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sábado, 18 de abril de 2020

El hambre como bandera.


En las ventanas de muchos barrios de Colombia, los más pobres colgaron trapos rojos como señal de auxilio. El SOS de la pobreza en medio del coronavirus.

CATALINA OQUENDO

Por estos días de ciudades adormiladas y silenciosas, las ventanas de los barrios más pobres de Colombia gritan ayuda. Trapos, pedazos de tela, disfraces infantiles o camisetas rojas ensartados en palos cuelgan como banderas, como el más doloroso SOS de la pobreza y el hambre.

Empezó en Soacha, a las afueras de Bogotá, el lugar donde habitan cerca de 50.000 desplazados del conflicto armado, el municipio donde hace años el Ejército sacó a un grupo de muchachos pobres, los vistió como guerrilleros y los asesinó; el lugar donde viven miles de migrantes venezolanos y en el que un 36% de la población padece extrema pobreza. Soacha es hoy, por la estela del coronavirus, un enorme cúmulo de trapos rojos.

“Si usted ve un trapo rojo en la puerta de su vecino significa un llamado de solidaridad”, difundió la alcaldía de Soacha que comenzó con esta estrategia, que revela la desigualdad que supone el confinamiento.

—Buenas tardes, vecina —continúa el vídeo de la campaña —Es que les vi el trapito rojo y les traje una pequeña ayudita— dice una mujer acercándose a un par de personas mayores.

— Gracias, que dios la bendiga —responde otra que besa una bolsa de arroz.

Colombia es un país patriotero. La bandera se saca por todo: en las fiestas que recuerdan la Independencia, en los feriados o cuando gana la selección de fútbol. Recién comenzó la pandemia, María Juliana Ruiz, esposa del presidente Iván Duque, pidió colgar la bandera tiricolor en señal de entusiasmo para superar la pandemia. Pero la realidad convirtió a los trapos rojos en la bandera que se ondea por estos días. Basta mirar solo el edificio de la plaza La Hoja, en el centro de Bogotá. Una molicie de 14 pisos donde viven víctimas del conflicto armado cuyas ventanas están plagadas de trapos rojos, como si fueran un grito alto de hambre.
Habitantes del sur de Bogotá protestan en las calles. RAÚL ARBOLEDA (FOTO: AFP | VIDEO: REUTERS)

La postal se repite en los barrios altos de Medellín, donde suenan las cacerolas y la gente sale con banderas blancas pintadas de rojo; en la calurosa Ciénaga (Magdalena), ubicada en el norte del país; o en las laderas farragosas de Ciudad Bolívar, en la capital, donde se han presentado protestas y represión por parte de la policía antidisturbios. O en el barrio Bosa Porvenir, de Bogotá, donde decenas de personas bajaron los trapos rojos de las ventanas y salieron agitarlos y a cantar el himno de Colombia. “Somos una familia de nueve personas y no estamos en ningún listado del Gobierno, tengo una mujer embarazada y dos niños más en la casa y no tengo nada para darles de comer. Por eso estoy acá”, decía una mujer mientras sacudía una camisa roja de puntos blancos.

El factor común es que en esas casas habitan personas que usualmente viven del rebusque, de la informalidad —como un 45% de los colombianos— y que ante la cuarentena obligatoria no pueden salir de sus casas a buscar el sustento. Como ha dicho el alcalde de Soacha, Juan Carlos Saldarriaga, “podría morir más gente de hambre que de coronavirus”. Pero no son los únicos en usar el trapo. La alcaldía de Envigado, el municipio más rico de Colombia, colgó uno en la entrada de su sede administrativa. “Nos sumamos a esa iniciativa popular para pedir una ayuda más ágil del Gobierno nacional y a los empresarios”, dijo el alcalde, Braulio Espinosa.

La llamada “estrategia del trapo rojo”, que apuntaba a la solidaridad entre vecinos, es en sí misma una señal de protesta. El Gobierno de Iván Duque ha anunciado un subsidio de 160.000 pesos (unos 40 dólares, 36 euros) y la alcaldía de Bogotá, uno de 423.000 pesos, (100 dólares, 92 euros) a 350.000 familias. No les han llegado a todos, y a medida que la cuarentena se extiende, las ayudas no alcanzan. “Cuando íbamos llegando, la gente gritaba pongan el trapo rojo que llegaron los del censo a ver si nos dan algo”, contó un joven empleado de la alcaldía de Bogotá que estuvo en las calles de tierra de Cazucá, en Ciudad Bolívar. Ahí, como en muchos rincones de Colombia, la población más vulnerable parece atrapada entre dos losas de cemento que les va quitando el aire.

Como ocurre con los símbolos que nacen en lo popular los caminos que ha tomado el trapo rojo son impredecibles. Por momentos, recuerda el viejo trapo rojo que identificaba a los liberales en Colombia; en otros, esa idea de identificar las viviendas, trae a la memoria aquella D, de demolición, con que el Gobierno chavista de Nicolás Maduro tachaba las casas de los colombianos deportados desde Venezuela.

Como el pañuelo blanco de las madres de la Plaza de Mayo en Argentina o el verde del derecho a decidir de las mujeres, el trapo rojo va camino de convertirse en la bandera de la desigualdad que ha quedado expuesta con el coronavirus y trasciende las fronteras de Colombia.

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sábado, 8 de febrero de 2020

"Mueren porque el agronegocio los deja sin agua, sin comida"

Foto: @eltribuno/ Twitter


La cifra récord de desmontes en Salta les quita a las comunidades sus territorios y sus modos de subsistencia. Ya fallecieron seis niños. Los ambientalistas ponen el foco en la expansión sojera.

Por Gastón Rodríguez

Tiempo, 8 de febrero, 2020.- "Los medios hablan de seis niños wichis que murieron en Salta, pero hay muchos más que los precedieron en esta injusta realidad; niños cuyo bienestar desapareció junto a su territorio, niños que antes de nacer ya sufren el despojo que implica la desaparición del monte; niños sin derecho a comer porque les destruyeron su almacén natural; niños sin derecho al agua porque muchas veces los sojeros contaminan sus fuentes naturales. Los wichis necesitan del bosque para poder subsistir".

La que habla es Noemí Cruz, coordinadora de la campaña de bosques de Greenpeace, la persona que más atención presta al avance implacable del desmonte en el norte del país, denunciando el daño ambiental, condenando el abandono de los pueblos originarios.

Una razón íntima la justifica: "Como descendiente de indígenas que se quedaron sin selva, puedo decir lo difícil que es sobrevivir sin el hogar, el gran estrés que persiste en el alma por generaciones, y lo importante que es el monte para seguir siendo, para ser la persona que uno vino a ser".

El hambre es la razón urgente. La muerte temprana de chicos wichis y los muchos –demasiados– internados con distintos cuadros de desnutrición eclipsa cualquier análisis, clausura los debates.

Sin embargo, son las propias víctimas las que advierten que existe una causa mucho más profunda que permanece convenientemente invisible.

"Los Estados nacional, provincial y municipales no quieren ver lo que está pasando. Muestran las muertes de los chicos, pero no cuentan que en esta zona todas las empresas tiran tóxicos, por ejemplo, al río Bermejo, con total libertad. Lo que está matando a la gente es el cáncer de la contaminación; las personas tienen enfermedad en el cuerpo, no pueden comer, no pueden hacer fuerza. Ningún Estado prestó atención a esto y sólo se enfocaron en el desmonte, en la tala de madera, y en la siembra de soja, porotos, maíz. Así arrastraron todo el monte y esa es la causa más grande de lo que nos pasa", dice Leonardo Pantoja, presidente de la Comisión Nacional de Investigación del Genocidio para el Resarcimiento Histórico de los Pueblos Originarios de Argentina y referente de la comunidad wichi de El Tráfico, a 45 kilómetros de Embarcación, de donde eran algunos de los chicos muertos.

La "emergencia sociosanitaria" declarada por el gobernador Gustavo Sáenz en los departamentos de Orán, Rivadavia y San Martín tiene una particularidad que ayuda a entender: los dos últimos son los más desmontados en la provincia. Sólo en los últimos cuatro años, Salta arrasó con casi 80 mil hectáreas de bosques.

Mucho tuvieron que ver los cambios de zonificación prediales realizados ilegalmente por el exgobernador Juan Manuel Urtubey –ahora radicado en España–, autorizando el trabajo de topadoras en zonas protegidas por la Ley de Bosques, favoreciendo intereses de amigos poderosos, como Alejandro Braun Peña, primo del exjefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, o directamente los de su familia, como cuando benefició a sus hermanos sancionando una "ley de reordenamiento territorial", permitiéndoles desforestar en áreas hasta ese entonces prohibidas.

"En la zona este y noreste de Salta hay una verdadera crisis humanitaria crónica; no es que ahora se están muriendo niños de desnutrición, sino que se vienen muriendo desde hace diez años. Esto pasa porque en ese sector de la Argentina, el agronegocio decidió expandirse desmontando masivamente, despojando a los nativos de sus tierras, dejándolos sin comida ni agua, ni siquiera un lugar donde vivir. Los abrevaderos, las lagunas y todo lo que eran reservas naturales ahora son sembradíos de soja, maíz, poroto. Para los wichis no ha quedado nada", explica Medardo Ávila Vázquez, pediatra y coordinador de la Red Universitaria de Ambiente y Salud.

Foto: @FMMAS935/ Twitter

"Los wichis son históricamente un pueblo recolector-cazador que difícilmente pueda subsistir si ha sido despojado de sus territorios. Además, sufren las grandes sequías, que después son seguidas de graves inundaciones; con esos cambios extremos viene a su vez el agravamiento de las enfermedades; a ellos les resulta muy difícil salir de sus relictos de bosques, donde se encuentran refugiados. Son víctimas de todos estos abusos, externos a su cultura", se queja Cruz.

"Lo único que hizo el Estado –insiste Ávila Vázquez– es fomentar el agronegocio, y los indios son un problema, una carga. Por eso quieren que se vayan para la ciudad. Pero estos indios no se van, a diferencia de otras culturas más avanzadas de pueblos originarios, estos nativos del monte tienden a quedarse, esperanzados de volver a conseguir un espacio donde puedan vivir. El Estado se encuentra con este problema y lo único que hace es provocar que las comunidades desaparezcan, que mueran, como está ocurriendo".
Desalojados

El agronegocio desmontó, en los últimos diez años 1.200.000 hectáreas de bosque salteño, y desalojó a alrededor de 100 mil personas de distintas comunidades indígenas que ocupaban esos territorios. Las empresas, algunas vinculadas a hombres poderosos como Marcos Peña, Juan Manuel Urtubey y Alfredo Olmedo, han sembrado un millón de hectáreas de soja maíz y porotos.
Sin misión

Luego de que Médicos Sin Fronteras recibiera una carta de referentes indígenas solicitando su intervención en Salta, la organización respondió que "luego de establecer contacto con diversas autoridades provinciales y con organizaciones sociales que se encuentran en la zona, se ha optado por no realizar una misión exploratoria (paso previo a la apertura de una misión) en esa región" del país.
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jueves, 28 de marzo de 2019

Los dueños del agro y la alimentación.



Informe revelan que grandes empresas del sector de alimentos no muestran preocupación por “el hambre, el cambio climático, la sostenibilidad, la enfermedad y la injusticia”. El modelo de agronegocio sobreexplota los ecosistemas. Más del 20 por ciento de las superficies agrícolas sufre degradación del suelo y ese mal avanza a la velocidad alarmante de doce millones de hectáreas por año.

Por Darío Aranda

EcoPortal, 27 de marzo, 2019.- Un informe de organizaciones alemanas muestra cómo unas pocas corporaciones manejan el sistema alimentario del planeta. El agronegocio y la complicidad de los gobiernos. El caso argentino: los pueblos fumigados y la expulsión de Monsanto de una localidad cordobesa.

Un puñado de empresas de Estados Unidos, Europa y China decide qué produce el agro mundial, cómo se alimenta la población y, al mismo tiempo, cómo se enferma y empobrece. Son algunas de las definiciones del “Altas del agronegocio”, una investigación de fundaciones alemanas que denuncia con nombres propios el accionar de las compañías y la complicidad de los gobiernos. El trabajo también derriba el mito de las multinacionales agrícolas:

“El agronegocio (de transgénicos y agrotóxicos) no puede conservar al medio ambiente ni la subsistencia de productores, y tampoco puede alimentar al mundo”.

La investigación denuncia el accionar de las empresas del agro, cerealeras, multinacionales de la alimentación y supermercados. De Alemania apuntan al accionar de Bayer y Basf; de Estados Unidos a Bunge, Cargill, Coca Cola, Dow, DuPont, Kraft y Monsanto. De Gran Bretaña a la multinacional Unilever; de Franca a Danone y Carrefour; de China a ChemChina y Cofco; de Suiza a Glencore, Nestlé y Syngenta; de Países Bajos a Louis Dreyfus y Nidera. De Argentina aparecen las empresas Los Grobo, Don Mario, Biosidus y Cencosud (Vea, Jumbo y Disco), entre otras.

El trabajo fue realizado por las fundaciones Heinrich Böll, Rosa Luxemburgo, Amigos de la Tierra Alemania (BUND), Oxfam Alemania, Germanwatch y Le Monde Diplomatique. Síndica como “el moderno latifundio” al modelo de agronegocio, que desde finales del siglo XX avanzaron con la llamada agricultura industrial, de monocutltivos (principalmente palma aceitera, maíz y soja).

Apunta a cuatro empresas que dominan el mercado de semillas y agrotóxicos: Bayer (que en 2018 cerró la compra de Monsanto), ChemChina-Syngenta, Brevant (Dow y Dupont) y Basf. En 2015 facturaron 85.000 millones de dólares y, según proyecciones de Bayer, llegarán 120.000 millones en 2025.

Cuestiona que las empresas del sector hayan asumido poca responsabilidad por las consecuencias de su accionar, que repercutió en el “el hambre, el cambio climático, la sostenibilidad, la enfermedad y la injusticia”.

La investigación cuenta con un capítulo titulado “La república unida de la soja” (en base a una publicidad de la multinacional Syngenta, que así llamó a Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil). “El papel de Argentina en la promoción del modelo agrícola industrial transgénico fue crucial. Representó la cabecera de playa de esta expansión para la industria semillera y agroquímica mundial”, afirma.

Explica que jugó un rol clave el eje gubernamental. Denuncia la complicidad de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), el Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la Secretaría de Agricultura y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). A más de 20 años aprobar la primera soja transgénica, los mismos organismos aún bendicen los transgénicos y agrotóxicos en base a estudios de las mismas empresas que los producen y venden.

El trabajo también denuncia el rol de “pseudo-organizaciones técnicas” que publicitan las bondades del modelo, pero ocultan las consecuencias. Señala a la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid), Asociación de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) y las fundaciones Fertilizar y Producir Conservando. Afirma que el modelo agropecuario actual es una “agricultura minera” que extrae nutrientes de los países sudamericanos y genera enormes impactos ambientales.

Precisa el rol de empresas que suelen pasar desapercibidas en el debate del agro mundial: las exportadoras o, como llamó el periodista Dan Morgan, “traficantes de granos”. Cuatro transnacionales dominan el sector: Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill y Louis Dreyfus. Juntas son conocidas como el “Grupo ABCD”. Su participación en el mercado mundial es del 70 por ciento. En los últimos años se sumó al grupo la china Cofco.

El mercado de alimentos también está en muy pocas manos: 50 grupos empresariales facturan la mitad de las ventas mundiales. Las diez principales (sin incluir el sector bebidas) son Nestlé (Suiza), JBS (primer proveedor de carne mundial, de Brasil). Del tercero al sexto lugar son empresas de Estados Unidos: Tyson Foods, Mars, Kraft Heinz, Mondelez. Le siguen Danone (Francia), Unilever (Gran bretaña) y las estadounidenses General Mills y Smithfield.

“Con la expansión de los consorcios multinacionales se modifican los hábitos alimenticios. Los alimentos poco procesados son sustituidos por los ultraprocesados. El sobrepeso, la diabetes y las enfermedades crónicas son sólo algunas de las consecuencias”, alerta la investigación, que se presentó en Europa, Brasil y Argentina, y contó con la participación local del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (Gepama) de la UBA.

También destaca la urgente necesidad de fortalecer mediante políticas públicas la agroecología (un modelo sin transgénicos ni agrotóxicos, con rol protagónico de campesinos, indígenas y pequeños productores) y resalta dos acciones históricos contra las multinacionales: el boicot mundial contra Nestlé (entre 1977 y 1984) por su engañosa publicidad de leche en polvo para bebés y la lucha de los pueblos fumigados de Argentina, que son la prueba viva de los impactos de los agrotóxicos en la salud y al mismo tiempo impulsan modelos de producción sin venenos. Recuerda la epopeya de la localidad de Malvinas Argentinas (Córdoba), que luego de cuatro años de resistencia echó a Monsanto de su territorio.

El “Atlas del Agronegocio” asegura que los sistemas alimentarios influidos por las transnacionales “han fracasado” en garantizar una alimentación segura. “El hambre no se eliminó. Sigue habiendo casi 800 millones de personas desnutridas en el mundo. El problema se relaciona con la distribución desigual de los alimentos, que a su vez se vincula con la pobreza y la exclusión social. Los sistemas alimentarios industriales más bien han agravado esta desigualdad en lugar de resolverla”, destaca. También advierte que el modelo de agronegocio sobreexplota los ecosistemas. A modo de ejemplo, precisa que más del 20 por ciento de las superficies agrícolas sufre degradación del suelo y ese mal avanza a la velocidad alarmante de doce millones de hectáreas por año.
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domingo, 28 de octubre de 2018

Seguridad alimentaria afecta a Latinoamérica.


La ONU muestra preocupación por cifras de población subalimentada en la región. Bolivia, Nicaragua y Guatemala lideran el ranking regional de población subalimentada, además de ser países vulnerables a situaciones de cambio climático. También preocupa situación de Venezuela donde la crisis política ha incrementado la inseguridad alimentaria.

Por José Díaz

En medio de un proceso de cambios y crisis políticas en la mayoría de sus países, Latinoamérica afronta un problema que parecía ya desterrado: la seguridad alimentaria. Según el director general de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano da Silva la desaceleración económica en la región ha generado el resurgimiento del hambre como un problema continental.

Según las cifras de la ONU, el hambre en Latinoamérica y el Caribe pasó de afectar a 38,9 millones de personas en 2016 a 39,3 millones en 2017, el 6,1 % de la población, debido a la desaceleración económica en Sudamérica. El caso más dramático es el de Venezuela donde la inseguridad alimentaria incrementó en los últimos 10 años de 10,5% a 11,7%.

Aunque Da Silva destacó que durante los años de “bonanza económica” se crearon algunos programas de seguridad alimentaria para sectores como los comedores escolares y los jubilados, en los últimos años la falta de crecimiento económico ha desprotegido a parte de la población. Solo en Brasil existen 7 millones de personas que no tienen ningún tipo de asistencia por lo que su alimentación depende directamente de la caridad.

Una de las principales preocupaciones de la FAO para Latinoamérica es el caso de la ola migratoria de venezolanos. Esto debido a que las condiciones alimenticias en las que se encontrarían serían de precariedad extrema.


Hambre y cambio climático

Otro factor que interviene en este ámbito es el cambio climático. Tres de los países más vulnerables en términos ambientales son también los que lideran el ranking de población subalimentada en la región: Bolivia(18,9%), Nicaragua (16,2%) y Guatemala (15,8%). Estos números han generado preocupación en las instituciones oficiales como la ONU y el Programa Mundial de Alimentación (PMA).

“Tienen una gran cantidad de población rural e indígena, son muy vulnerables a los efectos climáticos y tienen dificultades para acceder a servicios públicos básicos necesarios para la seguridad alimentaria”, declaró hace poco el oficial de Seguridad Alimentaria de la FAO para la región, Ricardo Rapallo.

No obstante, es necesario aclarar que, pese a que Bolivia sigue liderando el ranking de países con población subalimentada, es también uno de los que más redujo este índice en los últimos años. Mientras que en los casos de Nicaragua y Guatemala las cifras van en aumento en las crisis políticas y humanitarias que afrontan estos países.

Fuente: Servindi

miércoles, 1 de noviembre de 2017

África en los márgenes de la pobreza.

Moda en las calles de Kibera. El cineasta y fotógrafo Stephen Okoth, conocido como Ondivou'r, aporta vitalidad a la vieja escuela. Imagen del proyecto 'Kibera stories' del fotógrafo Bryan Jaybe. BRYAN JAYBEE

El diario

- El arte que emerge del Sur rompe estereotipos, cuestiona prejuicios y enriquece debates en la sociedad global
- La imagen de África está en manos de los africanos y ya no depende de la mirada occidental para verse representada
- Estos son solo tres ejemplos de artistas con una máxima en común: más luz a la cultura como herramienta transformadora


Para muchos analistas internacionales son simplemente observadores silenciosos. Acoplados urbanitas. Sin embargo, ellos y ellas gritan el lenguaje del arte cada día en las esquinas de capitales como Nairobi, Lusaka, Kinshasa, Durban, Lagos, Dakar, Uagadugú, Lomé, Abidyán, en salas de teatros y exposiciones, en medios de comunicación locales, y necesariamente a través de las redes sociales donde se hacen oír. Otras formas de explicar desde abajo.

Recogen las pequeñas piezas de la vida sembradas en las calles para darles forma y estamparlas en las miradas atónitas de algunos consultores que pasan entre 24 y 72 horas en ciudades desconocidas de las que después tendrán que sacar conclusiones.

Los otros. Ellos. Pero no. No hay tiempo de oxigenar la mirada y observar. Demasiado fugaz. O demasiado humillante el poder ver cómo la realidad de muchos artistas que buscan nuevas formas de mostrar África es, simplemente, en alta definición, a todo color y con respuestas a muchas de las preguntas. No por nada, sino porque se trata de vivir.

En verano del año pasado se publicaba el libro Africa's Media Image in the 21st Century: From the "Heart of Darkness" to "Africa Rising", en el que se revisaba la representación del continente en los medios internacionales a través de 28 ensayos moviendo la discusión académica más allá de las críticas tradicionales del estereotipo periodístico, del afro-pesimismo o de la cobertura de las noticias más oscuras de África. La portada era ya toda una declaración de intenciones: una chica con una cámara fotográfica. Es decir, la imagen de África está en manos de los africanos y ya no depende de la mirada occidental para verse representada.

Boda en el suburbio de Kibera (Nairobi, Kenia), del proyecto 'Kibera stories' del fotógrafo Bryan Jaybe. BRIAN JAYBEE

Sin embargo, las luces de neón alumbraron a mitad de septiembre las portadas de medio mundo. Era un revés. El último informe de la FAO El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo se salía por la tangente para ir al grano e insultar las políticas globales. Hay más pobreza. Hay más hambre. Y África, la peor parada.

Pero el análisis debería compensarse porque esta desigualdad es consentida. El reciente estudio del Banco AfrAsia sobre la riqueza del continente africano subraya que en la actualidad hay 145.000 millonarios viviendo en África, con una riqueza combinada de alrededor de 800.000 millones de dólares. Entonces, algo no cuadra ¿no? El número ha crecido un 19% desde 2006 y para dentro de una década se pronostica un incremento de un 36%.

A esto, por aquello del equilibrio, habría que sumar la pérdida anual de unos 60.000 millones de dólares al año debido a la salida ilícita de minerales por grandes multinacionales o a la evasión de capitales –también de empresas extranjeras– que provoca una sangría económica de entre 30.000 y 60.000 millones de dólares anuales según la Comisión Económica para África de Naciones Unidas(UNECA, por sus siglas en inglés). En resumidas cuentas, que África pierde más dinero por los flujos financieros ilícitos de lo que recibe en ayuda extranjera.

Y en este equilibrio circense, y frente a los reportajes melancólicos de vidas destrozadas por las vetas de la mala suerte y las malas rupturas, hay vidas que ebullen y rebosan; cientos de millones de almas que habitan lejos del blanco y negro, del aburrimiento y la sombra del desamparo que, por nuestra ignorancia, son asumidos por la narrativa única del África de la pobreza.

Los tres ejemplos que se presentan a continuación representan solo la punta del iceberg. Tres africanos. Cada uno con una influencia colonial diferente (inglesa, portuguesa y francesa), pero con identidades múltiples que son deconstruidas y repensadas por trabajos que despejan el camino a una experiencia de comunicación sanadora. La máxima: más luz a la cultura como herramienta transformadora.Bryan Jaybee, el click terapéutico del gueto

Bryan Jaybee Otie es probable que pueda sentir los olores de las calles de los slums (suburbios) de Nairobi bailando en su nariz, en especial de Kibera –considerado uno de los asentamientos chabolistas más grandes de África–. Sentir el aire espeso cargado de fragancias de desagües al aire libre mezclado con humo de patatas fritas, mandazis y chapatis cocinados a pie de carretera.

Pero Otieno, de 24 años, alias Storitellah (cuentacuentos), y conocido en la ciudad por su proyecto Kibera stories, prefiere poner el foco en otro lugar. "La mayoría de los medios occidentales tienen esa mentalidad preconcebida de que nada bueno proviene de África si no es la pobreza, alguien muriendo de hambre en alguna esquina o una guerra civil en curso tratando de desestabilizar un gobierno. Creo que, en el mundo occidental, hay un gran consumo de historias que representan a África como un lugar para la devastación masiva", explica el keniano.

Kibera, a priori, se quedaría en los márgenes de la Nairobi infectada de grúas y anuncios de pisos de nueva construcción, o de la parada obligada de los turistas que se apean en esta frenética capital de África del Este antes de visitar el Masai Mara o el Serengueti. Por eso Bryan explica la importancia de hacer fotos con otra mirada.

Amanecer en Kibera, del proyecto 'Kibera stories' del fotógrafo Bryan Jaybe. BRIAN JAYBE

"Comencé este proyecto fotográfico en 2013 utilizando la cámara de mi móvil. La mayoría de las fotos que veía en Internet no me interesaban porque siempre resaltaban las partes más abyectas y terribles de Kibera: niños sin esperanzas en las calles, un hombre borracho durmiendo en una zanja… una pésima luz. Todo esto era verdad, pero no dejaba de ser solo un fragmento de lo que es típico en todos los barrios marginales a nivel mundial. Y, además, si había una buena foto, entonces era de una ONG con un pie de foto pidiendo donaciones".

Bryan, frente a este guion pesimista ¿cuáles son tus comodines? "Dar alternativas a las narrativas ya preconcebidas del continente, y no aferrarse en los aspectos positivos o negativos, sino reflejar la complejidad". Y entonces, ¿cuál sería tu consejo para un corresponsal que visita África por primera vez? "Le recordaría que el continente no es solo esa mujer que parece hambrienta amamantando a un niño en su regazo. El continente es vasto y hay historias más interesantes aún inexploradas".La transgresión multimedia de Nástio Mosquito

Nacido en Angola, un país con poco más de cuatro décadas de independencia, Nástio Mosquito es un tipo cool, un animal escénico, políglota y crítico con los estereotipos sobre África arraigados en el imaginario occidental.

The Guardian lo ha llamado "la futura estrella del mundo del arte", y lo cierto es que Nástio está en la vanguardia artística mundial, no solo por su genuina exploración en el multimedia, la música y la poesía o por salir de los marcos narrativos habituales, sino sobre todo por ser una voz crítica, sincera, desafiante, ausente de victimismos y capaz de estimular la emancipación espiritual del espectador.

¿Por qué es tan difícil aceptar un África diferente a la que entra por nuestras pantallas a través del cine, los anuncios de fundaciones benéficas o las revistas de viajes? ¿Por qué no podemos concebir a los africanos como sujetos políticos, artísticos o económicos?

La imagen de África ha sido gravada, a menudo de forma excesivamente adherente, a través de clichés racistas, naturalistas y eurocéntricos que fomentan una percepción mayoritariamente equívoca de un continente empobrecido, hambriento, salvaje y con poco desarrollo democrático. Y ahí, parece que nos sentimos cómodos. A sus 35 años de edad, Nástio Mosquito solamente ha conocido un mandatario en Angola –Jose Eduardo dos Santos, que presidió el país durante treinta y ocho años–, hasta hace escasas semanas, cuando fue sustituido por el continuismo del general Joao Lourenço.

Sin embargo, el artista ha crecido y vivido en ciudades muy cosmopolitas, desde Luanda pasando por Lisboa, a urbes chinas, y su mundo, por más extraño que pueda parecerles a algunos no iniciados al pensamiento crítico, no se ha construido entre elefantes, campos de refugiados o fusiles. En cambio, el consumismo global desenfrenado es una de sus mayores preocupaciones.

¿Alguien cree que Mosquito debe ser descrito aún con la etiqueta 'africano' delante de la de 'artista'? ¿O debemos hablar simplemente de un 'artista contemporáneo' de origen angoleño? En pleno siglo XXI, ¿qué significado puede tener el epíteto 'africano' en ninguna descripción si no se concibe ese 'ser africano' como un actor partícipe del sistema mundo?

Sí. Nástio ha confesado en varias ocasiones que su comida preferida es el arroz. Pero no se hagan ilusiones los esencialistas. ¿No es la paella el plato preferido de muchos españoles? Ni rastro, sin embargo, de la supuesta escasez de alimentos que azota África en ninguna de sus obras, expuestas en la Bienal de Venecia (2007), ARCO Madrid (2009), Bienal de Sao Paulo (2010), Bienal de Gwangju (2012), el Tate Modern (2012), Fundación Prada de Milán (2016) o el Museo de Arte Moderno de Nueva York (2016).

No seamos ingenuos. ¿Tendría sentido esperar que los artistas españoles de hoy pinten toreros? ¿A caso la afición taurina es algo que defina a la sociedad española del siglo XXI? ¿Debemos decepcionarnos si no se puede definir un 'arte español' como aquel que pone a un Borbón en el epicentro de su obra? Pues la paella y la monarquía pueden ser tanto objeto del arte de un español como la moamba (plato típico angoleño) o la tiranía del petróleo al de un angoleño. Afortunadamente, Mosquito no es uno de estos artistas.Modupeola Fadugba, una narrativa femenina local

Tampoco lo es la togoleña Modupeola Fadugba, cuyas obras se encuentran entre el nexo de la ciencia y la política. A pesar de haberse graduado en Ingeniería química, Economía y Educación, cursó sus estudios de arte en Inglaterra y actualmente reside en la capital de Nigeria, Abuja, desde donde crea una obra original, fresca y reivindicativa.

Sus pinturas no versan sobre los escandalosos desalojos de asentamientos informales en Lagos o sobre la contaminación causada por las petroleras en el Delta del Níger. Sin embargo, sus dibujos sobre papel quemado rememoran agujeros que son como balas: las marcas y recuerdos de una infancia en la Ruanda post genocidio (1994) que ponen de manifiesto que los contextos en los que se existe determinan el color de fondo y el prisma con el que miramos el mundo.

Fadugba se ha convertido en poco tiempo en un gran nombre del arte contemporáneo emergente, que coincidiendo con Nástio Mosquito, hace converger el cosmopolitismo y la originalidad para postularse como artista glocal fuera de etiquetas estériles. No en vano, ha expuesto en la Cité Internationale des Arts de Paris este 2017, y su exposición "Afriques Capitales" formó parte de la Bienal de Dakar en 2016, donde se galardonó su proyecto "The People’s Algorithm".

Para nada un caso aislado, pues son muchos los talentos que emergen desde diferentes puntos de África para transformar las percepciones globales hacia aspectos que nos afectan a todas y todos por igual, como la pobreza y su desgarro. África formula preguntas y bosqueja respuestas a los que todo el mundo debería acudir.

Mientras en su país natal, Togo, miles de manifestantes protestan desde agosto contra la dinastía Gnassingbé, que gobierna sin escrúpulos desde hace cincuenta años, Fadugba aporta un vocabulario simbólico que incorpora la teoría del juego como forma de resistencia dentro del medio acuático. Aquí, su arte se conforma como vehículo para el activismo y el empoderamiento colectivo a través de personajes femeninos que son sujetos activos emplazados en zonas de recreo o espacios de negociación, donde nadadoras sincronizadas viven entre el riesgo de ahogarse o el de superar marcas.

La salvación del alma o la ambición del poder, también halla su simbolismo a través de bolas rojas que representan la mercantilización del arte. Además, la artista, que en diferentes ocasiones se ha mostrado inspirada por la figura de la expresidenta de Liberia y premio Nobel de la paz, Ellen Johnson-Sirleaf, cuestiona el rol de la mujer en los espacios de poder, ya sea esculpiendo íntimos autorretratos o revelando la fuerza colectiva y las virtudes del trabajo en equipo.

La fricción entre el individuo y la colectividad, así como cualquier dilema concerniente a la sociedad contemporánea, no es ajeno a África. Asimismo, la aportación filosófica que emerge del arte del Sur, tampoco debe serlo a Occidente.

Este artículo es el resultado de una (hermosa) colaboración de ProjecteFAM con Wiriko.

Gemma Solés i Coll / Sebastián Ruiz-Cabrera - Wiriko.orgFuente: http://www.eldiario.es/desalambre/Africa-margenes-pobreza_0_699230543.html

Fuente: rebelion.org


viernes, 27 de octubre de 2017

Compartir pan y dignidad.


Carlos Ayala Ramírez

Hay realidades visibles con las que nos topamos ya sea en la cotidianidad de la vida o en el mundo mediático con todas sus posibilidades de información y comunicación: la violencia delincuencial, el desempleo, la emigración, son algunos ejemplos. Pero hay otras que apuntan a realidades fundamentales de los seres humanos y, sin embargo, se ocultan e ignoran: el hambre es una de ellas. Hace unos años el obispo emérito Don Pedro Casaldáliga, expresaba en uno de sus poemas que “todo es relativo, menos Dios y el hambre”, con lo cual daba un carácter esencial al pan de cada día, sin el que no es posible vivir. En esta línea de hacer visible lo esencial, podemos situar el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, 2017” que, esta vez, ha sido preparado por cinco organismos de las Naciones Unidas: FAO, UNICEF, WFP, FIDA y OMS, ampliando la cobertura temática para ofrecer una comprensión más completa de lo que es necesario hacer al encarar el hambre y las formas de malnutrición.

El documento comienza exponiendo cifras clave que muestran la gravedad y magnitud del problema. Señala que el total de personas que padecen hambre en el mundo asciende a 815 millones [520 millones están en Asia; 243 millones en África; y 42 millones en Latinoamérica y el Caribe]. Al hablar de las distintas formas de malnutrición, indica que 155 millones de niños menores de 5 años padecen desnutrición crónica (tienen una estatura demasiado baja para su edad); 52 millones padecen desnutrición aguda (tienen un peso bajo para su estatura); y 63 millones de mujeres en edad reproductiva están afectadas por anemia, lo que también pone en peligro la nutrición y la salud de muchos niños. Cada año fallecen alrededor de 1.5 millones de niños por carencia agudas de alimentos. Los datos son tajantes: el hambre mata paulatinamente. 

Por otra parte, al abordar las causas de la inseguridad alimentaria y malnutrición, se menciona que la mayoría de las personas que padecen estos males crónicos, viven en países afectados por conflictos. Se estima que la cifra asciende a 489 millones de los 815 millones de personas subalimentadas. El otro aspecto causal que destaca el documento es el relacionado con los cambios climáticos, en especial las sequías, que tienden a poner en peligro la seguridad alimentaria al limitar la disponibilidad y el acceso a los alimentos. De ahí que se plantee la necesidad de un enfoque que tenga en cuenta los conflictos y armonice las medidas de asistencia humanitaria inmediata, con las destinadas al desarrollo incluyente y al mantenimiento de la paz. 

Ahora bien, debemos agregar un aspecto sustancial enfatizado en otros estudios. La Confederación Internacional de Organizaciones no gubernamentales (Oxfam), por ejemplo, destaca que una causa primordial del hambre y la malnutrición se encuentra en el poder de quienes han construido un sistema alimentario por y a favor de una minoría, cuyo principal propósito es producir beneficios. Este poder incide en quién puede acceder a los alimentos y quién no. Entre las medidas para revertir este sistema proponen construir una nueva manera de gobernar mundial, donde la prioridad máxima deberá ser abordar el hambre y reducir la vulnerabilidad.

Tenemos, pues, tres grandes peligros que vulneran la seguridad alimentaria: los conflictos, el cambio climático y un sistema de nutrición excluyente. En el discurso que el papa Francisco pronunció con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación 2017, se refirió a la forma en que se han de enfrentar estas amenazas. Primero, recordó que el derecho internacional nos indica los medios para prevenir y resolver los desacuerdos y confrontaciones. Eso implica un nuevo modo de reaccionar ante las pugnas. Dicho en sus palabras:

Se necesita buena voluntad y diálogo para frenar los conflictos y un compromiso total a favor de un desarme gradual y sistemático, previsto por la Carta de las Naciones Unidas, así como para remediar la funesta plaga del tráfico de armas. ¿De qué vale denunciar que a causa de los conflictos millones de personas sean víctimas del hambre y de la desnutrición, si no se actúa eficazmente en aras de la paz y el desarme?

En segundo lugar, en cuanto a los cambios climáticos, hizo referencia a la necesidad de acuerdos que garanticen el cuidado del medio ambiente. Lo planteó en términos de denuncia y exhortación:

[Hoy día] reaparece la negligencia hacia los delicados equilibrios de los ecosistemas, la presunción de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, la avidez del beneficio. Por tanto, es necesario esforzarse en favor de un consenso concreto y práctico […] Estamos llamados a proponer un cambio en los estilos de vida, en el uso de los recursos, en los criterios de producción, hasta en el consumo, que en lo que respecta a los alimentos, presenta un aumento de las pérdidas y el desperdicio.

Finalmente, frente a los sistemas que producen muerte por hambre o malnutrición, propuso la solidaridad radical que supone una vida animada por el amor, y que puede llevar a una práctica histórica social de verdadero humanismo. Desde esa sensibilidad pregunta y proclama:

¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? […] Amar significa contribuir a que cada país aumente la producción y llegue a una autosuficiencia alimentaria. Amar se traduce en pensar en nuevos modelos de desarrollo y de consumo, y en adoptar políticas que no empeoren la situación de las poblaciones menos avanzadas o su dependencia externa. Amar significa no seguir dividiendo a la familia humana entre los que gozan de lo superfluo y los que carecen de lo necesario.

Carlos Ayala Ramírez
Profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuita de Teología, Santa Clara University, EE.UU.
https://www.alainet.org/es/articulo/188796

Fuente: Alainet.org



martes, 10 de octubre de 2017

815 millones de personas pasan hambre en el mundo: Conflictos armados y cambio climático disparan de nuevo el hambre.


Por Kaos. Internacional

El hambre ya afecta a 815 millones de personas, el 11% de población mundial. El hambre aumenta por primera vez en diez años.

Volvemos a denunciar que aumenta el hambre en el mundo. Tras unos años de avances contra el hambre, aunque lentos pero seguros, el último informe de la FAO (la agencia de la ONU para combatir el hambre y la desnutrición) denuncia que hoy hay en el mundo 38 millones de personas más que pasan hambre. El hambre ya afecta a 815 millones de personas, el 11% de población mundial. El hambre aumenta por primera vez en diez años.

El informe de la FAO apunta a los conflictos armados como causa de ese aumento, agravado por las consecuencias del cambio climático que ya no es solo un riesgo sino que está aquí.

El terrible diagnóstico de la FAO es que no se acabará con el hambre en 2030, como se había propuesto la ONU… salvo con cambios profundos que permitan redistribuir la riqueza y finalicen o se reduzcan los conflictos armados.

Muchas más personas pasan hambre hoy sobre todo en África subsahariana y grandes regiones del sur y Este de Asia, pero aún se sufre más hambre en las zonas con conflictos armados, agravado a menudo por sequías e inundaciones, consecuencia directa del cambio climático. Mirando el mapa del hambre, esa lacra inaceptable ha aumentado en Sudán del Sur, zona de guerra desde hace tiempo, pero también amenazan hambrunas en Nigeria, Somalia y Yemen, regiones también con violentos enfrentamientos armados.

La FAO denuncia que de los 815 millones de personas que hoy sufren hambre 490 millones,más de lamitad están en zonas de guerra.

En los últimos 25 años muchos países habían reducido el hambre y la desnutrición, pero esos avances se han frenado y retrocedido precisamente por la extensión de conflictos armados. La FAO indica que también han aumentado los refugiados y desplazados en sus propios países, que ahora son el doble, hasta 64 millones.

Actualmente hay nueve países con conflictos violentos con más de la décima parte de su población refugiada o desplazada. En Somalia y Sudán del Sur, más de la quinta parte de sus habitantes son personas desplazadas: gentes obligadas a abandonar sus hogares para conservar la vida, aunque no el país por ahora, alejándose de las zonas de mayor violencia.

En Siria, donde la lucha armada es muy violenta y los bombardeos son constantes e intensos, ha huido más de la mitad de sus habitantes, convirtiéndose en refugiados. Lo sabemos por las constantes portadas y titulares del drama continuo de refugiados rescatados en el Mediterráneo y el drama aún mayor de las personas que se arriesgan en frágiles e inseguras embarcaciones y mueren ahogados.

Lo peor de tan injusta e inaceptable situación es que los gobernantes de la Unión Europea han incumplido de modo vergonzoso el compromiso de acoger refugiados, además de haber dado un espectáculo lamentable con el regateo sobre los refugiados que los gobiernos europeos estaban dispuestos a acoger.

El gobierno de España es buena muestra de esa vergüenza. El 26 de septiembre de 2015 el gobierno del Partido Popular se comprometió a acoger a 17.330 refugiados. Dos años después, solo ha acogido a 1.488 personas refugiadas, apenas un 8% de lo comprometido. A este ritmo cicatero el gobierno de España tardaría casi 20 años en acoger a todos los refugiados a que se comprometió. Pero aunque cumplieran esos compromisos, es una minucia al lado de los más de 11 millones de sirios que han huido de la guerra, convertidos en refugiados.

Además, otro factor aumenta el hambre, incluso en regiones sin violencia. Sequías e inundaciones por el cambio climático arruinan cosechas, reducen el ganado y destruyen centros y zonas de producción. Días atrás hemos visto imágenes escalofriantes de los daños causados por los huracanes en el mar Caribe y sureste de EEUU. El resultado final es más hambre.

Un informe del Parlamento Europeo expone las consecuencias del cambio climático desde hoy hasta 2035 y no es tranquilizador. Aumentarán los refugiados por las consecuencias del cambio climático y los fenómenos meteorológicos serán cada vez más extremos. El sur de Europa, sufrirá olas de calor cada vez más frecuentes y sequías prolongadas que provocarán una preocupante reducción de la agricultura, las costas se inundarán y habrá pérdidas considerables de biodiversidad. En el norte y centro de Europa habrá más crecidas en invierno y más desbordamientos de ríos que inundarán pueblos y ciudades, como hemos podido ver estos días en los noticiarios televisivos. Esas situaciones generan desastre, pobreza y necesidades vitales desatendidas. Y más hambre.

Que aumente el hambre es inaceptable, es un crimen. Como dijo Gandhi, el hambre es un insulto que humilla y deshumaniza, destruye el cuerpo y el espíritu: es la realidad más asesina que hay.

¿Hasta cuando gobiernos e instituciones globales vacilarán en afrontar la lucha contra el hambre con decisión y energía?

martes, 11 de abril de 2017

Los crucificados de hoy y el Crucificado de ayer.


Leonardo Boff


Hoy la mayoría de la humanidad vive crucificada por la miseria, por el hambre, por la escasez de agua y por el desempleo. También está crucificada la naturaleza devastada por la codicia industrialista que se niega a aceptar límites. Crucificada está la Madre Tierra, agotada hasta el punto de haber perdido su equilibrio interno, que se hace evidente por el calentamiento global.
El mirar religioso y cristiano ve a Cristo mismo presente en todos estos crucificados. Por haber asumido totalmente nuestra realidad humana y cósmica, él sufre con todos los que sufren. La selva que es derribada por la motosierra son golpes en su cuerpo. En nuestros ecosistemas diezmados y las aguas contaminadas, él continúa sangrando. La encarnación del Hijo de Dios estableció una misteriosa solidaridad de vida y de destino con todo lo que él asumió, con toda nuestra humanidad y todo lo que ella supone de sombras y de luces.


El evangelio más antiguo, el de san Marcos, narra con palabras terribles la muerte de Jesús. Abandonado por todos, en lo alto de la cruz, se siente también abandonado por el Padre de bondad y de misericordia. Jesús grita:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y dando un fuerte grito, Jesús expiró” (Mc 15,34.37).
Jesús no murió porque todos morimos. Murió asesinado de la forma más humillante de la época: clavado en una cruz. Pendiendo entre el cielo y la tierra, agonizó en la cruz durante tres horas.

El rechazo humano pudo decretar la crucifixión de Jesús, pero no puede definir el sentido que él dio a la crucifixión que le fue impuesta. El Crucificado definió el sentido de su crucifixión como solidaridad con todos los crucificados de la historia que, como él, fueron y serán víctimas de la violencia, de las relaciones sociales injustas, del odio, de la humillación de los pequeños y del rechazo a la propuesta de un Reino de justicia, de fraternidad, de compasión y de amor incondicional.

A pesar de su entrega solidaria a los otros y a su Padre, una terrible y última tentación invade su espíritu. El gran choque de Jesús ahora que agoniza es con su Padre.
El Padre que él experimentó con profunda intimidad filial, el Padre que él había anunciado como misericordioso y lleno de bondad, Padre con rasgos de madre tierna y cariñosa, el Padre cuyo Reino él proclamara y anticipara en su praxis liberadora, este Padre ahora parece haberlo abandonado. Jesús pasa por el infierno de la ausencia de Dios.

Hacia las tres de la tarde, minutos antes del desenlace final, Jesús gritó con voz fuerte: “Elói, Elói, lamá sabachtani: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Jesús está al ras de la desesperanza. Del vacío más abisal de su espíritu irrumpen interrogaciones pavorosas que configuran la más sobrecogedora tentación sufrida por los seres humanos, y ahora por Jesús, la tentación de la desesperación. Él se pregunta:
¿Será que fue absurda mi fidelidad? ¿Sin sentido la lucha llevada a cabo por los oprimidos y por Dios? ¿No habrán sido vanos los peligros que corrí, las persecuciones que soporté, el humillante proceso jurídico-religioso en el que fui condenado con la sentencia capital: la crucifixión que estoy sufriendo?”
Jesús se encuentra desnudo, impotente, totalmente vacío delante del Padre que se calla y con eso revela todo su Misterio. No tiene a nadie a quien agarrarse.

Según los criterios humanos, Jesús fracasó completamente. Su propia certeza interior desaparece. Pero a pesar de haberse puesto el sol en su horizonte, Jesús continúa confiando en el Padre. Por eso grita con voz fuerte: “¡Padre mío, Padre mío!”. En el auge de su desespero, Jesús se entrega al Misterio verdaderamente sin nombre. Será su única esperanza más allá de cualquier seguridad. No tiene ya ningún apoyo en sí mismo, solo en Dios, que se ha escondido. La absoluta esperanza de Jesús solo es comprensible en el supuesto de su absoluta desesperación. Donde abundó la desesperanza, sobreabundó la esperanza.

La grandeza de Jesús consistió en soportar y vencer esta temible tentación. Esta tentación le propició una entrega total a Dios, una solidaridad irrestricta con sus hermanos y hermanas, también desesperados y crucificados a lo largo de la historia, un total despojamiento de sí mismo, un absoluto descentramiento de sí en función de los otros. Solo así la muerte es muerte y podrá ser completa: la entrega perfecta a Dios y a sus hijos e hijas sufrientes, sus hermanos y hermanas más pequeños.
Las últimas palabras de Jesús muestran esta entrega suya, no resignada y fatal, sino libre: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc 23,46). “Todo está consumado” (Jn 19,30).
El viernes santo continúa, pero no tiene la última palabra. La resurrección como irrupción del ser nuevo es la gran respuesta del Padre y la promesa para todos nosotros.

*Leonardo Boff es columnista del JB online y ha escrito: Via sacra para quem quer viver, Vozes 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

martes, 28 de febrero de 2017

El hambre como limpieza étnica en Sudán del Sur.


Agop Manut, de 11 meses, sufre malnutrición en un centro de Médicos Sin Fronteras en Aweil (Sudán del Sur). ALBERT GONZÁLEZ FARRÁNAFP

La ONU declara la hambruna en el país más joven del mundo, usada contra civiles como arma de guerra

ALBERTO ROJAS 20/02/2017 


Miles de niños, en algún lugar entre la vida y la muerte, luchan en pequeños centros de desnutrición repartidos por toda su geografía atendidos por trabajadores humanitarios cuya existencia está más amenazada que nunca. Al otro lado, señores de la guerra sin escrúpulos y un ejército que no cobra desde hace 10 meses con permiso para saquear, violar y matar como salario. No es una película de terror: es Sudán del Sur.

Ni las sequías ni las plagas ni las inundaciones son tan destructivas como la mano del ser humano. Esta hambruna, oficialmente declarada este lunes en el Estado más joven del mundo, tiene un carácter diferente a las de otras regiones. No sólo porque la produce la guerra y el colapso de la economía del país, que ya sólo existe como líneas en un mapa. En este caso, el ejército está cerrando carreteras y desabasteciendo zonas enteras para que la comida no llegue, es decir, el hambre inducida, una manera muy efectiva de aplicar la limpieza étnica que desangra el país desde el año 2013, cuando se rompió el sueño de una nación unida que le llevó a la independencia en 2011.

En la actualidad hay, según Unicef, Fao y el Programa Mundial de Alimentos, 100.000 personas en alto riesgo de muerte en estados como Unity y un millón más clasificadas al borde del desastre. Se espera que el número total de personas en situación de inseguridad alimentaria aumente a 5,5 millones en el punto álgido de la temporada de carestía en julio, cuando la cosecha se haya agotado, si no se hace nada para frenar la severidad y propagación de la crisis alimentaria. Al tratarse de hambruna inducida, combatirla no sólo depende del despliegue humanitario, sino de la acción del propio Gobierno de Sudán del Sur, más ocupado en combatir a parte de sus propios ciudadanos que en alimentarlos.

Esta hambruna, que no se había declarado antes por motivos políticos (los recursos económicos que se deberían haber liberado estaban centrados en Irak y Siria) es la segunda en lo que va de siglo tras la del Cuerno de África en 2011, la peor en 60 años, con un millón de muertos, la mayoría niños.

La guerra civil entre la facción dinka del presidente Salva Kiir y su ex vicepresidente, Riek Machar, de etnia nuer, ha dejado el país en bancarrota. "Nuestros peores temores se han hecho realidad", afirma Serge Tissot, de la FAO. Nadie sabe cuánta gente ha muerto en el conflicto porque las organizaciones dejaron de contar los muertos en 2015. Millones de personas han huido a Uganda, República Centroafricana, Congo e incluso a Sudán, en el norte, hacia la peligrosa región de Darfur. Cualquier lugar mejor que Sudán del Sur. Todos los días miles de personas abandonan el país por caminos de tierra, acosados por una soldadesca alcoholizada e indisciplinada.

Dos de los principales generales del ejército de Kiir (Henry Oyay Nyago y Khalid Ono Loki) han dimitido por no querer participar en "atrocidades, actos de genocidio y limpieza étnica" contra la población civil. Ambos militares han enviado una carta al presidente indicándole que les resulta imposible "mantener la disciplina". "No podemos continuar manteniendo silencio cuando tú estás asesinando y esclavizando a gente inocente", aseguran. Mientras, crecen las matanzas en lugares como Malakal y Bentiu, en los estados del Norte, o Nimule y Yambio, en el Sur, donde también se han alzado en armas contra el Gobierno los llamados Arrow boys, los chicos flecha, una milicia que se armó con arcos y lanzas ante los secuestros del criminal ugandés Joseph Kony.

Todo esto sucede en medio de las críticas a la fallida intervención de Naciones Unidas en el país y a la advertencia de un "genocidio" como el de Ruanda de 1994 en cuanto acabe la estación seca, porque las lluvias impedirían a la gente moverse por el cierre de carreteras. Es difícil competir con los militares de Sudán del Sur en vileza y corrupción, como demuestra su historia reciente de crímenes y violaciones masivas.

El genocidio alertado por Naciones Unidas puede ser una realidad en lugares en los que no hay Centros de Protección de Civiles, esas microislas creadas y vigiladas por las tropas de Naciones Unidas para evitar una matanza aún mayor. Pero ni llegan a todos sitios ni son del todo seguros en sí mismos. El 17 de enero de 2016 soldados del Gobierno entraron a sangre y fuego en la base de Malakal, donde se esconden 52.000 personas. Hubo unos 60 muertos y medio campo de desplazados ardió en medio del pánico general.

En algunos lugares, como la ciudad de Leer, aún son visibles los llamados "campos de la muerte", multitud de cadáveres de civiles ejecutados junto a los caminos y comidos por los buitres. Según Amnistía Internacional son prisioneros torturados y asesinados dentro de contenedores metálicos, donde se asfixiaron. Después, los militares dejaron los cuerpos a la intemperie y ahí siguen. Una fuente humanitaria que aún permanece en Juba habla de un "ambiente de terror general, con toque de queda y criminalidad en las calles". "Y todo va a peor", concluye.

Fuente: elmundo.es

jueves, 9 de febrero de 2017

Lo más importante, ¿los ritos o las personas?



José M. Castillo, teólogo

Fuente: Teología sin censura

No obstante la crisis religiosa, que estamos viviendo, son bastantes los cristianos que se ponen nerviosas si se les habla de innovaciones o cambios en la liturgia de la misa y demás sacramentos.
Esta postura es comprensible. Lo que seguramente no saben quienes defienden esta posición – y la defienden no sólo con energía sino incluso con indignación – es que, sin darse cuenta, quienes adoptan tal postura de forma intolerante, en el fondo, lo que hacen es aceptar y – sin saberlo – reafirmar una de las ideas típicas de Sigmund Freud. Así lo explica un autor tan documentado como es Gerd Theissen, comentando un texto importante del volumen 7º de las “Gesammelte Werke” (p. 129-131) de Freud. El rito se constituye en un fin en sí, que se contrapone al caos, que es lo más opuesto al orden. Por eso los ritos sirven para defenderse del caos. O, en otras palabras, los ritos sirven para defenderse del miedo, que precipita al individuo en un caos psíquico. Estas ideas han sido desarrolladas por Víctor Turner y Rolf Gehelen.

De ahí que, para no pocas personas, cambiarles los ritos y, sobre todo, quitar el ritual o su lenguaje (por ejemplo, el latín) es quitarles un factor fundamental de su seguridad en la vida o en su relación con Dios.
Pero, es claro, las personas que se meten de lleno en este proceso y, por eso, se aferran a la exacta observancia de los ritos, aparte del miedo inconsciente que eso entraña, tiene una consecuencia religiosa y social que nos aleja del Evangelio más de lo que imaginamos. ¿Por qué Jesús tuvo tantos conflictos con los maestros de la Ley, con los fariseos y con los sacerdotes? Siempre la misma historia: porque no observaba el sábado, no ayunaba, no cumplía los rituales de pureza cultual, andaba con malas compañías (pecadores, publicanos), tenía amistades peligrosas…

Y todo esto, ¿por qué? La respuesta más clara y más directa la dio Jesús cuando explicó lo que será verdaderamente decisivo en el juicio final. No será la observancia de los “ritos” religiosos, sino la relación que cada cual tiene con la felicidad o el sufrimiento de las “personas” (Mt 25, 31-46). Cuando el Señor de la Gloria venga a pedir cuentas a cada cual, a nadie le va a preguntar si dijo la misa en latín o en otra lengua, si cumplió con las normas litúrgicas al pie de la letra, si ayunó o dejó de ayunar, etc. O el Evangelio es mentira o la liturgia le preocupa a Dios bastante menos que al clero y sus más fieles adeptos. Lo que al Dios de Jesús le interesa no es la fiel observancia de los ritos, sino que tengamos sensibilidad para dar de comer al que pasa hambre, para estar con el enfermo, para acoger al extranjero, para interesarse por los que están en la cárcel.

Muchas veces me pregunto por qué en el Vaticano hay una Sagrada Congregación que vigila la observancia de los ritos. Y por qué no hay otra Congregación Sagrada que se preocupe por los millones de criaturas que sufren más de lo que humanamente se puede soportar.
Comprendo que todo esto ponga nerviosos y hasta indigne a algunos cristianos. Pero quienes se ponen nerviosos, al leer esto, ¿no se preguntan por qué hay tantas personas en la Iglesia que no tolerarían ver las parroquias y los templos sucios, descuidados, desordenados, abandonados, misas que no las dice el cura, sino el sacristán; o misas que el cura dice en mangas de camisa…, pero resulta que esas mismas personas no pierden el sueño sabiendo que cada día se mueren de hambre más de 30.000 personas? ¿No será verdad que nuestra exactitud en la observancia y en el cumplimiento de los ritos sagrados nos sirve de “calmante espiritual” que tranquiliza nuestra conciencia?

lunes, 6 de febrero de 2017

Mesoamérica: redoblar esfuerzos para lograr el hambre cero.



Foto: http://turismo.perfil.com/wp-content/uploads/2013/08/mercado_mexico-4.jpg


El Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica, que publica la FAO, recoge las políticas, estrategias y buenas prácticas desarrolladas en los países de la región para reducir la prevalencia de subalimentación

Servindi, 6 de febrero, 2017.- La región mesoamericana —conformada por México, Centroamérica, Cuba y República Dominicana— deberá redoblar sus esfuerzos para erradicar el hambre al año 2030 y cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2- Hambre cero.

Ello a pesar que según el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica publicado por la FAO advierte que se redujo el número de personas subalimentadas de 15,7 millones en 1990 a 12,7 en 2016.

“Actualmente, la mayoría de los países de la subregión dispone de marcos normativos y políticas públicas para la seguridad alimentaria y nutricional para hacer frente a la problemática del hambre. Si estos son acompañados por esquemas inclusivos y efectivos de gobernanza podemos esperar buenos resultados en el futuro próximo”, explicó Tito E. Díaz, Coordinador de la FAO para Mesoamérica.

La publicación destaca los avances de algunos países como Costa Rica, Cuba y México que consiguieron reducir su porcentaje de subalimentación a menos del 5 por ciento de su población. Mientras que países como Nicaragua, Panamá y la República Dominicana redujeron a menos de la mitad el porcentaje de personas que sufren hambre.

No obstante, los índices de inseguridad alimentaria en el resto de los países de Mesoamérica aún superan e incluso llegan a doblar el promedio de América Latina y el Caribe.

Esto es particularmente preocupante en la zona del Corredor Seco Centroamericano, (Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala) donde se estima que viven cerca de 10,5 millones de personas, de las cuales 60 por ciento vive en pobreza, 3,5 millones de personas se encuentran en inseguridad alimentaria y 2,8 millones necesitaran asistencia alimentaria.
Gobernanza ampliada y coordinación interinstitucional: claves para la erradicación del hambre

“La solución al problema del hambre en Mesoamérica es convertir la lucha contra el hambre en una prioridad política del más alto nivel,” explicó Tito E. Díaz.

De acuerdo a esta publicación, para que el compromiso político se refleje en mejores resultados, hay tres aspectos claves para optimizar la gobernanza de la seguridad alimentaria y avanzar hacia la erradicación del hambre en Mesoamérica.

El primero es una mejor coordinación interinstitucional, tanto entre distintos sectores y niveles de gobierno como en la participación de múltiples actores sociales, necesaria para fortalecer las capacidades institucionales para implementar las leyes y políticas de seguridad alimentaria.

El segundo es la necesidad de desarrollar y fortalecer los sistemas de información y monitoreo, fundamentales para dar coherencia y seguimiento a los planes locales de erradicación del hambre.

Y el tercero se refiere a la necesidad de otorgar financiamiento sostenible a todas estas acciones, que aseguren la ejecución de los servicios y productos planificados, contribuyendo a la sostenibilidad a largo plazo de las políticas de seguridad alimentaria y nutricional.
Países fortalecen su compromiso con la lucha contra el hambre

De acuerdo al Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica, en los últimos años, Mesoamérica ha dado grandes pasos para fortalecer su lucha contra el hambre.

Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana ya tienen leyes de seguridad alimentaria y nutricional, mientras que el Frente Parlamentario contra el Hambre de Costa Rica, en coordinación con el sector académico, presentó un proyecto de Ley Marco del Derecho Humano a la Alimentación y de la Seguridad Alimentaria y Nutricional.

Panamá, por su parte, se encuentra en proceso de socialización y consulta del nuevo Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional que establece acciones para impulsar la coordinación intersectorial e interministerial.

El Plan Estratégico Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional de El Salvador contempla la participación de 22 actores del sector público y la sociedad civil para mejorar la producción de alimentos, la prevención y atención integral en salud y los sistemas de vigilancia, monitoreo y alerta temprana, entre múltiples otras acciones.

México se encuentra en los últimos pasos de aprobación del proyecto de Ley del Derecho Humano a la Alimentación Adecuada, mientras que nivel local la Ciudad de México cuenta con una Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional desde 2009.

Los países de la subregión no sólo resguardan la seguridad alimentaria de sus propias poblaciones, sino que colaboran en múltiples iniciativas de cooperación mutua, como el programa Mesoamérica sin Hambre, el que se ejecuta con el apoyo de la cooperación mexicana y de la FAO en Belice, Colombia, Costa Rica, el Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.

Mesoamérica sin Hambre fortalece los marcos institucionales y de políticas para la seguridad alimentaria y nutricional y la agricultura familiar.

Además, todos los países de Mesoamérica han ratificado su compromiso de erradicar el hambre al año 2025, meta principal del Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre 2025 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños CELAC, el mayor compromiso regional de seguridad alimentaria.
Desnutrición y obesidad infantil: desafío pendiente en la región

La prevalencia en los índices de desnutrición infantil continúa siendo elevada en Guatemala, Honduras y Nicaragua, países donde la desnutrición crónica supone más del doble que el promedio de América Latina y el Caribe.

Según el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica, desde principios de los años noventa, El Salvador, Guatemala y Honduras presentan los mayores incrementos -próximos e incluso superiores al 100 por ciento- en la prevalencia de sobrepeso en niños menores de cinco años.

Asimismo, en todos los países de la subregión al menos dos de cada cinco hombres y 50 por ciento de las mujeres tienen sobrepeso. En cuanto a obesidad, la prevalencia entre las mujeres alcanza cifras próximas o superiores al 40 por ciento en Guatemala, México, Nicaragua y República Dominicana.
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Fuente: Información proporcionada por la FAO: http://www.fao.org/panama/noticias/detail-events/es/

Fuente: Servindi