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martes, 18 de septiembre de 2018

Decadencia total: comunistas uruguayos a favor de la tortura.

Torturas en Venezuela.

Almagro tras el pedido de su expulsión: "Defienden torturas, ¡no sean imbéciles!"

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, continúa en el centro de la polémica. Este martes durante una entrevista con el programa Todo Pasa, de Océano FM, Almagro dejó en claro su molestia luego de que el Partido Comunista pidiera que fuera expulsado del Frente Amplio tras sus dichos en contra del gobierno venezolano y la situación que vive el país. 

El Pit-Cnt también se manifestó al respecto y también solicitó su expulsión.

"Un niño por día se muere de desnutrición en Venezuela, eso es una campaña de exterminio, ¿eso es lo que defienden? ¡Por favor!", dijo el secretario general durante la entrevista. 

"Defienden dictaduras, defienden opresión, defienden represión, defienden tortura, defienden a los torturadores, defienden a los asesinos, defienden a aquellos que violan a los presos políticos", dijo Almagro y pidió "no sean ridículos, no sean imbéciles". 


Al ser consultado sobre si se iba a comunicar con alguna autoridad para evitar su expulsión del Frente Amplio, Almagro aseguró que no lo va a hacer. "Estoy dispuesto a dar esta discusión dónde sea como sea. Es una discusión ética, es una discusión de profundidad política", opinó. 

"Si tengo que darla ante el Tribunal de Ética del Frente no tengo absolutamente ningún problema, veremos cuán ético es ese tribunal a la hora de defender o atacar estas cosas", expresó. 

Esta jornada el canciller Rodolfo Nin Novoa se expresó al respecto de los dichos del secretario general, quien aseguró que no hay que descartar una intervención militar en Venezuela para derrocar al presidente Nicolás Maduro.

En rueda de prensa, el ministro de Relaciones Exteriores dijo que "lo que ha planteado Almagro es absolutamente contrario a la vocación nacional”.

“Detestamos la palabra intervención porque lo único que trae es sangre y muerte”, agregó el canciller.

Fuente: elpais.com.uy

sábado, 9 de julio de 2016

El crimen de silenciar al apóstol Pablo (1Tim. 1:9-11).



En la mitología griega Zeus tiene un amante infantil. El dios griego posee un amante casi niño. Se llama Ganímedes (Gr. Γανυμήδης). Algunos escritores sugieren que el nombre significa “alegrándose en la virilidad”. Ganímedes fue secuestrado por Zeus en Frigia. Zeus es simbolizado como un águila que rapta al niño. Ya en el Olimpo lo transformó en su amante y su copero. Todos los dioses admiraban la belleza del joven, excepto la esposa de Zeus, llamada Hera.

Para los romanos existía una especie de amante joven o infantil llamado “catamitus”, palabra que se deriva del personaje griego de Ganímedes. Parece haber consenso en que había una costumbre, entre griegos y romanos, de mantener niños o jóvenes como esclavos sexuales. Más adelante parece entenderse la palabra como un “niño prostituto”, es decir: Un niño cautivo, un niño esclavo que era objeto sexual de sus amos.

En la Fábula de Proserpina de Anastacio Pantaleón de Ribera, quien sirve el vino es un “catamito”

Rieto a tu mesa redonda
quanto néctar, quanto vino
en tartesios Venecianos
te sirve tu Catamito.

El Nuevo Testamento se encuentra inmerso en la cultura grecorromana, esto es importante porque debemos entender que para los escritores del Nuevo Testamento, como para lo primeros cristianos, las costumbres descritas más arriba no eran un secreto, ellos no eran ajenos a la realidad cultural en la que vivían.

Hay un pasaje escrito por Pablo que menciona esta práctica y la prohíbe rotundamente. Sin embargo la mayoría de las traducciones no permiten comprender cabalmente lo que Pablo tenía en mente. Esto sucede al traducir dos palabras del griego del pasaje de una manera no contextual. El resultado de esa traducción no contextual es muy lamentable, ya que ha provocado que este renglón de Pablo haya permanecido casi oculto en su sentido más profundo y, en consecuencia, haya permanecido también oculto el corazón de Dios que nos grita, por decirlo de alguna manera, en contra de una práctica que le duele a él, que rechaza él, que le resulta abominable. La Iglesia entonces, basada en una traducción que se ha alejado del sentido más profundo del texto, se ha alejado también de la defensa contundente de la población más indefensa de todas. Se trata de 1 de Timoteo 1:9-11. Leamos el texto primero en la versión Reina Valera de 1960:


9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina,
11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.

El texto inicia con la frase “conociendo esto”. Es decir: sabiendo que la ley no se ha hecho para los justos. Los justos son los cristianos, porque para el Nuevo Testamenteo los justos habitan en la caridad (Romanos 5:5) y obran caridad (cf. Gálatas 5:18). Haciendo esa salvedad, Pablo entonces enumera catorce clases de personas injustas. Y las agrupa en una especie de listas conjuntas. Son seis listas de palabras, cada una de ellas con un tema específico en mente, como veremos a continuación.

 1. Transgresores y desobedientes.
 2. Impíos y pecadores. 3. Irreverentes y profanos. 4. Parricidas, matricidas y homicidas. 5. Fornicarios, sodomitas y secuestradores. 6. Mentirosos y perjuros.

Si lo vemos con detenimeinto, parace que Pablo tiene en mente los diez mandamientos de Éxodo 20. Cada una de las listas de injusticias corresponden a una sección del Decálogo. Veamoslo:
Transgresores y desobedientes corresponde al primer mandamiento “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex. 20:3).
Impíos y pecadores corresponde al segundo mandamiento “No te harás ídolos” (Ex. 20:4-5).
Irreverentes y profanos corresponde al tercer y cuarto mandamiento “No tomarás el nombre de Dios en vano” (Ex. 20:7) y “No trabajaás el día sábado” (Ex. 20:8).
Parricidas, matricidas y homicidas corresponde a los mandamentos quinto y sexto “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Ex. 20:12) y “No matarás” (Ex. 20:13).
Fornicarios, sodomitas y secuestradores correspondería a los mandamientos séptimo y octavo, es decir al rompimiento del mandamiento sobre la sexualidad (Ex. 20:14) y al quebrantamiento de los límites de la propiedad y libertad del prójimo (Ex. 20:15).
Mentirosos y pérjuros corresponde al noveno mandamiento “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex. 20:16).

El décimo mandamiento (Ex. 20:17) que versa sobre la codicia, principio de todos los pecados e injusticias, coincidiría con el final que utiliza Pablo en su lista de injusticias de 1 de Timoteo 1:11, cuando dice: “y para cuanto se oponga a la sana doctrina”.

Pablo enlista y agrupa de forma muy ordenada y meditada. Cada palabra la ha elegido para que concuerde, para que coincida, no hay nada al azar, ninguna palabra es arbitraria ni escrita sin haberlo meditado antes. Podemos ver que cada una de las listas de injusticias contienen palabras que tienen un sentido coherente entre sí, incluso podrían ser palabras sinónimas. Observemos que “transgresores y desobedientes” (lista 1) son dos palabras coherentes entre sí, transgredir la ley y desobedecerla es un equivalente. Lo mismo sucede en lo sucesivo, continuando con la lista 2, “Impíos y pecadores” concuerdan en sentido y significado, “irreverentes y profanos” (lista 3) también, siendo que la irreverencia y la profanación podrían usarse sinónimamente. La cuarta lista es también absolutamente coincidente “parricidas, matricidas y homicidas” se podría resumir en “asesinos”.

Pero al llegar a la quinta lista, notamos que algo se rompe en la armonía. No hay coherencia entre todas las palabras. Se rompe de cuajo la forma en que Pablo va construyendo su argumento. Y es aquí donde debemos detenernos. ¿Por qué se rompe la armonía? ¿Por qué no coinciden las palabras? ¿Por qué parecen pertenecer a listas distintas? ¿Por qué no podrían usarse como sinónimos? ¿Qué tienen que ver los secuestradores con los fornicarios? ¿Y qué podrían tener en común los “sodomitas” con los secuestradores? Nada. Sin embargo, si con toda humildad y reverencia nos dirigimos al texto griego del Nuevo Testamento, podemos comprender que Pablo sí hizo bien su trabajo, todas las palabras de la lista número cinco coinciden entre sí. ¿Por qué no sucede eso en la traducción?

Las tres palabras agrupadas en la quinta lista son: pornois (Gr. πόρνοις), arsenokoitais (Gr. ἀρσενοκοίταις) y andrapodistais (Gr. ἀνδραποδισταῖς). Veamos varias traducciones:

La King James Version las traduce “For whoremongers, for them that defile themselves with mankind, for menstealers” Lo que se puede traducir como “Proxenetas (o el que usa prostitutas), los que se profanan a sí mismos con otros, ladrones de hombres”.

La New International Version traduce “the sexually immoral, for those practicing homosexuality, for slave traders”. Es decir: “inmorales sexualmente, homosexuales, traficantes de esclavos.

Así que podemos ver que no existe un consenso en las traducciones. Eso quiere decir que estas palabras no han sido de fácil traducción. La primera de ellas “pornois” deriva del verbo “pernemi” que significa “vender” y puede significar alguien que se prostituye, alguien que prostituye a otra persona o alguien que paga por sexo. Esta ultima acepción es la que derivaría en nuestra noción de “fornicario”.

La tercera palabra del texto es “andrapodistais” y al parecer los traductores no han tenido dificultad en coincidir en su significado. La grandísima mayoría de las versiones la traducen por “secuestrador” o por “traficante de humanos”.

Hemos dejado para el final la segunda palabra del texto para poder detenernos más en ella. La palabra es “arsenokoitais” y está compuesta por la palabra griega para “macho” (arseno) y la palabra griega para “camas” (koitai). Literalmente “macho encamador” O alguien que introduce forzosamente a otra persona en su cama. Si Pablo quería que todas las palabras tuvieran un sentido común, una coherencia conceptual, el griego no nos decepciona. Las tres palabras cobran un sentido coherente ahora. La primera tiene que ver con la práctica del proxenetismo, la segunda con la violación o el abuso sexual y la tercera tiene que ver con el secuestro, el tráfico o la esclavización. Las tres palabras son abusos contra personas. De hecho, las tres palabras coinciden en la supresión de la libertad de las personas. Esta ultima coincidencia nos debe remitir al concepto ya mencionado del “catamita” o niño secuestrado o esclavizado para fines sexuales. Lo cual tendría mucho sentido en el entorno de la quinta lista que hace Pablo. La primera palabra tiene la noción de violentar la libertad de las personas mediante la prostitución, la segunda palabra nos remite a la violación de la libertad de un menor de edad, esclavizándolo para fines sexuales, la tercera describe el tráfico de personas con el fin de venderlos como esclavos. En la época de Pablo era común que los hombres poseyeran niños esclavos, quizás hijos de sus esclavos, que eran considerados una especie de mascota y a los cuales tenían derecho a explotar sexualmente. A esta practica se le llama hoy en día “pederastía”.

“Proxenetas, violadores de niños y traficantes de humanos” Ahora el texto adquiere una reveladora coherencia, un profundo y alarmante sentido. El corazón de Dios se rompe y grita en contra de estas cosas. Y Pablo grita con Dios, incluso rompiendo lo que era considerado normal en la cultura grecorromana.

Si esto es así, es doblemente confirmatorio cuando regresamos al marco ideado por Pablo para hacer coincidir su lista de injusticias con el Decálogo. La quinta lista coincidiría con los mandamientos séptimo y octavo. El séptimo tiene que ver con las prácticas de fornicación o adulterio, que generalmente se daban en contextos de prostitución, sagrada o profana (Ex. 20:14) y, con toda sorpresa podemos notar que el octavo mandamiento tiene que ver con el hurto (Ex.20:15). El texto de Pablo nos habla del proxeneta que hurta humanos con fines sexuales comerciales; de niños hurtados, secuestrados, para ser esclavos sexuales (catamitas); y del hurto o tráfico de humanos con fines esclavizadores.

En el mundo, cada año más de 3 millones de humanos son víctimas del tráfico de personas. El 80% de los que sufren este tipo de esclavitud moderna en el mundo son mujeres y niñas y ya se ha convertido en el segundo negocio clandestino más lucrativo del mundo, solo por detrás del tráfico de armas y drogas. Según el último índice de Walk Free Foundation (WFF) sobre la trata de personas en el mundo nada menos que 29,8 millones de personas viven como esclavos.

Es momento de ponerle atención a los gritos de Dios, a los gritos de Pablo, y hacer que la Iglesia grite con ellos. Que la Iglesia trabaje en la protección de las víctimas más indefensas de la humanidad: los niños y las niñas.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Ante los refugiados sirios, ¿abre América Latina su corazón y sus brazos?



Clara Temporelli.

Latinoamérica recibió en el pasado olas de inmigrantes árabes que se abrieron camino en la región pese a sus diferencias culturales, religiosas e idiomáticas. Esta historia puede ofrecer pistas en medio de la gigantesca crisis de refugiados desatada por la guerra en Siria, que desafía especialmente a Europa, es la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Según las cifras de las Organización Internacional para las Migraciones más de 350.000 personas han atravesado este año el Mediterráneo para llegar a ese continente y al menos 2.643 murieron en el mar.

En nuestro continente hoy, según las entidades que los agrupan, cerca de 18 millones de latinoamericanos tienen origen árabe, en su mayoría de inmigrantes que llegaron entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Éstos no eran formalmente refugiados, pero escapaban de serios problemas: la crisis en la producción y venta de seda hizo emigrar a miles de libaneses que vivían de esa actividad; también surgieron persecuciones contra las minorías cristianas maronitas, que junto con el derrumbe del Imperio Otomano y el riesgo de ir al frente de guerra llevaron a buscar nuevos horizontes.

Brasil fue la principal puerta de entrada en América Latina. Los especialistas creen que una de las claves para la integración en la región fue la ausencia de trabas, simplemente se les permitió inmigrar y trabajar. Los primeros inmigrantes vendían productos de forma ambulante, de pueblo en pueblo, con el tiempo fijaron domicilios que eran a la vez sus hogares y tiendas, se los denominaba “turcos” por pertenecer al Imperio Otomano, aunque en realidad no eran turcos sino sirio-libaneses. También el hecho de que muchos fueran cristianos maronitas les permitió adaptarse desde el punto de vista religioso, participando en misas, ritos católicos y hasta fundando sus propias iglesias. La segunda y tercera generación progresó porque pudo tener acceso a la educación e incursionó en la industria, en las ciencias, en la medicina.

Estos antecedentes han pesado para las políticas receptivas que países latinoamericanos aplican con los actuales refugiados sirios.

Los inmigrantes árabes han sido retratados en la literatura latinoamericana en la novela de Jorge Amado De cómo los turcos descubrieron América o en la obra de Gabriel García Márquez Cien años de soledad.

En Brasil, según datos oficiales, los refugiados ya suman más de 2.000 desde 2011, un contingente superior al que recibieron algunos países europeos. Éste país simplificó el trámite para reconocerlos, las asociaciones sirias y libanesas se mueven para facilitarles techo y trabajo, y algunos han llegado a ser acogidos en parroquias católicas, algo que el papa Francisco pidió que haga Europa.

En Argentina el director del Diario Sirio Libanés, Yaoudat Brahim, explicó que: “en este momento, el Club Sirio Libanés de Buenos Aires (CSLBA), está elaborando una lista de voluntarios, que se comunican para ofrecer ayuda como una habitación en su casa, departamentos vacíos o también fincas para trabajar; es posible hacer una carta ante Migraciones (con carácter de declaración jurada) en la que se deja constancia que se tienen las posibilidades y las condiciones de recibir a un refugiado, pero insiste en que este tipo de trámites llevan dos meses como mínimo y no resuelve la urgencia de los refugiados”.[…] “También existe el ‘Programa Siria’, implementado desde el 2014 por el Gobierno, que tiene el inconveniente que llevarlo a la práctica tarda alrededor de dos meses y las personas que están sufriendo el conflicto no tienen ese tiempo para resolver su extrema situación”. Este programa facilita los mecanismos para que familiares o conocidos de ciudadanos sirios puedan recibirlos en sus hogares. Además, estipula los requisitos para que las víctimas de la guerra, soliciten refugio en Argentina. […] Conocemos muy bien el drama de la población siria y es noticia mundial porque a Europa le preocupa el tema migratorio. Muchos de sus gobiernos fomentaron la situación actual en Siria y en medio Oriente. Cien años de explotación tiene consecuencias”, agregó Brahim.

Según la Comisión Nacional para los Refugiados, Argentina dio asilo a 233 personas desde el inicio del conflicto. Ante esta situación, algunos municipios y provincias Argentinas se ofrecieron ante la ONU para acoger a familias sirias, la localidad de Pilar, en la provincia de Córdoba, ofrece terrenos y trabajo para unas 50 familias que quieran instalarse allí, con la posibilidad de iniciar los trámites necesarios para que en un futuro “puedan radicarse de manera definitiva”. Ya existen diez familias en condiciones de viajar al país, comunicaron en exclusiva a Infonews fuentes del municipio.

También Santiago del Estero abre sus brazos a los hermanos refugiados y según confirmaron a Diario Panorama, cerca de cien personas se encuentran en esa provincia tramitando la visa. La Sociedad Sirio Libanesa trabaja a la par del Consulado Sirio, que en estos días comunicará oficialmente los pasos que seguirá ante los cientos de inmigrantes que llegan. También interviene la Dirección de Derechos Humanos de Santiago del Estero.

Países como Argentina, se han construido, como sociedades nuevas, con aportación del exterior, renovadas y cambiadas en cada etapa, con cada nuevo flujo. Es consciente de su deuda con esas personas que llegaron y ayudaron a levantar la sociedad de hoy. Ese reconocimiento, resulta opuesto a la situación de sociedades homogéneas, antiguas, iguales. Se trata de recibir personas, de la manera en que se acogió a los europeos que llegaron antes. Pero la mayoría de los economistas europeos están de acuerdo en que la inmigración[1] promueve el crecimiento, y Alemania está viviendo un momento en que la ola de emigrantes puede serle económica y demográficamente útil. En esta realidad humana hemos de considerar que los refugiados se desplazan a ese país -primeramente- porque les facilita un albergue comunitario y les dan una cantidad de dinero para alimentos, además de que permanecen cerca de Siria, a dos horas de vuelo, a dos meses caminado. La gente no quiere migrar, espera que se solucione el conflicto para volver. Si se terminan las balas, se terminan los problemas, dejan de migrar y de morir en su intento por llegar a Europa.

Argentina se suma así a los otros países que ya reciben refugiados sirios, como Alemania, Australia, Brasil, Canadá, Dinamarca, Finlandia, los Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, España, Suecia, Suiza, Chile, Uruguay.

El Papa Francisco expresó el día 6 de septiembre que cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa hospede a una familia de refugiados tanto de Siria como de Irak, comenzando por su diócesis de Roma, de tal manera que dos parroquias del Vaticano acogerán en estos días dos familias de refugiados; pues la Misericordia de Dios se expresa a través de obras concretas. Y es el Misericordia, el otro nombre del Amos, expresado por Jesús en Mateo 25: ‘Todo aquello que hagan a uno solo de estos hermanos míos más pequeños me lo harán a mí”.

El evangelio en Mateo 7,23-30 nos enfrenta a una acumulación de límites: Jesús se encuentra en tierra extranjera (en la región de Tiro) ante una mujer, extranjera: sirio-fenicia, pagana, y con una hija poseída por un espíritu maligno. Es sencillo descubrir el sufrimiento y la angustia de esta madre. Sin embargo, Jesús le responde fríamente, se siente enviado a otros destinatarios. Esta mujer desmonta los argumentos de Jesús usando sus mismas palabras. Afirma que la compasión y la misericordia están por encima de la discriminación de los pueblos. Su respuesta impacta a Jesús, quien reacciona, comprende de repente que los parámetros culturales, raciales y religiosos, le han hecho contestar con dureza y reacciona. Sus actitudes y razones se hacen polvo. La misericordia las desborda y cambia su negativa por curación. El coraje, el amor y la pasión con que la mujer lo ha interpelado tocan su ternura y su misericordia. La fe de la mujer en su bondad no tiene fronteras, provoca el cambio de Jesús y hacen posible la sanación.

El diálogo con la vida lleva al cambio continuado. Abrirse a lo diferente provoca un cambio y Jesús no tiene miedo a rectificar si se da cuenta que está equivocado, se le desbloquean los prejuicios hacia los paganos y extranjeros; se le ilumina el camino, un camino sin fronteras, que va más allá de su pueblo, de su cultura, de su religión y nación.

El sufrimiento humano no tiene fronteras; la compasión, el amor y la misericordia de Dios ha de ser experimentada por todas las personas. La parábola de Mateo 25 nos recordará que seremos juzgados según nuestra actitud ante los hambrientos, sedientos, presos, “extranjeros”, desnudos, enfermos o presos…

¿Estaremos dispuestos a vivir el coraje de la fe, a desafiar la discriminación, a incluir y abrir todas nuestras fronteras, las del corazón, las políticas, las económicas para acoger con brazos abiertos a los refugiados? Como sociedades cristianas no tenemos excusas válidas que nos justifiquen.

***

[1] Sobre la terminología: La BBC utiliza el término migrante para referirse a todas las personas en movimiento que todavía tienen que completar el proceso legal de solicitar asilo. Este grupo incluye tanto a las personas que huyen de países asolados por conflictos bélicos -como el caso de Siria- a quienes es muy probable que se le conceda el estado de refugiado, así como aquellos que buscan empleo y mejores condiciones de vida, que son propensos a ser catalogados como migrantes económicos.


Imagen extraída de: Observatorio MEP sobre migración

domingo, 19 de octubre de 2014

El silencio de Dios.


NICOLÁS PANOTTO

El silencio es el vacío que posibilita lo pleno.
Todo lo lleno anhela el vacío
para no quedar saturado de sí mismo.
El silencio de los sentidos, de los deseos, de la mente
El silencio que nos devuelve el estado prístino de ser,
de simplemente ser en el Ser.
Javier Melloni

En la conocida oración del Getsemaní (Mc 14.32-36), Jesús pone en evidencia sus mas hondos sentimientos. Angustia y tristeza de muerte. Es desde allí que pide al Padre (al Abba, al “papito”) que le haga pasar esa copa de inigualable sufrimiento. En este hecho hay dos cosas a resaltar. Primero, el mismo hijo de Dios muestra lo más profundo de sí, siendo transparente con aquello que le aquejaba. Pero en segundo lugar, llama la atención el silencio del Padre. Jesús nunca recibió respuesta. Por eso exclamará un tiempo más tarde, tendido en la cruz: Elohi, Elohi,lĕma’ šĕbaqtani (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Mt 27.46)

Existen muchas historias en el texto bíblico que muestran el silencio de Dios ante diversas circunstancias o decisiones. La tendencia generalizada es vincular esta acción divina con momentos de sufrimiento. Es en esas situaciones donde se pide la intervención divina para poder encontrar la solución ante la desdicha. Y con ello –como lo muestra la ya popular imagen en películas y representaciones varias- el clamor por la explicación: “¡¿por qué?!”

Deseo detenerme en esta última pregunta. ¿Por qué los “porqués” aparecen en momentos de desesperación y sufrimiento? ¿Es acaso solo un clamor de exasperación? Creo que dicho interrogante refleja algo aún más profundo, parte de nuestra finitud humana: los porqués devienen de la falta de control sobre una situación. Reflejan nuestra carencia de omnipotencia. Explicar una situación, su origen, sus características, sus funcionamientos, sus propósitos, nos permiten dominarla. Por ello, la falta de explicación y conocimiento implican carencia de control.

De aquí podríamos comprender el tema del silencio en Dios desde otro ángulo: éste no se manifiesta sólo en momentos de sufrimiento sino que es algo constitutivo del ser.

Vivimos en un tiempo de saturación: aturdidos por la inabordable información en internet, redes sociales y portales de noticias; por una agenda cargada de actividades y trabajo; por una multitud de expectativas impuestas por otros sobre nuestras espaldas, para alcanzar resultados, estatus y poder. El silencio no encuentra lugar. El silencio es pérdida de tiempo. El silencio nos desenfoca de una meta que debemos cumplir, aunque nunca la pedimos ni buscamos.

¿Por qué esta resistencia al silencio? Precisamente porque, muchas veces, paradójicamente, el silencio aturde. Cuando las voces que saturan de afuera se callan, emerge ese vacío que nos permite ver, sentir y oír más allá. Surgen las voces de lo profundo, que manifiestan nuestras inquietudes, deseos, preguntas y más hondas dudas. El silencio implica darse lugar para cambiar, para moverse. Y ello es, precisamente, una de las cosas más tenebrosas de la vida. Mejor seguir aturdido, para no dar lugar a lo desconocido.

El silencio implica reconocer que no lo sabemos todo, y por ello no tenemos el control sobre las cosas que acontecen. Nada más desesperante que dar cuenta de nuestra finitud. Que las sendas, caminos y opciones que nos representan -aunque llenas de palabras, formas y explicaciones- pueden ser distintas. Ningún murmullo puede acabar con el silencio necesario para hablar otras cosas y escuchar lo desconocido.

El silencio es parte constitutiva de Dios, quien no da explicaciones de todas las cosas. Ni siquiera podemos conocer lo divino en su plenitud, ya que no da cuenta de todo lo que sucede en la historia. Siempre se presenta como paradoja.

Dios es logos (palabra) Pero para que haya logos, primero hubo kenosis(“vaciamiento”, Fil 2.7)

Esta kenosis da lugar a nuevas enunciaciones. Primero, en ese encuentro paradójico con lo divino en la finitud de la historia nos permite “darle palabras”, como en el encuentro de los discípulos de Juan el Bautista con Jesús al preguntarle: “¿eres tú al que estamos esperando?”, a lo cual éste responde: vean y cuenten (Mt 11.1-6) Jesús pudo haber contestado directamente, pero decidió no hacerlo sino dar lugar al apalabrar de los mismos discípulos.

El silencio da lugar a conocer a Dios, y en ese apalabramiento de lo divino nos apalabramos a nosotros/as mismos/as.

Por otro lado, el silencio posibilita conocer a Dios de diversas formas. Esto significa que silencio es equivalente amisterio. La dimensión mistagógica de lo divino, lejos de hacerlo un ente abstracto y lejano, abre la puerta para que, desde ese silencio inherente a la plenitud de su Ser, podamos conocerle de las formas más inesperadas y coloridas. Como bellamente lo dijo la Madre Teresa:

A Dios no lo podemos encontrar en medio del ruido y la agitación. La naturaleza, los árboles, las flores y la hierba crecen en silencio; las estrellas, la luna y el sol se mueven en silencio… Es necesario el silencio del corazón para poder oír a Dios en todas partes, en la puerta que se cierra, en la persona que nos necesita, en los pájaros que cantan, en las flores, en los animales.

Aprendamos a vivir la vida en este silencio que acalla las voces que aturden en su espectáculo, para dejarnos llevar por los susurros de los bellos detalles que inundan nuestro alrededor, y que aún desconocemos (¡y que llevaremos toda la vida descubriendo!)

Vivir en el silencio es aprender que todo puede ser distinto, que siempre hay algo nuevo por experimentar, aprender y poner en diversas voces. Las palabras ponen fronteras. El silencio abre el espacio hacia horizontes aún desconocidos.

Vivir en silencio es aprender a ser humildes al reconocer que no tenemos la comprensión total de las cosas. Por ello, el silencio es una instancia de deconstrucción de aquello que se presenta como único, acabado y absoluto. Las palabras que aturden no permiten ver más allá. La humildad del silencio nos abre a lo diferente.

Vivir en silencio es aprender a vivir en comunidad, ya que el silencio representa ese espacio de desconocimiento que me permite acercarme a mi prójimo, para descubrirle y descubrirme con él/ella en esa presencia compartida.

Vivir en silencio implica amarnos a nosotros/as mismos/as, al escuchar aquellas voces en nuestra profundidad que nos inquietan, nos desafían y nos asustan, sabiendo que tenemos una historia y que poco a poco la seguimos construyendo, sin saber por completo lo que viene sino tanteando y probando, pero siempre avanzando según los leves susurros nos indiquen.


Nicolás Panotto
Licenciado en Teología por el IU ISEDET, Buenos Aires. Doctorando en Ciencias Sociales y Maestrando en Antropología Social por FLACSO Argentina. Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP - www.gemrip.com.ar)
Fuente: Lupa Protestante

miércoles, 6 de febrero de 2013

“Sobre la exclusión ideológica de los poderes y la inclusión que nace del Reino de Dios”


“Por el camino venía un gemido amargo de esquilones rotos.
Era un sonido que hacía temblar a los judíos.
Había quienes corrían con sólo oírlo. Y todos aceleraban el paso.
Temían ver aparecer, de un momento a otro, aquellas piltrafas de hombre, que llamaban leproso. Oían sus gritos ‘Tamé, tamé’ (impuro, impuro),
y toda su piel de hombres y de cumplidores de la ley se ponía en estado de alerta” 
José Luis Martín Descalzo, “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret, Tomo II: El mensaje”

por Juan Pablo Espinosa Arce
El tema de la exclusión y de la inclusión social, política o cultural es un recurrente en la contingencia de las sociedades y es un fenómeno que se puede analizar desde diferentes perspectivas y disciplinas, tales como la sociología, la economía, la antropología y la teología. En nuestro desarrollo, queremos adentrarnos en la interpretación que la biblia  y la reflexión teológica hacen de ambos conceptos. Para ello, analizaremos el texto del encuentro de Jesús con el leproso (Mc 1,39-45), hermenéutica que desarrollaremos en tres apartados:
1. Situación del leproso antes del encuentro con Jesús: Exclusión en clave ideológica
2. Situación del leproso durante y después del encuentro con Jesús: Inclusión que nace del Reino de Dios
3. Situación de Jesús luego del encuentro con el leproso: Exclusión – inclusión en clave misionera y evangelizadora
1. Situación del leproso antes del encuentro con Jesús: Exclusión en clave ideológica.
Lo que debemos comprender en primer lugar es quién es el leproso. El leproso/leprosa, era para la sociedad judía el ‘muerto viviente’. Era un estropajo humano que por causa de su enfermedad era considerado un ptojoi, “es decir un sujeto incapaz de ganarse el sustento, ya sea por invalidez, por enfermedad, o por causas de otra índole. En definitiva los ptojoi representan a alguien que está imposibilitado de ingresar y mantenerse en el sistema judío o griego” (Carbullanca, 2011, p.51). La exclusión del leproso era una comprendida desde la ideología legalista de los grupos de poder, escribas y fariseos, representados en el relato marcano por la sinagoga y por la Ley de Moisés. Con esto, comprendemos en primera instancia que tanto la sinagoga (o también el mismo Templo de Jerusalén) así como la Ley, son instrumentos de legitimación de la marginación y exclusión sociocultural y política que son utilizada por un grupo minoritario en desmedro de un grupo más amplio. El leproso tenía su ‘centro vital’ en los lugares apartados, entre las tumbas de los cementerios y en los desiertos, esto en contraposición con el lugar de los grupos ideológicos que habitan la sinagoga, el templo y utilizan la Ley como instrumento de marginación.
La marginación que experimenta el leproso es una ideológica, la cual es definida como “el conjunto de ideas o representaciones que, como falsa conciencia, contribuyen a la dominación social” (Parker, 2006, p.14). La legitimación excluyente se expresa además desde la cultura y más específicamente del etnocentrismo, el cual expresa que cuando un grupo humano necesitar autodefinirse y autolegitimarse desde sus privilegios contenidos en esta ‘falsa conciencia’, se comprende como el centro  de toda medida con lo cual va sistemáticamente “rebajando a lo distinto, lo extranjero, lo Otro a la categoría de curioso, inferior e incluso peligroso” (Parker, 2006, p.12). El leproso es por tanto un peligro a causa de su impureza, contraída por un demonio, causas naturales o por la también ideología de la doctrina de la retribución que decía que el pecado de los padres se transmitía hasta siete generaciones posteriores.
2. Situación del leproso durante y después del encuentro con Jesús: Inclusión que nace del Reino de Dios
El relato del encuentro de Jesús con el leproso sigue con el diálogo que surge entre ambos. Es interesante notar que la ideología excluyente prohibía a un ‘sano’ interactuar con un ‘enfermo’, ya que el primero quedaba impuro siendo posteriormente excluido de la sociedad y de la sinagoga en virtud de la ley como elemento ideológicamente marginador. Jesús suprime la dimensión ideológica excluyente y entra al mundo el leproso, y decimos ‘entra a su mundo’ porque él siente compasión, es decir, pone su vida y su proyecto del Reino de Dios al servicio del marginado y excluido.
Con esto, el Reino de Dios y su mensaje asumen una función social la cual expresa a “Dios como promesa y utopía comunitaria de liberación y justicia. La esperanza en el Reino de Dios parte de una singular conciencia de opresión y de injusticia, pretende expresamente denunciar poderes históricos concretos y vincula inseparablemente la fe en la fidelidad de Dios con su intervención justiciera y liberadora” (Aguirre, 1994, p.141). La ‘singular conciencia de opresión y justicia’, curiosamente también se asume como una ideología, pero esta vez radica en un determinado conjunto de ideas que permite realizar una hermenéutica de la historia en la que se enfrenta el poder excluyente y el Reino de Dios inclusivo y protector de los ‘otros’, de los ‘distintos’.
La práctica inclusiva de Jesús se expresa posteriormente en la expresión que dirige al leproso “quiero, queda limpio”, o lo que es lo mismo ‘ya eres parte nuevamente de la sociedad que con medios ideológicos te terminó excluyendo, por lo tanto se consciente de que el Reino de Dios ha llegado’ (Cf. Mc 1,14-15). Esta práctica inclusiva nos hace comprender por tanto que Jesús actúa no desde el centro ideológico y santo de la religión farisaica, sino que vive en la periferia y es capaz de reinvertir la historia en pos de los marginados. Desde este nuevo centro que ahora es marginal, Jesús “anuncia el Reino, que no es lo que tenemos ahora, no es la Iglesia ni lo mejor de nuestra sociedad. Es algo que reclama violencia, que agita el corazón y nos mueve” (Reyes, 2008, p.327). 
3. Situación de Jesús luego del encuentro con el leproso: Exclusión – inclusión en clave misionera y evangelizadora 
El texto del encuentro con el leproso concluye con el mandato que Jesús dirige al primero de no contar a nadie lo que ha sucedido y además de ir a presentarse al sacerdote y dar la ofrenda que la ley mosaica prescribía para los que eran sanados de la lepra. Posteriormente a este diálogo, es interesante lo que dice el texto, a saber, Jesús ya no podía presentarse en lugares públicos y se mantenía en las afueras de la ciudad y de las sinagogas. Lo que quiere significar esto es que Jesús ahora experimenta la exclusión que vivía el leproso, y que nace de haberle tocado, dialogado con él y haberlo sanado. Por haber entrado en el mundo del leproso, Jesús es obligado a salir de los lugares públicos y dirigirse a los lugares de los ‘otros’, de los campesinos, de los pescadores, mujeres, niños, en fin, de todos los excluidos del mundo pagano. Exclusión que sin embargo evoca un imaginario teológico que hablará de la inclusión de estos mismos marginados.
La inclusión que se provoca en la praxis de Jesús es una que se fundamenta en la vivencia misionera y evangelizadora nacida del diálogo con el excluido. Esto se comprende como un “dejarse interrogar por la mirada a veces desesperada de tantas personas sufrientes y agonizantes es ponerse en una situación de límite radical donde no hay respuestas humanas, donde el lenguaje se ve confrontado con una notoria necesidad de silencio, donde no hay recetas universalmente válidas, donde no hay fórmulas mágicas, donde no hay planificación ni cálculos que valgan: ¡es orillar la frontera absoluta de la muerte y como parte inescindible del misterio de la vida! (Alonso, 2011, p.24)
Que en la praxis inclusiva de Jesús no hallan cálculos ni fórmulas mágicas, exige un doble desafío a las iglesias, una misión y una evangelización renovadas y que se deben posicionar en clave dinámica, compasiva y que deje de lado la traición ideológica de los poderosos que atacan a los marginados. Es por ello que las iglesias deben fatigarse para poder seguir a su Señor que cruza a la otra orilla en busca de los marginados, orillando la frontera de los ‘normales’ y atreviéndose a ir en la búsqueda de los pobres, de los enfermos, los locos, los ancianos, las mujeres, los niños, en fin, de las minorías que son puestas contra la pared producto de los instrumentos de legitimación de la exclusión. El Reino de Dios que irrumpe en la historia exige finalmente narrar esa misma historia de manera subversiva, es decir, desde los excluidos que son liberados y vueltos a colocar en la vida social, política, cultural y creyente.
Referencias:
-       Aguirre, R. (1994). La mesa compartida, Estudios del Nuevo Testamento desde las ciencias sociales. Sal Terrae: Santander.
-       Alonso, E. (2011). La mirada de lo invisible. Revista Mensaje, 602, 24-25.
-       Carbullanca, C. (2011). ¿Existe la mala suerte? Evangelización de los pobres en la cultura tecnológica. San Pablo: Santiago de Chile.
-       Parker, C. (2006). Cultura. Universidad Católica Silva Henríquez: Santiago de Chile.
-       Reyes, J. (2008). Signos de estos tiempos, interpretación teológica de nuestra época.Universidad Alberto Hurtado: Santiago de Chile
  


Autor/a: Juan Pablo Espinosa Arce


Juan Pablo Espinosa Arce es estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía - UC del Maule. Laico católico, Diócesis de Rancagua - CHILE

    viernes, 1 de abril de 2011

    Obispos contra el perdón.


    Primero fue el obispo de Bilbao, que dijo: No puede haber perdón si antes el culpable no pide perdón. Luego fue el obispo de San Sebastián, que reiteró: No puede haber perdón si primero el culpable no se arrepiente. Por fin, el obispo de Pamplona concluyó: No puede haber perdón sin que el culpable haya primero cumplido la penitencia.

    No sé cómo interpretar estas declaraciones últimamente reiteradas al unísono por los actuales obispos de las diócesis vascas. Tal vez intentan, a la desesperada, sostener al decaído sacramento de la confesión con las cinco condiciones impuestas por Trento en el siglo XVI: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. ¡Dios mío! ¡Qué terrible se me haría creer en un “Dios” que exigiera esos cinco requisitos, o incluso uno de ellos solamente, como condición del perdón! Si Dios fuera así, ¿podríamos alguien –incluidos los obispos– dormir tranquilos? A no ser que nos creyéramos justos, o mejores que el prójimo… En realidad, creer en ese dios sería negar a Dios. Y los obispos saben bien que al principio no fue así, que hasta el siglo VI ni siquiera se conoció la confesión oral repetida ante un sacerdote, que Roma incluso prohibió la práctica iniciada por los monjes irlandeses y que luego la impuso como obligatoria, que la única confesión de que se habla en el Nuevo Testamento es la confesión mutua y la mutua absolución entre hermanas y hermanos de la comunidad creyente.

    Pero las afirmaciones de los obispos responden quizá a otros motivos y persiguen otros objetivos. Quizá quieren ser una aportación al momento político crucial que estamos viviendo en el País Vasco. Los obispos tienen el derecho y el deber de aportar sus criterios éticos y/o evangélicos para que la sociedad vasca acierte con el mejor camino hacia la paz. La paz con todos los adjetivos que se quieran, o la paz sin ningún adjetivo, si se prefiere. La paz. El shalom. Bakea. Es un momento delicado. Hay mucha gente herida en su carne y en su memoria. No podemos apartar la vista de ninguna herida. Y no podemos descuidar ninguna medida necesaria para que las heridas de todos se curen, si fuera posible. Si lo creemos posible, si lo esperamos de verdad, entonces será posible. Es hora de mirar al futuro, sin olvidar el pasado. Sólo hay que mirar al pasado con vistas al futuro. Hay que mirar las heridas del pasado y del presente con ojos de unción. Que la mirada sea un bálsamo. Que las medidas sean sanadoras. Que el ánimo se ensanche. Y ésta es, me parece, la misión de los obispos hoy y aquí: despertar la unción de la mirada y ensanchar el alma en todos, empezando por los más heridos.

    Pues bien, en las mencionadas palabras de los obispos yo no encuentro unción, bálsamo y anchura de alma. Encuentro veladas consignas políticas que a nadie pueden curar. El Código penal, en la medida en que sea justo, será necesario y habrá que aplicarlo. Pero no tendremos curación para nuestras heridas personales y colectivas si no vamos más allá del código y la ley, la pena y la penitencia. El perdón será lo único que nos cure.

    ¿Pero qué perdón? Solamente el perdón gratuito, el perdón sin condiciones, que nace de lo más humano del corazón, allí donde reside la compasión de Dios que a todos nos sostiene. O el perdón es gratuito, sin condiciones, o no es realmente perdón. Claro que el autor del daño debería, en algún momento, conmoverse en su corazón y acercarse a quien ha herido y decirle: “Lo siento, perdóname”. Pero distingamos: una cosa es que, para ser plenamente alcanzado y transformado por el perdón, el autor del daño deba sentirse apenado por el daño causado y decir: “Perdóname” y reparar en lo posible el daño hecho, y otra cosa muy distinta es que el arrepentimiento, la petición de perdón y el cumplimiento de la penitencia sean condición para que la víctima perdone. Lo primero es verdad, lo segundo no. Si el que perdona no perdona gratuitamente, sigue herido. Si el que recibe el perdón no lo recibe como perdón gratuito, sigue también herido, al igual que seguirá herido mientras no se duela del daño que hizo. Pero el perdón verdadero solo puede ser gratuito.

    Eso es lo que leemos en el Evangelio, mucho antes de que en la Iglesia se impusiera el sistema penitencial vigente. Leemos que el padre había perdonado a su hijo pródigo desde el instante mismo en que aquel abandonó la casa, y por eso salía a otear de lejos, lleno de pena por su hijo alejado, y que el hijo perdido acabó de hallarse a sí mismo y de curarse del todo cuando vio que su padre (y su madre, claro está, aunque no se la mencione) siempre le había perdonado y que no le permitía ni siquiera hacer la confesión. Leemos que Jesús dijo: “Amad a vuestros enemigos, es decir, a nadie miréis como enemigo. Sed compasivos como vuestro Padre, como vuestra Madre del cielo es compasiva”. Leemos que Jesús murió diciendo a Dios o diciéndose a sí mismo: “Perdónales, porque no saben lo que hacen” (y tengo para mí que fue en ese momento cuando resucitó). Y leemos que dijo: “No mires la paja en el ojo ajeno, sin mirar primero la viga en el tuyo”, y también: “Mira al otro como quisieras que el otro te mirara a ti”.

    Eso es el evangelio en su estado puro. Ni siquiera se trata, propiamente, de “perdonar” al culpable, sino de mirar también en él la herida y la gracia, de acogerlo y de seguir confiando en él para un futuro mejor. Es superar de una vez el estrecho y torturado esquema de la culpa y el castigo. Es ser como Dios, que no mira a nadie como culpable, sino que más bien nos restaura con su mirada. Y eso es lo que leemos en san Pablo por activa y por pasiva en la Carta a los Gálatas y en la carta a los Romanos: “Somos amados, perdonados, salvados por Dios siempre de antemano, sin condición alguna, y cuando esto lo creemos, lo sentimos, lo acogemos, entonces nos transformamos y nos hacemos buenos”. Y lo que Dios hace con nosotros, eso debemos hacer nosotros con todos los que nos hacen daño, como dice Pablo: “Vence al mal a fuerza de bien”. Eso es el Evangelio, y tiene poco que ver con los códigos y las condiciones penitenciales, aunque lo enseñen los obispos.

    ¿Es eso posible? Creerlo y querer practicarlo, eso es creer en Dios, o dejar que sea en nosotros. Lo practicó Jesús. Lo practicó Francisco de Asís, Mahatma (“alma grande”) Gandhi, Luther King y una gran multitud de creyentes o no creyentes que siguen curando a la humanidad y mostrando el camino.

    Jo Berry es la hija de un parlamentario británico asesinado por el IRA en 1984. En Noviembre del 2000 quiso encontrarse con Pat Magee, responsable de la muerte de su padre, para escucharle y dialogar, y siguen participando juntos en actos públicos, en talleres llamados “Mirar cara a cara al enemigo”. Jo Berry escribe: “Ahora no hablo de perdón. Decir ‘te perdono’ es casi condescendiente; te encierra en un escenario de ‘nosotros y ellos’ en que yo encarno el bien y tú el mal. Con esa actitud no vamos a ninguna parte. Pero puedo sentir empatía y en ese momento no enjuicio. A veces al encontrarme con Pat he comprendido con tanta claridad su vida que no queda nada por perdonar”.

    Mirar al que me ha hecho daño de tal manera, que los ojos no encuentran en él nada que perdonar. Es la mirada que transforma. Es la primacía de la generosidad. Es el poder de la bondad. Es la esperanza para la humanidad. Es lo divino del ser humano. Es lo humano de Dios, ¡bendito sea! Es el Evangelio de Jesús. Y es lo que de un obispo cabría esperar.

    Para orar

    Señor,
    Ayúdame a decir la verdad
    delante de los fuertes y a no decir
    mentiras para ganarme el aplauso
    de los débiles.

    Si me das fortuna, no me quites la razón.
    Si me das éxito, no me quites la
    humildad.
    Si me das humildad, no me quites
    la dignidad.

    Ayúdame siempre a ver la otra
    cara de la medalla,
    no me dejes inculpar de traición
    a los demás por no pensar
    igual que yo.

    Enséñame a querer a la gente
    como a mí mismo y a no juzgarme
    como a los demás.
    No me dejes caer en el orgullo
    si triunfo, ni en la
    desesperación si fracaso.

    Más bien recuérdame que el
    fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
    Enséñame que perdonar
    es un signo de grandeza y que la venganza
    es una señal de bajeza.

    Si me quitas el éxito, déjame
    fuerzas para aprender
    del fracaso.
    Si yo ofendiera a la gente,
    dame valor para disculparme
    y si la gente me ofende,
    dame valor para perdonar.

    ¡Señor, si yo me olvido de ti,
    nunca te olvides de mí!

    (Mahatma Gandhi)

    Fuente: Chacatorex

    viernes, 12 de marzo de 2010

    Un Chile oculto


    Por Osvaldo Herreros S. (*)
    Chillán.Chile.
    Una de las primeras cosas que nos ha sorprendido, es que en medio de la tragedia, el dolor y sufrimiento, emerge un "Chile Oculto" desde dentro de nuestro pueblo, con saqueos, robos, actitudes criminales, como un monstruo escondido que había sido tapado por el otro Chile, floreciente y arrogante entre los países desarrollados, que se decían los "Tigres de América", modelo para los países subdesarrollados...

    Emerge del mar un "Monstruo de siete cabezas y diez cuernos" tipo apocalíptico, que sorprende, asusta y enloquece. Viene de un Chile Profundo, con los pobres con hambre y desesperados; con los resentidos por las "desigualdades" de tantos años; con los delincuentes y malandras que se enseñorean de la tragedia; con los presos y reos que son libres por cárceles derrumbadas...; con los aprovechadores que en camionetas 4 x 4 y camiones modernos roban plasmas TV, refrigeradores y roperos finos; con los comerciantes que comienzan a subir los precios al doble luego de una semana del sismo...¿Qué nos ha pasado?

    Para no ser menos, este Chile Profundo, viene con Iglesias, apóstoles y profetas que se aprovechan también de la tragedia, asustando a la gente con un castigo divino y las penas del infierno; que es sólo el principio de los dolores, pues "van a venir cosas peores", donde muchos irán al abismo o a lo profundo del mar. Falsos profetas de mucha autoestima y dueños de una Iglesia Electrónica, que blasfema con sus Obispos, apóstoles y profetas en grandes Hoteles y aguas termales, donde descansan de sus duras jornadas y aligeran su carga con alegres jaranas, preparándose para la ardua tarea seudo-evangelística...

    Pero este es el segundo terremoto, el de febrero. Chile tuvo otro terremoto en enero, con la derecha subiendo a la toma del poder político, económico, empresarial y de los medios de comunicación. Ya se empezaba a decir, antes del sismo de febrero, que había déficit del presupuesto, y que todas las promesas y programa de excelencia de gobierno no se podrían cumplir; que no se podría subir los salarios de los trabajadores; que se van alargar las jornadas de trabajo y los años de jubilación y que habría que producir más...Palabras tan conocidas de los patrones desde los tiempos de la colonia y ahora más encima, de la culpa del presupuesto, viene el terremoto culposo de febrero...

    ¿Donde estará el Dios de la Esperanza y el Cristo que libera a su pueblo, del sufrimiento, el dolor y la tragedia? Afortunadamente está en medio de los pobres y los que sufren compartiendo en forma solidaria, los que hacen ollas comunes y comparten lo poco que tienen (porque la ayuda de los de arriba, luego de una semana aún no llega) en el pozo de agua del abuelo y que se abre para todos los vecinos, sin precio y sin dinero.

    Está en las poblaciones que están un poco mejor, y van en ayuda de la otra población que está destruida en el suelo. Un vaso de agua compartido puede ser... dice el Cristo del Evangelio, es parte del Reino que se hace presente. Pienso junto al templo y la casa semiderrumbada, la Teología de Liberación en nuestro pueblo y nuestro continente, está más vigente que nunca...

    ¿Qué nos ha pasado? Con humildad, con esperanza, pues reflexiono, triunfaremos volviendo a las raíces, volviendo a los valores de la cultura solidaria de nuestro pueblo y a los principios del Cristo Liberador del Evangelio, volveremos con fe y acción desde la base a tener un país y un mundo diferente...+ (PE

    (*) Osvaldo Herreros S. es pastor de la Iglesia Metodista en Chile. Actualmente reside en Chillán.

    PreNot 8788
    100312

    Fuente:
    http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=4368