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viernes, 14 de octubre de 2016

¿Qué nos legó Occidente en su intento de globalización colonizadora?

Imagen: http://slideplayer.it/slide/1784796/


Por Ollantay Itzamná*

La condición de colonialidad no sólo configura en el colonizado la idealización “natural” del color, sentir, hacer y pensar del colonizador, sino que instala dispositivos nefastos en las estructuras psicológicas más profundas del primero que irremediablemente lo convierten en un ser creyente que diviniza al segundo.

Por tanto, para él o la colonizada, las condiciones de subordinación/despojo no sólo son vistas como “realidades normales”, sino que son asumidas con gratitud como una “benevolencia” del colonizador.

Quizás por ello, no es común preguntarse sobre la benignidad del histórico legado colonial permanente que comenzó hace 524 años, en Abya Yala.


¿Qué nos legó Occidente en su intento de globalización colonizadora?

En lo filosófico. Estableció la supremacía de la idea de UNIDAD (uno, indivisible) sobre el sentido filosófico de la DIVERSIDAD en interrelación que regía a los pueblos.

Así, se instaló la violenta aniquilación de los OTROS/AS como el único estilo civilizatorio para el “progreso” de la humanidad. Esta filosofía del UNO, que irremediablemente condena a los OTROS diversos en enemigos, ha devastado no sólo la diversidad cultural/civilizatoria, sino a la vida misma en sus diversas expresiones.

En lo antropológico. Instaló el antropocentrismo y el individualismo sobre la conciencia/acción ecológica y colectiva/comunitaria, que regía a los pueblos. Ahora, la preeminencia del individuo sobre lo colectivo es uno de los males matriciales de las sociedades en descomposición violenta.

Y, la falsa supremacía de lo humano sobre el resto de las especies (antropocentrismo) es la causa de la devastación de nuestra Madre Tierra. Al límite de convertir a la humanidad en el único animal que promueve como una virtud la destrucción de su única casa.

En lo epistemológico. Instauró el fraccionamiento/desintegración como el único método de construcción del conocimiento, ligado al binarismo suicida de sujeto-objeto, y a la demencial razón lineal.

Destruyó los métodos holísticos/complejos que practicaban nuestros abuelos para interactuar y conocer en y con las realidades (donde todos eran actores transformadores).

Como consecuencia, en la actualidad, el mundo está abarrotado de profesionales (hiperespecializados, sin conciencia Tierra) sin sensibilidad con la crítica situación del Planeta herido de muerte.

En lo social. La instalación del individualismo, la competencia, el liderazgo, etc., como valores sociales supremos, demolió los nervios vitales de los tejidos sociales ancestrales.

En el trabajo, en la familia, en los centros de formación, desaparecieron la cooperación y el sentido comunitario para alcanzar el bienestar colectivo que dinamizaban la cotidianidad de las civilizaciones y pueblos.

La colonización convirtió a las sociedades, no sólo en espacios de riesgo, sino en sociedades asesinas/suicidas que promueven/premian la muerte (aniquilación del otro/a) como virtud suprema.

En lo espiritual. La superstición racista en el desconocido Dios blanco implantado por la colonización permanente logró anular la capacidad de pensamiento en los creyentes colonizados.

Gracias a esta superstición en el Dios único (con fenotipo del colonizador) se instauró la perversa filosofía de la UNIDAD (sobre la diversidad) y la perspectiva letal del antropocentrismo (sobre cosmocentrismos).

Nos hicieron creer que nuestra Madre Tierra era una cárcel pecaminosa de la que debíamos liberarnos (abandonándola para que ellos la despojasen). Que nuestro destino/premio estaba en el lejano cielo.

Así, nos convirtieron en somnolientos creyentes adictos que reverenciamos el despojo sufrido y al devastador. Casi el 100 por ciento de latinoamericanos somos bautizados, desde hace más de cinco siglos, ¿mejoró o endureció nuestras condiciones de vida con el monoteísmo?

En lo económico. Los buscadores del metal “precioso” lograron centralizar todo proceso de intercambio comercial en el dinero. El dinero se convirtió en la única medida de todo.

Así, sin importar los medios, se instaló el capitalismo (dinerismo) a costa de los bienes y vida de los pueblos, y del tejido vital de nuestra Madre Tierra. Jamás hubo tanto dinero, ni riqueza, en el Planeta como ahora, pero tampoco tanta miseria e incertidumbre existencial generalizada de la humanidad como en la actualidad.

En lo político. Los enviados por el aún desconocido Dios de los cielos destruyeron las estructuras organizativas de los pueblos vigentes, e instauraron su sistema de gobierno teocrático. Luego impusieron su sistema de democracia pigmentocrático blancoide. ¿Lograron construir sistemas de gobernanza o estados con ese sistema de su democracia cleptómana?

La democracia representativa, y sus fallidos proyectos de Estado nación, ¿lograron crear condiciones de calidad de vida para los pueblos? Sí nos marcaron a todos con gentilicios nacionalistas (ecuatoriano, mexicano, hondureño), pero incluso como cristianos con nacionalidad estamos mucho peor que hace cinco siglos atrás.

La idea no es repudiar al foráneo y sus aportes, ni idílicamente soñar con hacer retroceder las historias.


Después de cinco siglos de la farsa del monoteísmo cristiano, y del engaño bicentenario de la ciudadanía ligada a los nacionalismos, es momento de comenzar a sospechar del por qué, a pesar de tantas promesas y sacrificios, estamos peor que antes. 

Después de cinco siglos de la farsa del monoteísmo cristiano, y del engaño bicentenario de la ciudadanía ligada a los nacionalismos, es momento de comenzar a sospechar del por qué, a pesar de tantas promesas y sacrificios, estamos peor que antes.

Es tiempo de pensar con nuestro propio corazón, sentir con nuestra propia piel, hacer con nuestras propias manos, caminar sobre nuestros pies, pero siempre juntos como pueblos sin fronteras.

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*Ollantay Itzamná es indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace más de 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir se conozcan.

Fuente: Servindi

viernes, 1 de junio de 2012

Leo Boff: Reinventando la educación.



Muniz Sodré, profesor titular de la Universidad Federal de Río de Janeiro, es una persona que sabe mucho, pero lo singular de él es que piensa, como pocos, lo que sabe. El fruto de su pensar es un libro notable que acaba de salir: Reinventando la educación: diversidad, descolonización y redes (Vozes 2012).
En ese libro procura enfrentarse a los desafíos planteados a la pedagogía y a la educación que se derivan de los distintos tipos de saberes, de las nuevas tecnologías y de las transformaciones promovidas por el capitalismo. Todo esto a partir de nuestro lugar social que es el hemisferio sur, un día colonizado, que está pasando por un interesante proceso de neodescolonización y por un enfrentamiento con el debilitado neoeurocentrismo, hoy devastado por la crisis del euro.
Muniz Sodré analiza las distintas corrientes de la pedagogía y de la educación desde la paideia griega hasta el mercado mundial de la educación, que representa una burda concepción de la educación utilitarista, al transformar la escuela en una empresa y en una plaza de mercado al servicio de la dominación mundial.
Desenmascara los mecanismos de poder económico y político que se esconden detrás de expresiones que están en la boca de todos, como «sociedad del conocimiento o de la información». En otras palabras, el capitalismo-informacional-cognitivo constituye la nueva base de la acumulación del capital. Todo se ha vuelto capital: capital natural, capital humano, capital cultural, capital intelectual, capital social, capital simbólico, capital religioso… capital y más capital. Por detrás se oculta una monocultura del saber maquinal, expresado por la «economía del conocimiento» al servicio del mercado.
Hoy en día se ha planeado un tipo de educación que busca la formación de cuadros que prestan «servicios simbólico-analíticos», 
cuadros dotados de alta capacidad de inventar, de identificar problemas y de resolverlos. Esta educación distribuye conocimientos de la misma forma que una fábrica instala componentes en la línea de montaje.

De esta manera la educación pierde su carácter de formación. Cae bajo la crítica de Hannah Arendt que decía: se puede seguir aprendiendo hasta el fin de la vida sin educarse jamás. Educar implica aprender a conocer y hacer, pero sobre todo aprender a ser, a convivir y a cuidar. Implica construir sentidos de vida, saber tratar con la compleja condition humaine y definirse frente a los rumbos de la historia.
Lo que agrava todo el proceso educativo es el predominio del pensamiento único. Los norteamericanos viven de un mito y del «destino manifiesto». Imaginan que Dios les reservó un destino, el de ser el «nuevo pueblo escogido» para llevar al mundo su estilo, su modo de producir y consumir ilimitadamente, su tipo de democracia y sus valores del libre mercado. En nombre de esta excepcionalidad intervienen en el mundo entero, con guerras incluso, para garantizar su hegemonía imperial sobre todo el mundo.

Europa todavía no ha renunciado a su arrogancia. La Declaración de Bolonia de 1999 que reunió a 29 ministros de educación de toda Europa afirmaba que sólo ella podría producir un conocimiento universal, capaz de ofrecer a los ciudadanos las competencias necesarias para responder a los desafíos del nuevo milenio. Antes, la imaginada universalidad secundaba los derechos humanos y estaba presente en el propio cristianismo con su pretensión de ser la única religión verdadera. Ahora, la visión es de menor alcance, sólo Europa garantiza eficacia empresarial, competencias, habilidades y destrezas que realizarán la globalización de los negocios. La crisis económico financiera actual está volviendo ridícula esta pretensión. La mayoría de los países no saben cómo salir de la crisis que han creado. Prefieren lanzar a sociedades enteras al desempleo y la miseria para salvar el sistema financiero especulativo, cruel y sin piedad.
Muniz Sodré plantea en su libro estas cuestiones para la realidad brasileña con el fin de mostrar qué desafíos debe afrontar nuestra educación en los próximos años. Ha llegado el momento de asumirnos como pueblo libre y creativo y no un mero eco de la voz de los otros. Rescata los nombres de educadores que pensaron una educación adecuada a nuestras virtualidades, como Joaquim Nabuco, Anísio Teixeira y particularmente Paulo Freire. Darcy Ribeiro hablaba con entusiasmo de la reinvención de Brasil a partir de la riqueza del mestizaje entre todos los representantes de los 60 pueblos que vinieron a nuestro país.
La educación reinventada nos debe ayudar en la descolonización y la superación del pensamiento único, aprendiendo con las diversidades culturales y sacando provecho de las redes sociales. De este esfuerzo podrán nacer entre nosotros los primeros brotes de otro paradigma de civilización que tendrá como centralidad la vida, la humanidad y la Tierra, la que algunos llaman también civilización biocentrada.

Fuete: Koinonia
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