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jueves, 30 de agosto de 2018

Replantear el agua: 27 tesis.

Corporación Latinoamericana Sur-REVISTA SUR

A. ¿Por qué replantear el agua?

1. La mercantilización, monetarización y privatización del agua y los servicios de agua. Daños y fracasos.

Bajo la ola “triunfante” de la llamada “tercera revolución industrial” (TIC, biotecnologías, nuevos materiales, transporte y energía renovable) y la “libre” globalización de la economía de mercado capitalista, en los últimos 50 años, todas las formas de vida se han convertido en mercancías, y todo lo que antes se consideraba como un servicio público esencial para la vida bajo la responsabilidad de la comunidad humana, ha sido privatizado, encadenándose a “reglas” de mercados financieros mundiales y cada vez más separado de la economía real.

El valor de cualquier cosa, bien, se ha parametrizado con respecto a su valor de mercado. Los recursos naturales se han reducido a fuentes de extracción de riqueza, disponibles hasta que se agoten, en beneficio de los más fuertes, de los más competitivos. Incluso los bienes producidos por los seres humanos, como el conocimiento, la vivienda, la salud, la educación, la seguridad de la existencia y el devenir han sido monetizados, financiados y privatizados.

En 1980, la Corte Suprema de los Estados Unidos, por primera vez en la historia, legalizó la privatización de los seres vivientes con fines de lucro. Plantas, animales, especies, microbióticos, genes humanos… todo se ha convertido en patentable con carácter privado. Un escándalo. Con la Directiva 98/44 / CE de 1998, la Unión Europea ha seguido el ejemplo para evitar, se dijo, la desaparición progresiva del sector agroalimentario y la industria química-farmacéutica europea independiente.


El acaparamiento predatorio de la tierra no ha salvado el agua y los servicios de agua. Las autoridades públicas “nacionales” que aún tienen el poder formal de regulación legislativa, política, judicial y sancionadora en todos los sectores del agua, dulce y salado, han delegado “la gestión de los recursos hídricos” a grandes grupos multinacionales industriales y comerciales privados como Suez, Vivendi, Thames, Waters, Agua de Barcelona…. En Italia, nos referimos a las cuatro principales “sociedades holdings” cotizadas en la bolsa: ACEA, A2A, IREN y HERA. Peor todavía han impuesto una concepción utilitarista del agua, consagrada en 1993 por el Banco Mundial en su documento / Biblia sobre política de aguas “Gestión Integrada de los Recursos Hídricos”.


Los conceptos del Banco Mundial se basan en el principio (dogmático) de que el agua debe considerarse un bien económico, sujeto a las “reglas” de la rivalidad y la exclusión según la definición de “bien económico” adoptada e impuesta por la teoría económica dominante. De ahí, la imposición de un precio para acceder a servicios de agua potable y agua según un doble principio:

– Primero, “El agua financia el agua”, es decir, la financiación de las infraestructuras y los servicios del agua se realiza mediante el pago de un precio por parte de los consumidores, como sucede con cualquier otro bien y servicio de interés privado.


-Segundo, “El precio se establece sobre el principio de recuperación de los costes totales (” full cost recovery”).

Según este punto de vista, los destinatarios de los servicios de agua no son ciudadanos con derechos sino consumidores con necesidades. Nuestras sociedades han abandonado la visión del agua como bien público común y han desechado el reconocimiento del derecho universal al agua potable y al saneamiento consagrado, como tal, el 28 de julio de 2010 por una Resolución de la Asamblea General de la ONU.


La mercantilización del agua (y la naturaleza) y la privatización de los servicios de agua, dos símbolos de la nueva era de la globalización, han demostrado toda su ineficacia: después de cuarenta años de batallas en nombre de los dogmas del capitalismo global. Ni los seres humanos ni las aguas (ríos, acuíferos, lagos, humedales, agua potable) ganan. La devastación ambiental y humana es de importancia considerable: se estima que cerca de cuatro millones de personas no pueden acceder al agua en cantidad y calidad esencial para la vida. Esto es una violación inaceptable del derecho a la vida.


Además, el agua útil para el uso humano es cada vez más escasa debido a los fenómenos persistentes de polución y contaminación de todos los cuerpos de agua (no porque la población mundial esté aumentando, como los grupos dominantes intentan hacer creer). El agua sigue siendo la base de muchos conflictos locales, como parte de una nueva lucha para la conquista del agua global, principalmente llevada a cabo por Nestlè, Danone, Coca-Cola, Pepsi-Cola, las compañías extractivas (compañías petroleras, mineras, etc.), compañías farmacéuticas y químicas, empresas de IT y otros sectores que consumen grandes cantidades de agua de buena calidad. Por último, el “precio del agua” está creciendo en todas partes y las empresas que gestionan los servicios de agua no saben que es una gestión del agua transparente y participativa con base democrática.


Incluso los británicos, entre los defensores más convencidos del concepto de agua rentable para el capital privado, han comenzado a hablar de la necesidad de su remunicipalización y re-divulgación. La fiebre del oro azul muestra un claro fracaso, cuyos costes humanos, sociales y financieros han sido pagados no por los grupos culpables sino por las mismas víctimas (pueblos indígenas, campesinos, estratos sociales empobrecidos de las ciudades, suburbios, chabolismo, niños menores de seis años, mujeres, minorías marginadas…).

No podemos continuar siguiendo el camino de los fracasos, los conflictos, las desigualdades, las exclusiones y las depredaciones.


2. La base de la convivencia: el estado, el público, los bienes comunes, la seguridad colectiva, la democracia. ¿Qué es la humanidad?

La segunda razón para “replantear el agua” radica en la conciencia de los cambios profundos en la concepción del estado y su papel (incluido el papel de municipios, provincias y regiones). Ya no es, o cada vez menos, garante de los derechos. Los gobiernos nacionales han demolido casi en todas partes el estado de bienestar, el estado de seguridad social generalizado. La seguridad se ha reducido a la seguridad militar (contra los enemigos), a la seguridad de la identidad nacional (contra extranjeros, migrantes e inmigrantes) a la protección de la propiedad privada de bienes y personas / categorías sociales ricas (piense en “ciudades cerradas”).


El compromiso con la seguridad y la justicia ambiental, la protección del estado ecológico de los bienes y servicios naturales esenciales, irremplazables para la vida y la coexistencia entre los pueblos, permanecen conceptos y prácticas aún por realizar. A pesar de las tres grandes cumbres de la Tierra (Río, Johannesburgo y Río) y la 23 COP de la ONU sobre el cambio climático, la pérdida de sentido a la vida por parte de nuestras sociedades es preocupante. ¿Dónde está lo sagrado de la vida? ¿Y el del agua? En los últimos años, algunas (justas) críticas al enfoque antropocéntrico del mundo y de la vida han promovido una visión más holística, real, ecocéntrica y postindustrial. Los movimientos “globales” de los últimos tiempos han estado a favor de los “derechos de la naturaleza”, de los derechos de los animales, de las plantas, de las especies microbianas, de la integridad del genoma…


¿Cuál es el significado del concepto de “habitantes de la Tierra”? Los dominantes, hoy no creen que todos tengan derecho a vivir. Solo piense en los migrantes, “refugiados económicos”. ¿Hasta qué punto y de qué manera la globalización actual de la condición humana, en el contexto de grandes interdependencias y complejidad de la vida, cambia la visión de “los bienes comunes de la humanidad (public global commons)?


Para miles de millones de personas, hablar del “bien común de la humanidad” significa poco o nada. ¿Qué pretende decir la ONU, más allá de la retórica cuando hablan de “nuestro futuro común”?

¿Cuáles son las relaciones directas entre los “derechos humanos universales” y los “bienes comunes”, los “derechos humanos” y los “derechos de la naturaleza” y los “bienes públicos globales”?

¿Cuál es el significado que le damos al Estado en este contexto? ¿Qué visión queremos tener del estado para el siglo veintiuno? Una visión que mantiene la centralidad de los estados “nacionales” y su soberanía en el contexto de un multilaterismo interestatal a escala global cuyos límites y deficiencias han emergido fuertemente en estos últimos treinta años? Una visión de la organización política del mundo basada en la autorregulación de las comunidades “locales” y una extensión variable según las agrupaciones espontáneas entre partes interesadas (“stakeholders”), tan querido por la economía capitalista mundial? ¿Una organización de naturaleza federal entre los estados existentes? ¿Un sistema global basado en la cooperación entre agrupaciones estatales continentales “impulsadas” por una federación de “ciudades globales” y áreas de seguridad global?


En este contexto, las cuestiones relacionadas con el agua también plantean la cuestión de qué debe entenderse por “público”: las tendencias actuales apuntan al debilitamiento estructural del estado público para favorecer el rol del público- no estatal. ¿El agua, como bien y servicio público a qué público pertenece? Y si supiéramos qué es el estado público, local, nacional o internacional, ¿quién sabría decir qué es un bien público estatal- global? Estas incógnitas no se pueden dejar a los juegos financieros. El mundo necesita definir reglas comunes precisas.

Tenemos que “replantear el agua”, concebir y efectuar un “contrato social global para el agua”.

3. Por fin, las rupturas sociales y el agravamiento de las grandes desigualdades en relación con los derechos de la vida, en todos los niveles.


La tercera razón tiene gran posibilidad de ser la más convincente. En comparación con el clima actual, los desastres climáticos y las catástrofes previsibles para 2050, ha quedado claro que el agua es y será la principal víctima de estos desastres. De hecho, incluso si cumplimos con todas las recomendaciones derivadas de la COP 21 en París, el Planeta no se salvará de la intensificación de la frecuencia y la gravedad de los fenómenos extremos (inundaciones y sequías). Estos interrumpirán inevitablemente los regímenes hídricos en todas las regiones del mundo, provocando una devastación cuantitativa y cualitativa del agua para uso humano. La reducción de la disponibilidad y el acceso al agua buena ayudará a acentuar fuertemente las desigualdades entre las personas, los grupos sociales, las comunidades humanas y los pueblos.


Los grupos dominantes sufrirán menos que los habitantes de las áreas que ya sufren por el agua. Las soluciones propuestas provendrán de las clases de élite y se diseñarán principalmente en función de sus aspiraciones, necesidades e intereses. No hace falta ser un experto para entender que la resiliencia y la adaptación son dos estrategias que sólo pueden ser perseguidas por grupos sociales favorecidos y poderosos que tienen enormes recursos financieros. Trate de imaginar y comparar el futuro de los habitantes de los Países Bajos con el de los de Bangladesh en 2050. Las élites gobernantes siguen imponiendo un “management” de la vida y el agua desigual e injusto. Ellos proclaman mientras su fe en el “desarrollo sostenible”. Insisten en disociar el agua de las consideraciones sobre los derechos de la vida, la justicia social, la buena convivencia y la democracia participativa.


1. ¿Qué significa entonces replantear el agua?

Replantear el agua significa: cortar el futuro de la humanidad de las ataduras de la desigualdad y la injusticia; protegerla de la guerra por el agua; quitar cadenas al futuro de la vida de la dominación depredadora de los antiguos y nuevos “señores del agua” que ya están trabajando en ello en todo el mundo; preservar este planeta del robo de la vida a través del empobrecimiento y la exclusión de algunos; liberar la fuerza creativa de la utopía dejándola salir de la prisión del pragmatismo, realismo y cinismo de las clases dominantes.


Tesis 1. El agua es un elemento natural imprescindible e insustituible para todas las formas de vida (seres humanos, microbios, plantas y animales). El agua es vida. El agua tiene que ser vivida, protegida y por ello cuidada. La vida tiene un valor absoluto “in si”. Es decir que hablando de los derechos no hay que hablar simplemente de los derechos humanos del agua, sino también del derecho del agua y su regeneración, su integridad y su buena calidad. El agua es fuente de vida y por la mano del hombre es también causa de enfermedades, catástrofes, desastres ambientales, muerte, hoy más que ayer.


Tesis 2. Ninguna forma de vida puede existir sin agua. La vida en la Tierra comenzó con el agua y en el agua nacieron los primeros organismos que sólo más tarde pudieron desarrollarse fuera de él. A nivel humano, su uso no es una elección o preferencia según las necesidades individuales o los cambios de estilos de vida, sino una necesidad vital que hay que cumplir con justicia y de forma responsable. El agua no es ni puede ser considerada una mercancía, un recurso (cosa que se vende y se compra), un bien de propiedad privada. Cualquier organización política internacional o intergubernamental que reconozca o trate el agua (y sus servicios) como un bien privado no respeta el agua como vida. El derecho a la propiedad privada y pública existe, pero en el caso del agua nadie puede ser considerado propietario, ni siquiera el Estado. El Estado es responsable de ello, garante de su existencia. El hecho de que la constitución de Chile, heredada del régimen dictatorial de Pinochet, aún vigente, dice que el agua chilena es de propiedad privada, caso único en el mundo, que es inadmisible.


Tesis 3. Todos seres humanos y especies vivientes tienen derecho al agua en cantidad y calidad suficiente para vivir. De la misma manera, y más allá de cualquier enfoque antropocéntrico y tecno-productivista, el agua tiene su derecho a la vida y a un buen estado ecológico. De ahí la importancia fundamental de una política del agua para la protección, el cuidado, la defensa de la vida y el derecho a la vida, más allá de los conceptos instrumentales del agua al servicio del bienestar humano. Por ejemplo: de fundamental importancia es el tratamiento de aguas residuales que no sólo permiten recuperar “buena” agua regenerada por parte de los seres humanos, sino también renovar la vida de los ecosistemas. Por lo tanto, las inversiones colectivas en el tratamiento de los servicios de agua y saneamiento tienen que ser públicas. En casos excepcionales y de forma provisional, se puede involucrar capital privado, pero hay que garantizar la inversión en los diversos sectores de tratamiento y reciclaje. La inversión no tiene que ser en plan de rendimientos financieros de capital y según el principio de “quien contamina paga” . En ese mismo caso, favorece el tratamiento y el reciclaje del uso más contaminante del agua, que no es compatible con el principio de vida.


Tesis 4. El principio de “quien contamina paga” aplicado al agua desde finales de los años ochenta tiene que ser revisado. La experiencia muestra que es ineficiente, inadecuado y falso. En las últimas décadas los daños para los seres humanos y los ecosistemas se han convertido y en la mayoría de los casos, en daños irreversibles, irreparables o bien requieren largos períodos de tratamiento y gastos considerables. Bajo estas condiciones, imponer una compensación financiera destinada a arreglar la irreparable contaminación del agua tiene poco sentido. Como sabemos desde hace años, la mejor solución técnica contra la contaminación es no contaminar. En cualquier caso, se debe imponer un estricto cumplimiento del principio de precaución.


Tesis 5. El derecho al agua potable y al saneamiento fue reconocido por la Asamblea General de la ONU el 28 de julio de 2010 y consolidado por la Resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 15 de septiembre 2010. Se unió el derecho al agua al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR). Cualquier incumplimiento de la Resolución de la ONU constituye una violación del derecho público internacional vigente. También es necesario denunciar el comportamiento de los Estados miembros de las Naciones Unidas que votaron en contra de la Resolución (formalmente abstenidos) y que desde entonces han buscado sistemáticamente evitar la existencia de este derecho en cualquier documento nuevo de la ONU. Proponemos que el 28 de julio se declare el “Día del Derecho al Agua”, reemplazando el Día Mundial del Agua, el 22 de marzo, establecido en 1993 bajo la presión del Banco Mundial. El día de 22 de marzo se convierte cada vez más en el día de la exaltación y la mejora de los principios de la política del agua de los grupos dominantes como: el agua es un bien económico, privado; un recurso o producto sujeto a rivalidad y exclusión; es asequible a un precio de mercado abordable; el sector privado es la mejor gestión en términos de eficiencia y rentabilidad. Todo esto es intolerable.


Tesis 6. Hay inevitables diferencias en la disposición y organización con las cuales las sociedades humanas concretan el derecho al agua. En general, los estados que firman convenciones sobre derechos humanos tienen la triple obligación de respetar, proteger y realizar el derecho al agua y al saneamiento. En este contexto, el derecho humano al agua significa la obligación por parte de los Estados de crear las condiciones necesarias e indispensables para que cada ser humano tenga acceso a 50 litros de agua “buena” por día, de acuerdo con las recomendaciones formuladas por la OMS y UNICEF. Además, de conformidad con la Resolución 70/169 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 17 de diciembre 2015, el acceso a los servicios de infraestructura y saneamiento debe considerarse un derecho humano distinto del agua potable.


Se refiere al derecho de acceso a las instalaciones que garantizan una buena recolección, transporte, tratamiento y eliminación o reutilización de los excrementos humanos. Recordemos que, según los datos oficiales de las Naciones Unidas, más de 2.600 millones de personas no tienen acceso a servicios de saneamiento seguros y aptos al hombre. Los datos sobre el agua potable son bastante controvertidos porque proceden de diferentes métodos de cálculo. Según la ONU, las personas que no tuvieron acceso al derecho al agua en 2016 habrían disminuido a menos de 1.200 millones. Según el estudio publicado en Science News en 2016 serían de 4 mil millones.


Tesis 7. El derecho al agua potable y al saneamiento no puede ser objeto de restricciones: nadie puede ser privado del agua por “razones” de nacionalidad, raza, sexo, religión o ingresos. La mayoría de los países no respeta este derecho ni a nivel legislativo ni a nivel de comportamiento colectivo. El derecho al agua y al saneamiento debe incluirse en las cartas constitucionales de todos los Estados y estar regulado por leyes especiales (federales, nacionales, regionales o a nivel de comunidades organizadas). Lo mismo se aplica al derecho del agua a la vida, a un buen estado ecológico. Los Estados deben tener valentía y sabiduría para tomar las medidas apropiadas para otorgar un valor jurídico al derecho del agua a la vida.


Deben seguir el camino ya empezado en tres Estados en el mundo, donde cuatro ríos han sido reconocidos, por las más altas instituciones legislativas y jurisdiccionales de estos estados, como personas físicas o entidades morales que tienen personalidad jurídica con plenitud de derechos y deberes. Lo que es particularmente interesante en la construcción del nuevo derecho -y que apoya las tesis aquí expuestas- es el hecho de que el estado tiene la obligación de representar la protección de los derechos y los intereses de los ríos como personas jurídicas, así como el cumplimiento de sus deberes. No se trata de “humanizar la naturaleza” sino de atribuir un estatus jurídico a las especies vivas no humanas, dando forma y sustancia a nuevos sujetos de derechos.


Nos referimos a Colombia, donde el 2 de mayo de 2017 el Tribunal Constitucional reconoce que la Cuenca del Atrato es un “sujeto de derecho” (persona jurídica moral) y requiere que el estado proteja y reviva el río y sus afluentes, dando al estado 6 meses para disolver las actividades mineras que contaminan, rehabilitar la tierra e indemnizar a las comunidades étnicas indígenas del daño causado de la explotación insostenible de la cuenca. Nueva Zelanda, donde en mayo de 2017 el Parlamento reconoció al Río Whanganui como una persona jurídica, considerada sagrada por los pueblos indígenas de de los maoríes. La India donde, nuevamente en mayo de 2017, el Tribunal Supremo del estado Himalayan de Uttarakhand otorgó el estado de persona jurídica al Ganges y su afluente principal, el Yamuna, ambos considerados sagrados por los hindúes.


Tesis 8. En línea con lo anterior, el Estado, los Estados deben asumir la responsabilidad, para el beneficio del pueblo, de los pueblos, de realizar el derecho a la potabilización del agua y el saneamiento, asegurando la cobertura de todos los costes monetarios (y no) asociados con la realización correcta del derecho. En el contexto de la economía de los derechos humanos lo gratuito no significa la ausencia de los gastos a cubrir, sino su asunción por parte de la comunidad a través de un impuesto general, progresivo y redistributivo. Este es el caso del enorme gasto del derecho a la seguridad: el gasto militar corre a cargo del estado. Desde los años 80, en el caso del agua, nuestros gerentes han optado a favor del financiamiento, a través del precio que paga el consumidor, como cualquier otro bien y servicio, comercial y privado.


El principio “el agua paga el agua” como ya hemos visto para ese “paga quién contamina” no es una solución. En los últimos treinta años, donde sea que se haya aplicado este principio, sólo ha demostrado ser capaz de garantizar altas ganancias al capital privado, aumentando el gasto de la factura para los consumidores y deteriorando las finanzas de las autoridades locales, pero sin mejorar el servicio de agua y ponerlo en conformidad con las normas relativas a la calidad del agua y el tratamiento y reciclaje de las aguas residuales. Una política hídrica integrada y coherente, en todas sus interrelaciones con la alimentación, la salud, la vivienda, la ciudad, la protección y los derechos de la naturaleza a nivel “local”, nacional y “continental / global” no se puede dejar a la lógica de las finanzas privadas mundiales. La política del agua es tarea y deber de la comunidad política y las autoridades públicas.


Tesis 9. El principio del derecho al agua para la vida “accesible a un precio asequible” es una mistificación porque, más allá de la tesis inaceptable sobre la obligación del “consumidor” de “pagar el derecho” al agua, se establece legalmente que la accesibilidad al agua está determinada por los criterios de rendimiento financiero establecidos por los mercados. La mistificación también con respecto a la “tarifa social del agua” (“social water pricing”) para personas, familias y categorías definidas como “desfavorecidas”, pobres que no pueden pagar facturas y por lo tanto, en riesgo de corte de agua. Aquí la mistificación es aún más grave . Nuestras empresas asumen el poder de dejar el acceso al agua a merced del mercado y obligan a los pobres a pagar un precio, aunque simbólico. En otras palabras, las autoridades públicas se jactan de actuar en el campo de la asistencia social y no en la seguridad de los derechos. Los derechos no se respetan cuando se da limosna.


Tesis 10. La monetarización de la naturaleza (nature pricing, nature banking), es decir, la medida monetaria de los llamados gastos y beneficios ambientales de cualquier elemento vivo (incluidos los ecosistemas acuáticos), explícitamente aprobado en la Resolución final de la 3ª cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 2010; está totalmente en línea con la lógica de la mercantilización, la privatización y la financiación de la vida. Esta principio debe ser desafiado con convicción porque representa un paso inaceptable hacia la sumisión del destino del agua y la vida a los depredadores de nuestra existencia. Lo mismo se aplica al futuro de la democracia y la justicia.


Tesis 11. El derecho humano universal al agua para la vida debe garantizarse de acuerdo con el concepto de derechos multidimensionales. Esto se traduce en un sistema de regulación de la disponibilidad y el uso del agua en cuatro niveles:

-el nivel de derecho de hasta 50 litros por persona por día. Aquí los gastos relativos son asumidos por la comunidad a través de los impuestos. Con este fin, es necesario abolir los paraísos fiscales, poner fin a los recortes en el gasto público y a los subsidios a las empresas privadas activas en el mercado de valores, continuar con la remunicipalización de las cajas de ahorro y los bancos locales de crédito, para crear una autoridad pública del agua.


-el nivel de bienestar social basado en la seguridad hídrica de las comunidades humanas y de todos los pueblos, entre 50 y 120 litros por día por persona. Aquí las autoridades humanas públicas y todos los pueblos, entre 50 y 120 litros por día por persona. Aquí, las autoridades públicas pueden pedir a todos los ciudadanos que ayuden a financiar los gastos de conservación del agua pagando un impuesto anual fijo (impuesto de responsabilidad por el agua).


-el nivel de bienestar individual, entre 120 y 250 litros por día por persona. Aquí, en el caso de una cantidad significativa de agua individual cuyo impacto en el medio ambiente y en el estilo de vida debe ser estrictamente controlado, los ciudadanos deben contribuir a través de un impuesto progresivo cuyo objetivo sería aumentar la conciencia de la necesidad de un estilo de vida sobrio y respetuosos de los imperativos ambientales y convivencia pacífica.


-el nivel de uso insostenible para uso superior a 250 litros por día por persona. Este es un uso dañino para los cuerpos de agua y el funcionamiento adecuado de las cuencas hidrográficas. Debemos abandonar el principio de “quien contamina paga” y adoptar el principio de prohibición. Incluso si uno paga, no se debe permitir que comprometa la integridad del agua y su regeneración (ver tesis 4).

Tesis 12. De acuerdo con los conceptos y prácticas establecidos a lo largo del tiempo en todas las empresas, se propone respetar la siguiente jerarquía en relación con los usos del agua:

– uso doméstico (agua potable, higiene, alimentos, salud).

– usos en la agricultura, principalmente el riego y la ganadería.

– actividades industriales, incluida la producción de energía.

– actividades terciarias, en particular el turismo.


Tesis 13. En el caso del “estrés hídrico” según la ONU, es cuando una comunidad humana tiene menos de 1000 metros cúbicos por año por persona para todos los usos considerados. La solución no se deriva principalmente del uso de tecnologías destinadas a aumentar el suministro de agua disponible y accesible. Por ejemplo: mejorar la productividad del agua en la agricultura, reducir el desperdicio en las redes, desalar el agua de mar, la producción de agua mediante la captura de humedad a gran escala, el transporte de agua a largas distancias. La solución no está en las técnicas de gestión capitalista como en el precio del consumo de agua, en los bancos de agua, en los mercados de agua, en la coca-colalización del agua y en el uso masivo de agua embotellada. Todo esto ha demostrado ampliamente que es insuficiente e incluso conduce a resultados involuntariamente indeseados como la acentuación de las desigualdades en situaciones de “estrés hídrico” entre las categorías sociales, las comunidades locales y las prioridades de su uso.


Tesis 14. Lo mismo pasa con la ” escasez de agua” (cuando una comunidad humana tiene menos de 500 metros cúbicos de agua al año por persona): la monetarización y la bancarización de los recursos hídricos son instrumentos inventados por los grupos sociales dominantes en el sistema económico y político, permitiéndoles tener acceso a agua rara / enrarecida para satisfacer exclusivamente sus propias necesidades e intereses de poder.


Tesis 15. Las soluciones deben provenir esencialmente de un cambio radical en la forma de pensar sobre el agua, de acuerdo con las líneas examinadas y propuestas en este trabajo, en particular, de acuerdo con los tres principios generales mencionados:

– El agua para la vida debe ser reconocida y tratada como un bien público global.

– La disponibilidad y el acceso-uso al agua deben considerarse e implementarse como un derecho universal para todas las especies vivas de la Tierra.


– El agua, como tal, debe disfrutar de sus propios derechos.

Con este fin, las autoridades públicas a todos los niveles deben garantizar y asegurar el uso de recursos del Estado, monetarios y no monetarios comunes, para financiar las inversiones necesarias. Inversiones para la seguridad de la vida y la salud de todos los miembros de las comunidades humanas y de los habitantes de la Tierra (incluidos otras especies vivientes).

Tesis 16. Cualquier uso del agua, de acuerdo con las prioridades antes mencionadas, debe ser respetuoso con los principios de sostenibilidad de la vida (regeneración), de responsabilidad colectiva e individual / comunitaria, de justicia social, de igualdad de derechos, de una democracia participativa efectiva, de sobriedad y de precaución.


Tesis 17. Más específicamente, el agua de riego para la producción agrícola, la exportación y los usos alimentarios de los consumidores de clases sociales ricas no puede ser una prioridad, como ocurre hoy en día. Del mismo modo, el uso del agua para cultivar tierras para la producción de energía, entre otras cosas, destinado al transporte por carretera, no puede ser una prioridad. Hay una necesidad urgente de reconstruir una bioagricultura que valore de manera sostenible, el capital de la tierra y el agua para las necesidades vitales de las poblaciones, en un cuadro de un sistema de cooperación, intercambio y de reparto.


Tesis 18. El mismo principio debe aplicarse a la construcción de presas para la producción de agua para riego, la generación de electricidad, la minería, la industria agroalimentaria y química o para actividades militares. Es inaceptable que cientos de millones de personas en África, América Latina y Asia no tengan acceso a electricidad, mientras que “sus” tierras y “sus” aguas son las principales fuentes de producción electrica del mundo.


Tesis 19. Sobre la base del principio de soberanía del Estado, a menudo definido como soberanía nacional, los estados actuales no aceptan la idea de que las aguas de su territorio deben ser protegidas y valoradas por el respeto de la vida de todos los habitantes de la Tierra y sus derechos. Este comportamiento se traduce en la incapacidad de concebir una política global de agua cooperativa y solidaria en el contexto, por ejemplo, de debates y elecciones relacionadas con estrategias y “lucha” contra el cambio climático. Es más, incluso si todos estuviesen de acuerdo con las consecuencias más dramáticas que se producirán para los seres humanos por el desastre climático actual, y que se referirán al agua, su disponibilidad y calidad. Bajo estas condiciones, será extremadamente difícil implementar una política de lucha en contra del cambio climático, la devastación de la vida en el Planeta y el éxito de conseguir una política de agua cooperativa y de apoyo. Esto ocurrirá si no dejamos salir del mercado y la lógica de las finanzas mundiales privadas, el agua y otros bienes esenciales e irremplazables para la vida como las semillas, las energías renovables, el conocimiento.


También ocurrirá si no liberamos la organización de las comunidades humanas, de local a global, desde el encarcelamiento representado por el principio de soberanía nacional absoluta.

Tesis 20. Ante la creciente escasez de agua buena, el concepto de seguridad hídrica, ideado y defendido por los Estados, terminó reflejando el de seguridad nacional. Y también para la seguridad alimentaria, energética y económica: es urgente y es esencial eliminar los profundos obstáculos que imponen esta visión de seguridad, diseñando y promoviendo un colectivo global. Con este fin, se propone la creación de un consejo de seguridad para los Bienes Comunes Globales, empezando por el agua, las semillas y el conocimiento.


Tesis 21. En el contexto de la actual globalización económica desigual y predatoria en la que el poder político efectivo ya no es prerogativa de las instituciones políticas públicas “nacionales” o internacionales, el enfoque multilateral interestatal de la política de aguas se ha vuelto manifiestamente inadecuado e inapropiado. Ejemplo emblemático: The World Water Forum, una organización privada dirigida por poderosos intereses industriales, comerciales y financieros, ha reemplazado a la ONU, con el acuerdo y la complicidad de los Estados, en lo referente al principal ágora mundial de debate y propuesta en temas de política y agua.


Es necesario que las Naciones Unidas recuperen su papel como entidad pública mundial y modifiquen profundamente el Global Compact, firmado en el 2000 junto a las multinacionales y multiutilities privadas.

Tesis 22. Eso se llama Autoridad Mundial o Consejo de Seguridad Mundial o Ágora Planetario o cualquier otra cosa, es urgente establecer un sistema planetario plural y participativo para compartir y establecer un partenariado público en cuestión de política del agua, de las semillas y del conocimiento, previamente expuesto en la tesis 20.


La tarea de este sistema será triple: legislativo, programático y judicial. Sus capacidades y recursos se implementarán gradualmente. El sistema debe contribuir a una gobernanza pública mundial de la vida en la Tierra en nombre de la humanidad, la comunidad y la comunidad global de la vida.

Tesis 23. Los experimentos en la cooperación intergubernamental para aguas transnacionales e interregionales – pensemos en las docenas de organizaciones en cuencas hidrográficas de todo el mundo – son muy útiles para definir las posibles configuraciones institucionales mencionadas. Para ser estable, las configuraciones deben respetar la existencia de la vida en su totalidad y globalidad, valorando la complementariedad entre las autonomías de las diversas entidades en el sistema, puestas al servicio del objetivo de la la promoción de la seguridad colectiva transnacional global.


Tesis 24. El papel importante en la investigación y la implementación de la regulación mundial del agua, en cuanto a política, económica y social, debe llevarse a cabo en las ciudades, especialmente en grandes áreas metropolitanas, concretamente en grandes metrópolis multimillonarias de África, América Latina y Asia. En 2050, según una investigación publicada en Nature Sustainability (Febrero 2018), los habitantes de unas 300 ciudades, entre las 482 más pobladas del mundo, no tendrán acceso al agua potable ni a los servicios básicos de salud. Es un escenario absurdo. Nuestras empresas no pueden reaccionar con fuerza. Estas tienen que implementar un plan de acción “glocal”, local y global, llamado Urban Water 2020-2050, ya que la propuesta del plan debe ser lanzada en 2020 por una red de ciudades con motivo del Ágora de los Habitantes de la Tierra Urban Water 2020-2050. Una agenda del agua para celebrar dignamente el décimo aniversario del reconocimiento del derecho universal al agua por parte de la ONU.


Tesis 25. En este contexto y con referencia al agua potable, es esencial contrarrestar la tendencia que ha surgido en los últimos 20 años, consistente en reemplazar el agua del grifo por agua mineral o de manantial en botellas. La publicidad agresiva y engañosa ha logrado hacer creer que el agua embotellada es de mejor calidad para la salud que la del grifo, algo totalmente falso. Sólo el agua del grifo es potable por definición, ya que su tratamiento se realiza de acuerdo a los criterios definidos por las autoridades públicas. Las aguas minerales naturales embotelladas no son tratadas para cumplir los criterios de potabilidad porque su estructura bioquímica es permanente: deben ser embotelladas exactamente como cuando fueron tomadas de la fuente. La única modificación posible es añadir dióxido de carbono.


Beber agua embotellada no hace daño, pero su uso diario, especialmente si es de la misma marca, requiere supervisión médica. Desde que las aguas minerales naturales y de fuente han comenzado a privatizarse injustificadamente a través de concesiones de explotación a largo plazo por una tarifa anual irrisoria, su “valor comercial” ha alcanzado niveles y costes muy altos de 200 a 1000 veces más que el agua potable. ¿Resultado? el agua potable se usa en el hogar y en lugares públicos más para fines no nobles (inodoro, ducha, lavadoras, lavado de autos). Es una situación inaceptable, causada por una estrategia puramente orientada a la ganancia, permitida por las autoridades públicas a costa de las finanzas de la comunidad local. Sin embargo, los signos de inversión de tendencia parecen manifestarse. Es hora de nacionalizar y re-municipalizar las aguas minerales naturales y favorecer el uso del agua del grifo en el hogar y lugares públicos.


Tesis 26. El tema del agua virtual ha dado lugar a importantes reflexiones y debates. El concepto de agua virtual, hace referencia al agua necesaria para producir un bien o servicio que se convierte en virtual para el comprador o el usuario que ahorra el utilizo del agua incorporado en el bien o servicio adquirido y puede pero usarlo para producir otros bienes y servicios o para otros fines.


El concepto de agua virtual se ha concebido sobre todo como una herramienta para facilitar la comparación entre usos alternativos del agua y, por lo tanto, promover una política de uso del agua más sostenible y sobria (en términos de conservación, protección, calidad del agua, objetivos ambientales, cooperación entre los pueblos). En realidad, el concepto ha sido capturado y monopolizado por criterios comerciales y rendimiento financiero. Estos criterios han reducido la cuestión a un problema de análisis comparativo de los costes y los beneficios monetarios entre la producción directa o la compra / importación de bienes y servicios de acuerdo con el valor comercial y el rendimiento financiero del agua utilizada. Una pena. Corresponde a las autoridades locales y regionales, legislar en esta materia.


Tesis 27. El agua, como la tierra, las semillas, las plantas, los animales y los seres humanos, son parte de la gran comunidad de vida en la Tierra. Esto corresponde a un universo múltiple y complejo de funciones, derechos y responsabilidades en todos los niveles territoriales. Desde una perspectiva humana, los principios unificadores permiten que en este universo se “viva bien” sin frecuentes rupturas “existenciales” y sin conflictos destructivos cuando el trabajo está inspirado y guiado por principios complementarios, de cooperación, seguridad común, intercambio, solidaridad, tolerancia, no violencia y libertad común. En otras palabras, el futuro del mundo y la vida en la Tierra no puede efectuarse con mecanismos de rivalidad y exclusión a la lógica de dominación y depredación de los procesos de apropiación / expropiación o expropiación oligárquica al servicio de los intereses de unos pocos. Por lo tanto, el agua y el derecho a la vida deben ser liberados del poder ciego del mercado para la depreciación del valor mediante finanzas privadas y especulativas, de encarcelamiento de rechazo y odio hacia los demás, alimentado por soberanismos absolutos llamados “nacionales”.


Riccardo Petrella, Politólogo y economista italiano, doctorado en Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad de Florencia

Fuente:http://www.other-news.info/noticias/2018/08/replantear-el-agua-27-tesis/

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jueves, 2 de agosto de 2018

La humanidad habrá consumido este 1 de agosto los recursos naturales de todo el año.

La Tierra vista desde el Espacio.- EFE

Los más de 7.600 millones de habitantes de la Tierra han consumido ya las reservas de todo el año, según datos de la organización internacional Global Footprint Network, encargada de medir el gasto de los recursos naturales en el mundo.

EFE

Mañana 1 de agosto la humanidad habrá consumido los recursos naturales previstos para todo el año, un día antes en relación al año anterior, lo que significa que se consume el equivalente a 1,7 planetas de media, en lo que se conoce como el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra o Earth Overshoot Day.

Esto quiere decir que los más de 7.600 millones de habitantes de la Tierra han consumido ya las reservas de todo el año, según datos de la organización internacional Global Footprint Network, encargada de medir el gasto de los recursos naturales en el mundo.

La organización señala que actualmente la huella ecológica de la humanidad, que contabiliza el consumo per cápita de alimentos, bosques, fibras, captura de carbono y la ejecución de infraestructuras, es del 60%.

El también llamado Día de Sobregiro de la Tierra se ha adelantado desde finales de septiembre de 1997 hasta el 1 de agosto en 2018, la fecha más temprana desde que se empezó a realizar este tipo de mediciones en los años 70, según la organización.

Esto significa que la humanidad consume los recursos naturales de 1,7 planetas de media, es decir mucho antes de la capacidad de la tierra para recuperar los sistemas.

Sin embargo, países como España superan esa cifra y llegan a los 2,3 planetas, señala el Secretario General de WWF España, Juan Carlos del Olmo, en entrevista con EFE.

Desde que se iniciaron estas valoraciones "estamos consumiendo los recursos cada vez más rápido", sometiendo a los mismos a "un estrés enorme", explica. Debido a este excesivo consumo "los ecosistemas y las especies están desapareciendo a una velocidad de vértigo", así desde 1997, "la humanidad ha reducido entre un 60 y un 70 % las poblaciones de animales vertebrados del planeta", según Del Olmo.

Se está sometiendo a la pesca o a recursos como el agua a una "degradación enorme", añade. Además, "también se nota la huella en la acumulación de CO2 en la atmósfera, por la cantidad de combustibles fósiles que quemamos por habitante, y la huella es enorme", explica.

"La degradación, el déficit y la deuda ecológica son avanzadísimos y rápidos desde hace muchos años", según el secretario general de WWF España, quien señala que a pesar de que se están adoptando algunas medidas para paliar estos efectos, las mismas "son tímidas y lentas".

Algunas de esas medidas como las relacionadas con el cambio climático son "claramente identificables y reducirían la huella ecológica si acelerásemos el paso a las energías limpias", pero es un proceso que "está siendo muy lento y complejo", sostiene Del Olmo.

La directora de Desarrollo Sostenible de la multinacional Suez, Dulcinea Mejide, señala a Efe que "estamos gastando recursos que no nos pertenecen" porque son los de las futuras generaciones.

Asegura que los efectos de este consumo son "visibles actualmente, con sequías en las conocidas como zonas verdes del norte de España o de Europa" donde este año las lluvias han sido escasas y las temperaturas han alcanzado valores más altos de lo normal.

Además, sostiene que es necesario la adaptación de legislación para el fomento de la economía circular, es decir, "la reutilización de todos los recursos, como el agua, porque son finitos".

Los dos expertos coinciden en la necesidad de fomentar la concienciación en los consumidores y un cambio de hábitos en la alimentación, el transporte y tender hacia las energías más limpias para reducir la utilización de los recursos fósiles.

Es necesario fomentar "la cultura de la austeridad para poder encontrar un equilibrio" en la naturaleza, concluye Del Olmo.

Fuente: publico.es

lunes, 27 de marzo de 2017

Los bosques son indispensables para vivir…


Si nuestro entorno está afectado por la deforestación: Ayudemos a nuestra comunidad a entender todos los beneficios de la restauración de bosques y a tomar consciencia de las actividades que son perjudiciales para ellos.

Son uno de los grandes recursos naturales de la Tierra. Hay un motivo por el que hablamos a menudo en sentido figurado del “árbol de la vida”: los bosques son fundamentales para sostener la vida en nuestro planeta. Hace ocho mil años la mitad de la superficie terrestre estaba cubierta por bosques o áreas forestales. Hoy estas áreas representan menos de un tercio. Los bosques albergan el 80 % de la biodiversidad terrestre del mundo y cada año se cosechan en los bosques tropicales plantas medicinales por valor de miles de millones de dólares. Además, 1 600 millones de personas dependen de ellos en alguna medida para su sustento.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, mundialmente conocida como FAO (por sus siglas en inglés: Food and Agriculture Organization), es un organismo especializado de la ONU que dirige las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre. Brinda sus servicios tanto a países desarrollados como a países empobrecidos y super explotados, y actúa como un foro neutral donde todas las naciones se reúnen como iguales para negociar acuerdos y debatir políticas. También es fuente de conocimiento e información y ayuda a los países esquilmados a recuperar, modernizar y mejorar sus actividades agrícolas, forestales y pesqueras con el fin de asegurar una buena nutrición para todos. La FAO cuenta con cerca de 200 Estados Miembros y 1 Organización Miembro (la Unión Europea) Forma parte del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

De ahí que sea tan importante dar a conocer su labor y sus recomendaciones, en este caso, sobre Cómo los bosques permiten producir los alimentos que necesitamos
Los bosques ayudan a regular los sistemas meteorológicos locales controlando la cantidad de lluvia y nieve que cae en una zona determinada. Esto es muy importante en las zonas agrícolas, donde la temporada de crecimiento es corta. Muchas plantas necesitan la ayuda de los polinizadores silvestres para producir frutos y semillas. Los pájaros, abejas, insectos y otros animales actúan como agentes polinizadores en el proceso agrícola y muchos se cobijan en entornos forestales junto a las tierras de cultivo. Irónicamente, cuando destruimos un hábitat forestal por razones agrícolas, eliminamos uno de los componentes necesarios para que los cultivos sean productivos.

Los bosques proporcionan el hábitat para los controladores naturales de las plagas. Se estima que el 99% de las plagas que tienen capacidad para destruir los cultivos se mantienen a raya por aves, arañas, avispas parásitas, mariquitas y hongos. Estos organismos ahorran a los agricultores millones de dólares al año, y reducen la necesidad de usar plaguicidas químicos.
Los animales silvestres y los insectos comestibles de los bosques son la principal fuente de proteínas para muchas personas. Los alimentos de los bosques son una parte regular de la dieta rural y sirven como redes de seguridad en períodos de escasez de alimentos.
Los bosques no sólo nos ayudan a producir los alimentos que necesitamos, también nos aportan la energía que requerimos para cocinar. Se estima que unos 2 400 millones de personas utilizan leña para cocinar sus alimentos y cerca de 765 millones de personas en todo el mundo usan madera como combustible para hervir y esterilizar el agua.

Lo que podemos hacer para conservar los bosques del planeta: La cubierta forestal varía en función de las diferentes áreas del mundo. Algunos países están logrando restaurar sus bosques, mientras que otros los siguen perdiendo. Aunque la deforestación muestra signos de desaceleración, cada año desde 2000 se han destruido cerca de 13 millones de hectáreas de bosques (el equivalente a cinco campos de fútbol cada minuto). Los bosques tienen que ser gestionados de manera sostenible, para que podamos seguir beneficiándonos de este preciado recurso natural.

Nadie debe sentirse ajeno a su parte de responsabilidad:
Si vivimos en una región donde los bosques se gestionan de forma sostenible: Aprendamos más sobre los bosques y su valor y sus funciones naturales. Participemos compartamos los muchos beneficios que proporcionan para el bienestar humano. Organicemos un día de plantación de árboles en la comunidad o hagamos voluntario en un grupo local de conservación de los bosques.

Si nuestro entorno está afectado por la deforestación: Ayudemos a nuestra comunidad a entender todos los beneficios de la restauración de bosques y a tomar consciencia de las actividades que son perjudiciales para ellos. Participemos en campañas para proteger las funciones naturales de los terrenos forestales de nuestra zona. Podemos ayudar a proteger un ecosistema o especie amenazada organizando una campaña con este objetivo.
Organicemos, bien asesorados, un día de plantación comunitaria de árboles para restaurar un bosque dañado. Hagamos un seguimiento cercano de la actividad de restauración

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

lunes, 27 de junio de 2016

Hacia una nueva gobernanza de los recursos naturales


La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) comparte el libro“Hacia una nueva gobernanza de los recursos naturales en América Latina y el Caribe” que contribuye al debate sobre el desarrollo, en particular sobre uno de sus retos más grandes, la gobernanza de los recursos naturales.

El documento de 258 páginas publicado en mayo de 2016 fue elaborado por Hugo Altomonte y Ricardo J. Sánchez, ex-Director y Oficial a Cargo, respectivamente, de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la CEPAL.

El libro sostiene que la región requiere una nueva gobernanza de los recursos naturales que asegure que los beneficios de su explotación sean sostenibles, que haga un aporte concreto al desarrollo pleno y que contribuya a disminuir las desigualdades existentes.

Observa que la gobernanza vigente de los recursos naturales no ha logrado llevar a la región a un proceso virtuoso para el aprovechamiento sostenible de esa riqueza.

Considera que el desafío del desarrollo en América Latina y el Caribe es trascendental, por las diferentes dimensiones que lo componen, sus objetivos e instrumentos y los obstáculos que lo condicionan. 

En el caso de los recursos naturales no renovables, el desafío de la gobernanza es aún mayor, debido a su propia naturaleza de recursos agotables, que exige un tratamiento en extremo cuidadoso, que atienda a los criterios más apreciados del desarrollo sostenible y considere las necesidades de las generaciones futuras como un componente esencial de las decisiones.

El libro contiene un prólogo e introducción y cuatro capítulos: I. La importancia de los recursos naturales y su gobernanza en América Latina y el Caribe. II. El auge de los precios internacionales de las materias primas. III. La experiencia regional en el uso de las rentas de los recursos naturales. IV. Conflictos relacionados con los recursos naturales.

En seguida reproducimos el prólogo de la publicación escrito por Alicia Bárcena, ​Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL):
Prólogo

La gobernanza de los recursos naturales emerge hoy como uno de los desafíos cruciales del desarrollo en América Latina y el Caribe.

Los recursos naturales han desempeñado un rol clave para la región. En muchos de nuestros países están en la base del impulso del bienestar, el progreso y el crecimiento. Al mismo tiempo, han sido también la plataforma principal de la formación de las élites asociadas a la generación de rentas extraordinarias y la fuente habitual de escenarios conflictivos en el seno de las comunidades, los pueblos indígenas y los diversos grupos de la sociedad civil, así como el fundamento de la preservación y la conservación del medio ambiente.

A lo largo de América Latina y el Caribe, los recursos naturales irrumpen en el territorio de lo simbólico, y su huella permea la constitución de identidades, idearios políticos e imaginario social. Comunidades enteras, a escala nacional y local, cifran en la existencia y diversidad de dichos recursos expectativas auspiciosas de futuro económico y movilidad social, recrean el relato de un pasado de esplendor e imaginan un futuro preñado por la abundancia restaurada.

La preocupación por los recursos naturales ha estado presente, desde la perspectiva de la teoría económica, ya desde los economistas clásicos, incluidos los fisiócratas, que medían la riqueza de las naciones en términos del valor de las tierras, el agua y los productos agrícolas, entre otros factores.

América Latina y el Caribe cuenta con una importante dotación de recursos naturales, tanto renovables como no renovables, y en el caso de estos últimos resalta el posicionamiento internacional de sus reservas y su producción de minerales metálicos y de hidrocarburos.

La historia de la administración de esa riqueza dibuja algunos de los rasgos más acusados del rostro actual de nuestras naciones. En el recorrido de los últimos cinco siglos, podemos reconocer algunas fases características. Así, observamos cómo en la etapa colonial, pero también en otros momentos posteriores, regía el patrón de la extracción de los metales y su envío a la metrópolis.

Durante el siglo XX, algunos países de la región hicieron un aprovechamiento de ciertos recursos naturales como base para su industrialización. Sin embargo, en los últimos decenios se ha ido retornando a una gobernanza más elemental, caracterizada sobre todo por la provisión de recursos naturales para el resto del mundo basada en exportaciones sin mayor procesamiento y una administración de las rentas orientada principalmente a financiar el gasto de corto plazo.

En efecto, salvo escasas excepciones, las rentas provenientes de los recursos naturales se han incorporado a los presupuestos públicos de los países, cuyo habitual destino es cubrir las necesidades corrientes de la administración.

A partir de la década de 1970, se observaron ocasionales intentos de establecimiento de fondos de estabilización o aplicación de políticas anticíclicas que permitieran reducir la volatilidad de los precios internacionales de las materias primas. No obstante, no fue sino en la década de 2000 cuando algunos países de la región, a través de la implementación de leyes y normas, crearon fondos soberanos de inversión de largo plazo, financiados con las rentas provenientes de los recursos naturales. Buscaban así ahorrar una proporción de las rentas y canalizarlas hacia inversiones estratégicas, como el mejoramiento de infraestructura y programas específicos de educación y capacitación, así como acumulación de capacidades tecnológicas e innovación.

La existencia de fondos soberanos de inversión es aún escasa en la región y no configura todavía un cambio paradigmático en la administración de las rentas originadas en la explotación de los recursos naturales. Por el contrario, la mayoría de nuestros países han mantenido inalteradas sus políticas de administración de las rentas, al mismo tiempo que se han enfocado en tratar de captar montos mayores, a través de nuevos instrumentos fiscales.

En este marco, resalta el sector minero que, no obstante, su habitual régimen de tributación especial —impuestos sobre la renta y regalías—, hasta ahora no cuenta con instrumentos fiscales basados en el principio de progresividad, como los que existen en el caso del sector petrolero, a través de impuestos sobre las utilidades extraordinarias y otros impuestos.

Esta condición se hizo evidente durante el auge de precios que tuvo lugar entre 2003 y 2008, período en el que los países ricos en hidrocarburos, en general, captaron tanto mayores ingresos fiscales como mayores rentas, mientras que los países mineros, con la excepción de Chile, presentaron un gran aumento de rentas que no estuvo acompañado de mayores ingresos fiscales.

El modelo más extractivista de explotación de los recursos naturales ha estado acompañado hasta hoy por un modelo de gobernanza preponderantemente cortoplacista, incluso en los períodos de mayor bonanza relacionados con el auge de precios de los productos básicos. El uso tradicional de las rentas orientado al corto plazo resulta contradictorio con la propia naturaleza de los recursos en que se basan las actividades extractivas, ya que se trata por definición de dotaciones no renovables.

Por el contrario, se debería esperar que las rentas originadas por dichos recursos contribuyeran efectivamente, a través de la inversión pública en proyectos de largo plazo con alto retorno social, a generar condiciones más sostenibles para el desarrollo y para el bienestar de las generaciones futuras.

Esto demanda una gobernanza que tienda a reproducir el capital natural no renovable para convertirlo en un acervo de capital renovado, sostenible y de largo plazo, a través de la acumulación de capacidades productivas, tecnológicas y de innovación, basada en mejoras constantes de una educación pública de calidad, de la infraestructura y de los sistemas nacionales de promoción de la productividad en todos los segmentos industriales (por ejemplo, en las microempresas, las pymes y las grandes empresas).

Los países de América Latina y el Caribe han tenido dificultades para convertir los períodos de bonanza exportadora de sus recursos naturales en procesos de desarrollo económico de largo plazo.

Como resultado de una gran dotación de recursos y del extraordinario aumento de los precios registrado entre 2003 y 2013 —a pesar de su caída durante la crisis financiera internacional de 2008 y 2009—, se generó un incremento considerable de los ingresos de los países productores. Esto implicó desafíos para las autoridades económicas, enfrentadas a flujos crecientes de divisas provenientes de las exportaciones y a la necesidad de favorecer un impacto positivo de los ingresos fiscales.

Para los países productores y exportadores de productos primarios se reabrió así un debate internacional sobre el manejo adecuado de los excedentes generados y sobre el uso de estos recursos, ya sea a través del presupuesto central o del gasto descentralizado por medio de los gobiernos subnacionales, tema directamente relacionado con los procesos de descentralización fiscal. Al mismo tiempo, se elaboró una amplia literatura relacionada con el manejo macroeconómico de los flujos de rentas extraordinarias derivadas de la explotación de los recursos naturales para evitar sus efectos negativos, que conforman lo que se ha llamado una “maldición de los recursos naturales”.

Algunas de las manifestaciones de esta maldición se vinculan con la apreciación del tipo de cambio, que afecta a los productores nacionales (la denominada enfermedad holandesa), y también con el llamado rentismo (o pereza fiscal), consistente en que el sistema tributario tiende a depender de manera creciente de la renta volátil proveniente de las actividades extractivas, en lugar de procurar ampliar las bases tributarias internas y hacer el esfuerzo de instalar sistemas impositivos progresivos que aseguren la estabilidad de las finanzas públicas independientemente de la coyuntura de los precios internacionales.

Los impactos de dicha maldición producirían, en aquellos países que no cuentan con la capacidad institucional requerida para manejarlos, dos resultados: tasas de crecimiento económico menores que las de aquellos países que no poseen recursos naturales y una tendencia a la distribución desigual del ingreso nacional, lo que acentuaría la desigualdad social. De esta forma, frente a la llamada maldición de estos recursos han surgido diversos enfoques críticos —entre ellos el de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)— que enfatizan el rol clave de las instituciones en los países ricos en recursos naturales. Así, se afirma que no existe un problema de maldición, sino de mala gobernanza de los recursos naturales,

directamente relacionado con la deficiente calidad, en distintos grados, de las instituciones de algunos Estados en sus diferentes poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y en la coordinación entre sus distintos niveles (nacional y subnacional), así como entre los diversos organismos públicos involucrados en la regulación y en el seguimiento y monitoreo de normas y políticas.

En el presente libro se contrastan los lugares comunes que desde la ortodoxia y el dogmatismo se refieren a la relación entre la dotación de recursos naturales y el crecimiento económico, en una apuesta por desarticular viejos estereotipos y prejuicios en torno a la sustancia y el vínculo existente entre los recursos naturales y el progreso económico.

A lo largo de sus páginas, se argumenta sobre la importancia de institucionalizar el empleo de fondos de estabilización y de inversión, reglas macrofiscales y acumulación de reservas, y los variados mecanismos de ahorro destinados a atenuar los posibles efectos nocivos de la apreciación cambiaria sobre el resto de la economía en los períodos de auge y, paralelamente, acumular la holgura fiscal necesaria para mitigar el impacto en los períodos de precios bajos.

En un futuro cercano, nuestros países enfrentarán nuevamente el reto de captar e invertir de manera eficiente las rentas generadas como resultado del ciclo de precios —los que registran un nivel actual todavía superior al promedio histórico de los años ochenta, si bien su crecimiento se estancó— para lograr sus metas de desarrollo sostenible e inclusivo. Dicho desafío exige construir los acuerdos sociales y los consensos políticos necesarios para que los Estados puedan canalizar estas rentas efectivamente hacia nuevas inversiones en capital humano, infraestructura, innovación, ciencia y tecnología, y otras inversiones de largo plazo, resistiendo las presiones políticas de consumir los recursos extraordinarios en el presente.

Algunos países como el Brasil y Trinidad y Tobago, entre otros, han intentado aplicar diversos mecanismos de distribución de la renta de las industrias extractivas en que los recursos no son invertidos o gastados directamente por el gobierno central, como son los fondos de ahorro de largo plazo o fondos intergeneracionales, los programas de transferencias monetarias directas o inversión en capital humano y la distribución descentralizada o asignación directa de una parte de estas rentas a los gobiernos subnacionales, las municipalidades, las universidades o los institutos de investigación, entre otras modalidades. Otros países, como es el caso de Chile, han orientado una parte de las rentas a mecanismos instrumentales, como los fondos de estabilización y el Fondo de Innovación para la Competitividad.

En el libro se revisan las tendencias de precios y se abordan diversas interrogantes respecto al ciclo que afectó a los productos primarios, en particular el petróleo y los productos de la minería. Además de analizar los mecanismos que permiten asegurar la inversión eficiente de las rentas para sentar las bases de un proceso de desarrollo sostenible, se revisan también las tensiones que pueden producirse entre distintos ejes de dicho desarrollo.

La región demanda un cambio en el actual paradigma de explotación de los recursos naturales, mediante una gobernanza compatible con la sostenibilidad y la igualdad, a través de pactos sociales de amplia base en torno a objetivos que involucren a múltiples actores y que se desarrollen en un marco de equidad y transparencia.

América Latina y el Caribe precisa de una nueva gobernanza de los recursos naturales, que apoye exitosamente la puesta en marcha de un proceso de desarrollo sostenible, con igualdad. Para ello, se requiere la construcción de una visión común sobre la gobernanza, así como la discusión y el logro de un consenso en torno a un pacto por la gobernanza de los recursos naturales. Respaldar esa discusión, elaborar los argumentos que la funden, reconocer las lecciones que surgen de nuestras trayectorias previas y alimentar el debate público que la haga posible son los propósitos que animan el presente trabajo.

Alicia Bárcena
Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

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Acceda al libro con un clic en el siguiente enlace:


Fuente: Servindi

viernes, 20 de mayo de 2016

Necesitamos Estados con dignidad.


Francisco Eguiguren Praeli. Foto: Jonathan Hurtado/Servindi

"Necesitamos Estados con dignidad" señaló Francisco Eguiguren Praeli, Comisionado y Relator de Pueblos indígenas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sobre el comportamiento de los gobiernos frente a los tratados comerciales y las inversiones del sector extractivo en sus territorios.

Según el relator, de nacionalidad peruana, la globalizacion económica y la gran incidencia de actividades extractivas no solo tienen repercusión a nivel económico en los países americanos, sino que los territorios, los recursos naturales y, sobre todo, las personas, tienen gran relevancia cuando se evalúan si los Estados asumieron con responsabilidad la protección de los derechos.

"Es el Estado el que debe empezar adoptando normas y exigiendo su cumplimiento" señala Eguiguren al indicar que el nivel de exigencias en los estados americanos debe elevarse en función de los convenios interncionales de derechos humanos que los países suscribieron libremente.

De esta manera, el derecho a la consulta previa en el marco de acuerdos comerciales como el Acuerdo Transpacífico o TPP (por sus siglas en inglés), debe ser respetado y ejercido en caso los pueblos indígenas estén involucrados en algunas de las particularidades de los tratados de inversión.


La entrevista fue realizada por Paulina Acevedo, integrante del Observatorio Ciudadano de Chile, en el marco del Seminario Internacional “Tratados de Inversión, Megaproyectos e impactos sobre los derechos de los pueblos indígenas” los días 25 y 26 de abril en la ciudad de Lima, Perú.

Francisco José Eguiguren Praeli fue elegido Comisionado el 16 de junio de 2015 por la Asamblea General de la Oorganización de los Estados Americanos para el período de cuatro años (2016 - 2019). Es abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con un Magíster en Derecho Constitucional y Doctorado en Humanidades. Además, fue Ministro de Justicia en el 2011 y Embajador del Perú en España de 2012 a 2014.

Fuente: Serrvindi

domingo, 29 de marzo de 2015

Los Objetivos Del Milenio.



No todo el monte es orégano y no se agota la casuística económica en el paripé helénico, el tardío aunque provechoso programa de relajación cuantitativa de Mario Draghi, la sorprendente glaciación de los índices de precios, la odiosa precariedad del empleo en España o la creciente cuota de bonos en los mercados internacionales emitidos a tipos de interés negativos. Hay vida más allá de los afanes de occidente, aunque, hablando con propiedad, lo que sucede más allá de occidente es justamente lo opuesto, que los pueblos sobreviven más que viven en un pulso diario contra la falta de esperanza y la muerte, y de esta cruda realidad surge el permanente carácter noticiable del tema.

La oportunidad puntual del comentario nace de que 2015 marca el final de un ambicioso programa de Naciones Unidas, que lleva el nombre de ‘Objetivos de desarrollo del milenio’ (ODM) y que nació hace quince años. Dado que según las encuestas realizadas por el ‘Eurobarómetro’ más del 80% de los europeos nunca ha oído hablar de los ODM recordaremos que en el año 2000, los jefes de estado y de gobierno congregados en Naciones Unidas adoptaron un acuerdo global cuyo objetivo era terminar con el hambre y la pobreza extrema en el mundo en el período de 15 años. A ese propósito central ‘La Declaración del Milenio’ agregaba una lista adicional de intenciones vitales tales como el logro de la enseñanza primaria universal, la promoción de la igualdad entre géneros, la reducción de la mortalidad infantil, la mejora de la salud materna, la batalla contra el sida, el paludismo y otras enfermedades, la sostenibilidad del medioambiente y el fomento de una asociación mundial para el desarrollo.

La cercanía de varias convocatorias de elecciones en nuestro país también es ocasión propicia para reflexionar sobre la conveniencia de incluir en los programas de los partidos concurrentes a ellos, las medidas que en su mano estén, para combatir -si eso fuese posible- las carencias que aquí se describen, aunque solo sea bajo el obligado voluntarismo de las ayudas financieras estereotipadas en la famosa campaña del 0,7% promovida en 1975 por los Jefes de Estado y de Gobierno presentes en la XXV Asamblea de Naciones Unidas y que en la actualidad solo un puñado de países cumple. Tampoco lo hace, ni de lejos, la suma agregada del sector público vasco, aunque se esfuerce en ser ejemplar. De todas maneras hay maneras y medidas que trascienden la política de ayudas: la fiscalidad responsable y sobre todo la eliminación de los paraísos fiscales figurarían en lugar preferencial. Pero no es tema para hoy.

Como ya se ha dicho, 2015 es el año de cierre del programa. ¿Qué balance podemos cerrar de los ODM y cual es el inventario de sus resultados?

Existe un amplio consenso en aceptar que La Declaración del Milenio y los ODM han constituido una de las más influyentes iniciativas promovidas por la comunidad internacional en el último medio siglo. Pero la respuesta pormenorizada ofrece aspectos positivos junto a graves limitaciones. Naciones Unidas reconoce que a nivel global “el porcentaje de gente que vive en la pobreza extrema se ha reducido a la mitad. La proporción de personas que vive con menos de 1,25 dólares al día cayó del 47% en 1990 al 22% en 2010. Aproximadamente 700 millones de personas menos viven en condiciones de pobreza extrema que en 1990”.

Se suman a ello los avances en otros capítulos: 1.200 millones de seres más beben ahora agua potable, hasta el 89% de la población mundial frente al 76% anterior. En los últimos diez años la tasa de paludismo ha disminuido un 25%, salvando 1,1 millones de vidas. Simultáneamente, se han evitando 3,3 millones de víctimas por malaria y 22 millones más por la tuberculosis. En cuanto a la educación, la tasa de niños sin escolarizar cayó casi a la mitad: de 102 millones a 58.

¿Qué cabe decir del capítulo de fracasos? Tal vez el principal desengaño se derive de la percepción de que los mismos éxitos son insuficientes y en todo caso relativos. Si consideramos las personas que viven con menos de 2 dólares al día (60 dólares al mes) los resultados son escalofriantes, puesto que al día de hoy más de 2.400 millones de personas se encuentran bajo dicho nivel mínimo de supervivencia. Los éxitos relativos se concentran en China y la India por lo que si excluimos los avances obtenidos por estos dos países y dirigimos nuestra mirada al África Subsahariana o al Asia Occidental, los datos que se nos presentan son desoladores. En esas regiones no ha existido avance, sino retroceso.

Además, a otros 1.000 millones de personas les sigue faltando de agua potable, 1.600 millones no tienen acceso a la electricidad, 3.000 millones no cuentan con servicios de saneamiento adecuados y la cuarta parte de los niños y niñas de los países en desarrollo están insuficiente e inadecuadamente alimentados. Ochocientas madres mueren diariamente en el sur por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto.

Agregadamente, se encarama a la lista de las penalidades globales la funesta utilización de los recursos naturales, la contaminación atmosférica y el calentamiento global. De ahí que el nuevo consenso pase por el título de ‘Objetivos de desarrollo sostenible’. En Adís Abeba, en julio de este año, se planteará la prórroga reformada del modelo ODM, lo que se conoce como ‘la Agenda Post-2015’, como paso previo a la cumbre de Naciones Unidas en septiembre de 2015, en Nueva York donde se reformulará el tema siempre vigente e inacabado de la ayuda al desarrollo.

A la hora de diseñar sus programas, los partidos deben mirarse en el espejo de esta realidad, sin orillar elespinoso tema migratorio. Pero sobre todo, la presencia y mención de la pobreza extrema en el mundo es una llamada a considerar cuan agraciada es una corta fracción de la población mundial, en la que nosotros estamos ubicados.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Planes de vida: Una propuesta indígena para la gestión de sus recursos naturales y su territorio.


CAA, 20 de diciembre, 2014.- En el marco de la celebración de la COP20 en Lima, el 3 de diciembre, en Voces por el Clima, se llevó a cabo el evento sobre Planes de Vida y REDD+ Indígena: Diálogo intercultural para enfrentar la Crisis Climática, en el que representantes de los pueblos indígenas de la Amazonía peruana tuvieron la oportunidad de compartir sus experiencias en la elaboración y aplicación de sus planes de vida comunitarios.

Los planes de vida son documentos que articulan la visión indígena con la planificación técnica de la gestión de su territorio y sus recursos. Para ello, recogen las expectativas de las comunidades indígenas sobre cómo ven ellos su vida, su futuro, hacia dónde quieren ir, cómo y para qué.


Planes de vida: Una propuesta indígena para la gestión de sus recursos naturales y su territorio. Foto: Kjeld Nielsen /SPDA-ICAA

Este instrumento de gestión “es una carta de presentación de la comunidad ante actores externos que quieran relacionarse o trabajar con una comunidad”, señala Luis Tayori, representante del Consejo Harakbut y Machiguenga de Madre de Dios.

Él compartió con los presentes la experiencia de Planes de Vida en la Reserva Comunal Amarakaeri, que viene siendo desarrollada en tres comunidades nativas: Shipetiari (machiguenga), Queros y Puerto Azul (harakbut).

Para desarrollar la propuesta “nos basamos en los conocimientos ancestrales que nos permitieron reconocer los problemas, reflexionar sobre el uso de los recursos naturales, identificas nuestros anhelos, y pensar en el futuro sin dejar atrás las prácticas tradicionales’, finaliza Tayori.

También estuvieron presentes Segundo Pino de la Federación Nativa de las Comunidades Kakataibos (Fenacoka), y Miguel Tangora de la Federación de Comunidades Nativas de la Provincia de Purús (Feconapu), quienes compartieron sus experiencias sobre la elaboración de sus planes de vida, logros, errores, aciertos, y lecciones aprendidas.

Ambos destacaron que una de las ventajas de contar con estos instrumentos de gestión es que la población está más organizada, que pueden gobernar y desarrollarse con autonomía y capacidad de gestión.

Avances y retos

“La Iniciativa para la Conservación en la Amazonía Andina (ICAA) está tratando de ordenar la cantidad de información que hay sobre planes de vida. Lo primero que se dice sobre planes de vida es que pueden ser o un documento o una enciclopedia” señala Luis Román, coordinador de Pueblos Indígenas de la Unidad de Apoyo de ICAA.

“Por eso, estamos tratando de conocer las distintas experiencias de planes de vida a fin de proponer una guía que les pueda servir –a los pueblos indígenas- para proponer al Estado y a otros actores sociales, cómo hacer un plan de vida concreto, que recoja las expectativas de los pueblos indígenas, que tenga un proceso participativo para la formulación de sus propuestas de desarrollo y que también se articulen con las políticas de Estado. Que sea una herramienta de negociación de gestión territorial con el Estado” agregó Román.
Articulación con las normas y leyes del Estado

Hasta el día de hoy no hay un involucramiento del Estado, pues estos procesos de elaboración de los planes de vida son de los pueblos indígenas. El Estado tiene su propio proceso de planificación local, regional, nacional. Son dos procesos van en paralelo.

“Estamos tratando de involucrar a los sectores del Estado a nivel local en el proceso de formulación de un plan de vida para que ellos conozcan cuáles son las expectativas y se involucren desde el principio en las propuestas de políticas públicas”, finaliza Luis Román.

Dato:

“Para que los proyectos de REDD Indígena Amazónico (RIA) sean exitosos, deben adaptarse a los planes de vida -visión indígena de desarrollo y gestión comunal-, además de incorporar conceptos como seguridad territorial y manejo holístico del territorio” dijo Klaus Quicque, representante de la Federación Nativa del río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad).

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Fuente: Iniciativa para la Conservación de la Amazonía Andina (ICAA): http://www.amazonia-andina.org/amazonia-activa/noticias/planes-vida-una-propuesta-indigena-para-gestion-sus-recursos-naturales-su

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Fuente: Servindi