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martes, 26 de noviembre de 2013

La acción dialógica en el pensamiento de Paulo Freire.


Por Rodrigo Arce Rojas*

El pensamiento de Paulo Freire no solo es inspirador en el campo de la educación si no que también desarrolla a profundidad el valor del diálogo transformador. La acción dialógica desde la perspectiva de Freire es fundamental en la medida en que todavía subsiste en ciertos sectores de la población dudas sobre el valor del diálogo en contextos de asimetría, desigualdad e inequidad producto de su deslegitimación por diversas razones entre las que podemos mencionar: uso del diálogo como herramienta dilatoria, incumplimiento de acuerdos, acuerdos alcanzados bajo presión, entre otras.

La desvalorización del diálogo, aunado a una cultura confrontacional ha llevado a que ciertos sectores de la población conciban al diálogo como debilidad, como contubernio, como funcionales a los grupos de poder. A ello se suma una desconfianza estructural de todos contra todos, la débil gobernanza, la devaluación de la política y los políticos, entre otros factores. Por ello el legado de Paulo Freire resulta no solo vigente sino revitalizador respecto a los verdaderos alcances del diálogo.

Empecemos delimitando la conceptualización del diálogo desde la concepción de Freire. Para el autor el diálogo “refiere al encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos orientado a transformar la realidad”. Al incorporar la palabra solidaridad recupera el valor y la dignidad de todas las personas que se predisponen a entrar en comunión. Es una invitación para abrir la mente y el corazón a las razones de cada uno y entrar en un acto valiente de revisar tus creencias y tus posiciones, pero también es la búsqueda horizontal y fraternal para encontrar nuevos caminos que transitar. Transformar la realidad tiene un profundo sentido porque nos está diciendo que no se refiere a imponer una realidad sobre la otra sino de transformarnos mutuamente y encontrar una nueva realidad de sostenibilidad y justicia.

Ahora bien, este ideal de comunicación y de relacionamiento podría ser visto como la construcción de un discurso justificatorio para avalar las asimetrías. Nada más alejado de la realidad, puesto que en el proceso de transformación del diálogo se logra también la liberación de las ataduras que impiden reconocernos inclusivamente como parte de la misma humanidad. Por ello Freire delimita claramente lo que no es diálogo. Nos dice entonces que el diálogo:
No puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto en el otro.
No es un simple intercambio de ideas.
No es discusión guerrera entre dos sujetos que no aspiran a transformar el mundo y no buscan la verdad.
No puede ser un instrumento para conquistar al otro.

Por lo tanto, el autor nos plantea que no hay diálogo:
Si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres.
Si me creo autosuficiente, si no hay humildad.
Si no existe una intensa fe en los hombres, en su poder de hacer y rehacer; de crear y recrear.
Si mantengo la desesperanza.
Si no existe en los sujetos un pensar verdadero.

Freire se pregunta: ¿Cómo puedo dialogar…?
Si veo la ignorancia en el otro nunca en mí.
Si me veo diferente y virtuoso y subestimo al otro.
Si me siento parte del grupo de elegidos que tienen la verdad.
Si creo que la transformación del mundo es solo responsabilidad de una élite.
Si me cierro a la contribución de los otros.
Si temo la superación.

Encontramos en la perspectiva de Freire que el diálogo no es ingenuo. Nos advierte claramente que hay grupos interesados en el uso antojadizo de la comprensión y la armonía en incluso realizan procesos de capacitación instrumentalizados. Así mismo enfatiza que hay que ser conscientes de los procesos de penetración cultural en una lógica de dominio y de conquista. Al influjo de estos procesos los grupos ven la realidad desde la óptica de los dominadores e incluso se llega a casos en los que los propios grupos reconocen la “superioridad” de estos grupos.

Por ello una apuesta por el diálogo no se remite a espacios coyunturales si no que se busca su institucionalización, la generación y consolidación de una cultura del diálogo. No implica subestimar los derechos humanos sino que la resignifica hacia el ejercicio de la ciudadanía activa. Tampoco obvia otros espacios y mecanismos de acción colectiva solo que la inscribe en una propuesta basada en la fuerza argumentativa, la solidaridad, la sostenibilidad y la justicia.

Qué interesante caer en cuenta sobre la vigencia del pensamiento Freire en tiempos donde la conflictividad se convierte en signo de nuestros tiempos. Un débil entendimiento del diálogo no nos permite ver su potencial transformador. Por el contrario, apelando a los propios principios del diálogo es posible contribuir en la generación de acuerdos aspecto consustancial de la buena gobernanza.

Bibliografía:

Freire, Paulo. S.f. Pedagogía del oprimido. Disponible en: en:http://www.servicioskoinonia.org/biblioteca/general/FreirePedagogiadelOprimido.pdf Acceso el 6 de noviembre del 2013.

*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal. Su correo es: rarcerojas@yahoo.es
Otras noticias:

Fuente: Servindi

viernes, 1 de junio de 2012

Leo Boff: Reinventando la educación.



Muniz Sodré, profesor titular de la Universidad Federal de Río de Janeiro, es una persona que sabe mucho, pero lo singular de él es que piensa, como pocos, lo que sabe. El fruto de su pensar es un libro notable que acaba de salir: Reinventando la educación: diversidad, descolonización y redes (Vozes 2012).
En ese libro procura enfrentarse a los desafíos planteados a la pedagogía y a la educación que se derivan de los distintos tipos de saberes, de las nuevas tecnologías y de las transformaciones promovidas por el capitalismo. Todo esto a partir de nuestro lugar social que es el hemisferio sur, un día colonizado, que está pasando por un interesante proceso de neodescolonización y por un enfrentamiento con el debilitado neoeurocentrismo, hoy devastado por la crisis del euro.
Muniz Sodré analiza las distintas corrientes de la pedagogía y de la educación desde la paideia griega hasta el mercado mundial de la educación, que representa una burda concepción de la educación utilitarista, al transformar la escuela en una empresa y en una plaza de mercado al servicio de la dominación mundial.
Desenmascara los mecanismos de poder económico y político que se esconden detrás de expresiones que están en la boca de todos, como «sociedad del conocimiento o de la información». En otras palabras, el capitalismo-informacional-cognitivo constituye la nueva base de la acumulación del capital. Todo se ha vuelto capital: capital natural, capital humano, capital cultural, capital intelectual, capital social, capital simbólico, capital religioso… capital y más capital. Por detrás se oculta una monocultura del saber maquinal, expresado por la «economía del conocimiento» al servicio del mercado.
Hoy en día se ha planeado un tipo de educación que busca la formación de cuadros que prestan «servicios simbólico-analíticos», 
cuadros dotados de alta capacidad de inventar, de identificar problemas y de resolverlos. Esta educación distribuye conocimientos de la misma forma que una fábrica instala componentes en la línea de montaje.

De esta manera la educación pierde su carácter de formación. Cae bajo la crítica de Hannah Arendt que decía: se puede seguir aprendiendo hasta el fin de la vida sin educarse jamás. Educar implica aprender a conocer y hacer, pero sobre todo aprender a ser, a convivir y a cuidar. Implica construir sentidos de vida, saber tratar con la compleja condition humaine y definirse frente a los rumbos de la historia.
Lo que agrava todo el proceso educativo es el predominio del pensamiento único. Los norteamericanos viven de un mito y del «destino manifiesto». Imaginan que Dios les reservó un destino, el de ser el «nuevo pueblo escogido» para llevar al mundo su estilo, su modo de producir y consumir ilimitadamente, su tipo de democracia y sus valores del libre mercado. En nombre de esta excepcionalidad intervienen en el mundo entero, con guerras incluso, para garantizar su hegemonía imperial sobre todo el mundo.

Europa todavía no ha renunciado a su arrogancia. La Declaración de Bolonia de 1999 que reunió a 29 ministros de educación de toda Europa afirmaba que sólo ella podría producir un conocimiento universal, capaz de ofrecer a los ciudadanos las competencias necesarias para responder a los desafíos del nuevo milenio. Antes, la imaginada universalidad secundaba los derechos humanos y estaba presente en el propio cristianismo con su pretensión de ser la única religión verdadera. Ahora, la visión es de menor alcance, sólo Europa garantiza eficacia empresarial, competencias, habilidades y destrezas que realizarán la globalización de los negocios. La crisis económico financiera actual está volviendo ridícula esta pretensión. La mayoría de los países no saben cómo salir de la crisis que han creado. Prefieren lanzar a sociedades enteras al desempleo y la miseria para salvar el sistema financiero especulativo, cruel y sin piedad.
Muniz Sodré plantea en su libro estas cuestiones para la realidad brasileña con el fin de mostrar qué desafíos debe afrontar nuestra educación en los próximos años. Ha llegado el momento de asumirnos como pueblo libre y creativo y no un mero eco de la voz de los otros. Rescata los nombres de educadores que pensaron una educación adecuada a nuestras virtualidades, como Joaquim Nabuco, Anísio Teixeira y particularmente Paulo Freire. Darcy Ribeiro hablaba con entusiasmo de la reinvención de Brasil a partir de la riqueza del mestizaje entre todos los representantes de los 60 pueblos que vinieron a nuestro país.
La educación reinventada nos debe ayudar en la descolonización y la superación del pensamiento único, aprendiendo con las diversidades culturales y sacando provecho de las redes sociales. De este esfuerzo podrán nacer entre nosotros los primeros brotes de otro paradigma de civilización que tendrá como centralidad la vida, la humanidad y la Tierra, la que algunos llaman también civilización biocentrada.

Fuete: Koinonia
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sábado, 18 de febrero de 2012

¿Adónde irán los Indignados y los «ocupas»?



por Leo Boff

En una de las mesas más importantes de debates en el Foro Social Temático de Porto Alegre, en la tuve la oportunidad de participar, pude escuchar los testimonios vivos de los Indignados de España, de Londres, de Egipto y de Estados Unidos. Lo que me dejó muy impresionado fue la seriedad de los discursos, lejos del tono anárquico de los años 60 del siglo pasado con sus muchas «parole». El tema central era «democracia ya». Se reivindicaba otra democracia, bien diferente de esta a la que estamos acostumbrados, que es más farsa que realidad. Quieren otra democracia que se construya a partir de la calle, de las plazas, el lugar del poder originario. Una democracia desde abajo, articulada orgánicamente con el pueblo, transparente en sus procedimientos y no corroída nunca más por la corrupción. Esta democracia, de entrada, se caracteriza por vincular justicia social con justicia ecológica.

Curiosamente, los indignados, los ocupas y los de la primavera árabe no se remiten al clásico discurso de las izquierdas, ni siquiera a los sueños de las distintas ediciones del Foro Social Mundial. Nos encontramos en otro tiempo y ha surgido una nueva sensibilidad. Se postula otro modo de ser ciudadano, incluyendo poderosamente a las mujeres antes invisibilizadas, ciudadanos con derechos, con participación, con relaciones horizontales y transversales facilitadas por las redes sociales, por el móvil, por el twitter y por los facebooks. Nos encontramos ante una verdadera revolución. Antes las relaciones se organizaban de forma vertical, de arriba abajo. Ahora lo hacen de forma horizontal, hacia los lados, en la inmediatez de la comunicación a la velocidad de la luz. Este modo representa el tiempo nuevo que estamos viviendo, el de la información, del descubrimiento del valor de la subjetividad, no aquella de la modernidad, encapsulada en sí misma, sino la de la subjetividad relacional, la de la emergencia de una conciencia de especie que se descubre dentro de una misma y única Casa Común, que amenaza ruina a causa del excesivo pillaje practicado por nuestro sistema de producción y de consumo.

Esta sensibilidad no tolera ya más los métodos del sistema para superar la crisis económica y derivadas, saneando los bancos con el dinero de los ciudadanos, imponiendo una severa austeridad fiscal, el desmantelamiento de la seguridad social, el abaratamiento del empleo, el recorte de las inversiones, suponiendo ilusamente que de esta forma se reconquista la confianza de los mercados y se reanima la economía. Tal concepción se ha vuelto dogma y en muchas partes se oye la estúpida muletilla \"TINA: there inalternative”, no hay alternativa. Los sacrílegos sumos sacerdotes de la trinidad nada santa formada por el FMI, la Unión Europea y el Banco Central europeo han dado un golpe financiero en Grecia e Italia, y han impuesto allí a sus acólitos como gestores de la crisis, sin pasar por el rito democrático. Todo es visto y decidido desde la óptica exclusiva de lo económico, rebajando lo social y aumentando el sufrimiento colectivo innecesario, la desesperación de las familias y la indignación de los jóvenes porque no consiguen trabajo. Todo esto puede desembocar en una crisis de consecuencias dramáticas .

Paul Krugmann, premio Nobel de economía, pasó unos días en Islandia para estudiar la forma como ese pequeño país ártico salió de su crisis avasalladora. Siguieron el camino correcto que otros también deberían haber seguido: dejaron quebrar a los bancos, pusieron en prisión a los banqueros y especuladores que practicaron desfalcos, reescribieron la constitución, garantizaron la seguridad social para evitar el colapso generalizado y consiguieron crear empleo. Consecuencia: el país salió del atolladero y es uno de los países nórdicos que más crece. El camino islandés ha sido silenciado por los medios de comunicación de masas mundiales por temor a que sirva de ejemplo a los demás países. Y así el carruaje, con medidas equivocadas pero coherentes, corre veloz hacia el precipicio.

Contra este curso previsible se oponen los Indignados. Quieren otro mundo más amigo de la vida y respetuoso de la naturaleza. Tal vez Islandia les servirá de inspiración. ¿Hacia dónde irán? Quién sabe. Seguramente no en la dirección de los modelos del pasado, ya agotados. Irán en dirección de aquello que decía Paulo Freire de lo «inédito viable» que nacerá de ese nuevo imaginario y que se expresa, sin violencia, dentro de un espíritu democrático-participativo. En cualquier caso, el mundo ya nunca será como antes, y mucho menos como a los capitalistas les gustaría que fuese.


Fuente: Koinonia