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viernes, 6 de octubre de 2017

Energía, cambio climático y desarrollo sostenible en América Latina.


Publican estudio «Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina», realizado por la Unidad de Energía y Recursos Naturales CEPAL, México.

"Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina" es el nombre de una nueva publicación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de más de 500 páginas y que se encuentra disponible para su libre descarga en internet.

El volúmen compila artículos —preparados por sus autores con motivo de la convocatoria al Premio Dr. Fernando Cuevas 2010— y ha sido editado por la Unidad de Energía y Recursos Naturales (UERN) de la Sede Subregional de la CEPAL en México.

Con tal motivo fueron invitados profesionales del sector energético de América Latina y el Caribe a presentar trabajos sobre el tema materia del título.

El contenido en el módulo uno trata sobre biocombustibles, reducción de emisiones, políticas y legislación. En el módulo dos hacen referencia al uso eficiente de la energía, demanda y alternativas para el mejor aprovechamiento, y también sobre la regulación jurídica. El módulo tres, energías renovables y desarrollo sostenible.

Continúa el módulo cuatro con el sector energético en el contexto del cambio climático; módulo cinco, todo lo referente al tema de sostenibilidad energética; y el módulo seis sobre el sector energético, características, diagnóstico y política.

Compartimos también la presentación del documento compilado para mayores alcances del abordaje de esta publicación:

Presentación

Esta publicación está dedicada a la memoria del doctor Fernando Cuevas Moreno, quien formara parte del primer equipo de profesionales centroamericanos que, bajo la coordinación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), analizaron y estudiaron en 1974 los primeros esquemas de interconexión eléctrica regional.

Fernando Cuevas tuvo una destacada carrera profesional, la que se remonta a los primeros años de la década de 1970, cuando trabajó como ingeniero en la Empresa Nacional de Luz y Fuerza (ENALUF), en su país natal, Nicaragua.

En 1980 fue nombrado Viceministro de Energía de Nicaragua, cargo que desempeñó durante más de diez años y desde donde pudo apoyar e impulsar importantes proyectos de desarrollo energético de su país, así como otras iniciativas de integración energética regional, entre ellas el Consejo de Electrificación de América Central (constituido legalmente en 1985) y en las primeras negociaciones del Sistema de Interconexión Eléctrica de América Central (SIEPAC).

En 1994 se incorporó a la Sede Subregional de la CEPAL en México, desempeñando el cargo de Jefe de la Unidad de Energía y Recursos Naturales, hasta el día de su lamentable partida, en septiembre de 2009.

Durante sus 15 años de trabajo en la CEPAL realizó una fructífera labor que incluyó la coordinación de muchos proyectos regionales y subregionales, tanto a nivel centroamericano como mesoamericano.

Destacan, por ejemplo, la coordinación de los estudios y propuesta para la Estrategia Energética Centroamericana Sostenible 2020. Asimismo, promovió la participación de la CEPAL en los estudios sobre el cambio climático en Centroamérica, coordinando la primera evaluación regional sobre ese tema.

En su memoria, la CEPAL organizó y convocó al «Premio Fernando Cuevas» en 2010. Fueron invitados profesionales del sector energético de América Latina a presentar trabajos sobre el tema «Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina».

Los premios para los dos trabajos ganadores —Primer Lugar: «Monopolios de Estado y Política del Cambio Climático en México ¿Bastiones de Cambio o Barreras Estratégicas?», de Miriam Grunstein, y Segundo Lugar, «Cuentas de energía como instrumento para evaluar eficiencias sectoriales en la región Centroamericana», de Juan Pablo Castañeda, Juventino Gálvez, Renato Vargas y Héctor Tuy— fueron entregados durante el Tercer Encuentro Latinoamericano de Economistas de Energía («3ELAEE: Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina»), realizado los días 18 y 19 de abril de 2011 en el Centro de Convenciones de la Universidad Católica, Buenos Aires, Argentina. Esta compilación contiene los trabajos recibidos y aceptados para revisión por parte del Comité Académico del evento. 

Acceda a la publicación completa haciendo clic en el siguiente enlace:


Fuente: Servindi

martes, 30 de agosto de 2016

Perspectivas económicas de América Latina 2016.


Servindi, 30 de agosto, 2016.- Esta vez la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal) pone a disposición la edición 2016 de "Perspectivas económicas de América Latina 2016: hacia una nueva asociación con China", esta publicación explora los lazos cambiantes entre la región y China.

A lo largo de la última década, China se ha posicionado como uno de los inversores comerciales más importantes. Esta relación está adquiriendo hoy una nueva dimensión, y ofrece a América Latina la oportunidad de construir una asociación mutuamente benéfica.

En la medida en que China se transforme gradualmente de una economía basada en las exportaciones y la inversión hacia una basada en el consumo y los servicios, entre otros factores, América Latina tiene mucho que ganar participando más allá de un simple rol de proveedor de materias primas.

Basados en el análisis de diferentes canales a través de los cuales el nuevo modelo de China impactará la región, incluyendo el comercio, el financiamiento y la estrategia de competencias, el informe identifica respuestas de política de largo plazo para contribuir a que América Latina fortalezca su asociación con China.

El reporte destaca experiencias valiosas y mejores prácticas en estas áreas y propone estrategias para permitir a la región consolidar un crecimiento de largo plazo mientras asegura continuidad en su agenda social.

Este informe consta de cinco capítulos: Capítulo 1: China y América Latina: Hacia una asociación por el desarrollo; Capítulo 2: Perspectivas macroeconómicas para América Latina; Capítulo 3: La nueva normalidad china y América Latina en el desplazamiento de la riqueza mundial; Capítulo 4: Comercio entre América Latina y China: Tendencias pasadas y oportunidades futuras; Capítulo 5: Tendencias y escenarios a futuro para una asociación América Latina-China

En seguida la reproducción del prólogo del libro:
Prólogo

El informe Perspectivas económicas de América Latina analiza temas relevantes para el desarrollo económico y social de América Latina. Desde su primera edición, presentada en el marco de la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en noviembre de 2007 en Santiago de Chile, este informe ofrece un análisis comparativo de los resultados de los países de América Latina en relación con otros países y regiones del mundo, compartiendo experiencias y buenas prácticas con las autoridades públicas de la región.

Desde el año 2011 el informe se publica de forma conjunta con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL) y cada edición se vincula al tema económico de la Cumbre Iberoamericana, organizada anualmente por los gobiernos latinoamericanos y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). En el año 2013 la CAF – el Banco de Desarrollo de América Latina – se unió al equipo de autores.

Esta edición se presentó en la Cumbre de Ministros de Asuntos Exteriores organizada por la SEGIB y celebrada en Cartagena (Colombia) en diciembre de 2015. Cada edición incluye un análisis macroeconómico y examina la influencia del contexto global sobre la economía de la región. El presente informe también contiene un capítulo que analiza el papel de China y de América Latina en el proceso de desplazamiento de la riqueza mundial, así como un capítulo sobre los crecientes vínculos comerciales entre China y América Latina y el Caribe. Por último, el informe incluye un capítulo que analiza las tendencias en la relación entre China y la región, atendiendo a los patrones de cambio de la estrategia de desarrollo china. Todos los capítulos presentan análisis y recomendaciones sobre los retos y las prioridades de la región respecto al desarrollo económico y las políticas estructurales.

Esta novena edición se centra en el aumento de los lazos entre China y América Latina en un contexto en el que el centro de gravedad a escala mundial se ha desplazado durante las dos últimas décadas, desde las economías de la OCDE hacia las economías emergentes, un fenómeno conocido como desplazamiento de la riqueza mundial.

El informe presenta un análisis pormenorizado sobre la posición que ocupa América Latina respecto a China y las situaciones en que los vínculos han evolucionado más allá del comercio. Estas aportaciones contribuirán a la comprensión de las oportunidades y los retos venideros para América Latina, con el fin de adoptar reformas específicas que estimulen el crecimiento inclusivo y construyan una alianza con China mutuamente beneficiosa.

Acceda a la publicación competa con un clic en el siguiente enlace:

martes, 5 de julio de 2016

Más ciudadanía para el desarrollo sostenible en América Latina.


Niñas en una escuela rural de la Amazonia de Perú, que como el resto del alumnado de América Latina y el Caribe necesitan que los países de la región alcancen las metas de los objetivos de desarrollo sostenible para poder vivir en sociedades más iguales e inclusivas. Crédito: Milagros Salazar/IPS

Por Alicia Bárcena y Carlos de Miguel

En un contexto mundial de pérdida de dinamismo e inestabilidad del sistema económico, creciente desigualdad, riesgo para la paz, la seguridad y una grave crisis ambiental, se hace evidente que el estilo dominante de desarrollo en América Latina y el Caribe es insostenible.

A la degradación del medio ambiente y los ecosistemas y la depredación de los recursos naturales, asociados a las dinámicas insostenibles de producción y consumo y la concentración urbana, se suman los retos globales como el cambio climático cuyos impactos afectan sobremanera a nuestra región.

La amplia gama de desafíos que enfrenta la región nos ha llevado en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) a subrayar la importancia de construir pactos para la igualdad y un futuro sostenible. Hemos señalado que estos pactos no serán posibles sin democracias más participativas y transparentes en las que los ciudadanos estén profundamente involucrados en las decisiones sobre el tipo de sociedad que se desea construir.

La Agenda 2030 con sus 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), aprobados en septiembre de 2015 por las Naciones Unidas es universal e indivisible y expresa el consenso internacional en torno a un nuevo estilo de desarrollo. La Agenda es un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad. Tiene también por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de libertad.

Este plan será implementado por todos los países y partes interesadas mediante una alianza de cooperación que aglutinará a los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, el sistema de las Naciones Unidas y otras instancias. Requerirá, por tanto, de acciones y coaliciones en el nivel nacional, regional y mundial.

En el ámbito nacional, los países deberán avanzar en el establecimiento de una arquitectura institucional que permita efectivamente implementar un enfoque integrado para el desarrollo de nuestras naciones. Los países de nuestra región han comenzado a dotarse de estas arquitecturas.

Ejemplos de ello son los recientemente creados Consejo nacional para la implementación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de Chile, la Comisión interinstitucional de alto nivel para el alistamiento y la efectiva implementación de la Agenda de Desarrollo Post 2015 y sus objetivos de desarrollo sostenible de Colombia, y el sistema de coordinación nacional establecido en el Brasil.

La arquitectura regional de seguimiento y examen de los avances de la implementación de la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe, en tanto, corresponde al recientemente creado Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible, que funcionará bajo los auspicios de la CEPAL.

El Foro permitirá generar puentes entre lo global y lo regional, reforzar la coherencia y la coordinación en el nivel regional, promover la colaboración y brindar orientación en materia de políticas, fomentar la creación de capacidades nacionales, albergar exámenes nacionales voluntarios, identificar brechas, retos y metas compartidas en el nivel regional e impulsar el aprendizaje entre pares, entre otros.

Esta arquitectura regional de seguimiento y examen de los avances de la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe se fortalece con el acuerdo regional para la cabal aplicación del Principio 10 que bajo el liderazgo de Chile y Costa Rica, negocian actualmente 21 países de nuestra región y se espera esté concluido a fines de este año.

Tanto la Agenda 2030 como el acuerdo regional sobre el Principio 10 han puesto énfasis en el círculo virtuoso entre derechos de acceso, protección ambiental y derechos humanos, enfatizando que la participación informada y la transparencia contribuyen a mejorar las políticas ambientales y por ende la protección ambiental, lo que a su vez permite el cumplimento con derechos sustantivos como el derecho de toda persona a un medio ambiente sano, a la vida y a la salud.

El acuerdo regional aspira a establecer obligaciones para que los Estados de América Latina y el Caribe mejoren sus leyes, políticas, instituciones y prácticas para garantizar que los derechos de las personas a la información, la participación y la justicia en asuntos ambientales, consagrados en el Principio 10 de la Declaración de Río, sean respetados e implementados cabalmente.

El momento para profundizar la aplicación cabal del Principio 10 no podría ser más oportuno. Los derechos de acceso consagrados en este principio están en el corazón de la Agenda 2030 y permean y se manifiestan en todos los objetivos de desarrollo sostenible.

Los ODS vinculan expresamente el bienestar humano con la calidad ambiental y la paz.

Cinco objetivos abordan temas ambientales (objetivo 6 sobre gestión sostenible del agua; 12 sobre modalidades de consumo y producción sostenibles; 13 sobre cambio climático; 14 sobre océanos y mares; 15 sobre uso sostenible de los ecosistemas terrestres) y el bienestar con base en el medio ambiente está presente en las metas de todos los demás objetivos.

Adicionalmente, el objetivo 16 que promueve sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, demanda garantizar la igualdad en el acceso a la justicia, instituciones eficaces, responsables y transparentes y la adopción de decisiones inclusivas, participativas y representativas. También pide garantizar el acceso público a la información y promover leyes y políticas no discriminatorias para el desarrollo sostenible.

De este modo, no es casual que así como el bienestar con base en el medio ambiente esté presente en todos los ODS, la igualdad de derechos y oportunidades, el acceso oportuno a la información, la promoción de la educación para el desarrollo sostenible, la participación plena y efectiva, el fortalecimiento de la participación de comunidades directamente afectadas, la planificación y gestión participativas son aspectos destacados en la nueva agenda a lo largo de sus 17 objetivos y 169 metas.

En este contexto, los estándares que se adopten en el acuerdo regional sobre el Principio 10 así como los mecanismos que se establezcan para asegurar su cumplimiento serán elementos centrales del esquema de rendición de cuentas de la Agenda 2030 y las instancias de fortalecimiento de capacidades y cooperación Sur-Sur apoyarán la participación de todos los actores de la sociedad en la implementación del plan de acción establecido.

El proceso, que cuenta con la CEPAL como secretaría técnica, es un ejemplo de cómo los países de nuestra región pueden, bajo un enfoque de concertación, autonomía, progresividad, cooperación y fortalecimiento de capacidades enfrentar desafíos globales y reforzar la gobernanza ambiental regional contribuyendo al progreso social y económico así como a la sostenibilidad ambiental.

Nuestra región está dando una lección al mundo, escribiendo un nuevo capítulo en materia de fortalecimiento de la democracia ambiental.

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Este artículo fue publicado originalmente en Notas de la CEPAL número 88, del mes de junio. Revisado por Estrella Gutiérrez.

Fuente: Servindi

lunes, 27 de junio de 2016

Hacia una nueva gobernanza de los recursos naturales


La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) comparte el libro“Hacia una nueva gobernanza de los recursos naturales en América Latina y el Caribe” que contribuye al debate sobre el desarrollo, en particular sobre uno de sus retos más grandes, la gobernanza de los recursos naturales.

El documento de 258 páginas publicado en mayo de 2016 fue elaborado por Hugo Altomonte y Ricardo J. Sánchez, ex-Director y Oficial a Cargo, respectivamente, de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la CEPAL.

El libro sostiene que la región requiere una nueva gobernanza de los recursos naturales que asegure que los beneficios de su explotación sean sostenibles, que haga un aporte concreto al desarrollo pleno y que contribuya a disminuir las desigualdades existentes.

Observa que la gobernanza vigente de los recursos naturales no ha logrado llevar a la región a un proceso virtuoso para el aprovechamiento sostenible de esa riqueza.

Considera que el desafío del desarrollo en América Latina y el Caribe es trascendental, por las diferentes dimensiones que lo componen, sus objetivos e instrumentos y los obstáculos que lo condicionan. 

En el caso de los recursos naturales no renovables, el desafío de la gobernanza es aún mayor, debido a su propia naturaleza de recursos agotables, que exige un tratamiento en extremo cuidadoso, que atienda a los criterios más apreciados del desarrollo sostenible y considere las necesidades de las generaciones futuras como un componente esencial de las decisiones.

El libro contiene un prólogo e introducción y cuatro capítulos: I. La importancia de los recursos naturales y su gobernanza en América Latina y el Caribe. II. El auge de los precios internacionales de las materias primas. III. La experiencia regional en el uso de las rentas de los recursos naturales. IV. Conflictos relacionados con los recursos naturales.

En seguida reproducimos el prólogo de la publicación escrito por Alicia Bárcena, ​Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL):
Prólogo

La gobernanza de los recursos naturales emerge hoy como uno de los desafíos cruciales del desarrollo en América Latina y el Caribe.

Los recursos naturales han desempeñado un rol clave para la región. En muchos de nuestros países están en la base del impulso del bienestar, el progreso y el crecimiento. Al mismo tiempo, han sido también la plataforma principal de la formación de las élites asociadas a la generación de rentas extraordinarias y la fuente habitual de escenarios conflictivos en el seno de las comunidades, los pueblos indígenas y los diversos grupos de la sociedad civil, así como el fundamento de la preservación y la conservación del medio ambiente.

A lo largo de América Latina y el Caribe, los recursos naturales irrumpen en el territorio de lo simbólico, y su huella permea la constitución de identidades, idearios políticos e imaginario social. Comunidades enteras, a escala nacional y local, cifran en la existencia y diversidad de dichos recursos expectativas auspiciosas de futuro económico y movilidad social, recrean el relato de un pasado de esplendor e imaginan un futuro preñado por la abundancia restaurada.

La preocupación por los recursos naturales ha estado presente, desde la perspectiva de la teoría económica, ya desde los economistas clásicos, incluidos los fisiócratas, que medían la riqueza de las naciones en términos del valor de las tierras, el agua y los productos agrícolas, entre otros factores.

América Latina y el Caribe cuenta con una importante dotación de recursos naturales, tanto renovables como no renovables, y en el caso de estos últimos resalta el posicionamiento internacional de sus reservas y su producción de minerales metálicos y de hidrocarburos.

La historia de la administración de esa riqueza dibuja algunos de los rasgos más acusados del rostro actual de nuestras naciones. En el recorrido de los últimos cinco siglos, podemos reconocer algunas fases características. Así, observamos cómo en la etapa colonial, pero también en otros momentos posteriores, regía el patrón de la extracción de los metales y su envío a la metrópolis.

Durante el siglo XX, algunos países de la región hicieron un aprovechamiento de ciertos recursos naturales como base para su industrialización. Sin embargo, en los últimos decenios se ha ido retornando a una gobernanza más elemental, caracterizada sobre todo por la provisión de recursos naturales para el resto del mundo basada en exportaciones sin mayor procesamiento y una administración de las rentas orientada principalmente a financiar el gasto de corto plazo.

En efecto, salvo escasas excepciones, las rentas provenientes de los recursos naturales se han incorporado a los presupuestos públicos de los países, cuyo habitual destino es cubrir las necesidades corrientes de la administración.

A partir de la década de 1970, se observaron ocasionales intentos de establecimiento de fondos de estabilización o aplicación de políticas anticíclicas que permitieran reducir la volatilidad de los precios internacionales de las materias primas. No obstante, no fue sino en la década de 2000 cuando algunos países de la región, a través de la implementación de leyes y normas, crearon fondos soberanos de inversión de largo plazo, financiados con las rentas provenientes de los recursos naturales. Buscaban así ahorrar una proporción de las rentas y canalizarlas hacia inversiones estratégicas, como el mejoramiento de infraestructura y programas específicos de educación y capacitación, así como acumulación de capacidades tecnológicas e innovación.

La existencia de fondos soberanos de inversión es aún escasa en la región y no configura todavía un cambio paradigmático en la administración de las rentas originadas en la explotación de los recursos naturales. Por el contrario, la mayoría de nuestros países han mantenido inalteradas sus políticas de administración de las rentas, al mismo tiempo que se han enfocado en tratar de captar montos mayores, a través de nuevos instrumentos fiscales.

En este marco, resalta el sector minero que, no obstante, su habitual régimen de tributación especial —impuestos sobre la renta y regalías—, hasta ahora no cuenta con instrumentos fiscales basados en el principio de progresividad, como los que existen en el caso del sector petrolero, a través de impuestos sobre las utilidades extraordinarias y otros impuestos.

Esta condición se hizo evidente durante el auge de precios que tuvo lugar entre 2003 y 2008, período en el que los países ricos en hidrocarburos, en general, captaron tanto mayores ingresos fiscales como mayores rentas, mientras que los países mineros, con la excepción de Chile, presentaron un gran aumento de rentas que no estuvo acompañado de mayores ingresos fiscales.

El modelo más extractivista de explotación de los recursos naturales ha estado acompañado hasta hoy por un modelo de gobernanza preponderantemente cortoplacista, incluso en los períodos de mayor bonanza relacionados con el auge de precios de los productos básicos. El uso tradicional de las rentas orientado al corto plazo resulta contradictorio con la propia naturaleza de los recursos en que se basan las actividades extractivas, ya que se trata por definición de dotaciones no renovables.

Por el contrario, se debería esperar que las rentas originadas por dichos recursos contribuyeran efectivamente, a través de la inversión pública en proyectos de largo plazo con alto retorno social, a generar condiciones más sostenibles para el desarrollo y para el bienestar de las generaciones futuras.

Esto demanda una gobernanza que tienda a reproducir el capital natural no renovable para convertirlo en un acervo de capital renovado, sostenible y de largo plazo, a través de la acumulación de capacidades productivas, tecnológicas y de innovación, basada en mejoras constantes de una educación pública de calidad, de la infraestructura y de los sistemas nacionales de promoción de la productividad en todos los segmentos industriales (por ejemplo, en las microempresas, las pymes y las grandes empresas).

Los países de América Latina y el Caribe han tenido dificultades para convertir los períodos de bonanza exportadora de sus recursos naturales en procesos de desarrollo económico de largo plazo.

Como resultado de una gran dotación de recursos y del extraordinario aumento de los precios registrado entre 2003 y 2013 —a pesar de su caída durante la crisis financiera internacional de 2008 y 2009—, se generó un incremento considerable de los ingresos de los países productores. Esto implicó desafíos para las autoridades económicas, enfrentadas a flujos crecientes de divisas provenientes de las exportaciones y a la necesidad de favorecer un impacto positivo de los ingresos fiscales.

Para los países productores y exportadores de productos primarios se reabrió así un debate internacional sobre el manejo adecuado de los excedentes generados y sobre el uso de estos recursos, ya sea a través del presupuesto central o del gasto descentralizado por medio de los gobiernos subnacionales, tema directamente relacionado con los procesos de descentralización fiscal. Al mismo tiempo, se elaboró una amplia literatura relacionada con el manejo macroeconómico de los flujos de rentas extraordinarias derivadas de la explotación de los recursos naturales para evitar sus efectos negativos, que conforman lo que se ha llamado una “maldición de los recursos naturales”.

Algunas de las manifestaciones de esta maldición se vinculan con la apreciación del tipo de cambio, que afecta a los productores nacionales (la denominada enfermedad holandesa), y también con el llamado rentismo (o pereza fiscal), consistente en que el sistema tributario tiende a depender de manera creciente de la renta volátil proveniente de las actividades extractivas, en lugar de procurar ampliar las bases tributarias internas y hacer el esfuerzo de instalar sistemas impositivos progresivos que aseguren la estabilidad de las finanzas públicas independientemente de la coyuntura de los precios internacionales.

Los impactos de dicha maldición producirían, en aquellos países que no cuentan con la capacidad institucional requerida para manejarlos, dos resultados: tasas de crecimiento económico menores que las de aquellos países que no poseen recursos naturales y una tendencia a la distribución desigual del ingreso nacional, lo que acentuaría la desigualdad social. De esta forma, frente a la llamada maldición de estos recursos han surgido diversos enfoques críticos —entre ellos el de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)— que enfatizan el rol clave de las instituciones en los países ricos en recursos naturales. Así, se afirma que no existe un problema de maldición, sino de mala gobernanza de los recursos naturales,

directamente relacionado con la deficiente calidad, en distintos grados, de las instituciones de algunos Estados en sus diferentes poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y en la coordinación entre sus distintos niveles (nacional y subnacional), así como entre los diversos organismos públicos involucrados en la regulación y en el seguimiento y monitoreo de normas y políticas.

En el presente libro se contrastan los lugares comunes que desde la ortodoxia y el dogmatismo se refieren a la relación entre la dotación de recursos naturales y el crecimiento económico, en una apuesta por desarticular viejos estereotipos y prejuicios en torno a la sustancia y el vínculo existente entre los recursos naturales y el progreso económico.

A lo largo de sus páginas, se argumenta sobre la importancia de institucionalizar el empleo de fondos de estabilización y de inversión, reglas macrofiscales y acumulación de reservas, y los variados mecanismos de ahorro destinados a atenuar los posibles efectos nocivos de la apreciación cambiaria sobre el resto de la economía en los períodos de auge y, paralelamente, acumular la holgura fiscal necesaria para mitigar el impacto en los períodos de precios bajos.

En un futuro cercano, nuestros países enfrentarán nuevamente el reto de captar e invertir de manera eficiente las rentas generadas como resultado del ciclo de precios —los que registran un nivel actual todavía superior al promedio histórico de los años ochenta, si bien su crecimiento se estancó— para lograr sus metas de desarrollo sostenible e inclusivo. Dicho desafío exige construir los acuerdos sociales y los consensos políticos necesarios para que los Estados puedan canalizar estas rentas efectivamente hacia nuevas inversiones en capital humano, infraestructura, innovación, ciencia y tecnología, y otras inversiones de largo plazo, resistiendo las presiones políticas de consumir los recursos extraordinarios en el presente.

Algunos países como el Brasil y Trinidad y Tobago, entre otros, han intentado aplicar diversos mecanismos de distribución de la renta de las industrias extractivas en que los recursos no son invertidos o gastados directamente por el gobierno central, como son los fondos de ahorro de largo plazo o fondos intergeneracionales, los programas de transferencias monetarias directas o inversión en capital humano y la distribución descentralizada o asignación directa de una parte de estas rentas a los gobiernos subnacionales, las municipalidades, las universidades o los institutos de investigación, entre otras modalidades. Otros países, como es el caso de Chile, han orientado una parte de las rentas a mecanismos instrumentales, como los fondos de estabilización y el Fondo de Innovación para la Competitividad.

En el libro se revisan las tendencias de precios y se abordan diversas interrogantes respecto al ciclo que afectó a los productos primarios, en particular el petróleo y los productos de la minería. Además de analizar los mecanismos que permiten asegurar la inversión eficiente de las rentas para sentar las bases de un proceso de desarrollo sostenible, se revisan también las tensiones que pueden producirse entre distintos ejes de dicho desarrollo.

La región demanda un cambio en el actual paradigma de explotación de los recursos naturales, mediante una gobernanza compatible con la sostenibilidad y la igualdad, a través de pactos sociales de amplia base en torno a objetivos que involucren a múltiples actores y que se desarrollen en un marco de equidad y transparencia.

América Latina y el Caribe precisa de una nueva gobernanza de los recursos naturales, que apoye exitosamente la puesta en marcha de un proceso de desarrollo sostenible, con igualdad. Para ello, se requiere la construcción de una visión común sobre la gobernanza, así como la discusión y el logro de un consenso en torno a un pacto por la gobernanza de los recursos naturales. Respaldar esa discusión, elaborar los argumentos que la funden, reconocer las lecciones que surgen de nuestras trayectorias previas y alimentar el debate público que la haga posible son los propósitos que animan el presente trabajo.

Alicia Bárcena
Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

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Acceda al libro con un clic en el siguiente enlace:


Fuente: Servindi