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viernes, 24 de junio de 2016

Argentina: Agroindustria y Monsanto, una novela con final esperado.


Luego de varios enfrentamientos entre el actual gobierno y la empresa de agroquímicos Monsanto, el conflicto parece estar llegando a su fin.


El conflicto entre el actual gobierno y la empresa multinacional de agroquímicos gira en torno a la cláusula Monsanto, vigente ya desde 2015. A partir de esta cláusula, Monsanto lleva a cabo controles sobre los granos de soja de la última campaña que llegan a los puertos, con el fin de detectar en ellos el uso de la semilla transgénica Intacta, resistente a insectos y al glifosato. En caso de que se compruebe el uso de esta semilla y que el productor no tenga comprobante de pago de la misma, la empresa cobra regalías de hasta quince dólares por tonelada, obteniendo ganancias millonarias no solo a través de la venta de semilla transgénica sino también sobre la producción final.

La medida fue repudiada por varias entidades y federaciones que representan a productores agrícolas, entre ellas la Federación Agraria Argentina. Ya el año pasado, Omar Príncipe, presidente de la FAA, había manifestado que Monsanto pretendía adueñarse del uso de la semilla, la cual también es responsabilidad del productor considerando su laboriosa tarea.

A través de una resolución publicada en el boletín oficial el 14 de abril de 2016, el Ministerio de Agroindustria aseguraba la necesidad de previa autorización frente a“todo sistema, procedimiento o método de control, muestreo y/o análisis que se utilice en el comercio de granos para pesar, medir, mejorar, conservar y analizar los mismos”. Ante el nuevo panorama, en un principio Monsanto ratificó su sistema de cobro de regalías siendo este arbitrario e ilegítimo, y a comienzos de mayo emitió un estratégico comunicado en el que se mostraba decepcionado por el accionar del gobierno, teniendo en cuenta que se encuentra en el proceso de atracción de inversiones extranjeras. Y por si esto fuera poco, frenó la salida al mercado de su última soja tecnológica y amenazó con retirarse del país.

El Ministro de Agroindustria Ricardo Buryaile no dio marcha atrás con la resolución que frenaba el sistema de controles de Monsanto en los puertos, y se le “plantó”fuerte a la multinacional, aunque la resistencia no duró mucho.Si bien todavía no está confirmado, se espera que en los próximos días se confirme finalmente un acuerdo entre ambas partes. Este implicaría que la fiscalización de los granos pase a manos del Instituto Nacional de Semillas, a cambio de que se cancele la polémica cláusula.

El sistema de control y cobro impulsivo que impuso Monsanto no solo tuvo el afán de cobrar un canon por sobre las producciones agrícolas, sino que a su vez representa una presión hacia el Estado para la modificación de la Ley de Semillas, en donde se reconozca la propiedad intelectual de la multinacional estadounidense, para asegurarse el dominio de la comercialización de semillas. Mientras que Buryaile anunció que pronto enviará un anteproyecto de la nueva Ley de Semillas, a fines de mayo el massismo se adelantó presentando su propio proyecto a Diputados. Este se encuentra en comisión y se adaptaría a los intereses de Monsanto.

Fuente: ANRed

lunes, 1 de junio de 2015

“No quiero comer veneno”, clamor en manifestaciones de 48 países.


Periódico La Jornada
Río de Janeiro.

Miles de personas salieron a las calles de 48 países para manifestarse contra el gigante de la biotecnología Monsanto y crear conciencia sobre los peligros de los alimentos genéticamente modificados de la compañía estadunidense.
En más de 400 ciudades de los cinco continentes activistas exigieron etiquetar los alimentos genéticamente modificados y reducir los químicos cancerígenos utilizados en la agricultura industrial.
Con carteles de “bioterrorismo”, cantos y baile, unos 250 manifestantes protestaron en Río de Janeiro contra el grupo de biotecnología agrícola estadunidense.

Es la tercera marcha que se convoca contra Monsanto. La primera movilización se llevó a cabo el 25 de mayo de 2013, y ese mismo año, el 10 de octubre, se realizó la segunda actividad contra la comercializadora de productos transgénicos.
“Monsanto Bioterrorista”, decían algunos carteles de los manifestantes, quienes se desplazaron y terminaron el encuentro hacia el anochecer. La protesta fue convocada por medio de redes sociales.
Cerca de mil personas marcharon en Santiago para pedir la retirada de Monsanto de Chile y el fin de la producción de alimentos transgénicos.

“No queremos transgénicos en nuestros platos”, dijo Iván Santandreu, presidente del movimiento Chile Sin Transgénicos, durante la protesta que comenzó con disfraces y al son de los tambores en la plaza Italia y luego abrió paso por la Alameda. Con carteles con leyendas como “no quiero comer veneno”, la marcha demandó al gobierno de Michelle Bachelet que expulse del país a la transnacional y deje de producir sus semillas.
Los sudafricanos se unieron a la manifestación contra Monsanto. Activistas pidieron boicot permanente a los organismos genéticamente modificados y otros productos agroquímicos nocivos que son elaborados principalmente por la multinacional.

Hubo protestas similares en Francia, Suiza, Argentina, Perú, Venezuela y Burkina Faso, entre otras naciones.
Ambientalistas han denunciado que ingerir derivados y productos transgénicos de forma regular puede producir cáncer, enfermedades del riñón, trastornos cerebrales y pérdida de las funciones reproductivas. A ello se suma la más reciente alerta emitida por la OMS, de que el químico herbicida Roundup de Monsanto, conocido como glifosato, es “probablemente cancerígeno para los seres humanos”, según informó la cadena de noticias Telesur.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales