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martes, 25 de febrero de 2020

Biblias para los últimos indígenas no contactados de Brasil.

Jair Bolsonaro coloca a un misionero evangélico al frente del área del Gobierno dedicada a los pueblos originarios que aún no han tenido contacto con el hombre blancoTres nativos de una tribu no contactada, en el estado de Acre (Brasil). REUTERS


El Valle del río Javari, que traza la frontera entre Brasil y Perú, alberga el mayor número de indígenas no contactados del mundo, es un enorme pedazo de selva amazónica con casi 7.000 nativos que, en su gran mayoría, nunca tuvieron contacto con el hombre blanco. Cuando lo hicieron fue para dejar claro que querían seguir solos.

La forma en que Brasil ha lidiado con estas comunidades ha ido cambiando con el tiempo, pero a finales de los 80, con el regreso de la democracia, se acordó que se respetaría su voluntad, poniendo fin a décadas de políticas de integración y asimilación. Ahora, los pueblos del Javari viven en una inmensa área protegida. A pesar de que sufren continuas invasiones de madereros ilegales, sobre el papel, nadie puede entrar en su territorio.

Pero las cosas están cambiando. Hace unos días, el Gobierno de Jair Bolsonaro colocó al misionero Ricardo Lopes Dias al frente del departamento para los Indígenas Aislados de la Fundación Nacional del Indio (Funai), el órgano estatal que cuida de la cuestión indígena. Para poderle nombrar, la presidencia de la Funai alteró el reglamento interno, retirando la exigencia de que el coordinador del área de indígenas aislados fuera un funcionario de carrera.

Los indígenas no tardaron en manifestarse en contra de una posible evangelización: "La actuación de misioneros en las aldeas ha sido tan nociva como las enfermedades, pues causa desorganización étnica, social y cultural de los pueblos indígenas. En el Valle del Javari los misioneros nos dividieron entre quienes eran de Dios y quienes eran del Diablo, y eso, para los asilados, significa la completa extinción". Quienes hablan son representantes de la Univaja, una entidad que agrupa a los indígenas del Javari que sí fueron contactados en el pasado: los Matsés, Marubo, Matis, Kanamary, Kulina, Korubo y Tsohom-Djapá.


Estos pueblos ya conocen el trabajo de las misiones evangelizadoras, que llegaron a la región en los años 60, sobre todo de la mano de ONG de EEUU. En una de ellas, de hecho, trabajó el nuevo fichaje estrella del Gobierno.

Lopes Dias formó parte durante 10 años de la Misión Nuevas Tribus de Brasil (MNTB) como parte de un trabajo de disertación sobre los indígenas Matsés. Se propuso "identificar las necesidad y oportunidades entre aquellos que nada o poco escucharon a Cristo". Lopes Dias estudió la lengua local para generar material didáctico que pudieran entender y les incentivó a que construyeran sus propias iglesias. Tal como ocurre hoy día en cientos de aldeas en otros territorios.
EXPLOTACIÓN DE LA AMAZONÍA

"Esto no es de ahora, es de siempre. Lo innovador es que ahora la Funai forme parte de este proceso", dice a EL MUNDO una portavoz de Indigenistas Asociados, una asociación de trabajadores de este organismo estatal que no quiso identificarse por miedo a represalias. "Donde el Estado falla estos grupos proselitistas tienen el espacio abierto. Imponen su religión pero al mismo tiempo llevan alimentación, ropa, agua... y con el tiempo pasan a condicionar esos beneficios a la participación en esa nueva fe", añade.

La presencia de misioneros es común en muchas comunidades. Los Terena, en el estado de Mato Grosso y los Baniwa, en el de Amazonas, por ejemplo, ya son predominantemente evangélicos. En otras zonas la presencia católica es más fuerte, por las misiones instaladas durante siglos, pero éstos perdieron terreno en las últimas décadas, tras las nuevas directrices de la Iglesia Católica a favor de la no imposición.

La ley brasileña tan sólo prohíbe expresamente la entrada de evangelizadores (y de todo tipo de personas) en aldeas de pueblos no contactados, precisamente el departamento que ahora gestionará Lopes Dias.

La Fiscalía presentó esta semana un recurso para frenar el nombramiento, alegando un evidente conflicto de intereses. Además, los procuradores resaltaron que los datos que este nuevo coordinador puede tener tras su paso por el Valle del Javari son extremadamente sensibles: "El acceso de misioneros a ellos puede colocar a los pueblos en riesgo de genocidio y etnocidio", advirtieron.

Los indígenas suelen argumentar que la entrada de estos grupos religiosos forma parte de una estrategia para asimilar a las poblaciones nativas a los núcleos urbanos, para así despejar sus tierras en favor de los intereses del sector agrícola y ganadero. Los mismos días en que resonaba la polémica por el nombramiento del misionero, Bolsonaro presentó a bombo y platillo una ley que abre la puerta a todo tipo de actividades económicas dentro de las tierras indígenas, desde minas y pozo de gas y de petróleo hasta presas hidroeléctricas.

Fuente:elmundo.es

martes, 16 de abril de 2019

Vía crucis de los pobres y migrantes.



Juan Simarro Fernández

Inmigrantes: El multiforme rostro de Dios

Vivimos en un país en donde hay personas que, en esta Semana Santa, se van a centrar más en el dolor que en la alegría de la resurrección. Parece que a la gente le gusta en España la celebración del dolor y del sufrimiento. Muchos cofrades celebrarán en España las catorce estaciones del Vía Crucis. Pasean en procesión todo el sufrimiento de Jesús. Es más, muchos quieren participar de él: se dan latigazos, cargan cruces pesadas pero a veces se olvidan del dolor y sufrimiento del hermano.

Primera estación: Huerto de los Olivos. Ellos, los pobres, también se han angustiado en su Huerto de los Olivos, quizás muchos han tenido su alma triste hasta la muerte antes de tomar la decisión de subirse a una patera o a un cayuco… o a un avión. Es la primera estación del vía crucis de los pobres.

Segunda estación: El Beso de Judas. Muchos de los pobres del mundo aguantan su soledad al haber sido traicionado por el Judas de nuestro tiempo, adorador del dios Mammón, dios que acumula capitales desequilibrando el mundo. Seguidores de Mammón que, a veces, dicen que no se olvidan de los pobres y que rezan u oran en las iglesias. Rezan u oran también ante sus opulentas comidas diciendo que se acuerdan de los pobres. Es el Beso de Judas. La 2ª estación

Tercera estación: La condena del Sanedrín. Los pobres, tanto los países como las personas, han sido condenados por el Sanedrín acumulador contemporáneo de los países ricos. Estos usan sus materias primas, aseguran su bienestar con los cobros de la deuda externa. Los pobres han sido condenados a ser los excluidos de la tierra, un remanente sobrante que llega a estorbar a los que detentan el capital. La condena dictada por el Sanedrín opulento es la tercera estación de su vía crucis.

Cuarta estación: La negación del pobre. Cuando el hambre acucia, cuando no se tiene una vivienda digna, cuando no se tiene acceso a un trabajo capaz de sustentar a la familia, se sale de los países de origen y se emigra. Llegan a las sociedades ricas y éstas les reciben. Los necesitan, los usan… los explotan o se les rechaza con brotes xenófobos o racistas. Se les niega. Es la negación de Pedro, pero sin arrepentimiento. Es la cuarta estación de los sufrientes del mundo.

Quinta estación: El juicio. Los pobres son juzgados por los políticos, por los Pilatos de nuestro tiempo. Juzgan, condenan y, después, se lavan las manos. Hay políticos que hablan de los peligros de la inmigración, de la inseguridad, de expulsiones, de controles. Son los resultados de un juicio político… juzgados por el Pilatos de nuestro tiempo. Es la quinta estación. El juicio a los pobres y migrantes del mundo.

Sexta estación: La flagelación. Jesús fue flagelado, pero muchos pobres también. Apaleados y pateados en el Metro como vimos en los telediarios. ¡Cuántos apaleados que no graban las cámaras de seguridad! Flagelados de mil formas, con las miradas, con las palabras, con las exclusiones… Es la sexta estación del vía crucis de los pobres. Tienen que soportar durante esta estación, su pesada y dolorosa corona de espinas.

Séptima estación: Tienen que cargar con la cruz, con la pesada carga que no quieren llevar los ricos del mundo, con trabajos que ellos, los satisfechos y ahítos, no quieren hacer ni encuentran quienes los hagan. Hoy muchos pobres tienen que cargar con la cruz, por un poco de dinero y, quizás, sin seguridad social, ni vacaciones, ni pagas extra. Es la séptima estación del vía crucis de los pobres cargando con la pesada cruz. Espaldas cansadas, brazos agotados, cansancio, mala alimentación. Triste estación.

Octava estación: Cirineo. Un punto de descanso, de solidaridad. También hay Cirineos en el mundo que intentan ayudar a llevar la cruz. Las ONGs, algunas iglesias, algunos creyentes… algunos ateos y humanistas del mundo. Es la mano tendida en medio del vía crucis. Hoy también, afortunadamente, Cirineo se mueve por el mundo, siendo las manos del crucificado, siendo los pies del Siervo Sufriente. Es la octava y bendita estación dentro del vía crucis de los pobres. 

Novena estación: El llanto. Las mujeres de Jerusalén llorando ante Jesús que carga con la cruz. Coro de mujeres que se lamentan y dejan correr sus lágrimas por sus mejillas. Yo no sé si hoy falta este coro de mujeres que lloren por el mundo. Necesitamos esta novena estación. Es la estación del llanto, la del grupo que une sus lágrimas a las de los sufrientes del mundo. No lloréis sólo por los sufrientes, llorad por vosotras mismas. Cuando un niño se muere de hambre en el mundo, algo de vuestros hijos perdéis. Llorad por vuestros propios hijos, los coetáneos de los que mueren por el hambre o la desnutrición. Que no falten las lágrimas de esta estación novena

Décima estación: Es el momento del Jesús crucificado. Jesús en su agonía. ¿Cuántos de los pobres del mundo estarán pasando ya por esta estación? Los clavos ya clavados, las manos y los pies ya sangrantes. ¡Cirineo, ayúdanos! Pero hasta ahí ya no puede llegar el Cirineo. Es la estación de la ejecución de la condena. La décima estación. El niño va a morir, el adulto no va a llegar a los cuarenta años, ha envejecido prematuramente y ya está en la cruz esperando la muerte. ¿Dónde está la justicia?

Décimo primera estación El buen ladrón tiene premio. Apelemos a la conversión de los ladrones del mundo, que se conviertan y compartan.

Décimo segunda estación: A los pies de la cruz. La madre y el discípulo amado al pie de la cruz. La necesidad de los que aman. El discipulado, el seguimiento de Jesús. No dejemos solos a los que sufren. Pongámonos a los pies de su cruz particular.

Décimo tercera estación: La muerte. Jesús muere. Su figura crucificada nos anima a no permitir que mueran impunemente más inocentes. ¿Cuántos pobres y migrantes han muerto hoy? ¿A cuántos se les ha matado su dignidad o su autoestima en este día?

Décimo cuarta estación: La tumba. Jesús es depositado en un sepulcro nuevo. Con los ricos fue en su muerte. Muchos pobres no tienen ni siquiera esta estación. Son lanzados al mar desde las pateras o los cuervos se comen sus carnes. Hoy los abismos del mar sienten nauseas por tanta muerte. Fin del vía crucis.

¿Marca el fin este vía crucis? ¡No! El vía crucis no marca el fin. Sigamos andando hasta la resurrección. Sería un error quedarse ahí. ¡Hay esperanza! Jesús resucitó y nos llama a ser sus discípulos en medio de un mundo de dolor. 

El vía crucis debe ser derrotado, el Reino de Dios ya está entre nosotros y puede tener su acción en el mundo a través de sus hijos solidarios, activos y comprometidos. Señor, ayúdanos a eliminar el vía crucis de los pobres del mundo. Lo queremos hacer por ti, Señor. Que la memoria del crucificado nos lance al amor y a la solidaridad, que nos sintamos movidos a misericordia. Estamos en tiempos de resurrección. Tu muerte es la que puede dar vida al mundo, pero mientras no terminemos con el vía crucis de los pobres, no seremos nosotros tampoco felices. La primavera no habrá llegado. Tendremos nuestro personal vía crucis ¡Ven, Señor Jesús!

lunes, 25 de febrero de 2019

La actual crisis político-social reclama profetas.

Leonardo Boff

El profetismo es un fenómeno no solo bíblico. Consta en otras religiones como en Egipto, en Mesopotamia, en Mari y en Caná, en todos los tiempos, también en los nuestros. Hay varios tipos de profetas (comunidades proféticas, visionarios, profetas del culto, de la corte etc) que no cabe analizar aquí. Son clásicos los profetas del Primer Testamento (antes se decía Antiguo Testamento) que se mostraban sensibles a las cuestiones sociales, como Oseas, Amós, Miqueas, Jeremías e Isaías.

A decir verdad, en todas las fases del cristianismo siempre ha estado presente el espíritu profético, como entre nosotros innegablemente con Dom Helder Câmara, con el Cardenal Don Paulo Evaristo Arns, con Don Pedro Casaldáliga y otros, para hablar solo de Brasil.

El profeta es un indignado. Su lucha es por el derecho y por la justicia, especialmente en favor de los pobres, los débiles y las viudas, contra los explotadores de los campesinos, contra los que falsifican pesos y medidas y contra el lujo de los palacios reales. Sienten una llamada dentro de sí, interpretada en el código bíblico como una misión divina. Amós, que era un simple vaquero, Miqueas, un pequeño colono, y Oseas, casado con una prostituta, dejan sus quehaceres y van al patio del templo o delante del palacio real para hacer sus denuncias. Pero no solo denuncian. Anuncian catástrofes y después anuncian una nueva esperanza, un comienzo nuevo y mejor.

Están atentos a los acontecimientos históricos también a nivel internacional. Por ejemplo, Miqueas increpa a Nínive, capital del imperio asirio: “Ay de la ciudad sanguinaria, en ella todo es mentira. Está llena de robo y no para de saquear. Lanzaré sobre ti inmundicias” (3,1.6). Jeremías llama a Babilonia “la metrópolis del terror”.

Debemos entender correctamente las previsiones de los profetas. No es que predigan las catástrofes, como si tuviesen acceso a un saber especial. El sentido es este: si la situación actual persiste y no se cambia la explotación, las prácticas contra los indefensos y el abandono de la relación reverente con Javé, entonces va a suceder una desgracia.

Lógicamente desagradan a los poderosos, a los reyes e incluso al pueblo. Les llaman “perturbadores del orden”, “conspiradores contra la corte o el rey”. Por eso los profetas son perseguidos, como Jeremías que fue torturado y encarcelado; otros fueron asesinados. Pocos profetas murieron de viejos, pero nadie les hizo callar.

Evidentemente hay falsos profetas, aquellos que viven en las cortes y son amigos de los ricos. Anuncian sólo cosas agradables y hasta les pagan para eso. Hay un verdadero conflicto entre los falsos y los verdaderos profetas. Señal de que un profeta es verdadero es el valor de arriesgar la vida por la causa de los humildes de la tierra, que siempre grita por la justicia y por el derecho y que, incansablemente, defiende lo correcto y lo justo.

Los profetas irrumpen en tiempos de crisis para denunciar proyectos ilusorios y anunciar un camino que haga justicia al humillado y que genere una sociedad agradable a Dios porque atiende a los ofendidos y a los que han sido invisibilizados. La justicia y el derecho son las bases de la paz duradera: ese es el mensaje central de los profetas.

En nuestra realidad nacional y mundial vivimos hoy una grave crisis. Agrupaciones de científicos y analistas del estado de la Tierra nos advierten que si sigue la lógica de la acumulación ilimitada estamos preparando una grave catástrofe ecológico-social. No vamos hacia el calentamiento global. Estamos ya dentro de él y las señales son innegables.

Estas voces, de las más autorizadas, no son oídas por los “decision makers” ni por los hombres de dinero. En nuestro país, sumergido en una crisis sin precedentes, gobernado caóticamente por personas incompetentes y hasta ridículas, nos faltan profetas que denuncien y apunten caminos viables para salir de este atolladero.

En línea profética están las palabras de Márcio Pochmann: “Si se mantiene el camino abierto por el neoliberalismo de Temer y ahora profundizado por el ultraliberalismo que domina el confuso gobierno Bolsonaro, la evolución de Brasil tenderá a ser la de Grecia, con cierre de empresas y quiebra de la administración pública. Lo peor se aproxima rápidamente”. Otros van más allá: “si se imponen las reformas político-sociales, conformes a la lógica del mercado, meramente competitivo y nada cooperativo, Brasil podrá transformarse en una nación de parias”. Necesitamos profetas, religiosos, civiles, hombres y mujeres, o por lo menos que tengan actitudes proféticas, para denunciar que el camino ya decidido será catastrófico.

Valgan las palabras de Isaías: “El pueblo que vive en la oscuridad verá una gran luz. A los que habitan en regiones áridas, una luz resplandecerá sobre ellos” (9,1-2).

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor. Ha escrito Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres, Vozes 2005.


Traducción de Mª José Gavito Milano

jueves, 21 de junio de 2018

El fermento político de los cristianos primitivos (2).


Desposeídos de prestigio social y poder, los primeros cristianos desarrollaron un valor teológico y ético que para el mundo circundante representaba más bien un estigma: la paciencia. 

AUTOR Carlos Martínez García 

Su entorno social y cultural consideraba que era un defecto. En contraste, para los cristianos de los siglos previos a la constantinización de la Iglesia la paciencia era una virtud que resultaba del seguimiento de Cristo. 
Continúo comentando el volumen de Alan Kreider, historiador y teólogo anabautista/menonita, La paciencia. El sorprendente fermento del cristianismo en el Imperio romano (Ediciones Sígueme, Salamanca, 2017). 

Considero que él muestra contundentemente cómo las primeras generaciones cristianas desposeídas de prestigio social y poder desarrollaron un valor teológico y ético que para el mundo circundante representaba más bien un estigma. Kreider analiza y cita el pensamiento de varios pensadores/pastores cristianos, sobre todo del tercer siglo, que se ocuparon de reflexionar, escribir y enseñar acerca de la paciencia. 

Vale reiterar lo que mencioné en la entrega anterior: paciencia no era, y no es, sinónimo de quietismo ni de inactividad resignada. Paciencia, para los cristianos y cristianas estudiados por el autor de la obra, tenía que ver con la confianza y esperanza depositada en Dios mientras que a los discípulos les correspondía comportarse en semejanza al ejemplo dado por Cristo. 

En el mundo cultural que les tocó vivir a los cristianos de los siglos primero al cuarto, un valor prestigiante era el de la fuerza y la capacidad de someter mediante ella a los demás. Es así, apunta Kreider, que cuando “por lo general los escritores latinos de la Antigüedad empleaban el término patientia, no pensaban en héroes, sino en subalternos y en víctimas. 

La paciencia aparecía, pues, como una virtud propia de gentes insignificantes que no tenían más remedio que soportar las acciones y las decisiones de otros. Para tales sujetos –los que carecían de poder, los pobres y con frecuencia las mujeres– la patientia resultaba ignominiosa. La paciencia era la respuesta de aquellos que no tenían la posibilidad de establecer sus propias metas o de tomar decisiones propias. En particular, la paciencia era la respuesta de los esclavos, para quienes era una actitud inevitable, no una virtud” (p. 37). 

En consecuencia, la paciencia no es resignación e impotencia, sino confianza en Dios y la certeza de vencer el mal haciendo el bien (Romanos 12:21). Los cristianos iban a contracorriente de sociedades en las cuales se veneraba, se rendía culto a la violencia, al sojuzgamiento y desprecio por los débiles. En un mundo así, no dejarse conquistar por los valores prevalecientes y dominantes era inaudito, muestra de incapacidad y repugnante debilidad. 

Para fortalecer a las comunidades cristianas en cultivar la virtud de la paciencia, Tertuliano escribió en al año 204 la obra De patientia. En ella, resume Kreider, el personaje que desarrolló su ministerio en Cartago (que se ubica actualmente en Túnez) dejó asentado que “Dios soporta a los ingratos y avariciosos que adoran a los ídolos. No los fuerza a creer sino que, ‘en virtud de su paciencia, espera atraerlos hacia sí’. Y el camino que eligió para alcanzar esa meta fue la encarnación. ‘Dios sufrió encarnándose’, lo que revela una actitud paciente”. 

 Tal actitud, la de la paciencia, era inconcebible en las construcciones mentales/valorativas cautivadas por el sentido de conquista: “¡Qué extraña es la historia de Jesús y qué diferente de las hazañas de Hércules, a quien Cicerón ponía como modelo! Tertuliano incluye un relato sobre Jesús, cuyos trabajos (a diferencia de los de Hércules) no requería matar, capturar y robar, sino que mantuvo un perfil bajo, fue objeto de reproches, no permitió que se forzara a las personas, compartió mesa con todos, se negó a solicitar un ejército de ángeles que lo defendiera, rehusó recurrir a la espada para vengarse, curó al siervo de su enemigo y así maldijo para siempre el uso de la espada. Mientras Jesús estuvo colgado de la cruz, se burlaron de él y lo escupieron. 

Nadie nunca vivió una paciencia semejante” (p. 39). La paciencia, en conjunto con otras virtudes cristianas, tendría que servir de fermento para ir creando un distinto piso cultural y diferente al normalizado por la organización social de entonces. La fermentación podría subvertir el orden prevaleciente e ir posicionando nuevos valores políticos. Kreider cita al respecto al teólogo germano Adolf Harnack: fermento remite a “fuerzas vitales misteriosas y efervescentes, microorganismos que cooperan de una forma que trasciende el entendimiento humano” (p. 26). 

Cipriano, en el año 256, escribió un tratado en el cual infundía aliento a las iglesias cristianas y les llamaba para que hicieran carne sus creencias cotidianamente, porque no se trataba de dar deslumbrantes discursos ni hacer gala de consumada retórica, más bien “nosotros, queridísimos hermanos, somos filósofos no de palabras grandilocuentes, sino de hechos, profesamos la sabiduría no vistiéndonos con una capa, sino consiguiendo la realidad misma de las cosas; apreciamos más ser virtuosos que parecerlo, no hablamos de cosas grandes sino que las ponemos en práctica (p. 29). 

En el recorrido histórico que hace Alan Kreider resalta la paciencia como virtud y recurso para incidir en la vida de la polis con el fin de reconfigurarla. Las comunidades cristianas investigadas por el autor sí hacían política, y la llevaban a efecto desde abajo, sin los recursos entonces usados para desde las instancias del gobierno normar las vidas de la población. A las generaciones referidas les era ajena la idea y práctica de conquista, y tampoco usaron lenguaje militarista para conceptualizar a los demás como objetivos a ser conquistados. 

Al ser pacientes, constructores de paz, seguían el camino de Cristo y se preparaban para hacerle frente a un contexto adverso. Palabras como las de Romanos 5:3-5 debieron ser aliciente para proseguir en la ruta: “nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. 

Uno de los frutos del Espíritu Santo es la paciencia (Gálatas 5:22-25), rasgo de carácter de las nuevas criaturas en Cristo que se resisten a imponer valores conductuales que otros y otras no quieren hacer suyos. Hay que reflexionar en esto, particularmente cuando en distintos lugares la neo cristiandad desenvaina la espada y está sucumbiendo ante la tentación constantiniana. 

martes, 24 de abril de 2018

¿Fe, confort o alivio?


Por: José Neivaldo de Souza

Leí una frase, atribuida a C. S. Lewis, que me hizo pensar: "si buscas una religión cómoda, no te aconsejo el cristianismo". ¿Cómo así? ¿La religión no debe traer consuelo a los fieles? Jesucristo, la roca sobre la que nació el Cristianismo, no dijo en el evangelio de Mateo (11,28): "Vengan a mí, todos los que están cansados y oprimidos, y yo los aliviaré"? En el caso de la fe cristiana, ¿Qué diferencia hay? Son cuestiones que me apuntan a una teología práctica. 

Hay motivaciones esenciales en la vida que nos ayudan a seguir adelante y la fe es una de ellas. Natural al ser humano, sin ella la vida no tiene sentido. Nuestro modo de ser y estar en el mundo depende de esta motivación. Me gusta la definición del filósofo Sören Kierkegaard: "Fe es la pasión más elevada de la humanidad" ¡De hecho! Por ser una pasión, ella carga la “carga” de la ambigüedad. Lo que en la Ley de Newton llamamos inercia y movimiento me atrevo a llamar de consuelo y alivio. 

Como en el principio de la física, la inercia se refiere a la resistencia a cualquier cambio, es decir, la tendencia del cuerpo inerte es mantenerse en la misma dirección y velocidad. Confortable, su motivación para el movimiento depende de una fuerza externa, como vemos, por ejemplo, en algunos accidentes en las carreteras: Si una carreta cargada de bobinas de repente se detiene y si la carga no está bien atada, puede soltarse y continuar en la velocidad anterior y en la misma dirección. Un día, en la natación, mi instructor vio que yo estaba sin ánimo y fuerzas para nadar. Me dijo con autoridad: "sal de la zona de confort". Entendí su bronca y, bajo su observación y motivación, no renuncié, tomé coraje y seguí adelante

Al hablar de comodidad, desde una perspectiva teológica liberadora, hago una analogía con la física newtoniana. Confort es inercia, desánimo y estancamiento. Alivia, por el contrario, es una parada para descanso, consciente de que la dinámica de la vida, con sus conflictos y soluciones, continúa. Este cambio trae realización personal dependiendo del contexto social, cultural y religioso presentado.

Un amigo, predicador de la Biblia, me confesó que se sentía un cristiano devoto y se enorgullecía por ello. Hablar del Reino de los Cielos, no sólo era tranquilo para él, sino compensador, pues le daba status y, no era difícil, por un buen salario, acumular ropa, zapatos, tener la nevera llena, carros que lo llevaban a donde quisiera, sin preocuparse por el precio del combustible. La interpretación que hacía de la Palabra de Dios, así como la fe, tenía también su ambigüedad. Escogió la comodidad, la inercia. No comprendía la reprobación de Jesús: "Jamás puedes servir a Dios y al dinero" (LC 13, 16b). Confortaba a los pobres y sufrientes apuntando hacia el post-muerte donde no habría hambre, ni enfermedad y las personas se encontrarían con lo Divino. En Dios, según él, no hay lo imposible. Conformar a la situación de este mundo, sin perder la esperanza en la vida eterna, parecía ser su método de predicación. Mientras tanto, tomaba vino y banqueteaba con políticos y empresarios corruptos, aun sabiendo que reproducía los intereses de una clase que sólo se preocupaba en acumular sobornos y beneficios. Algo no estaba bien. Su fe era sostenida por una falsa teología, una falsa alegría y un falso evangelio. ¿No sería también una falsa fe o una fe inerte?

Un día mi amigo se despertó y se sintió "incómodo" en esta situación. Tomó su desayuno y luego abrió la Biblia encontrando un texto que lo provocó. Era el evangelio de Mateo (7,15-21). Reflexionando sobre las enseñanzas de Jesús, leyó: "cuidado con los falsos profetas. Ellos vienen a ustedes vestidos de pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces". Se preguntó a sí mismo sobre sus actitudes y la eficacia de sus testimonios. ¿Su predicación no sería un engaño? ¿No vendía una ilusión? El decir "Señor, Señor" no pasaría de hipocresía? En comparación con un árbol, observó sus frutos y vio que "un árbol bueno no puede producir frutos malos.

Confort no es sinónimo de alivio. C. S Lewis tenía razón. Aplicó la palabra "cómoda" en el sentido de comodidad o una situación que no trae molestias o problemas. Alivia, aplicado por Jesús, quiere decir disminución de la carga, descanso de las molestias y de los problemas. Así, puedo entender lo que dijo C. S. Lewis. Jesús no nos prometió una paz de cementerio, sino lucha, enfrentamiento, persecución y cruz. Es en esta situación que nos sentimos aliviados.




martes, 5 de septiembre de 2017

El viaje de Abraham como modelo de un cristianismo inter y multicultural.





El fenómeno actual de la migración, representa un desafío para los gobiernos, las ONG y también para la fe cristiana. El propósito del presente artículo es propiciar algunas reflexiones en torno a la necesidad de pensar un cristianismo inter y multicultural. La migración es una experiencia de cruces y entrecruces de culturas distintas que conviven en un determinado espacio. Para ello, asumiremos un motivo teológico específico, a saber, el viaje del patriarca Abraham el cual será definido como modelo de un cristianismo intercultural. La tesis central es que la coexistencia con otros grupos humanos, con los extranjeros, los migrantes, los distintos, no representa una amenaza. Al contrario, dicha convivencia está en la base misma de la Alianza que ofrece el Dios de Biblia, Dios de Abraham y Padre de Jesús.

1. Sal de tu tierra y convive con otras culturas

En Teología Fundamental, se reconoce cómo la fe de Abraham posee un carácter de aventura, sorpresa y peregrinación. Es la fe que se hace camino y que se realiza caminando. La fe no puede sino ser una actitud dinámicamente vital. Y el caso del Patriarca es bastante atrayente. Vive en Ur de Caldea (Cf. Gn 11,31), un país y una cultura politeísta, es decir, donde había un panteón de varios dioses. Pero en esa historia llena de dioses, Yahvé, el Dios único y verdadero, dirige su palabra a Abraham (Cf. Gn 12,1). La historia de la salvación y el comienzo de Israel como pueblo de Dios comienza con la audición de la Palabra de Dios. El Dios de la Biblia es el Creador de una relación dialógica con sus creaturas. Y esa palabra primera está sustentada en una promesa, en una Alianza y en una bendición (tierra, descendencia y amistad con Dios Cf. Gn 12,2-3).

El filósofo francés Paul Ricoeur (2006), refiriéndose a la memoria y a las promesas (pasado y futuro), dirá que la promesa hecha por Dios a Abraham fundan todas las promesas. Nosotros los cristianos, así como los judíos y los musulmanes (las tres religiones monoteístas), somos hijos y herederos de la fe de nuestro padre Abraham que se puso en camino siguiendo al Dios que caminaba con él. Con ello, la promesa es también interreligiosa. Todos y todas entramos en el corazón misericordioso de Dios.

Y Abraham es un extranjero. Así lo han hecho notar autores como M. Van Treek (2014), quien reconoce que en la historia del patriarca, tal y como la relata el Génesis 12 hasta el capítulo 25, reconocemos indicaciones teológicas, antropológicas, sociales y culturales de cómo ha de ser la coexistencia del ser humano con otros grupos culturales. Y esto porque en la Alianza que Dios pacta con Abraham cabemos todos. Todos estamos representados en Abraham y participamos de su amistad con Dios. Por lo tanto, podemos sostener sin miedo a equivocarnos que la acción de Dios en la historia es intercultural y multicultural. Su acción salvífica es sinfónica (muchos interpretan la misma melodía) y llena de color. Es una acción que se abre y se expande, nunca se cierra, porque la gracia de Dios es dinámica, envolvente, poética, ética y estética. Crea un espacio nuevo de convivencia dominado por la hospitalidad, por la acogida y por el amor. Lo anterior se entiende en la palabra del mismo Yahvé que dice a Abraham: “bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan” (Gn 12,3).

El caminar de Abraham se abre en las fronteras y en el contacto vivencial con otras culturas. Un episodio paradigmático está contenido en Génesis 18, en la conocida manifestación de Yahvé a Abraham en la encina de Mambré. Anteriormente (Espinosa Arce, “La hospitalidad en el ciclo de Abraham”, 2016) habíamos hecho notar que la hospitalidad representa un elemento propio y necesario en la dinámica de la Alianza que Dios pacta con Abraham y en él con las generaciones que vendrán, en el sentido de que la hospitalidad implica cuidado, respeto, fraternidad, inclusión y la acogida mutua entre distintos grupos humanos. De esta manera se evidencia cómo la Alianza lejos de ser una legitimación de un interés nacionalista busca ser una apertura novedosa hacia todos los pueblos especialmente hacia los extranjeros.

Si el Ciclo de Abraham se escribe en un contexto de coexistencia de Israel con pueblos extranjeros, la narración de la hospitalidad practicada por el pariente ancestral (Abraham) para con Dios vendría a legitimar la práctica de la misma de manera de comprenderla como un aspecto positivo que es bendecido por Dios. Ello, y en una época marcada por la migración y la convivencia con extranjeros, debe constituir una responsabilidad ética y creyente por cuanto podemos ver al mismo Dios que pasa por nuestra tienda de vida pidiendo ser acogido como otro legítimo. Los migrantes y los extranjeros no representan una amenaza a nuestros intereses nacionales, como algunos teóricos y líderes han hecho notar. Abraham es extranjero, camina como un migrante. La migración tiene una imagen clave en su travesía. Y la hospitalidad practicada con Dios ha de representar el modelo de una sana coexistencia en la diferencia. Con ello, debe seguir resonando lo que la Carta a los Hebreos nos dice: “No olviden la hospitalidad. Por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Heb 13,2).

2. Un cristianismo intercultural que cruza a la frontera

Hemos venido reflexionando cómo el camino de Abraham, que se mueve en la frontera de los pueblos y coexiste con las culturas representa un motivo teológico, social y político de cómo ha de ser nuestra propia relación con los extranjeros, los migrantes y con todos los distintos. Y ello viene a fundar la vivencia de un cristianismo intercultural que cruza la frontera.

Jesús de Nazaret también vive en el encuentro con los pueblos vecinos de Israel. En el Evangelio de Marcos lo vemos cruzando frecuentemente el lago de Galilea para anunciar el Evangelio en otras tierras y a otras culturas (Cf. Mc 1,9.14.38; 3,8; 4,35;5,1;10,1). Jesús vive metido en medio de los extranjeros. Es el hombre intercultural por excelencia. Es capaz de dar el paso hacia una nueva forma de relacionarse con otros desde la ampliación de la mirada y la escucha. El jesuita francés Michel de Certeau realiza una “apología de la diferencia”, un rescate de la experiencia multicultural. Y gracias a ella reconoce cómo Jesús es el descentrado, el que sale de su lugar. Jesús es, por tanto, “el itinerante, el desnudo y entregado, es decir, sin lugar, sin poder, siempre fuera, herido por el extranjero, convertido en el otro”. Jesús mismo es un extranjero y un migrante (Cf. Mt 25,35-40, fui extranjero y mi acogieron).

Sólo desde esta dinámica del reconocimiento del otro en su distinción podremos generar espacios de acogida de la migración y de la extranjeridad. No podemos atrincherarnos en nuestros centros, sino que hemos de salir a la frontera. La experiencia de Abraham y de su viaje, el continuo ir y venir de Jesús por las orillas del Tiberiades, la invitación a la Iglesia en salida de Francisco, son las claves auténticas para comprender nuestro cristianismo como inter y multicultural. En el proyecto del Reino de Dios, signo de la fraternidad y de la hospitalidad universal, cabemos todos. Porque el corazón de Dios se ensancha invitándonos a creer y a crear en la experiencia del encuentro como unión en la diferencia.

martes, 13 de junio de 2017

¿Con qué combatiremos el fanatismo?



Floren Salvador

Sería desmedido hablar de pánico mundial respecto de los atentados que se suceden en Europa, en primer lugar porque sin haber en el mundo muertos de primera ni de segunda; en otros lugares de la tierra –puntos calientes le llaman- hay matanzas con más frecuencia que en nuestro continente. Si es cierto que los movimientos de masas se intensifican, por la necesidad humana de vivir mejor y buscar oportunidades. 

El hecho es que en la actualidad es innegable que el terrorismo fanático es un asunto de capital interés, por la importancia de su erradicación. Además, los grupos terroristas al alza y conocidos por todos pues perpetran en la actualidad las mayores catástrofes incluso con los de su propia religión; atentan contra todo aquello que pueda ser vulnerable sin pretender justificarse por medio de la enseñanza coránica. 

Algo impensable pues el dios Alah del sagrado Corán, no es ni más ni menos violento o bondadoso que el Dios que se nos muestra en algunas páginas de la Biblia. ¿Quizás se trata de un conflicto cultural en sí mismo? Creo que sí. Cultural y social. 

Hay reconocidas en el mundo países y zonas absolutamente debilitadas y desfavorecidas a los largo de épocas, bien por causa de los incesantes conflictos y también por el retroceso al que sus gobernantes han obligado al pueblo, al pretender aplicar tradiciones fundamentalistas del más extremo integrismo religioso. Muchos de estos gobernantes y aquellos a los que adoctrinan, pretender ganar terreno a occidente, no por medio del desarrollo intelectual, avances culturales o ampliación de derechos, no. 

Su planteamiento se basa en la más absoluta ignorancia –incluso de su propia religión-, pues pretenden ganar su batalla contra todo, por medio de la conquista como si viviéramos en plena edad media, cuando se conquistaban terrenos a golpe de espada. 

El caso es que es un autentico quebradero de cabeza para muchos países la actual situación, pues es casi imposible controlar la libertad humana de cada individuo, para no permitirle causar el mal. Además es un complejo encaje que nunca debe restringir derechos, como el de la privacidad y la libre autonomía de movimientos. Eso sí, algo hay que hacer. Y en ese algo hay dos factores que considero esenciales o que pueden colaborar de manera muy efectiva para erradicar el fanatismo religioso. 

Esos dos factores son el Cristianismo y el Islam. Cada cual como dimensión religiosa por medio de la cual el individuo se relaciona con Dios y con su entorno, y como elementos desde cuya doctrina –oportunamente contextualizada- se pueden derivar enseñanzas muy válidas para construir la paz, aplicando el respeto, la colaboración y la fraternidad; todo ello al servicio de toda la sociedad religiosa o no religiosa. 

Cuando hablo colaboración, llamo la atención de los hermanos islámicos pues ellos son de vital importancia para detectar en sus congéneres actitudes, predicamentos y enseñanzas que puedan adoctrinar hacia un fundamentalismo que capte personas para hacerlos objeto del terror y la muerte de inocentes. Es cierto que también hay fundamentalismo en el cristianismo, incluso ha existido de manera agudizada en ciertos grupos establecidos en países concretos. 

Pero en la actualidad es más que necesario el educar y enseñar en la necesidad vital de ser fraternos y humanos para poder tener cada cual nuestro espacio. Corán e Islam no pueden ser relativos a terrorismo, eso es un despropósito. Puestos así, no sé qué religión tendría más millones de muertos inocentes a sus espaldas. Es más que preciso no relacionar movimientos migratorios y refugiados con bombas, caos e inseguridad. 

Un mundo fraterno es un buen mundo, y la diversidad siempre ha enriquecido las culturas. Dejándonos cada uno nuestro espacio, pero sin pretender ser colonizadores de manera velada. 
He escuchado varias veces algo de me chirria los oídos respecto de los inmigrantes: “-que se acostumbren ellos a nuestras tradiciones que para eso están en nuestro país”. Pues, “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme”. (Mateo 25,35) 

Si Cristo puede estar en cada uno de estos, ¿a cuál de ellos le vas a preguntar su procedencia como condicionante a tu fraternidad? Demostremos nuestra talla humana. Hagamos gala de cristianismo autentico –no solo del de la misa de los domingos-. Atendamos que en el Islam también se salvarán y que incluso habrá quienes nos lleven la delantera. Apliquemos el amor y las buenas intenciones, para llevar la bondad a los corazones y aspirar un mundo mejor, donde cabemos todos. Solo hay que apretarse un poquito.

Mi oración con Ignacio Echeverria -fallecido defendiendo la libertad en Londres- y mi solidaridad con toda su familia; así como con las demás victimas y heridos del terrorismo mundial.

Fraternalmente, Floren.

domingo, 12 de marzo de 2017

La Agonía de la Solidaridad, el Último Paso para la Victoria del Neoliberalismo.


El principio fundamental de las antiguas religiones, y en especial del Cristianismo, es la llamada Solidaridad. Siendo esta el motor de la vida comunitaria en favor de todos sus actores, lo que Rousseau determina como el impulso natural de los humanos que permitió la vida en Sociedad. Pero fue el mismo filósofo francés el que señala la fragilidad de los individuos y su condición natural de ser seres corruptibles, corruptibles por la sociedad, y es aquí donde vemos una sociedad moderna basada en el individualismo y la competencia. La extrema desigualdad, la falta de justicia, la miseria son un producto de una Infraestructura económica y una Superestructura política y cultural que corrompe y condiciona a las personas.

Este proceso de individualización y enajenación es un proceso del sistema neoliberal, pues incluso en el capitalismo escrito en tinta por Adam Smith –el cual se basa en el principio de que la compasión es un rasgo humano fundamental – y el desarrollo del capitalismo hasta mediados de los 50 –específicamente lo que conocemos como Estado de Bienestar- está basado bajo un principio de Solidaridad. El reemplazo del mundo productivo en las potencias industriales –la externalización de producción- y la liberalización de la economía a nivel global han creado una Sociedad que atenta a su misma etimología, los continuos colapsos económicos van de la mano de las continuas crisis sociales que hacen visible la extrema desigualdad. La economía de Hayek y Friedman han hecho estragos en la humanidad, y hoy han llegado al punto a poner en juego la base fundamental de las tres grandes ideologías que han movido a la humanidad –liberalismo, socialismo y anarquismo-: la Solidaridad.

Cuando un sistema económico se basa en la acumulación infinita de riquezas, se basa a la vez en la acumulación infinita de poder, en un círculo vicioso donde el dinero compra poder y el poder legisla para aumentar el dinero de quienes pagaron sus campañas electorales. Y es en ese tránsito como se fundó por ejemplo EEUU, donde el verdadero poder estaba en el Senado, que no era electo, sino designado por los terratenientes que habían reemplazado a los Ingleses, pero incluso países como el “Tío Sam” o el Imperio Ingles, es insostenible la falta de democracia, desde abajo siempre hay un empuje violento que fuerza a los amos. La Ilustración y la dialéctica de la Lucha de Clases llevaron a la Democracia con Voto Universal, como al desarrollo de una prevención de los capitalistas a la espontaneidad de los proletarios desposeídos: Un Estado de Bienestar.

Un sistema que imponía una dura regulación e impuestos, otorgando Derechos como Vivienda y Salud a la enorme masa de personas comunes, pero este acceso a los que eran privilegios de pocos, provoco el desorden y desato la fuerza del acobardado pueblo en varias partes del mundo, desde el Mayo del 68 en Paris a las largas y extenuantes luchas en Estados Unidos de la mujer y los negros –un pueblo bien alimentado y educado a veces es tan peligroso como uno famélico y analfabético-. Provocando una reacción inmediata entre los amos de la humanidad para frenar lo que el primer informe importante de la Comisión Trilateral de Norteamérica (1975) –The Crisis of Democracy- denomino como “un exceso de democracia”. La búsqueda de que los grupos sociales alguna vez pasivos y apáticos dejen de presionar el orden institucional, debían volver a la pasividad y despolitizarse, para ello tenían que hacer dos cosas: Rediseñar la Economía y matar la Solidaridad.

Rediseñaron la Economía, ahora el Mercado no tiene límites, todo se compra o vende, han globalizado finalmente al sistema capitalista. En palabras de Slavoj Zizek en La Nueva Lucha de Clases: los refugiados y el terror: “Compro mi forma física visitando el gimnasio; compro mi iluminación espiritual apuntándome a cursos de meditación transcendental; compro la satisfactoria experiencia de mi compromiso ecológico adquiriendo solo fruta orgánica, etc” (Barcelona: Anagrama, 2016, p.23). Todo es negocio y la acumulación de riquezas por parte de una minúscula parte de la Sociedad parece imparable para cualquier legislación o regulación, la fragilidad de las condiciones laborales han permitido a los ricos ser súper ricos y a la masa trabajadora estar preocupada por trabajar, impidiendo la asociación entre ellos e incluso la vida, creando una Sociedad del Rendimiento donde ya no se trabaja para vivir, sino, se vive para trabajar.

Mientras la Solidaridad como un valor tradicional y un impulso natural se ve en mejores condiciones, pero tras la Guerra Fría y la Globalización el sistema neoliberal está golpeando duramente a su último enemigo. Tras la caída del Bloque del Este y la URSS; la crisis de la Socialdemocracia; el estancamiento del Socialismo Africano ante el FMI; el desequilibrio y fragilidad del Socialismo Bolivariano tras la muerte de Hugo Chávez, ya no quedan enemigos estables u opciones alternativas al sistema capitalista y a la competencia e individualismo como base valórica. En los países capitalistas el Estado de Bienestar se ha desmantelado, hasta la salud y la vejez son parte del Mercado, se ha inculcado en los medios de comunicación de que todos somos “emprendedores” y “competidores” que deben conseguir los sueños de grandeza y realización individual para hacernos olvidar de los valores del comunitarismo e igualitarismo, para olvidar que todos –sin importar el apellido o bienes familiares-: tuvieron acceso a la educación estatal gratuita y de calidad ; a la atención médica gratuita; a una vivienda propia para poder dormir sin miedo a que un banco te la quite; a una vejez digna con pensiones que realmente equivalgan a décadas de duro trabajo; al acceso universal de medicamentos y alimentos saludables que hoy tanto faltan para una población global que tambalea entre la obesidad y anorexia.

La muerte de la Solidaridad significara irremediablemente el fin de todas las ideologías emancipadoras y de todas las religiones, será el asesinato de Dios y su creación, viviríamos en un mundo vacío, una cascara seca donde no solo se vive explotación, violencia e injusticia, sino que a nadie le importaría, pues en nuestro camino solo veríamos nuestros egos y miedos, no veríamos ni al vecino, ni al compañero de trabajo y menos a la familia. La teoría de Byung-Chul Han será una realidad, y el sistema neoliberal será parte de nuestro inconsciente y cuando la historia juzgue nos reprochara para siempre el fin de la esperanza.

Por ello es que hay dos escenarios donde cada individuo debe desenvolverse en el enfrentamiento final que definirá si el sistema neoliberal triunfa sobre la humanidad: el privado y el público. En nuestras vidas privadas debemos guiar con el ejemplo, vivir la vida por lo que es, no una carrera o competencia para ver qué tan importante puedes ser ni por imitar a nadie. Saludar en el trasporte público a los choferes y pasajeros, ceder asientos, intervenir cuando ocurren situaciones que dañen a otros, darse el tiempo por hablar con la gente sola que solo busca momentos de conversación para alegrar sus días, ayudar a cruzar la calle a quien lo necesite, ser honesto y transparente, buscar lo mejor para conocidos y desconocidos, aportar en los mínimos granos de arena que cada uno puede dar durante sus días. En la vida pública de cada uno está la política, algo que muchos rechazan pero al final toda la vida gira entorno a esta y todo es en sí mismo política. Aquí está el labor no necesariamente de militar en partidos políticos, sino el labor de la organización, participar en juntas de vecinos, movilizaciones, hablar con todo el mundo sobre lo malo que ocurre y la necesidad de actuar, votar en todas las elecciones, opinar cuando se pueda opinar, debatir, participar, sindicalizarse, etc. Buscar la organización en pos de una Sociedad de Derechos y no Privilegios, luchar por mantener los beneficios que quedan y buscar extender los deberes del Estado a los que ya se privatizaron.

Es deber fundamental de cada persona, construya resistencia desde su vida personal a lo más público que existe para mantener viva la Solidaridad. Si el neoliberalismo pierda su lucha contra la Solidaridad en lo privado y público, será automáticamente desmantelado, no habrá contrapeso a el rediseño de la economía para mantener esa metamorfosis, se caerá de la balanza y morirá.
Alonso Ignacio Salinas Garcia (Chile).

domingo, 25 de diciembre de 2016

La estrella.


José Arregi

Amiga, amigo: ¡Feliz Navidad! O, si prefieres, feliz solsticio de invierno: la noche empieza a acortarse en nuestro hemisferio Norte, aunque sucede justo lo contrario en el hemisferio Sur. El Sol que muere nace y muere y renace. Cuando unos lo vemos ascender en el cielo, otros lo ven descender, pero a todos los vivientes nos regala su energía, aliento vital, de día y de noche, de solsticio en solsticio y de equinoccio en equinoccio. Loado seas, hermano padre Sol con nuestra hermana madre Tierra.

Es imagen de la Vida que no nace ni muere, que ES “en el principio”, mucho antes que el Sol y todas las estrellas, “antes” de todo antes y después, en lo más profundo del presente. Lo llamamos “Dios” y no sabemos decir qué es, sino que ES, y solo lo podemos decir con imágenes torpes. Es Espíritu o Aliento, Impulso, Eros o Amor infinito, Presente o Presencia absoluta. No es nadie ni nada que tenga forma, pero es Todo en todas las formas. Es Yo/Tú, Él/Ella, Nosotros/Nosotras. Es Palabra, Relación, Comunión universal. Es creatividad infinita. Es infinita bondad creadora, que se manifiesta en todo lo que es bueno o para bien, en todos los seres, en todos los vivientes, en todos los humanos.

Es el Sol que renace cada día en el fondo de tus sombras, como en el solsticio de invierno.
Míralo, agradécelo, déjate alumbrar. Y, en tu pobreza, encárnalo, sé lo que eres: compadece, acompaña, consuela, subvierte. Así lo encarnó Jesús de Nazaret, hijo de María y de José, o hijo del Espíritu de la Vida, como todo viviente. Fue un profeta bueno y subversivo de una aldea oscura en un rincón de Palestina hace 2000 años. Llegó a ser lo que era. Creyó en la bondad, activó la esperanza, anunció la liberación a todos los oprimidos, curó enfermos de alma y de cuerpo, hizo frente a la autoridad religiosa y al poder imperial. Fue libre y bueno. Fue feliz, porque tuvo entrañas. No fue perfecto (¿qué es eso?), sino humano, hecho de arcilla frágil e inacabada, como tú y como yo. En la bondad de su humanidad inacabada, encarnó a Dios, el Misterio de la Vida, en forma a la vez parcial y plena, pues en la parte se halla el Todo. Algunos hombres y mujeres, al verlo, como los magos de Oriente perdidos en el camino, se dijeron: “Hemos encontrado la estrella que nos guía”. Y lo siguieron.

Nos lo cuentan los evangelios, sean canónicos o apócrifos. Pero todo eso no es historia, dirán muchos, sino leyendas de fe. Tienen razón en buena parte. El Jesús de los evangelios es una figura profundamente recreada por la fe de sus discípulas y discípulos. No sabemos, por supuesto, en qué día nació. Solo en el siglo IV se estableció en la mayoría de las iglesias la celebración de su natividad el 25 de diciembre, al final de las fiestas del solsticio.

Y es lógico, pues ese día celebraban los romanos el nacimiento del sol y de Apolo, los mitraicos el nacimiento de Mitra, los germanos el de Frey (y luego los aztecas el de Huitzilopochtli, los incas el de Inti…). Los nombres son distintos, pero la luz es la misma. La luz que brota del fondo de todo, que nos infunde el calor de la vida, y que nosotros hemos de encender. No hay nada más verdadero.
No importa el día en que nació Jesús, sino la figura luminosa que los evangelios presentan, la del hombre libre y hermano. Diré más: ni siquiera importaría que nada de lo que nos cuentan dichos evangelios, de manera por cierto tan distinta y a veces contradictoria, sea propiamente histórico. Lo que importa, al final, es que se abran los ojos para verlo todo de manera nueva, para ser lo que fue Jesús, lo que somos de verdad.

Lo más real de Jesús no son los dichos y hechos que pudieran probarse como históricos, sino la hondura de la Vida que le hizo y nos hace más libres y humanos. Solo puede decirse en parábolas, poemas y evangelios. El anuncio de un ángel a María y a José y a los pastores de Belén, el nacimiento virginal, el viaje de los magos guiados por la estrella que aparece y desaparece… nunca sucedieron como hechos históricos, como no sucedieron la multiplicación de los panes o la resurrección física con la tumba vacía y tantas cosas más. Pero ¿hay algo más real que “eso indecible” que nos quieren narrar?
¿Qué es eso? Es lo que narra el mito, sugiere el poema, sueña el niño, anuncia el profeta, emprende el rebelde. La bondad creadora: he ahí la estrella.

(Publicado en DEIA y en los Diarios del GRUPO NOTICIAS el 24 de diciembre de 2016)

lunes, 10 de octubre de 2016

Las religiones monoteístas y el mediterráneo.


JUAN JOSÉ TAMAYO

El cristianismo, el judaísmo y el islam pueden contribuir a cambiar la realidad mortífera de este mar si renuncian a sus fundamentalismos y asumen el pensamiento crítico

Las religiones monoteístas, judaísmo, cristianismo e islam, han conformado las culturas y sociedades del Mediterráneo, unas veces contribuyendo al diálogo intercultural, al encuentro intercivilizatorio y a la convivencia pacífica, y otras atizando las guerras, los choques y enfrentamientos entre civilizaciones, culturas y creencias religiosas. Hoy pueden contribuir a cambiar la realidad mortífera de este mar por mor de la insolidaridad de Europa a condición de que renuncien a sus fundamentalismos y asuman el pensamiento crítico, el lenguaje simbólico y la práctica de la solidaridad. 

Tienen que optar por la duda, en vez de por el dogmatismo; por la interidentidad, en vez de por las identidades religiosas frentistas. Es lo que recomendaba Juan Goytisolo en el discurso de recepción del Premio Cervantes: “Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayudará a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnocracia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas e ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias”.

Las religiones monoteístas han de respetar la heterodoxia y el librepensamiento en su seno. Los periodos más brillantes de la historia de estas religiones fueron aquellos en los que se reconoció, respetó y practicó la libertad de conciencia, religión, expresión e investigación. “No haya coacción en la religión... Que crea quien quiera y que no crea el que no quiera... Dios no se irrita con los que no creen, sino con los que no piensan”, afirma el Corán.


La ética de la justicia, de la solidaridad y de la paza es la teología primera en todas las creencias

Cuando las religiones monoteístas no han respetado los derechos humanos en seno y en la sociedad, cuando han perseguido a los disidentes, han sometidos a juicios inquisitoriales a quienes expresaban sus desacuerdos doctrinales y han condenado a la hoguera a los “herejes”, han perdido toda credibilidad. ¿Cómo pueden hablar del Dios de la vida y luchar contras los ídolos de muerte, cómo pueden defender el derecho a la vida como fuente de todos los derechos, cuando mandan matar en nombre de Dios? ¿Cómo pueden defender los derechos de Dios, mientras niegan los derechos de los seres humanos?

Estas religiones han de renunciar a actuaciones colonizadoras encubiertas bajo el nombre de “misioneras”, activar sus mejores tradiciones emancipatorias, igualitarias, utópicas, y fomentar el diálogo, ya que “sin diálogo el ser humano se atrofia y las religiones se anquilosan”, afirma Raimon Panikkar. Muchas de las actividades “misioneras” tienen claras connotaciones de conquista, proselitismo, imposición cultural y apropiación de las riquezas de los pueblos a los que dicen “misionar”.

“Quien dialoga –escribe Antonio Machado en Juan de Mairena-, ciertamente afirma a su vecino, al otro yo; todo manejo de razones –verdades o supuestos- implica convención entre sujetos, o visión común de un objeto ideal”. Pero no basta la razón, sigue diciendo Machado, para crear la convivencia humana; ésta precisa también “la comunión cordial, una convergencia de corazones en un mismo objeto de amor”.

El cambio de paradigma de las religiones monoteístas implica poner en el primer plano de su actividad no los ritos alejados de la vida, sino la ética. “La ética es la filosofía primera”, asevera el filósofo Emmanuel Lévinas. Me atrevo a afirmar que la ética es también la teología primera en todas las religiones. Pero no la ética neoliberal del mercado, que es excluyente e insolidaria, ni la supuesta ética de los movimientos terroristas, que siembran la muerte por doquier, sino la ética de la justicia y la solidaridad, de la paz y la defensa de la naturaleza, la ética liberadora de las religiones y los movimientos sociales, que luchan por la utopía de otro mundo posible donde quepan todos los mundos.

Y junto a la ética, la denuncia de la injusticia estructural, las desigualdades de todo tipo entre las dos orillas, los crímenes de lesa humanidad, las agresiones contra el medio ambiente, la fosa común de muertos del Sur en que se ha convertido el Mare nostrum. “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio y negar acogida a los hombres, mujeres, niños y niñas que llegan a diario, muchas veces muriendo en el intento en las barcazas. Actuar de otra forma es negar la dignidad humana de los inmigrantes y refugiados, favorecer el trabajo esclavo y alimentar las continuas tensiones sociales”, declaró el papa Francisco en el discurso pronunciado en el Parlamento Europeo.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Invitación a la utopía. Estudio histórico para tiempos de crisis (Editorial Trotta).

Fuente: elpais.com

sábado, 13 de agosto de 2016

Leo Boff: Pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido

Dr. Leonardo Boff y Directiva Tiempo Latinoamericano (CEC)

ARGENTINA-

Por Maximiliano A. Heusser para ALC Noticias-

En el día de ayer, 10 de Agosto, se realizó en las instalaciones de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), la Conferencia del teólogo brasileño Leonardo Boff titulada “Democracias Latinoamericanas y proyectos populares”, organizada por el Centro Tiempo Latinoamericano, de la misma ciudad.

El teólogo y ex sacerdote franciscano comenzó su exposición afirmando que los teólogos de la liberación están a favor de los pobres y en contra de la pobreza. Tienen un pie en el Evangelio y otro en el barro, en la realidad de la gente pobre. Esta característica diferencia a la teología de la liberación de otras teologías. La teología de la Liberación trabaja desde la realidad, utilizando las herramientas de la sociología, de la antropología y otras ciencias.

En este sentido, llamó a tener memoria y a recordar a aquellas personas que a lo largo de los años han evidenciado las mentiras del sistema. Sostuvo que cuando “una iglesia tiene mártires es porque allí hay verdad y allí está el Espíritu Santo”. Cuando se denuncian las injusticias, allí también está el Espíritu Santo.

El teólogo reflexionó sobre la actualidad Latinoamericana. Sostuvo que “vivimos en un contexto conflictivo y en crisis. Vemos que el sistema de los últimos tres siglos no funciona”. De la misma manera, advirtió que las recetas capitalistas y neoliberales no sólo han fracasado en nuestros países y en los países del norte, sino que van contra la gente pobre. Sostuvo que los ajustes económicos, la eliminación de derechos, la flexibilización laboral, y medidas similares, dañan especialmente a los sectores empobrecidos de las sociedades. Sostuvo “estamos en un vuelo ciego, no sabemos hacia dónde va la humanidad”.

Boff se refirió también al rol de los cristianos y cristianas en estos procesos y crisis sistémicas, planteando la necesidad de pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido, consolando a quienes sufren, denunciado las injusticias y dando esperanza a quienes la han perdido. Hay que superar, advirtió, el mucho fariseísmo presente en los cristianos.

También planteó tres aspectos que deben tenerse en cuenta para comprender la realidad de los pueblos latinoamericanos. Si bien, afirmó, están pensados desde el Brasil, pueden aplicarse a otros países de la región:
Somos países colonizados: Hemos sido explotados por potencias extranjeras. Esto ha traído la conformación de élites ricas en cada país de América Latina. La colonización produce problemas, porque los países terminan mirándose a sí mismos desde afuera, del extranjero, y no desde la realidad del pueblo. Hay una enajenación.
La esclavitud: Brasil es uno de los países con mayor población negra del mundo, fuera de África. El esclavo es una pieza, una cosa. Este pensamiento deja marcas profundas de humillación en estos sectores del pueblo. En Brasil mueren cerca de 60.000 personas por año en manos de las fuerzas de seguridad, todos pobres, en su mayoría negros y mujeres.
La gran transformación: Hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Todo se ha transformado en una mercancía. El amor, la amistad, un bello paisaje… todo. Las personas, en esta sociedad, tienen un valor económico. Han perdido su dignidad humana. Siempre hubo intercambio de mercancías, pero ahora hay competencia. En este sentido, Boff advirtió que se está llegando al máximo de la explotación como sistema, ya que se especula con la moneda, es una moneda virtual. Es un escenario triste que incide sobre la sociedad, donde se fomenta una sociedad para pocos y no para todos.

Acercándose al final de su exposición, el teólogo se refirió al cuidado del planeta como “Madre Tierra”, trayendo a la memoria el decir de los pueblos indígenas que hablan de “las bondades de la tierra”, lo que el capitalismo nomina “recursos” y los académicos llamamos, dijo, bienes y servicios de la tierra. Llamó a advertir que no son renovables, sino que se agotan, y lo que hay no va a alcanzar para toda la humanidad. Esto puede traer una crisis humanitaria enorme. Debemos cambiar, mencionó, la manera en la que nos relacionamos con la tierra, porque es un ser que sufre y que necesita ser salvado.

El teólogo brasileño terminó refiriéndose a las democracias participativas, las cuales consideró las mejores, denunciando los ataques de las élites de poder económico sobre las mismas. Esto sucedió, según su punto de vista, en Honduras, Paraguay y Brasil. De esta manera, consideró el impachment contra Dilma Rousseff, la reacción de la derecha rica en contra de la democracia participativa que se ha ocupado de los sectores empobrecidos del Brasil. También sostuvo que considera que en la Argentina sucede lo mismo, pero con un gobierno elegido democráticamente.

sábado, 9 de julio de 2016

El crimen de silenciar al apóstol Pablo (1Tim. 1:9-11).



En la mitología griega Zeus tiene un amante infantil. El dios griego posee un amante casi niño. Se llama Ganímedes (Gr. Γανυμήδης). Algunos escritores sugieren que el nombre significa “alegrándose en la virilidad”. Ganímedes fue secuestrado por Zeus en Frigia. Zeus es simbolizado como un águila que rapta al niño. Ya en el Olimpo lo transformó en su amante y su copero. Todos los dioses admiraban la belleza del joven, excepto la esposa de Zeus, llamada Hera.

Para los romanos existía una especie de amante joven o infantil llamado “catamitus”, palabra que se deriva del personaje griego de Ganímedes. Parece haber consenso en que había una costumbre, entre griegos y romanos, de mantener niños o jóvenes como esclavos sexuales. Más adelante parece entenderse la palabra como un “niño prostituto”, es decir: Un niño cautivo, un niño esclavo que era objeto sexual de sus amos.

En la Fábula de Proserpina de Anastacio Pantaleón de Ribera, quien sirve el vino es un “catamito”

Rieto a tu mesa redonda
quanto néctar, quanto vino
en tartesios Venecianos
te sirve tu Catamito.

El Nuevo Testamento se encuentra inmerso en la cultura grecorromana, esto es importante porque debemos entender que para los escritores del Nuevo Testamento, como para lo primeros cristianos, las costumbres descritas más arriba no eran un secreto, ellos no eran ajenos a la realidad cultural en la que vivían.

Hay un pasaje escrito por Pablo que menciona esta práctica y la prohíbe rotundamente. Sin embargo la mayoría de las traducciones no permiten comprender cabalmente lo que Pablo tenía en mente. Esto sucede al traducir dos palabras del griego del pasaje de una manera no contextual. El resultado de esa traducción no contextual es muy lamentable, ya que ha provocado que este renglón de Pablo haya permanecido casi oculto en su sentido más profundo y, en consecuencia, haya permanecido también oculto el corazón de Dios que nos grita, por decirlo de alguna manera, en contra de una práctica que le duele a él, que rechaza él, que le resulta abominable. La Iglesia entonces, basada en una traducción que se ha alejado del sentido más profundo del texto, se ha alejado también de la defensa contundente de la población más indefensa de todas. Se trata de 1 de Timoteo 1:9-11. Leamos el texto primero en la versión Reina Valera de 1960:


9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina,
11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.

El texto inicia con la frase “conociendo esto”. Es decir: sabiendo que la ley no se ha hecho para los justos. Los justos son los cristianos, porque para el Nuevo Testamenteo los justos habitan en la caridad (Romanos 5:5) y obran caridad (cf. Gálatas 5:18). Haciendo esa salvedad, Pablo entonces enumera catorce clases de personas injustas. Y las agrupa en una especie de listas conjuntas. Son seis listas de palabras, cada una de ellas con un tema específico en mente, como veremos a continuación.

 1. Transgresores y desobedientes.
 2. Impíos y pecadores. 3. Irreverentes y profanos. 4. Parricidas, matricidas y homicidas. 5. Fornicarios, sodomitas y secuestradores. 6. Mentirosos y perjuros.

Si lo vemos con detenimeinto, parace que Pablo tiene en mente los diez mandamientos de Éxodo 20. Cada una de las listas de injusticias corresponden a una sección del Decálogo. Veamoslo:
Transgresores y desobedientes corresponde al primer mandamiento “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex. 20:3).
Impíos y pecadores corresponde al segundo mandamiento “No te harás ídolos” (Ex. 20:4-5).
Irreverentes y profanos corresponde al tercer y cuarto mandamiento “No tomarás el nombre de Dios en vano” (Ex. 20:7) y “No trabajaás el día sábado” (Ex. 20:8).
Parricidas, matricidas y homicidas corresponde a los mandamentos quinto y sexto “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Ex. 20:12) y “No matarás” (Ex. 20:13).
Fornicarios, sodomitas y secuestradores correspondería a los mandamientos séptimo y octavo, es decir al rompimiento del mandamiento sobre la sexualidad (Ex. 20:14) y al quebrantamiento de los límites de la propiedad y libertad del prójimo (Ex. 20:15).
Mentirosos y pérjuros corresponde al noveno mandamiento “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex. 20:16).

El décimo mandamiento (Ex. 20:17) que versa sobre la codicia, principio de todos los pecados e injusticias, coincidiría con el final que utiliza Pablo en su lista de injusticias de 1 de Timoteo 1:11, cuando dice: “y para cuanto se oponga a la sana doctrina”.

Pablo enlista y agrupa de forma muy ordenada y meditada. Cada palabra la ha elegido para que concuerde, para que coincida, no hay nada al azar, ninguna palabra es arbitraria ni escrita sin haberlo meditado antes. Podemos ver que cada una de las listas de injusticias contienen palabras que tienen un sentido coherente entre sí, incluso podrían ser palabras sinónimas. Observemos que “transgresores y desobedientes” (lista 1) son dos palabras coherentes entre sí, transgredir la ley y desobedecerla es un equivalente. Lo mismo sucede en lo sucesivo, continuando con la lista 2, “Impíos y pecadores” concuerdan en sentido y significado, “irreverentes y profanos” (lista 3) también, siendo que la irreverencia y la profanación podrían usarse sinónimamente. La cuarta lista es también absolutamente coincidente “parricidas, matricidas y homicidas” se podría resumir en “asesinos”.

Pero al llegar a la quinta lista, notamos que algo se rompe en la armonía. No hay coherencia entre todas las palabras. Se rompe de cuajo la forma en que Pablo va construyendo su argumento. Y es aquí donde debemos detenernos. ¿Por qué se rompe la armonía? ¿Por qué no coinciden las palabras? ¿Por qué parecen pertenecer a listas distintas? ¿Por qué no podrían usarse como sinónimos? ¿Qué tienen que ver los secuestradores con los fornicarios? ¿Y qué podrían tener en común los “sodomitas” con los secuestradores? Nada. Sin embargo, si con toda humildad y reverencia nos dirigimos al texto griego del Nuevo Testamento, podemos comprender que Pablo sí hizo bien su trabajo, todas las palabras de la lista número cinco coinciden entre sí. ¿Por qué no sucede eso en la traducción?

Las tres palabras agrupadas en la quinta lista son: pornois (Gr. πόρνοις), arsenokoitais (Gr. ἀρσενοκοίταις) y andrapodistais (Gr. ἀνδραποδισταῖς). Veamos varias traducciones:

La King James Version las traduce “For whoremongers, for them that defile themselves with mankind, for menstealers” Lo que se puede traducir como “Proxenetas (o el que usa prostitutas), los que se profanan a sí mismos con otros, ladrones de hombres”.

La New International Version traduce “the sexually immoral, for those practicing homosexuality, for slave traders”. Es decir: “inmorales sexualmente, homosexuales, traficantes de esclavos.

Así que podemos ver que no existe un consenso en las traducciones. Eso quiere decir que estas palabras no han sido de fácil traducción. La primera de ellas “pornois” deriva del verbo “pernemi” que significa “vender” y puede significar alguien que se prostituye, alguien que prostituye a otra persona o alguien que paga por sexo. Esta ultima acepción es la que derivaría en nuestra noción de “fornicario”.

La tercera palabra del texto es “andrapodistais” y al parecer los traductores no han tenido dificultad en coincidir en su significado. La grandísima mayoría de las versiones la traducen por “secuestrador” o por “traficante de humanos”.

Hemos dejado para el final la segunda palabra del texto para poder detenernos más en ella. La palabra es “arsenokoitais” y está compuesta por la palabra griega para “macho” (arseno) y la palabra griega para “camas” (koitai). Literalmente “macho encamador” O alguien que introduce forzosamente a otra persona en su cama. Si Pablo quería que todas las palabras tuvieran un sentido común, una coherencia conceptual, el griego no nos decepciona. Las tres palabras cobran un sentido coherente ahora. La primera tiene que ver con la práctica del proxenetismo, la segunda con la violación o el abuso sexual y la tercera tiene que ver con el secuestro, el tráfico o la esclavización. Las tres palabras son abusos contra personas. De hecho, las tres palabras coinciden en la supresión de la libertad de las personas. Esta ultima coincidencia nos debe remitir al concepto ya mencionado del “catamita” o niño secuestrado o esclavizado para fines sexuales. Lo cual tendría mucho sentido en el entorno de la quinta lista que hace Pablo. La primera palabra tiene la noción de violentar la libertad de las personas mediante la prostitución, la segunda palabra nos remite a la violación de la libertad de un menor de edad, esclavizándolo para fines sexuales, la tercera describe el tráfico de personas con el fin de venderlos como esclavos. En la época de Pablo era común que los hombres poseyeran niños esclavos, quizás hijos de sus esclavos, que eran considerados una especie de mascota y a los cuales tenían derecho a explotar sexualmente. A esta practica se le llama hoy en día “pederastía”.

“Proxenetas, violadores de niños y traficantes de humanos” Ahora el texto adquiere una reveladora coherencia, un profundo y alarmante sentido. El corazón de Dios se rompe y grita en contra de estas cosas. Y Pablo grita con Dios, incluso rompiendo lo que era considerado normal en la cultura grecorromana.

Si esto es así, es doblemente confirmatorio cuando regresamos al marco ideado por Pablo para hacer coincidir su lista de injusticias con el Decálogo. La quinta lista coincidiría con los mandamientos séptimo y octavo. El séptimo tiene que ver con las prácticas de fornicación o adulterio, que generalmente se daban en contextos de prostitución, sagrada o profana (Ex. 20:14) y, con toda sorpresa podemos notar que el octavo mandamiento tiene que ver con el hurto (Ex.20:15). El texto de Pablo nos habla del proxeneta que hurta humanos con fines sexuales comerciales; de niños hurtados, secuestrados, para ser esclavos sexuales (catamitas); y del hurto o tráfico de humanos con fines esclavizadores.

En el mundo, cada año más de 3 millones de humanos son víctimas del tráfico de personas. El 80% de los que sufren este tipo de esclavitud moderna en el mundo son mujeres y niñas y ya se ha convertido en el segundo negocio clandestino más lucrativo del mundo, solo por detrás del tráfico de armas y drogas. Según el último índice de Walk Free Foundation (WFF) sobre la trata de personas en el mundo nada menos que 29,8 millones de personas viven como esclavos.

Es momento de ponerle atención a los gritos de Dios, a los gritos de Pablo, y hacer que la Iglesia grite con ellos. Que la Iglesia trabaje en la protección de las víctimas más indefensas de la humanidad: los niños y las niñas.