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jueves, 28 de marzo de 2019

Los dueños del agro y la alimentación.



Informe revelan que grandes empresas del sector de alimentos no muestran preocupación por “el hambre, el cambio climático, la sostenibilidad, la enfermedad y la injusticia”. El modelo de agronegocio sobreexplota los ecosistemas. Más del 20 por ciento de las superficies agrícolas sufre degradación del suelo y ese mal avanza a la velocidad alarmante de doce millones de hectáreas por año.

Por Darío Aranda

EcoPortal, 27 de marzo, 2019.- Un informe de organizaciones alemanas muestra cómo unas pocas corporaciones manejan el sistema alimentario del planeta. El agronegocio y la complicidad de los gobiernos. El caso argentino: los pueblos fumigados y la expulsión de Monsanto de una localidad cordobesa.

Un puñado de empresas de Estados Unidos, Europa y China decide qué produce el agro mundial, cómo se alimenta la población y, al mismo tiempo, cómo se enferma y empobrece. Son algunas de las definiciones del “Altas del agronegocio”, una investigación de fundaciones alemanas que denuncia con nombres propios el accionar de las compañías y la complicidad de los gobiernos. El trabajo también derriba el mito de las multinacionales agrícolas:

“El agronegocio (de transgénicos y agrotóxicos) no puede conservar al medio ambiente ni la subsistencia de productores, y tampoco puede alimentar al mundo”.

La investigación denuncia el accionar de las empresas del agro, cerealeras, multinacionales de la alimentación y supermercados. De Alemania apuntan al accionar de Bayer y Basf; de Estados Unidos a Bunge, Cargill, Coca Cola, Dow, DuPont, Kraft y Monsanto. De Gran Bretaña a la multinacional Unilever; de Franca a Danone y Carrefour; de China a ChemChina y Cofco; de Suiza a Glencore, Nestlé y Syngenta; de Países Bajos a Louis Dreyfus y Nidera. De Argentina aparecen las empresas Los Grobo, Don Mario, Biosidus y Cencosud (Vea, Jumbo y Disco), entre otras.

El trabajo fue realizado por las fundaciones Heinrich Böll, Rosa Luxemburgo, Amigos de la Tierra Alemania (BUND), Oxfam Alemania, Germanwatch y Le Monde Diplomatique. Síndica como “el moderno latifundio” al modelo de agronegocio, que desde finales del siglo XX avanzaron con la llamada agricultura industrial, de monocutltivos (principalmente palma aceitera, maíz y soja).

Apunta a cuatro empresas que dominan el mercado de semillas y agrotóxicos: Bayer (que en 2018 cerró la compra de Monsanto), ChemChina-Syngenta, Brevant (Dow y Dupont) y Basf. En 2015 facturaron 85.000 millones de dólares y, según proyecciones de Bayer, llegarán 120.000 millones en 2025.

Cuestiona que las empresas del sector hayan asumido poca responsabilidad por las consecuencias de su accionar, que repercutió en el “el hambre, el cambio climático, la sostenibilidad, la enfermedad y la injusticia”.

La investigación cuenta con un capítulo titulado “La república unida de la soja” (en base a una publicidad de la multinacional Syngenta, que así llamó a Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil). “El papel de Argentina en la promoción del modelo agrícola industrial transgénico fue crucial. Representó la cabecera de playa de esta expansión para la industria semillera y agroquímica mundial”, afirma.

Explica que jugó un rol clave el eje gubernamental. Denuncia la complicidad de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), el Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la Secretaría de Agricultura y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). A más de 20 años aprobar la primera soja transgénica, los mismos organismos aún bendicen los transgénicos y agrotóxicos en base a estudios de las mismas empresas que los producen y venden.

El trabajo también denuncia el rol de “pseudo-organizaciones técnicas” que publicitan las bondades del modelo, pero ocultan las consecuencias. Señala a la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid), Asociación de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) y las fundaciones Fertilizar y Producir Conservando. Afirma que el modelo agropecuario actual es una “agricultura minera” que extrae nutrientes de los países sudamericanos y genera enormes impactos ambientales.

Precisa el rol de empresas que suelen pasar desapercibidas en el debate del agro mundial: las exportadoras o, como llamó el periodista Dan Morgan, “traficantes de granos”. Cuatro transnacionales dominan el sector: Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill y Louis Dreyfus. Juntas son conocidas como el “Grupo ABCD”. Su participación en el mercado mundial es del 70 por ciento. En los últimos años se sumó al grupo la china Cofco.

El mercado de alimentos también está en muy pocas manos: 50 grupos empresariales facturan la mitad de las ventas mundiales. Las diez principales (sin incluir el sector bebidas) son Nestlé (Suiza), JBS (primer proveedor de carne mundial, de Brasil). Del tercero al sexto lugar son empresas de Estados Unidos: Tyson Foods, Mars, Kraft Heinz, Mondelez. Le siguen Danone (Francia), Unilever (Gran bretaña) y las estadounidenses General Mills y Smithfield.

“Con la expansión de los consorcios multinacionales se modifican los hábitos alimenticios. Los alimentos poco procesados son sustituidos por los ultraprocesados. El sobrepeso, la diabetes y las enfermedades crónicas son sólo algunas de las consecuencias”, alerta la investigación, que se presentó en Europa, Brasil y Argentina, y contó con la participación local del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (Gepama) de la UBA.

También destaca la urgente necesidad de fortalecer mediante políticas públicas la agroecología (un modelo sin transgénicos ni agrotóxicos, con rol protagónico de campesinos, indígenas y pequeños productores) y resalta dos acciones históricos contra las multinacionales: el boicot mundial contra Nestlé (entre 1977 y 1984) por su engañosa publicidad de leche en polvo para bebés y la lucha de los pueblos fumigados de Argentina, que son la prueba viva de los impactos de los agrotóxicos en la salud y al mismo tiempo impulsan modelos de producción sin venenos. Recuerda la epopeya de la localidad de Malvinas Argentinas (Córdoba), que luego de cuatro años de resistencia echó a Monsanto de su territorio.

El “Atlas del Agronegocio” asegura que los sistemas alimentarios influidos por las transnacionales “han fracasado” en garantizar una alimentación segura. “El hambre no se eliminó. Sigue habiendo casi 800 millones de personas desnutridas en el mundo. El problema se relaciona con la distribución desigual de los alimentos, que a su vez se vincula con la pobreza y la exclusión social. Los sistemas alimentarios industriales más bien han agravado esta desigualdad en lugar de resolverla”, destaca. También advierte que el modelo de agronegocio sobreexplota los ecosistemas. A modo de ejemplo, precisa que más del 20 por ciento de las superficies agrícolas sufre degradación del suelo y ese mal avanza a la velocidad alarmante de doce millones de hectáreas por año.
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viernes, 24 de junio de 2016

Argentina: Agroindustria y Monsanto, una novela con final esperado.


Luego de varios enfrentamientos entre el actual gobierno y la empresa de agroquímicos Monsanto, el conflicto parece estar llegando a su fin.


El conflicto entre el actual gobierno y la empresa multinacional de agroquímicos gira en torno a la cláusula Monsanto, vigente ya desde 2015. A partir de esta cláusula, Monsanto lleva a cabo controles sobre los granos de soja de la última campaña que llegan a los puertos, con el fin de detectar en ellos el uso de la semilla transgénica Intacta, resistente a insectos y al glifosato. En caso de que se compruebe el uso de esta semilla y que el productor no tenga comprobante de pago de la misma, la empresa cobra regalías de hasta quince dólares por tonelada, obteniendo ganancias millonarias no solo a través de la venta de semilla transgénica sino también sobre la producción final.

La medida fue repudiada por varias entidades y federaciones que representan a productores agrícolas, entre ellas la Federación Agraria Argentina. Ya el año pasado, Omar Príncipe, presidente de la FAA, había manifestado que Monsanto pretendía adueñarse del uso de la semilla, la cual también es responsabilidad del productor considerando su laboriosa tarea.

A través de una resolución publicada en el boletín oficial el 14 de abril de 2016, el Ministerio de Agroindustria aseguraba la necesidad de previa autorización frente a“todo sistema, procedimiento o método de control, muestreo y/o análisis que se utilice en el comercio de granos para pesar, medir, mejorar, conservar y analizar los mismos”. Ante el nuevo panorama, en un principio Monsanto ratificó su sistema de cobro de regalías siendo este arbitrario e ilegítimo, y a comienzos de mayo emitió un estratégico comunicado en el que se mostraba decepcionado por el accionar del gobierno, teniendo en cuenta que se encuentra en el proceso de atracción de inversiones extranjeras. Y por si esto fuera poco, frenó la salida al mercado de su última soja tecnológica y amenazó con retirarse del país.

El Ministro de Agroindustria Ricardo Buryaile no dio marcha atrás con la resolución que frenaba el sistema de controles de Monsanto en los puertos, y se le “plantó”fuerte a la multinacional, aunque la resistencia no duró mucho.Si bien todavía no está confirmado, se espera que en los próximos días se confirme finalmente un acuerdo entre ambas partes. Este implicaría que la fiscalización de los granos pase a manos del Instituto Nacional de Semillas, a cambio de que se cancele la polémica cláusula.

El sistema de control y cobro impulsivo que impuso Monsanto no solo tuvo el afán de cobrar un canon por sobre las producciones agrícolas, sino que a su vez representa una presión hacia el Estado para la modificación de la Ley de Semillas, en donde se reconozca la propiedad intelectual de la multinacional estadounidense, para asegurarse el dominio de la comercialización de semillas. Mientras que Buryaile anunció que pronto enviará un anteproyecto de la nueva Ley de Semillas, a fines de mayo el massismo se adelantó presentando su propio proyecto a Diputados. Este se encuentra en comisión y se adaptaría a los intereses de Monsanto.

Fuente: ANRed

viernes, 29 de mayo de 2015

Argentina: El gobierno nacional, Monsanto, las semillas y todos nosotros.


"Desde muchísimos espacios la discusión en la sociedad viene avanzando en que cada vez más gente entiende al modelo del agronegocio como un sistema a superar, porque ni siquiera puede solucionar los problemas que el mismo sistema generó: desertificación, degradación de suelos, cambio climático, desmontes, concentración económica, fumigacoines con agrotóxicos que enferman y contaminan, migraciones, pérdida de la calidad de los alimentos, monocultivos, etc"


El 19 de mayo pasado el Ministro de Agricultura Carlos Casamiquela y el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández anunciaron un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) sobre el uso de las semillas [1].

Se han dicho muchas cosas en estos pocos días. Vamos a ver algunas y reflexionar sobre la situación, buscando los alcances y los peligros de estos anuncios.

Ir contra Monsanto haciendo prolijamente lo que Monsanto pidió:

La Nación tituló “Con un DNU, el Gobierno intenta frenar a Monsanto” [2]

En el mismo sentido Página 12 afirmó “El Estado busca impedir el cobro de regalías por fuera de la ley”, en el marco de la “guerra de las semillas”[3].

Dos medios tan dispares ya se habían puesto de acuerdo, también con Clarín, en interpretar los acuerdos entre el Gobierno Nacional y los actores nacionales del Agronegocio como avances de la democracia, antes y después del conflicto por la resolución 125. Y es más fácil, incluso, si hay un malo externo, en este caso la transnacional semillera / agrotóxica Monsanto.

El centro de la noticia es para ellos la discusión de parte de la renta de la soja, concretamente el pago o no a los semilleros de las “regalías extendidas” [4] por parte de los productores. La nota del diario La Voz del Interior apunta “Si bien la medida oficial abarcaría a un universo de productos y eventos, en este caso viene a interceder en el sistema implementado por Monsanto para el cobro del canon tecnológico por la soja Intacta que –junto con un contrato de partes con los usuarios– determinó que los acopios y exportadores deben retener el canon si este no hubiera sido abonado previamente con la semilla”[5].

Para nosotros el eje es el futuro del modelo: este decreto es un paso clave en la apropiación del sistema agroalimentario por parte de las empresas transnacionales, en uno de sus eslabones más sensibles: las semillas.

El mercado potencial de alimentos, recordémoslo, es más grande que el automotriz y el de petróleo sumados[6]. Una forma clave para el control por parte de las empresas es el control sobre las semillas y por medio de estas sobre qué se cultiva y que no.

La discusión por el uso propio: la locura de tener que pedir permiso para hacer algo tan natural como respirar:

En el parte de prensa del ministerio (el texto definitivo del dnu todavía no está disponible) habla de la creación de un “registro de uso propio“. Esto estaba ya en los textos de los proyectos de ley que circularon desde 2012 y fue uno de los centros de las críticas.

Esto implicaría que la familia campesina, legítima dueña de las semillas, le tendría que pedir permiso al Estado, a instancias de las transnacionales semilleras/ agrotóxicas, para hacer lo que hizo siempre, y que el conjunto de la sociedad necesita cada vez más. Una locura total.

La Federación Agraria Argentina salió a repudiar esta parte de la medida y dijo: “hay que defender el uso propio irrestricto”. La entidad no cuestiona el modelo de la Agricultura Industrial aunque es clara en su repudio a Monsanto en sus políticas de semillas.

Una de las mentiras del parte de prensa del Ministerio de Agricultura es que la voluntad del Gobierno está en combatir la “bolsa blanca”, o sea el comercio ilegal de las semillas. No hace falta un decreto para prohibir la bolsa blanca: ya es ilegal con la legislación actual [7].

Que nos dejen tranquilos y controlen a las corporaciones:

El Movimiento Nacional Campesino Indígena (organización argentina de la CLOC y la Vía Campesina) afirmó:

El uso propio es un derecho inalienable para los campesinos indígenas y agricultores familiares, y para ejercerlo no necesitamos estar en ningún tipo de registro, ni ser tratados como excepciones a ninguna normativa.

Cualquier tipo de regulación sobre las semillas, deberá ser dirigida exclusivamente hacia el espectro de la cadena de agronegocios, sin afectar los derechos de los campesinos indígenas y agricultores familiares. Porque claramente ésta es la trampa en la que pretenden meternos las corporaciones: imponer sus negocios ilegítimos para arrebatar los derechos de nuestro pueblo a producir sus propias semillas. Luego seremos todos los agricultores sospechados de delincuentes por no aparecer en un registro de las corporaciones.

“Que hagan una ley para la soja, no para todas las semillas” El ejemplo del trigo.

Walter Pengue [8] relata que el control de las semillas creció enormemente con la invención de las semillas híbridas: la tecnología de los cruzamientos, que implican que los “hijos de híbridos” son menos productivos que los híbridos originales, hizo avanzar enormemente el control sobre las semillas de maíz, girasol y sorgo.

Por medio de esa tecnología no pudieron controlar, además de la soja, otros cultivos claves en la mesa de los argentinos como por ejemplo el trigo. Ahora, con la excusa del conflicto coyuntural de la soja, quieren hacer una legislación para todas las semillas.

Algunos “avances” en la genética de trigo incluyen transgénicos de resistencia a la sequía y al frío. Las empresas no los lanzan al mercado hasta asegurarse la “protección a sus derechos” que este tipo de políticas garantizaría.

Con el maíz Bt la jugada de las empresas fue descarada: Las empresas generaron la tecnología, pero los productores no la compraban, porque los rendimientos eran más bajos que las semillas que estaban en el mercado. ¿Qué hicieron?: compraron los semilleros de los híbridos que rendían más, y sacaron esas semillas del mercado. ¿Qué pasó? Los productores “adoptaron” los híbridos Bt. Conclusión: si el mercado semillero manda, los productores obedecen. ¿Y los consumidores? Pueden opinar, pero cada vez con menos poder de decisión real.

El relato del maíz Bt nos hace pensar que en un par de jugadas (esta sería la primera) de repente TODO el pan que comemos podría venir de trigos transgénicos, simplemente con que las empresas tengan una tecnología que quieran vender, y controlen el mercado de las semillas. No queremos eso.

Volviendo a lo anterior: el gobierno da un paso para entregarle uno de los alimentos básicos de los argentinos a las corporaciones (pedido por las corporaciones desde hace décadas), y para algunos medios el gobierno está frenando a Monsanto.

Los alimentos, un tema de todos, que se debate a puertas cerradas:

El control corporativo de los alimentos y los bienes comunes, lo decimos con dolor, crece en la Argentina.

Los responsables de esta profundización, tanto desde el Estado como desde las empresas, no ganan ningún debate: avanzan a puertas cerradas.

En varias actividades el modelo extractivista controla cada vez más bienes comunes y porciones de mercado. Megaminería metalífera, fracking para yacimientos no convencionales, monocultivo forestal, pesca destructiva y soja son las caras visibles de un mismo modelo extractivista de despojo transnacional, que enriquece a unos pocos, y destruye la Naturaleza, poniendo en peligro la reproducción social, sobre todo de los que menos tienen.

El “capitalismo serio”, como modelo colonial, es parte de la Modernidad [9], y como tal se autoproclama portavoz de la ciencia y la razón.

Pero no puede ser científico sin ser público. Y sistemáticamente niegan el debate y las evidencias claras.

Casos recientes:

Con las aprobaciones de transgénicos [10] y agroquímicos [11], el Estado cerró acuerdos a puertas cerradas con las empresas.

Con el PEAA (Plan Estratégico Argentina Agroalimentaria) y La ley de Bosques, la ingeniería política desarrollada en las últimas décadas en otros países, fue puesta en acción absolutamente: foros de discusión, encuentros masivos, documentos intermedios, etc. y cuando las empresas apretaron, el Estado cerró acuerdos para el avance del Agronegocio.

Otro ejemplo: La agricultura agrotóxica y transgénica, principal contaminante de las aguas a nivel mundial [12], por mucho la actividad humana con mayor ocupación del espacio, no cuenta hoy en Argentina con Evaluaciones de Impacto Ambiental. Para aumentar la producción para alcanzar las metas del PEAA el Ministerio de Agricultura lanzó un peligrosísimo Plan Nacional de Riego que de aplicarse tal como se anunció, pondría en peligro a los principales acuíferos de la Argentina [13].

Hoy nos toca vivir la injustica brutal de que un debate, que creció en fuerza, masividad y claridad como el de las semillas, es violentado por el gobierno mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia para, según Aníbal Fernández, “poner un fin a tantos años de discusión".

Nuestra campaña. La voluntad de intensificar el debate.

La campaña “No a la ley Monsanto de Semillas” viene creciendo en articulaciones y debates.

Desde muchísimos espacios la discusión en la sociedad viene avanzando en que cada vez más gente entiende al modelo del agronegocio como un sistema a superar, porque ni siquiera puede solucionar los problemas que el mismo sistema generó: desertificación, degradación de suelos, cambio climático, desmontes, concentración económica, fumigacoines con agrotóxicos que enferman y contaminan, migraciones, pérdida de la calidad de los alimentos, monocultivos, etc

Cada vez más gente ve en el enfoque de la Agroecología una salida a los problemas que el sistema de la Agricultura Industrial generó. Con los bosques nativos, con nuestras propias semillas, sin patrones, con nuestras culturas, sin venenos y sin transgénicos, cualquier sociedad, incluida la nuestra, puede alimentarse sanamente y de a poco recomponer el desastre fenomenal que ha hecho la Agricultura Industrial en las últimas décadas en el planeta. Los saberes tradicionales de la agricultura campesina, lejos de ser anécdotas del pasado, están presentes hoy de forma oprimida por los gobiernos y el capital, pero son claves en el futuro, desde el enfoque de la Agroecología.

En el texto citado afirma Walter Pengue:

La semilla representa la fuente inicial y principal de la vida, el alimento, el abrigo, la energía, de miles de millones de humanos en este planeta y la discusión sobre su patentamiento y el pago del mismo, debe ser analizado en amplitud por todos los miembros de una sociedad y no por unos pocos, directamente representantes de un interés manifiesto.

La seguridad alimentaria mundial, o por lo menos de las regiones más pauperizadas del mundo, no puede dejarse al albedrío y juicio del interés privado o al interés, meramente coyuntural y pobremente analizada, del sector gubernamental.

La participación profunda, seria, dedicada, comprometida e informada de todos los actores, incluidos especialmente los pequeños, medianos, campesinos y los consumidores, en estas decisiones, es una condición imposible de soslayar en una verdadera democracia.

De lo anterior concluimos que:

- Los medios nos mienten para avalar políticas que claramente nos perjudicarán.

- Necesitamos una legislación que garantice que las empresas no puedan apropiarse de ninguna semilla criolla más.

- Las semillas son patrimonio de los pueblos y deben estar al servicio de la humanidad. Nunca aceptaremos la aplicación de derechos de propiedad intelectual ni su apropiación.

Notas:




[4]Se denomina “regalías extendidas” según ArPOV (http://www.arpov.org.ar/ ) a un sistema de “pago de una regalía como contraprestación por la tecnología aportada toda vez que el productor utilice semillas de su propia producción”.


[6]“Hoy en día, a pesar de la globalización, a pesar de esa agresión tan fuerte a los pueblos del campo, la producción de alimentos sigue estando mayoritariamente en manos de campesinos y pueblos indígenas. Y resulta que si nosotros comenzáramos a calcular el posible valor de mercado de todos los alimentos que consume la humanidad, ese mercado que se podría crear, es más grande que cualquiera que conozcamos en la actualidad, es muchísimo mayor que el petróleo, es mayor que la industria automotora, incluso si estos dos aspectos se juntaran. Ese mercado potencial no está en manos del capital y hoy el objetivo del capital es primero, forzarnos a comprar los alimentos y luego, por supuesto, controlar ese mercado de alimentos cuando todos estemos forzados a comprarlos” GRAIN. Leyes para acabar con la agricultura independiente. http://www.grain.org/.

[7] Ley 20247 Art. 27. — No lesiona el derecho de propiedad sobre un cultivar quien entrega a cualquier título semilla del mismo mediando autorización del propietario, o quien reserva y siembra semilla para su propio uso, o usa o vende como materia prima o alimento el producto obtenido del cultivo de tal creación fitogenética. Por lo tanto la venta sin autorización del propietario es ILEGAL y lesiona el derecho de propiedad


[9] Enrique Dussel afirma que “Modernidad, capitalismo, colonialismo y sistema-mundo son aspectos de una misma realidad simultánea y mutuamente constituyente”

[10] Transgénicos: un botón de muestra, y no cualquier botón, es la aprobación de la soja RR a Monsanto: “En Argentina la soja transgénica RR (Resistente al herbicida Glifosato o Round UP, marca comercial de la empresa Monsanto) fue autorizada, como explica el periodista Horacio Verbitsky “en sólo 81 días del verano de 1996. De 136 folios del expediente, 108 son de Monsanto, en inglés y sin traducción”. Verano del ’96 http://www.pagina12.com.ar/. La CONABIA, comisión nacional asesora en Biotecnología Agrícola está conformada en su mayoría por representantes de las empresas y trabaja en secreto: http://www.agenciacta.org

[11] Agroquímicos: En el artículo “El increíble proceso de aprobación de agroquímicos” se relata que ante una solicitud, el funcionario a cargo, el ingeniero Lorenzo Basso, admitió que el SENASA no realiza ensayos de toxicidad de los pesticidas sino que evalúa los ya realizados por “laboratorios que cumplan con los requisitos administrativos y técnicos” inscriptos en la red de laboratorios del organismo. Entre ellos se encuentran: -Monsanto Argentina SAIC. -Nidera SA. -Atanor SA. -Dow Agrosciences Argentina SA.

[12] “La agricultura, en cuanto mayor usuario del agua dulce a escala mundial y principal factor de degradación de los recursos hídricos superficiales y subterráneos como consecuencia de la erosión y de la escorrentía química, justifica la preocupación existente por sus repercusiones mundiales en la calidad del agua a escala mundial” Lucha Contra la Contaminación Agrícola de los Recursos Hídricos.http://www.fao.org/


martes, 13 de mayo de 2014

La hospitalidad a los haitianos: ¿cuán humana es nuestra sociedad?



Leonardo Boff, teólogo y escritor

El drama de cientos y cientos de haitianos, víctimas del devastador terremoto, que, vía el Estado de Acre, buscan hospitalidad en Brasil, representa un test de lo humana que es o no es nuestra sociedad. No quiero restringirme solo a los haitianos sino a tantas personas que son expulsadas de sus tierras, poseros, indígenas, quilombolas y otros, por el avance del agronegocio o desalojados, como recientemente del local de la OI en Rio de Janeiro, que tuvieron que refugiarse en la plaza de la Catedral de la ciudad. Organismos de la ONU nos informan de que existen en el ¡ mundo más de cien millones de refugiados, ya sea por guerras, por situación de hambre, por problemas climáticos y otras causas similares. Cual Abrahanes andan por ahí buscando quien los acoja. Y cuántos barcos son rechazados teniendo que vagar por los mares en medio de todo tipo de necesidades y desesperanzas.

Basta recordar a los refugiados de África que llegan a la isla italiana de Lampedusa. Recibieron la solidaridad del Papa Francisco, que en esa ocasión hizo las más duras críticas a nuestra civilización por ser insensible y haber perdido la capacidad de compadecerse de la desgracia de sus semejantes. Todas estas personas padecen por falta de hospitalidad y de solidaridad.

En Brasil, en los periódicos y especialmente en los medios sociales, se desató una fuerte polémica sobre cómo tratar a los haitianos desesperados y depauperados que están llegando a nuestro país. El Gobernador de Acre, Tião Viana, mostró profunda sensibilidad y hospitalidad al acogerlos, hasta el punto de, con los escasos medios de un estado pobre, no poder hacerse cargo de la situación. Tuvo que pedir socorro al Gobierno Central. Pero ha sido insultado por muchos de manera descarada en las redes sociales y en twitter. Aquí nos damos cuenta de cuan inhumanos y sin piedad pueden ser algunos. No respetan la regla de oro universal de no desear ser tratado de esa forma si se encontrasen un día en una situación semejante. Según el notable biólogo Humberto Maturana, tales personas retroceden a un estadio pre-humano, al nivel en el que se encuentran hoy los chimpancés que son societarios pero autoritarios, no siempre practicando siempre la mutualidad.

En este contexto la virtud de la hospitalidad gana especial relevancia. La hospitalidad, dijo el filósofo Kant en su último libro La Paz Perpetua (1795): es la primera virtud de una república mundial. Es un derecho y un deber de todos, pues todos somos hijos e hijas de la misma Tierra. Tenemos el derecho de circular por ella, de recibir y de ofrecer hospitalidad.

Uno de los más bellos mitos griegos se refiere a la hospitalidad. Dos viejitos muy pobres, Baucis y Filemón, dieron acogida a Júpiter y a Hermes que se disfrazaron de andariegos miserables para probar cuanta hospitalidad quedaba en la Tierra. Fueron rechazados por casi todos, pero cálidamente acogidos por esta pareja de viejitos que les ofrecieron lo poco que tenían. Cuando las divinidades se deshicieron de sus trapos y mostraron su gloria, transformaron la choza en un espléndido templo. Los viejitos se prostraron en reverencia. Las divinidades les dijeron que hiciesen un pedido que sería prontamente atendido. Como si lo hubiesen combinado previamente, ambos dijeron que querían seguir en el templo recibiendo a los peregrinos y que al final de su vida ambos, después de tan largo amor, pudiesen morir juntos. Y fueron escuchados. Filemón fue transformado en un enorme carbayo y Baucis en una frondosa morera. Sus ramas se entrelazaron en lo alto y así siguen hasta el día de hoy, como cuentan los que pasan por allí. Y se sacó una lección que pasó a lo largo de todas las tradiciones: quien acoge a un pobre hospeda al propio Dios.

La hospitalidad exige una buena voluntad incondicional para acoger al necesitado y al que se encuentra en gran sufrimiento.

Exige también escuchar atentamente al otro, más con el corazón que con los oídos, para captar su angustia y su esperanza.

Exige además una acogida generosa, sin prejuicios de color, de religión ni de condición social. Evitar todo aquello que lo haga sentir un indeseado y un extraño.

Es importante dialogar abiertamente para captar su historia de vida, los peligros que pasó y cómo llegó hasta aquí.

Responsabilizarse conscientemente junto con otros para que encuentre un lugar donde vivir y un trabajo para ganare la vida.

La hospitalidad es uno de los criterios básicos del humanismo de una civilización. La nuestra está marcada lamentablemente por prejuicios de larga tradición, por nacionalismos, por xenofobia y por varios fundamentalismos. Todos estos cierran las puertas a los inmigrantes en vez de abrírselas y, compasivos, compartir su dolor.

En este espíritu debe ser vivida y testimoniada la hospitalidad con nuestros hermanos y hermanas haitianos. Aquí se demuestra si somos verdaderamente un pueblo de cordialidad y de acogida abierta a todos, cuánto hemos crecido en nuestra humanidad y mejorado nuestra civilización.

Leonardo Boff ha escrito Hospitalidad: derecho y deber de todos, Sal Terrae, Santander, 2005.

jueves, 21 de junio de 2012

Argentina: Tierra de alguien.



Por Darío Aranda

Wichís, pilagás y criollos de Formosa resisten el avance del agronegocios y enfrentan los atropellos de un gobierno feudal. Crónica desde un territorio de pesares, pero también de luchas.
El hombre recita extractos del himno en voz alta, casi a los gritos. “Libertad, libertad, libertad…”. De inmediato intercala estrofas. “…A la noble igualdad…”. Y remata con énfasis: “Para nosotros no hay libertad, y muchos menos hay igualdad”. Es el cierre de la asamblea de la Interwichi, espacio de coordinación de ocho comunidades indígenas, en Las Lomitas, Formosa. Y el discurso brota de Francisco López, 80 años, dirigente wichi, pastor de la Iglesia Anglicana y encargado ocasional de desnudar los sarcasmos de la argentinidad.
Las Lomitas está ubicada en el centro de la provincia, sobre la ruta nacional 81, a cuatro horas de la capital provincial. Fundada en 1914, doce mil habitantes, es la bisagra entre el oeste del chaco salteño, referenciado en los productores ganaderos, y el este del Pueblo Guaraní por su vinculación a Paraguay, Misiones y Corrientes. De ambos lados, los pueblos originarios wichi, pilagá, nivaclé y qom.

Apretaditos y arrinconados

A menos de diez cuadras del centro de Lomitas, calles de tierra complicadas, la camioneta avanza a paso de hombre, se hamaca, caminos más hostiles que en el rally Dakar. Barrio periurbano, comunidad Lote 47, casas de barro, algunas nuevas de ladrillos y techos de chapa. Un jardín de infantes, una galería amplia y, lindero, un salón, el espacio de reunión.
Una decena de hombres reciben de pie. Saludos de rigor y una sillas que aparecen y se reparten para dar comienzo a la ronda de presentación. Avelino Rodríguez, camisa celeste a cuadros, pantalón azul, 45 años, gorro de visera. “Algunos dicen que estamos bien, que no nos falta nada. Mire a su alrededor y usted verá. Por eso salimos a reclamar”, aclara como bienvenida.
No es casual su primera intervención. El gobernador Gildo Insfrán (vicegobernador entre 1987 y 1994, gobernador desde 1995 hasta la actualidad, 25 años en el poder), suele resaltar que Formosa fue la primera provincia en sancionar una ley de reconocimiento a las comunidades indígenas y afirma que el 99 por ciento de las comunidad tiene título comunitario.
“La ley dice que los pueblos indígenas debemos tener tierras ‘aptas y suficientes’”, explica Rodríguez. Hace un silencio. Y remata: “Acá somos 60 familias en diez hectáreas. ¿Aptas y suficientes?”. Recuerda que incluso el cementerio de la comunidad quedó en parcelas que alambró un empresario.
Mariano López tiene 36 años, camisa roja, jean, 1,70 de alta, fornido, y le cuesta vencer la timidez. Es de los jóvenes dirigentes, le piden que hable, y anima. “Es que acá hay señores de mucha plata que se quedan con nuestra tierras. Hoy no vienen más con armas para matarnos, viene con plata grande por nuestros territorios. Nos corren, desmontan, estamos apretaditos, arrinconados. Nos van corriendo hacia el pueblo, para que ya no volvamos al monte”. Afirma que saben que las leyes están del lado del indígena, pero “no le importa a ellos”, y engloba a muchos en el “ellos”: políticos, jueces, policías, empresarios, medios de comunicación.
En la galería contigua, siete niños wichi, de prolijos guardapolvos a cuadrillé azul, formados frente a la bandera argentina. Recitan la misma oración que se repite día a día en miles de colegios. “Bandera de la Patria, celeste y blanca, símbolo de la unión y la fuerza con que nuestros padres nos dieron independencia y libertad (…) Sea para todos los hombres mensajera de libertad, signo de civilización y garantía de justicia”. Todos los lugares comunes que agradecen a la patria, la unidad nacional y la igualdad.
A cinco metros, los padres wichi describen la realidad y vuelven ficción cualquier entonación patriótica. Dos realidades, demasiado contaste.

Lo que sobra

La Interwichi está compuesta por ocho comunidades de la zona de Lomitas, 1400 familias. En 2009 cortaron la ruta 81 por reclamos nada extravagantes: tierras, comida, trabajo, salud, educación, viviendas. Hoy confiesan que les llevó mucho tiempo decidirse a cortar la ruta. Son un pueblo paciente, pero el vaso rebalsó. “Era mucha la necesidad. Y muchas las mentiras”, recuerda el joven dirigente wichi y recuerda que se inspiraron viendo la televisión, los piquetes en Buenos Aires.
El corte llevaba semanas, sin respuesta oficial. En mayo, cuando el frío ya golpeaba Formosa, murieron en el corte María Cristina López, 22 años, y Mario García, de 48. Las condiciones climáticas, la poca alimentación y la falta de atención primaria de salud fueron un cóctel trágico.
Las muertes motivaron la tardía respuesta oficial. Increíble. El defensor del Pueblo de Formosa, José Leonardo Gialluca, no se solidarizó con los wichi ni se acercó a los familiares de los fallecidos. Todos lo contrario. Culpó a la Interwichi por las muertes y acusó a las oenegés de estar detrás del corte de ruta y ser responsables de las muertes. Todos los funcionarios provinciales siguieron esa argumentación.
Recuerdan que en esa época hubo mucha “persecución, cooptación y compra de dirigentes”. Avelino Rodríguez explica que le Interwichi no tiene cacique ni líder, que las decisiones se acuerda “entre todos”, y avisa que si un dirigente acepta “el negocio del Gobierno, pierde la confianza de la comunidad”. Mariano López complementa de inmediato: “Y pierde el derecho (a ser dirigente de la comunidad). Siempre hay personas que se compran y se venden”.
Casi dos horas de charla. El abuelo-pastor-dirigente, Francisco López, prolija camisa amarilla, habla firme y fuerte, cierra la charla con un agradecimiento a Dios.
Rodríguez vuelve a agradecer. Y pide una oración de cierre. El pastor toma la palabra. Treinta segundos, cuatro menciones “al Señor”, pide que los visitantes tengan buen regreso a sus hogares, salud para “ellos y sus familias” y, lejos de los curas católicos políticamente correctos, sorprende con la vinculación religiosa-política: “Que todos sepan que Dios es el jefe de los jefes. Y que no queremos ser esclavos de gobernadores”.

Modelo formoseño

La ruta provincial 28 podría ser la envidia de cualquier automovilista de la Capital Federal. Su estado es, sin dudas, mejor que cualquier autopista privatizada. El problema: fue pensada (y construida) con la doble función de ruta y de dique. Elevada entre 75 centímetros y cinco metros, hace de muro de contención y alteró radicalmente el funcionamiento del Bañado la Estrella, un humedal de 400 mil hectáreas y habitado por comunidades indígenas y criollos con histórica posesión.
“El Bañado tenía épocas de agua, y épocas que se retiraba. Entonces los animales se alimentaban y hasta podíamos sembrar. Ahora no es más un bañado, es un lago de 30 kilómetros de largo por 20 kilómetros de ancho”, denuncia la Asociación de Productores de Bañado la Estrella (Aprobae), al costado mismo de la ruta y con vista panorámica a la zona inundada.
La camioneta avanza sobre la ruta, rumbo al norte, y a cada kilómetros se realzan los contrastes. A la derecha, típico paisaje del chaco semiárido: tierra, vegetación baja, quebrachos, algarrobos y palo santo. A la izquierda, territorio inundado, plantas acuáticas y árboles muertos, de pie, ahogados por la alteración del bañado. La ruta-dique cumple su función. A la vera, aún trabajan palas mecánicas, perfeccionan unas compuertas que dejen pasar el líquido vital hacia el este provincial, antes olvidado por la Provincia, y ahora de interés para empresarios foráneos.
Ramón Verón, 57 años, hombre alto y corpulento. Anteojos de mucho aumento, chomba marrón y sombrero de ala ancha atado al mentón. Típico criollo, productor ganadero, presidente de Aprobae, mil familias perjudicadas por la alteración del humedal. Explica que las consecuencias económicas son “angustiantes”, más de 40 mil vacunos perdidos, pero más lamenta que los jóvenes ya comenzar a irse a la ciudad, forma sutil de desalojar a campesinos: provocar las condiciones para que las nuevas generaciones dejen los campos.
“Acá usted ve claramente los excedentes de la soja. Los que llegan acá son lo que tienen plata de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, metieron soja en sus campos y traen la ganadería para acá, nos quieren correr a los siempre vivimos acá. Es injusto”, sentencia.
Pablo Chianetta milita en la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo (APCD), con 25 años de acompañamiento a comunidades indígenas y familias criollas, acompaña en la recorrida. “Nadie está en contra de las obras, pero claramente lo que el Gobierno impulsa es un corrimiento de poblaciones indígenas y campesinas de sus territorios para entregarlos a otros, particularmente para la ganadería intensiva. Con esta ruta inundó a quienes siempre vivieron en el lugar, y volvió atractiva otras zonas (mirá para el este), donde se podrá contar con agua, con rutas y con ‘muchas facilidades’ para desmontar y traer ganado”, explica el plan global formoseño. Chianetta no duda que Insfrán impulsa el modelo de agronegocios (desmontes, ganadería y agricultura intensiva, expulsión de población ancestral).

El reparto

El suplemento Campo de diario La Nación, el 31 de marzo pasado, explicitó la estrategia: “Plan de colonización en Formosa”, tituló, y mostró la foto de Insfrán con el titular de Federación Agraria, Eduardo Buzzi. La noticia remarcaba que sería para hijos de productores locales, pero no se quedó ahí. “Buzzi reconoció que existen fuertes coincidencias en que en la tierra que esté disponible en la provincia, o en algunos lotes, se pueda encarar una experiencia de colonización con hijos de agricultores formoseños y dándole también oportunidades a hijos de productores que no son formoseños para que puedan venir a Formosa trabajar en el campo”, señala el artículo y cita textual a Buzzi: “Hay una decisión de la provincia, de puertas abiertas, así que para nosotros fue una reunión positiva (…) Esta es una provincia que todavía tiene tierras”, resaltó.
Margarita Parada tiene 25 años. Forma parte de Aprobae, también perjudicada por la construcción de la ruta y la alteración del Bañado la Estrella. Vive en el paraje de Gualcazar, al noroeste provincial, a 200 kilómetros de la ruta 28, pero igual sufre la alteración del Bañado la Estrella. A ellos no le inundaron el campo, sino que les sacaron el agua. Y todo es un círculo: poca agua, menos pastos, animales con hambre, bolsillos flacos.
“Me indignó verlo a (Eduardo) Buzzi con Insfrán. Meta sonrisas, dijeron que van a traer a los hijos de chacareros de la Pampa Húmeda para acá. ¿Y nosotros? ¿Nos vamos a la Pampa Húmeda?”, reclama molesta.
El perfil productivo de la provincia es explícito. Está plasmado en un documento público de 250 páginas llamado “Formosa 2015”, donde se detallan las obras de infraestrucutra (como la ruta-dique) y la preponderancia del avance del modelo agropecuario. La Red Agroforestal Chaco Argentina, colectivo integrado por oenegés y técnicos de la región, explica en su “Carpeta Informativa 2012”: “El Plan Formosa 2015 aspira a elevar a 500 mil hectáreas la superficie productiva agrícola en la provincial, aumentando 2,5 veces la superficie productiva actual. Con este horizonte es que sólo declaró el 1 por ciento de sus bosques como área protegida (según el Ordenamiento Territorial en el marco de la Ley Nacional de Bosques)”.
Según el último relevamiento de conflictos de la Redaf, en Formosa hay al menos 40 conflictos por tenencia de la tierra y ambientales. Afectan a 565 mil personas y 3,4 millones de hectáreas.

63 años después

La Matanza de Rincón Bomba fue en 1947, primer gobierno de Juan Domingo Perón, historia silenciada entre las represiones argentinas. El 10 de de octubre la Gendarmería Nacional avanzó a fuerza de metralla y fusiles contra el Pueblo Pilagá. La historia oficial justificó que fue un “enfrentamiento” y motivado por un malón indígena. No hubo un solo gendarme herido, pero durante décadas se mantuvo la historia militar. Y Gendarmería se apropió del territorio pilagá.
En abril de 2010, familias pilagá de tres comunidades decidieron volver a su territorio, 547 hectáreas. La Federación Pilagá, conformada por veinte comunidades –unas 3000 personas– apoya políticamente la recuperación.
El tronco del quebracho tiene un metro de alto. A la vera de la ruta y a metro de un alambrado. En un lateral tiene una placa de bronce. “En este lugar fueron asesinados los hermanos Kolymaina, Nero’n, Tengon, Sanat, Añsolé, Karona, Pocasale, Tagesena y muchos más”. Es sobre la ruta 28, a 200 metros de la entrada a Las Lomitas.
A cinco metros del recordatorio a la matanza, Gendarmería contestó con su cartel de letras blancas. “Gendarmería Nacional. Propiedad privada. Prohibido pasar”.
Las comunidades pilagá ingresaron igual. Recuperaron. Se asentaron, rechazaron los intentos de desalojos y contestaron con otro cartel de dos metros de alto y uno de ancho, tallado en algarrobo y prolijas letras blancas: “Artículo 75, inciso 17, Constitución Nacional. Se reconoce la pre-existencia étnica y cultural de los pueblos originarios”.
En el territorio recuperado, en el mismo lugar donde fue la masacre de 1974, bajo unos árboles añejos, reunión de la Federación Pilagá. Saturnino Miranda es presidente de la Federación. 49 años, comunidad kilómetro 14, jean, camisa roja a cuadros pequeños, gorra con visera. “Somos un pueblos de paciencia, no cortamos rutas, tenemos mucha paciencia, desde 1492 que tenemos paciencia, pero el Estado debe escuchar, no pedimos regalos, tienen que cumplir la ley. Acá vivieron nuestros antepasados, no es de empresarios ganaderos ni de Gendarmería, es del Pueblo Pilagá”.
La palabra circula entre los referentes de las distintas comunidades. Las metodologías de lucha pueden ser distintas entre pilagas y wichi, pero la situación y los reclamos los mismos: salud, educación, apoyo en proyectos productivos, fin a los punteros políticos, basta de aprietes policiales y, claro territorio.
Un anciano, espalda doblada, muy delgado, 1,6 metros de alto, barba desprolija, movimientos lentos. Se lo observa débil. Es sobreviviente de la masacre de 1947, Pedro Palaveccino, habla mitad en idioma pilagá, mitad en español. Todos hacen silencio, pero su voz apenas se escucha. Recuerda que “hermanos” caían a su lado, sangrando, por balas. Lo habrá contado muchas veces, pero igual se lo escucha triste. E, inesperadamente, salta en el tiempo hacia el presente: “No nos perdonan porque somos los primeros de la Argentina. Hay pobreza tremenda. La tierra la tenemos que recuperar”.

* Diario Aranda, es periodista. Investigador graduado en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador principal del Conicet. También es colaborador permanente de “Pagina 12” “Rebelion” “Red Voltaire” entre otros medios. Autor del libro “Argentina Originaria” Desde hace diez años trabaja junto a comunidades desde la Defensoría de Derechos Humanos de Argentina documenta el despojo y la segregación de los pueblos originarios que dan testimonio del pasado y el presente de injusticias y explotación en el campo argentino, de las trasnacionales de la soja, forestación y otras.
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Fuente: Blog personal de Darío Aranda: http://darioaranda.wordpress.com/2012/06/20/tierra-de-alguien/

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