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viernes, 16 de noviembre de 2018

Razones para el diálogo interreligioso e intercultural.

En el artículo de la semana pasada (blog de Juan José Tamayo en amerindiaenlared.org):
escribí sobre “El diálogo interreligioso, respuesta a la violencia” con motivo de mi participación en el II Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y educación por la convivencia y la Paz”, convocado por el Ayuntamiento de Madrid.

Hoy ofrezco una nueva reflexión sobre el tema centrado en “Las razones para el diálogo interreligioso e intercultural”, que expuse en mi intervención en el Seminario Internacional Permanente Diálogos Oriente-Occidente sobre “El diálogo intercultural e interreligioso como herramientas para prevenir y erradicar el extremismo”, organizado por la Facultad de Filología y el Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Embajada de los Emiratos Árabes Unidos y la Euromediterranean University Institute bajo la coordinación científica del Dr. Mohamed Dahiri, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la UCM.

La tolerancia, el diálogo y la no-violencia no han sido precisamente valores que hayan caracterizado a las religiones, o al menos a sus dirigentes, ni en el comportamiento con las personas creyentes ni en su actitud ante la sociedad. La mayoría de las religiones han impuesto un pensamiento único y han perseguido, castigado y expulsado de su seno a los creyentes considerados disidentes y heterodoxos. Han invadido espacios civiles que no eran de su competencia y han impuesto sus creencias, muchas veces por la fuerza, recurriendo a la violencia. Por lo mismo, el diálogo ha brillado por su ausencia. Se ha impuesto, más bien, el anatema, la condena, la exclusión. Lo mismo cabe decir de la no-violencia y de los mensajes de paz, que están presentes en los mensajes originarios de las mayoría de las religiones, pero con frecuencia ausentes en sus prácticas, que suelen ser violentas.
Lo que con gran lucidez decía de los cristianos Baruc Spinoza, que había sufrido en su propia carne la exclusión de la comunidad judía, es aplicable a no pocos creyentes de otras religiones:
“Me ha sorprendido a menudo ver a hombres que profesan la religión cristiana, religión de paz, de amor, de continencia, de buena fe, combatirse los unos a los otros con tal violencia y perseguirse con tan terribles odios, que más parecía que su religión se distinguía por este carácter que por lo que antes señalaba. Indagando la causa de este mal, he encontrado que proviene, sobre todo, de que se colocan las funciones del sacerdocio, las dignidades y los deberes de la iglesia en la categoría de las ventajas materiales, y en que el pueblo imagina que toda religión consiste en los honores que tributa a sus ministros” (Spinoza, 1986: 66).

¿Quiere esto decir que la intolerancia y la violencia constituyen la ley de las religiones? No. Yo que creo:
ni el choque de civilizaciones es la ley de la historia;
ni las guerras de religiones son una constante en la vida de los pueblos;
ni los fundamentalismos pertenecen a la esencia de las religiones;
ni los enfrentamientos entre las diferentes etnias están en la naturaleza de éstas;
ni las diferencias culturales tienen que desembocar en conflictos entre ellas;
ni las diferentes disciplinas tienen que estar enfrentadas por defender celosamente su campo de estudio;
ni los pueblos tienen que resolver sus problemas y conflictos violentamente;
ni las identidades se construyen imponiéndose y destruyéndose unas a otras;
ni la sumisión de las mujeres bajo el imperio del patriarcado constituye el principio de organización de la sociedad ni el modelo de relaciones humanas.

Todo lo contrario. El choque de civilizaciones, los fundamentalismos, los enfrentamientos étnicos, los conflictos identitarios y el patriarcado son construcciones ideológicas de los poderes políticos, económicos, militares, religiosos y culturales hegemónicos que establecen alianzas entre sí para mantener su poder sobre el mundo y sobre las conciencias de la ciudadanía. Son construcciones humanas que manipulan las culturas, a las que ponen al servicio de proyectos imperialistas opresores; a Dios, a quien se invoca como aliado suyo; a las religiones, consideradas expresa o tácitamente como sanción moral de sus comportamientos, incluso violentos.
Las religiones y las culturas no pueden caer en la trampa que les tienden los poderes hegemónicos. No pueden seguir siendo fuentes de conflicto entre sí ni seguir legitimando los choques de intereses espurios de las grandes potencias. No pueden estar sometidas al asedio del mercado ni al servicio de los poderosos La alternativa al choque de civilizaciones, al conflicto entre culturas, a la guerra de religiones y a los enfrentamientos éticos es el diálogo, cuyas razones expongo a continuación en un tridecálogo:
1. El diálogo forma parte de la estructura del ser humano como ser social, que implica crear espacios de comunicación y lugares de encuentro.
2. El diálogo forma parte de la estructura del conocimiento y de la racionalidad. La razón es dialógica, no autista; intersubjetiva, no puramente subjetiva. Nadie puede decir que posea la verdad en exclusiva y en su totalidad.
3. El diálogo requiere argumentación y exige dar razones y exponerlas con rigor, pero también escuchar las razones del otro y cambiar de opinión se estas resultan más convincentes que las propias.
4. El diálogo es una de las claves fundamentales de la hermenéutica, ya que nos permite comprender los acontecimientos y los textos de otras tradiciones culturales y religiosas y los textos del pasado de nuestra propia tradición.
5. El diálogo constituye una alternativa al fundamentalismo, al integrismo, al fanatismo, al dogmatismo y es un antídoto contra el enfrentamiento entre culturas y religiones y frente a toda amenaza totalitaria.
6. A favor del diálogo aboga la historia de las religiones, que muestra la gran riqueza simbólica de la humanidad, la pluralidad de manifestaciones de lo sagrado, de lo divino, del misterio, y las múltiples respuestas a las preguntas por el sentido de la vida y el sin-sentido de la muerte.
7. La verdad no se impone por la fuerza del poder, sino que es fruto de acuerdo entre los interlocutores tras una larga y ardua búsqueda, donde se compaginan el consenso y el disenso.
8. El pluriverso de culturas aboga por el diálogo intercultural. Ninguna cultura puede considerarse en posesión única de la verdad como si se tratara de una propiedad privada recibida en herencia o a través de una operación mercantil.
9. El diálogo intercultural e interreligioso constituye un imperativo ético para la supervivencia de la humanidad, la paz en el mundo, la lucha por la justicia, la defensa de la naturaleza y el logro de la igualdad en la diversidad.
10. La interdependencia de los seres humanos, la pluralidad de cosmovisiones, las diferencias de opiniones y los conflictos de intereses demandan una cultura del diálogo.
11. Sin diálogo, afirma Raimon Panikkar, el ser humano se asfixia y las religiones
se anquilosan. Por lo mismo, sin diálogo la diversidad es inalcanzable y sin respeto a la diversidad el diálogo es inútil, confirma el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo.
12. El diálogo no puede girar en cuestiones superficiales, sino que tiene que ser radical, es decir, girar en torno a los problemas más acuciantes que viven la humanidad y la naturaleza e ir a la raíz de los mismos.
13. Los interlocutores del diálogo no pueden ser los apologistas de las religiones y culturas, sino las personas críticas de sus propias tradiciones culturales y religiosas. Eso las libra de su instalación complaciente en certezas absolutas y verdades eternas, al tiempo que las lleva a reconocer la complejidad de la realidad y estar abiertas al cambio. .

sábado, 25 de junio de 2016

Colombia acalla las armas camino a la paz.


El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (izquierda), y Rodrigo Londoño, Timochenko, máximo comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se dan un apretón de manos mientras blanden el histórico acuerdo, que firmaron este 23 de junio en La Habana y que pone fin a la guerra en Colombia. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS 


El cese el fuego bilateral y definitivo rubricado este jueves 23 por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el comandante de la guerrilla comunista de las FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, allana el fin del conflicto armado más prolongado de América Latina.

La presencia de seis presidentes latinoamericanos en la ceremonia de firma de este acuerdo y la hoja de ruta de su cumplimiento remarcó la relevancia del hecho para la región, casi cuatro años después de comenzar en La Habana el diálogo de paz entre delegados del gobierno y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

El histórico acuerdo, que de hecho representa el fin de la guerra, aunque aún no la llegada de la paz, abarca la dejación de las armas, garantías de seguridad y la lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores de derechos humanos y movimientos sociales o políticos.

Este último punto incluye a “organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”.

El proceso de dejación de las armas por parte de la guerrilla, será verificado por observadores no armados de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

El plazo de este parte será de 180 días desde el llamado día “D”, aquel de la firma del Acuerdo Final de paz, que será en Colombia, en un plazo próximo aún indeterminado.

A la ceremonia asistió Ban Ki-Moon, secretario General de la ONU, acompañado de Francois Delattre y Mogens Lykketoft, presidentes, respectivamente, del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General del foro mundial, cuya participación va a ser vital una vez acordada la paz.

El Consejo de Seguridad aprobó el 25 de enero la resolución 2261, que establece una Misión política de Observadores internacionales no armados para Colombia.

El destino final del armamento en manos de la guerrilla será la construcción de tres monumentos, mientras que los combatientes, desprovistos de armas y vestidos de civil, se trasladarán a 22 denominadas zonas de transición y ocho campamentos, donde comenzarán su reincorporación al espacio público colombiano.

Además, indican los documentos entregados a los medios, el gobierno aplicará un conjunto de medidas para crear y hacer sostenibles condiciones de seguridad que den plena oportunidad de participar en política, especialmente a los exintegrantes de las FARC en proceso de reintegración a la vida civil.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon (izquierda) intercambia opiniones con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, durante la ceremonia en la capital de Cuba, el 23 de junio, de la firma del acuerdo de cese al fuego definitivo entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS


“El proceso de paz no tiene vuelta atrás”, aseguró el mandatario del país anfitrión de la firma y los diálogos, el cubano Raúl Castro. Indicó que “la paz será la victoria de toda Colombia, pero también de toda nuestra América”, sobre todo porque la Celac persigue declarar a la región latinoamericana como una zona de paz.

“¡Qué este sea el último día de la guerra!”, sentenció a su vez Timochenko, también conocido por el alias de Timoleón Jiménez, al comenzar y cerrar su intervención. Aclaró que “ni las FARC ni el Estado han vencido”, porque ambos firmaron hasta ahora cinco acuerdos, después de haber “discutido largamente”.

Santos apuntó que su país “se acostumbró a vivir en guerra”, sobre todo en las zonas rurales, por lo que “hoy se abre un nuevo capítulo, que nos devuelve la esperanza”.

“Nos llegó la hora de vivir sin guerra, nos llegó la hora de ser un país en paz”, dijo el gobernante, que hizo del logro de la paz un objetivo central de su mandato, iniciado en 2010.

Enfatizó lo histórico del acuerdo de cese al fuego con las FARC, la guerrilla más grande y antigua de la nación, aunque aún falta por alcanzar la paz verdadera el cese de operaciones del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y agrupaciones criminales asociadas con las antiguas fuerzas paramilitares y el narcotráfico.

Santos consideró que con la incorporación de las FARC a la política, el país tendrá “una democracia fortalecida”.

Aseguró que, si en el pasado fue uno de los más acérrimos opositores de la guerrilla, ahora está comprometido con el mismo ímpetu a garantizar los derechos del grupo a convertirse en un partido.

Otro punto decisivo es que las FARC aceptó que sea un plebiscito la fórmula con que la población refrendará los acuerdos de paz, tal como deseaba Santos. Las dos partes dejan en manos de la Corte Constitucional definir como será la consulta popular.

Los acuerdos rubricados este jueves 23, referidos al fin del conflicto, se añaden a los logrados con anterioridad sobre política de desarrollo agrario integral, participación política, solución al problema de las drogas ilícitas, y víctimas.

Y las delegaciones seguirán trabajando hasta lograr el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, que según anunció Santos y aplaudió la audiencia, sí será firmado en Colombia.

En la firma de los acuerdos estuvieron presentes el canciller de Noruega, Borge Brende, cuyo país es garante junto a Cuba de las conversaciones de paz. También participaron como naciones acompañantes, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

También concurrió a la firma el mandatario salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, para quien el acuerdo de cese al fuego representa un símbolo de que América Latina se consolida como una zona de paz. Esperamos que “abra la oportunidad de una firma definitiva”, dijo el presidente, quien fue un dirigente guerrillero.

Además, se sumaron a la cita los gobernantes de México, Enrique Peña Nieto, y de República Dominicana, Danilo Medina, presidente pro tempore de la Celac. Acudieron además los enviados especiales para el proceso de paz de Estados Unidos, Bernar Aronson, y de la Unión Europea, Eamon Gilmore.

Las conversaciones comenzaron en La Habana, como sede permanente, el 19 de noviembre de 2012, tras su instalación oficial en Noruega, un mes antes. La capital cubana fue también escenario de las negociaciones exploratorias realizadas entre el 23 de febrero y el 26 de agosto de 2012.

Durante la primera ronda del diálogo se produjo el cese unilateral de operaciones militares ofensivas de las FARC, entre 20 de noviembre y el 20 de enero de 2013.

“Es una muestra más de nuestra voluntad para generar un medio ambiente político propicio para el avance de las conversaciones”, dijo en ese entonces la organización insurgente en un comunicado.

El cese al fuego unilateral de las FARC se volvió indefinido en diciembre de 2014.


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Con aportes de Ivet González (La Habana)


Editado por Estrella Gutiérrez
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Fuente: Servindi