Mostrando entradas con la etiqueta rodrigo arce rojas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rodrigo arce rojas. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de enero de 2020

Repensando la conservación de la naturaleza.

Koala, de Australia. Foto: Holgi / Pixabay.

Si coincidimos que conservar la naturaleza implica abrir el espectro de la conservación esto implica conservar tanto lo silvestre, como lo domesticado y al propio ser humano. Esto conlleva incorporar principios de genuina sostenibilidad, democracia, justicia, equidad y paz lo que implica repensar la forma cómo hemos venido promoviendo el desarrollo y la forma cómo hemos venido haciendo la conservación de manera convencional. 

Repensando la conservación de la naturaleza

Por Rodrigo Arce Rojas*

14 de enero, 2020.- Se lee, se escucha, se conversa cada vez con mayor frecuencia e intensidad sobre los efectos del cambio climático, los incendios forestales antrópicos, la deforestación, la tala ilegal, el tráfico y comercio ilegal de fauna silvestre, la minería ilegal y una larga lista de problemas ambientales-ecológicos que están causando la pérdida y el exterminio de la diversidad biológica. Un mayor acceso a la información está provocando que cada vez haya más personas con conciencia ambiental, aunque no necesariamente los políticos.

Frente a la alteración y degradación de los ecosistemas por causas antrópicas la conservación de la naturaleza surgió como la propuesta política, científica y técnica correcta para el cuidado del planeta. Con éxitos, fracasos y dudas eso era lo que estaba marcando la historia moderna de la humanidad. La conservación de la naturaleza no estuvo exenta de ataques por parte de sectores desarrollistas que acusaban a los ambientalistas y ecologistas de ser obstáculos para el progreso. Incluso estas tensiones se trasladaron a funcionarios públicos y privados quienes en nombre de sus funciones y competencias reclamaban (y aún reclaman) que no debería mezclarse la producción con la conservación “por tratarse de cosas totalmente distintas”. Una solución de compromiso es aquella que habla de “conservación productiva” que todavía está ganada por una perspectiva utilitaria que plantea que “aquello que no tiene valor por el mercado no se conserva”. La conservación de la naturaleza no tiene por qué necesariamente verse desde ángulos estrictamente económicos o utilitarios. La vida tiene un valor intrínseco más allá de cualquier interés humano.


La conservación de la naturaleza no estuvo exenta de ataques por parte de sectores desarrollistas que acusaban a los ambientalistas y ecologistas de ser obstáculos para el progreso 

En torno a la conservación de la naturaleza ha habido una gran movilización tanto en términos de la sociedad civil como de los Estados y de las Agencias de Cooperación Internacional. Existen grandes organizaciones internacionales de conservación, que desde diferentes perspectivas, han contribuido a una mayor sensibilidad sobre la conservación de la naturaleza. También es importante señalar el aporte de los medios de comunicación que tanto desde los medios escritos como audiovisuales han aportado su cuota para que se conozca más sobre la vida silvestre en el planeta tanto en los ecosistemas terrestres como los ecosistemas marinos. Paradójicamente, estos programas refuerzan la idea de separación del hombre de la naturaleza o que solo las áreas silvestres “prístinas” son dignas de conservación. Otra forma de decirlo, es que “no se puede conservar todo”.

Hay que tener en cuenta que la naturaleza no es romántica ni idílica. La cadena trófica hace posible manifestaciones de sufrimiento y dolor. Este aspecto es muy sensible pero forma parte de la dinámica natural lo que no quiere decir que sea un fenómeno trasladable a la vida humana (lo que exige al menos movilizar nuestra compasión), que siendo naturaleza también tiene una supranaturaleza conformada por el mundo de las ideas, la moral y la intencionalidad. La bioética trata de regular la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza. 

La conservación de la naturaleza cuenta con una sólida base científica desde la biología de la conservación, el desarrollo de la ecología y otras disciplinas conexas como las ciencias informáticas y el desarrollo de tecnologías de información geográfica. No obstante, todo el desarrollo de la conservación de la naturaleza no está impidiendo los grandes procesos de exterminio de especies, entonces cabe preguntarse cuáles son las razones que estarían llevando a la limitada efectividad de las políticas de conservación de la naturaleza.

La conservación de la naturaleza se forjó bajo las siguientes premisas:
El ser humano y la naturaleza son dos entidades totalmente distintas.
Existe una naturaleza prístina que es necesario proteger para las generaciones futuras.
Hay que proteger a la naturaleza de la intervención humana.
La conservación de la naturaleza es un proceso científico que no debe mezclarse con la política.

Estas premisas iniciales pronto fueron cambiando, aunque no de manera uniforme (Corcuera y Ponce, 2004). Algunas organizaciones se mantuvieron en un papel purista de la conservación con interés por los aspectos biofísicos y otras se abrieron a la complejidad de la realidad y empezaron a reconocer que no era posible trabajar la conservación de la naturaleza solo desde la orientación biofísica. Es necesario señalar que también desde la ecología se podía apreciar una explosión de perspectivas que cada vez se salían de la jaula con mayor determinación. Así se pudo apreciar que partiendo de la ecología se generaron las propuestas de la ecología social hasta llegar a la ecología política.

Es hora de pasar revista a las premisas fundacionales de la conservación de la naturaleza:
El ser humano y la naturaleza son dos entidades totalmente distintas: El movimiento de conservación de la naturaleza se gestó bajo la ontología de separación entre el ser humano y la naturaleza y era algo incuestionable. Actualmente ya no lo es tanto porque hemos reconocido que los humanos también somos naturaleza y aunque tenemos algunos atributos supranaturales eso no significa que rompamos con nuestra esencia natural. Muchos de los atributos señalados como exclusivamente humanos como la cultura, inteligencia, la conciencia, la política sabemos que no lo son tanto porque también hay expresiones de estas cualidades en los animales superiores, aunque con diferencias de grados.

Tenemos que reconocer que nosotros mismos somos naturaleza. Somos simbiontes y las bacterias y los virus hacen posible la vida humana. Es decir, somos ecosistemas caminantes y vociferantes. No todas estas bacterias y virus son patógenos y forman parte integral de la vida humana. El secreto es saber conservar el equilibrio dinámico para que se exprese a plenitud el componente humano del simbionte.
Existe una naturaleza prístina que es necesario proteger para las generaciones futuras: Esta posición remite al mito moderno de la naturaleza intocada (Diegues, 2000). Ahora sabemos que no toda la naturaleza es prístina y que muchos ecosistemas han sido modelados por la intervención humana. Los paisajes son expresiones de coevolución en los que el ser humano ha transformado la naturaleza y la naturaleza ha transformado al ser humano. Como lo reseña Apffel-Marglin (2013, 22) el descubrimiento de grandes superficies de tierra negra en la Amazonia de origen antrópico demuestran:

… un extraordinario pasado precolombino, con civilizaciones de alto nivel cultural, de culturas complejas y obras estupendas […] Estos suelos creados por la humanidad amazónica precolombina se destacan como evidencia de la agricultura más fértil y sostenible en el mundo entero…
Hay que proteger a la naturaleza de la intervención humana: Como se ha señalado en la premisa anterior el hombre ha cumplido un rol transformador de la naturaleza tanto en su versión negativa alterando y degradando los ecosistemas pero también en un rol modelador. La idea de áreas naturales sin presencia humana no es muy cierto para América Latina en la que existen poblaciones indígenas.
La conservación de la naturaleza es un proceso científico que no debe mezclarse con la política: La conservación de la naturaleza es un proceso complejo que requiere el concurso de todos los sectores, actores y disciplinas.

La conservación de la naturaleza no escapa del marco de la economía neoliberal y por lo tanto muchas de sus propuestas apelan a mecanismos de mercado. En primer lugar se sigue hablando de recursos naturales que da cuenta de la vigencia de una visión cosificadora y utilitarista de la naturaleza. Según esta visión lo que es recurso (actual o potencial) merece conservarse, lo que no es recurso podría desaparecer. En segundo lugar la solución para la conservación de la naturaleza, siempre desde esta perspectiva, es hacer que estos recursos ingresen a la economía, es decir que tengan precios, sean transables y que exista un mercado. Lo paradójico es que los problemas de conservación de la naturaleza se tratan de solucionar con la misma receta que es justamente la que los provoca.


Lo paradójico es que los problemas de conservación de la naturaleza se tratan de solucionar con la misma receta que es justamente la que los provoca. 

Cuando en los 80 del siglo pasado se generó la estrategia mundial de conservación se buscó proteger las especies, los ecosistemas y los recursos genéticos. Aunque se pudo haber hecho alusión a la vida como tal, en todas sus manifestaciones, no se hizo explícitamente. Por ello, las políticas de conservación, en mayor o menor grado, están subordinadas a los intereses económicos de los poderes públicos y privados.

La alteración y degradación de ecosistemas naturales, sean protegidos o no, tiene sus raíces en un sistema económico urgido de crecimiento. En este proceso se conjuga tanto la necesidad como la codicia de mayores e infinitas ganancias económicas. El problema es que esta ideología del crecimiento ilimitado coincide con sectores de los Estados que juegan el doble papel de protectores de la naturaleza y de promotores de extracción de los recursos “para promover el desarrollo”. Manifestaciones de esta realidad se aprecian cuando se debilitan las regulaciones ambientales o no existe una voluntad decidida para atacar los problemas de ilegalidad que afectan la naturaleza porque “quieren que la economía se mueva”. Pragmatismo puro que se pone de manifiesto en la conversión de bosques a otros usos y se provoca el exterminio de la biodiversidad

Un enfoque de conservación orientada a la celebración de la vida en todas sus manifestaciones genera nuevos retos. Cierto es que la población sigue creciendo en el mismo sentido de las necesidades de todo tipo. Cierto es que las poblaciones necesitan alimentos e insumos para el desarrollo de sus diversas actividades productivas. Una mirada actual de la conservación de la naturaleza requiere reconocer explícitamente su complejidad y por tanto desarrollar enfoques desde la perspectiva de los sistemas adaptativos complejos. Los temas controversiales no se niegan ni se subestiman, hay que trabajar con ellos. En algún momento de la historia de la conservación este reconocimiento llevó a trabajar los Proyectos Integrales de Conservación y Desarrollo pero parece que el balance no fue muy plausible por lo que se regresó a una visión convencional. Pero está claro que la alteración y degradación de los ecosistemas no puede resolverse solo atacando las causas directas sino que también se requiere trabajar los temas estructurales.


La conservación de la naturaleza no se circunscribe a las Áreas Naturales Protegidas sino que incluye todas las áreas donde está presente la vida. 

La celebración de la vida en todas sus manifestaciones no niega la importancia de las áreas naturales protegidas pero si las resignifica. La conservación de la naturaleza no se circunscribe a las Áreas Naturales Protegidas sino que incluye todas las áreas donde está presente la vida. Implica considerar que las áreas naturales protegidas son como núcleos de sistemas anidados por lo que siempre habrá interacciones con las diferentes escalas del entorno. Implica considerar que desde la chacra, desde el huerto, desde el jardín o el parque también es posible contribuir a la conservación de la naturaleza. Por eso se llama la atención sobre el uso de agroquímicos en la agricultura intensiva que está afectando ostensiblemente la fauna silvestre (aves e insectos por ejemplo), ello sin contar los impactos sobre microorganismos tanto a nivel de ecosistemas terrestres como de ecosistemas acuáticos.

Nosotros hemos creado artificialmente dos categorías de animales: los animales silvestres y los animales domésticos. Cuando se habla de conservación se alude tradicionalmente a los animales silvestres (además de las plantas por supuesto) pero los animales domésticos también merecen ser conservados. La amenaza a la conservación no solo se restringe a la flora y fauna silvestre sino también a la doméstica. Merece también especial atención la conservación de los parientes silvestres de los cultivos que hacen posible contar con las reservas necesarias para el mejoramiento genético. Pero más allá de cualquier utilidad humana se trata del respeto profundo a la vida en todas sus manifestaciones.

Poner la vida en el centro no implica una posición contra el ser humano ni tampoco un fundamentalismo biocéntrico una de cuyas tergiversaciones lo constituye el ecoterrorismo el cual no compartimos en absoluto. Es claro que apostar por la vida en todas sus manifestaciones nos pone en dilemas porque algunas expresiones de vida entran en competencia con la vida humana. Es parte del juego de la vida y nos lleva en ocasiones a la situación en la que tenemos que privilegiar la vida humana. Una de esas situaciones problema refiere a la incorporación de animales en nuestra dieta. Aunque no todo el mundo está obligado a ser vegano o vegetariano sí es posible asumir una actitud más respetuosa y compasiva con la vida de los animales con los cuales nos alimentamos. Dramático también es el caso de la autorización de caza de animales introducidos por exceso de población. En todo caso, es una necesidad imprescindible de manejo que no corresponde a la lógica de la caza con fines deportivos, por más que se diga que es una actividad que ayuda a la conservación o que es fuente generadora de ingresos económicos.

Si coincidimos que conservar la naturaleza implica abrir el espectro de la conservación eso implica conservar tanto lo silvestre, lo domesticado y al propio ser humano. Significa entonces incorporar principios de genuina sostenibilidad, democracia, justicia, equidad y paz lo que implica repensar la forma cómo hemos venido promoviendo el desarrollo y la forma cómo hemos venido haciendo la conservación de manera convencional. La conservación por tanto necesita de nuevos abordajes desde el Biodesarrollo, la Bioética, la Biopolítica y la Bioeconomía, en general desde las ciencias de la vida. Solo así es posible entender la necesidad de una moral ampliada y de una ciudadanía ampliada. Conservación reconociendo los derechos de la naturaleza.

Referencias bibliográficas:

- Apffel-Marglin, Fréderique. (2013). Desde los aires, una urpay… En: Varese, Stefano; Apffel-Marglin, Apffel; Rumrrill, Róger. (Coord.). Selva vida. De la destrucción de la Amazonia al paradigma de la regeneración. Lima, Perú, Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas, Programa Universitario México Nación Multicultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, Fondo Editorial Casa de las Américas. 278 p.

- Corcuera, Pablo, & Ponce de León G., Leticia (2004). Tendencias de los movimientos conservacionistas y el surgimiento de la Eco-Ética. Sociológica, 19(56) ,199-211. [Fecha de Consulta 14 de Enero de 2020]. ISSN: 0187-0173. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=3050/305026636008

- Diegues, Antonio Carlos. (2000). El mito moderno de la naturaleza intocada. 1a. Edición en Ediciones Abya-Yala. Hombre y Ambiente Nº 57-58. 179 p.

---
*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: rarcerojas@yahoo.es

Fuente: Servindi

martes, 1 de enero de 2019

¿Qué tipos de pensamiento existen? Una breve caracterización


Desde la perspectiva del pensamiento articulado a la realidad y expresado a través del lenguaje hablar de la reforma del pensamiento no es únicamente una reforma mental sino que implica reformas del corazón y reformas paradigmáticas.
Breve caracterización de los tipos de pensamiento

Por Rodrigo Arce Rojas*

En el universo de la epistemología, las ciencias cognitivas, la psicología, la gestión, entre otras disciplinas y aproximaciones, encontramos una diversidad de tipos de pensamiento tales como pensamiento complejo, pensamiento sistémico, pensamiento relacional, pensamiento dinámico estructural, pensamiento posmoderno, pensamiento computacional, pensamiento lateral, pensamiento crítico, pensamiento filosófico, pensamiento convergente, pensamiento divergente, pensamiento synvergente, pensamiento arborescente, pensamiento filosófico, pensamiento lineal o vertical, pensamiento circular, entre otras.

Veamos lo que dicen los autores sobre algunos de los principales tipos de pensamiento identificados.

Pensamiento complejo: Refiere a la capacidad de interconectar distintas dimensiones de lo real (Pérez y Gardey, 2014).

Pensamiento sistémico: Consiste en acercarnos a la realidad considerándola como un todo, es decir, los elementos, las relaciones y el entorno en el cual se encuentran (Osorio, 207: p. 17).

Pensamiento dinámico estructural: Es una forma de pensar en la cual se es consciente del interés que motiva el pensar, la ubicación estructural del objeto en torno al cual se piensa; y el momento de proceso en que se encuentra el referido objeto (León, 2014: p. 6).

Pensamiento computacional: Es “un enfoque para la solución de problemas, construcción de sistemas, y la comprensión del comportamiento humano que se basa en el poder y los límites de la computación” (Wing, 2009).

Pensamiento lateral: Es un tipo de pensamiento creativo y perceptivo que nos permite movernos hacia los lados para mirar el problema con otra perspectiva (Universidad Técnica del Norte, 2011).

Pensamiento crítico: Es el proceso de analizar y valorar el pensamiento con el propósito de mejorarlo (Paul y Elder, 2005). Es ese modo de pensar – sobre cualquier tema, contenido o problema – en el cual el pensante mejora la calidad de su pensamiento al apoderarse de las estructuras inherentes del acto de pensar y al someterlas a estándares intelectuales (Paul y Elder, 2003: p. 4).

Pensamiento synvergente: Es aquel pensamiento que describe el uso óptimo de ambos hemisferios del cerebro, el derecho (divergente, creativo, global) y el izquierdo (convergente, ordenado, detallista) (De Bono, 2015).

Tomando en cuenta el conjunto de tipos de pensamiento identificados, lista que no es exhaustiva, podemos encontrar las siguientes características generales de su naturaleza: epistemología, cosmovisión, filosofía, método, técnica, práctica y actitud. Por supuesto que cada tipo de pensamiento tiene una naturaleza específica que no logra el acuerdo entre los diversos autores.

Una característica interesante de diferenciación refiere al abordaje holista de la realidad o al abordaje a partir del reconocimiento de las partes. Esto en función del paradigma que le da origen, paradigma cartesiano o paradigma de la complejidad.

Es interesante notar el enfoque geométrico que caracteriza a algunos de estos tipos de pensamiento: lineal o vertical, circular, paralelo. En otros casos alude a la convergencia, a la divergencia (pensamiento arborescente) o a la combinación de ambos (pensamiento synvergente). Aquí también podríamos señalar si se parte de puntos (pensamiento inductivo) o se parte de interacciones (pensamiento sistémico o relacional). Asimismo podríamos señalar las diferencias entre pensamiento cerrado (pensamiento dogmático) y el pensamiento abierto (como el pensamiento sistémico, crítico, filosófico).

También podríamos reconocer si un pensamiento es descriptivo y “objetivo” (pensamiento lineal) o es un pensamiento con capacidad de cuestionamiento y sospecha filosófica permanente (como el pensamiento crítico o el pensamiento filosófico).

Otro elemento que se desprende de la caracterización de tipos de pensamiento refiere al reconocimiento de pensamiento como acto estrictamente mental o si involucra todo el cuerpo o incluso la realidad. Por ejemplo, desde la perspectiva del pensamiento complejo se piensa no sólo desde el cerebro, sino se incluye todo el sistema nervioso, el cuerpo e incluso desde la realidad y la acción. Ello en el reconocimiento que existe una continuidad entre individuo-sociedad-especie humana, y entre cuerpo-mente-fisiología-palabra-acción. Asimismo se podría señalar la continuidad existente entre paradigmas-pensamientos-sentimientos-manifestaciones (prácticas, discursos, narrativas, comportamientos). El siguiente verso así lo ilustra:


Pienso en ti, como piensan las montañas con toda su monumentalidad y convicción, como las selvas con todo su fragor y exuberancia tropical, como los mares ilusionados por besar las playas, como los ríos ilusionados en confundirse con los mares. Pienso en ti con toda la complicidad del cosmos, con toda la energía nuclear de la inflorescencia del lenguaje. 

Se resalta el hecho que el pensamiento complejo implica tomar en cuenta la diversidad de tipos de pensamiento, acogerlas amorosamente y dejar que sea la deliberación estratégica, respetuosa y cuidadosa, la que ayude a la mejor ponderación. Por ello que el carácter religante del pensamiento complejo es una de sus mejores contribuciones sin llegar necesariamente al eclecticismo (conciliación de ideas) o sincretismo (armonización de ideas opuestas). Ello va a tono con los sistemas caórdicos y con la aplicación del principio del bucle recursivo en la que en ocasiones las ideas se complementan y en otras mantienen sus diferencias.

Desde la perspectiva del pensamiento articulado a la realidad y expresado a través del lenguaje hablar de la reforma del pensamiento no es únicamente una reforma mental sino que implica reformas del corazón y reformas paradigmáticas.

Referencias bibliográficas:

- De Bono, E. (2015). Conceptos sobre creatividad. Tipos de pensamiento. [Mensaje en un blog]. Grandes Pymes. Recuperado de: https://www.grandespymes.com.ar/2015/05/18/conceptos-sobre-creatividad-tipos-de-pensamiento/

- León, D. (2014). Un método para pensar. - 1ª ed. Rosario: Asociación de Docentes e Investigadores de la UNR – COAD.

- Osorio, J. (2007). Introducción al pensamiento sistémico. Santiago de Cali: Universidad del Valle.

- Pérez, J. y Gardey, A. (2014). Definicion.de: Definición de pensamiento complejo (https://definicion.de/pensamiento-complejo/)

- Paul, R y Elder, L. (2005). Estándares de competencia para el pensamiento crítico. Fundación para el pensamiento crítico.

- Paul, R. y Elder, L. (2003). La mini-guía para el Pensamiento crítico Conceptos y herramientas. Fundación para el Pensamiento Crítico www.criticalthinking.org

- Universidad Técnica del Norte (2011). ¿Qué es el pensamiento lateral? Revista Pensamiento Lateral. N° 1, mayo. 48 p.

- Wing, J. (2009). Computational Thinking and Thinking About Computing: https://competencias3m.files.wordpress.com/2011/08/traduccion-jeannet te-m-wing-computational-thinking-and-thinking-about-computing.pdf, 10 de octubre

---
*Rodrigo Arce Rojas doctor en Pensamiento Complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México. Correo: rarcerojas@yahoo.es

Fuente: servindi.org

viernes, 17 de agosto de 2018

Cambio civilizatorio para afrontar estructuralmente el cambio climático.

Fuente de la imagen: Pixabay

Para hacer frente al cambio climático hay que repensar la apuesta civilizatoria, repensar el pensamiento y el conocimiento para generar posibilidades que vayan más allá de lo instituido. No podemos seguir con la premisa de crecimiento ilimitado e insensible al mundo natural, del cual nosotros mismos formamos parte. Así lo sostiene el ingeniero Rodrigo Arce, doctor en Pensamiento Complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México.
Cambio civilizatorio como respuesta para afrontar estructuralmente el cambio climático.

Por Rodrigo Arce Rojas*

El concepto de adaptación al cambio climático encierra tres ideas fundamentales:
Ajustarse al clima.
Moderación del daño.
Aprovechamiento de las oportunidades.

Por su parte el concepto de mitigación alude a dos conceptos:
Reducir las fuentes de emisiones de Gases de efecto invernadero (GEI).
Incrementar los sumideros de GEI.

Veamos las implicancias de cada uno de estos elementos:

Ajustarse al clima: Parte por reconocer que el cambio climático es una realidad que se manifiesta al presente y que se proyecta al futuro por lo que no queda otra cosa que tomar las medidas necesarias que hagan compatible la vida (humana y no humana) con estos cambios.

Moderación del daño: Implica desarrollar las acciones necesarias para disminuir la intensidad de los daños que ya se están dando (o de todas maneras se van a dar).

Aprovechamiento de las oportunidades: Esta es una perspectiva en la que los cambios pueden ser usados a favor del interés humano y que dice que no hay que dejar pasar los aspectos positivos que genera el cambio climático.

Reducir las fuentes de emisiones de GEI: apela al reconocimiento que la causa del cambio climático refiere a los GEI generados tanto por el ser humano como por factores naturales y que existe la necesidad de detener los procesos excedentarios de producción de GEI.

Incrementar los sumideros de GEI: implica mejorar la capacidad de captura y retención de C02.

Del análisis de los componentes de la mitigación y adaptación al cambio climático se desprenden las siguientes premisas:

- El cambio climático es fundamentalmente producto de un proceso histórico de emisiones excedentarias de GEI y que se proyecta amenazadoramente sobre la vida en la tierra.

- En tanto fenómeno complejo que ya está aquí no queda otra opción que aceptarlo y hacer todo lo necesario para reducir los impactos negativos.

- Los cambios del clima no siempre son negativos y existe la necesidad de aprovechar las oportunidades que se generan.

Una lectura crítica de las premisas identificadas señala dos situaciones. Una que refiere a una visión de resignación que dice que es un problema del cual no podemos desprendernos y que existe la necesidad de actuar para ajustarse a los cambios y otra visión optimista que señala que los efectos del cambio climático también generan nuevas posibilidades de desarrollo para la gente y los inversionistas. Esta segunda situación se ve reforzada por el optimismo tecnológico que dice que no importa cuán grave sean los problemas y que el ser humano siempre ha encontrado soluciones a partir del poder de la ciencia y la tecnología.


En el abordaje convencional (conservador) de la mitigación y adaptación al cambio climático no hay un cuestionamiento al modelo civilizatorio ni al modelo económico hegemónico que son precisamente los factores claves que han producido el cambio climático 

En el abordaje convencional (conservador) de la mitigación y adaptación al cambio climático no hay un cuestionamiento al modelo civilizatorio ni al modelo económico hegemónico que son precisamente los factores claves que han producido el cambio climático. En tanto se considera que el sistema económico predominante es sólido y efectivo para generar riqueza entonces la lógica predominante para hacer frente al cambio climático es resolver el problema incorporando las leyes fundamentales del sistema económico que tienen que ver con valorar, dar precio, dar propiedad y favorecer la libre transacción económica.


La mercantilización de las soluciones de mercado permite que procesos económicos puedan mantener sus esquemas de producción emisoras de GEI a cambio de pagar sus culpas con dinero, en una suerte de modernas indulgencias 

En la lógica de mercado del carbono no importa dónde se generan ni tampoco dónde se captura el carbono excedentario (Espósito y Zandvliet, 2013) ello ha dado pie a que se genere un mercado del carbono. La mercantilización de las soluciones de mercado permite que procesos económicos puedan mantener sus esquemas de producción emisoras de GEI a cambio de pagar sus culpas con dinero, en una suerte de modernas indulgencias. Al respecto Magrin (2015) señala que:

En la región es muy frecuente que al momento de planificar las intervenciones para disminuir la vulnerabilidad ante el cambio climático se piense en opciones específicamente dirigidas a reducir los impactos de eventos climáticos adversos como medidas tecnológicas, de cambios de hábito, de infraestructura, y de transferencia del riesgo. Pero, generalmente, se ignoran las medidas que aumentan la capacidad adaptativa y reducen la vulnerabilidad subyacente relacionada con factores socioeconómicos (acceso a los recursos, disponibilidad de información y conocimientos), e institucionales (8).

Para completar el enfoque de Magrin habría que señalar que no se analiza con suficiente profundidad las bases que han generado el cambio climático y por tanto comprenderla a plenitud implica comprender sus fundamentos epistemológicos, teóricos y metodológicos pues las alternativas generadas surgen a partir de la matriz cultural predominante. 

La economía neoclásica ha sido cuestionada por reduccionista y por basarse en premisas que no siempre se sustentan en la práctica. En su afán de parecer científica, la ciencia económica trata de saldar sus deficiencias epistemológicas a través de métodos cuantitativos cada vez más sofisticados (Abreu, 2014). Dos corrientes económicas que tratan de dar respuesta a las críticas de la economía neoclásica son la economía verde y la bioeconomía. Para el UNEP (2012), desde la perspectiva de la economía verde, las respuestas para hacer frente a los problemas ambientales pasa porque los bienes y servicios de los ecosistemas ingresen a la dinámica de los mercados. De ahí la importancia que le dan a la valoración de los servicios ecosistémicos.


el tema con la “economía verde” es que no busca variar un ápice el modelo de globalización basado tanto en el Consenso de Washington como en el Consenso de los Commodities 

Según Campos (2010) la economía verde no va en contra ni del mercado ni del libre comercio, simplemente trasciende el modo de producción actual al incorporar variables sociales y ambientales en él. La pregunta es si es que esta renovada sensibilidad por las dimensiones ambientales y sociales es genuina o si es otra de las variantes de un “desarrollo sostenible” que se inscribe en una propuesta de ecología superficial y sustentabilidad débil. La pregunta surge a raíz del mantenimiento de la apuesta extractivista de la naturaleza, la fuerte dependencia a la energía procedente de los combustibles fósiles, la transformación del bosque para destinarlo a monocultivos agroindustriales, entre otras manifestaciones. Como señala Ugarteche (2018) el tema con la “economía verde” es que no busca variar un ápice el modelo de globalización basado tanto en el Consenso de Washington como en el Consenso de los Commodities (109).

En este contexto, la bioeconomía aparece como una formulación superior a la economía verde. Aramendis et al. (2018) presentan las principales características de la bioeconomía:

La bioeconomía promueve nuevas formas de organización de las cadenas de valor asociadas a la biodiversidad (bio-cadenas) y la generación de flujos de economía circular. Busca reducir la dependencia de los recursos fósiles y promueve la producción y utilización intensiva del conocimiento que se tiene de los recursos, procesos y principios biológicos, para el suministro sostenible de bienes y servicios en todos los sectores de la economía (bioenergía, agrícola y bioinsumos, alimentos, fibras, productos para la salud, productos industriales y bioplásticos). Reconoce el rol primordial del conocimiento científico-tecnológico como motor fundamental para redefinir las relaciones entre el sector agropecuario, la biomasa y la industria. Se reduce o elimina producción de residuos, se generan nuevos productos y servicios y se crean nuevas fuentes de crecimiento económico y social equitativo (4).

Aunque la bioeconomía se constituye en una propuesta que supera la visión de dependencia hacia los combustibles fósiles y destaca el valor de la biodiversidad como opción de desarrollo (entiende la sustentabilidad como la descarbonización de la economía) no se aprecian los derechos de la naturaleza y por lo tanto tampoco aparece explícitamente la dimensión ética.

Las dificultades que se han encontrado en las Conferencias de las Partes para arribar a acuerdos sólidos para hacer frente al cambio climático radican en que no se han guiado por la responsabilidad o la ética ambiental sino por no afectar los intereses de las grandes corporaciones multinacionales (López, 2015: 6)

Existe por tanto la necesidad de generar propuestas transformadoras que aborden el cambio climático desde una perspectiva más sistémica y sustentable. Ello podría estructurarse haciendo la correlación del cambio climático con cada uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y entendiendo las interrelaciones e interdependencias. Al respecto, Merlinsky (2017) menciona que:

Considerando que son las crecientes tasas de extracción de recursos naturales y la quema de combustibles fósiles las principales causas de la mayor inestabilidad climática, la sostenibilidad global depende más que nunca de un cambio de naturaleza eco-política (1)

Eso quiere decir que no es un problema técnico, legal o institucional únicamente sino un todo integrado en el que no puede evadirse el tema del poder. El reto es cómo abordar el cambio climático desde la perspectiva de la justicia ambiental, desde los derechos humanos y los derechos de la naturaleza.


Eso quiere decir que no es un problema técnico, legal o institucional únicamente sino un todo integrado en el que no puede evadirse el tema del poder. El reto es cómo abordar el cambio climático desde la perspectiva de la justicia ambiental, desde los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. 

Más que contentarse con procesos de adaptación de manera pasiva, acrítica y superficial se requiere incorporar un espíritu crítico y transformador que lleve a una genuina sustentabilidad. Es obvio que en esta perspectiva no se elimina la dimensión económica sino que se articula efectivamente con las dimensiones sociales y ambientales en un enfoque interdimensional, multiescalar y multitemporal. De lo que se trata es de desarrollar propuestas de economía y mercado social y culturalmente pertinentes que implica acompañarlo de equidad, justicia y ética.

Por tanto, además de desarrollar capacidades para la mitigación y adaptación al cambio climático se requiere fortalecer las capacidades de resiliencia. Según el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España et al. (2016) la resiliencia es la capacidad de un sistema socioecológico de afrontar un suceso o perturbación peligrosa respondiendo o reorganizándose de modo que mantenga su función esencial, su identidad y su estructura, y conservando al mismo tiempo la capacidad de adaptación, aprendizaje y transformación (47). Estamos hablando resiliencia del socioecosistema por tanto estamos haciendo referencia a la resiliencia ambiental y resiliencia social.

En esta precisión conceptual las capacidades de aprendizaje y transformación son claves porque implica ponerle pensamiento complejo (que incluye una diversidad de formas de pensamiento incluyendo el pensamiento crítico) y no quedarse en un esquema de pensamiento lineal y determinista que sólo entiende de la lógica de mercado. Aquí es cuando se valora los espíritus que buscan posibilidades, incorporan la creatividad e innovación, se atreven a pensar más allá de lo establecido o instituido. En esta perspectiva inclusiva cobra real sentido los aportes de los conocimientos tradicionales y de las mujeres.

En esta perspectiva amplia y religante se incorpora la ética del cuidado como una manifestación de profundo respeto a todas las manifestaciones de la vida y no sólo aquello que tiene utilidad para el ser humano. Además, no todo puede tener precio ni todos los elementos son internalizables.

Se concluye entonces que para hacer frente al cambio climático hay que repensar la apuesta civilizatoria, repensar el pensamiento y el conocimiento para generar posibilidades que vayan más allá de lo instituido. No podemos seguir con la premisa de crecimiento ilimitado e insensible al mundo natural (del cual nosotros mismos formamos parte).

Referencias bibliográficas:

- Abreu, Pedro. (2014). Crítica a la epistemología de la economía neoclásica. SAPIENS vol.15 no.1 Caracas jun. Disponible en: http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1317-58152014000100002

- Aramendis, Rafael; Rodríguez, Adrián; y Krieger, Luiz. (2018). Contribuciones a un gran impulso ambiental en América Latina y el Caribe: bioeconomía. Santiago de Chile: CEPAL. Disponible en: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/43825/1/S1800540_es.pdf

- Campos, Melina. (2010). Economía verde. CEGESTI. N° 151. Disponible en: http://www.cegesti.org/exitoempresarial/publicaciones/publicacion_151_060611_es.pdf

- Espósito, Carla y Zandvliet, Hans (2013). Las negociaciones sobre Cambio Climático en Naciones Unidas y la realidad de las emisiones. Perspectivas desde el Sur global. En: Espósito, Carla [et.al.]. 2013. Crisis socioambiental y cambio climático. 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, 2013. Disponible en: https://www.crop.org/viewfile.aspx?id=496

- López, Aida. (2015). Cambio climático y conflictos ecológicos distributivos en regiones indígenas de México. El caso de la industria eólico en el istmo de Tehuentepec, Oaxca. Tesis para optar el grado de Doctor en Sociología. Universidad Autónoma de Barcelona. Disponible en: https://ddd.uab.cat/pub/tesis/2016/hdl_10803_384605/allg1de1.pdf

- Magrin, Gabriela. (2015). Adaptación al cambio climático en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: CEPAL Unión Europea.

- Merlinsky, Gabriela. (2017). EL CAMBIO CLIMÁTICO COMO PROBLEMA ECO-POLÍTICO. Megafón. N* 18/3 | Octubre. Disponible en: https://www.clacso.org/megafon/pdf/Megafon_18_3_Gabriela_Merlinsky.pdf

- Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España, Fundación Biodiversidad y la Oficina Española de Cambio Climático (2016). Cambio climático. Informe de síntesis. Guía resumida del Quinto Informe de Evaluación del IPCC. Basado en materiales contenidos en el Quinto Informe de Evaluación del IPCC. Madrid: Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España. Disponible en: https://www.mapama.gob.es/es/ceneam/recursos/mini-portales-tematicos/guia-sintesis-resumida_tcm30-376937.pdf

- Ugarte, Oscar. (2018). Modelos de desarrollo alternativos actuales y emergentes. En: COEECI & ANC. (2018). Desarrollo y Democracia en el Perú: La contribución de la cooperación internacional y el rol de las organizaciones de la sociedad civil. Lima: COECCI & ANC.

- UNEP. (2012). Economía Verde en el contexto del desarrollo sostenible y erradicación de la pobreza: Una perspectiva desde América Latina y el Caribe. Quito: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Disponible en:


----
Rodrigo Arce Rojas es doctor en Pensamiento Complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México. Su correo electrónico es: rarcerojas@yahoo.es

Fuente: Servindi

martes, 11 de noviembre de 2014

Las actitudes de las personas frente al cambio climático.


¿Por qué hasta ahora como humanidad no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un tema tan trascendental?

Por Rodrigo Arce Rojas*

Del 1 al 12 de diciembre desarrollará en Lima la COP20 que es la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) como parte del proceso de negociación que concluirá en París en el 2015 con un acuerdo climático global vinculante.

Nos preguntamos, ¿Por qué hasta ahora como humanidad no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un tema tan trascendental? El presente artículo explora el universo de actitudes de las personas (y también de las organizaciones) frente al cambio climático como una manera de contribuir al debate y de proponer pistas orientadas a lograr el tan ansiado acuerdo de limitar el incremento de temperatura a menos de 2°C.

Existen diferentes actitudes de las personas frente al cambio climático: unos prefieren negarlo, otros pretenden subestimarlo, otros exacerbarlo y otros son indiferentes. Veamos cada uno de estos tipos de actitudes.

Los que prefieren negarlo afirman que no existe tal cambio climático y que el sistema atmosférico siempre está cambiando de manera normal. Aunque el grupo de los escépticos del origen antrópico del cambio climático cada vez son menos todavía es posible escucharlos. Curiosamente, por decir lo menos, se atreven a señalar que el cambio climático antropogénico es un invento de los ambientalistas y de los enemigos del progreso. Señalan además que la humanidad tiene problemas muchos más grandes e importantes que atender como para estar distrayéndose en cuestiones ambientales.

Los que subestiman al cambio climático minimizan sus impactos. Consideran que el tema existe pero que no habría porqué preocuparse tanto. Total, mencionan ellos, el hombre con su infinita capacidad inventiva, siempre generará opciones tecnológicas que lleven a superar los efectos del cambio climático.

También hay quienes exacerban el cambio climático. En este grupo se ubican los que utilizan un tono catastrofista del fenómeno y consideran como una señal concreta del fin de los tiempos. Ponen de manifiesto que el ser humano ha fallado estrepitosamente en construir una sociedad equilibrada y que el planeta pronto pasará la factura a su desidia.

Los indiferentes al cambio climático son aquellos que no se sienten involucrados frente al tema independientemente de la magnitud del problema. Como tal, tampoco se ven convocados en la generación de soluciones. Como se dice coloquialmente, el tema no es con ellos.

Una actitud especial refiere a aquellos que aparentan importarle el tema del cambio climático pero cuyas prácticas no se condicen con su discurso por ello no es difícil encontrar evidencias concretas de inconsistencia e incoherencia.

Una categoría distinta refiere a los oportunistas, los que ven al cambio climático una oportunidad para revisar el modelo de desarrollo predominante, los sistemas económicos, las tecnologías o incluso la oportunidad para hacer grandes negocios.

Aunque esta clasificación no es absoluta, recoge las tendencias predominantes de las personas.

Las personas además desarrollan actitudes frente al grado de afectación del cambio climático. Así habrá aquellos que consideran que el cambio climático existe pero no me afecta o por lo menos no en lo inmediato. Aquí se reconocen diferentes grados de distancias entre el cambio climático y las personas, estas distancias pueden ser geográficas (“porque los impactos son lejanos respecto a dónde vivo”), temporales (“porque los impactos vendrán después y a mí no me alcanzan”) o afectivas (“mientras no me afecte a mí poco me importa”).

Como se puede colegir de las diversas actitudes de las personas, existen múltiples razones subyacentes detrás de cada posición. Estas razones son de diferente origen: ideológicas, políticas, científicas o emotivas; se cruzan además las creencias y convicciones personales de las dimensiones ambientales, sociales o económicas. Habrá quienes buscan una perspectiva de equilibrio y otros quienes privilegien razones económicas o ambientales. Quiere decir entonces que hay razones legítimas y otras interesadas según sus propias perspectivas.

En este concierto de actitudes hay quienes tienen preocupaciones serias sobre el cambio climático y están realmente preocupados por sus impactos. Pero también hay quienes usan el tema del cambio climático como un pretexto para imponer sus propias agendas e intereses económicos o políticos.

Para poder avanzar hacia el acuerdo vinculante buscado se requiere entonces reconocer el sentido de urgencia del cambio, reconocernos como parte de una única comunidad humana (independientemente de espacios, tiempos y creencias) y reconocernos como parte de la naturaleza. Implica reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestra propia esencia. La humanidad está en cada uno de nosotros, y cada uno de nosotros es la propia humanidad.

Visto desde esa perspectiva es imprescindible dejar de lado todo tipo de prejuicios y ser capaces de superar los intereses particulares de cualquier tipo para vernos reconocidos en los legítimos intereses de la humanidad como un todo. El daño que provoca el cambio climático a las personas en cualquier parte del mundo es el daño que nos afecta a cada uno de nosotros. Todo crecimiento que implique subestimar o desconocer el cambio climático es iluso y es ficción. Necesitamos apelar al camino de la sensatez con nosotros mismos, con el planeta y el cosmos. Es hora de demostrar que como humanidad estamos a la altura de las circunstancias.
*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal. Su correo es: rarcerojas@yahoo.es


Otras noticias:


Fuente: Servindi

lunes, 9 de junio de 2014

Institucionalizar el diálogo es fundamental para la convivencia democrática.


Institucionalizar el diálogo es una necesidad fundamental para la convivencia democrática y un elemento central en la prevención y transformación de conflictos, sostuvo el ingeniero forestal Rodrigo Arce Rojas.

En un reciente artículo advirtió que la institucionalización del diálogo debe generar y fortalecer una “cultura del diálogo”, lo que significa integrar y transversalizar el valor del diálogo en los paradigmas, pensamientos, sentimientos y actitudes de una comunidad social y política.

Ello debe traducirse en diversas manifestaciones como prácticas, discursos y narrativas que inscriben al diálogo como fundamento de la democracia, la gobernanza y la gobernabilidad.

En el artículo el autor aclara la relación entre algunos conceptos básicos como institucionalidad, institucionalización, cultura de diálogo e infrestructura para la paz.

A continuación el artículo de Rodrigo Arce:
Aclarando conceptos sobre institucionalidad, institucionalización, cultura de diálogo e infraestructura para la paz

Por Rodrigo Arce Rojas*

7 de junio, 2014.- Actualmente se viene hablando en el Perú de la necesidad de institucionalización del diálogo y se ha puesto en evidencia que no hay uniformidad de lo que significa institucionalización. El propósito de este artículo es contribuir a su esclarecimiento y establecer diferencias y similitudes con otros conceptos cercanos como cultura de diálogo e infraestructura para la paz.

De la revisión de la literatura especializada se constata que el concepto de institución tiene varios entendimientos. Para nuestro propósito identificamos dos formas de entendimiento uno referida a “edificio” y otra referida a “comportamiento”. La acepción orientada a “edificio” es muy común popularmente y hace referencia a la organización pública o privada que ha sido establecida para desarrollar una determinada labor social, política, cultural o científica. La acepción orientada a “comportamiento” nos dice que institución se refiere a pautas, reglas y prácticas aceptadas colectivamente que definen ciertas conductas mediante las cuales las personas desarrollan a cabo sus actividades con el propósito de satisfacer y responder a las necesidades básicas de una sociedad (Searle, 2006).

Esta segunda acepción nos lleva al concepto ampliado de “institucionalidad” que incluye el conjunto de creencias, ideas, valores, principios, representaciones colectivas, estructuras y relaciones que condicionan las conductas de los integrantes de una sociedad, caracterizándola y estructurándola (Correa, 1999; citado por Feliz, 2012).

Arnoletto (2007) define la institucionalización como el proceso de transformación de un grupo, práctica o servicio, desde una situación informal e inorgánica hacia una situación altamente organizada, con una práctica estable, cuya actuación puede predecirse con cierta confianza, e interpretarse como la labor de una entidad dotada de personalidad jurídica propia, con continuidad y proyección en el tiempo. La institucionalización supone procesos de adquisición de vida propia y construcción de identidad y legitimación social.

Significa entonces que el proceso de institucionalización comprende los siguientes factores:
Finalidad y objetivos
Políticas, normas, reglas, acuerdos y pautas
Creencias, valores y principios
Estructuras y funciones
Capacidades
Mecanismos reguladores

Cuando hablamos de institucionalización del diálogo hacemos alusión a la movilización de estos factores con el propósito que la sociedad tenga mecanismos, canales y procedimientos para hacer del diálogo una herramienta fundamental de la convivencia democrática.

Visto así, la institucionalización del diálogo tiene como finalidad contribuir a la generación y fortalecimiento de una cultura del diálogo. Esto significa la integración y transversalización del valor del diálogo en los paradigmas, pensamientos, sentimientos y actitudes de una comunidad social y política. Esto debe traducirse en diversas manifestaciones como prácticas, discursos y narrativas que inscriben al diálogo como fundamento de la democracia, gobernanza y gobernabilidad de una comunidad social y política.

Infraestructura de paz es un término – introducido por John Paul Lederach – que hace referencia al desarrollo de mecanismos incluyentes e institucionalizados para la cooperación entre diferentes actores de todos los niveles de la sociedad, para la construcción de paz y la prevención de nuevos conflictos mediante el enfoque de solución de problemas (GPPAC, 2010).

El diálogo es un elemento central en la prevención y transformación de conflictos. Es aquí donde se entrelazan los conceptos de institucionalización, cultura del diálogo e infraestructura de paz. Se busca entonces que la comunidad incorpore en su ADN social (concepto promovido por Baltazar Caravedo) el valor y la práctica del diálogo. Consecuentemente, todos aquellos esfuerzos públicos y privados orientados a la institucionalización del diálogo van en la dirección de la consolidación de la democracia y de la paz social y es un proceso al que todos estamos llamados a contribuir.

Bibliografía revisada:

- Arnoletto, E.J.: Glosario de Conceptos Políticos Usuales, Ed. EUMEDNET 2007, texto completo enhttp://www.eumed.net/dices/listado.php?dic=3 Acceso el 7 de junio del 2014.

- Feliz, G. 2012. La institucionalidad en el Estado. Disponible en: http://eldia.com.do/la-institucionalidad-en-el-estado/ Acceso el 7 de junio del 2014.

- Global Partnership for the Prevention of Armed Conflict (GPPAC), 2010. Infrastructures for Peace. Working Paper, July 2010. Pp.1

- Searle, J. 2006. ¿Qué es una institución? En: Revista de Derecho Político, núm. 66, pág: 89-120.

*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal. Su correo es: rarcerojas@yahoo.es

Lima, 7 de junio del 2014


Otras noticias:


Fuente: Servindi

martes, 26 de noviembre de 2013

La acción dialógica en el pensamiento de Paulo Freire.


Por Rodrigo Arce Rojas*

El pensamiento de Paulo Freire no solo es inspirador en el campo de la educación si no que también desarrolla a profundidad el valor del diálogo transformador. La acción dialógica desde la perspectiva de Freire es fundamental en la medida en que todavía subsiste en ciertos sectores de la población dudas sobre el valor del diálogo en contextos de asimetría, desigualdad e inequidad producto de su deslegitimación por diversas razones entre las que podemos mencionar: uso del diálogo como herramienta dilatoria, incumplimiento de acuerdos, acuerdos alcanzados bajo presión, entre otras.

La desvalorización del diálogo, aunado a una cultura confrontacional ha llevado a que ciertos sectores de la población conciban al diálogo como debilidad, como contubernio, como funcionales a los grupos de poder. A ello se suma una desconfianza estructural de todos contra todos, la débil gobernanza, la devaluación de la política y los políticos, entre otros factores. Por ello el legado de Paulo Freire resulta no solo vigente sino revitalizador respecto a los verdaderos alcances del diálogo.

Empecemos delimitando la conceptualización del diálogo desde la concepción de Freire. Para el autor el diálogo “refiere al encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos orientado a transformar la realidad”. Al incorporar la palabra solidaridad recupera el valor y la dignidad de todas las personas que se predisponen a entrar en comunión. Es una invitación para abrir la mente y el corazón a las razones de cada uno y entrar en un acto valiente de revisar tus creencias y tus posiciones, pero también es la búsqueda horizontal y fraternal para encontrar nuevos caminos que transitar. Transformar la realidad tiene un profundo sentido porque nos está diciendo que no se refiere a imponer una realidad sobre la otra sino de transformarnos mutuamente y encontrar una nueva realidad de sostenibilidad y justicia.

Ahora bien, este ideal de comunicación y de relacionamiento podría ser visto como la construcción de un discurso justificatorio para avalar las asimetrías. Nada más alejado de la realidad, puesto que en el proceso de transformación del diálogo se logra también la liberación de las ataduras que impiden reconocernos inclusivamente como parte de la misma humanidad. Por ello Freire delimita claramente lo que no es diálogo. Nos dice entonces que el diálogo:
No puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto en el otro.
No es un simple intercambio de ideas.
No es discusión guerrera entre dos sujetos que no aspiran a transformar el mundo y no buscan la verdad.
No puede ser un instrumento para conquistar al otro.

Por lo tanto, el autor nos plantea que no hay diálogo:
Si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres.
Si me creo autosuficiente, si no hay humildad.
Si no existe una intensa fe en los hombres, en su poder de hacer y rehacer; de crear y recrear.
Si mantengo la desesperanza.
Si no existe en los sujetos un pensar verdadero.

Freire se pregunta: ¿Cómo puedo dialogar…?
Si veo la ignorancia en el otro nunca en mí.
Si me veo diferente y virtuoso y subestimo al otro.
Si me siento parte del grupo de elegidos que tienen la verdad.
Si creo que la transformación del mundo es solo responsabilidad de una élite.
Si me cierro a la contribución de los otros.
Si temo la superación.

Encontramos en la perspectiva de Freire que el diálogo no es ingenuo. Nos advierte claramente que hay grupos interesados en el uso antojadizo de la comprensión y la armonía en incluso realizan procesos de capacitación instrumentalizados. Así mismo enfatiza que hay que ser conscientes de los procesos de penetración cultural en una lógica de dominio y de conquista. Al influjo de estos procesos los grupos ven la realidad desde la óptica de los dominadores e incluso se llega a casos en los que los propios grupos reconocen la “superioridad” de estos grupos.

Por ello una apuesta por el diálogo no se remite a espacios coyunturales si no que se busca su institucionalización, la generación y consolidación de una cultura del diálogo. No implica subestimar los derechos humanos sino que la resignifica hacia el ejercicio de la ciudadanía activa. Tampoco obvia otros espacios y mecanismos de acción colectiva solo que la inscribe en una propuesta basada en la fuerza argumentativa, la solidaridad, la sostenibilidad y la justicia.

Qué interesante caer en cuenta sobre la vigencia del pensamiento Freire en tiempos donde la conflictividad se convierte en signo de nuestros tiempos. Un débil entendimiento del diálogo no nos permite ver su potencial transformador. Por el contrario, apelando a los propios principios del diálogo es posible contribuir en la generación de acuerdos aspecto consustancial de la buena gobernanza.

Bibliografía:

Freire, Paulo. S.f. Pedagogía del oprimido. Disponible en: en:http://www.servicioskoinonia.org/biblioteca/general/FreirePedagogiadelOprimido.pdf Acceso el 6 de noviembre del 2013.

*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal. Su correo es: rarcerojas@yahoo.es
Otras noticias:

Fuente: Servindi