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martes, 10 de marzo de 2015

Estado peruano permite eliminar bosques amazónicos.


- Legislación permite cambiar uso de suelos forestales a agropecuarios para cultivo de palma, denuncia asociación DAR. Urge excluir cambio de uso en tierras de dominio público y prohibir el cambio de uso en bosques primarios y ecosistemas frágiles o de importancia.

Servindi, 10 de marzo de 2015.- Pese a las reiteradas denuncias por deforestación las normas vigentes y las que entrarán en vigencia permiten sustituir bosques amazónicos primarios y alterar de forma radical ecosistemas amazónicos frágiles, como los aguajales para reemplazarlos por diversos cultivos agropecuarios, como la palma aceitera.

Así lo sostuvo la asociación Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR) en una nota de prensa donde advierte que el Estado continúa centrando su interés en la tierra productiva agrícola o extractiva, subvalorando al bosque en pie.

De esa manera permite la pérdida invaluable de los bienes y servicios de los bosques naturales, acciones motivadas por prácticas económicas formales, informales e incluso ilícitas.

Esta situación es permitida tanto por la Ley Forestal y de Fauna Silvestre (Ley N° 27308) vigente y la nueva Ley Forestal (Ley N° 29763) cuyo reglamento está en proceso final de sanción.

Ambas normas permiten eliminar bosques para el desarrollo de actividades agropecuarias, como el cultivo de palma aceitera, si se demuestra que las tierras donde crecen dichos bosques cuentan con una capacidad productiva agropecuaria(1).

Ello se produce a través del procedimiento llamado “Autorización de Cambio de uso de Suelos” que permite eliminar hasta un 70 por ciento de los árboles de un área específica.
El pecado continúa

La Ley Forestal próxima a entrar en vigencia continúa priorizando el valor de la tierra, antes que la de los bosques en pie, pese a que son parte del patrimonio nacional forestal.

Lo más peligroso de la nueva Ley es su artículo 38 ya que apertura el cambio de uso en tierras de dominio público, un aspecto que no estaba contemplado en la ley vigente.

Esto es particularmente preocupante y constituye un riesgo aún mayor, advierte DAR, si consideramos la ausencia de ordenamiento forestal(2), la poca claridad de las competencias y funciones en bosques donde no se han otorgado derechos, así como la deuda pendiente de titulación y ampliación de tierras de pueblos indígenas.

Si bien es cierto que muchos de estos cambios de uso y afectaciones a los bosques se producen al margen de las leyes, otros ocurren al amparo de la Ley, y la nueva norma forestal no plantea cambios de fondo para enfrentar estos problemas.
Soluciones

Si el gobierno desea ser fiel a una lucha efectiva contra la deforestación debe excluir la opción de cambio de uso en tierras de dominio público y prohibir el cambio de uso en bosques primarios y ecosistemas frágiles o de importancia.

Asimismo, debe restituir el carácter vinculante de la Zonificación Forestal y el Ordenamiento Forestal de la nueva Ley Forestal, que fue modificada tácitamente por la Ley N° 30230.

También tiene entre sus obligaciones esclarecer las competencias y funciones de las instituciones en bosques sin títulos habilitantes, prever procesos de consulta previa en caso de posibles afectaciones a pueblos indígenas y establecer pagos o compensaciones al Estado por los daños que se generan al ecosistema.

Finalmente, debe tomarse en cuenta que el cambio de uso de suelos es empleado para acceder a la propiedad de la tierra, ya que en nuestro país solo pueden titularse las tierras con capacidad para la producción agropecuaria, y la inversión necesaria para cultivos como la palma, requiere de seguridad jurídica.

Por lo tanto, se debe en paralelo desarrollar e implementar mecanismos que promuevan, faciliten financiamiento y brinden seguridad jurídica para el desarrollo de actividades que aseguren el mantenimiento de los bosques de nuestro país.

Solo así el Estado peruano reforzará los diversos compromisos nacionales e internacionales que el país ha asumido luego de ser anfitriones de la COP20.

Em tal sentido, urgen adoptar medidas concretas y efectivas que permitan el mantenimiento de los bosques en pie, a fin de continuar disfrutando de sus servicios ecosistémicos (calidad y cantidad de agua, aire, regulación del clima, etc.) y recursos, como las plantas medicinales.

Notas:

(1) Debe tomarse en cuenta que es posible modificar la capacidad productiva de la tierra, es decir que si se implementan las tecnologías apropiadas, una tierra sin la capacidad para la producción agropecuaria, podría convertirse en una “tierra productiva” en términos agropecuarios.

(2) El ordenamiento forestal se basa en la normativa de Ordenamiento Territorial y Zonificación Económica Ecológica, sin embargo el artículo 22° de la Ley N° 30230, señala que ni la ZEE ni el OT puede establecer usos ni restricciones de usos.
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Fuente: Servindi

lunes, 22 de diciembre de 2014

Planes de vida: Una propuesta indígena para la gestión de sus recursos naturales y su territorio.


CAA, 20 de diciembre, 2014.- En el marco de la celebración de la COP20 en Lima, el 3 de diciembre, en Voces por el Clima, se llevó a cabo el evento sobre Planes de Vida y REDD+ Indígena: Diálogo intercultural para enfrentar la Crisis Climática, en el que representantes de los pueblos indígenas de la Amazonía peruana tuvieron la oportunidad de compartir sus experiencias en la elaboración y aplicación de sus planes de vida comunitarios.

Los planes de vida son documentos que articulan la visión indígena con la planificación técnica de la gestión de su territorio y sus recursos. Para ello, recogen las expectativas de las comunidades indígenas sobre cómo ven ellos su vida, su futuro, hacia dónde quieren ir, cómo y para qué.


Planes de vida: Una propuesta indígena para la gestión de sus recursos naturales y su territorio. Foto: Kjeld Nielsen /SPDA-ICAA

Este instrumento de gestión “es una carta de presentación de la comunidad ante actores externos que quieran relacionarse o trabajar con una comunidad”, señala Luis Tayori, representante del Consejo Harakbut y Machiguenga de Madre de Dios.

Él compartió con los presentes la experiencia de Planes de Vida en la Reserva Comunal Amarakaeri, que viene siendo desarrollada en tres comunidades nativas: Shipetiari (machiguenga), Queros y Puerto Azul (harakbut).

Para desarrollar la propuesta “nos basamos en los conocimientos ancestrales que nos permitieron reconocer los problemas, reflexionar sobre el uso de los recursos naturales, identificas nuestros anhelos, y pensar en el futuro sin dejar atrás las prácticas tradicionales’, finaliza Tayori.

También estuvieron presentes Segundo Pino de la Federación Nativa de las Comunidades Kakataibos (Fenacoka), y Miguel Tangora de la Federación de Comunidades Nativas de la Provincia de Purús (Feconapu), quienes compartieron sus experiencias sobre la elaboración de sus planes de vida, logros, errores, aciertos, y lecciones aprendidas.

Ambos destacaron que una de las ventajas de contar con estos instrumentos de gestión es que la población está más organizada, que pueden gobernar y desarrollarse con autonomía y capacidad de gestión.

Avances y retos

“La Iniciativa para la Conservación en la Amazonía Andina (ICAA) está tratando de ordenar la cantidad de información que hay sobre planes de vida. Lo primero que se dice sobre planes de vida es que pueden ser o un documento o una enciclopedia” señala Luis Román, coordinador de Pueblos Indígenas de la Unidad de Apoyo de ICAA.

“Por eso, estamos tratando de conocer las distintas experiencias de planes de vida a fin de proponer una guía que les pueda servir –a los pueblos indígenas- para proponer al Estado y a otros actores sociales, cómo hacer un plan de vida concreto, que recoja las expectativas de los pueblos indígenas, que tenga un proceso participativo para la formulación de sus propuestas de desarrollo y que también se articulen con las políticas de Estado. Que sea una herramienta de negociación de gestión territorial con el Estado” agregó Román.
Articulación con las normas y leyes del Estado

Hasta el día de hoy no hay un involucramiento del Estado, pues estos procesos de elaboración de los planes de vida son de los pueblos indígenas. El Estado tiene su propio proceso de planificación local, regional, nacional. Son dos procesos van en paralelo.

“Estamos tratando de involucrar a los sectores del Estado a nivel local en el proceso de formulación de un plan de vida para que ellos conozcan cuáles son las expectativas y se involucren desde el principio en las propuestas de políticas públicas”, finaliza Luis Román.

Dato:

“Para que los proyectos de REDD Indígena Amazónico (RIA) sean exitosos, deben adaptarse a los planes de vida -visión indígena de desarrollo y gestión comunal-, además de incorporar conceptos como seguridad territorial y manejo holístico del territorio” dijo Klaus Quicque, representante de la Federación Nativa del río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad).

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Fuente: Iniciativa para la Conservación de la Amazonía Andina (ICAA): http://www.amazonia-andina.org/amazonia-activa/noticias/planes-vida-una-propuesta-indigena-para-gestion-sus-recursos-naturales-su

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Fuente: Servindi

martes, 16 de diciembre de 2014

COP20. No hay nada que celebrar.



Por José F. Cornejo

16 de diciembre, 2014.- Luego de dos semanas de negociaciones la COP20 realizada en Lima sobre el cambio climático no logró el objetivo propuesto de concluir un documento borrador para ser aprobado en la COP21 de Paris el 2015. La declaración final presentada por la presidencia peruana ha permitido, efectivamente, evitar un fracaso como el ocurrido en la COP15 de Copenhague, pero esta declaración de compromisos vagos que ha gusto de todas las partes, no debe de ninguna manera ser presentada como un resultado exitoso.

Como ha advertido el panel de científicos del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima, GIEC, seguimos caminando al borde del abismo con el posible escenario de alcanzar temperaturas promedio globales por encima de los 2ºC de aumento, lo que traería consecuencias catastróficas e irreversibles para todas las formas de vida en nuestro planeta.

No hay pues tiempo para triunfalismos chauvinistas, porque el camino que nos queda por recorrer de aquí en adelante hacia la COP21 de Paris, está sembrado de grandes dificultades e interrogantes que la reunión de Lima no ha permitido despejar. Las diferencias subsisten entre los países desarrollados y los países emergentes y en desarrollo, sobre cómo establecer los compromisos nacionales de mitigación, adaptación y las responsabilidades financieras con los países pobres más afectados, manteniendo el principio del Protocolo de Kioto de responsabilidades comunes pero diferenciadas entre los países.

El Perú tiene la enorme responsabilidad de presidir estas negociaciones que se llevarán a cabo a lo largo del próximo año, y lo que debemos preguntarnos es cómo reforzar la autoridad de nuestro país como un facilitador serio, constructivo y responsable de este complejo y difícil proceso de negociaciones, para que la COP21 de Paris pueda finalmente aprobar un nuevo Protocolo vinculante para reducir lo más rápidamente posible, las emisiones de gases con efecto invernadero.

Y es ahí donde nos asalta la duda, y donde no vemos muchas razones para el optimismo sobre la capacidad facilitadora de la presidencia peruana. En los temas de la agenda interna sobre nuestras responsabilidades ante el cambio climático, hemos podido constatar que un sector del empresariado nacional sigue en una posición negacionista del problema. No solo lanzó una maliciosa campaña en contra del Ministro del Medio Ambiente en días previos a la inauguración de la COP20, sino que además obtuvo del gobierno, dentro del paquete de medidas reactivadoras, un desmontaje de las tímidas salvaguardas ambientales que existían en nuestro país. Por estas incongruencias la organización Climate Action Network (CAN) premió a nuestro país con el “Fósil del día” durante la Cumbre. Mientras subsista esta política depredadora frente al medio ambiente, mientras no exista un plan nacional de mitigación y adaptación con objetivos ambiciosos verificables que incluyan a nuestras comunidades nativas y al resto de la sociedad civil, las inconsecuencias de nuestro país seguirán siendo un obstáculo para que podamos cumplir el rol de un facilitador creíble en las negociaciones hacia la COP Paris 2015.

A este comportamiento contradictorio en nuestras responsabilidades nacionales, se suma el pésimo manejo de la agenda externa. En los debates de la COP20 de Lima quedó evidenciado que el Perú no tiene definido en que espacio negociador posicionarse, siendo miembro al mismo tiempo del G77 + China y el AILAC creado en Durban. Se anunció previamente a la COP20 de Lima, que saldría una declaración conjunta de los países latinoamericanos en apoyo a la presidencia peruana, y apareció sorpresivamente la Alianza del Pacífico, un grupo que no juega ningún rol en las negociaciones sobre cambio climático, evidenciando que la agenda comercial de los TLC prima sobre una estrategia propia para tratar la agenda medioambiental a nivel internacional.

La Alianza del Pacífico hizo el ridículo, no sólo al proponer separadamente colaboraciones al Fondo Verde, cuando había en curso la posibilidad de una posición común de todos los países de la región, sino que además Chile se alineó en las negociaciones finales con el grupo LMDC (LikeMindedGroup of DevelopingCountries) junto con Argentina, Ecuador y Venezuela. El Perú tiene que definir un posicionamiento claro junto a los países de la región y demás países en desarrollo que buscan acuerdos ambiciosos y vinculantes en Paris 2015.

Si queremos evitar los escenarios catastróficos que nos anuncia el grupo de científicos del GIEC debemos trabajar en varios frentes desde la sociedad civil para exigirle al gobierno peruano más coherencia y responsabilidad en el manejo de la agenda medio ambiental interna y externa. De lo contrario la presidencia peruana en este proceso de negociaciones seguirá marcada por sus contradicciones e incoherencias y no nos garantiza que alcancemos un nuevo Protocolo vinculante en la COP21 de Paris.

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Fuente: Servindi

viernes, 12 de diciembre de 2014

Indígenas advierten que no se está abordando el “verdadero problema” climático en COP 20.


Los indígenas que participan en la feria climática de la cumbre COP20, lamentaron que en las discusiones de la cita mundial no se cuestione al “capitalismo del siglo XXI”, que es impulsado “por gobiernos de izquierda y de derecha” y que consideran es la verdadera causa del cambio climático.

En un pronunciamiento emitido esta semana, los “pueblos indígenas del Abya Yala y del mundo” que se encuentran concentrados en la Maloca del Pabellón Indígena de la COP20, en Lima, advirtieron que en la referida cumbre “no se están encontrando soluciones verdaderas que reviertan” la crisis climática.

La causa estructural del problema es el “capitalismo del siglo XXI” que se expresa en el “extractivismo” y la concentración de la riqueza en pocas manos y el “despojo de territorios para los pueblos indígenas”, señala el pronunciamiento.

Socialismo del siglo XXI

Los indígenas denunciaron que los “gobiernos progresistas” de Latinoamérica, bajo el horizonte del “Socialismo del siglo XXI” pretenden “mostrarse como alternativos” pero no modifican “las claves y los compases de ese rostro reverso de larga data del capitalismo global”.

Consideraron que tales gobiernos se comportan de manera similar a los gobiernos “de derecha” teniendo como característica la “acumulación por despojo” propia del “capital global” que perjudica principalmente a los pueblos indígenas.

Caminos alternativos

Ante esta situación hicieron un llamamiento a los pueblos del mundo para tomar caminos alternativos para encontrar verdaderas soluciones al problema climático global que etsá enfermando a la “Madre Tierra” y por ende a los pueblos indígenas, afirmaron.

En ese sentido, demandaron persistir en la autodeterminación de los pueblos y exigir la “titularidad de sus territorios”, así como el manejo de sus recursos, el directo acceso a los fondos climáticos, el cese a la criminalización, entre otras medidas.

Lea a continuación el pronunciamiento:

Cambia el Sistema, Para que No Cambie el Clima

Los pueblos indígenas te llaman a la acción

Nosotros, representantes de los pueblos indígenas del Abya Yala y del mundo, reunidos en la Maloca del Pabellón Indígena de la COP20, desde el 2 de diciembre para discutir y reflexionar las causas del Cambio Climático en el mundo y aportar a los caminos de solución que se deben asumir en las Cumbres Mundiales, elevamos nuestra voz para decir:

1° El Cambio Climático está enfermando nuestra Madre Tierra, está interrumpiendo la unidad entre humanos y naturaleza que durante siglos ha permitido la vida sobre el planeta. Esta situación nos provoca un sentimiento profundo de tristeza porque impacta en la relación que los pueblos indígenas hemos desarrollado con la naturaleza; una naturaleza viva que la comprendemos como totalidad de la que formamos parte. Así, si se enferma la Tierra, los pueblos indígenas también nos enfermamos.

2° Los jefes de Estados están reunidos para discutir este problema, para buscar soluciones al desastre que se viene produciendo con la Madre Tierra. Sin embargo, vemos con gran preocupación que las salidas que se están buscando no hablan del verdadero problema, y por lo tanto no cambiarán el destino de desastre en el cual estamos. Estamos afectando la Madre Tierra y no se está encontrando soluciones verdaderas que reviertan el proceso, que protejan y defiendan la integridad de la naturaleza.

3° Para nosotros, los pueblos indígenas del Abya Yala y del mundo, el desastre que se está produciendo con la Madre Tierra tiene un origen, una causa estructural; tiene que ver con un modo de desarrollo que se ha instaurado y generalizado en el mundo, un modo de vida que busca incansablemente crear nuevas necesidades, aunque éstas sean fugaces. Estamos ante un modelo de desarrollo que tiene como centro la producción de riqueza y la distribución profundamente desigual de ella.

4° El modelo de desarrollo que está enfermando la Madre Tierra tiene nombre y apellido, se llama capitalismo del siglo XXI, y aquí en el Abya Yala tiene un rostro perverso de largo aliento llamado extractivismo, extracción de riqueza y expropiación de territorios a favor del capital global, a favor de la concentración de la riqueza en unas cuantas manos y despojo de territorios para los pueblos indígenas. Nos están despojando de nuestro Vivir Bien y Vida Plena que implica vivir en armonía con la naturaleza.

5° El extractivismo del Abya Yala se muestra en todas las iniciativas que toman los gobiernos de nuestra región y que implican: ampliación de la frontera hidrocarburífera, priorización de las actividades mineras y de hidroeléctricas respecto de las necesidades de los pueblos, crecimiento de la deforestación para la conversión de los bosques en zonas con cultivos agroindustriales. Lo más triste de esta situación es que los gobiernos de izquierda y de derecha se comportan de manera similar ante la acumulación por despojo como característica fundamental del capital global, cuyas principales víctimas somos los pueblos indígenas

6° Los gobiernos progresistas de nuestra región, los que acuñaron el horizonte del socialismo del siglo XXI, en realidad se han convertido en hacedores e impulsadores del capitalismo del siglo XXI. Usando frases populares como Revolución Ciudadana o Revolución Democrático Cultural, redistribuyendo riqueza de manera menos asimétrica y componiendo sus gobiernos con algunos sectores sociales que en un pasado formaron parte de las luchas, hoy en día pretenden mostrarse como alternativos sin modificar las claves y los compases de ese rostro reverso de larga data del capitalismo global que en nuestra región del Abya Yala se llama extractivismo.

7° Nosotros, los pueblos indígenas del Abya Yala, hemos resistido y luchado a lo largo de nuestra historia con este modelo de desarrollo, con este modelo de colonización, con este modelo de acumulación de riqueza fundamentado en el despojo de nuestros territorios y recursos naturales. Con nuestras luchas hemos buscado dignificar el nacimiento colonizado de los Estados y Naciones que conforman el Abya Yala, que conforman la región de América Latina, por eso no nos sorprende que un derecho tan fundamental como es el de Consulta para el consentimiento libre e informado, hoy día sea utilizado como una herramienta que antes que proteger el Derecho de Consulta, lo desnaturaliza y usan a su antojo.

8° Este panorama nos lleva a convocar a todos los pueblos del mundo, y a quienes se congregan en la Cumbre de los Pueblos en Lima-Perú, a tomar caminos alternativos que nos acerquen a las verdaderas soluciones del Cambio Climático, a las verdaderas soluciones que reviertan los impactos que está sufriendo la Madre Tierra. La defensa de la Madre Tierra y sus derechos es también la defensa de los pueblos y la vida. La acumulación de riquezas a cambio del despojo de nuestros territorios es la agenda de las grandes corporaciones financieras y económicas que están metidas dentro en los Estados.

9º Llamamos a persistir en nuestro camino de la autodeterminación de los pueblos, de la sociedad civil organizada, como la alternativa principal que nos permitirá encontrar salidas al problema estructural del Cambio Climático. Consolidar y reconstituir nuestra Territorialidad y titularidad integral de nuestros territorios y el control de todos sus recursos. Detener los grandes motores del calentamiento global como son las operaciones extractivas y agroindustriales. Exigir el acceso directo de los fondos climáticos, y en especial de las mujeres indígenas en las estrategias de adaptación. Detener la criminalización y judicialización de la libre determinación porque es imposible defender a la madre tierra persiguiendo a los que la defienden.

NI DESPOJO COLONIAL NI DESARROLLISMO EXTRACTIVISTA

SOLUCION CLIMÁTICA GLOBAL: TERRITORIALIDAD y LIBRE DETERMINACION DE LOS PUEBLOS INDIGENAS PARA EL BUEN VIVIR Y VIDA PLENA PARA EL ENFRIAMIENTO GLOBAL

AIDESEP, Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana
COICA, Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica
CAOI, Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas
CICA, Consejo Indígena de Centroamérica
CCNAGUA, Consejo Continental de la Nación Guaraní
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Fuente: Servindi

martes, 11 de noviembre de 2014

Las actitudes de las personas frente al cambio climático.


¿Por qué hasta ahora como humanidad no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un tema tan trascendental?

Por Rodrigo Arce Rojas*

Del 1 al 12 de diciembre desarrollará en Lima la COP20 que es la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) como parte del proceso de negociación que concluirá en París en el 2015 con un acuerdo climático global vinculante.

Nos preguntamos, ¿Por qué hasta ahora como humanidad no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un tema tan trascendental? El presente artículo explora el universo de actitudes de las personas (y también de las organizaciones) frente al cambio climático como una manera de contribuir al debate y de proponer pistas orientadas a lograr el tan ansiado acuerdo de limitar el incremento de temperatura a menos de 2°C.

Existen diferentes actitudes de las personas frente al cambio climático: unos prefieren negarlo, otros pretenden subestimarlo, otros exacerbarlo y otros son indiferentes. Veamos cada uno de estos tipos de actitudes.

Los que prefieren negarlo afirman que no existe tal cambio climático y que el sistema atmosférico siempre está cambiando de manera normal. Aunque el grupo de los escépticos del origen antrópico del cambio climático cada vez son menos todavía es posible escucharlos. Curiosamente, por decir lo menos, se atreven a señalar que el cambio climático antropogénico es un invento de los ambientalistas y de los enemigos del progreso. Señalan además que la humanidad tiene problemas muchos más grandes e importantes que atender como para estar distrayéndose en cuestiones ambientales.

Los que subestiman al cambio climático minimizan sus impactos. Consideran que el tema existe pero que no habría porqué preocuparse tanto. Total, mencionan ellos, el hombre con su infinita capacidad inventiva, siempre generará opciones tecnológicas que lleven a superar los efectos del cambio climático.

También hay quienes exacerban el cambio climático. En este grupo se ubican los que utilizan un tono catastrofista del fenómeno y consideran como una señal concreta del fin de los tiempos. Ponen de manifiesto que el ser humano ha fallado estrepitosamente en construir una sociedad equilibrada y que el planeta pronto pasará la factura a su desidia.

Los indiferentes al cambio climático son aquellos que no se sienten involucrados frente al tema independientemente de la magnitud del problema. Como tal, tampoco se ven convocados en la generación de soluciones. Como se dice coloquialmente, el tema no es con ellos.

Una actitud especial refiere a aquellos que aparentan importarle el tema del cambio climático pero cuyas prácticas no se condicen con su discurso por ello no es difícil encontrar evidencias concretas de inconsistencia e incoherencia.

Una categoría distinta refiere a los oportunistas, los que ven al cambio climático una oportunidad para revisar el modelo de desarrollo predominante, los sistemas económicos, las tecnologías o incluso la oportunidad para hacer grandes negocios.

Aunque esta clasificación no es absoluta, recoge las tendencias predominantes de las personas.

Las personas además desarrollan actitudes frente al grado de afectación del cambio climático. Así habrá aquellos que consideran que el cambio climático existe pero no me afecta o por lo menos no en lo inmediato. Aquí se reconocen diferentes grados de distancias entre el cambio climático y las personas, estas distancias pueden ser geográficas (“porque los impactos son lejanos respecto a dónde vivo”), temporales (“porque los impactos vendrán después y a mí no me alcanzan”) o afectivas (“mientras no me afecte a mí poco me importa”).

Como se puede colegir de las diversas actitudes de las personas, existen múltiples razones subyacentes detrás de cada posición. Estas razones son de diferente origen: ideológicas, políticas, científicas o emotivas; se cruzan además las creencias y convicciones personales de las dimensiones ambientales, sociales o económicas. Habrá quienes buscan una perspectiva de equilibrio y otros quienes privilegien razones económicas o ambientales. Quiere decir entonces que hay razones legítimas y otras interesadas según sus propias perspectivas.

En este concierto de actitudes hay quienes tienen preocupaciones serias sobre el cambio climático y están realmente preocupados por sus impactos. Pero también hay quienes usan el tema del cambio climático como un pretexto para imponer sus propias agendas e intereses económicos o políticos.

Para poder avanzar hacia el acuerdo vinculante buscado se requiere entonces reconocer el sentido de urgencia del cambio, reconocernos como parte de una única comunidad humana (independientemente de espacios, tiempos y creencias) y reconocernos como parte de la naturaleza. Implica reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestra propia esencia. La humanidad está en cada uno de nosotros, y cada uno de nosotros es la propia humanidad.

Visto desde esa perspectiva es imprescindible dejar de lado todo tipo de prejuicios y ser capaces de superar los intereses particulares de cualquier tipo para vernos reconocidos en los legítimos intereses de la humanidad como un todo. El daño que provoca el cambio climático a las personas en cualquier parte del mundo es el daño que nos afecta a cada uno de nosotros. Todo crecimiento que implique subestimar o desconocer el cambio climático es iluso y es ficción. Necesitamos apelar al camino de la sensatez con nosotros mismos, con el planeta y el cosmos. Es hora de demostrar que como humanidad estamos a la altura de las circunstancias.
*Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal. Su correo es: rarcerojas@yahoo.es


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Fuente: Servindi

lunes, 21 de abril de 2014

Crisis ecológica e indignación global.


Por Josep Maria Antentas y Esther Vivas*

20 de abril, 2014.- La humanidad se encuentra frente a una crisis ecológica global que forma parte intrínseca de la crisis sistémica del capitalismo. En la crisis de nuestro presente se interrelaciona una crisis financiera y económica, energética y alimentaria, política y social (por el aumento de las desigualdades y el estallido de la crisis de los cuidados).Asistimos en realidad a una verdadera crisis de civilización. Una crisis que en su conjunto ha puesto encima de la mesa la incapacidad del sistema capitalista para satisfacer las necesidades básicas de la mayor parte de la población mundial y para atajar la crisis ecológica que él mismo ha creado y que amenaza la propia supervivencia de la especie y de la vida en el planeta.

La interrelación entre la crisis económica y la crisis ecológica global, cuya mayor expresión es el cambio climático, es de hecho una de las especificidades de la situación actual distinta a las precedentes como la crisis de 1929 y los años treinta. La magnitud del desafío ecológico no hace sino aumentar el potencial de inestabilidad global para el próximo periodo, que estará marcado por el agotamiento, a medio plazo, de un modelo energético basado en el petróleo y los combustibles fósiles, el aumento de las catástrofes naturales debido a las alteraciones climáticas, y los desequilibrios estructurales crecientes del sistema agroalimentario mundial.

Los fracasos de las cumbres del clima de Copenhague 2009, Cancún 2010, Durban 2011 y Doha 2012, que ha transcurrido en medio de la indiferencia generalizada, ponen de manifiesto cómo el sistema capitalista es incapaz de dar respuesta a una crisis que él mismo ha creado (Antentas y Vivas, 2009). Estas citas resultaron ser un fracaso sin paliativos y una oportunidad perdida donde ni siquiera la retórica hueca y la pompa de los jefes de Estado, que se fue apagando cumbre tras cumbre desde la grandilocuencia de Copenhague hasta la invisibilidad de Doha, pudo esconder la falta de medidas reales aprobadas. No hay voluntad política para dar respuesta a la crisis climática y ecológica a la que nos enfrentamos ya que una solución real requeriría el núcleo duro del actual modelo económico.
La ofensiva de la economía verde

La nueva ofensiva del capitalismo global por privatizar y mercantilizar masivamente los bienes comunes tiene en la economía verde su máximo exponente. Una economía verde que, contrariamente a lo que su nombre indica, no tiene nada de “alternativa” sino que busca aumentar las bases para explotar y hacer negocio con la naturaleza. En un contexto de crisis económica como el actual, una de las estrategias del capital para recuperar la tasa de ganancia consiste en privatizar los ecosistemas y convertir “lo vivo” en mercancía. Al mismo tiempo que en el marco de la crisis ecológica, climática y alimentaria, se presentan las nuevas tecnologías (nanotecnología, agrocombustibles, geoingeniería, transgénicos…) como instrumentos para frenar el calentamiento global y la hambruna, cuando en realidad su aplicación obedece a criterios mercantiles y empresariales.

Sus promotores son, precisamente, aquellos que nos han conducido al callejón sin salida en el que nos encontramos: grandes empresas transnacionales, con el apoyo activo de gobiernos e instituciones internacionales. Aquellas compañías que monopolizan el mercado de la energía (Exxon, BP, Chevron, Shell, Total), de la agroindustria (Unilever, Cargill, DuPont, Monsanto, Bunge, Procter&Gamble), de las farmacéuticas (Roche, Merck), de la química (Dow, DuPont, BASF) son las principales impulsoras de la economía verde, a la vez que se configuran nuevas fusiones y adquisiciones empresariales (Grupo ETC, 2011).

Asistimos a un nuevo ataque a los bienes comunes donde quienes salen perdiendo son las comunidades indígenas, campesinas, de pastores, pescadores… del Sur global, cuidadoras de dichos ecosistemas, quienes serán expropiadas y expulsadas de sus territorios en beneficio de las empresas transnacionales que buscan hacer negocio con los mismos. La economía verde privatiza la naturaleza convirtiendo el acceso a la tierra y a los alimentos en transacciones comerciales y a las políticas públicas, que deberían garantizar estos derechos, en competencia de mercado (Ribeiro, 2011).

En la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en 1992, donde se aprobó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que posteriormente desembocaría en el Protocolo de Kioto, las empresas transnacionales ya dieron muestras de un lavado de imagen verde para ocultar sus prácticas con un fuerte impacto medioambiental y esquivar responsabilidades. Lo “verde” no es nuevo, pero la economía verde va mucho más allá e implica la neocolonización de los ecosistemas y de la naturaleza y busca transformarlos en mercancías de compra y venta. Una ofensiva resultado de la competencia por controlar los recursos naturales y hacer negocio con “la vida”.
El 99% y nuestro planeta

El agravamiento de las consecuencias sociales de la crisis y la intensificación de las políticas de ajuste han provocado una reacción social de largo alcance. Con las revoluciones en el mundo árabe como aguijón emergió en 2011 un nuevo ciclo internacional de protesta que tiene su elemento motriz en la lucha contra los efectos de la crisis y las políticas que buscan transferir su coste a las capas populares. El leiv motiv de la “rebelión de los indignados” pone en el centro de la diana a quienes son identificados como responsables de la crisis y su gestión. En el caso español, tiene un doble eje constitutivo inseparable: la crítica a la clase política y a los poderes económicos y financieros. A los últimos se les señala como responsables de la crisis económica y a los primeros se les acusa, precisamente, por su servilismo y complicidad con el mundo de los negocios. En Estados Unidos, el movimiento Occupy, en cambio, pone más énfasis en la crítica al poder económico que a la clase política, llevando a cabo un ataque frontal a Wall Street y a la minoría privilegiada simbolizada por el 1%. De todos modos, detrás subyace el rechazo a los dos grandes partidos, a la política de Obama, y a las élites de Washington.

En Europa y Estados Unidos la resistencia indignada se centra en la movilización contra los recortes sociales, las privatizaciones, la banca y el pago de una deuda ilegítima, temas que fueron dominantes en los países de América Latina y en otros continentes del sur en las décadas anteriores. En definitiva la indignación colectiva se expresa como movilización contra los intentos del capital financiero de sacrificar al conjunto de la sociedad para salvarse a sí mismo y de reorganizar el conjunto de las relaciones sociales en beneficio propio.

En la agenda indignada, sin embargo, las cuestiones específicamente medioambientales y la crisis ecológica y climática han jugado un rol secundario, en un momento donde recortes, desmantelamiento de servicios públicos, desahucios, paro y ayudas a la banca dominan el panorama. En cambio, hoy la defensa de los bienes comunes, de los ecosistemas y de la biodiversidad son temas centrales en la agenda de los movimientos sociales en los países del Sur. Muchas de sus comunidades son las primeras en enfrentar las consecuencias del cambio climático (aumento del nivel del mar, sequías, etc.) y el impacto medioambiental de las falsas soluciones promovidas por el capitalismo verde (agrocombustibles, programa REDD, almacenamiento de CO2 bajo tierra).

Colocar la cuestión de la crisis ecológica y climática en tanto que aspecto central de la crisis sistémica contemporánea en la agenda de las luchas sociales indignadas es una cuestión pendiente y estratégica, para poder plantear un proyecto de ruptura consecuente con el actual modelo económico y social. La crisis actual plantea la necesidad urgente de cambiar el mundo de base y hacerlo desde una perspectiva anticapitalista y ecosocialista radical, en el sentido que le dan al término autores como Kovel y Löwy (2008). Indignados y occupiers en su lucha contra la tiranía de la minoría financiera global tienen el reto de enlazar las movilizaciones contra el ajuste estructural y las opuestas a la crisis climática en una perspectiva convergente e integradora entre lo “social” y lo “medioambiental” cuyo nexo debe ser el rechazo a la (in)civilización del capital y a la mercantilización generalizada del planeta y la sociedad. Se trata de poder avanzar así hacia, en palabras de John Bellamy Foster (2009), una imprescindible “revolución ecológica que necesariamente tiene que ser también una revolución social”.

Bibliografía

ANTENTAS, JM. y VIVAS, E. (2009) “Justicia climática y justicia social: un mismo combate contra el capitalismo global”, Ecología Política 39, p. 103-106.

BELLAMY FOSTER, J. (2009) The ecological revolution. Nueva York, Monthly Review Press.

GRUPO ETC. (2011) “¿Quién controlará la economía verde?”: http://www.etcgroup.org/es/content/quién-controlará-la-economía-verde

KOVEL, J. y LÖWY, M. (2008) “Un Manifiesto Ecosocialista”:http://marxismolibertario.blogspot.com.es/2008/02/un-manifiesto-ecosocialista.html

RIBEIRO, S. (2011) “Los verdaderos colores de la economía verde”, ALAI 468-469, p. 23-26.

*En este artículo sintetizamos algunas de las idea expuestas en nuestro libro Planeta Indignado (Sequitur, 2011). Publicado en Ecología Política, nº44, diciembre 2012.

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Fuente: Servindi

martes, 28 de enero de 2014

Cambio climático y hambre en el mundo.


Por Jorge Arboccó

28 de enero, 2014.- De cara a la 20ava Asamblea de la Convención de partes y países miembros de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 20), se avizora un futuro incierto para el mundo y sobre todo, para los países y poblaciones más vulnerables.

Hasta la fecha, las emisiones de gases que elevan la temperatura del planeta siguen en aumento. En desmedro de todo el planeta, vemos el desarrollo cada vez mayor de desastres naturales, la extinción de decenas de especies, miles de kilómetros de tierras degradadas y miles de hectáreas de territorios deforestados. Crece el desplazamiento de poblaciones humanas y de diversas especies animales. Al mismo tiempo, se elevan las epidemias y las plagas que afectan los cultivos de alimentos.

Cada año, nuestros países pierden vidas y pierden en su economía por la ambición y el crecimiento insostenible de prácticas económicas anti-ecológicas. En vez de reducirse los principales contaminantes del planeta, vemos un creciente afán por negociar con los bienes naturales e influir en los Estados para que estos flexibilicen sus políticas ambientales.

El COP 19 realizado en Varsovia (Polonia), nos ha llevado a ver desde la sociedad civil, la presión de las multinacionales sobre las Naciones Unidas y los Estados que la conforman(1). Lo mismo se avizora para el COP 20 a realizarse en Lima (Perú) ¿A dónde llegaremos? Desde los años setenta esta pregunta ha dado la vuelta al mundo y quienes ostentan el poder económico han hecho oídos sordos, acusando y persiguiendo a quienes se han opuesto a tener un mínimo de responsabilidad social y ambiental integra.

Desde el inicio de las negociaciones, hubo luchas por que las emisiones de gases tipo invernadero se reduzcan por lo menos en un 20%. Hasta la fecha, las negociaciones siguen para que estos gases por lo menos se reduzcan en la práctica en un 5%. El problema está en que tales siguen en aumento a pesar de los compromisos y esfuerzos crecientes de algunos Estados y miembros de la sociedad civil. Entre los países más contaminantes del mundo están principalmente los países llamados industrializados, pero, también están países como Perú y Brasil, que deforestan año a año miles de hectáreas, sobre todo, de la Amazonía.

Según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) que ofrece un reporte sobre las condiciones ambientales de la Tierra desde 1998, comparándolo con datos de hasta 1970: Si se repartiera la superficie del planeta de manera equitativa, a cada persona la corresponderían unas 1,8 hectáreas. Este índice refleja el área actualmente disponible para cada habitante para producir los recursos y absorber las emisiones. Pero desde la década de 1970, la humanidad supera la capacidad regenerativa del planeta, denominada bio-capacidad global, y requiere de 2,7 hectáreas por persona. Por lo tanto, la Huella Ecológica, que analiza la demanda humana sobre los ecosistemas, es 1,5 veces mayor a lo que debería ser en el caso de un consumo sostenible(2).

De acuerdo a información de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ya desde el 2009:

“el hambre en el mundo habría alcanzado un récord histórico con 1,020 millones de personas que pasan hambre a diario”. La mayoría de estas personas se encuentran en países en desarrollo y que en la región de América Latina y el Caribe (LAC) habitan unas 53 millones de personas con un acceso insuficiente a los alimentos -de las cuales se estima que un 16% de aquel total sean niños menores de 5 años de edad”(3).

¿Hasta qué punto esperaremos para lograr compromisos realmente concretos que reviertan y prevengan el avance de esta situación? Depende de cada uno de nosotros exigir nuestro derecho a un medio ambiente saludable y sostenible para tod@s.

Notas:



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