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domingo, 12 de marzo de 2017

La Agonía de la Solidaridad, el Último Paso para la Victoria del Neoliberalismo.


El principio fundamental de las antiguas religiones, y en especial del Cristianismo, es la llamada Solidaridad. Siendo esta el motor de la vida comunitaria en favor de todos sus actores, lo que Rousseau determina como el impulso natural de los humanos que permitió la vida en Sociedad. Pero fue el mismo filósofo francés el que señala la fragilidad de los individuos y su condición natural de ser seres corruptibles, corruptibles por la sociedad, y es aquí donde vemos una sociedad moderna basada en el individualismo y la competencia. La extrema desigualdad, la falta de justicia, la miseria son un producto de una Infraestructura económica y una Superestructura política y cultural que corrompe y condiciona a las personas.

Este proceso de individualización y enajenación es un proceso del sistema neoliberal, pues incluso en el capitalismo escrito en tinta por Adam Smith –el cual se basa en el principio de que la compasión es un rasgo humano fundamental – y el desarrollo del capitalismo hasta mediados de los 50 –específicamente lo que conocemos como Estado de Bienestar- está basado bajo un principio de Solidaridad. El reemplazo del mundo productivo en las potencias industriales –la externalización de producción- y la liberalización de la economía a nivel global han creado una Sociedad que atenta a su misma etimología, los continuos colapsos económicos van de la mano de las continuas crisis sociales que hacen visible la extrema desigualdad. La economía de Hayek y Friedman han hecho estragos en la humanidad, y hoy han llegado al punto a poner en juego la base fundamental de las tres grandes ideologías que han movido a la humanidad –liberalismo, socialismo y anarquismo-: la Solidaridad.

Cuando un sistema económico se basa en la acumulación infinita de riquezas, se basa a la vez en la acumulación infinita de poder, en un círculo vicioso donde el dinero compra poder y el poder legisla para aumentar el dinero de quienes pagaron sus campañas electorales. Y es en ese tránsito como se fundó por ejemplo EEUU, donde el verdadero poder estaba en el Senado, que no era electo, sino designado por los terratenientes que habían reemplazado a los Ingleses, pero incluso países como el “Tío Sam” o el Imperio Ingles, es insostenible la falta de democracia, desde abajo siempre hay un empuje violento que fuerza a los amos. La Ilustración y la dialéctica de la Lucha de Clases llevaron a la Democracia con Voto Universal, como al desarrollo de una prevención de los capitalistas a la espontaneidad de los proletarios desposeídos: Un Estado de Bienestar.

Un sistema que imponía una dura regulación e impuestos, otorgando Derechos como Vivienda y Salud a la enorme masa de personas comunes, pero este acceso a los que eran privilegios de pocos, provoco el desorden y desato la fuerza del acobardado pueblo en varias partes del mundo, desde el Mayo del 68 en Paris a las largas y extenuantes luchas en Estados Unidos de la mujer y los negros –un pueblo bien alimentado y educado a veces es tan peligroso como uno famélico y analfabético-. Provocando una reacción inmediata entre los amos de la humanidad para frenar lo que el primer informe importante de la Comisión Trilateral de Norteamérica (1975) –The Crisis of Democracy- denomino como “un exceso de democracia”. La búsqueda de que los grupos sociales alguna vez pasivos y apáticos dejen de presionar el orden institucional, debían volver a la pasividad y despolitizarse, para ello tenían que hacer dos cosas: Rediseñar la Economía y matar la Solidaridad.

Rediseñaron la Economía, ahora el Mercado no tiene límites, todo se compra o vende, han globalizado finalmente al sistema capitalista. En palabras de Slavoj Zizek en La Nueva Lucha de Clases: los refugiados y el terror: “Compro mi forma física visitando el gimnasio; compro mi iluminación espiritual apuntándome a cursos de meditación transcendental; compro la satisfactoria experiencia de mi compromiso ecológico adquiriendo solo fruta orgánica, etc” (Barcelona: Anagrama, 2016, p.23). Todo es negocio y la acumulación de riquezas por parte de una minúscula parte de la Sociedad parece imparable para cualquier legislación o regulación, la fragilidad de las condiciones laborales han permitido a los ricos ser súper ricos y a la masa trabajadora estar preocupada por trabajar, impidiendo la asociación entre ellos e incluso la vida, creando una Sociedad del Rendimiento donde ya no se trabaja para vivir, sino, se vive para trabajar.

Mientras la Solidaridad como un valor tradicional y un impulso natural se ve en mejores condiciones, pero tras la Guerra Fría y la Globalización el sistema neoliberal está golpeando duramente a su último enemigo. Tras la caída del Bloque del Este y la URSS; la crisis de la Socialdemocracia; el estancamiento del Socialismo Africano ante el FMI; el desequilibrio y fragilidad del Socialismo Bolivariano tras la muerte de Hugo Chávez, ya no quedan enemigos estables u opciones alternativas al sistema capitalista y a la competencia e individualismo como base valórica. En los países capitalistas el Estado de Bienestar se ha desmantelado, hasta la salud y la vejez son parte del Mercado, se ha inculcado en los medios de comunicación de que todos somos “emprendedores” y “competidores” que deben conseguir los sueños de grandeza y realización individual para hacernos olvidar de los valores del comunitarismo e igualitarismo, para olvidar que todos –sin importar el apellido o bienes familiares-: tuvieron acceso a la educación estatal gratuita y de calidad ; a la atención médica gratuita; a una vivienda propia para poder dormir sin miedo a que un banco te la quite; a una vejez digna con pensiones que realmente equivalgan a décadas de duro trabajo; al acceso universal de medicamentos y alimentos saludables que hoy tanto faltan para una población global que tambalea entre la obesidad y anorexia.

La muerte de la Solidaridad significara irremediablemente el fin de todas las ideologías emancipadoras y de todas las religiones, será el asesinato de Dios y su creación, viviríamos en un mundo vacío, una cascara seca donde no solo se vive explotación, violencia e injusticia, sino que a nadie le importaría, pues en nuestro camino solo veríamos nuestros egos y miedos, no veríamos ni al vecino, ni al compañero de trabajo y menos a la familia. La teoría de Byung-Chul Han será una realidad, y el sistema neoliberal será parte de nuestro inconsciente y cuando la historia juzgue nos reprochara para siempre el fin de la esperanza.

Por ello es que hay dos escenarios donde cada individuo debe desenvolverse en el enfrentamiento final que definirá si el sistema neoliberal triunfa sobre la humanidad: el privado y el público. En nuestras vidas privadas debemos guiar con el ejemplo, vivir la vida por lo que es, no una carrera o competencia para ver qué tan importante puedes ser ni por imitar a nadie. Saludar en el trasporte público a los choferes y pasajeros, ceder asientos, intervenir cuando ocurren situaciones que dañen a otros, darse el tiempo por hablar con la gente sola que solo busca momentos de conversación para alegrar sus días, ayudar a cruzar la calle a quien lo necesite, ser honesto y transparente, buscar lo mejor para conocidos y desconocidos, aportar en los mínimos granos de arena que cada uno puede dar durante sus días. En la vida pública de cada uno está la política, algo que muchos rechazan pero al final toda la vida gira entorno a esta y todo es en sí mismo política. Aquí está el labor no necesariamente de militar en partidos políticos, sino el labor de la organización, participar en juntas de vecinos, movilizaciones, hablar con todo el mundo sobre lo malo que ocurre y la necesidad de actuar, votar en todas las elecciones, opinar cuando se pueda opinar, debatir, participar, sindicalizarse, etc. Buscar la organización en pos de una Sociedad de Derechos y no Privilegios, luchar por mantener los beneficios que quedan y buscar extender los deberes del Estado a los que ya se privatizaron.

Es deber fundamental de cada persona, construya resistencia desde su vida personal a lo más público que existe para mantener viva la Solidaridad. Si el neoliberalismo pierda su lucha contra la Solidaridad en lo privado y público, será automáticamente desmantelado, no habrá contrapeso a el rediseño de la economía para mantener esa metamorfosis, se caerá de la balanza y morirá.
Alonso Ignacio Salinas Garcia (Chile).

martes, 1 de septiembre de 2015

La nueva cartografía económica mundial (secular stangantion).



Germán Gorráiz López, analista

La crisis de Deuda Soberana de Grecia, el crash bursátil de China y las dudas sobre la capacidad de endeudamiento de EEUU aunado con una posible subida de tipos de la Fed para el 2016 podrían acabar diluyendo la incipiente y frágil recuperación económica mundial y desembocar en escenarios de estancamiento económico secular (secular stangantion), ya que el fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos.

Estallido de la burbuja bursátil china

Los inversores han empezado a sentir el vértigo de la altura y a cuestionarse el estado de solvencia de las compañías y se espera que bajará el porcentaje de los resultados empresariales que se destinarán a dividendos así como el número de empresas que repartirán el mismo y la volatilidad es la nota dominante pues desde el pasado 21 de junio, el principal índice bursátil chino, el Shanghai Composite ha perdido un 30%, descenso que ha puesto fin a una capitalización de mercado valorada en 1,25 billones de dólares ante los temores de la comunidad inversora de que el Gobierno intente enfriar un repunte alimentado por la deuda que dura ya un año. Shanghai había ganado un 60% con respecto a principios de año porque los inversores creyeron que Pekín respaldaría el repunte para contribuir a luchar contra la ralentización de la economía que se ha contraído con respecto al crecimiento de dos dígitos de hace unos años y rozaría el 5%, por lo que es previsible una severa corrección de los índices bursátiles chinos hasta alcanzar el nivel suelo real. Además, China tiene que superar una serie de reformas estructurales pues entre las fragilidades de su economía se encuentran la todavía limitada integración financiera internacional, su aislamiento y control del aparato estatal en el ámbito interno, así como una asignación de recursos económicos poco eficiente provocada por el paternalismo público y un insuficiente nivel de desarrollo de las redes de distribución, marketing y venta por lo que los desafíos están centrados en vencer la alta dependencia de China respecto de la demanda de las economías desarrolladas y la incierta capacidad de la demanda privada para tomar el relevo una vez que se agoten los estímulos públicos.

La crisis griega y la Década perdida de la economía europea

Las reformas estructurales y fiscales que ha impuesto la Troika a países como Irlanda, Grecia, Portugal, España, Italia, Chipre, Malta y Eslovenia para modernizar la Administración pública y la sanidad, mejorar el mercado laboral y adaptar la presión fiscal a las circunstancias son principios genéricos que se han traducido en sucesivas subidas de impuestos, reducción de funcionarios, supresión de organismos públicos, recortes salariales y máxima flexibilidad en el mercado laboral aunado con una sensible pérdida de jirones del primigenio Carta Social Europea (CSE) o Carta de Turín de 1.961.

En el caso griego, la Troika ha obligado a todos los partidos políticos a aprobar suicidas medidas de austeridad que se han traducido en la pérdida de más de 1 millón de puestos de trabajo pero el ascenso al poder de Syriza habría provocado que la monolítica doctrina de los países de la Eurozona que gravitan en las elípticas marcadas de antemano por la nomenklatura alemana empiecen a oscilar en sus valores y a sentir la influencia de fuerzas centrífugas que podrían desembocar en la desaparición y posterior remodelación de la actual Eurozona. Así, los expertos de la llamada “troika” habrían concluido, según un documento secreto publicado por la web italiana Linkiesta que “Atenas no sólo no podrá hacer frente a sus obligaciones financieras, sino que, además, sufrirá una “fuerte devaluación interna”, una significativa caída de precios y de salarios en los próximos años” y según Efecom, se prevé que la deuda pública del país heleno ascenderá hasta el 200 % del producto interior bruto (PIB) en el 2015, existiendo el temor de que podría pasar del default (incumplir sus pagos) a la quiebra por lo que ” cada vez más empresas europeas y estadounidenses se preparan para lo que antes era impensable”, según The New York Times y en la cadena Fox News, Peter Morici, economista y profesor de la Universidad de Maryland, dijo que “la necesidad de una unión fiscal en la zona euro y de que el BCE adopte un papel similar al llevado a cabo por la Reserva Federal de EEUU, ” y consideró la posibilidad de que “el país heleno abandone el euro para poder así imprimir su propio dinero y resolver sus problemas como lo hizo Estados Unidos a raíz de la crisis financiera”.

La exclusión de Grecia de la Eurozona supondría el finiquito de la Eurozona pues el resto de países periféricos (Portugal, España, Irlanda, Malta y Chipre), seguirá inexorablemente el movimiento centrífugo de Grecia y deberán retornar a sus monedas nacionales, sufrir la subsiguiente depreciación de las mismas y la regresión a niveles de renta propias de la década de los 70 , con el consiguiente efecto demoledor en los mercados bursátiles. En efecto, casode que la Deuda Pública y privada prosigan su vuelo por la estratosfera, que los salarios sigan congelados o con incrementos inferiores al IPC, que el crédito bancario siga sin fluir con normalidad a unos tipos de interés reales a pymes, autónomos y particulares y no se aproveche la bajada del precio del petróleo y la dilación en los plazos para reducir el déficit público para implementar medidas keynesianas de inversión en Obra Pública y reducir el desempleo, la economías periféricas europeas se verán abocadas a un peligroso cóctel explosivo,(el DDD), cuyos ingredientes sería una deflación en los precios que impedirá a las empresas conseguir beneficios y a los trabajadores incrementar sus sueldos, la subida de las tasas de interés reales que agravarían los problemas de sobreendeudamiento público y privado y unas tasas de paro cercanas al 17% , lo que podría generar una década de estancamiento en la economía europea, rememorando la Década perdida de la economía japonesa.

El crecimiento asimétrico de América Latina

La publicación por el FMI de su informe de Perspectivas Económicas Globales (WEO en inglés) augura un notable descenso de sus previsiones de crecimiento para América Latina (0,9% para el 2015 y del 2 % para el 2016, lo que aleja del resto de zonas emergentes que tendrían un crecimiento estimado del 4,3%), lastrado por la entrada en recesión de Brasil (-1%), la menor inversión extranjera y el brutal descenso del precio de las materias primas, en especial de los hidrocarburos, quedando tan sólo México, Perú, Colombia y Chile como islotes en un océano de aguas estancadas. Así, la contracción de la demanda mundial de materias estaría ya provocando el estrangulamiento de sus exportaciones y la depreciación generalizada de sus monedas debido a la fortaleza del dólar, lo que se traducirá en aumentos de los costes de producción, pérdida de competitividad, tasas de inflación desbocadas e incrementos espectaculares de la Deuda Exterior que podrían terminar dibujando un escenario de estancamiento económico secular en América Latina y Caribe. Así, según la Directora Gerente del FMI, Lagarde, “la fortaleza del dólar junto con la debilidad de los precios de los productos crea riesgos para los balances y financiación de los países deudores en dólares”, de lo que se deduce que las economías de América Latina y Caribe estarán más expuestas a una posible apreciación del dólar y la reversión de los flujos de capital asociados, fenómeno que podría reeditar la “Década perdida de América Latina” (Década de los 80), agravado por un notable incremento de la inestabilidad social, el aumento de las tasas de pobreza y un severo retroceso de las libertades democráticas.

¿Subida de tipos del Dólar?

La total retirada por la Fed en el 2016 de sus medidas de estímulo a la economía estadounidense aunado con una posible subida de tipos de interés hará que los inversionistas se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que provocará que el Dow Jones de Industriales (rozando la barrera de los 17.000 puntos), salte por los aires y termine por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil que sería hija de la euforia de Wall Street (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras las políticas monetarias de los grandes bancos centrales mundiales que han inundado los mercados con centenares de miles de millones de dólares y euros con la esperanza de relanzar la economía, más aún cuando las colocaciones sin riesgo ( deuda de EEUU o de Alemania), no retribuyen nada a los inversionistas.

Ello aunado con un posible repunte del precio del crudo debido a factores geopolíticos desestabilizadores (Ucrania, Libia, Yemen, Irán e Irak), podría producir un nuevo crash bursátil en el escenario del 2016, estallido que tendría como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras,dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica .

martes, 17 de marzo de 2015

Centroamérica: una región intoxicada por una servil creencia “cristiana”.


Por Ollantay Itzamná*

17 de marzo, 2015.- Hace unos días atrás, los cielos de Centroamérica fueron surcados por helicópteros estatales cargados de pastores, apóstoles y profetas “para orar y derramar bendiciones para la paz” sobre esta región violentada de América Latina.(1) En el caso hondureño, fue una iniciativa del gobierno de turno, quien, por momentos, funge más como predicador que como Presidente.(2)

Para quienes sabemos de teológica cristiana, con perspectiva histórica, observar el habitus cotidiano individual y social, en países como Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, despierta en nuestra memoria históricos recuerdos de la cristiandad de la Edad Media. Época en la que el ser humano se asumía como una oveja (animalito) de Dios. Donde se castigaba con el infierno a la razón/pensamiento, y se promovía la creencia y la obediencia cadavérica como virtudes máximas para el ascenso social. Época en la que se instalaba en el espíritu de las y los creyentes el sentimiento de culpa y la identidad de “siervos inútiles”, derrotados por el mal, incapaces de emprender por sí mismos proyectos hacia su plenitud. A esto se denominó la primera evangelización o inquisición (extirpación de la razón simbólica).

Desde la teología política, la cristiandad tenía un claro objetivo. Afianzar y estabilizar a perpetuidad un orden político teocrático. Es decir, ante la incapacidad de las y los creyentes de autogobernarse, Dios, en su infinita misericordia, elegía bondadosas familias poderosas (reyes cristianos) para gobernar a los pueblos. Estos, junto a los jerarcas religiosos, eran los representantes de Dios en la tierra. Por tanto, los súbditos cristianos creían y obedecían más a los gobernantes que al Dios desconocido.

En buena parte de América Latina, el modelo político de la cristiandad fue desvirtuado por las diferentes revoluciones liberales inconclusas. Las escuelas y los libros se impusieron sobre las iglesias y las biblias. Muchos súbditos dejaron de ser creyentes (obedientes resignados) al adquirir la cualidad de ciudadanía. Aunque la ciudadanía tampoco se universalizó por completo en la región.

En los países centroamericanos, con excepción de Costa Rica, los esfuerzos por universalizar la educación centrada en la razón, emprendida por los liberales, fue repelida con éxito, en diferentes momentos, por los conservadores católicos. Quienes una y otra vez instauraron la creencia sobre la razón a base de la gestión del miedo (al infierno) y el deseo (del paraíso celestial).

Así emergieron estas repúblicas bicentenarias, ahora, discursivamente democráticos, pero moral y espiritualmente castizos, racistas y clasistas. Con más súbditos creyentes que con ciudadanos pensantes. Habitados por una infinidad de tabúes (Dios, Estado, Ley, Biblia, etc.). Temerosos de interrogarse sobre el origen o la finalidad de estos y otros tótems. Aunque con honrosas excepciones.

Durante la segunda mitad del pasado siglo, el gobierno de los EEUU., para contrarrestar la cohesión social alrededor de ideas socialistas, en la región centroamericana, promovió y financió todo un almácigo de emotivas iglesias pentecostales que desactivaron el despertar ciudadano del momento. A esto se denominó la segunda evangelización o nueva inquisición (extirpación sangrienta del “comunismo”).

Militares criminales como Ríos Montt y Gustavo A. Martínez, de Guatemala y Honduras respectivamente, para fines terapéuticos y políticos crearon sectas pentecostales fundamentalistas. De esta manera, estas empresas religiosas lograron lo que ni los doctrineros, ni las dictaduras militares habían conseguido: adormecer a las grandes mayorías empobrecidas, convirtiéndolos casi en unos eternos pordioseros providencialistas.

Aquí, saber de memoria citas bíblicas no es sólo un elemento de ascenso o estatus social, sino también de oportunidades laborales. Sí, aunque Ud. no lo crea. Las entrevistas laborales, como las evaluaciones académicas, se valoran en función a la mención que se haga del Dios ausente. Como en la Edad Media, en los centros educativos se imparte clases de Biblia para formar la conciencia y la conducta sumisa, resignada y providencialista de los profesionales creyentes.

Las viviendas adquieren mayor categoría social si en sus paredes llevan inscritas citas bíblicas. Muchas mujeres, en sus bolsos, junto a la cartera casi vacía, llevan un ejemplar del Nuevo Testamento. Ciudades y pueblos de Honduras están ornamentadas con inmensos carteles de: “Honduras para Cristo”. En los pueblecitos empobrecidos, donde no existe ni escuelas, ni centros de salud, mucho menos libros, encuentras anuncios estridentes de: “Aquí se venden biblias”.

Los buses de transporte, calles, plazas públicas, frecuencias radiales y canales de la Tv están repletos de predicadores, apóstoles, profetas…, que Biblia en mano infunden: “La pobreza es el mejor regalo que Dios nos da para merecer después el Reino de Dios” “La enfermedad es una bendición de Dios” “Somos ovejas de Dios. Él nos quiere mansos y humildes…”

En las redes sociales se socializan más citas bíblicas, bendiciones, que derechos u oportunidades. ¡Hasta los noticiarios de la Tv, en Honduras, comienzan con lecturas bíblicas, o devocionales que llaman! La semana laboral se inicia y concluye con un devocional. Y, los fines de semana, las familias, con la Biblia bajo el brazo, pasean por las calles intercambiándose bendiciones entre sí.

Esta es la “cultura” cristiana compartida en la región. Cultura que es rentabilizada de sobre manera, no sólo por jerarcas religiosos para mantener a flote sus negocios, sino también por los gobernantes. Éstos, cuando pierden legitimidad social, recurren a ceremonias/teatros religiosos para legitimarse en Dios ante el pueblo creyente. Así, el gobernante “predicador” nuevamente es asimilado y aceptado por sus víctimas empobrecidos como el enviado del Dios ausente. Del mismo modo de cómo es amado el cura, pastor, obispo o cardenal que se concubina públicamente con el violento poder establecido.

En este contexto cultural, donde los fundamentos de la estructura social y psicológica de las personas están afianzadas en la creencia ciega, el trabajo de la concientización para el despertar de nuevos sujetos sociopolíticos continúa siendo un trabajo titánico casi estéril. No sé que sea más difícil: que una sociedad toxicómana (drogadicta) se desintoxique, o que los creyentes (“cristianos”) irreflexivos que esperan el “arrebato escatológico” se conviertan en ciudadanos corresponsables. No lo sé.
Notas:

(1) Programa televisivo HCH. En helicóptero, evangélicos inician oración por Centro América.http://hchtvdigital.com/v2/news/en-helicoptero-evangelicos-inician-oracion-por-centroamerica/

(2) Proceso Digital. En jornada de oración Presidente Hernández pide a Dios sabiduría para crear la nueva Honduras. http://www.proceso.hn/component/k2/item/90242-en-jornada-de-oraci%C3%B3n-presidente-hern%C3%A1ndez-pide-a-dios-sabidur%C3%ADa-para-crear-la-nueva-honduras.html
*Ollantay Itzamná, indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir “Solo nos dejen decir nuestra verdad”.

Fuente: Servindi

miércoles, 27 de agosto de 2014

Democracia liberal permite gobernar en contra del pueblo.


Por Álvaro Cepeda Neri *

Si por un lado los poderosos pueden legalizar sus expropiaciones, haciéndolas pasar por necesidades, los pueblos pueden apelar a la legitimidad de sus reivindicaciones para oponer resistencia política. Se trata de una batalla desigual, pero no puede decirse que carezca de consecuencias.

Immanuel Wallerstein, Geopolítica y geocultura. Ensayos sobre el moderno sistema mundial

La humanidad vuelve a poner en relieve la lucha de clases: los ricos contra los pobres, en cuyo conflicto las elites gobernantes no son árbitros sino parte interesada con los modernos dueños de las riquezas desnacionalizadas; y presenta hechos subversivos constantemente abortados por las represiones que criminalizan las protestas (Timothy Garton Ash, Los hechos son subversivos, donde su autor afirma: “La primera tarea del historiador y del periodista consiste en encontrar hechos”). Y los hechos mundiales acusan, nuevamente, lo que el Marx periodista “puso en contacto con los debates de su tiempo sobre el derecho y la economía [...] y la sociedad dividida en clases y basada en la explotación”, escribe David McLellan.

Las metamorfosis del capitalismo, no sin consecuencias a su ferocidad explotadora y a un keynesianismo que limó sus filos, le ha permitido sortear los embates de los pobres, trabajadores, campesinos, indígenas que, en nuestros días, están reducidos a sobrevivir en las miserias, las enfermedades, el desempleo y las represiones, los homicidios, encarcelamientos y desplazamientos por migraciones que reproducen el círculo vicioso de ricos contra pobres y viceversa.

La democracia contemporánea ha separado de raíz sus dos conceptos: el demos o pueblo y el kratos o poder. Se practica, así, una democracia sin el pueblo. Y “la democracia sin el pueblo es una democracia de los legisladores que interpretan a su manera la voluntad de la nación y disponen a su antojo del mandato que se les ha confiado” (Maurice Durverger, La democracia sin el pueblo, ediciones Ariel). Y los partidos en complicidad buscan posicionarse en el centrismo para no parecerse a la izquierda ni a la derecha, y simular que lo son cuando se disputan los votos, donde el abstencionismo es el único victorioso. Hace tiempo que, en mayor o menor medida, impera la democracia sin el pueblo que permite que el poder político (la clase gobernante) y el económico (ricos, millonarios y multimillonarios) estén gobernando, administrando y legislando para el capitalismo salvaje, como el fin perseguido por medio del neoliberalismo económico que mantiene a “la economía mundial capitalista en dificultades, en el estira y afloja del corto y mediano plazo”. Immanuel Wallerstein asegura que en el periodo 1945-1973 se dio la expansión económica de la economía mundial capitalista, para tener un constante estancamiento económico. Al vaciarse del pueblo la democracia, los pobres están planteando aquello de “pobres del mundo, uníos”, para reencontrar la síntesis del kratos y del demos, que recree una democracia con el pueblo. De esta manera están puestas las condiciones para el estallido de una primera gran revolución política mundial si los capitalistas siguen –como seguirán– concentrando la riqueza y explotando al pueblo, es decir, a los pobres.

Y en estas constantes recesiones económicas, que son crisis del capitalismo mundial y parcializado en cada nación dentro del contexto de los Estados, tenemos más pobres que, como pueblos, son expulsados de las democracias y de los sistemas tribales-autocráticos. Así, la única competencia es la de los pobres contra los ricos, la del poder económico contra el poder popular, mientras el poder político de las elites gobernantes se pone de parte de los ricos. Vivimos (sobreviviendo) en esa crisis que reclama decisiones para resolverla… Decisiones del pueblo al recobrar la democracia en su sentido histórico: la del poder del pueblo si vuelven a unirse el kratos y el demos.

En esta transición, los Estados buscan posicionarse en el contexto del neoliberalismo económico que es el motor de los capitalismos unidos por la globalización comercial, en cuyo picado mar adentro algunas elites del poder político quieren actualizar al poder económico de los ricos, sus aliados-cómplices, para lograr la moderna acumulación del capital con monopolios disfrazados o reales. Y en ese contexto son los pobres sin democracia los que están soportando hambre, pobreza, desempleo, enfermedades, expulsiones masivas vía las migraciones y encima tienen a las delincuencias, encabezadas por los narcotraficantes.

Democracia sin el pueblo más neoliberalismo económico, nueva modalidad del capitalismo globalizador y sus capitalismos locales, facilitan que los ricos –el poder económico– y los gobernantes –el poder político– enfrenten a los pobres de todo el mundo con visos del “desmoronamiento del sistema mundial. Tal desmoronamiento sería anárquico, generaría un grado elevadísimo de experimentación, pero también de inseguridad. Asistiríamos al caos social”. Este caos social lo tenemos ya a la vista.

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

Fuente Contralinea

Fuente: ApiaVirtual
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domingo, 23 de febrero de 2014

Crisis de crisis, luego crisis sistemática.


Por Jesús González Pazos*

22 de Febrero, 2014.- En reiteradas ocasiones y documentos se ha señalado el carácter sistémico y civilizatorio que tiene la actual crisis del mundo capitalista, a pesar de que muchos tratan de esconderlo tras una simple, aunque grave, crisis económica. En ese mismo sentido, se pretende ahora hacer un repaso de algunas de las principales y más destacadas crisis que hoy operan en el mundo. El mismo al que hasta hace todavía pocos años algunos auguraban, en el marco del fin de la lucha de las ideologías y el fin de la historia, un futuro feliz, sin miseria y de bienestar para la mayoría de la población.
Crisis económica

De forma aséptica se dice que esta se produce principalmente cuando se dan cambios negativos importantes en las principales variables económicas, de cierta durabilidad y, con especial incidencia, en el crecimiento del PIB y en el empleo. En el caso actual, una vez desplazada del centro neurálgico del sistema capitalista la economía real, aquella que se basaba en lo que realmente se produce, el desencadenante de esta crisis reside en el sistema financiero, precisamente quien ahora ocupa el lugar protagonista del sistema.

Los factores principales que producen la crisis son sus propios agentes más destacados, como los bancos y aseguradoras, y sus nefastas actuaciones y operaciones mercantiles, en muchos casos basadas en la especulación, ya sea ésta monetaria, bursátil, hipotecaria o mercantil.

Así, la que ya se puede denominar como última Gran Recesión del mundo rico (2008-……), debido a sus altas tasas de crecimiento negativo, deriva rápidamente en crisis económica. Las causas más profundas que dieron lugar a esta situación habría que encontrarlas en la desregulación económica casi absoluta imperante en las últimas dos décadas, privatización de sectores públicos estratégicos (comunicaciones, pensiones, energía, ahorro, infraestructuras…), la elevación descontrolada del precio de las materias primas (petróleo, minerales, gas, alimentación…) en los años que preceden al estallido de la crisis y otros factores como la crisis hipotecaria y la crediticia.

Las medidas, principalmente las implantadas en Europa, se concretan en austeridad y recortes drásticos del gasto público que, en gran medida, va a ser trasvasado precisamente al denominado rescate bancario y privatizaciones diversas, haciendo crecer enormemente las deudas de país, en una espiral sin fin.

Los siguientes eslabones de esta cadena vienen dados por la crisis profunda de la economía real y toda la amplia serie de recortes en los derechos laborales que harán empeorar enormemente las condiciones de trabajo, pero correlativamente también de vida de más y más sectores de la población con un empobrecimiento acelerado de los mismos.
Crisis social

Revisadas las medidas y consecuencias de la crisis económica es fácilmente deducible el modo en que ésta afecta a la población y la consiguiente crisis social. La característica más destacable será la gran explosión de las desigualdades con un adelgazamiento evidente de la clase media, con un trasvase hacia el empobrecimiento de cada vez un mayor número de personas.

Según datos del PNUD, en estos momentos el 8% de la población gana la mitad de la renta del planeta, mientras que el 92% restante está obligada a repartirse la otra mitad. Luego, ese extremo social, aquel constituido por los más ricos, está creciendo en su riqueza como nunca antes lo había hecho, con el consiguiente agrandamiento de la brecha social entre la población.

Es incuestionable además, y tal y como se acaba de apuntar que las mujeres cargan, una vez más, con las peores consecuencias, tanto en cuanto a cifras de empobrecimiento, pudiendo volver hablar, en cierta medida y en este «mundo rico», de feminización de la pobreza, así como respecto a otra amplia serie de derechos y conquistas sociales perdidas. Y en términos globales la precarización de las condiciones laborales también es una constante, lo que tendrá su incidencia fuerte en la propia precarización de las condiciones de vida. En este contexto, la agudización de esta crisis social será causa de continuas convulsiones.
Crisis política

La deslegitimación de la clase política tradicional empieza a ser un hecho en cierta medida incuestionable. No solo la proliferación y destape de casos de corrupción, sobornos y otras actuaciones por el estilo, sino el convencimiento de que desde ésta no hay respuesta a tantas demandas sociales, laborales, etc. Además, se profundiza en un proceso de sistemático “sometimiento” de la clase política a los poderes económicos, convirtiéndose el estado en un administrador de sus dictados, traducidos en recortes, privatizaciones, trasvase de fondos públicos al sector privado, austeridad y contención del gasto público que produce un deterioro grande del estado del bienestar.

Este contexto de crisis política provoca a su vez una reversión del desarrollo de la democracia, pudiendo hablarse de una democracia de baja intensidad, burlada por el «juego parlamentario» y aprovechado éste para la imposición de leyes restrictivas de derechos (reformas laborales, seguridad, aborto…) que producirá un cada vez mayor desencanto de la población hacia el sistema, pero evidentemente por una falta cada vez mayor de determinación de la clase política en el mismo. Es evidente, que esta situación presenta a la globalidad de la crisis nuevos peligros: populismos, desarrollo del fascismo, racismo….
Crisis ecológica

Una evidencia ya manifiesta es que el modo de producción y de consumo, en suma, el modelo desarrollista impulsado históricamente por el mundo enriquecido, no tiene en cuenta la limitada capacidad del planeta, tanto si hablamos de sus tierras, como de sus aguas o del aire. Se ha dado un acelerado proceso de destrucción de la biodiversidad en ese Norte, pero también se intensifica ahora el mismo proceso en los países del Sur.

Posiblemente, las dos manifestaciones más evidentes de esta crisis se concretan en la crisis energética y en la climática. La primera, referida al agotamiento de los combustibles fósiles; la segunda, consistente en el calentamiento del planeta y todas las consecuencias que el mismo acarrea, por ejemplo, en los llamados desastres naturales, que no lo son tanto en cuanto a la fuerza en sí de la naturaleza como debido a lo determinante que pueden ser en su capacidad de destrucción por las acciones humanas que refuerzan sus efectos (sequías e inundaciones extremas, temporales y huracanes, cambios radicales o desaparición de especies vegetales y animales…).

Debe subrayarse también en este contexto de crisis ecológica el nefasto papel jugado en los últimos decenios por las industrias extractivas, con sus modos de explotación más agresivos que nunca (minería a cielo abierto, fracking…), o la deforestación y ocupación de tierras en la búsqueda de nuevos terrenos para el cultivo, en la mayoría de las ocasiones para la producción intensiva que además agota rápidamente los nuevos espacios (ganadería, agrocombustibles), o la proliferación de grandes, y no necesariamente vitales infraestructuras (autopistas, aeropuertos, tren de alta velocidad…), que provocan profundas y continuas agresiones al planeta. Así estaríamos centrando la crisis ecológica, en gran medida, como crisis de la escasez de tierras, de energía, de materias primas.
Crisis de valores

Por último, se suele obviar u ocultar que también se puede hablar, sobre todo respecto a occidente de una profunda crisis de valores éticos y humanos. Ésta es fruto de las crisis ya citadas y de otras aparentemente menores (de cuidados, de pensamiento, del arte…) pero con gran importancia en la vida humana. Valores como la honestidad, la colaboración, la ayuda mutua, la solidaridad, la cooperación… entran en crisis ante un exacerbado culto al individualismo, al egocentrismo, al patriarcado-machismo, a los valores materiales, etc.
Conclusión

Es ante este cúmulo de crisis donde encuentra su explicación la calificación de crisis sistémica y civilizatoria, y no de mera, aunque grave, crisis económica del capitalismo que se superará al entenderla como circunstancial y cíclica propia del sistema. Y es por esto por lo que si no se toman medidas sistémicas, del mismo alcance que la crisis, ésta se prolongará generando nuevos periodos de recesión, y empobrecimiento general, por mucho que nos empiecen a prometer la próxima salida del túnel. Por todo ello, no tiene sentido plantearse esta salida de la crisis con leves cambios de rumbo, sin alterar las bases estructurales de la sociedad, la política y la economía.

*Jesús González Pazos es miembro de Mugarik Gabe.
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Otras noticias:

Fuente: Servindi

jueves, 20 de junio de 2013

México: a tres años del reconocimiento de la Iglesias.

Política y nuevo régimen constitucional de las iglesias. Mentalidades, discursos, acciones (1995)

por Leopoldo Cervantes-Ortiz

El actual es un marco legal posible y no el de todos deseable, pues éste no es factible dada la diversidad de intereses que componen las instancias de poder de toda la sociedad. Pocos pueden considerarse plenamente satisfechos con el marco legal reformado: unos, porque habiendo participado en la elaboración del proyecto, no prosperaron todos sus puntos de vista; otros, porque habiendo intervenido en el proceso legislativo, no tuvieron elementos ni tiempo para un mejor aporte, además de la presión disciplinaria ejercida sobre el partido mayoritario que aceleró los tiempos de aprobación de las enmiendas y elaboraciones de ley; otros más, porque habiendo expresado su parecer en los medios impresos, carecieron de fuerza social para influir en la toma de decisiones, y, las más, las mayorías, porque habiendo sido informadas de un proceso que las afectaba ni fueron invitadas a debatir e influir en los alcances de la reforma, ni tuvieron la fuerza suficiente para hacerse partícipes.[1] (Rodoolfo Casillas R.)

Introducción

Al cumplirse tres años de las reformas constitucionales que permitieron el reconocimiento de las iglesias en México, se han ensayado varios balances desde diferentes niveles y perspectivas. Los primeros, procedentes de las cúpulas católicas, oscilan entre el triunfalismo y las severas dudas de su funcionalidad. Otros análisis, esbozados desde ambientes académicos, también señalan muchas contradicciones y deficiencias en la puesta en práctica de dichos cambios.[2] La mirada oficial, por su parte, y sobre todo en el régimen zedillista, ya no ubica dichas transformaciones dentro del marco de la tan mencionada modernización salinista, sino que más bien, y sobre todo a partir de los conflictos en Chiapas, manifiesta un cierto aire de lamentación por haber cedido a las iglesias un espacio de acción que no se previó en su momento. Ciertos círculos periodísticos, por su parte, no dejan de hablar superficialmente acerca de los males que ha ocasionado esa nueva legislación en el comportamiento de los grupos religiosos. Incluso, algunos legisladores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) han llegado a plantear la necesidad de revisar los cambios y, si fuera necesario, dar marcha atrás en lo que estipulan. Los masones se han quedado francamente rezagados.

Ante tal variedad de apreciaciones no debería pasarse por alto que, por encima de dichos pronunciamientos, vale la pena detenerse a observar, así sea sucintamente, la fenomenología propiciada por esos cambios constitucionales en la vida de las iglesias, particularmente en las evangélicas, las cuales, hay que recordar, no fueron las principales interesadas en ser reconocidas como asociaciones constituidas. Además, ante la creciente derechización del país, caracterizada por el aumento de la influencia del Partido Acción Nacional (PAN) en la vida nacional, por medio de sus triunfos en gubernaturas y en municipios, la manera de enfocar el asunto adquiere una dimensión nueva, estrictamente inédita en la época moderna del país, por cuanto era impensable hace por lo menos quince años que un grupo de evangélicos pensara seriamente en la posibilidad de organizarse como partido político regional. Las costumbres episcopales en su trato con el poder no han variado mucho, aunque el peso específico del catolicismo en la vida nacional haya disminuido. El caso es que este proceso de derechización coincide más bien con una laicización de la aplicación de los esquemas católicos tradicionales. Esto es posible advertirlo en las decisiones de los ayuntamientos panistas de Mérida, Monterrey y Guadalajara, acerca de la vida cultural de esas ciudades, y de las mojigaterías del gobernador interino de Guanajuato. Más recientemente, en la asunción de Norberto Rivera Carrera como arzobispo primado de México, la presencia de los gobernadores de Puebla y de Durango, son evidencias del mismo proceso.

Desde la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y el inicio del conflicto armado en Chiapas, no pasa un día sin que el elemento religioso salga a colación en casi todos los medios. La interminable y dudosa investigación de dicho crimen y el involucramiento directo del obispo de San Cristóbal en las negociaciones por la paz han marcado estos tiempos de una manera peculiar. La reciente expulsión de tres sacerdotes de dicha diócesis no puede ser leída más que como un intento político del régimen actual por subordinar y controlar a un núcleo católico que no ha sido sometido ni siquiera por el Vaticano a pesar de sus múltiples intentos. Girolamo Prigione, flamante embajador del Vaticano, ni siquiera ligeramente cuestionó el abuso de autoridad de que estos religiosos fueron objeto, porque dicho acto se inscribió en una línea de la que él participa.

Las iglesias evangélicas, por su parte, engolosinadas con sus tibios proyectos de expansión numérica y con sus tenues pronunciamientos sobre la necesidad de adecuar las leyes a las nuevas realidades nacionales, poco a poco tuvieron que esforzarse en pensar seriamente acerca de las posibles consecuencias de un cambio en la legislatura del país. Por ejemplo, en febrero de 1991, en las instalaciones del Seminario Teológico Presbiteriano de México tuvo lugar un encuentro de análisis acerca de los artículos referentes a las relaciones Iglesia-Estado. Uno de los participantes, Óscar Moreno Pérez, haciendo gala de un priismo a toda prueba, quiso conducir el hilo principal de la reunión hacia la aceptación acrítica de todo lo que viniera desde el régimen. Ese año habría elecciones para renovar las Cámaras y Salinas de Gortari preparaba sus armas para asaltar el control de las mismas, después de los bochornosos sucesos de julio de 1988: necesitaba un congreso arrodillado para poder, en la segunda mitad de su sexenio, aplicar las reformasmodernizadoras que sintonizaran con sus intenciones de mantener la hegemonía de su grupo político hasta comienzos del siglo venidero. Los impulsos neoliberales encaminados al adelgazamiento del Estado y a la formalización del Tratado de Libre Comercio exigían cambios fundamentales en las áreas económica, agrícola, educativa y también en la cuestión religiosa, que se fueron dando sistemáticamente. Ya con las reformas constitucionales en marcha, varios organismos eclesiásticos trataron de reaccionar, unos con mayor fuerza y claridad que otros. Uno de los eventos más relevantes en este sentido fue el Encuentro Iglesias y Sociedad Mexicana, Relaciones Estado-Iglesia, llevado a cabo en enero de 1992.[3]

Cuando apareció publicada la nueva Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en el Diario Oficial de la Federación, el 15 de julio de 1992, la suerte de las iglesias estaba echada: ahora tendrían que acomodarse a una nueva forma de actuación social. Contra la costumbre de los grupos protestantes, habituados al silencio y la pasividad, las nuevas condiciones jurídicas les exigirían formas impredecibles de respuesta y de expresión de sus proyectos. A continuación se harán algunas breves observaciones sobre lo sucedido en estos tres años en el campo religioso protestante.

1. Las mentalidades: del apoliticismo consuetudinario y dualista al protagonismo coyuntural

Carlos Mondragón ha llevado a cabo uno de los mejores esbozos acerca de la evolución de las actitudes de los evangélicos mexicanos hacia la política.[4] Partiendo del desarrollo histórico de los protestantismos mexicanos en la vida del país, llega a la conclusión de que, efectivamente, el desapego por un protagonismo real y eficaz en la situación social se contradice ampliamente con los impulsos que durante la época de la Revolución se dieron en las iglesias históricas. Señala:

El nivel de participación política de los evangélicos no ha sido el mismo en los diferentes momentos de la historia de México. Después de la década de los cuarenta se nota una disminución de la presencia protestante en la vida política mexicana. Este hecho está todavía por explicarse más ampliamente. Por el momento, un historiador como Bastian propone que esto se debió, entre otras cosas, a la pérdida de las escuelas protestantes y su pedagogía, así como al abandono de la herencia liberal-radical. Yo agregaría a esto la pérdida, también, de una teología evangélica que concebía la salvación del ser humano como un hecho integral, que no separaba las necesidades espirituales y materiales de la población.[5]

Este dualismo tan arraigado en la mentalidad evangélica ha contribuido grandemente al letargo social, el cual ahora parece ser sustituido por un protagonismo coyuntural muy ingenuo, que puede desembocar en el uso de los núcleos protestantes para beneficio de ciertas oligarquías, cuyos reacomodos se tratarán de señalar líneas abajo. Las “jerarquías amorfas” de las que hablaba Bastian se han ido conformando en estos tres años de una manera impredecible y errática hasta llegar a fortalecer nuevas formas de caciquismo religioso y político. El mismo Mondragón se refería a estas dificultades inéditas, aun desde antes que se dieran los cambios constitucionales: “El mayor peligro para su inexperiencia política está dado por aquellos que empiezan a ver en los evangélicos una potencial clientela política y electoral”.[6] Este peligro recuerda lo sucedido en Perú, cuando Alberto Fujimori, incorporó a varios líderes evangélicos a su movimiento, Cambio 90, y quienes, como uno de los vicepresidentes, Carlos García, a la hora del autogolpe de estado, terminaron muy mal ubicados. Bastian, al analizar brevemente este episodio, cita al corresponmsal del Washington Post en Lima, quien afirmó: “Mientras que el novelista Vargas Llosa se dirigía a un público anónimo, Fujimori entraba silenciosamente en contacto con otros sectores, aprovechando el ejército gratuito de los evangélicos para difundir su mensaje aun en valles muy lejanos y en barriadas polvorientas de reciente formación”.[7]

Otra perspectiva, sin embargo, mucho más favorable en muchos sentidos para el reajuste necesario de la mentalidad evangélica en cuestión política, lo ha proporcionado Roberto Blancarte con sus observaciones acerca de los efectos de los cambios en la legislación. En un artículo aparecido a principios de 1994, advertía:

Cuando las Iglesias, y sobre todo la católica por ser la mayoritaria, han pretendido intervenir en la sociedad como factor de poder, los resultados han sido muy nocivos tanto para la Iglesia como para el conjunto de la sociedad. Por el contrario, cuando en nuestra historia las Iglesias han intervenido como instituciones proféticas, es decir liberadoras, y han hecho contrapeso al poder absoluto y muchas veces autoritario, los resultados han sido positivos para la sociedad y para las Iglesias mismas.[8]

Resultaría muy sencillo aplicar lo anterior únicamente al catolicismo, debido a su peso específico en la historia del país, pero no deberíamos olvidar la antigua solidaridad evangélica con la lucha revolucionaria de principios de siglo, a través de la cual, los protestantismos mexicanos hicieron sentir su valor como fuerza ideológica minoritaria. Si bien, como insistía Gonzalo Báez-Camargo, dicha participación no tuvo un carácter corporativo,[9] eso no dejó de ponerlos en riesgo al apoyar una lucha que los puso decididamente del lado de la disidencia socio-política. Por ello, ante la coyuntura política actual, es preciso preguntarse si existe una alternativa sólida que sin caer en el corporativismo, permita que las bases evangélicas abandonen de una vez por todas su oficialismo prevaleciente. Blancarte, al intentar hacer un balance de los dos años de los cambios, le dedicó las siguientes líneas a la problemática específicamente protestante:

Las Iglesias protestantes históricas continúan cultivando su alianza implícita con el Estado mexicano. Pero al mismo tiempo, dichas iglesias se ven rebasadas por los acontecimientos sociales, debido entre otras cuestiones a la escasez de cuadros preparados e intelectuales orgánicos, lo que lleva a poca claridad del momento y a un bajo sentido de la oportunidad. La nueva legislación las obliga a replantearse su mismo papel como actores sociales, pero se encuentran incapacitadas para dar respuesta a la situación emergente. De ahí que se enfrasquen permanentemente en conflictos internos de representatividad y olviden cuestionarse acerca del nuevo papel social que las circunstancias nacionales les exigen.[10]

Estas luchas internas por la representatividad las protagonizan políticos improvisados que se ven de repente llevados por la marea de las circunstancias a situaciones en las que tienen que expresar, con la típica mentalidad evangelical, carente de coordenadas políticas adecuadas, la perspectiva de grupos enteros. Es el caso, patético, de Alberto Montalvo, quien en una entrevista ampliamente difundida, y en el fragor de los inicios de la rebelión zapatista en Chiapas, atacó al obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz y a la teología de la liberación como detonantes de “la impartición de la justicia a través de las armas, de la violencia”, además de defender al Estado, criticando la labor de intermediación del obispo de San Cristóbal, cuya participación, según él, “debilita al Estado y lo presenta como inepto para atender sus tareas”.[11] Esta cuasi-idolatría del Estado, de creer que no se equivoca nunca, de suponer que patriotismo debe ser sinónimo de gobiernismo a ultranza, permea indudablemente las actitudes socio-políticas de los protestantes mexicanos. Hace falta poner en práctica una ética política cristiana eficaz que proceda de una efectiva articulación entre las verdades del Evangelio y las realidades de la conflictividad social. Como recordaba Carlos Ramírez al citar a Max Weber: “También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el Diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando”.[12]

2. Los discursos: del priísmo acrítico al politicismo beligerante

El Comité Nacional Evangélico de Defensa, con su clásico mitin anual del 21 de marzo, había monopolizado durante décadas la verbalización protestante en relación con el poder. Cada año el acto vespertino revestía el carácter de eco de la celebración matutina oficial, aderezada por supuesto con los excesos evangelísticos de los propagandistas de ocasión, que siguen convirtiendo a la Alameda Central en el espacio evangélico más vociferante de la ciudad. Pero, paulatinamente, esa organización empezó a ser rebasada en su representatividad. En 1992 se dio el primer conflicto, cuando los organizadores de la campaña del evangelista de masas Luis Palau, traído ex profeso a la capital para apuntalar los embates reformistas de la Constitución, trataron de apropiarse del acto, buscando que dicho orador participara en el mismo. Las discusiones entre los dirigentes tuvieron muy en cuenta el hecho de que, por un lado, las reformas aún no se habían formalizado por completo y si alguien como Palau, extranjero, tomaba la palabra en el mitin, eso sería un atentado contra la supuesta obediencia evangélica a los artículos constitucionales, tal como se mantenían desde mucho tiempo atrás. Lo cual no impidió que las masas evangélicas, bien azuzadas, gritaran consignas del tipo de “¡Salinas, amigo/ Cristo está contigo!”.[13] Al término de ese régimen y después de padecer otro colapso económico fruto de las medidas neoliberales que se han impuesto en casi todos los países de la zona, un discurso semejante no vendría a ser más que la manifestación de una sutil complicidad con un sistema que sigue controlando a la nación. Además, la profesión pública de fe en el neoliberalismo del nuevo régimen nos presenta a un Roboam en el poder que no ha tratado de aligerar la carga que dejó el Salomón sexenal sobre las espaldas del pueblo.

Un buen signo de mejoría en la comprensión de la actuación del Estado y sus representantes ha sido el hecho sin precedentes de solicitar que se investigue a los culpables del colapso económico, ya que si esa administración “no tuvo el valor de encarar con la verdad al pueblo”, lo único razonable es “la aplicación de la justicia”. Asimismo, se le recriminó a los legisladores la obtención de un importante aumento en sus salarios, justo antes de la devaluación.[14] Otro caso de reacción poco habitual fue, en los últimos días, el señalamiento de la necesidad de que Rubén Figueroa Jr. renuncie a su cargo a causa de las masacres que han asolado al estado de Guerrero, responsabilizándolo además por el clima de violencia que se vive allí.[15] Este nuevo discurso contrastaba con el entreguismo habitual que han manejado las cúpulas evangélicas durante tantos años. Un episodio de este tipo, entre muchos, lo constituyó el desplegado de apoyo al ejército que suscribieron una buena cantidad de líderes evangélicos. Los militares y otros funcionarios habían sido involucrados con el narcotráfico por Héctor González Martínez, obispo coadjutor de la arquidiócesis de Oaxaca. En dicho desplegado se afirmaba que “reconocemos y apreciamos el interés que ustedes [las fuerzas armadas] realizan y animan esfuerzos contra el cáncer del narcotráfico. En esta lucha el Estado mexicano, así como las instituciones armadas de nuestro país cuentan con el apoyo incondicional de las iglesias que representamos”.[16] Obviamente, habría más mesura, cuando ante el estallido chiapaneco, estos mismos dirigentes no se refirieron jamás a los excesos del ejército en su manejo de la situación, como fue el caso de las mujeres indígenas violadas por algunos de ellos.

Este viraje en los discursos de relación con el poder, aunque paulatino y en ocasiones errático, no deja de entrever la posibilidad de recuperar un lenguaje profético auténtico, que se deslinde de los usos y abusos del poder, porque la alianza y cercanía con él no dejan de traducir un alto riesgo de desactivación del fermento de cambio que deben de encarnar nuestras iglesias.



3. Las acciones: del corporativismo a la atomización de las representaciones

Líneas arriba se ha aludido a la lucha por la nueva representación evangélica, que, dicho sea de paso, ha sufrido una metamorfosis sumamente lógica en los últimos años: los viejos líderes laicos de las iglesias históricas, por lo general abogados o militares, que a través del Comité Evangélico de Defensa habían dado la cara ante el gobierno, empezaron a ser sustituidos por pastores o laicos de grupos más nuevos. Estos dirigentes espontáneos, habiendo alcanzado un cierto reconocimiento en el interior de sus denominaciones, se lanzaron a la búsqueda de la representación global de todos los evangélcos. El intento más antiguo, naturalmente, era el de Conemex, un organismo creado a principios de los ochenta, que a través de su relación con Conela y con el liderazgo del pastor presbiteriano Marcelino Ortiz, buscó distraer la atención de las iglesias para no relacionarse directamente con el Consejo Latinoamericano de Iglesias, que también se constituyó por aquella época. La situación fue tan extrema que uno de los primeros dirigentes de Conemex, Teófilo Aguillón, era un pastor radicado en el sur de los Estados Unidos.

Así, empezaron a surgir nombres, organismos y siglas que manifestaban la creciente atomización de los núcleos evangélicos, precisamente en el momento que el marco constitucional para las iglesias estaba a punto de cambiar. El terreno había sido abonado por el mesianismo de Jonás Flores, el viejo priísta nayarita que se lucraba en las iglesias con sus cursos sobre la legislación religiosa, mientras trataba de volver a figurar en el seno de su partido. Fue primero Alberto Montalvo, quien a través de su Foro Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Fonice), pretendió aglutinar bajo ese membrete a las representaciones superficiales que pudo contactar en el transcurso de una semana con el fin de formar un frente común que permitiera comprender, primero, los alcances de los cambios, y proponer, después, algunos lineamientos que se adecuaran mejor a las características de los grupos evangélicos. En este primer impulso, las iglesias, apresuradamente, sintieron que efectivamente se necesitaba la creación de un bloque sólido de representación que respondiera a las exigencias del momento. Sólo las iglesias metodista, bautista y presbiteriana, que un poco antes de esta coyuntura se habían apersonado con la Presidencia para marcar distancias de otros movimientos,[17] tomaron las cosas con más escepticismo, y con una confianza extremadamente sospechosa, pues debido a su carácter de iglesias “históricas”, consideraban que el sistema no las tocaría negativamente, debido a que ellas habían “acompañado” a la familia revolucionaria en sus proyectos y realizaciones nacionales. Además, subrayaron que sus ministros de culto “jamás intervienen en política, ni tratan de influir en favor ni en contra de cualquier corriente ideológica”.[18]El protagonismo y la megalomanía de Montalvo pudieron más que los buenos proyectos que pudieron concretarse como las reuniones llevadas a cabo para profundizar en el conocimiento de los artículos correspondientes y de las posibles disposiciones fiscales, producto de la Ley Reglamentaria del nuevo artículo 130 y sus complementarios. Sus excesos verbales relacionados con las cifras de evangélicos en México, que según él rebasaban los 14 millones, obviamente sin documentar sus datos, no fueron más que desplantes que desconcertaron a la opinión pública y a los mismos evangélicos, y que influyeron en la creación de la clásica metáfora prigioniana que comparaba al catolicismo con el elefante y a las “sectas” con los ratones. Sin embargo, en otra entrevista, matizó bastante sus apreciaciones, al ser cuestionado acerca de la participación política de las iglesias, aunque sin evitar cierto cantinflismo. En esa ocasión dijo: “La función de las iglesias, en este momento, no es tanto política sino social, sin embargo, sabemos que el aspecto social abarca la religión, la política y otros estratos del Estado, pero no necesariamente la política abarca toda la sociedad, ni la religión abarca toda la sociedad. Esto quiere decir que cuando la sociedad recibe el mensaje de las iglesias, éstas afectan el ámbito político”.[19] Recientemente, y ya con la urgencia de los registros, Montalvo cambió el nombre de su organismo por el de Fraternidad Internacional de Ministerios.

Más tarde aparecería Arturo Farela dirigiendo a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, quien con un lenguaje todavía más agresivo, pretendía representar más ampliamente a los protestantes mexicanos. El tono de sus declaraciones, y la contaminación de sus afirmaciones políticas con la típica verborrea espiritualizante, lo descalificó muy pronto en la disputa por la representación unitaria de las iglesias. Entrevistado también por El Nacional, mostró además que había avanzado en su comprensión de la situación, aunque no dejó de hacer alarde de las cifras de evangélicos en aumento, que según él son ya cerca de 20 millones en México.[20] Con Conemex, por su parte, sucedió un fenómeno peculiar, especialmente desde que Juan Isáis lo dirige: habiéndose reservado en un principio en su actuación, como si esperara el curso de los hechos para manifestarse, consiguió un registro como asociación religiosa a todas luces espurio, dado que no cumple los requerimientos legales para constituirse como tal,[21] y a partir de eso, con el registro en la mano ha pretendido hablar con una representación plena, la cual, obviamente, tampoco tiene.

Un punto intermedio en esta búsqueda por clarificar las representaciones de los evangélicos del país han sido tres esfuerzos: el primero, mencionado líneas atrás, la comisión que surgió para canalizar los ímpetus pacifistas en relación con Chiapas, que dependió demasiado del destino político de Manuel Camacho Solís.[22] El segundo fueron las reuniones y conferencias de prensa conjuntas entre Conemex, Fonice, Confraternice y el Comité Nacional Evangélico de Defensa, que se unificaron básicamente en torno al problema de las expulsiones de indígenas. En esas oportunidades se trató de conformar un frente común de defensa de los derechos humanos de los evangélicos en Chiapas. El tercer intento fue la creación de un Secretariado interevangélico de Comunicación Social, presidido por Abner López, el cual tuvo un trato muy estrecho con Esteban Moctezuma, el nuevo secretario de Gobernación, de cuyo destino político también pareció depender bastante. Este nuevo organismo al menos ha consolidado un foro de expresión constante, que ha tratado de tomar el pulso de la vida nacional, reaccionando lo más pronto posible ante cualquier eventualidad. Las cosas, no obstante, se han llegado a poner tensas ante la determinación de algunos núcleos evangélicos de Chiapas de agruparse en una organización política que busque el poder y/o la representación popular en el congreso de dicha entidad, en vista de que los partidos políticos actuales no canalizan ya las inquietudes y las necesidades de la población, amén de que no ofrecen “honestidad, prosperidad y confianza”.[23] Este tema ha dividido las opiniones a tal grado que, Conemex, por ejemplo, en un principio vio con simpatía la propuesta, pero luego dio marcha atrás. La base de este proyecto fue la ponencia presentada por Adolfo García de la Sienra (“La acción política cristiana ante la situaciòn actual de Chiapas”),[24] asesor jurídico de Confraternice, organismo que sigue promoviéndolo insistentemente. El secretariado evangélico de comunicación social se ha opuesto terminantemente.[25]

Asunto aparte es el de los políticos priistas evangélicos. Con las reformas cocinadas por el partido mayoritario, y a través del engaño que representó la supuesta consideración de los proyectos de otros partidos, intempestivamente varias iglesias presentaron, al vapor, sus respectivos proyectos de reformas. Los diputados evangélicos priistas, a su vez, cabildeaban a su modo a los espontáneos representantes de las iglesias que sentían una felicidad inmensa al pisar los recintos parlamentarios por primera vez en su vida, con la convicción de que su importancia espiritual era lo que les permitía ser convocados. Un caso grotesco fue el de Porfirio Montero, diputado por Oaxaca, quien en una reunión coordinada por Everardo Gámiz y José Antonio González Fernández, trató de asegurarles a éstos últimos el apoyo irrestricto de todos los evangélicos a las reformas en marcha. No conforme con ello, intentó canalizar un proyecto político en torno a su persona, eso sí, con el ingrediente religioso en primer plano, basado en su “impactante” conversión a Jesucristo. De María de los Ángeles Moreno, ni hablar: el nulo reconocimiento público de su filiación religiosa coincide con su apego incondicional a la línea política de Salinas de Gortari, su padrino y promotor.

Conclusiones. Nuevo país, nuevos protestantismos

México, efectivamente, ha cambiado y, en rigor, demanda un nuevo protestantismo, es decir, una cristiandad reformada en continua reforma que protagonice su misión evangélica y evangelizadora como un auténtico fermento de la vida social en todos sus niveles. Desgraciadamente, las categorías de pensamiento y de praxis que predominan, impiden canalizar las energías de los integrantes de las iglesias de la mejor manera. Una urgencia tan grande como lo es la democratización real de la vida nacional, no cuenta con el apoyo y la promoción de las iglesias evangélicas. Esto debido a que en primer lugar ellas tendrían que democratizarse en su vida propia. El pueblo evangélico no caracteriza, pues, a la democracia como un artículo de primera necesidad. El régimen actual al seguir posponiendo indefinidamente la tan cacareada “reforma política”, continúa con sus vicios y su falta de respeto a la voluntad popular. El desaliento causado por las elecciones de 1994, catapultado por la crisis sin freno que agobia al país, ha creado un ambiente de inseguridad en muchos niveles. En un trabajo muy reciente, Rubén Ruiz Guerra analiza a las iglesias metodista, bautista y presbiteriana en su práctica o no-práctica de la democracia. Su apreciación global del interior de estas iglesias es muy favorable, aunque no deja de reconocer que hacia el exterior la proyección política que ofrecen es casi nula:

Si bien al interior de estas iglesias existe una estructura democrática y una práctica que, con todas sus limitaciones, intenta serlo, la democracia, en el sentido más amplio del término, no parece ser su principal preocupación social. El “apoliticismo” ha sido considerado característico de estos grupos. No es práctica generalizada, entonces, que al interior de estos grupos se reflexiones y se trabaje abiertamente por el establecimiento o el desarrollo pleno de la “democracia”.[26]

Milan Opocensky, secretario general de la Alianza Reformada Mundial, al opinar sobre la situación actual de México, señaló que la iglesia presbiteriana tiene una gran responsabilidad en la democratización del país.[27] De modo similar podrían señalarse otras necesidades sociales que, si bien las iglesias no pueden cubrir por sí solas, es posible que contribuyan con sus instrumentos característicos para tales fines. Las armas espirituales requieren mostrar su validez y eficacia en el mundo de lo real. El ejercicio de las responsabilidades políticas no puede darse adecuadamente en el marco estrecho de una visión dualista y catastrofista del mundo. Los protestantes no podemos dejar de ver, incluso a ese territorio tan movedizo, como un espacio más de la manifestación permanente de la soberanía de Dios. Es preciso que se ajusten en ese rumbo nuestras mentalidades, discursos y acciones.

Bibliografía

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[1] R. Casillas, “¿En qué momento nos cambiaron la historia? A propósito de la nueva legalidad religiosa en México”, en Perfiles Latinoamericanos, año 2, núm. 2, junio de 1993, pp. 100-101.


[2] El programa televisivo “Nexos” del 13 de abril de 1995, en el que participaron Manuel Canto, Manuel Olimón, Carlos Martínez García y Bernardo Barranco, estuvo dedicado a evaluar la situación actual luego de los cambios constitucionales. Cf. “Intolerancia y abuso doctrinario frenan el reencuentro de las iglesias con la sociedad”, en El Nacional, 14 de abril de 1995, p. 12.


[3] Las ponencias fueron recogidas en el volumen Las iglesias evangélicas y el estado mexicano. México, CUPSA, abril de 1992. En 1993 se llevó a cabo otro encuentro similar sobre la cuestión cultural, y en 1994, un tercero sobre la coyuntura electoral.


[4] C. Mondragón, “México: De la militancia revolucionaria al letargo social”, en C. René Padilla, ed.,De la marginación al compromiso. Los evangélicos y la política en América Latina. Buenos Aires-Quito, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1991, pp. 61-76.


[5] Ibid, p. 75.


[6] Ibid, p. 76. En el mismo tono se expresaba Carlos Martínez García al referirse a la falta “de tablas” que demostraron los líderes evangélicos al ser invitados por primera vez a un informe presidencial. En particular se refirió a la falta de acercamiento a la prensa. También, Luis Vázquez Buenfil tocó este tema, irónicamente, en su crónica de uno de los primeros desayunos de los dirigentes evangélicos con Salinas de Gortari, “Crónica de una hora que hizo historia”, El Faro, mayo-junio 1993, pp. 74-79.


[7] J.-P. Bastian, Protestantismos y modernidad latinoamericana. México, FCE, 1994, p. 275.


[8] R. Blancarte, “Las iglesias como factor de poder”, en La Jornada, 21 de febrero de 1994, p. 5.


[9] G. Báez-Camargo, “Los protestantes en la Revolución Mexicana”, en Estudios Ecuménicos, No. 11, 1971, p. 15, cit. por C. Mondragón, op. cit., p. 75.


[10] R. Blancarte, “Estado-Iglesia: Un balance a dos años de la nueva relación”, en Este País, núm. 38, mayo de 1994, p. 5.


[11] Proceso, núm. 898, 17 de enero de 1994, p. 27. Un día después, el comisionado gubernamental para la Paz y la Reconciliación se había citado en la Iglesia “Príncipe de Paz” con una comisión evangélica que se formó para tratar de responder a la crítica situación chiapaneca. Finalmente, Camacho Solís no asistió y la reunión se pospuso hasta el 26 del mismo mes.


[12] C. Ramírez, en El Financiero, 3 de abril de 1994, p. 17. La cita proviene de El político y el científico.


[13] Cf. la carta aparecida en Iglesias, No. 100, mayo de 1992, pp. 33-34, que denuncia la lucha cupular por el monopolio de la representación evangélica y el gobiernismo exagerado de las cúpulas evangélicas, que firmaron varios pastores presbiterianos.


[14] Declaraciones de Abner López Pérez y Neftalí Bello recogidas por Salvador Guerrero Chiprés enLa Jornada, 10 de enero de 1995, p. 6.


[15] Nota de Jesús Aranda y Laura Gómez, en La Jornada, 8 de julio de 1995, p. 10.


[16] Unomásuno, 30 de junio de 1993.


[17] Cf. El Faro, marzo-abril de 1990, pp. 48-52.


[18] Ibid, p. 50.


[19] Jaime Balderas Alarcón, “Las iglesias evangélicas son un orientador de la sociedad mexicana”, en El Nacional, 5 de marzo de 1995, p. 3.


[20] Francisco Reynoso, “Retroceder y volver al amasiato y la simulaciòn con el gobierno sería desastroso”, en El Nacional, 16 de julio de 1995, p. 3.


[21] Cf. La Biblia en México, Vol. 10, Año 8, No. 1, enero-marzo de 1994. En dicho número se recoge el discurso de Nicéforo Guerrero, Director General de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, con motivo de la entrega del abanderamiento y entrega del certificado constitutivo de Conemex, en el que, luego de hacer un favorable recuento histórico del protestantismo mexicano, afirmó: “El Estado reconoce que con la idea de la pluralidad religiosa, en México se pone fin a la idea de iglesia dominante y reconoce la existencia en igualdad de todas las asociaciones religiosas, ya que en México se vive en un Estado de Derecho en donde la ley es la esencia de todas las transformaciones”.


[22] Cf. Jesús Aranda, “Pide Camacho respeto al papel de las Iglesias en el conflicto chiapaneco”, enLa Jornada, 27 de enero de 1994, p. 3.


[23] Guadalupe Báez, “Estudia la Confraternidad Nacional de Iglesias Evangélicas formar un partido”, en Unomásuno, 2 de junio de 1995, p. 4. El debate se ha prolongado bastante, al menos en la prensa, la cual durante los meses de junio y julio dio cuenta de las opiniones de las autoridades, de legisladores, partidos políticos y dirigentes religiosos.


[24] Elio Henríquez, “La toma del poder, propuesta de evangelistas en Chiapas”, en La Jornada, 27 de mayo de 1995, p. 15.


[25] Cf. José Antonio Román, “Rechazan pastores evangélicos crear un nuevo partido político”, en La Jornada, 8 de junio de 1995, p. 5, y Salvador Guerrero Chiprés, “Reiteran líderes evangélicos que no crearán un partido político”, en La Jornada, 14 de junio de 1995, p. 16.


[26] “Protestantismo y democracia en México. Estudio de tres casos”, en Roberto J. Blancarte, coord., Religión, Iglesias y democracia. México, La Jornada-Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades/UNAM, 1995, pp. 236-237.


[27] Entrevista con Luis Vázquez Buenfil, El Faro, julio-agosto de 1995. Cf. también el artículo de Carlos Martínez García, “Iglesias y democracia”, en Unomásuno, 23 de junio de 1994, p. 3.


Autor/a: Leopoldo Cervantes-Ortiz


Oaxaca, México, 1962. Licenciado (STPM) y maestro en teología (UBL). Pasante de la maestría en Letras Latinoamericanas (UNAM). Médico (IPN), editor en la Secretaría de Educación Pública y coordinador del Centro Basilea de Investigación y Apoyo (desde 1999) y de la revista virtual elpoemaseminal (desde 2003).