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sábado, 22 de febrero de 2020

Los talibán firmarán un acuerdo de paz con Estados Unidos el 29 de febrero.

Los insurgentes indicaron que el acuerdo "estructurará un camino" para el inicio de conversaciones de paz entre los afganos, vistas como un paso clave para acabar con dos décadas de guerra Ex miembros de los talibán entregan las armas durante una ceremonia de reconciliación en Jalalabad. (Afganistán). GHULAMULLAH HABIBI EFE


Los talibán anunciaron este viernes que firmarán un acuerdo con Estados Unidos el próximo 29 de febrero, tras más de un año de negociaciones en Qatar, una información confirmada casi simultáneamente por el Departamento de Estado estadounidense.

"Tras las largas negociaciones entre el Emirato Islámico (como se autodenominan los talibán) de Afganistán y los Estados Unidos de América, ambas partes han acordado firmar el acuerdo en presencia de observadores internacionales" el sábado 29 de febrero, afirmaron los insurgentes en un comunicado.

Ambas partes "crearán una situación de seguridad adecuada" e invitarán a "numerosos" representantes de diferentes países y organizaciones internacionales a la firma del acuerdo, según los talibán.

Los insurgentes y Washington avanzarán además hacia "la liberación de prisioneros" y la "retirada de todas las fuerzas extranjeras", de acuerdo con el comunicado.

La retirada de tropas estadounidenses, que mantienen en el país entre 12.000 y 13.000 efectivos, era una de las peticiones clave de los talibán e igualmente un objetivo electoral del presidente de EEUU, Donald Trump, que había prometido reducir al máximo la presencia militar en la nación asiática.

Los talibán indicaron que el acuerdo "estructurará un camino" para el inicio de conversaciones de paz intraafganas, vistas como un paso clave para acabar con dos décadas de guerra en Afganistán. Sin embargo, el comunicado no menciona en ninguna ocasión al Gobierno afgano y asegura que las conversaciones de paz serán "con varios partidos políticos del país".

Los talibán tampoco hicieron referencia a su compromiso de reducir la violencia en Afganistán durante siete días, que comienza a partir de la medianoche de este viernes, según anunció hoy el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) afgano.
HACIA UNA "PAZ DURADERA"

"Esto podría allanar el camino para unas negociaciones entre los afganos, una paz duradera, y garantizar que el país nunca más sea un refugio seguro para los terroristas", indicó el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg en un comunicado.

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, anunció también en un comunicado que la firma del acuerdo será el día 29, aunque remarcó que está condicionada a la "implementación exitosa" del periodo de reducción de la violencia.

Estos siete días de hostilidades reducidas son vistas como una prueba para verificar si los talibán están realmente comprometidos con la paz, así como para probar si la cúpula insurgente tiene autoridad sobre sus soldados desplegados en el terreno.

Las negociaciones entre los afganos empezarán tras la firma del acuerdo, y "se impulsarán en este paso fundamental para llegar a un alto el fuego completo y permanente", indicó Pompeo.

Además, Pompeo recurrió a la red social Twitter para afirmar que "tras décadas de conflicto, hemos llegado a un entendimiento con los talibán sobre una reducción significativa de la violencia en Afganistán".

"Este es un paso importante en la larga ruta hacia la paz, y pido a todos los afganos que aprovechen esta oportunidad", dijo Pompeo.


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lunes, 8 de enero de 2018

Más de tres mil cristianos fueron asesinados por su religión en 2017.




Corea del Norte, Pakistán y Afganistán fueron los países donde se dio la mayor persecución a la población cristiana en el mundo a la población El año pasado, un total de 3 mil 66 cristianos fueron asesinados debido a su religión en todo el mundo, informó el miércoles la ONG holandesa Open Doors (Puertas Abiertas). El mayor número de ataques contra la población cristiana ocurrieron en Nigeria, Pakistán y el sureste asiático.

Dicha cifra representa más del doble de los asesinatos registrados durante el año anterior, donde murieron mil 207 personas, explica el informe, el cual recaba datos del periodo que va de octubre de 2016 a octubre de 2017.

Foto de Getty

Sin embargo, el número continúa siendo notoriamente inferior a los 7 mil 106 cristianos asesinados en 2015 en todo el mundo, periodo en el cual el grupo terrorista Estado Islámico dominaba una amplia franja territorial en Siria e Irak.

Open Doors destaca sin embargo que es Corea del Norte donde se persigue de manera más metódica a la población cristiana, que debe esconder su fe para evitar ser enviados a campos de concentración.

En el segundo lugar de la lista aparece Afganistán, donde las familias atacan a los miembros de otras religiosas a fin de mantener el honor de la comunidad. Pakistán ocupa el tercer puesto, con 700 secuestros al año y numerosos casos de violación y casamientos forzados de mujeres cristianas.
Foto de Puertas Abiertas

Finalmente, señalan que el mayor número de muertes se registró en Nigeria, con alrededor de dos mil. En este caso, se debe tanto a la violencia generada por el grupo yihadista Boko Haram y los nómadas musulmanes ubicados en el centro del país.

En el caso de la India, el problema son los extremistas hindúes, los cuales atacan a musulmanes y cristianos con total impunidad.

Con información de AFPcristiana en el mundo

martes, 25 de octubre de 2011

Estados Unidos política imperial.


Miami, 24 de octubre del 2011
Por Lorenzo Gonzalo* -Cubainformación .- No creo que existan dudas que nos lleven a pensar sobre un cambio en la política internacional de Estados Unidos. La prueba está en la manera que se ha venido proyectando la Administración de Obama respecto a Medio Oriente. 
Los sucesos a destacar con mayor vehemencia han sido la muerte de Bin Laden, el asesinato de Muamar Gadafi, la ampliación de la Guerra en Afganistán y recientemente, el retiro de las tropas de Irak.
A trece meses de unas elecciones, lo usual en Estados Unidos es concentrarse en cómo ganarlas, aun cuando eso signifique sacrificar la paz mundial, dándole continuidad a la política tradicional estadounidense. Pero este quizás no sea exactamente el caso, ni explique la actitud de Obama.
Si alguna vez Obama pensó seriamente que lograría acabar con la diferencia irreconciliable, alimentada desde Washington y las potencias occidentales europeas, entre “el mundo musulmán y el Oeste”, según su discurso en El Cairo, sus comparecencias desde hace un año a la fecha y sus acciones, no solamente lo niegan, sino que la ha profundizado.
Los sucesos del Medio Oriente que la Administración Obama ha destacado como grandes triunfos de su gobierno y que, desde el punto de vista de una política imperial en realidad lo han sido, reafirman la continuidad de una estrategia de dominio, ampliada a partir del derrumbamiento del mal llamado “Bloque Socialista”.
Personas ajenas a las opiniones y sentimientos del estadounidense medio, pudieran pensar que esa conducta frente a Oriente Medio, basada en los acontecimientos de los últimos tiempos, responde a la consabida estrategia electorera que practican los círculos de poder de Estados Unidos.
En realidad a los estadounidenses les interesa resolver la falta de trabajo y detener el aumento gradual del costo de ciertos servicios básicos, entre ellos la salud, así como las obligaciones de comprar seguros con precios para ricos y contener la inflación que hace cada vez más inaccesibles una variada gama de renglones alimenticios. La transportación no es aún algo que interese mucho porque la noción del automóvil aún tiene una extraordinaria fuerza. En ese sentido lo que preocupa a la ciudadanía es el alto costo de los combustibles y las ventajas que han tomado las petroleras a partir de las irregularidades del suministro, aumentando sus ganancias descomunalmente.
Las famosas Guerras inventadas por Bush y que ha costado la estabilidad económica del país, no son al parecer los elementos que puedan tener gran peso para decidir el voto del ciudadano medio.
Cuando las elecciones del 2008 fue precisamente el tema de la economía el que más votos le dio a Obama. Sus promesas de retirar las tropas y cambiar el rumbo de la Guerra de Irak y Afganistán, fueron el adorno de su discurso y un elemento que fortaleció sus promesas de dedicarse por entero a levantar la economía del país. Ese era el plato principal del menú electoral. En las próximas elecciones las prioridades de la ciudadanía no han cambiado.
Si lo dicho hasta aquí responde realmente a las realidades del proceso electoral estadounidense, tendremos que concluir que la posición frente a Medio Oriente adoptada por Obama, no se justifica, ni siquiera desde un punto de vista electoral, excepto que de plano acepte personalmente una política que fustigó cuando visitó El Cairo. Su última actitud frente a la muerte de Gadafi, la cual a todas luces parece ser un asesinato y no la de un movimiento pidiendo cuentas a un gobernante errático que derrochó la oportunidad para ser una diferencia en su país y en el continente Africano, dejó mucho por desear. La misma no se parece en nada a la frescura de ideas tantas veces expresadas cuando supuestamente era un abogado con inquietudes sociales y vocación política.
Las elecciones del 2013 se ganan o se pierden sobre las mismas bases que se ganaron y perdieron en el 2008: la economía nacional. Obama debe saberlo y a la consecución de ese fin se supone que encamine el mensaje de sus discursos y todos sus esfuerzos. No hay razones para acentuar el protagonismo de Estados Unidos en Medio Oriente, excepto que le interese recalcarle al mundo que las cosas no han cambiado y que el Presidente de Estados Unidos está totalmente de acuerdo con esa política, a pesar de lo expresado por él en épocas pasadas.
La retirada de tropas de Irak, si es que llegara a efectuarse, la cual responde a un compromiso establecido con el gobierno de Irak por la Administración de George W. Bush, no rendirá inmediatos resultados económicos, aunque sin dudas ayudará a mediano plazo a balancear el presupuesto. En ese sentido Obama quizás tenga un pequeño resquicio, pero en concreto, no es el gane de la partida.
Su batalla estará dada en destacar que la economía no ha avanzado mejor, por el obstáculo que significan los republicanos en el Senado y el Congreso. Pero tendrá que hacer galas de sus destrezas oratorias para convencer a unos votantes, que cada día se frustran más de escuchar los mismos cuentos.
No es cierto que la economía de un país capitalista como Estados Unidos no esté en manos del gobierno. Aun dentro de los principios más ortodoxos del capitalismo, si un gobierno como el de Obama actúa sobre los intereses de Wall Street y la Banca, imponiendo regulaciones que impidan a esas instituciones jugar con la economía de la nación, el comportamiento del mercado cambiaría y la vida de las mayorías podría mejorar. El Estado no podrá decirle a las empresas automovilista, a los constructores, a la industria de la informática, a los centros de producción de fuentes alternativas de energía y a los fabricantes en general, cómo dirigir la gestión, qué productos producir y en qué cantidades, pero sí puede impedir, por ejemplo, que las acciones de las compañías continúen siendo un juego de ruleta.
Ahora bien, para hacer lo anterior hace falta ser un poco más que Presidente de un país donde el gobierno ha perdido su autoridad o al menos hace mucho que no intenta recuperarla.
Sin un Presidente que sea capaza de imponer su liderazgo personal, denunciando las dificultades impuestas por intereses antinacionales, moviendo opiniones, levantando conciencias y acusando cuando haya que hacerlo, la economía no cambiará y seguirá en las mismas manos que hoy le impiden funcionar para beneficio de la mayoría.
Habría que ver cómo enfocan los candidatos la cuestión económica y con cuanta claridad pueden expresar sus ideas.
El público estadounidense está acostumbrado a la política imperial que se sigue en Medio Oriente. Los supuestos éxitos del país en aquella región, representan solamente una estrategia que resulta familiar y por ende no se asombra por la violación de la soberanía de Pakistán para ultimar a Bin Laden o de las maniobras que autorizaron a la OTAN hacer en Libia el trabajo que los marines han hecho en Irak y Afganistán.
El problema que ese público quiere ver resuelto es la economía, para regresar al ritmo de vida alcanzado en los últimos treinta o cuarenta años. Ese punto es el que dirime la diferencia entre uno y otro partido en esta próxima contienda del 2013.
*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en los EE.UU. y subdirector de Radio Miami.
Fuente: ApiaVirtual