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jueves, 28 de junio de 2018

La flotilla de la paz, la libertad y la dignidad humana.


La tragedia de Palestina, muy ocultada por los grandes medios, ensombrece la historia contemporánea de la humanidad. Ninguna persona sensata puede entender este permitido genocidio por la llamada “Comunidad Internacional”, ósea por los países más influyentes.
No existe duda sobre la dominación militar de Estados Unidos en el mundo. Sus más de 800 bases militares regadas por los cinco continentes y su elevada tecnología armamentística, la hacen ganadora de muchas batallas militares y de persuasión diplomática, pero no ha ganado ni quiere ganar ninguna guerra.

No pueden acabarse los conflictos porque, bajo ningún concepto, puede frenarse su principal fuente de ingreso por exportación, como es la fabricación y venta de armamento. Si Estados Unidos no apoyase a Israel, esta no cometería las atrocidades que está ejecutando contra el pueblo palestino. Pero la estrategia geopolítica en Oriente Medio, también obliga a ello.

La Palestina de 1948 nada tiene que ver con la actual, no sólo porque representaba un país en paz y bienestar, sino porque ha quedado reducida a minúsculos y diseminados asentamientos. Israel se ha encargado, durante estos años, de ir colonizando con familias israelíes todos esos terrenos usurpados por la fuerza de las armas y, como se ha dicho, con el apoyo de Estados Unidos. También Israel es una de las mayores potencias militares.
Las numerosas y continuas muertes perpetradas por Israel contra el pueblo palestino, incluyendo niños, mujeres y adolescentes, manchan la memoria del holocausto sufrido por sus ancestros israelíes en la segunda guerra militar, porque ahora son ellos quienes los están cometiendo contra el pueblo palestino.

La Franja de Gaza, desde nuestra posición geográfica, se sitúa al fondo del Mediterráneo a unas cinco horas en avión desde Cádiz. Es una pequeña extensión de 8 Km de ancho por 65 de largo. Allí se hacinan, como si fuese un inmenso campo de concentración, dos millones de personas. Israel controla todos los movimientos de los palestinos. El 80% de la población vive en la absoluta pobreza y los continuos bombardeos de Israel provocan que las estructuras indispensables para la vida cotidiana se encuentren muy deterioradas. Son normales los cortes diarios de luz de más de 8 horas, los hospitales carecen de lo más indispensable, las instalaciones escolares decrépitas, la hambruna generalizada y todo ello unido a esa política del apartheid, donde la ocupación militar, el terror y los asentamientos es la forma de vida, y que hacen de la Franja de Gaza una vergüenza mundial.

Las continuas resoluciones de las Naciones Unidas en contra de la cruel eliminación étnica del pueblo palestino por parte de Israel, con el permanente apoyo político y militar de Estados Unidos y la parsimonia de los “países influyentes”, no han servido para solucionar tan grave situación. Es por ello que, desde la conciencia ciudadana internacional surge, hace ya unos años, esta iniciativa civil como respuesta a la inacción y complicidad de los gobiernos influyentes en el bloqueo de la Franja de Gaza impuesto por Israel.

La coalición internacional de la flotilla de la libertad, busca desafiar y romper el ilegal e inhumano bloqueo israelí a Gaza, en aras a conseguir un futuro digno para el pueblo palestino en libertad de movimientos, el derecho al retorno, la paz y la obligada justicia derivada de los acuerdos internacionales firmados en 1948 e infringidos permanentemente por Israel. Esta flotilla, acercándose a Gaza en el año 2010, fue atacada por el ejército israelí ocasionando 9 muertes y 50 heridos, de una tripulación meramente civil. Una vez más, tan desmesurada acción, fue condenada por la ONU, aunque en esa ocasión, a excepción de EE.UU., fue apoyada maquilladamente por los países influyentes. Pero tampoco sirvió de nada, ya que posteriormente su postura continuo tan indiferente como siempre.

Esta flotilla de la dignidad humana y en defensa de la libertad, la paz y la felicidad mundial, impertérrita, vuelve a tender los brazos al masacrado pueblo palestino, ofreciendo la solidaridad que la “comunidad internacional” les niega y lanzando un grito de paz y dignidad humana a Israel y al mundo entero.

Esta flotilla de la paz que, rumbo a Gaza, atraca unos días en Cádiz, después de ser bien recibida y apoyada en numerosos puertos europeos, no debe pasar inadvertida para cualquier gaditano de bien. Nuestro innato espíritu acogedor, pacífico y fraterno debe quedar impregnado en tan solidaria y abnegada tripulación internacional y transmitido al sufrido pueblo palestino.

Fuente: redescristianas.net

jueves, 23 de noviembre de 2017

Argentina: El genocidio indígena, eje de una jornada pública.

“Juntos por la tierra, ajena”, acrílico de Ulises González
Por Red de Investigadorxs en Genocidio y Política Indígena en Argentina
¿Cuáles son los intereses que están detrás de la nueva avanzada contra los pueblos originarios? ¿Por qué nuestro país se construyó a partir de un genocidio indígena? ¿Cuáles fueron y son las prácticas genocidas desde el Estado Nacional? ¿Cómo se siguen expresando esas prácticas en la actualidad? ¿Y cuáles son las posibilidades de reparación histórica?
Esos serán algunos de los disparadores de la “Jornada Genocidio Indígena en Argentina. De la violencia colonial a la criminalización actual”, que se realizará el jueves 23 de noviembre en la Ciudad de Buenos Aires con la presencia de expositores y expositoras de distintos puntos del país provenientes del ámbito académico, de organizaciones de militancia indígena y de otros colectivos sociales.
Una invitación a reflexionar sobre la relación Estado Argentino-Pueblos Originarios, desde los inicios de la violencia colonial a la actual criminalización de las comunidades. Habrá paneles de exposición, espacios de intercambio y una muestra artística. Será el jueves próximo (23 de noviembre) en el Centro Cultural Paco Urondo de Buenos Aires.
La actividad –en la que se entregarán certificados de asistencia- es libre, gratuita y no requiere inscripción previa, pero está sujeta a la capacidad de la sala. Se desarrollará desde las 9 hasta las 17.30 en Centro Cultural Paco Urondo de la Universidad de Buenos Aires, ubicado en 25 de Mayo 201, CABA.
La idea es compartir las nuevas líneas de investigación en torno al concepto de “genocidio indígena” y también debatir -en un encuentro abierto al público- cuestiones relacionadas a las formas de violencia estatal, las fronteras, los territorios, las memorias, las represiones, las resistencias, los medios de comunicación, las reparaciones, los desafíos y las propuestas a futuro. Entre otras, estarán presentes las universidades nacionales de Buenos Aires, del Comahue, del Centro de la Provincia de Buenos Aires y Río Negro.
El encuentro es organizado por la Red de Investigadorxs en Genocidio y Política Indígena en Argentina, una organización que reúne el trabajo de profesionales de distintas disciplinas sociales y artísticas -Antropología, Historia, Sociología, Educación, Comunicación, Cine, etc- con el objetivo de fundamentar científicamente el uso del concepto de “Genocidio” para explicar los procesos de consolidación y avance estatal de fines del siglo XIX en la naciente República Argentina y cómo operan en la actualidad.


Entre otros, expondrán Diana Lenton, Walter Delrio, Alexis Papazian, Valeria Mapelman, Luciana Mignoli, Marcelo Musante, Mariano Nagy, Pilar Pérez, Adrián Moyano, Lorena Cañuqueo, Darío Aranda, Noolé Cipriana Palomo, Enrique Mases, Carina Lucaioli, Lorena Barbuto, Sara Ortelli, Luciano Literas y Lorena Rodríguez.
Asimismo, los artistas Marcelo Bronstein, Gustavo Larsen, Ulises González, Cristina Piffer y Hugo Vidal expondrán al trabajo de hacer visible el genocidio indígena desde el arte, ya que sus obras abordan masacres indígenas, procesos históricos de sometimiento y formas actuales de intervención en el espacio público, entre otros aspectos. Por último, el payador Wilson Saliwonczyk ofrecerá un breve cierre musical donde promete improvisar desde las Campañas al Desierto, pasando por las masacres de Napalpí y Rincón Bomba, hasta el contexto actual.

¿Qué es la Red?

Desde 2004, la Red de Investigadorxs en Genocidio y Política Indígena en Argentina trabaja en  articular los esfuerzos de profesionales de diferentes disciplinas y diversos puntos del país, interesados en profundizar sobre el concepto de Genocidio aplicado al proceso que afectó y afecta a los pueblos indígenas preexistentes a la conformación del Estado argentino.
La organización nace a partir de la iniciativa conjunta de la antropóloga Diana Lenton y el historiador Walter Delrio en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA –donde tiene su sede- y hoy está compuesta por investigadores/as de disciplinas sociales y artísticas e integrantes de organizaciones indígenas que desarrollan sus tareas en distintos puntos del país buscando tener participación en diversos espacios, territorios y luchas.
La Red nació con el objetivo aportar pruebas concretas y documentadas que dieran argumento sólido a la práctica genocida llevada adelante por el Estado y el posterior proceso de invisibilización de identidades indígenas en todo el país.
En 2010, publicó el libro “Historia de la Crueldad Argentina. Julio Argentino Roca y el genocidio de los pueblos originarios”, coordinado por Osvaldo Bayer y editado por El Tugurio. Ese trabajo colectivo de divulgación -reeditado en 2012 y 2013- explica cómo se dieron las prácticas genocidas en diversos escenarios y sus consecuencias posteriores. Además ha producido diversos artículos académicos, notas periodísticas y piezas audiovisuales, así como también tiene una activa participación acciones para acompañar a comunidades en demandas por desalojos, crímenes de lesa humanidad, etc.
En pocos días, se publicará en Bariloche el segundo libro de la Red “En el país de nomeacuerdo. Archivos y memorias del genocidio del estado argentino sobre los pueblos originarios (1870-1950)” (Editorial UNRN) en el cual se profundizan algunos conceptos y se siguen generando argumentos ante los discursos hegemónicos que persisten en situar las conquistas como gestas civilizadoras.

Foto: Pressenza
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Fuente: pressenza: goo.gl/qfWjXg

viernes, 17 de noviembre de 2017

Los rohinyás afrontan un genocidio. No podemos ser meros espectadores.



En los últimos dos meses, más de 600.000 rohinyás se han visto expulsados de sus hogares, han visto destruidas sus tierras y han soportado torturas y violaciones mientras buscaban un lugar seguro. ¿Recordamos lo que sucedió en Ruanda? Pues prestemos hoy atención a Myanmar. 

Se suele describir a los rohinyás [o ruaingás] como el pueblo más perseguido de la Tierra. Se trata de un grupo étnico principalmente musulmán, y pese a haber vivido en el estado de Rakáin durante siglos, se les niega la ciudadanía. Durante años se han restringido sus movimientos y se les ha negado acceso a la educación, la atención sanitaria y otros servicios básicos. 

So capa de luchar contra la insurgencia o el terrorismo, los rohinyás han sufrido lo que las Naciones Unidas han denominado “un caso de libro” de limpieza étnica. Desde el 25 de agosto, casi la mitad de la población rohinyá de Myanmar ha sido expulsada, uno de los desplazamientos de personas más rápidos de los últimos decenios. 

Bangladesh ha abierto sus fronteras y está hacienda lo que puede, lo cual es mucho para el país más densamente poblado de la Tierra, que lucha ya contra la pobreza y las consecuencias del cambio climático. 

La respuesta internacional a la crisis rohinyá ha quedado bastante por debajo de lo que se necesitaba, y los líderes mundiales no han ejercido suficiente presión política sobre el gobierno. 

Myanmar ya no es un Estado paria; tiene un gobierno elegido democráticamente y se ha visto inundada de inversión extranjera directa en los últimos años. 

Las grandes empresas que han invertido en esta region deben hacer oír su voz y desinvertir en ella hasta que se respeten los derechos humanos, o se harán también cómplices de estos horrendos actos. 

Este viernes [10 de noviembre] los líderes mundiales se reunirán en la cumbre de ASEAN, pero la crisis rohinyá no aparece por ningún lado en el orden del día. Apelamos a estos líderes para que presionen al gobierno de Myanmar a fin de que detenga estas atrocidades, conceda la ciudadanía a los rohinyás y les permita regresar a los lugares que consideran su hogar. 

Los países deben financiar plenamente el llamamiento de las Naciones Unidas y cerrar la diferencia de financiación que está dejando a niños traumatizados sin alimentos básicos, sin agua ni cobijo. Por ultimo, los estados miembros de las Naciones Unidas deben valorar qué esfuerzos diplomáticos pueden permitirles cumplir con su responsabilidad de proteger a los rohingyas. No debemos ser meros espectadores de este genocidio. No podemos permitir que la gente sea masacrada y se incendien sus casas para expulsarlos, mientras el mundo se queda mirando. 

Firman esta declaración (en orden alfabético): 

Waris Ahluwalia, Babi Ahluwalia, Sachin Ahluwalia, Riz Ahmed, Utkarsh Ambudkar, Aziz Ansari, Dev Benegal, Gotham Chopra, Nandita Das, Rana Dasgupta, Anil Dash, Kiran Desai, Noureen DeWulf, Geeta Gandbhir, Vikram Gandhi, Shruti Ganguly, Janina Gavankar, Neelam Gill, Maneesh Goyal, Arjun Gupta, Mohsin Hamed, Hitha Prabhakar-Herzog, Anadil Hossain, Vijay Iyer, Sakina Jaffrey, Madhur Jaffrey, Poorna Jagannathan, Riddhika Jesrani, Rega Jha, Mindy KalingRaghu Karnad, Siddhartha Khosla, Hari Kondabolu, Shruti Kumar, Anjali Kumar, Hari Kunzru, Ajay Madiwale, Karan Mahajan, Rekha Malhotra, Aasif Mandvi, Sunita Mani, Nimitt Mankad, Suketu Mehta, Hasan Minhaj, Smriti Mundhra, Ajay Naidu, Aparna Nancherla, Kumail Nanjiani, Karuna Nundy, Maulik Pancholy, Joseph Patel, Shomi Patwary, Freida Pinto, Shaifali Puri, Aniq Rahman, Saira Rao, Zuleikha Robinson, Salman Rushdie, Reema Sampat, Reshma Saujani, Nikil Saval, Sumana Setty, Shiza ShahidKamila Shamsie, Anoushka Shankar, Sheetal Sheth, Sonejuhi Sinha, Madhureeta Goel, Southworth Lakshmi, Sundaram Himanshu Suri, Sonali Thimmaya, Pej Vahdat. 

Fuente: The Guardian, 10 de noviembre de 2017 

Traducción: Lucas Antón

martes, 28 de febrero de 2017

El hambre como limpieza étnica en Sudán del Sur.


Agop Manut, de 11 meses, sufre malnutrición en un centro de Médicos Sin Fronteras en Aweil (Sudán del Sur). ALBERT GONZÁLEZ FARRÁNAFP

La ONU declara la hambruna en el país más joven del mundo, usada contra civiles como arma de guerra

ALBERTO ROJAS 20/02/2017 


Miles de niños, en algún lugar entre la vida y la muerte, luchan en pequeños centros de desnutrición repartidos por toda su geografía atendidos por trabajadores humanitarios cuya existencia está más amenazada que nunca. Al otro lado, señores de la guerra sin escrúpulos y un ejército que no cobra desde hace 10 meses con permiso para saquear, violar y matar como salario. No es una película de terror: es Sudán del Sur.

Ni las sequías ni las plagas ni las inundaciones son tan destructivas como la mano del ser humano. Esta hambruna, oficialmente declarada este lunes en el Estado más joven del mundo, tiene un carácter diferente a las de otras regiones. No sólo porque la produce la guerra y el colapso de la economía del país, que ya sólo existe como líneas en un mapa. En este caso, el ejército está cerrando carreteras y desabasteciendo zonas enteras para que la comida no llegue, es decir, el hambre inducida, una manera muy efectiva de aplicar la limpieza étnica que desangra el país desde el año 2013, cuando se rompió el sueño de una nación unida que le llevó a la independencia en 2011.

En la actualidad hay, según Unicef, Fao y el Programa Mundial de Alimentos, 100.000 personas en alto riesgo de muerte en estados como Unity y un millón más clasificadas al borde del desastre. Se espera que el número total de personas en situación de inseguridad alimentaria aumente a 5,5 millones en el punto álgido de la temporada de carestía en julio, cuando la cosecha se haya agotado, si no se hace nada para frenar la severidad y propagación de la crisis alimentaria. Al tratarse de hambruna inducida, combatirla no sólo depende del despliegue humanitario, sino de la acción del propio Gobierno de Sudán del Sur, más ocupado en combatir a parte de sus propios ciudadanos que en alimentarlos.

Esta hambruna, que no se había declarado antes por motivos políticos (los recursos económicos que se deberían haber liberado estaban centrados en Irak y Siria) es la segunda en lo que va de siglo tras la del Cuerno de África en 2011, la peor en 60 años, con un millón de muertos, la mayoría niños.

La guerra civil entre la facción dinka del presidente Salva Kiir y su ex vicepresidente, Riek Machar, de etnia nuer, ha dejado el país en bancarrota. "Nuestros peores temores se han hecho realidad", afirma Serge Tissot, de la FAO. Nadie sabe cuánta gente ha muerto en el conflicto porque las organizaciones dejaron de contar los muertos en 2015. Millones de personas han huido a Uganda, República Centroafricana, Congo e incluso a Sudán, en el norte, hacia la peligrosa región de Darfur. Cualquier lugar mejor que Sudán del Sur. Todos los días miles de personas abandonan el país por caminos de tierra, acosados por una soldadesca alcoholizada e indisciplinada.

Dos de los principales generales del ejército de Kiir (Henry Oyay Nyago y Khalid Ono Loki) han dimitido por no querer participar en "atrocidades, actos de genocidio y limpieza étnica" contra la población civil. Ambos militares han enviado una carta al presidente indicándole que les resulta imposible "mantener la disciplina". "No podemos continuar manteniendo silencio cuando tú estás asesinando y esclavizando a gente inocente", aseguran. Mientras, crecen las matanzas en lugares como Malakal y Bentiu, en los estados del Norte, o Nimule y Yambio, en el Sur, donde también se han alzado en armas contra el Gobierno los llamados Arrow boys, los chicos flecha, una milicia que se armó con arcos y lanzas ante los secuestros del criminal ugandés Joseph Kony.

Todo esto sucede en medio de las críticas a la fallida intervención de Naciones Unidas en el país y a la advertencia de un "genocidio" como el de Ruanda de 1994 en cuanto acabe la estación seca, porque las lluvias impedirían a la gente moverse por el cierre de carreteras. Es difícil competir con los militares de Sudán del Sur en vileza y corrupción, como demuestra su historia reciente de crímenes y violaciones masivas.

El genocidio alertado por Naciones Unidas puede ser una realidad en lugares en los que no hay Centros de Protección de Civiles, esas microislas creadas y vigiladas por las tropas de Naciones Unidas para evitar una matanza aún mayor. Pero ni llegan a todos sitios ni son del todo seguros en sí mismos. El 17 de enero de 2016 soldados del Gobierno entraron a sangre y fuego en la base de Malakal, donde se esconden 52.000 personas. Hubo unos 60 muertos y medio campo de desplazados ardió en medio del pánico general.

En algunos lugares, como la ciudad de Leer, aún son visibles los llamados "campos de la muerte", multitud de cadáveres de civiles ejecutados junto a los caminos y comidos por los buitres. Según Amnistía Internacional son prisioneros torturados y asesinados dentro de contenedores metálicos, donde se asfixiaron. Después, los militares dejaron los cuerpos a la intemperie y ahí siguen. Una fuente humanitaria que aún permanece en Juba habla de un "ambiente de terror general, con toque de queda y criminalidad en las calles". "Y todo va a peor", concluye.

Fuente: elmundo.es

sábado, 13 de junio de 2015

El Concepto de Genocidio atacando al ciudadano.


Oscar Varela

El concepto de GENOCIDIO nacido para las conductas de militares en guerra se ha extendido cada vez más hacia la población civil más allá de la guerra.

Algunos Estudios publicados

El Dr. Daniel Feierstein, Director del Centro de Estudios sobre el Genocidio de la Universidad Nacional de tres de Febrero, ha publicado un libro “El Genocidio como práctica social”. Sostiene que el Genocidio es una práctica social para reorganizar las relaciones sociales. Un plan con objetivo económico.

Coincidente con la famosa carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar argentina:

“……… Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son, sin embargo, los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren.



En la política económica de ese Gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con laMISERIA PLANIFICADA….”.

Otro impresionante libro publicado por la Universidad de Tres de febrero y Prometeo y PNUD: “Una Guerra Negra” – Orígenes del Genocidio ruandés (1959-1994) de Gabriel Paries y David Servenay, echa luz sobre la clara relación de genocidio entre países centrales y colonias o neo-colonias.

Surge claro el perfeccionamiento de esa práctica social del genocidio para garantizar los recursos naturales y los mercados a los países centrales.

la Doctrina de Jerarquías Paralelas

abarca también lo monetario como estratégico. La moneda pasa a ser el instrumento principal del genocidio como práctica social reorganizadora a nivel internacional.

En realidad siempre lo fue pero centralizadamente en el País Imperial principal:
* España tuvo a Potosí para la plata como divisa.
* Inglaterra a Sudáfrica, anclando al oro como divisa referente.
* EEUU, impuso el dólar como divisa después de la guerra hasta 1970

Corrieron en paralelo el genocidio de los indios americanos, de los negros esclavizados, del Apartheid en Sudáfrica, de los genocidios de la primera guerra mundial, la segunda guerra, las luchas de liberación en África, las Dictaduras en América Latina, África y Medio Oriente, etc.

A partir de 1970 la organización de Jerarquías Paralelas perfecciona su estrategia haciéndose Jerarquía paralela financiera para controlar y frenar a las regiones coloniales y su potencial de recursos naturales.

La imparable crisis de sobreproducción forzó la necesidad de expropiar esa nueva riqueza vía la jerarquía Paralela de los Estados – Paraísos Fiscales.

Cuatro factores produjeron un incremento de la productividad y la producción en todas las regiones del mundo a la vez:
a) La revolución tecnológica en todos los bienes y servicios;
b) La multiplicación de Estados de 50 a 200 desde la segunda guerra;
c) La multiplicación de actores económicos privados y sociales por el crecimiento demográfico;
d) El desarrollo de una capacidad y red de subsidios en cada país determinante para mantener los mercados internos, independientemente de los mercados mundiales.

Para evitar que toda esa riqueza de productividad se monetice y quede en los sistemas nacionales montaron una Red Mundial de Estados Paraísos Fiscales, para desmonetizar a cada país, generando un nuevo tipo de genocidio que corresponde a la Híper-Sobreproducción actual.

La nueva práctica consiste en minar la fuerza nacional vía:
1.- Ataque planificado a su moneda;
2.- Narcotráfico que debilita y destruye el tejido social;
3.- Trabajo esclavo y desempleo;
4.- Mantenimiento de la miseria planificada;
5.- Convertir en letra muerta los derechos humanos
6.- Cada vez más población en villas;
7.- La migración desesperada de africanos;
8.- El ISIS

Eso se conduce desde los Paraísos Fiscales– Estados

sobre las monedas nacionales y la disponibilidad de divisas fugadas desde esos países hacia esos Estados genocidas.

Para los pueblos, la retaguardia es la moneda de su Nación. Atacar la retaguardia de los pueblos es el corazón de la Doctrina actual del Caos que impulsa la OTAN y el Pentágono fuera de los países centrales.

Los Estados – Paraísos Fiscales

pasan a ser el nuevo instrumento del genocidio como práctica social porque demuelen el principal elemento de soberanía y dignidad de los pueblos: su moneda nacional.

En consecuencia los funcionarios públicos de esos Estados – Paraísos Fiscales y los Directorios de los Bancos con sede en esos paraísos fiscales, están llevando adelante prácticas genocidas que violan la Convención Internacional.

Lo mismo los organismos internacionales financieros que conocen y habilitan dicho funcionamiento criminal basado en sistemas de anonimato electrónico. Ese anonimato oculta donde está lo que le falta a los humildes.

Fuente: Atrio

viernes, 22 de agosto de 2014

“La vida de las negras y negros no tiene valor social en Brasil”



Entrevista a Beatriz Silvia Santos, coordinadora nacional de la marcha mundial contra genocidio negro en Brasil

Abuy Nfubea


El 22 de agosto, en Brasil se desarrolla la segunda marcha contra el genocidio negro.

El 22 agosto, en más de 26 ciudades de Brasil y embajadas brasileñas de Europa, EE UU y África, tendrá lugar la segunda marcha internacional contra el genocidio del pueblo negro. La marcha está impulsada por más de 500 organizaciones panafricanistas de base agrupadas en la campaña Reaja ou Será Morta, Conversamos con Andrea Beatriz Silvia Santos, mujer negra, médica, militante del movimiento negro y trabajadora del sistema carcelario, coordinadora nacional de la marcha mundial contra genocidio negro en Brasil, portavoz de la Campaña Reaja ou Será Morta, y de la organização Quilombo Xis- Ação Cultural Comunitária.



Durante el Mundial de fútbol se han visto imágenes de represión policial en movilizaciones… pero ¿cuál es la situación de la comunidad negra en términos de violencia y genocidio?

Aquí en Brasil vivimos cotidianamente lo que llamamos el genocidio del pueblo negro, no sólo de la juventud negra. En Brasil, y en el resto de América, los africanos, la comunidad negra, hemos sido blanco de la persecución institucional, primeramente a través de sus brazos armados. Los jóvenes negros han sido eliminados sistemáticamente mediante la brutalidad policial siendo asesinados por armas de fuego, también humillados con numerosas faltas de respeto, tratados como primeros sospechosos sólo por el color de la piel. La arbitrariedad de la violencia contra esos jóvenes negros, al ser sistemáticamente asesinados, ha dejado muchas secuelas de violencia. Las mujeres negras son cabeza de familia, están buscando los cuerpos muertos o enfermos en comisarías de policía militar o en los institutos de medicina legal. Ésta es parte del marco de realidad en la que vivimos…

¿Cómo surgió la campaña y cuáles son las organizaciones o entidades mayoritarias de esta campaña?

La campaña nació en 2005. Desde entonces, las cifras que se refieren a nuestras muertes sólo han aumentado, dejando consecuencias irreparables (psicológicas y físicas en las personas, las familias y las comunidades negras). ¿Cómo hablar del proceso? Bueno, nos inspiramos en el movimiento de conciencia negra de Steve Biko en Sudáfrica. Para la Campaña Reaja, el proceso de esclavización, cuyo objetivo fue la acumulación de recursos, explotación por parte de los colonizadores, se basa en la jerarquía entre las distintas razas establecida a partir de teorías académicas racistas y eugenistas, que no nos atribuían ninguna humanidad, sólo atribuida a blancos.

Por eso, nuestras muertes y linchamientos, nuestro trabajo esclavo, nuestra imposibilidad de formar familias, todo esto fue naturalizado. Por eso, casi 100 años después, la vida de los negras y negros no tiene valor social en Brasil. Estas teorías y prácticas, utilizadas durante cuatro siglos, se mantienen muy vivas hasta el día de hoy. Nuestra humanidad negada produce que las muertes, los desmantelamientos, los desahucios de nuestras familias negras, la falta de respeto a las mujeres negras, en fin, nuestro genocidio, no sea reconocido como tal, lo que refuerza nuestra muerte. Por esto la Campaña retoma nuestras voces: hablamos de nuestras propias muertes, de nuestra realidad de nuestro dolor. Los blancos no hablan de cómo nos sentimos.

Uhuru África TV fue el primer medio en hablar del genocidio del pueblo afro de Brasil. ¿Por qué hay dificultades para hablar del tema en los medios de izquierda?

Hemos tenido y vamos a tener este mismo tipo de presión aquí. La campaña Reaja también defiende que la izquierda blanca –no sólo en Brasil sino en toda América Latina– no nos reconoce en cuanto pueblo con una historia, tradiciones, derechos y epistemología específica. Estamos haciendo hincapié en que, de acuerdo con los principios de la marcha, nuestra lucha es contra el genocidio de los negros. Lo que ha sucedido a nivel federal en esta administración es apoyar a los Estados de la oposición o no, lo que refuerza las prácticas de la opresión y la violencia policial. En el proceso de genocidio en Brasil, la policía es un brazo que nos degrada, vilipendia y mata. Pero la ausencia de medidas para garantizar el acceso público a otros bienes comprendidos en la Constitución también se destaca como una práctica genocida. Lo más importante es mantener nuestras acciones permanentemente, al margen de la coyuntura partidaria, pero sin olvidar que son acciones de naturaleza política. De hecho, la campaña Reaja nació en una coyuntura política en el Estado de Bahía, con un gobierno de derecha. Nuestra reivindicación era entonces que cesaran las muertes violentas y la enorme brutalidad policial, los actos de resistencia seguidos de muerte, ocupación militar de comunidades, el encarcelamiento en masa.

En el último año, se han producido más de 2.200 asesinatos de negros por parte de la policía. ¿Cuál es la posición del gobierno, Segib, OEA, Aecide, Unesco, UA ante tantas muertes?

Brasil posee la segunda mayor población africana. Las instituciones actúan como cualquier gobierno de América latina y del mundo. En Brasil, todos los gobiernos defienden el mito de la democracia racial, pero sin tomar ninguna medida para proteger nuestras vidas. Ahora, en Brasil los blancos son minoría, los afrodescendientes somos casi el 70%. Cuando argumentan que el genocidio negro es sólo un problema de crisis económico aislado, lo que hacen es no reconocer la violencia institucional histórica que constituye para nosotros no un caso aislado sino una plaga durante cuatro siglos.


Fuente: Apia Virtual

lunes, 7 de julio de 2014

Genocidio de la comunidad Aché: entre la impunidad y la memoria.


Joven Aché capturado. Marzo de 1972. Fotografía: Christine Münzel


Por Óscar Guerrero Bojorquez*

En lugares remotos de la República del Paraguay se recogen, cada vez con más frecuencia, pruebas que respaldan exhaustivos estudios que dan cuenta de un perverso genocidio en uno de los 19 pueblos indígenas existentes al día de hoy y que históricamente han sido marginados por el estado.

El presente material aborda algunos de los traumáticos episodios que vivió la comunidad indígena Aché del Paraguay como consecuencia de una política deliberada de genocidio aplicada por las autoridades de este país acompañada de la indiferencia de la sociedad en general. Pero antes de tratar la problemática es necesario conocer algunas características propias de este grupo humano.
Los Aché, llamados también Guayakíes (ratas de monte en idioma guaraní), son una comunidad aborigen de cazadores-recolectores nómadas que residían en la región este de Paraguay desde tiempos inmemoriales. El número de indígenas bordea las 1200 personas. La caza es la principal actividad y es considerada como el vínculo que mantiene intacta la conexión entre el bosque y los humanos. Los jefes tradicionales son la máxima autoridad y representan el elemento más importante de cohesión en la sociedad. Muchos apuntes de estudiosos de diversas nacionalidades que se desplazaron hasta el Paraguay en los años 60, 70 y muy recientemente indican que un aspecto cultural positivo de este grupo era el profundo respeto por las mujeres.

Todas estas creencias y costumbres que constituyeron la base del funcionamiento del universo Aché fueron trastocadas y en muchos casos destruidas por un proyecto estatal al cual en resumidas cuentas se le puede atribuir el siguiente slogan: los paraguayos blancos tienen supremacía sobre las demás etnias del país y cualquier obra que se realice deberá obedecer este principio. No importa que ciertos pueblos indígenas vean mermados sus derechos más elementales. Esta forma cruel de hacer política degradando a determinados pueblos nativos fue implementada en Paraguay por las dictaduras militares, muy en especial durante el régimen del General Alfredo Stroessner, y no puede dejar de llamarse genocidio.

La práctica científica demuestra que es sumamente difícil obtener información y relatos que hablen del sufrimiento de los pueblos oriundos de la selva por múltiples razones. En el caso del Paraguay, al ser un país no industrializado desprovisto de una red nacional de comunicaciones que abarque rutas que conduzcan a zonas apartadas del país, es fácil imaginar que comunidades como los Aché vivían y viven en un completo aislamiento. A esto se añade que los lugares donde habitan los indígenas son de difícil acceso para los investigadores. Lo agreste del territorio donde están asentados, la falta de carreteras y el peligro latente que significa adentrarse en la profundidad de la selva hacen difícil el trabajo científico.

Pero sobre todo los antropólogos y etnólogos interesados en el tema ven aún más complicada su labor ante el hecho de que las víctimas de atropellos pocas veces cuentan a sus entrevistadores todo lo ocurrido. Muchos de ellos todavía están impactados y sienten temor por las represalias que puedan venir. De otro lado estas personas secuestradas, violadas, torturadas o utilizadas como mercancía no dejan por escrito sus trágicas historias limitándose únicamente a transmitir los hechos de manera oral.

No obstante, existe un copioso material sobre este tópico producto del trabajo minucioso y valiente de investigadores que se desplazaron hasta los territorios donde habitaban los Achés superando más de un escollo y asumiendo múltiples riesgos.

La descripción detallada que hizo el etnólogo brasileño Baldus sobre las barbaridades cometidas contra los nativos fue devastadora. El testimonio de Rosario Mora, una de las mujeres que integró el comando responsable de una de las peores matanzas registradas en contra de la comunidad Aché, revelan la naturaleza inhumana de quienes allá por el año 1907 ostentaban el poder en Paraguay:

“llegaron al campamento nativo, mataron a golpes de machetes a siete mujeres y niños y cogieron a siete niños pequeños. Los menores capturados lloraban y se lamentaban. Los cazadores de humanos se sentían amenazados incluso después de haber destruido todos los arcos y flechas que los achés habían dejado al momento de su fuga. Entonces el jefe policial dio la orden de cortar las gargantas de los niños para evitar que sus lamentos indicaran a los indios dónde estaban los paraguayos. Todos sus subordinados, menos Rosario Mora, obedecieron”1.

Estas sangrientas acciones pasaron inadvertidas puesto que ninguna organización pudo investigarlas por aquel entonces.
Aché prisioneros enviados a la Colonia. Exposición fotográfica: ”Agonía indígena Aché


La comunidad internacional comenzó a tener conocimiento de estos crímenes a raíz de las denuncias que hicieran el antropólogo alemán Mark Munzel y su colega español Bartomeu Meliá al respecto en los años 70. Las evidencias de atropellos y prácticas genocidas en perjuicio de los pobladores Aché se han ido acumulando año tras año y sólo el trabajo indesmayable de organizaciones internacionales y protestas de algunos estados escandinavos como Dinamarca y Noruega ha llamado la atención sobre este tema.

De manera increíble ningún gobierno de turno de Paraguay ha tomado cartas en el asunto y más bien se han dedicado a relativizar la problemática sin asumir ninguna responsabilidad ni juzgar a los implicados en este oprobio. El pasado y el presente de la comunidad Aché configuran un cuadro por demás penoso y nos alertan de lo mucho que todavía se tiene que hacer para intentar revertir semejante injusticia y rehabilitar a las víctimas.

Los materiales disponibles alusivos al martirio que vivieron los habitantes del monte -como se les conoce a las zonas donde habitan los Achés- reflejan a todas luces una premeditada línea de acción para aniquilar progresivamente a esta comunidad. Una práctica totalmente reprobable fue el denominado sedentarismo forzado que consistía en expulsar a los nativos de sus tierras para trasladarlos hasta la creada Colonia Nacional Guayakí despojándoseles con ello grandes áreas de terreno y prohibiéndoseles realizar una actividad crucial en la cultura de esta gente: la caza.

La vida en estas tierras de poco valor agrícola transcurre de una manera completamente anormal por decir lo menos. Los relatos y casos documentados en la Colonia muestran un plan maquiavélico orientado a destruir la identidad cultural de los Achés. El reconocido antropólogo paraguayo León Cadogan, los científicos argentinos Vivante y Gancedo así como el padre Melía han hecho de conocimiento público sobrecogedoras historias que avalan la tesis del sedentarismo forzado y el trato inhumano de los indígenas Aché por parte de los representantes del estado paraguayo en la zona. En esta reserva muchos nativos perdieron la vida a causa de la retención adrede de alimentos y medicinas. Así mismo grupos de niños fueron vendidos, regalados o esclavizados, contraviniendo el artículo 2 del Convenio sobre Pueblos Indígenas núm. 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al cual Paraguay está adherido.

El escaso “progreso” de la Colonia del cual dan cuenta los científicos mencionados es el ligado a un incipiente conocimiento del idioma guaraní, la construcción de chozas de madera y conocimiento de una agricultura primitiva. Pero incluso de este mínimo progreso solo se benefician una minoría de la población Aché circunscrita a la reserva, tratándose en esencia de nativos premiados por haber cazado a muchos de sus compañeros que se negaban a ser sacados del monte. La irresponsabilidad y desinterés de los supervisores del lugar son ampliamente conocidos. Para ilustrar esta conducta solo diremos que los encargados de velar por la buena marcha en este campo -que parece de concentración por el trato despiadado- no cumplen con su función y más bien se ocupan de organizar cacerías para atrapar más achés y llevárselos a la fuerza.

En tanto la Colonia Nacional Guayakí es administrada por déspotas, los indígenas hacen maravillas para sobrevivir, son mal alimentados, degradados sistemáticamente, castigados, ultrajados en sus derechos más elementales. Aunque en los últimos años el trato ha dejado de ser abiertamente cruel como lo fue en los años 60 y 70, aún persisten elementos degradantes que rigen la vida en el refugio. Bien lo anotó el antropólogo paraguayo Miguel Chase Sardi que dedicó tantos años de su vida al estudio de este problema:

“Es cierto que ellos han vivido durante siglos sin vestidos y casi sin casas, pero ahora, no viven en su hábitat natural donde se movían más libremente, ya no se alimentan a base de carne y miel y por la noche no pueden tener aquel sistema de fogatas que les resguardaba del frío.”2

Los creyentes podrían concluir que el estado paraguayo ha sacado a los Achés del paraíso en el que vivían para llevarlos al infierno de una Colonia donde los encargados tienen carta libre para proseguir matando con la complicidad del gobierno.

Tan deplorable situación resulta más indignante cuando se constata que Paraguay votó a favor de laDeclaración Universal de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en 2007 e incorporó a su legislación interna el Convenio 169 de la OIT en el año 1993. Por ello es imperativo seguir presionando, y de ser necesario denunciando, al gobierno paraguayo y a los organismos internacionales para que atiendan esta problemática y cumplan sus compromisos.

La lucha debe continuar con la esperanza de que se proceda al reconocimiento oficial de este genocidio y a la reparación e indemnización de las víctimas y sus familias. En ese sentido, es elogiable el esfuerzo que realizan en la actualidad especialistas y organizaciones internacionales para llevar a cabo eventos y conferencias como el organizado el 4 y 5 de julio del presente año en Madrid que versó sobre los Aché de ayer y hoy.

Finalmente es oportuno resaltar que las diversas manifestaciones de la cultura indígena no pueden ser reemplazadas por lo que muy arrogantemente denominamos “civilización occidental”. Quienes viven en contacto permanente con los bosques, los ríos, las quebradas y el rico ecosistema característico de la selva tienen muchas cosas más que enseñarnos a todos nosotros, los “civilizados”. Los nativos conocen las propiedades de cada planta, valoran la renovación de la biodiversidad y la respetan.

Si alguno de quienes se jactan de vivir acorde con los grandes avances tecnológicos, con la modernidad y en una sociedad que solo persigue la acumulación de capital, se hallara de pronto perdido en las profundidades de la selva comprobaríamos como todo su conocimiento no le ayudaría a sobrevivir en tales condiciones.

Muchas veces los estados asumen que para progresar es necesario llevar la modernidad a los rincones más alejados del país. Pero este concepto no es válido, la producción a gran escala junto con la explotación indiscriminada de los recursos naturales han precipitado la destrucción de ecosistemas en todo el orbe. Si algo desean los nativos del Paraguay, es que los dejen vivir libremente en armonía con la naturaleza. Y este es el gran objetivo a conquistar si queremos que los fantasmas del genocidio y los enemigos de nuestro planeta nunca más estén de vuelta.

Notas:

(1) Los Aché del Paraguay: Discusión de un Genocidio. IWGIA. Copenhague 2008. P. 56. Acceder al libro en: http://www.iwgia.org/iwgia_files_publications_files/0295_ache.pdf

(2) Chase Sardi, Miguel (1987). Las políticas indigenistas en el Paraguay.

*Óscar Guerrero Bojorquez es magíster en Periodismo y especialista en Problemática Internacional.
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Fuente: Servindi

viernes, 11 de abril de 2014

Ruanda: los acreedores del genocidio de 1994.


Por Eric Toussaint*

A partir del 7 de abril de 1994, en un intervalo de menos de tres meses, cerca de un millón de ruandeses —la cifra exacta queda por determinar— fueron exterminados porque eran tutsis o se suponía que lo eran. Pero también hay que agregar el asesinato de decenas de miles de hutus moderados. Por supuesto, hubo un genocidio, es decir, la destrucción planificada de una colectividad entera por el asesinato masivo, cuyo objetivo era impedir su reproducción biológica y social.

En ese contexto, es fundamental interrogarse sobre el papel de los prestamistas internacionales. Todo hace pensar que las políticas impuestas por las instituciones financieras internacionales, principales proveedores de fondos del régimen dictatorial del general Juvenal Habyarimana, aceleraron el proceso que condujo al genocidio. Generalmente, la incidencia negativa de estas políticas no se tuvo en cuenta en la explicación del desenlace dramático de la crisis ruandesa. Solamente algunos autores pusieron en evidencia la responsabilidad de las instituciones de Bretón Woods (1), que, por otro lado, rechazan cualquier crítica al respecto.

A comienzos de los años 1980, cuando estalló la crisis de la deuda del Tercer Mundo, Ruanda, como su vecino Burundi, estaban muy poco endeudados. Mientras que en otros lados del mundo, el Banco Mundial y el FMI abandonaban su política activa de préstamos y pregonaban la abstinencia, estas mismas instituciones adoptaron una actitud diferente con Ruanda y se encargaron de concederle generosos préstamos. La deuda externa de Ruanda se multiplicó por veinte entre 1976 y 1994. En 1976, se elevaba a 49 millones de dólares, en 1994 llegaba a cerca de los 1.000 millones de dólares. La deuda, sobre todo, aumentó a partir de 1982. Los principales acreedores fueron el Banco Mundial, el FMI y las instituciones relacionadas (a las que llamaremos IFI, instituciones financieras internacionales). El BM y el FMI tuvieron el papel más activo en el endeudamiento. En 1995, las IFI poseían el 84 % de la deuda externa ruandesa.

El régimen dictatorial instalado desde 1973 garantizaba que no se iba a producir un vuelco hacia políticas de cambios estructurales progresistas. Y por eso el régimen tenía el apoyo activo de las potencias occidentales: Bélgica, Francia y Suiza. Además, podía constituir una muralla respecto a algunos Estados de la región que mantenían todavía veleidades de independencia y de cambios progresistas (Por ejemplo: Tanzania con el presidente progresista Julios Nyerere, quien era uno de los líderes africanos del movimiento de los no-alineados).

Durante la década de 1980 y hasta 1994, Ruanda recibió muchos préstamos, pero la dictadura de Habyarimana se apropiaba de una parte considerable de la misma. Los préstamos concedidos debían servir para mejorar la inserción de la economía ruandesa en la economía mundial, desarrollando sus capacidades de exportación de café, de té y de estaño (sus tres principales productos de exportación), en detrimento de los cultivos destinados a la satisfacción de las necesidades locales. El modelo funcionó hasta mediados de los años ochenta, momento en el que los precios, del estaño primero, luego del café, y por último del té, se desplomaron. Ruanda, cuyo café constituía su principal fuente de divisas se vio total y gravemente afectada por la ruptura del cártel del café provocado por Estados Unidos, a comienzos de los años noventa.
Utilización de los préstamos internacionales para preparar el genocidio

Algunas semanas antes del desencadenamiento de la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en octubre de 1990, las autoridades ruandesas firmaron con el FMI y el BM en Washington un acuerdo para poner en marcha un programa de ajuste estructural (PAE).

Este PAE se comenzó a aplicar en noviembre de 1990: el franco ruandés se devaluó un 67 %. En contrapartida, el FMI concedía créditos en divisas de desembolso rápido para permitir que el país mantuviera el flujo de las importaciones. Las sumas así prestadas permitían equilibrar la balanza de pagos. El precio de los bienes importados aumentó de manera vertiginosa: por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó en un 79 %. El producto de la venta en el mercado nacional de los bienes importados permitía al Estado pagar los sueldos a los militares, cuyos efectivos aumentaban velozmente. El PAE preveía una disminución de los gastos públicos: hubo, por supuesto, congelación de salarios y despidos en la función pública pero también transferencia de una parte de los gastos en beneficio del ejército.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café (2) que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Entre las medidas impuestas por el BM y el FMI, mediante el PAE, hay que señalar, además del aumento de impuestos al consumo y la reducción de los impuestos a las sociedades, el aumento de los impuestos directos a las familias populares por reducción de las exoneraciones fiscales por familia numerosa, la reducción de las facilidades de crédito a los campesinos, etc.

Para justificar la utilización de los préstamos de la pareja BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio. Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992 (3). Durante este período, el BM y el FMI enviaron varias misiones de expertos, quienes subrayaron algunos aspectos positivos de la política de austeridad aplicada por Habyarimana, pero, no obstante, amenazaron con cortar los pagos si los gastos militares continuaban creciendo. Las autoridades ruandesas pusieron a punto algunos montajes para disimular los gastos militares: los camiones comprados para el ejército se imputaron al ministerio de Transportes, una parte importante de la gasolina utilizada para los vehículos de las milicias y del ejército era imputada al ministerio de Sanidad. Finalmente el BM y el FMI cerraron el grifo de la ayuda financiera a comienzos de 1993, pero no denunciaron la existencia de cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. Podemos considerar que el BM y el FMI fallaron en su deber de control sobre la utilización del dinero prestado. Debieron cortar sus préstamos desde comienzos de 1992, cuando supieron que el dinero era utilizado para la compra de armas. En ese momento debieron haber alertado a la ONU. Al continuar otorgando préstamos hasta comienzos de 1993, ayudaron a un régimen que preparaba un genocidio. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos habían denunciado desde 1991 unas masacres preparatorias del genocidio. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica.
El aumento de las contradicciones sociales

Para que el proyecto genocida pudiera llevarse a cabo no sólo hacía falta un régimen para concebirlo y dotarse de los instrumentos para su realización, sino también la presencia de una masa empobrecida, presta a realizar lo irreparable. En ese país, el 90 % de la población vivía en el campo, y el 20 % de la población campesina disponía de menos de media hectárea por familia. Entre 1982 y 1994, se asistió a un proceso masivo de empobrecimiento de la mayoría de la población rural, mientras, en el extremo opuesto de la sociedad, se producía un enriquecimiento impresionante de algunos pocos. Según el profesor Jef Maton, en 1982, el 10 % más rico retenía el 20 % del ingreso rural, en 1992, acaparaba el 41 %, en 1993 el 45 % y a comienzos de 1994 el 51 % (4). El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Bretón Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda. El enorme descontento social fue canalizado por el régimen de Habyarimana hacia la ejecución de un genocidio.

Notas:

(1) Chossudovsky, Michel, Rwanda, Somalie, ex Yougoslavie : conflits armés, génocide économique et responsabilités des institutions de Bretton Woods, Dossier CADTM GRESEA, Bruselas, 1995 ; Chossudovsky, Michel y Galand, Pierre, Le Génocide de 1994, L’usage de la dette extérieure du Rwanda (1990-1994). La responsabilité des bailleurs de fonds. Analyse et recommandations, informe preliminar, Ottawa y Bruselas, 1996. Véase también: Duterme, Renaud, Rwanda: une histoire volée, Editions Tribord y CADTM, 2013 http://livre.fnac.com/a6103644/Rena…

(2) Maton, Jef. 1994. Développement économique et social au Rwanda entre 1980 et 1993. Le dixième décile en face de l’apocalypse.

(3) Nduhungirehe, Marie-Chantal. 1995. Les Programmes d’ajustement structurel. Spécificité et application au cas du Rwanda.

(4) Maton, Jef. 1994. Op. Cit.

*Eric Toussaint, historiador y doctor en ciencias políticas de las universidades de Lieja y de Paris VII, es presidente del CADTM Bélgica (www.cadtm.org). Es autor de varias obras, entre ellas: Banco Mundial: el golpe de Estado permanente. La agenda oculta del Consensus de Washington, Ediciones El Viejo Topo, Mataró (Barcelona), 2007, y una tesis doctoral titulada: «Enjeux politiques de l’action de la banque internationale pour la Reconstruction et le Développement et du Fonds Monétaire International envers le tiers-monde», 2004. Además es coautor junto a Damien Millet de 60 preguntas, 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial, Icaria Editorial, Barcelona, 2009; del libro colectivo La deuda o la vida, Icaria Editorial, Barcelona 2011 que tuvo el premio al libro político concedido por la Feria del libro político de Lieja.
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Fuente: Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM). Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz: http://cadtm.org/Ruanda-los-acreedores-del,10121
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Fuente: Servindi

lunes, 3 de junio de 2013

Brasil: Memoria de una masacre de indígenas.


Tras 45 años perdido, reaparece el informe sobre las atrocidades contra los indígenas de Brasil entre los 40 y 60


Esta semana en Brasil sucedió un hecho clave para su historia. Tras 45 años perdido o creído extinto, reapareció un tristemente célebre informe sobre las atrocidades cometidas contra los indígenas de Brasil entre los años cuarenta y sesenta por parte de los terratenientes y el propio Servicio de Protección Indígena (SPI). 


El conocido como Informe Figueiredo, presentado en 1967 por el fiscal Jader de Figueiredo Correia, describe las torturas, los robos de tierras, los envenenamientos, las violaciones y el genocidio de las tribus indígenas. Algunas de estas comunidades desaparecieron o quedaron al borde de la extinción. Cuando se hizo público el documento de 7.000 páginas hubo un gran revuelo internacional por las brutalidades que describía. Dio pie a una investigación que acabó con 134 funcionarios acusados de cometer más de un millar de crímenes de toda índole. Apenas una cuarentena fueron destituidos y ninguno fue a prisión.

Poco después de salir a la luz, el informe supuestamente quedó destruido en un incendio. Se achacó a la dictadura una maniobra para hacer desaparecer el documento, en un intento de echar tierra sobre el escándalo y de paso lavar la imagen de muchos latifundistas aliados del régimen. Sin embargo, 45 años después el texto fue hallado en el Museo del Indio de Brasil.



Entre las atrocidades recogidas en el informe, se describe la “masacre del paralelo 11”, en la que se arrojó dinamita desde un pequeño avión sobre una comunidad de indígenas Cinta Larga. Treinta indígenas murieron, y solo dos sobrevivieron para contarlo. También se da cuenta del envenenamiento de cientos de indígenas con azúcar mezclada con arsénico, y brutales métodos de tortura como aplastar lentamente los tobillos de las víctimas con un instrumento conocido como el “tronco”.

En 1969, en un artículo titulado Genocidio que apareció en el Sunday Times británico, el cronista Norman Lewis escribió: "Desde el fuego y la espada al arsénico y las balas: la civilización ha enviado a seis millones de indígenas a la extinción". El artículo motivó a un pequeño grupo de personas a fundar Survival International ese mismo año. De acuerdo con la ONG Survival, el informe será considerado por la Comisión Nacional para la Verdad de Brasil, que investiga las violaciones de derechos humanos que tuvieron lugar entre 1946 y 1988. 

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Fuente: Chacatorex

viernes, 27 de abril de 2012

Brasil: Obispos condenan discriminación del pueblo guaraní kaiowá.



Servindi, 26 de abril, 2012.- De “auténtico genocidio” que mancha la imagen de Brasil calificó la Conferencia Nacional de Obispos (CNBB) la forma cómo el Gobierno de Rousseff mantiene las condiciones de discriminación y asesinato de la que es víctima el pueblo guaraní-kaiowá del estado de Mato Grosso do Sul.
Los sacerdotes condenaron el aplazamiento del proceso administrativo de demarcación y la invasión y explotación de las tierras de los pueblos tradicionales.
El presidente de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), monseñor Enemesio Lazzaris, obispo de Balsas, aseveró que grandes obras como la construcción de presas e instalaciones para la explotación de recursos minerales tienen un gran impacto en estas comunidades y terminan por expropiarles sus territorios.
“El territorio es más que la tierra en sí misma, es la relación que se construye con el lugar donde se vive, donde vivieron sus antepasados, donde han crecido y formado sus familias”, dijo el obispo Lazzaris.
“Rechazamos enérgicamente el ataque desencadenado por el grupo ruralista y de otros segmentos del Congreso Nacional, a los derechos de los pueblos indígenas (…) a través del proyecto de la enmienda constitucional, la PEC 215/2000”, señala el comunicado enviado por la CNBB.
El presidente de la Comisión Episcopal para la Amazonía, cardenal Claudio Hummes, sostuvo que el Amazonas tiene un papel específico en el contexto mundial y por lo tanto la población local debería ser escuchada antes que nadie en los asuntos que los involucra directamente.
“Deberían decidir lo que es importante para ellos. Por lo general, no es así, sus tierras son invadidas y ellos pisoteados”, agregó.

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Fuente: Servindi