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lunes, 2 de octubre de 2017

Religión fuera de la escuela.


POR: ENRIQUE DÍEZ · 

Necesitamos una escuela laica que eduque sin dogmas, en valores humanistas y universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad y en los valores éticos, no sexistas y democráticos.

Vaya por delante que, como católico practicante y cristiano convencido, defiendo una educación pública, inclusiva y laica, porque considero que la laicidad de las instituciones públicas es la mejor garantía para una convivencia plural en la que todas las personas sean acogidas en igualdad de condiciones, sin privilegios ni discriminaciones. Tanto las católicas como las musulmanas, las ateas, las agnósticas o las protestantes, etc.

La actitud laica tiene dos componentes: libertad de conciencia y neutralidad del Estado en materia religiosa. Cada persona es libre de ser o no religiosa y de abrazar la religión que quiera, mientras que el Estado debe abstenerse y mantenerse al margen de estas creencias y prácticas personales. En este sentido, el laicismo busca separar esferas (el saber de la fe, la política de la religión, el estado de las iglesias), para garantizar la libertad de conciencia y posibilitar la convivencia entre quienes no tienen los mismos credos.

Todas las religiones, incluida la católica, deben ocupar el lugar que les corresponde en democracia: la sociedad civil, no la escuela; que debe quedar libre de cualquier proselitismo religioso. El espacio adecuado para cultivar la fe en una sociedad en la que hay libertad religiosa son los lugares de culto: parroquias, mezquitas, sinagogas u otros.

Pero esta separación iglesia-estado no se resolvió adecuadamente durante la Transición. El paso de la escuela nacional-católica de la dictadura franquista a una escuela laica o aconfesional, como la que propicia la Constitución, se impidió manteniendo unos Acuerdos con el Vaticano, heredados de las postrimerías de esa dictadura franquista, que “obligan” a que se oferte la asignatura de religión en todos los colegios y facultades de formación del profesorado de todo el Estado. El PSOE perdió una oportunidad de oro para derogarlos cuando era posible y deseado por la mayor parte de la sociedad.

No obstante, actualmente, en un Estado aconfesional como el que hemos acordado en la Constitución española, con libertad de culto, se debería impulsar y fortalecer una escuela laica, como instrumento plural, defensor de los derechos humanos y libertades, inclusiva, no sexista.

Por eso, la Escuela Pública ha de ser laica para ser de todos y todas, para que en ella todas las personas nos reconozcamos, al margen de cuáles sean nuestras creencias. Creencias personales que son un asunto privado. Por eso, la religión no debe formar parte del currículo. No por motivos antirreligiosos, sino desde un planteamiento pedagógico y social beneficioso para el desarrollo de la racionalidad del menor de edad, de su independencia y autonomía personal, para la que debe ser educado libremente.

La finalidad de la escuela no puede ser inculcar dogmas, muchos de los cuales además entran en contradicción con la razón, la ciencia y los derechos humanos, como la subordinación de la mujer o el origen mágico de la vida y el universo. Ni la escuela es lugar de exclusión y discriminación en el que niños y niñas sean separados en función de las creencias o convicciones de sus familiares, lo cual es una afrenta a la libertad de conciencia y una grave vulneración de los Derechos de la Infancia, como recoge la Declaración de los Derechos del Niño y de la Niña de 1959 y la Convención de 1989, que rechazan el adoctrinamiento y el proselitismo religioso. Separar al alumnado que comparte toda la jornada escolar, a la hora de las clases de religión, dificulta su convivencia y entendimiento, que es de donde nace el afecto y la solidaridad.

Pero es más grave aún si analizamos la normativa que establece el currículum de la enseñanza de la religión católica en la educación primaria y secundaria actualmente. Ésta convierte la clase de religión en catequesis, pese a que explícitamente afirme que huye de “la finalidad catequética o del adoctrinamiento”. La jerarquía católica, que es quien decide los contenidos de la materia de religión, no acepta la realidad de los nuevos modelos familiares y se empecina en su retrógrada concepción de la sexualidad humana, negando la diversidad sexual reconocida ya por la legislación, el derecho al propio cuerpo, a la libertad sexual y a la anticoncepción. La concepción y la práctica del catolicismo, en donde la mujer es subordinada, que mantiene y justifica un modelo sociedad patriarcal, no es compatible con la educación en igualdad que es un principio pedagógico básico. Hasta el teólogo Juan José Tamayo afirma que “los contenidos son en su totalidad catequéticos con tendencia al fundamentalismo; el pensamiento que se transmite es androcéntrico; el lenguaje, patriarcal; la concepción del cristianismo, mítica; el planteamiento de la fe, dogmático; la exposición, anacrónica”.

La religión católica actualmente tiene una carga horaria superior a la de contenidos tan importantes como la educación física o la educación artística. Es más, las clases de religión restan muchísimas horas lectivas a las demás asignaturas, que sí son importantes y acordadas por toda la comunidad educativa y social. Pero es que la religión católica ya se imparte en la mayor parte de las materias que se estudian a lo largo de la escolaridad. Para analizar el estilo arquitectónico de un templo, para explicar el Camino de Santiago o un cuadro de Velázquez o una partitura de Bach, para adentrarse en la literatura del siglo de oro o el origen de la lengua castellana y, sobre todo, para comprender la mayor parte de la historia de este país, se acude y se explica en clase la religión católica. Es incomprensible, por tanto, este empeño de la jerarquía católica, en exigir, además de los púlpitos los domingos en misa, una asignatura específica en todas las escuelas dedicada a catequesis.

Sumemos a todo ello que, el acuerdo con el Vaticano, heredado del franquismo, impone que en la Escuela Pública haya “profesores y profesoras de religión” pagados por el Estado (es decir, con los impuestos de todos y todas) pero nombrados a dedo por los obispos, que los seleccionan en función de sus creencias, de su fe, sin haber pasado, como todos los demás docentes, por una oposición en igualdad, mérito y capacidad. Más de quince mil de estos verdaderos “delegados diocesanos” figuran como personal laboral (debido a la ley educativa LOE aprobada por el PSOE) en los centros escolares de titularidad pública. Además, los obispos pueden despedirles sin tener que explicar el cese (cosa que suelen hacer en función de avatares de la vida privada de esas personas). De hecho, mientras en las demás asignaturas fomentamos el respeto a todas las personas al margen de su estado civil, la jerarquía católica despide a profesoras de religión porque se divorcian.

En definitiva, la Escuela debe ser lugar para educar en conocimientos científicos universales, en valores cívicos, no para el proselitismo o el adoctrinamiento. La Escuela debe ser neutral en el respeto a la pluralidad de opciones morales e ideológicas. La religión, que es una creencia entre otras muchas, debe difundirse en el ámbito privado de la familia y los lugares de culto.

Por eso debemos negarnos a que con el dinero público se financie ningún tipo de adoctrinamiento religioso. El art. 27.3 de nuestra Constitución recoge el derecho de las familias a que sus hijas e hijos «reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Pero no a que ésta formación sea impartida en los centros educativos, y menos financiada por el Estado. Las familias que quieran que sus hijas e hijos reciban formación de religiosa son muy libres de hacerlo, pero evidentemente al margen del sistema educativo.

La presencia de una religión en la escuela, sea la que sea, de su enseñanza y sus símbolos, constituye un obstáculo para construir solidaridad en la diversidad, el mestizaje y la multiculturalidad. Y no se trata sólo de favorecer las buenas relaciones entre la diversidad ahora existente, sino de garantizar el respeto y la pluralidad también con las personas que no tienen religión, que no creen en ningún dios. Es como si ateos y agnósticos se empeñaran en que hubiera una asignatura evaluable de ateísmo desde infantil, y que como alternativa para quienes no quisieran cursar “ateísmo científico” se impartiera agnosticismo. Por eso, lo que sí pedimos es que las personas creyentes, las ateas y las agnósticas, que optan por vivir en la privacidad sus propias creencias, sean respetadas en la escuela para favorecer la convivencia social.

No podemos seguir anclados en un nacional catolicismo rancio y obsoleto. Ni seguir educando con dogmas y creencias del siglo XIX a una ciudadanía del siglo XXI. Hasta un país como Irlanda, marcado por una secular tradición católica, va a sacar la religión del horario escolar. Necesitamos una escuela laica que eduque sin dogmas, en valores humanistas y universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad y en los valores éticos, no sexistas y democráticos. Queremos una escuela donde se sientan cómodos tanto las personas no creyentes, como las creyentes. La escuela un lugar para razonar y no para creer. Debemos abandonar ya la época de la superstición y avanzar definitivamente hacia la racionalidad y la ciencia. Por justicia, por convivencia en igualdad y por respeto a los derechos humanos.

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, Coordinador del Área Federal de Educación de IU y miembro del Foro de Sevilla.

Fuente: laicismo.org

lunes, 31 de octubre de 2016

Declaración conjunta de católicos y luteranos con ocasión de la conmemoración de la Reforma.


Con ocasión de la Conmemoración conjunta Católico – Luterana de la Reforma

Lund, 31 de octubre de 2016

«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15,4).

Con corazones agradecidos

Con esta Declaración Conjunta, expresamos gratitud gozosa a Dios por este momento de oración en común en la Catedral de Lund, cuando comenzamos el año en el que se conmemora el quinientos aniversario de la Reforma. Los cincuenta años de constante y fructuoso diálogo ecuménico entre Católicos y Luteranos nos ha ayudado a superar muchas diferencias, y ha hecho más profunda nuestra mutua comprensión y confianza. Al mismo tiempo, nos hemos acercado más unos a otros a través del servicio al prójimo, a menudo en circunstancias de sufrimiento y persecución. A través del diálogo y el testimonio compartido, ya no somos extraños. Más bien, hemos aprendido que lo que nos une es más de lo que nos divide.

Pasar del conflicto a la comunión

Aunque estamos agradecidos profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, también reconocemos y lamentamos ante Cristo que Luteranos y Católicos hayamos dañado la unidad vivible de la Iglesia. Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación de nuestras heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca. Rechazamos de manera enérgica todo odio y violencia, pasada y presente, especialmente la cometida en nombre de la religión. Hoy, escuchamos el mandamiento de Dios de dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos liberados por gracia para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama constantemente.

Nuestro compromiso para un testimonio común

A medida que avanzamos en esos episodios de la historia que nos pesan, nos comprometemos a testimoniar juntos la gracia misericordiosa de Dios, hecha visible en Cristo crucificado y resucitado. Conscientes de que el modo en que nos relacionamos unos con otros da forma a nuestro testimonio del Evangelio, nos comprometemos a seguir creciendo en la comunión fundada en el Bautismo, mientras intentamos quitar los obstáculos restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad. Cristo desea que seamos uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17,21). Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico. Pedimos a Dios que Católicos y Luteranos sean capaces de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo, invitando a la humanidad a escuchar y recibir la buena noticia de la acción redentora de Dios. Pedimos a Dios inspiración, impulso y fortaleza para que podamos seguir juntos en el servicio, defendiendo los derechos humanos y la dignidad, especialmente la de los pobres, trabajando por la justicia y rechazando toda forma de violencia. Dios nos convoca para estar cerca de todos los que anhelan dignidad, justicia, paz y reconciliación. Hoy, en particular, elevamos nuestras voces para que termine la violencia y el radicalismo, que afecta a muchos países y comunidades, y a innumerables hermanos y hermanas en Cristo. Nosotros, Luteranos y Católicos, instamos a trabajar conjuntamente para acoger al extranjero, para socorrer las necesidades de los que son forzados a huir a causa de la guerra y la persecución, y para defender los derechos de los refugiados y de los que buscan asilo. Hoy más que nunca, comprendemos que nuestro servicio conjunto en este mundo debe extenderse a la creación de Dios, que sufre explotación y los efectos de la codicia insaciable. Reconocemos el derecho de las generaciones futuras a gozar de lo creado por Dios con todo su potencial y belleza. Rogamos por un cambio de corazón y mente que conduzca a una actitud amorosa y responsable en el cuidado de la creación.

Uno en Cristo

En esta ocasión propicia, manifestamos nuestra gratitud a nuestros hermanos y hermanas, representantes de las diferentes Comunidades y Asociaciones Cristianas Mundiales, que están presentes y quienes se unen a nosotros en oración. Al comprometernos de nuevo a pasar del conflicto a la comunión, lo hacemos como parte del único Cuerpo de Cristo, en el que estamos incorporados por el Bautismo. Invitamos a nuestros interlocutores ecuménicos para que nos recuerden nuestros compromisos y para animarnos. Les pedimos que sigan rezando por nosotros, que caminen con nosotros, que nos sostengan viviendo los compromisos de oración que manifestamos hoy.

Exhortación a los Católicos y Luteranos del mundo entero

Exhortamos a todas las comunidades y parroquias Luteranas y Católicas a que sean valientes, creativas, alegres y que tengan esperanza en su compromiso para continuar el gran itinerario que tenemos ante nosotros. En vez de los conflictos del pasado, el don de Dios de la unidad entre nosotros guiará la cooperación y hará más profunda nuestra solidaridad. Nosotros, Católicos y Luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad.

domingo, 29 de mayo de 2016

El “Pacto de las catacumbas”


El legado secreto del Vaticano II

Hace ahora 50 años que 40 obispos católicos de todo el mundo se reunieron en las Catacumbas de Domitila para llevar a cabo un pacto del que la mayoría de la gente nunca ha sabido nada, absolutamente nada. Ni siquiera los especialistas en religión. ¡Qué gran acontecimiento para escribir una novela tipo Dan Brown con tramas, conspiraciones e intereses ocultos!

La pena es que aquí todo es claro y patente, no hay nada que ocultar, sino proclamar a los cuatro vientos. Nada que beneficie a un grupo de presión, sino todo lo contrario. Aquellos cuarenta obispos, entre ellos varios latinoamericanos, uno español y ninguno estadounidense, que en realidad representaban a otros muchos obispos del Concilio, que eran en conjunto unos 700, se comprometieron a caminar con los pobres y a ser una Iglesia pobre al servicio de los pobres, con ellos y entre ellos. Para lograr eso, se comprometieron a llevar un estilo de vida simple, renunciando no sólo a los símbolos de poder, sino al mismo poder externo, volviendo de esa forma a la raíz del evangelio. Dicho esto se desinfla el interés que pueda despertar el “Pacto de las catacumbas” para los amantes de conspiraciones vaticanas, del opus dei o de los illuminati. Algo tan prosaico y desagradable como dar limosna a un mendigo sin antes ponerse guantes.

Xabier Pikaza, uno de los teólogos mas atentos y despiertos de la España moderna a la realidad eclesial y social que nos rodea, junto a José Antunes da Silva, acaba de sacar a la luz un libro sobre este tema, a saber, El pacto de las catacumbas. La misión de los pobres en la Iglesia. Editorial Verbo Divino, Estella 2015, en el que se recoge el trabajo de un equipo de teólogos y teólogas como José Arregui, Mercedes Navarro, José Antonio Pagola, Virginia Saldanha, José Ignacio González Faux, Jon Sobrino…, cuyas contribuciones completan más de 500 páginas de las reflexiones y desafíos que se desprenden del Pacto de las catacumbas.

El espíritu de este Pacto ha guiado desde su comienzo algunas de las mejores iniciativas de la Iglesia, el Oriente y Occidente, de manera que su texto ha venido a convertirse en una de las páginas mas influyentes y significativas de la historia cristiana de la actualidad, aunque aún no se hayan cumplido todos sus objetivos.

El tema de los pobres no es sólo una tema de administración social, hoy por hoy se ha convertido en un locitheologici o lugar teológico de primera importancia, donde se han dado cita las plumas más competentes de la teología actual. Tampoco es un tema caduco al que “el final de la historia” haya dejado arrinconado en manos de los estrategas políticos y económicos. Ni es tema de preocupación en exclusiva de una determinada teología o Iglesia; es una cuestión cristiana, bíblica, siempre candente, como hace ver Pikaza en el estudio incluido en el libro mencionado, El pacto de las catacumbas, que ha titulado “La Iglesia de los pobres en el Nuevo Testamento” (pp. 51-80).

El desafío del pacto de las catacumbas es todavía más urgente para las iglesias evangélicas, infectadas como están por la mal llamada “teología de la prosperidad”, confusas hasta la grima sobre lo que representan “los pobres en el corazón de Dios y del Pueblo de Dios”, por citar el trabajo también incluido de Carlos María Galli (pp. 276-312). Mercedes Navarro nos recuerda que hay que ampliar el pacto y avanzar hacia el igualitarismo del mensaje de Cristo (pp. 419-438).

Este es uno de los grandes retos de la misión cristiana en un mundo globalizado, cuyo desarrollo, que no progreso, es el de una progresiva dictadura economicista que atenta contra la visión cristiana del hombre, y su dignidad y su propósito en la vida, que va más allá de la producción material, de la competencia financiera y los beneficios cada vez peor repartidos, hasta el punto que, pese al avance tecnológico, la sima que separa a los ricos de los pobres, en lugar de disminuir aumenta, como denuncian algunos economistas preclaros[1]. Desigualdades ha habido siempre, y me temo que no están por desaparecer, sino todo lo contrario, pero una sociedad que ha cifrado sus valores en la democracia, no puede subsistir sin que esa democracia vigile su crecimiento en aquellas áreas que afectan a los ciudadanos más desfavorecidos. La desigualdad socioeconómica, agravada con la crisis económica y las políticas de austeridad dominantes, se ha ampliado en el conjunto de las sociedades desarrolladas y, particularmente, en los países europeos periféricos, como España. Aumentan la pobreza y la exclusión social, así como las distancias entre individuos ricos y pobres. En el ámbito mundial la polarización de la riqueza es cada vez mayor. Esta dinámica está destruyendo la cohesión social. Los sistemas políticos europeos pierden calidad democrática y disminuye la legitimidad de las élites gobernantes.

El cristiano sabe, reconoce que hay valores en la pobreza, pero sin confundir la pobreza con la miseria, que envilece a la persona y niega su dignidad. La miseria, como ya se dijo en Medellín, es una injusticia que clama al cielo. Es una injusticia porque roba al pobre su capacidad de desarrollarse como persona, reducido al papel de productor, y esto, a veces, y cada vez mucho más común, ni eso. Se le priva de sus medios de subsistencia y, aparejado a ello, de su vida espiritual. Por eso, ya en los tiempos de Jesús, los pobres pertenecían a una categoría religiosa inferior, en cuanto no conocían la ley ni cumplían sus múltiples prescripciones. Como dice el personaje de un novelista español de principios del siglo XX, los pobres no podemos darnos el lujo de tener ética. Clama al cielo porque todo lo que atenta contra el hombre, atenta en última instancia contra Dios, su valedor, “el guardián del hermano”.

Son todos estos, temas a los que tenemos que volver una y otra vez desde la reflexión y el estudio de modo que nuestra praxis cristiana no se aparte del mensaje de Jesús.

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[1] Abhijit V. Banerje, Repensar la pobreza: Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global (Taurus, Madrid 2012); Giraud Pierre-Noël, La desigualdad del mundo. Economía del mundo contemporáneo (FCE, México 1993); Harry G. Frankfurt, On Inequality (Princeton University Press, Princeton 2015); Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI (FCE, Madrid 2014); Joseph Stiglitz, El precio de la desigualdad (Taurus, Madrid 2012); Id., La gran brecha. Qué hacer con las sociedades desiguales (Taurus, Madrid 2015); Richard Wilkinson y Kate Pickett, Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva (Turner, Madrid 2009).

lunes, 8 de febrero de 2016

Bienaventurados los ateos porque encontrarán a Dios.



Maria López Vigil

Los dogmas del Catolicismo, la religión en la que nací, ya no me dicen nada.
Las tradiciones y creencias del Cristianismo, tal como las aprendí, me parecen cada vez más ajenas. Son respuestas. Y ante el misterio del mundo yo tengo cada vez más preguntas.
Sentimientos parecidos a los míos los descubro en mucha otra gente, sobre todo jóvenes, sobre todo mujeres, que no niegan a Dios, pero que buscan una espiritualidad que alimente de verdad el sentido de sus vidas. Y en busca de ese tesoro, donde poner su corazón, toman distancia, se apartan, revisan, hasta rechazan, la religión aprendida.

¿Qué nos pasa? ¿Qué me ha pasado? Que he crecido, que he leído, que he buscado, que vivimos en un mundo radicalmente diferente al mundo tribal, rural, premoderno, en el que se fraguaron los ritos, dogmas, creencias, jerarquías y tradiciones de mi religión. El sistema religioso que nos han enseñado habla de un concepto anticuado del mundo. Ya no podemos caminar con esos “zapatos”, ya no me sirven.

Sabiendo, como sé, que el Cristianismo en todas sus versiones (católicos, protestantes, evangélicos, ortodoxos…) es una religión poderosa, pero una más entre tantas que existen y han existido en el planeta y en la historia, ya no puedo creer que la mía es la religión verdadera. Sería una insensatez tan mayúscula como creer que mi lengua materna, el español, es entre todas las lenguas, la mejor sólo
porque nací en ella, es la que conozco y la que sé hablar.

Encuentro arrogantes los postulados religiosos que aprendí. Porque se presentan absolutos, rígidos, infalibles, incuestionables, inmutables e impenetrables al paso del tiempo. Y la humildad
que tiene la misma raíz, que humanidad, humus me parece un caminito esencial ante el misterio del mundo,
que ni la ciencia ni ninguna religión logra desentrañar cabalmente.
Sabiendo, como sé, las riquezas que encierran las variadísimas culturas humanas, los tantos
mundos que hay en este mundo, no puedo creer que en mi religión y en la Biblia esté “la” revelación de esa Realidad Última que es Dios. Si así lo creyera, no podría evitar ser soberbia. Y no podría dialogar de igual a igual con los miles y miles y miles de hombres y mujeres que no lo creen así, que tienen otros
libros sagrados, que van a Dios por otros caminos en donde no hay escrituras santas que venerar y seguir.

¿Cómo creer en ese galimatías dogmático, amalgamado con una filosofía superada, que afirma que en Dios hay tres personas distintas con una única naturaleza y que Jesús es la segunda persona de esas tres, pero con dos naturalezas? ¿Cómo creer lo que es absurdo y no entiendo si mi cerebro es la obra maestra de la Vida? ¿Cómo creer que María de Nazaret es Madre de Dios si Dios es Madre? ¿Cómo creer en la virginidad de María sin asumir lo que ese dogma expresa de rechazo a la sexualidad y a la sexualidad de las mujeres? ¿Cómo aceptar una religión tan masculinizada y, por tanto, tan separada de aquel
la primera intuición que presentía a Dios en femenino al ver el poder del cuerpo de la mujer que daba vida? ¿Cómo olvidarnos de que, por esa experiencia vital, Dios “nació mujer” en la mente de la humanidad?

¿Cómo creer en el infierno sin convertir a Dios en un tirano torturador como los Pinochet o los Somoza?
¿Cómo creer en el pecado original, que nunca nadie cometió en ningún lugar, que es solamente el mito con que el pueblo hebreo explicó el origen del mal en el mundo? ¿Cómo creer que Jesús nos salvó de
ese pecado si esa doctrina no es de Jesús de Nazaret sino de Pablo de Tarso? ¿Cómo creer que
Dios necesitaba de la muerte de Jesús para lavar ese pecado? Jesús el profeta, ¿un cordero propiciatorio que aplaca con sangre la cólera divina? ¿Cómo creer que Jesús nos salvó muriendo, cuando lo que nos puede “salvar” del sinsentido es que nos enseñó a vivir? ¿Cómo creer que como el cuerpo de Jesús y bebo su sangre, reduciendo así la Eucaristía a un rito materialista, mágico y evocador de sacrificios arcaicos y sangrientos que Jesús rechazó?

Sin embargo, dejando ya en mi camino tantas creencias de la religión aprendida, no dejo a Jesús de Nazaret. Porque, así como mi padre, mi madre y mis hermanos son mis referentes afectivos, y así como pienso, hablo y escribo en español y esa lengua es mi referente cultural, Jesús de Nazaret es mi referente religioso y espiritual, mi referente ético, el que me es más familiar para tantear el
camino que me abre al misterio del mundo.

Hoy, sabiendo, como sé, de la majestad inabarcable del Universo en el que vivimos, con sus miles de millones de galaxias, no puedo creer que Jesús de Nazaret sea la única y definitiva encarnación de esa Energía Primera que es Dios.
Eso no lo creyó Jesús. Esa elaboración dogmática, hecha posteriormente y en contextos de luchas de poder, escandalizaría a Jesús. Hoy, en vez de afirmar “creo que Jesús es Dios”, prefiero decirme y decir: “Quiero creer en Dios como creyó Jesús”.

¿Y en qué Dios creía Jesús, el Moreno de Nazaret? Nos enseñó que Dios es un padre, también una madre, que se preocupa por buscarnos, el pastor que busca a su oveja, la mujer que busca su dracma, que nos espera con ansia, que siempre acoge, que se indigna ante las injusticias y ante el poder que explota y oprime, que toma partido por los de abajo, que no quiere pobres ni ricos, que quiere que a nadie le sobre y a nadie le falte, que apuesta por la equidad y la dignidad de todos, que nos quiere hermanos, que nos quiere en comunidad, que no quiere señores ni siervos, tampoco siervas, que nos da siempre oportunidades, que se ríe y festeja, que celebra banquetes a los que invita a todos, que es alegre y es bueno, que es un
abbá, una immá.

Todas las religiones del mundo, toditas, se parecen en algo: todas afirman que son las verdaderas y
se ufanan de que sus divinidades son las más poderosas.
Todas se sostienen en creencias, en ritos, en mandamientos y en mediadores.
La mayoría de los mandamientos que imponen son prohibiciones: lo que no se puede hacer, lo que no se puede pensar, lo que no se puede decir… Y los mediadores que dominan las religiones son variadísimos: son libros, lugares, tiempos y objetos sagrados y, sobre todo, son personas sagradas a las que hay que creer, obedecer y reverenciar.

Cuando uno lee la buena noticia de los Evangelios, cuando capta su esencia, descubre que Jesús no fue un hombre religioso. Jesús fue un laico en contradicción permanente con los hombres piadosos y sagrados de su tiempo, fariseos y sacerdotes. Jesús no propuso creencias sino actitudes. No lo vemos nunca practicando ningún rito sino acercándose a la gente. Le dio la vuelta a varios mandamientos, tal como eran interpretados por los piadosos de su tiempo. Y no respetó ni los lugares sagrados (oraba en el monte) ni los tiempos sagrados (“El sábado espara la gente, no la gente para el sábado”).

Jesús fue un hombre espiritual y un maestro ético.
Jesús no quiso fundar ninguna religión y, por eso, no es responsable de ninguno de los dogmas construidos desde el poder sobre la memoria apasionada de quienes lo conocieron.
Jesús propuso una ética de relaciones humanas. Inspiró un movimiento espiritual y social de hombres y mujeres que buscando a Dios buscaran la justicia y construyeran su sueño, el Reino de Dios, que él concibió como una utopía contrapuesta a la realidad de opresión, injusticia, que le tocó vivir en su país y en su tiempo.

Cuando ninguna persona es sagrada todas las personas se vuelven sagradas.
Cuando ningún objeto es sagrado todos los objetos merecen ser cuidados. Cuando ningún tiempo es sagrado todos los días que me es dado vivir se convierten en sagrados. Cuando ningún lugar es sagrado veo en la Naturaleza entera el sagrado templo de Dios. Esto también nos lo enseñó Jesús.
La irreverencia, la provocación, la gracia, el humor, la audacia y la novedad de la espiritualidad de Jesús de Nazaret han sido aprisionadas desde hace siglos en la dogmática cristológica. Esa dogmática nos hace prisioneros de un pensamiento único, nos encierra en una jaula. No nos deja volar porque no nos deja preguntar, sospechar, dudar… Los barrotes de esa cárcel provocan miedo. Miedo a desobedecer la palabra autorizada de quienes “saben de Dios”, las jerarquías de la religión. Miedo a ser castigados por pensar y por decir lo que pensamos.

Hoy, sabiendo que vivo “en torno a una estrella del montón, en una zona corriente de una galaxia vulgar, agrupada con otras igualmente anodinas en un cúmulo ordinario”, como describe este “barrio cósmico” que es la Tierra un prestigioso físico, no puedo dejar de sentir petulantes y esclerotizadas, irrelevantes para mi vida, las certezas y las normas de la religión organizada por una burocracia
jerárquica que, además, en tantas cosas ha traicionado el mensaje de Jesús.

Me encuentro más cercana a la Vida que Jesús defendió y dignificó en esa religiosidad, en esa espiritualidad que es reverencia y asombro ante el misterio del mundo. Hallo más sentido espiritual en la “religiosidad cósmica” de la que habló el judío Einstein cuando dijo: “El misterio es lo más hermoso que nos es dado
sentir”.

Einstein reconoce que esa experiencia de lo misterioso “cuna del arte y de la ciencia ha generado también la religión”. Pero añade: “La verdadera religiosidad es saber de esa Existencia impenetrable para nosotros, saber que hay manifestaciones de la Razón más profunda y de la Belleza más resplandeciente” que nunca nos son del todo asequibles. Y concluye: “A mí me basta con el misterio de la eternidad de la Vida, con el presentimiento y la conciencia de la construcción prodigiosa de lo existente”.

No sé si a mí me basta esa formulación, pero sí sé que me resulta significativa porque me abre a nuevas preguntas. Y la religión, el sistema religioso en el que me educaron, no me abrió. Me cerró llenándome de respuestas fijas, preestablecidas, muchas de ellas amenazantes, angustiantes, generadoras de miedo, de culpa y de infelicidad. Es tiempo de humanizarnos. Y el sistema religioso, obligándonos a pensar a Dios de una única manera, imponiéndonos normas morales severas y faltas de compasión y obligándonosa cultos y ritos rutinarios y rígidos, nos deshumaniza.

¿Creo en Dios? ¿Qué es la fe?
“Es un amor”, me respondió hace ya muchos años un campesino analfabeto en la República Dominicana cuando yo se lo pregunté. Nunca lo olvido. Sentí una explicación tan sencilla como profunda.
Si Dios es, es quien me mueve siempre hacia el amor, hacia los demás, sean personas, animales, árboles… Ese movimiento, ese impulso es a compartir, a simpatizar, a cuidar, a hacerme responsable, a meterme en el agua que guarda en sufondo ese pozo de todo lo que está vivo.
La amistad es la felicidad de no poder tocar nunca el fondo de ese pozo. Eso es amor: un pozo sin fondo en el que poder beber. Eso debe ser Dios.

En el amor que tengo a quienes quiero yo siento a Dios.
Si Dios es,es belleza.
El derroche de belleza de la Naturaleza las estrellas del cielo, los ojos de los perros, la forma de las hojas, el vuelo de los pájaros, los colores y sus matices, el mar, todo ese inconmensurable y siempre sorprendente listado de hermosuras, todas parecidas, todas diferentes, todas relacionadas, esa
belleza que yo no puedo ni abarcar ni entender, que deslumbra mis ojos y mi mente, que la ciencia nos descubre y nos explica, siento que tiene “la firma” de Dios. En el fondo de toda la belleza que veo en todo lo que existe yo siento a Dios.

Si Dios es, es alegría.
En la fiesta, en la música y el baile, en las formas indefinibles que adopta la alegría cuando es profunda, en la palabra, en la compañía, en la celebración, en los logros, en el esfuerzo de creatividad, y muy especialmente en las risas y en las sonrisas de la gente, yo siento que Dios es más cercano que nunca.

Si Dios es, es también justicia.
Es la justicia que la historia que conozco y en la que vivo no le ha garantizado nunca a la gente buena. Que no le garantizó a aquel campesino pobre y analfabeto que me definió la fe como “un amor”.
Pero Dios siempre está más allá de todo amor, de toda belleza, de toda alegría, siempre inalcanzable, innombrable, indescifrable, siempre más allá de la idea que de Dios me hago, más allá de mi propio deseo y nostalgia.

Maimónides, el gran pensador judío de la Edad Media, escribió un tratado teológico-filosófico con
este fascinante título: “Guía para perplejos”. Dice él: “Describir a Dios mediante negaciones es la única manera de describirlo en un lenguaje apropiado”.
Ni una pizca de esa perplejidad la encuentro ya en el sistema religioso en el que nací.
Y es con estos “ladrillos” de pensamiento y de sentimiento, con este pensar y este sentir, con los
que he ido construyendo a tientas una espiritualidad, convencida, como decía el poeta León Felipe, que nadie va a Dios por el mismo camino por el que voy yo.

La espiritualidad es un camino personal, la religión es un corsé colectivo. Un “yugo pesado”, en palabras de Jesús.
En su libro La ola es el mar, el monje benedictino Willigis Jäger comenta:
“Una persona sagaz dijo: La religión es un truco de los genes”.

Jäger se toma muy en serio esa afirmación. Y explica: “Cuando la especie humana alcanzó el nivel
evolutivo adecuado para plantearse preguntas sobre su origen, su futuro y el sentido de su existencia, desarrolló la capacidad para dar respuesta a esas preguntas. El resultado de este proceso es la religión, que durante milenios ha desempeñado magníficamente su tarea y aún sigue haciéndolo hoy. La religión forma parte de la evolución humana. Y si hoy llegamos a un punto en que sus respuestas ya no satisfacen, es un indicio de que la evolución ha dado un paso hacia adelante y está surgiendo en la humanidad una nueva capacidad para comprendernos como seres humanos”.

miércoles, 14 de enero de 2015

Budistas, musulmanes, protestantes y católicos dieron la bienvenida al papa.


El papa Francisco exhortó este martes a la reconciliación y el respeto de los derechos humanos en Sri Lanka, al inicio de una visita a este país en el que aún no cicatrizaron las heridas de una larga guerra civil.

El papa defendió la reconciliación desde su llegada al aeropuerto de Colombo en un país marcado por 37 años de conflicto en el cual se enfrentaron el ejército y la guerrilla tamil, derrotada en 2009.

Posteriormente, ante responsables budistas, hindúes y musulmanes del país, Francisco afirmó que "nunca se debe permitir que las creencias religiosas sean utilizadas para justificar la violencia y la guerra".

El lunes, refiriéndose a los atentados de la semana pasada en París, el papa había explicado que la "cultura del rechazo al otro" puede llegar a convertir al ser humano "en esclavo" de "formas tergiversadas de religión".

Sri Lanka cuenta con 70% de budistas, 12% de hindúes, 10% de musulmanes y 7% de cristianos.

En este país aún dividido entre cingaleses (mayoría) y tamiles, la Iglesia juega un rol particular puesto que hay católicos en ambas comunidades étnicas. La violencia religiosa se ha multiplicado en los últimos años en la isla, donde grupos budistas radicales han atacado iglesias y mezquitas para denunciar, según ellos, la influencia de estas minorías religiosas.

"Que el creciente espíritu de cooperación entre los líderes de las diferentes comunidades religiosas se exprese en el compromiso de poner la reconciliación de todos los habitantes de Sri Lanka en el centro de los esfuerzos por renovar la sociedad y sus instituciones", declaró el papa.

'Exhausto' por el sol

Francisco fue recibido con fervor por cientos de miles de personas, que se agolparon en la carretera de unos 30 km que separa el aeropuerto del centro de Colombo.

El papa realizó este trayecto en el "papamóvil" bajo un intenso sol. Tras su llegada, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, dijo que el encuentro con los obispos había sido cancelado por un retraso en la agenda, mientras que una fuente de seguridad de Sri Lanka que pidió no ser identificada dijo a la AFP que el pontífice parecía "exhausto" tras el trayecto.

Posteriormente, Lombardi reconoció que Francisco "estaba cansado" tras su larga exposición al sol, agregando que luego "recuperó sus fuerzas" y que su salud es "buena". A su llegado, el papa dijo que "la gran obra de reconciliación debe incluir la mejora de las infraestructuras y cubrir las necesidades materiales pero, también, y es lo más importante todavía, promover la dignidad humana, el respeto de los derechos humanos".

Los derechos humanos constituyen un tema extremadamente sensible en Sri Lanka, cuyos dirigentes han rechazado colaborar con la ONU en la investigación sobre las acusaciones de crímenes de guerra cometidos contra civiles.

Francisco fue recibido en el aeropuerto de Colombo por el nuevo presidente, Maithripala Sirisena, que acaba de asumir sus funciones y prometió una investigación independiente sobre las acusaciones de crímenes de guerra que habrían sido perpetrados bajo la presidencia de su predecesor, Mahinda Rajapakse.

Mostrando buen aspecto y sonriente, señaló por otra parte a los periodistas franceses que siguen su desplazamiento que "había rezado por Francia y volverá a hacerlo" tras los atentados en los que murieron 17 personas la semana pasada.

El miércoles, el papa celebrará una misa a la orilla del mar en Colombo en la que se espera un millón de personas. El jueves, viajará a Filipinas, con 85% de católicos, donde se decretaron cinco días feriados por su visita en Manila y se esperan inmensas multitudes durante su estancia.

AFP

Fuente: eltiempo.com

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El mapa de los cambios en la religión de América Latina.


Según un estudio realizado por el Pew Research Center en 18 países de la región, entre 1970 y 2014 los católicos pasaron del 92% al 69%. En el mismo período, los protestantes subieron de 4% a 19%.

por Fernando Fuentes

Pese a albergar a 425 millones de católicos -casi el 40% del total de la población católica mundial- y que el Vaticano tiene por primera vez en su historia a un Papa venido de América Latina, el catolicismo sigue en descenso en la región, a medida que la gente joven sigue siendo atraída hacia el protestantismo, según reveló un estudio del Pew Research Center, de Washington, que analiza la afiliación, las creencias y las prácticas religiosas en 18 países de América Latina y el Caribe.

“En casi todos los países encuestados, la Iglesia Católica ha sufrido pérdidas netas debido al cambio religioso de muchos latinoamericanos que se unieron a iglesias evangélicas protestantes o que rechazaron en general la religión organizada”, señala el estudio. Este muestra que entre 1970 y 2014 las personas católicas pasaron de representar el 92% de la población al 69%. Mientras que en ese mismo período, la proporción de protestantes se incrementó del 4% al 19%. Lo mismo sucedió con las personas sin afiliación religiosa -que se declaran ateas, agnósticas o nada en particular-, que hoy representan el 8%. 

“El pentecostalismo y las filas cada vez más numerosas de los no afiliados a ninguna religión han crecido a expensas del catolicismo, que ha tenido un declive marcado en toda la región desde 1970”, dijo al diario The Wall Street Journal Andrew Chesnut, autor y profesor de estudios religiosos de la Universidad del Commonwealth de Virginia.

En efecto, entre 1970 y 2014 la caída más pronunciada de católicos se registró en Honduras, donde se redujo en 47 puntos porcentuales y fracción, al pasar de 94% al 46% actual. Sin embargo, el país menos católico de la región es Uruguay, con apenas un 42% de la población identificándose con esa religión. Este último índice no se debe a que el protestantismo esté muy extendido en ese país (15%), sino al elevado peso de los no creyentes (37%), destaca el diario español El País. Tras Uruguay, República Dominicana (18%) y Chile (16%) son los países latinoamericanos con mayor proporción de personas sin afiliación religiosa. En contraste, Paraguay es el país con el mayor porcentaje de adultos que se identifica como católicos, con un 90%, seguido de México (81%).

En total, el 84% de los adultos latinoamericanos manifestaron que fueron criados en el catolicismo, 15 puntos porcentuales más que los que actualmente se identifican como católicos. En cambio, sólo uno de cada 10 latinoamericanos (9%) fueron criados en credos protestantes, pero casi uno de cada cinco (19%) ahora se describe como protestante. Y, mientras sólo el 4% de los latinoamericanos fueron criados sin una afiliación religiosa, el doble de esa cantidad (8%) no tiene afiliación religiosa en la actualidad. 

Según el estudio del Pew, esto muestra que “los esfuerzos de evangelización por parte de las iglesias protestantes parecen estar surtiendo efecto”. Si bien el cambio del catolicismo hacia el protestantismo se ha producido entre personas de todas las edades y niveles socioeconómicos, el sondeo revela que la mayoría de los convertidos manifestó haber dejado el catolicismo antes de los 25 años.

Sobre las razones de los latinoamericanos para dejar la Iglesia Católica, la más esgrimida (81%) fue la “búsqueda de una conexión personal con Dios”. Muchos ex católicos también dijeron que se hicieron protestantes porque querían un estilo de culto diferente (69%), un mayor énfasis en la moralidad (60%) o una iglesia que ayudara más a sus miembros (59%). Asimismo, más de la mitad (58%) de quienes cambiaron la Iglesia Católica por el protestantismo dicen que su nueva iglesia se acercó a ellos.

“Muchos católicos piensan que algunas de las enseñanzas de su iglesia deberían revisarse”, sostiene el estudio. Por ejemplo, en toda América Latina una media del 66% de los católicos dicen que la iglesia debería permitir que los católicos usaran métodos anticonceptivos artificiales, y en Chile, Venezuela, Argentina y Uruguay, aproximadamente ocho de cada 10 católicos está a favor del cambio de las enseñanzas de la iglesia en cuanto a anticoncepción. 

También hay un apoyo sustancial entre los católicos latinoamericanos (una media regional del 60%) para ponerle fin a la prohibición del divorcio por parte de la iglesia. Nuevamente, los católicos de Chile (82%), Uruguay (78%) y Argentina (77%) están entre los que presentan una mayor tendencia a expresar su apoyo al cambio.

En la mayoría de los países latinoamericanos, en contraste, una firme mayoría se opone a permitir que los homosexuales y lesbianas se casen legalmente. Solo en un puñado de países, como Uruguay (62%), Argentina (52%) y México (49%), la mitad o más de la gente está a favor de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. En la mayoría de los países latinoamericanos, la oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo es más pronunciada entre los protestantes que entre los católicos. Por ejemplo, en el caso de Uruguay, un 59% a favor de la legalidad del matrimonio igualitario, opción que sólo es respaldada por un 35% de los protestantes.

Los católicos de América Latina están más divididos a la hora de plantear cambios en el sacerdocio. En todos los países encuestados, un promedio del 48% de los católicos cree que se debería permitir casarse a los sacerdotes. 

“Los católico aman al Papa Francisco”, indicó Neha Sahgal, una investigadora del Pew. Pero “actualmente no hay evidencia de que los ex católicos están particularmente enamorados, o que regresarán a la Iglesia Católica. Parece que su separación ha sido bastante decisiva”, concluyó.



Fuente: latercera.com

miércoles, 6 de agosto de 2014

Francisco revoca "suspensión a divinis" a sacerdote revolucionario.


"Querido pueblo de Nicaragua mi sacerdocio es de ustedes y para ustedes "

Miguel D'Escoto: "Mi condena fue un abuso de autoridad"

El religioso y ex ministro sandinista agradece a Francisco que revoque su suspensión a divinis

Redacción (Religión Digital), 05 de agosto de 2014 a las 08:21


El padre Miguel D'Escoto, a quien el papa Francisco le rehabilitó la administración de los sacramentos, suspendidos en 1985, por el ya fallecido papa Juan Pablo II, dijo a medios oficialistas que la sanción aplicada por Whojtila, fue un abuso de autoridad.

D'Escoto, de 81 años, recordó que cuando el Vaticano le aplicó la "suspensión a divinis" lloró y que entonces hubiese preferido lo ejecutaran. "Yo lloré con esa noticia. No por mí, sino por lo pequeña que se iba ver mi Iglesia, a la que yo tanto amo y le he dedicado mi vida", afirmó el cura revolucionario.

Aseguró que Roma le advirtió que abandonara su labor política o le suspendía sus hábitos sacerdotales, sin embargo, aclara D'Escoto, no podía traicionar a su pueblo ni a Daniel Ortega, optando por sus principios revolucionarios.

"Además yo no podía y siempre he querido ser obediente a la autoridad, pero nunca he querido traicionar mi conciencia y yo no pude obedecer por más que quisiera lo que Roma me pedía: porque eso implicaría traicionar a mi pueblo, traicionar a sus legitimas aspiraciones y derechos, traicionar a la revolución popular sandinista, a nuestros héroes y mártires a Daniel y a todos los compañeros que estábamos en la lucha. Entonces, no podía", comentó el sacerdote.

El cura revolucionario dijo que nunca tuvo rencor ante la sanción que el Vaticano le aplicó en 1985, bajo el papado del hoy San Juan Pablo II.

"En realidad fue un abuso de autoridad (...) y Dios me dio la gracia para cargar esto sin ningún rencor, sin ningún remordimiento y con mucho amor a mi Iglesia", reiteró el sacerdote.


D'Escoto se comparo a Jesús, al asegurar que seguir los caminos de Jesús "es arriesgarse, porque Jesús, fue el más grande anti imperialista de la historia, quien fue crucificado por ser anti imperialista".

"Querido pueblo de Nicaragua mi sacerdocio es de ustedes y para ustedes y me alegra volver a celebrar la misa", dijo Miguel D'Escoto, quien también dio a conocer que hace meses le pidió al cardenal Miguel Obando y Bravo, celebrar misa en su compañía, si sus derechos sacerdotales se le restituyeran.

(RD/Agencias)

lunes, 21 de julio de 2014

Cuando la religión no es una barrera.

Natalia, cristiana y su hermano Andrés, judío, con sus padres, Harry (judío) y Elena (católica)

FIELES DE DIFERENTES CREENCIAS CONVIVEN EN FAMILIA O EN PAREJA.

Compartir en la vida cotidiana los valores que enseñan diferentes religiones y respetar las creencias del otro, son la base para una convivencia en armonía. Así surge de diversos testimonios de personas que integran familias interreligiosas.

EDUARDO DELGADO. dom. 20 jul 2014

Andrés Abt tiene 41 años, es judío, dirigente de la lista 71 del Partido Nacional y empresario. Su padre es judío, su madre y su hermana, católicas. Juan Pedro Ribas es musulmán, tiene 66 años y una larga actividad en organizaciones sociales; sus cuatro hijos son católicos. Pablo Pérez es maestro de kung fu, tiene 38 años y está en un proceso hacia el budismo; su esposa es católica y un niño de siete años al que define como "hijo del corazón" comparte aspectos de ambas doctrinas.

Son algunas de las personas que forman parte de familias interreligiosas en Uruguay, que lo celebran y colocan entre lo mejor de sus vidas.

Para Abt, lo más difícil fue lo que vivieron sus padres 45 años atrás. "Mi padre es judío y mi madre es católica; que hubiera un casamiento entre fieles de dos religiones distintas era menos común de lo que es hoy, cuando cada vez se aceptan más los casamientos mixtos", dijo. Sin embargo, las dos familias no tuvieron problemas religiosos y cuando él y su hermana llegaron "siempre nos inculcaron la idea del respeto hacia las dos religiones", agregó.

"Mi mamá siempre me decía y me dice que lo más importante de las religiones es compartir con el otro las cosas en común, como ser buena persona, no matar, no robar. Los diez mandamientos son iguales para judíos y cristianos, y respetando eso uno puede pertenecer a cualquiera de las religiones".

Abt recordó cuando de niño, en las fiestas judías, su madre le pedía a sus amigas judías las recetas de las comidas preceptivas y cómo debían servirse "para que en nuestra casa hubiera la misma mesa que en cualquier casa judía en el mundo". Y en las fiestas de Navidad se armaba el árbol y todos los elementos navideños.

Fue su madre católica quien lo impulsó al judaísmo, sabedora de la significación que para sus abuelos paternos (que habían perdido todos sus familiares en la Segunda Guerra) tenía esa opción.


Esa formación le ayudó "a la convivencia con respeto" y a tomar como filosofía de vida el "construir puentes", no solo en la parte religiosa."Yo me siento y soy judío, hice la Bar Mitzvah (ceremonia de confirmación) y me siento perteneciente a la religión judía. Es algo que no dejo de lado, pero comparto lo otro, lo entiendo y lo sé parte de mi familia", dijo.

Dos años atrás, Abt se casó con una mujer católica y en la fiesta organizada por amigos hubo elementos de las dos religiones.

Abt es padrino de bautismo de una sobrina católica. "Cuando mi hermana me pidió que fuera padrino de su hija, fue una emoción enorme".

El mismo Abt fue bautizado en la Iglesia y circuncidado según el ritual judío.

"Para mi padre y mi madre era importante que en ese momento tuviera la fe de cada una de las dos religiones, y después de grande, elegir".
La biblia y el Corán.

Juan Pedro Ribas fue criado en el catolicismo y sus cuatro hijos lo fueron bajo los preceptos de esa religión.

Llegó un momento en que "quería cambiar mi vida profundamente, y en esa desesperación llamé a mi querido amigo (el obispo Pablo) Galimberti, y le dije: `Haceme cura`. Me dijo: `Sos muy viejo, podés ser diácono`. No sé muy bien qué es pero no me convencía", relató.

Personas de la obra social en que trabajaba le decían que la edad no era el tema porque la religión es servicio, "y yo soy un hombre de servicio", dijo.

Por ese entonces su hermano, el director técnico de fútbol Julio Ribas, dirigía en Omán y le aconsejó a Juan Pedro que leyera el Corán, porque es algo "fabuloso, trascendente".

"Empecé a leer y sentí que era algo que me llenaba, que podía darme ese cambio trascendente en la vida. Después viajé a otros lados, profundicé y acepté". En 2008 decidió convertirse en musulmán.

"Mis hijos al principio quedaron asombrados y hasta asustados", expresó. Pero una de sus hijas lo acompañó en un viaje a Irán y "quedó sorprendida de un mundo nuevo", tan diferente al que conocía por los medios, lleno de valores y respeto a la familia". "Me dijo que se dio cuenta que los hombres son buenos o malos sin que dependa de la religión", contó.

Juan Pedro, uno de sus hijos, dijo que saber de la conversión al islam de su padre "en el momento fue un sacudón". Primero fue "el desconocimiento del islam y las dudas que eso generaba" para ellos, que habían ido a un colegio salesiano y siempre estuvieron vinculados a la Iglesia católica. "Lo que me parece es que cualquiera sea la fe, si le hace bien a una persona, es positiva", señaló Juan Pedro hijo. "El cambio de mi viejo fue para bien", afirmó.

"Yo tengo amigos judíos, muchos amigos cristianos y ahora, un padre musulmán. Lo bueno es bueno en todas las religiones. Siempre es mejor ser un buen judío, un buen musulmán o un buen cristiano", concluyó Juan Pedro hijo.

Su padre evita algunas festividades "porque a veces se transforman en reuniones sociales donde se toma mucho. Nosotros lo tenemos prohibido". Pero en Navidad pasa con sus hijos. Uno de ellos dijo sonriendo que él no hace ayuno "ni aunque me paguen".

"Yo nunca vi una sociedad que aceptara tanto y respetara otras religiones e ideas como la uruguaya", señaló Juan Pedro. Relató que "una vez que tuve cierto conflicto de tipo ideológico, le rogué a personas importantes que no traigan la mentalidad de otros lados del mundo a este país tan maravilloso, que es una puerta abierta a la cultura y la religión. Creo que eso lo hemos conservado".

Juan Pedro adoptó el nombre de Alí pero casi no lo usa ya que opina que su propio nombre le da "garantías" a mucha gente. "Hay varios Alí en Uruguay y no somos todos iguales. Si utilizara solo el nombre que me adjudiqué en el islam daría lugar a confusión y yo respondo por mí y por mis actos", dijo.
Budismo.

El uruguayo Pablo Pérez es Laoshi (maestro, en mandarín) de kung fu. Practica artes marciales hace 31 años. Este año viajará por tercera vez a China y por primera vez ingresará al templo Shaolin del monte Song -una de las cinco montañas sagradas-, donde conocerá al abad Shi Yongxin, una autoridad del budismo.

En su niñez Pérez abrazó el cristianismo e incluso se educó en un colegio católico. Luego comenzó a tener contacto con la comunidad china en Uruguay, empezó a practicar tao y a estudiar medicina china, que tienen puntos en común con el budismo. Sus padres tomaron con naturalidad su proceso.

"Voy camino a ser budista", dijo. Su compañera es cristiana "con mente abierta", comentó.

"Damos gracias a Dios y a Buda, agradecemos y pedimos respetándonos el uno al otro", agregó. Su pareja tiene un hijo de siete años que él considera "un hijo del corazón". Lo conoce desde los dos años y ya practica kung fu.

"La madre reza antes de dormir y él aprendió algunas palabras en chino y del hinduismo, que son bendiciones también", relató.

"Para mí, Dios es uno solo con diferentes nombres y todos son valederos", concluyó Pérez.
El país más agnóstico de la región


Uruguay es el país más agnóstico de América Latina y con menor porcentaje de católicos en su población. Además, es el único país de la región en el que se da un proceso "acelerado de secularización", según el informe "Las religiones en tiempos del Papa Francisco", de la Corporación Latinobarómetro, que analiza 18 países de la región. En 1996 Uruguay tenía 60% de católicos y 18% de agnósticos. En 2013 había 41% de católicos y 38% de agnósticos o ateos. Un 13% se define creyente de otras religiones (protestantes, judíos, musulmanes, umbandistas, otros).

Fuente: elpais.com.uy

martes, 27 de mayo de 2014

Francisco propone “un nuevo modo” de ejercer el primado de Pedro en “comunión reconocido por todos”.


Católicos y ortodoxos firman una histórica declaración por la unidad en el Santo Sepulcro

"Tenemos ya el deber de dar testimonio común del amor de Dios colaborando en nuestro servicio a la humanidad"

José Manuel Vidal, 25 de mayo de 2014.-

Mediante nuestro testimonio común de la Buena Nueva del Evangelio, podemos ayudar a los hombres de nuestro tiempo a redescubrir el camino que lleva a la verdad, a la justicia y a la paz.

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El rabino Skorka en el Santo Sepulcro

(José M. Vidal/ J. Bastante).- Gesto histórico sin precedentes. Francisco y Bartolomeorezan juntos en el Santo Sepulcro ante la tumba vacía por vez primera en la historia desde la división de las dos grandes ramas del cristianismo, firman una declarción conjunta y escuchan de la boca de Bergoglio la propuesta para ejercer de una manera nueva el primado de Pedro en aras de la unidad de todos los cristianos.

Pedro y Andrés se vuelven a abrazar, recordando el abrazo de hace 50 años entre Pablo VI y Atenágoras. ¿La unidad de los cristianos puede ser una realidad a corto plazo?

El Santo Sepulcro, dividido en múltiples estancias de las diversas confesiones se une por una vez. Coptos, armenios, etíopes, griegos, ortodoxos y católicos rezan unidos. Presididos por sus dos máximos líderes: Francisco y Bartolomeo. Ante el sepulcro, en torno al cual comenzaron guerras y divisiones, y desde el cual recomienza siempre la búsqueda de la unidad.

Suenan las campanas, esperando al Papa y al Patriarca, que llegan con una hora de retraso. Acaban de firmar una declaración conjunta por la unidad.

Bajan juntos las escaleras, agarrados de la mano: ninguno de los dos es joven, y sin embargo, asumen con ilusión la tarea de la reconciliación entre los seguidores de Jesús. En el lugar donde fue crucificado el Salvador.

Se nota que el Papa está visiblemente emocionado: es la primera vez que visita el Santo Sepulcro. Ambos oran en silencio, entre cánticos griegos, junto a la piedra en la que, según la tradición, fue alojado el cuerpo de Jesús. Más de un milenio después, no es una quimera ver a cristianos orar, celebrar, compartir en comunión los misterios de la fe.

Francisco observa con atención todos y cada uno de los rincones del Santo Sepulcro. Una estancia preciosa, que refleja como ninguna otra las distintas formas de vivir el Cristianismo. Y, también, la división que, a diario, impide que se celebren a la vez, en el mismo lugar, distintas liturgias ortodoxas, armenias, coptas o católicas.


El encuentro ecuménico arranca con un recuerdo emocionado a los 50 años del encuentro entre Atenágoras y Pablo VI, y una petición para que los seguidores del Señor trabajen juntos por la paz. "Bienvenidos Papa Francisco y Patriarca Bartolomeo, en la Gloria de Jesús resucitado", arranca el acto, que clama por la reconciliación entre los cristianos.

En los últimos 50 años hemos visto los frutos del diálogo teológico entre las confesiones cristianas, reconocen, pese a las diferencias. "Rezamos no sólo por la unión de nuestras confesiones, sino por la paz en el mundo, y particularmente por la paz en esta región", continúa el discurso de bienvenida del custodio del Santo Sepulcro, haciendo especial hincapié en Siria.

"No seamos hombres de muerte, seamos hombres y mujeres de Resurrección, de vida", afirma el Papa, quien reclamó un "apremiante llamado a la unidad. Todos sois mis hermanos".

"No podemos negar las divisiones que existen entre los discípulos de Jesús"

"A los 50 años del abrazo entre Pablo VI y Atenágoras, reconozcamos el paso tan importante para la unidad"

"Las diferencias no nos deben asustar ni paralizar nuestro camino"

"Como se removió la piedra del sepulcro, podrán moverse todas las piedras que iimpiden el camino de la comunión"

"Pidámonos perdón los unos a los otros por los pecados cometidos en los conflictos entre cristianos, y que tengamos el coraje de pedir y ofrecer nuestro perdón. Si no, no tendremos experiencias de nuestra Resurrección"

"Tengamos el coraje de entender la Iglesia como un diálogo con todos los hermanos en Cristo, para encontrar una forma de ejercicio del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misión, se abra a una situación nueva, y pueda hacer, en el contexto actual, un servicio de amor y comunión reconocido por todos"

"Nuestro recuerdo vaya para el Medio Oriente. En nuestra oración, tantos hombres y mujeres que en diversas partes del planeta sufren por la guerra, la pobreza o el hambre.Así como por la persecución de millones de cristianos por distintas causas. Cuando cristianos sufren juntos, se prestan unos a otros ayuda, se realiza un ecumenismo del sufrmiento, el ecumenismo de la sangre, que posee una particular eficacia, no sólo por el contexto, sino por la comunión de los santos, para toda la Iglesia".

"Cuando nos persigan por odio a la fe, no nos preguntamos si son ortodoxos o católicos: son cristianos. Es sangre cristiana"

"Hermanos queridísimos: abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo, al espíritu del amor, para caminar juntos para que llegue el día de la comunión plena. Y que nos sintamos unidos en la oración que Jesús elevó en la víspera de su pasión. Que sean una sola cosa, para que el mundo crea. Y cuando la desunión nos haga pesimistas, caminemos todos bajo el manto de la santa madre de Dios"

El acto, como no podía ser de otra manera, concluyó con el rezo conjunto del Padre Nuestro.



Palabras del Papa en la celebración ecuménica


En esta Basílica, a la que todo cristiano mira con profunda veneración, llega a su culmen la peregrinación que estoy realizando junto con mi amado hermano en Cristo, Su Santidad Bartolomé. Peregrinamos siguiendo las huellas de nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, que, con audacia y docilidad al Espíritu Santo, hicieron posible, ha-ce cincuenta años, en la Ciudad santa de Jerusalén, el encuen-tro histórico entre el Obispo de Roma y el Patriarca de Cons-tantinopla. Saludo cordialmente a todos los presentes. De modo particular, agradezco vivamente a Su Beatitud Teófilo, que ha tenido a bien dirigirnos unas amables palabras de bienvenida, así como a Su Beatitud Nourhan Manoogian y al Reverendo Padre Pierbattista Pizzaballa, que hayan hecho posible este momento.
Es una gracia extraordinaria estar aquí reunidos en oración. El Sepulcro vacío, ese sepulcro nuevo situado en un jardín, donde José de Arimatea colocó devotamente el cuerpo de Jesús, es el lugar de donde salió el anuncio de la resurrección: "No tengan miedo, ya sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado, como había dicho. Vengan a ver el sitio donde yacía y vayan aprisa a decir a sus discípulos: ‘Ha re-sucitado de entre los muertos'" (Mt 28,5-7). Este anuncio, confirmado por el testimonio de aquellos a quienes se apareció el Señor Resucitado, es el corazón del mensaje cristiano, trasmitido fielmente de generación en generación, como afirma desde el principio el apóstol Pablo: "Lo primero que les transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras" (1 Co 15,3-4). Lo que nos une es el fundamento de la fe, gracias a la cual profesamos juntos que Jesucristo, unigénito Hijo del Padre y nuestro único Señor, "padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos" (Símbolo de los Apóstoles). Cada uno de nosotros, todo bautizado en Cristo, ha resucitado espiritualmente en este sepulcro, porque todos en el Bautismo hemos sido realmente incorporados al Primogénito de toda la creación, sepultados con Él, para resucitar con Él y poder caminar en una vida nueva (cf. Rm 6,4).
Acojamos la gracia especial de este momento. Detengámonos con devoto recogimiento ante el sepulcro vacío, para redescubrir la grandeza de nuestra vocación cristiana: somos hombres y mujeres de resurrección, no de muerte. Aprendamos, en este lugar, a vivir nuestra vida, los afanes de la Iglesia y del mundo entero a la luz de la mañana de Pascua. El Buen Pastor, cargando sobre sus hombros todas las heridas, sufrimientos, dolores, se ofreció a sí mismo y con su sacrificio nos ha abierto las puertas a la vida eterna. A través de sus llagas abiertas se derrama en el mundo el torrente de su misericordia. ¡No nos dejemos robar el fundamento de nuestra esperanza! ¡No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrección! Y no hagamos oídos sordos al fuerte llamamiento a la unidad que resuena precisamente en este lugar, en las palabras de Aquel que, resucitado, nos llama a todos nosotros "mis hermanos" (cf. Mt 28,10; Jn 20,17).
Ciertamente, no podemos negar las divisiones que todavía hay entre nosotros, discípulos de Jesús: este lugar sagrado nos hace sentir con mayor dolor el drama. Y, sin embargo, cincuenta años después del abrazo de aquellos dos venerables Padres, hemos de reconocer con gratitud y renovado estupor que ha sido posible, por impulso del Espíritu Santo, dar pasos realmente importantes hacia la unidad. Somos conscientes de que todavía queda camino por delante para alcanzar aquella plenitud de comunión que pueda expresarse también compartiendo la misma Mesa eucarística, como ardientemente deseamos; pero las divergencias no deben intimidarnos ni paralizar nuestro camino. Debemos pensar que, igual que fue movida la piedra del sepulcro, así pueden ser removidos todos los obstáculos que impiden aún la plena comunión entre nosotros. Será una gracia de resurrección, que ya hoy podemos pregustar. Siempre que nos pedimos perdón los unos a los otros por los pecados cometidos en relación con otros cristianos y tenemos el valor de conceder y de recibir este perdón, experimentamos la resurrección. Siempre que, superados los antiguos prejuicios, nos atrevemos a promover nuevas relaciones fraternas, confesamos que Cristo ha resucitado verdaderamente. Siempre que pensamos el futuro de la Iglesia a partir de su vocación a la unidad, brilla la luz de la mañana de Pascua. A este respecto, deseo renovar la voluntad ya expresada por mis Predecesores, de mantener un diálogo con todos los hermanos en Cristo para encontrar una forma de ejercicio del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misión, se abra a una situación nueva y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de comunión reconocido por todos (cf. Juan Pablo II, Enc. Ut unum sint, 95-96).
Peregrinando en estos santos Lugares, recordamos en nuestra oración a toda la región de Oriente Medio, desgraciadamente lacerada con frecuencia por la violencia y los conflictos armados. Y no nos olvidamos en nuestras intenciones de tantos hombres y mujeres que, en diversas partes del mundo, sufren a causa de la guerra, de la pobreza, del hambre; así como de los numerosos cristianos perseguidos por su fe en el Señor Resucitado. Cuando cristianos de diversas confesiones sufren juntos, unos al lado de los otros, y se prestan los unos a los otros ayuda con caridad fraterna, se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia.
Santidad, querido Hermano, queridos hermanos todos, dejemos a un lado los recelos que hemos heredado del pasado y abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo, el Espíritu del Amor (cf. Rm 5,5) y de la Verdad (cf. Jn 16,13), para marchar juntos hacia el día bendito en que reencontremos nuestra plena comunión. En este camino nos sentimos sostenidos por la oración que el mismo Jesús, en esta Ciudad, la vigilia de su pasión, elevó al Padre por sus discípulos, y que no nos cansamos, con humildad, de hacer nuestra: "Que sean una sola cosa... para que el mundo crea" (Jn 17,21).

martes, 1 de octubre de 2013

Encuentros inter religiosos en el Luna Park.


Datos y Reflexiones. Parte 1.

Por Hilario Wynarczyk. (*)

Buenos Aires.

En estos momentos el tema del diálogo inter-religioso y las aproximaciones entre algunos evangélicos y católicos adquiere cierta relevancia por la asunción de Francisco, Papa, que fuera el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, un auspiciador de esta clase de eventos.

En el texto que sigue quiero exponer la crónica que escribí en el año 2009, del Quinto Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos en el Espíritu, organizado por CRECES (Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo). Aquella crónica fue publicada originalmente por Prensa Ecuménica.

La Religión Pública En El Luna Park.

A la nota que aquí podremos leer le seguirá otra, en la que habré de referirme al Sexto Encuentro, que tuvo lugar el año 2012, y otros hechos posteriores. Incluiré entonces unas breves reflexiones personales.

Pero es interesante detenernos en otro aspecto de la cuestión que le da relevancia en estos días. Lo explicaré citando tramos del artículo de María Pagano titulado “El Luna Park ahora es de la Iglesia” (diario La Nación, 16 de septiembre, 2013, páginas 1 y 20).

“El Luna Park, escenario de memorables páginas de la historia deportiva, cultural y política de la Argentina, y uno de los íconos de la ciudad, pasa a manos de la Iglesia Católica”.

“La dueña de la mayor parte de la sociedad propietaria del estadio que vibró con las grandes victorias de Nicolino Locche, Carlos Monzón y Pascual Pérez, en el que cantaron Frank Sinatra, Liza Minelli y Luciano Pavarotti (…) lo legó en partes iguales a Cáritas Buenos Aires y a los salesianos de San Juan Bosco (…)”.

“Ernestina de Lectoure, que murió el 9 de febrero pasado a los 95 años, tras una larga enfermedad, no tenía hijos. En su testamento dejó el 95 % de Stadium Luna Park Lectoure y Lectoure SRL, propietaria del estadio, a la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco y a Cáritas, representada legalmente por el Arzobispado de Buenos Aires”.

En mi libro “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina” hice referencia también a una importante concentración de espiritistas en la década de 1950, permitida por el entonces presidente Juan Domingo Perón, que escandalizó a muchos católicos. Posteriormente desde la década del 90, el Luna Park viene siendo también el espacio de grandes reuniones de evangélicos.

No busquéis al que está muerto.
Multitud oró en el Luna Park de Buenos Aires.
Quinto Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos en el Espíritu

El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especies aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Lucas 24.1-5

Carácter Del Encuentro.

El Cardenal Jorge M. Bergoglio, fue aclamado por la multitud de casi 6000 personas en el Luna Park, el día viernes 1 de mayo de 2009, Día del Trabajador. Luna Park, el mismo en el que la noche anterior, “la Tigresa” Marcela Acuña ganó el título mundial de box femenino. La multitud asistía al Quinto Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos en el Espíritu, organizado por CRECES (Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo), desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde, bajo el lema “Reconciliados en Jesús”.

Una gran parte de ese público, formada por evangélicos, posiblemente no tendría una experiencia anterior de contacto con la figura de Bergoglio, sus creencias religiosas y sus misas. Supongo que Bergoglio fue aclamado como una figura pública. Es desde ese ángulo que deberíamos enfocar, en mi hipótesis, el impactante saludo de la multitud a su presencia.

La alocución del cardenal, sumamente breve, presentó las características típicas de la oratoria de cualquier pastor evangélico. Dijo solamente unas pocas palabras, abrió la Biblia, le indicó al público una lectura, y enfocó el tema de la búsqueda del Jesús muerto, cuando deberíamos buscar el Jesús que vive. Bergoglio tomó como eje un relato de los evangelios en las versiones de Marcos y Lucas, acerca del modo en que las mujeres que habían venido con él de Galilea, y algunas otras mujeres con ellas, lo buscaban a Jesús en el sepulcro, y, a mi entender, dio en el dínamo del encuentro, el Jesús de poder, y la unción del Espíritu que cura la mente atormentada, la familia desunida, el cuerpo lastimado, el alma sin esperanza. Su referencia más concreta a la sociedad argentina, consistió en decir “que podamos construir una nación reconciliada y que nuestras diferencias no sean belicosas”.

A la inversa, no hubo en este encuentro manifestaciones de culto mariano (sustancialmente inherente a la fe católico-romana). Se trató de una masiva reunión Cristocéntrica y pneuma-céntrica (perdón, lector, por la palabra, pero “pneuma” significa “espíritu”, “soplo” espiritual, “soplo” vital).

La reunión del Luna Park fue precedida por otra, los días miércoles y jueves, en una casa de retiros de la Iglesia Católica en la localidad de Pilar, donde se encontraron setenta ministros religiosos, evangélicos y católicos.

Sin embargo, sería inexacto expresar que el encuentro del Luna Park fue ecuménico, como se desprendería del reporte de uno de los principales diarios de la ciudad de Buenos Aires. O en todo caso, fue “ecuménico” si utilizamos el término en sentido extenso. Pero en su modo estricto, la expresión alude a un movimiento que, surgido desde el Concilio Vaticano II, en pleno apogeo de la Guerra Fría, a comienzos de los 60, atrajo mayormente a los pastores de las iglesias herederas de las tradiciones de las reformas luterana, calvinista y anglicano-metodista. En esa época muchas iglesias evangélicas, del tipo bautista y pentecostal, entre otras, no compartieron las actividades con los católicos. Ahora en cambio, los evangélicos presentes en el Luna Park, provenían de este último sector renuente al Movimiento Ecuménico. Por eso, quizás sería mejor hablar de un encuentro inter-religioso, por lo menos hasta el momento en que la palabra “ecumenismo” vuelva a hallarse dotada de un significado específico, adquirido en otra época, cuatro décadas después del surgimiento del Movimiento Ecuménico, en otro contexto, con diferentes actores.

Dinámica Del Encuentro.

Por la densidad de sus alocuciones, hubo otras figuras centrales en el encuentro del Luna Park. El obispo católico Joseph A. Grech, capellán con dedicación plena para la Renovación Carismática en la arquidiócesis católica de Melbourne, Australia, que tuvo a su cargo dos predicaciones del evento; el reverendo Omar Cabrera Jr., que preside la iglesia pentecostal Visión de Futuro, con epicentro en la ciudad de Santa Fe y notable extensión hacia varias provincias de la Argentina y la Capital Federal; la señora Kim Phuc, Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO; el pastor Carlos Mraida, de la Iglesia Bautista del Centro, de orientación renovada-carismática; el pastor Jorge Himitián, heredero de la rica tradición de la Comunidad Cristiana formada alrededor de los armenios en la Ciudad de Buenos Aires y otros lugares de la Argentina; el sacerdote católico Alberto Ibáñez Padilla, que desde hace cuatro décadas lleva adelante una actividad de interacción alrededor de la renovación carismática con evangélicos como Jorge Himitián.

En el plano organizativo del evento, desempeñaron importantes roles, el pastor pentecostal Norberto Saracco y Fernando Gianetti, padre cura encargado del área de Ecumenismo de la Arquidiócesis de la Ciudad Autónoma de la Ciudad de Buenos Aires.

El encuentro en su totalidad, fue dinamizado por un coro y banda; la música estuvo a cargo del Grupo Triju. El tono del encuentro reunía a través de la música, el canto, y el acompañamiento corporal del público, las características propias de un gran encuentro de evangélicos entusiastas. Pero había algunas monjas muy jóvenes, cantando y dando brincos al son de la música, igual que el resto de la multitud presente, en la práctica que los evangélicos suelen denominar ritual de adoración y alabanza. La música y el canto unido de la multitud verdaderamente producían un “subidón” de adrenalina.

A su tiempo, el pastor Carlos Mraida hizo las únicas detalladas extensiones analíticas del concepto de reconciliación hacia aspectos de la vida cotidiana de los argentinos: el individuo, la familia, la brecha entre los ricos y los pobres, la política de los partidos. La afirmación más contundente de Mraida fue que los políticos deberían reconciliarse con los intereses de la gente. “Si no lo hacen, el efecto bumerán se volverá contra ustedes y otra vez oiremos el grito popular: que se vayan todos”. (Ese “que se vayan todos” es toda una marca en la cultura cívica argentina, que marcó las protestas colectivas al final del gobierno de Fernando de la Rúa en el 2001, pero también, veinte años antes, las que hubo en la Plaza de Mayo luego del desastre de Malvinas, en la primera mitad del año 1982; un par de meses antes, nada más, multitudes similares en la misma Plaza festejaron la invasión de las islas Malvinas, planificada por los jefes de la dictadura, para reintegrarlas al patrimonio nacional).

Kim Phuc, Víctima De La Guerra De Vietnam.

El discurso de Kim Phuc merece una nota específica en esta crónica. Lo que sigue se basa en sus palabras, ilustradas con un documental.

Cuando Kim Phuc tenía 9 años, el 8 de junio de 1972 fue alcanzada por el fuego del napalm en una localidad cerca de Saigón (y un año más tarde en el continente latinoamericano comenzaría una etapa de dictaduras militares). El napalm destruyó sus ropas y quemó parte de su cuerpo. Quedaron registradas en ese momento, la filmación de varías bombas que caían desde un avión estadounidense, la fotografía instantánea de una niña desnuda y presa del pánico, que al día siguiente recorrió el mundo, y la filmación a color de la niña desnuda mientras huía. A su lado corrían sus hermanos y primos. Todo sucedía en un camino asfaltado y atrás se veían casas. El fotógrafo de guerra Nick Ut, que retrató a la niña, también la salvó llevándola en sus brazos a un hospital (más tarde fue galardonado con un premio Pulitzer). En una secuencia de la filmación aparecía un chico de tres años, primo de Kim, llevado en brazos por su abuela, con un colgajo en una pierna. El colgajo parecía una media desprendida pero era piel. Para entenderlo mejor debemos saber cómo trabaja el napalm. Produce entre 800 y 1000 grados de temperatura, arde bajo la piel según el testimonio de Kim, y es difícil de apagar.

Tres días después, Kim fue trasladada a un hospital para quemaduras, en Saigon. Durante catorce meses recibió diecisiete operaciones. Con su desgracia la niña se convirtió en un símbolo de la guerra y un medio de propaganda. La foto de esa niña hizo gran impacto también en la sociedad norteamericana y en la oposición interna de ese país a la guerra. Oficiales militares del régimen vietnamita la llevaban a entrevistas. Pero dentro suyo Kim no era feliz, se sentía sola, aislada y controlada, expresó en su discurso en el Luna Park. Y pensaba que nunca tendría un novio, un marido, hijos.

Más tarde, sucedieron otros hechos cruciales en su vida. En 1982 abandonó la religión tradicional vietnamita y se convirtió al cristianismo. Esa Navidad leyendo la Biblia sintió y creyó que Jesús puede ser el salvador, que ayuda a vencer el dolor emocional y físico. En 1984, cuando tenía 21 años, le hicieron la última de las operaciones en un hospital en Alemania, recuperó la libertad para mover el cuello y luego decidió que quería ser médica.

Kim obtuvo una entrevista con el Primer Ministro de su país y logró por su intermedio una beca para estudiar medicina en Cuba. Por eso Kim aprendió español, que habla con buena sintaxis pero una fonética trabajosa. En la isla se puso de novia, se casó, y consiguió viajar de luna de miel con su marido a Moscú en 1992, cuando ya tenía 29 años (para entonces había alcanzado su fin el ciclo de la Guerra Fría con el desmembramiento de la Unión Soviética). En el camino de regreso a la isla, cuando el avión se detuvo en Canadá para cargar gasolina, ambos desertaron. Actualmente, Kim vive en Montreal, es feliz con su marido y tiene dos hijos.

En 1996, fue invitada a un acto en Washington, en el que se encontró con veteranos de Vietnam y les dirigió un discurso de reconciliación. Luego pudo reunirse con el oficial que había comandado el lanzamiento de las bombas. En el origen de la historia, el mismo día de junio de 1972, John Plumier, regresó convencido de que había cumplido con su misión, al comandar un ataque supuestamente dirigido a neutralizar refugios de enemigos. Al día siguiente conoció por los diarios la fotografía de Kim, que de inmediato había recorrido el mundo. Posteriormente el capitán Plumier no avanzó más en su carrera y marcó su vida con el alcoholismo y matrimonios fracasados. Finalmente también se hizo cristiano y llegó a ser pastor de una congregación del interior de su país. El encuentro de Kim y este hombre, era en cierto modo, el encuentro de dos víctimas de la guerra.

En 1997 Kim creó una fundación especializada en atender niños víctimas de la guerra, mediante la provisión de cuidados médicos, prótesis y atención psiquiátrica. Ella misma conserva rastros de quemaduras en el brazo izquierdo. Pero hubo otro daño que la cirugía no pudo corregir. Durante largo tiempo tuvo en su conciencia la imagen de algo así como una taza de café oscuro. Esa taza de café oscuro y amargo simbolizaba el trauma que no podía borrar. Por medio de la fe y el perdón basado en la fe, logró que esa imagen desapareciese de su mente. En este punto reside el mensaje que Kim trasmite a la manera de una evangelista: la reconciliación, la restauración, el perdón, la paz.

Como en toda reunión de evangélicos, el público hace una ofrenda para sostener el culto. Esta vez la ofrenda fue recolectada solamente para la fundación que dirige Kim (el evento fue costeado con las entradas de los presentes, cuyo valor era de veinte pesos, y con otros recursos de las iglesias). Ante el llamado a la ofrenda, el público depositó en las cajas 42.453 pesos, un reloj y un anillo. Quizás se trata de un promedio de ofrendas de seis a ocho pesos por persona. Como Embajadora de la Buena Voluntad de la UNESCO, Kim fue recibida también por el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina y apareció en la televisión y los diarios locales.

El suyo fue el menor de los discursos, posiblemente, desde el punto de vista del nivel de su retórica, llena de lentitudes idiomáticas. Pero comunicó el testimonio personal de mayor impacto acerca del tema central, la superación del dolor y la reconciliación. Luego Bergoglio pronunció el discurso con el que dimos inicio a este reporte.+ (PE/Cordialmente)


(*) Dr. Hilario Wynarczyk. Doctor en Sociología (Universidad Católica Argentina, UCA)
Master en Ciencia Política (Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil, UFMG). Licenciado en Sociología (Universidad de Buenos Aires, UBA). Integra Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales (RELEP), Programa Latinoamericano de Estudios Socio-Religiosos (PROLADES), Grupo de Estudios Multidisciplinario sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP). Ha sido integrante del Consejo de Expertos de las Secretaría de Culto de la Nación

Nota. Publicado en Cordialmente, revista on line de PASTORESxlaGENTE , el 23 septiembre, 2013.

SN 0246/13

Fuente: Ecupres
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