojarse de los cuerpos se limitó a partes de los mismos que no pudieron ser identificados en primera instancia o fueron recuperados en el campo de batalla. Asimismo, indicaron que los familiares de las víctimas habían dicho que podrían ser eliminados por los militares, sin embargo la investigación sobre los procedimientos apenas comienza.

Por su parte, el subjefe de la Fuerza Aérea, el teniente general Darrell G. Jones, relató que las partes de los cadáveres fueron incineradas y posteriormente llevadas a un relleno sanitario por un contratista militar.

Jones comparó el procedimiento con la eliminación de desechos médicos. En este contexto, no precisó cuántas partes del cuerpo se despojaron de esta manera.

“Esa fue la práctica común en ese momento, y desde entonces nuestras prácticas han mejorado”, admitió el teniente general.

De acuerdo con el documento de la Fuerza Aérea, el vertedero usado para despojar los cuerpos se encuentra localizado en King George County, Virginia.Entretanto, trabajadores de la empresa Waste Management Inc., que opera el relleno sanitario, aseguraron que la compañía no tenía conocimiento sobre el origen de las cenizas. “No fue hecha ninguna aclaración específicamente sobre el proceso de la Fuerza Aérea”, indicó la vocera de la empresa, Lisa Kardell.


Asimismo, la portavoz de Waste Management explicó que el depósito de cadáveres de Dover cambió su política en junio de 2008, desde entonces la Marina coloca los restos incinerados de las partes de los cuerpos en las urnas que están enterradas en el mar.

“Lo que ocurrió en Dover AFB supera en muchos niveles la ira en todo el país que resultó de los informes de malos tratos a los soldados heridos en el antiguo hospital Walter Reed Army Medical Center en 2007 y los informes de las tumbas perdidas o fuera de lugar en el Cementerio Nacional de Arlington”, sostuvo el comandante nacional de los Veteranos de Guerras en el Extranjero, Richard L. DeNoyer.

“Sólo tienen una oportunidad de regresar a nuestros guerreros caídos a sus familias con toda la dignidad y el respeto que merecen por parte de una nación agradecida y esa morgue falló al hacer su trabajo”, insistió el veterano.

De acuerdo a los reglamentos militares, las Fuerzas Armadas tienen el deber de cuidar de las tropas caídas y sus familias. Todos los militares muertos en el extranjero regresan a Dover en los casos de transferencia envueltos en la bandera y se le rinde una ceremonia de “transferencia digna”.

El esposo de Gari-Lynn Smith fue despojado en el relleno sanitario después de su fallecimiento en el 2006 en Irak.

Smith se sintió “horrorizada y disgustada” por la forma en que la Fuerza Aérea había actuado. Ella se enteró de la eliminación del cuerpo de su esposo este año a través de una carta de un alto funcionario de la morgue de Dover.

“La única paz que tenía después de la muerte de mi marido fue que sería llevado a Dover y que sería tratado con dignidad, amor, respeto y honor”, dijo Smith. “Pero esto se acabó cuando me dijeron que su cuerpo había sido arrojado a la basura.”El sargento 1ª Clase Scott R. Smith, esposo de Gari-Lynn, sirvió más de 16 años en el Ejército y fue voluntario para el peligroso servicio de desactivación y destrucción de bombas en Irak. Scott murió cuando pisó una placa de presión que detonó una bomba enterrada.

Según datos del Pentágono, desde el 2003 el centro mortuorio ha recibido los restos de más de seis mil 300 soldados caídos en guerras.



Por: TeleSUR 
Fecha de publicación: 11/11/11 

Información relacionada:


Fuente: Chacatorex

martes, 25 de octubre de 2011

Estados Unidos política imperial.


Miami, 24 de octubre del 2011
Por Lorenzo Gonzalo* -Cubainformación .- No creo que existan dudas que nos lleven a pensar sobre un cambio en la política internacional de Estados Unidos. La prueba está en la manera que se ha venido proyectando la Administración de Obama respecto a Medio Oriente. 
Los sucesos a destacar con mayor vehemencia han sido la muerte de Bin Laden, el asesinato de Muamar Gadafi, la ampliación de la Guerra en Afganistán y recientemente, el retiro de las tropas de Irak.
A trece meses de unas elecciones, lo usual en Estados Unidos es concentrarse en cómo ganarlas, aun cuando eso signifique sacrificar la paz mundial, dándole continuidad a la política tradicional estadounidense. Pero este quizás no sea exactamente el caso, ni explique la actitud de Obama.
Si alguna vez Obama pensó seriamente que lograría acabar con la diferencia irreconciliable, alimentada desde Washington y las potencias occidentales europeas, entre “el mundo musulmán y el Oeste”, según su discurso en El Cairo, sus comparecencias desde hace un año a la fecha y sus acciones, no solamente lo niegan, sino que la ha profundizado.
Los sucesos del Medio Oriente que la Administración Obama ha destacado como grandes triunfos de su gobierno y que, desde el punto de vista de una política imperial en realidad lo han sido, reafirman la continuidad de una estrategia de dominio, ampliada a partir del derrumbamiento del mal llamado “Bloque Socialista”.
Personas ajenas a las opiniones y sentimientos del estadounidense medio, pudieran pensar que esa conducta frente a Oriente Medio, basada en los acontecimientos de los últimos tiempos, responde a la consabida estrategia electorera que practican los círculos de poder de Estados Unidos.
En realidad a los estadounidenses les interesa resolver la falta de trabajo y detener el aumento gradual del costo de ciertos servicios básicos, entre ellos la salud, así como las obligaciones de comprar seguros con precios para ricos y contener la inflación que hace cada vez más inaccesibles una variada gama de renglones alimenticios. La transportación no es aún algo que interese mucho porque la noción del automóvil aún tiene una extraordinaria fuerza. En ese sentido lo que preocupa a la ciudadanía es el alto costo de los combustibles y las ventajas que han tomado las petroleras a partir de las irregularidades del suministro, aumentando sus ganancias descomunalmente.
Las famosas Guerras inventadas por Bush y que ha costado la estabilidad económica del país, no son al parecer los elementos que puedan tener gran peso para decidir el voto del ciudadano medio.
Cuando las elecciones del 2008 fue precisamente el tema de la economía el que más votos le dio a Obama. Sus promesas de retirar las tropas y cambiar el rumbo de la Guerra de Irak y Afganistán, fueron el adorno de su discurso y un elemento que fortaleció sus promesas de dedicarse por entero a levantar la economía del país. Ese era el plato principal del menú electoral. En las próximas elecciones las prioridades de la ciudadanía no han cambiado.
Si lo dicho hasta aquí responde realmente a las realidades del proceso electoral estadounidense, tendremos que concluir que la posición frente a Medio Oriente adoptada por Obama, no se justifica, ni siquiera desde un punto de vista electoral, excepto que de plano acepte personalmente una política que fustigó cuando visitó El Cairo. Su última actitud frente a la muerte de Gadafi, la cual a todas luces parece ser un asesinato y no la de un movimiento pidiendo cuentas a un gobernante errático que derrochó la oportunidad para ser una diferencia en su país y en el continente Africano, dejó mucho por desear. La misma no se parece en nada a la frescura de ideas tantas veces expresadas cuando supuestamente era un abogado con inquietudes sociales y vocación política.
Las elecciones del 2013 se ganan o se pierden sobre las mismas bases que se ganaron y perdieron en el 2008: la economía nacional. Obama debe saberlo y a la consecución de ese fin se supone que encamine el mensaje de sus discursos y todos sus esfuerzos. No hay razones para acentuar el protagonismo de Estados Unidos en Medio Oriente, excepto que le interese recalcarle al mundo que las cosas no han cambiado y que el Presidente de Estados Unidos está totalmente de acuerdo con esa política, a pesar de lo expresado por él en épocas pasadas.
La retirada de tropas de Irak, si es que llegara a efectuarse, la cual responde a un compromiso establecido con el gobierno de Irak por la Administración de George W. Bush, no rendirá inmediatos resultados económicos, aunque sin dudas ayudará a mediano plazo a balancear el presupuesto. En ese sentido Obama quizás tenga un pequeño resquicio, pero en concreto, no es el gane de la partida.
Su batalla estará dada en destacar que la economía no ha avanzado mejor, por el obstáculo que significan los republicanos en el Senado y el Congreso. Pero tendrá que hacer galas de sus destrezas oratorias para convencer a unos votantes, que cada día se frustran más de escuchar los mismos cuentos.
No es cierto que la economía de un país capitalista como Estados Unidos no esté en manos del gobierno. Aun dentro de los principios más ortodoxos del capitalismo, si un gobierno como el de Obama actúa sobre los intereses de Wall Street y la Banca, imponiendo regulaciones que impidan a esas instituciones jugar con la economía de la nación, el comportamiento del mercado cambiaría y la vida de las mayorías podría mejorar. El Estado no podrá decirle a las empresas automovilista, a los constructores, a la industria de la informática, a los centros de producción de fuentes alternativas de energía y a los fabricantes en general, cómo dirigir la gestión, qué productos producir y en qué cantidades, pero sí puede impedir, por ejemplo, que las acciones de las compañías continúen siendo un juego de ruleta.
Ahora bien, para hacer lo anterior hace falta ser un poco más que Presidente de un país donde el gobierno ha perdido su autoridad o al menos hace mucho que no intenta recuperarla.
Sin un Presidente que sea capaza de imponer su liderazgo personal, denunciando las dificultades impuestas por intereses antinacionales, moviendo opiniones, levantando conciencias y acusando cuando haya que hacerlo, la economía no cambiará y seguirá en las mismas manos que hoy le impiden funcionar para beneficio de la mayoría.
Habría que ver cómo enfocan los candidatos la cuestión económica y con cuanta claridad pueden expresar sus ideas.
El público estadounidense está acostumbrado a la política imperial que se sigue en Medio Oriente. Los supuestos éxitos del país en aquella región, representan solamente una estrategia que resulta familiar y por ende no se asombra por la violación de la soberanía de Pakistán para ultimar a Bin Laden o de las maniobras que autorizaron a la OTAN hacer en Libia el trabajo que los marines han hecho en Irak y Afganistán.
El problema que ese público quiere ver resuelto es la economía, para regresar al ritmo de vida alcanzado en los últimos treinta o cuarenta años. Ese punto es el que dirime la diferencia entre uno y otro partido en esta próxima contienda del 2013.
*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en los EE.UU. y subdirector de Radio Miami.
Fuente: ApiaVirtual