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martes, 9 de diciembre de 2014

Cumbre iberoamericana en decadencia.


El lunes comenzó en México la XXIV Cumbre Iberoamericana con la presencia de 15 de jefes de Estado de un total de 22 países que integran la región, mostrando una vez más la agonía de la propuesta que es apenas sostenida por el bloque de la Alianza del Pacifico y la corona española. La debilidad de la iniciativa se acentúa por el contexto de su sede: el pueblo mexicano continúa en pie de lucha en exigencia de justicia y por la renuncia de Peña Nieto por la masacre, secuestro y desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa.

La XXIV Cumbre Iberoamericana está marcada por las ausencias de referentes de la región: no asistieron los presidentes de Dilma Rousseff, Brasil; Nicolás Maduro, de Venezuela; Raúl Castro, de Cuba; Cristina Fernández, de Argentina y Daniel Ortega de Nicaragua.

La irrelevancia del organismo ya se había expuesto en el encuentro del 2013 que se hizo en Panamá, al que asistió la mitad de los mandatarios. En esa oportunidad la Cumbre estuvo signada por la ausencia de los líderes nuestroamericanos alineados al eje bolivariano y por el protagonismo de los Jefes de Estado que impulsan la Alianza del Pacífico.

Ante la decadencia de la propuesta iberoamericana, la secretaria general Rebeca Grynspan, intentó ocultar la debilidad con llamados a la “complementariedad”, frente a proyectos regionales con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac). A su vez, en paralelo el gobierno de Cuba clausuraba en La Habana la V Cumbre de la Comunidad del Caribe que busca avanzar en la integración nuestroamericano de la mano de iniciativas como la Alianza Bolivariana.

Por su parte, el presidente anfitrión Enrique Peña Nieto espera que los mandatarios lo apoyen frente al clamor popular que exige su renuncia. En las puertas del Centro de Convenciones World Trade Center se juntaron mexicanos que continúan las protestas contra su gobierno que se agudizaron tras la masacre, secuestro y desaparición de estudiantes de Ayotzinapa. El sábado se confirmó que al menos uno de los 43 estudiantes desaparecidos – Alexander Mora Venancio, de 21 años- fue asesinado, luego de encontrarse sus restos.

En ese marco, el nuevo rey de España, Felipe VI, defendió a Enrique Peña Nieto frente a las masivas movilizaciones que exigen su renuncia. “Es un país políticamente muy estable que garantiza la seguridad jurídica de las empresas que aquí invierten con un porvenir brillante, esas relaciones se van a intensificar”, apoyó el ministro español de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo.

Pero la Cumbre Iberoamericana se resiste a su desaparición. Además de “educación, cultura e innovación” que integran el lema de la reunión, se espera que la Cumbre se refiera en su Declaración al proceso de Paz en Colombia, el bloque de Estados Unidos contra Cuba y los ataques de los denominados “fondos buitre” hoy concentrados contra Argentina.

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Fuente: ApiaVirtual

viernes, 17 de octubre de 2014

16 de Octubre Día Mundial de la Alimentación Agroecológica 2014



Escrito por LaGarbancitaEcológica

Día Mundial de la Alimentación Agroecológica 2014

Algunas enfermedades propias de edades avanzadas están surgiendo en edades tempranas. Sobrepeso, obesidad, diabetes “tipo B” o hipertensión, aparecen en adolescentes y jóvenes por la modificación de nuestras pautas alimentarias inducida por la publicidad de las grandes empresas del negocio alimentario. Desgraciadamente, los poderes públicos no actúan con la debida contundencia respecto a este problema.

La llamada “comida basura” es consecuencia de la mercantilización y globalización de los alimentos. Cuando los alimentos se convierten en una mercancía, su finalidad ya no es procurar una nutrición saludable a las personas, sino ganar dinero. La comida basura se caracteriza por alimentos con un exceso de hidratos de carbono de tipo “rápido” y grasas y proteínas de origen animal. Refrescos, lácteos, dulces y comida rápida de bajo coste que se venden en grandes cadenas multinacionales. Estos alimentos, saturados de sustancias químicas, como colorantes, saborizantes, conservantes, emulgentes, etc., que son tóxicas por su acumulación paulatina, son objeto de una promoción incesante, dirigida especialmente a nuestros niños y niñas.

Quienes tenemos la responsabilidad de formar a nuestros niños y niñas en unos hábitos alimentarios que les procuren salud y no enfermedades para el resto de su vida, debemos enfrentarnos a 3 tipos de problemas. El primero es nuestra ignorancia nutricional. El segundo es la intoxicación publicitaria que estimula en nuestros niños y niñas el deseo de alimentos indeseables mediante la manipulación de su fantasía para que nos presionen hasta que se los compremos y la creación artificial de sabores agradables para ellos. El tercero, la necesidad de salir de la cultura de la queja, cuando ya es tarde, y tomar en nuestras manos la tarea de educar a nuestros niños, niñas y adolescentes en unos hábitos de alimentación saludables, responsables y agradables.

En los encuentros con madres, padres y educadores, se trataría de:
1. Detectar problemas, inquietudes y dudas acerca de los buenos y malos hábitos alimentarios de nuestr@s hij@s … y los propios (Difícilmente podemos enseñar a nadie a comer bien si nosotros mismos no lo hacemos).
2. Clarificar los criterios básicos para una alimentación saludable:
A) Calidad, vitalidad, cantidad, variedad, orden de la ingesta, combinación, temporada y elaboración;
B) Propiedades nutritivas y propiedades “sociales” de los alimentos; la seguridad alimentaria no puede limitarse a unos pocos alimentos de élite ni a unas pocas familias, debe ser accesible a tod@s.
C) Nadie cambia un hábito alimentario si no lo desea. No se trata sólo de “saber” qué es una alimentación sana, sino de saber comunicarlo y conseguir que nuestros niños y niñas disfruten defendiendo los hábitos alimentarios saludables y rechazando los hábitos y los alimentos enfermantes.
3. Poner en marcha procesos de medio y largo alcance -aunque de baja intensidad-, en los que cooperen maestr@s, madres y padres, niñ@s y proyectos de consumo responsable agroecológico. Establecer un “observatorio” de la calidad alimentaria de nuestras niñas y niños. Manejar como indicadores las enfermedades infantiles, los malos y buenos hábitos, los mensajes publicitarios. Utilizar juegos, recetas, talleres de consumo y elaboración de alimentos agroecológicos, excursiones a fincas de alimentos agroecológicos, participación en el consumo responsable agroecológico autogestionado y utilización de audiovisuales que muestran los daños de una alimentación enfermante y los beneficios de una alimentación responsable.

DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN AGROECOLÓGICA
(16 OCTUBRE 2014)
Alimentar al mundo, cuidar el planeta
Defender la Agricultura Familiar Agroecológica
Garantizar una Alimentación sin Transgénicos ni Agrotóxicos

Fuente: ApiaVirtual

domingo, 7 de septiembre de 2014

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo.


Nino Gallegos

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, la tarde de-cayendo ante la noche, quedando una estela más fragmentada que íntegra de escenarios, de antesalas y de anfiteatros en los que el ser humano y la condición humana tienen el aura de un cuervo picoteando los ojos del mundo, del cielo y de la tierra.

El Aura es una fuente luminosa de energía, es un ave carroñera, el cuervo de Poe es un poema, el cuervo es un dicho que si crías cuervos te sacarán los ojos: la visión, no del asombro, acaso el caos y el ocaso de los pensamientos, las palabras, los actos y los hechos, el resuello de los boqueantes, de los agónicos y de los mortales.

No es tanto ver para creer. Basta con ver hacia adentro para ver las vísceras hacia afuera. Un hombre de negro degollando a un hombre de naranja, es el significado de una daga dentada que corta de manera cercenante lo que sostiene el cuerpo de la cabeza: la visión del mundo, del cielo y del desierto que es la tierra: ninguna posibilidad de salvación.

La simulacra(s)ización, es el acto y es el hecho de los pensamientos y las palabras: provocar al drama una desdramatización, la evidencia fáctica y mediática de lo real y de los virtual: la condición de la vida misma con el cuervo de Baudrillard entre las ramas y las hojas del árbol del conocimiento desarraigado, de cuajo, con sus raíces desde adentro y hacia fuera de la tierra, cuando el cuervo de Artaud es una visión doble de quien se ve colgado de una rama del árbol del drama-desdramatizado: colgando de los brazos, jugando; colgando del cuello, ahorcado; en tanto, el cuervo de Focault es la desaparición del rostro humano dibujado en la arena por una ola de mar, quedando el mar amniótico como testigo de lo que se engendró y devino de él.

Andar en la soledad del puerto con la cabeza a pájaros es, para quien esto escribe, un ejercicio de errores y de aciertos en lo que si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, lecturas que se deshojan en la brumatinal y en la brisamarina, viendo cómo el salitre va herrumbrando y carcomiendo a los muelles y a los barcos en el cementerio marino de Valery y en el barco ebrio de Rimbaud, diciéndome el viento, al socaire, que quien ose citar a los poetas jamás podrá escribir poemas, quedándose en el divagarium-planetarium de un mundo abstracto, de un cielo peleándose con el sol y la luna, de una tierra socavada por el hombre que parió.

Así, en la contrición real y en la ampliación virtual, no hay más amor que la soledad multitudinaria del hombre y de la mujer; cada uno, esperanzado y esperanzada, en el llamado mutuo, son la diferencia y la inequidad expuestas a la desigualdad y a la elección de atraerse en la posesión de lo material-carnal, en las horas hombre y en las horas mujer para penetrarse y venirse entre ellos con la vaciedad de los jadeos y ese ruido gutural de quién posee a quién, cuando después del fuego, las ventanas están cubiertas con cortinas de humo. Afuera, un niño y una niña, sobreviven a los bombardeos en las calles y a los escombros de las casas. Nadie sabe qué será de ellos, aunque en la instrumentalidad acústica de Führs y Fröhling, Ammerland, tierra rural de Alemania y partitura musical de Jacobo de Haand, no será tampoco la tierra como hogar, porque el padre y la madre han estado ausentes desde que nacieron.

La ambivalencia si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo es la procrastinación y la plastinización de un futuro, a modo de venderlo, a plazos, para que el presente tenga un plus sucedáneo para que nos mantengamos alertas y expectantes ante el terrorismo suave y confortable del consumismo -vía Las Mayores Marcas del Mundo- e ir a Las Grandes Tiendas Departamentales para terminar de una buena vez con la existencia y los saldos en un fin de semana trágico para quienes no pudieron comprar y melodramático para quienes sí pudieron comprar la alegría en una envoltura artificial y desechable.

Vamos, dijo alguien: si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, y no tanto cuento y menos tanta novela, aunque últimamente los poemas se dan como en maceta con demasiados poetas, ensayando un jardinero anónimo con unas plantas de sombra en un jardín público: “Calle abajo hay una zona sin habitar que se extiende hasta la orilla del mar, y a continuación, el océano ondeante y negro”, acabando de leer y transcribir el párrafo que escribió Audur Ava Ólafsdóttir, describiendo la vaciedad del espacio y la llenitud del océano, quedando la orilla del mar como un elemento decorativo que no ha trascendido en la mirada de la escritora islandesa que, por sus señas de origen e identidad, es difícil tener una visión como lector del contexto en que Islandia es geológica, volcánica y rodeada ¿por el mar o por el océano? La respuesta: nadie la contesta, porque es preciso navegar hacia allá.

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, pero sí El Corazón de las Tinieblas de Conrad, Apocalipsys Now de Coppola, The End de Morrison y Blad Runner de Scott, en un andar en la soledad del puerto con la cabeza a pájaros y Aludra para estar más allá de la tierra, el cielo y el mundo y regresar más acá donde un país de y sombras, el real y el virtual, el fáctico y el mediático, el político, el empresarial y el narco que, si no son el apocalipsis, que sean el crepúsculo de la corrupción y la impunidad, de la violencia y el crimen en la decadencia de un Estado que se ha reformado estructuralmente con la transformación y la modernización de una ideología, una sociedad y una economía sentadas en la Silla Presidencial con la mano derecha apuñada y la mano izquierda abierta a la Banca de la Oligarquía.

Sí, si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, porque de acuerdo o no, una lógica y una logística del mercado y el consumo, han reentronizado al sistema político y económico mexicano con las reformas estructurales, extendiéndose del centro a la periferia el poder de un Estado oligárquico, semoviente, neoliberal y transnacional. Una lógica y una logística del mercado y el consumo de las desigualdades y las necesidades económicas y sociales, siendo obvios los comportamientos de los ricos, los clasemedieros y los pobres. Es des-agradable palpar la suavidad y la rugosidad de una clase de políticos, empresarios y narcos que se ha posicionado antes y después de la revolución, la institucionalización, la transformación, la modernización y la globalización de las desigualdades y las necesidades de quienes co-habitamos con el pasado, el presente y el futuro de y para un país con un gran-mural-monumental-mexicano, con los pinceles variopintos del nacionalismo revolucionario de Rivera, Orozco, Siqueiros, Tamayo, el lúgubre y decadente des-dibujismo de Cuevas, y, las prefiguraciones, configuraciones y afiguraciones iniciáticas, rituales y ancestrales de Toledo. Y no son todos en el arte y la cultura de las desigualdades y las necesidades artísticas y culturales, pues el arte y la cultura en la liza del mainstream se exponen como vedettes y salvadores de México, porque en la lógica y en la logística del mercado y el consumo, lo que imperará-imperativamente es una lógica social incluyente y excluyente sobre la base económica de un producción cada vez más externa que interna, dependiendo de un capitalismo subsidiario en la compra y en la venta, en la oferta y en la demanda, en el sicariato gerencial y administrativo, corrupto e impune, de un capitalismo entre los lujos y los funerales que, a la vez, se manifiesta(rá) tautológico y escatológico, el poder del capital centralizado, blindado y militarizado.

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo hundiéndose junto con el mundo entre el cielo y la tierra: si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo del alba.

Fuente: ApiaVirtual

viernes, 22 de agosto de 2014

“La vida de las negras y negros no tiene valor social en Brasil”



Entrevista a Beatriz Silvia Santos, coordinadora nacional de la marcha mundial contra genocidio negro en Brasil

Abuy Nfubea


El 22 de agosto, en Brasil se desarrolla la segunda marcha contra el genocidio negro.

El 22 agosto, en más de 26 ciudades de Brasil y embajadas brasileñas de Europa, EE UU y África, tendrá lugar la segunda marcha internacional contra el genocidio del pueblo negro. La marcha está impulsada por más de 500 organizaciones panafricanistas de base agrupadas en la campaña Reaja ou Será Morta, Conversamos con Andrea Beatriz Silvia Santos, mujer negra, médica, militante del movimiento negro y trabajadora del sistema carcelario, coordinadora nacional de la marcha mundial contra genocidio negro en Brasil, portavoz de la Campaña Reaja ou Será Morta, y de la organização Quilombo Xis- Ação Cultural Comunitária.



Durante el Mundial de fútbol se han visto imágenes de represión policial en movilizaciones… pero ¿cuál es la situación de la comunidad negra en términos de violencia y genocidio?

Aquí en Brasil vivimos cotidianamente lo que llamamos el genocidio del pueblo negro, no sólo de la juventud negra. En Brasil, y en el resto de América, los africanos, la comunidad negra, hemos sido blanco de la persecución institucional, primeramente a través de sus brazos armados. Los jóvenes negros han sido eliminados sistemáticamente mediante la brutalidad policial siendo asesinados por armas de fuego, también humillados con numerosas faltas de respeto, tratados como primeros sospechosos sólo por el color de la piel. La arbitrariedad de la violencia contra esos jóvenes negros, al ser sistemáticamente asesinados, ha dejado muchas secuelas de violencia. Las mujeres negras son cabeza de familia, están buscando los cuerpos muertos o enfermos en comisarías de policía militar o en los institutos de medicina legal. Ésta es parte del marco de realidad en la que vivimos…

¿Cómo surgió la campaña y cuáles son las organizaciones o entidades mayoritarias de esta campaña?

La campaña nació en 2005. Desde entonces, las cifras que se refieren a nuestras muertes sólo han aumentado, dejando consecuencias irreparables (psicológicas y físicas en las personas, las familias y las comunidades negras). ¿Cómo hablar del proceso? Bueno, nos inspiramos en el movimiento de conciencia negra de Steve Biko en Sudáfrica. Para la Campaña Reaja, el proceso de esclavización, cuyo objetivo fue la acumulación de recursos, explotación por parte de los colonizadores, se basa en la jerarquía entre las distintas razas establecida a partir de teorías académicas racistas y eugenistas, que no nos atribuían ninguna humanidad, sólo atribuida a blancos.

Por eso, nuestras muertes y linchamientos, nuestro trabajo esclavo, nuestra imposibilidad de formar familias, todo esto fue naturalizado. Por eso, casi 100 años después, la vida de los negras y negros no tiene valor social en Brasil. Estas teorías y prácticas, utilizadas durante cuatro siglos, se mantienen muy vivas hasta el día de hoy. Nuestra humanidad negada produce que las muertes, los desmantelamientos, los desahucios de nuestras familias negras, la falta de respeto a las mujeres negras, en fin, nuestro genocidio, no sea reconocido como tal, lo que refuerza nuestra muerte. Por esto la Campaña retoma nuestras voces: hablamos de nuestras propias muertes, de nuestra realidad de nuestro dolor. Los blancos no hablan de cómo nos sentimos.

Uhuru África TV fue el primer medio en hablar del genocidio del pueblo afro de Brasil. ¿Por qué hay dificultades para hablar del tema en los medios de izquierda?

Hemos tenido y vamos a tener este mismo tipo de presión aquí. La campaña Reaja también defiende que la izquierda blanca –no sólo en Brasil sino en toda América Latina– no nos reconoce en cuanto pueblo con una historia, tradiciones, derechos y epistemología específica. Estamos haciendo hincapié en que, de acuerdo con los principios de la marcha, nuestra lucha es contra el genocidio de los negros. Lo que ha sucedido a nivel federal en esta administración es apoyar a los Estados de la oposición o no, lo que refuerza las prácticas de la opresión y la violencia policial. En el proceso de genocidio en Brasil, la policía es un brazo que nos degrada, vilipendia y mata. Pero la ausencia de medidas para garantizar el acceso público a otros bienes comprendidos en la Constitución también se destaca como una práctica genocida. Lo más importante es mantener nuestras acciones permanentemente, al margen de la coyuntura partidaria, pero sin olvidar que son acciones de naturaleza política. De hecho, la campaña Reaja nació en una coyuntura política en el Estado de Bahía, con un gobierno de derecha. Nuestra reivindicación era entonces que cesaran las muertes violentas y la enorme brutalidad policial, los actos de resistencia seguidos de muerte, ocupación militar de comunidades, el encarcelamiento en masa.

En el último año, se han producido más de 2.200 asesinatos de negros por parte de la policía. ¿Cuál es la posición del gobierno, Segib, OEA, Aecide, Unesco, UA ante tantas muertes?

Brasil posee la segunda mayor población africana. Las instituciones actúan como cualquier gobierno de América latina y del mundo. En Brasil, todos los gobiernos defienden el mito de la democracia racial, pero sin tomar ninguna medida para proteger nuestras vidas. Ahora, en Brasil los blancos son minoría, los afrodescendientes somos casi el 70%. Cuando argumentan que el genocidio negro es sólo un problema de crisis económico aislado, lo que hacen es no reconocer la violencia institucional histórica que constituye para nosotros no un caso aislado sino una plaga durante cuatro siglos.


Fuente: Apia Virtual

viernes, 27 de junio de 2014

“Los jinetes y las jardineras” o la parábola del origen del feminicidio.


Por Alda Facio

Había una vez un mundo habitado por dos sexos: los jinetes y las jardineras. Estos dos sexos conformaban lo que se conocía como la humanidad que junto a otros muchos seres, vivía en una tierra abundante y feliz. Jinetes y jardineras tenían mucho en común: ambos eran seres poderosos, capaces de sentir muchas distintas emociones como el amor, la cólera, la alegría, el miedo, la tristeza, la vergüenza y más. Tenían ambos el increíble poder de reírse de sí mismos, sanar sus propios cuerpos así como capacidades mentales que les permitían inventar, aprender y utilizar estructuras lingüísticas complejas que les permitían concebir, transmitir y aprender conceptos totalmente abstractos. También tenían la capacidad de ser conscientes de sí mismos, así como de su pasado, lo que utilizaban para planear, transformar y realizar proyectos de diversos tipos. Y, a pesar de compartir todo eso, también ostentaban importantes diferencias mutuas que, sin embargo, no les impedían reconocer que lo más importante era que ambos amaban disfrutar de todas las experiencias que sus vidas diferentes les proporcionaban.

Los jinetes eran un sexo magnífico. Viajaban por todo su planeta estableciendo pueblos e intercambiando conocimientos y productos. En los sólidos barcos que construían, los jinetes usaban su poder para ir a todas partes a enseñar y aprender las variadas formas del mundo, las canciones de la experiencia y la interacción.
Las jardineras tenían otra forma de estar en su mundo. Estudiaban las plantas y su crecimiento, pintaban imágenes con brillantes colores que sacaban de la tierra y sus rocas. Nombraban la vida que las rodeaba y tejían maravillosas historias con esas palabras. Cuidaban de todo lo que vivía en el planeta, incluyendo a los jinetes.

De hecho, ellas eran las que les daban vida, no solo a los jinetes, sino a ellas mismas a través de un proceso que se llamaba “alumbramiento”. En definitiva, las jardineras usaban su poder para crear y mantener la vida.
”Poder” para estos dos sexos era una palabra buena. Significaba “fuerza para actuar y crear.” Pero un día los jinetes aprendieron a abusar de su poder y lo usaron sobre las jardineras para dominarlas y controlarlas. En vez de seguir respetando las importantes diferencias entre ellos y las jardineras, los jinetes dijeron: “Estas jardineras son muy poderosas, las vamos a poseer y así poseeremos también los frutos de sus vientres, sus jardines y sus palabras.” Y efectivamente así pasó. Luego de haber utilizado su poder sobre las jardineras, los jinetes aprendieron a usar también a la naturaleza y a los animales, como si fueran simples recursos creados por un Dios Celestial para su beneficio exclusivo.

Con el tiempo los jinetes se volvieron muy egocéntricos y el amor entre los sexos se tornó violento y nada feliz. Poco a poco cada sexo aprendió a temer y sospechar del poder del otro. El tiempo pasó y ciertos miembros del sexo viajero, llamados “hipermanes”, se volvieron demasiado poderosos. Crearon religiones y construyeron sistemas de pensamiento, de trabajo, de gobierno y de guerra centrados en su supuesta superioridad. Esto les dio poder sobre la tierra misma, algo nunca antes imaginado ni siquiera por los dinámicos jinetes. Fue así como nació el Patriarcado, un sistema político, económico, social y religioso producto de la institucionalización del dominio de los jinetes sobre las jardineras, dominio que luego se extendió a todo lo relacionado con ellas. Esta institucionalización del poder de los jinetes sobre las jardineras implicó que todos los jinetes, y no solo los hipermanes, se sintieran los dueños de la fuerza reproductiva y productiva de las jardineras, controlando sus cuerpos, mentes, sexualidad y espiritualidad generalmente por medios “pacíficos” como el derecho y la religión, pero muy a menudo reforzando estos medios mediante el uso de la violencia física, sexual y/o psicológica, al punto de llegar al asesinato si ellas no se sometían.

Desde el inicio del Patriarcado, el grupo de jinetes que hemos llamado los hipermanes no se contentó con tener poder solo sobre las jardineras, sino que decidieron inventar un sistema que les diera poder sobre todos los seres de su planeta. Para ello, entre otras estrategias, se dieron a la tarea de justificar su poder sobre todas las jardineras y demás jinetes. Primero, decidieron erradicar la idea de que jinetes y jardineras compartían la misma energía vital. Borraron además la idea de que las distintas manifestaciones de esa energía eran mutuamente diferentes, ya que no había una más esencialmente humana, superior o más necesaria que las otras. Difundieron la idea de que las diferentes eran las jardineras. Una vez establecido que los jinetes eran el modelo de lo humano en su mundo, fue fácil declarar su superioridad sobre las jardineras, precisamente por las diferencias de ellas con respecto al modelo. Así lograron establecer que el sexo más dinámico era superior al sexo dador de vida que, como ya hemos dicho, era más reposado y tranquilo.

Pero una vez establecida la superioridad de los jinetes sobre las jardineras, los hipermanes tenían que justificar también su superioridad sobre los otros jinetes. Para ello, crearon una forma de ver y sentir el mundo dicotómica y jerárquica basada en el reconocimiento de la existencia de solo dos sexos que, con el tiempo, se convirtió en una característica esencial del paradigma patriarcal. Según esta forma de ver y sentir, todas las cosas, hechos y valores se podían asociar con uno u otro de los sexos que ellos mismos ya habían decretado como opuestos.

Así se asoció la naturaleza con las jardineras y la cultura con los jinetes, y decretaron que todas las cosas y valores se podían clasificar como pertenecientes a la naturaleza o creados por la cultura. Y recuerden que ya habían estableciendo no solo que lo construido por la cultura era más valioso que lo dado por la naturaleza, sino que todo lo construido por la cultura le daba sentido a lo dado por la naturaleza a tal punto que la razón se entendía como lo opuesto a los sentimientos, la producción a la reproducción, la ciencia a la espiritualidad, los jinetes a las jardineras. Esto los llevó a creer que todo se podía explicar y medir de tal forma que ya no se respetó más lo inconmensurable y misterioso de la vida. No contentos con esto, definieron uno de cada uno de los opuestos como carentes de lo que definía al otro; así, los sentimientos fueron definidos como carentes de racionalidad, la quietud como carente de dinamismo y creatividad, la paz como ausencia de guerra, la naturaleza como aquello que debe ser definido y transformado por la cultura.

Y como la sensibilidad, las emociones, la espiritualidad, la quietud y la reproducción eran asociadas con las jardineras, estas fueron definidas como carentes de racionalidad y dinamismo, elementos asociadas con los jinetes. De esa manera lograron que todo lo asociado con las jardineras no tuviera valor propio, sino que existiera “para” o en función de los jinetes, particularmente los hipermanes. Una vez logrado esto, declararon inferior a todos los grupos —aunque fueran compuestos por jinetes— que tuvieran algunas características asociadas con las jardineras o que no fueran tan dinámicos o poderosos como el grupo que se estableció como modelo de lo humano: los jinetes de la clase hipermánica.

Las jardineras y los jinetes que amaban la libertad y la justicia trataron de resistirse a los hipermanes, y a veces lo lograban. Pero la forma dicotómica de ver y sentir el mundo que moldeaba las creencias y prácticas de los hipermanes se fue instalando en sus mentes y corazones y persistió a través de los tiempos. Gracias a ello, los hipermanes se mantuvieron seguros y todopoderosos viajando a lo largo y ancho de la creación y tiranizando a toda la humanidad, especialmente a las jardineras de todas las edades y culturas.

Tanto se sofisticó el sistema de los hipermanes, que la violencia extrema contra las jardineras llegó a vivirse como natural, o como parte de su identidad cultural, y hasta como erotismo. Así la vivían muchos jinetes y no pocas jardineras, quienes “voluntariamente” se sometían o sometían a sus hijas a las más dolorosas o humillantes torturas que los habitantes de ese mundo justificaban como “diferencias culturales”.

Fue así como en todas partes a las jardineras se les hacía creer que el sometimiento total a un jinete, llamado matrimonio, había sido inventado por ellas mismas para “atrapar” a un jinete que las mantuviera y protegiera y que, sin un jinete a su lado, no podrían sobrevivir. Fue así como los jinetes lograron que aún frente al peligro de ser torturadas y hasta asesinadas por sus propios maridos, las jardineras siguieran “voluntariamente” casándose con ellos.

Pero como algunas jardineras se rebelaban contra esta forma de esclavitud, los hipermanes inventaron castigos atroces para aquellas que no se sometieran. En algunas partes de ese mundo se quemaron a millones de jardineras en la hoguera por el único pecado de ser solteras; mientras que, en otras, a las viudas se las quemaba vivas en las piras funerarias de sus difuntos esposos. Todavía en otros, a las viudas se las desterraba de sus hogares si no accedían a convertirse en las esclavas del hermano de su difunto marido.

Eran tan absurdas muchas de las tradiciones en ese mundo que, para considerarse sexualmente atractivas, los cuerpos de las jardineras tenían que ser moldeados a la manera decidida por los hipermanes. Dependiendo de la época histórica, en nombre de la belleza se exigía que ellas tuvieran casi que desaparecer para ser consideradas suficientemente esbeltas; mientras que en otras épocas, pechos, piernas, caderas, labios, ojos, nalgas o cualquier otra parte de sus cuerpos, se inflaban o encogían al gusto de las normas de belleza establecida por los misóginos hipermanes. A veces, a las jardineras se las obligaba a esconder todo menos los ojos, porque las normas de algunas religiones dictaban que el físico de las jardineras perturbaba a los jinetes, mientras que en otras culturas a las jardineras se las convencía que lo más importante era verse “sexy”, aunque su ropa fuera incómoda o hasta peligrosa para su salud. En todas las culturas, la apariencia y el bienestar de las jardineras llegaron a ser decidido por los hipermanes, quienes ejercían su misoginia parapetados detrás de la religión, la cultura o la moda.

Muchos de los jinetes aceptaban que la violencia contra las jardineras se había convertido en un verdadero problema social, pero la mayoría pensaba que era un problema menor, comparado con tantas otras crueldades que los hipermanes cometían contra ellos. Y peor aún, las propias víctimas defendían muchas de estas formas de violencia en nombre del amor romántico, el erotismo, la identidad cultural o religiosa, el respeto por las tradiciones y, aunque cueste creerlo, hasta en nombre de la libertad personal.

Tanto fue el odio y la violencia contra las madres, las hijas, las hermanas, las amigas y las colegas de los jinetes; y tanta fue la complicidad de demasiados jinetes con este sistema, que no se dieron cuenta de que a la mayoría de ellos esto también les hacía daño. No entendieron que un sistema que deshumanizaba precisamente a quienes tenían el poder de dar vida era un sistema que estaba basado en el desprecio por la vida misma. No vieron que un sistema así inevitablemente degeneraría en uno que le haría también la guerra a cualquier jinete que no aceptara sus valores. Peor aún, no vieron que si los cuerpos de las jardineras podían ser mercancías que los jinetes podían comprar a su antojo, por qué no también poder comprar y vender sus órganos, o a otros jinetes o hasta a la Madre Tierra, sus océanos, sus bosques, sus lagos y todos los seres que la habitaban. Fue así como sucedió que ese mundo vio su oxígeno enrarecido, sus aguas contaminadas y sus semillas privatizadas y convertidas en meras mercancías.

Fue tanto el poder sobre las jardineras, y tanto el desprecio de los jinetes y las jardineras por las jardineras, que la violencia contra ellas se fue incrementando al punto que los asesinatos de jardineras se volvieron cotidianos. La sucesión de muertes violentas de mujeres en una ciudad llamada Ciudad Juárez, en un país llamado México, fue el detonador de la atención pública de un fenómeno que se extendía a todas las naciones de ese mundo. La violencia en contra de las jardineras fue declarada uno de los problemas más graves que afrontaba el mundo por el mismo Secretario General de un órgano llamado Naciones Unidas. Pero el asesinato de jardineras, que incluso llegó a presentar signos de tortura, mutilación, saña y/o violencia sexual, seguía creciendo.

Los asesinatos de jardineras representaban la culminación del poder de los jinetes sobre las jardineras. Quienes estudiaban esas cosas demostraron que cuando un grupo utiliza su poder sobre otro, esa situación resulta en la pérdida de poder del grupo dominado, con lo cual se crea una peligrosa desigualdad de poder entre ellos que resulta en una violación reiterada y sistemática de los derechos de las integrantes del grupo dominado. Y, efectivamente, así sucedió: entre más utilizaron los jinetes su poder sobre las jardineras, estas perdían más y más su poder de recrear y cuidar la vida; al punto que la vida, especialmente la de las jardineras, llegó a no valorarse y hasta a despreciarse. Debido a esta situación el concepto de femicidio fue acuñado y usado por primera vez por las jardineras feministas Diana Rusell y Jill Radford, autoras del libro Femicide: The Politics of Woman Killing. En ese libro las autoras establecían que el concepto de femicide se refiere al asesinato de las jardineras por el hecho de ser tales, y que operaba como forma de dominación, poder sobre y control hacia ellas.

Según estas autoras, el femicidio se podía dar tanto en condiciones de paz como de guerra, en democracias como en dictadura. Podía ser cometido por conocidos —maridos, convivientes, novios, familiares, sacerdotes, médicos, amigos— o desconocidos —violentos, violadores, asesinos, grupos delincuenciales, miembros de las fuerzas armadas, policiales o del crimen organizado. Eso sí, todos los femicidios tenían en común su origen en las relaciones desiguales de poder entre los jinetes y las jardineras, las cuales ubicaban a las jardineras en una situación de mayor vulnerabilidad, limitando así el goce de su derecho a la vida, a la integridad personal, a la libertad y al acceso a la justicia y el debido proceso.

A pesar de la adopción de importantes mecanismos y políticas encaminadas a prevenir, investigar, procesar y sancionar los femicidios, los Estados no observaron adecuadamente sus obligaciones de ejercer la debida diligencia al realizar todas esas acciones, porque en el fondo, tanto sus funcionarias como funcionarios no tenían en muy alta estima la vida de las jardineras. Ese poco valor que se le daba a la vida y quehacer de las jardineras se traducía en grandes obstáculos para implementar esos mecanismos, leyes y políticas. Entre los desafíos más grandes se encontraban:

1. Desconocimiento de la teoría de los derechos humanos y no aplicación de sus tratados internacionales, especialmente la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la jardinera, CEDAW y la Recomendación General 19 que establecía que la violencia contra las jardineras era una forma de discriminación producto de las relaciones desiguales de poder entre jinetes y jardineras.
2. Reducción por parte de la población en general a clamar por el alto a la impunidad con respecto a los feminicidios, en vez de demandar el cumplimiento de todas las obligaciones estatales una vez cometida una violación a un derecho humano, incluidas las obligaciones de reparar el daño e impedir su repetición.
3. Falta de voluntad política para afrontar el feminicidio, la cual requeriría, entre otras, una reforma a fondo de la administración de justicia y de la policía.
4. Minimización del feminicidio por parte de las autoridades al no responder con seriedad y celeridad para investigar, procesar y sancionar a los responsables, así como reparar a las víctimas y sus familiares.
5. Ausencia de programas de sensibilización y capacitación sostenidos para todos los funcionarios/as de la administración de justicia y áreas afines.
6. Ausencia de sistemas de registro adecuados que proporcionasen datos precisos para el abordaje de la problemática.
7. Procesos judiciales demasiado centrados en el procesamiento penal de los agresores.
8. Investigaciones policiales y judiciales deficientes, incluyendo omisiones, errores y negligencia y, en algunos casos, hasta re-victimización de la víctima por su asesinato mostrando mayor interés en su vida privada que en el esclarecimiento de los hechos.
9. Poco y dificultoso acceso a la justicia delas y los familiares de las víctimas obstaculizándoles la reparación por su sufrimiento.
10. Ausencia de una comprensión holística de la seguridad pública que reduciría la vulnerabilidad de las jardineras al feminicidio.

Aunque nombrar el asesinato de jardineras por ser tales como femicidio ayudó a desarticular los argumentos que, además de insistir en la naturaleza privada de la violencia de género, tendían a culpabilizar a la víctima, el feminicidio se seguía dando en ese mundo porque los Estados no entendieron que para erradicarlo tenían que crear condiciones de igualdad entre jinetes y jardineras. Solo así podrían no solamente erradicar la impunidad por los feminicidios sino, más importante aún, erradicarlos por completo.

Pero el concepto de igualdad había probado ser uno de los más difíciles de implementar y hasta de entender. Su instrumentalización producía tales disparates como jardineras teniendo que probar ser tan fuertes, tan dinámicas o tan capaces de utilizar el poder sobre las y los otros como los hipermanes. Y como ese tipo de igualdad era imposible o no deseable para casi todas las jardineras, algunas propusieron que ya no se hablara de igualdad sino que mejor buscaran la armonía que habían gozado los dos sexos de ese mundo antes de que los hipermanes controlaran casi todo. Pero el problema era que eso no era ya posible, tanto porque en ese mundo todo lo asociado con la naturaleza, la reproducción, las emociones y los sentidos había sido despreciado por tantos milenios, como porque muy profundo en el corazón de cada jinete estaba la culpa por la injusticia que cometieron sus antepasados con las jardineras. Y muy profundo en el corazón de ellas estaba la vergüenza de haberlo permitido. Además, la ciencia y tecnología hipermánica había demostrado que ya no era posible clasificar a los seres de ese planeta en solo dos sexos, como se había hecho en el pasado cuando la diferenciación se había basado en la observación de los genitales. Ahora sabían que los cuerpos eran mucho más complejos y que la combinación de órganos genitales, cromosomas, gónadas, hormonas y aparato reproductor interno de las personas eran algo único en cada persona y, por tanto, las posibilidades eran casi infinitas. Pero si bien ya no se debía catalogar a las personas como pertenecientes a uno u otro sexo al nacer, lo cierto es que todas las sociedades de ese mundo aún lo hacían, y todo lo culturalmente construido había sido edificado sobre la suposición de la existencia de solo dos sexos: uno masculino y superior, y otro femenino e inferior.

Esta realidad, por más artificial o arbitraria que fuera, hacía que si bien la erradicación de los feminicidios no podía lograrse con una vuelta a un pasado menos violento y desigual donde solo se reconocían dos sexos complementarios, sí se podría lograr si se eliminaban las desigualdades entre todos los seres humanos; empezando por reconocer que los hipermanes no eran el modelo de ser humano y que su perspectiva no era la única posible, así como eliminando el valor peyorativo que en ese mundo se le daba a casi todo lo asociado con las jardineras, aunque estuviera en los cuerpos de los jinetes.

Por eso, unas jardineras que trabajaban con ese instrumento internacional de derechos humanos que hemos mencionado ya, y que se llama la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las jardineras o CEDAW, proponían que la única forma de acabar con los feminicidios y otras violencias contra ellas era logrando erradicar la desigualdad de poder entre ellos y ellas, y que la única forma posible de lograrlo en esos momentos era implementando el tipo de igualdad que proponía esa Convención. Esa igualdad no se basaba en eliminar las diferencias entre estos dos grupos ni entre las jardineras mismas, sino todo lo contrario, la igualdad que proponía la CEDAW se basaba en reconocer que todos los seres eran igualmente diferentes y todos tenían derecho a gozar de todos los derechos humanos. Además, la igualdad que planteaba esa Convención reconocía que dado que por tantos milenios se había discriminado a las jardineras, la igualdad no se podría lograr con solo declararla, sino que los Estados tendrían que tomar muy variadas medidas concretas para erradicar todas las formas de discriminación si querían lograr la igualdad, incluidas medidas especiales de carácter temporal que en ese mundo se llamaban acciones afirmativas. Más importante aún, en su artículo 5, la CEDAW contemplaba la necesidad de cambiar ese pensamiento dicotómico, jerárquico y sexualizado que impedía que en ese mundo se entendiera que las diferencias entre jardineras y jinetes, así como las desigualdades entre jinetes y entre jardineras, podían considerarse como diferencias mutuas y, por lo tanto, sin jerarquía. Y tampoco eran las diferencias un obstáculo para la igualdad concebida como un derecho, sino todo lo contrario, eran la razón de ser de la misma, porque si todos los seres fueran idénticos no habría necesidad de un derecho a la igualdad.

Sí, aunque ustedes no lo crean, ese instrumento reconocía que todos los prejuicios y estereotipos creados por el pensamiento dicotómico tenían que ser transformados. Así fue como muchas y muchos se dieron cuenta de que esa forma dicotómica de ver y entender el mundo no les permitía entender el concepto de igualdad entre seres diversos y, por ende, no podían ni siquiera visualizar las soluciones a tantos femicidios y violencias. Comprendieron que esta nueva manera de entender la igualdad conlleva la integración de las oposiciones. Así los jinetes serían entendidos como tan diferentes o semejantes a las jardineras como ellas eran diferentes o semejantes a los jinetes. Entendieron que esa igualdad requería conceptos y categorías nuevas. Ya no habría oposición entre masculino y femenino, superior e inferior, sino que tendrían jardineras y jinetes productivamente cuidadores y cuidadosamente productivos. No habría oposición entre seres independientes y seres dependientes, sino seres interdependientes sin importar si eran jinetes o jardineras o cualquier combinación de ambos. Así también se entendió que lo personal era político y lo político personal, y que no podía haber individuos sin comunidad, ni comunidad sin individuos.

Entendieron que solo manteniendo las diferencias tajantes entre lo sicológico y lo social, lo personal y lo político, el cuidar y el construir podrían los jinetes mantener su poder sobre las jardineras. En vez de ver los valores y las cualidades que hasta ese momento habían entendido como femeninas o masculinas, las vieron como distintos aspectos o niveles de un mismo fenómeno: la vida humana en toda su magnífica diversidad.

Y así fue como entendieron que para librarse de los femicidios y las violencias de género tenían primero que lograr la igualdad porque era la ausencia de esta su causa. Para lograrlo, las jardineras tuvieron que perdonar a los jinetes y hacer un gran esfuerzo por sanar su traición repetida durante milenios. Los jinetes tuvieron que recrearse, redefinirse y reafirmarse como seres no en oposición a las jardineras, sino como seres capaces de sentir emociones y cuidar a las y los suyos. Juntos/as las jardineras y los jinetes se abocaron a cuestionar la forma dicotómica de sentir, entender y explicar la realidad, y juntas/os descubrieron las cualidades y valores que requerían para construir esa sociedad igualitaria.

Llegó el día en que jardineras y jinetes se entendieron como seres sentipensantes, interdependientes y poderosamente vulnerables. Seres capaces de pensar amorosamente, vivir el ahora sin desconocer el pasado ni olvidar el futuro, sintiéndose únicas/os a pesar de ser parte del todo. Lo lograron entrando en contacto con su propio ser en vez de alimentando egos heridos. En ese viaje interior despertaron al miedo que aquella primera traición les había provocado y lo reconocieron con renovado respeto. Así pudieron ver cómo la culpa y la vergüenza que brotaba de esa herida les habían impedido construir una verdadera igualdad.

Decidieron sanar la herida dejando ir la culpa y la vergüenza. Fue así como redescubrieron que había más alegría en el perdón, más energía en el amor y más posibilidades de éxito en la ternura. Y éxito tuvieron. Desde que lograron la igualdad entre jardineras y jinetes, nunca más hubo femicidios ni violencias de ningún tipo contra cualquier jardinera por el hecho de serlo. Al contrario, jinetes y jardineras aprendieron a trabajar juntas/os usando sus distintos poderes, ya no sobre otras/os, sino para disfrutar el poder de crear y recrear la vida en su mundo.

Fuente: ApiaVirtual

sábado, 17 de mayo de 2014

Combate a la homofobia y la transfobia.


Por Natasha Pitts

Para APIAVIRTUAL

El 17 de mayo quedó marcado en la agenda internacional como el ‘Día de lucha contra la Homofobia y la Transfobia’. La fecha alude al 17 de mayo de 1992, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) quitó a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. Desde entonces, la efeméride viene siendo utilizada como marco para crear una conciencia global sobre los efectos nocivos de la homofobia y de la transfobia, además de llamar a la sociedad a deconstruir prejuicios y volverse más inclusiva.

La fecha es también una oportunidad para poner en evidencia las conquistas y los obstáculos que las personas LGBT todavía deben enfrentar, en especial los y las transexuales.

Dediane Souza, educadora social, travesti e integrante del Grupo de Resistencia Asa Branca (GRAB) y de la Asociación Brasilera de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis y Transexuales (ABGLT) destaca en una entrevista con Adital que, en el sector de la salud, el gran desafío es avanzar en el respeto a las identidades y educar para que no haya reproducción de la violencia.

“El Sistema Único de Salud (SUS) propone pautas importantes, como la equidad del sistema, pero todavía debemos avanzar en las políticas de salud y pensar en una cobertura integral. Lo que ocurre muchas veces es la falta de compromiso de los funcionarios. La coacción todavía ocurre y es muy fuerte, pero tenemos que pensar a nivel macro, en una política de respeto a las identidades. Un gran problema hoy en el SUS es la falta de respeto al nombre social adoptado por transexuales y travestis. Debemos pensar en un trabajo de equidad para que no se reproduzca la violencia”, señala.

El derecho a usar el nombre social está garantizado en el decreto 2.836, de 2011, del Ministerio de Salud, orientado a los derechos de acceso a la salud de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis y Transexuales. Por ello, el nombre social debe ir impreso en la tarjeta del SUS. Sin embargo, esta conquista también abre las puertas al prejuicio, porque el nombre de bautismo consta en la tarjeta y está impreso de manera más destacada.

Jorge Pinheiro, coordinador de Diversidad Sexual de la Municipalidad de Fortaleza (CE), señala que recibe varios casos de denuncias de travestis y transexuales que encontraron dificultades para registrar el nombre social en la tarjeta del SUS. El procedimiento debería ser simple: llevar RG, CPF y comprobante de residencia al puesto de salud más cercano para que se realice la impresión de la tarjeta de salud, pero también ese derecho choca con el prejuicio.

“A pesar de una legislación federal que exige la colocación del nombre social, todavía recibimos denuncias de falta de respeto y prejuicio en relación con la identidad de género. Por eso, estamos actuando en puestos de salud y hospitales para dialogar con los profesionales sobre las leyes y los derechos de las personas LGBT. También estamos sensibilizando sobre la atención a las mujeres lesbianas, a los fines de evitar abusos y violencias y pautando sobre el proceso transexualizador”, señala Pinheiro.

Otro desafío a enfrentar es la violencia que todavía se muestra rutinaria en la vida de travestis y transexuales que viven del servicio sexual. No es infrecuente encontrar noticias sobre travestis agredidas y asesinadas. Para enfrontar ésta y otras situaciones de violencia e intolerancia, la profesora Luma Nogueira, primera travesti con el título de doctora en Brasil, resalta la necesidad de educación y de no tratarnos todos como iguales, sino de respetar las diferencias.

“Necesitamos avanzar en la deconstrucción de esa sociedad machista, patriarcal, homofóbica, transfóbica y lesbofóbica, pero eso no ocurre de la noche a la mañana. Es preciso trabajar en un proceso de reeducación en las escuelas y universidades, para que se estimule a los niños y jóvenes a comprender las diferencias. No es respetar a todos como iguales, sino respetar a cada uno con sus diferencias”, reivindica Luma.

Señala Luma que los movimientos LGBT están en una constante lucha por el respeto a la diversidad, pero las leyes todavía son incipientes y no reconocen y no respetan las singularidades, provocando una negación de la ciudadanía.

“A pesar de eso, conseguimos mejoras que, de a poco, se reflejan en la práctica social. Recientemente, vivenciamos una ruptura, pues el líder religioso de la Iglesia Católica abrió un diálogo; también supimos que representantes religiosos apoyaron la última Parada Gay de San Pablo, pero todavía debemos sensibilizar a otras religiones. Hoy hay mayor inserción de la diversidad en espacios en que las personas LGBT pueden hablar sobre sí mismas y no que los otros hablen sobre nosotros; además, hay una apertura un poco mayor del mercado de trabajo. En mi caso, la presencia del diferente en los espacios de poder causa una ruptura y ayuda a abrir caminos”, destaca la profesora.

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

Fuente: ApiaVirtual

jueves, 19 de septiembre de 2013

Las armas y la muerte.


Marcelo Colussi

“Prefiero despertar en un mundo donde Estados Unidos sea proveedor del cien por ciento de las armas mundiales”

Lincoln Bloomfield, funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos.

I

Cuando nuestros ancestros descendieron de los árboles y comenzaron a caminar erguidos en dos patas hace dos millones y medio de años, por vez primera en la historia fabricaron un objeto, un elemento que trascendió la naturaleza. Ese inicio de la humanidad estuvo dado, nada más y nada menos, que por la obtención de una piedra afilada; en otros términos: un arma. ¿Es que la historia de nuestra especie está signada entonces por ese inicio? ¿Las armas están en el origen mismo del fenómeno humano?

Sí, sin ningún lugar a dudas. La violencia es humana, no es un “cuerpo extraño” en nuestra constitución. Ahora bien: ¿cómo fuimos pasando de la agresión necesaria para la sobrevivencia a la violencia humana, al desprecio del otro, a la industria de la muerte actual? La organización en torno al poder igualmente es humana; los animales, más allá de sus mecanismos instintivos de supervivencia, no ejercen poderíos. Nosotros sí. En esa dialéctica (¿quién dijo que un “blanco” vale más que un “negro”, o que una mujer es “menos” que un varón?…, pero esa dialéctica marca nuestras relaciones), el uso de algo que aumente la capacidad de ataque es vital. Lo fue en los albores, como necesidad para asegurar la lucha por la sobrevivencia (la piedra afilada, el garrote, la lanza), y lo sigue siendo hoy día. Ahora bien: las armas actuales en modo alguno están al servicio de la supervivencia biológica; las armas actuales, desde que conocemos que la historia dejó de ser la pura sobrevivencia en alguna caverna y en constante lucha con el medio ambiente natural, las armas de las sociedades de clases, entonces, están al servicio del ejercicio del poder dominante, desde la más rústica espada hasta la bomba de hidrógeno.

Sigmund Freud en su senectud, como reflexión más filosófica que como formulación de la práctica clínica, con la sabiduría que puede conferir toda una vida de aguda meditación, habló de una pulsión de muerte: retorno a lo inanimado. De allí que el psicoanálisis pueda hablar de un malestar intrínseco a toda formación cultural, a toda sociedad: ¿por qué hacemos la guerra? Se podrá decir que la organización social vertebrada en torno a las clases sociales lleva inexorablemente a ellas (y por tanto, a la producción de armas). Queda entonces en pie la pregunta: ¿pero por qué el ser humano construyó esas sociedades estratificadas y guerreristas y no, por el contrario, organizaciones horizontales basadas en la solidaridad? El socialismo es la propuesta que apunta a construir esas alternativas. ¿Lo lograremos alcanzar? ¿Será realizable lo que proponía el subcomandante Marcos en Chiapas: “tomamos las armas para construir un mundo donde ya no sean necesarios los ejércitos”, o la pulsión de muerte nos arrastrará antes a la autodestrucción como especie?

Salvo poquísimas, insignificantemente pocas armas fabricadas para el ámbito de la cacería, la parafernalia armamentística con que hoy contamos los seres humanos está destinada al mantenimiento de las diferencias de clases. Es decir: seres humanos matan a otros seres humanos para mantener su poder, y básicamente, para defender la propiedad privada, para saquear a otros en nombre de la apropiación privada. Y también para “resolver” conflictos de la cotidianeidad. Los desquiciados que alguna vez, armas en mano, matan a otros congéneres como suele suceder con bastante frecuencia en Estados Unidos, no es la pauta dominante. Las armas están para otra cosa: ¿se fabrica un tanque de guerra o una mina antipersonal para cazar lo que luego nos comeremos? Obviamente no.

Contrariamente al espejismo con que –por error o por mala intención– se presentan las armas como garantía de seguridad, es por demás evidente la función que en verdad cumplen en la dinámica social: son la prolongación artificial de nuestra violencia. ¿De qué estamos más seguros teniendo armas? Quienes nos matan, mutilan, aterrorizan, dejan secuelas psicológicas negativas e impiden desarrollos más armónicos de las sociedades son, justamente, las armas. O, dicho de otro modo, somos seres humanos que hacemos todo eso valiéndonos de esos instrumentos a los que llamamos armas, desde una pistola hasta un submarino con carga nuclear.

Pero las armas no tienen vida por sí mismas, claro está. En realidad, son ellas la expresión mortífera de las diferencias injustas que pueblan la vida humana, de la conflictividad que define nuestra condición. Son los seres humanos quienes las inventaron, perfeccionaron, y desde hace un tiempo con la lógica del mercado como eje de la vida social, quienes las conciben como una mercadería más (¡vaya mercadería!).

Y somos nosotros, los seres humanos organizados en sociedades clasistas hondamente marcadas por el afán de lucro económico individual que el capitalismo dominante en estos últimos siglos impuso, quienes transformamos el negocio de las armas (que es lo mismo que decir: el negocio de la muerte) en el ámbito más lucrativo del mundo moderno, más que el petróleo, el acero o las comunicaciones.

II

Cuando hoy decimos “armas” nos referimos al extendido universo de las armas de fuego (aquellas que utilizan la explosión de la pólvora para provocar el disparo de un proyectil), el cual comprende un variedad enorme que va desde lo que se conoce como armas pequeñas (revólveres y pistolas –las más comunes–, rifles, carabinas, sub-ametralladoras, fusiles de asalto, ametralladoras livianas, escopetas), armas livianas (ametralladoras pesadas, granadas de mano, lanza granadas, misiles antiaéreos portátiles, misiles antitanque portátiles, cañones sin retroceso portátiles, bazookas, morteros de menos de 100 mm.), a armas pesadas (cañones en una enorme diversidad con sus respectivos proyectiles, bombas, explosivos varios, dardos aéreos, proyectiles de uranio empobrecido), y los medios diseñados para su transporte y operativización (aviones, barcos, submarinos, tanques de guerra, misiles), a lo que hay que agregar minas antipersonales, minas antitanques, todo lo cual constituye el llamado armamento convencional. A ello se suman las armas de destrucción masiva, con poder letal cada vez mayor: armas químicas (agentes neurotóxicos, agentes irritantes, agentes asfixiantes, agentes sanguíneos, toxinas, gases lacrimógenos, productos psicoquímicos), armas biológicas (cargadas de peste, fiebre aftosa, ántrax), armas nucleares (con capacidad de borrar toda especie de vida en el planeta).

Siendo amplios en la definición, si hoy día los teóricos de la guerra pueden hablar de una “guerra de cuarta generación” sin derramamiento de sangre, pero conflicto que da resultados aún más promisorios para el ganador que todas aquellas armas que provocan muerte y destrucción, habría que hacer entrar allí la enorme batería de instrumentos que permiten esta guerra “en las mentes”, guerra mediática y psicológica. ¿Son también los medios de comunicación, en toda su amplísima gama, parte de ese arsenal? En algún sentido, sí: computadoras, internet, televisores y teléfonos inteligentes son “armas” que sirven no para matar, pero sí para neutralizar al enemigo. El tema es complejo, y al menos dejémoslo planteado como interrogante. ¿Cómo hemos llegado a una guerra “sin efusión de sangre” pero más victoriosa que cualquier invasión militar?

Toda esta cohorte de máquinas de la muerte en modo alguno favorece la seguridad; por el contrario, son un riesgo para la humanidad. El mito de la pistola personal para evitar asaltos y para conferir sensación de seguridad es solamente eso: mito. En manos de la población civil, muy rara vez sirve para evitar ataques; en general, sólo ocasionan accidentes hogareños. Y en manos de los cuerpos estatales que detentan el monopolio de la violencia armada, los arsenales crecientes –cada vez más amplios y más mortíferos– no garantizan un mundo más seguro sino que, por el contrario, hacen ver como posible la extinción de la humanidad (de liberarse todo el potencial bélico atómico con que cuentan las fuerzas armadas de la actualidad, la onda expansiva llegaría hasta la órbita de Plutón haciendo fragmentar completamente el planeta Tierra, y pese a ese extraordinario poder de disuasión, no estamos más seguros, sino justamente todo lo contrario). ¿Por qué los misiles nucleares estadounidenses serían “buenos” (¿pacíficos?) y los de Corea del Norte o los de Irán no?

No obstante la cantidad de vidas cegadas y el dolor inmenso que producen estos ingenios infernales que la especie humana ha inventado, la tendencia va hacia el aumento continuo de su producción y hacia el perfeccionamiento en su capacidad destructiva. Así entendidas las cosas, no puede menos que decirse que el negocio de la muerte crece. Crece, y mucho, porque es rentable. ¿Se entiende el sentido de la tesis freudiana entonces?

III

El negocio de las armas no se parece a ningún otro. Debido a su relación con la seguridad nacional y la política exterior de cada país, funciona en un ambiente de alto secretismo y su control no está regulado por la Organización Mundial del Comercio, sino por los diferentes gobiernos. En general –y esto es lo preocupante– los gobiernos no siempre están dispuestos o son capaces de controlar las ventas de armas de forma responsable. Asimismo, lo más frecuente es que las legislaciones nacionales en la materia, si la hay, sean inadecuadas y estén plagada de vacíos legales. Además, los mecanismos existentes no son obligatorios y apenas se aplican. ¿Quién de quienes ahora puedan estar leyendo este texto conoce en detalle cuántas y cuáles armas dispone el gobierno del país en que vive? ¿Alguna vez fue informado de ello? Muchos menos aún: ¿alguna vez se le consultó algo al respecto?

El negocio de las armas no es transparente. Por no ser de conocimiento público se maneja con extrema cautela sin estar sujeto casi a ninguna fiscalización. Por eso, las diversas iniciativas internacionales de la post Guerra Fría para fiscalizar este tipo de transacciones han resultado inútiles. Los intereses económicos, políticos y de seguridad hacen de este rubro un sector misterioso y peligroso, intocable en definitiva.

Desde el año 1998 los gastos en armas han comenzado una tendencia alcista después de haber llegado a su nivel más bajo en la era de la post Guerra Fría. En el 2000 éstos fueron de alrededor de 798.000 millones de dólares (25.000 dólares por segundo); a partir de allí comenzaron a trepar aceleradamente, y la fiebre antiterrorista desatada después del 11 de septiembre del 2001 los ha catapultado en forma espectacular, sobrepasando ampliamente el billón de dólares anual. Por lejos, hoy en día constituyen el rubro comercial más infinitamente rentable entre todos, el que más volúmenes de dinero mueve y el que más rápido crece en términos de investigación científico-técnica.

En el campo de las armas todo es negocio, tanto fabricar un submarino nuclear como una pistola. Incluso las llamadas armas pequeñas, con un poder de fuego más bajo que otras de las tantas armas que llegan al mercado, son un filón especialmente rentable. Más de 70 países en el mundo fabrican armas pequeñas y sus municiones, y nunca faltan compradores, tanto gobiernos como personas individuales (fundamentalmente varones). Las ventas directas de armas pequeñas (pistolas, revólveres y fusiles de asalto) a otros gobiernos o entidades privadas corresponden al 12 % de las ventas totales de armas en todo el planeta. El resto está provisto –¿astucias de la razón o burlas de la historia? diría Hegel– por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aquellos que se encargan (¿se encargan?) de la paz y seguridad del mundo: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China. Estados Unidos es en la actualidad el principal productor y vendedor mundial de armamentos, de todo tipo, con un 50 % del volumen general de ventas (aunque el sueño de más de algún funcionario de Washington, como lo dice nuestro epígrafe, sea aumentar ese porcentaje).

Ante todo esto: ¿qué hacer? ¿Comprarnos una pistola para defendernos? Apelar a campañas de desarme y de no uso de armas, al menos las pequeñas (pistolas y revólveres), es loable. Pero vemos que eso no alcanza para detener el crecimiento de un negocio poderosísimo. Apelar a la buena conciencia y al fomento de la no violencia es una buena intención, pero difícilmente logre su cometido de terminar con las armas ¿Con eso detendremos a multinacionales de poder casi ilimitado como Lockheed Martin, Raytheon, IBM, General Motors?, ¿o a gobiernos que basan sus estrategias de desarrollo nacional en la comercialización de armas? Cada nueva guerra que comienza (y continuamente está comenzando una) responde a frías estrategias mercadológicas pensadas en desapasionados términos comerciales. ¿Pulsión de muerte o no?

IV

La lucha contra la proliferación de las armas es eminentemente política: se trata de cambiar relaciones de poder. No es posible que los mercaderes de la muerte manejen el destino humano. No es posible…., pero sucede. Eso es lo que marca la dinámica internacional. Ahora bien: dado que es así, confiando en que otro mundo sí es posible, que las utopías son posibles, debemos plantearnos alternativas. Naturalmente el ser humano, desprovisto de alas, no vuela. Pero gracias a nuestro inconmensurable deseo de lograrlo ¡ya llegamos al planeta Marte! Y eso no se detiene. Cada vez, sin alas propias, volamos más lejos. Plantearse las utopías es lo que nos hace caminar (o volar…, para el caso). Como decía alguna pintada memorable del Mayo francés de 1968: “Seamos realistas. Pidamos lo imposible”.

Hoy día la producción de armas no es un negocio marginal, ligado a circuitos delincuenciales que se mueven en las sombras: es el principal sector económico de la humanidad. Y como consecuencia, esto significa que cada minuto mueren dos personas en el mundo por el uso de algún tipo de arma (casi 3.000 al día, mientras que el siempre mal definido e impreciso “terrorismo” internacional, si hablamos en términos estadísticos, produce 11 decesos diarios). Desmontar esta tendencia humana del uso de armas se ve como tarea titánica, casi imposible: es terminar con la violencia, es terminar con las injusticias. Y ahí la reflexión freudiana cobra sentido, en cuanto nos permite ver la magnitud monumental de la temática en juego. ¿Se trata de luchar contra nuestra naturaleza? ¿Cómo ir contra esta energía primaria, original?

Que la muerte sea un destino ineluctable, de raigambre natural incluso, es una elucubración. Quizá sí (es una hipótesis teórica, y como tal puede servir para explicar el mundo. O tal vez no, y haya que desecharla); quizá sí, decíamos, y la destrucción completa del planeta nos espera a la vuelta de la esquina por la catástrofe termonuclear que podría producirse. Se supone que somos “muy” racionales, aunque no se sabe qué “loco” puede dar la orden de lanzar el primer ataque nuclear. ¿No podrá haber errores? Los actos fallidos (apretar un botón por error, por ejemplo) son lo más normal de nuestra especie. Pero pese a que la magnitud de la tarea propuesta pueda ser titánica, es absolutamente vital seguir planteándosela como requisito para la permanencia de la especie, y para una permanencia más digna. Quizá sea imposible terminar con la violencia como condición humana, aunque eduquemos para la convivencia tolerante. Los países más “educados” son los que más hacen la guerra, y con las armas más letales. Pero es imprescindible seguir luchando contra las injusticias y apuntando a una convivencia solidaria. Lo contrario es avalar el darwinismo social y la supervivencia del más fuerte.

Plantear que “otro mundo es posible” no significa que se terminará la conflictividad, que viviremos en un paraíso bucólico libre de contradicciones y que el amor sin límites se derramará generoso sobre todos los habitantes del planeta (¿alguien se creerá eso todavía?). Pero sí alerta sobre que es necesario apuntar a una sociedad que se avergüence, y por tanto reaccione, ante el negocio de la muerte. La causa de la justicia no puede aceptar la muerte como business. ¿O sí? ¿Triunfará finalmente la pulsión de muerte entonces? Apostemos firmemente porque sí es posible cambiar el curso de la historia. Si pudimos llegar al planeta Marte y liberar la energía del átomo, o domesticarnos y dejar de ser animales, ¿no será posible plantearnos no seguir matándonos?

Fuente: ApiaVirtual

domingo, 1 de septiembre de 2013

Celebrar… ¿Qué celebramos?


Mumía Abú-Jamal

Pronto, las pantallas de televisión, las páginas de los periódicos y las estaciones de radio van a repetir, publicar otra vez y retransmitir viejas películas y fotos en blanco y negro y cintas grabadas de un discurso del Doctor Martin Luther King –su discuso, “Yo Tengo un Sueño” — en una hipócrita celebración de los 50 años de ese decisivo día de 1963, en Washington, DC. 

Estas ocaciones siempre me mortifican, porque es en días como éstos, cuando se hace tan claro como el cristal como se han vuelto tan mal las cosas para muchísimos.

Nosotros celebramos un discurso, pero no celebramos al hombre.

Celebramos un evento, mientras ignoramos y pretendemos desaparecer nuestro horrendo presente, un presente de desigualdades tan inmensas que aturde la imaginación.

El sistema de prisiones es una vergüenza de proporciones mundiales –Y no tenemos que ni siquiera mencionar nuestras prisiones secretas –tenebrosos lugares de tortura y muerte — nuestros sistemas estatales y federales de prisiones, y la impresionante colección de unidades de prisiones solitarias son lo suficientemente graves.

El sistema de educación se está desmoronando más rápidamente que los icebergs en un verano en la Antártica. Maestros son mal informados, se les falta el respeto y son botados de las escuelas para hacer campo a las“escuelas privadas” (léase: corporaciones) y al negocio privado. El sistema de educación no es otra cosa que un lugar de entrenamiento para las prisiones; y lugar donde los niños van a destruir su inteligencia.

¿Y las viviendas? Los ladrones de las corporaciones, los maleantes de los bancos nacionales y los financistas de Wall Street roban más riquezas con sus manipulaciones ilegales de las hipotecas que ningún otro negocio criminal en la historia. De acuerdo a Laura Gottesdiener, autora del nuevo libro, Un Sueño Robado, (A Dream Foreclosed*), más de 10 millones de personas - 10 millones! - han sido botadas de sus hogares debido a la crisis de las hipotecas de los últimos años.

En términos económicos, ésto significa que algo así como $19.2 trillones – trillones – fueron desaparecidos, según el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Los Negros estadounidenses han perdido más fortunas en la última década que en ninguna otra era desde la Reconstrucción. Del mismo modo, latinoamericanos que eran dueños de sus casas han sufrido desproporcionadamente por la crisis de las hipotecas.

Martin King habló sobre justicia económica, no meramente sobre sueños. Su mensaje económico ha sido ahogado en un drama de sueños.

Los políticos Negros, muchos de los cuales son bién pagados para comprar su silencio sobre el plan (o fraude?) del robo masivo de las viviendas, se hacen los que no ven la carnicería que está azotando a los Negros en los Estados Unidos.

Sin embargo, habrán celebraciones. Habrán rostros sonrientes. Habrán campanas y pitos, pompa y elogios.

Pero Martin Luther King se habrá convertido en el títere mudo de las mismas fuerzas políticas que se le oponían cuando podía respirar.

King fue enemigo acérrimo del materialismo, del militarismo, de las guerrras imperiales globales y del racismo.

Esas fuerzas están causando estragos en su pueblo y en los pobres de la nación.

Éso porque hemos pasado 50 años yendo por el camino equivocado.

–© ’13 maj

*Fuente: Laura Gottesdiener: Un Sueño Robado: Negros Norteamericanos y la Lucha por un Lugar al que Llamar Hogar. (Black America and the Fight for a Place to Call Home,

Brooklyn: Zucotti Park Press, 2013. 1811 pages.)

Fuente: ApiaVirtual

lunes, 5 de agosto de 2013

La urgente relación entre ecología y política.


Rómulo Pardo Silva

Un error común es considerar que se puede orientar la marcha de la civilización con gobiernos sordos a las ciencias o conocimientos desvinculados de la política.

La ciencia debe dar los datos de la realidad pasada, presente… y futura del planeta. La política a partir de esos conocimientos crear un proyecto general, convencer, organizar y ejecutar. 

Un elemento a tener presente por los actores de ambos sectores es la situación ideológica y de poder imperante en cada momento de la sociedad junto a la necesidad paralela de modificarlas.
Ni eludir la fuerza de la realidad, ni someterse a ella.

Es un tema central porque no es suficiente saber y estar en la razón sin fuerza social organizada para llevar a la práctica lo necesario. Y no basta con gobernar apartando datos objetivos opuestos a las demandas corrientes del presente.
El hoy y el mañana son dos formas de presente y dependen de la ecuación entre los hechos visibles y previsibles.

Este problema tensa la relación de los ecologistas y el gobierno de Ecuador. En palabras de Rafael Correa:
“Esas posiciones extremas, no a la minería, no al petróleo… sacan 3% de votos… para tratar de desestabilizar al gobierno los medios de comunicación dan amplia cabida a estos grupos extremos que no representan a nadie, y usted sabe cuánto le interesan a los medios capitalistas y mercantilistas los indígenas.
La única oportunidad que tiene América Latina para desarrollarse soberanamente sin tener que someterse a la explotación a la que se sometieron ciertos países del sudeste asiático, explotación laboral, de sus recursos, etcétera, es gracias a sus recursos naturales no renovables y la ingenuidad y responsabilidad de cierta izquierda pretende que abandonemos esa oportunidad. Es un suicidio”. [Entrevista de Telesur].

Es cierto lo que advierten para hoy o a futuro los ecologistas y también lo es el poco interés mayoritario por asumir medidas que significan cambiar de estilo de consumo real o deseado en que se basan los políticos.
Lo importante es reconocer que muchos ambientalistas proponen medidas a contracorriente y que los políticos casi nunca miran y actúan según el mundo que viene, en crisis de recursos, clima, y su resultado de preparación de guerras.

La solución es forzar sin descanso el debate de ambos lados, difundir información, presentar propuestas. Aceptar que la fuerza para decidir depende de tener una mayoría democrática que se debe ir formando.

El hecho es que habrá que llevar una vida de consumo racional para ser sustentable y que su concreción global depende de la planificación de los gobiernos.

Hay que presionar, no combatir, para impulsar un proceso porque es una invitación desde los menos a los más que tardará tiempo en ser aceptada. El diálogo principal es con la sociedad no con los gobernantes.

Es factible para la humanidad explotar los recursos no renovables como dice Correa como también establecer el orden del buen vivir. La diferencia está en qué adhesión tienen ambas civilizaciones en la actualidad.

Ir en defensa de la naturaleza amenazada es vital. Tratar de imponerla no es viable. Intentar negar la crisis sistémica es avanzar a un abismo.

Es tiempo de ir a la base y explicar dentro de la realidad desfavorable actual.

Como dice Correa, ¿alguien imagina a los venezolanos votando por la no explotación del petróleo?
Como sabe la ciencia, ¿alguien piensa que los recursos de la Tierra son infinitos?

Fuente: ApiaVirtual

viernes, 2 de agosto de 2013

México: Escuela de tiempo completo ¿Plazas de tiempo completo?


Luis Hernández Montalvo

En el anterior sexenio se impuso el concepto de “Escuela de tiempo completo”. En el año 2006, se creó el Programa de Escuelas de Tiempo Completo –PETC; – entonces se dijo-: El objetivo general de este programa es: Contribuir a mejorar las oportunidades de aprendizaje de los alumnos de las escuelas públicas de educación básica mediante la ampliación del horario escolar. /Acuerdo 556 Programa de Escuelas de Tiempo Completo.

Aunque el horario de trabajo formal en las escuelas primarias es de cinco horas; la SEP deja la jornada laboral en cuatro horas y media porque le descuenta la media hora de recreo diario; la autoridad considera que este horario se reducía a 2.8 horas diarias y que el resto del tiempo es utilizado en actividades como concursos, ensayos, atender las campañas diversas, la atención de la cooperativa escolar, tiempo no considerado en el aprendizaje de contenidos.

Así, un día aparecieron los decretos de los jefes políticos para la creación de la Escuela de Tiempo Completo y las Escuelas de Jornada Ampliada. En la modalidad de las Escuelas de Jornada Ampliada, se incrementan dos horas diarias -en el caso de las escuelas primarias- lo que según cálculos de los funcionarios, se incrementa el tiempo de aprendizaje a diez horas semanales y a 400 horas durante el ciclo escolar.

Para las Escuelas de Tiempo Completo, se incrementan de cuatro y media horas al día –que incluye además de 30 minutos de recreo-, a ocho horas de trabajo escolar con los alumnos de educación básica, incluyen los tiempos de comida y recreo que la administración no está catalogado este tiempo como “trabajo docente”; por lo tanto, los cálculos para el pago de los maestros es a partir de las siete horas que se supone el maestro “enseña contenidos”. Tampoco se contempla el incremento de cinco horas a la semana de planeación de las actividades de la jornada del día posterior.

Si ponemos atención; la publicación del calendario de 200 días de clase –en el que ya tampoco aparece la firma de los líderes del SNTE-, ya es insuficiente para contemplar la complejidad del Sistema Educativo; porque durante este tiempo, tenemos ya seis mil Escuelas de Tiempo Completo más ocho mil que se habrán de incorporar al concluir el presente ciclo escolar y 40 mil más al término del sexenio, lo que nos dará en números globales de más de cincuenta mil Escuelas de Tiempo Completo, sin contar las Escuelas de Jornada Ampliada; las Escuelas de Doble Turno -que no de tiempo completo-, las miles de Escuelas Unitarias, las Escuelas Multigrado y otras modalidades que se suman a esta realidad compleja de la inequidad educativa en México.

No solo nos encontramos con una visión burocrática de los tiempos escolares, de lo que se considera y lo que no se considera trabajo docente; también estamos ante una propuesta de Escuelas de Tiempo Completo muy “chata”, que nace al margen de la discusión de los maestros y de las comunidades escolares.

No hay una nueva concepción o una idea clara de lo que sería una Escuela de Tiempo Completo por ahora, solo se ha incrementado las horas de trabajo y se han introducido materias y actividades con tiempos escasos y sin una real modificación de los ambientes escolares y tampoco existe una propuesta laboral acorde con el nuevo modelo de escuela y de trabajo docente en términos de relaciones laborales y salariales. Habrá que ver comparativamente con experiencias exitosas sobre lo que pareciera ser modelos de movimientos pedagógicos emergentes en Europa; pero también, lo que ocurre en otras partes del mundo y principalmente, lo que vienen experimentando los países asociados en la OCDE.

Tanto los Programas de las Escuelas de Jornada Ampliada como el de Escuelas de Tiempo Completo, se suman a una serie de disparates de los planes de la burocracia de recambio y de ocasión. En 1973; el Movimiento Revolucionario del Magisterio, en su Primera Conferencia de Educación planteó la necesidad de un ciclo básico que denominó “unificado” –primaria y secundaria- con una visión para elevar la escolaridad en el país y para elevar el carácter científico de los contenidos. Entonces, se hacía la siguiente reflexión: Recordemos que México ha transitado de una escuela primaria subdividida: 4 años –primaria elemental- más dos de primaria superior, a una primaria de 6 años.

En un intercambio de ideas con profesores del municipio de Cosamaloapan, Veracruz, en fecha reciente, les decía que es a partir de las reformas a la educación básica como podemos y debemos incorporarnos a la discusión de los problemas de la educación en su conjunto. Efectivamente, es a partir del análisis de las reformas a los artículos 3º y 73º y el contenido de las Leyes reglamentarias: Ley General de Educación; Ley General del Servicio Profesional Docente y Ley de Creación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación para debatir sobre temas diversos que se desprenden de estas reformas, sino también, para empatar el debate por “la calidad de la educación” para introducir el tema de la formación de maestros, que no puede concebirse disociada del modelo escolar que se implanta de manera inconsulta.

Y terminaba diciendo a los compañeros de Veracruz que el debate sobre la escuela básica y las reformas, puede convertirse en el eje de la discusión y la crítica a todo el sistema educativo.

Dicen los “académicos del Congreso de la Unión”; entre los que se encuentran el ex rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, que la discusión de los asuntos de la educación, no le corresponden a los sindicatos, que éstos se deben ajustar a defender los asuntos laborales pero nada más. Tal vez el señor tiene la idea de hacer de los sindicatos con fuerte cultura corporativa a uno de “sindicalismo blanco” como el que “representa” a los trabajadores de la BUAP.

Pero, si el sindicato es concebido como la voluntad colectiva de los educadores, entonces, muy a su pesar, los políticos y los hombres de poder, tendrán que sentarse a discutir lo que es materia de trabajo y no concesión política como ha ocurrido hasta ahora. Pero aún en los términos marginales del sindicalismo, un aspecto que nadie ha tocado hasta ahora, es el de las nuevas demandas que nacen a partir de realidades distintas y complejas como las Escuelas de Tiempo Completo y las de Jornada Ampliada, que requieren de una discusión para implementar la Plaza de Tiempo Completo con medio tiempo frente a grupo y medio tiempo para la planeación y capacitación para enfrentar en mejores condiciones los objetivos de los planes de estudio. Ahora lo que existe, es la ampliación de una doble plaza en calidad de contrato y compensaciones que se calculan mediante complicadas operaciones matemáticas que no incluyen los tiempos para la asistencia a cursos de capacitación, elaboración de informes, planeación diaria, reuniones permanentes. En fin, que tema para debatir hay más que suficiente. (30-JULIO-2013).

Fuente: Apia Virtual