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domingo, 7 de julio de 2019

Los migrantes: los desterrados del mundo y la indiferencia por la vida humana.


Guillermo Castillo Ramírez

Oscar Martínez, y Valeria su hija de casi dos años, no sólo murieron tratando de cruzar el Río Bravo y huyendo de El Salvador… También los mató su país de origen, que sólo tenían pobreza y violencia para ofrecer… y la indiferencia en México y, especialmente, el racismo y la xenofobia del gobierno de Estados Unidos… 


La migración ¿un fenómeno de la globalización?


Una de las consecuencias de los procesos de reestructuración económica y política que implicó la globalización fue el incremento de la precarización de las condiciones de vida de gran parte de la población mundial. Lejos de una prometida inclusión y bonanza generalizada, estos procesos de libre mercado e integración regional sólo propiciaron el crecimiento/concentración de la riqueza en pocas manos y acentuaron una serie de problemáticas generalizadas: la desigualdad se incrementó de manera notoria, la pobreza aumentó de forma sostenida, el despojo y el intervencionismo de los países del norte global sobre los territorios y pueblos del sur continúa. En este contexto, la pobreza, la violencia (los conflictos bélicos y de diverso orden) y el despojo han producido un crecimiento en el número de migrantes (que ronda en cerca de los 260 millones según ACNUR). Asimismo, se han disparado las cifras de migrantes forzados y refugiados (que ahora son más de 60 millones), y también se incrementó el número de muertes y desapariciones (según la OIM de 2014 a 2018 murieron más de 32 mil migrantes, de los cuales cerca de 1600 eran niños). Para el 2019, la zona más mortífera continúa siendo el Mediterráneo, y, en segundo sitio, la frontera México Estados Unidos (EU).


Particularmente y de 2014 a 2018, en la frontera México EU, se estimó en cerca de 1900 el número de migrantes muertos (buena parte de los cuales eran originarios de Triángulo Norte de Centroamérica). Y, desde 1998 a la fecha, y conforme a datos de la patrulla fronteriza de EU, el número anual de migrantes muertos es de más de 250 (y en varios años es muy superior a esa cifra).


Los migrantes centroamericanos, historias de violencia e indiferencia

La migración forzada de centroamericanos en tránsito por México es una de las más grandes, precarias y peligrosas del mundo. De acuerdo a ACNUR para 2015, y en los años siguientes, se estimaba en medio millón de personas. También el número de muertes, agresiones y desapariciones es considerable. Sólo en las últimas semanas, fallecieron cinco menores de edad en centros de detención de EU. Y recientemente perdieron la vida ahogados en el Río Bravo Oscar Martínez y su pequeña hija Valeria, intentando ingresar a EU. Los riesgos que corren estos migrantes, tienen causas múltiples (pobreza, violencia, desastres naturales), y, como gran denominador común, la estructural indiferencia por el valor de la vida de estas personas, tanto en sus países de origen, como en México y, sobre todo, en EU.

En sus lugares de origen, los gobiernos no ofrecen condiciones indispensables de existencia (trabajos, salarios bien remunerados, derechos sociales), ni seguridad (contra pandillas y el crimen organizado); ignoran a los futuros migrantes y los dejan a su suerte. En México, sufren múltiples agresiones por parte de grupos del crimen y algunas fuerzas de seguridad, y son vistos como delincuentes por partes de las autoridades. Finalmente, en EU, se les trata como criminales de alta peligrosidad y transgresores de la ley.

Lejos de estas prácticas y políticas xenófobas (y violatorias de los derechos humanos), los migrantes son personas que huyen de la adversidad y lo único que buscan es la oportunidad de una vida digna y con lo básico. Criminalizar a los migrantes sólo los expone a más riesgos y agresiones, y constituye un acto de violencia estructural e institucional.



-Guillermo Castillo Ramírez es profesor de licenciatura y posgrado de la UNAM



https://www.alainet.org/es/articulo/200809

martes, 2 de julio de 2019

Rostro doloroso de la migración.

Oscar Alberto Martínez y su hija Valeria, en el Rio Grande
Foto: Julia Le Duc


De nuevo la noticia de la “elección trágica”. La tarde del 23 de junio, los salvadoreños, Óscar Alberto Martínez, de 25 años, y su hija Valeria, de un año y 11 meses, perdieron la vida al intentar cruzar el río Bravo en la ciudad de Matamoros del estado de Tamaulipas, México. La madre de la pequeña, Tania Ávalos, quien también los acompañaba, salvó su vida, gracias a que una persona la rescató, sin embargo, presenció la trágica escena. Esta familia llegó a Tamaulipas para pedir asilo en Estados Unidos y tras dos meses de espera infructuosa, en el campamento Puerta México, decidieron cruzar el río Bravo que conecta a México con Brownsville, en Texas, Estados Unidos.

La causa de su emigración la explicó de forma precisa la madre de Óscar: "Ellos querían tener su propia casa. Él me decía que con el sueldo que ganaba aquí, no les alcanzaba para vivir, por eso optaron por irse”. En los informes sobre el desarrollo humano de las Naciones Unidas, cuando se aborda el drama de las migraciones, se usa el término “elección trágica”. Este apunta al hecho de que una persona o familia se ve presionada u obligada a cambiar su lugar de residencia debido a que su integridad física o su seguridad se ven amenazadas por la precariedad económica o por la violencia generalizada. Es una decisión difícil, concebida como la última opción de los desesperados, que se adopta cuando ya no hay más alternativas. Es también elección trágica por los peligros que supone un viaje en condiciones de indocumentado.

En consecuencia, el concepto remite a la realidad de una población que ve vulnerados sus derechos tanto en su país de origen como en los de tránsito y destino. Desde la perspectiva de los derechos humanos, es preciso recordar que, independiente de la condición migratoria, los migrantes son, ante todo, personas que poseen una dignidad que debe ser respetada y protegida. Frente a los discursos técnicos, peroratas políticas o medidas antiinmigrantes, se impone ahora, de nuevo, la fuerza de lo evidente: una niña que muere junto a su padre, buscando una vida mejor. Su sueño era mínimo: un techo digno, trabajo estable y garantizar el pan diario. Esta tragedia, que ha estado presente en los medios de comunicación y, que, probablemente, desaparecerá en semanas, debe ser un fuerte llamado a la decencia humana que empieza por “padecer con las víctimas”.

El papa Francisco, en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante 2019, recordaba que la expresión más sensible de nuestra humanidad es la compasión que lleva a estar cerca de quienes vemos en situación de dificultad. Y reiteraba que sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar. Significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide reprimir. Se trata, pues, de una actitud esencial que nos lleva a la acción. No es un sentimiento tranquilizante y pasajero.

Desde luego, que la compasión, entendida como un comportamiento activo y comprometido, desencadenado por el sufrimiento ajeno, requiere un corazón sensible para captar las legítimas necesidades de los grupos más vulnerables y alcanzar acuerdos que transformen su realidad. En esta línea, el papa Francisco ha exhortado a no quedarse en el análisis técnico ni en la polémica política, sino buscar y concretar soluciones. Para Francisco, éstas pasan por establecer planes a medio y largo plazo que no se queden en la simple respuesta a una emergencia. Implica, establecer prioridades como la integración de los emigrantes en los países que los reciben y la ayuda al desarrollo a los países de origen. Son estratégicas, en este sentido, las tres acciones que, con vehemencia, ha propuesto el papa: prevenir el tráfico de personas (invirtiendo en la gente); proteger a las víctimas (acompañándolas, sirviéndolas, defendiéndolas); perseguir a los criminales (estableciendo políticas de persecución de los casos de tráfico ilícito de migrantes y trata de personas).

Es un hecho que las políticas del presidente Trump, orientadas a levantar un muro, deportar masivamente, poner fin a las ciudades santuario, derogar leyes que protegen de la deportación, suspensión de políticas que amparan al emigrante, entre otras, no han logrado frenar la emigración a gran escala proveniente de los países centroamericanos. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cerca de 400 mil indocumentados centroamericanos cruzan cada año el territorio mexicano para llegar a los Estados Unidos. Pero, este año, entre enero y marzo, se estima que más de 300 mil personas ya han cruzado la frontera sur de México de manera irregular.

Ahora bien, cuando se emigra desde la pobreza – como Óscar y su familia - la aversión al emigrante no es sin más un rechazo al extranjero (xenofobia). Es rechazo a las personas pobres. De ahí el término acuñado: “aporofobia”. Ante el rostro doloroso de la emigración forzada que golpea a las mayorías, miradas con repudio, temor y desprecio, se hace imperativo un cambio de perspectiva, que erradique la hostilidad por hospitalidad al extranjero pobre, que unifique compasión y justicia. Construir una sociedad justa, incluyente y compasiva, es un signo de progreso humano. Lo exigen las víctimas y los empobrecidos. Y desde la inspiración cristiana recordemos que, según el evangelio de Mateo, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos o nos desatendemos y los abandonamos. “Vengan benditos de mi Padre, porque era emigrante y me recibieron […]” O, por el contrario: “Apártense de mí, malditos, porque era emigrante y no me recibieron”. Los compasivos, son los que aprueban la decisiva asignatura de lo humano.


-Carlos Ayala Ramírez es profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuita de Teología (Santa Clara, University). Docente jubilado de la UCA.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Europeos están empeorando la situación de los refugiados.



Las políticas de los países europeos en materia de migración están empeorando la situación de los refugiados, ya que han protegido a los solicitantes de asilo y violan los derechos humanos en muchas ocasiones, denunció hoy Human Rights Watch (HRW).

En un informe titulado “las políticas europeas ponen en riesgo a los refugiados: agenda para restablecer la protección”, el organismo humanitario acusa a la Unión Europea (UE) de haber puesto en marcha medidas políticas para eludir la responsabilidad social y legal que tiene con los refugiados.

Los esfuerzos por parte de la UE para intentar mantener fuera de sus fronteras a los solicitantes de asilo sólo están empeorando la situación en los países cercanos a las zonas de conflicto, como es el caso de Turquía, Líbano y Jordania, señaló.

En su reporte divulgado en su página web, la organización remarcó que la legislación europea supone una grave violación de algunos de los derechos más fundamentales de los solicitantes de asilo.

“El año 2016 destaca como el año en el que la UE decidió cerrar sus puertas a los refugiados e hizo la vida más difícil para los que ya estaban dentro de sus fronteras”, dijo la directora de HRW para Europa y Asia Central, Judith Sunderland.

Para Sunderland, los esfuerzos de la UE por convertir Europa en un terreno hostil para los refugiados “menosprecian los grandes riesgos” que toman los refugiados para huir del conflicto y la persecución, algo que “va en contra de los valores europeos”.

El informe destaca que la falta de coordinación entre los gobiernos europeos contribuyó a la crisis humanitaria de 2015, cuando llegó a Europa más de un millón de personas a través del mar Mediterráneo, cruzando por una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.

Según HRW, la mala gestión por parte de las autoridades europeas de la llegada de inmigrantes ha sido una de las principales causas de que el problema migratorio se haya transformado en una de las peores crisis humanitarias de los últimos tiempos.

A pesar de que en 2016 sólo han llegado 340 mil personas por mar, ha sido el año con más víctimas mortales en la travesía, pues más de cuatro mil 600 personas han perdido la vida o desaparecido intentando cruzar el Mediterráneo.

HRW denunció que las políticas de la UE, con iniciativas como el acuerdo con Turquía, se han centrado en prevenir la llegada de nuevos refugiados y en externalizar la responsabilidad de atender a los solicitantes de asilo a los países de la frontera.

En su informe, HRW concluye pidiendo a la UE más liderazgo en la crisis global de migración y que aumente sus compromisos de acogida, seguridad y salvamento de refugiados.

Notimex

viernes, 25 de septiembre de 2015

Ante los refugiados sirios, ¿abre América Latina su corazón y sus brazos?



Clara Temporelli.

Latinoamérica recibió en el pasado olas de inmigrantes árabes que se abrieron camino en la región pese a sus diferencias culturales, religiosas e idiomáticas. Esta historia puede ofrecer pistas en medio de la gigantesca crisis de refugiados desatada por la guerra en Siria, que desafía especialmente a Europa, es la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Según las cifras de las Organización Internacional para las Migraciones más de 350.000 personas han atravesado este año el Mediterráneo para llegar a ese continente y al menos 2.643 murieron en el mar.

En nuestro continente hoy, según las entidades que los agrupan, cerca de 18 millones de latinoamericanos tienen origen árabe, en su mayoría de inmigrantes que llegaron entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Éstos no eran formalmente refugiados, pero escapaban de serios problemas: la crisis en la producción y venta de seda hizo emigrar a miles de libaneses que vivían de esa actividad; también surgieron persecuciones contra las minorías cristianas maronitas, que junto con el derrumbe del Imperio Otomano y el riesgo de ir al frente de guerra llevaron a buscar nuevos horizontes.

Brasil fue la principal puerta de entrada en América Latina. Los especialistas creen que una de las claves para la integración en la región fue la ausencia de trabas, simplemente se les permitió inmigrar y trabajar. Los primeros inmigrantes vendían productos de forma ambulante, de pueblo en pueblo, con el tiempo fijaron domicilios que eran a la vez sus hogares y tiendas, se los denominaba “turcos” por pertenecer al Imperio Otomano, aunque en realidad no eran turcos sino sirio-libaneses. También el hecho de que muchos fueran cristianos maronitas les permitió adaptarse desde el punto de vista religioso, participando en misas, ritos católicos y hasta fundando sus propias iglesias. La segunda y tercera generación progresó porque pudo tener acceso a la educación e incursionó en la industria, en las ciencias, en la medicina.

Estos antecedentes han pesado para las políticas receptivas que países latinoamericanos aplican con los actuales refugiados sirios.

Los inmigrantes árabes han sido retratados en la literatura latinoamericana en la novela de Jorge Amado De cómo los turcos descubrieron América o en la obra de Gabriel García Márquez Cien años de soledad.

En Brasil, según datos oficiales, los refugiados ya suman más de 2.000 desde 2011, un contingente superior al que recibieron algunos países europeos. Éste país simplificó el trámite para reconocerlos, las asociaciones sirias y libanesas se mueven para facilitarles techo y trabajo, y algunos han llegado a ser acogidos en parroquias católicas, algo que el papa Francisco pidió que haga Europa.

En Argentina el director del Diario Sirio Libanés, Yaoudat Brahim, explicó que: “en este momento, el Club Sirio Libanés de Buenos Aires (CSLBA), está elaborando una lista de voluntarios, que se comunican para ofrecer ayuda como una habitación en su casa, departamentos vacíos o también fincas para trabajar; es posible hacer una carta ante Migraciones (con carácter de declaración jurada) en la que se deja constancia que se tienen las posibilidades y las condiciones de recibir a un refugiado, pero insiste en que este tipo de trámites llevan dos meses como mínimo y no resuelve la urgencia de los refugiados”.[…] “También existe el ‘Programa Siria’, implementado desde el 2014 por el Gobierno, que tiene el inconveniente que llevarlo a la práctica tarda alrededor de dos meses y las personas que están sufriendo el conflicto no tienen ese tiempo para resolver su extrema situación”. Este programa facilita los mecanismos para que familiares o conocidos de ciudadanos sirios puedan recibirlos en sus hogares. Además, estipula los requisitos para que las víctimas de la guerra, soliciten refugio en Argentina. […] Conocemos muy bien el drama de la población siria y es noticia mundial porque a Europa le preocupa el tema migratorio. Muchos de sus gobiernos fomentaron la situación actual en Siria y en medio Oriente. Cien años de explotación tiene consecuencias”, agregó Brahim.

Según la Comisión Nacional para los Refugiados, Argentina dio asilo a 233 personas desde el inicio del conflicto. Ante esta situación, algunos municipios y provincias Argentinas se ofrecieron ante la ONU para acoger a familias sirias, la localidad de Pilar, en la provincia de Córdoba, ofrece terrenos y trabajo para unas 50 familias que quieran instalarse allí, con la posibilidad de iniciar los trámites necesarios para que en un futuro “puedan radicarse de manera definitiva”. Ya existen diez familias en condiciones de viajar al país, comunicaron en exclusiva a Infonews fuentes del municipio.

También Santiago del Estero abre sus brazos a los hermanos refugiados y según confirmaron a Diario Panorama, cerca de cien personas se encuentran en esa provincia tramitando la visa. La Sociedad Sirio Libanesa trabaja a la par del Consulado Sirio, que en estos días comunicará oficialmente los pasos que seguirá ante los cientos de inmigrantes que llegan. También interviene la Dirección de Derechos Humanos de Santiago del Estero.

Países como Argentina, se han construido, como sociedades nuevas, con aportación del exterior, renovadas y cambiadas en cada etapa, con cada nuevo flujo. Es consciente de su deuda con esas personas que llegaron y ayudaron a levantar la sociedad de hoy. Ese reconocimiento, resulta opuesto a la situación de sociedades homogéneas, antiguas, iguales. Se trata de recibir personas, de la manera en que se acogió a los europeos que llegaron antes. Pero la mayoría de los economistas europeos están de acuerdo en que la inmigración[1] promueve el crecimiento, y Alemania está viviendo un momento en que la ola de emigrantes puede serle económica y demográficamente útil. En esta realidad humana hemos de considerar que los refugiados se desplazan a ese país -primeramente- porque les facilita un albergue comunitario y les dan una cantidad de dinero para alimentos, además de que permanecen cerca de Siria, a dos horas de vuelo, a dos meses caminado. La gente no quiere migrar, espera que se solucione el conflicto para volver. Si se terminan las balas, se terminan los problemas, dejan de migrar y de morir en su intento por llegar a Europa.

Argentina se suma así a los otros países que ya reciben refugiados sirios, como Alemania, Australia, Brasil, Canadá, Dinamarca, Finlandia, los Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, España, Suecia, Suiza, Chile, Uruguay.

El Papa Francisco expresó el día 6 de septiembre que cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa hospede a una familia de refugiados tanto de Siria como de Irak, comenzando por su diócesis de Roma, de tal manera que dos parroquias del Vaticano acogerán en estos días dos familias de refugiados; pues la Misericordia de Dios se expresa a través de obras concretas. Y es el Misericordia, el otro nombre del Amos, expresado por Jesús en Mateo 25: ‘Todo aquello que hagan a uno solo de estos hermanos míos más pequeños me lo harán a mí”.

El evangelio en Mateo 7,23-30 nos enfrenta a una acumulación de límites: Jesús se encuentra en tierra extranjera (en la región de Tiro) ante una mujer, extranjera: sirio-fenicia, pagana, y con una hija poseída por un espíritu maligno. Es sencillo descubrir el sufrimiento y la angustia de esta madre. Sin embargo, Jesús le responde fríamente, se siente enviado a otros destinatarios. Esta mujer desmonta los argumentos de Jesús usando sus mismas palabras. Afirma que la compasión y la misericordia están por encima de la discriminación de los pueblos. Su respuesta impacta a Jesús, quien reacciona, comprende de repente que los parámetros culturales, raciales y religiosos, le han hecho contestar con dureza y reacciona. Sus actitudes y razones se hacen polvo. La misericordia las desborda y cambia su negativa por curación. El coraje, el amor y la pasión con que la mujer lo ha interpelado tocan su ternura y su misericordia. La fe de la mujer en su bondad no tiene fronteras, provoca el cambio de Jesús y hacen posible la sanación.

El diálogo con la vida lleva al cambio continuado. Abrirse a lo diferente provoca un cambio y Jesús no tiene miedo a rectificar si se da cuenta que está equivocado, se le desbloquean los prejuicios hacia los paganos y extranjeros; se le ilumina el camino, un camino sin fronteras, que va más allá de su pueblo, de su cultura, de su religión y nación.

El sufrimiento humano no tiene fronteras; la compasión, el amor y la misericordia de Dios ha de ser experimentada por todas las personas. La parábola de Mateo 25 nos recordará que seremos juzgados según nuestra actitud ante los hambrientos, sedientos, presos, “extranjeros”, desnudos, enfermos o presos…

¿Estaremos dispuestos a vivir el coraje de la fe, a desafiar la discriminación, a incluir y abrir todas nuestras fronteras, las del corazón, las políticas, las económicas para acoger con brazos abiertos a los refugiados? Como sociedades cristianas no tenemos excusas válidas que nos justifiquen.

***

[1] Sobre la terminología: La BBC utiliza el término migrante para referirse a todas las personas en movimiento que todavía tienen que completar el proceso legal de solicitar asilo. Este grupo incluye tanto a las personas que huyen de países asolados por conflictos bélicos -como el caso de Siria- a quienes es muy probable que se le conceda el estado de refugiado, así como aquellos que buscan empleo y mejores condiciones de vida, que son propensos a ser catalogados como migrantes económicos.


Imagen extraída de: Observatorio MEP sobre migración

jueves, 22 de enero de 2015

Migración y Nostalgias.




“Saudade”, dice la gente de Brasil, no es lo mismo que “nostalgia”. Es algo más. Es una palabra que tiene que ver con ausencias que están presentes, con realidades que anhelamos, que esperamos, que nos inundan pero que están lejos; lejos en el pasado o añoradas en un futuro por venir.

Saudade expresa un sentimiento afectivo, próximo a la melancolía y la nostalgia, “estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia”.

Las saudades, las nostalgias, las ausencias, presencias, sueños y utopías son parte de la identidad de quienes somos migrantes y de quienes somos “del camino” de Emmanuel, un Dios que migró de lo celeste a lo palpable, para que la vida y la plenitud vuelvan a la tierra, porque este es el sentido del mundo, un espacio común, con lugar para que todas y todos puedan vivir con plenitud.

Sin embargo, la sensación de no estar en nuestra tierra es una constate de quienes creemos en algo más. No necesitamos estar fuera de nuestra geografía para definirnos con el credo antiguo “extranjero y peregrino soy entre vosotros” (Génesis 23:4). En especial cuando sentimos vivir en un mundo que no es mundo y donde la esperanza flaquea y la no-vida golpea a las personas más sufridas e indefensas.

Es la sensación del escritor bíblico cuando dice “somos forasteros y peregrinos delante de Tí, como lo fueron nuestros padres, como una sombra son nuestros días sobre la tierra y no hay esperanza” (1a Crónicas 29:15). Y cuando no hay esperanza, hay silencio. Y qué duro es el silencio de palabras de vida cuando estás rodeado por mensajes que te llegan en otro idioma y en otro sentido, en el embalaje de una cultura extraña que habla el lenguaje de los poderosos, con palabras amenazantes de juicio y prejuicio.

Solos en otra tierra, dispersos por el mundo, solo nos queda la oración, “escucha mi oración, Oh Señor y presta oído a mi clamor, no guardes silencio ante mis lágrimas, porque extranjero soy junto a Tí, peregrino como todos mis padres” (Salmo 39:12)

Es fácil para los migrantes, en especial las y los más sufridos, comprender el dolor que significa sentirse sin tierra, sin historia, sin futuro, sin esperanza y sin Dios, en especial cuando se vive en el imperio de otros dioses de otras tierras.

Así lo expresa el salmista en tiempos de exilio, “cuando estábamos en Babilonia, lejos de nuestro país, acostumbrábamos sentarnos a las orillas de sus ríos [los ríos de los opresores] ¡No podíamos contener el llanto al acordarnos de Jerusalén!“ (Salmo 137:1).

Ignacio Simai, fundador de Lupa Protestante y líder de la Iglesia Evangélica en España escribió una versión contextualizada de este salmo en su artículo “Navidad o la nostalgia que conlleva el exilio”(2011). Dice así:


“Sentados junto al mundo de los empobrecidos,
llorábamos al acordarnos de la Utopía
anunciada por Jesús de Nazaret.
En los álamos de las grandes urbes
colgábamos nuestras guitarras.
Allí, los que nos esclavizaron, empobreciéndonos,
los que todo nos lo habían arrebatado,
nos pedían que cantáramos con alegría;
¡que les cantáramos canciones de Utopía!
¿Cantar nosotros canciones del Señor
en este modelo de sociedad que nos es extraño?
¡Si llego a olvidarte, Utopía,
que se me seque la mano derecha!
¡Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no te pongo, Utopía,
por encima de mi propia alegría!”

Ignacio Simal también nos habla de la nostalgia y de la migración, mejor aún del exilio, cito:


“Cuando se arrima a mi hombro la nostalgia. Nostalgia de un mundo mejor, de una iglesia mejor a la manera de Jesús de Nazaret. Es en ese momento cuando me siento, junto con muchos de mis hermanos y hermanas, en el exilio. Un exilio no querido, ni deseado, sino un exilio impuesto. Somos exiliados en una Aldea Global donde se nos pide que cantemos con alegría a fin de espantar nuestro mal, olvidando así la utopía del “reino de Dios” y justificar, de esa manera, a los que nos esclavizan (no ignoramos los nombres de los que rigen “Babilonia”).

Pero no, no podemos cantar con el fin de diluir nuestros sueños y ansias de ver con nuestros ojos y palpar con nuestras manos la nueva sociedad que anunció Jesús de Nazaret. Ese otro mundo posible que muchos añoramos.

En medio de esta Aldea Global no perdemos la esperanza, ni el ánimo.

Simplemente nos rebelamos a atender a sus mentiras, y seguimos en la lucha cotidiana creando sueños y mundos humanizados, pequeños en tamaño, pero signos de que un modelo de sociedad diferente es posible. Los construimos a través de comunidades y de movimientos sociales que paso a paso nos abren la puerta al mundo nuevo.

Entonces, cuando lo logremos podremos confesar que el Señor nos ha liberado de la esclavitud, ha cambiado la suerte de nuestro mundo. Entonces nos parecerá que estamos soñando, nuestra boca y nuestros labios se llenarán de risas y gritos de alegría (Sal. 126:1,2).”

Y a fin de cuentas, nada puede detener nuestra esperanza, cantamos sobre la utopía y sentimos la nostalgia activa que nos mueve a la construcción de una realidad nueva de la que somos parte. Somos un pueblo con nueva ciudadanía, nuestra pero de todas y todos los que trabajamos por un Reino nuevo sin exclusiones, sin multitudes obligadas a dejar su tierra o a vivir como no gente.

La nueva realidad por venir, que anhelamos y por la cual nos damos, nos inunda de nostalgia. Es la promesa que nos moviliza a la esperanza:


“Cristo vino a traer buenas noticias de paz a todos, tanto a ustedes que estaban lejos de Dios como a los que estaban cerca. Pues, por medio de Cristo, los unos y los otros podemos acercarnos al Padre por un mismo Espíritu. Por eso, ustedes ya no son extranjeros, ya no están fuera de su tierra, sino que ahora comparten con el pueblo santo los mismos derechos, y son miembros de la familia de Dios. (Efesios 2: 17-19)

Pensemos en las nostalgias de lo nuevo que nos han conducido hasta aquí y los desafíos que nos plantean respecto a nuestros sueños, esperanzas y utopías.

Concluyo con unas breves palabras de Rubén Alves sobre la saudade, quien en su libro “Creo en la Resurrección del Cuerpo” escribió una reflexión que dice así:


“EL ROSTRO RISUEÑO DE DIOS” R. Alves (Traducción libre Doris Arduin)

“Dios vive en la nostalgia, ahí donde el amor y la ausencia se asientan. ¿Sentir a Dios? ¿Tener comunión con Él? [Oír a Dios?]Es sentir nostalgia por el Reino, es gemir con la creación toda, sintiendo dentro de nosotros mismos el futuro que va creciendo, como embarazo…
Ahí en la tierra de la nostalgia, hacemos nuestras casas. [y Dios nos habla]
Somos inmigrantes, sin descanso, sin parada, siempre en camino. No hay lugar para reclinar la cabeza. Como plantas arrancadas, raíces a la vista, de tierra seca… Exiliados, construimos nuestros nidos en árboles de futuro. Es así, un camino en el que construimos nuestros toscos altares y quemamos nuestros sacrificios (Rm. 12). Entonando como canción el nombre de esta nostalgia sin fin, Cristo Jesús. Y pedimos que Él de pan y vino a nuestra nostalgia, contándonos sus esperanzas, los cuerpos libres, alegres, fraternos, saltarines, el Reino de Dios, realización de las bienaventuranzas.”

Cantemos la utopía de un mundo nuevo por venir y que la certeza del Reino nuevo comprometa a la iglesia y fortalezca a las y los migrantes.

Con nostalgia y compromiso,

Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin
Moderador Presbiterio de San Juan. PCUSA- Puerto Rico.
Miembro de la Junta Directiva del CLAI

(*)- Jorge Daniel Zijlstra Arduin es pastor y teólogo, estudió en ISEDET/ Argentina (Bachillerato Superior en Teología) y en la UBL/Costa Rica (Licenciado en Teología y Pastoral). Sirve en la Iglesia Presbiteriana USA en Puerto Rico y es miembro de la Junta Directiva del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI).

sábado, 2 de febrero de 2013

Cuando dar la mano al hermano es un crimen.



Editorial Redes Cristianas
España: La reforma en curso del Código Penal contiene muchas perversiones. Una no pequeña es su apuesta por utilizar el derecho penal para la represión de los flujos migratorios. En el caso de los extranjeros sin papeles (confinados inhumanamente en los CIE, sometidos a controles policiales por su perfil étnico, etc.), se genera una grave patología. En el epígrafe del Anteproyecto de Código Penal en el que se protegen los derechos de las personas extranjeras, se considera  -con muy buen criterio- que la trata y el tráfico ilícito de personas deben ser perseguidos y sancionados, pues suponen un ataque intolerable a su dignidad personal. El problema ético y jurídico surge cuando  se  equipara “la trata” de personas (abominable) con el “trato” con las personas inmigrantes indocumentadas (valioso).
 Con una redacción bastante defectuosa, se deja a criterio del Fiscal la posibilidad de condenar a quienes han auxiliado a personas en situación administrativa irregular por motivos humanitarios con penas de cárcel. ¡El valor ético de la hospitalidad metido a saco en el Código Penal! El bien y el mal intercambiables gracias al legislador.
La explicación “técnica” es aún más llamativa: estos comportamientos solidarios se consideran lesivos para el bien jurídico protegido, que  es precisamente la dignidad del migrante. ¿Cómo va atacar su dignidad recibirlo en casa, darle comida, vestido, etc.? Como acaba de decir Mons. Benavente, Obispo responsable  de la Pastoral de Migraciones, “lo inmoral no es auxiliarlos, sino omitir el deber de socorrerles”.
Cabe preguntarse si tan bajo moralmente hemos caído en Europa. La respuesta es negativa. La Unión Europea deja a criterio de los Estados el incriminar o no estos comportamientos altruistas; no obliga a su tratamiento penal. Sin embargo, sorprendentemente el Gobierno español ha tramitado un Anteproyecto de Código Penal que equipara a la persona hospitalaria con el traficante de personas, a quien compra un CD o le sirve un bocadillo o le paga el billete del autobús con las mafias de la inmigración ilegal. El desaguisado es de tal magnitud que el Parlamento rectificará enseguida.
 Lo agradecerán el más elemental sentido de justicia y… hasta el sentido común, En todo caso, a los ciudadanos nos toca, una vez más, suplir la falta de moralidad de nuestros políticos, poner en valor la hospitalidad y tratar de salvarla de la amenaza de su criminalización.