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viernes, 16 de noviembre de 2018

Razones para el diálogo interreligioso e intercultural.

En el artículo de la semana pasada (blog de Juan José Tamayo en amerindiaenlared.org):
escribí sobre “El diálogo interreligioso, respuesta a la violencia” con motivo de mi participación en el II Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y educación por la convivencia y la Paz”, convocado por el Ayuntamiento de Madrid.

Hoy ofrezco una nueva reflexión sobre el tema centrado en “Las razones para el diálogo interreligioso e intercultural”, que expuse en mi intervención en el Seminario Internacional Permanente Diálogos Oriente-Occidente sobre “El diálogo intercultural e interreligioso como herramientas para prevenir y erradicar el extremismo”, organizado por la Facultad de Filología y el Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Embajada de los Emiratos Árabes Unidos y la Euromediterranean University Institute bajo la coordinación científica del Dr. Mohamed Dahiri, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la UCM.

La tolerancia, el diálogo y la no-violencia no han sido precisamente valores que hayan caracterizado a las religiones, o al menos a sus dirigentes, ni en el comportamiento con las personas creyentes ni en su actitud ante la sociedad. La mayoría de las religiones han impuesto un pensamiento único y han perseguido, castigado y expulsado de su seno a los creyentes considerados disidentes y heterodoxos. Han invadido espacios civiles que no eran de su competencia y han impuesto sus creencias, muchas veces por la fuerza, recurriendo a la violencia. Por lo mismo, el diálogo ha brillado por su ausencia. Se ha impuesto, más bien, el anatema, la condena, la exclusión. Lo mismo cabe decir de la no-violencia y de los mensajes de paz, que están presentes en los mensajes originarios de las mayoría de las religiones, pero con frecuencia ausentes en sus prácticas, que suelen ser violentas.
Lo que con gran lucidez decía de los cristianos Baruc Spinoza, que había sufrido en su propia carne la exclusión de la comunidad judía, es aplicable a no pocos creyentes de otras religiones:
“Me ha sorprendido a menudo ver a hombres que profesan la religión cristiana, religión de paz, de amor, de continencia, de buena fe, combatirse los unos a los otros con tal violencia y perseguirse con tan terribles odios, que más parecía que su religión se distinguía por este carácter que por lo que antes señalaba. Indagando la causa de este mal, he encontrado que proviene, sobre todo, de que se colocan las funciones del sacerdocio, las dignidades y los deberes de la iglesia en la categoría de las ventajas materiales, y en que el pueblo imagina que toda religión consiste en los honores que tributa a sus ministros” (Spinoza, 1986: 66).

¿Quiere esto decir que la intolerancia y la violencia constituyen la ley de las religiones? No. Yo que creo:
ni el choque de civilizaciones es la ley de la historia;
ni las guerras de religiones son una constante en la vida de los pueblos;
ni los fundamentalismos pertenecen a la esencia de las religiones;
ni los enfrentamientos entre las diferentes etnias están en la naturaleza de éstas;
ni las diferencias culturales tienen que desembocar en conflictos entre ellas;
ni las diferentes disciplinas tienen que estar enfrentadas por defender celosamente su campo de estudio;
ni los pueblos tienen que resolver sus problemas y conflictos violentamente;
ni las identidades se construyen imponiéndose y destruyéndose unas a otras;
ni la sumisión de las mujeres bajo el imperio del patriarcado constituye el principio de organización de la sociedad ni el modelo de relaciones humanas.

Todo lo contrario. El choque de civilizaciones, los fundamentalismos, los enfrentamientos étnicos, los conflictos identitarios y el patriarcado son construcciones ideológicas de los poderes políticos, económicos, militares, religiosos y culturales hegemónicos que establecen alianzas entre sí para mantener su poder sobre el mundo y sobre las conciencias de la ciudadanía. Son construcciones humanas que manipulan las culturas, a las que ponen al servicio de proyectos imperialistas opresores; a Dios, a quien se invoca como aliado suyo; a las religiones, consideradas expresa o tácitamente como sanción moral de sus comportamientos, incluso violentos.
Las religiones y las culturas no pueden caer en la trampa que les tienden los poderes hegemónicos. No pueden seguir siendo fuentes de conflicto entre sí ni seguir legitimando los choques de intereses espurios de las grandes potencias. No pueden estar sometidas al asedio del mercado ni al servicio de los poderosos La alternativa al choque de civilizaciones, al conflicto entre culturas, a la guerra de religiones y a los enfrentamientos éticos es el diálogo, cuyas razones expongo a continuación en un tridecálogo:
1. El diálogo forma parte de la estructura del ser humano como ser social, que implica crear espacios de comunicación y lugares de encuentro.
2. El diálogo forma parte de la estructura del conocimiento y de la racionalidad. La razón es dialógica, no autista; intersubjetiva, no puramente subjetiva. Nadie puede decir que posea la verdad en exclusiva y en su totalidad.
3. El diálogo requiere argumentación y exige dar razones y exponerlas con rigor, pero también escuchar las razones del otro y cambiar de opinión se estas resultan más convincentes que las propias.
4. El diálogo es una de las claves fundamentales de la hermenéutica, ya que nos permite comprender los acontecimientos y los textos de otras tradiciones culturales y religiosas y los textos del pasado de nuestra propia tradición.
5. El diálogo constituye una alternativa al fundamentalismo, al integrismo, al fanatismo, al dogmatismo y es un antídoto contra el enfrentamiento entre culturas y religiones y frente a toda amenaza totalitaria.
6. A favor del diálogo aboga la historia de las religiones, que muestra la gran riqueza simbólica de la humanidad, la pluralidad de manifestaciones de lo sagrado, de lo divino, del misterio, y las múltiples respuestas a las preguntas por el sentido de la vida y el sin-sentido de la muerte.
7. La verdad no se impone por la fuerza del poder, sino que es fruto de acuerdo entre los interlocutores tras una larga y ardua búsqueda, donde se compaginan el consenso y el disenso.
8. El pluriverso de culturas aboga por el diálogo intercultural. Ninguna cultura puede considerarse en posesión única de la verdad como si se tratara de una propiedad privada recibida en herencia o a través de una operación mercantil.
9. El diálogo intercultural e interreligioso constituye un imperativo ético para la supervivencia de la humanidad, la paz en el mundo, la lucha por la justicia, la defensa de la naturaleza y el logro de la igualdad en la diversidad.
10. La interdependencia de los seres humanos, la pluralidad de cosmovisiones, las diferencias de opiniones y los conflictos de intereses demandan una cultura del diálogo.
11. Sin diálogo, afirma Raimon Panikkar, el ser humano se asfixia y las religiones
se anquilosan. Por lo mismo, sin diálogo la diversidad es inalcanzable y sin respeto a la diversidad el diálogo es inútil, confirma el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo.
12. El diálogo no puede girar en cuestiones superficiales, sino que tiene que ser radical, es decir, girar en torno a los problemas más acuciantes que viven la humanidad y la naturaleza e ir a la raíz de los mismos.
13. Los interlocutores del diálogo no pueden ser los apologistas de las religiones y culturas, sino las personas críticas de sus propias tradiciones culturales y religiosas. Eso las libra de su instalación complaciente en certezas absolutas y verdades eternas, al tiempo que las lleva a reconocer la complejidad de la realidad y estar abiertas al cambio. .

martes, 3 de julio de 2018

Dios es de todos.


Victorino Pérez: "Dios es de todos. Ninguno tenemos la posesión de esa verdad; la verdad es Dios"

"La raíz de los conflictos no es religiosa... El conflicto es económico, de poder; es un conflicto político"

El diálogo ecuménico e interreligioso es más posible que nunca

por Jesús Bastante

Victorino Pérez Prieto es un hombre con muchos talentos. Teólogo, filósofo y cura casado, es experto en el diálogo interreligioso, y, específicamente, en las visiones de la religión del pensador catalán Raimon Panikkar y del Padre de la Iglesia del siglo IV, Prisciliano.

Teologías que le han llevado a la convicción de que "desde la búsqueda común de la armonía, desde el caminar juntos, somos iguales en dignidad pero diferentes, y esas diferencias son las que más nos enriquecen como seres humanos".

Nos alegra decirles que hoy contamos con la presencia de Victorino Pérez Prieto, por fin, porque hace ya años que lo queríamos entrevistar. Victorino, bienvenido.

Bien hallado. Gracias.

Victorino es teólogo, doctor en Teología y en Filosofía. Y, espero no decirlo mal, cura casado.

Exactamente.

Ni cura exclaustrado, ni ex-cura, ni nada por el estilo.

Es uno de los mayores expertos en Prisciliano y, para los que no conocíamos esta faceta tuya, también en uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo: Raimon Panikkar.

Sí, de hecho, sobre Raimon Panikkar hice la tesis en Filosofía, y en Teología. Por lo tanto, sé mucho de Prisciliano, pero más aún de Panikkar.

Y también de diálogo interreligioso e intercultural que, en este mundo en el que nos movemos, hoy parece fundamental. Más allá de que las religiones están destinadas a tener un papel u otro en la sociedad occidental, lo que es ineludible es que si no nos entendemos entre nosotros, difícil va a ser que nos entendamos con el esto del mundo.

Sí, ciertamente. Es uno de los temas que más he trabajado en mi teología. Y ha sido porque me interesa particularmente. Es decir, es un tema que hasta hace poco era secundario en teología, y hoy es fundamental.

Hoy las religiones están muy vivas. Los grandes maestros de la sospecha: Marx, Nietzsche, Freud, dijeron que iban a desaparecer en el siglo XX con el ser humano adulto, racional, que supera la alienación religiosa, que supera la neurosis, que diría Freud, o que está llamado a ser el superhombre, que diría Nietzsche.

La muerte de Dios.

Eso es. Pero, en este sentido, estos genios fueron unos pésimos profetas. La religiones no solo no desaparecieron en el siglo XX, ni en el siglo XXI, sino que están muy vivas. Lo que ocurre es que las religiones cambian históricamente. La gente de hoy es tan religiosa como siempre, y el ateísmo sigue siendo minoritario, pero las religiones han tenido que cambiar porque las sociedades cambian.

También el ateísmo es una forma de plantear esa existencia de Dios.

Justamente.

Muy distinto es que seas un agnóstico, que no te importe que exista o que deje de existir. Pero un ateo sí se preocupa.

Sí, y un agnóstico, cuando es muy consciente, también se preocupa, porque no se atreve a tomar una postura totalmente opuesta. Además, el diálogo entre las personas que nos llamamos religiosas y las que no lo son es muy importante.

En primer lugar quiero hacer una precisión: hay un lenguaje que debemos de superar y que se perpetúa: el mundo se divide en creyentes y no creyentes. Y a mí eso me parece una barbaridad.

Todos creemos en algo.

Todas las personas somos creyentes. Como decía mi maestro Raimon Panikkar: "la fe es un elemento constitutivo antropológico del ser humano". Sin fe no podemos vivir; unos creen en A y otros creen en B. Yo creo que sin creer en algo no merece la pena ni levantarme por la mañana, porque la vida es dura incluso para los que le va bien.

Tanto los que tenemos creencias religiosas como los que no, si somos conscientes de lo que es el ser humano, estamos llamados a cumplir un papel en nuestra vida, en nuestra historia. A construir un mundo más humano y más justo. A construir esa armonía con la naturaleza y con el cosmos, porque si nuestro esfuerzo en la vida no es formar parte de esa armonía, te digo lo que diría un hindú: si mi karma no está acorde con el darma, con el orden del universo, yo soy destructivo.

O, con la óptica del cristiano: si solo tengo mi fe para mí mismo, no vale de nada. En relación con el mundo que tienes que transformar, en el que tienes que vivir.

Lo dice la "Gaudium et spes": todos los seres humanos formamos la gran familia humana y tenemos que trabajar juntos. En ese sentido, el diálogo interreligioso es fundamental. Lo ha sido siempre, pero ahora mucho más porque nuestras sociedades son plurales; pluriculturales y plurireligiosas. Y, o nos entendemos también en esta dimensión o, si no, Samuel Huntington va a tener razón y sería tremendo porque afirma que el conflicto en el planeta tierra en el siglo XXI no va a ser por ideología, sino por choque de civilizaciones y de religiones y, sobre todo, -y aún más terrible- el gran enfrentamiento y la violencia va a ser entre musulmanes y cristianos. Y yo creo que esto no es así.

LEER EL TEXTO COMPLETO: AQUÍ

viernes, 3 de julio de 2015

Feminismos, género y masculinidades.



No corren tiempos favorables a la igualdad. Las desigualdades de todo tipo se ciernen por doquier: políticas, sociales, económicas, culturales, étnicas, de género, etc. Pero también existen movimientos cada vez más numerosos que luchan por la igualdad de género, la justicia económica y ecológico y el reconocimiento de las diferencias en un clima de diálogo intercultural, interreligioso e interétnico. Precisamente por eso es más necesario que nunca recuperar propuestas utópicas, ensayar nuevas políticas y reflexionar críticamente sobre el orden político, económico, moral y cultural sobre el que se construye la convivencia.

En un contexto en el que, gracias a las indudables conquistas jurídicas alcanzadas en países como el nuestro, vivimos en una especie de “espejismo de igualdad”, es urgente que desde el feminismo nos sigamos planteando todo lo que nos queda por hacer. Después de un siglo XX de múltiples construcciones teóricas en torno a las diferentes identidades y subjetividades, urge una reflexión serena, pero activa, sobre los principales retos que el feminismo tiene planteados en un mundo donde la alianza capitalismo/patriarcado/colonialismo/depredación de la naturaleza se torna especialmente férrea.

En esta reflexión hay que incorporar la mirada múltiple del feminismo que hemos de conjugar en plural. Son muchos los feminismos que, compartiendo un tronco común, se proyectan en diferentes caminos de emancipación, lo que requiere, sin imponer la uniformidad, establecer alianzas y crear redes entre ellos. Es necesario avanzar en la construcción de un feminismo transnacional, no etnocéntrico, poscolonial, en el que quepan todas las diversidades del planeta, sin que desemboquen en desigualdades.


La reflexión teórica, que debe a su vez traducirse en una acción política, ha de incorporar el análisis crítico del modelo hegemónico de masculinidad sobre el que se ha edificado el modelo jurídico-político que partió del hombre como sujeto único del Derecho y de los derechos, del pensamiento y de la racionalidad, excluyendo formal y realmente a las mujeres, al tiempo que articuló un binomio jerárquico entre poder masculino/subordinación femenina.

Es necesario que los hombres nos incorporemos directamente a la lucha por la igualdad, como ya está sucediendo en los ámbitos académicos y en las movilizaciones sociales, si bien minoritariamente, mostrando así que la teoría feminista y sus reivindicaciones no son un asunto solo de las mujeres, sino que afecta a hombres y mujeres por igual y nos compromete a todas y todos. Ello implica asumir la pérdida de privilegios de los que los hombres hemos disfrutado injustamente por mor de la masculinidad hegemónica. Desde ahí hemos de tejer complicidades con las mujeres feministas y hemos de reconstruirnos desde las múltiples maneras no dominadoras de ser hombres.

Todo lo anterior ha de plantearse desde la asunción del “género” no solo como herramienta analítica sino también como factor clave en la adopción de políticas públicas. Para ello hay que superar la lógica liberal de la igualdad, deconstruir un Derecho (anti)discriminatorio basado en el referente masculino y cuestionar unos presupuestos epistemológicos que durante siglos no han tenido presentes las relaciones de poder que articulan nuestras sociedades, las narrativas que nos configuran como sujetos y los fundamentos patriarcales de los saberes.

A partir de estos presupuestos, habremos de revisar críticamente los instrumentos que hasta ahora se han venido usando para luchar contra la desigualdad de género y optar por alternativas en el ámbito de la política -la democracia paritaria en un sentido cualitativo-, en lo jurídico –el feminismo como fundamento y presupuesto de un derecho “para dos”- , en lo económico –a través de propuestas tan iluminadoras como las que se engloban bajo el ecofeminismo– y en lo cultural, mediante las lecturas alternativas de los elementos que definen nuestra identidad individual y colectiva, entre los que, por ejemplo, habría que tener muy en cuenta las aportaciones que se están haciendo desde las teologías feministas como teorías críticas de las religiones, que son el último bastión legitimador del patriarcado.

Estas cuestiones, y las que bien seguro provocará el diálogo sobre ellas, serán abordadas del 20 al 22 de julio en La Rábida (Huelva) en el Curso de Verano Feminismos, género y masculinidades, bajo el amparo de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), por un grupo de profesoras y profesores que llevamos años investigando sobre feminismo y género e implicados e implicadas en la lucha por la igualdad. En dicho curso nos reuniremos Rosa Cobo, Soledad Murillo, Alicia Puleo, Ana de Miguel, Miguel Lorente, Jesús Gutiérrez y los que firmamos estas líneas, con el objetivo, ambicioso y muy sugestivo, de superar la melancolía y proponer alternativas en un ejercicio multidisciplinar y dialogante de empoderamiento, abierto a todas las mujeres y los hombres que, a estas alturas, hayan entendido que hablar de género y feminismo es hacerlo de democracia paritaria o que deseen transitar por este camino múltiple de emancipación.

Juan José Tamayo es director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III de Madrid. Octavio Salazar Benítez es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba.

domingo, 1 de febrero de 2015

Estilo del Papa desconcierta hasta a los pastores evangélicos.


 

Entrevista con el pastor bautista Marcelo Figueroa, amigo de Bergoglio y referente del diálogo ecuménico en Argentina.

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

La Iglesia evangélica en América Latina no ha sabido cómo reaccionar al “fenómeno Francisco”. Los grandes pastores, acostumbrados a proponer un liderazgo bíblico relacionado con el éxito material, están desconcertados. Muchos aún no logran reaccionar ante la sorprendente capacidad de convocatoria del Papa desde una propuesta totalmente distinta: La sencillez y la centralidad de los pobres.

En entrevista con el Vatican Insider analiza este y otros aspectos del actual pontificado Marcelo Figueroa, pastor argentino, exponente de la Iglesia Presbiteriana de San Andrés y viejo amigo de Jorge Mario Bergoglio, con el cual llevó adelante el programa televisivo “Biblia, diálogo vigente”.




¿Cómo ha recibido al Papa Francisco el movimiento evangélico latinoamericano?

Tengo la sensación, lo digo con todo respeto, que la Iglesia evangélica en Argentina y en América Latina no ha sabido cómo reaccionar adecuadamente al fenómeno Francisco. En los últimos años ha habido una influencia muy fuerte de una teología enfocada a un pastor exitoso, a un estilo de liderazgo fuerte, con templos grandes y una capacidad económica importante. La idea de que el éxito en el liderazgo se relaciona con un modelo de un gran convocador de masas, comunicador proactivo de que el evangelio sirve para vivir mejor, para prosperar económicamente y para encontrar el éxito en la vida.

Desde el inicio de su pontificado Francisco tiene un mensaje sencillo, una predicación entretenida, una lectura del evangelio que privilegia a los pobres, una cercanía con los que sufren. Es un modelo de liderazgo que está en las antípodas de lo que muchos creían que era un estilo de liderazgo bíblico. Lo que más desconcierta es que la gente, el pueblo, la base, el creyente sigue más el estilo de liderazgo de Francisco.

¿Y los fieles cómo reaccionan a esto?

Los hechos demuestran que los fieles le reclaman, al liderazgo evangélico, protestante, ese modelo. Es una revisión muy profunda la que se debe hacer y sería muy bueno que se haga. La teología de la prosperidad ha hecho mucho daño, lo digo sin dudar. Creo que es una mal llamada teología, Jesús dijo claramente que no se puede servir a dos señores: a Dios y al dinero. Creo que sería muy sano espiritualmente para un sector de la Iglesia evangélica abandonar estas prácticas que pensaban que iban a traer éxito.

¿Qué viene después del desconcierto?

Le hace bien, a la Iglesia católica y a la Iglesia evangélica, pero también al mundo todo un referente moral de las características de Francisco. Creo que sería un error enorme tratar de competir contra ello o tratar de diferenciarse por lo opuesto, porque eso sería como negar el mismo evangelio. Uno puede leer la mayoría de las homilías de Francisco y puede darse cuenta que son más puras, desde el punto de vista exegético bíblico, que la gran mayoría de aquellas que se escuchan en los púlpitos evangélicos y protestantes, donde se toma un versículo de la Biblia como trampolín y después hablan de cualquier otra cosa.

¿El desconcierto tiene que ver con algunas frases del papa, que pueden ser malinterpretadas como sus recientes comentarios sobre los “conejos”?

Francisco es un hombre muy cuidadoso de las palabras. Es un hombre que improvisa mucho, pero en la improvisación no improvisa, aunque suene paradójico. Es muy preciso, no le sobran y no le faltan palabras. No hay ninguna frase que uno podría decir: Se le escapó. Pero si lo hizo o lo ha hecho alguna vez, no tiene problema en rectificarse. Las palabras que él ha dicho y que parecen fuertes, han sido necesarias. A veces hay que golpear un poco la mesa. Hay en sus frases, en cada una, todo un contenido de una reflexión muy profunda de mucho tiempo. Por eso digo que cada palabra de él aunque parece muy simple no lo es.

¿Eso qué significa?

Un análisis correcto de la semiótica de Bergoglio debería considerar cómo dice lo que dice, dónde lo dice, cuál es el lugar, si lo dice en el avión, en una misa, en un encuentro, a los políticos, a los sacerdotes, etc. La forma, el estilo, el tono tienen mucho que ver para entenderlo bien. Es un gran orador, un gran comunicador del evangelio, sencillo y profundo, pero no solamente se comunica con las palabras, sino también con los gestos. Cuando él se acerca y abraza a un niño, a un anciano, a un enfermo, no lo hace para la foto, lo hace porque le nace pero forma parte de su predicación evangélica. Ahí está su semiótica, es inseparable la palabra del gesto. El tercer elemento para entender su mensaje es su estilo de vida. Viste como viste, no quiere aceptar privilegios que le corresponderían y nadie se asustaría por ello. Eso no lo hace para ser famoso sino porque le nace, y eso hay que entenderlo también.

Usted compartió con él iniciativas de diálogo ecuménico que en Argentina fueron muy criticadas, ¿por qué?

Todos estamos plenamente conscientes que debemos pagar un precio muy alto por esto. El gran problema del diálogo interreligioso no es una cuestión de teología sino de ignorancia sobre lo que significa. Él tiene muy en claro que para el diálogo ecuménico, y por extensivo al interreligioso, es imprescindible conocer, afirmar, no diluir ni esconder la identidad propia, porque solamente funciona este en la medida en que yo no renuncio a mis valores, no por una cuestión de soberbia sino por una cuestión de autenticidad de mi identidad religiosa.

Eso implica un respeto y un involucramiento muy grande, ¿no?

Desde ese lugar yo reconozco al otro como mi hermano y espero que él me reconozca como su hermano. Así nos encontramos unidos en la diversidad, porque si no hay diversidad no hay encuentro. Si hacemos una gran mezcla y todos somos iguales, en realidad es una hipocresía el diálogo interreligioso. Pero lo más importante no es hablar sino escuchar, aprender del otro, reconocer a Dios en el otro, saber que somos mejores cuando dialogamos, eso es el concepto que él siempre tuvo claro. Unidos en la diversidad, donde la unión es muy importante pero no menos importante es la diversidad.

Juntos podemos dar un humilde ejemplo de paz y en eso Francisco está llevando la vanguardia. En este tiempo el diálogo interreligioso tiene un peso espiritual y político indudable. Por ese peso político Bergoglio pagó un precio muy alto en críticas, algo similar le está ocurriendo ahora que es Francisco. La Iglesia evangélica te debería sumarse a esto, porque es un mensaje que el mundo está necesitando. (Vatican Insider)

viernes, 8 de agosto de 2014

El diálogo interreligioso y las oportunidades que nos ofrece.



“No habrá paz entre las naciones sin que haya paz entre las religiones. Y no habrá paz entre las religiones sin un mayor diálogo entre religiones”. (Hans Kung)

Si alguien elige ser religioso/a hoy día, esa persona debe ser religiosa de una manera interreligiosa, es decir, reconociendo que existen otras maneras válidas de ser religioso/a y reconociendo en mayor medida que las religiones del mundo están llamadas hoy día a aprender las unas de las otras, a cuestionarse recíprocamente, y a cooperar mutuamente.

¿Por qué es necesario el diálogo interreligioso, y cuáles son los beneficios que pueden resultar de ese diálogo?

Creo que la urgencia de un diálogo interreligioso, es decir, la urgencia de respetar a los creyentes de otras religiones, aprender de ellos y cooperar con ellos, nace de tres exigencias, o tres imperativos éticos que nuestro mundo contemporáneo hace a cristianos y creyentes de otras religiones. El mundo en que vivimos está globalizado e interconectado como nunca antes lo ha estado, pero éste es también un mundo amenazado y en peligro también como nunca antes. Los peligros y amenazas nacen de la violencia que los seres humanos están cometiendo tanto contra otros seres humanos como contra el medio ambiente. Por tanto, sugiero que consideren que este mundo globalizado pero amenazado está llamando a las personas religiosas a ser: 1) mutuos vecinos interreligiosos, 2) mutuos pacificadores interreligiosos y 3) peregrinos interreligiosos junto a cada uno de nosotros.

Siempre ha habido diferentes religiones en el mundo. La diversidad religiosa no es nada nuevo. Pero, en el pasado, esas religiones distintas permanecían en “su propio vecindario”, es decir, dentro de sus propias fronteras geográficas y culturales. Hoy en día, eso está cambiando. Muchas religiones diferentes se están mudando a los mismos vecindarios. Aquellos que creen de manera distinta, rezan de manera distinta, se visten de manera distinta, ya no viven al otro lado del mundo. Viven en la casa de al lado; trabajamos junto a ellos; sus hijos van al colegio junto a nuestros niños; ciertamente, sus hijos podrían casarse con los nuestros.

Esto significa que lo que llamamos “sociedad civil” está adquiriendo un nuevo carácter. Si durante la segunda mitad del siglo pasado se habló mucho acerca de una “sociedad secular” donde la religión ya no era un factor de consideración, actualmente los académicos hablan de una “sociedad post-secular”, en la cual la realidad de la religión, de muchas maneras distintas, no es sólo una fuerza cultural, sino también geopolítica que debe ser considerada. Actualmente, la comunidad de naciones y cada nación individual se están convirtiendo, cada vez más, en sociedades civiles multi-religiosas.

Si la seguridad de una nación depende de sus ciudadanos, siendo “buenos vecinos” de los demás –es decir, vecinos que no sólo viven dentro de las mismas fronteras, sino que trabajan juntos para hacer que su espacio común sea un vecindario saludable, limpio, seguro, salvador para todos– entonces tendremos que ser buenos vecinos multi-religiosos de los demás. Se nos pide que trabajemos con los demás, seamos amigos de los demás, como personas que encuentran el significado de la vida de maneras muy distintas, basadas en libros religiosos muy diferentes, siguiendo a líderes religiosos muy diferentes, quienes presentan imágenes muy distintas de lo que es lo Último en la vida. Se nos llama a formar una sociedad civil, un vecindario funcional, a partir de diferentes comunidades religiosas. Si queremos ser “buenos vecinos” de los demás, si esperamos ser “buenos vecinos” de los demás, tenemos que lograr serlo de manera interreligiosa.

Y aquí viene la parte difícil, el verdadero desafío. Ser buenos vecinos multi-religiosos requiere de algo más que tolerancia. Por favor entiendan que no estoy degradando la tolerancia. Dios sabe que necesitamos más de ella entre las comunidades religiosas de nuestro mundo. Tolerancia significa que vivamos religiosamente y dejemos que otros vivan religiosamente, que permitamos que nosotros y los demás seamos religiosos de la manera en la que queramos serlo. Pero la tolerancia implica que lo hacemos a regañadientes. Aquello que dejamos que ocurra, desearíamos que no viviera, al menos no en la casa de al lado.

Por ello, para ser buenos vecinos de múltiples credos, la tolerancia no es suficiente. Para formar un vecindario o una nación a partir de diferentes comunidades religiosas tenemos que reconocer y aseverar –en nuestro pensamiento y en nuestro sentir- no sólo la existencia sino la validez de las otras comunidades religiosas. Nosotros los cristianos debemos ser capaces de mirar a nuestros vecinos musulmanes y no solamente reconocer que son musulmanes; debemos estar contentos de que sean musulmanes. Una sociedad civil multi-religiosa funcional requiere que cada comunidad religiosa asevere que las demás religiones tienen un lugar tan válido en nuestro mundo como el propio. Para ser buenos vecinos interreligiosos, debemos regocijarnos en y celebrar las diferentes identidades religiosas.

Lo que propongo aquí es que en nuestra comunidad mundial multi-religiosa y en nuestras naciones multi-religiosas, tenemos que aseverar la igualdad de derechos de las religiones, y eso significa la igualdad de validez de las religiones. Creo que de buen grado reconocemos que una nación que afirma ser una democracia no puede funcionar sin que haya igualdad de género y de raza. Afirmar que Dios ha hecho al hombre superior a la mujer, o afirmar que Dios ha establecido a la raza blanca como superior a la raza negra o a las razas mestizas es socavar las posibilidades mismas de una democracia funcional. Lo mismo debe decirse de las religiones: en una nación multi-religiosa que afirma ser una democracia, decir que Dios ha hecho de una religión –generalmente el cristianismo– la única religión verdadera o superior sobre las demás es contrario a sus valores democráticos. No puedo ser un conciudadano de alguien si creo que mi raza es superior a la suya; sugiero que lo mismo es cierto si pienso que mi religión es inherentemente superior a la de otra persona.

¿Pueden los cristianos estar de acuerdo con tal entendimiento de una sociedad civil inter-religiosa? ¿Pueden los cristianos reconocer la validez de otras religiones?

Debemos ser pacificadores interreligiosos con los demás

Nosotros los cristianos, por supuesto, debido a nuestras identidades mismas, estamos llamados a ser pacificadores. Pero actualmente, en cierto sentido, eso no resulta suficiente. Debemos ser pacificadores interreligiosos. Este reto se ha vuelto mucho más apremiante después de los sucesos del 11 de septiembre de 2001. La violencia de ese día, y la violencia que ha seguido a ese día, han encarnado y resaltado lo que está ocurriendo en muchas otras partes del mundo: la religión –que significa creencias y valores religiosos– está siendo usada para fomentar, justificar e intensificar la violencia de algunas personas contra otras. Aunque a través de la historia humana siempre ha habido violencia en nombre de la religión, tal violencia parece ser hoy en día más amenazadora de lo que lo que ha sido. Algunos analistas políticos y algunos políticos en posiciones de poder sostienen que la religión está alimentando un enfrentamiento entre civilizaciones, civilizaciones ahora con armas más devastadoras de lo que jamás se haya imaginado. Con esto no se está diciendo que la religión per se causa violencia. Pero la religión a menudo es la mecha que enciende las tensiones políticas, económicas o éticas combustibles; o la religión es la leña que permite que las llamas de la guerra ardan con mayor intensidad y ferocidad.

Las personas religiosas, sobre todo cuando estas personas religiosas son vecinas, que ven que su religión es empleada para justificar la violencia terrorista de estrellar aviones contra edificios, o para justificar la violencia militar de arrojar bombas sobre otros pueblos, deben ponerse de pie y hacer algo respecto a cómo sienten que su religión y sus valores religiosos están siendo explotados y abusados. El rabí Jonathan Sacks, en su maravilloso libro La dignidad de la diferencia, enuncia el reto que los vecinos religiosos se plantean entre sí:


…los creyentes religiosos no pueden hacerse a un lado cuando las personas son asesinadas en el nombre de Dios o por una causa sagrada. Cuando la religión es invocada como justificación para el conflicto, las voces religiosas deben alzarse en protesta. Debemos ocultar el hábito de la santidad cuando es buscado como manto para la violencia y el derramamiento de sangre. Si la fe es enlistada en la causa de la guerra, debe haber una contravoz igual y opuesta en el nombre de la paz. Si la religión no es parte de la solución, ciertamente será parte del problema.

Sacks sugiere que la tarea de afrontar la violencia en nombre de nuestra religión es un problema que no podemos manejar nosotros solos. Necesitamos de la ayuda de otras religiones, así como nosotros podríamos ayudarlas, para ver cómo la religión propia está siendo abusada y por qué los líderes políticos se están apropiando de ella.

Se les está preguntando a los cristianos, como se les está preguntando a todos los creyentes religiosos, si pueden ser pacificadores interreligiosos. Nuestra respuesta es un entusiasta “¡Por supuesto que podemos!”. Pero como voy a señalar, tal disposición positiva podría plantearnos exigencias inesperadas.

La tercera razón por la cual el diálogo interreligioso es necesario va más allá de las dos razones que hemos considerado hasta este punto: la necesidad cívica de ser buenos vecinos con los demás y la necesidad política de ser pacificadores conjuntamente. La tercera razón llega hasta las profundidades de quiénes somos como personas religiosas, como personas que han llegado a conocer o a confiar, a través de Jesucristo, que hay una Realidad que tanto nos trasciende en el misterio como nos abraza en intimidad. Esta es una razón que se vuelve clara a medida que llegamos a conocer otras religiones y, sobre todo, al hacernos buenos amigos y vecinos de personas que transitan por distintos caminos religiosos.

Estoy intentando llegar a la conciencia, o a la feliz inquietud, que más y más cristianos están sintiendo. Nosotros los cristianos nos estamos dando cuenta de que cuando tomamos el pluralismo religioso con seriedad como una de las apremiantes “señales de los tiempos”, cuando intentamos ser buenos vecinos y compañeros pacificadores junto a personas de otros credos, encontramos que somos capaces de experimentar y aprender cosas acerca de Dios y acerca de nosotros mismos y de nuestro mundo que nunca podríamos haber aprendido solos. ¡Nuestra relación con los demás es una manera de ahondar nuestra propia espiritualidad!

Como lo expresó Edward Schillebeeckx, estamos llegando a aceptar el hecho de que hay más verdad en todas las religiones juntas que en cualquiera de ellas por separado.

El diálogo interreligioso nos ofrece la oportunidad de ser compañeros peregrinos de los musulmanes, judíos, budistas, hindúes, las espiritualidades indígenas, al explorar y descubrir cada vez más del Misterio que llamamos Dios, un Misterio que tiene muchos nombres, y cuya integridad ninguna religión podrá abarcar completamente.

Por tanto, lo que sugiero es “la urgencia” de un diálogo interreligioso, es “la oportunidad” de profundizar y enriquecer nuestras propias identidades y comunidades religiosas. Sugiero que tales oportunidades pueden enfocarse bajo dos enunciados: la oportunidad de una nueva comprensión de lo que significa ser Iglesia y lo que significa estudiar y enseñar teología.

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lunes, 21 de julio de 2014

Cuando la religión no es una barrera.

Natalia, cristiana y su hermano Andrés, judío, con sus padres, Harry (judío) y Elena (católica)

FIELES DE DIFERENTES CREENCIAS CONVIVEN EN FAMILIA O EN PAREJA.

Compartir en la vida cotidiana los valores que enseñan diferentes religiones y respetar las creencias del otro, son la base para una convivencia en armonía. Así surge de diversos testimonios de personas que integran familias interreligiosas.

EDUARDO DELGADO. dom. 20 jul 2014

Andrés Abt tiene 41 años, es judío, dirigente de la lista 71 del Partido Nacional y empresario. Su padre es judío, su madre y su hermana, católicas. Juan Pedro Ribas es musulmán, tiene 66 años y una larga actividad en organizaciones sociales; sus cuatro hijos son católicos. Pablo Pérez es maestro de kung fu, tiene 38 años y está en un proceso hacia el budismo; su esposa es católica y un niño de siete años al que define como "hijo del corazón" comparte aspectos de ambas doctrinas.

Son algunas de las personas que forman parte de familias interreligiosas en Uruguay, que lo celebran y colocan entre lo mejor de sus vidas.

Para Abt, lo más difícil fue lo que vivieron sus padres 45 años atrás. "Mi padre es judío y mi madre es católica; que hubiera un casamiento entre fieles de dos religiones distintas era menos común de lo que es hoy, cuando cada vez se aceptan más los casamientos mixtos", dijo. Sin embargo, las dos familias no tuvieron problemas religiosos y cuando él y su hermana llegaron "siempre nos inculcaron la idea del respeto hacia las dos religiones", agregó.

"Mi mamá siempre me decía y me dice que lo más importante de las religiones es compartir con el otro las cosas en común, como ser buena persona, no matar, no robar. Los diez mandamientos son iguales para judíos y cristianos, y respetando eso uno puede pertenecer a cualquiera de las religiones".

Abt recordó cuando de niño, en las fiestas judías, su madre le pedía a sus amigas judías las recetas de las comidas preceptivas y cómo debían servirse "para que en nuestra casa hubiera la misma mesa que en cualquier casa judía en el mundo". Y en las fiestas de Navidad se armaba el árbol y todos los elementos navideños.

Fue su madre católica quien lo impulsó al judaísmo, sabedora de la significación que para sus abuelos paternos (que habían perdido todos sus familiares en la Segunda Guerra) tenía esa opción.


Esa formación le ayudó "a la convivencia con respeto" y a tomar como filosofía de vida el "construir puentes", no solo en la parte religiosa."Yo me siento y soy judío, hice la Bar Mitzvah (ceremonia de confirmación) y me siento perteneciente a la religión judía. Es algo que no dejo de lado, pero comparto lo otro, lo entiendo y lo sé parte de mi familia", dijo.

Dos años atrás, Abt se casó con una mujer católica y en la fiesta organizada por amigos hubo elementos de las dos religiones.

Abt es padrino de bautismo de una sobrina católica. "Cuando mi hermana me pidió que fuera padrino de su hija, fue una emoción enorme".

El mismo Abt fue bautizado en la Iglesia y circuncidado según el ritual judío.

"Para mi padre y mi madre era importante que en ese momento tuviera la fe de cada una de las dos religiones, y después de grande, elegir".
La biblia y el Corán.

Juan Pedro Ribas fue criado en el catolicismo y sus cuatro hijos lo fueron bajo los preceptos de esa religión.

Llegó un momento en que "quería cambiar mi vida profundamente, y en esa desesperación llamé a mi querido amigo (el obispo Pablo) Galimberti, y le dije: `Haceme cura`. Me dijo: `Sos muy viejo, podés ser diácono`. No sé muy bien qué es pero no me convencía", relató.

Personas de la obra social en que trabajaba le decían que la edad no era el tema porque la religión es servicio, "y yo soy un hombre de servicio", dijo.

Por ese entonces su hermano, el director técnico de fútbol Julio Ribas, dirigía en Omán y le aconsejó a Juan Pedro que leyera el Corán, porque es algo "fabuloso, trascendente".

"Empecé a leer y sentí que era algo que me llenaba, que podía darme ese cambio trascendente en la vida. Después viajé a otros lados, profundicé y acepté". En 2008 decidió convertirse en musulmán.

"Mis hijos al principio quedaron asombrados y hasta asustados", expresó. Pero una de sus hijas lo acompañó en un viaje a Irán y "quedó sorprendida de un mundo nuevo", tan diferente al que conocía por los medios, lleno de valores y respeto a la familia". "Me dijo que se dio cuenta que los hombres son buenos o malos sin que dependa de la religión", contó.

Juan Pedro, uno de sus hijos, dijo que saber de la conversión al islam de su padre "en el momento fue un sacudón". Primero fue "el desconocimiento del islam y las dudas que eso generaba" para ellos, que habían ido a un colegio salesiano y siempre estuvieron vinculados a la Iglesia católica. "Lo que me parece es que cualquiera sea la fe, si le hace bien a una persona, es positiva", señaló Juan Pedro hijo. "El cambio de mi viejo fue para bien", afirmó.

"Yo tengo amigos judíos, muchos amigos cristianos y ahora, un padre musulmán. Lo bueno es bueno en todas las religiones. Siempre es mejor ser un buen judío, un buen musulmán o un buen cristiano", concluyó Juan Pedro hijo.

Su padre evita algunas festividades "porque a veces se transforman en reuniones sociales donde se toma mucho. Nosotros lo tenemos prohibido". Pero en Navidad pasa con sus hijos. Uno de ellos dijo sonriendo que él no hace ayuno "ni aunque me paguen".

"Yo nunca vi una sociedad que aceptara tanto y respetara otras religiones e ideas como la uruguaya", señaló Juan Pedro. Relató que "una vez que tuve cierto conflicto de tipo ideológico, le rogué a personas importantes que no traigan la mentalidad de otros lados del mundo a este país tan maravilloso, que es una puerta abierta a la cultura y la religión. Creo que eso lo hemos conservado".

Juan Pedro adoptó el nombre de Alí pero casi no lo usa ya que opina que su propio nombre le da "garantías" a mucha gente. "Hay varios Alí en Uruguay y no somos todos iguales. Si utilizara solo el nombre que me adjudiqué en el islam daría lugar a confusión y yo respondo por mí y por mis actos", dijo.
Budismo.

El uruguayo Pablo Pérez es Laoshi (maestro, en mandarín) de kung fu. Practica artes marciales hace 31 años. Este año viajará por tercera vez a China y por primera vez ingresará al templo Shaolin del monte Song -una de las cinco montañas sagradas-, donde conocerá al abad Shi Yongxin, una autoridad del budismo.

En su niñez Pérez abrazó el cristianismo e incluso se educó en un colegio católico. Luego comenzó a tener contacto con la comunidad china en Uruguay, empezó a practicar tao y a estudiar medicina china, que tienen puntos en común con el budismo. Sus padres tomaron con naturalidad su proceso.

"Voy camino a ser budista", dijo. Su compañera es cristiana "con mente abierta", comentó.

"Damos gracias a Dios y a Buda, agradecemos y pedimos respetándonos el uno al otro", agregó. Su pareja tiene un hijo de siete años que él considera "un hijo del corazón". Lo conoce desde los dos años y ya practica kung fu.

"La madre reza antes de dormir y él aprendió algunas palabras en chino y del hinduismo, que son bendiciones también", relató.

"Para mí, Dios es uno solo con diferentes nombres y todos son valederos", concluyó Pérez.
El país más agnóstico de la región


Uruguay es el país más agnóstico de América Latina y con menor porcentaje de católicos en su población. Además, es el único país de la región en el que se da un proceso "acelerado de secularización", según el informe "Las religiones en tiempos del Papa Francisco", de la Corporación Latinobarómetro, que analiza 18 países de la región. En 1996 Uruguay tenía 60% de católicos y 18% de agnósticos. En 2013 había 41% de católicos y 38% de agnósticos o ateos. Un 13% se define creyente de otras religiones (protestantes, judíos, musulmanes, umbandistas, otros).

Fuente: elpais.com.uy

domingo, 6 de abril de 2014

Reseña de libro: “La búsqueda de la armonía en la diversidad.


El diálogo ecuménico e interreligioso desde el Concilio Vaticano II” de Victorino Pérez Prieto.

“Andad como hijos de la luz” (Pablo de Tarso, Ef 5, 8).
“Sed luz los unos para los otros” (Buddha Shakyamuni).
“Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen… y tienen un fin último que es Dios, cuya manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos… Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana” (Concilio Vaticano II, Nostra Aetate 1).

“La palabra de Dios que se manifiesta en las diferentes religiones es ciertamente la misma Palabra, pero expresada de diferentes maneras… En nuestro diálogo con las demás religiones, descubrimos que éstas pueden haber hecho la experiencia de aspectos de la Palabra que el cristianismo no ha comprendido todavía por completo. Por ello, podemos afirmar que en el diálogo no solo damos, sino que también recibimos” (Michaël Amaladoss, SJ ).

“El pluralismo es la curación de la absolutización, esto es, de la idolatría. Es el reconocimiento de la relatividad y la belleza extraordinaria de todas las tradiciones religiosas” (Raimon Panikkar ).


INDICE


Prólogo. Javier Melloni

Prefacio. Diálogo interreligioso y trabajo por la paz, versus violencia entre las religiones, “choque de civilizaciones” y la presunta extinción de la religión

I .UN CONCILIO PARA EL DIÁLOGO

1. El Concilio Vaticano II, un nuevo comienzo para la Iglesia, sin anatemas ni descalificaciones, sino en diálogo con todos los cristianos y las demás religiones

1.1. El verdadero espíritu del Concilio: del anatema al diálogo.
1.2. Un diálogo ralentizado tras el postconcilio: De la primavera al invierno eclesial.
a) La tentación de vuelta a lo de siempre: restauración y noche oscura eclesial.
b) De Juan XXIII a Francisco.

2. El diálogo ecuménico e interreligioso en los documentos del Concilio

2.1. El diálogo conciliar con las otras iglesias, religiones y personas no religiosas.
2.2. Diálogo ecuménico con los hermanos y hermanas cristianos.
2.3. Diálogo interreligioso con los hermanos y hermanas de religiones no cristianas.
2.4. Diálogo con los hermanos y hermanas que no se confiesan personas creyentes-
religiosas

II. EL DIÁLOGO ECUMÉNICO E INTERRELIGIOSO
EN EL SIGLO XXI

1. La unidad en la diferencia y la armonía invisible, verdadero reto del diálogo
ecuménico e interreligioso

1.1. Más allá de las tímidas propuestas del Concilio.
a) El diálogo ecuménico entre cristianos: Unidad/comunión en la fe en Cristo Jesús desde la aceptación de la riqueza histórica que representan las diferencias confesionales.
b) El diálogo interreligioso: Más allá del exclusivismo y el inclusivismo; crecer conjuntamente a través de una palabra y una experiencia religiosa compartida.
1.2. Pluralismo religioso y armonía no-dual.
a) Pluralismo, identidad cristiana, “efecto pars pro toto” y armonía invisible.
b) No-dualidad e interrelación de toda la realidad en el diálogo interreligioso.

2. El diálogo interreligioso: un ecumenismo-ecuménico en un diálogo-dialogal
… sin olvidar a los pobres ni a las mujeres

2.1. Ecumenismo-ecuménico y diálogo-dialogal. Diez presupuestos y unas reglas del
juego para el diálogo interreligioso.
“El sermón de la montaña en el diálogo intrarreligioso” (Raimon Panikkar).
2.2. Y… sin olvidar a los pobres ni a la mujeres.
a) La presencia de los pobres y la experiencia mística en el diálogo interreligioso.
b) La presencia de las mujeres en el diálogo interreligioso.

3. El diálogo intra-religioso. La pertenencia religiosa múltiple

3.1. Thomas Merton, Enomiya Lassalle, Jules Monchanin, Henry Le Saux
y Bede Griffiths.
3.2. Prolegómenos sobre la doble pertenencia religiosa
3.3. Raimon Panikkar: cuádruple identidad
3.4. Ana María Schlüter: bilingüismo religioso
3.5. Conclusión. Ana María Schlüter, Raimon Panikkar y Karlfried Graf Dürckheim.

4. Un colofón personal que quiere ir cargado de fe, esperanza y amor

5. Bibliografía consultada sobre el Concilio Vaticano II,
ecumenismo y diálogo interreligioso

6. Índice onomástico
 


PRÓLOGO 
Javier Melloni, SJ

El diálogo interreligioso ya no es novedad y, sin embargo, apenas ha sido iniciado; ya no tiene el atractivo de lo nuevo y, sin embargo, es un territorio virgen todavía por explorar. El haberlo tan sólo comenzado a recorrer ha mostrado lo complejo de lo que está en juego: conjugar la fidelidad a la propia tradición y, a la vez, abrirse al misterio de Dios, del ser humano y del mundo a partir de lo que se vive en otras tradiciones. Esta difícil articulación es la que se propone en este libro.
Su autor, el teólogo Victorino Pérez, ha profundizado en estas aguas oscuras y profundas, aunque también claras y transparentes, con su lucidez personal y por medio de Raimon Panikkar, con un doctorado en teología y otro en filosofía sobre su obra. Por ello lo cita con profusión; pero no sólo a él. Una de las aportaciones de este libro es la amplitud de autores y referencias que tiene en cuenta.

Estamos ante una presentación que articula diversas perspectivas: teológica, filosófica, epistemológica, y también sociológica y antropológica. Todo ello brota de una convicción fundamental: que la realidad está constituida por múltiples factores y perspectivas. “El pluralismo es la curación de la absolutización, esto es, de la idolatría. Es el reconocimiento de la relatividad y la belleza extraordinaria de todas las tradiciones”, dice Raimon Panikkar en una de las citas tan pertinentemente elegidas por el autor. El fenómeno de la pluralidad es un elemento constitutivo de nuestro modo de estar en el mundo.

Me permito indicar cinco aportaciones de la presenta obra. La primera es la que acabo de mencionar: la amplitud de ámbitos que aparecen. El libro impulsa al diálogo no sólo ecuménico e interreligioso, sino también con los pobres, de género y ecológico, es decir, invita a escuchar y dejar hablar a los no escuchados, con la certeza de que la diversidad tiene que incluir a todos los ámbitos.

El libro comienza abordando los dos diálogos que se explicitan en el título: el diálogo ecuménico e interreligioso. Se ha dicho que primero hemos de arreglar los asuntos de casa y luego hablar con los de fuera. No lo creo, y Victorino Pérez tampoco. Son diálogos simultáneos que brotan de la misma fuente y requieren la misma actitud. No sólo porque si hemos de esperar a unirnos las iglesias cristianas para salir al encuentro de las demás tradiciones el diálogo con ellas se pospondrá por siglos o milenios, sino porque se trata de la misma actitud: dar cabida al otro desde el comienzo como parte de mi propia verdad. Nos necesitamos mutuamente desde el comienzo para avanzar en la tarea de ser humanos.

La segunda aportación consiste en ofrecer una perspectiva histórica que se remonta hasta el Concilio Vaticano II. Pero el autor no se limita a ello, sino que muestra el avance que supuso respecto a posiciones anteriores. Pío IX, a finales del s.XIX, escribió sobre “esa impía y nociva idea de que el camino de la salvación eterna puede encontrarse en cualquier religión” (Singulari Quadam) y Pío XI (papa entre 1922 y 1939) prohibió a los católicos participar en el movimiento ecuménico en su encíclica Mortalium animus. El libro muestra cómo el diálogo ecuménico se fue abriendo al diálogo interreligioso y cómo el Decreto conciliar Nostra Aetate avanza por círculos concéntricos desde las religiones abrahámicas hasta las orientales. El recorrido es ineludible: de lo conocido hacia lo desconocido. Así crecemos los humanos: sólo somos capaces de amar lo que conocemos a la vez que sólo amando llegamos a conocer.

La tercera aportación consiste en que el autor fundamenta teológicamente el pluralismo no sólo hablando sobre otras doctrinas, sino desde las otras doctrinas, es decir, utilizando su terminología. Para ello introduce un concepto propio de las tradiciones orientales: la no-dualidad. Muestra cómo en el hinduismo, la unidad no-dual de la Realidad viene manifestada en el dharma u orden cósmico universal, que atañe a todas las religiones, a todos los seres humanos y al cosmos. Este orden se expresa sobre todo con el principio ŗtá -de donde procede el término rito-, el cual rige el orden cósmico y sagrado que armoniza a todos los seres. Ningún ser se identifica con otro, pero tampoco está separado de los otros. Todo está íntimamente unido.

En el taoísmo, la no-dualidad viene expresada en el mismo concepto de Tao, “Vía”, “Curso” sinónimo de Sentido, Ser, Yo verdadero. El Tao es lo Absoluto no mostrado, en estado no-dual en el que no existe el sujeto-objeto. Lo mostrado es relativo; a través de la conciencia podemos ir llegando a él: “El camino del No-ser lleva a contemplar la maravillosa esencia, la del Ser” (Tao te King I). Pero sobre todo el buddhismo es la tradición filosófica y religiosa que más ha desarrollado la noción de no-dualidad como interdependencia a través del concepto de pratatyasamutpada, la relatividad de toda la realidad. Todo está interrelacionado y nada existe aislado.

Esta expresión sánscrita se traduce habitualmente como “originación codependiente” u “origen condicionado”. En palabras sencillas del Budhha: “Hay esto, por eso hay aquello; si no hay esto tampoco hay aquello”. Panikkar lo traduce como “la relatividad radical y constitutiva de todo, la concatenación universal de todas las cosas”. Victorino muestra muy bien que también en la mística cristiana hallamos la percepción no-dual, así como fundamenta teológicamente la raíz del pluralismo a partir de revelación de Dios como Trinidad, como pura relación de amor sin substancia: Dios es un yo, un tú y un él, que se intercambian en la perichôrêsis trinitaria de modo inefablemente amoroso.

La cuarta aportación de esta obra consiste en la referencia a una amplia cascada de autores que durante las últimas décadas han trabajado sobre esta cuestión. Aparecen nombres venidos de lejos: Thomas Merton, Henri Le Saux, John Hick, Paul F. Knitter, Michael Amaladoss, Jacques Dupuis, Hans Küng, Christian Duquoc, Aloysius Pieris o Tissa Balasuriya, y nombres provenientes de cerca: Juan José Tamayo, Joan Bosch, Andrés Torres Queiruga, J.Mª Vigil, Ana Mª Schlüter, Xavier Pikaza, Juan Masiá, Jaume Flaquer, etc. Con ello Victorino Pérez muestra que el pensamiento teológico madura gracias a una comunidad de escritores y de lectores. Conjuntamente avanzamos en este abrirnos a Dios que expresa en las diferentes lenguas religiosas y aprendemos a reconocer un solo Fuego en diversidad de llamas.

Por último, el autor comparte su propia profesión de fe: se confiesa cristiano pero radicalmente abierto a la alteridad y a la pluralidad. Habiendo dedicado unas substanciosas páginas al plurilingüismo religioso, expresa que “una experiencia, cuando es auténtica, no reduce la una a la otra, sino que se vive en una tensión dinámica y fecunda. No se trata de crear una ‘tercera identidad’ religiosa superior, sino de favorecer un flujo de diálogo, que hoy es más necesario que nunca”. El autor concluye con estas esperanzadoras palabras: “Lo que algunos han tomado como fin de las religiones puede convertirse en principio de un nuevo despertar y encuentro realmente inter/intrarreligioso que suponga un salto cualitativo en la humanidad. El mundo del siglo XXI será místico, ecologista y empapado en un profundo diálogo interreligioso, o no será”.

En definitiva, el propósito del libro cumple sobradamente su objetivo y lo convierte en una lectura indispensable, mostrando que lo que para la teología académica puede resultar un bloqueo, se resuelve y enriquece con otras perspectivas: la inclusión de los pobres, cuya solicitud inmediata a la vida abre a verdades fundamentales universalmente compartidas; la escucha de la sensibilidad femenina con su otro modo de abordar la vivencia religiosa con planteamientos menos abstractos y más flexibles; el cuidado de la naturaleza como un lugar común de encuentro y de experiencia de lo sagrado; la posibilidad de aprender otros lenguajes espirituales mediante prácticas oracionales o meditativas que proceden de otras tradiciones. Todo ello hace que tanto el autor de esta obra como el autor de este prólogo podamos esperar que “la cacofonía actual pueda ser convertida en una sinfonía futura”, tal como lo formuló Raimon Panikkar, maestro de ambos.

sábado, 13 de julio de 2013

Ecumenismo: Bergoglio y Argentina ejemplo mundial.


A pesar que en Argentina no se respeta la Igualdad Religiosa, así como el Parlamento Argentino de Religiones lucha por revertir esta situación, otros movimientos y en especial este gesto del actual Papa Francisco cuando era Arzobispo de Buenos Aires: permiten que soplen vientos de esperanza para el mundo y para todos aquellas personas de buena voluntad, que trabajan por la fraternidad entre las diferentes denominaciones cristianas que integran la Iglesia UNA de CRISTO, y que desde esa base sólida pretenden un diálogo serio y comprometido con las diferentes religiones.

Que Dios Padre Todopoderoso bendiga estos encuentros. Oremos para que estos movimientos maduren y logremos la Igualdad religiosa.

Recordemos este encuentro:

Publicado en la página del movimiento Evangélico y Católico "CRECES"


VI Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos

"El Evangelio, poder de Dios"

(Rom.1, 16)



El sábado 13 de octubre de 2012, de 10 a 18 horas, en el estadio Luna Park -Avda. Madero 420- de la ciudad de Buenos Aires se realizó el VI Encuentro Fraterno de Católicos y Evangélicos, organizado por C.R.E.C.E.S. Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo


Fue más que sólo un encuentro entre católicos y evangélicos. Lo que se vivió hoy en el Luna Park fue una verdadera fiesta de la unidad. "Yo lo he dicho en presencia del Papa, que lo que he visto en Buenos Aires es algo pionero: son cristianos que expresan su fe en conjunto. Católicos y evangélicos, sin divisiones. Esta expresión es como el Pentecostés. Los cristianos deben vivirlo así: como un nuevo Pentecostés". Así definió el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia y uno de los oradores centrales del encuentro, sobre lo que ocurrió esta tarde en el Sexto Encuentro Fraterno de Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo (C.R.E.C.E.S.). Un testimonio que llegó, según los propios dichos del padre capuchino, a oídos del Papa y hasta llamó la atención del Vaticano. "La Iglesia está siguiendo en forma muy atenta lo que está ocurriendo en Buenos Aires. Atentos a este signo, que creo yo, es un signo profético de los nuevos tiempos. Así lo he expresado el viernes último, durante una meditación en presencia del Papa Benedicto XVI. Esta es la forma de alejar el fundamentalismo religioso: cristianos que se abrazan, que se encuentran a compartir su fe".

Unos 6.000 cristianos fueron parte de este sexto encuentro ecuménico que se realiza desde 2003 y que en cada edición amplía su convocatoria. En esta oportunidad, el lema fue "El Evangelio, poder de Dios" y movilizó a comunidades desde distintos puntos del país. Desde temprano, antes de las 9, las calles que rodean al estadio Luna Park estaban colmadas. Todos juntos, sacerdotes, laicos, pastores, religiosas y muchas familias con hijos pequeños, participaron de la fiesta. No había distinciones entre unos y otros. Todos estaban allí con un mismo propósito: celebrar el poder de compartir su fe en Jesucristo.
Las alabanzas estuvieron dirigidas por el pastor Sebastián Golluscio y se vivieron arriba y abajo del escenario con un clima muy fraternal. Allí se vio a sacerdotes y pastores compartiendo mate y la ronda llegó hasta manos de arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio quien, como todos los años, participó del encuentro.

El padre Cantalamessa, junto a los pastores Omar Cabrera Jr. y Norberto Saracco



El padre Cantalamessa fue uno de los oradores más aplaudidos del encuentro. Más allá de sus 78 años y de su alto cargo eclesial -fue predicador de Juan Pablo II y ahora lo es de Benedicto XVI- no dudó en poner el humor y la alegría en primer plano durante su disertación. "Raniero tiene muy buen humor. Predica y es feliz", se leyó en Twitter durante su mensaje, con el hashtag #creces. Ocurre que todo el evento se transmitió en vivo vía Twitter (@creces) yhttp://www.facebook.com/prensa.creces.5 También se transmitió en vivo desde la FM Parroquial 105.1 -radio del Arzobispado de Buenos Aires- y por internet enwww.fmparroquial.com.ar
"Es que soy un hombre feliz. Y Él me ha hecho feliz", declaró Cantalamessa, sobre su relación con Dios. "El gran desafío hoy es cómo explicarle a los jóvenes que Jesús es el mejor aliado de su felicidad y de su gozo", dijo durante una conferencia de prensa con medios nacionales.

El Cardenal Bergoglio y el padre Raniero Cantalamessa.


El amor fue clave en la centralidad de su mensaje ante el auditorio. "Si todas las biblias del mundo desaparecieran y quedara solamente una línea para ser leída, 'Dios es Amor’'es la frase resumidora. Toda la Biblia está ahí. El espíritu Santo no es una idea de la realidad, es la realidad. Los cristianos queremos experimentar un nuevo Pentecostés. Dios es Amor. Estar llenos del Espíritu Santo es estar llenos de Dios. ¿Por qué nos creó Dios? Porque nos amaba. ¿Y por qué la encarnación? Porque Dios nos ama tanto que nos manda a su hijo por amor. Jesús es Dios, que nos ama de manera humana. En sus ojos, la gente de su tiempo sintió el amor de Dios. No se ama a Dios en abstracto. Jesús es el objeto directo del amor de Dios."

El pastor Carlos Mraida, uno de los coordinadores del Consejo de Pastores de la Ciudad de Buenos Aires, fue otro de los oradores del encuentro y centró su mensaje en la importancia del rol del cristiano comprometido con los valores que profesa. "Dios quiere hacer algo nuevo en esta ciudad y en esta Nación.

Que los cristianos seamos militantes por la vida, la justicia y la equidad. Que seamos la voz de los que no tienen voz ni derecho a la vida. El Evangelio no se avergüenza ante el sistema que dice que la fe ya fue. Que ya no hay lugar para la fe", dijo ante miles que siguieron atentos sus palabras y celebraron sus dichos con aplausos.

"A los cristianos no nos mueve el éxito momentáneo. Dios nos dio los ojos de la Promesa. Ojos proféticos. Leemos la historia desde el final para acá. Nosotros conocemos el final de la película. Dios es nuestra última esperanza porque somos su primer amor", afirmó Mraida.


El pastor Carlos Mraida


La mejor forma de transmitir la fe es, según el pastor Norberto Saracco, miembro de la comisión organizadora de C.R.E.C.E.S., es una vida que refleje la fe. Esa fue la respuesta que dio cuando se le preguntó, durante la conferencia de prensa, sobre el desánimo por la evangelización que se vive en los altos círculos eclesiásticos. "Estamos cansados de nuestras propias contradicciones. De Predicar una cosa y vivir otra. Esta es una cuestión clave del Evangelio: la coherencia. No hay predicación más fuerte que nuestra vida", dijo.
Estuvo entre la multitud como un fiel más. Tomó mate, comió empanadas y cuando le llegó el turno de pasar al frente y transmitir su mensaje, fue muy ovacionado. Cantos y olas de aplausos retrasaron varios minutos el inicio del mensaje del Cardenal Jorge Bergoglio. Todos querían escuchar el mensaje del hombre, que desde el silencio y el bajo perfil, ha sido uno de los principales impulsores del diálogo ecuménico e interreligioso en la Argentina.
"Jesús pasó más que nada su tiempo en las calles. El sigue pasando en medio nuestro. La gente no dejaba pasar oportunidad de estar con Jesús. De tocarlo, de apretujarlo, de recibir de él. No le tengo miedo a los que combaten a Jesús, porque ellos ya están vencido. Le tengo más miedo a los cristianos distraídos, dormidos, que no ven a Cristo pasar. Hemos perdido dos cosas: la capacidad de asombrarnos ante las palabras del Señor. Estamos atiborrados de noticias que van dejando de lado la buena noticia. Hemos perdido la ternura. Jesús se acercaba a la llaga humana y la curaba. Recuperemos esas dos características: no nos acostumbremos a ver al enfermo, al hambriento sin asombro y sin ternura", dijo. 

El padre Fernando Gianetti junto al padre Raniero Cantalamessa
durante la conferencia de prensa.

El pastor Jorge Himitian fue el encargado de leer la Declaración Común del Sexto Encuentro Fraterno, un documento conjunto que se difunde con cada edición.
"El Espíritu Santo abrió nuestros ojos espirituales, y comprendimos cosas muy simples pero grandiosas. Cosas muy conocidas pero a la vez ignoradas. Comprendimos que la iglesia es más que un edificio material donde se rinde culto a Dios. Todos los que somos hijos de Dios, somos por lo tanto, hermanos. Cristo fundó una sola Iglesia, y quiere que su iglesia manifieste en el mundo la unidad y la santidad que caracterizan a Dios", leyó ante la multitud.
Lo recaudado en la colecta, -$79.000.- será destinado íntegramente al Hospital Neuropsiquiátrico José T. Borda.
Cerca de las 18, y luego de ocho horas de comunión, el evento llegó a su fin. La despedida fue tan emotiva como el reencuentro. Grupos que se saludaba, que intercambiaban teléfonos y mails y la promesa de volver a verse en el próximo encuentro.
Estaba claro, lo que acababa de ocurrir no había sido simplemente el Sexto Encuentro Fraterno. Había sido mucho más que eso.



Si quiere acceder al audio de la exposición del Cardenal Jorge Bergoglio, o a las fotos del evento, ingrese aquí: http://www.facebook.com/prensa.creces.5

Fuente: CRECES