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martes, 28 de mayo de 2019

Guatemala: Guerreras mayas de la luz.



Ollantay Itzamná

Thelma Cabrera, de 49 años de edad, y Vicenta Jerónimo, de 47 años, son dos mujeres, madres y abuelas, maya mam. Defensoras autodidactas, forjadas en las luchas de las comunidades en resistencia por la nacionalización de la energía eléctrica en Guatemala. Auténticas guerreras de la luz, en un país bendecido por el sol tropical, pero sumido en una eterna tiranía de la oscuridad.

Ambas mujeres fueron y son los pilares fundamentales del movimiento social Comité del Desarrollo Campesino (CODECA), pero con un perfil mediático muy sutil.

Ahora, ambas como candidatas a la Presidencia y a Diputada, respectivamente, desde el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), disputan el poder a los ricos, en un país pensado y organizado para el gobierno de varones blancos y ricos.

Conocí a ambas defensoras en el año 2012, desde entonces, las acompañé en el sendero luminoso de las resistencias comunitarias en defensa de sus territorios, y por la recuperación de sus bienes privatizados.

Ellas, junto a cientos de comunidades organizadas en resistencia, vejadas por empresas transnacionales, desde hace más de una década gritan a voz en cuello: “La energía eléctrica es un derecho humano fundamental. No una mercancía. Nacionalizarla es nuestro deber”. Pero, en la Guatemala oficial pudo más la estridente guerra mediática contra este movimiento que los terminó desprestigiando, criminalizando, y asesinando a sus integrantes. Pero, jamás fueron derrotados.

Las distribuidoras de electricidad, ENERGUATE y EEGSA, junto a la fiscalía contra CODECA (contra el hurto de electricidad), enjuició penalmente a Vicenta Jerónimo, por cuatro años, por delitos de “instigación a delinquir”, “actividades contra la seguridad interna de la nación”…. Pero, en 2018, fue absuelta, junto a otro defensor de derechos de CODECA. Vicenta organizó a la mayor cantidad de comunidades actualmente en resistencia en los territorios del suroriente del país.

Thelma Cabrera, como Presidenta, dirigió por varios años al movimiento CODECA, en especial en la época más difícil de criminalización y persecución que vivió este movimiento, hasta convertirla en el movimiento indígena campesino más potente de alcance nacional. Con hidalguía acompañó personalmente todos los entierros de defensores asesinados en los territorios. Jamás titubeó en señalar públicamente a los responsables de los asesinatos.

Ambas nacieron en la exclusión socioeconómica y cultural. Pero a ambas la vida las convirtió en “piedras angulares” no sólo del movimiento CODECA-MLP, sino de la nueva Guatemala que quiere existir.

A ambas se las vio en las comunidades organizar asambleas formativas comiendo aguacate y tortillas. Recorriendo palmo a palmo el territorio nacional para motivar el ejercicio y defensa de derechos colectivos e individuales, como auténticas “monjas guerreras” anunciando a los pueblos la esperada “liberación de la luz” en un país secuestrado, y en penumbras.

Si las circunstancias sociopolíticas neoliberales del país obligaron a CODECA a transitar de la agenda de la “incidencia política” a la propuesta de un proceso Constituyente Popular y Plurinacional para crear el Estado Plurinacional, también esas recargadas circunstancias hicieron de estas dos mujeres mayas unas valerosas “guerras de la luz” y “profetizas” del nuevo día que anuncia su amanecer para los pueblos de Guatemala.

domingo, 14 de abril de 2019

Autonomías indígenas en repúblicas criollas.



Ollantay Itzamná

Para las sociedades latinoamericanas, incluso en países multiculturales como Perú, Ecuador, Brasil, Chile, Guatemala, México, etc., el concepto de autonomía indígena es aún un tabú político, que de ser manipulado podría hacer estallar a dichas repúblicas bicentenarias en retazos territoriales.

Por ello, toda propuesta o exigencia del reconocimiento de autonomías indígenas es ignorada o censurada por los generadores oficiales de la opinión pública, y castigado por los estados como acciones de desestabilización o de subversión.

¿En qué consiste el derecho de autonomía indígena?

Consiste en la facultad que tienen los pueblos indígenas de organizar su propio gobierno en su territorio, hacer sus propias leyes, aplicar sus propios sistemas judiciales, y gestionar sus propios sistemas administrativos.

Este derecho está reconocido en el Convenio nº 169 de la OIT, en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, y en otros cuerpos jurídicos internacionales.

La autonomía indígena no es sinónimo de soberanía (máximo poder). Es únicamente la máxima democratización del poder político administrativo dentro de la naturaleza de un Estado Plurinacional.

En lenguaje figurado, la autonomía vendría a ser el ejercicio de la libertad y derechos que hacen los hijos mayores de edad, sin desconocer la autoridad del padre.

¿Las autonomías indígenas debilitan a los estados?

Un Estado Plurinacional, con autonomías territoriales, cuenta con una única Constitución Política de Estado donde se establecen con claridad y precisión las competencias para las autonomías, y facultades exclusivas del Estado Plurinacional (finanzas, seguridad y relaciones internacionales, etc.) Autonomía no es federalismo. Mucho menos es independencia política.

Las autonomías indígenas no fragmentan, ni dividen a los estados. Mucho menos las debilitan. Más por el contrario las fortalecen. Ejemplo claro es el caso boliviano.

Maliciosamente se relaciona la posibilidad de las autonomías indígenas con la “hecatombe” política de la “ex Yugoslavia”, donde las élites de los pueblos proclamaron supuestamente su independencia, anularon al Estado, e incursionaron en guerras entre pueblos.

El caso de ex Yugoeslavia fue un proceso de fragmentación política interna, promovido por el gobierno de los EEUU. con la finalidad de afianzar su hegemonía político militar en esa parte del mundo, y apropiarse de riquezas ajenas. Al igual como lo hizo con la separación de Panamá de Colombia (inicios del pasado siglo) para quedarse con el control del Canal de Panamá. O lo que actualmente hace con los pueblos de Venezuela.

¿Cuál es la mayor justificación de las autonomías indígenas?

Las Naciones Unidas, como los estados nacionales que ratificaron el derecho de las autonomías indígenas, reconocen dicho derecho porque, después de cinco siglos de colonialismo continuado, estos pueblos se encuentran en condiciones materiales inhumanas.

En todos los países multiculturales, los pueblos indígenas cargan los peores niveles del índice de desarrollo humano, producto del saqueo y explotación continuado de sus bienes y fuerzas de trabajo.

La justificación mayor de este derecho está en la facultad inherente que asiste a todo pueblo de decidir su destino promisorio en liberad para garantizar bienes y condiciones dignas para sus miembros. Esto no es ideológico. Es lo básico que exige la lógica jurídica, y el sentido común.

Las repúblicas criollas, después de dos siglos de colonialismo y despojo continuado contra los pueblos indígenas, no pueden seguir argumentado la falsa promesa de “protección”, “resguardo indígena”. Mucho menos la letal promesa de la asimilación o integración bajo la lógica multiculturalista.

¿Qué países reconocen autonomías indígenas?

Hasta el momento, el único Estado que reconoce el derecho de autonomía a los pueblos indígenas es el Estado Plurinacional de Bolivia. Aunque en los hechos son apenas tres pueblos que ejercen dicho derecho. Nicaragua y Panamá, en los casos de los pueblos Misquito y Cuna, reconocen dicho derecho (sin mayor autonomía judicial, ni administrativa) fruto de las presiones interesadas del gobierno inglés y norteamericano, respectivamente.

En el resto de las repúblicas criollas latinoamericanas, los pueblos indígenas aún subsisten como siervos tutelados, sin derechos, ni oportunidades. México, Perú, Ecuador, Brasil, Guatemala, países con decenas de pueblos indígenas, aún le tienen miedo a la idea de plurinacionalidad o al derecho de la autonomía de los pueblos, como si fuese una peste letal en contra de la ilusa unidad nacional que jamás tuvieron.

jueves, 4 de abril de 2019

El victimismo y el folclorismo postergan las luchas indígenas


Por Ollantay Itzamná*
Cuando observamos los empinados caminos de los pueblos indígenas en países con poblaciones mayoritariamente indígenas, como Bolivia y Guatemala, constatamos que los siglos de historias de sufrimientos son muy similares. Incluso bajo el colonialismo interno de estados republicanos bicentenarios.
Pero, la actitud y las inconclusas historias emancipatorias emprendidas por dichos pueblos son diferentes en estos dos países. Los pueblos andino amazónico de Bolivia avanzan en el ejercicio y defensa de sus derechos sociopolíticos y económicos, mientras en Guatemala, en buena medida, los pueblos indígenas aún no logran dar el salto de los derechos culturales (culturalismo) hacia el ejercicio de los derechos políticos (para disputar y ejercer poder).
Los pueblos andino amazónico de Bolivia avanzan en el ejercicio y defensa de sus derechos sociopolíticos y económicos, mientras en Guatemala, en buena medida, los pueblos indígenas aún no logran dar el salto de los derechos culturales...
La explicación de intelectuales indígenas y no indígenas sobre este atasco culturalista es: hay miedo en los pueblos indígenas, fruto de la guerra interna, para transitar hacia los derechos políticos. Aunque, en los hechos, en las comunidades indígenas en resistencia se constata todo, menos miedo.
¿Por qué los pueblos indígenas de Bolivia dieron saltos significativos en sus agendas emancipatorias, y en Guatemala aún no ocurre ello?

Rol de la memoria histórica de las luchas

En Bolivia, el siglo XVIII estuvo encumbrado por la rebelión encabezada de la pareja legendaria de Túpac Katari-Bartolina Sisa; el siglo XIX, con Zárate Villka, y continuas sublevaciones indígenas; el siglo XX, con el movimiento indianista/katarista (que sistematizó y socializó la agenda política indígena); el siglo XXI con el movimiento indígena-campesino que construye el Estado Plurinacional.
En Guatemala, no están registradas o debidamente registradas las revueltas o sublevaciones indígenas en la historia. Las luchas del pueblo quiché, mam, q’echí… son prácticamente desconocidas.
Aunque, sí existe, en Guatemala, literatura sobre la dimensión cultural de los sucesos históricos (sobre todo antropología rescatista o culturalista). Estos esfuerzos de investigaciones culturalistas fueron o son financiados, en buena medida, por cooperación internacional (como la USAID) o universidades privadas como la Universidad del Valle (con una intencionalidad política definida).

Rol del “academisismo” indígena

Para inicios del presente siglo, la población indígena en Bolivia estaba absolutamente excluida de la academia. Por eso, en un foro continental, en la ciudad de Antigua, Guatemala, una quechua boliviana, hace algunos años atrás, desafiaba a indígenas guatemaltecos en los siguientes términos: Nosotras, sin títulos universitarios, hicimos los cambios en Bolivia. Aquí en Guatemala Uds. tiene bastantes profesionales indígenas…”. Y, efectivamente, en Guatemala hay más cantidad de indígenas profesionales que en Bolivia
Pero, por las condiciones coloniales, el o la indígena, cuanto más títulos o grados académicos posee, más doctrinero/a de la colonización se vuelve. En Guatemala existen muchos profesionales indígenas, pero, en su mayoría, desterritorializados y “despolitizados”, compitiendo entre sí por ventanillas en el Estado etnofágico y/o en la cooperación u ONG “apolíticos”. A ellos/as, casi nunca se los mira ni en las calles, ni en las comunidades ejerciendo el derecho a la resistencia creativa, junto a los suyos.
Por eso, mientras profesionales indígenas ejecutan proyectos sobre derechos culturales, los pueblos y comunidades indígenas debaten y plantean restitución de sus territorios, autodeterminación, Estado Plurinacional, proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional.
En buena cuenta, el culturalismo y la victimización son más rentables económicamente para muchos/as indígenas graduadas y posgraduadas que impulsar procesos de cambios estructurales y profundos en el país.

Rol de la cooperación internacional culturalista y apolítica

Los Acuerdos de Paz cultivó la proliferación de ONG, becas de estudio para indígenas, etc. Pero, todo estaba orientado al culturalismo o al afianzamiento del libre mercado. Consecuencia de ello tenemos ingentes cantidades de ONG indígena o no, aún ejecutando proyectos centrados exclusivamente en “derechos culturales”. Nunca para el ejercicio de derechos políticos (porque las ONG y sus profesionales tienen que ser apolíticos)
Las agencias de cooperación, las ONG, las universidades privadas y el Estado cooptaron, casi en su totalidad a los profesionales indígenas. Y lo más difícil, grandes sectores del mundo indígena aún cree que los profesionales son portadores de verdad y benignidad para los pueblos. Así, el colonialismo interno estatal ya no requiere de doctrineros mestizos para controlar a los pueblos indígenas.
Bolivia tuvo la dicha de no tener Acuerdos de Paz, ni contar con cooperación en las dimensiones que Guatemala tuvo. El Bolivia, el sistema neoliberal se impuso, sin el aceite de los Acuerdos de Paz, y los pueblos indígenas se sublevaron sin mayores distracciones culturalistas.

Rol del pentecostalismo indigenista

Guatemala aventaja a Bolivia, no sólo en la megadiversidad de trajes e idiomas indígenas, sino también en la cantidad de “guías espirituales”. Pero, estos guías, en su gran mayoría, también son “apolíticos”. Únicamente se ocupan de la dimensión espiritual de la realidad. Espiritualismo, en otros términos.
En Bolivia, los yatires (sacerdotes andinos, en aymara) para ejercer su labor no requieren de la credencial oficial emitida por el Estado. En Guatemala, sí. Por eso, en Bolivia, en las protestas y movilizaciones indígenas casi nunca faltan ceremonias performativas y ofrendas a la Madre Tierra (también como signo de protesta o celebración). En Guatemala, el espiritualismo o pentecostalismo apolítico permea a indígenas y cristianos casi por igual.
Aquí o allá, sin una espiritualidad y mística transformadora, cualquier intento de cambios profundos será siempre más difícil.
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*Ollantay Itzamná es defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos, https://ollantayitzamna.wordpress.com/ - twiter: @JubenalQ

Fuente:

viernes, 11 de agosto de 2017

¿Hacia dónde vamos los pueblos indígenas en Abya Yala?

Imagen: CDN-pro.elsalvador.com
Por Ollantay Itzamná

9 de agosto, 2017.- A una década de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos, y a casi tres décadas de la aprobación del Convenio 169º de la OIT sobre el tema, el 9 de agosto (Día Internacional de los Pueblos Indígenas), es ocasión para reflexionar hacia dónde vamos los pueblos indígenas en América Latina.

Los diferentes derechos colectivos e individuales de los pueblos indígenas (derecho a la autodeterminación, a tierra y territorio, a la consulta previa y libre, a la identidad cultural, etc.) ya tienen mayoría de edad como normas jurídicas vigentes a nivel internacional y nacional.

Pero, las condiciones de vida y oportunidades no han mejorado para la gran mayoría de los pueblos indígenas. Los informes oficiales sobre condiciones de vida, tanto de entidades nacionales, como internacionales, en la región, muestran signos positivos a nivel global. Pero, en los diferentes países de la región, las poblaciones indígenas continúan con un promedio de 70 u 80% de empobrecimiento.

Es más, en países con mayoría demográfica indígena como Guatemala, Perú o Bolivia, las familias indígenas, en la actualidad, subsisten en peores condiciones que en épocas de la Colonia (cuando por lo menos tenían acceso a tierra-agua y disponibilidad de fuentes de vida). Ni hablar de las condiciones laborales de neoesclavitudes en las que jornalean en los monocultivos agrícolas de la región
¿Qué pasó con los derechos declarados entonces?

Los derechos declarados, mientras no haya sujetos que la ejerza y defiendan, y autoridades que garantice su cumplimiento, no cambia casi en nada la realidad cotidiana de los pueblos.

Si bien, en los últimos años, la autodefinición de personas como indígenas cobró fuerza en segmentos demográficos crecientes de países multiculturales, en especial. Sin embargo, esa conciencia identitaria no necesariamente significó una clara conciencia política de “ser indígena” en países racializados. Y, en consecuencia, la emotiva autodefinición de las personas como indígenas no necesariamente implicó el ejercicio individual y/o colectivo de los derechos sociopolíticos indígenas. Somos sujetos “culturales” sí, pero aún siervos “apolíticos”.

A nivel general, en países multiculturales como Guatemala o Perú, la “lucha” de la gran mayoría de actores indígenas no ha superado el culturalismo folclórico “apolítico”. Permitido y aceptado por el hegemónico sistema neoliberal.

Peor aún, en países como Perú, los aborígenes no se autodefinen como indígenas, sino como campesinos (una categoría social ideológicamente construida para implantar el mestizaje rural).

En países como Bolivia, Ecuador, México, algunos movimientos indígenas y/o núcleos organizados con conciencia política están o han dado saltos significativos del ejercicio de los derechos culturales al ejercicio de los derechos sociopolíticos. Pero, incluso en dichos países los resultados evidentes para cambiar las condiciones de colonialidad y de dominación de los pueblos indígenas son aún insipientes.

En países como Nicaragua o Bolivia, los actuales gobiernos progresistas han logrado titular grandes extensiones de tierras para indígenas, bajo propiedad colectiva. Es más, en el caso de Nicaragua, el 33% del total del territorio nacional está legalmente reconocida como territorio autónomo indígena (con tierras tituladas), con sistemas de autogobierno propio. Pero, justamente son estas zonas autonómicas las más empobrecidas y marginadas del país. Entonces, al parecer, las autonomías indígenas tampoco son panaceas per se, para avanzar hacia el Buen Vivir.

Los derechos individuales y colectivos para las y los indígenas están reconocidos y declarados. Pero, hace falta que las y los indígenas organizados o no, demos el salto de la cómoda autodefinición indígena (que incluso nos da algunos privilegios en un mundo amante de lo exótico) hacia el ejercicio de los derechos sociopolíticos indígenas, de manera coherente.

Los bicentenarios estados criollos o mestizos no van a implementar más leyes a favor de pueblos indígenas. Es más, como en el caso de Guatemala o Perú, el derecho a la consulta previa, ya fue manipulado para que las comunidades digan sí a las empresas (pero son pocos los indígenas que protestan).


Transitar del culturalismo al ejercicio de derechos políticos implica constituirnos en sujetos políticos para repensar los estados racistas y construir nuevos estados para todos/as. Estados plurinacionales lo llaman. 

Transitar del culturalismo al ejercicio de derechos políticos implica constituirnos en sujetos políticos para repensar los estados racistas y construir nuevos estados para todos/as. Estados plurinacionales lo llaman.

Esto implica que los movimientos y pueblos indígenas construyamos nuestros propios instrumentos políticos (organización política) incluyentes para disputar el poder electoralmente a los poderes oficiales, e impulsar procesos de asambleas constituyentes plurinacionales. Pero, con métodos y contenidos que superen el individualismo metodológico y el capitalismo suicida.

Los derechos de los pueblos indígenas tiene que ser el fundamento, argumento y horizonte que haga realidad las postergadas transformaciones estructurales en beneficio de los pueblos. No puede ser únicamente el vehículo discursivo o laboral para el ascenso socioeconómico de unos pocos indígenas. Y, en esto, la responsabilidad mayor lo tenemos las y los indígenas que fuimos formados o malformados en la academia occidental, y todos cuantos ocupan responsabilidades en las academias y en las ventanillas de los estados y de la cooperación internacional.

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*Ollantay Itzamná es indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace más de 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir se conozcan.

Fuente: Servindi

viernes, 14 de octubre de 2016

¿Qué nos legó Occidente en su intento de globalización colonizadora?

Imagen: http://slideplayer.it/slide/1784796/


Por Ollantay Itzamná*

La condición de colonialidad no sólo configura en el colonizado la idealización “natural” del color, sentir, hacer y pensar del colonizador, sino que instala dispositivos nefastos en las estructuras psicológicas más profundas del primero que irremediablemente lo convierten en un ser creyente que diviniza al segundo.

Por tanto, para él o la colonizada, las condiciones de subordinación/despojo no sólo son vistas como “realidades normales”, sino que son asumidas con gratitud como una “benevolencia” del colonizador.

Quizás por ello, no es común preguntarse sobre la benignidad del histórico legado colonial permanente que comenzó hace 524 años, en Abya Yala.


¿Qué nos legó Occidente en su intento de globalización colonizadora?

En lo filosófico. Estableció la supremacía de la idea de UNIDAD (uno, indivisible) sobre el sentido filosófico de la DIVERSIDAD en interrelación que regía a los pueblos.

Así, se instaló la violenta aniquilación de los OTROS/AS como el único estilo civilizatorio para el “progreso” de la humanidad. Esta filosofía del UNO, que irremediablemente condena a los OTROS diversos en enemigos, ha devastado no sólo la diversidad cultural/civilizatoria, sino a la vida misma en sus diversas expresiones.

En lo antropológico. Instaló el antropocentrismo y el individualismo sobre la conciencia/acción ecológica y colectiva/comunitaria, que regía a los pueblos. Ahora, la preeminencia del individuo sobre lo colectivo es uno de los males matriciales de las sociedades en descomposición violenta.

Y, la falsa supremacía de lo humano sobre el resto de las especies (antropocentrismo) es la causa de la devastación de nuestra Madre Tierra. Al límite de convertir a la humanidad en el único animal que promueve como una virtud la destrucción de su única casa.

En lo epistemológico. Instauró el fraccionamiento/desintegración como el único método de construcción del conocimiento, ligado al binarismo suicida de sujeto-objeto, y a la demencial razón lineal.

Destruyó los métodos holísticos/complejos que practicaban nuestros abuelos para interactuar y conocer en y con las realidades (donde todos eran actores transformadores).

Como consecuencia, en la actualidad, el mundo está abarrotado de profesionales (hiperespecializados, sin conciencia Tierra) sin sensibilidad con la crítica situación del Planeta herido de muerte.

En lo social. La instalación del individualismo, la competencia, el liderazgo, etc., como valores sociales supremos, demolió los nervios vitales de los tejidos sociales ancestrales.

En el trabajo, en la familia, en los centros de formación, desaparecieron la cooperación y el sentido comunitario para alcanzar el bienestar colectivo que dinamizaban la cotidianidad de las civilizaciones y pueblos.

La colonización convirtió a las sociedades, no sólo en espacios de riesgo, sino en sociedades asesinas/suicidas que promueven/premian la muerte (aniquilación del otro/a) como virtud suprema.

En lo espiritual. La superstición racista en el desconocido Dios blanco implantado por la colonización permanente logró anular la capacidad de pensamiento en los creyentes colonizados.

Gracias a esta superstición en el Dios único (con fenotipo del colonizador) se instauró la perversa filosofía de la UNIDAD (sobre la diversidad) y la perspectiva letal del antropocentrismo (sobre cosmocentrismos).

Nos hicieron creer que nuestra Madre Tierra era una cárcel pecaminosa de la que debíamos liberarnos (abandonándola para que ellos la despojasen). Que nuestro destino/premio estaba en el lejano cielo.

Así, nos convirtieron en somnolientos creyentes adictos que reverenciamos el despojo sufrido y al devastador. Casi el 100 por ciento de latinoamericanos somos bautizados, desde hace más de cinco siglos, ¿mejoró o endureció nuestras condiciones de vida con el monoteísmo?

En lo económico. Los buscadores del metal “precioso” lograron centralizar todo proceso de intercambio comercial en el dinero. El dinero se convirtió en la única medida de todo.

Así, sin importar los medios, se instaló el capitalismo (dinerismo) a costa de los bienes y vida de los pueblos, y del tejido vital de nuestra Madre Tierra. Jamás hubo tanto dinero, ni riqueza, en el Planeta como ahora, pero tampoco tanta miseria e incertidumbre existencial generalizada de la humanidad como en la actualidad.

En lo político. Los enviados por el aún desconocido Dios de los cielos destruyeron las estructuras organizativas de los pueblos vigentes, e instauraron su sistema de gobierno teocrático. Luego impusieron su sistema de democracia pigmentocrático blancoide. ¿Lograron construir sistemas de gobernanza o estados con ese sistema de su democracia cleptómana?

La democracia representativa, y sus fallidos proyectos de Estado nación, ¿lograron crear condiciones de calidad de vida para los pueblos? Sí nos marcaron a todos con gentilicios nacionalistas (ecuatoriano, mexicano, hondureño), pero incluso como cristianos con nacionalidad estamos mucho peor que hace cinco siglos atrás.

La idea no es repudiar al foráneo y sus aportes, ni idílicamente soñar con hacer retroceder las historias.


Después de cinco siglos de la farsa del monoteísmo cristiano, y del engaño bicentenario de la ciudadanía ligada a los nacionalismos, es momento de comenzar a sospechar del por qué, a pesar de tantas promesas y sacrificios, estamos peor que antes. 

Después de cinco siglos de la farsa del monoteísmo cristiano, y del engaño bicentenario de la ciudadanía ligada a los nacionalismos, es momento de comenzar a sospechar del por qué, a pesar de tantas promesas y sacrificios, estamos peor que antes.

Es tiempo de pensar con nuestro propio corazón, sentir con nuestra propia piel, hacer con nuestras propias manos, caminar sobre nuestros pies, pero siempre juntos como pueblos sin fronteras.

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*Ollantay Itzamná es indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace más de 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir se conozcan.

Fuente: Servindi

martes, 15 de marzo de 2016

Indígenas y campesinos en resistencia crean su propio instrumento político.


Por Ollantay Itzamná*

15 de marzo, 2016.- El 12 y 13 de marzo pasado, en el Municipio de Santo Domingo, Departamento de Suchitepéquez, a 170 Km al Sureste de la ciudad Capital de Guatemala, cerca de 1300 defensores/as, delegas de 580 comunidades en resistencia articuladas en el Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), provenientes de 98 municipios, de 18 departamentos del país, realizaron su asamblea ordinaria para deliberar sobre el proceso constituyente popular plurinacional, la creación o no de un instrumento político propio y la renovación de su junta directiva nacional.

¿Dónde se realizó la asamblea?

Indígenas mayas (provenientes de los 22 pueblos), xincas y empobrecidos campesinos mestizos, con la presencia de una delegación mixta de capitalinos (autodenominados CODECA urbana), luego de varias horas de viaje arribaron, con sus petates, platos, tazas y cucharas, al cacaotal (predio rústico) donde se llevó acabo la asamblea.

Este pequeño predio rural fue adquirido en su totalidad recientemente con el aporte económico de la mayoría de las comunidades. Cuenta con una galera (tinglado) pequeña y pozo séptico (hecho por los mismos comunitarios). 

Allí, bajo los árboles del cacao, rodeados en su totalidad por el monocultivo criminal de la caña de azúcar, las delegadas/os pusieron en común las esperanzas e ideas que traían consigo desde sus comunidades. Sin cámaras de televisión, ni periodistas. Salvo la honrosa excepción de la transmisión por las radios emisoras de la Federación Guatemalteca de Escuelas Radiofónicas (FEGER), deliberaron, concertaron y celebraron.

Como ya es costumbre en esta organización, cada comunidad cubrió los gastos de transporte y alimentación en el trayecto de sus delegados/as.

¿A qué acuerdos y compromisos arribaron?

Las y los delegados de las comunidades, si bien ya traían los acuerdos consensuados desde sus comunidades, en la asamblea se reunieron por departamentos, y por unanimidad expusieron y decidieron proseguir con la construcción del proceso constituyente en base a los contenidos construidos y socializados desde CODECA.(1)

Para impulsar el proceso de la Asamblea Constituyente Popular Plurinacional decidieron crear un instrumento político propio bajo el control de los movimientos sociales para disputar el poder a los ricos en los procesos electorales, y así posibilitar, en su momento, la realización de la Asamblea Constituyente para la concertación de la nueva Constitución Política. El instrumento político, de ser inscrito en el Tribunal Supremo Electoral, se llamará Movimiento Político para la Liberación de los Pueblos

¿Por qué le apuestan al proceso de una Asamblea Constituyente Popular Plurinacional?

La indígena maya mam, Telma Cabrera, Presidenta de CODECA, graficó en su intervención inaugural las razones del por qué del proceso constituyente, en los siguiente términos:

“Nosotras y nosotros indígenas y campesinos en Guatemala, nunca hemos tenido Estado. Nunca hemos tenido una casa común construida por nosotros mismos. Ahora, Guatemala (Estado) se cae a pedazos (…) Por eso, desde nuestra humildad estamos dispuestos a construir una Casa común y verdadera entre todos y para todos. (…) Aunque truene, llueva o relampaguee, nosotros, cada uno de nosotros y nosotras, vamos a construir la nueva Guatemala”.

Históricamente, en Guatemala las nueve asambleas constituyentes para la redacción de otras tantas constituciones políticas del país nuca tomaron en cuenta la participación de los sectores excluidos, mucho menos de indígenas y campesinos. Y es más, el Estado ladino emergente de esas constituciones políticas fue y es esencialmente racista, elitista y colonialista con los pueblos. Y, ese Estado bicentenario, en la actualidad, está tocando fondo en sus contradicciones internas infiltrado por el crimen organizado, la corrupción y la injerencia norteamericana.

Por eso, desde la Guatemala profunda, la reserva moral y espiritual del país (indígenas y campesino) está dispuesta a recorrer el postergado camino de la dignidad y de la soberanía que los “ciudadanos plenos” (mestizos), académicos e incluso los revolucionario neoliberales de izquierda le rehúyen.

¿Por qué optan por crear un propio instrumento político?

En los 195 años de vida republicana de Guatemala, los pueblos indígenas y los campesinos jamás tuvieron una organización política propia. Los esfuerzos como el partido político de los trabajadores que nucleó la década de la primavera revolucionaria (1944-1954) jamás asumieron a indígenas y campesinos como sujetos políticos, mucho menos sus agendas históricamente postergadas.

Los actuales reducidos partidos políticos de izquierda tradicional como WINAQ, URNG, Convergencia (ANN), no representan los intereses, ni las agendas de los movimientos sociales como CODECA. Es más, esta izquierda tradicional y neoliberal está en contra del despertar político de los pueblos indígenas y campesinos.

Por eso las comunidades en resistencia emprenden el camino de la resistencia al poder mediante un instrumento político propio.

¿Qué lecciones y aprendizajes deja esta asamblea histórica?

Las y los explotados y despojados por la colonia europea y la actual colonia estatal republicana, desde sus cenizas son capaces de levantarse, aglutinarse y construir caminos libertarios alrededor de una demanda común (el camino constituyente plurinacional), incluso en el corazón mismo de la prepotencia de los monocultivos (cercados por los cuatro lados por la mortal caña de azúcar).

Lo que la clase media, profesionales, citadinos, ni izquierda neoliberal, no está dispuesta a hacer por el país, indígenas y campesinos criminalizados y en resistencia están dispuestos a hacerlo para el bienestar de todos.

El empobrecimiento económico o la exclusión cultural/escolar no es un método eficiente para mantener postrado y callado a los pueblos excluidos. Sin mayor cooperación internacional. Fuera de la ciudad principal de las ONGs (Guatemala ciudad), indígenas y campesinos de CODECA hacen historia para correr tras sus añoranzas libertarias.

Así como son muy pocas las veces que presenciamos el momento precio en el que la semilla sembrada rompe la tierra y se yergue como nueva planta sobre el suelo fecundo, así también son contadas las oportunidades que la historia nos permite observar el instante histórico y geográfico en el que las acumuladas luchas sociales (sembradas y regadas con sangre de mártires) se transforman en conciencia sociopolítica expresada y consensuada en asambleas multitudinaria y festiva. Y, fue esto lo que ocurrió y vimos en la multitudinaria asamblea deliberativa de CODECA.
Nota:

(1) Véase propuesta de proceso constituyente y contenidos para la nueva Constitución Política de Guatemala desde CODECA. https://drive.google.com/file/d/0B5Q4zSjn89zsMEc3ZVgya0V4MTQ/view?usp=sharing

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*Ollantay Itzamná es indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace más de 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir se conozcan.

Fuente: Servindi

domingo, 27 de diciembre de 2015

Por qué me niego a celebrar Navidad.


Si en el siglo III, Aureliano estableció el 25 de diciembre como fiesta de Natalis Solis Invicti; en la segunda mitad del siglo XX, el señor Mercado (con la complicidad de las iglesias) instauró el 25 de diciembre como la celebración demencial de la consumopatia global, en nombre de Dios.

Por Ollantay Itzamná*

26 de diciembre, 2015.- Por varios años creí ciegamente que cada 25 de diciembre nacía Dios-con-nosotros (Emanuel) para salvar a la humanidad de su perdición.

De un tiempo a esta parte, las contrastantes realidades me inquietaron a sospechar de las verdades/creencias aprehendidas como doctrinas. Puse en “riesgo” mis seguridades existenciales, y comencé a ensayar preguntas sobre mis “verdades constitutivas”, y fue así que la duda me abrió los horizontes.

Por alguna razón trascendental nadie sabe cuándo nació el hombre más importante para el mundo occidental cristiano

No existe fundamento bíblico, ni doctrina teológica con fundamento histórico, que evidencie que ese tal Jesús de Nazaret haya nacido un 25 de diciembre.

Los Evangelios hablan de “pastores en el campo recibiendo al Redentor”. Y, entre los hebreos, los pastores migraban con sus rebaños al campo, buscando pasto, en la temporada de ausencia de lluvia (entre agosto y octubre). En el mes de diciembre, los pastores cuidaban sus ovejas alrededor de sus casas, porque ya la lluvia estaba (y no necesitaban pernoctar en el campo). Por tanto, Jesús de Nazaret no pudo haber nacido en diciembre.

Fue el Emperador Aureliano, el año 274 d.C., quien decretó en Roma el festival del 25 de diciembre para celebrar el natalis solis invicti(nacimiento del Sol Invencible), al finalizar las famosas fiestas deSaturnalia (en honor al Dios Saturno).

Casi en todas las civilizaciones, en los momentos picos de invierno (mayor alejamiento del calor solar), se hacían fiestas religiosas para “rogar” el pronto retorno del Sol a la tierra. Por ejemplo, en Roma se celebraba el 25 de diciembre la Navidad de Mitrá, Dios del fuego, una divinidad de origen iraní.

Pero, el ambicioso Emperador Constantino (luego de convertir el cristianismo en religión oficial del Imperio Romano), el año 529 d.C., estableció el 25 de diciembre como fiesta cívica en honor al nacimiento de Cristo con la intensión a cohesionar a sus súbditos ya incómodos alrededor de esta fiesta simbólica, y así preservar el Imperio. Esta es la razón del porqué iglesias y teólogos callan sobre el origen histórico de la Navidad.

Me resisto a venerar a un niño “Dios” blanco y macho en un mundo racista y machista

El 25 de diciembre, en todos los pesebres se colocan y adoran estatuillas de niñitos blancos, con ojos azules, nariz respingada, cabellos castaños y/o rizados. Ese mismo fenotipo tiene María y José. Puros europeos, convertidos en estatuas sagradas.

En vísperas a la Navidad, en las ciudades de Cusco o de La Paz, te ofrecen en compra-venta niños españoles, franceses, alemanes, cusqueños (blancos y cabellos rizados).

Estos niños, cuanto más blancos y revestidos de metales preciosos, son más venerados y apetecidos por empobrecidos y ricos (ignorantes sobre el fundamento de sus creencias). Es la materialización más grotesca de la prepotencia de la blanquitud sacralizada. De allí que el mal del racismo es tan invencible como el mal del machismo.

En estas condiciones, los pesebres navideños, en su gran mayoría reflejan-reproducen-sacralizan en racismo abominable que tanto daño ocasiona a la humanidad. Por eso me resisto a celebrar el nacimiento del Dios blanquito que instala en el inconsciente de colonizados/as la ilusa superioridad de la blanquitud.

Peores o iguales dudas me generan la adoración de un diosito macho-blanco en un mundo machista que se yergue sobre los pechos de las mujeres mancilladas.

Navidad es vanidad en un mundo carcomido por la desnutrición y empobrecido moralmente

Si en el siglo III, Aureliano estableció el 25 de diciembre como fiesta de Natalis Solis Invicti; en la segunda mitad del siglo XX, el señor Mercado (con la complicidad de las iglesias) instauró el 25 de diciembre como la celebración demencial de la consumopatia global, en nombre de Dios.

Mientras millones de niños/as carcomidos por la desnutrición sobreviven a otros miles de infantes muertos por hambre, durante esa misma Noche Buena, la “globalidad” de fieles creyentes en la Navidad y en el Mercado alardean de su capacidad de consumo/derroche a tope.

Casi nadie sabe el origen, ni la razón de ser, del árbol de Navidad, de las guirnaldas, del intercambio de los regalos, del Papá Noel que baja por las chimeneas. Casi nadie sabe dar razón del sentido del derroche de energía (luces por doquier) por estas fechas. Pero, todos celebran, compran, comen, beben, engordan. Luego, muchos corren a los gimnasios.

La Navidad no es sólo vanidad consumopática (ante la ilusión de millones de empobrecidos, también hermanos/as), sino también es una demencial fijación de gases contaminantes en la atmósfera.

Ciudades como DF (México), Cochabamba (Bolivia) o Tegucigalpa (Honduras) amanecen el 25 de diciembre oscurecidas por la quema irresponsable de juegos pirotécnicos en honor al nacimiento del Niño Dios. Y, todos/as no tienen más opción que fijar ese aire contaminado en sus pulmones.

Con esas acciones ecocidas se acelera aún más el ya devastado equilibrio de nuestra Madre Tierra. Todo en nombre de la Navidad, y en complicidad silenciosa de las iglesias y del mismísimo Niño Dios.

Los humanos somos los únicos seres delirantes del pluriverso que destruimos nuestra única casa en nombre de Dios. ¿Qué Dios o Diosa sano podría nacer en este contexto socioambiental?

Por estas y más razones me resisto a celebrar Navidad el 25 de diciembre. Cualquier día o noche es apto para re unirnos, re ligarnos, en familia-amistades y celebrar el reencuentro regenerador. No es necesario destruir aún más nuestra ya destruida única Casa Común en nombre de ningún ser sobrenatural.

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*Ollantay Itzamná es indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir se conozcan.

Fuente: Servindi

domingo, 6 de diciembre de 2015

Qué paradoja: Ellos dicen tener filosofía, nosotros únicamente cosmovisión.

Calendario maya, magnífico reloj de piedra

Por Ollantay Itzamná*

En la retórica de la intelectualidad se asume que los pueblos indígenas u originarios de Abya Yala, y del resto del mundo, tenemos únicamente cosmovisiones y Occidente tiene filosofía.

Es muy común oír a indígenas (profesionales o no) repetir con aires de orgullo sobre la cosmovisión de sus pueblos, como la máxima construcción intelectual y espiritual de sus ancestros. Pero, ¿sabrán para qué y quiénes acuñaron el concepto de cosmovisión? ¿Sabrán que al asumir/apropiarse de tal constructo “naturalizan” el racismo integral que tanto nos daña?

Según Dilthey, Schelling, Heidegger, Kierkegaard, Hegel, entre otros, la cosmovisión es la forma primaria (preteórica) de ordenar y explicar el mundo, hecho por un grupo cultural, sin mayor abstracción teórica. La filosofía, en cambio, es la explicación profunda y amplia de la realidad total. Es la abstracción teórica y metafísica para responder a las preguntas trascendentales que inquieta a la humanidad.

Por eso Heidegeer, a inicios del siglo XX, dirá: “La cosmovisión expone fenómenos ajenos a la filosofía”. Y en el mejor de los casos, la cosmovisión formaría parte del quehacer filosófico primario al intentar responder, de manera elemental/limitada, a las inquietudes humanas.

Está claro que la cosmovisión (según sus acuñadores) no tiene categoría de filosofía por ser un “esfuerzo” elemental. Es decir, los pueblos atrasados o inferiores tienen cosmovisión (visión casi mágica de su realidad). Los pueblos avanzados o superiores construyen filosofía (cuentan con la razón y la voluntad para teorizar y abstraer la realidad).

¿Por qué los alemanes acuñaron esta idea a finales del siglo XIX? En el fondo fue con la finalidad de justificar lo que Hegel y otros ya habían afirmado antes: “La supuesta superioridad mental, espiritual y cultural de ellos sobre el resto de los pueblos”. De allí se asume que ellos, por estar habitados por un espíritu humano superior, tienen filosofía, y el resto (pueblos inferiores/atrasados) tenemos únicamente cosmovisiones.

En las facultades de filosofía occidental se enseña que la sociogénesis de la filosofía se encuentra en los pueblos griegos del siglo IV aC. Estos pueblos de navegantes, rodeados de aguas marinas, registraron sus preguntas y respuestas a sus inquietudes existenciales (condicionados por su época, geografía y demás circunstancias), y los europeos los asumieron como la base de su civilización.

Desde entonces, la academia occidental, y cuantos se esfuerzan por ser reconocidos como académicos, divulgan las preguntas y respuestas de los griegos del siglo IV aC. como la única verdad filosófica universal, capaz de explicar y organizar la realidad.

Es importante indicar que en los escritos griegos, phylosophia (amor a la sabiduría) construida por comunidades, bajo la guía de sabios/as, tenía una perspectiva integral/holística sobre la realidad. Poesía, mitología, teogonía, matemática, astronomía, ética, política, metafísica, etc., constituían dicha filosofía.

Fue en el transcurso del tiempo que Europa seleccionó únicamente las “teorías abstractas” griegas como filosofía, y censuró el resto de los documentos como simple “literatura”. Allí nació la racionalidad lineal y fragmentaria, que luego dará origen a la “razón lineal” occidental. Es decir, a la filosofía como conocemos actualmente. Los griegos de aquel entonces jamás imaginaron en la universalización de su pensamiento.
Los pueblos indígenas tenemos filosofías, no cosmovisiones

Mayas, aztecas, chipchas, quechuas, aymaras, guaraníes, mapuches, etc., tenemos nuestras propias filosofías con las que comprendemos y explicamos nuestras realidades. Y, existen tantas filosofías como pueblos o civilización coexistimos en el planeta.

Quien asuma que existe una única filosofía (la occidental) y cosmovisiones, no hace más que externalizar el racismo mental y espiritual que lo habita. Y si algún aborigen o indomestizo asume el pensamiento/espiritualidad/ritualidad de sus ancestros como cosmovisión, por ignorancia o por mal formación, padece y reproduce la colonialidad del saber y del poder occidental.

Occidente intentó imponer su pensamiento como la filosofía universal. Y ese pensamiento moderno “superior”, en cuestión de tres siglos devastó y devasta la vida, sus ciclos, e incluso la capacidad regenerativa y autoclimatización de nuestra Madre Tierra.

Mientras esto ocurre, nosotros y los otros seguimos despreciando lo nuestro: Asumiendo que ellos tienen filosofía, nosotros sólo cosmovisión. Que ellos tienen arte, nosotros únicamente artesanía. Que ellos, religión, nosotros solamente creencias. Que ellos hablan idiomas, nosotros apenas lenguas. Que ellos, cultura, nosotros sólo tradiciones. Y así sigue y suman los desprecios semánticos “naturalizados”.

Fuente: Servindi

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Sur América: Congreso sobre comunalidad y el desprestigio de los gobiernos progresistas.


Por Ollantay Itzamná

3 de noviembre, 2015.- Entre el 26 y 29 de octubre reciente, cerca de 500 investigadores, académicos e intelectuales, provenientes de diferentes países, se congregaron en Puebla, México, convocados por cerca de una veintena de universidades y centros de investigación para compartir conocimientos sobre “Luchas y estrategias comunitarias: horizontes más allá del capital”, como bien resumía el lema del evento.

Dicho evento internacional sobre comunalidad (por su novedad en el debate de la academia latinoamericana) despertó bastante expectativa en la audiencia que conoció la convocatoria. Aunque desde el primer simposio inaugural, el descontrol emocional de la principal organizadora del Congreso, Raquel Gutiérrez (ante el cuestionamiento de John Holloway por las ausencias/ausentes en el programa oficial), evidenció la camisa de fuerza del cónclave académico.

Para “inquietar” el espíritu de las y los presentes en el evento, la investigadora boliviana, Silvia Rivera, una de las principales oradoras, fue contundente en anunciar su hallazgo científico al auditorio en pleno: “El hecho que hayan fracasado varios proyectos que tenían rostro indio como el boliviano, no nos exime de lo que está detrás. Estamos enfrentando una sistemática destrucción de lo común, (…). Una expropiación brutal de la voluntad colectiva por parte del Estado (refiriéndose al gobierno actual de Bolivia)”(1).

Así, intelectuales y académicos emprendieron a centrar sus hallazgos en “horizontes y resistencias comunitarias más allá de los gobiernos progresistas”. Incluso una de las mesas llevaba este título, donde el investigador boliviano Huáscar Salazar, junto a otros, reiteró sobre la actual “dictadura” estatal neocolonial de fachada progresista en Bolivia. Incluso “presentaron” algún libro sobre la actual dictadura en Bolivia.(2)

Sarela Paz, investigadora “independiente”, ex pareja de Álvaro García, actual Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, concluyó su intervención sobre ecología política denunciando la hipocresía socioambiental del actual gobierno boliviano que “coopta comunidades indígenas” y “promueve la destrucción de La Amazonía para la producción agroindustrial”.(3) Cuestionó, en ausencia, la “honestidad” del pensamiento de D. Harvey sobre la financiarización de la economía mundial y el capitalismo por desposesión.

Raquel Gutiérrez, quien a inicios del siglo pasó por Bolivia para “investigar” los entramados comunitarios de las luchas campesinas, en su exposición durante el I Congreso Internacional los Pueblos Indígenas de América Latina, siglos XIX-XXI, avances, perspectivas y retos, en Oaxaca, México, en octubre, 2013, intentó también instalar en el imaginario de su auditorio otra verdad científica: “Evo Morales está imponiendo la carretera por el TIPNIS para producir y transporta coca”.(4) Al igual que Sarela, u otros, ésta tampoco tenía argumentos racionales sobre “su verdad científica” más que su “posición académica” como expositora.

¿Qué buscan o qué agendas ejecutan estos y otros académicos aparentemente progresistas o ecoindigenistas? ¿Por qué hablan tan mal de los denominados gobiernos progresistas y callan sobre los violentos gobiernos neoliberales en curso? ¿Por qué organizan o utilizan “espacios internacionales” fuera de Bolivia o Ecuador o Venezuela para “desprestigiar” a estos pueblos y sus gobernantes? ¿Por qué atacan en nombre de la “comunalidad” a los pocos gobiernos que se atrevieron a poner en común (recuperar) los bienes naturales privatizado y callan sobre los violentos despojos territoriales emprendidos por gobiernos y corporaciones neoliberales?

Estos u otros investigadores que edulcoran sus narrativas con “novedades semánticas” como decolonialidad, interculturalidad, equidad de género, etc., con sus actos y conclusiones investigativas resultan produciendo y reproduciendo el racismo, machismo y colonialismo en las ciencias sociales. Y, asumiéndonos como idiotas a la audiencia.

Hablan de nosotros indígenas como si fuésemos rostros, apariencias. Mas nunca como sujetos que somos. Por eso dicen: “proyecto con rostro indio”. El núcleo central del proceso boliviano no es el hermano Evo Morales. Somos los pueblos indígenas y campesino nucleados alrededor de sueños compartidos y afirmados por nuestros logros indiscutibles en el camino.

Sus “léxicos científicos” les traicionan y evidencian su racismo colonial cuando se refieren a nosotros con su semántica caritativa de: “nuestros pueblos indígenas”. Hablan como escribanos criollos republicanos que son. Nosotros (pueblos) no somos de nadie, ni nadie es de nosotros.

Hablan de la comunalidad como propuesta hermenéutica o como “estilo de vida” cuando en los hechos están atrapados en el brutal individualismo metodológico que los lleva a sospechar de sus colegas y trepar cuesta arriba tras sus ideales papirocráticos. Casi ninguno de ellos/as convive en comunidad. Mucho menos en comunidades indígenas que discursivamente idealizan.

Por momentos aparecen como anticapitalistas. Por momentos, como ambientalistas o indigenistas. Dependiendo de la moda bibliográfica o circunstancias financieras. Pero, lo seguro es que no son ambientalistas para resistirse a los viajes internacionales, ni a sus estilos de vida urbana (nada amigable con nuestra Madre Tierra). Todos/as dependen del dinero.

Cuando presencio o veo “estrados” académicos con estos matices, casi siempre recuerdo lo leído sobre los nefastos episodios mediáticos que precedieron a los derrocamientos de los procesos revolucionarios de Guatemala (1954), Chile (1973) o Libia (2011). Derrotas ejecutadas desde adentro, utilizando la pluma y el exacerbado acervo de “cientistas sociales” progresistas o revolucionarios. Pero, lo más doloroso es el dolor que soportan estos y otros pueblos, incluso muchas décadas después de los sueños truncados, como es el caso de Guatemala.

Notas:




(4) Véase en el programa, el simposio 138. http://www.red-redial.net/doc_adj/5682-programa-extenso.pdf

Fuente: Servindi

domingo, 9 de agosto de 2015

Guatemala. Indígenas y campesinos movilizados en las ciudades bajo la consigna: ¡no a la corrupción! Sí a la refundación de la nación!.

Ollantay Itzamná

En momentos cuando la indignación movilizada en las ciudades parecía decrecer, y el aún Presidente de la República, Otto Pérez Molina (infestado con la corrupción y el repudio público), celebraba anunciando: “Cada vez son menos los que exigen mi renuncia”, indígenas y campesinos, junto a universitarios y algunos sindicalistas, inundaron nuevamente las ciudades principales del país exigiendo la renuncia y cárcel para el actual Gobierno “corrupto y asesino”, expresando el apoyo a la Comisión Internacional Contra la Impunidad de Guatemala (CICIG), pidiendo la postergación de las próximas elecciones nacionales, y pregonando el inicio del proceso constituyente popular plurinacional desde el interior del país.

Hoy, amanecimos a cinco kilómetros de la histórica ciudad kaqchikel de Sololá, en las proximidades del sagrado y mágico lago maya Atitlán. Allí, se congregaron varones, mujeres y jóvenes indígenas quichés, organizados en CODECA-CNOC, para iniciar su caminata pacífica, e ingresar al centro de la ciudad maya kaqchikel. En tiempos prehispánicos (siglo XV), esta acción no hubiese sido posible puesto que ambos pueblos mayas, según datos de cronistas de la época, estaban enemistados militarmente.

Lo cierto es que, ahora, a estos dos pueblos mayas, al igual que a los otros 20, les une el fatal destino adverso del empobrecimiento, saqueo, destrucción, discriminación, etc., por parte del Estado ladino y de los gobiernos de turno. Por eso, frente al permanente saqueo neoliberal en sus territorios, y el descarado despilfarro y robo de las arcas estatales, hoy, salieron en multitudes a protestar en 18 ciudades principales del país.

En el caso de las y los quichés de Sololá, la multitud ingresó casi meditabunda, oyendo las consignas y los mensajes irradiados desde el único equipo de sonido improvisado, en el idioma quiché, y por momentos en castellano. Muchos de ellos/as, salieron muy de temprano desde sus aldeas caminando, costeando sus pasajes para los buses. Algunos de ellos/as llegaron sin desayunar, y volverán a sus comunidades a almorzar por la tarde, llevando consigo el mensaje de haberse encontrado con miles de manifestantes que padecen la misma suerte, y corren tras los mismo sueños.

Pancartas y mantas, escritas en castellano, y con estilo propio, anunciaban las razones de la protesta. Sin técnicos, ni defensores, ni locutores foráneos, organizaron y realizaron la caminata y el plantón frente a la sede de la gobernación departamental, resguardada por agentes de la Policía Nacional Civil (PNC).

Don Pascual Emilio, micrófono en mano, mirando a los ojos de los agentes de la PNC les dijo en quiché: “Aunque Uds. se pongan colorados. Uds., junto a los militares masacraron a nuestros hermanos en Alaska (masacre indígena en Totonicapán, 2012). Ahora, estamos nuevamente aquí. (…) Dios nos ha dado un pensamiento a cada uno para defender nuestros derechos. Ya no tenemos miedo. Ahora, vamos por un proceso de una Asamblea Constituyente Popular Plurinacional para hacer valer nuestros derechos”. Y, en el rostro indígena de los agentes uniformados de negro se dibujó una sonrisa que inmediatamente se diluyó ante el lente de las cámaras.

Dña. Catarina Tzaj, otra indígena maya, se dirigió a la multitud de los manifestantes: “Nosotros estamos debajo de los ladinos. Ellos nos tratan como si fuéramos animales. Nos llevan de un lado para otro. Protestamos, sufrimos, pero no nos hacen caso. Hace 500 años nos engañaron con espejitos. Ahora, no tenemos ni tierra, ni frijoles, pero nuestros hijos exigen comida. Por eso exigimos la renuncia y cárcel para el Gobierno corrupto y ladrón”. Y todas las y los oradores fueron coreados desde la multitud: “No a la corrupción. Sí a la refundación de la nación”

Así transcurrió la jornada de la caminata y el platón pacífico maya quiché en la ciudad kaqchikel de Sololá, al igual que en el resto de las 17 ciudades del país.

Desde el Gobierno central, y en los medios corporativos y proempresariales de las ciudades, desde días anteriores se intentó desprestigiar y estigmatizar a esta movilización (al igual que a cualquier otra movilización social) como “peligrosa”, “conflictiva”, “violenta”, etc. Quizás con la finalidad de evitar la complicidad emergente entre indignados citadinos y rurales. Quizás porque por la ignorancia aún creen en la mítica leyenda colonial de “indios salvajes bajando de las montañas para saquear las ciudades blancas”. O quizás porque aún nos creen idiotas creyentes de sus mentiras veladas. Quién sabe. Lo cierto es que el repudio al sistema político y económico neoliberal crece cada día, y el rechazo a la realización de las próximas elecciones generales también.

ollantayitzamna@gmail.com

martes, 17 de marzo de 2015

Centroamérica: una región intoxicada por una servil creencia “cristiana”.


Por Ollantay Itzamná*

17 de marzo, 2015.- Hace unos días atrás, los cielos de Centroamérica fueron surcados por helicópteros estatales cargados de pastores, apóstoles y profetas “para orar y derramar bendiciones para la paz” sobre esta región violentada de América Latina.(1) En el caso hondureño, fue una iniciativa del gobierno de turno, quien, por momentos, funge más como predicador que como Presidente.(2)

Para quienes sabemos de teológica cristiana, con perspectiva histórica, observar el habitus cotidiano individual y social, en países como Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, despierta en nuestra memoria históricos recuerdos de la cristiandad de la Edad Media. Época en la que el ser humano se asumía como una oveja (animalito) de Dios. Donde se castigaba con el infierno a la razón/pensamiento, y se promovía la creencia y la obediencia cadavérica como virtudes máximas para el ascenso social. Época en la que se instalaba en el espíritu de las y los creyentes el sentimiento de culpa y la identidad de “siervos inútiles”, derrotados por el mal, incapaces de emprender por sí mismos proyectos hacia su plenitud. A esto se denominó la primera evangelización o inquisición (extirpación de la razón simbólica).

Desde la teología política, la cristiandad tenía un claro objetivo. Afianzar y estabilizar a perpetuidad un orden político teocrático. Es decir, ante la incapacidad de las y los creyentes de autogobernarse, Dios, en su infinita misericordia, elegía bondadosas familias poderosas (reyes cristianos) para gobernar a los pueblos. Estos, junto a los jerarcas religiosos, eran los representantes de Dios en la tierra. Por tanto, los súbditos cristianos creían y obedecían más a los gobernantes que al Dios desconocido.

En buena parte de América Latina, el modelo político de la cristiandad fue desvirtuado por las diferentes revoluciones liberales inconclusas. Las escuelas y los libros se impusieron sobre las iglesias y las biblias. Muchos súbditos dejaron de ser creyentes (obedientes resignados) al adquirir la cualidad de ciudadanía. Aunque la ciudadanía tampoco se universalizó por completo en la región.

En los países centroamericanos, con excepción de Costa Rica, los esfuerzos por universalizar la educación centrada en la razón, emprendida por los liberales, fue repelida con éxito, en diferentes momentos, por los conservadores católicos. Quienes una y otra vez instauraron la creencia sobre la razón a base de la gestión del miedo (al infierno) y el deseo (del paraíso celestial).

Así emergieron estas repúblicas bicentenarias, ahora, discursivamente democráticos, pero moral y espiritualmente castizos, racistas y clasistas. Con más súbditos creyentes que con ciudadanos pensantes. Habitados por una infinidad de tabúes (Dios, Estado, Ley, Biblia, etc.). Temerosos de interrogarse sobre el origen o la finalidad de estos y otros tótems. Aunque con honrosas excepciones.

Durante la segunda mitad del pasado siglo, el gobierno de los EEUU., para contrarrestar la cohesión social alrededor de ideas socialistas, en la región centroamericana, promovió y financió todo un almácigo de emotivas iglesias pentecostales que desactivaron el despertar ciudadano del momento. A esto se denominó la segunda evangelización o nueva inquisición (extirpación sangrienta del “comunismo”).

Militares criminales como Ríos Montt y Gustavo A. Martínez, de Guatemala y Honduras respectivamente, para fines terapéuticos y políticos crearon sectas pentecostales fundamentalistas. De esta manera, estas empresas religiosas lograron lo que ni los doctrineros, ni las dictaduras militares habían conseguido: adormecer a las grandes mayorías empobrecidas, convirtiéndolos casi en unos eternos pordioseros providencialistas.

Aquí, saber de memoria citas bíblicas no es sólo un elemento de ascenso o estatus social, sino también de oportunidades laborales. Sí, aunque Ud. no lo crea. Las entrevistas laborales, como las evaluaciones académicas, se valoran en función a la mención que se haga del Dios ausente. Como en la Edad Media, en los centros educativos se imparte clases de Biblia para formar la conciencia y la conducta sumisa, resignada y providencialista de los profesionales creyentes.

Las viviendas adquieren mayor categoría social si en sus paredes llevan inscritas citas bíblicas. Muchas mujeres, en sus bolsos, junto a la cartera casi vacía, llevan un ejemplar del Nuevo Testamento. Ciudades y pueblos de Honduras están ornamentadas con inmensos carteles de: “Honduras para Cristo”. En los pueblecitos empobrecidos, donde no existe ni escuelas, ni centros de salud, mucho menos libros, encuentras anuncios estridentes de: “Aquí se venden biblias”.

Los buses de transporte, calles, plazas públicas, frecuencias radiales y canales de la Tv están repletos de predicadores, apóstoles, profetas…, que Biblia en mano infunden: “La pobreza es el mejor regalo que Dios nos da para merecer después el Reino de Dios” “La enfermedad es una bendición de Dios” “Somos ovejas de Dios. Él nos quiere mansos y humildes…”

En las redes sociales se socializan más citas bíblicas, bendiciones, que derechos u oportunidades. ¡Hasta los noticiarios de la Tv, en Honduras, comienzan con lecturas bíblicas, o devocionales que llaman! La semana laboral se inicia y concluye con un devocional. Y, los fines de semana, las familias, con la Biblia bajo el brazo, pasean por las calles intercambiándose bendiciones entre sí.

Esta es la “cultura” cristiana compartida en la región. Cultura que es rentabilizada de sobre manera, no sólo por jerarcas religiosos para mantener a flote sus negocios, sino también por los gobernantes. Éstos, cuando pierden legitimidad social, recurren a ceremonias/teatros religiosos para legitimarse en Dios ante el pueblo creyente. Así, el gobernante “predicador” nuevamente es asimilado y aceptado por sus víctimas empobrecidos como el enviado del Dios ausente. Del mismo modo de cómo es amado el cura, pastor, obispo o cardenal que se concubina públicamente con el violento poder establecido.

En este contexto cultural, donde los fundamentos de la estructura social y psicológica de las personas están afianzadas en la creencia ciega, el trabajo de la concientización para el despertar de nuevos sujetos sociopolíticos continúa siendo un trabajo titánico casi estéril. No sé que sea más difícil: que una sociedad toxicómana (drogadicta) se desintoxique, o que los creyentes (“cristianos”) irreflexivos que esperan el “arrebato escatológico” se conviertan en ciudadanos corresponsables. No lo sé.
Notas:

(1) Programa televisivo HCH. En helicóptero, evangélicos inician oración por Centro América.http://hchtvdigital.com/v2/news/en-helicoptero-evangelicos-inician-oracion-por-centroamerica/

(2) Proceso Digital. En jornada de oración Presidente Hernández pide a Dios sabiduría para crear la nueva Honduras. http://www.proceso.hn/component/k2/item/90242-en-jornada-de-oraci%C3%B3n-presidente-hern%C3%A1ndez-pide-a-dios-sabidur%C3%ADa-para-crear-la-nueva-honduras.html
*Ollantay Itzamná, indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir “Solo nos dejen decir nuestra verdad”.

Fuente: Servindi

sábado, 3 de enero de 2015

¿Es el matrimonio tradicional indígena una forma de resistencia comunitaria?

Matrimonio en San Pedro la Laguna. Pintura de Rafael González y Gonzáles, 1990, 16″ x 20″. Collección de David Sedat.

- En los pueblos mayas, ¿se casan las personas o las familias?

Servindi 2 de enero, 2015.- A diferencia del matrimonio romano-cristiano donde los novios realizan un acto contractual individual en alianza con Dios la unión de pareja en el mundo indígena es un proceso de convivencia y compromiso comunitario. ¿Podría éste constituirse en un baluarte para cohesionar a las familias/sociedades guatemaltecas que, actualmente se desintegran ante la ausencia de un proyecto de vida comunitaria?

Tal es la interesante reflexión que propone el escritor y periodista quechua Ollantay Itzamná en un artículo donde reflexiona sobre el matrimonio tradicional en los pueblos mayas en los que no se casan solo los novios, sino que como proceso social involucra a las familias ampliadas de los novios, y a éstos entre sí.

“El éxito o el fracaso del proceso matrimonial no dependen sólo de los novios, sino de ambas familias ampliadas” apunta Ollantay analizando el caso de un matrimonio Maya Quiché del cual fue testigo.

Y es que al parecer, la finalidad del matrimonio no es la “realización” individual de las personas o la procreación, sino el afianzamiento de la cohesión comunitaria en base al consenso alcanzado y la palabra dada en comunidad.

“El proceso matrimonial maya no une o liga a personas, sino a familias. Dentro de este horizonte se concibe la plenitud de la vida en pareja y el proceso de la procreación”.

El matrimonio comunitario maya es pragmáticamente intercultural. Incorpora ritos externos como el matrimonio civil y el matrimonio religioso, ambos centrados en los individuos, para resignificar el sentido comunitario de la vida de pareja.

Ambos tienen sentido “pero dentro del horizonte del compromiso comunitario”.

Si bien observa el sentido “tremendamente patriarcal” del matrimonio maya que afianza la “subalternización” de la mujer también valora la “clandestinidad” del matrimonio maya que podría “resignificar” en los hechos la crisis moral y cultural que cada vez padecen más los matrimonios romano-cristianos.

Más aún, podría constituirse en un baluarte “para cohesionar a las familias/sociedades guatemaltecas que, ahora, se desintegran violentamente ante la ausencia de un proyecto de vida comunitaria”.

Lea a continuación el artículo completo de Ollantay Itzamná:
En los pueblos mayas, ¿se casan las personas o las familias?

Por Ollantay Itzamná*

De los rituales matrimoniales mayas precristiana casi no contamos con literatura. Algunos cronistas, huestes de los invasores, dejaron fluir entre sus narrativas descriptivas algunas referencias sobre los rituales “paganos” practicados en dichos pueblos.

Sin embargo, en la actualidad, observando los procesos matrimoniales comunitarios “clandestinos” en algunas comunidades indígenas, podemos trazar algunas características peculiares de los procesos matrimoniales mayas.

Lo que describiré a continuación es lo que presencié, a finales del 2014, en la costa sur de Guatemala, entre dos familias extensas de origen maya quiché.



La Pedida. Pintura de Matías Gonzalez Chavajay. 1999, 18″h. x 22″

Con canastos de panes y chocolates se realiza la invitación para el emplazo

Él y Ella se conocieron y se encantaron mutuamente. Luego de un tiempo de frecuentarse, Él pidió a sus padres que visitasen a la familia de Ella a “pedir a la chica”. Los padres del muchacho visitan a la familia de la muchacha, por la tarde/noche, con previo aviso, llevando consigo suficientes bebidas. Los padres de la joven aceptan la petición, y en la misma visita consensuan la fecha para el segundo acto del proceso del matrimonio, el emplazamiento.

Antes del acto del emplazamiento, que regularmente se celebra en el plazo de un mes, a partir del “pedido de la chica”, los padres del joven preparan varios canastos de panes y chocolates (6, 12 o más canastos, dependiendo de la capacidad económica), y las tías y hermanas mayores del muchacho llevan dichos regalos a los padres de la muchacha. Quienes, a su vez, distribuyen dichos presentes a sus parientes más cercanos anunciando e invitándoles al acto del emplazamiento. Simultáneamente, las hermanas del joven distribuyen panes y chocolates a sus parientes más cercanos invitándoles a dicho acto.
No son los novios quienes se casan, sino son las familias quienes se comprometen

El emplazamiento consiste en una reunión de las dos familias en la casa de los padres de la joven para formalizar la relación de los novios y la afinidad entre ambas familias. Lo realizan por la noche (en otras comunidades, por la madrugada).

Llegada la fecha fijada, los parientes más próximos del joven, se congregan, al atardecer, en la casa de los padres de éste para consensuar las propuestas que el testigo planteará a los padres de la joven en el acto del emplazamiento. Los puntos a consensuar en el emplazamiento son: ratificación de la relación de noviazgo de los jóvenes, la fecha para la celebración del matrimonio civil y religioso, el tipo de relación o trato entre ambas familias, y la frecuencia/modalidad de la visita del novio a la novia hasta el día del acto del matrimonio civil y religioso.

Así, precedidos por un anciano como testigo, los padres y parientes del joven visitan nuevamente a la familia de la joven, llevando consigo flores, candelas (velas) y abundante bebidas.

Ambas familias (abuelos, padres, tíos y hermanos/as mayores de los novios), alrededor de una mesa principal, adornada con flores e iluminada con candelas, representadas cada una por sus respectivos testigos, exponen y consensuan los acuerdos.

El diálogo es prácticamente una negociación diplomática entre los dos testigos sentados frente a frente, en presencia de toda la asamblea presente. Los parientes intervienen salvo cuando los testigos no logran ponerse de acuerdo. Los novios casi no intervienen porque ya expresaron sus voluntades en las reuniones familiares previas al acto del emplazamiento.

En el caso observado, el diálogo del emplazamiento se realizó en el idioma castellano porque los padres de la novia, también de origen maya quiché, no habla el idioma quiché. Lograron consensuar la fecha para la celebración del matrimonio en un plazo de 6 meses. Los padres y abuelos de los novios acordaron denominarse mutuamente como consuegros/as. También se acordó que el novio visitará a la novia todos los domingos temprano para llevarla a la misa dominical.

Si hay consenso favorable en la reunión del emplazamiento, entonces, los padres del novio, en el acto, invitan abundante cerveza, ron y refrescos a todos los presentes. Dejando en la mesa principal 12 o múltiplos de éste de todas las bebidas sin destapar para los padres de la novia. Simultáneamente los padres de la novia invitan comida a todos los presentes. Así, el emplazamiento se vuelve una fiesta alegre. Pero, los padres del novio, y su testigo, se retiran tan pronto como pueden de la fiesta, no sólo para cuidar su imagen de huéspedes concedidos, sino porque serán ellos los anfitriones en la fiesta central, el matrimonio.

El acto del matrimonio civil y religioso/católico es el tercer acto del proceso matrimonial en el mundo indomestizo maya. Transcurrido el plazo establecido en el emplazo, los padres del novio preparan una fiesta grande invitando a toda la familia ampliada. Luego del acto contractual y sacramental, la celebración matrimonial se convierte en una “demostración” del poder económico por parte de ambas familias. Regalos, comidas, bebidas y bailes se van turnando al ritmo de la marimba u orquesta. Este acto comunitario no dura semanas, como ocurre en algunas comunidades andinas, pero sí es una fiesta que otorga o fija estatus socioeconómico en las comunidades.
El matrimonio en las comunidades mayas no es un acto, sino un proceso comunitario

A diferencia del matrimonio romano (acto contractual entre novios) y cristiano (alianza con Dios), la unión de la pareja en el mundo maya es un proceso de convivencia y compromiso comunitario que involucra a las familias ampliadas de los novios, y a éstos entre sí. El éxito o el fracaso del proceso matrimonial no dependen sólo de los novios, sino de ambas familias ampliadas. Por eso los actores en los diferentes momentos del proceso matrimonial son los abuelos/as, los padres/madres, las tías/tíos, los hermanos/os mayores.

Al parecer, la finalidad del matrimonio no es la “realización” individual de las personas o la procreación, sino el afianzamiento de la cohesión comunitaria en base al consenso alcanzado y la palabra dada en comunidad. El proceso matrimonial maya no une o liga a personas, sino a familias. Dentro de este horizonte se concibe la plenitud de la vida en pareja y el proceso de la procreación.

El proceso matrimonial comunitario maya es pragmáticamente intercultural. Incorpora en dicho proceso ritos externos como el contrato romano (matrimonio civil) y la alianza cristiana (matrimonio religioso), ambos centrados en los individuos (novios), para resignificar el sentido comunitario de la vida de pareja. Tienen sentido el contrato y la alianza, pero dentro del horizonte del compromiso comunitario.

Este proceso matrimonial es tremendamente patriarcal, no sólo porque es el novio y su familia quienes toman la iniciativa de comenzar con el proceso, y “llevarse” consigo a la nueva esposa, sino porque actos como la “entrega de un chompipe (pavo) a los padres de la novia en ‘repuesto’ por la hija” evidencian que este proceso afianza la subalternización de la mujer en el mundo indígena maya.

Este proceso, especialmente en sus dos primeras etapas, aún continua siendo clandestino en el democrático Estado laico de Guatemala. Por eso se celebra de noche o en la madrugada. Pero, su “clandestinidad” también se debe a que muy poco o nada se ha escrito sobre este proceso matrimonial que podría no sólo resignificar, en los hechos, la esquizofrenia moral y cultural que cada vez más padecen los matrimonios romano-cristianos, sino también podría constituirse en un baluarte para cohesionar a las familias/sociedades guatemaltecas que, ahora, se desintegran violentamente ante la ausencia de un proyecto de vida comunitaria.

*Ollantay Itzamná, indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir “Solo nos dejen decir nuestra verdad”

Fuente: Servindi