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domingo, 12 de marzo de 2017

La Agonía de la Solidaridad, el Último Paso para la Victoria del Neoliberalismo.


El principio fundamental de las antiguas religiones, y en especial del Cristianismo, es la llamada Solidaridad. Siendo esta el motor de la vida comunitaria en favor de todos sus actores, lo que Rousseau determina como el impulso natural de los humanos que permitió la vida en Sociedad. Pero fue el mismo filósofo francés el que señala la fragilidad de los individuos y su condición natural de ser seres corruptibles, corruptibles por la sociedad, y es aquí donde vemos una sociedad moderna basada en el individualismo y la competencia. La extrema desigualdad, la falta de justicia, la miseria son un producto de una Infraestructura económica y una Superestructura política y cultural que corrompe y condiciona a las personas.

Este proceso de individualización y enajenación es un proceso del sistema neoliberal, pues incluso en el capitalismo escrito en tinta por Adam Smith –el cual se basa en el principio de que la compasión es un rasgo humano fundamental – y el desarrollo del capitalismo hasta mediados de los 50 –específicamente lo que conocemos como Estado de Bienestar- está basado bajo un principio de Solidaridad. El reemplazo del mundo productivo en las potencias industriales –la externalización de producción- y la liberalización de la economía a nivel global han creado una Sociedad que atenta a su misma etimología, los continuos colapsos económicos van de la mano de las continuas crisis sociales que hacen visible la extrema desigualdad. La economía de Hayek y Friedman han hecho estragos en la humanidad, y hoy han llegado al punto a poner en juego la base fundamental de las tres grandes ideologías que han movido a la humanidad –liberalismo, socialismo y anarquismo-: la Solidaridad.

Cuando un sistema económico se basa en la acumulación infinita de riquezas, se basa a la vez en la acumulación infinita de poder, en un círculo vicioso donde el dinero compra poder y el poder legisla para aumentar el dinero de quienes pagaron sus campañas electorales. Y es en ese tránsito como se fundó por ejemplo EEUU, donde el verdadero poder estaba en el Senado, que no era electo, sino designado por los terratenientes que habían reemplazado a los Ingleses, pero incluso países como el “Tío Sam” o el Imperio Ingles, es insostenible la falta de democracia, desde abajo siempre hay un empuje violento que fuerza a los amos. La Ilustración y la dialéctica de la Lucha de Clases llevaron a la Democracia con Voto Universal, como al desarrollo de una prevención de los capitalistas a la espontaneidad de los proletarios desposeídos: Un Estado de Bienestar.

Un sistema que imponía una dura regulación e impuestos, otorgando Derechos como Vivienda y Salud a la enorme masa de personas comunes, pero este acceso a los que eran privilegios de pocos, provoco el desorden y desato la fuerza del acobardado pueblo en varias partes del mundo, desde el Mayo del 68 en Paris a las largas y extenuantes luchas en Estados Unidos de la mujer y los negros –un pueblo bien alimentado y educado a veces es tan peligroso como uno famélico y analfabético-. Provocando una reacción inmediata entre los amos de la humanidad para frenar lo que el primer informe importante de la Comisión Trilateral de Norteamérica (1975) –The Crisis of Democracy- denomino como “un exceso de democracia”. La búsqueda de que los grupos sociales alguna vez pasivos y apáticos dejen de presionar el orden institucional, debían volver a la pasividad y despolitizarse, para ello tenían que hacer dos cosas: Rediseñar la Economía y matar la Solidaridad.

Rediseñaron la Economía, ahora el Mercado no tiene límites, todo se compra o vende, han globalizado finalmente al sistema capitalista. En palabras de Slavoj Zizek en La Nueva Lucha de Clases: los refugiados y el terror: “Compro mi forma física visitando el gimnasio; compro mi iluminación espiritual apuntándome a cursos de meditación transcendental; compro la satisfactoria experiencia de mi compromiso ecológico adquiriendo solo fruta orgánica, etc” (Barcelona: Anagrama, 2016, p.23). Todo es negocio y la acumulación de riquezas por parte de una minúscula parte de la Sociedad parece imparable para cualquier legislación o regulación, la fragilidad de las condiciones laborales han permitido a los ricos ser súper ricos y a la masa trabajadora estar preocupada por trabajar, impidiendo la asociación entre ellos e incluso la vida, creando una Sociedad del Rendimiento donde ya no se trabaja para vivir, sino, se vive para trabajar.

Mientras la Solidaridad como un valor tradicional y un impulso natural se ve en mejores condiciones, pero tras la Guerra Fría y la Globalización el sistema neoliberal está golpeando duramente a su último enemigo. Tras la caída del Bloque del Este y la URSS; la crisis de la Socialdemocracia; el estancamiento del Socialismo Africano ante el FMI; el desequilibrio y fragilidad del Socialismo Bolivariano tras la muerte de Hugo Chávez, ya no quedan enemigos estables u opciones alternativas al sistema capitalista y a la competencia e individualismo como base valórica. En los países capitalistas el Estado de Bienestar se ha desmantelado, hasta la salud y la vejez son parte del Mercado, se ha inculcado en los medios de comunicación de que todos somos “emprendedores” y “competidores” que deben conseguir los sueños de grandeza y realización individual para hacernos olvidar de los valores del comunitarismo e igualitarismo, para olvidar que todos –sin importar el apellido o bienes familiares-: tuvieron acceso a la educación estatal gratuita y de calidad ; a la atención médica gratuita; a una vivienda propia para poder dormir sin miedo a que un banco te la quite; a una vejez digna con pensiones que realmente equivalgan a décadas de duro trabajo; al acceso universal de medicamentos y alimentos saludables que hoy tanto faltan para una población global que tambalea entre la obesidad y anorexia.

La muerte de la Solidaridad significara irremediablemente el fin de todas las ideologías emancipadoras y de todas las religiones, será el asesinato de Dios y su creación, viviríamos en un mundo vacío, una cascara seca donde no solo se vive explotación, violencia e injusticia, sino que a nadie le importaría, pues en nuestro camino solo veríamos nuestros egos y miedos, no veríamos ni al vecino, ni al compañero de trabajo y menos a la familia. La teoría de Byung-Chul Han será una realidad, y el sistema neoliberal será parte de nuestro inconsciente y cuando la historia juzgue nos reprochara para siempre el fin de la esperanza.

Por ello es que hay dos escenarios donde cada individuo debe desenvolverse en el enfrentamiento final que definirá si el sistema neoliberal triunfa sobre la humanidad: el privado y el público. En nuestras vidas privadas debemos guiar con el ejemplo, vivir la vida por lo que es, no una carrera o competencia para ver qué tan importante puedes ser ni por imitar a nadie. Saludar en el trasporte público a los choferes y pasajeros, ceder asientos, intervenir cuando ocurren situaciones que dañen a otros, darse el tiempo por hablar con la gente sola que solo busca momentos de conversación para alegrar sus días, ayudar a cruzar la calle a quien lo necesite, ser honesto y transparente, buscar lo mejor para conocidos y desconocidos, aportar en los mínimos granos de arena que cada uno puede dar durante sus días. En la vida pública de cada uno está la política, algo que muchos rechazan pero al final toda la vida gira entorno a esta y todo es en sí mismo política. Aquí está el labor no necesariamente de militar en partidos políticos, sino el labor de la organización, participar en juntas de vecinos, movilizaciones, hablar con todo el mundo sobre lo malo que ocurre y la necesidad de actuar, votar en todas las elecciones, opinar cuando se pueda opinar, debatir, participar, sindicalizarse, etc. Buscar la organización en pos de una Sociedad de Derechos y no Privilegios, luchar por mantener los beneficios que quedan y buscar extender los deberes del Estado a los que ya se privatizaron.

Es deber fundamental de cada persona, construya resistencia desde su vida personal a lo más público que existe para mantener viva la Solidaridad. Si el neoliberalismo pierda su lucha contra la Solidaridad en lo privado y público, será automáticamente desmantelado, no habrá contrapeso a el rediseño de la economía para mantener esa metamorfosis, se caerá de la balanza y morirá.
Alonso Ignacio Salinas Garcia (Chile).

sábado, 15 de octubre de 2016

La paz truncada: cuando la política electoral colisiona con el interés general.


por Ignacio García Marín

El pasado 2 de octubre se produjo uno de los hechos más importantes de la reciente historia colombiana: la votación del acuerdo de paz que gobierno y FARC alcanzaron y la ulterior negativa de la mayoría de los votantes a dicho pacto.

Desde entonces se suceden las discusiones en torno a los posibles escenarios a futuro, los análisis sobre el sentido del voto mayoritario y sobre las causas de este resultado. Es posible a su vez que los sondeos, que apuntaban a una sólida y estable victoria del “Sí”, realmente no midieran la importancia de la abstención que estaba por aparecer. El “No”, por mucho que ocupara importantes porciones del electorado, no parecía albergar una expectativa real de victoria.

Sin embargo, y dejando de lado la cuestión en torno al por qué de esta disparidad de previsiones con los hechos, no debiera pasarse por alto una importante cuestión: la política interna como vector principal de los posicionamientos ante el referendo por parte de los partidos.

Por mucho que la negociación con una banda armada pueda suponer, en ocasiones, un evidente y razonable debate moral, no ha de cerrarse los ojos ante la evidencia de que el Estado colombiano no ha sido capaz, hasta ahora, de derrotar militar y judicialmente las amenazas terroristas en el país. Del mismo modo, a nadie se le escapa que es impensable una hipotética victoria de las FARC o del ELN ante el Estado colombiano, por mucho que hayan obtenido de esta larga contienda un medio de vida.

El acuerdo de paz se trataba, por tanto, de un realista ejercicio de política pragmática, en el que ambos bandos tenían mucho que ganar y poco que perder y, además, donde las organizaciones internacionales como las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no iban a quedar como meros espectadores. Aunque la reparación a las numerosas víctimas sea difícil y los recuerdos del pasado no puedan ser borrados, se presentaba como una buena oportunidad para llevar a la institucionalidad democrática a quienes la atentan, así como de reafirmar la capacidad de las democracias liberales de hacer convivir a posturas y pensamientos diversos. 

¿Por qué entonces la fortaleza y activismo del “No”? Es posible que, dejando de lado las posturas radicalmente en contra de negociar con este tipo de organizaciones, en buena medida la respuesta pueda encontrase en la pura contienda partidista y en las rivalidades personales.

En primer lugar, Álvaro Uribe y su organización partidaria han demostrado una gran capacidad de representar los valores conservadores y tradicionales de la derecha en Colombia, manteniendo prestigio y estabilidad en los últimos años y marcando una clara diferenciación con el que fue su delfín, Juan Manuel Santos. Esta separación, ya amplia desde hace años, se escenificó con su postura radicalmente en contra de los acuerdos de paz que gobierno y FARC habían firmado, fundándose posiblemente en argumentos idealistas que no realistas, además de plantear una postura maximalista y frentista: toda negociación era un golpe de Estado.

En este sentido, Uribe ha sido uno de los mayores enemigos del acuerdo de paz, liderando la oposición parlamentaria ante el ejecutivo, llamando a numerosas concentraciones por todo el país y haciendo uso del carisma y conocimiento que atesora ante quienes le apoyan. Por supuesto, también ha tratado por todos los medios de hacer campaña hacia el exterior, aunque aquí sí podría hablarse de un apoyo mayoritario y con muy escasas fisuras, hacia el acuerdo de paz.

Un vistazo a los resultados electorales muestra, en este sentido, cómo las zonas más proclives al voto uribista le han seguido siendo fiel, así como también aquellos más alejados al conflicto y de la importancia de la renta per cápita: a más riqueza, más apoyo al “No”. Se ha desempeñado pues, como un actor con capacidad de veto para iniciativas de este calibre, dado su poder de capitalizar oposiciones al gobierno de Santos y tejer un discurso político funcional a sus intereses.

En segundo lugar, no ha de olvidarse la responsabilidad que pueda albergarse desde la propia campaña oficialista. En un país como Colombia, donde el clientelismo sigue siendo notorio en amplias zonas del país, así como de la frecuencia que están alcanzando las coaliciones electorales, no ha de descuidarse el análisis regional del voto y su movilización. En este sentido, pareciera destacable que los posicionamientos que van tomando los que pretenden suceder a Santos se puedan relacionar con la campaña electoral ante el referendo fallido.

Así, el propio vicepresidente Germán Vargas Lleras ha sido acusado de no apoyar explícitamente el acuerdo, siendo llevado por Santos en campaña por el “Sí” para acallar rumores de división interna en alguna ocasión. Se le ha considerado uno de los favoritos para sucederle en 2018, así como del dominio que tiene sobre una multitud de autoridades públicas repartidas por el país, especialmente en la costa caribe. Durante la campaña, mantuvo posiciones ambivalentes cuando no en segundo plano. Después de todo, como miembro del gobierno, podía capitalizar la victoria, pero su silencio y pasado político también le podían armar ante un revés en el plebiscito.

En tercer lugar, no ha de dejarse de lado la posibilidad de que la oposición al gobierno de Santos y el desgaste que su propio gobierno ha sufrido en estos años, se haya plasmado en dicha votación, por mucho que desde el ejecutivo se tratara de separar referendo y castigo electoral.

Ejemplo de ello serían los territorios más cercanos al uribismo, donde el “Sí” llegó a ganar con holgura y, donde en ocasiones la campaña versó más en una dialéctica chavismo–antichavismo que el propio referendo. Así sucedió en amplias zonas fronterizas con Venezuela. El discurso de Uribe tras los resultados fue evidente: se erigió como ganador de la votación, pero además, aprovechó para traer a colación críticas con respecto a la reforma tributaria o del significado que él atribuye a la familia.

Todo ello además en una campaña política que quizá pecó de ser poco inclusiva y sí muy oficialista. Si se quería un nuevo país, dejando atrás a un cruento conflicto civil de más de 50 años, quizá se debió haber hecho más partícipe a la sociedad civil y a la oposición, pues, después de todo, sus demandas eran legítimas, por mucho que pueda haber cierto contenido electoralista en ello.

Santos ya cometió un error al permitir que el referendo se discutiera en términos partidarios, pues no se trataba de una elección legislativa o presidencial, sino de un acuerdo de país. Y ganó quien mejor movilizó a su electorado. Fue positivo que lo quisiera someter a consultar popular, pues no estaba obligado a ello, pero erró en adueñarse de la gestión y alimentar la confrontación personal.

Por ello, la desmovilización del “Sí” y la victoria de la abstención estarían directamente relacionadas con los anteriores factores señalados. En efecto, a pesar de la importancia histórica y a futuro que tenía la votación y de la gran atención que recabó tanto en la agenda política nacional como internacional, el gran ganador de la elección fue la abstención. Alcanzó el 62,59% o, lo que es lo mismo, la mayor en 22 años. Aún es pronto para saber con más precisión el por qué y los perfiles de los resultados, pero todo indica que la apatía del electorado se debió más a dar por segura la victoria que por su oposición.

Ha de sumarse además otro factor a tener en cuenta: la academia ha venido mostrando que las regiones afectadas por desastres naturales tienden a bajar en participación electoral cuando hay comicios cercanos en el tiempo, hecho que sucedió con la zona costa caribe, aparentemente más favorable al “Sí” en consonancia con los resultados obtenidos por Santos en su última campaña presidencial. La Guajira (19,39%), Atlántico (24,1%) y Bolívar (23,36%) quedaron muy por debajo de la participación nacional media (37,44%).

Sin embargo, los que creemos que el acuerdo de paz será positivo para el país podemos pensar que aún queda una puerta abierta. Desde la propia noche electoral, Santos llamó a la oposición y se comprometió a mantener la tregua y a seguir negociando. Las FARC hicieron lo mismo por su parte. La oposición parece dispuesta a ceder y entrar en la negociación. Ahora sí parece pues, darse una estrategia electoral más inclusiva.

En mi humilde opinión, parece irrevocable un acuerdo de paz, al que esperemos no tarden en sumarse otras guerrillas, como el ELN. Con suerte, en la próxima consulta la política partidaria no dejará que los proyectos de país se trunquen ante luchas personales y electoralistas.


Ignacio García Marín

Candidato a Doctor por el Instituto Ortega y Gasset (España) y actualmente realiza una estancia de investigación en El Colegio de México (México), tras haber pasado por el CISEPA de la Pontificia Universidad Católica del Perú | Tw: @nacho_garcia_ma


Fuente: Ignacio García Marín

miércoles, 27 de agosto de 2014

Democracia liberal permite gobernar en contra del pueblo.


Por Álvaro Cepeda Neri *

Si por un lado los poderosos pueden legalizar sus expropiaciones, haciéndolas pasar por necesidades, los pueblos pueden apelar a la legitimidad de sus reivindicaciones para oponer resistencia política. Se trata de una batalla desigual, pero no puede decirse que carezca de consecuencias.

Immanuel Wallerstein, Geopolítica y geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial

La humanidad vuelve a poner en relieve la lucha de clases: los ricos contra los pobres, en cuyo conflicto las elites gobernantes no son árbitros sino parte interesada con los modernos dueños de las riquezas desnacionalizadas; y presenta hechos subversivos constantemente abortados por las represiones que criminalizan las protestas (Timothy Garton Ash, Los hechos son subversivos, donde su autor afirma: “La primera tarea del historiador y del periodista consiste en encontrar hechos”). Y los hechos mundiales acusan, nuevamente, lo que el Marx periodista “puso en contacto con los debates de su tiempo sobre el derecho y la economía [...] y la sociedad dividida en clases y basada en la explotación”, escribe David McLellan.

Las metamorfosis del capitalismo, no sin consecuencias a su ferocidad explotadora y a un keynesianismo que limó sus filos, le ha permitido sortear los embates de los pobres, trabajadores, campesinos, indígenas que, en nuestros días, están reducidos a sobrevivir en las miserias, las enfermedades, el desempleo y las represiones, los homicidios, encarcelamientos y desplazamientos por migraciones que reproducen el círculo vicioso de ricos contra pobres y viceversa.

La democracia contemporánea ha separado de raíz sus dos conceptos: el demos o pueblo y el kratos o poder. Se practica, así, una democracia sin el pueblo. Y “la democracia sin el pueblo es una democracia de los legisladores que interpretan a su manera la voluntad de la nación y disponen a su antojo del mandato que se les ha confiado” (Maurice Durverger, La democracia sin el pueblo, ediciones Ariel). Y los partidos en complicidad buscan posicionarse en el centrismo para no parecerse a la izquierda ni a la derecha, y simular que lo son cuando se disputan los votos, donde el abstencionismo es el único victorioso. Hace tiempo que, en mayor o menor medida, impera la democracia sin el pueblo que permite que el poder político (la clase gobernante) y el económico (ricos, millonarios y multimillonarios) estén gobernando, administrando y legislando para el capitalismo salvaje, como el fin perseguido por medio del neoliberalismo económico que mantiene a “la economía mundial capitalista en dificultades, en el estira y afloja del corto y mediano plazo”. Immanuel Wallerstein asegura que en el periodo 1945-1973 se dio la expansión económica de la economía mundial capitalista, para tener un constante estancamiento económico. Al vaciarse del pueblo la democracia, los pobres están planteando aquello de “pobres del mundo, uníos”, para reencontrar la síntesis del kratos y del demos, que recree una democracia con el pueblo. De esta manera están puestas las condiciones para el estallido de una primera gran revolución política mundial si los capitalistas siguen –como seguirán– concentrando la riqueza y explotando al pueblo, es decir, a los pobres.

Y en estas constantes recesiones económicas, que son crisis del capitalismo mundial y parcializado en cada nación dentro del contexto de los Estados, tenemos más pobres que, como pueblos, son expulsados de las democracias y de los sistemas tribales-autocráticos. Así, la única competencia es la de los pobres contra los ricos, la del poder económico contra el poder popular, mientras el poder político de las elites gobernantes se pone de parte de los ricos. Vivimos (sobreviviendo) en esa crisis que reclama decisiones para resolverla… Decisiones del pueblo al recobrar la democracia en su sentido histórico: la del poder del pueblo si vuelven a unirse el kratos y el demos.

En esta transición, los Estados buscan posicionarse en el contexto del neoliberalismo económico que es el motor de los capitalismos unidos por la globalización comercial, en cuyo picado mar adentro algunas elites del poder político quieren actualizar al poder económico de los ricos, sus aliados-cómplices, para lograr la moderna acumulación del capital con monopolios disfrazados o reales. Y en ese contexto son los pobres sin democracia los que están soportando hambre, pobreza, desempleo, enfermedades, expulsiones masivas vía las migraciones y encima tienen a las delincuencias, encabezadas por los narcotraficantes.

Democracia sin el pueblo más neoliberalismo económico, nueva modalidad del capitalismo globalizador y sus capitalismos locales, facilitan que los ricos –el poder económico– y los gobernantes –el poder político– enfrenten a los pobres de todo el mundo con visos del “desmoronamiento del sistema mundial. Tal desmoronamiento sería anárquico, generaría un grado elevadísimo de experimentación, pero también de inseguridad. Asistiríamos al caos social”. Este caos social lo tenemos ya a la vista.

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

Fuente Contralinea

Fuente: ApiaVirtual
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domingo, 23 de febrero de 2014

Crisis de crisis, luego crisis sistemática.


Por Jesús González Pazos*

22 de Febrero, 2014.- En reiteradas ocasiones y documentos se ha señalado el carácter sistémico y civilizatorio que tiene la actual crisis del mundo capitalista, a pesar de que muchos tratan de esconderlo tras una simple, aunque grave, crisis económica. En ese mismo sentido, se pretende ahora hacer un repaso de algunas de las principales y más destacadas crisis que hoy operan en el mundo. El mismo al que hasta hace todavía pocos años algunos auguraban, en el marco del fin de la lucha de las ideologías y el fin de la historia, un futuro feliz, sin miseria y de bienestar para la mayoría de la población.
Crisis económica

De forma aséptica se dice que esta se produce principalmente cuando se dan cambios negativos importantes en las principales variables económicas, de cierta durabilidad y, con especial incidencia, en el crecimiento del PIB y en el empleo. En el caso actual, una vez desplazada del centro neurálgico del sistema capitalista la economía real, aquella que se basaba en lo que realmente se produce, el desencadenante de esta crisis reside en el sistema financiero, precisamente quien ahora ocupa el lugar protagonista del sistema.

Los factores principales que producen la crisis son sus propios agentes más destacados, como los bancos y aseguradoras, y sus nefastas actuaciones y operaciones mercantiles, en muchos casos basadas en la especulación, ya sea ésta monetaria, bursátil, hipotecaria o mercantil.

Así, la que ya se puede denominar como última Gran Recesión del mundo rico (2008-……), debido a sus altas tasas de crecimiento negativo, deriva rápidamente en crisis económica. Las causas más profundas que dieron lugar a esta situación habría que encontrarlas en la desregulación económica casi absoluta imperante en las últimas dos décadas, privatización de sectores públicos estratégicos (comunicaciones, pensiones, energía, ahorro, infraestructuras…), la elevación descontrolada del precio de las materias primas (petróleo, minerales, gas, alimentación…) en los años que preceden al estallido de la crisis y otros factores como la crisis hipotecaria y la crediticia.

Las medidas, principalmente las implantadas en Europa, se concretan en austeridad y recortes drásticos del gasto público que, en gran medida, va a ser trasvasado precisamente al denominado rescate bancario y privatizaciones diversas, haciendo crecer enormemente las deudas de país, en una espiral sin fin.

Los siguientes eslabones de esta cadena vienen dados por la crisis profunda de la economía real y toda la amplia serie de recortes en los derechos laborales que harán empeorar enormemente las condiciones de trabajo, pero correlativamente también de vida de más y más sectores de la población con un empobrecimiento acelerado de los mismos.
Crisis social

Revisadas las medidas y consecuencias de la crisis económica es fácilmente deducible el modo en que ésta afecta a la población y la consiguiente crisis social. La característica más destacable será la gran explosión de las desigualdades con un adelgazamiento evidente de la clase media, con un trasvase hacia el empobrecimiento de cada vez un mayor número de personas.

Según datos del PNUD, en estos momentos el 8% de la población gana la mitad de la renta del planeta, mientras que el 92% restante está obligada a repartirse la otra mitad. Luego, ese extremo social, aquel constituido por los más ricos, está creciendo en su riqueza como nunca antes lo había hecho, con el consiguiente agrandamiento de la brecha social entre la población.

Es incuestionable además, y tal y como se acaba de apuntar que las mujeres cargan, una vez más, con las peores consecuencias, tanto en cuanto a cifras de empobrecimiento, pudiendo volver hablar, en cierta medida y en este «mundo rico», de feminización de la pobreza, así como respecto a otra amplia serie de derechos y conquistas sociales perdidas. Y en términos globales la precarización de las condiciones laborales también es una constante, lo que tendrá su incidencia fuerte en la propia precarización de las condiciones de vida. En este contexto, la agudización de esta crisis social será causa de continuas convulsiones.
Crisis política

La deslegitimación de la clase política tradicional empieza a ser un hecho en cierta medida incuestionable. No solo la proliferación y destape de casos de corrupción, sobornos y otras actuaciones por el estilo, sino el convencimiento de que desde ésta no hay respuesta a tantas demandas sociales, laborales, etc. Además, se profundiza en un proceso de sistemático “sometimiento” de la clase política a los poderes económicos, convirtiéndose el estado en un administrador de sus dictados, traducidos en recortes, privatizaciones, trasvase de fondos públicos al sector privado, austeridad y contención del gasto público que produce un deterioro grande del estado del bienestar.

Este contexto de crisis política provoca a su vez una reversión del desarrollo de la democracia, pudiendo hablarse de una democracia de baja intensidad, burlada por el «juego parlamentario» y aprovechado éste para la imposición de leyes restrictivas de derechos (reformas laborales, seguridad, aborto…) que producirá un cada vez mayor desencanto de la población hacia el sistema, pero evidentemente por una falta cada vez mayor de determinación de la clase política en el mismo. Es evidente, que esta situación presenta a la globalidad de la crisis nuevos peligros: populismos, desarrollo del fascismo, racismo….
Crisis ecológica

Una evidencia ya manifiesta es que el modo de producción y de consumo, en suma, el modelo desarrollista impulsado históricamente por el mundo enriquecido, no tiene en cuenta la limitada capacidad del planeta, tanto si hablamos de sus tierras, como de sus aguas o del aire. Se ha dado un acelerado proceso de destrucción de la biodiversidad en ese Norte, pero también se intensifica ahora el mismo proceso en los países del Sur.

Posiblemente, las dos manifestaciones más evidentes de esta crisis se concretan en la crisis energética y en la climática. La primera, referida al agotamiento de los combustibles fósiles; la segunda, consistente en el calentamiento del planeta y todas las consecuencias que el mismo acarrea, por ejemplo, en los llamados desastres naturales, que no lo son tanto en cuanto a la fuerza en sí de la naturaleza como debido a lo determinante que pueden ser en su capacidad de destrucción por las acciones humanas que refuerzan sus efectos (sequías e inundaciones extremas, temporales y huracanes, cambios radicales o desaparición de especies vegetales y animales…).

Debe subrayarse también en este contexto de crisis ecológica el nefasto papel jugado en los últimos decenios por las industrias extractivas, con sus modos de explotación más agresivos que nunca (minería a cielo abierto, fracking…), o la deforestación y ocupación de tierras en la búsqueda de nuevos terrenos para el cultivo, en la mayoría de las ocasiones para la producción intensiva que además agota rápidamente los nuevos espacios (ganadería, agrocombustibles), o la proliferación de grandes, y no necesariamente vitales infraestructuras (autopistas, aeropuertos, tren de alta velocidad…), que provocan profundas y continuas agresiones al planeta. Así estaríamos centrando la crisis ecológica, en gran medida, como crisis de la escasez de tierras, de energía, de materias primas.
Crisis de valores

Por último, se suele obviar u ocultar que también se puede hablar, sobre todo respecto a occidente de una profunda crisis de valores éticos y humanos. Ésta es fruto de las crisis ya citadas y de otras aparentemente menores (de cuidados, de pensamiento, del arte…) pero con gran importancia en la vida humana. Valores como la honestidad, la colaboración, la ayuda mutua, la solidaridad, la cooperación… entran en crisis ante un exacerbado culto al individualismo, al egocentrismo, al patriarcado-machismo, a los valores materiales, etc.
Conclusión

Es ante este cúmulo de crisis donde encuentra su explicación la calificación de crisis sistémica y civilizatoria, y no de mera, aunque grave, crisis económica del capitalismo que se superará al entenderla como circunstancial y cíclica propia del sistema. Y es por esto por lo que si no se toman medidas sistémicas, del mismo alcance que la crisis, ésta se prolongará generando nuevos periodos de recesión, y empobrecimiento general, por mucho que nos empiecen a prometer la próxima salida del túnel. Por todo ello, no tiene sentido plantearse esta salida de la crisis con leves cambios de rumbo, sin alterar las bases estructurales de la sociedad, la política y la economía.

*Jesús González Pazos es miembro de Mugarik Gabe.
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Fuente: Servindi