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viernes, 8 de septiembre de 2017

La racionalidad perversa y su capacidad infinita de matar


“La exclusión de la población, la subversión de las relaciones sociales y la destrucción de la naturaleza, todo esto no es producto de una maldad, sino de una racionalidad perversa. Un malvado es capaz de matar a mil personas, pero termina fastidiado, y muchas veces se suicida. Pero alguien que opera con una razón instrumental, mata a millones y no tiene problemas. Tiene capacidad infinita de matar. Es la racionalidad de nuestra sociedad la que produce las irracionalidades “.(Hinkelammert: libro “Teología profana y pensamiento crítico”, Clacso 2012 página 146).

Citamos solo tres realidades,amenazadas de muerte que la humanidad acepta “con indiferencia y buena conciencia”.
Primero: la pobreza extrema y el abismo creciente entre pobres y ricos.
Nuestras ciudades se llenan de indigentes y los tuguriospueblan zonas
importantes de nuestras ciudades. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres
cada vez más pobres.Todo esto es exclusión e iniquidad que se busca ocultar.
No puedo dejar de citar una parábola de Jesús:
“Había cierto hombre rico que se vestía de púrpura y lino fino, celebrando cada
díafiestas con esplendidez. Y un pobre llamado Lázaro que se tiraba en el suelo
a su puerta cubierto de llagas, ansiaba saciarse de las migajas que caían de la
mesa del rico; además, hasta los perros venían y le lamían las llagas: (Lucas 16,
19-21. Sería necesario leer el texto completo: vv. 22-31)

Segundo: realidad trágica delos migrantes y refugiados. Hasta julio del 2017 salieron hacia el mediterráneo alrededor de 200 mil migrantes y murieron unos 2.400. Hace poco 300 migrantes fueron tirados al mar y se suprimieron 3 buques de rescate. En el movimiento migratorio han desaparecido 10 mil niños no acompañados. Que posiblemente son víctimas de la trata, del comercio de órganos y víctimas del abuso sexual. No damos más información, porque es abundante en las publicaciones de la OIM (organización internacional de los migrantes) y en cantidad de otros documentos. Lo importante es afirmar que sobrevivir no es un delito.

Tercero: la destrucción extrema y casi final de la tierra. Aquí me remito a las publicaciones últimas de nuestro hermano Leonardo Boff. Uno de sus últimos artículos:”La tierra en números rojos, el ser humano, Satán de la Tierra”(2017 agosto 15) . En Koinonía página Boff.

Carta de Pablo a los Efesios (6.12)
“Nuestra lucha no es contra la sangre y la carne,
sino contra los principados, potestades y poderes de este mundo de tinieblas,
y contra las fuerzas espirituales de la maldad, que están por encima de todo”.

Pabloen esta carta distingue en la violencia tres dimensiones:
los sujetos directamente responsables de la violencia,
las estructuras que organizan y multiplican la violencia, y
la las fuerzas espirituales perversas que laslegitima.

Los que han sufrido la violencia, conocenbien a los sujetos y a las estructurasde la violencia que han sufrido, pero esa racionalidadperversa que laslegitima, no se hace visible, queda en la oscuridad.
Esto significa que la lucha contra la violencia y la iniquidad no es tanto contra los sujetos y las estructuras de la violencia,sino contra las fuerzas espirituales, trascendentes y sobrenaturales de la violencia y la iniquidad.
Una fuerza es el fetichismodel dinero, del mercado y de la economía en general. El fetichismo o idolatría nace cuando las cosas se transforman en dios, y dios se transforma cosa. Cuando Diosmuere y vive transformado en dinero.El fetichismo del dinero y del mercadoes lo que domina al ser humano, y determina como y que se puede comprar o vender. El fetichismo del dinero tiene capacidad infinita de matar, cuando es la racionalidad absoluta del crimen.

Otro dios muy peligroso es el neoliberalismo. La Iglesia mucho tiempo pensó que satanás era el “comunismo”, hasta que se convenció que satanás es el neoliberalismo, transformado en un dios todopoderoso.
El neoliberalismo tiene como un absoluto el dinero.Lo que distingue a las personas es la suma de dinero que dispone cada uno. Se mide el éxito de una empresa o de un empresario por el dinero que maneja. Para acumular dinero, todo es legítimo: necesidad de pagar sueldos bajos, y no darle mucha importancia al cuidado de la naturaleza. El dinero está sobre todo: esta sobre la ley y la propiedad. El dinero es más importante que la vida de los pobres y de la naturaleza. El dinero incluso está sobre los “Derechos Humanos”. Un presidente de los Estados Unidos dijo: “perdimos la guerra de Vietnam por respetar demasiado los Derechos Humanos”. También un empresario fracasa si paga salarios altos y cuida demasiado a la naturaleza.
Lo que interesa al neoliberalismo no es la humanización, sino la comercialización y la ganancia. También considera la naturaleza (agua, tierra, vida natural) y la misma vida humana como capital negociable.

Resumiendo: el fetichismo del dinero, del mercado y del capital,y esos poderes espirituales y trascendentes de la maldad, es lo que permite matar a millones sin problemas, y que tiene capacidad infinita de matar. Diferente es un malvado o una estructura perversa, que tiene un poder muy limitado de matar, pues matando se destruye a sí mismo.

Algunas citas de la“Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium” del papa Francisco, que clarifica lo que decimos.
Citamos solo algunos textos dentro de los números 52-60
“Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir«no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”.

“No a la nueva idolatría del dinero, el fetichismo del dinero, la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo.”.
“Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. Intereses del mercado divinizado”.
“No a la inequidad que genera violencia”
“Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia”.

Para terminar (número 202)
“Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales.”

, agosto 2017pablorichardg@yahoo.com

viernes, 26 de diciembre de 2014

Navidad y exclusión social.



José Sánchez Luque-Foro Andaluz Diamantino García

Los textos evangélicos que nos hablan de la infancia de Jesús son textos simbólicos y míticos. Son relatos míticos y ancestrales. Ninguno es original del cristianismo. Pero el que sean relatos míticos no significa que sean mentira. El mito, en todas las culturas, está destinado a descubrirnos una verdad radical que atañe al hombre entero y que no se puede expresar con palabras científicas. El mito del nacimiento de Jesús está llamado a descubrirnos su significado más profundo y vital.

Jesús fue desde su nacimiento un judío marginal. Él mismo se marginó y por eso fue un excluido social. No hubo posada para Jesús, con esta frase Lucas nos vine a decir lo que fue la vida de Jesús. Una persona que experimentó y vivió la exclusión. Un día el mismo Jesús nos dirá: Los pájaros tienen nidos, la raposas madrigueras, yo no tengo donde reclinar la cabeza. Frase que según los especialistas pertenece a los dichos más seguros del Jesús histórico. No es una glosa de las primeras comunidades.

Pero la exclusión no ha terminado. Muchas personas en el mundo viven hoy el mismo proceso de exclusión que vivió Jesús. Una exclusión que es fruto de nuestro modelo social. Un modelo con una gran capacidad de generar situaciones de pobreza y de exclusión social. El papa Francisco lo ha repetido muchas veces de manera solemne: Esta economía mata. Que es lo mismo que decir que este sistema social que nos domina produce hambre, marginación y muerte. Con el cura Diamantino recordamos una de sus frases más certeras: Medio mundo muere de hambre y la otra mitad de colesterol.

Enumeraremos solo tres notas significativas: 1.- A escala planetaria, la creciente brecha entre el Norte y el Sur, entre las sociedades ricas y los países eufemísticamente llamados en vías de desarrollo, es resultado de un modelo que solo beneficia a un tercio de su población. 2.- Al interior de las sociedades ricas, el modelo genera bolsas de pobreza, de paro laboral, de empleo precario, de exclusión para franjas cada vez más amplias de la población. España, sin ir más lejos, es el país de la Unión Europea donde más está creciendo la desigualdad y el incremento de los suicidios por motivos económicos. 3.- El imparable fenómeno de la inmigración y de los refugiados políticos es también una fuente mayor de exclusión social.

Y lo que es peor, muchas veces hay personas, generalmente bien acomodadas, que valoran a la pobreza desde una perspectiva exclusivamente individualista y tratan a los pobres como responsables de su propia situación, afirman que son parásitos, vagos, engañan y son culpables de su situación, e incluso son enemigos del bienestar. ¿Se pueden pensar tantas barbaridades en tan pocas líneas?

Pero Jesús en Belén nos ofrece una forma nueva de mirar la realidad y la debilidad de tantas personas. La contemplación de Jesús en su Navidad nos enseña a contemplar la debilidad y la exclusión humana como una forma de presencia de Dios. Dios está entre nosotros como debilidad, en los débiles, en los excluidos, en los pobres, en las carencias de todo tipo, en cada una de nuestras limitaciones. Por eso mismo, salir, bajar al encuentro de las carencias humanas, es una forma de peregrinación hacia el corazón del Dios más vivo y sorprendente. Con los mismos pasos con que nos acercamos a la debilidad de los que sufren nos acercamos a Dios.

La Navidad es la gran fiesta porque Dios nace en nuestra debilidad y entre los excluíos sociales, en la periferias, y nosotros, creyentes y no creyentes, estamos invitados a unirnos a Él para luchar contra todo tipo de exclusión, uniendo nuestro trabajo con el suyo, sin saber dónde empieza Él y dónde empezamos nosotros.

Si Dios ha corrido la suerte de encarnarse, de nacer pobremente y crecer como salvación desde la exclusión de este mundo, ya no hay excluidos para Dios, nadie queda fuera de Dios. Y el lugar principal para la fiesta es allí donde aparece: en las afueras, donde no hay sitio, donde todo parece agotarse y está condenado a crecer en la amenaza y a la intemperie de las construcciones humanas.

Navidad es el tiempo de acoger con ternura lo germinal, lo pequeño, lo que nace en los movimientos sociales y humanitarios alternativos y en los grupos eclesiales que luchan por un mundo nuevo y por una Iglesia más de acuerdo con el sueño de Dios. Es el momento de salir hacia los excluidos, hacia los que no pueden llegar hasta nosotros. Desde esa debilidad podemos sentir que pasa por nosotros la fuerza de Dios, su santo brazo, que transforma con nuestra ayuda toda la realidad. Y podremos sentir la alegría de María y de José y la de los ninguneados pastores. La indecible alegría, la que solo puede ser recibida como regalo y de la que nace el compromiso más radical y esperanzado pro el cambio social que nuestro mundo necesita. No lo olvides: El que ama a Dios más que su prójimo no lo ama sobre todas las cosas. Feliz Navidad.

martes, 23 de julio de 2013

Brasil: El papa Francisco arremete contra la cultura de la exclusión.



Francisco: “Un pueblo tiene futuro si cuenta con los jóvenes y los ancianos”

El Pontífice expresa un fuerte mensaje contra “la cultura de la exclusión”

Brasil vive la llegada del Papa Francisco como una visita histórica.
A las 10.30 de la mañana, de camino a Río de Janeiro, el papa Francisco aparece en la zona del avión dedicada a los periodistas. A diferencia de sus predecesores, que contestaban unas cuantas preguntas pactadas, Jorge Mario Bergoglio decide explicar en unos minutos el sentido de su viaje a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y luego saludar uno a uno, durante una hora, a los 70 enviados especiales.

De pie, sin papeles delante y ni una cita a Dios o la Iglesia, el papa Francisco lanza un fuerte mensaje contra “la cultura del descarte”, que no solo amenaza a los jóvenes —”una generación sin trabajo por la crisis mundial”— sino también a los ancianos. “Los dejamos de lado”, explica el Papa, “como si no tuvieran nada que ofrecernos, pero tienen la sabiduría de la vida, de la historia, de la patria, de la familia. Un pueblo no tiene futuro si no va adelante con los dos extremos: con los jóvenes porque tienen la fuerza y con los ancianos porque tienen la sabiduría de la vida”.

Cuando aislamos a los jóvenes hacemos una injusticia. Les quitamos la pertenencia: a una familia, a una patria, a una cultura, a una fe… No debemos aislarlos de la sociedad

El Airbus 330 de Alitalia, con el código AZ4000, que se destina a los vuelos papales, despega de Roma, cruza el Mediterráneo para sobrevolar Argelia, Mauritania y Senegal antes de alcanzar el Atlántico con destino a Brasil. Francisco, que ha cursado telegramas de saludo a los presidentes de los distintos países que atraviesa, aparece en la cola del avión apenas una hora después del despegue. Es su primer viaje internacional. Antes, solo salió de Roma para encontrarse en la isla italiana de Lampedusa con los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo entre África y Europa a bordo de barcazas destartaladas. Miles de ellos no lo consiguen. Por eso, el primer gesto de Francisco al llegar a la isla fue lanzar una corona al mar en recuerdo de la muerte invisible de quienes quisieron dejar de serlo jugándose la vida.

También ahora, de camino a Brasil, el Papa quiere atraer la atención de los focos hacia quienes, por jóvenes o por viejos, por culpa de la crisis internacional o por egoísmo de un presente que no mira al futuro ni se acuerda del pasado, se están quedando en la cuneta. “Este primer viaje”, advierte Francisco, “es para encontrar a los jóvenes, pero en el tejido social, no aislados de la vida”. “Cuando aislamos a los jóvenes”, explica el Papa, “cometemos una injusticia. Les quitamos la pertenencia: a una familia, a una patria, a una cultura, a una fe… No debemos aislarlos de la sociedad. Ellos son el futuro de un pueblo pero no solo ellos. Ellos son el futuro porque tienen la fuerza, son jóvenes, van hacia adelante. Pero en el otro extremo de la vida, los ancianos son también el futuro de un pueblo. Pienso muchas veces que estamos cometiendo una injusticia con los ancianos. Y por eso os digo que voy a Río a encontrar a los jóvenes, pero en su tejido social, principalmente al lado de los ancianos”.

En este vuelo hacia la periferia, que es el destino preferente de su papado, Bergoglio no habla de Dios ni de la Iglesia, sino de quienes “creyentes o no” sufren en carne propia a gran injusticia de la desigualdad.

Antes de empezar a hablar del sentido de su viaje, el Papa ha bromeado sobre su conocida aversión a las entrevistas y luego dará aún más en el encuentro cercano, atento, con cada uno de los corresponsales. Pero ahora habla poniendo esfuerzo y gravedad en sus palabras, intensidad en una mirada que sale a buscar la complicidad de los demás y, casi siempre regresa con ella. Una buena parte de los que se arremolinan a su alrededor son los llamados vaticanistas, periodistas especializados en la información de la Santa Sede, expertos algunos en desentrañar los discursos del teólogo Joseph Ratzinger. Francisco tiene un estilo distinto. Tan distinto que en este vuelo hacia la periferia, que es el destino preferente de su papado, no habla de Dios ni de la Iglesia, sino de quienes “creyentes o no” sufren en carne propia la gran injusticia de la desigualdad.

“Leí la pasada semana” dice Jorge Mario Bergoglio, “el porcentaje de jóvenes sin trabajo. Pensad que existe el riesgo de tener una generación sin trabajo. Y del trabajo viene la dignidad de la persona. La dignidad es ganarse el pan. En este momento, los jóvenes sufren especialmente la crisis. Y nos estamos acostumbrando a la cultura del descarte. Con los ancianos se hace demasiado a menudo. Pero también ahora con tantos jóvenes sin trabajo. Debemos eliminar esta costumbre de descartar. No. Debemos ir hacia la cultura de la inclusión, del encuentro. Tenemos que hacer un esfuerzo por llevar a todos a la sociedad. Este es el sentido que yo quiero dar a este encuentro con los jóvenes”.

miércoles, 6 de febrero de 2013

“Sobre la exclusión ideológica de los poderes y la inclusión que nace del Reino de Dios”


“Por el camino venía un gemido amargo de esquilones rotos.
Era un sonido que hacía temblar a los judíos.
Había quienes corrían con sólo oírlo. Y todos aceleraban el paso.
Temían ver aparecer, de un momento a otro, aquellas piltrafas de hombre, que llamaban leproso. Oían sus gritos ‘Tamé, tamé’ (impuro, impuro),
y toda su piel de hombres y de cumplidores de la ley se ponía en estado de alerta” 
José Luis Martín Descalzo, “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret, Tomo II: El mensaje”

por Juan Pablo Espinosa Arce
El tema de la exclusión y de la inclusión social, política o cultural es un recurrente en la contingencia de las sociedades y es un fenómeno que se puede analizar desde diferentes perspectivas y disciplinas, tales como la sociología, la economía, la antropología y la teología. En nuestro desarrollo, queremos adentrarnos en la interpretación que la biblia  y la reflexión teológica hacen de ambos conceptos. Para ello, analizaremos el texto del encuentro de Jesús con el leproso (Mc 1,39-45), hermenéutica que desarrollaremos en tres apartados:
1. Situación del leproso antes del encuentro con Jesús: Exclusión en clave ideológica
2. Situación del leproso durante y después del encuentro con Jesús: Inclusión que nace del Reino de Dios
3. Situación de Jesús luego del encuentro con el leproso: Exclusión – inclusión en clave misionera y evangelizadora
1. Situación del leproso antes del encuentro con Jesús: Exclusión en clave ideológica.
Lo que debemos comprender en primer lugar es quién es el leproso. El leproso/leprosa, era para la sociedad judía el ‘muerto viviente’. Era un estropajo humano que por causa de su enfermedad era considerado un ptojoi, “es decir un sujeto incapaz de ganarse el sustento, ya sea por invalidez, por enfermedad, o por causas de otra índole. En definitiva los ptojoi representan a alguien que está imposibilitado de ingresar y mantenerse en el sistema judío o griego” (Carbullanca, 2011, p.51). La exclusión del leproso era una comprendida desde la ideología legalista de los grupos de poder, escribas y fariseos, representados en el relato marcano por la sinagoga y por la Ley de Moisés. Con esto, comprendemos en primera instancia que tanto la sinagoga (o también el mismo Templo de Jerusalén) así como la Ley, son instrumentos de legitimación de la marginación y exclusión sociocultural y política que son utilizada por un grupo minoritario en desmedro de un grupo más amplio. El leproso tenía su ‘centro vital’ en los lugares apartados, entre las tumbas de los cementerios y en los desiertos, esto en contraposición con el lugar de los grupos ideológicos que habitan la sinagoga, el templo y utilizan la Ley como instrumento de marginación.
La marginación que experimenta el leproso es una ideológica, la cual es definida como “el conjunto de ideas o representaciones que, como falsa conciencia, contribuyen a la dominación social” (Parker, 2006, p.14). La legitimación excluyente se expresa además desde la cultura y más específicamente del etnocentrismo, el cual expresa que cuando un grupo humano necesitar autodefinirse y autolegitimarse desde sus privilegios contenidos en esta ‘falsa conciencia’, se comprende como el centro  de toda medida con lo cual va sistemáticamente “rebajando a lo distinto, lo extranjero, lo Otro a la categoría de curioso, inferior e incluso peligroso” (Parker, 2006, p.12). El leproso es por tanto un peligro a causa de su impureza, contraída por un demonio, causas naturales o por la también ideología de la doctrina de la retribución que decía que el pecado de los padres se transmitía hasta siete generaciones posteriores.
2. Situación del leproso durante y después del encuentro con Jesús: Inclusión que nace del Reino de Dios
El relato del encuentro de Jesús con el leproso sigue con el diálogo que surge entre ambos. Es interesante notar que la ideología excluyente prohibía a un ‘sano’ interactuar con un ‘enfermo’, ya que el primero quedaba impuro siendo posteriormente excluido de la sociedad y de la sinagoga en virtud de la ley como elemento ideológicamente marginador. Jesús suprime la dimensión ideológica excluyente y entra al mundo el leproso, y decimos ‘entra a su mundo’ porque él siente compasión, es decir, pone su vida y su proyecto del Reino de Dios al servicio del marginado y excluido.
Con esto, el Reino de Dios y su mensaje asumen una función social la cual expresa a “Dios como promesa y utopía comunitaria de liberación y justicia. La esperanza en el Reino de Dios parte de una singular conciencia de opresión y de injusticia, pretende expresamente denunciar poderes históricos concretos y vincula inseparablemente la fe en la fidelidad de Dios con su intervención justiciera y liberadora” (Aguirre, 1994, p.141). La ‘singular conciencia de opresión y justicia’, curiosamente también se asume como una ideología, pero esta vez radica en un determinado conjunto de ideas que permite realizar una hermenéutica de la historia en la que se enfrenta el poder excluyente y el Reino de Dios inclusivo y protector de los ‘otros’, de los ‘distintos’.
La práctica inclusiva de Jesús se expresa posteriormente en la expresión que dirige al leproso “quiero, queda limpio”, o lo que es lo mismo ‘ya eres parte nuevamente de la sociedad que con medios ideológicos te terminó excluyendo, por lo tanto se consciente de que el Reino de Dios ha llegado’ (Cf. Mc 1,14-15). Esta práctica inclusiva nos hace comprender por tanto que Jesús actúa no desde el centro ideológico y santo de la religión farisaica, sino que vive en la periferia y es capaz de reinvertir la historia en pos de los marginados. Desde este nuevo centro que ahora es marginal, Jesús “anuncia el Reino, que no es lo que tenemos ahora, no es la Iglesia ni lo mejor de nuestra sociedad. Es algo que reclama violencia, que agita el corazón y nos mueve” (Reyes, 2008, p.327). 
3. Situación de Jesús luego del encuentro con el leproso: Exclusión – inclusión en clave misionera y evangelizadora 
El texto del encuentro con el leproso concluye con el mandato que Jesús dirige al primero de no contar a nadie lo que ha sucedido y además de ir a presentarse al sacerdote y dar la ofrenda que la ley mosaica prescribía para los que eran sanados de la lepra. Posteriormente a este diálogo, es interesante lo que dice el texto, a saber, Jesús ya no podía presentarse en lugares públicos y se mantenía en las afueras de la ciudad y de las sinagogas. Lo que quiere significar esto es que Jesús ahora experimenta la exclusión que vivía el leproso, y que nace de haberle tocado, dialogado con él y haberlo sanado. Por haber entrado en el mundo del leproso, Jesús es obligado a salir de los lugares públicos y dirigirse a los lugares de los ‘otros’, de los campesinos, de los pescadores, mujeres, niños, en fin, de todos los excluidos del mundo pagano. Exclusión que sin embargo evoca un imaginario teológico que hablará de la inclusión de estos mismos marginados.
La inclusión que se provoca en la praxis de Jesús es una que se fundamenta en la vivencia misionera y evangelizadora nacida del diálogo con el excluido. Esto se comprende como un “dejarse interrogar por la mirada a veces desesperada de tantas personas sufrientes y agonizantes es ponerse en una situación de límite radical donde no hay respuestas humanas, donde el lenguaje se ve confrontado con una notoria necesidad de silencio, donde no hay recetas universalmente válidas, donde no hay fórmulas mágicas, donde no hay planificación ni cálculos que valgan: ¡es orillar la frontera absoluta de la muerte y como parte inescindible del misterio de la vida! (Alonso, 2011, p.24)
Que en la praxis inclusiva de Jesús no hallan cálculos ni fórmulas mágicas, exige un doble desafío a las iglesias, una misión y una evangelización renovadas y que se deben posicionar en clave dinámica, compasiva y que deje de lado la traición ideológica de los poderosos que atacan a los marginados. Es por ello que las iglesias deben fatigarse para poder seguir a su Señor que cruza a la otra orilla en busca de los marginados, orillando la frontera de los ‘normales’ y atreviéndose a ir en la búsqueda de los pobres, de los enfermos, los locos, los ancianos, las mujeres, los niños, en fin, de las minorías que son puestas contra la pared producto de los instrumentos de legitimación de la exclusión. El Reino de Dios que irrumpe en la historia exige finalmente narrar esa misma historia de manera subversiva, es decir, desde los excluidos que son liberados y vueltos a colocar en la vida social, política, cultural y creyente.
Referencias:
-       Aguirre, R. (1994). La mesa compartida, Estudios del Nuevo Testamento desde las ciencias sociales. Sal Terrae: Santander.
-       Alonso, E. (2011). La mirada de lo invisible. Revista Mensaje, 602, 24-25.
-       Carbullanca, C. (2011). ¿Existe la mala suerte? Evangelización de los pobres en la cultura tecnológica. San Pablo: Santiago de Chile.
-       Parker, C. (2006). Cultura. Universidad Católica Silva Henríquez: Santiago de Chile.
-       Reyes, J. (2008). Signos de estos tiempos, interpretación teológica de nuestra época.Universidad Alberto Hurtado: Santiago de Chile
  


Autor/a: Juan Pablo Espinosa Arce


Juan Pablo Espinosa Arce es estudiante de Pedagogía en Religión y Filosofía - UC del Maule. Laico católico, Diócesis de Rancagua - CHILE