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miércoles, 26 de diciembre de 2018

¿Son conceptos antinómicos Escuela y Sociedad?



Germán Gorráiz López, analista

Análisis de los elementos racionales que intervienen en el proceso educacional y su evidente falta de interconexión, plasmada en las endémicas tasas de fracaso escolar.
El insuficiente apoyo institucional y ausencia de la necesaria flexibilidad laboral en las empresas para lograr la conciliación de la vida laboral y familiar ha favorecido la proliferación de guarderías infantiles públicas y privadas en las que el niño deberá pasar años decisivos para la formación de su personalidad y afectividad, lo que coadyuvará al desarraigo afectivo de los niños y tendrá implicaciones negativas en su posterior desarrollo psicológico agravado por la falta de tiempo de los progenitores para supervisar su proceso madurativo.

A ello se añadiría la inadecuada adquisición de hábitos básicos para la maduración personal del niño o incluso ausencia total de ellos en los casos más extremos: Citaremos la necesidad de unos horarios reglados; adecuada alimentación; motivación a la lectura; valoración del esfuerzo personal como vehículo de satisfacción y superación individual así como el fomento del ahorro ante el futuro mediato.

Todo ello conlleva la aparición de niños superconsentidos e hiperprotegidos con fácil tendencia a la frustración ante el menor revés o dificultad, aunado con los problemas de concentración e interiorización de los contenidos escolares como consecuencia del uso abusivo de todo tipo de medios audiovisuales en su entorno familiar. En consecuencia, los menores viven en mundos virtuales y sólo se motivan por estímulos audiovisuales, quedando así reducidos los soportes tradicionales de transmisión del saber (comprensión lectora, producción escrita y razonamiento lógico-matemático) a la mera condición de rutina tediosa y monopolio exclusivo de la escuela anquilosada que deberá actualizar sus recursos didácticos para convertirse en un aula virtual.

¿Son conceptos antinómicos Escuela y Sociedad?

Asimismo, hay que adjuntar el adelanto e intensificación de los rasgos típicos de la adolescencia ( pasotismo y rebeldía) fruto de la imagen transmitida por la publicidad y los medios de comunicación que intentan acelerar la llegada de nuevos consumidores y la silenciosa revolución conocida como “Golpe de mano incruento” por parte de los adolescentes, convirtiéndose en muchos de los casos en vulgares déspotas y basando su actuación en la ley del mínimo esfuerzo y máximo provecho refrendado con la obtención de todo tipo de caprichos materiales.

Así, es evidente la asintonía entre los idearios de la escuela y el resto de la sociedad, apareciendo la escuela como apéndice molesto de la sociedad al intentar transmitir valores en desuso, como la necesidad del diálogo y comunicación interpersonal para resolver conflictos y la valoración del esfuerzo personal para lograr metas concretas, utopías que se hacen añicos al contacto con la cruda realidad de la vida diaria. A ello sumaremos la agudización del fenómeno de la inmigración, que conlleva la necesidad de ingentes medios materiales y humanos y el consiguiente aumento de las partidas presupuestarias que no siempre se materializan lo que ha provocado que la enseñanza pública se ha convertido en la mayoría de los casos en guetos de inmigrantes y los centros concertados y privados han quedado como refugio de la excelencia educativa y las clases económicamente solventes, lo cual acelerará la previsible fractura social en un futuro próximo.

Todo ello tendría su reflejo en las raquíticas tasas de población escolar (19%) que alcanzan el nivel de Secundaria Pos-obligatoria (Bachillerato y FP de Grado medio) como consecuencia de la aplicación de sucesivas reformas educativas (LOGSE, LOCE, LOE ) que basándose en la falacia de la promoción automática o semiautomática, falta de valoración del esfuerzo personal y pérdida vergonzante de la autoridad del profesor han conseguido tasas de fracaso escolar muy superiores a la media europea (10%), jóvenes que no conseguirán la titulación mínima exigida para la incorporación al mundo laboral y que les llevará a convertirse en mano de obra no cualificada y fácilmente explotable al estar lastrada España por una tasa de paro juvenil cercana al 40%, quedando Euskadi y Navarra (tasas de abandono del 7% y 11% respectivamente) como islas en un océano de naufragios.

Revitalización de la FP

La Formación Profesional siempre ha sido la gran Cenicienta de nuestro obsoleto sistema educativo con una tasa de alumnos inscritos del 34%, muy lejos de la media europea del 48%, por lo que resulta imperioso un Redescubrimiento de la Formación Profesional por parte de la Sociedad y Autoridades Educativas y para lograrlo, deberá contar con las necesarias inversiones en equipamiento y material humano y estar interconexionada con empresas punteras en I+D, para así conseguir profesionales que puedan afrontar los retos de la vertiginosa revolución tecnológica de la sociedad virtual y global en que vivimos.

Asimismo, es vital evitar la proliferación irracional de Universidades públicas y privadas con escasa o nula vinculación con grupos empresariales innovadores que estarían ya sufriendo un descenso acusado de la tasa de población universitaria y que quedarán en la mayoría de los casos reducidas a meras expendedoras de títulos que conducirán al futuro licenciado a contratos seiscieneuristas e interinidad vitalicia, excepción hecha del funcionariado público y las élites universitarias. Por todo ello, es evidente la necesidad urgente de un Pacto educativo a tres bandas: (Asociaciones de Padres, Profesorado y Autoridades Educativas) para consensuar los valores que se deben transmitir y los mínimos educativos que se deben lograr así como establecer el calendario de aplicación de dicho pacto y la cuantificación económica del incremento de la inversión educativa, intentando que en breve plazo de tiempo se logre salir del furgón de cola educativo de Europa.

lunes, 2 de octubre de 2017

Religión fuera de la escuela.


POR: ENRIQUE DÍEZ · 

Necesitamos una escuela laica que eduque sin dogmas, en valores humanistas y universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad y en los valores éticos, no sexistas y democráticos.

Vaya por delante que, como católico practicante y cristiano convencido, defiendo una educación pública, inclusiva y laica, porque considero que la laicidad de las instituciones públicas es la mejor garantía para una convivencia plural en la que todas las personas sean acogidas en igualdad de condiciones, sin privilegios ni discriminaciones. Tanto las católicas como las musulmanas, las ateas, las agnósticas o las protestantes, etc.

La actitud laica tiene dos componentes: libertad de conciencia y neutralidad del Estado en materia religiosa. Cada persona es libre de ser o no religiosa y de abrazar la religión que quiera, mientras que el Estado debe abstenerse y mantenerse al margen de estas creencias y prácticas personales. En este sentido, el laicismo busca separar esferas (el saber de la fe, la política de la religión, el estado de las iglesias), para garantizar la libertad de conciencia y posibilitar la convivencia entre quienes no tienen los mismos credos.

Todas las religiones, incluida la católica, deben ocupar el lugar que les corresponde en democracia: la sociedad civil, no la escuela; que debe quedar libre de cualquier proselitismo religioso. El espacio adecuado para cultivar la fe en una sociedad en la que hay libertad religiosa son los lugares de culto: parroquias, mezquitas, sinagogas u otros.

Pero esta separación iglesia-estado no se resolvió adecuadamente durante la Transición. El paso de la escuela nacional-católica de la dictadura franquista a una escuela laica o aconfesional, como la que propicia la Constitución, se impidió manteniendo unos Acuerdos con el Vaticano, heredados de las postrimerías de esa dictadura franquista, que “obligan” a que se oferte la asignatura de religión en todos los colegios y facultades de formación del profesorado de todo el Estado. El PSOE perdió una oportunidad de oro para derogarlos cuando era posible y deseado por la mayor parte de la sociedad.

No obstante, actualmente, en un Estado aconfesional como el que hemos acordado en la Constitución española, con libertad de culto, se debería impulsar y fortalecer una escuela laica, como instrumento plural, defensor de los derechos humanos y libertades, inclusiva, no sexista.

Por eso, la Escuela Pública ha de ser laica para ser de todos y todas, para que en ella todas las personas nos reconozcamos, al margen de cuáles sean nuestras creencias. Creencias personales que son un asunto privado. Por eso, la religión no debe formar parte del currículo. No por motivos antirreligiosos, sino desde un planteamiento pedagógico y social beneficioso para el desarrollo de la racionalidad del menor de edad, de su independencia y autonomía personal, para la que debe ser educado libremente.

La finalidad de la escuela no puede ser inculcar dogmas, muchos de los cuales además entran en contradicción con la razón, la ciencia y los derechos humanos, como la subordinación de la mujer o el origen mágico de la vida y el universo. Ni la escuela es lugar de exclusión y discriminación en el que niños y niñas sean separados en función de las creencias o convicciones de sus familiares, lo cual es una afrenta a la libertad de conciencia y una grave vulneración de los Derechos de la Infancia, como recoge la Declaración de los Derechos del Niño y de la Niña de 1959 y la Convención de 1989, que rechazan el adoctrinamiento y el proselitismo religioso. Separar al alumnado que comparte toda la jornada escolar, a la hora de las clases de religión, dificulta su convivencia y entendimiento, que es de donde nace el afecto y la solidaridad.

Pero es más grave aún si analizamos la normativa que establece el currículum de la enseñanza de la religión católica en la educación primaria y secundaria actualmente. Ésta convierte la clase de religión en catequesis, pese a que explícitamente afirme que huye de “la finalidad catequética o del adoctrinamiento”. La jerarquía católica, que es quien decide los contenidos de la materia de religión, no acepta la realidad de los nuevos modelos familiares y se empecina en su retrógrada concepción de la sexualidad humana, negando la diversidad sexual reconocida ya por la legislación, el derecho al propio cuerpo, a la libertad sexual y a la anticoncepción. La concepción y la práctica del catolicismo, en donde la mujer es subordinada, que mantiene y justifica un modelo sociedad patriarcal, no es compatible con la educación en igualdad que es un principio pedagógico básico. Hasta el teólogo Juan José Tamayo afirma que “los contenidos son en su totalidad catequéticos con tendencia al fundamentalismo; el pensamiento que se transmite es androcéntrico; el lenguaje, patriarcal; la concepción del cristianismo, mítica; el planteamiento de la fe, dogmático; la exposición, anacrónica”.

La religión católica actualmente tiene una carga horaria superior a la de contenidos tan importantes como la educación física o la educación artística. Es más, las clases de religión restan muchísimas horas lectivas a las demás asignaturas, que sí son importantes y acordadas por toda la comunidad educativa y social. Pero es que la religión católica ya se imparte en la mayor parte de las materias que se estudian a lo largo de la escolaridad. Para analizar el estilo arquitectónico de un templo, para explicar el Camino de Santiago o un cuadro de Velázquez o una partitura de Bach, para adentrarse en la literatura del siglo de oro o el origen de la lengua castellana y, sobre todo, para comprender la mayor parte de la historia de este país, se acude y se explica en clase la religión católica. Es incomprensible, por tanto, este empeño de la jerarquía católica, en exigir, además de los púlpitos los domingos en misa, una asignatura específica en todas las escuelas dedicada a catequesis.

Sumemos a todo ello que, el acuerdo con el Vaticano, heredado del franquismo, impone que en la Escuela Pública haya “profesores y profesoras de religión” pagados por el Estado (es decir, con los impuestos de todos y todas) pero nombrados a dedo por los obispos, que los seleccionan en función de sus creencias, de su fe, sin haber pasado, como todos los demás docentes, por una oposición en igualdad, mérito y capacidad. Más de quince mil de estos verdaderos “delegados diocesanos” figuran como personal laboral (debido a la ley educativa LOE aprobada por el PSOE) en los centros escolares de titularidad pública. Además, los obispos pueden despedirles sin tener que explicar el cese (cosa que suelen hacer en función de avatares de la vida privada de esas personas). De hecho, mientras en las demás asignaturas fomentamos el respeto a todas las personas al margen de su estado civil, la jerarquía católica despide a profesoras de religión porque se divorcian.

En definitiva, la Escuela debe ser lugar para educar en conocimientos científicos universales, en valores cívicos, no para el proselitismo o el adoctrinamiento. La Escuela debe ser neutral en el respeto a la pluralidad de opciones morales e ideológicas. La religión, que es una creencia entre otras muchas, debe difundirse en el ámbito privado de la familia y los lugares de culto.

Por eso debemos negarnos a que con el dinero público se financie ningún tipo de adoctrinamiento religioso. El art. 27.3 de nuestra Constitución recoge el derecho de las familias a que sus hijas e hijos «reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Pero no a que ésta formación sea impartida en los centros educativos, y menos financiada por el Estado. Las familias que quieran que sus hijas e hijos reciban formación de religiosa son muy libres de hacerlo, pero evidentemente al margen del sistema educativo.

La presencia de una religión en la escuela, sea la que sea, de su enseñanza y sus símbolos, constituye un obstáculo para construir solidaridad en la diversidad, el mestizaje y la multiculturalidad. Y no se trata sólo de favorecer las buenas relaciones entre la diversidad ahora existente, sino de garantizar el respeto y la pluralidad también con las personas que no tienen religión, que no creen en ningún dios. Es como si ateos y agnósticos se empeñaran en que hubiera una asignatura evaluable de ateísmo desde infantil, y que como alternativa para quienes no quisieran cursar “ateísmo científico” se impartiera agnosticismo. Por eso, lo que sí pedimos es que las personas creyentes, las ateas y las agnósticas, que optan por vivir en la privacidad sus propias creencias, sean respetadas en la escuela para favorecer la convivencia social.

No podemos seguir anclados en un nacional catolicismo rancio y obsoleto. Ni seguir educando con dogmas y creencias del siglo XIX a una ciudadanía del siglo XXI. Hasta un país como Irlanda, marcado por una secular tradición católica, va a sacar la religión del horario escolar. Necesitamos una escuela laica que eduque sin dogmas, en valores humanistas y universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad y en los valores éticos, no sexistas y democráticos. Queremos una escuela donde se sientan cómodos tanto las personas no creyentes, como las creyentes. La escuela un lugar para razonar y no para creer. Debemos abandonar ya la época de la superstición y avanzar definitivamente hacia la racionalidad y la ciencia. Por justicia, por convivencia en igualdad y por respeto a los derechos humanos.

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, Coordinador del Área Federal de Educación de IU y miembro del Foro de Sevilla.

Fuente: laicismo.org

viernes, 2 de agosto de 2013

México: Escuela de tiempo completo ¿Plazas de tiempo completo?


Luis Hernández Montalvo

En el anterior sexenio se impuso el concepto de “Escuela de tiempo completo”. En el año 2006, se creó el Programa de Escuelas de Tiempo Completo –PETC; – entonces se dijo-: El objetivo general de este programa es: Contribuir a mejorar las oportunidades de aprendizaje de los alumnos de las escuelas públicas de educación básica mediante la ampliación del horario escolar. /Acuerdo 556 Programa de Escuelas de Tiempo Completo.

Aunque el horario de trabajo formal en las escuelas primarias es de cinco horas; la SEP deja la jornada laboral en cuatro horas y media porque le descuenta la media hora de recreo diario; la autoridad considera que este horario se reducía a 2.8 horas diarias y que el resto del tiempo es utilizado en actividades como concursos, ensayos, atender las campañas diversas, la atención de la cooperativa escolar, tiempo no considerado en el aprendizaje de contenidos.

Así, un día aparecieron los decretos de los jefes políticos para la creación de la Escuela de Tiempo Completo y las Escuelas de Jornada Ampliada. En la modalidad de las Escuelas de Jornada Ampliada, se incrementan dos horas diarias -en el caso de las escuelas primarias- lo que según cálculos de los funcionarios, se incrementa el tiempo de aprendizaje a diez horas semanales y a 400 horas durante el ciclo escolar.

Para las Escuelas de Tiempo Completo, se incrementan de cuatro y media horas al día –que incluye además de 30 minutos de recreo-, a ocho horas de trabajo escolar con los alumnos de educación básica, incluyen los tiempos de comida y recreo que la administración no está catalogado este tiempo como “trabajo docente”; por lo tanto, los cálculos para el pago de los maestros es a partir de las siete horas que se supone el maestro “enseña contenidos”. Tampoco se contempla el incremento de cinco horas a la semana de planeación de las actividades de la jornada del día posterior.

Si ponemos atención; la publicación del calendario de 200 días de clase –en el que ya tampoco aparece la firma de los líderes del SNTE-, ya es insuficiente para contemplar la complejidad del Sistema Educativo; porque durante este tiempo, tenemos ya seis mil Escuelas de Tiempo Completo más ocho mil que se habrán de incorporar al concluir el presente ciclo escolar y 40 mil más al término del sexenio, lo que nos dará en números globales de más de cincuenta mil Escuelas de Tiempo Completo, sin contar las Escuelas de Jornada Ampliada; las Escuelas de Doble Turno -que no de tiempo completo-, las miles de Escuelas Unitarias, las Escuelas Multigrado y otras modalidades que se suman a esta realidad compleja de la inequidad educativa en México.

No solo nos encontramos con una visión burocrática de los tiempos escolares, de lo que se considera y lo que no se considera trabajo docente; también estamos ante una propuesta de Escuelas de Tiempo Completo muy “chata”, que nace al margen de la discusión de los maestros y de las comunidades escolares.

No hay una nueva concepción o una idea clara de lo que sería una Escuela de Tiempo Completo por ahora, solo se ha incrementado las horas de trabajo y se han introducido materias y actividades con tiempos escasos y sin una real modificación de los ambientes escolares y tampoco existe una propuesta laboral acorde con el nuevo modelo de escuela y de trabajo docente en términos de relaciones laborales y salariales. Habrá que ver comparativamente con experiencias exitosas sobre lo que pareciera ser modelos de movimientos pedagógicos emergentes en Europa; pero también, lo que ocurre en otras partes del mundo y principalmente, lo que vienen experimentando los países asociados en la OCDE.

Tanto los Programas de las Escuelas de Jornada Ampliada como el de Escuelas de Tiempo Completo, se suman a una serie de disparates de los planes de la burocracia de recambio y de ocasión. En 1973; el Movimiento Revolucionario del Magisterio, en su Primera Conferencia de Educación planteó la necesidad de un ciclo básico que denominó “unificado” –primaria y secundaria- con una visión para elevar la escolaridad en el país y para elevar el carácter científico de los contenidos. Entonces, se hacía la siguiente reflexión: Recordemos que México ha transitado de una escuela primaria subdividida: 4 años –primaria elemental- más dos de primaria superior, a una primaria de 6 años.

En un intercambio de ideas con profesores del municipio de Cosamaloapan, Veracruz, en fecha reciente, les decía que es a partir de las reformas a la educación básica como podemos y debemos incorporarnos a la discusión de los problemas de la educación en su conjunto. Efectivamente, es a partir del análisis de las reformas a los artículos 3º y 73º y el contenido de las Leyes reglamentarias: Ley General de Educación; Ley General del Servicio Profesional Docente y Ley de Creación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación para debatir sobre temas diversos que se desprenden de estas reformas, sino también, para empatar el debate por “la calidad de la educación” para introducir el tema de la formación de maestros, que no puede concebirse disociada del modelo escolar que se implanta de manera inconsulta.

Y terminaba diciendo a los compañeros de Veracruz que el debate sobre la escuela básica y las reformas, puede convertirse en el eje de la discusión y la crítica a todo el sistema educativo.

Dicen los “académicos del Congreso de la Unión”; entre los que se encuentran el ex rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, que la discusión de los asuntos de la educación, no le corresponden a los sindicatos, que éstos se deben ajustar a defender los asuntos laborales pero nada más. Tal vez el señor tiene la idea de hacer de los sindicatos con fuerte cultura corporativa a uno de “sindicalismo blanco” como el que “representa” a los trabajadores de la BUAP.

Pero, si el sindicato es concebido como la voluntad colectiva de los educadores, entonces, muy a su pesar, los políticos y los hombres de poder, tendrán que sentarse a discutir lo que es materia de trabajo y no concesión política como ha ocurrido hasta ahora. Pero aún en los términos marginales del sindicalismo, un aspecto que nadie ha tocado hasta ahora, es el de las nuevas demandas que nacen a partir de realidades distintas y complejas como las Escuelas de Tiempo Completo y las de Jornada Ampliada, que requieren de una discusión para implementar la Plaza de Tiempo Completo con medio tiempo frente a grupo y medio tiempo para la planeación y capacitación para enfrentar en mejores condiciones los objetivos de los planes de estudio. Ahora lo que existe, es la ampliación de una doble plaza en calidad de contrato y compensaciones que se calculan mediante complicadas operaciones matemáticas que no incluyen los tiempos para la asistencia a cursos de capacitación, elaboración de informes, planeación diaria, reuniones permanentes. En fin, que tema para debatir hay más que suficiente. (30-JULIO-2013).

Fuente: Apia Virtual

miércoles, 23 de enero de 2013

Francia salva de la austeridad a la escuela y recluta 60.000 profesores.


Hollande hace de la educación la bandera de su mandato. Refuerza la primaria y la formación de los docentes, amplia el horario y hace evaluable ‘Ciudadanía’


François Hollande ha dicho muchas veces que las grandes prioridades políticas de su presidencia son los jóvenes y la educación. Las pruebas empiezan a llegar. El Consejo de Ministros celebrado ayer aprobó el proyecto de ley para la Refundación de la Escuela Republicana, que trata de frenar el deterioro sufrido por la educación pública tras una década de Gobiernos de corte neoliberal que redujeron el número de profesores y de horas lectivas para favorecer a la enseñanza privada.
La reforma, que ha sido acordada con padres y profesores por el ministro de Educación, Vincent Peillon, aportará al sistema público 60.000 profesores y funcionarios en cinco años (54.000 en la escuela y 6.000 en la enseñanza superior y agrícola). La medida trata de compensar la pérdida de 80.000 puestos sufrida durante el quinquenio de Nicolas Sarkozy, cuando el Ejecutivo aplicaba a rajatabla la norma de sustituir a uno de cada dos jubilados.
En realidad, la estimación oficial afirma que cifra total de incorporaciones nuevas al sistema educativo público alcanzará las 150.000 personas, ya que los profesores que cubrirán a los docentes que accedan a la pensión trabajarán a tiempo parcial los dos primeros años.
Hollande se ha comprometido a reducir en 60.000 millones de euros el gasto público en cinco años, pero ha puesto a la escuela pública a salvo del austericidio. La inversión en Educación para 2013, que supera los 62.000 millones, es la única partida estatal, junto a la de Interior, que crece respecto a 2012.
El ministro Peillon recordó que, por cada profesor nuevo, la Administración “perderá un funcionario”, pero el coste de la reforma aún no se conoce. Un portavoz del ministerio dijo a este diario que la memoria económica no está terminada, aunque se prevé que distribuirá los recursos de forma distinta para privilegiar a la primaria y la infantil, que son “las grandes prioridades”.

Hollande ha puesto a la escuela pública a salvo del austericidio
Con un gasto público en educación por alumno algo superior a la media europea en 2009 (pero algo por debaje en las etapas de infantil y primaria), los organismos que miden la calidad de la enseñanza, como la OCDE, cada vez colocan a Francia más abajo, y recuerdan que el problema básico es una organización del tiempo pésima, sobre todo en primaria: seis horas diarias, repartidas desde 2008 en cuatro días a la semana, lo que suma 144 días de clase al año frente a los 180/200 días de países similares.
Pese al consenso en el diagnóstico, y aunque la reforma solo plantea recuperar 45 minutos semanales volviendo a dar media jornada de clase los miércoles, los sindicatos de profesores han recibido la futura ley con dos días de huelgas masivamente seguidas. Alegan que no piensan trabajar más sin cobrar, y revindican un privilegio que según Le Monde procede de los tiempos de la monarquía de Julio: las clases de música, dibujo y gimnasia no las imparten ellos sino los profesores municipales.
La filosofía del cambio consiste, según el ministro Peillon, en “construir la escuela del futuro, una escuela justa para todos y exigente con cada uno”, y sus objetivos son “elevar el nivel de conocimientos, competencias y cultura de los alumnos, reducir las desigualdades sociales y territoriales, y disminuir las cifras de abandono escolar”. Las novedades principales del proyecto de ley, que ahora emprende su tramitación parlamentaria, son las siguientes.

Las reformas

M.M.
»Más profesores. El plan creará 21.000 plazas nuevas de profesores y maestros, 26.000 de docentes en prácticas, 1.000 que trabajarán para formar maestros, 6.000 profesores de Universidad y formación agrícola y 6.000 puestos de otros oficios: administración, médicos, asistentes sociales y consejeros. Para sustituir a los jubilados entre 2012 y 2014, 43.450 aspirantes a profesores y maestros serán reclutados en dos oposiciones. 22.100 empezarán a trabajar en septiembre y 21.350 se incorporarán un año más tarde.
»Refuerzo de infantil. Dos tercios de todas las nuevas plazas docentes, unos 14.000 serán destinados a infantil y primaria. 3.000 de ellos se ocuparán de recibir a los alumnos de cero a tres años, 4.000 trabajarán por la igualdad territorial interacadémica y 7.000 a reforzar la atención a los niños de áreas conflictivas. La idea es que haya “más maestros que clases”.
»Más formación del docente. Se crearán las Escuelas Superiores del Profesorado y la Educación: desde septiembre de 2013, un millar de profesores se ocuparán de la formación inicial y continua de los docentes nuevos.
»Refundación pedagógica. La instauración de un servicio público de enseñanza digital modificará “en profundidad” las prácticas de la enseñanza. “El contenido y la progresividad del aprendizaje” es el corazón de la reforma.
» Educación para la ciudadanía’ será evaluable. Un Consejo Superior elaborará los nuevos programas escolares. Se enriquecerá la educación artística y cultural, la asignatura de moral laica (equivalente a Educación para la Ciudadanía) será evaluable en todos los cursos, y se introducirá el estudio de un idioma extranjero desde el inicio de la primaria (seis años). El consejo revisará la duración y el número de ciclos para mejorar la transición de la escuela primaria a la secundaria, y habilitará nuevos dispositivos de ayuda para los alumnos con dificultades.
»Nuevos horarios. Se suma media jornada los miércoles por la mañana a la semana de 4 días, y se reduce la actual jornada —de seis horas— en 45 minutos. Se añade tiempo “extraescolar”, que organizarán los Ayuntamientos con proyectos educativos, culturales o deportivos. Un fondo estatal financiará su puesta en marcha.
Fuente: sociedad.elpais.com

lunes, 21 de noviembre de 2011

La tecnología y la educación: una dosis de realismo.


En educación existen dos puntos de vista extremos con respecto al uso de la tecnología. Por una parte, están sus defensores a ultranza, a quienes se ha dado en llamar evangelistas, y que recuerdan que una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el paradigma de la educación escolar, centrándolo mucho más en la actividad del alumno. Por otra parte, también hay voces que sostienen que la tecnología no es ni más ni menos que una fuente de entretenimiento que no hace más que distraer a los alumnos, y a sus docentes, de lo sustancial: aprender cosas serias.Curiosamente, ninguna de estas dos perspectivas parece responder a las preguntas que un profesional de la docencia generalmente se hace y que básicamente tienen que ver con la mejora de las prácticas de enseñanza y aprendizaje, y de los resultados educativos. Por esta razón, comienza a cobrar fuerza una nueva visión centrada en el realismo: ¿Servirán estas soluciones a "docentes como yo", es decir, a profesionales que ni pretenden ser paladines de la tecnología ni tampoco acérrimos protectores de la pizarra, sino sencillamente buenos docentes?
A estas alturas no debería ser necesario recordar las razones por las que cabría esperar que la tecnología tuviera ya una mayor presencia en las aulas. Para empezar, las hay relacionadas con los cambios en las demandas de los mercados laborales; de hecho, sabemos a ciencia cierta que la mayor parte de los alumnos que hoy están en las aulas de la ESO tendrán trabajos en los que la tecnología y el conocimiento tecnológico serán capitales. En segundo lugar, está la cuestión de la brecha digital. Ahí la escuela sigue siendo un bastión muy importante. En tercer lugar hay que recordar una vez más el flaco favor que conceptos como el de nativos digitales hacen a la educación al presuponer, erróneamente como se ha demostrado de forma empírica en multitud de ocasiones, que por el mero hecho de ser diestros en el manejo de determinados dispositivos, aplicaciones o servicios son automáticamente maduros en términos de competencias requeridas y de valores y usos responsables de la tecnología. ¿Dónde, si no es en la escuela, se puede aprender a manejar responsablemente la información y a transformarla en conocimiento? ¿Dónde se puede aprender a cooperar y a no plagiar?
En todo caso, es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero ciertamente con una cifra nada despreciable.
Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte, el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares... en casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de él en el aula.
De esta realidad tan compleja hay quien hace lecturas extremadamente simplistas, ya sea para denigrar las inversiones realizadas o, lisa y llanamente, para enviar un mensaje de desconfianza hacia la escuela y los docentes, a quienes se les exige un esfuerzo titánico de cambio de paradigma. Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo: lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué, por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la escuela en este ámbito-.
Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de "docentes como yo", probablemente porque el esfuerzo que exige su adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del conocimiento.
Los datos sobre la intensidad y la variedad de los usos de la tecnología en el aula no transmiten la imagen que tal vez cabría esperar de la escuela de la sociedad del conocimiento. El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.
Puede que la tan deseable revolución en el paradigma de la educación escolar todavía tarde en llegar, pero la escuela y muchos docentes, lo mismo que los alumnos, se están moviendo: han depositado su confianza en unas soluciones tecnológicas que les permiten trabajar de forma más eficiente. Y, en el caso docente, este trabajo consiste hoy en buscar fórmulas que permitan que los alumnos aprendan más, mejor y, probablemente, distinto.
Francesc Pedró es jefe de la Oficina de Tecnologías de Información y la Comunicación de la Unesco. Es autor del documento básico que presentará en la Semana Monográfica de la Educación de la Fundación Santillana, que se celebra en Madrid entre los próximos días 21 y 25 de noviembre bajo el título La educación en la sociedad del conocimiento.
Fuente: elpais.com