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domingo, 7 de julio de 2019

Los migrantes: los desterrados del mundo y la indiferencia por la vida humana.


Guillermo Castillo Ramírez

Oscar Martínez, y Valeria su hija de casi dos años, no sólo murieron tratando de cruzar el Río Bravo y huyendo de El Salvador… También los mató su país de origen, que sólo tenían pobreza y violencia para ofrecer… y la indiferencia en México y, especialmente, el racismo y la xenofobia del gobierno de Estados Unidos… 


La migración ¿un fenómeno de la globalización?


Una de las consecuencias de los procesos de reestructuración económica y política que implicó la globalización fue el incremento de la precarización de las condiciones de vida de gran parte de la población mundial. Lejos de una prometida inclusión y bonanza generalizada, estos procesos de libre mercado e integración regional sólo propiciaron el crecimiento/concentración de la riqueza en pocas manos y acentuaron una serie de problemáticas generalizadas: la desigualdad se incrementó de manera notoria, la pobreza aumentó de forma sostenida, el despojo y el intervencionismo de los países del norte global sobre los territorios y pueblos del sur continúa. En este contexto, la pobreza, la violencia (los conflictos bélicos y de diverso orden) y el despojo han producido un crecimiento en el número de migrantes (que ronda en cerca de los 260 millones según ACNUR). Asimismo, se han disparado las cifras de migrantes forzados y refugiados (que ahora son más de 60 millones), y también se incrementó el número de muertes y desapariciones (según la OIM de 2014 a 2018 murieron más de 32 mil migrantes, de los cuales cerca de 1600 eran niños). Para el 2019, la zona más mortífera continúa siendo el Mediterráneo, y, en segundo sitio, la frontera México Estados Unidos (EU).


Particularmente y de 2014 a 2018, en la frontera México EU, se estimó en cerca de 1900 el número de migrantes muertos (buena parte de los cuales eran originarios de Triángulo Norte de Centroamérica). Y, desde 1998 a la fecha, y conforme a datos de la patrulla fronteriza de EU, el número anual de migrantes muertos es de más de 250 (y en varios años es muy superior a esa cifra).


Los migrantes centroamericanos, historias de violencia e indiferencia

La migración forzada de centroamericanos en tránsito por México es una de las más grandes, precarias y peligrosas del mundo. De acuerdo a ACNUR para 2015, y en los años siguientes, se estimaba en medio millón de personas. También el número de muertes, agresiones y desapariciones es considerable. Sólo en las últimas semanas, fallecieron cinco menores de edad en centros de detención de EU. Y recientemente perdieron la vida ahogados en el Río Bravo Oscar Martínez y su pequeña hija Valeria, intentando ingresar a EU. Los riesgos que corren estos migrantes, tienen causas múltiples (pobreza, violencia, desastres naturales), y, como gran denominador común, la estructural indiferencia por el valor de la vida de estas personas, tanto en sus países de origen, como en México y, sobre todo, en EU.

En sus lugares de origen, los gobiernos no ofrecen condiciones indispensables de existencia (trabajos, salarios bien remunerados, derechos sociales), ni seguridad (contra pandillas y el crimen organizado); ignoran a los futuros migrantes y los dejan a su suerte. En México, sufren múltiples agresiones por parte de grupos del crimen y algunas fuerzas de seguridad, y son vistos como delincuentes por partes de las autoridades. Finalmente, en EU, se les trata como criminales de alta peligrosidad y transgresores de la ley.

Lejos de estas prácticas y políticas xenófobas (y violatorias de los derechos humanos), los migrantes son personas que huyen de la adversidad y lo único que buscan es la oportunidad de una vida digna y con lo básico. Criminalizar a los migrantes sólo los expone a más riesgos y agresiones, y constituye un acto de violencia estructural e institucional.



-Guillermo Castillo Ramírez es profesor de licenciatura y posgrado de la UNAM



https://www.alainet.org/es/articulo/200809

martes, 2 de julio de 2019

Rostro doloroso de la migración.

Oscar Alberto Martínez y su hija Valeria, en el Rio Grande
Foto: Julia Le Duc


De nuevo la noticia de la “elección trágica”. La tarde del 23 de junio, los salvadoreños, Óscar Alberto Martínez, de 25 años, y su hija Valeria, de un año y 11 meses, perdieron la vida al intentar cruzar el río Bravo en la ciudad de Matamoros del estado de Tamaulipas, México. La madre de la pequeña, Tania Ávalos, quien también los acompañaba, salvó su vida, gracias a que una persona la rescató, sin embargo, presenció la trágica escena. Esta familia llegó a Tamaulipas para pedir asilo en Estados Unidos y tras dos meses de espera infructuosa, en el campamento Puerta México, decidieron cruzar el río Bravo que conecta a México con Brownsville, en Texas, Estados Unidos.

La causa de su emigración la explicó de forma precisa la madre de Óscar: "Ellos querían tener su propia casa. Él me decía que con el sueldo que ganaba aquí, no les alcanzaba para vivir, por eso optaron por irse”. En los informes sobre el desarrollo humano de las Naciones Unidas, cuando se aborda el drama de las migraciones, se usa el término “elección trágica”. Este apunta al hecho de que una persona o familia se ve presionada u obligada a cambiar su lugar de residencia debido a que su integridad física o su seguridad se ven amenazadas por la precariedad económica o por la violencia generalizada. Es una decisión difícil, concebida como la última opción de los desesperados, que se adopta cuando ya no hay más alternativas. Es también elección trágica por los peligros que supone un viaje en condiciones de indocumentado.

En consecuencia, el concepto remite a la realidad de una población que ve vulnerados sus derechos tanto en su país de origen como en los de tránsito y destino. Desde la perspectiva de los derechos humanos, es preciso recordar que, independiente de la condición migratoria, los migrantes son, ante todo, personas que poseen una dignidad que debe ser respetada y protegida. Frente a los discursos técnicos, peroratas políticas o medidas antiinmigrantes, se impone ahora, de nuevo, la fuerza de lo evidente: una niña que muere junto a su padre, buscando una vida mejor. Su sueño era mínimo: un techo digno, trabajo estable y garantizar el pan diario. Esta tragedia, que ha estado presente en los medios de comunicación y, que, probablemente, desaparecerá en semanas, debe ser un fuerte llamado a la decencia humana que empieza por “padecer con las víctimas”.

El papa Francisco, en su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante 2019, recordaba que la expresión más sensible de nuestra humanidad es la compasión que lleva a estar cerca de quienes vemos en situación de dificultad. Y reiteraba que sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar. Significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide reprimir. Se trata, pues, de una actitud esencial que nos lleva a la acción. No es un sentimiento tranquilizante y pasajero.

Desde luego, que la compasión, entendida como un comportamiento activo y comprometido, desencadenado por el sufrimiento ajeno, requiere un corazón sensible para captar las legítimas necesidades de los grupos más vulnerables y alcanzar acuerdos que transformen su realidad. En esta línea, el papa Francisco ha exhortado a no quedarse en el análisis técnico ni en la polémica política, sino buscar y concretar soluciones. Para Francisco, éstas pasan por establecer planes a medio y largo plazo que no se queden en la simple respuesta a una emergencia. Implica, establecer prioridades como la integración de los emigrantes en los países que los reciben y la ayuda al desarrollo a los países de origen. Son estratégicas, en este sentido, las tres acciones que, con vehemencia, ha propuesto el papa: prevenir el tráfico de personas (invirtiendo en la gente); proteger a las víctimas (acompañándolas, sirviéndolas, defendiéndolas); perseguir a los criminales (estableciendo políticas de persecución de los casos de tráfico ilícito de migrantes y trata de personas).

Es un hecho que las políticas del presidente Trump, orientadas a levantar un muro, deportar masivamente, poner fin a las ciudades santuario, derogar leyes que protegen de la deportación, suspensión de políticas que amparan al emigrante, entre otras, no han logrado frenar la emigración a gran escala proveniente de los países centroamericanos. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cerca de 400 mil indocumentados centroamericanos cruzan cada año el territorio mexicano para llegar a los Estados Unidos. Pero, este año, entre enero y marzo, se estima que más de 300 mil personas ya han cruzado la frontera sur de México de manera irregular.

Ahora bien, cuando se emigra desde la pobreza – como Óscar y su familia - la aversión al emigrante no es sin más un rechazo al extranjero (xenofobia). Es rechazo a las personas pobres. De ahí el término acuñado: “aporofobia”. Ante el rostro doloroso de la emigración forzada que golpea a las mayorías, miradas con repudio, temor y desprecio, se hace imperativo un cambio de perspectiva, que erradique la hostilidad por hospitalidad al extranjero pobre, que unifique compasión y justicia. Construir una sociedad justa, incluyente y compasiva, es un signo de progreso humano. Lo exigen las víctimas y los empobrecidos. Y desde la inspiración cristiana recordemos que, según el evangelio de Mateo, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos o nos desatendemos y los abandonamos. “Vengan benditos de mi Padre, porque era emigrante y me recibieron […]” O, por el contrario: “Apártense de mí, malditos, porque era emigrante y no me recibieron”. Los compasivos, son los que aprueban la decisiva asignatura de lo humano.


-Carlos Ayala Ramírez es profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuita de Teología (Santa Clara, University). Docente jubilado de la UCA.

jueves, 22 de enero de 2015

Migración y Nostalgias.




“Saudade”, dice la gente de Brasil, no es lo mismo que “nostalgia”. Es algo más. Es una palabra que tiene que ver con ausencias que están presentes, con realidades que anhelamos, que esperamos, que nos inundan pero que están lejos; lejos en el pasado o añoradas en un futuro por venir.

Saudade expresa un sentimiento afectivo, próximo a la melancolía y la nostalgia, “estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia”.

Las saudades, las nostalgias, las ausencias, presencias, sueños y utopías son parte de la identidad de quienes somos migrantes y de quienes somos “del camino” de Emmanuel, un Dios que migró de lo celeste a lo palpable, para que la vida y la plenitud vuelvan a la tierra, porque este es el sentido del mundo, un espacio común, con lugar para que todas y todos puedan vivir con plenitud.

Sin embargo, la sensación de no estar en nuestra tierra es una constate de quienes creemos en algo más. No necesitamos estar fuera de nuestra geografía para definirnos con el credo antiguo “extranjero y peregrino soy entre vosotros” (Génesis 23:4). En especial cuando sentimos vivir en un mundo que no es mundo y donde la esperanza flaquea y la no-vida golpea a las personas más sufridas e indefensas.

Es la sensación del escritor bíblico cuando dice “somos forasteros y peregrinos delante de Tí, como lo fueron nuestros padres, como una sombra son nuestros días sobre la tierra y no hay esperanza” (1a Crónicas 29:15). Y cuando no hay esperanza, hay silencio. Y qué duro es el silencio de palabras de vida cuando estás rodeado por mensajes que te llegan en otro idioma y en otro sentido, en el embalaje de una cultura extraña que habla el lenguaje de los poderosos, con palabras amenazantes de juicio y prejuicio.

Solos en otra tierra, dispersos por el mundo, solo nos queda la oración, “escucha mi oración, Oh Señor y presta oído a mi clamor, no guardes silencio ante mis lágrimas, porque extranjero soy junto a Tí, peregrino como todos mis padres” (Salmo 39:12)

Es fácil para los migrantes, en especial las y los más sufridos, comprender el dolor que significa sentirse sin tierra, sin historia, sin futuro, sin esperanza y sin Dios, en especial cuando se vive en el imperio de otros dioses de otras tierras.

Así lo expresa el salmista en tiempos de exilio, “cuando estábamos en Babilonia, lejos de nuestro país, acostumbrábamos sentarnos a las orillas de sus ríos [los ríos de los opresores] ¡No podíamos contener el llanto al acordarnos de Jerusalén!“ (Salmo 137:1).

Ignacio Simai, fundador de Lupa Protestante y líder de la Iglesia Evangélica en España escribió una versión contextualizada de este salmo en su artículo “Navidad o la nostalgia que conlleva el exilio”(2011). Dice así:


“Sentados junto al mundo de los empobrecidos,
llorábamos al acordarnos de la Utopía
anunciada por Jesús de Nazaret.
En los álamos de las grandes urbes
colgábamos nuestras guitarras.
Allí, los que nos esclavizaron, empobreciéndonos,
los que todo nos lo habían arrebatado,
nos pedían que cantáramos con alegría;
¡que les cantáramos canciones de Utopía!
¿Cantar nosotros canciones del Señor
en este modelo de sociedad que nos es extraño?
¡Si llego a olvidarte, Utopía,
que se me seque la mano derecha!
¡Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no te pongo, Utopía,
por encima de mi propia alegría!”

Ignacio Simal también nos habla de la nostalgia y de la migración, mejor aún del exilio, cito:


“Cuando se arrima a mi hombro la nostalgia. Nostalgia de un mundo mejor, de una iglesia mejor a la manera de Jesús de Nazaret. Es en ese momento cuando me siento, junto con muchos de mis hermanos y hermanas, en el exilio. Un exilio no querido, ni deseado, sino un exilio impuesto. Somos exiliados en una Aldea Global donde se nos pide que cantemos con alegría a fin de espantar nuestro mal, olvidando así la utopía del “reino de Dios” y justificar, de esa manera, a los que nos esclavizan (no ignoramos los nombres de los que rigen “Babilonia”).

Pero no, no podemos cantar con el fin de diluir nuestros sueños y ansias de ver con nuestros ojos y palpar con nuestras manos la nueva sociedad que anunció Jesús de Nazaret. Ese otro mundo posible que muchos añoramos.

En medio de esta Aldea Global no perdemos la esperanza, ni el ánimo.

Simplemente nos rebelamos a atender a sus mentiras, y seguimos en la lucha cotidiana creando sueños y mundos humanizados, pequeños en tamaño, pero signos de que un modelo de sociedad diferente es posible. Los construimos a través de comunidades y de movimientos sociales que paso a paso nos abren la puerta al mundo nuevo.

Entonces, cuando lo logremos podremos confesar que el Señor nos ha liberado de la esclavitud, ha cambiado la suerte de nuestro mundo. Entonces nos parecerá que estamos soñando, nuestra boca y nuestros labios se llenarán de risas y gritos de alegría (Sal. 126:1,2).”

Y a fin de cuentas, nada puede detener nuestra esperanza, cantamos sobre la utopía y sentimos la nostalgia activa que nos mueve a la construcción de una realidad nueva de la que somos parte. Somos un pueblo con nueva ciudadanía, nuestra pero de todas y todos los que trabajamos por un Reino nuevo sin exclusiones, sin multitudes obligadas a dejar su tierra o a vivir como no gente.

La nueva realidad por venir, que anhelamos y por la cual nos damos, nos inunda de nostalgia. Es la promesa que nos moviliza a la esperanza:


“Cristo vino a traer buenas noticias de paz a todos, tanto a ustedes que estaban lejos de Dios como a los que estaban cerca. Pues, por medio de Cristo, los unos y los otros podemos acercarnos al Padre por un mismo Espíritu. Por eso, ustedes ya no son extranjeros, ya no están fuera de su tierra, sino que ahora comparten con el pueblo santo los mismos derechos, y son miembros de la familia de Dios. (Efesios 2: 17-19)

Pensemos en las nostalgias de lo nuevo que nos han conducido hasta aquí y los desafíos que nos plantean respecto a nuestros sueños, esperanzas y utopías.

Concluyo con unas breves palabras de Rubén Alves sobre la saudade, quien en su libro “Creo en la Resurrección del Cuerpo” escribió una reflexión que dice así:


“EL ROSTRO RISUEÑO DE DIOS” R. Alves (Traducción libre Doris Arduin)

“Dios vive en la nostalgia, ahí donde el amor y la ausencia se asientan. ¿Sentir a Dios? ¿Tener comunión con Él? [Oír a Dios?]Es sentir nostalgia por el Reino, es gemir con la creación toda, sintiendo dentro de nosotros mismos el futuro que va creciendo, como embarazo…
Ahí en la tierra de la nostalgia, hacemos nuestras casas. [y Dios nos habla]
Somos inmigrantes, sin descanso, sin parada, siempre en camino. No hay lugar para reclinar la cabeza. Como plantas arrancadas, raíces a la vista, de tierra seca… Exiliados, construimos nuestros nidos en árboles de futuro. Es así, un camino en el que construimos nuestros toscos altares y quemamos nuestros sacrificios (Rm. 12). Entonando como canción el nombre de esta nostalgia sin fin, Cristo Jesús. Y pedimos que Él de pan y vino a nuestra nostalgia, contándonos sus esperanzas, los cuerpos libres, alegres, fraternos, saltarines, el Reino de Dios, realización de las bienaventuranzas.”

Cantemos la utopía de un mundo nuevo por venir y que la certeza del Reino nuevo comprometa a la iglesia y fortalezca a las y los migrantes.

Con nostalgia y compromiso,

Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin
Moderador Presbiterio de San Juan. PCUSA- Puerto Rico.
Miembro de la Junta Directiva del CLAI

(*)- Jorge Daniel Zijlstra Arduin es pastor y teólogo, estudió en ISEDET/ Argentina (Bachillerato Superior en Teología) y en la UBL/Costa Rica (Licenciado en Teología y Pastoral). Sirve en la Iglesia Presbiteriana USA en Puerto Rico y es miembro de la Junta Directiva del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI).

sábado, 14 de junio de 2014

¡Ni son hippies, ni corruptos, ni quieren emigrar!


Editorial de Redes Cristianas

Cuenta la historia que, allá por la década de los sesenta del pasado siglo, San Francisco (California) se convirtió en la meca de la juventud americana. Desencantada con los valores y la moral estándar surgida de la Segunda Guerra Mundial y harta de la interminable guerra del Vietnam, comenzó a reunirse en comunas en el distrito Haight-Ashbury no solo para fumar marihuana, tocar guitarra, consumir LSD y escuchar música rock, sino también para huir de la sociedad homogeneizada, guerrera y consumista por medio de la meditación, la simplicidad de vida, la no-violencia y el apego a las religiones orientales. Se llamaron a sí mismos Hippies y la sociedad “legal”, que inicialmente los miró con simpatía, acabó pensando que su estilo de vida estaba poniendo en peligro el sistema y que había que volverlos… ¡a casa! Y así se hizo, aunque no pudo borrar todas sus marcas.

Se cuenta también que en la primera década del s. XXI la juventud de toda la ribera sur del Mediterráneo comenzó a concentrarse en las plazas de las ciudades donde levantaron tiendas de campaña para quedarse. Allí se organizaron asambleas de debate sobre los problemas reales de la ciudadanía y manifestaciones por las principales vías de la ciudad en las que, mirando a todos los poderes del Estado (legislativo, administrativo y judicial, al gobierno y a la monarquía) gritaron consignas como “no nos representan” y “fuera el gobierno de la troika”. Estaban hartos de esperar un trabajo que nunca llegaba, de asistir en silencio a la privatización de la sanidad y la enseñanza, a los desahucios de las propias viviendas y a los recortes en todos los servicios públicos, y… ¡a tener que emigrar para poder vivir! Estaban hartos de una forma de política corporativista, engañosa y corrupta, sometida a los holdings económico-financieros e impuesta por la troika, que se despertaba cada mañana mirando no a las necesidades de la gente sino a la evolución de los mercados. Esta juventud, que no lo era solo en edad, no quiso emigrar, decidió quedarse —contra el deseo de los viejos roqueros de la política— para visibilizar su “indignación” y buscar alternativas desde las Primaveras Árabes, el 15 M, el Occuppy Wall Street… ¡No estaba en fiesta, estaba profundamente “indignada”!

La historia sigue ahora siendo testigo del nacimiento de una nueva era política. Las voces de la indignación no han huido de la sociedad de su tiempo como los hippies, ni han emigrado como querían los roqueros de la vieja política. Intelectual y moralmente mejor equipadas que los gobernantes en el poder, han venido para quedarse y poner de manifiesto que ni la mentira, ni la corrupción, ni el sometimiento a los poderes fácticos van a doblegar la soberanía del pueblo. Se han quedado para poner su talento en servicio de la transformación del mundo, subvirtiendo el viejo paradigma político.

Para “recrear esa nueva forma de hacer política” a la que se aspira, van a necesitar la complicidad de todas las voces, estamentos y situaciones sociales en que se encuentra la ciudadanía. Redes Cristianas saluda con alegría y participa activamente en este nuevo intento de recrear la política y la democracia.

sábado, 2 de febrero de 2013

Cuando dar la mano al hermano es un crimen.



Editorial Redes Cristianas
España: La reforma en curso del Código Penal contiene muchas perversiones. Una no pequeña es su apuesta por utilizar el derecho penal para la represión de los flujos migratorios. En el caso de los extranjeros sin papeles (confinados inhumanamente en los CIE, sometidos a controles policiales por su perfil étnico, etc.), se genera una grave patología. En el epígrafe del Anteproyecto de Código Penal en el que se protegen los derechos de las personas extranjeras, se considera  -con muy buen criterio- que la trata y el tráfico ilícito de personas deben ser perseguidos y sancionados, pues suponen un ataque intolerable a su dignidad personal. El problema ético y jurídico surge cuando  se  equipara “la trata” de personas (abominable) con el “trato” con las personas inmigrantes indocumentadas (valioso).
 Con una redacción bastante defectuosa, se deja a criterio del Fiscal la posibilidad de condenar a quienes han auxiliado a personas en situación administrativa irregular por motivos humanitarios con penas de cárcel. ¡El valor ético de la hospitalidad metido a saco en el Código Penal! El bien y el mal intercambiables gracias al legislador.
La explicación “técnica” es aún más llamativa: estos comportamientos solidarios se consideran lesivos para el bien jurídico protegido, que  es precisamente la dignidad del migrante. ¿Cómo va atacar su dignidad recibirlo en casa, darle comida, vestido, etc.? Como acaba de decir Mons. Benavente, Obispo responsable  de la Pastoral de Migraciones, “lo inmoral no es auxiliarlos, sino omitir el deber de socorrerles”.
Cabe preguntarse si tan bajo moralmente hemos caído en Europa. La respuesta es negativa. La Unión Europea deja a criterio de los Estados el incriminar o no estos comportamientos altruistas; no obliga a su tratamiento penal. Sin embargo, sorprendentemente el Gobierno español ha tramitado un Anteproyecto de Código Penal que equipara a la persona hospitalaria con el traficante de personas, a quien compra un CD o le sirve un bocadillo o le paga el billete del autobús con las mafias de la inmigración ilegal. El desaguisado es de tal magnitud que el Parlamento rectificará enseguida.
 Lo agradecerán el más elemental sentido de justicia y… hasta el sentido común, En todo caso, a los ciudadanos nos toca, una vez más, suplir la falta de moralidad de nuestros políticos, poner en valor la hospitalidad y tratar de salvarla de la amenaza de su criminalización.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Cuba modifica política migratoria, ¿cuándo cambiará EU la suya hacia la Isla?


Por Iroel Sánchez - La Pupila Insomne

La prensa cubana informa hoy acerca de la modificación de la política migratoria que el presidente cubano Raúl Castro había adelantado ante la Asamblea Nacional. Estas modificaciones entrarán en vigor el 14 de enero de 2013.

La información divulgada recoge que “se ha decidido eliminar el procedimiento de solicitud de Permiso de Salida para los viajes al exterior y dejar sin efecto el requisito de la Carta de Invitación”, por lo que a partir del 14 de enero del 2013 solo se exigirá la presentación del pasaporte corriente actualizado y la visa del país de destino, en los casos que la misma se requiera para salir del territorio nacional. 


“También se ha dispuesto extender a 24 meses la permanencia en el exterior de los residentes en Cuba que viajen por asuntos particulares, contados a partir de la fecha de salida del país. Cuando excedan este término deben obtener, plasmada en el pasaporte, la constancia de la(s) prórroga(s) de estancia correspondiente, otorgada por un consulado cubano”, recoge la comunicación.

Un editorial del diario Granma, denuncia el uso de la emigración como arma propagandística y de subversión contra el país, y proclama que “mientras persistan las políticas que favorecen el “robo de cerebros”, dirigidas a despojarnos de los recursos humanos imprescindibles para el desarrollo económico, social y científico del país, Cuba estará obligada a mantener medidas para defenderse en este frente”. 

El gobierno norteamericano mantiene una “Ley de ajuste cubano“ que otorga automáticamente la residencia en ese país a los ciudadanos cubanos que pisen suelo norteamericano y un plan gubernamental para estimular la deserción de médicos, además de destinar un presupuesto anual superior a los veinte millones de dólares para financiar el accionar de personas en el interior de la Isla a favor de su política de “cambio de régimen”.


En la legislación publicada en la Gaceta oficial de la república se encuentran todos los procedimientos y regulaciones modificadas para la actualización de la política migratoria cubana que se flexibiliza sustancialmente con las medidas adoptadas. El Portal del ciudadano publica una síntesis de los nuevos trámites a cargo de la dirección de Inmigración y Extranjeria del Ministerio del Interior.

El editorial de Granma plantea que “cualquier análisis que se haga de la problemática migratoria cubana pasa inexorablemente por la política de hostilidad que el gobierno de los EE.UU. ha desarrollado contra el país por más de 50 años. La aplicación de un ilegal y genocida bloqueo económico y el intento de construir una oposición interna mediante acciones subversivas y el empleo de agentes a sueldo han sido sus componentes esenciales. Dicha política ha incluido desde campañas mediáticas y “robo de cerebros”, hasta atentados terroristas, sabotajes y agresiones de todo tipo.” 

A pesar de ello, el gobierno de Cuba ha dado un importante paso de alta significación política en una decisión soberana que tal vez a algunos -ignorantes de esas realidades- pueda parecer insuficiente pero es hora de exigirle a Estados Unidos el cese de una agresión que es el principal obstáculo al ejercicio pleno de los derechos de los cubanos.