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jueves, 20 de septiembre de 2018

El pan y la paz amenazados.


Evaristo Villar

Universidad Andina Simón Bolívar de Quito (Ecuador), 23 agosto 2018.
Reflexión presentada en el Simposio Internacional de Quito (Ecuador) “La justicia y la paz se besan”: Jubileo en homenaje a Mons. Leonidas Proaño a los 30 años de su resurrección y a los 50 años de la Conferencia de Medellín. 

La amenaza sobre el pan y la paz ha sido un desafío permanente para el ser humano. Desde el maná que reclamaban los exiliados israelitas de Egipto hasta la conquista del paraíso, soñado y prometido tantas veces, la tensión entre el “danos hoy nuestro pan de cada día” y la tentación del pan (“no solo de pan vive el hombre”) nos ha acompañado siempre. Y con la tensión, también el conflicto y la guerra.

Las guerras por el pan llenan la historia. También las propuestas de pan abundante. Desde las más radicales —como la de Jesús de Nazaret en la multiplicación de los panes (Mc 6, 38 y ss.; 8, 1 y ss.) o la de Carlos Marx— hasta las que se siguen haciendo en nuestros días, las propuestas de pan, alternativas a la precariedad actual, nunca han cesado en la historia humana.

No voy a entrar ahora en este enmarañado campo de las promesas y su cumplimiento. Mi propósito es más modesto: se trata tan solo de ver hasta qué punto y cómo el compromiso de hoy con el pan y con la paz puede inspirarse, salvando las distancias, en los intentos realizados en el último medio siglo por quienes hicieron posible Medellín 68, entre los que destacó, con luz propia, Mons. Proaño.

1. Un contexto alarmante

Con ocasión del 50 aniversario de Mayo 68, visto in extenso, se ha escrito mucho, pero me han interesado sobre todo las reflexiones del tenor siguiente. El siglo XX se puede dividir en dos mitades: la primera, muy violenta (con dos guerras mundiales, 1914-18 y 1939-45) y la segunda, dominada por la guerra fría (con muchos conflictos regionales) y el miedo a la posible hecatombe nuclear. Al final de siglo, con la Caída del Muro de Berlín (1989), aparece un panorama que es doblemente interesante tanto por lo que se derriba como por lo que se desvela.

* Se derriban los sistemas comunistas, alternativa al capitalismo, y esto conlleva un colapso de los Movimientos de Liberación Nacionales en el Tercer Mundo. Lo que supone la quiebra del paradigma “emancipador” que había venido impregnando a toda la izquierda en la segunda mitad del siglo XX. Una izquierda que había creído descubrir en el proletariado el sujeto social capaz de implantar, por la lucha de clases, el socialismo y la igualdad. (Esta caída del muro también sacudió las políticas socialdemócratas reformistas que, desde entonces, no han levantado cabeza).

* En segundo lugar, se ha desvelado que estamos inmersos en un monosistema mundial —siempre en crisis, de la que renace como el ave fénix— que apoya su expansión económica y financiera sobre una revolución tecnológica brutal y en la mundialización de un mercado desregulado y competitivo. Este monosistema está impidiendo la generación de pan para todos y todas y está poniendo, en desafío constante, la paz.

Por su propia lógica darwinista, el sistema único está agrandando la brecha de desigualdad entre países ricos y empobrecidos. El mundo rico del Norte (simbólico) ya no necesita al Sur como esclavo, le bastan sus materias primas, sus tierras; no necesita sus gentes como mano de obra barata, el trabajo lo hacen hoy las máquinas. Al pueblo se le excluye, se “descarta”, como gusta de repetir frecuentemente Francisco.

El PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) viene reflejando periódicamente esta brecha de la desigualdad. En sus últimos informes, después de mostrar su satisfacción por los logros alcanzados con los Objetivos del Milenio y de cara a la Agenda del 2030 —en la que, entre otros objetivos se fija erradicar la pobreza extrema, poner fin al hambre y reducir la desigualdad de género— refleja algunos datos que siguen siendo muy preocupantes. Tomo solo algunos ejemplos directamente relacionados con nuestro propósito:
* La desigualdad ante el pan: el 1% de la población posee el 46% de la riqueza; el 99% tiene que contentarse con el 54%. Es decir, 700 millones de personas acaparan en el mundo casi tanto como las 6.300 millones restantes.

* Con referencia al hambre: 1 de cada 9 seres humanos (que representa unos 700 millones) padece hambre. Juan Carlos García Cebolla, jefe del Equipo de Derecho a la Alimentación de la FAO, dejaba el pasado año en Madrid (II Conferencia contra el Hambre, Madrid 2017) unos datos parecidos: 793 millones sufren desnutrición crónica; 2.000 tienen carencias de nutrientes, y 600 millones padecen obesidad.

* La mujer, la mayor víctima del pan: además de admitir que la pobreza se ha feminizado —ya a principios de siglo el PNUD había dado la alarmante cifra de que las ¾ partes de pobres son mujeres—, ahora aporta otros datos bien llamativos de su ausencia del poder real —solo un 23% de las mujeres en el mundo son parlamentarias—.
* Inmigrantes y refugiadxs: a principios de siglo el PNUD reflejaba ya la existencia de la población mundial migrante en el 2,3%, (es decir, 161 millones). Ahora, debido a las guerras y la hambruna, habla de 244 millones, la mayoría refugiadxs, de los que 65 millones carecen de protección social alguna. (No entro ahora en las migraciones forzadas de América Latina o de EE.UU. Soy testigo de que el desconcierto que está atravesando la Unión Europea en este campo es monumental y vergonzante).

Solo una breve referencia a la paz. No es necesario ser politólogo para ver que detrás de la geopolítica y los conflictos y guerras de hoy se oculta, como siempre, la lucha por la hegemonía del pan. Según la Escola de Cultura de Pau —Centro de Investigación sobre la Paz, conflictos armados y Derechos Humanos, creado por la UNESCO en la Universidad Autónoma de Barcelona, que ofrece cada tres meses un informe de situación mundial sobre el tema— actualmente hay 22 países en guerra, siendo los continentes africano y asiático (con unos 300.000 niños soldado) los más afectados. En Occidente siguen teniendo presencia diaria en los medios las guerras de Siria e Israel/Palestina; y menos (a veces olvidada) la guerra de exterminio que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes están llevando a cabo en Yemen. Hay guerras viejas que se mantienen desde la lejanía de la historia, como la de Birmania (desde 1948, año de su independencia del Reino Unido) o la Israel/Palestina (desde la misma proclamación del Estado de Israel en 1948).

2. El pan, la paz y la vida
Sin pan no hay vida; y, sin paz, tampoco se produce el pan, necesario para la vida. La vida, en última instancia, depende del pan y de la paz.
Nunca agradeceremos suficientemente a la II Conferencia de Medellín el haber acercado el cristianismo latinoamericano a esta realidad tan básica, su apuesta por el pan y por la paz. A una conciencia cristiana que, inspirada en el Evangelio de Jesús, proclama la igualdad y solidaridad de todos los seres humanos, no le puede resultar nunca indiferente la proyección o dimensión social del cristianismo. Desde esta conciencia social, la II Conferencia de Medellín se hizo cargo de la realidad del continente, la calificó desde la inspiración cristiana y propuso la Promoción humana fundada en la justicia y la paz como vía de salida.

* Ante el reto del pan, Medellín se hizo cargo del empobrecimiento socioeconómico del continente, sumergido bajo el desarrollismo reinante, y en vísperas de incrementar sus niveles de pobreza con la inminente implantación de la Alianza para el Progreso —una especie de Plan Marshall que, contra el mal ejemplo de Cuba, pretendía controlar desde el Imperio el desarrollo del que considera su Patio Trasero—. En esta situación, Medellín apostó por mirar el continente desde la Teoría de la Dependencia (de los científicos del CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la UNO) que trataba de romper la relación causal entre el bienestar del primer mundo y la precariedad y empobrecimiento del resto. Desde la dependencia aparece la verdadera causa de “la miseria que margina a grandes grupos humanos y la frustración de legítimas aspiraciones que crea el clima de angustia colectiva”. Y, confrontada con la igualdad y la justicia de Evangelio, la miseria y la angustia colectiva son “un hecho que clama al cielo” y que exige un cambio de rumbo urgente: la promoción humana. (Cfr. La Iglesia ante la actual transformación de América Latina. Medellín: conclusiones. Promoción humana 1. Justicia).

* Ante el desafío de la paz, Medellín constata las consecuencias dramáticas que el empobrecimiento está teniendo en el contexto sociopolítico del continente. Una situación muy crispada debido a la ideología de la “Seguridad Nacional”, implantada a sangre y fuego por las Juntas Militares impuestas por el Imperio y la proliferación de las guerrillas populares que se multiplican a todo lo largo y ancho del continente. En este contexto de crispación Medellín se inspira en la constitución Gaudium et Spes del Vaticano II y en la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI para entender y denunciar valientemente la situación: “Si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, el subdesarrollo latinoamericano, con características propias en cada uno de los países, es una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la paz” (cfr. La Iglesia en a actual transformación de América Latina a la luz del Concilio. Medellín: Conclusiones 2. Paz).
A juicio de Gustavo Gutiérrez, “este mirar cara a cara sus problemas” y descubrir que, además de las guerras, “la pobreza no era el único pero sí el más grande desafío al anuncio del Evangelio”, fue la mayor aportación significativa de la Conferencia de Medellín.

3. ¿Qué podemos hacer hoy? Una respuesta posible (Mons. Proaño)
En definitiva, si el pan y la paz, la justicia y la paz, están íntimamente relacionadas con la vida, esto nos exige alguna respuesta.
Lo decía proféticamente Mons. Proaño: “estamos obligados a volver a las fuentes para redimir la vida… Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la ambición y la locura de unos hombres conviertan a nuestro planeta Tierra en una luna muerta, en un cementerio del espacio”.

Acoger hoy este encargo de Monseñor Proaño supone, al menos estas dos convicciones:
a) Que, enfrentados como estamos a estos dos grandes desafíos del pan y de la paz, debemos hacerlo con la confianza de que vamos a superarlos con éxito, porque “la humanidad siempre ha encontrado soluciones a los grandes retos”; y b), que, en este viaje, siempre podemos mirar de reojo el ejemplo de la Madre Tierra, la Pacha Mama, pues “la naturaleza es la única empresa que nunca ha quebrado”.

Con estas convicciones necesitamos optar por una de las dos alternativas siguientes:
1ª Tomar conciencia de que la solución capitalista neoliberal, no por ser la mundialmente imperante, es la más acertada, ni la más inteligente. Ya no podemos seguir confundiendo desarrollo con crecimiento indefinido, solo los locos y los economistas podrían hacerlo; ni tampoco podemos seguir confiando en que los pueblos con mayor crecimiento económico van a ser los mejores guardianes de la paz (ahí tenemos, como esperpéntico ejemplo, a Mr. Trump).

El crecimiento tiene límites porque la tierra es finita y actualmente está en situación agónica. Ya no puede dar pan para toda la humanidad. (Desde el 01 de agosto, según los expertos en el tema, hemos agotado el presupuesto ecológico que genera la Tierra para todo el año; y ya desde 1970 se viene advirtiendo que la huella ecológica va creciendo en proporción alarmante. De seguir a este ritmo, para el 2050 se necesitarán tres Planetas Tierra para alimentar a la humanidad).

[El Occidente desarrollado y guerrista ha cedido a la “tentación del pan”, rompiendo nuestra vinculación vital con la tierra. Nos hemos creído, justificándolo en dudosos planteamientos bíblicos (Lyn White), dueños de la Tierra y que sus recursos eran ilimitados. Pero ya es hora de empezar a pensar que con menos harina, por más que agrandemos el horno o multipliquemos los cocineros, no vamos a producir más pan].

En definitiva, el capitalismo no resuelve sino acrecienta el problema del pan y pone en constante riesgo la paz.

2ª La solución ecológica. No obstante, hay vida más allá de la economía occidental y capitalista. Aunque minoritaria y más selectiva, existe también la “economía ecológica”, la que ya desde los años 90 se llamaba “biomímesis” o ciencia que estudia y toma la naturaleza como fuente de inspiración. Más tarde se ha llamado “bioeconomía” o ciencia de la gestión de la sostenibilidad.

Esta forma de abordar la cuestión del pan no pone su mayor acento en el crecimiento cualquier precio, —registrable en el PIB o bienes y servicios sin más—, sino en todo aquello que hace que “la vida valga la pena ser vivida”.

Su mayor riqueza o novedad no está en la acumulación de bienes materiales, sino en el tiempo que tenemos para vivir, soñar, amar. Y este tiempo se limita cuando tenemos que emplearlo en cuidar los bienes, protegerlos, defenderlos, etc.
Esta forma de asegurarnos el pan y la paz de cada día, y evitar los conflictos y la guerra, da mayor importancia al bien-estar que al bien-tener, más al buen-vivir/convivir que al vivir-bien.

El Sumak Kawsay que refleja, entre los pueblos originarios, otro modo alternativo de abordar el problema del pan y de la paz, puede aportarnos una buena ayuda para superar la política económica neoliberal que no solo no ha encontrado el modo de hacer frente con éxito a los problemas del pan y de la paz, sino que, con su apuesta por el crecimiento sin límites y su forma de producción, los acrecienta.

En la actualidad, varios países, entre ellos Bolivia y el Ecuador, han inspirado sus constituciones en el Sumak Kawsay. Los 16 artículos en los que la constitución ecuatoriana recoge diferentes dimensiones prácticas del buen-vivir muestran un buen ejemplo a seguir. El preámbulo de la Constitución comienza así: “Nosotros y nosotras el pueblo soberano del Ecuador, reconociendo nuestras raíces milenarias, forjadas por mujeres y hombres de distintos pueblos, celebrando a la naturaleza, la Pacha Mama, de la que somos parte y que es vital para nuestra experiencia… (sigue una larga invocación a Dios, a las religiones y a la sabiduría de las diversas culturas), decidimos construir una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el Sumak Kawsay”, etc.

Finalmente, esta apuesta por el buen vivir para un cristiano no está lejos de la utopía del Reino de Dios anunciado por Jesús de Nazaret.

martes, 23 de mayo de 2017

“¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor!…Isaías 1:17” (NVI)


Instituto Ecuménico Diaconal “Esteban”
San Salvador, El Salvador, Centroamérica.

El Salvador es cada día escenario de confrontación de dos proyectos: uno que trabaja por la vida y otro que insiste en negarla. Nuestra realidad, aunque a algunos no nos guste, es de confrontación de clases.
Pueblo de Dios. Un alto porcentaje de personas nos colocamos a favor de la vida. Nuestras esperanzas transitan por muchas vías, en bastantes ocasiones encontramos puntos de coincidencia. Para algunas personas su esperanza está colocada en el partido de izquierda que se supone trabaja por la vida, algunos confían y se ubican en él son parte o apoyan incondicionalmente lo que haga ese partido y el Poder Ejecutivo, otras coincidimos unos más otros menos con ese partido y gobierno, hacemos nuestro trabajo por la vida desde múltiples y variados espacios llámense estos: iglesias progresistas o con teologías liberadoras, otros en algunas ONGs no gubernamentales, organizaciones sociales, colectivos que trabajan por la vida.

Algunas personas no están organizadas en estas expresiones por la vida, pero desarrollan sus vidas sin provocar daño al prójimo ni su medio ambiente. Todos somos un solo pueblo, en ocasiones con divergencias, pero unidos en la defensa de la vida e intentando ser justos con nosotros mismos y nuestros prójimos. En este pueblo no hay poder económico.

Proyecto faraónico. Hay otras personas que promueven la muerte, aunque sus palabras digan lo contrario, sus hechos les desmienten. Estos tienen sus partidos políticos que representan y defienden sus intereses, uno de esos partidos es el más representativo en sus confabulaciones contra la vida. Estas personas no son todas económicamente poderosas, hay muchos que son económicamente pobres, pero las más poderosas entre ellas, han logrado incorporarles en la mente y corazón ideas e incertezas que aparentemente son positivas, pero en realidad son contrarias a la vida, entre estos, los que más han acumulado riquezas son los que deciden y orientan al resto, para ello se valen de partidos políticos, iglesias de corte conservador, ONGs, sindicalistas, medios de comunicación masiva (casi todos) transportistas y una gremial empresarial. Los que conducen y desorientan a un porcentaje de la población son los económicamente poderosos, la gran burguesía y oligarquía, un grupo minúsculo pero con poder económico.

Estos, desde 2009 perdieron el poder patrimonialista del estado ejercido mediante el Poder Ejecutivo y no han descansado en sus luchas por recuperarlo, día y noche traman sus planes en contra de la vida y lo que es peor los ponen en práctica por todos los medios posibles. Este grupo ha logrado mantener el Poder Judicial, principalmente, mediante un bastión que se ha vuelto de gran importancia: Cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. El agrupamiento de personas económicamente poderosas tiene un aliado en sectores gubernamentales de Estados Unidos, eso y sus capitales financieros les hace crearse y creerse la falsa idea de que son “todopoderosos”. El mismo mal espíritu le han introyectado en sus patrones de conducta a sus magistrados.

Estos dos grupos son las dos clases que hay en El Salvador. 1

Desde 2009 cuatro “magistrados” de la Sala de lo Constitucional con astucia jurídica perversa afectan negativamente todo aquello que pueda dañar los esfuerzos -que bien o mal- realiza el Poder Ejecutivo para beneficiar al pueblo. Estos “magistrados” cada vez que pronuncian palabra, tratan, pero les es muy difícil enmascarar, su desagrado con los esfuerzos del Poder Ejecutivo, porque de cierta forma, aunque en ocasiones con debilidad, no defiende en su totalidad los intereses de los más ricos y poderosos, que son los que a su vez sostienen a esos cuatro magistrados. Las argucias jurídicas de esos magistrados, en ocasiones lograron engañar a ciertos sectores de la población, pero cada vez más pierden credibilidad ante la mayoría del pueblo.

Lo ocurrido en los últimos días con el sistema de transporte integrado nos vuelve a demostrar que esos “magistrados” no piensan en el beneficio del pueblo, sus corazones y mentes no están motivados por la justicia, sino en la perversidad y por ello manipulan las leyes con la finalidad de afectar a su contrario y de paso –sin importarles- afectan al pueblo más sufrido. Este sistema de transporte probablemente no cumple, en su totalidad, las grandes necesidades y expectativas de un sistema de transporte que el pueblo necesita, pero da muestras de ser el inicio del fin de tantas mafias de transportistas que por muchos años han recibido subsidios de gobiernos, ofreciendo servicios de transporte publico de los peores que hay en América Latina, estos grupo de transportistas son una mafia que por años se ha enquistado en ese sector.

Los cristianos salvadoreños, ciudadanos de este país, estamos convocados por nuestro Dios a hacer el bien, buscar la justicia, hablar y actuar a favor de la vida y defender los derechos de los afligidos y necesitados. En esta situación del SITRAMSS. Los más afligidos y necesitados no son los que nos movilizamos en transporte particular, sino los trabajadores y trabajadoras que se movilizan cada día para sus trabajos, hogares, llevar sus hijos a la escuela. Por ello es necesario que no permitamos que se pierda o se diluya este proyecto en manos de cuatro “magistrados” que no aplican justicia sino que manipulan la ley a su conveniencia y por supuesto en manos de los grupos económicamente poderosos con los cuales hacen confabulación y componendas contrarias a lograr mejores situaciones para el pueblo trabajador.

En términos generales estos cuatro “magistrados” en todo su ejercicio no han dado señales positivas y consistentes a favor de la justicia, la cual es tan necesaria en la vida cotidiana de este país, por ello no es descabellado ni mal intencionado que sectores amplios del pueblo pidan su destitución.
“Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende los derechos del afligido y del necesitado. Proverbios 31. 9” Biblia de las Américas.

jueves, 23 de marzo de 2017

Agua, un derecho del que aún se ven privados 663 millones de personas.



EUROPA PRESS 

El 28 de julio de 2010, la Asamblea General de la ONU reconoció de forma explícita el derecho humano al agua y al saneamiento y admitió que ambos son esenciales para el cumplimiento de todos los Derechos Humanos. Sin embargo, aún hay en el mundo 663 millones de personas sin acceso a agua potable mejorada.

Aunque en las últimas décadas se han hecho avances y se logró reducir por debajo de 700 millones esta cifra, lo cierto es que el reto fijado por los Objetivos de Desarrollo Sostenibles aprobados en 2015 de reducir a la mitad para 2030 la población sin acceso sostenible a agua potable y saneamiento básico aún no se ha alcanzado.

Desde 1993, la ONU celebra el 22 de marzo el Día Mundial del Agua. El lema de este año es "¿Por qué malgastar agua?". En su mensaje, el presidente de ONU Agua y director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Ryder, ha hecho un llamamiento a reducir el derroche de este bien tan preciado, teniendo en cuenta que la población mundial va en aumento y con ello la necesidad de agua potable.

"El agua es finita. Tiene que cubrir la necesidad de cada vez más personas"

"El agua es finita. Tiene que cubrir la necesidad de cada vez más personas y solo tenemos un ecosistema del que extraer nuestro agua", ha recordado, apelando a reciclar y reutilizar las aguas residuales, ya que pueden tener todavía muchos usos, pero también a reducir el consumo y su contaminación. Actualmente, más del 80 por ciento de las aguas residuales generadas por la sociedad regresa al ecosistema sin haber sido tratadas o reutilizadas, de acuerdo con la ONU.





Agua, un derecho del que aún se ven privados 663 millones de personas. / REUTERS
Aumento de la demanda de agua


Además, para 2030, se prevé que la demanda mundial de agua haya aumentado un 50 por ciento, procediendo la mayoría de dicha demanda de las ciudades. Para 2050, cerca del 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades, frente al 50 por ciento actual, por lo que una mejor gestión de las aguas residuales se antoja fundamental.

Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de las ciudades de los países en desarrollo no disponen de la infraestructura o recursos adecuados para gestionar las aguas residuales de forma eficiente y sostenible.

A continuación repasamos algunos datos sobre el acceso al agua, el impacto para quienes no lo tienen y las consecuencias que el consumo de agua en mal estado acarrean para la salud, entre otros, de acuerdo a información de Naciones Unidas y sus agencias:

En el mundo hay 663 millones de personas sin acceso a agua potable

- En el mundo hay 663 millones de personas sin acceso a agua potable, lo que representa en torno a uno de cada diez habitantes. La mitad de ellos, 319 millones, se encuentran en África Subsahariana.

- Unos 2.400 millones de personas, es decir, una de cada tres, no tienen acceso a una letrina. En el caso de las mujeres y las niñas, este problema les obliga a pasar 266 millones de horas al día buscando un lugar donde ir al baño, además de exponerles a posibles ataques y abusos sexuales en su camino. A la pérdida de tiempo, se suma la pérdida económica, 24.000 millones al año en beneficios económicos.

- Mujeres y niños suelen ser los encargados generalmente de ir a coger agua. En total, gastan 125 millones de horas al día recogiendo agua, un tiempo que en el caso de los niños, y sobre todo las niñas, suelen restar de acudir a clase. En algunos casos, mujeres y niñas llegan a pasar hasta seis horas al día en la tarea de recoger agua.



Agua, un derecho del que aún se ven privados 663 millones de personas. / REUTERS


- Cada 90 segundos muere un niño por enfermedades relacionadas con el agua. Las enfermedades diarreicas son la tercera causa de muerte entre los menores de cinco años y provocan unas 340.000 muertes al año. Además, según datos de UNICEF y la OMS, unos 161 millones de niños sufren retraso del crecimiento o malnutrición crónica vinculada a la falta de agua, saneamiento e higiene.

- Una mejora del agua y su acceso, así como del saneamiento y la higiene podría evitar 842.000 muertes al año. Actualmente, 1.800 millones de personas utilizan una fuente de agua potable contaminada con heces, por lo que corren el riesgo de contraer cólera, disentería, fiebre tifoidea y poliomielitis.

- Unos 946 millones de personas siguen defecando al aire libre en todo el mundo, con las consecuencias que esto tiene para la salud. Según el informe de la OMS y UNICEF publicado en 2015, en África Subsahariana la cifra ha aumentado desde 1990, en lugar de disminuir. De continuar el ritmo actual, esta práctica no se eliminará en las zonas más pobres para 2030.

- Cada año se pierden 260.000 millones de dólares debido a la falta de agua potable y saneamiento, y ello pese a que cada dólar invertido en este terreno genera 4 dólares de vuelta.

- El acceso universal a agua y saneamiento generaría unos beneficios económicos de 32.000 millones de dólares al año por la reducción en los costes sanitarios y el aumento de la productividad que supondría que no hubiera bajas por enfermedad relacionadas con ello, de acuerdo con la OMS.

Fuente: publico.es

sábado, 28 de enero de 2017

“No hay justicia sin pan a los hambrientos, acogida a los extranjeros, cuidado a los encarcelados…”


Xabier Pikaza Ibarrondo

El problema de fondo es saber si hoy (año 2017) existe un Estado Legal, en ese sentido, capaz de garantizar la comida a todos los hambrientos, o si el poder real está en manos de un orden económico que no tiene en cuenta a los hambrientos.

Las seis tareas principales que han de cumplirse
"No hay justicia sin pan a los hambrientos, acogida a los extranjeros, cuidado a los encarcelados..."
"No pueden imponerse como ley, pero marcan el sentido de la Justicia"


...Y sin bebida para los pobres, vestido para los desnudos y curación para los enfermos. Así lo proclama Mt 25,31-46. Este pasaje expone las seis tareas principales de la justicia, pues el evangelio no les llama "obras de misericordia", como hará la tradición posterior, sino de justicia, en el sentido estricto de la palabra, como seguiré indicando:

Mt 25, 31-46 ofrece así la primera tabla de justicia social (universal), con los derechos y deberes de lo hombres, como indicaré de manera programática, exponiendo luego su sentido:

‒ No hay justicia si los hambrientos no comen… El derecho del hambriento a la comida es anterior a todas las leyes concretas. Un Estado que no se comprometa a alimentar a todos los que tienen hambre no es justo.

‒ No hay justicia si los sedientos no beben… Un Estado que (teniendo medios) no garantiza el agua a todos los ciudadanos no es un Estado de derecho, sino una asociación de delincuentes, al servicio del aprovechamiento social de algunos.

‒ No hay justicia si no se acoge y defiende a los extranjeros. Las formas concretas de hacerlo pueden variar... Pero si un estado no acoge y protege a los extranjeros deja de ser Estado de Derecho, para convertirse, a lo más, a una asociación de egoísmo compartido.

‒ No hay justicia si no se ofrece vestido (dignidad) a todos. También aquí pueden variar las formas de hacerlo, pero un Estado que no respeta y ofrece dignidad a desnudos (a los disidentes y distintos, a las minorías) termina convirtiéndose en una masa de delincuentes legalizados.

‒ No hay justicia si no se visita-cuida a los enfermos. Si el Estado no toma como prioridad el cuidado de los enfermos deja de ser Estado de Derecho y se convierte en una especie de nazismo más o menos barnizado de racionalidad, que se siente capaz de abandonar o expulsar a los menos fuertes.

‒ No hay justicia si no se visita, cuida y ayuda (re-educa) a los encarcelados. Frente a la ley del talión o la venganza que sigue imperando en muchos estados (y en la conciencia de muchos ciudadanos), un Estado que no es justo con los encarcelados, en línea de acogida y ayuda no es Estado de derecho.

Desde eso fondo he querido desarrollar aquí el argumento principal de mi conferencia en el CMU de Chaminade, Madrid, de la que hablé inicialmente ayer.



Éstas son obras de...

‒ Las "obras de Mt 25, 31-46 son obras de obras de justicia, como dice expresamente el texto, pues aquellos que las cumplen se llaman justos: “Entonces responderán los justos (dikaioi)”, es decir los de la derecha (25, 37), es decir, los que han dado de comer y beber a los necesitados. Al utilizar este lenguaje, el texto asume no sólo toda la tradición de la justicia del Antiguo Testamento (tsedaqa: ayuda a los necesitados), sino todo el mensaje de Jesús en el evangelio de Mateo, a quien podemos llamar el evangelio de la justicia (cf. Mt 5, 20 hasta 23, 23).

Por eso, en sentido estricto, las obras de Mt 25, 31-46 no son de “misericordia” separada, esto es, no tratan de algo que puede o no hacerse (de algo que queda a discreción de los hombres), sino expresión de la justicia de Dios, que se expresa en la vida de los hombres. Eso significa que esos dolores no remediados provienen de la injusticia de los hombres, de manera que el sufrimiento de los encarcelados, en el que culminan los seis males de la humanidad, puede y debe entenderse como signo de máxima injusticia.

Más aún, al interpretar esas obras como expresión de la “justicia mesiánica” (que, como hemos visto, está en el fondo de la vida y mensaje de Jesús), aquellos que no las cumplen corren el riesgo de destruirse a sí mismos (de caer en el fuego eterno). En ese contexto, para defender precisamente la misericordia, para darle toda su seriedad, ella debe situase en un contexto más alto de riesgo de juicio: Allí donde los hombres no “cumplen” esas obras, es decir, no se abren al continente de la misericordia, corren el riesgo de destruirse a sí mismo, de destruir la misma humanidad.

‒ Son obras de servicio, es decir, de diakonía, como dice expresamente la pregunta de los “condenados”: ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento… y no te servimos” (kai ou diêkonêsamen soi?; 25, 44). No se trata pues de unas obras de tipo más o menos discrecional, sino de servicio interhumano, en el sentido radical de la palabra, en el centro del mensaje de Jesús de la tarea de la Iglesia.

En un sentido extenso, el Nuevo Testamento distingue entre el doulos o esclavo, que sirve por necesidad, es decir, por condición social, el diakonos o siervo, que es un hombre libre, que sirve a otros por su propia voluntad., aunque a veces los matices se solapan. Sea como fuere, Jesús aparece en el Nuevo Testamento como el gran servidor o diakonos, aquel que ha venido a servir a los demás, regalándoles la vida (cf. Mt 20, 28).



Aquí se expresa la gran revelación de este pasaje: El hombre está hecho para “servir a Dios”, sirviendo a los necesitados (en esa lista que va del hambriento al encarcelado), es decir, a los hombres y mujeres de su entorno, en un sentido universal, abierto a toda la humanidad. Servir es dar o, mejor dicho, darse para que el otro viva. Este descubrimiento de la solidaridad universal y del servicio concreto a los demás, como expresión y presencia de Dios (plenitud del hombre) constituye el mensaje central del evangelio.

En esa línea sigue siendo necesaria la advertencia final de juicio, con el riesgo de la destrucción eterna. El hombre es el viviente cuya realidad se expresa en forma de amor activo a los demás, en línea de servicio, de manera que allí donde unos hombres no sirven a los otros (empezando por los padres que sirven a sus hijos…), la misma humanidad corre el riesgo de destruirse a sí mismo. Como he dicho ya, en contra del lema latino fiat lex, pereat mundus (cúmplase le ley, aunque deba hundirse el mundo), hay que elevar aquí el principio más alto: fiat misericordia, ne pereat mundus (hágase misericordia, para que el mundo no pereza)… Los que no hacen misericordia corren el riesgo de perderse a sí mismos.

‒ Son obras de solidaridad y comunión humana, que se realiza a través de una salida (ir donde los necesitados: los enfermos y los encarcelados) y de acogida (de recibir, synagogein, a los extranjeros…). En este contexto evoca la palabra clave de la tradición judeo-cristiana de su tiempo, que es la de recibir y crear espacios de diálogo y convivencia, tal como se realizan especialmente a través de las “sinagogas” (pero no de unas pequeñas sinagogas judías, sino de la gran sinagoga de la humanidad, donde caben todos, empezando por los más pequeños).

La tradición cristiana ha puesto más de relieve la palabra “iglesia”, entendida en sentido más confesional, como asamblea en la que se reúnen los “convocados” y celebran el misterio de Jesús (cf. Mt 16,18 y 18,17). Pero en Mateo (y en la iglesia primitiva) sigue siendo fundamental la experiencia de la “acogida” humana, tal como se expresa por la palabra synagogein, sinagoga.

No se trata, pues, de ayudar simplemente desde fuera (como podría suceder en el caso de dar de comer y de beber), sino de acoger en el propio grupo, formando así comunión humana, un espacio de diálogo integral, superando las divisiones que se van estableciendo entre grupos y grupos. Así lo ha destacado 25, 35. 38. 43, poniendo de relieve la importancia de la “acogida”, como creación de un espacio de convivencia humana. Pues bien, en ese contexto, los que no acogen a los demás corren el riesgo de destruirse a sí mismos.



‒ Son finalmente obras de episcopado, en el sentido también radical de la palabra. Como estamos viendo, en un sentido radical, los representantes del sentido más profundo de la humanidad de Dios son los que sufren, los necesitados (de los hambrientos-sedientos a los enfermos-encarcelados). Pues bien, en sentido activo, los representantes del Dios salvador son los que hacen justicia, sirviendo a los otros y acogiéndoles. No se trata, pues, de dejar que las cosas sean, de dejar que el mundo siga siendo como era, sino de transformarlo desde la misericordia.

En ese contexto ha proclamado Jesús la palabra central del “episcopado”, es decir, del cuidado por los demás, tanto en referencia a los enfermos (me cuidasteis: 25, 35), como en referencia a los enfermos y encarcelados (25, 43), utilizando en ambos casos el verbo episkeptomai (tener cuidado de, ayudar), del que viene el sustantivo episcopos, obispo, que es una especie de “superintendente”, encargado del servicio mutuo en la comunidad. La iglesia posterior reservará el nombre y función de episcopos, obispo, a unos ministros especiales de la comunidad, que están al servicio de ella, en una línea que terminará siendo básicamente ritual y sagrada. Pero en este pasaje todos los seguidores de Jesús están llamados a ser obispos.

En ese sentido, la iglesia entera tiene un carácter “episcopal”, pues todos los cristianos responsables del cuidado de los demás (de los hambrientos, exilados, desnudos…), y en especial, de los enfermos y encarcelados. En esa línea, allí donde unos no cuidan a los otros se destruyen a sí mismos, quedando en manos del puro talión de ley, que se expresa en el infierno. Así culmina el sentido de estas obras que la iglesia posterior ha llamado de “misericordia”, obras que son mesiánicas y humanas (divinas) en el sentido radical de la palabra, pues expresan la presencia activa de Dios en el mundo.

No hay justicia si…

Ciertamente, la justicia legal de los estados y del sistema de "comercio" (mercado) del mundo no reconoce de hecho ni cumple estos seis principios (dar de comer, de beber, acoger a los extranjeros, vestir a los desnudos, cuidar a los enfermos y encarcelados...).

En esa línea podemos afirmar que no es justo el sistema económico mundial (no cumple esos seis principios), ni son justos los grandes estados como USA,China, Rusia a España... porque que presumen de leyes e instituciones judiciales. En principio esos estados, son representantes y defensores de la injusticia organizada.




En su forma actual, los estados de occidente dicen ser “estados de derecho”, que cumplen la justicia. Pero, conforme a la experiencia más honda de la Biblia (y en este caso de Mt 25, 31-46), podemos afirmar que ellos son en general injustos, porque ponen su economía, educación y bienestar al servicio de algunos, no de todos.

Ciertamente, las obras de Mt 25, 31-46 no puede imponerse como ley, por justicia coactiva, pero ellas están en el fondo de la mejor conciencia jurídica de occidente, de manera que quien no las cumple no puede llamarse sin más justo, en un plano personal y social.

Esas obras marcan el sentido de la justicia, tal como ha sido formulada por la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) y las revoluciones sociales posteriores, como indica la Declaración de los Derechos Humanos (derecho a la educación, al alimento, a la casa, al trabajo y la asistencia sanitaria etc.) de manera que podría decirse:

‒ No hay justicia si los hambrientos no comen… El derecho del hambriento a la comida es anterior a todas las leyes concretas y a todas las normas de justicia estatal o social, como reconocen la misma declaración de los derechos humanos. Esto era algo inconcebible dentro de una justicia entendida en clave en clave grecolatina.

En esa línea, hay que afirmar que un Estado que no se comprometa a alimentar a todos los hambrientos no es justo no es justo, aunque diga ser un Estado legal. El problema de fondo es saber si hoy (año 2017) existe un Estado Legal, en ese sentido, capaz de garantizar la comida a todos los hambrientos, o si el poder real está en manos de un orden económico que no tiene en cuenta a los hambrientos, en contra del principio de la justicia misericordiosa de Mt 25, 31-46.

‒ No hay justicia si los sedientos no beben… Un Estado que (teniendo medios) no garantiza el agua a todos no es un Estado de derecho, sino una asociación política, al servicio del aprovechamiento social de algunos.

Pero también aquí el problema está en saber si el Estado (todos los estados) tienen medios para garantizar el agua para todos los necesitados, o si el Estado ha hecho dejación de autoridad, pues el tema real del agua, como el de la comida, no depende ya de un estado concreto, sino de la economía mundial. Sea como fuere, allí donde una serie de hombres y mujeres no tienen acceso al agua no puede hablarse de justicia real sobre el conjunto de la tierra.



‒ No hay justicia si no se acoge y defiende a los extranjeros. Las formas concretas de hacerlo pueden variar, pero si una determinada formación política no acoge y protege a los extranjeros deja de ser Estado de Derecho, para convertirse, a lo más, a un grupo de justicia particular. Conforme a Mt 25, 31-46, el que dice “tuve hambre…, fui extranjero” no es el miembro concreto de un Estado, sino un hombre o mujer sin más, por encima de los estados concretos.

En esa línea, conforme a Mt 25, 31-46 una justicia estatal que no reconoce el derecho de los extranjeros ni les ofrece unos espacios de acogida no es justo, de manera que los individuos concretos (los grupos humanos) pueden elevarse en contra de ese Estado, pues los derechos y deberes de cada persona están por encima del mismo Estado.

‒ No hay justicia si no se garantiza vestido (dignidad) a todos los hombres. Las formas de hacerlo serán también distintas, en cada circunstancia, pero la dignidad (vestido, educación) de los desnudos o desprotegidos ha de ser principio, fuente de inspiración, de toda justicia, de manera que está por encima de las leyes particulares de un Estado o del mismo orden económico mundial.

En ese sentido, las obras de misericordia/justicia que se deben a cada ser humano en cuanto necesitado tienen prioridad sobre todas las leyes particulares de la economía mundo o de los estados. En esa línea podemos afirmar que no existe Estado de derecho (es decir, un Estado justo) si no se compromete a cumplir esos principio (ofrecer alimento, acogida, dignidad, servicio sanitario y espacio de reeducación) a los necesitados (hambrientos, extranjeros, enfermos, encarcelados). El Estado ha de estar al servicio de eta justicia superior, y no a la inversa.

‒ No hay justicia si no se visita-cuida a los enfermos. Si el Estado, que asume la autoridad legal sobre un territorio y/o grupo de personas no toma como prioridad el cuidado de los enfermos deja de ser Estado de Derecho y se convierte en una institución para el servicio particular de algunos privilegiados o del sistema económico.

Ciertamente, no todos los estados del mundo reconocen este principio “supra-legal”, de manera que algunos (como USA) tienden a dejar el servicio sanitario en manos del dinero de los particulares (condenando a los pobres a la enfermedad y a la muerte). Pero ese principio ha sido fijado de una vez y para siempre en Mt 25, 31-46, como fuente y base de toda ley particular, de manera que allí donde no se cumple los hombres corren el riesgo de destruirse a sí mismo.

‒ No hay justicia si no se visita, cuida y ayuda (re-educa) a los encarcelados. Frente a la ley del talión o la venganza que sigue imperando en muchos lugares, un Estado que no ponga de relieve la exigencia de visitar (de acompañar, cuidar…) los encarcelados, en línea de acogida y ayuda, no es Estado de derecho, termina siendo injusto.

En esa línea, unas acciones y gestos que en otro tiempo se concebían como pura misericordia han de concebirse hoy como obras de justicia, como había presentido Mt 25, 31-46 al llamarlas obras de justicia. Según eso, unos gestos que en otro tiempo aparecían como “religiosos” han venido a convertirse en expresiones de justicia racional, dentro de un Estado concebido como defensor de los derechos de todos los ciudadanos.



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Fuente: periodistadigital

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Argentina: Qué quisieron ocultar con una cadena y un candado.


Más allá del simbolismo que representan unas cadenas y candados para cerrar una puerta en la Universidad Pública, los sucesos que debimos transitar en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) en estas últimas semanas nos convocan a preguntarnos: ¿qué tipo de ciencia estamos haciendo? ¿Puede la Universidad Pública habilitar espacios para que sean las comunidades las que definan sus propias necesidades de conocimiento, resignificando la idea de “autonomía universitaria”?

Como graduados y docentes de la Universidad Pública, como trabajadores de la Salud y la Educación, quienes somos parte de los equipos de trabajo de la Práctica Final de la Carrera de Medicina y del Instituto y Materia Salud Socioambiental de nuestra Facultad, tenemos la firme convicción de que nuestra mayor responsabilidad es formar profesionales de la salud sólidos desde lo científico y comprometidos con su pueblo.

Por ello es que emprendimos la tarea de llevar adelante los Campamentos Sanitarios, entre otras cosas, para saber un poco más acerca de cuáles son las necesidades de salud de las comunidades.

De este encuentro entre quienes viven en localidades de menos de 10.000 habitantes y los estudiantes y docentes de la Universidad Pública, fueron surgiendo datos que nos permitieron identificar la presencia de algunas enfermedades y problemas de salud, así como sus comportamientos a lo largo de los últimos 20 años.

Hipotiroidismo, enfermedades respiratorias, malformaciones congénitas, pérdidas de embarazos, distintos tipos de cánceres, fueron apareciendo en los relatos de las familias que nuclean a más de 96.800 personas, que viven en las 27 localidades, de 4 provincias de nuestro país que hemos relevado.

Semejante información no puede negarse, ni mucho menos ocultarse una vez que se ha tomado conocimiento de ella. Al menos, eso creemos quienes somos parte de nuestro equipo de trabajo.

La difusión de esos datos, indudablemente, pone en aprietos a quienes hasta ahora siguen queriendo tapar el sol con la mano. Obliga a buscar más en profundidad. Empuja necesariamente a preguntarnos ¿qué es lo que puede estar pasando en nuestros territorios?

Nosotros nos lo preguntamos.

Creemos encontrar una de las varias puntas del ovillo en la proximidad de los hogares de estos vecinos con los territorios transformados en áreas de producción de eventos transgénicos dependientes de venenos.

Lo dijimos en voz alta, acompañando nuestros dichos con los resultados arrojados por los relevamientos que hemos realizado. Eso nos llevó también hasta La Haya, al Tribunal Internacional Monsanto, y al regresar, las puertas del lugar donde guardábamos toda la información documental estaban encadenadas!

La presión generada por un tsunami de solidaridad y apoyos llegados desde los más recónditos lugares del mundo, permitió que recuperásemos el acceso a ese espacio y hoy podamos tener la tranquilidad de saber que nuestros dichos siguen respaldados.

Las cadenas que pretenden callar las voces de los pueblos afectados por el extractivismo, no hacen más que evidenciar lo que quieren ocultar.

Esas puertas cerradas con cadenas, paradójicamente abrieron las puertas a la discusión acerca de qué ciencia necesitan nuestros pueblos, para qué y con quiénes debe construirse el conocimiento científico, y cuál es el rol que debe cumplir la Universidad Pública en la producción, reproducción y/o transformación de los saberes “válidos” (si es que aplica esa adjetivación).

Pretendemos convocar-nos a repensar lo pensado, a animarnos a desandar el camino del positivismo mecanicista que hipertecnologiza la vida y mercantiliza la naturaleza, para avanzar en los caminos que nos lleven hacia sociedades saludables.

Éstas solo podrán ser, si recuperamos la capacidad de respetar la diversidad, de no reproducir las lógicas de dominación desde el poder, y de mantener nuestras Universidades a salvo de los poderes partidarios, gubernamentales y económicos.

Lo sucedido en nuestra Facultad, y el rol de la movilización de toda una sociedad que se manifestó en apoyo a “nuestro” trabajo, enseñó que ese es uno de “nuestros” errores. Ese trabajo no es “nuestro” sino de todos nosotros. Ese trabajo le pertenece a las comunidades y los pueblos que nos sostienen.

Lo sucedido esta semana, nos enseña también que no hay cadenas capaces de encerrar a un pueblo, cuando éste decide ponerse en movimiento por la defensa de la vida, contagiando solidaridad.

A cada uno de los miles de mujeres, hombres, organizaciones, que expresaron su solidaridad y apoyo en estos días, en nombre de todo el equipo de trabajo de la Práctica Final de la Carrera de Medicina, y del Instituto y Materia Salud Socioambiental, saludablemente queremos decirles ¡GRACIAS!

Damián Verzeñassi. Médico paranaense. Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario, profesor titular de la Práctica Final de la carrera de Medicina y organizador de los campamentos sanitarios que relevan poblaciones afectadas por las fumigaciones. Especial para Entre Ríos Ahora.



martes, 7 de junio de 2016

Ecuador entero rinde gratitud al ejemplar misionero y obispo Gonzalo López Marañón.


Equipo Iglesia de A Pie, 05 de junio de 2016

"Por su legado de compromiso con los empobrecidos y su lucha por la justicia"

El puente sobre el río Aguarico, en la ciudad de Nueva Loja, llevará su nombre


Acuerdo aprobado casi por unanimidad, 113 votos a favor y una sola abstención, de 114 asambleístas presentes, miembros de todas las tiendas políticas


"Respondiendo a la solicitud de diversos movimientos sociales y comunitarios de todo el país, el Dr. Armando Aguilar representante de la provincia de Sucumbíos en la Asamblea Nacional del Ecuador, mocionó ante la Cámara Legislativa la aprobación del presente acuerdo. Este fue acogido casi por unanimidad, 113 votos a favor y una sola abstención, de 114 asambleístas presentes, miembros de todas las tiendas políticas. Lo cual considerando la aguda polarización de fuerzas que se vive, es sin duda un muy destacable hecho. El Ecuador entero rinde gratitud al ejemplar misionero. "Equipo Iglesia de a pie"

República del Ecuador

Asamblea Nacional

El Pleno

Considerando:

Que: Mons. Gonzalo López Marañón sirvió como pastor en la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos (ISAMIS) durante 40 años (1970-2010), primero como Prefecto Apostólico y luego como su primer Obispo, buscando un modo de ser iglesia según lo entiende el Concilio Vaticano II y el magisterio de la Iglesia Latinoamericana.

Que: Ese nuevo modo de ser Iglesia se ha caracterizado por la apertura y participación de todos y todas, tendiendo a la liberación integral de hombres y mujeres, con su propia cultura, que está enraizada en el pueblo y en la iglesia que evangeliza y se esfuerza por dar testimonio siempre de su opción por la vida en todos sus niveles.

Que: Mons. Gonzalo López Marañón acompañó a las migraciones de colonos provenientes de todas partes del país a la zona petrolera en búsqueda de trabajo y mejores días forjando pueblos e instituciones desde el año 1970 y promovió la fundación de la Provincia de Sucumbíos y el desarrollo de toda la región Amazónica.

Que: Cumpliendo el compromiso con el Estado ecuatoriano de ir creando fronteras vivas en una zona que había sido históricamente marginada, creó instituciones educativas con internados estudiantiles pioneras en la zona como son los Colegios Pacífico Cembranos de Nueva Loja, San Miguel de Puerto el Carmen, la Merced de Santa Bárbara, el colegio a distancia Juan Jiménez, el colegio intercultural bilingüe ABYA-YALA, el Instituto Tecnológico Superior CRECERMAS en Lago Agrio, así como también creó centros de protección para niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo y/o abandono e infraestructura de salud como subcentros, dispensarios médicos, botiquines, etc. De igual forma contribuyó con infraestructura de vialidad y creó el proyecto comunicacional de Radio Sucumbíos.

Que: En situaciones trágicas del Nororiente ecuatoriano por efectos del terremoto sufrido por la población en el año 1987 y posteriormente por la aplicación del Plan Colombia con el drama de los refugiados colombianos, Monseñor Gonzalo López Marañón contribuyó decididamente con el estado ecuatoriano para paliar la crisis humanitaria producida con los damnificados del sismo y refugiados colombianos respectivamente.

Que: Monseñor Gonzalo López Marañón, promovió la organización popular y el fortalecimiento institucional en la búsqueda del cumplimiento de los derechos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales de la población con la creación del Comité de Derechos Humanos del Nororiente, con la creación y acompañamiento de las organizaciones Populares: Jatun Comuna Aguarico, Apafano (Asociación de Padres de Familia del Nororiente), Ucano (Unión de Campesinos del Nororiente), Federación de Mujeres de Sucumbíos, Frente de Defensa de la Amazonia y promovió la Asamblea de la Sociedad Civil de Sucumbíos y la Asamblea Biprovincial de Sucumbíos y Orellana, para exigir la atención del estado a una zona históricamente explotada en sus recursos naturales y marginada del desarrollo económico y social.

Que: Cumplida su labor pastoral en Sucumbíos, después de su jubilación como obispo de la Iglesia Católica, Mons. Gonzalo López Marañón continuo su misión en Calunda, Diócesis de Luena, Angola, África el último año de su vida, y murió por causa de la malaria.

Que: Mons. Gonzalo López Marañón buscó siempre la unidad y la paz en medio de una realidad estratégica y compleja como es la provincia de Sucumbíos, dedicando lo mejor de sus energías a promover la toma de conciencia de la dignidad de todas las personas, la inclusión de pueblos ancestrales, negros y campesinos y su participación activa en las decisiones de la iglesia; la organización y lucha del pueblo para que sea sujeto de su propia historia; la pasión por lograr grandes ideales; la búsqueda de la integración de todos en un tejido social del que surja un pueblo nuevo sumando la riqueza de su diversidad y sus potencialidades; el diálogo como metodología constante para lograr consensos y tender puentes para restablecer la comunicación y la reconciliación.

Que: Finalmente, con su vida entregada hasta el final entre las personas más empobrecidas y excluidas, nos deja un inmenso legado que no debemos olvidar, sino más bien acoger agradecidos, su testimonio profético valiente y su alegría a toda prueba de "vivir y morir en misión".


 
En ejercicio de sus atribuciones constitucionales y legales

RESUELVE

Artículo 1.- RENDIR HOMENJE PÓSTUMO A LA LABOR MISIONERA Y SOCIAL DE MONSEÑOR GONZALO LÓPEZ MARAÑON EN LA PROVINCIA DE SUCUMBÍOS, DURANTE MÁS DE CUATRO DÉCADAS.

Artículo 2.- Expresar a la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos ISAMIS y a la Orden de los Carmelitas Descalzos en el Ecuador y el Mundo, nuestra nota de pesar por la muerte de Monseñor Gonzalo López Marañón, así como nuestro reconocimiento a su ejemplo misionero, solidario, sus auténticos valores cristianos, su fecunda vida y obra llevada en favor de las personas más empobrecidas.

Artículo 3.- Solicitar al señor Presidente Constitucional de la Republica, Ec. Rafael Correa Delgado, ponga el nombre de Mons. Gonzalo López Marañón, al puente sobre el Río Aguarico en la ciudad de Nueva Loja, como reconocimiento a la labor realizada por la Iglesia de Sucumbíos liderada por él, durante cuatro décadas.

Artículo 4.- Reconocer la obra misionera, pastoral y de compromiso social de Monseñor Gonzalo López Marañón en la provincia de Sucumbíos, como un legado de compromiso cristiano por la gente más empobrecida y su lucha por la justicia y la equidad en la tierra.

Artículo 5.- Enviar original de la presente Resolución al Vaticano a través de los canales diplomáticos del Ministerio de Relaciones Exteriores, para que sea conocida por el Papa Francisco.

Artículo 6.- Entregar copia original de la presente Resolución a los hermanos (as) misioneros (as) Carmelitas Descalzos y a todos y todas las personas integrantes la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos ISAMIS, en acto público en la ciudad de Nueva Loja, cantón Lago Agrio, provincia de Sucumbíos.

Dado y suscrito en la sede de la Asamblea Nacional en el Distrito Metropolitano de Quito, hoy día diecinueve de mayo del dos mil dieciséis.

domingo, 5 de junio de 2016

La corrupción en Brasil naturalizada y desenmascarada.



Leonardo Boff

La corrupción que estamos constatando en Brasil en estos últimos tiempos, especialmente la del petróleo, vinculada a una de las mayores petroleras del mundo, Petrobrás de Brasil, es alarmarte. Los números andan siempre por millones de dólares, que escandalizan y van más allá de todo buen sentido, incluso entre ladrones y mafiosos.

Los organismos norteamericanos de vigilancia que espiaron a la Presidenta Dilma, espiaron también a Petrobrás, debido al hecho de tener uno de los mayores yacimientos de gas y petróleo del mundo, que se encuentra en el Pré-Sal. Las autoridades policiales brasileras que empezaron a investigar encontraron una red inmensa de corruptores y corruptos, que implicaban a grandes empresas, altos funcionarios de Petrobrás, gente del propio gobierno, agentes de cambio, sin que faltaran sectores del judicial. Los beneficiarios eran especialmente políticos de casi todos los partidos (con excepciones loables) que financiaban sus costosas campañas electorales con ese dinero de la corrupción, en forma de propinas millonarias.

Desde el principio, las investigaciones que implicaron a los principales órganos de la justicia y de la policía estuvieron viciadas por un componente político. Se enfocó particularmente a un partido, el PT, que estaba en el poder y al que sus opositores querían, ya fuera por la vía legal de la elección o por cualquier otro procedimiento en desafío a la normalidad democrática, sacarlo del poder. Las fugas, problemáticas en términos legales, prácticamente se concentraron en el PT, relevando y hasta ocultando la participación de otros partidos, máxime los de la oposición. A partir de ahí se creó prácticamente una generalización (de por si injusta, porque alcanza a miembros correctos, diría que en su gran mayoría en las bases municipales del partido) de que la corrupción era cosa del PT. Hay que reconocer que el partido se benefició de los esquemas de corrupción y que incluso fue uno de los principales articuladores, pero sería injusto considerar que tenía el monopolio de la corrupción. Esta es endémica en la vida política y social del país, atraviesa partidos y empresas e incluye a muchísimos ciudadanos ricos, sea eludiendo altas sumas de impuestos, sea escondiendo gran parte de sus fortunas en bancos extranjeros o en paraísos fiscales.

Raramente en nuestra historia reciente hemos visto a grandes empresarios detenidos, interrogados, condenados y encarcelados. La corrupción que se había naturalizado en los más altos estratos de los negocios y en la política empezó a ser desenmascarada y puesta bajo los rigores de la ley. Tal hecho constituye un dato de altísima relevancia y un avance en el sentido de la moralidad pública.

Pero siendo realistas y no moralistas, no podemos reducir la corrupción a este evento nefasto del petróleo. No se puede ocultar el hecho de que el sistema del capital con su cultura es en su lógica también corrupto, aunque esté socialmente aceptado. Él simplemente impone la dominación del capital sobre el trabajo, generando riqueza mediante la explotación del trabajador y la devastación de los escasos bienes y servicios de la naturaleza. Produce una injusticia doble, social y ecológica, esta última actualmente amenazadora del equilibrio del sistema-Tierra y del sistema-vida. Thomas Piketty en su libro El capitalismo del siglo XX dejó claro que allí donde se establecen relaciones capitalistas surgen pronto desigualdades que tensionan la sociedad y fragilizan la democracia, que supone una igualdad básica de todos ante la ley y garantiza los derechos con inclusión social.

Nuestras formas de corrupción tienen raíces históricas en el colonialismo y en la esclavitud, violentos en sí mismos, que llevaban a las personas a corromperse y a corromper para mantener un mínimo de libertad. Se inventó el famoso “jeitinho”. Hay también una base política en el arraigado patrimonialismo que no distingue lo público de lo privado y lleva a las élites a tratar la cosa pública como si fuese suya y a montar un tipo de estado que les garantice privilegios. Todo esto generó una cultura de la corrupción, como algo natural e intrínseco a la vida social y política. Los corruptos son considerados gente hábil y no los delincuentes que en realidad son.

Filosóficamente pensando, ¿cuál es la raíz última de la corrupción? Tal vez el católico Lord Acton (1843-1902) que era historiador y pensador nos ayude. Decía él: la corrupción reside fundamentalmente en el poder. Siempre se cita su frase: «el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente». Y añadía: «mi dogma es la general maldad de los hombres portadores de autoridad; son los que más se corrompen». La tradición filosófica y psicoanalítica nos ha persuadido de que en todos los seres humanos hay sed de poder y que el poder solo se garantiza buscando siempre más poder. Y el poder se materializa en el dinero. Cuanto más dinero, más poder.

Para conseguirlo no vale sólo el trabajo honesto, sino perversamente todas las formas que permiten multiplicar el dinero, es decir, asegurar más y más poder. La historia muestra la ilusión de esta pretensión. De repente se puede perder todo y quedar en la miseria. Si no hemos controlado nuestra sed de poder y de acumulación, nos sentimos perdidos. El antídoto para esa sed de poder y de dinero es la honestidad, la transparencia y la salvaguarda del valor sagrado de la autodignidad. Por no hacer esto, los corruptos se revelan despreciables e infelices.
¿Sabremos sacar estas lecciones de la corrupción naturalizada en Brasil, que por fin ha sido desenmascarada?

*Leonardo Boff es articulista do JB online y escritor.

viernes, 15 de abril de 2016

Declaración de religiosos y sacerdotes que trabajan en Territorio Mapuche.


Urgen caminos de paz como fruto de la justicia

Como hombres y mujeres de Iglesia que colaboramos en territorio mapuche deseamos expresar nuestro sentir ante una nueva escalada de violencia en el territorio. Nuestra fe en Jesús liberador y en el Reino de justicia y de paz nos mueve a decir nuestra palabra:

1. Nos sentimos profundamente afectados frente a lo que denominamos una presión creciente sobre el territorio mapuche que está produciendo violencia, falta de comunicación, desconfianza y polarización.
En muchos territorios donde prestamos nuestro servicio, vemos que esta presión proviene de un modo de vida basado en el consumo que tiene como paradigma acaparamiento de tierras y el extractivismo.
Lo vemos en los actuales conflictos territoriales por el agua (centrales hidroeléctricas), por la tierra (forestales), por el mar (pesca industrial) y gravemente por los basurales y tendidos eléctricos. Los actuales escenarios de conflictos están todos relacionados con estas actividades industriales que responden a ese modelo de intervención que amenaza la vida de las comunidades mapuche.

2. Nos duelen y rechazamos los hechos de violencia que esta presión sobre el territorio ancestral mapuche está produciendo: militarización del territorio, persecución política judicial a muchos hombres y mujeres de comunidades, incendios a viviendas, personas heridas por “enfrentamientos”, niños y niñas afectados por este clima de conflicto, amedrentamientos y amenazas, así como lo que hemos visto últimamente la quema de templos cristianos, que lo único que hace es polarizar más a la sociedad local y tensar más las relaciones. Este tipo de hechos lo único que hace es producir más desconfianza en la convivencia local y regional, lo cual no beneficia a nadie.

3. Nos duele este quiebre profundo que en la convivencia. La sociedad nacional y local está cada vez más polarizada. Las miradas entre gobierno y comunidades está siendo cada vez más antagónicas. Las vías de comunicación son demasiado débiles, están agotadas o incluso cortadas. Esta desconfianza se ha instalado también entre personas, grupos y en muchos casos entre comunidades. Pareciera que para muchos la solución pasa por hacer imponer a cualquier costo los propios intereses, excluyendo al otro diferente, descartando la construcción de sociedad plural en la que vivimos.

4. Esta mirada antagónica, en una lógica de enemigos, no construirá la paz, ni menos el derecho. No es una lógica cristiana ni tampoco democrática. Desde una mirada verdaderamente cristiana necesitamos rescatar la confianza y la apertura al otro. Necesitamos buscar sinceramente la gracia de la reconciliación y el reconocimiento por sobre una mirada de la venganza y de exclusión.

5. Reconocemos la violencia de los innumerables atropellos a la nación mapuche. Pero estamos claros que la respuesta y la solución no es con más violencia, más incendios, más agresiones policiales. Ello solo atrae más represión y víctimas, donde todos pierden. Nos preocupa que el conflicto se continúe polarizando hacia extremos cada vez más violentos mediante incendios intencionales, disparos de armas de fuego, represión policial a comunidades, detenciones arbitrarias, daños físicos a comuneros y efectivos de carabineros, vulneración de derechos de los niños y una larga lista de eventos que destruyen la convivencia. El camino de la judicialización del conflicto por las reivindicaciones de las comunidades mapuche ha sido claramente descalificado como vía de solución, por los mismos jueces y especialistas en el tema. Criminalizar las demandas de un pueblo que busca recuperar sus derechos reconocidos por tratados internacionales no lleva a ninguna solución real. El país debe asumir el carácter político de las reivindicaciones del pueblo nación mapuche, reconociéndolo constitucionalmente y generando espacios reales que garanticen su participación en la toma de decisiones en los asuntos que le afectan y competen.

6. Lamentamos que como Iglesia Católica, tantos años comprometida con la causa de los derechos del pueblo mapuche, hoy estemos cada vez más callados y distantes, incapaces de mediar o interpelar en busca del diálogo para la construcción de la justicia que trae la verdadera paz. Parece que hemos perdido la fuerza profética del Evangelio frente a los desafíos de una sociedad plural e intercultural en la que los pueblos indígenas reclaman su lugar. Es claro que los actores de la violencia en la Araucanía son diversos, pero las responsabilidades y las consecuencias las cargamos todos y cada uno según su lugar en la sociedad. La Iglesia, por vocación propia y por su responsabilidad histórica con el pueblo mapuche, no puede omitirse del papel que le corresponde en esta tarea de contribuir al entendimiento y la búsqueda del bien común en el territorio mapuche. Basta recoger las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia para reconocer la violencia permanente sobre las comunidades mapuche en la Araucanía. Desde el despojo de sus tierras y de su autonomía política, la pobreza y la segregación social han herido gravemente a la nación mapuche. En las últimas décadas el daño creciente a la naturaleza y sus criaturas en el territorio ancestral, promovida por una elite empresarial que no se detiene en su afán de lucro, se han convertido en el campo de batalla contra un modelo económico que busca conquistar y colonizar los últimos espacios ancestrales del pueblo mapuche. El Papa francisco nos lo ha dejado claro en su Encíclica Laudato Si’.

7. Sabemos que la inmensa mayoría de la nación mapuche, cada vez más consciente de sus derechos, no está por una solución violenta, pero tampoco acepta la dilación por décadas de sus derechos a la tierra, cultura y autodeterminación. ¿Cómo abordarlo? Los gobiernos han venido fallando sucesivamente. El documento “nuevo Trato” y sus propuestas quedaron en nada. Una vergüenza considerando que era un documento del gobierno chileno y tenía propuestas concretas. Ni hablar de las sucesivas “mesas de diálogo” que los gobiernos de turno han instalado fallidamente.

8. El camino no es fácil, pero debemos intentar reconstruir las confianzas. Es cierto que cuando uno ha sido herido se hace más difícil hablar de cercanía, confianza, reconciliación, paz. Sí, es muy difícil, pero ciertamente si caminamos desde los pasos de la reparación justa podremos hacerlo. Esto es difícil, pero no imposible. Lento, pero no imposible.

9. Creemos que debe haber gestos fundamentales para cimentar esta confianza. Dos gestos fundamentales que desde el Estado pueden allanar los caminos para que “la palabra” venza a la violencia y sea camino de paz:

a) Restitución: Urge concentrar el esfuerzo político del Estado en la restitución de las tierras despojadas y en devolverles su productividad sustentable para las comunidades que desde siempre han vivido de ellas y en ellas reivindican su identidad. Se gasta tanta energía y recursos en buscar culpables de acciones violentas, en vez de invertirlas en una vía factible y dialogada de restitución.

Habrá que presionar políticamente a las empresas a “entregar” o vender esas tierras. Esto implica mucha audacia, pues estas empresas tienen mucho poder, no solo económico, sino también político, pero no parecen ver el efecto de su codicia. Quizás volver a pensar en la expropiación, como último recurso, como se propone en “lnforme de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas”(pag-577) encomendado por el presidente Lagos (2003). Esto serían pasos reales para un nuevo trato. Esta restitución debe ser expresión del perdón que pedimos a los pueblos indígenas y a todos los que han sufrido las consecuencias de la ocupación del territorio mapuche. Necesitamos entender y decirnos a nosotros mismo que nos hemos equivocado; todos, Estado, empresas, sociedad civil, iglesias. Necesitamos pedir perdón por lo mal que lo hemos hecho al construir una sociedad que atropelló y continúa atropellando los derechos de los pueblos

b) Reparación: Esto significa redefinir las políticas de fomento productivo en vista a un territorio con otro paradigma, diferente al meramente económico extractivista. Necesitamos recuperar una mirada sobre “nuestra casa Común” como nos invita el Papa Francisco en su enciclica Laudato Si’, y que los pueblos originarios han estado luchando tanto tiempo por sostener. No basta con tener tierras si las condiciones de desigualdad se mantienen y hacen imposible vivir de la tierra. Para que las familias y comunidades puedan elegir verdaderamente qué tipo de economía quieren tener es necesario hacer un esfuerzo de envergadura para ofrecer alternativas productivas sustentables. La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a producir sus alimentos culturalmente adecuados de forma sostenible, es decir, su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto consiste por lo menos en destinar los mismos recursos que se han entregado al modelo forestal en un modelo agrícola sustentable. Reparar el daño en lo que sea posible genera nuevas posibilidades de convivencia, es un acto de justicia que trae la paz.

10. Estos pasos gigantes pueden hacer que podamos acercarnos y mirarnos con confianza. Pero implica una fortaleza interior gigante. Confiar es arriesgar. Se trata de confiar y esperar que el resultado sea satisfactorio para todos y no solo para unos pocos. Es creer que sin el otro, por muy distinto que sea, no se puede construir una sociedad fraterna.

Pedro Pablo Achondo SSCC, Rio Bueno
Javier Cardenas SSCC, La Unión
Juan Fuenzalida SJ, Tirua
Carlos Bresciani SJ, Tirua
David Soto SJ, Tirua
Oscar Gutierrez, Alto Biobio
Jaime Riquelme, Alto Biobio
Fernando Díaz svd, JUPIC Araucanía
Hernan Llancaleo, Coordinador Pastoral Mapuche Concepción
Palmira Alcamán, CC de Vedruna, Padre Las Casas.

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