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sábado, 22 de febrero de 2020

Los talibán firmarán un acuerdo de paz con Estados Unidos el 29 de febrero.

Los insurgentes indicaron que el acuerdo "estructurará un camino" para el inicio de conversaciones de paz entre los afganos, vistas como un paso clave para acabar con dos décadas de guerra Ex miembros de los talibán entregan las armas durante una ceremonia de reconciliación en Jalalabad. (Afganistán). GHULAMULLAH HABIBI EFE


Los talibán anunciaron este viernes que firmarán un acuerdo con Estados Unidos el próximo 29 de febrero, tras más de un año de negociaciones en Qatar, una información confirmada casi simultáneamente por el Departamento de Estado estadounidense.

"Tras las largas negociaciones entre el Emirato Islámico (como se autodenominan los talibán) de Afganistán y los Estados Unidos de América, ambas partes han acordado firmar el acuerdo en presencia de observadores internacionales" el sábado 29 de febrero, afirmaron los insurgentes en un comunicado.

Ambas partes "crearán una situación de seguridad adecuada" e invitarán a "numerosos" representantes de diferentes países y organizaciones internacionales a la firma del acuerdo, según los talibán.

Los insurgentes y Washington avanzarán además hacia "la liberación de prisioneros" y la "retirada de todas las fuerzas extranjeras", de acuerdo con el comunicado.

La retirada de tropas estadounidenses, que mantienen en el país entre 12.000 y 13.000 efectivos, era una de las peticiones clave de los talibán e igualmente un objetivo electoral del presidente de EEUU, Donald Trump, que había prometido reducir al máximo la presencia militar en la nación asiática.

Los talibán indicaron que el acuerdo "estructurará un camino" para el inicio de conversaciones de paz intraafganas, vistas como un paso clave para acabar con dos décadas de guerra en Afganistán. Sin embargo, el comunicado no menciona en ninguna ocasión al Gobierno afgano y asegura que las conversaciones de paz serán "con varios partidos políticos del país".

Los talibán tampoco hicieron referencia a su compromiso de reducir la violencia en Afganistán durante siete días, que comienza a partir de la medianoche de este viernes, según anunció hoy el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) afgano.
HACIA UNA "PAZ DURADERA"

"Esto podría allanar el camino para unas negociaciones entre los afganos, una paz duradera, y garantizar que el país nunca más sea un refugio seguro para los terroristas", indicó el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg en un comunicado.

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, anunció también en un comunicado que la firma del acuerdo será el día 29, aunque remarcó que está condicionada a la "implementación exitosa" del periodo de reducción de la violencia.

Estos siete días de hostilidades reducidas son vistas como una prueba para verificar si los talibán están realmente comprometidos con la paz, así como para probar si la cúpula insurgente tiene autoridad sobre sus soldados desplegados en el terreno.

Las negociaciones entre los afganos empezarán tras la firma del acuerdo, y "se impulsarán en este paso fundamental para llegar a un alto el fuego completo y permanente", indicó Pompeo.

Además, Pompeo recurrió a la red social Twitter para afirmar que "tras décadas de conflicto, hemos llegado a un entendimiento con los talibán sobre una reducción significativa de la violencia en Afganistán".

"Este es un paso importante en la larga ruta hacia la paz, y pido a todos los afganos que aprovechen esta oportunidad", dijo Pompeo.


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jueves, 30 de enero de 2020

Los regímenes árabes abandonan a los palestinos frente al gran Israel.

  

Si lo que pretendían anteayer Donald Trump y Beniamin Netanyahu era poner en evidencia la orfandad de los palestinos y la inconsistencia del mundo árabe, lo han conseguido. Los regímenes antaño defensores de la causa palestina han reaccionado con unánime tibieza ante el “plan de paz” atribuido al yerno de Trump. En realidad, una capitulación en toda regla que dejaría a los árabes con una sexta parte de la Palestina histórica, sin Jerusalén, sin soberanía, sin agua y sin futuro.
Omán, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos (EAU) se anti­ciparon al mandar a sus embajadores a la puesta de largo en Washington, como coartada árabe de un plan en el que los palestinos ni siquiera fueron consultados. Ayer, estos y otros gobiernos afines reaccionaron de forma no menos contemporizadora. Egiptoaseguró que “estudiará a fondo el proyecto”. Arabia Saudí celebró el plan y hasta la Liga Árabe apreció “los esfuerzos”. Pero también los saludó Qatar, que aun acogiendo la mayor base aérea de EE.UU.en la región, ha pagado hasta hora un alto precio por sus posturas propalestinas.

Riad, El Cairo o Dubái ya pueden apoyar que Palestina sea reducida a un bantustán sin temor a la calle

La única nota árabe discordante es la Siria de Bashar el Asad, cuya supervivencia no estaba prevista. Los demás regímenes de socialismo retórico pero laicismo real –como el Irak baasista o la Libia de Gadafi– han sido borrados del mapa y, con ellos, el nacionalismo panarabista del que la causa palestina era ingrediente esencial.
Cierto, Jordania es cautelosa, porque la mitad de su población es de origen palestino, pero los recientes acuerdos con Israel sobre el gas tapan bocas. Y Líbano e Irak, bastante tienen con lo suyo.
Así que la más sonora oposición al proyecto de Gran Israel, en el mundo musulmán, no llega del campo árabe, para escarnio de este, sino de Irán y Turquía.
“Es un plan que nace muerto”, han dicho los gobernantes turcos, cuyos ancestros administraron Palestina durante cuatro siglos. Más tajante ha sido Jamenei, líder supremo iraní, aliado de Hamas y Yihad Islámica de Hamas.
“Es el bofetón del siglo y acabará en el basurero de la historia”, ha sentenciado el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas. Mientras que el jefe de los negociadores palestinos, Saeb Erekat, lo rechaza también desde Ramala como “un corta y pega del proyecto de Netanyahu y los colonos israelíes. Anexión y apartheid”.
Jared Kushner, el judío ortodoxo en casa de cuyos padres se hospedaba el joven Netanyahu cuando visitaba Nueva York, se encoge de hombros: “No se pueda decir que los líderes palestinos sean negociadores muy competentes, harán lo que han hecho siempre, que es fastidiarlo todo”.
DigDiga lo que diga el yerno de Trump, ningún dirigente palestino –ni siquiera el más corrupto que los actuales– firmará jamás la renuncia a sus derechos po­líticos, a cambio de inversiones. “Jerusalén no se vende”, repiten. De modo que todo seguirá igual, lo que explica que no haya habido una explosión de ira. De mo­mento.

Dicho de otro modo, Israel seguirá violando la legalidad internacional, con la única diferencia de que ahora EE.UU. será un cómplice todavía más explícito.

Pero para la ONU nada ha cambiado. Dan fe las innumerables resoluciones a favor de la creación de dos estados soberanos, con base en las fronteras de 1967.

A medio plazo, las componendas de Israel con los regímenes árabes más alérgicos al sufragio universal sólo agrandarán la imagen poco ejemplar de Turquía e Irán –y sus adláteres– entre los palestinos. Convertidos en ciudadanos de segunda en su propia tierra –dentro o fuera de Israel– y sedientos de democracia.

Para más inri, un juzgado holandés desestimó ayer la demanda de un ciudadano palestino-neerlandés contra el candidato a primer ministro Benny Gantz, por la pérdida de seis familiares en el bombardeo de Gaza ordenado por este en el 2014, cuando era jefe del Estado Mayor israelí.

miércoles, 27 de febrero de 2019

La guerra alimentaria. La Tercera Guerra Mundial ha iniciado.

Foto de Tobin Jones

Por Gustavo Duch

Eco Portal, 26 de febrero, 2019.- El control de las materias primas genera múltiples batallas con millones de víctimas, más que ningún otro conflicto haya provocado. Y no solo mata el hambre.

Dicen que si a las cosas no les ponemos nombres no existen. Así que cuanto antes bauticemos a la actual escalada militar que se ha convertido ya en una tercera guerra mundial, mejor. Antes la reconoceremos y antes podremos, tal vez, detenerla. Propongo llamarla la Guerra Alimentaria.

Para decidir que hablamos de una guerra, según la Wikipedia, debemos focalizar “un conflicto que enfrenta violentamente a dos grupos humanos masivos, y que comporta como resultado la muerte, individual o colectiva, mediante el uso de armas de toda índole”. Pues bien, los dos grupos humanos masivos en conflicto están bien definidos. Generalizando, en un bando los países ricos del norte o países industrializados, en el otro los países del sur donde el sector primario sigue siendo el predominante (aunque ciertamente hay sures en los nortes, y nortes en los sures). Que la muerte es el resultado de este conflicto es algo obvio. Hablamos de millones de víctimas, cifras como nunca antes otra guerra ha provocado. Y aunque el conflicto que genera múltiples batallas es por el control de los alimentos, no solo de hambre mueren las víctimas. Las muertes de esta guerra alimentaria tienen muchas formas de presentarse. Tantas como armas de toda índole se están usando.

Entre las armas más conocidas tenemos el expolio, que, si en tiempos de colonización eran invasiones a mano armada, en tiempos de neocolonizaciones son algo más sutiles y avanzan disfrazadas de inversiones agrícolas para favorecer el desarrollo del país. Muy similar, el acaparamiento de bienes comunes es otra fórmula de despojo consistente en el control de la tierra, el agua o las semillas. Los paramilitares en Colombia usurpando tierras en favor de los grandes terratenientes de la palma africana es uno de los muchos ejemplos que podríamos citar. Estas dos armas, junto con el libre comercio que nunca favorece a las pequeñas agriculturas de los países del Sur, conforman una tríada ampliamente identificada y denunciada que acaba con la soberanía alimentaria de miles de territorios y que es responsable del hambre, la muerte o el éxodo.

Conviene ahora añadir tres armas en los arsenales de este nuestro primer mundo inquieto e innovador. La primera de ellas, las bombas y los misiles directamente disparados sobre objetivos agrícolas. Como explica el informe Estrategias de la Coalición en la Guerra del Yemen, escrito por Martha Mundy, y presentado el pasado mes de octubre, 22 millones de personas, el 75% de la población yemení, sufren de hambre, y de ellas, más de 8 millones precisan de ayuda urgente y constante. Claramente, desde mediados del 2015, explica el informe, los objetivos militares de esta Guerra Alimentaria ponen la atención en las zonas rurales y en los sistemas de producción y distribución alimentaria. En las mejores zonas agrícolas, los bombardeos han reducido a la mitad las hectáreas de tierras aptas para el cultivo y han provocado que entre el 20 y el 61% de la producción de fruta y verdura y ganadería haya desaparecido. Las capturas de pesca han caído alrededor de un 50% porque los ataques aéreos han asesinado a casi 150 pescadores. Y entre tanta destrucción alimentaria, también se mantiene bloqueado el puerto de Hodeida por donde entraba el 80% de los alimentos importados del país. Ejemplos como el del Yemen los podemos encontrar idénticos en el caso de Palestina.

La segunda de ellas la tenemos muy visible. Frente al éxodo provocado en este conflicto mundial consistente en dominar el acceso a los alimentos, Europa y EEUU están ofreciendo la misma respuesta. Vallas, muros y un amplio despliegue militar para frenar cualquier posibilidad de llegada de personas migrantes a nuestros territorios. Solo en el Mediterráneo se cuentan en miles las personas fallecidas frente a este escudo de protección. Mueren con las manos buscando manos.

La tercera de estas armas está en fase de desarrollo. Bajo el argumento de “garantizar alimentos al país ante situaciones de sequía, plagas, inundaciones o bioterrorismo”, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, del Departamento de Defensa de Estados Unidos, está desarrollando el llamado Project Insect Allies.

Como explican en su página web, la tecnología que pretenden desarrollar consiste en la introducción de un virus, a partir de un insecto, en los cultivos agrícolas deseados, consiguiendo modificar rápidamente el ADN de estas plantas. Es decir, si imaginamos que un campo de trigo está siendo afectado por una tremenda sequía, se dispondrá de un ejército de insectos modificados genéticamente que sobrevolando dichos campos podrá inyectarles o administrarles un virus, también genéticamente modificado, que conseguirá cambiar el ADN del cultivo de trigo para darle, en este caso, mayor capacidad de resistencia frente a la sequía en el mismo momento que la necesita. Como recientemente ha recogido la revista Science, esta misma tecnología que se presenta como protectora de los cultivos puede perfectamente ser usada como arma biológica para acabar con los cultivos de tu enemigo, haciendo caer sobre ellos un ejército de estos insectos mutantes equipado con un virus con capacidad infecciosa o esterilizante. Con las nuevas técnicas de edición genética CRISPR, no hablamos de ciencia ficción.

¿Y llegaremos a este extremo? Seguro que sí, la relación de amor entre las grandes multinacionales agrícolas y los aparatos militares ya tienen muchos años de cosechar resultados, como Bayer o Monsanto demostraron en la II Guerra Mundial y en la Guerra de Vietnam, respectivamente. Estas tecnologías no parecen acertadas y a mi entender, lo que urge es reconocer que el mundo del norte se equivocó en su carrera loca y capitalista de industrialización y que debe volver a poner en práctica aquello por lo que está militarmente batallando: producir sus propios alimentos.

Más agricultura local es una retirada a tiempo, por el bien del planeta.
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martes, 13 de noviembre de 2018

El odio y la guerra en Estados Unidos.


Alejandro Nadal

Donald Trump y Barack Obama advirtieron en repetidas ocasiones que las elecciones legislativas de este pasado martes en Estados Unidos serían las de mayor consecuencia en la historia de ese país. Tenían razón. Pero cuando se apuntó que los comicios serían una especie de referéndum nunca se dijo que el tema más profundo, el de la guerra y la paz, estaría ausente de esta jornada electoral.

Unos días antes de las votaciones para renovar el Poder Legislativo en Estados Unidos, el economista Paul Krugman señaló que el odio estaría en las boletas electorales. Ganador del Premio Nobel de Economía, Krugman tiene una columna en el New York Times y es una de las voces más influyentes en su país. Sin duda tenía razón, pero paradójicamente le faltó agregar que las guerras de su país no tienen cabida en el debate electoral. Ese hecho revela que en la sociedad estadunidense el patriotismo se ha convertido en una enfermedad que ha infectado a demócratas y republicanos por igual.

En el más reciente informe sobre operaciones bélicas dado a conocer por la Casa Blanca, se señala que las fuerzas armadas de Estados Unidos están peleando siete guerras. (El informe). Las operaciones van desde Afganistán e Irak, hasta Siria, Yemen, Somalia, Libia y Níger. Esas intervenciones se llevan a cabo bajo la Autorización para el empleo de la fuerza armada, promulgada en 2002, a unos meses de los atentados contra las Torres Gemelas. Según la Casa Blanca, las operaciones se llevan a cabo en contra de Al Qaeda, las fuerzas del Estado islámico (ISIS), Al-Shabaab y, por último, la red de fuerzas fieles al talibán. Las hostilidades ocupan todo el territorio de lo que la administración Obama definió como el arco de inestabilidad.

Al día de hoy, las bajas militares sufridas por las fuerzas estadunidenses en Afganistán (desde que se inició esa guerra en 2001), llegan a 2 mil 415. En Irak las bajas alcanzan 4 mil 497 muertes y más de 32 mil heridos. Los decesos de civiles iraquíes ascienden a 1 millón 455 mil 590. No existe una cifra confiable sobre las muertes de civiles en Afganistán, pero esa guerra es ya la de mayor duración en la historia de Estados Unidos. Y según cualquier indicador que quiera usarse, Washington no está ganando la guerra en Afganistán. Habría que decir que ya nadie sabe bien lo que significaría una victoria en ese conflicto.

Pero cuidado con dirigir algo que se parezca a una crítica a estas operaciones bélicas, porque en Estados Unidos el tema del patriotismo y los jóvenes en uniforme es sacrosanto. El pueblo simplemente ha sido acondicionado para adorar a los héroes que llevan el uniforme. Basta observar el fervor patriotero en cualquier encuentro deportivo para darse cuenta. Hasta la sátira política de Comedy Central y Saturday Night Live, tan aguda como irreverente, se cuida mucho de criticar el despliegue militar del imperio para no despertar la furia del público.

El presupuesto militar en Estados Unidos, aprobado en agosto, es de 717 mil millones de dólares (mmdd). Es el más importante en la historia de ese país y nadie dice nada sobre este tema. Aun recortándolo a la mitad, ese gasto militar sería superior al de Rusia, China, Irán y Corea del Norte juntos. Solamente el incremento de 200 mmdd autorizado por Trump podría garantizar educación pública gratuita a nivel universitario a toda la población escolar de Estados Unidos. Los principales beneficiarios son las grandes compañías, como Raytheon, Boeing, Northrop-Grumman, Lockheed-Martin y General Dynamics. El desvío de recursos hacia la industria militar ha contribuido en el pasado a la pérdida de competitividad de la industria estadunidense, pero a nadie se le ocurre cuestionar la política exterior de Washington basada en la idea de un estado de guerra permanente.
Al electorado estadunidense le preocupa primordialmente el régimen de acceso a la salud, los impuestos y los migrantes. Aquí es donde Trump ha echado leña a la hoguera, infundiendo miedo con el espectro de una caravana de unos 5 mil migrantes centroamericanos que lentamente se abre paso a través del territorio mexicano rumbo a la frontera con Estados Unidos. El delirante Donald no escatima recursos retóricos y habla de hordas y hasta de una invasión que amenazaría la integridad de la frontera sur de su país. Su desplante electorero de enviar entre 5 mil y 15 mil efectivos armados a la frontera sur puede llegar a costar más de un centenar de millones de dólares. Pero la preocupación de los demócratas fue más por el efecto sobre las elecciones que sobre el tema del empleo del ejército, no fuera a ser que el electorado llegara a pensar que están criticando a los chicos y chicas en uniforme que luchan por la patria.
Los dirigentes del Partido Demócrata han criticado a Trump por promover el odio y por sus políticas que provocan mayor división. Pero nadie critica las guerras del imperio. Pueden criticar el odio, pero no la guerra.
Twitter: @anadaloficial

jueves, 20 de septiembre de 2018

El pan y la paz amenazados.


Evaristo Villar

Universidad Andina Simón Bolívar de Quito (Ecuador), 23 agosto 2018.
Reflexión presentada en el Simposio Internacional de Quito (Ecuador) “La justicia y la paz se besan”: Jubileo en homenaje a Mons. Leonidas Proaño a los 30 años de su resurrección y a los 50 años de la Conferencia de Medellín. 

La amenaza sobre el pan y la paz ha sido un desafío permanente para el ser humano. Desde el maná que reclamaban los exiliados israelitas de Egipto hasta la conquista del paraíso, soñado y prometido tantas veces, la tensión entre el “danos hoy nuestro pan de cada día” y la tentación del pan (“no solo de pan vive el hombre”) nos ha acompañado siempre. Y con la tensión, también el conflicto y la guerra.

Las guerras por el pan llenan la historia. También las propuestas de pan abundante. Desde las más radicales —como la de Jesús de Nazaret en la multiplicación de los panes (Mc 6, 38 y ss.; 8, 1 y ss.) o la de Carlos Marx— hasta las que se siguen haciendo en nuestros días, las propuestas de pan, alternativas a la precariedad actual, nunca han cesado en la historia humana.

No voy a entrar ahora en este enmarañado campo de las promesas y su cumplimiento. Mi propósito es más modesto: se trata tan solo de ver hasta qué punto y cómo el compromiso de hoy con el pan y con la paz puede inspirarse, salvando las distancias, en los intentos realizados en el último medio siglo por quienes hicieron posible Medellín 68, entre los que destacó, con luz propia, Mons. Proaño.

1. Un contexto alarmante

Con ocasión del 50 aniversario de Mayo 68, visto in extenso, se ha escrito mucho, pero me han interesado sobre todo las reflexiones del tenor siguiente. El siglo XX se puede dividir en dos mitades: la primera, muy violenta (con dos guerras mundiales, 1914-18 y 1939-45) y la segunda, dominada por la guerra fría (con muchos conflictos regionales) y el miedo a la posible hecatombe nuclear. Al final de siglo, con la Caída del Muro de Berlín (1989), aparece un panorama que es doblemente interesante tanto por lo que se derriba como por lo que se desvela.

* Se derriban los sistemas comunistas, alternativa al capitalismo, y esto conlleva un colapso de los Movimientos de Liberación Nacionales en el Tercer Mundo. Lo que supone la quiebra del paradigma “emancipador” que había venido impregnando a toda la izquierda en la segunda mitad del siglo XX. Una izquierda que había creído descubrir en el proletariado el sujeto social capaz de implantar, por la lucha de clases, el socialismo y la igualdad. (Esta caída del muro también sacudió las políticas socialdemócratas reformistas que, desde entonces, no han levantado cabeza).

* En segundo lugar, se ha desvelado que estamos inmersos en un monosistema mundial —siempre en crisis, de la que renace como el ave fénix— que apoya su expansión económica y financiera sobre una revolución tecnológica brutal y en la mundialización de un mercado desregulado y competitivo. Este monosistema está impidiendo la generación de pan para todos y todas y está poniendo, en desafío constante, la paz.

Por su propia lógica darwinista, el sistema único está agrandando la brecha de desigualdad entre países ricos y empobrecidos. El mundo rico del Norte (simbólico) ya no necesita al Sur como esclavo, le bastan sus materias primas, sus tierras; no necesita sus gentes como mano de obra barata, el trabajo lo hacen hoy las máquinas. Al pueblo se le excluye, se “descarta”, como gusta de repetir frecuentemente Francisco.

El PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) viene reflejando periódicamente esta brecha de la desigualdad. En sus últimos informes, después de mostrar su satisfacción por los logros alcanzados con los Objetivos del Milenio y de cara a la Agenda del 2030 —en la que, entre otros objetivos se fija erradicar la pobreza extrema, poner fin al hambre y reducir la desigualdad de género— refleja algunos datos que siguen siendo muy preocupantes. Tomo solo algunos ejemplos directamente relacionados con nuestro propósito:
* La desigualdad ante el pan: el 1% de la población posee el 46% de la riqueza; el 99% tiene que contentarse con el 54%. Es decir, 700 millones de personas acaparan en el mundo casi tanto como las 6.300 millones restantes.

* Con referencia al hambre: 1 de cada 9 seres humanos (que representa unos 700 millones) padece hambre. Juan Carlos García Cebolla, jefe del Equipo de Derecho a la Alimentación de la FAO, dejaba el pasado año en Madrid (II Conferencia contra el Hambre, Madrid 2017) unos datos parecidos: 793 millones sufren desnutrición crónica; 2.000 tienen carencias de nutrientes, y 600 millones padecen obesidad.

* La mujer, la mayor víctima del pan: además de admitir que la pobreza se ha feminizado —ya a principios de siglo el PNUD había dado la alarmante cifra de que las ¾ partes de pobres son mujeres—, ahora aporta otros datos bien llamativos de su ausencia del poder real —solo un 23% de las mujeres en el mundo son parlamentarias—.
* Inmigrantes y refugiadxs: a principios de siglo el PNUD reflejaba ya la existencia de la población mundial migrante en el 2,3%, (es decir, 161 millones). Ahora, debido a las guerras y la hambruna, habla de 244 millones, la mayoría refugiadxs, de los que 65 millones carecen de protección social alguna. (No entro ahora en las migraciones forzadas de América Latina o de EE.UU. Soy testigo de que el desconcierto que está atravesando la Unión Europea en este campo es monumental y vergonzante).

Solo una breve referencia a la paz. No es necesario ser politólogo para ver que detrás de la geopolítica y los conflictos y guerras de hoy se oculta, como siempre, la lucha por la hegemonía del pan. Según la Escola de Cultura de Pau —Centro de Investigación sobre la Paz, conflictos armados y Derechos Humanos, creado por la UNESCO en la Universidad Autónoma de Barcelona, que ofrece cada tres meses un informe de situación mundial sobre el tema— actualmente hay 22 países en guerra, siendo los continentes africano y asiático (con unos 300.000 niños soldado) los más afectados. En Occidente siguen teniendo presencia diaria en los medios las guerras de Siria e Israel/Palestina; y menos (a veces olvidada) la guerra de exterminio que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes están llevando a cabo en Yemen. Hay guerras viejas que se mantienen desde la lejanía de la historia, como la de Birmania (desde 1948, año de su independencia del Reino Unido) o la Israel/Palestina (desde la misma proclamación del Estado de Israel en 1948).

2. El pan, la paz y la vida
Sin pan no hay vida; y, sin paz, tampoco se produce el pan, necesario para la vida. La vida, en última instancia, depende del pan y de la paz.
Nunca agradeceremos suficientemente a la II Conferencia de Medellín el haber acercado el cristianismo latinoamericano a esta realidad tan básica, su apuesta por el pan y por la paz. A una conciencia cristiana que, inspirada en el Evangelio de Jesús, proclama la igualdad y solidaridad de todos los seres humanos, no le puede resultar nunca indiferente la proyección o dimensión social del cristianismo. Desde esta conciencia social, la II Conferencia de Medellín se hizo cargo de la realidad del continente, la calificó desde la inspiración cristiana y propuso la Promoción humana fundada en la justicia y la paz como vía de salida.

* Ante el reto del pan, Medellín se hizo cargo del empobrecimiento socioeconómico del continente, sumergido bajo el desarrollismo reinante, y en vísperas de incrementar sus niveles de pobreza con la inminente implantación de la Alianza para el Progreso —una especie de Plan Marshall que, contra el mal ejemplo de Cuba, pretendía controlar desde el Imperio el desarrollo del que considera su Patio Trasero—. En esta situación, Medellín apostó por mirar el continente desde la Teoría de la Dependencia (de los científicos del CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la UNO) que trataba de romper la relación causal entre el bienestar del primer mundo y la precariedad y empobrecimiento del resto. Desde la dependencia aparece la verdadera causa de “la miseria que margina a grandes grupos humanos y la frustración de legítimas aspiraciones que crea el clima de angustia colectiva”. Y, confrontada con la igualdad y la justicia de Evangelio, la miseria y la angustia colectiva son “un hecho que clama al cielo” y que exige un cambio de rumbo urgente: la promoción humana. (Cfr. La Iglesia ante la actual transformación de América Latina. Medellín: conclusiones. Promoción humana 1. Justicia).

* Ante el desafío de la paz, Medellín constata las consecuencias dramáticas que el empobrecimiento está teniendo en el contexto sociopolítico del continente. Una situación muy crispada debido a la ideología de la “Seguridad Nacional”, implantada a sangre y fuego por las Juntas Militares impuestas por el Imperio y la proliferación de las guerrillas populares que se multiplican a todo lo largo y ancho del continente. En este contexto de crispación Medellín se inspira en la constitución Gaudium et Spes del Vaticano II y en la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI para entender y denunciar valientemente la situación: “Si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, el subdesarrollo latinoamericano, con características propias en cada uno de los países, es una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la paz” (cfr. La Iglesia en a actual transformación de América Latina a la luz del Concilio. Medellín: Conclusiones 2. Paz).
A juicio de Gustavo Gutiérrez, “este mirar cara a cara sus problemas” y descubrir que, además de las guerras, “la pobreza no era el único pero sí el más grande desafío al anuncio del Evangelio”, fue la mayor aportación significativa de la Conferencia de Medellín.

3. ¿Qué podemos hacer hoy? Una respuesta posible (Mons. Proaño)
En definitiva, si el pan y la paz, la justicia y la paz, están íntimamente relacionadas con la vida, esto nos exige alguna respuesta.
Lo decía proféticamente Mons. Proaño: “estamos obligados a volver a las fuentes para redimir la vida… Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la ambición y la locura de unos hombres conviertan a nuestro planeta Tierra en una luna muerta, en un cementerio del espacio”.

Acoger hoy este encargo de Monseñor Proaño supone, al menos estas dos convicciones:
a) Que, enfrentados como estamos a estos dos grandes desafíos del pan y de la paz, debemos hacerlo con la confianza de que vamos a superarlos con éxito, porque “la humanidad siempre ha encontrado soluciones a los grandes retos”; y b), que, en este viaje, siempre podemos mirar de reojo el ejemplo de la Madre Tierra, la Pacha Mama, pues “la naturaleza es la única empresa que nunca ha quebrado”.

Con estas convicciones necesitamos optar por una de las dos alternativas siguientes:
1ª Tomar conciencia de que la solución capitalista neoliberal, no por ser la mundialmente imperante, es la más acertada, ni la más inteligente. Ya no podemos seguir confundiendo desarrollo con crecimiento indefinido, solo los locos y los economistas podrían hacerlo; ni tampoco podemos seguir confiando en que los pueblos con mayor crecimiento económico van a ser los mejores guardianes de la paz (ahí tenemos, como esperpéntico ejemplo, a Mr. Trump).

El crecimiento tiene límites porque la tierra es finita y actualmente está en situación agónica. Ya no puede dar pan para toda la humanidad. (Desde el 01 de agosto, según los expertos en el tema, hemos agotado el presupuesto ecológico que genera la Tierra para todo el año; y ya desde 1970 se viene advirtiendo que la huella ecológica va creciendo en proporción alarmante. De seguir a este ritmo, para el 2050 se necesitarán tres Planetas Tierra para alimentar a la humanidad).

[El Occidente desarrollado y guerrista ha cedido a la “tentación del pan”, rompiendo nuestra vinculación vital con la tierra. Nos hemos creído, justificándolo en dudosos planteamientos bíblicos (Lyn White), dueños de la Tierra y que sus recursos eran ilimitados. Pero ya es hora de empezar a pensar que con menos harina, por más que agrandemos el horno o multipliquemos los cocineros, no vamos a producir más pan].

En definitiva, el capitalismo no resuelve sino acrecienta el problema del pan y pone en constante riesgo la paz.

2ª La solución ecológica. No obstante, hay vida más allá de la economía occidental y capitalista. Aunque minoritaria y más selectiva, existe también la “economía ecológica”, la que ya desde los años 90 se llamaba “biomímesis” o ciencia que estudia y toma la naturaleza como fuente de inspiración. Más tarde se ha llamado “bioeconomía” o ciencia de la gestión de la sostenibilidad.

Esta forma de abordar la cuestión del pan no pone su mayor acento en el crecimiento cualquier precio, —registrable en el PIB o bienes y servicios sin más—, sino en todo aquello que hace que “la vida valga la pena ser vivida”.

Su mayor riqueza o novedad no está en la acumulación de bienes materiales, sino en el tiempo que tenemos para vivir, soñar, amar. Y este tiempo se limita cuando tenemos que emplearlo en cuidar los bienes, protegerlos, defenderlos, etc.
Esta forma de asegurarnos el pan y la paz de cada día, y evitar los conflictos y la guerra, da mayor importancia al bien-estar que al bien-tener, más al buen-vivir/convivir que al vivir-bien.

El Sumak Kawsay que refleja, entre los pueblos originarios, otro modo alternativo de abordar el problema del pan y de la paz, puede aportarnos una buena ayuda para superar la política económica neoliberal que no solo no ha encontrado el modo de hacer frente con éxito a los problemas del pan y de la paz, sino que, con su apuesta por el crecimiento sin límites y su forma de producción, los acrecienta.

En la actualidad, varios países, entre ellos Bolivia y el Ecuador, han inspirado sus constituciones en el Sumak Kawsay. Los 16 artículos en los que la constitución ecuatoriana recoge diferentes dimensiones prácticas del buen-vivir muestran un buen ejemplo a seguir. El preámbulo de la Constitución comienza así: “Nosotros y nosotras el pueblo soberano del Ecuador, reconociendo nuestras raíces milenarias, forjadas por mujeres y hombres de distintos pueblos, celebrando a la naturaleza, la Pacha Mama, de la que somos parte y que es vital para nuestra experiencia… (sigue una larga invocación a Dios, a las religiones y a la sabiduría de las diversas culturas), decidimos construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el Sumak Kawsay”, etc.

Finalmente, esta apuesta por el buen vivir para un cristiano no está lejos de la utopía del Reino de Dios anunciado por Jesús de Nazaret.

jueves, 28 de junio de 2018

La flotilla de la paz, la libertad y la dignidad humana.


La tragedia de Palestina, muy ocultada por los grandes medios, ensombrece la historia contemporánea de la humanidad. Ninguna persona sensata puede entender este permitido genocidio por la llamada “Comunidad Internacional”, ósea por los países más influyentes.
No existe duda sobre la dominación militar de Estados Unidos en el mundo. Sus más de 800 bases militares regadas por los cinco continentes y su elevada tecnología armamentística, la hacen ganadora de muchas batallas militares y de persuasión diplomática, pero no ha ganado ni quiere ganar ninguna guerra.

No pueden acabarse los conflictos porque, bajo ningún concepto, puede frenarse su principal fuente de ingreso por exportación, como es la fabricación y venta de armamento. Si Estados Unidos no apoyase a Israel, esta no cometería las atrocidades que está ejecutando contra el pueblo palestino. Pero la estrategia geopolítica en Oriente Medio, también obliga a ello.

La Palestina de 1948 nada tiene que ver con la actual, no sólo porque representaba un país en paz y bienestar, sino porque ha quedado reducida a minúsculos y diseminados asentamientos. Israel se ha encargado, durante estos años, de ir colonizando con familias israelíes todos esos terrenos usurpados por la fuerza de las armas y, como se ha dicho, con el apoyo de Estados Unidos. También Israel es una de las mayores potencias militares.
Las numerosas y continuas muertes perpetradas por Israel contra el pueblo palestino, incluyendo niños, mujeres y adolescentes, manchan la memoria del holocausto sufrido por sus ancestros israelíes en la segunda guerra militar, porque ahora son ellos quienes los están cometiendo contra el pueblo palestino.

La Franja de Gaza, desde nuestra posición geográfica, se sitúa al fondo del Mediterráneo a unas cinco horas en avión desde Cádiz. Es una pequeña extensión de 8 Km de ancho por 65 de largo. Allí se hacinan, como si fuese un inmenso campo de concentración, dos millones de personas. Israel controla todos los movimientos de los palestinos. El 80% de la población vive en la absoluta pobreza y los continuos bombardeos de Israel provocan que las estructuras indispensables para la vida cotidiana se encuentren muy deterioradas. Son normales los cortes diarios de luz de más de 8 horas, los hospitales carecen de lo más indispensable, las instalaciones escolares decrépitas, la hambruna generalizada y todo ello unido a esa política del apartheid, donde la ocupación militar, el terror y los asentamientos es la forma de vida, y que hacen de la Franja de Gaza una vergüenza mundial.

Las continuas resoluciones de las Naciones Unidas en contra de la cruel eliminación étnica del pueblo palestino por parte de Israel, con el permanente apoyo político y militar de Estados Unidos y la parsimonia de los “países influyentes”, no han servido para solucionar tan grave situación. Es por ello que, desde la conciencia ciudadana internacional surge, hace ya unos años, esta iniciativa civil como respuesta a la inacción y complicidad de los gobiernos influyentes en el bloqueo de la Franja de Gaza impuesto por Israel.

La coalición internacional de la flotilla de la libertad, busca desafiar y romper el ilegal e inhumano bloqueo israelí a Gaza, en aras a conseguir un futuro digno para el pueblo palestino en libertad de movimientos, el derecho al retorno, la paz y la obligada justicia derivada de los acuerdos internacionales firmados en 1948 e infringidos permanentemente por Israel. Esta flotilla, acercándose a Gaza en el año 2010, fue atacada por el ejército israelí ocasionando 9 muertes y 50 heridos, de una tripulación meramente civil. Una vez más, tan desmesurada acción, fue condenada por la ONU, aunque en esa ocasión, a excepción de EE.UU., fue apoyada maquilladamente por los países influyentes. Pero tampoco sirvió de nada, ya que posteriormente su postura continuo tan indiferente como siempre.

Esta flotilla de la dignidad humana y en defensa de la libertad, la paz y la felicidad mundial, impertérrita, vuelve a tender los brazos al masacrado pueblo palestino, ofreciendo la solidaridad que la “comunidad internacional” les niega y lanzando un grito de paz y dignidad humana a Israel y al mundo entero.

Esta flotilla de la paz que, rumbo a Gaza, atraca unos días en Cádiz, después de ser bien recibida y apoyada en numerosos puertos europeos, no debe pasar inadvertida para cualquier gaditano de bien. Nuestro innato espíritu acogedor, pacífico y fraterno debe quedar impregnado en tan solidaria y abnegada tripulación internacional y transmitido al sufrido pueblo palestino.

Fuente: redescristianas.net

jueves, 26 de abril de 2018

¿Quién se beneficia del terrorismo? Atentados que suelen ser falsa bandera.

Ojos para la Paz
por Purificación González de la Blanca

Siempre nos insistieron en que en Afganistán no había recursos, cuando ese desgraciado país es precisamente una inmensa mina de todos los recursos posibles. Además de petróleo y gas -y ser zona de paso de oleoductos y gasoductos- Afganistán tiene oro, mucho oro amarillo, y no de los lingotes hechos de tungsteno que abundan en la tesorería de EEUU. La existencia de toneladas de oro, diamantes, esmeraldas, cobre, hierro, uranio, y otros minerales (como tierras raras), que hoy pone los dientes largos al Servicio Geológico de EEUU (USGS) De ahí que los invasores no se despeguen de su territorio y que España (que sigue siendo un servidor del imperio, sea el de Francia, sea el de EE.UU.) vigile desde la base de Herat uno de los subsuelos más ricos en petróleo de Afganistán.

El conflicto de Afganistán (desde 2001) es, junto con Irak, uno de los primeros ejemplos de la privatización de la guerra contemporánea.

Los estados capitalistas, a través de medios de comunicación y políticos, han explotado hasta el hartazgo el fenómeno del terrorismo espectáculo en su propio beneficio, para justificar un mayor control social, el aumento de medidas represivas y las diferentes guerras imperialistas de saqueo.
Desde su nacimiento, el terrorismo se ha revelado como un método muy eficaz para fortalecer (nunca para debilitar) los poderes absolutistas del Estado frente a los ciudadanos/as. A pesar de ello, multitud de personas siguen creyendo en la independencia y originalidad de este fenómeno, gracias a la mitificación del mismo realizada por los medios de propaganda y por los partidos políticos.

Ya va siendo hora de recuperar el sentido común y desmontar esta maquiavélica estrategia, tan útil en las sociedades capitalistas para justificar estados de excepción permanentes, gracias a la excusa del mito terrorista sobre el que el sistema capitalista fundamenta y justifica sus criminales políticas y la consiguiente lucha antiterrorista.
Es necesario desmontar este gigantesco fraude.

En el caso del terrorismo que nos venden como propio de fanáticos fundamentalistas, no hay que olvidar que estas bandas armadas (Al Qaeda, Frente Al-Nusra, Jebel Al-Nusra, Estado Islámico, Isis o Daesh, Boko-Haram, Al Shabab, etc.) han sido creadas, entrenadas, armadas e introducidas por los países atlantistas (CIA, Mossad, M16 y otros ayudantes, como la OTAN), con el fin de atacar los cimientos de los países en el objetivo. Son el enemigo perfecto. Primero las introducen y después entra EE.UU. y los países atlantistas (y también Israel, Arabia Saudí, e incluso Qatar) a “salvar” el país.

¿Qué pretenden con el atentado de Kabul? Es triste, pero pretenden matar a muchas personas inocentes, aterrorizar a la población. El objetivo es justificar la presencia de los países invasores, como EE.UU., Reino Unido o España (¡Ay la base de Herat!), controlar los infinitos recursos de ese país: petróleo y gas (y los gasoductos), que explotan empresas de los EE.UU., Holanda, Francia y Reino Unido, principalmente.

Además del Oro Negro, Afganistán tiene oro, mucho oro amarillo, y no de los lingotes hechos de tungsteno que abundan en la tesorería de EEUU. De hecho, la compañía financiera JPMorgan Chase firmó con Karzai, en 2011, un acuerdo por el valor de 40 millones de dólares, para hacerse con una de las minas de oro afgano. La existencia de toneladas de oro, diamantes, esmeraldas, cobre, hierro, uranio, y otros minerales (como tierras raras), que hoy pone los dientes largos al Servicio Geológico de EEUU (USGS), ya había sido documentado, hace un siglo, por las expediciones rusas y británicas.

Pero casi tan importante como los recursos mencionados, es que haya muchos contratos de empresas de la guerra y mercenarios.
Estos atentados son el máximo exponente de la llamada “guerra global contra el terrorismo”.
El conflicto de Afganistán (desde 2001) es, junto con Irak, uno de los primeros ejemplos de la privatización de la guerra contemporánea. El uso de contratistas privados en el marco de conflictos armados no es una política nueva, pero en Irak y Afganistán ha adquirido nuevas dimensiones: no sólo ha aumentado drásticamente en número y forma, ahora corporativa, sino también el tipo de servicios que realizan. Del 2001 al 2007, el número estimado de las EMSPs presentes en Afganistán variaba entre 60 y 140 empresas, con alrededor de 18.000 a 28.000 efectivos. Actualmente no tenemos la cifra exacta.

Pero sí sabemos que la guerra en Afganistán costará a EE.UU, en 2018, 45.000 millones de dólares. Además, estas empresas han realizado todo tipo de servicios militares y de seguridad. Desde el transporte y protección de convoyes militares, la formación y entrenamiento de fuerzas armadas locales, y la protección de embajadas y proyectos de reconstrucción, hasta la desactivación de minas y la “erradicación de cultivos de opio” (que se han extendido, porque financian a la CIA), el apoyo operacional directo (incluido el manejo de drones), y tareas de inteligencia como el interrogatorio de prisioneros.

Desde “la guerra de terror”, que empezó 15 años atrás, el número de mercenarios contratados por las empresas militares y de seguridad privadas, que operan en las líneas de frente en el Oriente Medio y África, han proliferado sustancialmente
El informe “Mercenarios desatados: el nuevo mundo de las Empresas Militares y de Seguridad Privadas (EMSP)” examina esta industria privada de millones de dólares. Las empresas privadas se han beneficiado de la inestabilidad de las zonas en conflicto, y a lo largo de los 15 años han aumentado en número. De acuerdo con el informe, centenares de nuevas empresas fueron establecidas en los últimos cinco años.

El Reino Unido es un importante centro de industria de las EMSP. Algunos nombres de las corporaciones mencionadas en el Informe son perfectamente conocidos, como, por ejemplo, G4S, Aegis Defense Services Control Risks y Olive Group, Mega-oil, etc.
La empresa Raytheon (NYSE: RTN) es una corporación industrial y uno de los contratistas de defensa militares más grandes de los Estados Unidos. Creada en 1922, la compañía adoptó su nombre actual en 1959. Tiene alrededor de 75.000 empleados en el mundo y ganancias anuales aproximadas de 25 mil millones de dólares. Más del 90% de las ganancias de Raytheon provienen de contratos de defensa, en el 2007 fue el quinto contratista de defensa del mundo y el cuarto más grande en los Estados Unidos por ganancias. Raytheon es el mayor productor de misiles guiados del mundo.

El corazón de la industria es “una puerta giratoria” entre las EMSP, los militares, la inteligencia y las multinacionales. Los intereses de estos sectores están estrechamente entrelazados.
Apoyando los sectores de gas y petróleo
El mercado más grande para las EMSP en Irak es el relacionado con la seguridad para las corporaciones privadas que buscan invertir en el país, sobre todo, en la industria petrolera y de gas, como es el caso de BP, Royal Dutch Shell, ExxonMobil que utilizan el servicio de mercenarios.

El norte y el oeste de África son igualmente un importante mercado para las EMSP internacionales.
Aegis Defence Services opera en 18 países a lo largo del continente, incluyendo Angola, Níger, Nigeria, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana.
Los Blackwater de EEUU (conocido como Academi tras cambiar de nombre), que tiene a centenares de colombianos combatiendo junto con Arabia Saudí en Yemen.

En el caso de los autoatentados de París, las empresas de armamento y tecnología de guerra subieron en la bolsa.
La estadounidense Honeywell, sociedad con sección de ingeniería y sistemas aeroespaciales, remontó en la Bolsa de Nueva york el 1,36%, mientras que General Dynamics, conglomerado de empresas estadounidense del sector aeroespacial y militar, cotizó al alza el 1,61%.

Thales, compañía francesa de electrónica dedicada al desarrollo de sistemas de información y servicios para los mercados aeroespacial, de defensa y seguridad, cerró en el mercado parisino con un repunte del 2,16 %.

La británica Bae Systems, contratista militar y constructora aeronáutica comercial, mejoró el 2,45% y Rolls Royce, que fabrica motores de aviación, el 2,82%, ambas en la Bolsa de Londres.

Las estadounidenses Huntington Ingalls, dedicada a la construcción naval, y L-3 Communications, especializada en sistemas de inteligencia, comunicación, vigilancia, repuntaron el 3,47% y el 4,09%, respectivamente.
Raytheon, una de las corporaciones industriales y contratistas de defensa militar más grandes de los Estados Unidos, subió en el mercado neoyorquino el 4,76% y Lockheed Martin, multinacional de origen estadounidense especializada en la industria aeroespacial y militar, también cotizó al alza, el 6,36%.
Northrop Grumman, asociación de empresas aeroespaciales y de defensa estadounidense, es la que mejor aprovechó los sucesos de París, al revalorizarse en esos momentos el 6,69% en Nueva York.

Podríamos resumir solo con un pequeño párrafo: Que no nos engañen, el terrorismo hace subir la bolsa. Pobres pueblos.

Abril de 2018
Ojos para la Paz

jueves, 19 de abril de 2018

El bombardeo de Siria no ha sido un acto de justicia.



La historia se repite en Siria. Y, en Oriente Medio, es una cadena de repeticiones tramposas cubiertas con el hipócrita envoltorio de la justicia y el humanitarismo. La política internacional tiene muy poco ver que la moral. Sea cual sea la escuela o doctrina que se invoque: realista o idealista, intervencionista o aislacionista. Son los intereses los que determinan las decisiones.

Resulta muy difícil de tragar, para quienes llevamos informando décadas sobre los conflictos internacionales, que el reciente bombardeo contra supuestas instalaciones sirias relacionadas con su arsenal químico se presente como una acción reparadora o justiciera de un crimen contra la humanidad. Los escrúpulos selectivos no se sostienen.

PRESTIGIO DE LAS ARMAS, DESPRESTIGIO DE LA CONFIANZA

No se puede pretender que se ha actuado en Siria por un móvil de humanidad, como afirmó Theresa May en el Parlamento el pasado lunes, mientras se ha hecho la vista gorda (por no decir ciega) ante la monstruosidad que se lleva cometiendo desde hace años en Yemen.

No se puede pretender que se castiga al “animal” Assad, mientras el presidente-hotelero apenas ha consentido albergar en EEUU a 44 desplazados sirios en los últimos seis meses o poco más de 3.000 durante todo el año pasado, cinco veces menos que en el último año de Obama (1).

No se puede pretender que hay un sentimiento de compasión por esas víctimas, cuando el adalid del American first hace gala de desprecio por la suerte de ese o de otros países torturados, en una actitud pasivo-agresiva, como alguien ha definido con agudeza (2).

No se puede pretender estar del lado de los perseguidos cuando el justiciero de gatillo fácil protege, justifica, sostiene y ensalza a quienes cometen atropellos groseros continuados contra los derechos humanos en Egipto, Filipinas, Arabia Saudí o Palestina

No se puede pretender que se ha respetado la legalidad internacional, cuando se acudió a las armas antes de que se hubiera acreditado que, efectivamente, hubo un ataque con armas químicas en Duma y que el responsable fue el régimen sirio, por muy fundadas que estuvieran nuestras sospechas.

No se puede pretender que la precipitación en la respuesta militar respondió al convencimiento de que Rusia vetaría la legitimación del ataque cuando eso es lo que Estados Unidos (y en menor medida Francia y Gran Bretaña) suelen hacer cuando a la mesa del Consejo de Seguridad llegan denuncias sobre violaciones groseras del derecho internacional por parte de regímenes protegidos por Occidente (2).

No se puede pretender que los bombardeos sirven para algo más que exhibir una archiconocida superioridad bélica occidental, completamente inútil, por lo demás, para evitar la carnicería en la que lleva décadas sumida la región de Oriente Medio, pero sí para engrosar los arsenales de tiranos y las cuentas corrientes u ocultas de los fabricantes de armamento.

No se puede pretender que se puedan repartir certificados de buena y mala conducta en función de la docilidad o la resistencia que dictadores de uno u otro signo o naturaleza (presidente o reyes) demuestran ante la estrategia occidental en la región.

No se puede pretender que unas víctimas civiles merecen más reparación que otras según el tipo de armas con que son masacradas, ya sean químicas, biológicas, convencionales o de alta precisión, o según quién provoca la matanza.

No se puede pretender, con invocaciones grandilocuentes (Macron o May) o vulgares (Trump), que se imparte justicia cuando sólo se castigan los abusos o crímenes de los dictadores que no nos obedecen o que buscan protección, tutela o escondite en otras grandes potencias tan hipócritas como las nuestras, aunque menos sujetas el escrutinio público interno, como es el caso de Siria con Irán o Rusia.

No se puede pretender que una operación militar aislada, propagandista, de dudosa legalidad (o claramente ilegal) pueda sustituir a una estrategia fallida, en Siria y en el conjunto de la región más atribulada del planeta, como ha intentado hace el presidente Macron, fiel seguidor de sus antecesores en el Eliseo cuando, conscientemente o por inercia institucional, evidencia el reflejo colonial en algunas de sus decisiones internacionales.

No se puede pretender que el bombardeo de un país se acepte como una operación de prestigio o como un ejercicio moral cuando es un puro acto de fuerza, y en este caso, sin propósito a medio o largo plazo, desconectado de una estrategia sólida y verificable, tras cinco años de martirio espeluznante, que relata detalladamente el especialista Andrew Tabler (3)

LA MENTIRA COMO SISTEMA

En fin, no se puede pretender, después de Argelia, de Vietnam, de las dictaduras militares iberoamericanas, de Afganistán, de la guerra sucia en Centroamérica, de la antigua Yugoslavia, de Irak, de Palestina, de Yemen, y de todas las “guerras de baja intensidad” pero de alto sufrimiento humano que se nos dice por lo general la verdad, cuando se ha comprobado con lacerante asiduidad que se nos miente por sistema.

Hace unos días, Stephen Walt, profesor de Relaciones Internacionales de un instituto de Harvard, por quien este humilde comentarista siente confesada admiración, afirmaba en su último artículo para una publicación especializada que “ya no se podía confiar en América” (4).

Esta sentencia, como se pueden imaginar, estaba relacionada con escaso apego a la verdad del principal inquilino de la Casa Blanca, a quien, en sus primeros diez meses de mandato, se le detectaron seis falsedades por cada una imputada a Obama a lo largo de sus ocho años de presidencia.

En realidad, la mentira ya formaba parte del decorado del despacho oval y de otros despachos del mundo antes de que el recordman mundial del embuste se instalara en él.

Pero el riesgo consiste en que nos resignemos -esto es opinión de quien escribe, no del profesor de Harvard-; no tanto a que se mienta desde el poder, sino a que sólo se mienta. Ya sea para demostrar (Macron o May) que, a golpe de gatillo, conservamos intacta nuestra reputación de poderosos, como afirma mi compañero Rafael Díaz Arias (5), o para presumir de una exhibición de fuerza con lenguaje de adolescente adicto a los videojuegos de guerra (no hace falta indicar a quién me refiero).

NOTAS

(1) “Trump and the rest of the world offer a little hope for Syrian refugees”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 18 de abril.
(2) “More Mayhem in the Middle East”. BRIAN KATULIS y DANIEL BENAIM. FOREIGN POLICY, 16 de abril.
(3) “Despite the Trump’s bluster, it’s unclear what the Syria strikes accomplished”. THE GUARDIAN, 15 de abril. 
(4) “How Syria came to this”. ANDREW TABLER. THE ATLANTIC, 15 de abril.
(5) “America can’t be trusted anymore”. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 10 de abril. 

viernes, 9 de febrero de 2018

Policías españoles tras las huellas de la limpieza étnica en República Centroafricana.


ALBERTO ROJAS 
Enviado especial 
Bangui 

Puede que esta guerra no sea como las demás. Hay muchos elementos en común con otros conflictos sangrientos de la región: muertos que nadie cuenta, pueblos arrasados, comunidades en huida permanente y miles de mujeres violadas. Pero puede que también haya algo diferente y necesario para cerrar todas las heridas cuando las armas callen: culpables. Para acabar con la impunidad que ha reinado en República Centroafricana durante sus cinco años de guerra hace falta ciencia forense. Determinar quién puso en marcha una limpieza étnica de proporciones aún desconocidas, basada en un odio religioso inventado y quién está abonando el interior del país con enormes fosas comunes.

Cuatro agentes de la policía científica española se encargan de esta labor desde diciembre de 2016. Son Ricardo, Sergio, María y Francisco y sus misiones, a veces sin recursos y con enorme riesgo porque la guerra continúa, los han llevado a casi todos los rincones del país. "Antes de llegar nosotros la situación era catastrófica, con una ausencia total de materiales. No podemos realizar nuestro trabajo en condiciones normales. Ante todo debemos tener protección y eso limita la posibilidad de actuación muchísimo. No es fácil trabajar realizando una inspección, con chaleco, casco y pendiente de nuestra seguridad", dice Sergio Sanvicente, uno de los agentes desplegados en Bangui.

¿Cómo determinar que un muerto es fruto de un homicidio y no de una acción de guerra? ¿Cuándo es una acción en combate y cuándo una ejecución a sangre fría? ¿Quién asesina y entierra a poblados enteros en medio de la selva? El equipo de cuatro españoles opera bajo el paraguas de la misión de Naciones Unidas (Minusca) y trabaja en sus dependencias, a pocos metros del grupo de militares españoles que ayudan en la formación del ejército nacional centroafricano. Estos cuatro hombres han recogido el testigo de un inspector jefe español que estuvo dos años al frente de la unidad de investigación en Bangui.

El espacio de trabajo es un container blanco con cuatro mesas. En una pared alguien ha desplegado un gran mapa de un país que sólo existe sobre el papel lleno de indicativos bien visibles de fosas comunes, hospitales atacados o lugares en los que se han cometido otras matanzas.

Equipo de la policía científica española desplegado en Rep. Centroafricana bajo bandera de la ONU. PTS MINUSCA


Cuando llegaron se encontraron con un único especialista forense procedente de Níger para un país en el que se han cometido y se comenten gravísimos crímenes de guerra. Imaginen un conflicto con decenas de miles de muertos e incontables fosas comunes desperdigadas por sus caminos de tierra roja sin nadie que se ocupara de hacerles hablar. Eso es República Centroafricana.

"En diversas partes del país la autoridad del estado no existe y es la ONU quien ejerce de policía local. Está establecido un procedimiento llamado Medidas temporales de urgencia que nos faculta a detener, investigar y realizar los procedimientos oportunos. Se realiza el atestado y se pone a disposición de las autoridades judiciales centroafricanas. Además, apoyamos así a la Corte Penal Especial que se está implantando en el país (dependiente de la Corte Penal Internacional), que quiere procesar y enjuiciar a los autores de los delitos de lesa humanidad que se han producido en estos últimos años", afirma Sanvicente.

Este grupo de policías, que reside en una casa de alquiler fuera de cualquier complejo cerrado, buscó desde el principio mezclarse con la población local y aprender el idioma local, el sango, para ganarse apoyos y agilizar gestiones. "Lo que más nos ha impresionado son los pueblos abandonados y quemados, uno detrás de otro. Verlos así, sabiendo que días atrás había cientos de personas en ellos viviendo su vida te sobrecoge", dice Sanvicente. Fuera de la capital van escoltados por los cascos azules por la ausencia de seguridad y la presencia de milicias.


"Hemos realizado múltiples misiones por todo el país, para investigar ataques indiscriminados a la población por los diferentes grupos armados de un bando y de otro, como por ejemplo ataques a convoyes de las Naciones Unidas, centros hospitalarios donde se ha asesinado a pacientes, poblaciones enteras quemadas y su población huida", comenta.

Una de las fosas en las que practicaron inhumaciones fue en Boali, a 100 kilómetros de Bangui, donde colaboraron con el prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense, célebre por sus exhumaciones e identificaciones de los soldados argentinos en las islas Malvinas. Los huesos recuperados de 12 cuerpos fueron enviados a Madrid para su estudio en el laboratorio de la Comisaria General de Policía Científica, con la colaboración de la División de Cooperación Internacional.



Restos humanos de ejecutados recuperados de una fosa común en Boali. PTS MINUSCA


En diciembre de 2012 una coalición de milicias que pedían mayor inversión del estado en el norte del país comenzó una rebelión armada que se extendió a toda velocidad hasta la capital. 15.000 hombres fuertemente armados y apoyados por mercenarios de Chad o Darfur saquearon todo lo que pudieron y entraron en Bangui a sangre y fuego. La mayoría de ellos eran musulmanes del norte.

La población de la zona sur, cristiana en su mayoría, creó sus propias milicias, llamadas Antibalaka. El conflicto viró hacia guerra religiosa y las matanzas se multiplicaron. Muchos musulmanes fueron masacrados en zonas cristianas y los muchos cristianos sufrieron la misma suerte en territorios controlados por los musulmanes. La venganza activó la limpieza étnica. Ahora estos policías miden las proporciones de la carnicería en medio de una situación de criminalidad. Casi todo el mundo tiene un arma y la gente pasa enormes privaciones. Los grupos armados se están convirtiendo en mafias saqueadoras de recursos naturales por todo el país.


"Las fosas son fruto de enterramientos de la propia población, que entierra a los asesinados para evitar la proliferación de enfermedades. Otras veces los perpetradores usan los pozos de agua para ocultar los cuerpos", cuenta Sanvicente.


¿En qué puntos del país se han producido esas matanzas?


- En todo el país en mayor o menor medida, pero en el centro y el este del país se han dado muchísimas más acciones violentas.


- ¿Hay ejecuciones masivas a sangre fría?


- Sí. Se ha acreditado mediante hechos objetivos.


Su labor en territorio centroafricano va más allá de la búsqueda de pruebas. Estos cuatro agentes, con ayuda de un gendarme francés, está formando a una nueva unidad local de Policía y Gendarmería, llamada UMIRR, que se dedica a combatir los delitos contra mujeres y niños, los más perjudicados por el conflicto. En realidad, el nivel policial de los agentes centroafricanos es tan bajo, y tan numeroso el historial de abusos, que hay que enseñarles a ser policías desde el principio.


Estos cuatro agentes han sido consejeros para la adquisición de todo tipo de material necesario para poner en marcha no la actividad forense que nunca existió en el país. Todo lo ha pagado el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo). Cuando lo reciban, tienen que poner en marcha las unidades centroafricanas especializadas con una formación específica que ya tienen diseñada. "Nuestra intención es poner en marcha laboratorios a nivel nacional, siempre con los medios que tenemos y teniendo en cuenta las limitaciones de este país", comenta Sanvicente.


Desde su llegada han tenido que participar en todo tipo de cuestiones, como la investigación de la muerte de un casco azul senegales, ametrallado fuera del recinto militar y fuera de su horario. "Los españoles realizamos la investigación técnica y los investigadores se pusieron con los interrogatorios. Con toda esta información se pudieron determinar las circunstancias del ataque de forma objetiva para identificar a los presuntos autores. Sin entrar en detalles, esta investigación desmontó muchas teorías sobre este asesinato".

Fuente: elmundo.es

domingo, 24 de diciembre de 2017

¿Noche de paz? En el mundo hay más de 40 conflictos armados activos.




Las religiones predican paz, pero la Tierra está en guerra permanente. Muchas de ellas, por choques de creencias y defensas fundamentalistas de dogmas de fe. En los conflictos armados, más o menos activos o larvados, aunque todos sin declaración oficial de cese de hostilidades o procesos de desarme sellados, hay 67 países involucrados y 775 movimientos insurgentes. 

MADRID

DIEGO HERRANZ 

Otro año que vivimos peligrosamente... con más de una cuarentena de conflictos armados a lo largo y ancho del planeta. Algunos de larga duración, como el del Sáhara Occidental, con entre 14.000 y 21.000 muertos, que inició las hostilidades en 1970. O el colombiano, que aún mantiene en vilo a las fuerzas de seguridad con las FARC, el ELN, los paramilitares y los capos de la droga y sus poderosos cárteles, y que se inició allá por 1964 y ha acabado con la vida de más de 220.000 personas desde entonces. Pero también el de la República del Congo y que, a día de hoy, tiene al Ejército en una ofensiva en la región sureña de Katanga para combatir al movimiento rebelde e independentista Mai-Mai y que sólo desde 1997, año a partir del cual la contabilización de las víctimas se elabora con rigor objetivo, ha dejado más de 2.700 víctimas mortales.


Las más longevas de las confrontaciones bélicas no respetan continentes. Ni sistemas políticos. También han estado activas largas décadas, pese a los esfuerzos diplomáticos internacionales por conseguir algún tipo de armisticio. Cuatro de los más representativos siguen con la llama del enfrentamiento encendida. El conflicto palestino-israelí colisiona, desde 1948 -es decir, desde el instante mismo de la proclamación del Estado hebreo- la defensa del territorio, principio en el que asienta la doctrina de Tel Aviv, con la búsqueda del reconocimiento mundial a la creación de un Estado palestino en la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. Más de 120.000 personas han perdido la vida desde entonces.


En este escalafón hay que mencionar la guerra declarada y abierta entre las dos Coreas. A cuenta del paralelo 38, una superficie de 160 millas de largo y 2,5 de ancho que sigue siendo uno de los puntos más conflictivos del planeta desde la conflagración que duró entre 1950 y 1953 y que dividió en dos la península coreana. Más de 900 muertos. Una tensión permanente que guarda muchas similitudes con Cachemira. En este caso, entre Pakistán, India y grupos rebeldes que, desde 1947, reivindican este territorio al borde del Himalaya, entre los dos gigantes asiáticos, que conservan sus rencillas desde su segregación. Entre 47.000 y 100.000 muertos, según las fuentes que se consulten. ¿Demasiadas? No parece, si se tiene en cuenta que no ha pasado ni un sólo día, desde esa lejana fecha, en el que no haya habido algún intercambio de disparos.


El cuarto en discordia afecta a Indonesia, donde aún persisten ataques esporádicos a lo largo de la llamada Línea, entre movimientos separatistas indígenas de la Papúa indonesa y de la Papúa Occidental, que ocupan la mitad de Nueva Guinea, y que ha costado la vida, desde 1969, a unas 100.000 personas.


Un hombre lanza escombros desde un edificio en ruinas por los estragos de la guerra en Ucrania./REUTERS


El centro de investigación IRIN -originariamente, Integrated Regional Information Network- que, durante 17 años, hasta enero de 2015, perteneció a la estructura de Naciones Unidas y que, a partir de esa fecha, se auto-declara organización independiente dedicada a la información y el análisis de los conflictos bélicos asegura que, en 2017, hay más de cuarenta hostilidades activas en todo el mundo, que involucran, en mayor o menor medida, a 67 países, para un total de 775 grupos rebeldes armados, bien sean milicias, guerrillas o movimientos anarquistas, separatistas o terroristas. De ellos, África sufre el mayor número de embestidas. Nada menos que 29 de sus naciones, con 240 movimientos. Le sigue Asia, con 16 países y 171 grupos, Europa -10 Estados y 81 facciones- y Oriente Próximo, con 7 países, pero con una cifra más que notable de insurgencia activa: 253 organizaciones. América ha soltado lastre de manera extraordinaria: 6 naciones y 27 movimientos insurrectos, la práctica totalidad de ellos, cárteles de narcotráfico.

De todos ellos, 43 obtienen el tratamiento oficial de conflicto de origen independentista: 21 en Asia y 12 en Europa.


Sin embargo, también hay conflictos olvidados. Alejados de los focos de atención mediática de guerras como la de Irak, Siria, Afganistán o Ucrania. Aunque sean pasajeros en el tiempo. Estos son diez de esas guerras abiertas sin apenas repercusión internacional. Muchos de ellos pueden considerarse conflictos larvados. En estado latente. Otros, mantienen una intensidad oscilante, según los años. Pero todos están en activo y conservan su capacidad de destrucción.
10.- Guerra civil de Somalia


Estado creado en 1960, colapsó en 1991 cuando el presidente Siad Barre fue depuesto de sus funciones. Sin gobierno, el país fue presa de grupos insurgentes y señores de la guerra durante varios años. Un Ejecutivo débil y muy variopinto en su configuración política logró formarse en 2000. Fue un intento baldío de controlar el país. Hasta que, en 2012 se celebraron las primeras elecciones desde 1967.


El nuevo gabinete que salió de las urnas intentó estabilizar Somalia, pero su misión se ha visto permanentemente violentada por las acciones de grupos insurgentes que se relacionan con Al-Shabab y Al-Qaeda. Tropas estadounidenses entraron en 2007 en el país en otro intento de instaurar la paz, pero los movimientos armados lo impidieron.
9.- Guerra de Darfur


No news, good news? En este caso, la premisa no se cumple. Darfur continúa siendo atacado por parte de las fuerzas gubernamentales sudanesas. El año 2016 fue especialmente sangriento para la población civil. Hasta el punto de que, además, Naciones Unidas estima que la región soportó el desplazamiento de más de 190.000 personas. Las fuerzas de pacificación de la ONU han sido asediadas por el Ejército sudanés, que se ha hecho con el control de la zona. Más de 2,6 millones de personas han tenido que trasladarse para evitar los efectos de la guerra. Y la lucha continúa.
8.- Guerra civil de Myanmar


Antes conocido como Burma. En guerra desde hace décadas. La contienda civil se inició en 1948. Desde el golpe militar de 1962, varios grupos armados se oponen al control militar del poder. Hay numerosos grupos étnicos que combaten por ser el movimiento dominante que se enfrente al gobierno militar. Desde el Ejército Arakan de Liberación, al Ejército Chin Nacional o el Kachin. Pero hay una docena. Todo pretende crear el caos en Myanmar. Un acuerdo de cese el fuego fue firmado por la cúpula armada del gobierno y varios de los grupos insurgentes en 2016. Sin embargo, tres de ellos se negaron a rubricar el tratado y mantienen activas las hostilidades. En los últimos tiempos, estos movimientos tuvieron fricciones en la frontera china. No hay visos de que pueda pararse tampoco esta guerra de más de siete décadas.


Un soldado sujeta una metralleta en Myanmar./REUTERS

7.- Guerra civil de Sudán del Sur


El último estado en nacer tampoco ha tenido un parto incruento. Desde diciembre de 2013, más de 50.000 personas han perdido la vida en este conflicto nacional que también cuenta con 1,6 millones de desplazados. A pesar de que hay cerca de 14.000 cascos azules que han tratado de impedirlo. En un intento de acabar con la guerra civil, el presidente Salva Kiir firmó un acuerdo de paz con el líder rebelde Machar en 2015 por el que hacía a este último vicepresidente. Pero en 2016 la violencia rompió el trato y todo intento posterior de restablecer la estabilidad. Pese a que Machar abandonó el país, Sudán del Sur sigue en pie de guerra. Está, incluso, en una nueva escalada, con aumento del número de muertos y la reducción a casi la mitad (7.500) de efectivos de la ONU.
6.- La insurgencia en el Norte del Cáucaso


Esta región rusa ha protagonizado una violencia habitual desde hace dos décadas. A pesar de que se ha reducido el número de muertos en los últimos dos años. Pero, aun así, varios grupos insurgentes se han unido al Estado Islámico, que han realizado emboscadas contra el Ejército de Rusia. Oficialmente, el Kremlin dice haber cesado sus actividades de contra-terrorismo en el área pero, extraoficialmente, las escaramuzas y los ataques continúan rompiendo el frágil equilibrio en la región, que delimita con los mares Negro, Azov y Caspio.
5.- La Guerra de la Cabinda, en Angola


Conocida también como la Guerra Civil de Angola o la Guerra olvidada de Angola. Región rica en petróleo, varios líderes insurgentes han intentado la separación del resto del estado y acceder así a la fuente de riqueza del oro negro. El gobierno angoleño ha repelido todos los intentos, la mayor parte de ellos, cruentos. En 2009, las autoridades del país declararon acabada la guerra; sin embargo, las hostilidades son frecuentes. Y los intentos de la autoproclamada República de Cabinda de conseguir el reconocimiento exterior a una hipotética independencia, también. Tan sólo Francia lo ha hecho. Para el resto del mundo, Cabinda pertenece a Angola.


Una mujer se manifiesta por la paz en Angola./AFP

4.- La Guerra del terror en Egipto


El grupo terrorista Walayat Sinai lleva atacando las instituciones egipcias desde 2005, aunque la intensidad de sus actos ha experimentado numerosos altibajos. En los últimos tiempos declara una alianza con el Estado Islámico. Su objetivo declarado es el gobierno egipcio, pero las víctimas han sido, mayoritariamente, civiles. Las autoridades de El Cairo han intensificado las reacciones contra Walayat Sinai. Amnistía Internacional ha mostrado una creciente preocupación por la desaparición misteriosa de supuestos terroristas de esta organización en manos del gobierno lo que, a su juicio, dificulta las negociaciones de paz.
3.- La Guerra híbrida de África


Empezó en Mozambique, pero se extendió por África central y meridional hasta naciones como Zambia, Angola o Malawi. Inicialmente, surgió entre el gobierno mozambiqueño y RENAMO, el movimiento de resistencia nacional del país. La violencia se intensificó en 2013 y las tenciones siguen abiertas. De hecho, otro grupo, FRELIMO, el llamado Frente de Liberación, es el que tiene el control actual en la región. Entre ambos movimientos hay una lucha sin cuartel. El gobierno de Mozambique, una de los poderes económicos del subcontinente africano, teme la extensión del conflicto a otras latitudes si interviene de forma más directa.


Soldados del Ejército de Mozambique./AFP

2.- Tensiones militares en el Mar de China Oriental


Durante meses, Japón y China han elevado el tono por la hegemonía en el Mar de China Oriental. Ambos han incrementado, además, su presencia militar en la zona. Y se han producido algunas escaramuzas. China ha ampliado recientemente su flota naval y el número y la afluencia de sus patrulleras en las aguas internacionales. También Japón ha incrementado a más de 500 vuelos directos la frecuencia de sus incursiones aéreas. En disputa, las islas Senkaku/Diaoyu, que fueron reclamadas por Japón desde 1895. China reaccionó en los setenta del siglo pasado solicitando la soberanía sobre nueve de las islas de este micro-archipiélago. Japón echó más leña al fuego en 2012, cuando su gobierno adquirió tres islas de manos privadas.
1.- El conflicto de Nagorno-Karabaj


La violación del cese el fuego en abril de 2016 muestra que las tensiones por la disputa de las fronteras de esta región limítrofe entre Armenia y Azerbaiyán están lejos de remitir. Con un 95% de población armenia, de culto cristiano ortodoxo, el territorio pertenece a Azervaiyán, con unos habitantes mayoritariamente musulmanes. Tras el colapso de la Unión Soviética, iniciaron las hostilidades, en guerra abierta. A comienzos de los noventa, la región declaró su independencia. Desde el acuerdo de paz de 1994 las violaciones del acuerdo han sido frecuentes. Y violentos. Cinco soldados azeríes fueron asesinados por separatistas armenios en febrero de 2017 durante una batalla fronteriza entre ambas fuerzas.


Soldado del Ejército armenio./AFP


Fuera de este decálogo, hay otro conflicto, el de Yemen, que no sólo se podría encuadrar dentro de las contiendas bélicas semi-olvidadas. También es otro ejemplo de control de información y de opacidad. Sobre todo, desde que Arabia Saudí se hizo con la comandancia militar de la alianza del Golfo. Sin olvidar su capacidad para extender las tensiones a toda la región, otra de las más convulsas, ya de por sí, del planeta. Porque Riad ha gastado sumas ingentes de dinero en esta guerra, hasta descuadrar un presupuesto que habitaba en el superávit por los petrodólares, que también está utilizando para hostigar a su enemigo, Irán.


Yemen sufre una guerra civil que es un auténtico collage: luchas tribales, movimientos yihadistas y grupos que, sencillamente, luchan por la supervivencia. Pero, por encima de todo, lo que está en juego es la hegemonía del wahabismo saudí (suní) y la milicia chií Huthi, apoyada por Teherán. Naciones Unidas cree que tres cuartas partes de sus 28 millones de habitantes precisan de algún tipo de ayuda humanitaria. Su economía está colapsada y la esperanza de vida de la gente resulta una quimera. Por si fuera poco, a comienzos de diciembre, se hizo oficial el asesinato de Abdalá Saleh, el ex presidente del país y antiguo aliado rebelde. Probablemente a manos huthies, que le consideraban un traidor, según fuentes saudíes.


Dos hombres de la milicia chií Huthi, apoyada por Teherán, portan dos RPG ./REUTERS


El último Global Peace Index, del Institute for Economics and Peace, que incluye datos de 2015, ya revelaba que eran malos tiempos para la paz. Durante ese año, el número de muertes en combate había sido el más alto de los últimos 25 años, debido a los altos niveles de intensidad terrorista y a la mayor oleada de refugiados y desplazados desde la Segunda Guerra Mundial. La violencia, dice el estudio, tiene un alto coste. Nada menos que de 13,6 billones de dólares, si se mide en poder de capacidad de compra. Más que la economía de China a precios actuales del mercado. O cinco dólares por persona y día, si pagáramos todos los habitantes del planeta. U once veces el montante de la Inversión Extranjera Directa (FDI, según sus siglas en inglés) que fluye cada ejercicio económico por el mundo. Sólo en 2015.


Su versión de 2017 reconoce una ligera mejoría, que queda en stand by ante el creciente gasto militar de las grandes potencias. Estos son los cinco países que, a juicio de este barómetro, de reconocido prestigio internacional, lograron los mejores y peores resultados en los exámenes sobre pacificación de sus territorios. 


Fuente: publico.es