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martes, 5 de mayo de 2020

Enfrentaremos peores pandemias si no protegemos la naturaleza.

Imagen: Shutterstock.com

por Josef Settele, Sandra Díaz, Eduardo Brondizio y Dr. Peter Daszak. 

Los humanos son la única especie responsable de la pandemia de COVID-19, aseguran prestigiosos científicos.

NHM, 3 de mayo, 2020.- Un artículo describe cómo el abuso del mundo natural por parte de la humanidad ha causado una "tormenta perfecta", permitiendo que patógenos mortales se propaguen por todo el mundo.

El documento publicado por la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), advierte que podría haber algo aún peor en camino: enfrentarnos a pandemias más frecuentes a menos que abordemos las causas profundas de ésta, que ya ha afectado a millones de personas en todo el mundo.

Nuestra mala relación con la naturaleza

La IPBES es un grupo global que estudia la biodiversidad o la variedad de vida en la Tierra. Respaldada por las Naciones Unidas, examina cómo interactúan los humanos y la naturaleza y hace recomendaciones a los gobiernos sobre cómo ambos pueden prosperar.

Varios científicos del Museo trabajan junto a expertos de la IPBES, que incluso en un informe histórico en 2019 advirtió que los humanos enfrentaremos graves consecuencias si continuamos ejerciendo presión sobre los recursos naturales.

Se descubrió que la salud de los ecosistemas de los que todos dependemos se está deteriorando más rápidamente que nunca debido a cómo los humanos explotan y contaminan la naturaleza.


Uno de los mayores problemas que enfrentamos es la cantidad de superficie de la Tierra destinada a la producción de alimentos. Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi el 75% de los recursos de agua dulce ahora se dedican a la producción agrícola o ganadera, lo que reduce los lugares silvestres de la Tierra y presiona a las especies nativas. 

Ahora, los colegas han dado seguimiento aquella advertencia anterior y han echado la culpa de la crisis del COVID-19 a la puerta de los sistemas capitalistas globales que priorizan el dinero sobre el bienestar humano.

Según el informe de 2020 de cuatro investigadores líderes en biodiversidad, "enfermedades como COVID-19 son causadas por microorganismos que infectan nuestros cuerpos, con más del 70% de todas las enfermedades emergentes que afectan a las personas originadas en la vida silvestre y los animales domésticos".

Sin embargo, las pandemias son causadas por actividades que ponen en contacto directo a un número creciente de personas y, a menudo, entran en conflicto con los animales que portan estos patógenos.

"La deforestación desenfrenada, la expansión incontrolada de la agricultura, la agricultura intensiva, la minería y el desarrollo de infraestructura, así como la explotación de especies silvestres han creado una 'tormenta perfecta' para la propagación de enfermedades desde la vida silvestre a las personas".

Uno de los mayores problemas que enfrentamos es la cantidad de superficie de la Tierra destinada a la producción de alimentos. Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi el 75% de los recursos de agua dulce ahora se dedican a la producción agrícola o ganadera, lo que reduce los lugares silvestres de la Tierra y presiona a las especies nativas. 

También obliga a los animales salvajes a acercarse aún más a los humanos, por lo que es cada vez más probable que las enfermedades hagan el salto entre los dos.


Sin embargo, los científicos advierten que, incluso a medida que se reactiven las economías, las regulaciones ambientales deben ser prioritarias en todas las listas de prioridades de los gobiernos. 

El pensamiento actual es que es probable que el comercio no regulado de animales salvajes haya sido el catalizador de la pandemia de COVID-19, que comenzó en un mercado de animales vivos. 

Los científicos aún no están seguros de qué especie transmitió el virus a los humanos, pero es cierto que la forma en que tratamos a los animales juega un papel importante en cómo comienzan y se propagan las enfermedades contagiosas.
La amenaza permanece

El COVID-19 puede ser solo el comienzo, ya que el informe advierte que "es probable que las futuras pandemias ocurran con mayor frecuencia, se propaguen más rápidamente, tengan un mayor impacto económico y maten a más personas si no tenemos mucho cuidado con los posibles impactos de las elecciones que tenemos que hacer hoy".

Los gobiernos de todo el mundo ya están considerando cómo reparar parte del daño que el COVID-19 ha causado.

Sin embargo, los científicos advierten que, incluso a medida que se reactiven las economías, las regulaciones ambientales deben ser prioritarias en todas las listas de prioridades de los gobiernos. 

Sostienen que en lugar de apresurarse a entregar paquetes de rescate a industrias perjudiciales, los gobiernos deberían encontrar una manera de equilibrar el crecimiento económico y mantener a sus ciudadanos a salvo de daños.

Se sugiere un enfoque de "una sola salud", en el que los gobiernos reconocen que la salud de la humanidad depende de un medio ambiente saludable.

Y concluye: "Podemos reconstruir mejor y salir de la crisis actual más fuertes y resistentes que nunca, pero hacerlo significa elegir políticas y acciones que protejan la naturaleza, para que la naturaleza pueda ayudar a protegernos.

Lea el artículo completo en el sitio web de IPBES. Fue escrito por Josef Settele, Sandra Díaz, Eduardo Brondizio (copresidentes del Informe de Evaluación Global IPBES 2019 sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas) y el Presidente de EcoHealth Alliance, Dr. Peter Daszak. Los científicos del Museo de Historia Natural no estuvieron involucrados.
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viernes, 17 de enero de 2020

Repensando la conservación de la naturaleza.

Koala, de Australia. Foto: Holgi / Pixabay.

Si coincidimos que conservar la naturaleza implica abrir el espectro de la conservación esto implica conservar tanto lo silvestre, como lo domesticado y al propio ser humano. Esto conlleva incorporar principios de genuina sostenibilidad, democracia, justicia, equidad y paz lo que implica repensar la forma cómo hemos venido promoviendo el desarrollo y la forma cómo hemos venido haciendo la conservación de manera convencional. 

Repensando la conservación de la naturaleza

Por Rodrigo Arce Rojas*

14 de enero, 2020.- Se lee, se escucha, se conversa cada vez con mayor frecuencia e intensidad sobre los efectos del cambio climático, los incendios forestales antrópicos, la deforestación, la tala ilegal, el tráfico y comercio ilegal de fauna silvestre, la minería ilegal y una larga lista de problemas ambientales-ecológicos que están causando la pérdida y el exterminio de la diversidad biológica. Un mayor acceso a la información está provocando que cada vez haya más personas con conciencia ambiental, aunque no necesariamente los políticos.

Frente a la alteración y degradación de los ecosistemas por causas antrópicas la conservación de la naturaleza surgió como la propuesta política, científica y técnica correcta para el cuidado del planeta. Con éxitos, fracasos y dudas eso era lo que estaba marcando la historia moderna de la humanidad. La conservación de la naturaleza no estuvo exenta de ataques por parte de sectores desarrollistas que acusaban a los ambientalistas y ecologistas de ser obstáculos para el progreso. Incluso estas tensiones se trasladaron a funcionarios públicos y privados quienes en nombre de sus funciones y competencias reclamaban (y aún reclaman) que no debería mezclarse la producción con la conservación “por tratarse de cosas totalmente distintas”. Una solución de compromiso es aquella que habla de “conservación productiva” que todavía está ganada por una perspectiva utilitaria que plantea que “aquello que no tiene valor por el mercado no se conserva”. La conservación de la naturaleza no tiene por qué necesariamente verse desde ángulos estrictamente económicos o utilitarios. La vida tiene un valor intrínseco más allá de cualquier interés humano.


La conservación de la naturaleza no estuvo exenta de ataques por parte de sectores desarrollistas que acusaban a los ambientalistas y ecologistas de ser obstáculos para el progreso 

En torno a la conservación de la naturaleza ha habido una gran movilización tanto en términos de la sociedad civil como de los Estados y de las Agencias de Cooperación Internacional. Existen grandes organizaciones internacionales de conservación, que desde diferentes perspectivas, han contribuido a una mayor sensibilidad sobre la conservación de la naturaleza. También es importante señalar el aporte de los medios de comunicación que tanto desde los medios escritos como audiovisuales han aportado su cuota para que se conozca más sobre la vida silvestre en el planeta tanto en los ecosistemas terrestres como los ecosistemas marinos. Paradójicamente, estos programas refuerzan la idea de separación del hombre de la naturaleza o que solo las áreas silvestres “prístinas” son dignas de conservación. Otra forma de decirlo, es que “no se puede conservar todo”.

Hay que tener en cuenta que la naturaleza no es romántica ni idílica. La cadena trófica hace posible manifestaciones de sufrimiento y dolor. Este aspecto es muy sensible pero forma parte de la dinámica natural lo que no quiere decir que sea un fenómeno trasladable a la vida humana (lo que exige al menos movilizar nuestra compasión), que siendo naturaleza también tiene una supranaturaleza conformada por el mundo de las ideas, la moral y la intencionalidad. La bioética trata de regular la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza. 

La conservación de la naturaleza cuenta con una sólida base científica desde la biología de la conservación, el desarrollo de la ecología y otras disciplinas conexas como las ciencias informáticas y el desarrollo de tecnologías de información geográfica. No obstante, todo el desarrollo de la conservación de la naturaleza no está impidiendo los grandes procesos de exterminio de especies, entonces cabe preguntarse cuáles son las razones que estarían llevando a la limitada efectividad de las políticas de conservación de la naturaleza.

La conservación de la naturaleza se forjó bajo las siguientes premisas:
El ser humano y la naturaleza son dos entidades totalmente distintas.
Existe una naturaleza prístina que es necesario proteger para las generaciones futuras.
Hay que proteger a la naturaleza de la intervención humana.
La conservación de la naturaleza es un proceso científico que no debe mezclarse con la política.

Estas premisas iniciales pronto fueron cambiando, aunque no de manera uniforme (Corcuera y Ponce, 2004). Algunas organizaciones se mantuvieron en un papel purista de la conservación con interés por los aspectos biofísicos y otras se abrieron a la complejidad de la realidad y empezaron a reconocer que no era posible trabajar la conservación de la naturaleza solo desde la orientación biofísica. Es necesario señalar que también desde la ecología se podía apreciar una explosión de perspectivas que cada vez se salían de la jaula con mayor determinación. Así se pudo apreciar que partiendo de la ecología se generaron las propuestas de la ecología social hasta llegar a la ecología política.

Es hora de pasar revista a las premisas fundacionales de la conservación de la naturaleza:
El ser humano y la naturaleza son dos entidades totalmente distintas: El movimiento de conservación de la naturaleza se gestó bajo la ontología de separación entre el ser humano y la naturaleza y era algo incuestionable. Actualmente ya no lo es tanto porque hemos reconocido que los humanos también somos naturaleza y aunque tenemos algunos atributos supranaturales eso no significa que rompamos con nuestra esencia natural. Muchos de los atributos señalados como exclusivamente humanos como la cultura, inteligencia, la conciencia, la política sabemos que no lo son tanto porque también hay expresiones de estas cualidades en los animales superiores, aunque con diferencias de grados.

Tenemos que reconocer que nosotros mismos somos naturaleza. Somos simbiontes y las bacterias y los virus hacen posible la vida humana. Es decir, somos ecosistemas caminantes y vociferantes. No todas estas bacterias y virus son patógenos y forman parte integral de la vida humana. El secreto es saber conservar el equilibrio dinámico para que se exprese a plenitud el componente humano del simbionte.
Existe una naturaleza prístina que es necesario proteger para las generaciones futuras: Esta posición remite al mito moderno de la naturaleza intocada (Diegues, 2000). Ahora sabemos que no toda la naturaleza es prístina y que muchos ecosistemas han sido modelados por la intervención humana. Los paisajes son expresiones de coevolución en los que el ser humano ha transformado la naturaleza y la naturaleza ha transformado al ser humano. Como lo reseña Apffel-Marglin (2013, 22) el descubrimiento de grandes superficies de tierra negra en la Amazonia de origen antrópico demuestran:

… un extraordinario pasado precolombino, con civilizaciones de alto nivel cultural, de culturas complejas y obras estupendas […] Estos suelos creados por la humanidad amazónica precolombina se destacan como evidencia de la agricultura más fértil y sostenible en el mundo entero…
Hay que proteger a la naturaleza de la intervención humana: Como se ha señalado en la premisa anterior el hombre ha cumplido un rol transformador de la naturaleza tanto en su versión negativa alterando y degradando los ecosistemas pero también en un rol modelador. La idea de áreas naturales sin presencia humana no es muy cierto para América Latina en la que existen poblaciones indígenas.
La conservación de la naturaleza es un proceso científico que no debe mezclarse con la política: La conservación de la naturaleza es un proceso complejo que requiere el concurso de todos los sectores, actores y disciplinas.

La conservación de la naturaleza no escapa del marco de la economía neoliberal y por lo tanto muchas de sus propuestas apelan a mecanismos de mercado. En primer lugar se sigue hablando de recursos naturales que da cuenta de la vigencia de una visión cosificadora y utilitarista de la naturaleza. Según esta visión lo que es recurso (actual o potencial) merece conservarse, lo que no es recurso podría desaparecer. En segundo lugar la solución para la conservación de la naturaleza, siempre desde esta perspectiva, es hacer que estos recursos ingresen a la economía, es decir que tengan precios, sean transables y que exista un mercado. Lo paradójico es que los problemas de conservación de la naturaleza se tratan de solucionar con la misma receta que es justamente la que los provoca.


Lo paradójico es que los problemas de conservación de la naturaleza se tratan de solucionar con la misma receta que es justamente la que los provoca. 

Cuando en los 80 del siglo pasado se generó la estrategia mundial de conservación se buscó proteger las especies, los ecosistemas y los recursos genéticos. Aunque se pudo haber hecho alusión a la vida como tal, en todas sus manifestaciones, no se hizo explícitamente. Por ello, las políticas de conservación, en mayor o menor grado, están subordinadas a los intereses económicos de los poderes públicos y privados.

La alteración y degradación de ecosistemas naturales, sean protegidos o no, tiene sus raíces en un sistema económico urgido de crecimiento. En este proceso se conjuga tanto la necesidad como la codicia de mayores e infinitas ganancias económicas. El problema es que esta ideología del crecimiento ilimitado coincide con sectores de los Estados que juegan el doble papel de protectores de la naturaleza y de promotores de extracción de los recursos “para promover el desarrollo”. Manifestaciones de esta realidad se aprecian cuando se debilitan las regulaciones ambientales o no existe una voluntad decidida para atacar los problemas de ilegalidad que afectan la naturaleza porque “quieren que la economía se mueva”. Pragmatismo puro que se pone de manifiesto en la conversión de bosques a otros usos y se provoca el exterminio de la biodiversidad

Un enfoque de conservación orientada a la celebración de la vida en todas sus manifestaciones genera nuevos retos. Cierto es que la población sigue creciendo en el mismo sentido de las necesidades de todo tipo. Cierto es que las poblaciones necesitan alimentos e insumos para el desarrollo de sus diversas actividades productivas. Una mirada actual de la conservación de la naturaleza requiere reconocer explícitamente su complejidad y por tanto desarrollar enfoques desde la perspectiva de los sistemas adaptativos complejos. Los temas controversiales no se niegan ni se subestiman, hay que trabajar con ellos. En algún momento de la historia de la conservación este reconocimiento llevó a trabajar los Proyectos Integrales de Conservación y Desarrollo pero parece que el balance no fue muy plausible por lo que se regresó a una visión convencional. Pero está claro que la alteración y degradación de los ecosistemas no puede resolverse solo atacando las causas directas sino que también se requiere trabajar los temas estructurales.


La conservación de la naturaleza no se circunscribe a las Áreas Naturales Protegidas sino que incluye todas las áreas donde está presente la vida. 

La celebración de la vida en todas sus manifestaciones no niega la importancia de las áreas naturales protegidas pero si las resignifica. La conservación de la naturaleza no se circunscribe a las Áreas Naturales Protegidas sino que incluye todas las áreas donde está presente la vida. Implica considerar que las áreas naturales protegidas son como núcleos de sistemas anidados por lo que siempre habrá interacciones con las diferentes escalas del entorno. Implica considerar que desde la chacra, desde el huerto, desde el jardín o el parque también es posible contribuir a la conservación de la naturaleza. Por eso se llama la atención sobre el uso de agroquímicos en la agricultura intensiva que está afectando ostensiblemente la fauna silvestre (aves e insectos por ejemplo), ello sin contar los impactos sobre microorganismos tanto a nivel de ecosistemas terrestres como de ecosistemas acuáticos.

Nosotros hemos creado artificialmente dos categorías de animales: los animales silvestres y los animales domésticos. Cuando se habla de conservación se alude tradicionalmente a los animales silvestres (además de las plantas por supuesto) pero los animales domésticos también merecen ser conservados. La amenaza a la conservación no solo se restringe a la flora y fauna silvestre sino también a la doméstica. Merece también especial atención la conservación de los parientes silvestres de los cultivos que hacen posible contar con las reservas necesarias para el mejoramiento genético. Pero más allá de cualquier utilidad humana se trata del respeto profundo a la vida en todas sus manifestaciones.

Poner la vida en el centro no implica una posición contra el ser humano ni tampoco un fundamentalismo biocéntrico una de cuyas tergiversaciones lo constituye el ecoterrorismo el cual no compartimos en absoluto. Es claro que apostar por la vida en todas sus manifestaciones nos pone en dilemas porque algunas expresiones de vida entran en competencia con la vida humana. Es parte del juego de la vida y nos lleva en ocasiones a la situación en la que tenemos que privilegiar la vida humana. Una de esas situaciones problema refiere a la incorporación de animales en nuestra dieta. Aunque no todo el mundo está obligado a ser vegano o vegetariano sí es posible asumir una actitud más respetuosa y compasiva con la vida de los animales con los cuales nos alimentamos. Dramático también es el caso de la autorización de caza de animales introducidos por exceso de población. En todo caso, es una necesidad imprescindible de manejo que no corresponde a la lógica de la caza con fines deportivos, por más que se diga que es una actividad que ayuda a la conservación o que es fuente generadora de ingresos económicos.

Si coincidimos que conservar la naturaleza implica abrir el espectro de la conservación eso implica conservar tanto lo silvestre, lo domesticado y al propio ser humano. Significa entonces incorporar principios de genuina sostenibilidad, democracia, justicia, equidad y paz lo que implica repensar la forma cómo hemos venido promoviendo el desarrollo y la forma cómo hemos venido haciendo la conservación de manera convencional. La conservación por tanto necesita de nuevos abordajes desde el Biodesarrollo, la Bioética, la Biopolítica y la Bioeconomía, en general desde las ciencias de la vida. Solo así es posible entender la necesidad de una moral ampliada y de una ciudadanía ampliada. Conservación reconociendo los derechos de la naturaleza.

Referencias bibliográficas:

- Apffel-Marglin, Fréderique. (2013). Desde los aires, una urpay… En: Varese, Stefano; Apffel-Marglin, Apffel; Rumrrill, Róger. (Coord.). Selva vida. De la destrucción de la Amazonia al paradigma de la regeneración. Lima, Perú, Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas, Programa Universitario México Nación Multicultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, Fondo Editorial Casa de las Américas. 278 p.

- Corcuera, Pablo, & Ponce de León G., Leticia (2004). Tendencias de los movimientos conservacionistas y el surgimiento de la Eco-Ética. Sociológica, 19(56) ,199-211. [Fecha de Consulta 14 de Enero de 2020]. ISSN: 0187-0173. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=3050/305026636008

- Diegues, Antonio Carlos. (2000). El mito moderno de la naturaleza intocada. 1a. Edición en Ediciones Abya-Yala. Hombre y Ambiente Nº 57-58. 179 p.

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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: rarcerojas@yahoo.es

Fuente: Servindi

viernes, 29 de julio de 2016

¿Quién paga el planeta roto?

Foto: Utpba

Una de las tesis dominantes hoy en día en el campo de las Ciencias Sociales consiste en afirmar que el medio ambiente se encuentra en peligro por la acción tanto de la riqueza como de la pobreza. Veamos si esto es así.

Por Beatriz Balve*

El hombre forma parte de la naturaleza, y la manera en que se distancia y apropia de ella destruye no sólo la naturaleza sino al hombre mismo. Que hoy esta cuestión –en tanto destrucción del medio ambiente- se aborde desde la ecología no cambia ni modifica el problema. Esta situación se debe a la incapacidad del hombre para organizar, planificar y controlar la producción, que incluye no sólo la producción en sí misma sino también la distribución cambio y consumo.

Para analizar si es cierto que riqueza y pobreza amenazan por igual al medio ambiente, debemos tener presente que ambas refieren a personificaciones sociales de una categoría económica: el trabajo, categoría que desdobla su relación en dos polos opuestos: el trabajador y el no trabajador, y donde riqueza y pobreza hacen a su situación como clase social.

Además, vale recordar que a partir de la década del ’80, y con particular fuerza a partir de 1990, el tema de la pobreza comienza a imponerse desplazando al de la deuda externa. Esto se observa ya en los Documentos de Santa Fe I y II, que contienen “recetas” para asegurar la dominación** de los Estados Unidos en América Latina.

Por la misma época en que aquellos se redactaban, la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, encabezada por la primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland, elaboró un informe que se denominó “Nuestro Futuro Común” (1987) y aprobado por unanimidad en Naciones Unidas, concluye que el desconcierto imperante sobre las teorías del desarrollo refleja una crisis global, en el sentido de que el desarrollo ha dejado de ser un problema exclusivo de los países que aún no lo alcanzan, y propone un nuevo estilo de desarrollo que incluya una reorientación en las naciones industrializadas y el reordenamiento de las relaciones norte-sur.

Especialistas de Argentina y otros países, critican ese informe en la Revista Comercio Exterior de México y señalan, que la debilidad de los argumentos radica en no ponderar las dificultades técnicas y políticas para resolver el problema. Algunos indicadores serían: el 25% de la población mundial de los países industrializados posee el 80% del parque automotor y consume el 85% del papel, el 70% del acero, el 86% de otros metales y el 80% de la energía.

El informe Brundtland define como desarrollo sustentable el que permite satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Sin embargo, a la luz de los indicadores no cuesta mucho leer al dorso de tan altisonante declaración que, para lograr ese desarrollo “equilibrado”, el sur tendría que compensar el dispendio del norte sacrificando sus posibilidades presentes y futuras. Para no acentuar el desequilibrio ecológico, la mayoría pobre debería limitarse a esperar la limosna que la minoría rica esté dispuesta a ofrecerle; si intentaran su desarrollo, los países pobres serían responsables de la destrucción del medio ambiente.

Vemos, entonces, que entre la toma de conciencia y la creación de capacidades para solucionar el problema se interponen las diferencias de poder y los conflictos reales que existen entre el sur y el norte.

En definitiva, los ricos quieren que los pobres paguemos ya no los platos rotos, sino el planeta roto.

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*Beatriz Balvé es investigadora social del Centro de Investigaciones de Ciencias Sociales (CICSO)
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Fuente: Utpba: http://www.utpba.org/2016/07/21/quien-paga-el-planeta-roto/

Fuente: Servindi

viernes, 19 de junio de 2015

Acuíferos del mundo se están secando.

Mapa publicado por la NASA sobre la situación de los acuíferos subterráneos en el mundo


- Según investigadores, panorama podría ser aún más dramático a medida que crece la dependencia a estos ecosistemas.
Los acuíferos subterráneos más grandes del mundo, que abastecen de agua a millones de personas, se agotan a un ritmo alarmante. Así lo demuestra un estudio de la agencia espacial estadounidense NASA.

La investigación se apoya en datos que van de los años 2003 al 2013 y que han permitido medir, con la ayuda de satélites, cómo estos cuerpos de agua cambian con el tiempo.

El estudio sostiene que durante esa década se han consumido de ellos más agua del que la naturaleza ha sido capaz de generar. Se estima que de los 37 acuíferos más grandes del mundo 21 no logran reponer lo consumido, señala The Washington Post.

Uno de los acuíferos que registra mayor agotamiento y nulo o escaso reabastecimiento es el Acuífero de Árabe, que suministra de agua a más de 60 millones de personas.

Le siguen la cuenca del Indo en la India y Pakistán, y la cuenca del Murzuk-Djado en Libia y Níger, precisa el medio estadounidense.

Destaca de otro lado que pese a la demanda proveniente de sectores como la agricultura, la industria -como la minería- y las poblaciones en crecimiento, los acuíferos están dado batalla al buscar responder a sus requerimientos.

Cabe destacar que los acuíferos subterráneos suministran el 35 por ciento del agua utilizada por los seres humanos en todo el mundo.

Los más pobres los más afectados

Según el estudio, los acuíferos con mayor estrés son aquellos que se ubican en zonas de mayor pobreza y que se encuentran más densamente pobladas. Es el caso del noroeste de la India, Pakistán y el norte de África, donde las alternativas a la escasez son limitadas.

Si bien lo hallado por los satélites de la NASA resulta revelador, los resultados encontrados no son concluyentes; es por eso que se teme que los volúmenes de agua bajo tierra tengan en realidad dimensiones menores a lo que se creía antes.

Fuente: Servindi

jueves, 12 de febrero de 2015

El agua en el mundo y su escasez en Brasil.


Leonardo Boff, 11-Febrero-2015

La situación actual de grave escasez de agua potable, que afecta a buena parte del sudeste brasilero donde se sitúan las grandes ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, nos obliga como nunca antes a repensar la cuestión del agua y a desarrollar una cultura del cuidado de la mano de sus famosas erres (r): reducir, reusar, reciclar, respetar y reforestar.

Ninguna cuestión es hoy día más importante que la del agua. De ella depende la supervivencia de toda la cadena de la vida y, consecuentemente, nuestro propio futuro. Ella puede ser motivo tanto de guerra como de solidaridad social y cooperación entre los pueblos. Especialistas y grupos humanistas ya han sugerido un pacto social mundial en torno a aquello que es vital para todos: el agua. En torno al agua se crearía un consenso mínimo entre todos, pueblos y gobiernos, con vistas a un bien común, nuestro y del sistema-vida.

Independientemente de las discusiones que rodean el tema del agua, podemos hacer una afirmación segura e indiscutible: el agua es un bien natural, vital, insustituible y común. Ningún ser vivo, humano o no, puede vivir sin agua. El 21 de julio de 2010, la ONU aprobó esta resolución: el agua potable y segura y el saneamiento básico constituyen un derecho humano esencial.

Consideremos rápidamente los datos básicos sobre el agua en el planeta Tierra: el agua existe desde hace ya 500 millones de años; el 97,5% de las aguas de los mares y de los océanos son saladas. Solamente el 2,5% son dulces. Pero 2/3 de esas aguas dulces se encuentra en los casquetes polares y glaciares y en la cumbre de las montañas (68,9%); casi todo lo restante (29,9%) son aguas subterráneas. Queda un 0,9% en los pantanos y apenas un 0,3% en los ríos y lagos. De este 0,3%, el 70% se destina a la irrigación en la agricultura, el 20% a la industria y queda apenas el 10% de este 0,3% para uso humano y para dar de beber a los animales.

Existen en el planeta cerca de 1.360 millones de km cúbicosde agua. Si tomásemos toda el agua de los océanos, lagos, ríos, acuíferos y casquetes polares y la distribuyésemos equitativamente sobre la superficie terrestre, la Tierra quedaría sumergida debajo de una capa de agua de tres km de profundidad.

La renovación de las aguas es del orden de 43 mil km cúbicos por año, mientras que el consumo total se estima en 6 mil km cúbicos por año. Por lo tanto no hay falta de agua.

El problema es que se encuentra desigualmente distribuida: el 60% en solamente 9 países, mientras otros 80 se enfrentan a la escasez. Poco menos de mil millones de personas consumen el 86% del agua existente mientras que para 1,4 miles de millones es insuficiente (en 2020 serán tres mil millones) y para dos mil millones no está tratada, lo que genera el 85% de las enfermedades según la OMS. Se presume que en el 2032 cerca de 5 mil millones de personas estarán afectadas por la escasez de agua.

Brasil es la potencia natural de las aguas, con el 12% de toda el agua dulce del planeta, que suma 5,4 billones de metros cúbicos. Pero está desigualmente distribuida: el 72% en la región amazónica, el 16% en el Centro-Oeste, el 8% en el Sur y en el Sureste y el 4% en el Nordeste. A pesar de la abundancia, no sabemos usar el agua, pues el 37% de la tratada es desperdiciada, lo que daría para abastecer a toda Francia, Bélgica, Suiza y norte de Italia. Es urgente, por tanto, un nuevo patrón cultural en relación a ese bien tan esencial (cf. el estudio más minucioso organizado por el recordado Aldo Rabouças,Aguas doces no Brasil: Escrituras, SP 2002).

Una gran especialista del agua que trabaja en los organismos de la ONU sobre el tema, la canadiense Maude Barlow, afirma en su libro Agua: pacto azul (2009): «La población global se triplicó en el siglo XX pero el consumo de agua aumentó siete veces. En 2050, cuando tengamos 3 mil millones más de personas, necesitaremos un 80% más de agua solamente para uso humano; y no sabemos de dónde vendrá» (17). Ese escenario es dramático, pues pone claramente en jaque la supervivencia de la especie humana.

Hay una carrera mundial para privatizar el agua. En ella surgen grandes empresas multinacionales como las francesas Vivendi y Suez-Lyonnaise, la alemana RWE, la inglesa Thames Water y la estadounidense Bechtel. Se ha creado un mercado de las aguas que supone más de 100 mil millones de dólares. En la comercialización de agua mineral, la Nestlé y la Coca-Cola que están buscando comprar fuentes de agua por todas partes del mundo, inclusive en Brasil.

Pero hay también fuertes reacciones de las poblaciones como ocurrió en el año no 2000 en Cochabamba (Bolivia). La empresa Bechtel compró las aguas y elevó los precios un 35%. La reacción organizada de la población hizo que la compañía saliese a marchas forzadas el país.

El gran debate hoy se plantea en estos términos: ¿el agua es fuente de vida o fuente de lucro? ¿El agua es un bien natural, vital, común e insustituible o un bien económico para ser tratado como recurso hídrico y cotizado en las bolsas de mercado?

Ambas dimensiones no se excluyen pero debemos relacionarlas rectamente. Fundamentalmente el agua pertenece al derecho a la vida, como insiste el gran especialista en aguas Ricardo Petrella (O Manifesto da Agua, Vozes 2002). En este sentido, el agua de beber, para uso en la alimentación, para la higiene personal y para saciar la sed de los animales debe ser gratuita.

Como por otra parte es escasa y demanda una compleja estructura de captación, conservación, tratamiento y distribución, implica una innegable dimensión económica. Esta, sin embargo, no debe prevalecer sobre la otra; al contrario, debe hacerla accesible a todas las personas. Incluso los altos costes económicos deben ser cubiertos por el Poder Publico. No haya aquí espacio para discutir las causas de la actual sequía. Recomiendo el libro el científico Antonio D. Nobre (INPE), publicado en enero: El futuro climático de la Amazonia, donde discute las causas principales.

El Hambre Cero Mundial prevista por las Metas del Milenio de la ONU, debe incluir la Sed Cero, pues no hay alimento que pueda existir y pueda ser consumido sin agua.

El agua es vida, generadora de vida y uno de los símbolos más poderosos de la naturaleza de la Última Realidad. Sin ella no viviríamos.

Leonardo Boff es columnista de JBonline y escribió Del iceberg al arca de Noé, Mar de Idéias, Río 2010.

Traducción de Mj Gavito Milano

Fuente: Atrio

jueves, 23 de enero de 2014

La sexualidad como presunta deficiencia.


Jaime Richart

¿De dónde se sacan estos prelados tan rotundas afirmaciones desprovistas de todo rigor cuando afirman que la homosexualidad es una deficiencia? Porque si se fundan en pasajes evangélicos o bíblicos o en ocurrencias de santos, todo el mundo sabe a estas alturas que en esos textos hay de todo y para todo, y que sirven tanto para apoyar un principio o su contrario…

Cuando se habla de normalidad, se parte de una referencia que es el número de cantidad que sirve de modelo. Por el contrario, deficiencia es privación congénita o mutilación posterior de un atributo presente en el ser “normal” o completo, medida su completitud por el número mayor conocido de “normales”. De modo que o todos los seres son incompletos o todos son completos. Si no fuese así, podríamos llegar a decir, por ejemplo, que el macho padece de incomplentitud, de una deficiencia respecto a la hembra habida cuenta la incapacidad o “deficiencia” del macho para alumbrar seres a la vida.

Por ello la aportación del semen a la fabricación de vida no es suficiente como para arrogarse el macho el derecho a pronunciarse sobre el asunto, y menos para coaccionar a la hembra a hacer o a no hacer lo que no quiera hacer con “su” embrión. A fin de cuentas el semen es prácticamente impersonal, puede ser de cualquiera, mientras que el vientre que aloja al ser por venir sólo puede ser “ése”. De aquí el aserto irrefutable latino “mater certa est”, la madre siempre es cierta, el padre no. De lo que no hay es razón suficiente para negar que, como muchos pensamos, todos somos ónticamente perfectos en nuestra precisa mismidad, y que los defectos o deficiencias que se predican son sólo sociales, de costumbres o doctrinarios…

Pues en la naturaleza hay de todo. Sentenciar como normalidad o anormalidad lo que existe, sólo puede explicarse por el número de los seres iguales y el número de los seres desiguales a ellos. Y no hay datos fiables del número de los homosexuales en cada sociedad y en el mundo. Cualquier cuantificación o módulo de valoración está abocado a ser falso o cuanto menos lo suficientemente impreciso como para no permitir pronunciamientos que equivalgan a preferencias personales. Porque aun la heterosexualidad muta a menudo en la naturaleza según condiciones y coyunturas.

Otra cosa es la perversión: lo que abandona su ser para convertirse en otro “ser” que no es conforme a su “natural” naturaleza. Pues bien la perversión abunda tanto o más que la supuesta anormalidad de los desiguales. Y en este sentido, una suerte de perversión es, por ejemplo, el celibato. La decisión de abstenerse de relación sexual por una idea previa pretendidamente “superior”, sublimada y sin revocación, es una deficiencia mental. Celibato es consagrar la vida a una hipótesis: la de la existencia de un dios antropomórfico, haciendo caso omiso de paso y en último término de su consejo de que “no es bueno que el hombre esté solo”. Y más deficiencia todavía, si el sacrificio de la sexualidad natural lo fuese a otra hipótesis: la de un dios que pueda ser simplemente una ecuación aritmética o un principio dinámico o en reposo pero en cualquier caso filosófico de la existencia toda de este mundo y del universo…

martes, 5 de febrero de 2013

Salvemos a la humanidad de su extinción.


"Hablamos de la amenaza de extinción de la especie humana por el feroz ataque que sufre la naturaleza en general, y por lo tanto la humanidad, por parte del sistema capitalista neoliberal gobernante. El móvil de quienes mandan en las grandes empresas transnacionales que gobiernan el mundo, es cumplir con su sagrado mandamiento: `Cómo ganar más dinero en el menor tiempo posible´."

Hugo Blanco

(Para la revista ecosocialista de Estados Unidos “Capitalism Nature Socialism")

La humanidad, innegablemente, ha obtenido muchas ventajas del avance de la civilización. Sin embargo, hoy, que en nombre del “desarrollo”, el sistema capitalista en su etapa neoliberal, con su feroz ataque a la naturaleza, está conduciéndonos a la extinción de nuestra especie, es necesario hacer una evaluación sobre ese precio a pagar en aras del “progreso”.

A las generaciones actuales nos corresponde la tarea de evitar la extinción de la humanidad y a la vez conservar las ventajas de la civilización que no pongan en peligro la supervivencia de nuestra especie.

Ataque a la naturaleza

Hablamos de la amenaza de extinción de la especie humana por el feroz ataque que sufre la naturaleza en general, y por lo tanto la humanidad, por parte del sistema capitalista neoliberal gobernante. El móvil de quienes mandan en las grandes empresas transnacionales que gobiernan el mundo, es cumplir con su sagrado mandamiento: “Cómo ganar más dinero en el menor tiempo posible”. Al acatamiento de este mandato sacrifican todo, incluyendo la vida de sus descendientes. Esto no depende ni siquiera de la conciencia individual que puedan tener ellos, pues si alguno por amor a sus descendientes renuncia a poner una instalación que perjudique el medio ambiente, vendrá otro que la ponga. Por lo tanto, no se trata de acabar con los grandes capitalistas, sino con el sistema que hace que ellos gobiernen el mundo.

Los ataques a la naturaleza son múltiples y cada día mayores. Están siendo exterminadas especies vegetales y animales.

Me parece que el ataque más peligroso es el calentamiento global de la atmósfera producido por la emisión de gases de efecto invernadero que la calienta en forma creciente. Antes los amos del mundo negaban su existencia, ahora eso ya es imposible, por lo tanto la ONU impulsa reuniones de los gobiernos de los grandes calentadores del mundo que se realizan repetidas veces, pero en ellas, que constatan que el calentamiento es cada vez mayor, no toman ningún acuerdo para detenerlo, sino para comercializar el tema. El calentamiento produce la disolución de los cascos polares y de los nevados del mundo, hay arroyos que han desaparecido y los ríos están cada vez más delgados. Como sube el nivel del mar, hay islas que han desaparecido, otras y regiones costeras están siendo inundadas.

Además el calentamiento provoca alteraciones del clima, inviernos más fríos, veranos más calientes, huracanes como el Katrina y el Sandy, que al igual que las inundaciones, sequías y otros efectos son denominados “desastres naturales” por los medios de comunicación del sistema. Son desastres que no tienen nada de “naturales”, son efectos del calentamiento global impulsado por los dueños del mundo.

La deforestación de selvas y bosques es un gran atentado que favorece el calentamiento global, pues mata la vegetación que absorbe el carbono y por lo tanto favorece el calentamiento global. Se comete ese crimen para servir a la agroindustria, que, entre otras cosas, usará el terreno para agrocombustibles y productos transgénicos, para servir a la ganadería, a la extracción de combustibles fósiles, a la minería, a la construcción de vías de comunicación, etc.

Otro gran ataque son las minas a cielo abierto, poco practicadas en los países desarrollados, los que vuelcan su ejecución sobre las espaldas de sus colonias, los llamados “países del tercer mundo” o “países en desarrollo”. Como cada vez hay menos vetas de metales, hacen explosionar 4 toneladas de roca o tierra para extraer un gramo de oro, envenenando mucha agua con sustancias químicas. Esto, que es nocivo para la naturaleza, es criminal en cabeceras de cuenca, como el proyecto Conga en el Perú que mataría la vida envenenando cinco valles cuyos ríos desembocan en los océanos Pacífico y Atlántico.

Otro ataque es la agroindustria o industria alimentaria en general, que practica el monocultivo, nocivo para el suelo, usa agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, herbicidas) y nos envenena con transgénicos.

Utiliza la más moderna tecnología, no en beneficio del consumidor sino con el objetivo de aumentar los caudales del productor a costa de la salud del consumidor (hay una hormona que cuando se le pone a una vaca, ésta da más leche; esa leche produce cáncer, pero eso no le importa a la compañía productora, lo único que le interesa es que le produce más ganancia).

Otro ataque son las centrales hidroeléctricas que arrebatan el agua a los pequeños productores que nos alimentan en forma sana e inundan viviendas y cultivos indígena y campesinos en general.

Otro son las vías rápidas de comunicación depredando la naturaleza, como en Bolivia y Perú asolando la selva. En Europa vemos que la nueva vía férrea que unirá Turín y Lyon ha provocado el surgimiento del movimiento “No al TAV” en el norte de Italia.

Además están: La explotación de las arenas bituminosas en Canadá y su canalización a Estados Unidos, la exploración retumbante de petróleo submarino, la pesca de arrastre, las poluciones de las fábricas, la perforación de la capa de ozono, el uso actual de la energía atómica, el peligro de una guerra atómica, etc.

Indígenas

El final que nos amenaza hace imprescindible mirar con espíritu crítico el transcurrir de la existencia humana, evaluar qué aspectos del avance de la humanidad son positivos y que otros nos conducen a la tumba de la especie.

Debemos comenzar examinando nuestros orígenes. Afortunadamente en muchas partes del mundo existen poblaciones originarias, indígenas, llamadas “salvajes”. Si a esta denominación le quitamos su carga peyorativa, es correcta, significa no domesticada, silvestre, natural.

Los indígenas son quienes disfrutan menos de las ventajas de la civilización y son atacados fuertemente por ella.

Al estudiar esas poblaciones veremos que hay características comunes a ellas, de cualquier lugar que sean, y que por lo tanto dichas características no tienen un carácter étnico, sino cultural primitivo, verdaderamente humano, sin las deformaciones que trajo consigo la civilización.

Los indígenas Nunga de Australia, Dongria Kondh de la India, Bosquimano de África, Sami de Escandinavia, Attawapiskat de Canadá, Navajo de Estados Unidos, Maya de México, Nasa de Colombia, Mapuche de Chile, Quechua del Perú, pensamos lo mismo:

- La naturaleza es nuestra madre, debemos respetarla, quererla y cuidarla. A ese sentimiento ahora se le llama ecológico.

- En los asuntos que atañen a la sociedad, es ésta quien debe determinar, no un individuo ni un grupo de ellos. A ese colectivismo ahora se le da diversos nombres: Socialismo, comunismo, anarquismo.

- La felicidad consiste en vivir satisfactoriamente (lo que se ha dado en llamar “el buen vivir”). El indígena no tiene el principio de la sociedad de consumo, el criterio de que la felicidad la da el dinero y las cosas que se compran con éste.

- El indígena es profundamente solidario.

- Respeta las diferencias, entiende que hay otra gente que viste diferente y habla diferente. Los pueblos indígenas se saben diferentes y se respetan en esa diferencia.

- Enseña a los niños y jóvenes las cosas que sabe, la educación no es un negocio, es tarea de los adultos y ancianos.

- La medicina la da la madre naturaleza, no es un negocio, a todos nos conviene que todos estemos sanos.

Los pueblos indígenas más primitivos, los más salvajes, los menos contaminados por la civilización, son quienes conservan más vigorosos estos principios.

En el Perú es notoria la diferencia entre los pueblos de la selva más puros y los quechuas y aymaras de la sierra, ya contaminados.

Pongo algunos ejemplos:

- El indígena serrano hace un cultivo de papas, maíz, o frejol.

El indígena selvático no tiene un cultivo de una planta determinada. Tala una pequeña extensión de selva y planta varias especies juntas, imitando a la naturaleza. Modernamente a este sistema, ecológico por excelencia, se denomina permacultura. Luego de unos años devolverá esa parcela a la selva y talará otra.

- El indígena selvático cuando caza un animal de gran tamaño, no lo sala para conservarlo. Llama a los vecinos y la colectividad disfruta del producto de la caza individual.

- Un indígena quechua me dijo en nuestro idioma que los “chunchos” (término quechua despectivo dado al selvático desde la época incaica) eran ociosos y me relató la siguiente anécdota: Un hacendado dijo a un selvático que talara una determinada extensión y que le pagaría un machete. El nativo lo hizo tan bien y tan rápido que el hacendado quedó positivamente impresionado, le pagó el machete y le dijo: “Ahora te ofrezco un negocio muy conveniente para ti: Tala la cuarta parte de lo que talaste y te doy otro machete”. El nativo le miró extrañado y le dijo: “Tengo sólo una mano derecha ¿Para qué necesito dos machetes?” y se fue. No quería progresar, sólo quería vivir. El quechua que me lo contó lo tomó como “ocioso”.

- Hace unos años los selváticos, quienes hablan diversas lenguas se unieron los del norte, centro y sur del Perú en una sola lucha en defensa de la naturaleza. En la sierra somos sólo quechuas y aymaras y no podemos unirnos.

- El indígena amazónico no contaminado no sabe si es domingo o lunes ni le interesa. Sale de su vivienda con su arco y flechas, si encuentra algo digno de ser cazado lo hace, si encuentra frutos silvestres útiles los recoge, al pasar por su cultivo recoge algo y si hay arreglos que hacer los hace. Regresa a su vivienda, no le interesa la hora. No sabemos si ha estado paseando o trabajando: Ha estado viviendo.

Que los indígenas amazónicos sean menos contaminados que nosotros los quechuas no quiere decir que no conservemos mucho del amor a la naturaleza, del sentido colectivista del “ayllu” o comunidad campesina, del “buen vivir”, de la solidaridad humana, etc.

Afortunadamente el indígena quechua todavía hace rotación de cultivos, un año siembra habas y al año siguiente papas. También a veces hace cultivos asociados, como maíz con leguminosas.

No se vanagloria por la cantidad de cosecha que tenga, sino por el número de especies y de variedades que cultiva.

Me sentí orgulloso al ver que la revista de los verdes en Francia se llamaba “Pachamama” (“Madre Tierra” en quechua), entendí que era el reconocimiento a nuestro amor y lucha en defensa de la naturaleza. Escuché que esa palabra es usada comúnmente en Cataluña y también la oí en el Día de la Tierra en San Pablo, Brasil.

Comunidad de comunidades

El espíritu comunitario se extiende más allá de la comunidad..Conozco tres casos (debe haber más) de comunidad de comunidades:

En el norte de Colombia existe el Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC, a cuyo 40º aniversario fui invitado el pasado año (pedir su boletín a prensa@cric-colombia.org). A pesar de la guerra interna que la hace víctima de ataques de los actores de esa guerra, continúa fuerte. Es reconocido por la constitución Colombiana. Está constituido por 115 Cabildos y 11 Asociaciones de Cabildos de los pueblos Totoró, Guanaco, Coconuco, Nasa,Guambiano, Yanacona, Inga y Eperara, agrupados en 9 zonas, cada una de las cuales está representada en la junta directiva. Los 9 representantes de las zonas tienen igual categoría, no hay Presidente ni Secretario General. Luego de 2 años de función se cambian totalmente, no hay reelección, pues “todos tenemos cabeza, no existe la persona imprescindible”.

Los Kuna de las islas de Panamá cuya rebelión armada de 1929 fue apaciguada por el reconocimiento constitucional a su derecho de autogobierno. Su institución política fundamental es la gran Casa del Congreso,Onmaked Nega, que funciona en cada comunidad y constituye un centro deliberativo y ejecutivo. La Casa del Congreso es presidida pero no dominada por los Sailas, líderes de las comunidades. Su organización política ancestral se ha fortalecido a través de sus Congresos Locales (comunidad) y Generales (comarca), los que, mantienen una fuerte cohesión y conservan el poder de decisión sobre las actividades que se realizan en su territorio y conservan el control sobre la defensa y convivencia con la naturaleza.

El tercer caso que conozco son las comunidades zapatistas de Chiapas, México. A diferencia de Colombia y Panamá, la constitución mexicana no reconoce la legalidad de su forma de organización, pero dichas comunidades de comunidades, dirigidas por las denominadas “Juntas de Buen Gobierno”, están resguardadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que las defiende contra el llamado “mal gobierno” de México.

Ahí no gobierna, como se cree, el EZLN, las “Juntas de Buen Gobierno” son completamente civiles. Si un miembro del EZLN quiere participar de ellas, previamente debe renunciar al EZLN.

La tierra es cultivada colectivamente. Los miembros de las Juntas de Buen Gobierno no ganan sueldo ni lo necesitan, pues les toca su parte de la cosecha. Cuando terminan su período vuelven a trabajar la tierra y otro campesino ocupa su lugar.



El 21 de diciembre, señalado por sus antepasados mayas como el comienzo de una nueva época y por los comercializadores como el fin del mundo, más de 40,000 personas marcharon en silencio bajo la lluvia mostrando que existen.



Éstos son ejemplos locales de gobiernos ecosocialistas.



En alguna parte leí que felicitaban a los indígenas por su defensa de la naturaleza y que sólo nos falta enseñarles socialismo. Creo que en eso es mucho lo que tenemos que aprender de ellos.



Sin embargo en Sudamérica no podemos usar el término “ecosocialista” por lo siguiente:



Es indudable que en la lucha de liberación de los países sudamericanos, ha significado un gran paso el ascenso de los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, que han desafiado el poder del imperialismo norteamericano y de las oligarquías nativas. Sin embargo dichos gobierno todavía no han podido desprenderse de la lógica de producción del sistema que ha colocado a nuestros países en el rol de extractores de materias primas al servicio de ellos, ni de la lógica del denominado “desarrollo” que está llevando al abismo a la humanidad. Éstas y otras razones les llevan a enfrentarse contra las poblaciones indígenas.

Estos gobiernos se llaman a sí mismos los del “Socialismo del Siglo XXI”

Por lo tanto, si le digo ecosocialista a un indígena venezolano, ecuatoriano o boliviano, me contestarán que están luchando contra el “Socialismo del Siglo XXI”: El indígena Yukpa de Venezuela defendiendo sus tierras ancestrales contra el ataque de ganaderos y el ejército gubernamental. El indígena yurakaré de Bolivia me dirá que Evo Morales quiere favorecer a una empresa brasileña para construir la vía del Tipnis que destruirá su tierra que a la vez es parque nacional de reserva. El indígena ecuatoriano me contestará que está en una férrea lucha contra Correa que favorece la depredación de su tierra por las petroleras transnacionales.

Por otra parte, si le digo a un Mapuche de Chile que es ecosocialista me contestará que él ha luchado contra el gobierno “socialista” de Bachelet que aplicó la ley de represión anti- mapuche de Pinochet.

Represión

Las represiones más terribles que ha vivido la humanidad han sido las dirigidas por la “civilización” contra las poblaciones indígenas.

En América se realizaron innumerables masacres.

En el Perú y Bolivia los españoles entregaban anualmente a los explotadores de las minas, una determinada cantidad de indígenas, al año siguiente volvían a entregarle la misma cantidad. De modo que se estableció un sistema peor que el esclavismo, puesto que al dueño del esclavo no le convenía que su esclavo muriera, del mismo modo que no le convenía que su burro muriera. En el sistema de encomiendas y repartimientos no importaba cuántos indígenas murieran, ya que, si por ejemplo el dueño de la mina recibía 100 indígenas por año y morían 50, al año siguiente le repondrían los 50 que murieron y volvería a recibir 100. De modo que quienes entraban en la mina no volvían a salir sino ya muertos. Por esta razón los indígenas preferían suicidarse antes que entrar a la mina y las madres mataban a sus hijos para evitarles el sufrimiento.

Esa fue una de las razones del levantamiento de Tupac Amaru, a quien se le castigó haciéndole presenciar las mutilaciones a su esposa y luego se le descuartizó vivo.

Ya en la época republicana en Uruguay se invitó amistosamente a los charrúas para masacrarles en la matanza de Salsipuedes.

En Estados Unidos fue fuerte la resistencia contra los invasores que adornaron sus atropellos en las películas decowboy.

En Argentina continuó la guerra contra los nativos aún bajo el presidente Sarmiento que es calificado como “maestro de las Américas”. Hay un monumento al gran asesino de indígenas, el general Roca.

Los mapuches en Chile que consiguieron firmar un pacto con los españoles, en el que éstos tuvieron que reconocer el derecho a su territorio, fueron confrontados con la negativa del gobierno republicano chileno que desconoció ese tratado. Por eso la lucha continúa y los mapuches no se reconocen a sí mismos como chilenos sino como mapuches atacados por los chilenos.

En Cuba la rebeldía de los indígenas hizo que los exterminaran y usaran esclavos africanos para sustituirlos.

El esclavismo al que fueron sometidos los nativos africanos, las matanzas en Asia y Oceanía, son parte de esa represión “civilizada”.

A los indígenas de América se les aplastó, pero por lo menos continuaron viviendo y muriendo en la tierra de nuestros ancestros, mientras que a los indígenas africanos se les arrancó de su tierra y se les mezcló con otros esclavos de modo que ni siquiera pudiesen mantener su lengua.

Los esclavos africanos realizaron cientos de rebeliones en América. En Haití se realizó la primera revolución de independencia en América Latina. Los opresores de todo el mundo, incluyendo quienes luchaban por la independencia de sus países, aislaron y/o atacaron Haití. Ni Bolívar, quien había recibido ayuda de Haití, le retribuyó esa ayuda. Hoy día, por orden de los amos del mundo, Haití está invadida por ejércitos coloniales de la ONU, de los que vergonzosamente forman parte tropas enviadas por el gobernante indígena de Bolivia.

Los esclavos que escapaban formaban colectividades que son ejemplo de democracia y solidaridad humana.

No hay espacio para continuar enumerando los atropellos de la “civilización” antigua y actual contra los indígenas.

Personalmente también sufrí esa represión anti-indígena: Por haber participado en la lucha que abolió la servidumbre feudal a que estaban sometidos los indígenas peruanos fui encarcelado y pidieron dos veces la pena de muerte para mí. Fue sólo gracias a la activa solidaridad internacional que no aplicaron la pena de muerte y posteriormente me liberaron.

En Estados Unidos Leonard Peltier (“Yo soy toda esa voz india y grito desde millones de tumbas con almas inquietas”) está condenado a dos cadenas perpetuas consecutivas, espero que los ecosocialistas de ese país tomen como una de sus tareas luchar por la liberación de ese ecosocialista indígena.

La lucha contra el sistema se extiende

En muchos países de América Latina, las poblaciones indígenas y no indígenas luchan fuertemente contra la opresión extractivista de las empresas transnacionales, quienes, apoyados por sus gobiernos sirvientes, atacan la naturaleza en las formas señaladas arriba.

Afortunadamente, también en las ciudades hay surgimiento de sociedad colectivista, como es el caso de las fábricas tomadas por sus trabajadores en Argentina, donde en muchas partes y desde hace muchos años los trabajadores se hicieron dueños de empresas que quebraron sin pagarles. En muchos de los casos la legalidad del sistema ha tenido que reconocer su derecho a convertirse en los propietarios. Ahí los trabajadores funcionan en forma estrictamente horizontal, absoluta y verdaderamente democrática.

Como son los obreros quienes administran, la fábrica crece, se necesitan nuevos obreros, éstos no son empleados de los fundadores, tienen los mismos derechos que ellos.

Hay muchas otras manifestaciones de rebeldía ante las imposiciones inhumanas del sistema.

Por ejemplo, contra la imposición de la alimentación humana en función del beneficio de la llamada “industria alimentaria” que sacrifica la salud de la población para satisfacer la voracidad de ganancia de las empresas, surgen convenios entre cooperativas campesinas que producen en forma ecológica y grupos de poblaciones urbanas que son conscientes de que deben alimentarse en forma sana.

En Grecia un grupo de jóvenes organizó la venta directa de los campesinos a los consumidores, sin pasar por los supermercados.

Hay poblaciones en México que tienen una moneda propia usada para el intercambio interno.

Continúa la explosión de los pueblos árabes contra los regímenes despóticos.

Como el sistema también está atacando a las poblaciones de los países desarrollados, principalmente para servir a la banca y a las compañías financieras, las poblaciones de ellos también protestan, manifestaciones democráticas de este tipo son “l@s indignad@s” de España y “Ocupa Wall Street” en Estados Unidos, así como la batalla internacional europea en varios países el 14 de noviembre pasado.

También en esos países vemos luchas en defensa de la naturaleza, como el movimiento “no al Tav” en el norte de Italia, la cadena humana contra la energía atómica en Alemaia, el triunfo del referendo en Italia contra la energía atómica y la privatización del agua, la resistencia contra el fracking en Estados Unidos.

En Canadá hay procesos muy importantes: Organizaciones ecologistas de ese país impulsaron una movilización internacional contra la minería canadiense el día de Pachamama, 1º de agosto. En diciembre último se inició la movilización de miles de indígenas y quienes les apoyan. Los indígenas se desplegaron por varias ciudades canadienses bajo el lema “Nunca Más Inactivos” (Idle No More). Su lucha es contra la opresión colonial que sufren y en defensa del medio ambiente.

Volver a nuestras raíces éticas

La humanidad está en un dilema: O retorna a su ética primitiva que sobrevive en los pueblos indígenas del mundo o fenece.

Retornar a su ética primitiva es volver a la sociedad ecosocialista de amor y respeto a la Madre Naturaleza y de organización horizontal donde todos manden. En ella se extinguirá la sociedad de consumo, que identifica felicidad con acumulación egoísta de dinero. Volverá a sentirse la profunda solidaridad humana, en la que el “otro” deja de ser un competidor para convertirse en “otro yo”. Seremos diferentes respetando las diferencias. Desaparecerá el machismo, el racismo y todo tipo de discriminación.

La “industria alimentaria” actual tiene el objetivo de lograr que las empresas ganen la mayor cantidad posible de dinero, no importando si sus productos benefician o no a nuestra salud. Cuando ya no sea el capital el que gobierne, la producción de alimentos tendrá el objetivo de nutrirnos en forma saludable.

Ahora, por la compulsión de la búsqueda de ganancia se gasta gran energía humana en la “publicidad”, el apremio de “compre, compre, compre”. Cuando deje de producirse para la venta, cuando se produzca para el uso, cesará ese desperdicio de energía.

El apremio de “vender” lo más posible también hace que las empresas gasten gran energía humana en lograr que los productos sean rápidamente perecibles, para que el usuario se vea obligado a tirar lo que compró y dejó de ser útil y comprar nuevamente. Esto tiene como resultado por una parte el desperdicio de energía humana y por otra la acumulación de basura contaminante del medio ambiente. Cuando el incentivo deje de ser la ganancia, se buscará que los productos duren lo más posible, que haya la menor cantidad de basura posible y que ésta no atente contra la salud de la naturaleza.

Retornar a la ética primitiva no significa volver a la vida primitiva.

Los científicos y los técnicos, ahora al servicio de las empresas en búsqueda de ganancia, pasarán a estar al servicio de la humanidad. Ellos nos indicarán de qué ventajas de la civilización podremos seguir disfrutando sin poner en peligro la continuidad de la especie y de cuáles no.

Esperamos que la humanidad derrote a los amos del mundo que conducen aceleradamente a la extinción de la especie, que tome en sus manos la conducción de sí misma, se reintegre armoniosamente a la naturaleza y consiga salvarse.


viernes, 9 de marzo de 2012

Los deberes humanos.



Por Susana Merino.
Buenos Aires.
La Asamblea General de las Naciones Unidas acaba de aprobar una Declaración sobre los defensores de los derechos humanos dirigida no solo a los Estados y a los defensores de los derechos humanos sino a todos los habitantes del planeta considerados como igualmente responsables de su cumplimiento. Y está bien que así sea.
Sin embargo si nos detenemos a pensar, advertiremos muy pronto que poco o nada se dice en la actualidad de esas y de otras responsabilidades que también nos competen. Ya en los tiempos bíblicos, aparece por primera vez la noción del otro, del prójimo, de aquel  a quién nos une un destino común. Cuando después   de la muerte de  Abel, a manos de Caín, Yahvé lo interpela, preguntándole: “¿Dónde está tu hermano?” y este le responde “No lo sé ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?”  Una respuesta que, sin duda, nadie podría calificar de antigua o superada, sino que sigue teniendo más bien  una reconocible cotidianeidad lo que de algún modo nos recuerda que debemos ser  corresponsables no solo de la debida consideración y el respeto a los derechos humanos de nuestros congéneres  sino también de la supervivencia  de nuestra generación  y de  la de las generaciones futuras, en la que es hoy nuestra casa común.
Próximamente, en la prevista Cumbre Rio+20 se propondrá que la ONU apruebe la Carta Universal de los Derechos de la Naturaleza, sobre la base del documento elaborado por la Conferencia de los pueblos realizada en Cochabamba (Bolivia) y adoptada por las constituciones de Bolivia y Ecuador. Y cuyo objetivo es sin duda proteger y conservar nuestro hermoso e irreemplazable planeta azul.
Si aceptamos, sin embargo, que la naturaleza o Gaia, como la bautizara James Lovelock, por sugerencia de su amigo el escritor William Golding y cuyo nombre evoca el de la diosa griega de la tierra, es como él mismo la definiera “un todo coherente donde la vida, su componente característico se encarga de regular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, composición química y salinidad en el caso de los océanos” y “en el que todas sus partes están tan relacionadas como las células de nuestro cuerpo” es indudable que los derechos de la naturaleza no difieren de los de los seres humanos en cuanto al prudente respeto en que debe basarse la intervención humana  en ese organismo vivo del que inexorablemente formamos parte.
De modo que cuando se habla de los derechos de la naturaleza estamos aludiendo elípticamente a nuestras propias responsabilidades con relación a ella, puesto que como decía Gandhi en una Carta de 1947 a las Naciones Unidas "Mi madre, que era ignorante pero tenía un gran sentido común, me enseño que para asegurar los derechos es necesario un acuerdo previo sobre los deberes"  Y es en estos deberes en los que deberíamos poner el acento.
Es cierto que según la definición de Lovelock la tierra es un organismo vivo pero un organismo que si bien se rige por leyes sabiamente estructuradas, carece de la racionalidad y de los mecanismos necesarios como  para ejercer su propia defensa o delegarla expresamente en quienes pudieran hacerlo.  Es decir que nosotros como seres pensantes no deberíamos siquiera plantearnos la posibilidad de hallarnos empeñados en su destrucción  como lamentablemente lo estamos haciendo.
Creo que tanto nuestra supervivencia como la del planeta dependen de la adopción o la recuperación de pautas éticas que parecen haber desaparecido de nuestro bagaje cultural mientras que contrariamente se han seguido manteniendo con envidiable persistencia en las comunidades indígenas. Dice Leonardo Boff “¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual”
En consecuencia pareciera hora de hablar no tanto ya de derechos sino de “obligaciones humanas" porque nuestro mundo no podrá seguir funcionando por mucho tiempo más si no reflexionamos sobre esta perentoria necesidad y no  arbitramos los medios para impedir que la codicia se convierta en un nuevo Leviatán, algo que ya está sucediendo en algunas regiones del planeta y que es una de las causas  más distorsivas del hambre y de la miseria en el mundo. 
De obligaciones y de  deberes humanos en   relación a las actividades extractivas, a la deforestación, a la eliminación de la biodiversidad, a los monocultivos, a la explotación irracional del suelo cuyos ciclos de recuperación solo podrían medirse en miles o millones  de años… es decir transformando nuestro acendrado y egoísta individualismo en algo así como una especie de alter-eco-centrismo en el que prime la valoración del otro y la del medio con el que estamos recíprocamente destinados a compartir la vida.
La vida en sociedad impone a cada uno de sus miembros ciertas obligaciones. Ciertas normas de conducta  que implican no perjudicar los intereses de los demás según derechos previamente establecidos y contribuir además a su mantenimiento y a la defensa de los bienes comunes, de modo que si el accionar de uno o de un grupo de individuos es perjudicial para el conjunto de la sociedad, esa sociedad tiene derecho a juzgarlos y a sancionarlos, impidiéndoles en primer término la continuidad de su accionar.
Cuando los conculcados son los actualmente llamados “derechos de la naturaleza” es indiscutible que toda la sociedad a través de sus gobiernos debe exigir la cancelación inmediata de esas actividades  pues debe constituir un deber inalienable de las políticas de estado asumir la defensa de las riquezas naturales de su jurisdicción e impedir el deterioro ambiental que esas actividades pudieran ocasionar al medio físico y a la salud de sus habitantes.
El teólogo José M. Mardones, señala con acierto en su libro “El hombre económico, orígenes culturales” que “El problema ecológico de deterioro de la naturaleza y la misma vida en general cuestionan radicalmente la lógica del desarrollo y del crecimiento continuo, se impone una nueva cultura de la austeridad y de relaciones no explotadoras con la naturaleza. Finalmente el problema del sentido y de una ética cívica para la convivencia humana nos confronta con la desecación de las tradiciones y la pérdida de orientaciones normativas compartidas. Necesitamos recuperar el sentido personal y colectivo de la vida más allá del pragmatismo funcionalista del tener, poseer o consumir. Nuestra sociedad ansía sentido para vivir más allá de las razones económicas”
De modo que sin un rescate ético de los valores fundamentales que garantizan la vida, sin el ejercicio ciudadano del respeto y consideración hacia el prójimo, incluida la seguridad de su sustento actual y futuro, sin asumir las responsabilidades que nos competen en la defensa de la naturaleza, cuyos “derechos” solo pueden ser sostenidos por nuestros deberes y nuestras obligaciones morales hacia su carácter de madre nutricia o pachamama, es muy probable que el destino de la humanidad se halle condenado a un aciago e incierto porvenir.+ (PE)
PreNot 9871
120309

Fuente: Ecupres